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¿Quiere lo mejor de Dios para usted?

Me desperté una noche de manera repentina a las tres en punto. Aunque estaba profundamente dormido, en un instante me encontré sentado en mi cama, totalmente despierto y con una pregunta que ardía en mi espíritu: ¿Quieres alcanzar tu mayor potencial? Inmediatamente respondí: « ¡Sí, Señor!». Me estiré para alcanzar el papel y el lápiz que siempre tengo en mi mesita de noche, justamente para anotar las palabras que recibo de Dios. Encendí la luz y comencé a escribir lo que Él me hablaba en mi espíritu: Si verdaderamente quieres alcanzar tu mayor potencial, debes tener un corazón limpio, una mente limpia, una agenda equilibrada Al amanecer, me puse de rodillas y dediqué parte de mi tiempo de oración a hablar de nuevo con el Señor sobre las palabras que me había dado por la noche. Sabía con seguridad que había de predicar su mensaje, y era un mensaje no sólo para mí, sino también para todo el cuerpo de Cristo. Me costó esperar la llegada del domingo para poder entrar en este tema tan extraordinariamente rico que tanto le interesa al Padre: cómo usted puede alcanzar el mayor potencial que Él le ha dado. La verdad es que muchas personas no están persiguiendo su potencial. No están teniendo en cuenta a Dios en las decisiones que toman ni en las metas que se fijan. No pueden decir clara y sucintamente cuál creen que es el principal propósito y plan del Señor para sus vidas. Le mirarán desconcertados si les pregunta: « ¿Cuál crees que es la voluntad de Dios para ti? ¿Por qué crees que Dios te ha creado? ¿Qué te está guiando el Padre a hacer en tu vida?». Permítame afirmarle algunas grandes verdades: En primer lugar, Dios tiene un plan y un propósito para su vida a un nivel individual y personal. Él tiene una voluntad, un plan y un propósito extensos para toda la humanidad, y le ha diseñado y equipado específicamente a usted para cumplir una parte de su voluntad, su plan y su propósito más amplios. Usted no está aquí por acciden-

te, no está en esta tierra simplemente para vivir un cierto número de años, meses y días antes de morir, sino que está aquí para llevar a cabo un trabajo que Dios le ha asignado desde antes de la fundación del mundo. En segundo lugar, su Padre celestial ya ha incrustado en su vida todos los dones y talentos que usted necesita para culminar la obra que Él ha asignado, preparado y provisto para usted. Dios ya ha incrustado en usted toda la materia prima necesaria para que entable una relación con Él y desarrolle el carácter de su Hijo Jesucristo. Su tarea consiste en descubrir los talentos que Dios ha colocado en usted, desarrollarlos, y comenzar a usarlos a medida que el Señor le dé oportunidades para servir o ministrar. En tercer lugar, nadie puede ser usted, nadie puede reemplazarle, y nadie más en esta tierra es capaz de cumplir el plan del Padre para usted. Nadie más puede hacer el trabajo para el cual Él le ha dotado, ni alcanzar a las personas a quienes Él le dirige, ni ofrecer la alabanza y la oración que sólo usted puede dar. Usted debe ser y hacer justamente como Dios le creó para ser y hacer. En cuarto lugar, debe establecer compromisos firmes en varias áreas de su vida para emprender la búsqueda y comenzar a alcanzar el potencial que Dios sembró en usted. El potencial no se despliega de forma accidental ni automática. La búsqueda de su potencial y propósito únicos requiere que obtenga la ayuda específica de Dios en cada área de su vida.

Ahora quiero hacerle la misma pregunta que Dios me hizo a mí: ¿Quiere alcanzar su mayor potencial?

Las preguntas que debe hacerle a Dios ¿Alguna vez se ha detenido a preguntarle a Dios seriamente cuál es la voluntad, el propósito y el plan que tiene para su vida? ¿Está totalmente dispuesto a recibir sus respuestas? Estas son algunas de las preguntas que yo le hago a Dios, y le animo a que usted también se las haga: «¿Qué quieres hacer en mi vida?» «¿Qué quieres hacer con mi vida?» «¿Qué deseas aún que yo experimente?» «¿Qué posibilidades hay dentro de mí?» «¿Qué potencial tengo a mi disposición?» «¿Qué podría llegar a ser?» «¿Qué tenías en mente cuando me creaste?» «¿Qué deseas para mí?» Fuente: Adaptado del libro Cómo alcanzar su mayor potencial par a Dios, por Charles F. Stanley © 2010


Andar Tanque Vacío con el

Por Doug Fields.

A la semana de haber obtenido su licencia de conducir, mi hijo de dieciséis años se encontraba desanimado y vino a hablarme. Al verlo, vi que la ilusión de pasar la prueba de conducción se había esfumado y su lenguaje corporal transmitía un poco habitual decaimiento. Me dijo: «Papá, necesito hablarte sobre mi automóvil». De inmediato pensé que le habrían puesto una multa, hecho una abolladura, o cualquier otra cosa que podría causarle un disgusto y a mí un gasto de dinero. En cambio, descubrí que estaba alicaído porque necesitaba dinero para recargar el tanque de gasolina. Su presupuesto semanal para el combustible solo le había alcanzado para dos días y medio, por lo que ahora su tanque y su billetera estaban vacíos. Mi hijo no podía creer que un tanque de combustible rindiera tan pocas millas. Apenado, me dijo: «Papá, calculé muy mal. No sabía que me quedaría sin combustible tan rápido». Su hermana mayor, cuando partió para la universidad, lo había «bendecido» con el traspaso del automóvil viejo de la familia (que ella había heredado de su bisabuela). Cody Field, de dieciséis años, deportista y estudiante, con el anhelo vehemente de impresionar a todo ser viviente menor de dieciocho años, era ahora el conductor de un Buick LaSabre de 1990. Si no conocen este modelo, piensen en un «tanque de guerra». Decir que se trata de un vehículo poco económico sería ser muy generosos. Aunque Cody

no adora el auto, es lo suficiente inteligente para no quejarse, ya que eso dispararía el Sermón Paterno #317: «Sean agradecidos». Sin duda Cody no fue el primer conductor joven en reconocer: «No tenía idea de que el tanque se vaciaba tan rápido». La experiencia de mi hijo me recuerda cómo se sienten muchos cristianos: andan con el tanque vacío, necesitando cargar combustible espiritual y sin saber bien qué hacer. A diferencia del tanque de combustible de un automóvil, los seguidores de Jesús pueden estar vacíos espiritualmente y sin embargo no tener al parecer ninguna dificultad para seguir andando. Algunos son excelentes actores. Por ejemplo, puedo fingir que todo está bien sin confesar mi vacío interior ni hacerles saber a otros que necesito reabastecerme. Es muy fácil vivir como si mi tanque espiritual estuviera lleno. Basta con reprogramar mi vida para mantener una velocidad constante. Sería el primero en admitir que no es una opción espiritualmente beneficiosa, pero es una solución muy fácil. No le ofrece ninguna dificultad a nadie. Lamentablemente, muchos seguidores de Cristo se conforman con vidas a velocidad constante. Me gustaría revertir esta situación y espero que tú también lo desees. En el curso de mi propio viaje espiritual, cobré mucha conciencia de que si no me conecto de forma habitual con Dios, pierdo el fervor y me vuelvo espiritualmente vacío. Al igual que el combustible en el auto de mi hijo, mi vida espiritual se agota con más rapidez (y mayor frecuencia) de lo previsto. Además, las consecuencias no son agradables. Cuando estoy espiritualmente vacío, a mi vida le cuesta arrancar. Todo me resulta diferente. Y no diferente para lo mejor, sino diferente para lo peor. Me vuelvo superficial, me siento confundido y ansioso. Una vez más, puedo fingir que estoy lleno y engañar a todos, pero en lo que

a mí respecta mi vacío es evidentemente bochornoso. Cuando la aguja del medidor se acerca al área pintada de rojo, hay algunas señales de advertencia: • Soy más egoísta con mi tiempo. • Me vuelvo impaciente. • No siento compasión por las personas que sufren. • Soy más vulnerable a la tentación. • Comienzo a creer que tengo derecho a ciertas cosas. • Soy mezquino. • Me muestro desobediente. • Me siento distante de Dios. • Me comporto de un modo cínico. • Me resulta más difícil tomar buenas de cisiones. • Mis inseguridades me dominan más. • Comienzo a depender de otras perso nas para llenar los vacíos que sé que solo Dios puede llenar. • Me vuelvo crítico, tanto de palabra como de pensamiento. Y esto es solo una lista parcial. Soy consciente de que tales síntomas no son agradables y me doy cuenta de que esto no era lo que Jesús tenía en mente cuando me llamó a ser «la luz del mundo» (Mateo 5:14). Incluso te comprendería si pensaras: ¡Qué espanto! ¿Este hombre dice ser un seguidor de Cristo y se conduce de esa manera? Con todo, confío en que continuarás leyendo, ya que supongo que si también eres sincero, es muy posible que tu lista se asemeje a la mía. ¿O me equivoco? ¿De qué forma te conduces cuando estás espiritualmente vacío? ¿Pensaste alguna vez cómo incide en tu vida el hecho de estar desconectado de Dios? Si nunca lo hiciste, te sugiero que lo hagas, porque es un buen ejercicio y te permitirá ser consciente de lo que su-

Doug Fields ha estado en el ministerio juvenil durante casi 30 años y ha servido en dos iglesias (una de 11 y otro para 18) y más recientemente en la Iglesia Saddleback en California del Sur. Él es el fundador de Simply Pastoral Juvenil, el autor / coautor de 50 libros.


cede cuando comienzas a quedarte sin combustible. Por ejemplo, puede que tengas arrebatos anormales de ira, pero que no los vincules a tu vacío espiritual. Les contestas de mala manera a tus hijos, pierdes la paciencia con tus compañeros de trabajo o aprietas la bocina con insistencia mientras conduces. De pronto, todos los conductores son imprudentes y tú eres el conductor ejemplar de la Asociación Nacional de Buenos Conductores. ¡Sí, por supuesto! ¿Sabes qué te ocurre? Estás viviendo con el tanque vacío. Tal vez tu vacío se traduzca en un apetito insaciable. Llega la noche y hurgas en los aparadores buscando algo salado o dulce para darte gusto. Luego, cuando ya casi engulliste dos litros de helado, te das cuenta de que en realidad no tenías hambre: comes porque estás aburrido, cansado, enfadado, adolorido, estresado, ansioso, preocupado o desesperado. Una vez más, estás espiritualmente vacío. O quizás eres el tipo de persona que sale de compras cuando el tanque espiritual está casi agotado. No tienes dinero en efectivo, pero sí varias tarjetas de crédito… ¡cuatro! Al cabo de tres horas, seis tiendas y algunas facturas por doscientos dólares, todavía tienes ánimo para continuar comprando, pero por dentro no tienes más energía que cuando comenzaste. Tanque vacío.

Aunque los síntomas varían de persona a persona, el vacío espiritual es universal… sí, incluso entre la gente que llena nuestras iglesias. Tengo muchísimos amigos cristianos que me confiesan que cuando no están llenos espiritualmente, las presiones de la vida comienzan a filtrarse en sus almas y ocupan el lugar que antes llenaba Dios. Se encuentran abarrotados de estas presiones en vez de estar llenos de la presencia de Dios. ¿Te identificas con esta sensación? En lo personal, me sentí vacío tantas veces que al final decidí actuar de forma radical. Lo confesé públicamente. Lo reconocí. Primero, les confesé mi vacío a mis amigos más íntimos. Para mi sorpresa, no me rechazaron; todo lo contrario, se identificaron. ¡No lo podía creer! Siempre había creído que era la única persona que sufría de vacíos recurrentes. Sin embargo, cuando encontré el coraje para confesarlo, me di cuenta de que no era el único. Después de mi confesión, comencé a predicar sobre el tema.

Cuando reconocí con franqueza mi propio vacío espiritual, descubrí que había gente de la iglesia que también deseaba hablar de sus vacíos. ¿Y tú? ¿Quieres ser espiritualmente diferente? ¿Quieres estar lleno con más de Dios y menos de ti mismo? Si es así, debes aprender a conectarte con Dios con regularidad de una manera elemental, sin complicaciones ni sentimientos de culpa. Tu vida será mucho más rica cuando esté espiritualmente llena. Hay esperanza. ¡Sí que la hay! Puedes aprender a recargar tu tanque espiritual y vivir la plenitud de la vida que Dios nos promete. No tienes motivo para andar con el tanque vacío.

Fuente: Adaptado del libro RECARGADO. Por Doug Fields. © 2010 por Editorial Vida


Pregunta:

“Desde que perdí mi trabajo, he estado muy irritable, lo cual no es normal en mí. ¿Por qué estoy tan enojado?”

Respuesta:

No necesariamente ha cambiado su carácter, sino que debe estar experimentando una reacción temporal provocada por el estrés de haber perdido la seguridad de un empleo. Hay cuatro causas básicas para el enojo: dolor, injusticia, temor y frustración. Si está experimentando una o más de estas emociones, entonces su enojo puede provenir de ella. Una vez que haya identificado el origen de su enojo, puede hacer un plan para confrontar la causa básica y muy pronto se dará cuenta de que puede manejarlo bien. El enojo es como una señal de advertencia en el panel de control de su auto que le alerta de que hay un problema en el interior. El enojo le alerta del problema dentro de sus pensamientos, emociones, cuerpo y/o espíritu. Primero que nada, identifique la raíz del problema y luego coopere junto con el Señor. Al aplicar sus verdades, permita que él haga la “reparación” que usted necesita. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”. (Efesios 4:26-27) Éxito vs. Estrés • Vea su empleo desde la perspectiva de Dios. (Colosenses 3:22-25) • Acepte que Dios dirige los acontecimientos de su vida. Confía en el SEÑOR y haz el bien; en-

tonces vivirás seguro en la tierra y prosperarás. Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón. Entrega al SEÑOR todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará. Quédate quieto en la presencia del SEÑOR, y espera con paciencia a que él actúe. No te inquietes por la gente mala que prospera, ni te preocupes por sus perversas maquinaciones. ¡Ya no sigas enojado! ¡Deja a un lado tu ira! No pierdas los estribos, que eso sólo trae daño. Pues los perversos serán destruidos, pero los que confían en el SEÑOR poseerán la tierra. Salmo 37:1-7 NTV

(Jeremías 10:23) • Baje sus expectativas; no existe el empleo perfecto. (Génesis 3:17-18) • Comience cada mañana en oración y entregue el día a Dios. (Salmos 118:24) • Ore por su empleador y por sus compañeros de trabajo. (1 Samuel 12:23) • Permita que Cristo se refleje a través de usted cada día. (Filipenses 2:13) • Desarrolle actitudes positivas. (Filipenses 4:8) • Tenga un corazón de siervo. (Hebreos 6:10) • Calme a las personas difíciles. (Hebreos 12:14) • Descubra el poder de Dios en su debilidad. (2 Corintios 12:9) • Aprenda a hacer peticiones correctas a su empleador. (Proverbios 22:11) • Ponga su futuro en las manos de Dios. (Mateo 6:25-27) “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. (2 Corintios 12:9) Fuente: Referencias Rápidas tomadas de las Claves Bíblicas para Consejería. Esperanza para el corazón. © 2006 Hope For The Heart

Promesas de Dios para tu Esto dice el SEÑOR, tu Redentor, el Santo de Israel: «Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te enseña lo que te conviene y te guía por las sendas que debes seguir. Isaías 48:17 NTV Así dice el SEÑOR, tu Redentor, el *Santo de Israel: «Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te enseña lo que te conviene, que te guía por el *camino en que debes andar. Isaías 48:17 NVI Así dice el Señor, tu redentor, el Dios Santo de Israel: «Yo soy el Señor tu Dios; yo te enseño lo que es para tu bien, yo te guío por el camino que debes seguir. Isaías 48:17 DHH

Trabajo Pon todo lo que hagas en manos del SEÑOR, y tus planes tendrán éxito. Proverbios 16:3 NTV Pon en manos del SEÑOR todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán. Proverbios 16:3 NVI Deja en manos de Dios todo lo que haces, y tus proyectos se harán realidad. Proverbios 16:3 TLA


Conflictos familiares, presiones laborales, perder el empleo, cuidar a un enfermo, casarse, mudarse y hasta tener un hijo son circunstancias que tienen algo en común: el estrés. Los hechos positivos o negativos que se presentan a lo largo de la vida llegan a generar una carga de ansiedad y falta de control ajenas a la rutina de “vida normal”. Cuando el estrés no se maneja bien puede acarrear enfermedades, pero si es afrontado adecuadamente (lo que hacemos casi siempre) nos ayuda a concretar deseos y objetivos. Las siguientes sugerencias nos pueden ayudar a mantener la calma durante los momentos turbulentos.

1. Dedicar tiempo a nuestra relación con Dios.

Él conoce nuestros temores y necesidades; comprende nuestras preocupaciones y desea caminar junto a nosotros y alentarnos. Pensemos en qué es lo que nos tiene reservado o qué quiere que hagamos por el prójimo. Descubramos la lección que desea enseñarnos a través de las circunstancias que atravesamos. Busquemos su fuerza y misericordia.

2. Desarrollar un sistema de apoyo social.

Dios no nos creó para vivir aislados. Nos creó para necesitarnos mutuamente. Hagamos una nómina de amigos y familiares que nos puedan ayudar durante los tiempos difíciles, dándonos apoyo y sosteniéndonos en oración.

3. Hacer actividad física.

El ejercicio regular ayuda a eliminar toxinas acumuladas a causa del estrés y también a usar de manera positiva las “hormonas del estrés”. Una caminata de 10 minutos incrementa la cantidad de oxígeno en el

El SEÑOR es mi pastor; tengo todo lo que necesito. 2 En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. 3 Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre. 4 Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado 1

cerebro, permitiendo pensar con más claridad y tomar mejores decisiones.

4. Elegir alimentos nutritivos.

Comer alimentos que sean fuente de nutrientes y antioxidantes. Dios creó esos alimentos para dar a nuestro cuerpo la energía necesaria y para reconstruir los tejidos dañados. Sin ellos el cuerpo carece de lo necesario… Entonces, elijamos comer una fruta en lugar de una golosina.

5. Cuidar el peso corporal.

Cada peso extra hace que nuestro corazón trabaje más de lo debido al bombear sangre a través de venas y arteria. Sin sobrepeso nuestro cuerpo estará mejor capacitado para lidiar con el estrés. Es recomendable consultar con un médico para saber qué es saludable para nuestra edad y características físicas.

6. Usar el sentido del humor.

En momentos en que todo parece negativo es bueno elegir reír ante las ironías de nuestras propias circunstancias. El reír no sólo levanta nuestro ánimo sino que también coloca nuestra situación dentro de la perspectiva eterna. La Biblia nos dice en Proverbios 17:22: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos”. El estrés es inevitable. De cómo respondamos a él estará determinado nuestro crecimiento. Asuma actitudes que le permitan manejar el estrés como Dios desea que lo hagamos. Por Branda Polk Revista puentes - LifeWay Internacional

me protegen y me confortan. 5 Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. 6 Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR viviré por siempre. Salmos 23:1-6 NTV



Revista Ánimo No 2