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-Buenas tardes, señorita. Está usted radiante. -Muchas gracias -contestó tras echarme una mirada desconfiada. Luego estiró con disimulo su falda corta y cruzo los brazos sobre el pecho. Aquel gesto de timidez me excitó. No deseaba perder más tiempo en preliminares, así que entré de nuevo en la portería y saqué del cajón del armario las llaves del quinto B, ese apartamento que incomprensiblemente para sus dueños no terminaba de alquilarse. Cuando salí al portal ella ya había subido. A pesar de que no era ningún jovencito tomé las escaleras. No podía esperar el ascensor, estaba impaciente por verla de nuevo. Llegué al descansillo del quinto piso sin aliento. Procuré ralentizar mis movimientos para no hacer ruido y entré en el apartamento. Me descalcé y dejé los zapatos junto a la puerta. Sabía de sobra que en los pisos vacíos cualquier ruido se multiplicaba, así que una vez más caminé de puntillas hacia la habitación cuya pared lindaba con el apartamento contiguo. Abrí el armario y me coloqué ante la vidriera que cada viernes me permitía disfrutar de ella. Don Manuel estaba echado en la cama, como siempre, pero Ágata no le miraba. Se había colocado frente al espejo, de espaldas a su amante. Parecía dispuesta a dedicarme su show. Me pareció que me miraba fijamente y sonreía. Fue quitándose la ropa poco a poco, aprovechando los intermedios para acariciarse la pelvis. Cuando se quedó desnuda pasó la mano por el cristal y casi noté su tacto en mi rostro. Finalmente se acercó al vidrio, y adoptando una postura ligeramente forzada y de todo punto lasciva, apretó contra él los pezones y el pubis. Luego entreabrió ligeramente los labios y los posó sobre el espejo. Sentí que me besaba. Salí corriendo del apartamento sin preocuparme por poner de nuevo el panel de madera en su sitio. Ni siquiera utilicé el ascensor. Cuando llegué al quicio de la portería me apoyé para tomar aliento. Sentía que el corazón me galopaba a la altura de la pelvis y que me costaba respirar. Aquella experiencia me había superado. La imagen de Ágata

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Juegos de artificio. 20 relatos inflamables  

20 historias independientes en las que se cruzan el drama y la comedia, con protagonistas imperfectos que sufren, dudan, aman, mienten, te e...

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