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especiales para cumpleaños. No había merienda, ni chucherías, ni tarta, únicamente tenían la deferencia de proyectar antes de la película una animación en la que desfilaban por la pantalla unas velas encendidas que deseaban el cumpleaños feliz al homenajeado. Cuando se apagaron las luces los pequeños comenzaron a aplaudir. Teresa les mandó callar, aunque fue ella misma la que enmudeció al ver en la pantalla sólo cuatro velas. Habían vuelto a equivocarse. Trató de mantener la calma. Quiso convencerse de que quizá simplemente era un número al azar. En aquella sala se congregaban distintos grupos de niños celebrando otros cumpleaños, seguramente tendrían una proyección estándar para todos. Así que le restó importancia. A los pocos días Fernando comenzó a hacerse pis en la cama. Hacía mucho que le había retirado el pañal nocturno y le sorprendió ese retroceso. Consultó con el pediatra que intentó tranquilizarla buscando razones en el ámbito familiar. “¿Usted y su marido tienen algún problema?”. Teresa se sintió entre indignada y avergonzada. Nada en su vida había cambiado lo más mínimo, a excepción de Fernando que, en vez de crecer, se iba haciendo cada vez más pequeño. Durante ese año consultó con todo tipo de especialistas, pero nadie conseguía darle una explicación a ese fenómeno tan extraño. A medida que se acercaba el 28 de septiembre, Teresa temía la celebración del cumpleaños. Convencida de que las velas eran las causantes del raro comportamiento del niño, decidió organizar la fiesta en su propia casa. Esta vez nada iba a salir mal. Compró una vela con el número ocho y la guardó como si fuera un tesoro. El día de la fiesta preparó una tarta de chocolate, la favorita de Fernando, y la dejó sobre el aparador con la vela marcando el centro. Pero mientras recibía a los invitados a la fiesta, Pascual, el perro de la abuela se encaramó sobre una silla y alcanzó el pastel. Tan hambriento debía estar que hasta trituró con su colmillos parte de la vela con forma de ocho, dejándola que parecía un tres. Teresa no podía creer lo que estaba pasando. “No es para

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