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CATORCE: EN TIEMPO CELESTIAL

¿Tres minutos? Mientras Colton se preparaba para un duelo épico de espadas de plástico con un villano invisible, yo, maravillado, pensaba en su respuesta. Colton ya había validado su experiencia al decirme cosas que no podía saber de otra manera. Pero ahora debía cuadrar su respuesta —«tres minutos»— con todo lo que me había dicho antes. Clavé la mirada en la Biblia, que estaba abierta sobre la mesa de la cocina, y repasé mentalmente las posibilidades. Tres minutos. No era posible que Colton hubiera visto y hecho todo lo que había descrito hasta el momento en apenas tres minutos. Por supuesto, no era lo suficientemente grande como para saber medir el tiempo, por lo que quizá su idea de tres minutos reales no era la misma que la de un adulto. Al igual que la mayoría de los padres, estaba bastante seguro de que Sonja y yo no lo ayudábamos mucho en ese sentido cuando prometíamos cortar el teléfono, terminar una conversación en el patio con el vecino o dejar de trabajar en el garaje en «cinco minutos», que se convertían en veinte. También era posible que el tiempo en el cielo no correspondiera con el tiempo en la Tierra. La Biblia dice que con el Señor, «un día es como mil años, y mil años como un día».1 Algunas personas lo interpretan como una equivalencia literal, es decir como que dos días equivaldrían a dos mil años. Yo, en cambio, siempre lo tomé en el sentido de que Dios opera fuera de nuestro entendimiento del tiempo. El tiempo en la Tierra está vinculado a un reloj regido por el sistema solar. Sin embargo, la Biblia dice que en el cielo no hay sol porque allí Dios es la luz. Tal vez en el cielo no haya tiempo, al menos no como lo entendemos nosotros. Por otra parte, la respuesta de Colton de los «tres minutos» fue tan directa y natural como si me hubiera contado que había tomado cereal en el desayuno. En lo que respecta a nuestra forma de medir el tiempo, puede que haya tenido razón. Si

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El cielo es real  
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