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autómatas y casi habíamos llegado al límite. Colton se echó a llorar. Una resonancia magnética reveló nuevos focos de infección en el abdomen. Esa tarde, el doctor O’Holleran y su equipo quirúrgico tuvieron que abrirlo por segunda vez y volver a limpiar su interior. Esta vez, Sonja y yo no estábamos aterrorizados; la sombra de la muerte había abandonado el rostro de Colton hacía ya unos días. Pero ahora teníamos una nueva preocupación: Colton llevaba unos diez días sin comer. Apenas pesaba unos veinte kilos al comienzo de la enfermedad y se había estado consumiendo al punto que los codos y rodillas parecían anormalmente grandes, y su rostro enjuto parecía el de un huérfano hambriento. Después de la cirugía, le planteé nuestra preocupación al doctor O’Holleran. —En casi dos semanas no ha comida sino un poco de gelatina y una sopa —le dijeé—. ¿Cuánto tiempo puede estar un niño sin comer? El doctor O’Holleran lo internó en la unidad de cuidados intensivos e indicó que le dieran una nutrición especial que se le administraba a través de una sonda. Sospecho que la cama en esta unidad no era sólo para Colton sino también para nosotros. Llevábamos sin dormir lo que Colton sin comer y estábamos completamente harapientos. Poner a Colton en la unidad de cuidados intensivos era la única forma en la que el doctor podía obligarnos a descansar un poco. —Colton estará bien esta noche —nos dijo—. Tendrá una enfermera exclusiva para su cuidado todo el tiempo, y si sucede algo, habrá alguien aquí para ocuparse de él. Debo admitir que esas palabras fueron como un oasis en un desierto de cansancio. Temíamos dejar solo a Colton, pero sabíamos que el doctor O’Holleran tenía razón. Esa fue la primera noche que Sonja y yo pasamos juntos desde que salimos de la casa de los Harris en Greeley. La dedicamos a conversar, llorar, darnos mutuo aliento y, principalmente, a dormir como si fuéramos sobrevivientes de un naufragio en su primera noche seca y tibia. Tras una noche en la unidad de cuidados intensivos, trasladaron a Colton a otra habitación del hospital, lo que volvió a iniciar el ciclo de «observación y espera». ¿Cuándo podrá regresar a casa? ¿Cuándo podremos volver a nuestra vida normal? Ahora parecía que los intestinos de Colton habían dejado de funcionar. No podía ir al baño y, con cada hora que pasaba, se sentía peor. www.DecidaTriunfar.net

El cielo es real  
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