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No.4 REVISTA DE TEOLOGÍA CATÓLICA: ABBA CIBERMEGAZINE

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REVISTA DE TEOLOGÍA CATÓLICA: ABBA

No.4

Editorial Un año nuevo nos cobija, en medio de “profecías” que adelantan un año complicado en el aspecto financiero debido a la ya famosa “crisis” mundial que atraviesa Revista ABBA Año 1, No. 4 Enero - Febrero, 09. Revista Bimestral.

el planeta. Cabe mencionar que como cristianos aunque lo que afecta al mundo influye en nuestra vida no nos tiene que perturbar tan fuertemente como lo intentan hacer la sociedad secularizada que

Dirección Editorial: Miguel Ángel García Calderón, estudiante de la Lic. en Ciencias Religiosas, UNIVA.

nos rodea. Es de vital importancia recordar que

NIHILOBSTAT e IMRIMÁTUR: Ilmo. Mons. Ramiro Valdés Sánchez, Vicario Gral. de la Arq. de Guadalajara, México. 23 de Febrero, 2009.

Les invito, queridos hermanos, a no perder la fe ante

Colaboran: Fernando González Díaz. Chyntia Abigail Chávez. Margarita González. Marco Alberca Balarezo. Distribución: Teresa Calderón Martínez

nosotros como creyentes trabajamos por la patria eterna, sabiendo de antemano que este mundo es pasajero y que lo que realmente nos llevaremos será el fruto de las buenas o malas acciones que hagamos. la falta de dinero o falta de oportunidades laborales o de crecimiento personal, son pruebas que nos tienen que hacer fortalecer la fe en nuestro Creador y lograr, así, permanecer firmes a Él en las buenas y ahora, en las “malas” mundiales. Les invito también a anunciar el Evangelio a toda latitud y en medio de todas las personas que les rodean, recordemos que estamos llamados a ser “discípulos y misioneros” de Jesús, con vocación a la santidad y buscando transmitir con nuestros hechos y palabras que Dios vive en el mundo y en nosotros. No perdamos la Eucaristía, nuestro alimento vital

espiritual para fortalecernos. © 2009, AMB. El contenido de la revista ¡Feliz año nuevo! puede ser utilizado sin fines de lucro siempre y cuando se utilice con propósitos doctrinales y mencionando la fuente de la información. 2

EL EDITOR.


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por: Margarita González, desde Monterrey (México) [Coordinadora de Catequesis en la Parroquia de San Jerónimo]

“EL PLAN DE DIOS”

El plan de Dios para rescatar a la humanidad, procede de Su corazón amorosísimo que le hace querer acercar Su ternura y Su fidelidad a toda la humanidad perdida en tantos conflictos agravados por la falta de fe en la promesa divina. Los recursos de Dios para con los hombres los acerca por medio de Su ley y de los Sacramentos (Tesoro depositado en la Iglesia Católica) pero también actuante en todas las religiones donde se invoca la presencia de Dios con sincero deseo de estar en Su presencia adorándole, conociéndolo y amándolo. Dios, plenamente consciente de nuestra fragilidad, nos da instrumentos que nos sirven para madurar en el camino de perfección que es la Gracia para desarrollar nuestro intelecto y nuestro corazón a la altura de la perfección de nuestra Creación Original y aumentada por la Gracia de Su Sacrificio y Resurrección hasta la misma estatura, ya no solo a imagen y semejanza, sino como Hijos de Dios pertenecientes al Linaje Divino que nos debe motivar a vivir las experiencias de fe y concordia que vienen del corazón lleno de la Gracia de Dios.

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Es por eso que debemos colaborar en el proyecto de salvación que Dios determinó para todos los pueblos de la tierra, uniéndonos en fraternidad y compasión demostrando que verdaderamente sentimos en nuestro interior el deseo de Dios de llevar su amor y colaboración a los hermanos sufrientes, necesitados de luz, así como de empatía, para hacer menos dolorosa la experiencia de vida que les ha tocado vivir. Es fácil corregir o criticar a otros sobre la calidad humana que brindan siendo que somos nosotros los primeros que debemos ejercitar nuestra voluntad y corazón para conocernos y valorarnos, y encontrando nuestras limitaciones y necesidades de Dios, las trabajemos en contacto con Él, esto es, mediante la oración y el ayuno, para pedirle a Dios que nos ayude a aumentar o ensanchar nuestro horizonte en busca del conocimiento del verdadero Dios y su actuar, siempre a nuestro favor. El mensaje de Dios es para todos sus hijos y busca ayudarnos en las crisis y vicisitudes de la vida mientras dejamos abierto nuestro corazón a la Gracia que Dios nos desea regalar. El hombre tiene la libertad de elegir el camino de perfección (santidad) donde desea transitar, ya sea al formar una familia, en el sacerdocio, la vida consagrada ó en la castidad, perfume que tanto agrada al corazón de Dios, entendiendo por castidad al cuidado que ponemos en nuestro ser Superior, así como en el de los demás.

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La castidad de vida nos permite valorar la custodia de los bienes internos depositados por Dios para darnos alegría, plenitud, paz, concordia, fidelidad al ser amado con quien hemos decidido formar familias valientes para educarlas en la fe y el amor a Dios y a los demás. La Castidad opera en el corazón y en la persona humana, dando testimonio de su calidad divina, que desean honrar. Es la demanda a los hombres de alejarse de la promiscuidad y del libertinaje que en aras de una libertad mal entendida, nos acarrea penas y desolación, y vacío en el corazón. Dios quiere para todos sus hijos la felicidad de experimentar la vida en todas sus experiencias, gratificantes y edificantes, sabiendo que el hombre camina en medio de oscuridades que le pueden hacer caer en obstáculos que le impidan su plena realización. Por eso es que Dios hace un llamado a todos sus hijos para que, conociéndolo, experimenten en sus vidas el deseo de vivir de acuerdo con la dignidad de hijos de Dios, construyendo comunidades sólidas y vivas, donde se edifique el templo vivo del Espíritu Santo en su interior y en el que todos, llamados a la conversión a los que alejándose de esta estatura divina, vuelvan al hogar, donde los espera Dios para darles la bienvenida y experimenten su misericordia y amor. 5


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Es por eso que tenemos que estar abiertos para el plan divino que nuestro Creador nos tiene delineado y sobre todo, vivir de acuerdo a lo que Él nos sugiere, como la castidad, en donde Dios no nos prohíbe las cosas, sino en su sabiduría infinita, ve y sugiere lo que sabe que es mejor para nosotros.

PATROCINADOR

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por: Marco Alberca, desde Chiclayo (Perú). [Licenciado en Filosofía [U.N. Pedro Ruíz, Chiclayo- Perú].

El futuro del mundo y de la Iglesia pasa por la familia:"Se ha de cuidar ese rico patrimonio para que siga siendo manantial de energías morales y espirituales para afrontar con valentía y creatividad los desafíos de hoy y ofrecerlo como don precioso a las nuevas generaciones” [Benedicto XVI] Hace unos días se clausuraba la VI Jornada Mundial de las Familias, en ella al igual que en anteriores Jornadas, la Iglesia a través del Santo Padre nos recordaba a toda la humanidad el trascendente papel que juega la Familia en la vida del hombre. No cabe dudad que la Familia, hoy más que nunca requiere de una mayor y mejor atención por parte de todos aquellos que consideran y son conscientes que el ser humano demanda de un adecuado cuidado en todo lo que representa su proceso de crecimiento. Y es que la familia es un fundamento indispensable para la sociedad y los pueblos, así como un bien insustituible para los hijos, dignos de venir a la vida como fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Es tan importante que el mismo Redentor del mundo quiso elegir la familia como lugar donde nacer y crecer, santificándola de tal manera, que el mismo Jesús lo puso de manifiesto honrando a la Virgen María y a San José.

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Hay algo que debemos tener bien en claro, en palabras del Santo Padre y es que: “La familia ocupa un lugar primario en la educación de la persona, es una verdadera escuela de humanidad y de valores”, toda vez que es dentro de una familia donde los seres humanos nos vamos formando, nos vamos preparando para la vida, es en ella y a través de ella que aprendemos a apreciar la vida, a asumir las normas, a convivir, a amar; en cortas palabras, es en el seno de nuestras familias que aprendemos a ser personas. Por eso es que resulta de suma importancia el cuidado, empeño y esmero que deben poner cada una de las parejas que se van constituyendo a través del matrimonio, sacramento indisoluble, al momento de ir dando forma a su hogar. Y es que los hijos deben llegar a ser la expresión de amor gozando y nutriéndose del amor de sus padres, no hay mejor escuela para los hijos que aquella que encuentran en su propio hogar, en donde los padres son los grandes maestros, pues nos enseñan muchas cosas, entre ellas el arte de amar con transparencia, de compartir, de respetar, de jugar, de estudiar, etc., y lo grandioso es que las clases que imparten se dan en el día a día, y por supuesto no faltan los exámenes, los cuales se van dando a partir de cada una de las experiencias de vida que nos toca vivir a cada uno, todo lo 8


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aprendido en el hogar será evaluado de una u otra forma a lo largo del nuestra existencia y dependiendo de lo que hayamos aprendido saldremos o no airosos de cada una de las circunstancias en que nos veamos rodeados. Es así que todo lo aprendido en casa, quedará grabado en nuestros corazones como un verdadero gran aprendizaje que no se olvidará a pesar del paso del tiempo. Las familias serán verdaderas familias si se brindan adecuados espacios de atención, si los padres asumen con ilusión la tarea de guiar y acompañar a sus hijos, si los hijos se dejan conducir por sus padres y si la sociedad en la que nos ha tocado vivir toma real conciencia de la necesidad de apoyar verdaderamente a la familia, toda vez que necesita de ella para poder subsistir. Se dice que los padres son los primeros y grandes educadores de sus hijos, cuanta verdad encierra esta frase, toda vez que los hijos aprenden de las vivencias, de los ejemplos y testimonios de vida. Las llamadas de atención, las reprimendas no ayudan a formar a los hijos, son los consejos y orientaciones de los padres dentro del hogar lo que finalmente les ayuda a crecer. Negarnos a compartir nuestra vida con ellos, es negarles la posibilidad de crecer junto a quienes deben de ser su modelo. La tarea de ser padres no inicia cuando viene un hijo al mundo, sino va mucho más allá, requiere mucho amor, tiempo, responsabilidad, apertura, dialogo, transparencia, alegría, en cortas palabras se requiere poner en práctica todos los valores que puedan ayudar a nuestros hijos a crecer no solo en físico sino como personas. De allí que como padres debemos prepararnos poniendo todos los medios posibles que nos permitan llegar a ser aquello que queremos y debemos ser para nuestros hijos: “sus 9


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primeros y grandes educadores”, tanto para la vida ordinaria como para la espiritual. S.S. Benedicto XVI nos recuerda que “esta labor educativa se ve dificultada por un engañoso concepto de libertad, en el que el capricho y los impulsos subjetivos del individuo se exaltan hasta el punto de dejar encerrado a cada uno en la prisión del propio yo. La verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, y por ello debe ejercerse con responsabilidad, optando siempre por el bien verdadero para que se convierta en amor, en don de sí mismo. Para eso, más que teorías, se necesita la cercanía y el amor característicos de la comunidad familiar. En el hogar es donde se aprende a vivir verdaderamente, a valorar la vida y la salud, la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia y el respeto.” Todos los padres queremos que nuestros hijos sean felices, no olvidemos entonces que los hijos lo serán en la medida en que vean que sus padres lo son. La mejor referencia siempre será, la vida de los padres cimentada en la unidad matrimonial indisoluble, y al tener a Cristo como centro de sus vidas.

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por: Miguel Ángel García Calderón, estudiante de la Lic. en Ciencias Religiosas, UNIVA.

Profundiza en tu fe y conócela bien.

Cuando un protestante o algún hermano separado de la Iglesia quiere cuestionar nuestra fe, lo primero que nos dice es que nosotros idolatramos a los santos y que vemos en ellos a hacedores de milagros. Nos dicen que los tenemos como “dioses” y que al portar una estampita los estamos adorando como si fueran Dios. Primero, cabe mencionar algo muy importante: los santos no “hacen” milagros, jamás. La explicación es sencilla: sólo Dios puede obrarlos porque Él es el único que puede intervenir y modificar el curso natural de la Creación. Definamos un poco la palabra “santo”: viene de fuentes latinas, griegas, hebreas y significa: elegido por Dios. Son hombres o mujeres distinguidos por relaciones particulares con Nuestro Creador. En la tradición cristiana se trata de personas destacadas por sus virtudes y son venerados [definición de venerar de acuerdo al Diccionario de la Real Academia

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Española: respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda] como modelos capaces de mostrar a los demás un camino ejemplar de perfección. La Iglesia considera que toda la humanidad está llamada a ser santa y a seguir a los santos, que representan a su vez el ejemplo de creencia y seguimiento de Dios cuya vida puede resumirse en un sólo concepto: el amor Dios y a los demás. Nuestra veneración a los santos debe evitar caer en excesos. Verlos como “hacedores” de milagros, como veíamos al inicio, o acercarnos a ellos con una fe “mágica” de que volteando a equis santo o poniéndole un listón a otro se nos hará un milagro. O más bien, el santo nos lo hará. Hablemos un poco de la intercesión, que es lo que realmente hacen los santos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el punto 956 que por el hecho de que los del cielo [santos] están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" El Catecismo sigue en el punto 957: "No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos 12


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todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios". Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios: en cuanto a los santos, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, es justo, a causa de su devoción incomparable hacia su Rey y Maestro; que podamos también nosotros, ser sus compañeros y sus condiscípulos. Para los católicos, los santos forman la llamada Iglesia triunfante e interceden ante Dios por la humanidad, por los vivos en la Tierra y por los difuntos en el Purgatorio: es la llamada comunión de los santos. Los santos inscritos en el martirologio [catálogo de mártires y santos ordenados según la fecha de celebración de sus fiestas] son los declarados por la Iglesia Católica como indudablemente presentes en el Cielo y, por tanto, pueden ser objetos del culto público, el llamado culto de dulía, a diferencia del culto de latría, que no debe dirigirse más que a Dios. La Iglesia reconoce la santidad de ciertas personas mediante el proceso de canonización, acto por el que el Papa declara que una persona es digna de culto universal. Ésta tiene el propósito de presentar a dicha persona como modelo de conducta ante

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los creyentes dándole reconocimiento por el grado de perfección alcanzado y como intercesor ante Dios. El camino a la santidad canónica (reconocida) se puede definir como el proceso que dilucida la duda acerca de la santidad de una persona. Existen dos vías para llegar a la declaración de canonización: la vía de virtudes heroicas y la vía de martirio. Cabe mencionar que no sólo son “santos” aquellos que están reconocidos por la Iglesia, pues un santo es quien ya llegó a la patria celestial y goza de la presencia de Dios. Sólo se distingue de los canónicos porque éstos se “elevan” a los altares y se les declara “oficialmente” santos, pero cualquier persona muerta, que haya vivido de acuerdo al Plan Divino y se encuentre en el Cielo es santo. ¿CÓMO ESTÁ ESO DE LA INTERCESIÓN? Cuando nosotros le oramos a un santo, le pedimos que Él ore ante Dios para que nos conceda tal o equis milagro. Le pedimos al santo que, por sus virtudes y por estar tan cerquita de Dios, ore por nosotros. Esto lo vemos un poco en el libro del Éxodo, capítulo 32, versículo 13, cuando Moisés le pidió a Dios que aplacara su ira en contra de los israelitas. Moisés hizo lo que

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hacen los santos, le piden a Dios que nos conceda, si es su voluntad y para nuestro bien, lo que pedimos. Al ofrecerle una manda o algún símbolo al santo es una manera de agradecimiento que tenemos hacia el santo por haber elevado una oración ante Dios por nosotros, ya que nos dice la carta al apóstol Santiago, capítulo 5, versículo 16 [el texto es tomado de la Biblia de los Testigos de Jehová]: “Por lo tanto, confiesen abiertamente sus pecados unos a otros y oren unos por otros, para que sean sanados. El ruego del hombre justo [sinónimo de santo], cuando está en acción, tiene mucho vigor.” Así vemos que la Biblia misma nos dice, incluso en traducciones de hermanos separados que no aceptan la intercesión de los santos, que podemos rezar unos por otros, y que la oración del hombre justo tiene mucho poder. Así pues, si un santo reza por nosotros, intercede de tal manera, que es por eso que a través de su oración se nos conceden los milagros, obra de Dios. El santo nos tiene que motivar a vivir los valores y el amor que le tuvieron a Dios, y así, como ellos, algún día cumplir nuestro llamamiento en la tierra, que es el llamamiento a la santidad, en cualquier vocación que tengamos.

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por: Cynthia Abigail Chávez, desde Monterrey (México)

Los “elementos constitutivos” son aquellas dimensiones de la espiritualidad que no pueden estar ausentes, sin las cuales no podemos hablar de una espiritualidad cristiana integral e integradora de todo el mensaje de Jesucristo y de la coherencia de vida que Él exige. A partir de los elementos constitutivos de una espiritualidad cristiana se presentan algunas características que concretizan a esta: La experiencia de Jesús vivo y presente: Lo que nos hace ser y sentirnos cristianos es la fe en “Jesús vivo y presente en nuestra vida y en nuestra historia”. La experiencia inicial de descubrir a Jesús como persona viva e hijo de Dios es un don del Espíritu Santo. Este exige una conversión, un cambio del camino propio por el camino que Él señala. Característica: Una espiritualidad centrada en el seguimiento de Jesús. Y esto solo se logra teniendo un encuentro personal con Cristo vivo

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mediante la oración. “La vida se hace oración y la oración se hace vida”. La experiencia de la comunidad: La experiencia del seguimiento de Jesús se vive y desarrolla en la Iglesia, en una comunidad local. Pues es el lugar del encuentro sacramental con el Señor, especialmente en la “Fracción del Pan”. Característica: Dios revela en su Misterio Trinitario como comunidad y la vocación a la fe es una llamada a pertenecer a un pueblo de hermanos, por lo que la vida en el Espíritu podrá ser discernida el apoyo de la comunidad y enriquecida con el testimonio de vida de los hermanos. Acción de gracias y celebración: Esta es la respuesta del corazón que reconoce la gratuidad del don recibido, experimenta la alegría de saberse llamado y ofrece, al mismo tiempo, este don a los demás. Actitud que se demuestra generosamente al entregar su propia vida al servicio del prójimo. Característica: Es un proceso de seguimiento de Jesús, la espiritualidad lleva a encontrar momentos privilegiados de comunión con Él a través de la oración personal y comunitaria. La alegría se manifiesta a 17


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través de acciones personales y comunitarias que lleven a la búsqueda y el encuentro con el Dios de la vida. Además del encuentro eucarístico, fuente y cimiento para el seguimiento de Jesús. El gozo de anunciar el Evangelio: Es comunicar la alegría de la Buena Nueva y la verdad de Jesucristo como parte constitutiva de la persona humana, no como una propaganda vacía, sino como un estilo de vida. “Probablemente tu vida sea la biblia que otros han de leer”. Característica: El mismo Espíritu conduce a los fieles a compartir con otros el gozoso anuncio del Reino y a asumir dentro de la Iglesia diversas tareas que les permiten compartir sus carismas. Otra característica de la espiritualidad es ser Mariana. El Espíritu de Jesús lleva a reconocer en la Virgen María a la primera cristiana, una joven feliz porque ha creído que se cumplirá en ella la Palabra de Dios. Ella representa, de un modo especial, la dimensión femenina de la espiritualidad, la disponibilidad y el compromiso liberador con el pueblo que sufre, como lo expresa en el Magníficat, espejo de su vida.

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por: Fernando González, desde Michoacán (México)

Martín Valverde Rojas, nace en San José, Costa Rica el 19 de enero de 1963. Realiza sus primeros estudios en el Colegio Salesiano de Don Bosco, donde inicia su amor y vocación por los jóvenes y por la música. Durante su preparatoria, Martín muestra su capacidad de liderazgo desempeñándose como dirigente estudiantil; ingresa a la escuela clásica de Guitarra en San José y más tarde al Conservatorio de la Universidad de Costa Rica donde estudia guitarra clásica y composición. De hecho, la guitarra es su mejor amiga durante esos años. En 1979 forma su primer banda musical con un grupo de la U.C.R. tocando música contemporánea. En 1980, Gretel, su hermana menor, tiene un encuentro personal con Dios y empieza su batalla por la conversión de Martín. Este mismo año, su madre tiene una milagrosa recuperación de cáncer en la matriz del que estaba desahuciada. Este es el empujón final que lleva a Martín a

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acercarse a Dios. Accede a visitar el grupo de su hermana y durante un campamento cristiano tiene su propio encuentro personal con Dios. "Fue una entrega -comenta Martín- sin filosofía ni reglas". A partir de entonces empieza a componer canciones sinceras de un hombre a su Creador y mayor Artista. [continuará…]

©2009. DERECHOS MORALES: REVISTA ABBA. EL EDITOR ES RESPONSABLE DE LOS CONTENIDOS EXPUESTOS EN LA PRESENTE EDICIÓN.

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HASTA MARZO, PRIMERO DIOS. 21

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Cibermegazine 4  

Revista Digital de Teología Católica: ABBA, en su edición no. 4.

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