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テ]gel Paniagua

Treinta Poemas (1987 -1996)


Treinta Poemas (1987-1996)


テ]gel Paniagua

Treinta Poemas (1987-1996)

Comares I Postdata Granada

1997


Serie: Poesía Directores de la Colección: Antonio Parra y Francisco J. Flores

cajam~~~~ OBRA

CULTURAL

© Editorial Comares Polígono Juncaril, Condominio Recite parcela 121, nave 11 Tlt. (958) 46 53 82 • Fax (958) 46 53 83 Coordinador editorial: José Antonio García Sánchez

ISBN: 84-8151-421-7 D. Legal: MU-867-1997 Impreso en España


Para Antonio y David lejos o cerca, dentro siempre.


Estos treinta poemas quieren ser una pequeña muestra de mi trayectoria poética. Los tiempos han cambiado y treinta años parecen una buena edad para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo escrito -si publicado o no, es otra cuestión. Mi única inquietud, al reunirlos ahora, ha sido la de ofrecer una muestra significativa de mis preocupaciones, cuando menos de las que quedaron más nítidamente reflejadas en los libros a los que pertenecen; trazar un recorrido, en fin, en el que esos temas constituyeran una suerte de mínimo «hilo argumental». Si «En las nubes del alba» supuso el encuentro con una manera propia -al menos así lo creía yo entonces- de expresar aquel primer deslumbramiento poético, «Si la ilusión persiste» fue, en cambio, un libro de tran-


sición hacia nuevas tentativas, y como tal dejaba ver más claramente las influencias de poetas que por entonces empezaba a descubrir. De los dos libros siguientes, «Bienvenida la noche» y «El legado de Hamlet», que quedaron inéditos -y debo decir que me alegro de que así fuera-, recupero también ahora algunos poemas, los que, con la perspectiva de estos años, creo que más claramente apuntan a posibles caminos futuros. Mi último libro hasta la fecha, «La justicia del tiempo» -del que ofrezco también una breve muestratiene un marcado carácter generacional, evidenciado en las referencias a una edad -los treinta- que la época presente y los problemas que la acompañan han convertido en crítica para muchos de los que nacimos en la primera mitad de los sesenta. Una última aclaración: de los poemas «Reencuentro en modo menor» y «El legado de Hamlet», que están divididos en varias partes, he incluido dos o tres de cada uno; creo que son suficientes para dar una idea de su contenido. No quiero terminar sin dejar constancia aquí de mi agradecimiento a cuantos a lo largo de estos años me


han acompañado y ayudado con su apoyo y sus consejos, así como a Francisco Gil Pujante, amigo desde los días universitarios, que con la generosidad que le caracteriza me ha auxiliado en la preparación informática del original. A.P. Murcia, diciembre de 1996


Sustituye el esfuerzo por la fuerza, arranca vida al diario repetirse de intenciones, trayectos y deseos. Parécete a los ríos en el rumor de su versículo constante y llena folios de aluvión reposado, de arenisca, de margas, de hojas secas, de raíces y rocas arrancadas en bruto del torrente y arrastradas, pulidas. Asemeja tu empeño al trabajar sin conocerse de abejas y de hormigas, al aroma y el néctar entregado de las flores; devuelve mundo al mundo, no construyas imágenes con piedras,


no disfraces la tenue melodĂ­a que se enciende en la tierra cuando pisas ... Sustituye en las sĂ­labas por el alma, o aquello de que se entristece al sabor profunda de ti mismo en

el verso tu ser de una carencia el poema.


Ya es hora de partir de algún crepúsculo al crepúsculo, es hora de llenarse de grava los zapatos y aprender a caminar, desligando de métrica y prosodia los andares, los ríos y los olmos; deslizando entre métrica y prosodia unas gotas de sangre, brotadas de la piel herida al paso de arbustos y ramajes, dejando los jirones de camisa abandonados, quizás enrojecidos por el líquido tierno, pero solos y atrás, en el olvido de los árboles. Ya es hora de dejar que la poesía se apodere del tiempo que intento descifrarme y expresar,


dejar que me desnude y me distraiga de tantas distracciones, que me centre y me empuje a recibirme, a presentarme a mĂ­ mismo y conocerme.


Escribo con minúscula mi nombre porque advierto un extraño sentimiento alrededor, una ignorancia que excluye de las letras de las cosas las letras que me nombran. No quisiera insultar a esa bondad desconocida que de alguna manera me comprende, pero advierto una ausencia: en las edades que aún no me sostienen, en los miembros que carecen aún del ascendiente de la vida ... Cuando niño gustaba ir al molino y empujar con la pala aquellos granos; ahora pienso y no puedo recordar


al molinero: sé quién era, los lazos de familia entre nosotros, pero ignoro su rostro y qué pensaba del niño que gustaba de mancharse con aquel polvo blanco ... Ser poeta es buscarse, no buscar una poesía.


Apenas oigo música, descanso demasiado de mi alma, abro las horas con los dientes, buscando su semilla, pero nada me entregan que llevar hasta el fondo de la tierra, sólo pulpa, agria a veces. A menudo las miro deslizarse como espuma en el agua de los ríos, oneroso vertido de la fábrica de mi desvalimiento, y apenas si me atrevo a refugiarme entre la música, doblar esa conciencia y darle lágrimas, cubrir esa hipoteca con monedas que destrozan el alma,


Aunque a veces, el cuerpo no soporte la impostura y pretenda incorporarse, pero el brazo, los miembros, se han dormido y al tocar realidades quema el tacto ...


DE ÁNGELA DE YESTE A UN PRETENDIENTE

Querido amigo: Viene usted cortejándome a prudente distancia en cada fiesta; en mis conversaciones he notado la sombra lateral de su mirada buscando los matices de mis labios -corteses y marcados si pronuncian palabras de cumplido; más distantes, hieráticos tal vez, en cuanto esbozan respuesta a uno privado, al abrigo de un sofá o en un aparte. He notado esa sombra detrás de mí, en las noches nevadas de este enero que termina, saliendo del teatro, con TorrelIas, Tarazana y algunos otros íntimos: le he visto y le he sentido y le deseo.


Pero no busque en mí más de unas horas de escasa complacencia, no piense usted que va a gustarme y luego, insistiendo, podrá verme otra vez: para hacer el amor ya ha habido muchos, y algo nuevo o distinto no cabe en ese nombre tan gastado. No habrá superación, querido amigo, debajo de su piel para mi cuerpo; no habrá el goce de encuentros espontáneos -usted no lo ha querido o no ha sabido proponérmeloni tampoco el comienzo de una historia. Me atrae usted, le digo, pero nada inusual veo en su cuerpo; venga pues por su noche y no pregunte, al calor de la mañana, nada ajeno a esta carta -si es posible, tampoco me recuerde lo que dicen las líneas que anteceden. y váyase después. P.D.: No me crea insensible o egoísta, tan sólo no es usted el que esperaba.


Después regresa al libro: no le digas misterios ni le acuses, no le ofendas con tópicos -no escribas geografía del vacío, ni aludas a los signos sobre el blanco-, regresa solamente a su única ausencia necesaria: la imagen de tu rostro, que no puede ni quiere ni precisa reflejar. Tendrás ya otras semillas, heredadas de la consumación de la crisálida de estos versos, de su adobo y su oreo por los montes cansinos de la espera; serás ya la potencia de otros frutos y podrás abandonarte a la caída, de nuevo hacia la tierra.


No le obligues, recuerda, no le obligues a darte alguna imagen que no pueda ni quiera ni precise reflejar.


Se desciende en la barca del paisaje hacia un mundo de misterio; se desciende hacia el centro de uno mismo y se observan las estrellas de una noche distinta, los planetas sin luz en los reflejos de un sol que no amanece todavĂ­a, que aguarda sabe dios quĂŠ rotaciones para traer el alba a este horizonte cansino e invisible. Se desciende a una luz sin luz, oscura, sin mirada, y se advierte en ese abismo -ausente del amor, del odio inclusoun rozarse de tactos levemente, de unas fosforescencias como cuernos de peces abisales: se advierte en esa paz tan intranquila


un aletea confuso entre las aguas, un frío que no es de ausencia -no hay deseo, no hay árboles ni hay vida-, sólo invierno, invierno en pura esencia: frío puro a la espera de un sol puro que es ese frío mismo.


Llegaremos, seguro, a conocernos; perdidos en la noche, jugaremos a hablar con las miradas, la sonrisa distante, el cigarrillo, y al final te diré que me acompañes a no importa si ajena o propia cama. Allí nos tantearemos, nuestras lenguas irán buscando algún rincán ardiente de la piel, el que mude las reservas del deseo inmediato en un refugio perenne del afecto ... Aunque primero, debajo de la luz, nos quitaremos la ropa, y nos daremos a gusto o con desgana solamente después de habernos visto


No basta un rostro, un cuerpo, ni una noche; pero un rostro y un cuerpo muy hermosos y una noche muy plena, serรกn mucho, recuerda, a tu favor y a mi favar. ..


Compartieron un fuego de cristal y sin el tiempo del tiempo, leves horas colgadas de minutos entre el sueño, minutos agujeros, largos túneles del más hermoso y breve y parco amor. No saben cuántas noches, tal vez ninguna entera y, sin embargo, cerradas por la muerte son muy largas, y el lacre rojo cubre unas caricias prolongadas, eternas: como el agua del mar en el rompiente, mirándola sentado ante la luna, desvela en un instante su amor puro y perenne, vertical, por la hechicera.


su amor; y, agradecidos, los dioses les contemplan, la dulce infinitud.

les regalan


Detrás de Kawabata se esconde el ignorado Lao- Tse; qué importa si su mano abre el gas o se apoya en una vara de bambú y camina, dejando sus palabras, hacia un lugar que sólo por el arte puede darnos su esencia: Algún lugar del monte, oculto por las nubes. Asciende, eso importa, el aire poco a poco se enrarece -paradójica forma de decir que se borran los hombres y su mundo de escorias- y las flores aquellas y su raro perfume revelan el silencio entre la nieve: que el último respiro sólo tenga su aroma, que en esa bocanada de la muerte


aliente la pureza que no admite indecisos; que resulte fatal, de tan hermosa, la imagen esa última del mundo deseado, ajenada, sin hombres, sin gobiernos, y no quede un rescoldo de miseria entre la dignidad. ¿Importa al fin si muerte o silencio ...? Tan sólo unas imágenes de hermosura Es vuestro lo demás.

y tristeza.


Devuélveme la nieve, la esperada dulzura de la nieve aquellos días, el fulgor de su rostro y de su tacto en el alba, y el blanco de su cuerpo sobre todos los ojos, sobre todas las manos que jugaban. Devuélveme en tu cuerpo aquella nieve, la mañana feliz, ya descubierta la extraña visitante; y el hermoso estropicio del muñeco al mediodía, derretido entre lisas y balazos. Devuélveme la nieve de tu cuerpo, la extraña visitante, una mañana: aparece de pronto, con el frío de la primera luz en los cristales;


mis sĂĄbanas te sepan y en la piel yo te sienta y desfoguemos humoradas en amor y burlemos al invierno. DevuĂŠlveme la nieve y trae con ella la risa de la infancia entre tus brazos.


Tantas lágrimas cubren aquel sitio, tus palabras -aquel me gustas mucho burlón que aún suena a gloria-, aquel primer matiz como de hazaña furti va y pasajera, el aire frívolo de aquél beso primero, tu colchón en el suelo y tus sábanas de raso, y aquella noche larga en la que hicimos de todo y sobró tiempo para hablar y reímos ... La magia de inicio, sustraída por el velo tenaz del desencanto, necesito invocar en estas noches que no me pertenecen, estas horas perdidas deambuJando de un libro para otro, buscando algún sosiego donde sólo una suerte de aflicción


despoja de sentido las palabras, los gestos, el silencio y el inmisericorde trasiego de inquietudes; invocarla en defensa tuya y mía, por que sola perdure entre nosotros, evitándonos la tibia enemistad de la distancia. Ven a verme y recuerda conmigo aquella magia, recuerda que aun ahora nos eriza la piel un ansia grande de fundirrios en uno, y sólo el miedo nos libra de cumplirla, interponiendo la amargura presente. Ven a verme y aquí cuando me mires no habrá ese sentimiento de lejana tristeza y de impostado dolor, sino el momento primero, que nos salva entre la lucidez y entre el vacío.


REENCUENTRO EN MODO MENOR

Has vuelto, hemos estado otra vez juntos, una hermosa ficción nos ha bañado de inútiles caricias verdaderas, de abrazos como aquellos que eran siempre iguales y distintos, cada noche sellados con el lúcido calor que hoy nos falta. Hoy hemos preferido actuar en silencio, pues sabemos que el orgullo ha hecho nido en las palabras y una sola hubiera destruido la ficción momentánea. He abrazado tu cuerpo como hacía cada noche cuando el sueño cercaba nuestros miembros, y he creído sentir aquella misma respiración pausada, los apenas perceptibles espasmos musculares


de acomodo, que siempre preludiaban tu caída en la sombra. Sin embargo no estabas junto a mí al despertarme, sólo había una breve nota escrita diciéndome: No te prometo nada ... Ya hablaremos, no cierres la ventana ... y omitiendo al final cuando te marches.

y no voy a decir que te creyera, porque no te creí, ni cuando el beso más profundo dictaba tus palabras y me hacía escuchártelas con gozo no fingido: ¿quién finge hasta el extremo de negar lo evidente, la verdad de tus brazos suaves oprimiendo mi cuerpo contra el tuyo ... ? Tantos meses no han podido acabar con el deseo,


las sombras del amor: fuimos felices unas horas que sueño me parecen si las miro desde mi habitación, pero fuimos felices: tú sabiendo que mentías para tener mi cuerpo al menos otra vez, y yo aceptando, porque nunca el dolor ha conseguido borrar de mí tu imagen ni un segundo. Eran todo mentiras, pero, al cabo, una hermosa ficción, ya te lo he dicho.


Llevé a cabo la hazaña: hurté a los dioses la más cumplida imagen de mí mismo, la del fuego que abrasa y se consume. y los dioses sumaron, generosos, otra imagen al hurto, la del águila hurgando eternamente en mis entrañas: la conciencia fatal de la ceniza.


Si hay causas estimables en la vida la poesía es la menos estimable; si la vida es un cúmulo de eITores, desde el más insensato, el de nacer, la poesía debiera sólo ser confesión y sentida penitencia. Aunque al fin, y cambiando de registro, no hay causas estimables en la vida y entre tantos eITores, de nacer cuando menos no somos los culpables. Por eso la poesía, que es inútil y a fin de cuentas no molesta a nadie, es el único eITor que en esta vida resulta inestimable cometer.


Decir el mundo propio es acabarlo y tras de la moneda está el vacío; con el óbolo preso entre los dientes llevamos nuestros pasos al lugar del que nunca volveremos: una nueva laguna y otras aguas esperan adelante; detrás oscuridades imposibles amanecen en la fotografía que otros ojos contemplan, en el beso que duele ya a otros labios, en la voz que ayer fuimos y otro ahora frecuenta en nuestros pasos, que otro ahora descubre como propia sin saber que fue nuestra. No ha de seguimos nadie aunque sea idéntico el camino, no ha de darnos mortal el cumplimiento


de aquel deseo escrito; en la mentira que es suya y que fue nuestra -la escribimos nosotros- no hay consuelo, ni puede trastocarnos la mirada hacia atrĂĄs el descontento. No somos, siempre fuimos y buscamos la abertura que no habĂ­a, la luz inexistente, infiel reflejo de absorta oscuridad que nos atrae hacia su seno: mirad el viaje triste, ved la orilla pequeĂąa del reposo y la barcaza siguiente ya esperando; mirad sobre los troncos al espectro y reparad en su nombre ...


Soy eterno porque no me preocupo del silencio que anida en mis entrañas, de la luz que recorre los ocultos senderos de mis hojas; porque apelo a la noche y voy hundiendo despacio mis raíces, voy hundiéndome en esta misma tierra, en este mismo destino sin historia, regresando a mi sangre desde el día primero, desde todos los años que soporto sin meta y sin cansancio; cada noche es la noche y cada día es el día y esta tierra es la tierra y mi destino ni siquiera soy yo: no soy destino ni lucha ni impaciencia. y cuando vuelva


definitivamente al seno que me trajo, seguirĂŠ caminando hacia mi adentro, serĂŠ presencia quieta, silencio ensimismado y ansiedad del final inequĂ­voco de todo.


Al final de la vida debe haber un espacio muy breve, que no tenga que ver en absoluto con el tópico recuento de alegrías y de errores. En una escalinata como aquélla que soñara Jacob, tendrá lugar entonces una extraña ceremonia que nadie ha revelado: desde el cielo o la nada veremos descender a una informe figura los peldaños. Iremos a su encuentro, sin saber qué nueva voluntad, muerta la nuestra, nos impulsa a subir, y cuando llegue la sombra hasta nosotros, le daremos un abrazo y veremos que en su rostro


Será el último instante: no sabemos si la sombra venía a recibimos o a tomar nuestro cuerpo y, habitándolo, continuar su descenso hacia la vida.


Moriremos un día sin saber dónde habita la muerte, y echaremos de menos un instante entre los mundos -el suyo imaginado y tan temido, el nuestro, aborrecible y siempre amadoun instante de abrupta lucidez, para mirarla desde aquí como si nunca hubieran de ser nuestros su lento telTitorio, su ignorada frialdad y su camastro hecho de ausencias. y un instante de terco amor también, para mirar la vida desde el fondo, desde su mismo fin: mirarla lejos como un cuadro perfecto del Tiziano, y amarla ya sin lágrimas, cumplida, inalcanzable y tierna como el alba,


cercana y desprendida como el sol cuando busca la noche. Moriremos, sin saber d贸nde habita, sin saber ...


Me gusta leer de noche, acompañado por el ir y venir de la carcoma, sentir cerca de mí sus pasos leves por el mundo ignorado del armario. Ese brillo y embellece pasillos que la insaciable

de laca que lo cubre a la vista esconde largos ha ido abriendo avidez de los insectos.

Su razón de existir es ésta sólo, demostrar que la sólida apariencia de madera ensamblada sabiamente es tan débil como la vida toda. La piel con que nacimos, que creció con nosotros y fue después cambiando,


es tambi茅n s贸lo hermosa cobertura de tanta imperfecci贸n; y no contentos con la ley natural que siembra muerte poco a poco en nosotros, la ayudamos bebiendo, trasnochando, un cigarrillo tras otro, sin cansarnos de aumentar ese ruido de pasos indecisos que llenan el silencio: llegaremos al fin a conocerlos en el 煤ltimo instante sin memoria, el de la muerte.


El hombre nace y vive. Luego vuelve a nacer a sí mismo, a su escondida realidad evidente; y no por esto termina de vivir, aún se permite caminar por el mundo, reflejarse en las aguas tranquilas. Cada hombre supo bien desde siempre adónde llevan: tenemos testimonios muy antiguos, anteriores incluso al gran Manrique: Heráclito, Li Bo, Tu Fu, Jayyam ... El tiempo, pues, no importa; uno sabe -después de aquella noche en la que tanta claridad le cegara- que la vida, sus días y sus noches, han dejado


de ser para él distintos; que los tantos crepúsculos que aún restan sólo abren paréntesis en esa larga noche en que estudia, tumbado, las consignas de los evos innúmeros -Montaigne, Sir Thomas Browne, Platón y tantos otrosy anota sin premura en el cuaderno, impotente y feliz, sus despedidas.


« ... pero ¿dónde está aquel hombre que en los días y noches del destierro erraba por el mundo como un perro y decía que Nadie era su nombre?» Jorge Luis Borges

Cumplida la tarea Ulises es la sombra ya de Ulises, un contorno fugaz que se recorta sobre el paisaje roto. ¿Piensa Ulises ahora en las sirenas y en sus cantos, la huida de la isla y el susurro de aquellas caracolas, el oráculo, la tela inacabada de Penélope ... ? Vaciado, este Nadie, sombra leve, se recorta en el fondo de su propia incierta realidad, nos significa con la fatalidad de esas imágenes que ya no forman parte de su esencia.


La muerte, pues, no tiene ya sentido: cumplida la tarea, las metĂĄforas vestigios ya desechos, su existencia se reduce a una lĂ­nea sobre el fondo de su equĂ­voca, impropia identidad.


UN POETA ESPAÑOL PREVÉ SU MUERTE

Aquí dejo este libro, resultado final de tanto esfuerzo por hablarle a la vida con coraje. No pretendo decir que haya vencido, que haya dado con esa entraña leve que transmuta la lengua y las palabras y las torna sencillas, perdurables. N o he tratado con él de dar respuesta a los grandes enigmas que nos forman desde que somos esto que ya no quiero ser. Quizás resulte monocorde, agrio a veces, pero el tono, aunque amargo, es el único que suena


veraz en mis oĂ­dos. Mis asuntos estĂĄn todos en orden, mis pecados no le importan a nadie. Me siento ya muy sucio. Voy al baĂąo.


Como muere la luz vendré a mirarte, mundo antiguo que todavía repites tu torpe cantilena; buscaré entre las lomas un crepúsculo que ya no será mío, y el dolor que ahora siento al mirarte será sólo la indecible tristeza de saber que insufiaré la sal de esta mirada y el horror de la sombra en cuantos vengan a estas lomas de luz donde mi muerte quedará establecida. Ahora saben que estoy junto a sus sombras, y me temen hablando en las estancias, observando las arrugas que cubren sus miradas: era sólo locura lo que ansiaban en mí, les convenía interpretar


como mera impotencia ante el destino los convulsos calambres de mis manos, los tercos desvaríos de una mente derrotada por la incredulidad, pero ahora me saben junto a ellos ... Como quiero saberte junto a mí, comprender cuando menos este torpe mecanismo de muerte con que apagas el mundo, antes de haber atravesado con la espada a Laertes y pedirle perdón por el veneno. Como muere la luz, así quisiera que mirases mi cuerpo cuando inerte te lo entreguen, cuando sepas, tranquilo, que ya soy incapaz, como antaño, para odiarte.

Ya no importan los años ni las penas, sólo estar se nos pide, y es difícil levantarse, comer, buscar trabajo


para otro día más, buscar dinero para otra noche más, para otra copa de luz o de ginebra envenenada. Tal vez tenga sentido todo esto, tal vez estemos sólo condenados a arrastrar por la tierra nuestros pies, ignorando si habrá más horizontes, más estrellas cayéndose, más lunas cambiando de color, si habrá más soles ... No es difícil saberse humano, ver que una piel nos recubre y que gozamos rozándola con otras, conformarse con ser, pensar que todo lo que ocurre ha de ser de esta forma. Lo difícil es hablar con los otros, pregulltarles por qué no hablan, piensan o se mueven como hacemos nosotros; ]0 difícil es querer ser humanos y encontrar que no hay forma de serio más que ésta o no ser, el olvido, otra noticia de suicidio que ya no importa a nadie.


¿Dónde estamos? Miseria y orfandad son siempre la respuesta, y el misterio, la vida, continúa; es inútil volver a lo que fuimos, o esperar que en el tiempo nos busque alguna luz ... La poesía no quiere visitamos, no puede responder a más preguntas: y estaremos así, temblando siempre, los cobardes, dudando de la vida, preguntándole -¿a quién?- sobre la muerte, y una y otra vez será sorpresa renovada y cercana su visita. Llegaremos al fin para cumplir la venganza jurada, buscaremos en la luz al espectro nuevamente, mas no responderá ninguna voz ni volverá el espectro a suplicarnos: tan sólo esperará que esté cumplida. No acabaremos nunca de ser ciertos, no veremos jamás el desenlace


de la luz, la muerte que esperรกbamos, la que estuvo tan cerca siempre y no conseguimos explicar; pediremos al cielo que la vida regrese a confortarnos, pero nunca sabremos si fue cierta: este es el fallo -como siempre, del todo inapelablede la naturaleza que nos dieron.


Ha llegado a los treinta, ya no caben excusas; la magia de esta edad ha rescatado las diversas razones de su vida: las que ahora son suyas, las que aún no han llegado a él, incluso sombras del último sentido, el que habrá de guiarle hasta la paz del instante terrible y esperado. Ahora tiene la exacta obligación de buscar las respuestas, que ya no son iguales; y le dicen que un día fue encontrado sin billete en el tren de la inocencia y expulsado de él a la altura de un paraje extraño, entre el pasado y el futuro, que ahora ya es presente: ese sitio hacia el que ha caminado desde entonces,


y que nada le ofrece o significa,

que no guarda ninguna relación con recuerdos pasados o emociones o imágenes de sueños. Ahora quiere volver hasta aquel punto en el que le arrojaron, desandar el camino de estos años, e iniciarlo con otra dirección que no sea ésa que ha seguido hasta aquí, la que marcaban los raíl es del tren. No tenía sentido andar siguiendo aquel convoy, ahora se da cuenta: volver atrás de nuevo, reiniciar el camino, eso quiere ...


Entre tanto mirar hacia lo alto, volvió un día los ojos a sus pies y los vio sucios, enfangados en un barro de luces de neón y copas rotas, en un suelo pegajoso de cola y whisky malo, y se puso a pensar en tantas noches leyendo Four Quartets, las Duineser Elegien o el Animal de Fondo ...

y es que siempre tentó la metafísica, las palabras con que explicar el mundo sin tener que bajar a donde ahora se encontraba, de nuevo en el tugurio, rodeado de gentes sin control ni deseos, de aquella danza loca sin principio ni fin, y aquellos rostros


contraídos y puños golpeando las paredes, como locos derviches, solos unos con los otros: era el tiempo que cada noche amaba y odiaba hasta el delirio, la pasión de salir, cada sábado nueva y repetida. Al volver se acostaba con premura, para evitar la inercia de la autoconfesión, del diario que sólo recogía realidad cada noche, despojada del velo inculpatorio, pura y simple, tal cual la había bebido, acariciado y pagado ... y en el umbral del sueño, no podía evitar la sensación -recordando sus pies allí clavadosde haber perdido el tiempo en la grandeza de temas trascendentes, inmortales: entendía por fin que no sería

más que un jardinero en el Pamaso, uno de esos -en frase cruel de Torgaque sólo han conocido de las musas la blanca vestidura y los cabellos; y que los versos puros, alejados


del mundo y de sí mismo, en los que hablaba -con la audacia del desconocimientodel más allá, la muerte y el futuro, no habrían de salvarle del olvido.


ATARDECER CON WALLACE STEVENS

Mirar por la ventana es sólo uno de los actos posibles en esta tarde muerta, mirar con anodina indiferencia a los niños que juegan en la plaza, a sus madres sentadas en los bancos o fumando de pie, junto al marido, todavía -las sicte-- con las gafas de sol. Una sola pobreza es suficiente para entender las otras, una sola canción puede anancar distintas lágrimas, dependiendo del grado de tristeza -o de conformidad con la tristezade quien la escucha, una sola vida podría contener todas las vidas.


contener sentimientos imposibles de encontrar en cualquiera, ni agotarlos: un poema es un gesto que todos han escrito cuando uno lo copia en el papel, un fragmento de vida en que el poeta, hablando de sĂ­ mismo, habla de todos.


«llamadle efecto invernadero o lo que sea pero, simplemente, ya 110 llueve como antes.» Charles Bukowski

Empieza a preocuparte tu apariencia, la columna que cruje, el corazón que silba; el estornudo diario al ver el sol casi te asusta, cuando hace algunos años te hacía gracia al contarlo a los amigos; y este viento de cada primavera, este clima que nadie ya comprende, amenazan dejarte sin aliento para salir de casa y enfrentarte a las calles en obras y a los pasos de cebra con semáforo ... Ya no puede tardar el cambio, se adivina en el ambiente, quema el aire y las piernas se agarrotan al andar; de los libros ni uno solo te salva como entonces, cuando te fascinaba ir a la librería y ver las mesas


repletas de jugosas novedades, cuando Eliot, Cavafis o Pessoa eran nuevos para los de tu edad. El mismo mundo aquel de las mañanas relajadas, pasando de las clases para ir al Malecón, parece ahora sepultado entre instancias, fotocopias; entre el humo flotando detenido sobre la habitación, o los televisores encendidos que nadie mira; entre espectros y músicas, persianas cerradas mucho tiempo, incomprensibles como el oscuro brillo de las tardes. Se fue pasando el tiempo y ahora ves con cuánta lentitud se hacen las cosas, con cuánta lentitud has llegado a este punto en que nada es lo que era ni lo que parecía: el amor, una forma de ser más uno mismo, mirándose en los ojos que le aman y sin darse del todo, más allá de palabras o gestos que terminan aburriendo; y la vida un no descanso, cuyo único término posible,


temido y esperado, probablemente apenas tenga mucho que ver con lo que dicen. Otra vez la madera que cruje, el radiador que silba, un bostezo ÂżTemprano todavĂ­a para rendirte

. ?


«Y

en alguna habitaciólI alguien estudia su juventud, la encuentra seca y vacía, porosa al tacto.» 101m Ashbery

Vida, ven a enseñamos cuánto tiempo nos robaron de ti, ven a decimos cuántas cosas hermosas o terribles debimos aprender en tu regazo, cuántas otras perdimos por querer desvelar tu secreto. Noche turbia que apuramos viajando hasta su centro, sin llegar a explicarnos cómo hubo valor en nuestros miembros y presteza para tanto camino sin medida ni fin: cuánto escenario pisado sólo el tiempo de ver lo que ocurría, y huir sin entenderlo hacia otra nueva decepción; cuánto vino derrochado, cuánto triste dolor, cuánto cansancio ...


y aquí la juventud, donde no acaba escena o acto alguno ni comienza otro nuevo; aquí, a sólo un paso de nada diferente, de la misma ignorancia sin fe y desasosiego. Vida, ven y complácete en mostramos -final de los principios y las prórrogasvacía la estación, sin guardagujas: muéstranos el desierto a que nos trajo tanta fe en nuestras fuerzas, tanto orgullo.


CONTRADANZA RITUAL PARA LOS MUY SABIOS DESDE LOS DÍAS DE CRISIS DE LA TREINTENA

Estoy allí, brillando todavía, en el viejo teatro convertido en discoteca de lujo donde todo es perfecto y de repente te dice un camarero que no hay Ballantine 's, porque el dueño no paga la bebida al contado y esa marca no les sirve; estoy allí bailando, uno más entre ellos, aunque sólo me dejo llevar a ratos, cuando suena algún tema que me gusta y me hace recordar la locura de los templos del house mediterráneo, a sus ministros del placer y la droga, y a sus fieles, tan ciegos como estos -tal vez algo más pobres o peor vestidos ... Me cuesta desprenderme de este mundo, no ha calado mi alma por completo ese hastío


que tan bien me explicabas hace un rato, y -contra lo que dije- aún me tienta la danza de estos locos; al fin, puede que esto no sea exactamente divertirse, pero ajenarse sí, perder conciencia, aunque sea por sólo unos minutos, de la lengua del monstruo que nos lame la carne y los sentidos. Yo sé que es tarde ya, lo veo tan claro como que esta ilusoria plenitud dará paso en minutos a la tenue y dañina luz del alba; y sé que debería preparar mi equipaje e iniciar el camino hacia las áridas cumbres del estudio y del conocimiento, pero aún me resisto y busco escapatorias engañosas, consciente de lo inútil de alargar la imposible canción de juventud, tal vez porque la siento tan cercana y perdida ...


De En las nubes del alba Consejo de un amigo Tierra adentro Quete de la poésie Nessun dorma De Ángela de Yeste a un pretendiente Para después del silencio

13 15 17 19 21 23 25

De Si la ilusión persiste Descenso en el paisaje Conozco la comedia Hero y Leandro Kawabata Devuélveme la nieve

27 29 31 33 35 37


De Bienvenida la noche

Ocho de septiembre Reencuentro en modo menor Prometeo Soneto falso Decir el mundo propio Meditación del árbol De El legado de Hamlet

Desencuentro final Un instante de amor La carcoma Después del carnaval Odisea, libro XXV Un poeta español prevé su muerte El legado de Hamlet De Lajusticia del tiempo

Brideshead revisited Poeta menor Atardecer con Wallace Stevens El fin de los buenos tiempos Aquí la juventud Contradanza ritual para los muy sabios desde los días de crisis de la treintena

39 41 43 46 47 48 50 53 55 57 59 61 63 65 67 73 75 77 80 82 85 87


Ángel Paniagua nació en Plasencia (Cáceres) en 1965. Ha publicado los libros En las nubes del alba (Murcia, Servicio de Publicaciones de la Universidad,

1990) y Si la ilusión

persiste

(Murcia, Editora Regional, 1991). Ha sido incluido por Luis Antonio de Villena en la antología de poetas jóvenes Textos, 1997)

10 menos 30 (Valencia, Pre-

Treinta poemas  

Antología poética (1987-1996) de Angel Paniagua

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