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ANIMAL D E F O N D O

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Revista de estudiantes graduados Departamento de EspaĂąol y PortuguĂŠs School of Languages, Literatures, and Cultures University of Maryland, College Park


ANIMAL DE FONDO

Revista de estudiantes graduados Departamento de EspaĂąol y PortuguĂŠs School of Languages, Literatures, and Cultures University of Maryland, College Park


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Departamento de Español y Portugués School of Languages, Literatures, and Cultures University of Maryland, College Park 4203/05 Jimenez Hall University of Maryland, College Park, MD 20742 Phone 301-405-4025 animaldefondo@gmail.com

ANIMAL DE FONDO

Revista de estudiantes graduados Octubre 2016

COMITÉ EDITORIAL María de la Luz Bort-Caballero Daniela Bulansky José Alfredo Contreras Aída García-Revuelta Melissa Gonzáles-Contreras Ginette Alomar Eldredge María Cristina Monsalve Nancy Naranjo-García Mónica Ocasio Vega Kayla Jean Watson

ANIMAL DE FONDO aclara que las opiniones e ideas aquí consignadas son responsabilidad exclusiva de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones e ideas de los estudiantes graduados ni tampoco del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Maryland.


Nota editorial

Índice

“Todo me vino por casualidad, pero yo nací para esto”. Entrevista a Graciela Palau de Nemes Melissa González-Contreras y María Cristina Monsalve

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Juan Ramón Jiménez en Maryland: las raíces de Animal de Fondo Dra. Graciela Palau de Nemes

18-21

Berganza y Cipión: dos personajes cervantinos que oscilan entre la tradición islámica de los djinns (¿demonios islámicos?) y la de los pícaros Dra. Deyka Otero-Lugo

22-30

Tablero de eventos Cuentos: Destiempo. Fuerza ficticia Andrés Cadena Study Abroad Programs Novedades de investigación Créditos

31-35 36-49 50-53 54-56 57


EDITORIAL ANIMAL DE FONDO es un proyecto colectivo de los estudiantes graduados del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Maryland, que surge a partir de varias inquietudes. Por un lado, de la necesidad de plasmar y desarrollar nuestros intereses en la crítica e investigación literaria, pero también con el objetivo de abrir un espacio interdisciplinario para la difusión de textos que traten sobre el pensamiento y la expresión artística de España y Latinoamérica. Si bien intentamos rescatar la iniciativa que por varios años condujo la revista de estudiantes graduados del Departamento llamada Ojo de Buey. Esta fue editada hasta la década de los noventa. En esta ocasión, lanzamos ANIMAL DE FONDO como un espacio de encuentro y diálogo con otros estudiantes y académicos de diversas áreas. ¿Por qué ANIMAL DE FONDO? El nombre de la revista proviene del famoso poemario de Juan Ramón Jiménez, quien fuera profesor del Departamento de Español y Portugués entre 1943 y 1951 en la Universidad de Maryland. Este recibió el Premio Nobel de Literatura en 1956, nominado por la Dra. Graciela Palau de Nemes, hoy profesora emérita de la Universidad de Maryland. Así pues, el título es un homenaje al gran poeta español, y a la vez al primer atisbo de una identidad que queremos construir dentro de la academia. ANIMAL DE FONDO aparecerá de forma digital dos veces al año. Animal de fondo aparecerá en un formato digital dos veces por año y acepta colaboraciones con fecha límite de entrega los días 31 de enero y 31 de julio. En este primer número, agradecemos a la Universidad de Puerto Rico por su generosa contribución dándonos acceso a su colección de obras artísticas y a María Julia Naranjo y Navid Abed por compartir su material fotográfico. Debemos también un especial agradecimiento al profesor Saúl Sosnowski, cuya mentoría y entusiasmo para con nuestro proyecto ha significado la mayor cuota de energía para alcanzarlo.

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En esta edición: Nuestra primera edición surge de la inquietud de destacar la labor académica de la Dra. Graciela Palau de Nemes, profesora emérita de la Universidad de Maryland y discípula de Don Juan Ramón Jiménez. Asimismo, como antesala a nuestro segundo volumen, que incluirá trabajos en conmemoración del aniversario de la segunda parte de El Quijote (1605-1615) de Miguel de Cervantes. Como parte de nuestro enfoque, no sólo literario sino también académico, incluimos aquellos proyectos y colaboraciones que los estudiantes graduados del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Maryland han realizado recientemente. Este primer volumen inaugural tiene como fin seguir expandiendo cada una de nuestras secciones para cumplir con nuestra meta de publicar en cada edición el quehacer académico, literario y cultural no sólo de nuestra zona sino internacionalmente. Finalmente, en este primer volumen queremos agradecer la colaboración de Anastasia Agapova en el diseño y construcción de la página web, y a Sara Zimpo a nivel técnico. Ambas forman parte del equipo de apoyo informático de CITL en la School of Languages, Cultures and Literatures bajo la supervisión de Janel Brennan.


“Todo me vino por casualidad, pero yo nací para eso” Entrevista a Graciela Palau de NemesY Melissa González-Contreras & María Cristina Monsalve

§ ¿Qué es lo mejor de ser profesora?

nada de Ciencias, pero me dijeron que no tenía que saber, que ellos me iban a entrenar. Conmigo fueron ocho compañeras y cuando llegamos a Baltimore, nos llevaron a los laboratorios, no lo sabíamos entonces, pero iban a entrenarnos en cómo hacer alcohol para el gobierno. Vinieron también más o menos el mismo número de estudiantes varones que estaban haciendo la maestría o el doctorado en universidades de Estados Unidos. Los reclutaron para ponerlos en los laboratorios y si iban al frente, irían como tenientes. Te voy a decir lo que pasó: todas nos casamos con esos muchachos que estaban haciendo la maestría o el doctorado. Fue toda una generación que se casó en tiempos de guerra.

Es una linda profesión. Es hermoso poder transmitir conocimiento y poder comunicarlo, aunque una nunca para de aprender en la misma profesión de la instrucción. A la misma vez, siendo profesora yo me sentía que podía ayudar a los estudiantes. Y desde muy joven empecé a apasionarme por la literatura, al principio por la poesía sobre todo. Yo me hice profesora por pura casualidad. Me había graduado de un colegio universitario en Vermont, tenía una beca. La Segunda Guerra Mundial empezó y fueron a ofrecernos trabajos a todos los colegios de mujeres. Me ofrecieron trabajar en un laboratorio. Yo les dije que no sabía

y Esta entrevista ha sido editada y revisada con delicadeza y especial dedicación por Mariluz Bort, estudiante graduada conocedora e investigadora de la vida y obra de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. 8

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¿Cómo fue su llegada a la Universidad de Maryland?

a todos los soldados les dieron becas para asistir a la universidad y formarles. Sin embargo, me ofrecieron poco dinero. Yo, que venía de las oficinas de laboratorio y que nos pagaban un buen sueldo, le dije al mentor de mi marido: “Señor, yo no trabajo por ese dinero. Eso no vale la pena”. Antes de empezar el año académico me mando a decir que habían subido el sueldo. Entonces me decidí a ir. Me entregaron una gramática de español y me mandaron a un salón lleno de soldados que me doblaban la edad. Yo tenía miedo, era jovencita, me acababa de casar. Al principio no fue fácil enseñar, de hecho, en las primeras no tuve éxito, pero mi marido me apoyó y me dio consejos. Y me convertí en una buena maestra.

Nosotras nos graduamos en el ’42. Como se habían llevado a todos los estudiantes de 18 años en adelante, cuando la guerra terminó, fue una época bellísima en los Estados Unidos, pues toda la gente quería ayudar. No tienen idea del heroísmo y de la fidelidad de la gente de Estados Unidos ante esa guerra. Mi marido estaba haciendo el doctorado en la Universidad de Maryland, se graduó previamente en Cornell. Vivíamos en Baltimore como referí antes. Así que veníamos desde Baltimore en la Greyhound –que siempre se dañaba a mitad del camino– porque durante la guerra no se podía comprar un automóvil: todo estaba paralizado, no hacían nada, todo era la guerra. Mi marido se levantaba a las cinco de la mañana para llegar a la Universidad de Maryland a las ocho. Un día yo fui a pasar el día en la universidad, y el profesor que era el mentor de mi marido, me preguntó si yo tenía un diploma universitario. Le dije que sí y me dijo que fuera a solicitar un trabajo allí. Le dije que tenía experiencia como profesora, entonces me preguntó si podría enseñar español. Le dije que sí y me dijo que aplicara. Mi marido me animó también. Necesitaban a profesores en la universidad; pues, al terminar la guerra,

Después de esto, ¿usted siguió estudiando en la Universidad de Maryland? Entonces, a la vez que yo enseñaba, me ofrecieron continuar mis estudios graduados y yo estudié el máster y luego, el doctorado. Eso fue determinante en mi vida. Por aquel entonces, cuando salía de una de las oficinas del edificio de lenguas, conocí a la mujer de Juan Ramón Jiménez: Zenobia Camprubí (“de Jiménez”, como me dijo entonces). Hablamos por un rato y me dijo que su marido: Juan Ramón Jiménez, estaba dando cursos de doctorado en la

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Universidad. Yo pensé, “Dios mío tú me habías destinado aquí para que conociera a Juan Ramón Jiménez”. Él es el poeta más grande del siglo XX y yo había aprendido a leer con sus poemas cuando era niña y estuve en la escuela en Cuba y Puerto Rico. En Puerto Rico, yo tenía familia por parte de padre; y una de mis tías, que era maestra, me animó a solicitar una beca para estudiar en una escuela estadounidense, que fue cuando me fui a Vermont.

Después, en Cuba hubo un ciclón con el que perdimos todo lo que teníamos. El director de la escuela en Cuba me preguntó si era ciudadana estadounidense. Le dije que sí y me dijo: “Ustedes no tienen que quedarse aquí, se pueden ir”. Salimos en un barco con otra familia y nos llevaron a Puerto Rico. En la isla, no sabía que yo me encontraría por primera vez con Juan Ramón Jiménez, pues coincidió que él vino a visitar la escuela (Juan Ramón estuvo allí un tiempo durante su exilio). Estuvo en el salón de clases donde yo estaba y allí recitábamos sus poemas. Yo no podía creerlo. Siendo una niña, ya su figura se me imponía. Estuve muy nerviosa ese día, casi incapaz de articular palabra. Ocurrió así: en Puerto Rico, yo tendría que haber estado en la High School y un día la maestra nos dio a leer todo lo que yo ya había leído de Juan Ramón en Cuba. Al otro día, Juan Ramón entra en el salón de clase. Yo lo reconocí enseguida. Vino el señor, se sentó en frente de mi pupitre y entonces, la maestra dijo: “Este es el autor de Platero y yo”. Yo no pude abrir la boca. Por la noche le dieron una gran recepción, y yo no, seguía sin poder abrir la boca. Yo quería llorar pero no me atrevía porque estaba parado enfrente de mí.

Entonces usted conoció la poesía de Juan Ramón Jiménez y luego al poeta en persona, ¿cómo se dio ese encuentro? Tengo que decir que mi padre era ciudadano americano, nacido en Puerto Rico, era bilingüe y tenía un gran comercio, era contable pero también trabajaba en el teatro y doblaba películas. Así que le dieron un empleo para ir a México. Allí conoció a mi mamá y se casaron. Con la Revolución mexicana, se mudaron a Cuba y allí nací yo. Cuba era preciosa. Yo asistí a la escuela allí. En primer y segundo grado había que estudiar poesía: Darío, Jiménez y Martí. Yo me aprendía la poesía y me decían que la recitaba bien. Pero la poesía que a mí más me gustaba era la de Juan Ramón Jiménez. Me encantaba, me sabía toda su poesía.

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Después, cuando vine a la Universidad de Maryland para trabajar y estudiar, resultó que Juan Ramón Jiménez y su mujer eran profesores. Ellos vivían cerca de mi casa, en Riverdale. Yo le conté a Juan Ramón Jiménez toda mi trayectoria y lo que sabía de él y cuándo habíamos coincidido. Me matriculé en todos sus cursos. Allí comenzó la amistad. Zenobia me dijo: “¿Por qué no vas a casa? Aquí él está dando la clase pero en casa tú podrías venir por las tardes”. Empecé

a ir los martes y jueves. De esta manera, Zenobia también podía ir a Washington a ver a sus amistades y asistir a diferentes organizaciones mientras yo estaba con él. Hablábamos de literatura y me ayudaba con las clases. Aquí entonces no había estudios de literatura hispanoamericana, tenían lo que llamaban literatura gauchesca, literatura indigenista. Estos eran los cursos que se daban. Entonces yo quería hacer una tesis sobre la literatura hispanoamericana y Juan Ramón me dijo que me ayudaba. Así

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que durante el año académico yo iba martes y jueves a su casa ya que enseñábamos los mismos días: lunes, miércoles y viernes.

¿Y el rol de él como maestro? Usted dice que se aprendía muchísimo con Juan Ramón Jiménez, ¿Qué características tenía él como maestro?

Como persona, ¿qué es lo que más recuerda de Juan Ramón Jiménez? ¿Cómo era él?

Él conocía la poesía del mundo entero. Entonces nosotros no teníamos un edificio propio en la universidad, dábamos clases en Francis Scott Key, ese era para las lenguas, y en el tercer piso estaban las oficinas. Él nunca usaba la pizarra, sacaba la silla de enfrente de la mesa, la acercaba y se sentaba enfrente de nosotros. Nos daba cursos sobre la poesía femenina hispanoamericana, sobre el modernismo, y te relacionaba todo. Juan Ramón se parecía a uno de los hombres del cuadro “El entierro del Conde de Ordaz”, un retrato famoso español, y “El caballero de la mano en el pecho”. No era muy alto, era delgado, siempre estaba bien vestido y vestía de negro… chaleco, corbata ancha, pelo gris, siempre pulcro. Y siempre me pareció el hombre de estos cuadros, un caballero español como el Quijote. Siempre pienso, qué suerte haberme encontrado a este hombre en mi vida, era generoso. A veces también me regañaba. Si me entretenía, Juan Ramón me regañaba por llegar tarde y estar perdiendo el tiempo.

Era una persona normal, muy sensible, pero no sé cómo decirlo, ¡cuánto aprendí de él! Te hablaba del mundo, te hablaba de las literaturas del mundo entero. Yo creo que es el poeta más representativo del siglo XX. Juan Ramón escribió poesía amorosa sensual, sensualísima. Cuando conoció a Zenobia que era una mujer graciosísima, bilingüe, muy activa, se enamoró de ella. Su poesía cambió entonces, y se dedicó a la búsqueda de la “poesía desnuda”. Desde entonces, Zenobia fue toda su poesía. Zenobia Camprubí tenía descendientes americanos, italianos y puertorriqueños y vivieron muy bien, con temporadas en el estado de Nueva York. Como su padre era un ingeniero español, volvió a España y ahí conoció a Juan Ramón. Él ya estaba viviendo en una residencia de estudiantes. Zenobia se enamoró de Juan Ramón, pero la madre no quería que se casara con él cuando tenía otros pretendientes prestigiosos. No obstante, vinieron a Nueva York y se casaron, creo que aquí no necesitaban el permiso.

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¿Y llegó Juan Ramón a dirigir su tesis?

Las mujeres que trabajaban ahí eran mujeres esposas de doctores, mujeres que tenían medios. Qué buenas fueron, cómo me empujaban y cuando yo hacía algo porque me parecía que era necesario, ellas me decían qué hacer para establecer los cursos y poder levantar el departamento. Eran extraordinarias, y el jefe del departamento me permitía hacerlo. El departamento no era de literatura hispanoamericana, pero eso fue cambiando. Cuando se enteraron en Washington, que nosotros teníamos un programa completo de literatura hispanoamericana, cada vez que venía un escritor famoso a la ciudad, me llamaban. Me acuerdo cuando vino Borges me llamaron y me dijeron: “Mira Graciela tengo a Borges aquí y tengo un programa para todos los días excepto para el primero”. Le dije que lo trajera sin pedir permiso a nadie. Fui a donde todos los profesores de español y les dije: “Denle de asignación a sus estudiantes leer una obra de Borges”. Llevé a otros profesores y a los estudiantes graduados. Borges todavía veía. Estuvo aquí desde las once de la mañana a las seis de la tarde, fue a tres clases de español y lo invité a un salón que había cogido en la biblioteca McKeldin e invité a otras clases de español. Un estudiante le hizo una pregunta sobre Edgar Allan Poe y nos dio una conferencia de una hora sobre Edgar Allan Poe sin pagarle un centavo. Por la noche lo invitaron a la embajada argentina. Luego, vino Borges

Él me ayudó con el trabajo de máster. Yo escribí sobre un escritor hispanoamericano y Juan Ramón me puso en contacto con él. Un día le dije, “Quiero hacer la tesis del doctorado sobre usted”. Y me dijo, “Muy bien, pero nada de ponerme por los cielos. Usted sea justa”. Aún tengo la carta que me escribió diciéndome cómo debería ser. Yo sabía mucho de él porque él me contaba de su vida, me pasaba las tardes en su casa. Aunque yo no escribía enfrente de él, pero cuando llegaba a casa escribía todo lo que él me había dicho para que no se me olvidara. Él quería que escribiera una cosa justa, sin alabanzas ni engrandecimientos. Él me dirigió la tesis que hice sobre él: “Vida y obra de Juan Ramón Jiménez”, pero no estaba cuando la defendí. Ellos vivían aquí y entonces ellos fueron a la Argentina. Él era un hombre depresivo y a menudo estaba en el hospital. Yo también lo iba a ver al hospital. Y recuerdo que una vez lo invité a comer a mi casa. Mi marido como no hablaba español, estuvo hablando con Zenobia en inglés; a la vez, yo hablaba en español con Juan Ramón. Nos interesa mucho el papel que usted jugó en el Departamento, pero también su espacio como mujer en la Academia de esos años. ¿Cómo fue ese tiempo? 14

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por segunda vez a Washington cuando ya estaba casado. Mi hermano era director de un departamento en la Biblioteca del Congreso, me llamó y me dijo que fuera a la conferencia. Salimos de la conferencia y él estaba con esta mujer con quien se había casado y ella me preguntó por un lugar para almorzar. Yo les dije que los invitaba. Fuimos Borges, ella y dos o tres personas más. En otra ocasión que también vino y estuvimos celebrando en la universidad, facilité a una de las estudiantes que iba a hacer una tesis sobre él, que se sentara a almorzar con él. En otra ocasión vino Dámaso Alonso, yo lo llevé a ver la casa de Juan Ramón. Dámaso era muy sencillo. Vinieron mujeres como Ana María Matute, vino Carmen Laforet, Octavio Paz un par de veces… A toda esta gente yo la llevé a la Universidad de Maryland sin que me cobraran un centavo… Vinieron todos los grandes.

los cogía. Me dijeron que por qué no ofrecía yo otros cursos, los empecé a organizar y los estudiantes empezaron a cursarlos. Así hasta que tuvimos un programa completo y yo era la única que los enseñaba. Era un placer enseñar, los estudiantes son como hijos de uno, queridísimos. Yo lo disfruté inmensamente y el jefe del departamento que también era mi vecino, conocía bien a mi marido, me dejaba hacer cualquier cosa que le dijera. Y los mayores me decían lo que tenía que hacer para que eso se hiciera oficial. Yo a veces no me daba cuenta de lo que estaba haciendo, para decir la verdad, me divertí muchísimo. ¿Cuál era la respuesta de los estudiantes de entonces? Como la Universidad no estaba muy organizada, cuando venía una persona famosa yo compraba refrescos y en el salón había una mesa. Los estudiantes venían a ayudarme a poner la mesa. Yo traía los platos, la comida y todo y ellos me ayudaban a servirla, a limpiar. Las niñas entonces se vestían con faldita plisada y suéteres mellizos. Los varones se vestían con corbata, camisa blanca y pantalones. Esos estudiantes, ¡qué maravilla de estudiantes!, me ayudaban en todo lo que había que hacer, ¡qué queridísimos estudiantes!

Si era difícil entonces para una mujer latinoamericana entrar en la Academia, ¿cuán difícil era para la Literatura Latinoamericana entrar en la Academia? Muy difícil, la literatura latinoamericana no estaba valorada en aquel entonces. Daban cursos de peninsular y un curso de literatura gauchesca y literatura indigenista y nadie

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En el Departamento de Español se le recuerda con mucho cariño, por toda su dedicación y porque el Departamento siempre era lo primero para usted.

dieron el permiso. Lo recuerdo como algo muy bonito, (al igual que cuando propuse al escritor para el premio Nobel). A mí me conmovió cuando en el departamento, me celebraron los noventa años. Eyda Merediz fue quien organizó la celebración y homenaje. Y cuando puedo, intento acercarme todavía a algún evento. Yo me paso la vida dándole gracias a Dios, I loved my work, I loved it. Todo me vino por casualidad, pero yo nací para eso.

Cuando nos iban a dar el edificio de lenguas, tramité todo el proceso para que le dieran el nombre de Juan Ramón Jiménez. Tuve que conseguir autorizaciones y me

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Juan Ramón Jiménez en Maryland: las raíces de Animal de FondoY Graciela Palau de Nemes

§ El primer día que vi a Juan Ramón en la Universidad de Maryland, yo estaba trabajando dando clases de español y realizando un máster en literatura. Él se veía como la primera vez que lo vi en Puerto Rico. Vestía igual, de traje de crema claro, corbata ancha, la misma barba y tenía el mismo andar pausado. Al entrar al salón de clases, se iba a la pizarra, escribía los nombres de obras y autores, sacaba la silla del frente de la mesa, la acercaba a los pupitres y hablaba de la literatura de España y América. Las comparaba y relacionaba con la literatura universal, eran clases de literatura comparada. Juan Ramón y Zenobia salieron de España durante la dictadura de Franco. Después de pasar por Cuba y Puerto Rico, vivieron en Florida. Juan Ramón enseñó en la Universidad de Miami y después en Carolina del Norte. Se trasladaron a Washington durante la Segunda Guerra Mundial. En la capital le propusieron dar por radio mensajes de buena voluntad al exterior, pero la censura tenía que ver todo lo que se publicaba o se decía por radio. Juan Ramón no estaba dispuesto a someter sus emisiones a la censura y se negó a hacerlo, habiéndose trasladado ya a Washington y residiendo en un hotel residencial. La bilingüe Zenobia inició su empleo en la Universidad de Maryland dando conferencias sobre cultura y literatura hispana a soldados. No tardó en llegar la invitación para Juan Ramón para ser parte del profesorado de lengua extranjera. Los vecinos eran personas respetables, muchos empleados del Gobierno Federal; el transporte público era excelente, estaba a poca distancia de una gran avenida que lleva a Washington, la capital; y lleva también, en 15 o 20 minutos, a la Universidad de Maryland. El chofer era Zenobia, tenían auto propio. Juan Ramón nunca quiso aprender a manejar. “¿Y si arrollo a un niño?” me decía.

y Fragmentos seleccionados y editados por María Luz Bort. Del ensayo: “Juan Ramón y yo”, texto inédito de

Graciela Palau de Nemes creado para el Año Platero, Octubre, 2014. 18

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Los cursos de bachillerato se daban en la Universidad desde las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde; y los de la maestría y doctorado, desde las cuatro a las seis, por lo que en el otoño y el invierno se terminaba de noche. En invierno, yo no podía regresar a casa por el bosquecito que cortaba la distancia porque estaba oscuro, así que Zenobia, que pasaba por la esquina de mi casa, se brindaba a llevarme. Así creció la amistad entre nosotros y por sugerencia de ella, los días que teníamos libres, los martes y jueves, cuando ella aprovechaba para hacer sus diligencias, yo iba a que Juan Ramón me ayudara con mis asignaturas. La sirvienta de ellos se iba temprano por la tarde, mi marido ya trabajaba como profesor de microbiología en la Escuela de Medicina en una de las universidades de Washington y se pasaba el día en su laboratorio, mi hijo aún no había nacido; y por propia conveniencia, se iniciaron las visitas a Juan Ramón por las tardes. Yo iba con libreta en mano pero antes de la lección, Juan Ramón me contaba los acontecimientos del día: alguna anécdota y quiénes lo habían visitado: estudiantes, profesores, dignatarios de las instituciones hispanas o académicas, etc. Su casa siempre estuvo abierta a todos. Juan Ramón y Zenobia eran asiduos visitantes de la Biblioteca del Congreso en Washington. Juan Ramón era recibido con atención y respeto en el Salón Hispánico de la misma. Él pasaba horas allí, entretenido con las joyas de la literatura universal que le traían a su mesa para su deleite. El matrimonio se hizo socio del Cosmos Club. Para pertenecer a esta comunidad, había que haberse distinguido en alguna rama del saber, pues sus socios eran los más grandes representantes de la cultura de la nación. Allí podían comer y descansar. También visitaban y asistían a los actos de la Unión Panamericana. Alguna vez, yo fui con ellos, cuando dieron un acto en honor del poeta. Durante su estancia aquí en Maryland, Juan Ramón fue invitado a dar una serie de conferencias en Argentina y en Uruguay. Al regreso, nos enteramos del gran éxito de sus visitas allí. Aunque no solo ocurrió eso, el cambio de aires y la vuelta a Riverdale, le permitió llegar a su cima poética: Animal de Fondo. La vida de Juan Ramón fue la búsqueda de trascendencia expresada a través de la poesía. Aunque su poesía cubre muchos temas, el principal fue, desde el principio, trascender e ir más allá, conocer el seguir siendo cuando no se es, de cuerpo, o, cómo es seguir siendo cuando el cuerpo no lo es. La buscó equivocadamente a través del amor carnal pero no consiguió nada. Pero al encontrar el verdadero amor, casto y puro de su adorada, inteligente y graciosa esposa Zenobia, se dio cuenta que la trascendencia no era del cuerpo, sino del alma. Su poesía es una biografía del espíritu, así lo expresa en Animal de Fondo, inspirado y escrito durante la etapa más tranquila y fructífera en América, en Maryland. Le salió al encuentro lo buscado al sufrir una sinestesia que, como dice el diccionario, es “una asociación espontánea entre sensaciones de

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naturaleza distante, pero que parece determinarse por ellas mismas”. Es decir sin ser en lo real, en lo físico. En ese extraordinario libro cierra su obra con broche de oro. La respuesta a su búsqueda: ha encontrado, en Dios, la trascendencia buscada, como dice en “El nombre conseguido de los nombres”:

Si yo, por ti, he creado un mundo para ti, dios, tú tenías seguro que venir a él, y tú has venido a él, a mí seguro, porque mi mundo todo era mi esperanza. ………………… Todos los nombres que yo puse al universo que por ti he creado yo, se me están convirtiendo en uno y en un dios. El dios que es creado al fin, el dios creado y recreado y recreado por gracia y sin esfuerzo. El Dios. El nombre conseguido de los nombres.

Al poco tiempo de su regreso, Juan Ramón tuvo un ataque de depresión; estuvo internado en distintos hospitales del área, y como en esa época la población hispana de los Estados Unidos no era lo cuantiosa de hoy y los médicos no tenían traductores, le aconsejaron a Zenobia que llevara a su marido a un lugar donde personas de su lengua pudieran atenderlo. Viajaron a Puerto Rico. Juan Ramón y Zenobia no volvieron a Maryland. Zenobia pidió que se pusiera la casa de Riverdale en venta y les enviaran sus muebles y pertenencias a Puerto Rico. Fui a visitarlos allí. El Juan Ramón que encontré distaba del que conocí en Maryland. Era callado y pasaba el día sentado en un salón de la biblioteca de la universidad de Puerto Rico. Volví a mi casa y a mi trabajo universitario en Maryland decidida a proponer al poeta para el Nobel. Mandé a buscar las reglas y me dediqué a la tarea de escribir la propuesta, con la que contaría con el respaldo de todos los profesores de lenguas extranjeras de la Universidad de Maryland. Tiempo después, recibí por parte del Presidente de la Universidad de Puerto Rico, Dr. Jaime Benítez un pasaje de ida y vuelta a petición de Zenobia. Al ir a coger el avión ese día por la noche, me enteré por el periódico, de la noticia que le había concedido el Premio Nobel de Literatura al poeta español Juan Ramón Jiménez.

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Con el tiempo, fui a España para participar en alguna celebración o aniversario de Juan Ramón. En otra ocasión, me llevaron al sencillo cementerio de Moguer donde están enterrados Zenobia y Juan Ramón cerca de un frondoso árbol. No había monumentos, ni muchas cruces, sólo las dos tumbas sencillas cerca de aquel árbol. Me dejaron sola. Me abracé al árbol y lloré de tristeza o quizás, alegría; no lo sé bien. Si sé que fue un sentimiento extraño porque mis queridos Juan Ramón y Zenobia estaban donde debían y hubieran querido estar, allí, en Moguer. Con el tiempo, se construyó este nuevo edificio de cuatro pisos para la exclusiva enseñanza de lenguas y literaturas extranjeras, además del inglés. Había que darle un nombre. Pensé que podía ser el de Juan Ramón, el Nobel de dicha institución. Las autoridades concedieron darle a este edificio el nombre de Juan Ramón como propuse, y así resultó ser el único extranjero en toda la universidad en recibir tal honor. Un escultor amigo de Washington, nos regaló el busto del poeta que hoy está situado en el vestíbulo del edificio. Había que poner una placa en la entrada, fue una tarea difícil escogerla, pero pensando en la vida de exiliado de Juan Ramón, pensé en su estrofa: ¡Ésta es mi vida, la de arriba, la de la pura brisa, la del pájaro último, la de las cimas de oro de lo oscuro! ¡Ésta es mi libertad, cortar la rosa, cortar el agua fría con mi mano loca, desnudar la arboleda, cortarle al sol su luz eterna! (Poesía, 1923) Además, sin necesidad de consulta, se le dio el nombre a uno de los dormitorios en el recinto universitario que tomaba el apellido de Juan Ramón junto al de una gran escritora de Maryland, Katherine Anne Porter, llamándose: “Jiménez-Porter”, hoy centro de escritura creativa de la universidad. La Universidad de Maryland durará lo que duren los Estados Unidos y con ella, el recuerdo de Juan Ramón.Yo creo que estaba predestinada a conocer de cerca al más grande de ellos, a Juan Ramón, con cuyos libros de poemas aprendí a leer de niña en Cuba; al quien encontré otra vez en Puerto Rico cuando vino a visitar mi clase; y por última vez, en la última etapa de mi vida, en los Estados Unidos y la Universidad de Maryland, donde fue mi vecino, mi mentor y mi amigo. Nunca he podido olvidarlo.

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Berganza y Cipión: dos personajes cervantinos que oscilan entre la tradición islámica de los djinns (¿demonios islámicos?) y la de los pícaros Dra. Deyka Otero-Lugo Universidad De Puerto Rico Recinto de Utuado

§ Todo texto se construye con un mosaico de citas; todo texto es absorción y transformación de otro texto. En lugar de la noción de intersubjetividad, se coloca la de intertextualidad, y el lenguaje poético se lee, por lo menos, como doble. Julia Kristeva 190 Los argumentos de Julia Kristeva se pueden sintetizar en una palabra: ambigüedad. Ciertamente, el lenguaje poético es ambiguo; de este se extrae la riqueza de sus posibles interpretaciones. De esta riqueza, los pícaros son herederos. Estos personajes se construyen como verdaderos maestros de la palabra y de la ambigüedad. De algún modo, cada autor de la novela picaresca quiere superar al anterior. Así, el narrador, quien se esconde tras el género, refleja una realidad a través de la mirada del pícaro. Por lo que cada uno de estos autores crea una imagen caleidoscópica en sus textos narrativos. La estructura caleidoscópica de los tres espejos se mantiene, lo que cambia es el contenido: los colores, la cercanía o la lejanía de lo observado. De la misma manera, la estructura de la novela picaresca se caracteriza por la narración autobiográfica, el linaje ignominioso del

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narrador y el servilismo del protagonista. Asimismo se aprecia el estado final de deshonor; los episodios “en sarta” o bien “memorias totales” o la fortuna pendular (Gonzalo Sobejano 25-41). El arte y el dominio narrativo de estos autores se fundamentan en cómo transforman sus obras a partir del texto que les antecede con el fin de establecer una crítica a la sociedad de su época. Una vez definido tal panorama, este trabajo trata de explorar las posibles fuentes islámicas en el origen ignominioso de Cipión y Berganza. Esta ignominia se presenta como uno de los rasgos esenciales de los personajes del género picaresco. Además de establecer cómo el discurso autobiográfico picaresco adopta el lenguaje ajeno y marca una serie de conexiones en el repertorio de sus experiencias. Cervantes, bajo estas circunstancias, decide escribir una novela que pertenece a este género utilizando los rasgos característicos del mismo. No obstante, introduce un elemento novedoso: dos perros que sostienen un coloquio, en el que cuentan su vida y realizan reflexiones sobre diferentes temas. A su vez, el coloquio se encuentra inserto en el relato de una experiencia nocturna de un delirante enfermo de fiebres, el alférez Campuzano. El metarelato problematiza la realidad mostrándola al receptor como ambigua. ¿Qué debemos creer de estos relatos? Según Márquez Villanueva, “si El casamiento induce a sospechar lo artificiosamente inventado, el Coloquio va a suscitar una duda acerca de su posible realidad” (622). En otras palabras, en el diálogo de los dos canes, existe cierto escepticismo que provee el espacio para plantear la realidad del mismo; no así en la historia de timos y enredos amorosos del alférez. No cabe la menor duda que estamos ante un problema que fascina a nuestro autor: la verosimilitud. Esta se nos revela como una constante cervantina que trastoca los patrones establecidos y se presenta como una problemática para el lector. Por tanto Cervantes nos muestra una perspectiva distinta en ese movimiento lúdico entre lo que se observa y quién lo observa. El juego cervantino rebosa en el discurso picaresco. Los perros, hablan de sí mismos como personajes de ficción y se sorprenden por tener habla y razón: Cipión.− Así es verdad, Berganza, y viene a ser mayor este milagro en que no solamente hablamos, sino que hablamos con discurso, como si fuéramos capaces de razón… (299). Ambos perros son dotados de la palabra y reflexionan sobre esa facultad racional que se les provee por medio del discurso. La exposición realizada por Berganza acerca de sus memorias responde al discurso de una vida inmersa en el mundo de la picaresca: el origen ignominioso, la fortuna variable, el servilismo y el ingenio. En cada uno de estos puntos se aprecian ciertas convergencias o puntos de enlace con las obras de la serie picaresca. En primer lugar, tomemos el caso del origen ignominioso del pícaro. Este procede de los bajos fondos y entra como protagonista de la literatura contraponiéndose al ideal del héroe caballeresco que, generalmente, procede de las altas esferas de la sociedad. La genealogía de los pícaros remite

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indudablemente a las castas. Sus padres han sido perseguidos por la justicia a causa de su antiguo origen. Ese linaje manchado se trasluce en los oficios de que practicaban las madres y las abuelas de estos personajes: la hechicería y la prostitución. Reed apunta: “Cervantes’ pícaros imitate their predecessors, their picaresque desires mediated by previous texts” (76). No obstante, Cervantes carga la mano respecto a la procedencia de Berganza. El autor extrae de la oralidad, particularmente del folklore popular, el caso de la Camacha de Montilla: esta era comadre de la “madre” de Berganza, la hechicera Montiela. No obstante, esta información llega a oídos de Berganza por la Cañizares, compañera de las dos antes mencionadas. De acuerdo con Harry Sieber, “las Camachas de Montilla eran brujas famosas a mediados del siglo XVI; al estar Cervantes allí en 1592, debió saber sus peregrinas historias” (337). De esta manera, Cervantes dota a la historia de una verosimilitud y una coherencia artística extraordinaria. Por otra parte, los vínculos entre la hechicería y las castas manchadas eran muy frecuentes en la España de los siglos XV, XVI y XVII. En este sentido, los estudios de Carroll B. Johnson arrojan luz sobre el trinomio: sexualidad, pecado y demonio: Witches were subversive because of their alliance with devil, their medical practices, and their sexual activities, imagined or real, especially The Sabbath orgies…Witches as healers, poisoners, aborters, and midwives knew about plants and the body… because they had studied them practically (12). Estas alianzas con el demonio llaman la atención ya que aluden a la inmediatez de la situación narrativa y más tarde al ignominioso origen de nuestro narrador: Verdad es que al ánimo que tu madre tenía de hacer y entrar en un cerco y encerrarse en él con una legión de demonios. … la Camacha, su maestra, de envidia que la tuvo porque se le iba subiendo a las barbas en saber tanto como ella, o por otra pendenzuela de celos, que nunca pude averiguar, estando tu madre preñada, y llegándose la hora del parto; fue su comadre la Camacha, la cual recibió en sus manos lo que tu madre parió, y mostróle que había parido dos perritos; y así como los vio dijo: “¡Aquí hay maldad, aquí hay bellaquería!” (337). Se trata, entonces, de la realización de una práctica demoníaca mediante la hechicería. Nuevamente, Cervantes juega con las posibles fuentes folclórico-literarias1 de los interlocutores 1 Algunos críticos, entre ellos Monique Joly, han señalado las correspondencias entre la fábula de Esopo que trata sobre el perro y el burro, y el uso cervantino de la misma. 24

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perrunos. Por este motivo, y por el vínculo existente entre casta y hechicería, podríamos pensar en un sustrato islámico que como señala la hechicera “… este perruno parto de otra parte viene y algún misterio contiene” (338). En la tradición islámica, particularmente, en el folklore, existen varias versiones sobre unos seres asociados con la maldad llamados los djinn, genii, jinn o genios. Es interesante señalar que esto va más allá del folklore ya que en el propio Corán se hace referencia a estos seres. Mahoma creía sinceramente en la existencia del bien y el mal, y dejó registro de la misma en el capítulo LXXII del Corán: “Say: It hath been revealed to me that a company of JINN listened and said, −Verily, we have heard a marvellous discourse (Qur’ān)” (Dictionary of Islam 133). Es interesante señalar que el lector del Coloquio de los perros también va a ser partícipe de un discurso maravilloso, de una genialidad cervantina que apunta a tener reminiscencias en la tradición islámica, y que a su vez se asocia con la magia. The djinn in folk-lore. The transition to this division comes most naturally through the use of the djinn in the magic… Djinn appear to men in many forms, most often in the guise of animals, such as; −a black cat (without any light markings), a goat (kid, or he-goat), a black dog, a fox, a buffalo, or else in human shape (ordinary size, dwarfs or gigants) (The Encyclopaedia of Islam, 547-548). Al igual que en el Coloquio, el discurso es el foco de atracción. Se capta la atención del lector y se fascina al mismo por medio de la palabra: Berganza.—Todo lo que dices, Cipión, entiendo, y el decirlo tú y entenderlo yo me causa nueva admiración y nueva maravilla. Bien es verdad que en el discurso de mi vida diversas y muchas veces he oído hablar grandes prerrogativas nuestras; tanto, que parece que algunos han querido sentir que tenemos un natural distintivo, tan vivo y tan agudo en muchas cosas que da indicios y señales de faltar poco para mostrar que tenemos un no sé qué de entendimiento capaz de discurso (299-300). La palabra es el arma del pícaro en medio de un mundo marginal. Es por ello que el ingenio va de la mano, tanto en el pícaro como en el djinn o genio, de un discurso que expone toda la genialidad que les ha sido dotada precisamente por encontrarse en la periferia. Una periferia evidenciada por los planos a los que pertenecen: los djinn transitan en un espacio oculto, conocido pero velado; y los pícaros por ocupar uno de los estratos más bajos en la escala social.

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A Berganza lo llaman el perro sabio por la capacidad y las habilidades del mismo. El ingenio y la agudeza son características intrínsecas al definir a un demonio2. Es por tal razón que el ingenio de Berganza es comparable al de los djinn o shaitāns (demonios) ya que aprende rápidamente. En consecuencia, se teje una maraña sobre los conceptos de rareza, ingenio y demonio cuando la gente descubre el estado de arrobamiento de la Cañizares, arremete contra Berganza: “… creyeron los más que yo debía ser algún demonio… Otros decían: «¡No rabia, sino que es demonio en figura de perro!»”(345). En este sentido, el mundo islámico puede arrojar luz respecto al vínculo entre el djinn y el perro endemoniado. En árabe, kalb se deriva de kalba, kilāb. Esta palabra viene a significar can o perro: Kalb, the general name for the domestic dog (canis familiaris) with no distinction of breed. A fundamentally unclean (nadjas) animal and therefore forbidden food according to kur’ānic law, the dog is generally if not despised, than at least avoided, throughout Islam. For Muslims this reservation is compounded by a superstitious caution arising from the belief that the dog is a demonic emanation belonging to the category of evil spirits (djinn)3. Esta situación nos hace reflexionar sobre la rara invectiva de Cervantes, su fascinación y vasto conocimiento de la tradición islámica (observado en personajes como: el morisco Ricote, Zoraida, Preciosa, entre otros). En este sentido, nuestro raro inventor establece el ambiente y la atmósfera del Coloquio de los perros conforme al espacio escogido por los djinn: “All their activities take place at night and come to end with the first cock-crow or the first morning call to morning prayer”4. Cipión y Berganza comienzan a hablar en la noche y mientras va avanzando la misma se preocupan porque el tiempo no los traicione pues al llegar el día no podrán narrar más: “Y con esto pongamos fin a nuestra plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio del habla, será la mía para contarte mi vida” (359). Esta expectativa en la que nos deja Cipión nos recuerda la ilusión y la curiosidad experimentada por el rey ante los relatos de Sahrazad en las Mil y una noches.

2 De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, entra las acepciones que tiene la palabra demonio se encuentran: Diablo. Genio o ser sobrenatural, entre los gentiles. Dar muestras de gran ingenio y agudeza para lo malo, o de gran travesura. 3 The Enclyclopaedia of Islam, CD-ROM Edition: Windows Edition. Netherlands: Brill Academic Publishers, The 2003. Palabra clave: “dog” o “kalb”. 4 Ibid, palabra clave: “djinn”. 26

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Tan temprano como en la tercera noche, Sahrazad narra una historia titulada “La mujer bruja” en la que se hace referencia al djinn. El genio posee la sangre de un comerciante que es acompañado de una mula. Este realiza un trato con el genio en el que si consigue su admiración, el genio-djinn se verá obligado a devolverle la sangre al hombre. El comerciante (trajinero) comienza la historia alabando al genio y relata cómo encontró a su esposa con un esclavo negro en su lecho. Su esposa profirió unas palabras, lo rociy dijo: “Abandona tu forma de hombre y revístete en forma de perro” (Las mil y una noches 24). En el acto quedó transformado en can y lo expulsó de la casa. El perro vagó por muchos lugares hasta que llegó a una carnicería en la que la hija del carnicero rompió el hechizo. Posteriormente, el comerciante le pidió a la mujer que le mostrara el encanto para así poder vengarse de su esposa. Así lo hizo y la convirtió en mula, la misma que lo acompañaba. Al terminar su relato, el genio se bamboleaba de emoción, por lo que concedió el resto de la sangre al comerciante. Sahrazad se dio cuenta de que era de madrugada y cortó su relato. “Esto no es nada en comparación con lo que contaré la próxima noche…” (25). No cabe duda que los vínculos establecidos entre el Coloquio de los perros y los djinn instalan a Cervantes en la mejor tradición de la narrativa islámica. Los vínculos entre ambos textos no solo son marcados por sus estrategias narrativas: el relato dentro del relato (técnica de la caja china); la ambigüedad, ya que ambos narradores utilizan el elemento lúdico al abordar el tema de la realidad y la fantasía, y la fortuna pendular. No obstante, no deja de llamar la atención el problema ontológico. En ambos textos, el dilema del ser es lo que motiva la trama de los correspondientes relatos. En Las mil y una noches, la transformación se da efímeramente (se encantó y se desencantó) respondiendo a la brevedad del cuento, a los sustratos que traen consigo la magia –y la atmósfera que esta impregna en el relato– y al folklore de la cultura islámica. En cambio, en el Coloquio de los perros, aunque la narración transcurre en una noche, hay una construcción mejor lograda respecto al tiempo, incluso –como señalé anteriormente– los personajes poseen conciencia de esto. Asimismo, el origen de los canes es develado por la Cañizares mediante un trasfondo temporal (Berganza cuenta la historia de sus diferentes amos a Cipión y casi al finalizar la misma hace alusión a la historia de la Montiela, la Camacha y la Cañizares). Es interesante señalar que ese dilema ontológico en el Coloquio de los perros, y a diferencia de Las mil y una noches, va a ser motivo de un discurso realizado desde la marginación y cuyo blanco central es la denuncia al sector de los nobles y privilegiados socialmente. Si bien Berganza –nuestro pícaro perruno– muestra mediante su discurso los temas predominantes de la serie picaresca, ingenio, honra, dinero, linaje, entre otros, es porque existe un diálogo intertextual. Este proceso

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dialéctico no solo se da entre Berganza y Cipión sino que se elabora a partir del iniciador del género, el Lazarillo de Tormes. El discurso picaresco se construye mediante la modificación del testimonio del otro. Así, el discurso autobiográfico picaresco adopta el lenguaje ajeno (Cabo Aseguinolaza 75) y establece una serie de conexiones en el repertorio de sus experiencias, remitiéndose – a la vez – a las vivencias de otros, no solo para entender el presente, sino también para justificar su porvenir. En este sentido, el estilo picaresco funciona a manera de un ciclo vital que se transforma continuamente. Sin embargo, aunque coincidan los rasgos de discursos anteriores, los elementos son particularmente distintivos unos de otros. Se trata, pues, de trazar un diálogo textual que enlace al Lazarillo con el Coloquio de los perros, y observar cómo este último acoge y modifica este discurso por medio de la palabra: “… porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que siéndoles contraria, con fuerza y maña salieron a buen puerto” (Lazarillo de Tormes 11). Asimismo, Cipión explica las palabras de la Cañizares: Volverán a su forma verdadera cuando vieren con presta diligencia derribar los soberbios levantados y alzar los humildes abatidos por mano poderosa para hacello. Tomándolo en el sentido que he dicho, paréceme que quiere decir que cobraremos nuestra forma cuando viéremos que los que ayer estaban en la cumbre de la rueda de fortuna, hoy están hollados y abatidos a los pies de la desgracia y tenidos en poco de aquellos que más los estimaban (346). En los siglos XVI y XVII, las clases sociales eran prácticamente inmutables; así que, en la picaresca, la pretensión de ascender en la escala jerárquica se ve matizada por el concepto de la subversión del orden natural. Por tal razón, los autores del género picaresco contraponen los conceptos de linaje y fortuna contra el afán de medro, el ingenio y la maña, naturales en el pícaro. No obstante, en el momento en que los pícaros tratan de transgredir los espacios de poder, estos son regresados a su lugar de origen, por medio de la adversa fortuna, o colocados en un escalón inferior al que se encontraban.

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Respecto a estos motivos temáticos, fortuna, honra y virtud, Cipión tiene presente las palabras del anónimo renacentista; no obstante, las trastoca con una avasalladora crítica matizada de pesimismo: “Digo, pues, que el verdadero sentido es un juego de bolos, donde con presta diligencia derriban los que están en pie y vuelven a alzar los caídos, y esto por la mano de quien lo puede hacer” (347). No cabe duda que estas palabras hacen referencia a la figura de la fortuna y de aquellas a quienes siempre les favorece: el poderoso, el noble, el limpio de sangre. Cipión crea conciencia respecto a la manera de obrar de la fortuna y dilucida, mediante la metáfora del juego, la arbitrariedad de la misma respecto a cómo se favorece a aquellos que son bajos moralmente y se encuentran en una escala jerárquica privilegiada. La virtud no alcanza mucho en el universo de los grandes. Rebelarse contra la fortuna era una tarea infructuosa. Finalmente, puede observarse diáfanamente la relación dialógica y la transformación que ha sufrido el discurso en ambos textos. Por tal razón, en el Coloquio de los perros subyace un sentido no solo de novedad y coherencia artística sino además un enfoque literario-cultural que ha viajado a través de la historia tomando lo mejor de las distintas tradiciones literarias (en este caso, la islámica y la picaresca). Es al intérprete posterior a quien tocará anudar los hilos de estos heterogéneos y fascinantes discursos en los que el tiempo parece suspenderse en cada historia. Bibliografía Cabo Aseguinolaza, Fernando. El concepto de género y la literatura picaresca. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 1992. Impreso. Cervantes, Miguel de. Novelas ejemplares II, “El coloquio de los perros”. Ed. Harry Sieber. Madrid: Ediciones Cátedra, 2001. Impreso. Díaz Balsera, Viviana. “Un diálogo cervantino con la picaresca: Intertextualidad, desplazamiento y apropiación en el Coloquio de los perros”. Crítica Hispánica 17:2 (1995): 185202. Impreso. Diccionario de la Lengua Española. Madrid: Real Academia Española, 1992. Impreso. Dictionary of Islam: A Cyclopedia of Doctrines, Rites, Ceremonies, Etc. of the Islamic Religion. Karamat Sheikh Publishers, India, 1979. Impreso. Johnson, Carroll B. “Of Witches and Bitches: Gender, Marginality and Discourse in El casamiento engañoso y El Coloquio de los perros.” Cervantes: Bulletin of Cervantes Society of America, Vol. XI, Núm. 2, Fall (1991): 7-25. Impreso. Kristeva, Julia. Semiótica 1. Madrid: Fundamentos, 1978. Impreso.

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Las mil y una noches. Traducción, introducción y notas de Juan Vernet, Barcelona: Editorial Planeta, 1998. Impreso. Lazarillo de Tormes. Edición de Francisco Rico. Madrid: Ediciones Cátedra, 1990. Impreso. Marchese A. y J. Forradellas. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Editorial Ariel, 2000. Impreso. Márquez Villanueva, Francisco. “Novela contra fábula: Campuzano, Estefanía y los perros de Mahúdes”. Bulletin of Spanish Studies, Vol. LXXXI, Núm. 4-5 (2004): 613-625. Impreso. Molho, Maurice. “¿Qué es picarismo?”. Edad de Oro. Madrid: Departamento de Literatura Española, Universidad Autónoma de Madrid 2 (1982-1983): 127-135. Monique, Joly. “Rebuzne el pícaro: Comentarios sobre el uso cervantino de una fábula de Esopo”. Actas del VII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, II, Madrid: Istmo (1986): 53-60. Impreso. Reed, Helen. “Theatricality in the Picaresque of Cervantes.” Cervantes: Bulletin of Cervantes Society of America 7:2 (1987 Fall): 70-81. Impreso. Severin, Dorothy S. “Pármeno, Lazarillo y las novelas ejemplares”. Ínsula: Revista de Letras y Ciencias Humanas, 633 (1999 Sept.): 26. Impreso. Sobejano, Gonzalo. “El coloquio de los perros en la picaresca y otros apuntes”. Hispanic Review 43:1 (1975 Winter): 25-41. Impreso. Thacker, M.J. Cervantes’Exemplary Pícaros, Hispanic Studies in honour of Geoffrey Ribbans. Liverpool: Liverpool UP (1992): 47-53. Impreso. The Encyclopaedia of Islam. II. Ed. B. Lewis, Pellatt and Schacht. Leiden: E.J. Brill, 1965.Impreso. The Enclyclopaedia of Islam. CD-ROM Edition: Windows Edition. Netherlands: Brill Academic Publishers, 2003.

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TABLERO DE EVENTOS Departamento de Español y Portugués

Visita del escritor Juan Villoro El escritor y periodista mexicano Juan Villoro visitó la Universidad de Maryland, College Park, como parte de “The Juan Ramón Jiménez Distinguished Lectures and Seminars Series”. Entre el 14 y el 18 de septiembre de 2015 ofreció dos talleres titulados “Viajes por América Latina: un continente a través de la crónica" y la conferencia “Mexico’s War on Drugs: Writing in Violent Times”. El evento fue auspiciado por el Departamento de Español y Portugués, y The School of Languages, Literatures, and Cultures.

Siguiendo con Juan Villoro, el escritor mexicano estará nuevamente en la Universidad de Maryland entre el 28 de noviembre y el 2 de diciembre de 2016, invitado por el Departamento de Español y Portugués. Entre otras actividades, dará una conferencia en español en el Mexican Cultural Institute, en inglés en UMD y entablará conversiones con los estudiantes y profesores del Departamento.

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Film and Media in the Age of Transnationalism El 6 de noviembre de 2015 se llevó a cabo el simposio Film and Media in the Age of Transnationalism, el cual exploró las intersecciones interdisciplinarias entre las representaciones del género y la identidad en las obras transnacionales contemporáneas del mundo hispano y francófono y el desarrollo de las plataformas tecnológicas como herramientas pedagógicas. El comité del evento estuvo a cargo de Kayla Watson, estudiante del Departamento de Español y Portugués, y Nathan Dize, estudiante del Departamento de Francés e Italiano, y contó con la colaboración de los estudiantes José Alfredo Contreras, Macarena García-Avello y Sarah Dowman.

2015 Pragda Film Festival El festival, coordinado por el profesor asociado, Dr. José M. Naharro Calderón y hecho posible gracias al Spanish Film Club Grant ofrecido por PRAGDA, presentó cinco películas de cineastas iberoamericanos entre el 13 de octubre y el 10 de noviembre de 2015: 339 Amín Abel Hasbún. Memoria de un Crimen de Etzel Báez, Paraíso de Mariana Chenillo, Amazônia Eterna de Belisario Franca, Malacrianza de Arturo Menéndez, Asier ETA biok de Amaia Merino y Aitor Merino.

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Transnational(ist) Mexico: Displacement, Migration, and Mobility La conferencia se llevó a cabo el 25 y 26 de septiembre y contó con siete paneles que giraron en torno a cómo un marco transnacional permite elucidar distribuciones temporales y espaciales irregulares a menudo ocultas dentro de las narrativas convencionales de la cultura nacional, la historia y la tradición. El evento fue organizado por el profesor asociado Dr. Ryan Long del Departamento de Español y Portugués y contó con la participación de los estudiantes José Alfredo Contreras, Melissa González, María Cristina Monsalve, María de la Luz Bort y Kayla Watson como moderadores de los paneles. Auspiciado por el Departamento de Español y Portugués; The School of Languages, Literatures, and Cultures; The Division of Research; The College of Arts and Humanities.

Workshop on Latin American Business Administration El evento, iniciativa de la doctoranda María Cristina Monsalve, estuvo dirigido a 26 doctorandos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, quienes son asimismo profesores universitarios. Contó con la colaboración de estudiantes graduados del Departamento de Español y Portugués y de diversos programas y departamentos de la Universidad de Maryland en las distintas actividades. El evento fue auspiciado por el Departamento de Español y Portugués y School of Languages, Literatures and Cultures.

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Text Encoding Initiative Las nuevas herramientas tecnológicas permiten repensar las relaciones con las humanidades y la forma en que ambas pueden trabajar en conjunto así como posibilitan proyectos de investigación que establezcan lazos entre el uso de los medios digitales en la investigación literaria. A partir de esta idea, se organizó el taller Text Encoding Initiative, promovido por la doctoranda María Cristina Monsalve, y dirigido por el Dr. Manuel Portela, de la Universidad de Coimbra, Portugal. El taller contó con la participación de estudiantes del Departamento de Español y Portugués como parte de su comité organizador.

Presentación del logo del Departamento de Español y Portugués A lo largo de tres semanas los miembros del Departamento de Español y Portugués realizaron una intervención de la Universidad de Maryland para dar a conocer el logo del Departamento. La intervención culminó con el evento del Open House donde Marta Gutiérrez, artista colombiana y creadora del logo, presentó la escultura Frutos que fue la inspiración para el logo.

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Hybridity. Examining Processes of Circulation, Collaboration, and Conflict El 5 y 6 de mayo del 2016 se llevó a cabo la Conferencia Anual de Estudiantes Graduados de la Universidad de Maryland, teniendo como eje de diálogo lo híbrido como concepto, fenómeno y categoría de análisis. La conferencia fue organizada por el Latin American Studies Center y contó con la participación de María Cristina Monsalve y Daniela Bulansky, estudiantes de Departamento de Español y Portugués, como parte de su comité organizador.

Perspectives on Power: Textual and Cinematic Representations El 25 y 26 de marzo se llevó a cabo la Conferencia Perspectives on Power: Textual and Cinematic Representations. La conferencia generó diálogos críticos interdisciplinarios entre estudiantes graduados de varias universidades, incluso tres universidades internacionales, y exploró las intersecciones transculturales y translingüísticos de las representaciones del poder. El comité estuvo integrado por Kayla Watson, estudiante del Departamento de Español Portugués, Abby Broughton y Jill McAliste, estudiantes del Departamento de Francés. Contó con la participación de Melissa Gonzalez-Contreras, Lisa Warren y Douglas Glynn, estudiantes del Departamento de Español y Portugués.

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Destiempo Andrés CadenaY

§ a «Vica» Esa noche de agosto, cuando el timbre del teléfono trituró nuestro sueño, yo aún desconocía que otra realidad bucea bajo la nuestra, como una versión especular de la vida que se manifiesta a destiempo. La porfiada intensidad del verano nos obligaba a dejar abiertas las ventanas incluso durante las noches, en espera de que la brisa del Mediterráneo refrescara el dormitorio. Un leve fulgor lunar adherido al cielo nocturno alargaba la sensación estival que por el día nos ahogaba. Clara tomó el auricular y se sentó sobre la cama en un movimiento cuyas reverberaciones sentí a mis espaldas; encendió la luz de su veladora con un clic que fue como un clavo hiriendo la calma de la noche. Me volteé para observar que esa claridad, del otro lado de su cuerpo, parecía ensangrentada, como proveniente de una flama. No habló, sólo escuchaba. Segundos después, los detalles de su rostro parecieron derretirse en cámara rápida, deformándose en una mueca de espanto. Su madre había muerto, en Ecuador, al otro lado del mundo, como casi todas las muertes ocurren, inesperadamente. El resto de la madrugada fue un amasijo de quejidos y vueltas descontroladas en la cama, de febriles pataleos en falso, de llamadas por teléfono e improvisación del viaje; de silencios que parecían habitados por criaturas salvajes. Escuché a Clara vomitar en el baño mientras yo preparaba nuestra maleta. El calor se volvió una masa estática en el ambiente, que posaba miles de plumas invisibles sobre las cosas. Yo imaginé que en los Andes la noche sería lo contrario: gélida y sibilante. Las diferentes prendas de ropa,

YAndrés Cadena (Quito, 1983). Su libro Fuerzas ficticias obtuvo el Primer Premio en el Concurso Pichincha de Cuento 2012. Otros de sus cuentos han aparecido en Transtextos, un libro editado en coatoría con Juan Carlos Arteaga y en antologías varias como Los invisibles, Cuentímetro, Tiros de gracia y en revistas como Anaconda, Letras del Ecuador y la edición virtual de Suelta. Andrés fue coordinador editorial de la Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura y actualmente es parte del sello literario Antropófago.

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que yo escogía sin mayor cuidado, colgaban de mis manos como pieles de seres que acababan de perder la vida. Conseguí que Clara tomase un par de tranquilizantes antes de abordar el avión, la noche siguiente. Pocos minutos después de despegar, el sueño se apoderó de su cuerpo y la desplomó a mi lado. Yo miraba por la ventana ovalada y, entre el zumbido de la cabina y los susurros de los otros viajantes, lloré. Es difícil calificar los sentimientos en esos trances, pero ahora entiendo que mi llanto era por esa sucia variación del dolor que es la impotencia. Me parecía injusto que le pasara esto a Clara, que no había merecido ser alcanzada por la muerte de esa manera tan artera, tan inesperada e irreversible. Creo que lloré también un poco por mí, porque sabía que en adelante ella iba a necesitar un guía y un apoyo, y yo estaba confundido en una neblina de inseguridad. Vi por la ventana cómo las alas del avión temblaban en medio del cielo, oponiendo a las tinieblas del aire una rigidez que, precisamente, se podía convertir en su mayor debilidad. Por un instante imaginé que el aparato se estrellaba, y sentí una retorcida especie de alivio. En el fondo de la tierra dormida, ríos de lucecillas palpitaban a cientos de metros bajo nuestros pies, como si el planeta nos fuera ajeno. Clara y su padre lloraron juntos en un largo abrazo en el aeropuerto de Quito. Decenas de miradas extrañas nos recorrían con curiosidad, como si la razón de los lamentos fuera a manar de nuestros cuerpos. Yo era el eslabón entre los dos ámbitos: veía y vivía el dolor. Permanecí a su lado, observándolos y acompañándolos; puse mi mano sobre el hombro de mi suegro, y fue como si recién se diera cuenta de que yo también estaba allí. Mientras conducía en dirección a su casona en el valle, nos contó del accidente. La madre de Clara, al fin de la tarde, iba por la carretera sinuosa y pegada al declive de la montaña, y en un instante se había quedado dormida y se pasó al carril contrario. El camión que venía en ese sentido no logró esquivarla, la embistió de frente y la arrastró por veinte metros. Había quedado irreconocible. —La Gran Igualadora —resopló el padre de Clara cuando acabó su relato. Pero nada de lo que pasaba me parecía resultado de igualdad alguna. Sentí cómo la loma se desinflaba bajo las llantas del carro, a medida que descendíamos por un camino conocido aunque, en ese momento, trastocado; algo en esa tierra había sido alterado, como una intimidad ultrajada. Aunque íbamos tres en el vehículo, una soledad se expandía espesa imponiendo silencio en la cabina.

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Atravesé el velorio como se atraviesa un túnel: con una falsa oscuridad que deforma los sonidos y las imágenes circundantes; y con la conciencia de que, más pronto que tarde, todo acabaría arrojándonos de vuelta al mundo. Un mundo diferente que hiere los ojos. Clara permaneció sentada durante horas, en un letargo infranqueable, con la cara como una pared que ha descascarado el tiempo. Decenas de condolientes se nos acercaban, tras pasar junto al féretro, como si visitasen en nosotros el revés de la muerte, una vida agujereada de pronto, incompleta. Me sorprendió la entereza del padre de Clara, a quien los sucesivos abrazos de los deudos parecían darle un lugar en el mundo, recordarle que él seguía erguido y que soportaba los embates de la suerte. Su pena sólo se reforzaba cuando veía en su hija el retrato del desconsuelo. Esa figura debía ser para él como la reproducción de su esposa, una alucinación o un engaño de los ojos, que ven lo que quieren ver. Pero tras el espejismo no encontraría más que el camino de vuelta hacia la realidad, el anuncio renovado de algo que ya no está. Sólo cuando, en el entierro, finalmente descendieron el catafalco en el agujero rectangular en medio del césped, vi que el padre de Clara terminaba de rodillas en el suelo, derramando un lamento seco y auténtico: el sonido del dolor rasguñaba el aire. Sentí la necesidad de hablar con mi madre, en Francia, de todo lo que ocurría, y aproveché la nocturna tranquilidad del valle para telefonear sin apuros. —No puedes ponerte débil, hijo —me repitió—. Ahora es el momento de estar fuerte y servir de apoyo a tu esposa y tu suegro. Tú eres su familia, te necesitan. Mientras me hablaba, yo veía la noche posada como gata en la llanura; me dio la impresión de que estaba a punto de levantarse con un salto de un momento a otro. La luna, escondida por una delgada nubosidad púrpura, parecía haberse desmenuzado en las estrellas que resplandecían con timidez. Hablando por teléfono con alguien que estaba en otro continente —y en otro tiempo, con unas horas de adelanto—, columpiando mis pasos sobre los frágiles sueños de Clara y su padre —mi esposa y mi suegro—, me sentí por completo solo, vulnerable, como un reptil que se asoma por la informe abertura del cascarón en que acaba de gestarse. Habíamos salido a cenar los tres en un restaurante en el casco colonial. No me sentía un turista en el lugar donde nací y crecí —aunque ahora allí ya casi no me quedara familia—, pero sí tuve la sensación de que la ciudad me reprochaba algo, de que me recibía con el altisonante reclamo de la lluvia.

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Tras la comida, aguardamos de pie que el temporal amainara, bajo el frontispicio de una construcción barroca. El agua emborronaba la Plaza de la Independencia ante nosotros, como si se empecinara en diluir la escena, y le dotaba al mismo tiempo de un halo resplandeciente en media oscuridad andina. —Vamos a la playa —dije, y tuve que alzar la voz para que se me oyera por sobre el multiplicado choque de las gotas contra las superficies de piedra—. Descansemos unos días: puedo conseguir fácilmente un departamento en Bahía. Vi a Clara y su padre recibir la propuesta como si por primera vez escucharan palabras de mi voz. Se miraron entre sí, buscando en el otro algo que no se atrevía a decir cada uno. Sentí que había empezado a tomar mi posición, y me envalentoné con la idea: —Vámonos mañana —sonreí—, yo manejo. Detuve el Cherokee y me bajé en la estación de gasolina en la mitad exacta entre Quito y Bahía, en el umbral entre la sierra y la costa. Mi cuerpo fue envuelto por el aire cargado de humedad que rezumaba desde el bosque tropical, mientras en el interior del auto Clara dormía con el seño fruncido y su padre vertía su mirada en el techo del auto, acaso buscando traspasarlo. —No te demores —me dijo mi suegro—, es mejor no parar hasta llegar. Además, ya es mediodía. Aunque aquello era un consejo, me habló como si me estuviera comunicando que todo daba igual, como diciendo «haz lo que quieras», pensando quizás que de todos modos nunca llegaríamos. La claridad solar arrollaba el ambiente, parecía empujar todas las cosas, y sus diminutos tentáculos resplandecían por sobre los bordes de cuanto miraba. Debíamos apretar el paso para poder aprovechar algo de mar ese día. Decidí entonces no prolongar más la parada y no destapé el motor del viejo Cherokee marrón. Me limité a poner gasolina e ir al baño. Cuando volví al vehículo, mi esposa y mi suegro mantenían los ojos cerrados; parecían conectados en un lugar diferente de aquel al que les había llevado para que olvidaran, al menos de momento, esa muerte que aún no dejaba de arremolinarse, una y otra vez, en la marea inútil que suele ser la memoria. A varios kilómetros aún de Bahía, tomé una ruta alterna con la idea de desembocar en la vía costera y recorrer el último tramo flanqueando el océano. En una recta larga entre hileras de platanales, la temperatura del auto subió de golpe, y tuve que orillarme para evitar recalentar la máquina. Descendí y revisé el motor, un rompecabezas de latas ardientes que empezaban a humear. Necesitábamos conseguir una buena cantidad de agua y esperar al menos media hora antes de

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proseguir. Todavía en sus puestos, Clara y su padre observaban por la ventana sin señal de emprender acción alguna; era como si yo estuviera transportando dos entes sin vida. Bajo el sol de la tarde, el asfalto exhumaba un olor oleaginoso que se mezclaba con el dulzor del abono y la sal del aire montubio. El resultado me ocasionaba un mareo ascendente. Como si hubiera sido enviado desde otra realidad de modo expreso para ese momento, pasó por la desierta vía un viejo taxi cuya pintura amarilla había empalidecido merced a la infatigable brisa del Pacífico. Hice señas para que se detuviera. Clara parecía no entender qué ocurría cuando le dije que yo solucionaría todo. En su figura se reflejó la incomprensión que me apretaba la garganta, como si un espejo nos separase, en medio del vacío extendido hasta ese otro mundo donde mi esposa naufragaba con tristeza. Del taxi se bajaron dos sujetos, de oscura piel gruesa, camisas de manga corta y rapados a mate; aún quedaba dentro el conductor, que para mí fue sólo una sombra desdibujada por el bochorno del día acumulado entre mis párpados. Revisamos juntos el motor de cuatro litros del Cherokee, y ambos me tendieron un mensaje de desánimo en sus ojos alagartados y con palabras lentas. Acordamos que Clara y mi suegro avanzaran en el taxi hasta nuestro hospedaje, y que luego el chofer regresaría con un mecánico, mientras yo aguardaba junto a los otros dos hombres. —Lo siento —le susurré a mi esposa al despedirme, cuando ella y mi suegro ingresaban al asiento trasero del vehículo—. Fue mi culpa, no revisé el radiador. Vayan tranquilos, los alcanzo más tarde. Cuando los vi irse con lentitud por la calle asolada, experimenté un nuevo duelo, la exageración de una pena, como si al fin la muerte de mi suegra se hubiese sedimentado en mis entrañas. Mi estómago fue presa del borboteo previo al vómito. La confusión que atravesaba todo mi organismo se vio proyectada en una nube espiralada en la lejanía, que aureolaba un monte de verdor tupido. Al voltearme, noté que uno de los dos hombres se había subido a mi puesto en el Cherokee; el otro permanecía de pie, cerca de mí, observándome con ojos torvos. Caminé hacia la cabina unos pasos, cuando un empujón me arrojó al frente, al tiempo que el que estaba dentro abría la puerta para que me golpease. Pude poner las manos para protegerme, pero al caer, sobre mis rodillas, el que había descendido me encajó una patada en la cara, y salí disparado para aterrizar sobre mi espalda. Fue como si dejara de ver con mis ojos: lo que percibía con la vista no tenía relación con mi cuerpo, y el dolor era un frío tajo metálico en medio de esa atmósfera ardiente. Sentí que los primeros golpes me habían expulsado de ese armatoste de órganos que estaba siendo vapuleado en el infiernillo tropical.

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Entre los sucesivos ataques que recibí encogido sobre la calzada, me escuché preguntando por qué, en lugar de pedir clemencia. —¿Qué hacen? —les repetía, escupiendo palabras intermitentes con burbujas sanguinolentas—, ¿qué hacen? Y oí una de sus voces, como proveniente del medio, de la exuberante naturaleza que atestiguaba la escena: —T’ estamo’ arreglando ’jueputa. Cuando desperté, me tomó un tiempo entender que no estaba ciego, que eran las redes de la noche las que habían secuestrado mi vista. En la abandonada vía, esa noche era también un concierto de chillidos de insectos cuyo ritmo se sostenía sobre el croar de sapos invisibles. Sentí agudo dolor en los genitales, el pecho y la cabeza, ahondado por el sabor alcalino de la sangre mezclada con bilis que me recubría la lengua como grasa reseca. La piel me palpitaba. Mi cuerpo se resistía a moverse, como si hubiera sido cristalizado y cualquier tensión acabaría por destrozarlo. Al interior de mi cabeza una herida se manifestaba chisporroteando como aceite en ebullición. Giré, manteniendo mi posición fetal, para ver que el Cherokee ya no estaba. Supe que los hombres no volverían. Resoplé y aquello fue como si una pinza me retorciera la boca del estómago, ahogándome, así que decidí respirar con breves bocanadas ligeras. Miré al cielo estrellado y caliente, y enseguida la visión tomó forma de agua; el universo estaba hecho de resplandeciente azogue mezclado con sombras. Pensé de pronto en Clara y su padre, en que se habían ido con el tercer hombre, de seguro cómplice de los que me atacaron. Y una certeza se me clavó en la garganta, me montó en un carrusel de miedo y dolor y miedo al dolor, sucediéndose a velocidad angustiosa. Supe que nada había concluido, que no había sido sino el comienzo, a destiempo, de todo eso que estaba a punto de ocurrirnos.

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Fuerza ficticia Andrés Cadena como si yo anduviera a la pesca de argumentos para novelas y no a la pesca de mí mismo. Mario Levrero

1 Quieres escribir un cuento. No cualquiera, sino uno en particular, que lleva meses aleteando en la jaula de tu cabeza. Llevas así mucho tiempo, desde antes del episodio de San Valentín, cuando Claudia te dijera, semialumbrada por una vela, que pensaba estar embarazada. Cuando le preguntaste qué haría en ese caso, y te respondió entre risas: «Le pondría de nombre Valentino». Quieres escribir el cuento pero siempre hay una excusa para no hacerlo, para no enfrentar la posibilidad de que tal vez seas incapaz de escribirlo. Últimamente, la excusa ha sido la mudanza. Desde hace un par de semanas, vives con Claudia en el departamento que ella compró con las utilidades y los ahorros de unos años. Claudia dirige el departamento de Recursos Humanos de una empresa petrolera. Siempre que le cuenta a alguien de su trabajo, cierra con una reflexión: «En este país, si no trabajas en petróleo es como no ver un elefante en un dormitorio». Claudia estudió Psicología en la Universidad Católica, donde se conocieron en clases de francés. Has pensado que el protagonista de tu cuento debe estar relacionado a una petrolera. Tu novia se ha marchado hace poco a la oficina. Cuando se agachó para despedirse mientras yacías en la cama, un aire almizclado te llenó por dentro. Tras escuchar el seguro de la puerta del departamento, te levantaste y te acercaste a la ventana. El Parque de la Carolina es un hueco de luz entre los edificios de líneas rectas y ventanas espejeantes. En la avenida Paradero un tráfico tropezado late ocho pisos por debajo de tus pies. Cuando escribas tu cuento, quieres escribir como J. M. Coetzee. Quieres escribir como Kawabata. Sabes que no te acercarás siquiera. La mañana es clara y el volcán es oscuro.

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2 Revisas las notas que has archivado en la computadora y en unas hojas sueltas. En ellas entrevés el alma de tu cuento, escurridiza como una amenaza. Revisar esas notas es como rastrillar una pistola y apuntar a tu lector. Suena el teléfono pero no contestas. Un primer grupo de anotaciones gira en torno a las fuerzas ficticias: un concepto de la física para designar un fenómeno que se percibe pero que en realidad no existe. El mejor ejemplo es el movimiento circular uniforme. Te lo imaginas: una estaca clavada en la tierra, una soga atada a la estaca, un sujeto tirando de la soga y orbitando la estaca. Movimiento circular uniforme. Hay una fuerza de desplazamiento, tangencial a la circunferencia que dibuja la órbita; hay una fuerza centrípeta, que impide que el sujeto salga de la órbita, que lo atrae al centro (la soga, en este caso). Y nada más. No hay la llamada fuerza centrífuga (en fuga), que aparentemente empuja al sujeto en sentido contrario a la estaca. Si existiera, el movimiento no sería circular: el sujeto saldría disparado. O, a lo sumo, permanecería inmóvil, la soga estirada, la escena en estático equilibrio. La fuerza centrífuga es una fuerza ficticia. Y sin embargo, la sentimos, aparece; o parece que la sentimos, te dices. Tu cuento debe hablar sobre la vigencia de las fuerzas ficticias en la vida emocional (y no sólo física) de las personas. Al final, por ejemplo, el protagonista deberá hacer algo insospechado, algo tan inverosímil que sólo pueda explicarse mediante la idea de las fuerzas ficticias. El protagonista, que trabaja en un pozo petrolero, al final, tal vez, inicie un incendio de fatales consecuencias, tras una jornada por completo anodina. Las fuerzas ficticias son las maneras propias —inventadas, imperfectas— de entender el mundo. Suena el teléfono.

3 El desganado resuello de tu exhalación vuelve enorme la quietud del departamento. Después de haber colgado el teléfono, el silencio da la impresión de exudar desde las paredes. Claudia te ha llamado de la oficina para recordarte que debes comprar un plafón para la bodega, y lejía para destapar cañerías. Te pones un calentador y sales del departamento. En el pasillo, frente a la doble puerta metálica del ascensor, decides ir a la terraza; tanteas el bolsillo de tu chompa y encuentras la cajetilla de marlboros.

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En la terraza, percibes que la ciudad zumba como la galería curva de una caracola. El sol andino empieza a calentar. En el azul claro del cielo, la media luna aún está visible, aunque de una blancura casi transparente. Te acercas al borde del edificio que arroja la vista sobre Paradero. Miras la acera, en perspectiva cenital, y un vértigo parece empujarte a la caída o, al contrario, alejarte del peligro. Es una doble sensación condensada en un solo mecanismo. Fumas. La mañana no cuelga sobre ti, sino que está a tu mismo nivel, afrontándote. Aparece en la azotea otro hombre, de unos sesenta años, pelo corto y gris, y una barba muy ceñida al rostro. Trae lentes grandes y levemente oscuros. Se pone a tu lado y te saluda con una sonrisa. Te alegra que no te extienda la mano. Enciende un cigarrillo y se pone a mirar lo que tú: el volcán que demarca el fin de la ciudad. —¿Nuevo, vecino? —te pregunta. Asientes. —Bienvenido, entonces —y te da la mano; un apretón firme y amistoso—. ¿Hace cuánto llegó? —Dos semanas. —¿Solo? —Sí, apenas. El hombre ríe. —Me refiero a si vive solo. —No, estoy casado —mientes. —Qué bueno. Tú y él calan de sus cigarrillos varias veces sin hablar. —¿Y la señora? —Trabajando. —Ah. ¿Y usted?: ¿de vacaciones? —No. Yo trabajo en la casa. —Ah, claro, qué suerte. ¿Y qué hace? Demoras antes de responder, con lentitud, paladeando la palabra: —Soy contador. Otro silencio, que da la impresión de provenir de la luz ecuatorial. —Mi nombre es Antonio Rojas. —Un gusto —respondes y le dices tu nombre. —Soy el encargado del condominio. El administrador. Ya sabe, la jubilación me da el chance… No es que no sea un trabajo que demanda, ¿eh? Porque sí demanda. Pero lo hago con gusto.

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—… —Me gusta pensar al edificio como una comunidad; una feligresía. Un nuevo silencio. —Así que cualquier cosa, ya sabe, me avisa nomás: estoy en el 1-B. —Gracias. —¿Me dijo de qué departamento es usted…? —8-C. —Un gusto, entonces. Se dan la mano y el hombre se va. Permaneces unos instantes jugando con la idea de qué habría pasado si el viejo llegaba a la azotea justo en el momento en que te veía caer desde el filo, hacia la calle.

4 Cierras la puerta del departamento, vas a la cocina americana y depositas sobre el mesón una funda con varias cosas. Dejas el plafón a un lado, y tomas el tarro del destapacañerías. Lo abres con cuidado y viertes una generosa porción en el lavaplatos, en el sumidero que es la simulación de un abismo. La lejía es un granulado blanco como pepas de sal en grano. Tomas de la refrigeradora una botella de medio litro de Coca-Cola, bebes dos bocados largos, y echas el resto por la cañería del lavaplatos. Un sonido efervescente resuena desde la tubería. Los granos que rodean la boca metálica del sumidero se han manchado del color oxidado de la Coca-Cola. Guardas todo y regresas al escritorio. Hay más notas para tu cuento; sobre neurociencia. Sobre los procesos cerebrales mediante los cuales se captan los impulsos exteriores: el ser humano sólo absorbe detalles de lo que está a su alrededor. Su cerebro no se da abasto para asimilar todo lo que (parece que) percibe. En cambio, guarda una base de datos de todo —el sabor del cangrejo, la textura de la seda o la fatiga de la melancolía, por ejemplo— y se limita a estar alerta a lo que cambia. Lo que no cambia, dentro de un paisaje, digamos, se presume que es como se tiene archivado en la memoria. Si uno escribe «Amo a mi ma_» y deja un espacio para que alguien complete la palabra final, más del 99% de personas escriben «_má»; incluso quienes no tienen madre; todos esperan que la frase acabe así, nadie escribe «_leta» o «_no», aunque son posibilidades válidas. El cerebro funciona así: completa lo que no alcanza a percibir, con lo que espera que esté ahí, donde acaba su capacidad de conocer. El oído no necesita escuchar todos los sonidos de una palabra para darla como entendida; ni la vista necesita reconocer todo lo que tiene al frente para hacerse una idea de dónde se encuentra. Para

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imaginarse el resto. La realidad es una maquinaria de ilusiones. Por eso las fuerzas ficticias (la fuerza de la ficción) resultan un método más común de lo que se creería. Lo que vemos sale de nosotros, en buena medida, piensas. En tu cuento la trama tendrá algunos vacíos para que interceda la interpretación del lector. En tu cuento, tal vez, no se sepa por qué el protagonista hizo volar el pozo petrolero —en la Amazonía, entre los alaridos de los pájaros confundidos en los árboles—.

5 En otro archivo, tienes más anotaciones para el cuento que quieres escribir desde hace meses. Son sobre Kim Peek. Kim Peek nació en Salt Lake City en 1951, con un severo problema cerebral, que le impedía las labores mecánicas más simples (como comer solo o atarse los cordones). Pero leyó más de diez mil libros, y los memorizó a la letra; en una mañana podía aprenderse dos. Con darle una fecha de determinado año, en instantes Kim Peek sabía con exactitud qué día de la semana había sido (o sería), sin ojear ningún calendario. Kim Peek conocía de memoria todas las carreteras de Estados Unidos, desde las interestatales hasta las de tercer orden; y era capaz de hacer cálculos matemáticos con números de ocho cifras en segundos y sin dudar. Kim Peek tenía la cabeza ladeada y con cada ojo veía una cosa diferente; incluso podía leer dos páginas de un libro de manera simultánea. Kim Peek tenía la boca aplastada, los labios extendidos como cerrados a presión hasta el desborde, en una falsa mueca de hosquedad. Kim Peek fue el savant más célebre y sociable que se ha conocido. Los savants son personas con daños cerebrales, a menudo autistas, que demuestran capacidades sobrehumanas en artes y ciencias. Su anormal memoria lo absorbe todo (desde las sutilezas de una sinfonía clásica hasta la enrevesada arquitectura de una ciudad entera) en instantes, y les hace capaces de reproducir lo que sea a la perfección. El cerebro de Kim Peek —que murió cinco días antes de la Navidad de 2009— funcionaba al revés que el resto de cerebros: captaba todo a su alrededor y lo almacenaba con precisión milimétrica. Casi no razonaba, no lo necesitaba: ningún pensamiento representaba algo más, ni idea o imagen alguna debía llevarlo a otra; nada significaba nada aparte de lo que era. Todo estaba ahí, en él. En el cuento que quieres escribir no puede haber un savant. Pero algún personaje, tal vez, debe hablar sobre los savants.

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6 El timbre del teléfono te despierta. Estás en la sala del departamento. Un libro abierto ha caído a tu lado, sobre la alfombra; en la tapa se lee Cuentos completos. Afuera la luz es anaranjada, como si atravesara piel humana antes de esparcirse sobre la ciudad. En el teléfono, Claudia te dice que llegará tarde, que te hagas de cenar. Te recuerda instalar el plafón en la bodega. Te alegra estar solo, pero extrañas de cierta forma la presencia de Claudia. Sabes que está poniendo de parte para que funcione la vida juntos. Claudia es bella; disfrutan el sexo. Pero algo no te deja suficiente paz. Es el cuento que quieres escribir pero que no puedes hacerlo aún. Es también la mudanza. El cielo es ahora púrpura. Se va extinguiendo tras el volcán. Tomas la caja del plafón y la caja de herramientas, y bajas en el ascensor hasta el subsuelo. Para llegar a la bodega, debes cruzar el parqueadero. Una vez allí, abres la puerta metálica negra, e ingresas. Piensas en el sinsentido que es instalar un plafón en una bodega. Piensas en Claudia. Está haciendo muchos esfuerzos para que todo funcione entre ambos. El aire ahí huele a cemento. Estás en medio de la instalación del plafón cuando oyes voces y pasos retumbando en el eco húmedo del subsuelo. Te asomas por la puerta entreabierta de la bodega, y reconoces a Antonio Rojas subirse al puesto de copiloto de un Mercedes color hueso. A su lado, una mujer se dispone a conducir. El viejo cierra los ojos y se recuesta apenas se sienta. Piensas en Claudia, en los esfuerzos que hace. Si estuviera allí, le hicieras el amor sin dudarlo. Terminas de instalar el plafón y regresas al departamento. Cuando entras, la noche es un millón de mariposas nocturnas en el departamento.

7 Te acuestas en la cama y lees unas líneas de una novela que has empezado hace poco. Quisieras escribir como ese autor. Sabes que no lo lograrás, pero al menos sabes que quieres escribir el cuento que te acecha, y no otro. Te pierdes de la historia porque recuerdas las últimas anotaciones que has preparado para tu cuento. Treinta años antes de que en la Psicological Review of Princeton, en 1973, apareciera por primera vez el «Síndrome del savant» descrito como tal, en 1942 Jorge Luis Borges escribió el cuento «Funes el memorioso». Ireneo Funes es incapaz de olvidar. Distingue las «aborrascadas crines de

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un caballo» con la facilidad con que la gente común diferencia un triángulo rectángulo de uno isósceles. Es capaz de aprender un idioma como el latín sin más asistencia que la de un diccionario, y siempre sabe la hora exacta como si naciera de su voluntad. Ireneo Funes no puede dormir porque no para de trabajar, de recrear todo lo que sabe y recuerda. Ése es el aporte de Borges a tu cuento, la luz que lo aclara: para Funes, su condición —originada en una lesión cerebral— es una condena, porque no le da sosiego; de modo paralelo al mundo exterior, Ireneo va acumulando un mundo interior que continúa su vida independientemente de él. Él es el umbral entre dos mundos exactos, vivientes, externos ambos. Ireneo no tiene interior: su interior es el exterior falsificado. Al protagonista del cuento de Borges, lo único que le permite algo de reposo es la idea de lo que no conoce. En la imaginación (¿en la fuerza de la ficción?) radica la única salvación posible, incluso para un savant. La perfección no está en la perfección, sino en la invención de la perfección. ¿Cómo sabría Borges tanto sobre ese síndrome, cuando aún no estaba estudiado como tal?, te preguntas. ¿Sería Borges un poco un savant? En tu cuento, tal vez puedes darle a Borges un lugar importante. Tal vez —piensas— deberías empezar como en un ensayo (como un cuento de Borges) sobre la capacidad cerebral de aprehender el mundo, y luego continuar con los avances de la neurociencia; y al final develar que el que ha estado hablando todo el tiempo es un savant. Es Ireneo. Pudiera incluso decir «Mis sueños son como la vigilia de ustedes», como Funes en el cuento. Ya no habrá cabida para el protagonista que trabaja en una petrolera. Ni para la explosión en el pozo en plena Amazonía. Nuevamente ves cómo el cuento se te escapa, se esfuma en el vacío que te rodea. Tal vez no lo puedas escribir, después de todo. En algún momento, te duermes. El último pensamiento que tienes es que Claudia no ha regresado aún. Si estuviera allí, te gustaría mucho hacerle el amor.

8 Una ola de almizcle te despierta. Estás confundido. Ves a Claudia sentada en la cama, a tu lado, como si estuvieras convaleciendo. Está vestida para ir a trabajar. La luz de la ventana es fresca; es de mañana. Claudia te llama con palabras de cariño y te cuenta que tuvo una reunión interminable hasta muy tarde anoche. Te besa y desaparece hacia el baño. Desde allí, sigue hablando. Dice que tiene por delante una jornada decisiva en la oficina. Te

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pregunta si te quedarás nuevamente el día en casa. Le dices que sí. Piensas en tu cuento. En Kim Peek, en las fuerzas ficticias. En el sistema de ilusiones del mundo. Claudia reaparece ante ti, casi lista para salir. Te gusta Claudia. Pero hace tanto esfuerzo. Tú también quisieras hacer esfuerzo. Quisieras, ante todo, escribir el cuento que tienes en mente desde hace tanto tiempo. Tu novia te dice que hoy llegará más temprano, porque además tienen algo para esa tarde, deben ir a un velorio: el administrador del edificio, el señor del 1-B, murió ayer en la noche. Le preguntas, saliendo de la cama, que cómo lo sabe. Ella te dice que se lo contó el guardia cuando llegó, a la medianoche. Los servicios de velación serán todo este día, que está empezando. Al viejo del 1-B le dio un aneurisma o un paro cardíaco, Claudia no está segura. No le cuentas que conociste a Antonio Rojas, en la terraza, ayer. Que compartieron un tabaco, que hablaron bajo la mañana clara y la luna evanescente. No le cuentas que lo viste pocas horas antes de que muriera. En realidad, no entiendes qué implica que el viejo muriera. Claudia se despide con un beso, atraviesa el departamento y sale, igual que ayer. Te sientas al escritorio, enciendes la computadora. Empiezas a escribir un cuento. Pero no sabes si será el cuento que has tenido en mente tanto tiempo, coleteando en cautiverio entre tus ideas. No sabes qué vas a escribir, pero sabes que finalmente lo harás. Tipeas «Fuerza ficticia». Y empiezas.

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Spain: Culture, Language and Literature in Salamanca and Barcelona Summer Salamanca-Barcelona 2015

Una de las oportunidades de crecimiento profesional de los estudiantes graduados es el de dirigir los programas de Study Abroad del Departamento de Español y Portugués. Uno de los programas en el extranjero del Departamento de Español y Portugués se ofrece en los meses de verano en Salamanca y Barcelona. Este programa va destinado a los estudiantes subgraduados que están aprendiendo español. El objetivo principal es proporcionar una inmersión lingüística, cultural, histórica y literaria en tierras peninsulares. El programa dura un total de seis semanas en la ciudad dorada de Castilla y León y dos semanas en la Ciudad Condal. Atendiendo al dicho popular: “Quien quiera saber vaya a Salamanca a aprender”, los estudiantes de nuestro departamento, realizan una primera estancia de cuatro semana en esta “ciudad de cultura y saberes”. Conviven con una familia salamantina y asisten a clases de lengua, historia y literatura española impartidas por el profesorado e instructores del Departamento de Español y Portugués de UMD en colaboración con El Colegio Hispano Continental. Asimismo, la estancia en Salamanca está programada con actividades culturales que fomentan el aprendizaje de la lengua y la historia de la ciudad. Cuenta con las visitas a las Catedrales, al Archivo Nacional de la Memoria Histórica, el Museo de Art Decò Casa Lis, la Casa de las Conchas, Universidad de Salamanca, Patios de las Escuelas, entre muchos otros, al igual que invita a disfrutar de la cocina española popular, no sólo con la comida casera de las familias salamantinas, sino con una ruta gastronómica para el disfrute de “las tapas”. De la misma manera, el contenido académico aprendido durante la semana se complementa con excursiones a Ávila, Segovia, Portugal y Zamora para mostrarles in situ la huella histórica y literaria de las diferentes civilizaciones que han enriquecido la cultura española.

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El remate de esta inmersión lingüística, histórica y literaria se completa con la estancia en la cosmopolita ciudad de Barcelona durante dos semanas, dedicada a un enfoque más cultural y artístico. Los estudiantes siguen atendiendo a las clases impartidas por nuestros instructores en colaboración de International House. Esta última parte de la experiencia cuenta con un tour turístico de la ciudad, la visita a la Sagrada familia y una excursión a Figueres, Gerona, donde se visita el museo Dalí. De la misma manera, los estudiantes disfrutan de la arquitectura de Gaudí, el ambiente popular de las Ramblas y los espacios costeros de la ciudad.

Este programa de verano es uno de los más populares y enriquecedores. Ayuda a mejorar y completar el aprendizaje de la lengua y la cultura española. En este semestre de Otoño, se prepara el lanzamiento del programa y se abren los plazos de inscripción para el verano de 2017. Mariluz Bort Caballero, estudiante graduada y doctoranda en literatura peninsular del siglo XX estuvo a cargo de la organización de este programa

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Ecuador: Andean Spaces.Traversing the Colonial City and the Natural World

Winter Ecuador 2015 El programa de estudio en Quito, Ecuador, dirigido por María Cristina Monsalve, quiteña y doctoranda de Departamento, se enfoca en el estudio de la cultura y la historia colonial de esta ciudad andina hasta principios del siglo XIX. El propósito de este curso es estudiar, desde una perspectiva socioespacial, el legado cultural de esta ciudad a través del arte y la arquitectura. Con este fin, se discute la influencia europea en el diseño y en la construcción de las colonias americanas en América. El curso incorpora las narrativas literarias que se desarrollaron en esta ciudad andina a partir del periodo colonial. Este es un curso que no sólo permite a nuestros estudiantes un contacto directo con la cultura sino también con en el idioma. Como parte de su itinerario de viaje, visitan Riobamba y el volcán Chimborazo, entre otros lugares icónicos como monasterios y y el monumento a la Mitad del mundo. El curso es dictado en la Universidad de San Francisco de Quito y en el Instituto Santiago de Quito durante el semestre de invierno.

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Spain: Cultures of the Contact Zone: Seville, Al-Andalus, and the Atlantic World

Summer Sevilla 2015 Otro de los programas de invierno se desarolla en Sevilla, enfocado en las zonas de contacto: AlAndalus, Sefarad y los reinos cristianos durante el periodo mejor conocido como “la convivencia”. Durante tres semanas, en el mes de enero, nuestros estudiates subgraduados estudian la historia, la cultura y los acontecimientos que dieron génesis a la España unificada durante el reinado de Fernando e Isabel I. Asimismo, el impacto de la conexión trasatlántica en las colonias españolas en América. La estadía en Sevilla incluye visitas a Córdoba, Granada, Cádiz, Itálica y a los centros más importantes de la ciudad como La Giralda, el barrio judío, la Biblioteca Colombina, y el Archivo de Indias, entre otros. Este ha sido uno de nuestros programas más populares, el cual fue creado hace 10 años. Durante el otoño de 2016, nos estamos preparando para el curso que inicia en enero del 2017. Este será nuevamente dirigido por Ginette Alomar-Eldredge doctoranda de 5to año en literatura medieval.

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Novedades de investigación Presentaciones Alomar-Eldredge, Ginette. “Indocumentados… el otro merengue: el reflejo de un yo en la sombra de un tú”. Presentado en The Languages, Literatures, and Cultures Conference, University of Kentucky, Lexington, KY, abril de 2015. Bort, Mariluz. “La ficción de las escritoras españolas del siglo XIX: la transgresión y el proto-feminismo de la osadía de los márgenes”. Presentado en el XVIII Congreso Internacional de Literatura Hispánica (CILH), San Sebastián, julio de 2016. ---. “La poesía de Concha Méndez: el devenir en el lugar no deseado”. Presentado en The Languages, Literatures, and Cultures Conference, University of Kentucky, Lexington, KY, abril de 2016. ---. “Vivir a la intemperie: escritoras trasatlánticas entre Argentina y España”. Presentado en el Congreso Internacional CEISAL, Universidad de Salamanca, junio-julio de 2016. Contreras, José Alfredo. “El fracaso quijotesco en tres novelas de David Toscana”. Presentado en The Languages, Literatures, and Cultures Conference, University of Kentucky, Lexington, KY, abril de 2015. ---. “El jardín de las delicias: parodia y representación del estado disfuncional mexicano”. Presentado en el Congreso de Latin American Studies Association, Nueva York, NY, mayo de 2016. Glynn, Doug M. “Comunidad díscola: los irlandeses en Argentina. Lecturas de Rodolfo Walsh y Juan José Delaney”. Presentado en The Languages, Literatures, and Cultures Conference, University of Kentucky, Lexington, KY, abril de 2015. González-Contreras, Melissa. “El espacio de la soledad en el corpus dramático de Julio Cortázar”. Presentado en The Languages, Literatures, and Cultures Conference, University of Kentucky, Lexington, KY, abril de 2015. ---. “José Joaquín Fernández de Lizardi ante la libertad en El negro sensible y La tragedia del padre Arenas”. Presentado en el Congreso de Latin American Studies Association, Nueva York, NY, mayo de 2016.

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Monsalve, María Cristina. “‘La mano desasida, Canto a Machu Picchu’: el poema en ruinas de Martín Adán”. Presentado en el Congreso de Latin American Studies Association, Nueva York, NY, mayo de 2016. Ocasio Vega, Mónica. “We Are What We Cook: Gender Performativity in Puerto Rican Cookbooks”. Presentado en PCA/ACA National Conference, Seattle, WA, marzo de 2016. Watson, Kayla J. “(An)Other Spirituality: Cannibalism, Superstitions, and Sendero Luminoso in Mario Vargas Llosa’s Lituma en los Andes”. Presentado en The Hawaii International Conference on Arts & Humanities, Honolulu, Hawaii, 2015. ---. “Entre el mercado y el ser: Domesticating Neoliberalism in Horacio Castellanos Moya’s Baile con serpientes (1996) and La diabla en el espejo (2000)”. Presentado en The Southwest Council of Latin American Studies, New Orleans, Louisiana, 2016. ---. “Escaping the Past: Victimizing the Neoliberal Subject in Héctor Tobar’s The Tattooed Soldier (1998)”. Presentado en The Southeastern Council of Latin American Studies, Cartagena, Colombia, 2016. Publicaciones Bort, Mariluz. Sotés-Elizalde, María Ángeles (ed). Emigración, identidad y países receptores. Migraciones y exilios, vol. 16, 2016, pp. 206-209. Contreras, José Alfredo, Melissa González-Contreras y María Cristina Monsalve. “Juan Villoro.” Hispamérica, vol. 132, 2015, pp. 51-61. Glynn, Doug M. “Transamerican Readings of Diasporic Irish Parentage”. Irish Migration Studies in Latin America, vol. 8, no. 4, 2015, 73-84. González-Contreras, Melissa. “Gil Lázaro, Alicia, Inmigración y retorno: Españoles en la Ciudad de México, 1900-1936, Marcial Pons, 2015.” Migraciones y Exilios. Cuadernos AEMIC, vol. 19, 2016. ---. “José Joaquín Fernández de Lizardi ante la libertad en El negro sensible y La tragedia del padre Arenas”. Decimonónica, vol. 13, no. 2, 2016, pp. 67-81.

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Ocasio Vega, Mónica. “Foreword”. Crónicas de Fernandito. Fernando E.E. Correa González. CreateSpace Independent Publishing Platform, 2016. Watson, Kayla J. “Entre el mercado y el ser: la domesticación del neoliberalismo en la obra de Horacio Castellanos Moya”. Horacio Castellanos Moya: el diablo en el espejo. Valencia: Albatros, 2016. Premios Alomar-Eldredge, Ginette. International Graduate Research Fellowship, Madrid, España, junio de 2015: El IGRF le permitió a Ginette la oportunidad de realizar investigaciones relacionadas a su proyecto de tesis dirigido por la Dra. Carmen Benito-Vessels, “Negociaciones entre el deseo, la modestia y el pudor femenino: el amor hereos en la literatura medieval”, trabajo que espera defender en mayo del 2017. Durante su pasantía fue miembro del equipo de investigación de literatura medieval de la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del Dr. Ángel Gómez Moreno, reconocido medievalista y catedrático, quien fungió como su mentor académico. Asimismo, tuvo la oportunidad de visitar e investigar en los archivos de la catedral de Palencia, la Biblioteca de la Universidad Complutense, la Biblioteca Nacional de España, y de participar en el I Seminario Philobiblon en San Millán de la Cogolla. González-Contreras, Melissa. International Graduate Research Fellowship, Santiago de Chile, juniojulio de 2016: El IGRF le permitió a Melissa llevar a cabo investigación en torno a su proyecto de tesis, “Transgresiones espaciales y funcionales: la audiencia teatral en la producción teatral chilena durante el periodo dictatorial de Augusto Pinochet” dirigido por la Dra. Sandra Cypess. En Santiago, trabajó bajo la dirección del Dr. Cristián Opazo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante su pasantía pudo llevar a cabo una recopilación de documentos cruciales para el desarrollo de su proyecto de tesis, visitar los archivos de prensa en la Biblioteca Nacional en Santiago y llevar a cabo una serie de entrevistas a académicos y autores. Monsalve, María Cristina. International Graduate Research Fellowship, Lima, Perú, agosto de 2015: El IGRF le permitió a María Cristina realizar investigación relacionada a su proyecto de tesis en torno al poema “La mano desasida” del poeta peruano Martín Adán bajo la dirección del Dr. Jorge Aguilar Mora. Su pasantía le permitió llevar a cabo una fecunda investigación en los archivos de la Pontificia Universidad Católica de Perú y otras colecciones en Lima. Como parte de su experiencia, María Cristina llevó a cabo una serie de talleres en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos sobre metodologías de investigación y teoría del lenguaje y hermenéutica a un grupo de profesores de la misma institución. María Cristina Monsalve recibió también la Ann G. Wylie Dissertation Fellowship para el semestre de Otoño 2016-2017.

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Créditos de imágenes En orden de aparación Man with a Pipe, by Folkert Gorter (http://images.superfamous.com/Man-with-a-pipe) Janna Levin (via), by Fleen / John Greene (http://butdoesitfloat.com/) Step, by tomo908us (http://imcreator.com/free/objects-items/ladder) No title, by Dustin Lee (https://unsplash.com/photos/jLwVAUtLOAQ) No title, Brandi Redd (https://unsplash.com/search/paper?photo=aJTiW00qqtI) Dhaka, Bangladesh, by Pujohn Das (https://unsplash.com/photos/kEXSg0okRGc) Queen Mary, by Folkert Gorter (http://images.superfamous.com/Queen-Mary)

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ANIMAL DE FONDO


Revista de estudiantes graduados Departamento de EspaĂąol y PortuguĂŠs School of Languages, Literatures, and Cultures University of Maryland, College Park

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Animal de Fondo volumen 1  

Revista de estudiantes graduados del Departamento de Español y Portugués School of Languages, Literatures, and Cultures University of Maryla...

Animal de Fondo volumen 1  

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