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ACTO XIV. ESCENA DEL HUERTO: SOSIA- Trae para acá esa escalera. Este es el mejor sitio. TRISTÁN- Sube, macho. Yo iré contigo por si acaso. CALISTO- De eso nada, vosotros os quedáis aquí. Yo entraré solo, que estoy escuchando a mi chica. MELIBEA- Soy yo, tu novia, tu amor, la que más te quiere. ¡Ni se te ocurra saltar desde tan arriba, o me dará algo! Baja ya, pero ten cuidado. CALISTO- ¡Por Dios, que guapa que estás esta noche! ¡Por fin estamos juntos! Tanto esperar parece que ha valido la pena… MELIBEA- Calisto, por favor, estate quieto. Hoy no. Mis padres podrían oírnos; yo acabaría en un convento y tú sin cabeza. CALISTO- Llevo mucho tiempo esperando este momento como para tener que esperar otro día más. ¡No me jodas, Melibea! MELIBEA- Quieto, Calisto. ¡No me toques! Confórmate con estar conmigo y dejémoslo para otro día. No es el momento. CALISTO- ¿Por qué? ¿Es que quieres que me vuelva con las manos en los bolsillos otra vez? ¡Ni de coña! Ya que he venido al menos será para algo. MELIBEA- Vete, Lucrecia. CALISTO- ¿Por qué, Melibea? Deja que se quede. No me importa que haya testigos de mi triunfo. MELIBEA- Pero a mi si que me importa que los haya de mi error… Si hubiera sabido que me ibas a tratar así, no me hubiera fiado de ti. SOSIA- ¿Lo oyes? ¿Qué estarán haciendo? TRISTÁN- Claro que lo oigo. Nuestro amo es un cabrón. Yo en su lugar, aunque soy más joven, haría lo mismo. SOSIA- Con una tía así cualquiera haría lo mismo. Pero bien caro le ha costado, que ha perdido dos criados. TRISTÁN- Ya ni se acuerda de ellos. ¡Que vida más sacrificada…! Los amos siempre alegres y felices, y nosotros los criados que acabamos degollados. MELIBEA- Calisto, ¿cómo has podido quitarme mi honra por algo que tan poco ha durado? ¡Ay, madre, si supieras lo que he hecho! ¡La bronca que me caería si te enteraras! SOSIA- Todas dicen lo mismo una vez hecho, pero bien poco se quejan mientras lo hacen… CALISTO- ¿Ya amanece? Si casi parece que acabo de llegar. Que rápido ha pasado todo. MELIBEA- En fin, ya está hecho. Ahora no me niegues que me quieres. Ven aquí todas las noches a la misma hora. CALISTO- Chicos poned la escalera, que voy a bajar. SOSIA- Ya está puesta. Baja


MELIBEA- Lucrecia, ven, estoy sola, tengo que hablar contigo. ¿Nos has oído? LUCRECIA- No, señora, estaba sobando.


Escena del Huerto