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IES Zizur BHI

Certamen Literario (Curso 2012 - 2013)

Textos Premiados:

Primera CategorĂ­a

(Primero y segundo de la ESO)


EL CREADOR

Creador: Aquel que crea, ¿no? Eso es, a todas luces, lo que significa este término, pero, ¿quién puede considerarse creador realmente? John Towns cree que lo es, a pesar de que otros le llamen inventor. Tienen razones, la verdad, la corta melena castaña revuelta (sujeta con una tira de cuero en su nuca), el perenne brillo de astucia en su mirada cuando en sus ojos esmeralda se percibe que planea algo y otros rasgos que se percibían cuando realmente le conocías pero, lo que le identifica, es esa manía suya de sumergirse en su mundo interior cada vez que se sienta en su desordenada mesa llena de planos y pergaminos con cálculos que nadie entiende. Nadie, excepto él. Así que se pasa horas y horas, mientras su hijo Drake Towns, de dieciséis años, está en la escuela, trabajando en algo que solo él conoce. Todo empezó cuando, hace cuatro años, Lucy Clearwater, la madre de Drake, murió. El chico, de tan solo doce años, cayó en un oscuro pozo de depresión y tristeza y, con su padre hundido, se introdujo en el mundo de las drogas y el alcohol. Un día, ebrio y sin una pizca de lucidez en su mente, se internó en el campo de minas de guerra al que todos saben que no hay que acercarse y pisó una bomba que le destrozó las piernas, dejándolo en silla de ruedas. Desde entonces tuvo a su padre con ojos llorosos, abrazado a él y susurrando una letanía de "Que haría yo sin ti" de casi imposible entendimiento, Drake no se ha vuelto a acercar a esas nocivas sustancias. Es desde ese momento, en el que John empezó a sentirse culpable de la tragedia de su hijo, que inició a trabajar en su actual proyecto. Era simple esconder el bosquejo de su creación a Drake, ya que nunca se adentraba en su estudio. Es más, cuando estaba en casa era fácil encontrarlo en su habitación, tumbado en su cama con un pesado volumen polvoriento en las manos y los cabellos del flequillo pelirrojo cubriéndole parte de los ojos azules, brillantes por el conocimiento adquirido. Drake siempre leía. En la escuela, en su habitación, en cualquier momento y lugar oportuno e inoportuno. Y lo leía todo, novelas policíacas, humorísticas, románticas, fantásticas, de caballerías, de aventuras y todo lo que se pusiera a su alcance, pero siempre lo hacía con más entusiasmo si era sobre dragones. Muchos, en concreto todos los que no conocieron a su madre, podrían pensar que era por la curiosidad que le inspiraba su nombre, pero es a la inversa. Fue Lucy quien eligió ese nombre para el pelirrojo, dado que esa era su pequeña obsesión, su pequeño secreto. Ella amaba los dragones, a pesar de que no se sabía a ciencia cierta si existían o no, tanto es así que el nombre que puso a su hijo, además de ser bonito, le representaba a ella. Porque Lucy era profesora, y como tal, tenía mucho tiempo libre, durante el que solía leer sobre dragones ver documentales y películas de dragones e investigar las leyendas sobre dragones. Y Drake es igual, porque su madre le inculcó su aprecio por estas criaturas míticas. John sonrió. Si trabajaba rápido esa noche, quizás pudiera tener acabada su creación al día siguiente, cuando Drake saliera de la escuela. [ ... ]

Todos se aglomeraban alrededor de la imponente estructura que se alzaba en ele centro


de la plaza, sujeta por una cuerda que pendía de la mano del inventor. Estaba cubierta por una gran lona, por lo que no se percibía bien su forma. “¡Escuchadme! ¡Escuchadme todos! - dijo con voz clara -. Muchos de los aquí presentes conocisteis a Lucy - una sombra cruzó sus ojos al decir el nombre de la difunta También muchos conocíais su pequeña obsesión. Todos sois testigos de la tragedia de mi hijo y de cómo me sentía culpable por ella, pero nadie conocía el proyecto que hoy os presento”. Guardó silencio para que sus palabras calaran en la multitud. Luego, como a cámara lenta, su mano se dirigió hacia el borde de la lona y tiró de él con suavidad. La tela se deslizó por la estructura a la vez que la multitud se alejaba, conteniendo el aliento, y que Drake se acercaba, atraído por los brillos ámbar y azules de la figura y, cuando la estructura quedó descubierta, el pueblo entero soltó la respiración en forma de un audible suspiro de admiración. La figura formada por una estructura metálica en forma de dragón, estaba cubierta de cristales de diversos colores, desde naranja hasta púrpura creando lo que sería la forma de un dragón real. Tenía, en lo que sería el lomo, una montura para dos personas, y en una de ellas, la que estaba más adelante, estaban los controles, para ser manejados con las manos y unos apoyos ortopédicos, como los de la silla de Drake. Él se adelantó sobre sus ruedas y rozó con la punta de los dedos un cristal pulido de color verde. Después se giró hacia su padre y, susurrando, le preguntó: - ¿Es para mí? - John sonrió tiernamente y asintió con la cabeza. El hijo se acercó más al dragón de pega, maravillado, y cuando salió de su estupor, empezó a preguntarse obviedades - ¿Vuela? ¿Puedo subirme? ¿Cuántas personas aguanta? - acribilló a preguntas al confuso padre. - Sí, puede volar, y puedes subirte y aparte de ti puede llevar hasta tres personas más John sonrió - Es una dragona, y había pensado llamarla Lucy, ¿qué te parece, Drake? - por toda respuesta, el pequeño sonrió de forma deslumbrante. - Ayúdame a subir, papá - John lo hizo, y luego le susurró al oído: - ¿Quieres que suba Marie? No le diré que me lo has pedido tú. - Drake asintió imperceptiblemente. John se internó en la multitud, susurrando "Un voluntario", como si lo estuviera eligiendo al azar y llegó hasta donde estaba una joven morena de ojos miel y estatura mediana. Cuando llegó hasta donde estaba su hijo, le preguntó a ver si le parecía bien, a lo que el tullido asintió, con una pequeña sonrisa dirigida a la chica. Cuando ella subió, John hizo un guiño a Drake, mientras los amigos del joven silbaban mofándose amistosamente de él. El inventor, le fue indicando cómo controlar la máquina. Tardaron, pero al final, Drake lanzó un grito eufórico, tras haber logrado despegar. Estuvo horas volando, mientras la gente de la plaza se iba aún mirando asombrados al animal que surcaba el cielo, brillando a la luz del sol poniente. Cuando el astro rey dejó de alumbrar y la luna salió, llena, en la plaza sólo estaba John, observando a los adolescentes que volaban. Llevaban mirándose de forma cariñosa varios minutos, y el adulto se preguntaba si iba a pasar algo como el pueblo había querido durante toda la tarde, o aún esperarían más. Harto, usó su micrófono, que conectaba con un auricular en el oído de Drake, y le susurró, divertido: - Bésala de una vez. - El pequeño dejó escapar una media sonrisa, a lo que Marie le dijo al oído:


- ¿Qué es tan divertido, Drake? Su compañero tan sólo le contestó con un "esto" antes de girarse y posar un dulce beso en la mejilla de la chica. Marie cogió al lisiado del rostro y, sonriendo a su vez, lo besó, esta vez en los labios, pero muy tiernamente. La dragona lanzó algo parecido a un gruñido y los jóvenes se rieron. Pasaron muchas horas más volando bajo la luz de la luna llena, disfrutando de la compañía mutua hasta que el amanecer les sorprendió juntos. Y sí, otros lo llamarían inventor porque inventaba objetos, pero John seguiría considerándose un creador, porque ahora, viendo la sonrisa en los labios de Drake, John sabía que había creado su alegría, que había creado ese amor.

María Delgado Rdríguez

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2º ESO


EL CAMPANARIO

Siempre soñaba con lo mismo, con el campanario de un poblado sobre el que volaba un águila majestuosa dando círculos, siempre atenta. Se la veía desesperada, como si llevara buscando algo durante mucho tiempo. Yo siempre me levantaba de la misma manera, empapado de sudor y con escalofríos, justo antes de que me encontrara escondido y se abalanzara furiosa contra mí. En ese momento llegaba mi madre: -¡Despierta Dani, llegarás tarde! Yo me levantaba despacio, cansado, con ganas de tumbarme y quedarme allí dormido para siempre y que no me despertase nadie nunca, pero no podía ser. Así que ese día me levanté,desayuné, me preparé y me fui al colegio. Al salir de casa miré el calendario y me di cuenta de que era el día de la excursión. Íbmos a visitar un antiguo poblado abandonado hace unos años en las afueras de la ciudad. Me dirigí a la escuela soñoliento. Cogí el autobús por los pelos y, rechazado y abucheado por mis compañeros, me senté al lado del único amigo que tenía en el mundo. Era el que me entendía y al que le contaba todo. Cualquier otro se habría reído de mí. El viaje fue largo y silencioso. Mi amigo sabía que cuando soñaba estaba siempre de mal humor. Al bajar del autobús me quedé aturdido, aquel era el pueblo que salía siempre en mis sueños. Miré a mi alrededor y al ver el campanario me desmayé. Cuando me desperté estaba mareado y confuso. Estaban a mi lado mi profesora y mi amigo. Me preguntaron qué me había pasado y les dije que no lo sabía. Cuando estuve a solas con mi amigo le conté muy nervioso que ese era el pueblo con el que soñaba, y aquel el campanario sobre el que volaba el águila. Le recordé que el sueño siempre acababa cuando el águila me encontraba y se preparaba para atacarme. Mi amigo me dijo que me tranquilizase, que aquello eran solo imaginaciones mías. Ahora ni si quiera él me creía. Hice como si no hubiese pasado nada. Pasamos la mañana y nos dirigimos al autobús, porque ya era hora de marcharnos a casa. Fuimos al punto de encuentro y no encontramos a nadie. Empezamos a gritar y a pedir auxilio. Me acordé de que había cogido mi móvil y marqué el número de emergencias. No tenía cobertura. Empecé a ponerme nervioso y a respirar muy fuerte. Mi amigo me tranquilizó diciendo que pronto íbamos a salir de allí, que volverían para buscarnos. Decidimos mirar en los viejos edificios ya en ruinas para ver si había teléfonos o alguna radio para pedir ayuda, pero no encontramos nada.


Se estaba haciendo de noche y nosotros empezábamos a estar inquietos y a movernos de un sitio para otro sin encontrar nada. Dirigí la vista hacia el campanario y me di cuenta por primera vez de que la iglesia era el único edificio que no estaba en ruinas. Decidimos entrar. Nos quedamos asombrados, estaba lleno de pinturas y ricamente decorado con azulejos y otros materiales brillantes. En el centro había una gran fuente de mármol. Al fondo del todo había un altar con un enorme nido de oro en el que había huevos. Nos dimos cuenta de que los dibujos de las paredes contaban una historia: Había unas águilas muy raras, eran de color rojo escarlata. Eran muy grandes y sus uñas parecían cuchillas. Se veía cómo los habitantes de la zona las mataban y las disecaban, por solo una razón: el dinero. La razón por la que siempre se ha corrompido el hombre. Teníamos los tres últimos huevos de águila. Íbamos a cogerlos cuando la oímos sobrevolar el campanario. La veíamos a través del techo de cristal. Era realmente grande. Se la intuía enfadada. Comprendí en ese instante que tan solo quería sus huevos. Sin duda llevaba buscándolos mucho tiempo y esperando que alguien la ayudara. Cogí el nido y salimos para devolverle lo que era suyo. Cuando estábamos cerca de la puerta, el suelo empezó a temblar. Nos dimos cuenta de que teníamos que salir corriendo porque la torre se iba a derrumbar. Empezamos a correr con cuidado por miedo a que se nos cayese el nido. Salíamos de allí con cuidado y durante unos segundos nos quedamos cegados por el polvo. Vi los escombros del campanario, a mi amigo desmayado junto a mí y enfrente al águila, esperando a que se le diese sus preciados huevos. Se los entregué. Por primera vez vi al águila feliz y que se alejaba volando con gran rapidez. Agotado me senté junto a mi amigo, que seguía inconsciente y sin darme cuenta me quedé dormido a su lado. Al día siguiente me desperté en el hospital. Entró un médico y le pregunté por mi amigo. Me dijo que no me preocupara, que estaba bien y que esta misma tarde nos iríamos a casa los dos. Luego entraron mis padres y me abrazaron aliviados. Me preguntaron qué había pasado y les dije que estaba cansado y que no me acordaba de nada. Si les contaba la verdad no me iban a creer, así que junto a mi amigo nos inventamos otra historia. Les dijimos a todos que estábamos en la iglesia, que hubo un temblor de tierra, que el campanario se había derrumbado y que milagrosamente habíamos salido de allí. Nos habíamos salvado por los pelos.

Asnán Mahmood

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2º ESO


EN UN MUNDO PARALELO - No estés triste. - ¿Cómo no voy a estado? Se ha muerto una de las mejores personas del mundo. - Tu abuelo tenía una enfermedad incurable, vivió muchos más años de los que tenía planeado. - Era un valiente. - Te quería muchísimo, pero nada es para siempre. Estas fueron las últimas palabras del padre de Faustina, Ricardo, con ella. Faustina se dirigió muy triste a su cuarto a intentar dormir un poco, mañana sería un día muy largo y prefería pasarlo descansada. En el pueblo Faustina y su padre se encontraron con la familia. Estas "reuniones familiares" no gustaban nada a Faustina, así que decidió visitar el cuarto de sus abuelos. Allí encontró el libro de dragones, hadas y brujas que su abuelo le leía todas las noches cuando era pequeña. “¡No me lo puedo creer!, ¿Qué hace esto aquí?”- exclamó susurrando, para que no le oyera nadie. En mitad del libro había una nota escrita a mano, ¡Era la letra de su abuelo! En ella ponía: “A las 22:00 de la cuarta noche de Abril grita tres veces "esto no es un sueño" debajo del olmo de la suerte”. ¡Pero si hoy es cuatro de Abril!- dijo ella. ¡Qué suerte! Corrió, eran las 21:55 de la noche, se tendría que dar prisa para ver lo que pasaba antes de que su padre la descubriera. Las 22:00 de la noche, Faustina esta lista, no sabe lo que va a pasar, pero ¿por probar? Faustina cogió aire y gritó tres veces: “¡Esto no es un sueño!”. Nada, no pasó absolutamente nada. Cuando Faustina estaba apunto de marcharse, se abrió un enorme agujero en el suelo, con mucha mucha luz. Se asomó a mirar y, ... se cayó. El agujero era muy profundo, sin embargo Faustina no se hizo daño. Estaba en el fondo, no se podía creer lo que veía. ¿Qué se supone que era aquello? ¿Debería estar asustada? ¿Cómo debería actuar delante de semejante criatura? Con mucho cuidado Faustina se fue alejando de... ¿pero qué era eso? Parecía un dragón.¡Eso era imposible, los dragones no existen! En cualquier caso ella no movió ni un músculo de su cara. De pronto, y sin dar crédito a lo que escuchaba, el dragón habló y dijo: - ¿No te doy miedo? - Esto no esta ocurriendo- pensó Faustina. - No te asustes, yo no quiero ser tu enemigo, al contrario, tenemos que estar muy


unidos. - ¿Unidos para qué? - Para rescatar a tu abuelo- dijo el dragón. - Lo siento te habrás confundido de persona, mi abuelo ha fallecido.-comentó Faustina con un tono triste. -Ya sé que tu abuelo ha muerto... pero en tu mundo. Este es un mundo paralelo al que llegan todos los que mueren. Las personas buenas van al jardín de las amapolas y las malas al laberinto del infierno del que no pueden salir. -¿Entonces qué hago yo aquí? ¿No habré muerto?- dijo asustada. -No. Tu has sido enviada para rescatar a tu abuelo de las garras del diablo que lo ha secuestrado para enviarlo al laberinto del infierno -explicó el dragón. -¿Y qué hacemos todavía aquí? ¡Venga en marcha! No hay tiempo que perder Faustina dio un brinco y se subió a la espalda del dragón. Los dos juntos cruzaron muchos campos, ríos, pueblos y ciudades viendo a las personas haciendo su vida normal. Al llegar al laberinto del infierno se escondieron para que el diablo no les viera e idearon un plan fantástico que consistía en que Faustina se hiciera pasar por una muerta y el diablo le dejara entrar. Ella buscaría a su abuelo y los tres juntos huirían volando fuera del laberinto del infierno. Faustina se despeinó y rasgó un poco la ropa acorde con su papel. Entró en busca de su abuelo..., cuando el dragón le dijo desde el aire: -Lo siento, el diablo me obligó. Ella no entendía nada hasta que observó cómo el dragón escapaba volando. Estaba sola. Ni siquiera sabía si su abuelo se encontraba allí. Por suerte sí estaba. Corrió emocionada, lo abrazó y lloró. Parecía todo tan bonito... pero ¿qué iban a hacer ahora? Faustina dispuesta a luchar, se enfrentó al diablo. Con una navaja que siempre llevaba en el pantalón, le cortó una pierna y mientras él intentaba recuperarse, ellos escaparon. -Y ¿cómo consiguieron salir de aquel mundo paralelo? - pregunta Sofía muy intrigada. -Eso no lo sabremos nunca -respondió José. ç

-¿Se acaba así? -Por muy raro que parezca si, se acaba así, y ahora a dormir. -No quiero -se enfada la nieta. -Entonces vendrá Faustina y te llevara al mundo paralelo. Buenas noches. -Buenas noches abuelo- esboza una sonrisa Sofía.

Amaia Méndez Serrano - 2º ESO

Textos Premiados Primera Categoría  

Textos premiados, Primera Categoría, en el Certamen Literarario 2013