Page 41

No desperdició palabras. —El apéndice del niño está perforado. No está en buenas condiciones. Entraremos al quirófano e intentaremos limpiar todo. Del otro lado de la cortina, Colton seguía gritando: ¡Papi! ¡Paaapiiii! Apreté los dientes e intenté aislar ese sonido para concentrarme en el médico. —En Imperial preguntamos sobre una perforación de apéndice —dijo Sonja—, y descartaron esa posibilidad. Mi cerebro dejó atrás el pasado y miró hacia el futuro, en busca de una esperanza. —¿Cuál cree que será el resultado? —pregunté. —Tenemos que entrar y limpiarlo. Sabremos más cuando lo hayamos abierto. Los silencios entre sus palabras resonaban en mis oídos como sirenas de alarma mientras los alaridos de Colton llenaban los corredores. En respuesta a una pregunta directa, el médico específicamente no nos había asegurado nada. De hecho, lo único que había dicho acerca de Colton era que no estaba en buenas condiciones. Mi mente regresó al momento en que Sonja me llamó a Greeley desde Imperial para decirme que a Colton se le había pasado la fiebre y que estaban en camino. Lo que parecía el final de una gastroenteritis había sido más probablemente el primer signo de un apéndice perforado. Eso significaba que durante cinco días la barriga de nuestro hijo había estado llenándose de veneno. Eso cuadraba con la sombra de muerte que veíamos en él ahora, y también explicaba por qué el doctor O’Holleran no nos había dado ninguna esperanza. El doctor señaló con la cabeza la sala de preparación de la que provenía todo el ruido. —Creo que será mejor que lo llevemos al quirófano y lo sedemos antes de ponerle la vía intravenosa. Cruzó la cortina, y lo escuchamos dar la orden. Unos momentos después, dos enfermeras atravesaron la cortina empujando la camilla en la que Colton se retorcía de dolor. Torció su cuerpito y giró la cabeza hasta que pudo clavarme la mirada de sus ojos hundidos. —¡Papi! ¡No dejes que me lleven! ¿Recuerdas cuando dije que los pastores no podemos darnos el lujo de perder los estribos en público? Pues, estaba a punto de perderlos y debía salir de allí. Casi a la carrera, encontré una pequeña habitación con una puerta, entré a hurtadillas y me encerré de un portazo. Tenía el corazón acelerado. No podía respirar. La www.DecidaTriunfar.net

El cielo es real  
El cielo es real  
Advertisement