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ESCRITO “AMOR ESPONSAL” – María Emmir O. Nogueira Amor Esponsal: llama viva que inflama y purifica el corazón, capacitándolo para adherirse incondicionalmente y con vigor a la bienaventurada voluntad del Padre – Moysés Azevedo Filho – Carta a la Comunidad 2005 -

INTRODUCCIÓN Escribir sobre el Escrito Amor Esponsal fue un desafío aplazado muchas veces, durante varios años. En primer lugar, por la obvia incapacidad de tocar en lo más precioso de nuestra vocación, en su cerne. En segundo lugar, porque era preciso encontrar el tiempo justo, el tiempo de Dios, y nosotros aguardábamos Su señal. Esta vino de modo inesperado: a través de una aguda visión de mi infidelidad e incapacidad de vivirlo, una verdadera y dolorosa crisis provocada por el Espíritu de la Verdad, que nos hace entrever todo lo que no vivimos de nuestra vocación, nuestro llamado, y en cuánto no correspondemos al Amor del Esposo por nosotros. Según el propio Escrito, este reconocimiento de nuestra incapacidad de vivirlo, para ser repetido mientras tengamos vida es el primer paso para el Amor Esponsal. Resolví, entonces, sumergirme de cabeza en esta aventura, con la seguridad de que otros vendrán y estudiarán el texto con mayor base de estudio e investigación. El objetivo, aquí, además, no es hacer estudios teológicos o sobre espiritualidad sobre el texto, sino ayudar a cada uno de nosotros a comprenderlo mejor, saber sobre lo que el fundador está hablando para poder seguirlo como discípulo en este que es el punto más importante de nuestra vocación. Concluí el estudio “oracional” con algunas certidumbres: •

La Encíclica Deus Caritas Est es una señal de Dios de que es tiempo de estudiar mejor el Escrito Amor Esponsal y nos proporciona llaves preciosas para este estudio. • Si hubiese sido escrito en otra época, este Escrito podría muy bien haberse titulado “Cómo amar a Dios y al hermano según el Carisma Shalom”. • Todavía nos falta un largo camino de oración y estudio, para aprender lo que nos quiso decir el fundador. • Es realmente, únicamente a través del Espíritu Santo que podremos vivir este amor Es importante resaltar que esta es mi forma personal y oracional de leer y entender el Escrito, por ser alguien que estuvo al lado del fundador en la época en que fue escrito y en los siguientes 23 años. Si Dios quiere, muchos otros también escribirán sobre este asunto, a partir de otros varios ángulos y visiones, lo que será de gran enriquecimiento para todos. Así, más que como maestra (lo que, seguramente, sería presunción) quiero escribir como una madre sentada en el piso, rodeada de sus hijos: compartiendo vivencias, contando historias, dando ejemplos, desentrañando recuerdos. Para entender el Escrito Creo que necesitamos de algunos datos históricos importantes para entender mejor este Escrito: • Cuando fue hecho, estábamos en medio de una crisis de identidad. No había una espiritualidad firme en nuestro medio, excepto el de la RCC y se hacía necesaria una definición de espiritualidad, ya que las personas perdían el entusiasmo en la alabanza, en la oración, en la unidad con el fundador. • Nuestro fundador, tenía, en esa época, 25 años, lo que me llena de perplejidad y alabanza a Dios cada vez que leo el texto. Tamaña sabiduría y profundidad, no pueden provenir de la imaginación o experiencia de un joven de 25 años, cuyas áreas de estudio habían sido la geología y la fisioterapia. Todo esto, más la intensidad y profundidad del texto, y la manera como él hace vibrar a nuestro corazón, testimonia que: ciertamente, este es el texto-cerne de nuestra vocación, realmente, en él habla la voz de Dios, realmente nuestra vocación viene de Dios. • Tenemos en las manos una profecía en todos los sentidos. En el sentido histórico, en la perspectiva de la vida espiritual y consagrada. El texto es una flecha que apunta y corre ligera, por lo menos veinticinco años hacia adelante en la historia de la Iglesia del todo el mundo. Hoy se constata con facilidad que, la Nueva Evangelización, tan soñada por los últimos Papas, será puesta en práctica por una generación de apasionados por Jesús. ¡Una generación de almas esposas, que dan la vida para hacer amado a su Esposo! • Nuestro principal escrito, sin embargo, no ES un escrito lineal. No tiene propósitos didácticos, sino que es una explosión del corazón del fundador, y como tenía que ser, en nuestro caso, de un corazón joven, apasionado, osado, lleno de parresia. Esto hará tu lectura menos fácil, pero seguramente más fascinante.


No estaremos siguiendo los caminos de una cabeza presuntuosa e imaginativa, sino las aventuras de un modesto corazón perdido de amor. El lenguaje deja entrever a un hombre de Dios, profundamente humilde, pero en todo intenso. Intenso en su pasión, en sus adjetivos, en sus explicaciones, en su forma de ordenar el texto. Quería enseñar a sus discípulos, sí, pero quería hacerlo por la vía del amor que se deja transparentar en la intensidad de su expresión.

Cuando el recuerdo enseña Tuve el enorme privilegio de “dactilografiar” este, y los otros escritos y las Reglas. Humildemente, Moysés decía: “Tú ve dactilografiando y marcando aquello que creas que debería modificarse. Después conversaremos sobre cada cosa.” Digamos, que de cada diez observaciones, él aceptaba 1/25. “¿Qué tal dividir este párrafo? Trata de dos asuntos diferentes”, le dije, por ejemplo, sobre el párrafo 4. “No… quiero eso todo junto, para entender que nuestro llamado es el de consumir nuestra vidas a través del amor integral y por él.” Eran dos aspectos de un enorme párrafo y, en buen lenguaje, quedaba mejor si se lo dividía. Sin embargo, yo después entendería que nuestro idioma era una cosa, regido por reglas claras, hechas por la lógica humana a lo largo de los siglos y que las “moyseseses” eran otra cosa, regidas por reglas lanzadas con la fundación de la comunidad, que era mejor respetar, para no arriesgar un cambio de sentido impreso por el corazón de Dios y del fundador. Hoy, al estudiar la hermenéutica de los fundadores, tomo conocimiento de cómo cada palabra, cada expresión, cada neologismo es precioso para el conocimiento del “espíritu del fundador”. Por lo tanto, doy gracias a Dios, porque en todos los casos, excepto uno, dejé de lado los purismos de la lengua a favor de las inspiraciones del lenguaje del fundador, que revela su espíritu. Alabo a Dios, también, por estar viva para contar la historia. La transcripción del texto En vista de una nueva publicación de los Escritos, y para facilitar nuestro trabajo, el Escrito será editado a continuación con una numeración sólo suya. Qué Dios nos socorra en nuestra debilidad y nos ayude a tocar con todo respeto y entender mejor el precioso cerne de nuestra vocación.


Amor Esponsal 1. Me gustaría, si fuera posible, traspasar a esta hoja lo que pasa en este momento en mi interior sobre el Amor Esponsal. Sé que solamente el Espíritu Santo, el Inflamador de las Almas, puede realizar este amor en nosotros. Por esto, antes de abordar el asunto, pido que el Espíritu actúe en cada corazón que desee comprender este llamado. 2. “¡El Amor no es amado!”. Era este, el clamor de Francisco de Asís que llegó a nuestros corazones y los tocó. Al procurar corresponder, encontramos el camino y la verdad expresados por Santa Teresa de Ávila cuando dice: “Sólo Dios basta”. 3. Inspirados por estas verdades expresadas por los santos baluartes de nuestra vocación (Francisco de Asís y Teresa de Ávila), nuestros corazones se abrieron al Espíritu Santo, que empezó a trabajar en nuestras almas y a llevarlas al cerne de nuestra vocación: el Amor Esponsal a Nuestro Señor Jesucristo. 4. No podrá existir jamás la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. Ahí también está aquello a lo que estamos llamados: a entregar, consumir nuestras vidas en este amor. En el amor que busca cada vez más olvidarse de sí, de su propia voluntad, de sus propios intereses, de su propia vida y que, cada vez más inflamado de amor por el Amado, lo busca solamente a Él, Su voluntad, Sus intereses, Su vida, Su obra. 5. En Su infinito amor el Padre eligió almas esposas para Su Divino hijo, y para esto, no eligió las mejores, las más bellas, sino que, a fin de manifestar su gloria y su poder, quiso elegir las más pecadoras, las más débiles, los vasos de arcilla, para ahí realizar Su gran obra. Toda la gloria le pertenece, así, a Aquél que en ellas realizó todo. 6. Llamados como fuimos, a tener nuestras almas elegidas para ser esposas del Señor, precisamos reconocer que somos los menores, los más débiles, los más pecadores, incluso los más miserables, y que ningún mérito poseemos por nosotros mismos. Nuestro lugar es el de la Pecadora o el de María de Betania - a los pies de Aquél que tanto nos amó y nos escogió movido únicamente por su inmensa Misericordia. 7. No es difícil percibir esta realidad. Basta con mirar de donde nos sacó el Señor cuando tocó nuestras almas y nos llamó para seguirlo, y reconocer en nuestro día a día nuestra total incapacidad, por nosotros mismos, de ser fieles a Su voz. 8. ¡Cómo contrasta esta realidad con Su amor eterno y paciente para cada uno de nosotros, con Su misericordia extendiéndose a lo largo de nuestras vidas, con Su amor y Su elección irrevocable por nuestros corazones! ¡Qué hacer, oh Señor, sino amarte perdidamente! Entregarnos a Ti con toda nuestra debilidad y, a pesar de ella, consumirnos de amor por Ti y ser siervos de Tu Reino! 9. ¡Nuestro corazón sólo puede tener gratitud al Señor, gratitud eterna, y unir todo nuestro ser para corresponder a este Amor Perfecto con que Él nos ama! Y sólo hay una manera de corresponder: ¡amando, consumiéndonos de amor por Aquél que tanto nos amó! 10. Nuestro amor, sin embargo, es imperfecto. ¿Cómo responder a este sublime llamado? Solamente clamando al Espíritu de Amor para que inflame nuestras almas y nos impulse a este Amor Infinito. A nuestro clamor este Espíritu vendrá e impulsará nuestras almas, nuestras oraciones, nuestros corazones. 11. Un corazón inflamado por este amor realiza todo, se dispone a todo. Inflamados por este inmenso amor los santos caminaron, los mártires entregaron sus vidas y también nosotros deseamos proseguir. Nuestra meta es la santidad, no por presunción, sino por vocación, porque todos los hombres a están llamados a esto. Queremos ser santos no por nuestros méritos, sino confiando enteramente en la gracia de Dios. Queremos ser santos no para nosotros mismos, sino para Dios. Queremos ser santos porque sabemos que la santidad es la vestimenta nupcial que nos permitirá entrar para celebrar nuestras bodas con el Cordero. ¡Ansiamos la santidad y haremos de todo, instrumento para este fin, porque sabemos que Aquél que nos


ama y que es amado por nuestros corazones ansía esto, mucho más que nosotros! El Amor Esponsal es medio y fin para la santidad. 12. En este camino de Amor Esponsal y santidad, el Señor nos da un modelo: Francisco de Asís. Como el Señor dio a Francisco un corazón amante y despojado, así también Él se nos quiere dar . Por otro lado, el Señor nos da un camino a seguir: el de Santa Teresa de Ávila. El camino de oración, de intimidad con su Señor, de unión íntima con el Amado es camino también para nuestras almas. 13. Por ser modelo y camino, estos dos santos, de una manera particular, se volvieron patronos de nuestra vocación, columnas en nuestro camino, intercesores en el cielo, modelos a quienes nuestros corazones deben imitar. 14. En la comunidad, la espiritualidad del Amor Esponsal será fomentada por el estudio de la vida y de los escritos de San Francisco de Asís y Santa Teresa de Ávila, buscando a través de ellos, vivenciar, dentro de nuestra vocación, el amor que ardía en sus corazones. 15. Junto a ellos está la Reina de la Paz, como María se titula en las apariciones de Medjugorje, en la Yugoslavia. Antes de conocer el contenido de su mensaje en estas apariciones, Dios ya ponía en mi corazón que la Reina de la Paz tenía mucho de qué hablarnos. Fue grata la sorpresa al ver enunciado en su mensaje mucho de lo que Dios ya ponía en nuestra vocación. Apeguémonos profunda y verdaderamente a Aquella que es la Esposa del Espíritu Santo, e imploremos su intercesión para que Él genere en nuestros corazones el Amor Esponsal a su Hijo Jesús. 16. En la Obra Shalom, el Amor Esponsal no se halla caracterizado solamente por la vocación de celibato. ¡No! Todos están llamados a poseerlo, todos son almas esposas de Jesús. Todos deben buscar ser las vírgenes prudentes que esperan el momento de las Nupcias, manteniendo encendida la llama del amor en sus lámparas. Laicos, sacerdotes, célibes, jóvenes, niños, hombres, mujeres, casados, todos están, en Shalom, llamados a amar así a nuestro Rey y Señor, y cada vez más inflamados por este amor, en la sed por la oración (unión con el Amado) y en el servicio (haciendo la voluntad del Amado) a dejar que el Espíritu impulse su vocación y sus vidas. La señal del Amor Esponsal es tener un corazón inflamado de amor por Jesucristo y desear siempre más, pues cuando se ama así, siempre se considera poco y siempre se ansía amar más, más, más... 17. La vida de unión íntima con Jesús a través de la oración es la fuente para florecer y madurar este Amor Esponsal. No puede haber Amor Esponsal sin que diariamente procuremos encontrarnos con el Amado y ganar buen tiempo en Su compañía, en adoración, alabanza y escucha. La oración personal es la ocasión donde el Señor viene a edificar esta obra de amor en nosotros. La contemplación del Amado es el jardín que el Espíritu Santo encuentra para sembrar y cosechar estas rosas de amor. Por esto, repito, todos los que poseen la vocación Shalom deben de estar concientes de que es una vocación fundamentada en la oración, que este Amor Esponsal debe inflamar las almas y que la fuente de este amor se encuentra en el camino de la oración, en el pleno sentido de la palabra: personal, diaria, contemplativa, a solas con Dios, según el modelo de Santa Teresa de Ávila. 18. El reconocimiento de nuestras faltas y el arrepentimiento son fuentes de alimento de este amor, pues cuanto más se percibe lo poco que merecemos el amor de Dios, más nuestro corazón se inflama de gratitud a Aquél que misericordiosamente nos ama tanto. 19. La alabanza y la adoración son las formas más plenas de desbordar, en la oración, este Amor Esponsal a Jesús, pues el único lenguaje que estas almas saben hablar es la gratitud. 20. Ser amantes de la Santísima voluntad del Padre y tener toda la diligencia para descubrirla y cumplirla es la forma más plena, en la vida, de desbordar este amor, obedeciendo fielmente a la voz del Amado. Descubriremos esta Voluntad tanto más claramente cuanto más desarrollemos nuestra escucha al Señor. Digo escucha en el sentido pleno de la palabra: escucha de Dios en nuestra oración, en Su Palabra, en las mociones del Espíritu, en el silencio interior donde se oye la voz de Dios.


21. La voz del Amado es reconocida por el alma que Lo busca y tiene intimidad con Él en la oración. Sin una verdadera, fiel y auténtica vida de oración diaria es imposible reconocer la voz de Aquel que muchas cosas nos quiere hablar y corremos el riesgo, sordos a Su voz, de llamar a nuestras pasiones, a nuestra carne, a nuestros planes personales y a nuestra voluntad propia, voz de Dios. 22. Esta es una trampa sutil que el enemigo de las almas utiliza para apartarlas del camino de la salvación. La única manera de luchar contra todo eso es buscando no ver más las cosas como “hombre natural”, sino como “hombre espiritual” (1Cor 2,13-16) las ve, y sólo podremos tener esta visión sumergiéndonos en la contemplación, en la intimidad con el Amado. A través de esta intimidad podremos conocer, oír, discernir y amar esta Santa Voluntad. Ser amantes de la voluntad de Dios todos los momentos de nuestro día y de nuestra vida es descubrir y beber de la fuente de la Paz y de la Felicidad. 23. Otra manera por la cual el Señor nos invita a amarlo, es haciendo todo por amor a Él: nuestros trabajos, nuestras actitudes, todo por Él. 24. Es deseo del Corazón del Amado que nos dediquemos a dar pruebas de amor unos para los otros. El amor hacia el hermano es una manera concreta de mostrar cuanto amamos a nuestro Amado, amando a aquellos a quienes tanto Él ama y por quienes Él ha entregado su propia vida. ¿Cómo no entregar la vida por aquellos por los cuales el Amado la entregó? Es voluntad del Señor que desbordemos este amor sobre aquellos que Él ama. El Señor quiere de nosotros para con ellos el perdón, la mansedumbre, la paciencia, la generosidad, la bondad, la alegría, la dedicación, el amor, el servicio. El Señor desea que demos lo que Él nos da y esto no nos empobrecerá, sino que, al contrario, nos enriquecerá a los ojos de Aquel que nos ama. 25. Debemos ver en los hermanos excelente oportunidad de dar pruebas de amor a nuestro Rey. Aceptando sus ofensas, oyendo sus reclamos, amando a los que no son amados, perdonando a los que son difíciles de perdonar, viviendo Su Amor, de manera especial con los que más necesitan de Él, estaremos viviendo nuestra vocación que es Vocación de amor, por amor y para el Amor. 26. El camino del Amor Esponsal es también el desapego. Es necesario desapegarnos de todo, de nosotros mismos, de las personas, de las cosas, de nuestro futuro, de nuestras ideas, de la búsqueda del poder, de la búsqueda de la satisfacción, para apegarnos solamente a Dios, pues todo pasa y sólo Él permanece. Mientras poseamos una sola cosa o persona, el Amor de Dios no será pleno en nosotros; no podremos volar en Su amor, pues el poseer nos pesa y nos impide alzarnos en el libre vuelo de los hijos de Dios. 27. La alabanza, la adoración, la búsqueda y fidelidad a la Santísima Voluntad de Dios, el amor al hermano y el desapego, es eso lo que Dios ansía de nosotros, a eso Él nos llama, esta es nuestra vocación. Que el Señor nos conceda la infinita gracia de vivirla.

PARTE I LA EXPERIENCIA FUNDAMENTAL


CAPÍTULO I

CONVERSANDO EN FAMILIA Como me falta tiempo para este tipo de investigación, tendré que confiar en mi memoria para relatar la historia del Amor Esponsal entre nosotros. Cuando Moysés presentó los Escritos a los que caminábamos con él, algunos luego percibieron que aquello no era su llamado, y en su libertad y rectitud de conciencia, se apartaron de la comunidad que se formaba. Para los que permanecieron, el “nuevo” término – “Amor Esponsal” –fue incorporado después, en las canciones, las oraciones personales y comunitarias, en el vocabulario de cada día, en las formaciones personales y comunitarias. ¿Querías saber si alguien era Shalom? Sólo había que verificar el “termómetro del Amor Esponsal”. El comentario era: “¿Ya viste a fulano? Es Shalom por demás, ¿verdad? ¡Ave María! ¡Qué Amor Esponsal impresionante! ¿Lo viste rezando? ¡Da gusto verlo! ¡Está enamorado…sólo él y Jesús!” Estaba decretado que ese, era “Shalom para siempre, según el orden de Melquisedec”. Naturalmente, el término no fue asimilado en toda su profundidad desde el comienzo. Para ser bien franca, creo que tendremos un largo camino para comprenderlo en su plenitud. Al comienzo, los chicos tenían un poco de dificultad, pues no entendían bien el ser “esposa” de Jesús, aunque fuera “alma esposa”. Es que el primer concepto relacionado, estaba muy unido al Cantar de los Cantares, según la espiritualidad católica tradicional, todavía con un tinte bastante romántico, en el sentido conyugal. Era representado y cantado en baile y música, en prosa y poesía, y era visible la inadaptación de los muchachos al nuevo concepto. EL único que no parecía tener problema alguno era Moysés, y se explicaba, porque había sido él, quien había recibido de Dios el concepto original, fundacional, profético. Después de esta época, fuimos absorbiendo un poco más lo que era este Amor Esponsal que Dios nos había dado. Recuerdo el tiempo inolvidable de la radicalidad evangélica, acompañada por Francisco, de la fuerte influencia de la oración de Teresa, del Amor Esponsal y el amor al no amado. Era como si Dios permitiese que tomáramos esta o aquella frase como preparación para el día en el que pudiéramos entender el Amor Esponsal como un todo. Sé que este día todavía no llegó, pero juntos, a través de este libro, me podrán dar una manito.

CAPÍTULO II

La evidencia de la gracia nueva En los tres primeros párrafos del Escrito, Moysés deja traslucir el momento especial de iluminación interior que lo colmaba y el itinerario espiritual que recorrió – o, por lo menos, parte de él. Podemos fácilmente imaginarlo en Queluz, hacia donde el Padre Jonas, con su paternal y experimentada intuición lo llevó, y le pidió que pusiera en el papel todo lo que había en su corazón. Solo, sin tener con quien compartir lo que le hacía Dios, a no ser el propio papel (no había celulares, ni era fácil telefonear en la época), expresaba su incapacidad ante la grandeza de la gracia: 1. Me gustaría, si esto fuera posible, traspasar a este papel lo que pasa en este momento en mi interior a cerca del Amor Esponsal. Sé que solo el Espíritu Santo, el Inflamador de las Almas puede realizar este amor en nosotros. Por eso, antes de abordar el asunto pidamos que el Espíritu haga que cada corazón desee comprender este llamado. “Me gustaría mucho, si eso fuera posible, pero no lo es. Y no me estoy refiriendo a mi limitación humana, sino al hecho de que no le es posible a nadie, a no ser al Espíritu Santo en Persona.” Por encima de toda dificultad, lo que nuestro fundador se esforzaba en transmitir era la experiencia personal de la gracia por excelencia, del Carisma, la gracia fundacional de nuestra vocación. Estábamos ante el “nacimiento” espiritual del elemento más importante de nuestra historia, descrito en poquísimas palabras: lo que pasa en este momento en mi interior a cerca del Amor Esponsal. Comparo este momento con la anunciación, una experiencia espiritual profunda, exclusiva del fundador, de la cual siempre participaremos como discípulos y a la que, por más deseos que él tenga de transmitir, le tocará solamente al Espíritu concederla, a los que el Señor escogió para ser Shalom. Comprendimos después, que Moysés no hablaba de una idea, ni de un sentimiento, sino de una gracia, de aquellas intransferibles, del orden de la identidad de cada persona, del orden de la elección. No era posible traspasar este tipo de gracia a un papel, ni a ningún sitio. Había que vivirla, experimentarla, en este caso, dejar que el propio Espíritu provocara un incendio en nuestro interior y exterior.


A veces, me quedo cavilando, sobre si esto no forma parte de la famosa Paciencia Histórica de nuestro tiempo de acogida, sobre lo que sea esta gracia. Por las marcas de la historia, me parece que Moysés la recibió y describió de una forma impresionante para sus 25 años de edad y para el peso de profecía que contiene, aunque, en su humanidad, la fue viviendo más o menos al mismo compás de la comunidad, aunque solo en lo que era perceptible, porque el tesoro que guardaba dentro de sí, no podría jamás dejar de actuar en él: ¡es el cerne de la vocación! Me parece que los acontecimientos de los últimos once años fueron ubicando a nuestro fundador en el único lugar donde las almas esposas realmente desposan al Amado: la cruz. Como consecuencia, ahora estamos todos nosotros, listos para seguirlo como discípulos del Amor Esponsal a Nuestro Señor Jesucristo, como a él le gusta decir.

Precioso Desliz del Lenguaje Observemos juntos: el fundador dice que le gustaría traspasar al papel lo que pasa en ese momento en su interior a cerca del Amor Esponsal. En la siguiente frase, sin quererlo, dirá lo que le sucede: el Espíritu inflama su alma y realiza este amor en él. Por eso creo, que este es el momento de la “encarnación” en términos del cerne del Carisma. Nuestro fundador no pasaba por una experiencia a nivel sentimental: el Espíritu realizaba el Amor Esponsal en él. Es el momento de la anunciación, semejante al de María que, cuando responde sí tiene al Verbo encarnado en sí. Sólo Dios podría decir con precisión si el término más adecuado es “anunciación”. Fuera como fuera, el “sí” fue dicho y la obra se realizó en el interior del fundador. Él reconoce que esta: •

Viene de Dios

• •

Sólo puede ser realizada por Dios Lo sobrepasa

Esto significa para los estudiosos que “el corazón”, “el cerne”, “el centro”, “lo más importante”, “lo que caracteriza al Carisma, le había sido dado. Estaba definido, por así decir, lo principal del Rostro del Nuevo Carisma: el hermoso rostro del Amor Esponsal.

Un pedido de oración que no se puede descuidar. Al comprender su incapacidad ante la gracia fundacional, Moysés hace un pedido para siempre y para todos: ¡oren! Ya no pide que oremos para comprender el texto – lo que sería mucha cosa. Pide que oremos para que el Espíritu actúe y nos dé la experiencia que él tuvo. Pide que oremos para que nuestras almas se inflamen de Amor Esponsal. Únicamente con esta experiencia a nivel personal, podremos comprender nuestro llamado. Y, deja claro: el llamado al cual se refiere no es el “llamado Shalom”, sino el “llamado al Amor Esponsal”, cerne más central de lo que es ser Shalom. Esta es la oración que no debemos descuidar. La oración hecha en el momento de la fundación, en el momento de la efusión especial del Espíritu, la oración de un fundador a favor de todos sus discípulos de todos los tiempos. No podemos, de ninguna forma, jamás en nuestras vidas, pasar por esta frase sin detenernos y orar bien específicamente, para que el Espíritu Santo nos llene de Amor Esponsal. Es esta la oración del fundador. ¡Es así que nos unimos a él! Y, por lo que he visto de la Historia de la Iglesia, cuando un fundador hace una oración de este tipo (véase San Luis Grignon de Montfort, San Benito) Dios ya la ha escuchado de antemano. Ven, pues, Espíritu Santo de Dios, rompe toda barrera en nuestros corazones e inflámanos completamente, el corazón, el alma, el cuerpo, el apostolado, la vocación, la vida profesional, la vida familiar, sí, inflámanos por completo con el fuego del Amor Esponsal para que seamos Shalom en lo más profundo de nuestro ser, para que seamos inflamadores de otras almas, llenos del fuego de la parresia y de la entrega y unión incondicional a Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

CAPÍTULO III

EL NUEVO ITINERARIO Los párrafos 2 y 3 relatan el itinerario espiritual de nuestro fundador en relación al Amor Esponsal y contienen un camino, por lo menos, inesperado. Con razón: vino nuevo en odres nuevos… Aquí está el primero de ellos:


2. “¡El Amor no es amado!”. Era este el clamor de Francisco de Asís que llegó a nuestros corazones y los tocó. Al intentar corresponder, encontramos el camino y la verdad expresados por Santa Teresa de Ávila cuando dice “Sólo Dios basta” Algunas personas muy entendidas suelen preguntarme, cómo es que pudimos unir a Francisco y a Teresa. Al comienzo, me atragantaba, o daba explicaciones quilométricas (de aquellas que la gente da, cuando no sabe la respuesta). De tanto preguntarme, fui reflexionando e investigando y encontré la respuesta, exactamente, en estos dos párrafos. Hoy, cuando alguien se sorprende ante esta “junta” (unión), simplemente respondo: fue una experiencia del fundador con relación a ellos y al Amor Esponsal. Lo garantizo. Funciona muy bien. No preguntan más nada. No sé bien si es por respeto o por falta de entendimiento. Aunque confieso que quedo muy orgullosa por nuestro “secreto profético”. Quien tenga oídos que oiga…

“¡El Amor no es Amado!” En la segunda mitad de los años 70, la popularidad de San Francisco entre los jóvenes de Fortaleza, era grande. Su entrega, su radicalidad, su amor a la pobreza, impresionaban a nuestros jóvenes, y de manera especial, marcaron a Moysés. Recuerdo haberle traído de Asís el primer crucifijo de San Damián, que jamás había visto en Fortaleza. Recuerdo también, cuán pobre era nuestra literatura sobre el Poverelo. Pequeños libros sin mucha importancia precedieron, con sus informaciones absolutamente básicas, al “Hermano de Asís” y a la película “Hermano Sol, Hermana Luna”, que vio Moysés, Dios sabe cuántas veces. Los jóvenes se impresionaban con Francisco desnudo en la plaza, con su convivencia con los leprosos, con su tenacidad para reconstruir San Damián, con la persecución de sus primeros discípulos, entre ellos, naturalmente, Clara. A Moysés, sin embargo, y solamente a él – que yo sepa – le impresionó lo esencial de la espiritualidad de Francisco: “El Amor no es Amado”, el dolor porque “¡El Amor no era amado!” y su clamor solitario por las colinas y callejuelas de Asís. Según sus propias palabras, este clamor – no grito, no llamado, sino clamor, casi como un bramido venido desde lo profundo del corazón, casi como un pedido de auxilio – llegó a su corazón y lo tocó. Recuerdo haberle cuestionado por qué no utilizaba un verbo sólo, tal como: “tocó nuestros corazones”, porque, según mi lógica, si había tocado era porque había llegado. Respuesta de la lógica del moysesés: “No. Son dos momentos diferentes. Primero llegó. Después tocó. Puedes dejar los dos ahí. Gracias al buen Dios, obedecí, poniendo en riesgo, por millonésima vez, mi Diploma en Letras. Hoy, puedo decir aliviada: fue preservado el itinerario espiritual. ¡Claro que “llegar” es una cosa y “tocar” es otra! Existe todo un camino de meditación y oración, entre el mensaje que llega y el momento en que este toca. Primero vino la noticia, tal vez en la película, Francisco corriendo y llorando, colina abajo, clamando porque el amor no era amado. Después, la oración, la meditación, desmenuzar la escena, y en el momento de Dios, el toque en el corazón. Como se trataba de un proceso profundo, largo, mil veces pensado, exigía de una respuesta que, en nuestro caso, era sorprendentemente su más alta intensidad. La respuesta para el clamor de Francisco – ¡oh, lógica de Dios! – para nuestro fundador, y a través de él, para nosotros fue… ¡Teresa! Cuatrocientos años separan a estos dos santos, que vivieron en culturas distintas, épocas completamente diferentes, espiritualidades aparentemente opuestas en el sentido de la clausura estricta y la libertad de recorrer los campos para evangelizar. ¿Cómo pudo ser Teresa, la respuesta para Francisco? ¿Cómo hizo el Espíritu Santo esta unión y la llamó Shalom? Vale la pena releer el texto: Al intentar corresponder, encontramos el camino y la verdad, expresados por Santa Teresa de Ávila cuando dice: “Sólo Dios basta”. Pongámoslo en buen español: “El clamor de Francisco de que “El Amor no es amado” llegó a mi corazón, lo tocó y traté de corresponder a aquello que se transformaba en una inquietud divina en mí. La correspondencia vino a través de Santa Teresa cuando dijo que “¡Sólo Dios Basta!” Convengamos: sin la gracia de Dios y sin la ayuda de la historia del fundador y de la fundación, se hace difícil entender. Sin embargo, esta es una de las llaves más importantes para el entendimiento de nuestra espiritualidad. Doy gracias a Dios por estar viva todavía y por tener en buena memoria la explicación que Moysés repitió por lo menos dos veces antes de que yo la entendiera, hace veinte y dos años.

Del Amor que no es amado al Amor que basta Por lo que cuenta Moysés, es evidente que el clamor de Francisco inició en su corazón un proceso de búsqueda inquieta. ¿A fin de cuentas, qué significa, que el Amor no sea amado? ¿Por qué las personas no aman a quien las


ama tanto? ¿Cómo hacer para que aquel Amor que alcanzó, tocó y transformó gratuitamente a un joven, tan común como él, también alcanzara, tocara y transformara a otras personas? Nuestro fundador se unió, por obra del Espíritu Santo, al dolor profundo de Francisco al constatar que Dios, la respuesta para el hombre, el Dios de Amor, única respuesta para su búsqueda de felicidad, era desconocido y no-amado por la mayoría. El corazón del fundador fue tocado por lo que hoy se conoce como “sabia inquietud”, o más recientemente, “dolor”, “compasión” por la humanidad, que desconoce a Jesús, o que le es indiferente. El clamor “El Amor no es Amado”, es la raíz histórica de nuestra parresia. Unido al de Francisco y al de tantos otros santos evangelizadores, nuestro fundador fue sellado con la gracia de la parresia y de la profunda compasión por los que no conocen a Jesús. Es fácil imaginar, tomando por base, especialmente, el escrito “Carta a la Comunidad 2005”, el dolor del joven de 25 años, inmerso en el medio estudiantil universitario, en los portales de la era del secularismo, del ateísmo práctico, de los idealismos materialistas, del pos-cristianismo, ante el creciente desconocimiento del Señor. Inquieto por esta compasión incomprensible ante quien tanto amó al hombre, encontró la respuesta, a un mismo tiempo, personal y comunitaria: “Sólo Dios Basta”. Es inútil buscar la felicidad en otras cosas: Dios es la respuesta. ¡Sólo Dios basta! De nada sirve confiar en los hombres, en el dinero, en las propias ideas, en las ideologías, en los ideales, en los valores de la auto-suficiencia: sólo Dios es la respuesta. ¡Sólo Dios basta! 1 “¡El Amor no es amado porque no saben que sólo Dios basta! A partir de esta experiencia eminentemente personal del fundador, se formaba el axioma de “nuestro” Amor Esponsal y su consecuente e inmanente parresia: existimos para amar de forma incondicional y total al Amor que no es amado. En primer lugar, permaneciendo con él en la oración, como Teresa y Francisco. A partir de nuestra entrega total de vida, como Francisco y Teresa, anunciando con audacia que sólo Él basta, que todo lo demás es pérdida, que sólo Él es digno de ser amado y que solamente el amor incondicional a Él nos bastará, nos santificará, nos hará felices. Son estas las primeras y para siempre, las más preciosas piedras del “Amor Esponsal Shalom”, de su espiritualidad: la “junta” – unión, en lo más profundo del corazón del fundador, del Amor Esponsal a Jesús de Francisco y de Teresa, iluminados por la experiencia única del Amor Esponsal que solamente el Espíritu puede dar. Es lo que él mismo narra en el párrafo 3: 3. Inspirados por estas verdades expresadas por los santos baluartes de nuestra vocación (Francisco de Asís y Teresa de Ávila) nuestros corazones se abrieron al Espíritu Santo, que comenzó a trabajar en nuestras almas y a llevarlas al cerne de nuestra vocación: el Amor Esponsal a Nuestro Señor Jesucristo. Los santos baluartes lo mantuvieron alerta, en la escucha de Dios, inspirado, de corazón abierto a las novedades del Espíritu de Dios que, sin gran dificultad, condujo su alma al punto más central, más vital, más importante de la vocación Shalom: El Amor Esponsal a Nuestro Señor Jesucristo en su forma Shalom. Inspirado en Francisco, en Teresa, en la radicalidad de la RCC, más plenamente original como Shalom, conforme veremos en el recorrido del Escrito. Dios acababa de regalarnos nuestra espiritualidad; la espiritualidad original y única del Carisma Shalom. ¡Bendito sea! ¡Alabado sea el Señor por Su infinita e insondable sabiduría, que dista de la nuestra como la tierra del cielo! Alabado sea el Señor por nuestra magnífica vocación, cuya fundación podemos acompañar paso a paso a través de lo que nos dejó escrito nuestro fundador, y como discípulos, suplicar al Espíritu Santo para que nos de y profundice esa misma experiencia y que nos libre de, ni levemente, despreciarla, o de no darle el debido valor como un regalo que vino del cielo, que de ninguna forma podría haber sido articulado aquí en la tierra.

CAPÍTULO IV

Finalmente, el postulado El párrafo 4 se asemeja – a un embalse que explota sin tener lo que lo contenga, y nos da finalmente, el postulado completo , resultado evidente de una explosión – tal vez un poco dolorosa – del corazón del fundador 1

Recuerdo que Moysés había marcado una entrevista a D. Aloisio para hablarle sobre lo que estaba pasando en nuestro medio, “me vino a la cabeza” telefonearle antes de que saliese y pedirle que hablara al Cardenal sobre nuestra espiritualidad. ¿Cuál espiritualidad deberíamos seguir? Al hablar sobre eso, D. Aloisio nos mandó leer a Santa Teresa, lo que para nosotros, fue una gran sorpresa y desafío. Exactamente en esta época, yo estaba para leer “Camino de Perfección” y buscaba coraje para terminar el libro que me parecía proponer una espiritualidad tan por encima de mí misma que no conseguía corresponder. Santa Teresa, de esta forma, nos fue dada por el propio Cardenal que como sabemos, es Doctor en Espiritualidad.


que, en definitiva, pudo transmitir (casi) todo lo que quería decir en aquel momento. En su interior, permanecería aún, el agua plácida reservada para ir vaciándose, discreta, a fin de mojar, a lo largo del tiempo, a las semillas esparcidas por las aguas de la explosión, que necesitarán germinar en el tiempo de Dios. Leímos el texto-explosión. Veamos cómo este explota a su ritmo, en su puntuación, en su vehemencia y seguridad inamovible para sustentarnos a lo largo de los siglos, mientras exista la Vocación Shalom. 4. No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo, si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. Ahí está también aquello a lo que fuimos llamados: a entregar, consumir nuestras vidas en este amor. En el amor que busca cada vez más olvidarse de sí, de la propia voluntad, de los propios intereses, de la propia vida y que, cada vez más inflamado de amor por el Amado, lo busca solamente a Él, la voluntad de Él, los intereses de Él, la vida de Él, la obra de Él.

Seis Tesoros en una frase La frase: No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo, si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. Los tesoros: • • • • • •

no + jamás Paz (verdadera Paz) en las almas de los hombres y en el mundo basada un amor incondicional a Jesucristo pues ahí nace el Shalom de Dios

No + Jamás Moysés, es ciertamente intenso en la expresión de su espiritualidad cuando ora personal o comunitariamente. Sin embargo, es extremadamente contenido en sus expresiones cuando escribe, especialmente en lo que se refiere a los adverbios. Consciente de que todo lo que escribe tiene un peso que sobrepasa a su persona y al momento en que es escrito, lo he visto tener especial cuidado con la escritura. De esta forma, al estudiar su lenguaje (y uno de nuestros hijos precisará hacerlo en profundidad en el futuro) verificamos que para él es inusitado recurrir a adverbios de gran vehemencia, como los del tipo “jamás”, excepto cuando son realmente necesarios. Esta vehemencia inusitada adquirió un significado especial cuando al dactilografiar el texto, insistí en corregir el lenguaje medio atravesado (no + jamás) y él no me lo permitió. Esto sólo aumenta el énfasis al máximo tratándose de “moyseses”. Él no dijo “Jamás podrá existir una verdadera Paz…”, sino que hizo cuestión de decir, aún sabiendo que no era el mejor lenguaje: “No podrá jamás existir…” Énfasis sobre énfasis, innecesario, redundante y hasta contradictorio si aplicáramos las rígidas reglas de la gramática. Esencial, aunque poco enfático, no contradictorio, ni redundante, sino afirmativo, de gran importancia en el lenguaje de nuestro fundador. No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo, si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. Este contexto le otorga especial importancia al adverbio “jamás” y le da la importancia de uno de los tesoros de nuestra espiritualidad. En nuestras vidas personales, jamás encontraremos la paz fuera del amor incondicional a Jesucristo. En nuestra evangelización, jamás tendremos éxito, si no llevamos a las personas a la verdadera Paz basada en un amor incondicional a Jesucristo. En nuestras misiones, entre los paganos o entre ateos, no tendremos jamás como proponer otra solución u otra Paz a no ser aquella basada en el amor incondicional a Jesucristo. Ya sea personal o vocacionalmente, ya sea apostólica o eclesialmente, necesitamos saber, creer, vivir, proclamar con la vida y con palabras, que no podrá jamás EXISTIR otra paz que no esté basada en un amor incondicional a Jesucristo. Observa bien: Moysés afirma, sin medias palabras – por el contrario, con exceso de ellas – que cualquier otra paz que se nos proponga a nivel personal, vocacional, eclesial, mundial, misionera, sería mentirosa, una farsa, fruto


de la imaginación o de la tentación, una fantasía, porque no existe ninguna otra paz y no podrá jamás existir, a no ser la única que existe: la Paz basada en un amor incondicional a Jesucristo. Tenemos un parámetro bien claro, bien nítido de lo que es la Paz y la Felicidad para cada uno de nosotros y para todas las personas del mundo: un amor incondicional a Nuestro Señor Jesucristo. Esta afirmación, evidentemente, no es simplemente insistencia de nuestro fundador – lejos de él y de todos nosotros este tipo de cosas – sino teniendo sólidas bases evangélicas, encuentra sus raíces en los maestros de la espiritualidad católica y sus fundamentos en el magisterio de la Iglesia. El Amor Esponsal fue – y será siempre – el legado espiritual más importante del fundador para nosotros y para la humanidad, descrito a su manera, conforme a su experiencia personal, para ser transmitido a nosotros, sus discípulos. Su base evangélica, sus fundamentos en la Tradición y en el Magisterio, son incontestables y en esto consiste nuestro tesoro del no + jamás: ¡la Paz sólo se encuentra en un amor incondicional a Jesucristo! Fuera de eso, no hay Paz, no hay Shalom.

Paz (verdadera paz) No cuesta nada releer el texto para entenderlo mejor. No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo, si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. Hablando de forma más directa, tendríamos: “La verdadera Paz tiene por base el amor incondicional a Jesucristo, origen del Shalom de Dios.” En la época en la que el texto fue escrito, había varias propuestas de paz, o de caminos para la paz: el yoga era la principal. Junto con este, las pirámides, los cristales, la meditación transcendental, el poder del pensamiento positivo, el PRH2 y las primeras manifestaciones de la New Age (Nueva Era). Dios, realmente hace las cosas correctas a la hora correcta. Propone al mundo un nuevo Carisma, llamado Shalom, que en medio de centenares de propuestas y caminos de paz, proclama con nitidez¨”La verdadera paz está basada en el amor incondicional a Jesucristo.” Con el pasar de los años, las propuestas del mundo en la época de la fundación fueron quedando en nada y fue surgiendo, cada vez más nítida, la Paz evangélica propuesta por nuestro Carisma en la tradición del Amor Esponsal: Paz es amar a Jesucristo incondicionalmente. También aquí, como en el caso de todo lo demás, el Carisma es profético, audaz, osado, nuevo, lleno de la fuerza del Espíritu. Como tendremos otras oportunidades para hablar de la Paz, pasemos al próximo tesoro de esta frase.

En las almas de los hombres y en el mundo Al leer los Escritos de nuestro fundador, encontraremos este binomio casi como un refrán. Últimamente se le ha agregado “corazón de los hombres, humanidad e Iglesia”. Como cree que la Paz, como anuncio y donación de la salvación plena (cf.ECCSh 1) será instaurada en el corazón del hombre, de cada hombre, y a partir de ahí será instaurada en el mundo (cf. Escrito Shalom) y que, finalmente, conquistará los espacios de la sociedad como plena alabanza (cf. Histórico 6 al 8), siente la necesidad de poner lado a lado, incontables veces, expresiones que dejen bien claro este itinerario misterioso (que fue, en definitiva, lo que sucedió con él mismo): el corazón del hombre y desde ahí, para el mundo, la sociedad, el acontecer humano. Con esta aclaración, releamos el párrafo: No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo, si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios.

Basada Aquí tuve otra discusión semántica que daría envidia al Movimiento Modernista Brasilero. Mi opción se inclinaba hacia “enraizada”, pero, nuevamente, gracias a Dios, perdí, por una razón más concerniente a la botánica y a la ingeniería, que a la semántica. El argumento de Moysés era que si el fruto es el Shalom de Dios, la raíz no podía ser la Paz, sino el propio Cristo.

2

PRH – Sigla para Personalité et Rélations Humaines, propuesta para relaciones humanas basadas en Carl Rogers, nacida en Francia, al final de los años 70 y fuertemente condenada por el Cardenal Suennes, de Bélgica, por centralizar la felicidad en el hombre y desvalorizar los estragos del pecado original.


Abandonamos, entonces, la palabra “enraizada” e intentamos otra: “fundamentada”, “cimentada”. Ninguna servía. Tenía que ser “basada”, porque se refería más directamente a tener como base, construida no por manos humanas (como en el caso de los fundamentos o cimientos) sino por el Espíritu de Dios, conforme dice la Palabra en 1Pe2 ,4ss: Jesucristo es la piedra viva rechazada por los hombres, y que sin embargo es preciosa para Dios que la escogió. También ustedes, como piedras vivas, se han edificado y pasan a ser un Templo espiritual, una comunidad santa de sacerdotes que ofrecen sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Cristo Jesús. Dice la Escritura: Yo voy a colocar en Sión una piedra angular, escogida y preciosa: quien se afirme en ella no quedará defraudado. Quedó “basada”, y ahora tú, discípulo de Moysés, sabes el por qué: la base de la verdadera paz no está construida por manos o artificios humanos, por teorías que hablan de Dios, hasta exaltan a Jesús y usan su nombre, pero no tienen su base construida por la acción del Espíritu Santo. Con estas nuevas informaciones, podemos parafrasear la frase, conscientes de que, con eso, la estamos empobreciendo un poco: No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo si esta Paz no fuera construida en nosotros por el propio Espíritu Santo de Dios, que utiliza a Cristo como piedra angular para construir el edificio espiritual que es la Iglesia y es el único que verdaderamente puede basar nuestras vidas en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. ¡Cuánta riqueza, Señor, detrás de una sola expresión que tú inspiras!

Un amor incondicional a Jesucristo Otra discusión, pera esta fue rápida. “¿Por qué no poner “el” amor incondicional a Jesucristo?”, le pregunté, al menos, con osadía. “Porque quiero enfatizar que cada uno, inspirado por el Espíritu, tendrá su propia forma de amar a Jesús incondicionalmente”. Silencio por respuesta. Seguimos adelante. Tenemos aquí un detalle importante. Todavía inseguro, en cuanto al sentido de algunos términos, aunque muy firme en lo que quería decir y como quería hacerlo, el término “Amor Esponsal”, en un primer momento de nuestra espiritualidad, estaba referido primordialmente a “un amor incondicional a Jesucristo”. El Amor Esponsal como sinónimo de amor de unidad será insinuado innumerables veces, inclusive en este mismo párrafo 4, como veremos más adelante, pero solamente varios años después traerá, claramente, el sentido de unidad, expresado en los Estatutos, en el Escrito Carta a la Comunidad y, un poco antes, en el Capítulo General de 2003, en el documento sobre la Vida Comunitaria. Para que quede claro: en el Escrito Amor Esponsal, tenemos ya, la noción de Amor Esponsal como amor de unidad plena a Jesucristo, el Esposo de la Iglesia. Tal certeza, aunque profunda y clara, se expresa todavía indirectamente, a través de la expresión un amor incondicional a Jesucristo y de la forma más profunda del Amor Esponsal, que es la unidad entre la propia voluntad y la Santa Voluntad de Dios, como veremos más adelante. De esta forma, no se utiliza en el Escrito el término “unión”, para describir el Amor Esponsal entre Jesús y nosotros, sino, que se utilizan varias otras formas de decir la misma cosa. Todo esto, sin embargo, no es sin razón. Cualquier diccionario de espiritualidad que consultemos, describirá al Amor Esponsal como el amor de unión entre Jesús y Su Iglesia, ya que Este la desposó con su muerte y resurrección. Esta es su definición general y tradicional. Esta definición, como ya dijimos, está expresada de varias formas en el Escrito Amor Esponsal. Sin embargo, explícita, clara, definida, nítida, transparente, indudable, está la definición de cómo se manifiesta este Amor Esponsal para nosotros, Shalom, de forma original y constitutiva de nuestra espiritualidad: • • • • • •

como incondicional como resultado de la misericordia gratuita de Dios para todos, indistintamente como fuego ardiente como amor inflamado cuya mayor ansia es amar al Amado como fuego cuya mayor prueba de amor al amado, es el incendio del mundo, con el mismo fuego de amor.

Esto es unidad plena con la voluntad de Dios, cuyo Hijo vino a traer el fuego del amor a la tierra y lo que más desea es que este se esparza por todo el mundo. 3 3

Cf. Lc 12,49


Se llega a la conclusión así, fácilmente, de que el bellísimo Amor Esponsal de una santa orden religiosa que permanece la vida entera y recluida el día entero en contemplación y unión a Jesús, el Esposo de sus almas, participando del misterio de su encarnación, vida pública, pasión, muerte, resurrección, presencia Eucarística, será, en toda su autenticidad, Amor Esponsal y tiene, con la más absoluta certeza, su misión de salvación del mundo. Sin embargo, no vivirá el Amor Esponsal, al que estamos llamados a vivir en nuestra espiritualidad. ¿Podría haber enfatizado, Moysés, después del inicio, la característica de la unidad plena de las voluntades? Claro que sí. Sin embargo, nuestro fundador es todo, excepto un teórico, gracias a Dios. De este modo, le fue dado vivir primeramente, como experiencia personal fundacional, las facetas del Amor Esponsal y sólo después describirlas. De esta forma, la cuestión de la voluntad de Dios en la vocación Shalom – importantísima – queda más restringida al final del Escrito Amor Esponsal y en algunos pasajes de Obra Nueva. Seguramente vale la pena “sellar” en los Escritos e historia de la vocación y del fundador, la forma de vivir la voluntad de Dios en la vocación Shalom.

Pues ahí nace el Shalom de Dios He descubierto que, lamentablemente, no se puede gritar en el papel. Ni los “concretistas” lo consiguieron. Intenté hacer que la Virgen gritara de alabanzas en la Anunciación, en Hijo de Dios, Niño Mío (Filho de Deus, Menino Meu). No se pudo. Ahora, nuevamente, si pudiese, si hubiese aprendido, gritaría de alabanzas y gratitud, de adoración y acción de gracias, al escribir esta frase tan característica del Amor Esponsal Shalom y sólo de él:

¡El Shalom de Dios nace de un amor incondicional a Jesucristo! Para nosotros, Shalom, no hay otra fuente, otra naciente, otra mina, otro origen: Shalom nace de un amor personal e incondicional a Jesucristo. Listo. Sin eso, no hay Shalom, no existe la única Paz para el corazón del hombre y para el mundo. ¡Así de simple! ¿Tú amas a Jesucristo incondicionalmente? ¿Pida lo que te pida? ¿Cueste lo que cueste? ¿Radical, como se precisa ser? ¿Es así como tú lo amas? Entonces, de tu ser, brotan los ríos de Agua Viva (cf. Jn 4) que son el Shalom de Dios, los arroyos que correrán por la estepa para construir un pueblo nuevo para Dios. 4 ¿Amas a Jesucristo bajo ciertas condiciones? ¿Dependiendo de la ocasión? ¿Dependiendo de lo que va a costar? ¿Siempre y cuando no sea con tanta exageración o radicalidad? ¿Es así que tú lo amas? Entonces, de tu ser, infelizmente, no brotarán los ríos de agua viva que son el propio Jesús, el Shalom de Dios. Podrás hasta tener el signo sobre el pecho, puedes haber hecho tus compromisos definitivos, puedes estar en una misión lejana, pero, infelizmente, no conoces u olvidaste vivir el Amor Esponsal según el modelo de Shalom, porque de él nace el amor incondicional a Jesucristo. Sobre la radicalidad como fruto de tu experiencia personal con Dios, nos escribe Moysés en la Carta a la Comunidad: Recuerdo aquí sobre mi experiencia de Dios que luego me condujo a la gran sed de Su Palabra, de la oración y de los sacramentos. A través de mi encuentro personal con Jesucristo y con la experiencia de la efusión del Espíritu, otra cosa no quería a no ser a Dios. Solamente Él podía saciar las aspiraciones más profundas de mi corazón. La sed de Dios y la amistad con Él crecían en mi vida. ¡Qué Dios nos ayude! ¡Qué Dios tenga misericordia de nosotros! Qué el Espíritu actúe en nuestro corazón y nos dé una renovada experiencia del Amor Esponsal como la vivida por el fundador y según la espiritualidad de nuestra vocación. No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo si esta Paz no estuviese basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues de ahí nace el Shalom de Dios.

PARTE II LA RESPUESTA 4

Obra Nueva


CAPÍTULO V

Aquello para lo que fuimos llamados “¿Ahí, adonde, Moysés? ¿Ahí, lo qué? Es necesario dejarlo claro. Fuimos llamados para algo, objeto indirecto, pero “ahí” es una locución adverbial. Es un adverbio, un lugar, no un sustantivo, algo que responde a lo que fuimos llamados, ¿entiendes?” “Entiendo, sí. Pero cuando digo “ahí” quiero englobarlo todo. Quiero referirme al amor incondicional a Jesucristo, que es la fuente del Shalom de Dios, y también quiero hablar de Jesucristo. Ese “Ahí” se refiere a los dos. Quiero hablar de las dos cosas al mismo tiempo, ¿entiendes?” No. No entendía. Pero ya había aprendido a obedecer a las leyes espirituales y la inspiración que regían a las moyseses y consentí, esperando el tiempo en que pudiese compartir contigo que este “Ahí está también” se refiere no solamente a Jesucristo, el “lugar” donde se da el Amor Esponsal, sino también al amor incondicional a Jesucristo, naciente de esta Paz que es una Persona y a quien los escritos llamarán más tarde como el Shalom del Padre. Así, con la evolución del lenguaje y del entendimiento, acabamos quedando con dos expresiones: “Shalom de Dios”, que es la Paz, y más tarde, “Shalom del Padre”, que se refiere a Jesús, la Paz como una Persona (cf. Escrito Shalom). Quedo feliz de poder explicarlo ahora para que entendamos mejor lo que queda de la “explosión” del párrafo 4. En esta perspectiva, leíamos el texto: 4. No podrá jamás existir la verdadera Paz en las almas de los hombres y en el mundo si esta Paz no estuviera basada en un amor incondicional a Jesucristo, pues ahí nace el Shalom de Dios. Ahí está también aquello para lo que fuimos llamados: Ocurre, también, un fenómeno semántico importante: el sujeto de la frase siguiente “aquello para lo que estamos llamados” introducirá una lista de lo que sea el Amor Esponsal y este amor aquí definido, “se encuentra”, “está” también “ahí”, es decir, en un amor incondicional a Jesucristo, en la propia Persona de Jesucristo, y en tercer lugar, en “aquello” que el párrafo describe en el texto que sigue: (Aquello para lo que estamos llamados) a entregar, consumir nuestras vidas en este amor. En el amor que busca cada vez más olvidarse de sí, de su propia voluntad, de sus propios intereses, de su propia vida y que, cada vez más inflamado de amor por el Amado lo busca solamente a Él, la voluntad de Él, los intereses de Él, la vida de Él, la obra de Él.) Por lo tanto, ahí donde nace el Shalom de Dios, es decir, en el amor incondicional a Jesucristo, pero también en Jesucristo, reside aquello para lo que fuimos llamados y que detallamos abajo, repitiendo algunos términos a propósito, para que tú tengas una visión clara de la velocidad del lenguaje que Moysés escogió usar y de la intensidad de los términos que escogió. Estamos llamados a: • • • • • • • •

entregar nuestras vidas en ese amor – no “a este amor”, como sería “correcto”, sino “en este” amor, porque “entregar”, aquí es un sinónimo de “consumir”, aunque en un grado inferior. consumir nuestras vidas en este amor – primera alusión que Moysés hace a la vida como tomada por el fuego de Amor Esponsal que de varios modos, la consume por dentro y por fuera, como veremos. ¿En cuál amor estamos llamados a consumirnos? en el amor incondicional a Jesucristo. en el amor que consume nuestras vidas, como el fuego consume al combustible a su alcance. en el amor que busca cada vez más olvidarse de sí (de la persona que se consume de amor) en el amor que busca cada vez más olvidarse de sus propios intereses (intereses de la persona que se consume de amor) en el amor que busca dada vez más olvidarse de su propia vida (vida de la persona que se consume de amor) o Atención para el cambio crucial que Moysés hará en el texto ahora: en el amor cada vez más inflamado por el amor al Amado. o A partir de aquí, el verbo “consumir” será sustituido por “inflamar”. El verbo “consumir” fue siempre usado en la voz activa: “nos entregamos, consumimos nuestras vidas”. A partir de aquí, Moysés pasa a usar la voz pasiva; “inflamado de amor por el Amado”, es decir “(siendo) cada vez más inflamado de amor por el Amado.”


Es un cambio sustancial, crucial. Como si, a lo largo del itinerario de amor, fuésemos tomados por el fuego de este mismo amor que “pasa al comando”. Ya no más nos consumimos de amor, sino que somos inflamados por el amor. Trayectoria de forma ninguna diferente de aquella propuesta por San Juan de la Cruz 5 que compara la llama viva del amor de Dios encendido en un alma, con una llama que la toma y se une a sí, dejándola sin otro dominio sobre sí misma a no ser desear dejarse quemar y unirse al fuego que la consume y con el cual se confunde. El Espíritu Santo no inspiraría dos cosas diferentes sobre un mismo asunto, aunque con 500 años de distancia histórica, ¿no es verdad? Repasando: hasta el número 6, estábamos llamados a consumirnos de amor incondicional a Jesucristo. A partir del número 7, estamos inflamados por el amor al Amado. Lo que era activo ahora es pasivo. Lo que tenía control sobre sí ahora es sólo entrega. Veamos:     

en el amor que cada vez más inflamado por el amor al Amado, lo busca solamente a Él. busca la voluntad de Él. busca los intereses de Él. busca la vida de Él. busca la obra de Él.

No hay más “yo”. Sólo hay Él. El Amor Esponsal Shalom, que tiene como primera característica el amor incondicional a Jesucristo – que se consume por él, que se olvida de sí, de su propia voluntad, intereses y vida – ya que dejándose inflamar completamente, pasa a ser el Amor Esponsal “tradicional”, de unidad al amor de Dios, con Él es una sola cosa, una sola voluntad, un solo interés, una sola vida, una sola acción. Es así que el Amor Esponsal Shalom, que se inicia y se inflama como amor incondicional se convierte en Amor Esponsal que se une al Esposo por el fuego de amor que actúa y se entrega. Estas palabras, en el “Amor Esponsal según el modelo Shalom”, serán cruciales para el entendimiento de este Escrito y de nuestra espiritualidad. Entregar la vida, consumir la vida, dejar inflamar la vida de amor. He aquí nuestro llamado, revelado no solamente en este Escrito, sino en el lenguaje de nuestro fundador, transparencia de su intuición, ventana para su alma.

CAPÍTULO VI

A Dios toda la gloria Después de haber acompañado la experiencia espiritual fundacional de Moysés con relación al Amor Esponsal en los cuatro primeros párrafos, llegamos, con alegría, a uno de los textos más conocidos y más bellos de este Escribo. El párrafo 5, conocido como el “Párrafo de la Primacía de la Gracia”, o el “Párrafo de la Misericordia”. 5. En su infinito amor el Padre quiso escoger almas esposas para Su Divino Hijo y para esto no escogió a las mejores, a las más bellas, sino, a fin de manifestar su gloria y su poder, resolvió escoger a las más pecadoras, a las más débiles, los vasos de arcilla, para ahí realizar Su gran obra. Toda la gloria le pertenece, así, a Aquel que en ellas todo realizó.

Elección de Amor En este párrafo riquísimo, el primer asunto del que Moysés habla es uno de los temas centrales de esta “Parte II”: el misterio de la libre elección de Dios por nosotros. En innumerables pasajes del Evangelio y de las cartas de Pablo y Pedro, queda clara esta misteriosa y misericordiosa elección de Dios, que elige y llama a quien quiere, como quiere y cuando quiere, en completa libertad de Su Señorío y Su Sabiduría. 6 Recuerdo todo lo que este misterio nos fascinaba al comienzo. Nuestras noches de consagración eran noches especiales, preparadas por retiros serios, en las cuales las mujeres iban de falda y los hombres con su mejor ropa como señal de gratitud, respeto y solemnidad por la conciencia de la elección de amor de parte de Dios. Muchos ni siquiera iban a trabajar. Era un día especial: el día en que cada uno, libre y alegremente, respondía su “´sí” a la elección misteriosa que el Padre había hecho por su alma, como se decía por esa época, para ser alma esposa de Jesús, su Hijo, es decir, para consagrase a Él: amarlo incondicionalmente y unirse a Él en amor de esposa, amarlo 5

En la época, no conocíamos profundamente a San Juan de la Cruz, lo que hicimos más tarde, por la paternal insistencia de Fray Patricio Sciadini. 6

Cf. Rom 11,5; 1Pe 1,2; 1Pe 2,9.


de forma incondicional y para siempre. Con la Tau nuevita al cuello, bromeábamos unos con otros diciendo algo como: “Felicitaciones, alma esposa”. La libre elección y amorosa de Dios estaba muy viva en nosotros, era causa de inmensa gratitud y alegría. Éramos elegidos y estábamos todos orgullosos y felices por eso.

Esposas para el Hijo El texto no trata solamente del amor gratuito de Dios. Evoca, también, la tradición judía milenaria según la cual el padre tenía por obligación procurar una esposa de su parentela para su hijo. Fue así que hicieron, entre otros, Abraham con Isaac y Tobit con Tobías. Como sabemos, las esposas escogidas se tornaban en “prometidas” y siendo de la misma raza y parentela, se destinaban a formar un pueblo nuevo, razón por la cual una eventual infertilidad, era señal de maldición de Dios. Indirectamente, Moysés compara al Padre del Cielo con patriarcas que buscan esposas ideales para sus hijos. Además de ser una referencia de los patriarcas del Antiguo Testamento, es también una referencia a varias Bodas de los Evangelios, que prefiguran o simbolizan la unión plena con Dios en el cielo: las Vírgenes Prudentes y las Bodas del Cordero, a las cuales Moysés se referirá directamente; los invitados para las Bodas; las Bodas de Canaa. Al leer este Escrito en unidad con Obra Nueva, veremos que el pueblo nuevo que Dios quiere formar, un pueblo para Su gloria, se inicia con la elección de estas almas esposas, conforme a la tradición bíblica. El Padre no busca esposas porque sí. Busca esposas para su Hijo, es decir, para “dar continuidad a su descendencia”, para formar este pueblo nuevo enraizado en la oración profunda, inflamado de amor por el Hijo, amándolo incondicionalmente. ¡Son estas las cualidades de las esposas buscadas para la fundación de un pueblo nuevo, que cantarán los hechos de Dios! De esta forma, mi hermano, mi hermana, tú y yo fuimos elegidos por el propio Padre, no para nosotros mismos, no por nosotros mismos, sino para dar origen a un pueblo nuevo en la Iglesia, para construir la civilización de amor soñada por Pablo VI y Juan Pablo II. Fuimos escogidos para generar un pueblo nuevo para abrir caminos con un nuevo e inflamado amor a Dios. Además de eso, nuestro fundador deja claro que el Padre quiso, decidió, resolvió, con un acto libre de Su voluntad, escoger. No somos fruto de la casualidad, fuimos intencionalmente creados con esta vocación, para esta esponsalidad, con la misión de formar este pueblo. No somos esposas de cualquiera. Somos esposas del Hijo de Dios. ¡El Padre del Cielo no nos escogió para unirnos a cualquiera, sino a Su Hijo y, en Él, a Sí mismo! ¡Eso no es poca cosa!

Las mejores y más bellas no fueron escogidas Cada vez que rezo con este texto, me viene la comparación con el pasaje de los invitados a las Bodas, que dieron disculpas diversas para no comparecer y el dueño de la casa, irritado, mandó a los siervos por los caminos a juntar a los cojos, lisiados, ciegos, mudos, sordos, enfermos, para que tomaran sus lugares en el banquete. 7 Lo que pasó con nosotros fue exactamente lo opuesto, no solamente de lo que piensa el mundo – que habría escogido a los mejores - ¡sino también de esta parábola! Dios no llamó primeramente a los más dignos, y a falta de estos, llamó a los estropeados. ¡Nada de eso! Lo que pasó con nosotros es exactamente el Shalom, la plenitud de la Salvación8; Dios escogió exacta y primeramente a los más débiles, a los más pecadores, los vasos de arcilla. Es que nuestro Esposo, en la plenitud de la salvación, es decir, como Shalom, vino exactamente para los enfermos que precisaban médico y los perdidos que precisaban de salvación. ¿Qué lógica habría en una vocación que anuncia y ministra la plenitud de la salvación que trajo el Mesías para ser formada por personas sanas y perfectas en su misión de salvar? ¿Salvar de qué? ¿Salvar a quienes no necesitan de salvación? ¿Cómo anunciar y ministrar la plenitud de la salvación si no la hemos experimentado primero? ¿Qué convicción vivencial nos dejaría satisfechos? Me parece que todavía no hemos entendido bien el artículo 1 de los Estatutos: “Al encontrar a los discípulos en el Cenáculo, Jesús Resucitado les dijo: “Paz a ustedes, o simplemente, Shalom! En Jesús, este saludo es una real comunicación de la Paz, es decir, de toda suerte de bendiciones espirituales y materiales, la felicidad perfecta que el Mesías nos trae. Y en fin, el anuncio y la donación de la salvación plena. Con facilidad se deduce de este texto que las almas esposas a quienes Jesús anuncia la paz son personas necesitadas de salvación plena y no llenas de ella.

7 8

Mt. 22,1-14 ECCSh 1.


Dios, el Padre del Esposo, nos creó Shalom. Es el hecho de haber sido creados Shalom por la misericordiosa elección de Dios no es una declaración de perfección. Muy por el contrario. Es una declaración de debilidad, pecado, fragilidad. Es sin embargo, garantía de misericordia: nuestra imperfección es la prueba de que fuimos escogidos por Dios. Dios, el Padre del Esposo, nos hizo Shalom desde siempre. Y esto es manifestación de su poder, ¡sinónimo de misericordia! Dios, el Padre del Esposo, que desde toda la eternidad había decidido comunicar al mundo el Carisma Shalom, nos moldeó personalmente, como Padre amoroso, y aunque, nos vea hermosos, sabe bien de qué material estamos hechos.

Dios tiene el derecho Dios me perdone, pero ya vi gente indignada, considerándose usada por Dios, en un raciocinio más o menos así: “¡Dios me crea malo así sólo para manifestar Su poder! ¡Esto es sadismo! Claro que esta persona no entendió nada. Leamos el texto: En su infinito amor el Padre quiso escoger almas esposas para Su Divino Hijo y para esto no escogió a las mejores, a las más bellas, sino que a fin de manifestar su gloria y su poder, resolvió escoger a las más pecadoras, a las más débiles, a los vasos de arcilla, para ahí realizar Su gran obra. Toda la gloria le pertenece, así, a Aquel que en ellas todo realizó. El Padre escoge por amor, para salvar. Dios no crea nada “malo”, nada “malo” Nosotros somos quienes escogemos estos caminos que nos apartan de Dios y que nos llevan a tener actos o pensamientos “malos”. El Padre, sin embargo, por amor escoge, exactamente, a los que están más necesitados. En primer lugar, es un derecho Suyo, escoger a quien quiera. En segundo lugar, a esta elección, la mueve Su Amor Divino. En tercer lugar, es la elección característica de nuestra vocación, el Shalom de la salvación plena. En cuarto lugar, nadie, a no ser Dios, es Bueno, Santo, Perfecto. En quinto lugar, esta elección, cuando es correspondida por nosotros, salva, santifica, sana, libera. ¡Seamos agradecidos a quien tanto nos ama! El párrafo 5 nos sirve de protección a través de los siglos. Si soy Shalom, no soy apenas pecador, sino que, entre los pecadores, soy el más pecador. Si el Padre me creó Shalom, no me creó apenas débil, sino el más débil. Este hecho es constitutivo de la identidad de mi vocación y, por lo tanto, de mi identidad. Si lo tomo en serio – como debo – estaré inmune a la vanidad, al orgullo, de pensar que soy yo el que hace las cosas. Meditaré, también, continuamente sobre la misericordia que Dios me tiene y no me dejaré morder por la siempre injusta vanidad. No hay dudas de que este párrafo es fruto de la experiencia personal, espiritual del fundador. Al recibir de Dios esta inspiración, hablaba, naturalmente, de todos nosotros. Dios ya lo preparaba para que no esperara grandes perfecciones en sus discípulos. Aunque, hablaba de sí mismo en primer lugar. Garantizo y atestiguo que aunque él sea el hombre humilde que yo conozco, nunca fue de hablar de humildad o de “hacerse el humilde”. Es del equipo de los que, humillados, se deja arrancar la barba pelo por pelo sin abrir la boca. 9 Simplemente reza. Al observarlo así, sólo podemos concluir que él sabe que es el más pecador, el más débil, el vaso de arcilla. Por eso, no se marea exigiendo derechos, porque sabe que Aquel que es infinitamente mayor que él abdicó de sus derechos por amor. 10 En estos 24 años su actitud fue siempre rezar y callar. Este es el equipo de los verdaderos humildes para el cual el Padre nos quiere reclutar. Tenemos, además de Jesús, a un maestro excepcional en nuestro fundador. Aprendamos de una vez por todas que las almas esposas son necesariamente, como el Esposo, humildes, humildísimas. Creo que sólo Dios sabe y nos puede convencer de cuán importante es eso. Una auténtica alma esposa es, entre otras cosas, humildísima como el Esposo. Vaciada de sí misma como Él, totalmente entregada al Padre como Él. Como él, Testigo de la Misericordia del Padre. Evangelizadora por la Misericordia, como Él. ¿No fue Él quien, voluntariamente, por amor a nosotros y amorosa obediencia al Padre se hizo el más débil entre los débiles? ¿No fue él quien asumió todos los pecados de la humanidad, convirtiéndose así, en la escoria, el maldito, alguien sobre quien pusieron todos los pecados de los más pecadores? ¿No fue él quien se hizo vaso de arcilla al unirse a nuestra carne, y después pasar por la pasión y muerte, rompiéndose, según los Padres de la Iglesia, y dejando escurrir su perfume? ¿Cómo un alma esposa, podría querer actuar o ser distinta del Esposo?

9

Is 53,7 Cf. Fl 2, 6ss.

10


CAPÍTULO VII

MINORIDAD Minoridad franciscana y minoridad Shalom Todos conocemos lo que se llama “minoridad franciscana”. Se basa en el siguiente fioretti: A San Francisco le gustaba contarle al Hermano León que Dios había recorrido toda la tierra buscando al más pecador de entre los hombres, y que habiendo encontrado a Francisco, lo había escogido para iniciar el Franciscanismo. De esta forma, no había el menor peligro de que alguien pensara que la Obra Franciscana era de él, sino que tendría la certeza de que era de Dios. Esta característica de la espiritualidad franciscana, sin duda, influyó a Moysés y tal vez haya influido los párrafos del 5 al 10, que podrían ser llamados “párrafos de la minoridad Shalom”. Sin embargo, en aquello que podríamos llamar “nuestra minoridad”, hay características que no encontramos en la de Francisco. Mira:     

Moysés no habla de que el Padre buscaba a cualquier persona, sino esposas para Su Divino Hijo, y esto es una gran diferencia, como acabamos de ver. El Padre no busca uno sólo que sea el peor, el menor, sino a todo un grupo de personas con estas características. Lo que motiva al Padre y le hace querer encontrar a las almas son los esponsales de su Hijo. El Padre escoge a estas almas para salvarlas, para santificarlas ante la consecuencia de amor y gratitud de ellas en relación a él. La gloria y el poder del Padre, manifestados en la elección de los peores, es exactamente la plenitud de la salvación, el Shalom al que fuimos llamados a manifestar al mundo. No era este el caso de Francisco, que relacionaba su elección en que no quedarse la menor duda de la Obra sería de Dios.

Si queremos un punto en común, sobre el planteamiento de Francisco y el de Moysés, este será sin dudas, la convicción de todos – inclusive de ellos – de que la Obra es de Dios y no de ellos o nuestra. Este famoso párrafo tiene varios rasgos de una experiencia personal profunda de pequeñez, de minoridad. Creo que, sin esta experiencia de vaciamiento, de minoridad, especialmente si tenemos en cuenta el contexto familiar, Moysés no tenía como haber fundado Shalom, ni haber aprendido y vivido nuestra espiritualidad como experiencia personal de fundación para transmitirla. De la forma como son las cosas, solo podemos escucharlo rezar, sincero: “¡A ti, Padre, toda la alabanza! ¡A ti, toda la gloria! ¡Tú lo haces todo! ¡Todo es Tuyo! ¡Todo viene de Ti! ¡Esta Obra es tuya, Padre! ¡Esta vocación es Tuya! ¡Este pueblo es Tuyo, Padre de amor y de bondad! y decir un sincero y aliviado “Amén”. La minoridad, sin embargo, no es más que un camino, una declaración, una metáfora. Lo que hace que un alma sea esposa de Jesús, como vimos, no es su minoridad, sino su absoluto convencimiento de esta, por la vivencia de la humildad.

El Caso especial de los Vasos de Arcilla La riqueza del simbolismo de los vasos de arcilla es tan rica en las Sagradas Escrituras y tan importante para entender el párrafo 5 que nos detendremos un poco más en el asunto. Algunas características de los vasos de arcilla en la Palabra nos ayudan a entender mejor quienes somos. No solamente vasos de arcilla, sino vasos de arcilla Shalom. En nuestro texto, la expresión se refiere, naturalmente a la fragilidad de las almas esposas, no a su pecado. Somos débiles, pero de una debilidad “especial”. Somos débiles como vasos de arcilla, que humildemente se abandonan a lo que Dios quiera hacer de ellos. ¿Qué vasos son estos según la Palabra?   

11

Son hechos por las manos del alfarero, al cual el mismo Dios se compara en varios pasajes. Tienen tan poco valor que, en el caso de que no salgan conforme a lo que desea el alfarero, se rompen y los trozos se tiran sin pena o pérdida.11 Serán vendidos al montón y a precios bajísimos en los mercados populares.

Jr 8,4 (ESTA REFERENCIA ES INCORRECTA ¿SERÁ Jr 13,14?)


Servirán tanto para uso noble (guardar documentos, escritos, tesoros, dinero, aceite, agua) como para usos menos nobles (como orinales, por ejemplo). Su uso dependerá completamente de la decisión de su propietario.  San Pablo hace una comparación a la cual Moysés alude directamente. Somos vasos de arcilla que guardan el precioso tesoro de la salvación plena, el Shalom. 12 La principal característica de los vasos de arcilla, como te habrás dado cuenta, en este y otros ejemplos conocidos, es su “disposición” a cualquier tipo de servicio y a cualquier duración del mismo. En este sentido, se pueden comparar al siervo inútil del Evangelio, que no hace más que su obligación, sirviendo al Señor como Él desea y no conforme a su nobleza, belleza, atributos o voluntad. Su principal característica es la humildad. Por eso sirven para todo: son humildes. 

Ahí Otra vez Moysés será específico en su vocabulario y escogerá nuevamente el adverbio “ahí” – ¡esta vez, gracias a Dios, refiriéndose a un solo sujeto! No dice que el Padre escoge a las almas más débiles para a través de ellas realizar su gran obra. Esto las haría correr el riesgo de pensar que la obra es de ellas y no serían más almas esposas. ¡Se estropearía todo! Lo que él afirma es que el Padre las escogió para ahí realizar su gran obra. El sentido no es que los vasos de arcilla van a ser transformados por Dios en sofisticados y valiosos vasos de porcelana o alabastro. Seguirán siendo vasos de arcilla, cada vez más gastados y agrietados. Abrigando en su interior, sin embargo, unido a ellos a través del Amor Esponsal y a través de su debilidad y poco valor, a Él, el tesoro que en estos habita (ahí), que realiza su gran obra. Nuestro fundador se refiere, naturalmente a la Obra que viene anunciando desde el Escrito precedente. Una obra nueva, la formación de un pueblo nuevo, de una obra completamente realizada por Dios a pesar de nuestras debilidades, por Su mera presencia en nosotros y la acción radical, amorosa, llena de parresia que realiza porque está unido a nosotros y nosotros a Él. Otra vez queda bien claro y explícito: la Obra es de Dios, el trabajo es de Dios, la primacía es de la gracia de Dios, la gloria es de Él, invisible y Rey de la Gloria, no de los débiles vasos visibles y sin valor. ¡Cuando meditamos sobre eso, queda muchísimo más evidente la misericordia de Dios para con nosotros! ¡Dios no precisa de nosotros! ¡Lo que hace, al escogernos, no es usarnos, es amarnos!

El dueño de la gloria 1984. No llegábamos a 50 personas. Nuestra organización era ínfima. Las finanzas frágiles, las deudas, muchas. Se acumulaban las críticas, juicios, incomprensiones, desde afuera se pronosticaba el fracaso de la comunidad que nacía. El fundador, mientras tanto, en su fe incomparable, veía lo que nadie presentía, pensaba diferente de nuestros no pocos críticos, preveía una gran obra, una obra nueva, una obra de Dios. Vislumbraba una obra que daría gloria a Dios, a la cual ya se referirá en el Histórico. 13 Una Obra cuya gloria no pertenecería a los hombres, porque los sobrepasaría. El mismo Moysés muchas veces nos dijo, con convicción y asombro en los ojos: “Nuestra misión es mayor que nosotros. ¡Nuestra misión nos sobrepasa!” La gloria no le pertenece a los vasos de arcilla. La gloria le pertenece siempre, a Dios. Y Dios es, siempre amorosa gloria.

La Primacía de la Gracia Otro dato de nuestra espiritualidad explícito en el párrafo 5 es la Primacía de la Gracia. En Obra Nueva, en otro aspecto, más ligado a la ascesis, esta Primacía es, ya se insinúa. La gracia tiene la primacía en la espiritualidad, en la vocación y en la comunidad Shalom. No son nuestros méritos, ni nuestras fuerzas, ni nuestras decisiones, mucho menos nuestra inteligencia, capacidad, virtudes o santidad. Somos débiles vasos de arcilla. La gracia de Dios, sin embargo, todo lo puede. La gracia tiene primacía sobre todo lo que somos, tenemos, sabemos o pensamos. La gracia viene en primer lugar. Viene antes que cualquier otra cosa, antes de nosotros mismos, de nuestra voluntad o planes. La primacía de la gracia está intrínsecamente ligada a la minoridad y a la absoluta necesidad de humildad en nuestra vocación. Somos los menores, somos los peores. Y nuestro Esposo es la Perfección. Él es la fuente de la 12 13

II Cl 4,7 ¿?? Histórico 6.


gracia, Él nos da, misericordiosamente, toda gracia. Cuanto menores, cuanto más humildes e indefensos, más la gracia actuará en nosotros, como enseña Santa Teresita. Cuánto más entregados, más libremente la gracia podrá fluir. Cuánto más abandonados, más esta ganará espacio, cuánto más de Dios seamos, más El será nuestro. Cuánto menos queramos realizar nuestra propia obra, más Él podrá realizar la Suya. ¿No sería este el perfil de las decisiones y actitudes de Moysés ante tantísimas situaciones que vivimos en estos 24 años? La minoridad en nuestra vocación no está unida a un complejo de inferioridad, ni a un conformismo con el pecado. Está unida a la humildad, a la primacía de la gracia y a la gloria de Dios. Aunque comiencen a ser descritas en Obra Nueva, ganan, en Amor Esponsal, por así decir “derechos de esposa”. La minoridad es una de nuestras formas de unirnos al Rey de la Gloria, al Esposo de la Gloria y decir: tuya es la gracia. ¡Actúa! Tuyo es el poder, ¡úsalo como quieras! Tuyos somos nosotros, haz de nosotros lo que quieras, como el alfarero con el vaso de arcilla. ¡Qué diferente es todo esto, de algunas interpretaciones que a lo largo de los años, se le fue dando a este pasaje! ¡Qué hermoso es ver, finalmente, que cuando somos débiles es cuando somos fuertes 14, cuando vacíos, llenos, cuando menores y peores los más aptos para reflejar la gloria de Dios, que vivimos para implantar! 15 Es la primacía de la gracia, el reconocimiento del incomparable poder divino, el Amor Esponsal de la nada que desea unirse al Todo por amor a Él, para Su gloria. Para eso damos nuestras vidas, para eso fuimos elegidas almas esposas: para la gloria de nuestro Esposo, no para la nuestra. Para Su alegría, que es también la nuestra. Para que el mundo reconozca Su grandeza y vea nuestra pequeñez proclamar la Primacía de la Gracia, de la Gloria de Dios. La Gracia de Dios que todo vence, la Gracia en la que podemos confiar, la Gracia que es nuestra salvación. Es con esta Gracia que contamos y contaremos siempre.

Gracia y Misericordia Vemos entonces, que se necesitaría entonces, de un libro entero para hablar de la Primacía de la Gracia en nuestra vocación. Necesitaríamos también, de mucho, mucho espacio para contar las innumerables veces en las que vimos a nuestro fundador jugarse, y diríamos, hasta alocadamente, en los brazos de la gracia de Dios, movido por la fe. Sí, porque sin la fe, no se abren las puertas de la gracia. Dios dará otras oportunidades para estudiar más esta característica de la identidad de nuestra vocación. Mientras tanto, estas pequeñas pinceladas y el testimonio apabullante de la acción de la fe y de la gracia en la vida del fundador y en nuestra historia, unidos con el secreto de la “minoridad shalom”, nos enseñan que, para nosotros, gracia, gloria y misericordia se confunden. Para nosotros, Shalom, la Primacía de la Gracia significa más que la primacía del poder, más que la primacía de la intervención milagrosa de Dios. Significa la primacía de la misericordia. Esto se ve en el espíritu de nuestro fundador, a lo largo de los años cada vez más sumergido en este misterio del “Padre de Amor y de Bondad” y de “Nuestro Señor Jesucristo”. Eso se ve en muchos de nosotros. Se precisa, no obstante, crecer cada vez más para hacerse visible en todos. Si evangelizamos el siglo XXI, según Juan Pablo II, es por la Misericordia, por la Primacía de la Misericordia que lo evangelizamos. Esto ni siquiera se comprende si no suplicamos de Dios la gracia de la humildad, si no estamos profundamente convencidos de que somos, de hecho, los menores, los peores, los más pecadores, los vasos de arcilla. Si hay un aspecto de la vocación que es absolutamente imprescindible vivir, este es, sin dudas, el espíritu de los párrafos 5 al 10 en toda su profundidad. Esto significa “pelea fea” contra el orgullo durante toda nuestra vida, pero, si nos “posesionamos” de la minoridad que nos fue garantizada por gracia, significa victoria segura, a través, posiblemente, de las humillaciones que genera la humildad, pero también la victoria. Para gloria de la Trinidad.

CAPÍTULO VIII

El secreto para ser los menores 14 15

Cf 2Cor 12,10 Histórico 6 y 7.


Como un cazador en busca de un tesoro, leíamos los próximos cuatro párrafos cavando nuestro: espiritualidad Shalom, ¿cuál es el secreto para ser, realmente pequeños?

“Según la

6. Llamados como fuimos a tener nuestras almas escogidas para ser esposas del Señor, precisamos reconocer que somos los menores, los más débiles, los más pecadores, miserables, hasta, y que ningún mérito poseemos por nosotros mismos. Nuestro lugar es el de la Pecadora y el de María de Betania – a los pies de Aquel que tanto nos amó y escogió movido únicamente por su inmensa Misericordia. 7. No es difícil percibir esta realidad. Basta con mirar de donde nos sacó el Señor cuando tocó nuestras almas y nos llamó para seguirlo, y reconocer en nuestro día a día nuestra total incapacidad, por nosotros mismos, de ser fieles a su voz. 8. ¡Como contrasta esta realidad con Su amor eterno y paciente para cada uno de nosotros, con Su misericordia extendiéndose a lo largo de nuestras vidas, con Su amor y Su elección irrevocable por nuestros corazones! ¡Qué hacer, oh Señor, sino amarte perdidamente! ¡Entregarnos a Ti, con toda nuestra debilidad y, a pesar de ella, consumirnos de amor por Ti y ser siervos de Tu Reino! Si leíste con cuidado, buscando, en oración, el secreto para nuestra minoridad, lo habrás encontrado, seguramente.

Reconocimiento y Gratitud Estas dos palabras no son, ni de lejos, sinónimos en este contexto. El reconocimiento es de quien nosotros somos. La gratitud es por haber sido escogidos por el Señor a pesar de ser quienes somos. Sigamos la ruta propuesta por el fundador: Párrafo 5 – El Padre elige esposas para su Divino Hijo y no elige a las mejores o a las más bellas, sino lo contrario. Párrafo 5 – El Padre precisa de almas humildes para unirse a su Hijo. Párrafo 6 – La Esposa escucha el llamado, reconoce la grandeza de su elección, su vocación y observa su pequeñez. Crece todavía más en humildad. Párrafo 7 – Además de reconocer su pequeñez e inutilidad, la esposa reconoce también su incapacidad para por lo menos ser fiel al llamado. Un paso más para la humildad. Párrafo 8 – Se repite el sentimiento de Francisco: “¡Quien eres Tú, Señor, y quien soy yo!” y su angustia: ¿cómo corresponder? Este es, finalmente, el sentimiento de fondo de los humildes: ¿Cómo corresponder al amor de Dios? Párrafo 9 – Gratitud es la respuesta de amor de las almas esposas, las almas humildes. Párrafo 10 – Se cierra el cielo: el Espíritu Santo y sólo él puede impulsar al Amor Esponsal a nuestras almas, oraciones, corazones. ¡Sólo Él puede cambiar al orgullo en humildad y prepararnos para las Bodas!

Reconocimiento Reconocimiento de que somos los menores, los más débiles, los más pecadores, miserables, hasta que ningún mérito poseemos por nosotros mismos. Esto, hermano, era un verdadero disparate, un escándalo, una afirmación insana para el pensamiento de los años 80. Fuera por adhesión a la idea del hombre “intrínsecamente bueno” de Carl Rogers, fuera por el retorno filosófico al beau-sauvage como fruto de una mala interpretación o aplicación inadecuada del Vaticano II, fuera por la moral secularizada que comenzaba a imponerse, alguien, en sana consciencia, se reconocía pequeño, débil, miserable o sin mérito era sinónimo de medievalismo enfermo que no combinaba en nada con el “Jesucristo Superstar” que se intentaba pasar para los jóvenes o el “Cristo Che Guevara” propuesto a los más politizados. Si hoy, después de tantos años de vocación, con las correcciones de rumbo hechas por Juan Pablo II, una de nuestras mayores dificultades personales y comunitarias reside exactamente en este reconocimiento sincero y feliz de que somos los menores, los más débiles, los más pecadores, los miserables y sin ningún mérito por nosotros mismos, ¡imagina lo que significaban estas palabras y la mera propuesta de este reconocimiento en aquella época! Bastaría coraje de invitar a este reconocimiento para comprobar que aquel joven de 25 años o era


un loco retrógrado o alguien con coraje suficiente para ir en contra de la corriente del pensamiento de los hombres y hablar en nombre de Dios.

Gratitud La gratitud y la humildad se suponen. El orgulloso, el vanidoso, sólo sabe agradecerse a sí mismo, aunque se apellide Dios. El humilde sabe exclamar: ¡Qué hacer, oh Señor, sino amarte perdidamente! ¿Entregarnos a Ti con todas nuestras flaquezas, y a pesar de eso, consumirnos de amor por Ti y ser siervos de Tu Reino? Con todo el respeto que te debo, hermano querido, por lo que hemos estudiado hasta ahora, a mi ver, nuestra falta de entusiasmo, gracia, fuego, entrega, parresia, Amor Esponsal, viene del hecho de no adherirnos a la siguiente frase del párrafo 7: No es difícil percibir esta realidad. Basta mirar de dónde nos sacó el Señor cuanto tocó a nuestras almas y nos llamó para seguirLo. Sinceramente, sincerísimamente, ¿será que conseguimos divisar de donde nos sacó el Señor cuando tocó nuestras almas y nos llamó para seguirlo? ¿Será que no hicimos muchos de nosotros, una “caminata automática”, seminario de vida, grupo de oración, vocacional, comunidad y ya no recordamos de dónde nos sacó el Señor? ¿Podría ser que algunos de nosotros hasta nos considerábamos “buenitos”, sin grandes problemas, sin hacer un infierno la vida de otro? Moysés afirma, con toda razón, que la gratitud nacerá cuando percibamos de donde nos sacó el Señor. ¿Pero, será que lo vemos? O, por otro lado, ¿será que Él realmente nos sacó de una situación espiritual peligrosa, desagradable, o continuamos en ella? ¿Nos sentimos salvos por Él al punto de entregarnos en gratitud? ¿Y en cuanto a la incapacidad de ser fieles a Su voz, por nosotros mismos? ¿Tenemos tiempo para detenernos, orar, hacer un examen de consciencia y reconocer esta incapacidad? En una palabra, ¿será que nos sentimos pecadores? ¿Será que tenemos consciencia de que somos pecadores, los más pecadores? No es difícil concluir que también el párrafo 7 es fruto de una experiencia espiritual personal del fundador, que marcó su alma para siempre y que, por la transmisión del Carisma y por ser intrínseco a la identidad del mismo, debe ser, igualmente, una experiencia nuestra, da cada uno de nosotros, sus discípulos? Supliquemos, con coraje, al señor, esta experiencia concreta esta consciencia de nuestra miseria, pecado, pequeñez, flaqueza. Es el único camino para crecer en humildad. El único camino para reconocer quiénes somos y quien es Dios. El único camino para unirnos al Humildísimo a través del Amor Esponsal.

CAPÍTULO IX

El secreto de los secretos ¿Has tenido la sensación de aproximarte inexorablemente a algo que preferirías evitar? Pues esta es la sensación que tengo al llegar a este capítulo. Dios va empujando, el Escrito va empujando, la oración va empujando, y de tantos empujones, haces lo que tienes que hacer, lo que Dios quiere – ¡te espera! – o todo lo que hizo muere y pierde el sentido. Fue así que llegamos al “secreto de los secretos” para ser realmente pequeño, miserable, vaso de arcilla. Lo mejor, no solamente para ser, sino para transponer la mayor de las barreras: ¡querer ser, determinarse a ser! ¿Por qué, mi Dios, por qué, por qué, aún con tanta evidencia de todos los beneficios eternos que esto nos trae, no queremos, o queremos, pero nos resistimos a ser pequeños? ¿Por qué nos incomodan tanto los párrafos 5 al 10 del escrito Amor Esponsal? ¿Por qué a veces, ni siquiera los entendemos adecuadamente? Responder que es el pecado, el orgullo, la soberbia, la altivez, el amor exagerado a uno mismo, el apego a la propia imagen, a mí ver, es la respuesta completa. Es apenas la más fácil. La respuesta más completa – ¡y más dolorosa! – es: porque todavía no amamos a Jesús como deberíamos amarlo. ¡Vamos! Vamos a respirar profundo y retomar el párrafo 10 que aparentemente, solo apenas aparentemente, cierra el ciclo de la segunda parte: 10. Nuestro amor, sin embargo, es imperfecto. ¿Cómo responder a este sublime llamado? Solamente clamando al Espíritu de Amor para que inflame nuestras almas y nos impulse a este Amor Infinito. A nuestro clamor este Espíritu vendrá e impulsará nuestras almas, nuestras oraciones, nuestros corazones.


Como se dice en lenguaje popular, Moysés (“não conta pitaco”) . Va derecho al asunto. El amor de Dios es Perfecto e Infinito. Nuestro amor es imperfecto. Es esta nuestra primera clave de lectura. Mira bien: •

Estamos llamados a ser almas esposas.

Para eso, necesitamos reconocer que somos los menores, los peores, los más débiles, los más pecadores, los miserables, los sin mérito.

Según Moysés, para convencernos de quienes somos, bastaría vernos de donde nos sacó el Señor, pero la evidencia muestra que muy pocos somos capaces de hacer eso, por lo menos por más de veinticuatro horas.

Realmente, el problema es que no amamos a Jesús lo suficiente como para desear ser muy, muy pequeños. Nuestro amor es imperfecto. Precisamos del Espíritu de Amor para inflamar a nuestras almas y que nos impulse a este Amor Infinito. A nuestro clamor sincero, garantiza el fundador – ¡y es verdad! – Él vendrá. En el primer párrafo de este escrito, nuestro fundador pide que clamemos al Espíritu Santo. Aquí, pide que clamemos al Espíritu de Amor. Naturalmente, es el mismo Espíritu, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, cuando lo invocamos como Espíritu de Amor, lo invocamos como el Amor de la Trinidad, como el único que nos puede hacer desear vaciarnos de nosotros mismos y ser pequeños, los menores, los ínfimos, por amor a Jesús.

El secreto de la Kénosis de Amor Conocemos hasta el hartazgo, que las relaciones entre las Personas de la Trinidad se basan en vaciarse completamente de sí (la kenosis) y acoger a la otra Persona completamente 16. Sabemos también, que eso es obra del Espíritu de Amor. Es Él, el Amor de la Trinidad, que hace que el Padre se vacíe completamente de sí en el Hijo y el Hijo, acogiendo al Padre, se entrega completamente a él, en alabanza y sin reservas. Es este el Espíritu de Amor que debemos invocar si queremos desear ser pequeños y serlo de hecho. Fue este Espíritu de Amor que llevó a Jesús a asumir nuestra naturaleza, nuestro pecado y nuestra muerte, uniéndose a nosotros en todo lo que nos separaba de Dios. Nuestro Esposo se vació completamente de su divinidad y de su humanidad. Se sobrecargó, como dice San Pablo, con nuestros pecados, murió nuestra muerte, asumió nuestra naturaleza, descendió a los infiernos que nos estaba reservado. “Asumió nuestro destino concreto con el sufrimiento, la muerte, el infierno, en solidaridad con todos los hombres 17”. ¿No es extraño que, habiendo asumido el Esposo, nuestras flaquezas, pequeñez, miseria, no-méritos, vasos de arcilla, pecado, minoridad, nosotros nos resistamos en asumirlos? ¿No es extraño que resistamos a lo que es obvio: para ser almas esposas del Vaciado necesitamos – ¡y es una necesidad de amor! – unirnos a Él a través de este mismo vaciamiento, esta kenosis de nosotros mismos, inflamados e impulsados por el mismo Espíritu de Amor, por amor a Él? A veces, examinando mi propia consciencia, tengo la terrible sensación de que no conozco mi pecado lo suficiente, como para ver hasta qué punto mi Esposo se abajó. Mientras no perciba el tamaño de mi pecado, no voy a contemplar y unirme amorosamente a la amplitud del vaciamiento de mi Esposo. Mientras que considere que el homicida más sanguinario y frío, recluido en la prisión de máxima seguridad es más pecador que yo, no podré contemplar el vaciamiento del Esposo, y con Él, el de la Trinidad, a mi favor y a favor de toda la humanidad. Por otra parte, sé que sólo “conoceré” desde que “altura” se abajó el Esposo cuando viene, a un mismo tiempo, al abismo de mi pecado, a la perfección de Su Amor y a la gloria de la que se vació en cuanto “Verbo” para que a través de su obediencia hasta el sacrificio de sí mismo, vuelva a recibir del Padre la gloria como Cordero. Mientras eso no suceda, obviamente, tampoco yo no conseguiré unirme, maravillada, a este acto supremo de amor que se concretiza en la Cruz y en la Resurrección. Me aferro alegremente al Resucitado, de Jn 20, sin siquiera darme cuenta que Él pasó por la Cruz. Voy a querer unirme al Resucitado, sin que yo misma pase por la kenosis total de la cruz. Jamás, jamás lo conseguiré. El camino del Amor Esponsal al Resucitado que pasó por la Cruz pasa, como el Esposo, por todo, de la kenosis de la Encarnación a la kenosis de la Cruz y “re-glorificación” de él y nuestra – de la Resurrección, hasta los esponsales con el Cordero. 16

Como estamos hablando “en familia” y sin ninguna pretensión, solo para comprender mejor nuestro llamado sublime, evitaremos usar términos “técnicos” sobre la Trinidad. 17 Balthasar, Urs Von, Paques, Le Mystère – pág. 23.


Nuestro amor es imperfecto, dice Moysés. Para que sea perfecto, precisa de todo el auxilio del Espíritu de Amor, Aquel que, en la Trinidad, es el inflamador e impulsor de la kenosis. Aquel que abre nuestros ojos para que veamos y comprendamos al Verbo, luz del mundo, como Él realmente es y no como queremos que sea. Para ser perfecto – ¡sorpréndete! – nuestro amor precisa ser totalmente vaciado de sí por el Espíritu de Amor, como es el de Jesús, como es el del Padre, como es el del propio Espíritu. Jesús nunca vivió fuera de este contexto trinitario 18 Preciso suplicar al Espíritu de Amor: “Vacíame del amor humano, imperfecto, y lléname del amor divino, perfecto. Haz esto mismo que me rebele, aunque mi carne grite, aunque blasfeme, aunque me sienta morir. Vacíame de mi amor humano que en su imperfección, incluye, necesariamente, un amor a mí mismo tan tremendo, inmenso y sutil que no consigo verlo, que se hace mayor que la Cruz de Cristo, que se torna mayor que la Verdad, que asfixia a la kenosis amorosa del Verbo, la entrega incondicional del Esposo. Ah, Santo Espíritu de Amor, ¡sálvame! No permitas que yo sea alma esposa sólo de la boca para afuera. No permitas que rechace vaciarme de mi mismo por amor a Jesús. ¡No permitas que no quiera ser el menor, el más miserable, el más pecador, el más débil, el vaso de arcilla! Rechazar eso, sería rechazar la identificación más visceral con Aquel que se hizo todo eso para que Shalom, la plenitud de la salvación fuese ministrada, por su Misterio, al mundo. ¿Cómo puedo ser tan duro, Espíritu de Amor, como puedo ser tan auto-suficiente, tan enamorado de mí mismo que todavía pretenda ser Shalom sin abrazar la Kénosis del Esposo, y en él, la de la Trinidad, que trajo al mundo la salvación plena? ¿Cómo puedo querer ser Shalom negando lo esencial de la esponsalidad a Jesucristo, que se vació de su grandeza y de quien el Padre y el Espíritu se vaciaron en la Encarnación, Pasión y Cruz a favor nuestro? ¿Entiendes? Si el Verbo no se hace nada, no hay salvación, no hay Shalom. Si la Esposa del Verbo no se hace nada, no hay Shalom. ¡Así de simple! Sin la Kénosis del Verbo, sin su Kénosis en la Encarnación, asumiendo nuestra nada; sin su Kénosis en la Cruz, matando en sí mismo nuestro pecado; sin la devolución de la gloria, por el Padre, en la Resurrección, no existiría Shalom. Querer ser Shalom y no querer ser pequeño como dicen los párrafos del 5 al 10, es un gran y lamentable engaño. Craso error, fantasía espiritual. La pérdida del primero, el primerísimo escalón para la plenitud de la salvación que se llama Shalom 19, a cuya vivencia fuimos llamados, no como espectadores, no como operarios, sino como almas esposas, unidas en todo al Esposo. Nuestro amor es, todavía, imperfecto. No entendemos todavía lo que la Trinidad hizo por nosotros. No entendemos todavía lo que el Hijo hizo por nosotros. No entendemos todavía a qué Amor fuimos llamados. No entendemos todavía que es la salvación. No entendemos todavía que es desear, con todas nuestras fuerzas, por el poder del Espíritu Santo, participar mística y concretamente, del mismo vaciamiento, de la misma kénosis del Esposo. Como todavía no entendemos – y esto es gracia dada en la oración – todavía no lo deseamos con todas nuestras fuerzas, de todo corazón y con toda la voluntad. Nuestro amor, todavía, es imperfecto. Por eso, no deseamos ser pequeños, por eso no entendemos los párrafos 5 al 10. Por esto necesitamos del Amor Divino para vivir plenamente nuestra vocación. ¡Qué clamemos con todas nuestras fuerzas! ¡Qué, a nuestro clamor, el Espíritu de Amor inflame nuestras almas y nos impulse a este Amor Infinito y Perfecto! ¡Qué deseemos, como el Esposo, por puro amor, ser los más débiles, miserables! Que al igual como nuestro Esposo crucificado fue reconocido como “maldito” por la ley judía, deseemos ardientemente ser, por lo menos, “miserables” por la Ley del Amor, para que, por lo menos muy imperfectamente nos asemejemos, aunque sea un poquito, a Él.

CAPÍTULO X

El consejo de Benedicto XVI Reconocimiento y gratitud siguen siendo dos secretos dados por nuestro fundador para inflamarnos del Amor Esponsal. El amor a sí mismo y el deseo de ser grande, o la resistencia de querer ser y hacerse pequeño, es el mayor bloqueo para ambos. Pido perdón por insistir, pero como soy “así, de esta forma” tal vez alguien más lo sea. Por eso me aventuro a decir brevemente sobre el Escrito en sí y hablar un poco sobre el camino ofrecido por Benedicto XVI. 18

Sería necesario que hoy, después de largas experiencias en la historia de la teología, intentar hacer una profundización teológica auténtica de los misterios particulares de la salvación en su carácter concreto y encarnado, antes que nada, sin perder de vista el contexto trinitario, y en él la obra de Jesús – sin perder de vista las relaciones en el seno de la Trinidad que definen su persona. (Urs. Von Balthassar, Pâques, le Mystère – pág. 46) 19 ECCSh 1.


Para aquellas personas que insisten en desposar al Resucitado y olvidar su kénosis en la Cruz, el Santo Padre da un camino muy cercano, diría, hasta complementario, a nuestro Jn 20,19ss: el camino de la contemplación del Traspasado. Como nuestro fundador, insiste que es desde la contemplación del lado abierto de Cristo que brota el amor que se nos da como don. Leamos: 7. (…) Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto —como nos dice el Señor— que el hombre puede convertirse en fuente de la que manan ríos de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19, 34). 20 El texto citado por Benedicto XVI nos dice: Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. (Jn 19,31-34) Uniendo al Santo Padre con nuestro fundador, que dicen la misma cosa a partir de textos diferentes, quedo pensando si no nos ayudaría en nuestro difícil proceso de kénosis, contemplar a Aquel que traspasamos y su don de amor, su don de sí mismo, su don de la Iglesia, su don de los sacramentos de nuestra salvación. Al verter sangre y agua, según los Padres de la Iglesia, Jesús se vacía al máximo imaginable y entrega su Espíritu Santo, el mismo Espíritu de Amor que nos enseñará a desear y ser pequeños. Según los Padres, es el Vaso que se rompe y derrama sobre toda la humanidad de todos los tiempos su Espíritu Santo. Contemplar esta realidad, según Benedicto XVI, es recibir el amor en don. ¡Dios sabe cuánto necesitamos de este Don que incluye en sí mismo a la Trinidad entera y que nos impulsará al Amor Esponsal, que transformará nuestro amor imperfecto en amor más parecido con el del Esposo! Personalmente, me hace un bien inmenso contemplar Jn 19,34, y después Jn 20,19. Aunque no sea ejemplo de amor para nadie, voy comprendiendo poco a poco la conexión entre la kénosis del traspasamiento y la kénosis del Resucitado que pasó por la Cruz. Benedicto XVI nos ayuda a unir todavía mejor estos dos momentos y a entender lo que quiere decir nuestro fundador cuando dice que en la llaga gloriosa del costado de Jesús contemplamos la intimidad de la Trinidad. Mira lo que nos dice el Santo Padre: 19. « Ves la Trinidad si ves el amor», escribió san Agustín. (11) En las reflexiones precedentes hemos podido fijar nuestra mirada sobre el Traspasado (cf. Jn 19, 37; Za 12, 10), reconociendo el designio del Padre que, movido por el amor (cf. Jn 3, 16), ha enviado el Hijo unigénito al mundo para redimir al hombre. Al morir en la cruz —como narra el evangelista—, Jesús « entregó el espíritu » (cf. Jn 19, 30), preludio del don del Espíritu Santo que otorgaría después de su resurrección (cf. Jn 20, 22). Se cumpliría así la promesa de los « torrentes de agua viva » que, por la efusión del Espíritu, manarían de las entrañas de los creyentes (cf. Jn 7, 38-39). En efecto, el Espíritu es esa potencia interior que armoniza su corazón con el corazón de Cristo (…) 21 Al contemplar la muerte y el traspasamiento de Cristo, contemplamos, como comenta Raniero Cantalamessa, en Vida bajo el Señorío de Cristo, la kénosis de la Trinidad: el Padre que entrega al Hijo a la muerte a manos de los hombres, el Hijo que, además de hacer la entrega de sí mismo, “entrega Su Espíritu”, hace su kénosis del Espíritu de Amor sobre toda la humanidad. Esta kénosis se torna visible en la sangre y agua que brotan de su costado. En Jn 20,19, contemplamos, otra vez más, la intimidad de las relaciones trinitarias, relaciones de la más perfecta Caridad. El Padre hace la kénosis del Hijo Resucitado, sentado a su derecha, en la gloria que le devolviera después de su kénosis de la encarnación a la cruz. El Hijo, que hace su kénosis de la intimidad trinitaria y se da a los discípulos y a Tomás en su cuerpo resucitado y glorioso, y da Su Espíritu a los discípulos, ordenándoles hacer la kénosis que Él mismo hizo:”Así como el Padre me envió, yo los envío.”: Vacíos de sí mismos, llenos del Espíritu Santo, llenos de Amor Esponsal y parresia fueron enviados al mundo. Dos kénosis de amor de la Trinidad, ambas contempladas apenas por Juan pero probablemente también por María y María de Magdala. Dos maneras de contemplar la caridad, la intimidad de las relaciones de la Trinidad, “viendo la caridad, viendo la Trinidad”. Dos formas de suplicar al Espíritu de Amor que transforme nuestro amor 20 Dios es Amor 7 21 Dios es Amor 19.


imperfecto en Amor Infinito, según el modelo de las relaciones de la Trinidad que contemplamos y que se resume en Kénosis. Abrazaremos, entonces, al Resucitado que pasó por la cruz, en la cual, en este texto bellísimo de Benedicto XVI… (…) En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: - esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, de lo que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta Encíclica: « Dios es amor » (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar. Que el Espíritu Santo de Amor opere eso en nosotros. Qué Él nos ayude a volvernos contra nosotros mismos para decretar la muerte de nuestro amor propio. Qué Él nos ayude a entregarnos completamente y comprender, según la mente y el corazón de Cristo y de la Trinidad, que por más que la Encarnación haya sido destinada a la muerte de Cruz, es la cruz la que nos salva. Por más que el Resucitado sea bello para ser anunciado y contemplado, es de la Cruz que nos viene el Amor Esponsal. Nuestro Esposo, el Resucitado que pasó por la Cruz y allí nos enseñó la radicalidad del amor kénosis que vive en el relacionamiento de la Trinidad.

CAPÍTULO XI

EL CASO DE SEIS MUJERES Y DE DOS HOMBRES Nuestra trayectoria histórica de Amor Esponsal pasa por seis mujeres. Dos de ellas están en el párrafo 6: 6. Llamados como fuimos a tener nuestras almas elegidas para ser esposas del Señor, precisamos reconocer que somos los menores, los más débiles, los más pecadores, incluso los más miserables, y que ningún mérito poseemos por nosotros mismos. Nuestro lugar es el de la Pecadora o el de María de Betania – a los pies de Aquel que tanto nos amó y nos escogió movido únicamente por su inmensa Misericordia. Es interesante notar que Moysés podría haber hablado de esas dos mujeres en varios otros párrafos del Escrito: en el párrafo 11, 12, 17, 18, 19, 20 al menos. Él las quiso asociar, sin embargo, a la humildad esencial que necesita una alma esposa. La tercera mujer, aparece en el párrafo 15, es la Reina de la Paz, de quien hablaremos después. La cuarta, es Santa Teresa, que aparece en varios párrafos. Pero, ¿y la quinta, quien es? La quinta no está en los Escritos, sino en la Tradición. Como tú sabes, en una Comunidad, tenemos Estatutos, los Escritos del Fundador, el Espíritu del Fundador y la Tradición. Esta está formada por momentos que se van viviendo a lo largo de la historia y que se van incorporando a nuestra manera de ser. Un ejemplo: volverse hacia la Virgen María en el canto final en nuestras capillas (en las misas mayores, no lo sé bien por qué, la procesión eucarística no lo hace). Esto no está escrito en ningún lugar. Ni en las reglas históricas, ni en los Estatutos, ni en los Escritos. Alguien comenzó a hacerlo, y su gesto se convirtió en tradición. Lo mismo se puede decir cuando en los encuentros, Moysés se vuelve hacia el ícono de la Virgen María al final de las adoraciones. Es una tradición no escrita. Hay tradiciones que acaban por ser escritas. Por ejemplo: hasta los Estatutos de 1998, no estaba escrito en ningún lugar que los íconos formaban parte de nuestra espiritualidad y de nuestra oración. Hacíamos eso espontáneamente. En el caso de los íconos, además, que yo sepa, fuimos nosotros los que comenzamos, dentro de la tradición latina, a utilizarlos en nuestras capillas y celebraciones de forma más pública, aquí en Brasil. Hoy, están por todas partes. Los Estatutos de 1998 ya hablan, claramente sobre el uso de los íconos. En este momento, estos dejaron de ser tradición para ser norma. La quinta mujer, como decía, se encuentra en la tradición. Tan pronto entramos en contacto con el Escrito Amor Esponsal, no recuerdo bien, ni cómo, ni por qué, pasamos a asociar al alma esposa con la esposa del Cantar de los Cantares. ¿Influencia de los escritos de Santa Teresa? ¿De la espiritualidad tradicional de la Iglesia? ¿Del canto “Ma toute belle”, de los Focolares? ¿De la novia preparada por el Cordero para las bodas? No sabría decir. Sé decir bien que, en un entendimiento aunque bastante primitivo de lo que significa Amor Esponsal para nosotros (¡y mira que estaba escrito!) nosotras, las mujeres, nos veíamos vestidas de novia, sin arrugas y sin manchas, después de arduas y peligrosas búsquedas por nuestro Amado noche afuera. Los hombres, medio consternados, intentaban encuadrarse en ese modelo y daban lo mejor de sí para cantar con convicción “En las


bodas del Cordero, yo cantaré, celebraré, con mi Dios, mi Señor, y allá inflamaré mi corazón de amor, porque a Jesús yo me entregué. ¡Aleluya! ¡Jesucristo es el novio! ¡Aleluya! Me voy a casar con Él…, o lo más difícil para ellos todavía: “Ven, hermosa y bella, ven a mi jardín…” Esta asociación de la tradición con la novia/esposa del Cantar de los Cantares tiene enorme fundamento. Es un retrato de la espiritualidad tradicional de la búsqueda incansable del alma por su Amado y de Este por ella. Ambos se buscan, en medio de golpes y peligros nocturnos, ambos se encuentran para después perderse nuevamente y nuevamente buscarse, hasta unirse en las bodas del capítulo 7. Al comienzo de la relación, llaman a su amor dodim, señal del amor aún inseguro y de una búsqueda todavía indeterminada22. Finalmente, en el capítulo 7, con las bodas, se da la pacificación de la esposa, que pasa a llamarse Sulamita (Shalomit), la Pacificada y la palabra dodim es sustituida por ahabà23, indicativo de un amor maduro, que no se busca a sí mismo, sino el cuidado del otro. Benedicto XVI nos será de inmensa ayuda en el conocimiento de la maduración del Amor Esponsal de nuestra alma esposa Sulamita, en el párrafo 6 de su Encíclica Dios es Amor. Lo que pasó con nosotros, gracias a Dios, fue una maduración semejante. Del Amor Esponsal romántico, que suponía a veces más el concepto de conyugalidad (amor entre marido y mujer) que de esponsalidad (amor de unidad, de comunión, de kénosis, de esposo, pero que no supone la unión conyugal), el Espíritu nos fue enseñando lo que era la búsqueda, lo que era la noche, lo que era la salida en solitario buscando al amado. Nos fue enseñando, en otras palabras, la danza del maanaim 24 y fuimos descubriendo, en los dobleces del manto, las joyas propias del Amor Esponsal en nuestra vocación 25. San Bernardo de Claraval, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, entre tantos otros místicos y maestros espirituales, encontraron en el Cantar de los Cantares la expresión de su Amor Esponsal, deseoso de unidad total con el Amado y el secreto para transformarse de las jóvenes de piel tostada por el sol, en la Sulamita pacificada por las purificaciones, por las kénosis, por la unión de amor con su Señor.

La Pecadora No puedo imaginar cuántas docenas de artículos fueron escritos sólo en la Revista Shalom Maná sobre Lucas 7,3650, el pasaje de la Pecadora en nuestra espiritualidad 26. Para contextualizarla en el Escrito, vale la pena tomar la Biblia, leer el pasaje, y después el párrafo 6: 6. Llamados como fuimos a tener nuestras almas elegidas para ser esposas del Señor, precisamos reconocer que somos los menores, los más débiles, los más pecadores, incluso los más miserables, y que ningún mérito poseemos por nosotros mismos. Nuestro lugar es el de la Pecadora o el de María de Betania – a los pies de Aquel que tanto nos amó y nos escogió movido únicamente por su inmensa Misericordia. Quien conoce el estilo de Moysés y el modo como él arregla sus ideas y palabras, él sabrá que hace aquí, una referencia cruzada. Es decir: no es por casualidad que la Pecadora se menciona antes. Ella se asemeja a sus características: reconoce que es la menor, la más débil, la más pecadora, la miserable, sin méritos propios. El texto bíblico nos muestra sin rodeos que ella es una “mujer pecadora”, es decir, prostituta, pecadora pública. Moysés hace lo mismo al ponerla como símbolo de nuestros pecados. En el texto bíblico, ella, que según el Escrito estaría calificada como vaso de arcilla, lleva consigo un verdadero tesoro para la cultura de la época: perfume caro en un frasco de alabastro. En ambos textos, la Pecadora se pone “a los pies” de Jesús. En el texto bíblico, ella se pone “por detrás” de los pies y llora, probablemente por arrepentimiento por sus pecados, cometiendo la infamia (ya que era pecadora y por lo tanto impura) y la irrespetuosa osadía (ya que Jesús era el Rabí invitado para el banquete) de mojarlos con sus lágrimas y enjugarlos con sus cabellos.27 Esta mujer, pecadora pública, no tiene arreglo, ni tiene esperanza, pero se pone como Ruth, la sexta mujer de nuestra historia: como una esposa que depende únicamente de la misericordia del esposo. 22

Benedicto XVI, Dios es Amor 6

23

Ídem

24 D

anza durante la celebración de las Bodas, entre los judíos.

25

Para conocer mejor, leer “Orando con el Cantar de los Cantares”, de la autora.

26

Para conocer mejor esta espiritualidad en nuestra vocación, leer también “El Secreto de la Magdalena” de la autora.

27

Para conocer mejor la influencia de la Pecadora en nuestra tradición, leer “La Mujer que Mucho Amó” en “El Secreto de la Magdalena, de la misma autora; editorial Shalom


La Pretendiente Entonces Noemí, su suegra, le dijo: «Hija mía, yo quisiera conseguirte un lugar seguro, donde puedas ser feliz. Por otra parte, Booz, el hombre con cuyas servidoras estuviste, es pariente cercano nuestro. Esta noche él estará aventando la cebada en la era. Lávate, perfúmate, cúbrete con tu manto y baja a la era. No dejes que te reconozca antes que termine de comer y beber. Cuando se acueste, fíjate en el lugar donde él esté acostado; entonces ve, destápale los pies y acuéstate allí, Después él mismo te indicará lo que debes hacer». Ella le respondió: «Haré todo lo que me has dicho». Rut bajó a la era e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Booz comió y bebió, y se puso alegre. Luego fue a acostarse junto a la parva de cebada. Ella fue sigilosamente, le destapó los pies y se acostó. A eso de la media noche, el hombre se despertó sobresaltado, y al incorporarse, vio que había una mujer acostada a sus pies. «Y tú, ¿quién eres?», le preguntó. «Soy Rut, tu servidora, respondió ella; extiende tu manta sobre tu servidora, porque a ti te toca responder por mí». 28 Naturalmente, las costumbres cambian con el tiempo. No tenemos como saber, si en la época de Jesús, Ruth se habría acostado a los pies de Booz para darle a conocer su derecho y deber de casarse con ella. La historia de Ruth, sin embargo, era hartamente conocida por todos los contemporáneos de Jesús. Así, La Pecadora, además de todas las otras osadías, tuvo la audacia, como Ruth, de observar donde Jesús se sentaría. Como ella, tuvo el coraje de aproximarse mansamente y ponerse en un lugar (por detrás) en el cual Jesús, tal como sucediera con Booz, no la podía ver fácilmente. La Pecadora, llevada por la gracia y por el amor, osó ocupar uno de los lugares de esposa. La Impura, juzgada por todos, acusada por todos, cuyos pecados eran conocidos por todos, reconoció sus pecados a la luz de la misericordia que emanaba de Jesús y, seguramente temblando, y con miedo, se atrevió a confiar en él, ofreciéndose sin malicia, pero recordándole sobre su derecho y “deber” de misericordia, como Ruth con Booz. La Pecadora, tanto en el Escrito como en Lucas, reconoce su nada, su debilidad, su miseria, su pecado, se arrepiente y tiene una actitud de perdón. Booz le dijo a Ruth: “Dios te bendiga, mi hija. Esta tu última bondad vale más que la primera, porque no buscaste jóvenes, pobres o ricos.” A la Pecadora, Jesús le dijo: “Tus pecados te han sido perdonados (…) Tu fe te salvó”. Cada uno a su modo y en su contexto, tanto Jesús como Booz habían acabado de acoger a una esposa. En nuestra hermana, la Pecadora, encontramos, además del reconocimiento de los innumerables pecados y fe, inmensa fe, inconmensurable confianza en Jesús. Su fe, su confianza, la salvó. Lo que le importaba no era presentarse ante Jesús sin pecados. Le interesaba más ponerse a los pies de Jesús con todos sus pecados 29. La misma humildad que la hace reconocer sus pecados y exponerse a la humillación pública, la lleva a unirse a Jesús en plena confianza en su misericordia. Quien no es humilde no confía, no se abandona, no se expone, no conoce la misericordia que, de parte de Dios, es el alimento del Amor Esponsal.

María de Betania Aunque recordamos que estamos leyendo un texto de Moysés, si tomamos la referencia cruzada, veremos que María de Betania, aunque tenga en común con la Pecadora, estar a los pies de Jesús, está “más cerca” en el siguiente texto: Nuestro lugar es el de la Pecadora y el de María de Betania – a los pies de Aquel que tanto nos amó y escogió movido únicamente por su inmensa Misericordia. María de Betania estaba, como sabemos, a los pies del Señor y lo escuchaba, mientras Marta, su hermana, se ocupaba de las faenas de la casa. Si la Pecadora simboliza, en nuestros escritos, el reconocimiento de la propia pequeñez y del propio pecado, María de Betania simboliza no sólo la oración, según la exégesis tradicional, como también aquella que se pone en el lugar de esposa y expresa la gratitud a Aquél que la amó y escogió movido únicamente por su inmensa Misericordia. Sabemos que los exégetas se dividen sobre estas dos mujeres. Para algunos, la María de Magdala, la Pecadora de quien Jesús habría expulsado siete demonios, es la misma María de Betania, hermana de Lázaro. Para otros, son dos mujeres diferentes. Para nosotros, no hace diferencia. Lo que importa en este texto son sus postulados básicos.

28

Rut 3,1-9 Se podría comparar también esta actitud con la de Ruth, pero acabaríamos por escapar del asunto. Hazlo tú mismo. Es útil para crecer en la humildad y en el Amor Esponsal. 29


Para tener Amor Esponsal a Jesús, es necesario reconocerse pequeño y pecador y ponerse arrepentido a sus pies, en el lugar de la esposa humilde que desea ser desposada.

Para tener Amor Esponsal a Jesús, es necesario estar lleno de gratitud por su inmensa misericordia, y otra vez más, ponerse a sus pies, en el lugar de la esposa humilde que desea ser desposada.

Para tener Amor Esponsal a Jesús, es necesario orar, estar con Él a solas, a sus pies, ofreciéndole tu tiempo y tu corazón, como una esposa enamorada y humilde que desea ser desposada.

Para tener Amor Esponsal a Jesús, es necesario confiar completamente en su Misericordia y no en nosotros mismos y esperar recibir esta inmensa gracia a sus pies, como una esposa humilde que desea ser desposada y que sabe ser la misericordia el alimento del Amor Esponsal en el corazón de Jesús, el Esposo.

Reconocimiento y gratitud, dos de los secretos para el Amor Esponsal, como nos enseñó nuestro fundador. Y el secreto que él revela, junto con Benedicto XVI, ¿es el secreto de los secretos? Bien, esto, quien lo atestigua, por lo menos que se sepa, son dos hombres de la Biblia.

Los dos hombres El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. (Jn 19,35) Juan Evangelista, es el hombre que contempló el secreto de amor de la Trinidad, cuando el pecho de Jesús fue traspasado, el mismo pecho, donde él había recostado su cabeza la noche anterior. En la contemplación de este traspasamiento, conforme ya comentamos, conoció el relacionamiento íntimo de la Trinidad en su eterna kénosis de amor. Juan descubrió el secreto de los secretos del Amor Esponsal. Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. (Jn 20,27) El otro hombre, naturalmente fue Tomás. Tenemos nuevamente, el contraste que atestigua la misericordia como alimento del Amor Esponsal en el corazón de Jesús: Juan, el discípulo amado, y Tomás, el incrédulo, el individualista, el intolerante, el temeroso. Este, más que pecador, tuvo acceso físico todavía más profundo del que tuvo Juan, como La Pecadora, posiblemente, haya sido más que María de Betania hasta que esta ungió a Jesús para su sepultura, en Jn 12. Dos hombres, seis mujeres, tres secretos para el Amor Esponsal: reconocimiento de los propios pecados, gratitud por la misericordia, contemplación de las relaciones intratrinitarias. ¿Con cuál de estos nos identificamos más? ¿Quién, entre ellos, nos podrá ayudar más en el cielo?

CAPÍTULO XII

Los que no tienen arreglo Estos seis párrafos de la Parte II son tan ricos, que no se llega nunca al fin. Déjame hablarte, todavía, sobre el “grupito” que cree que no tiene arreglo, que nunca vivirá este amor, que prefiere desistir de la vocación a vivirla mal (cuidado, esto tiene un tufillo de orgullo…), que cree haber errado el discernimiento de la vocación, que cree haber perdido todo el tiempo invertido, todo el esfuerzo, toda la vida donada. Veamos lo que dice el fundador a estas personas: •

Es verdad. Eres incapaz, por ti mismo, de ser fiel a la voz de Dios que te llama (Nº 7)

Tu realidad de incapacidad contrasta inmensamente con el amor eterno de Dios por ti (Nº 8)

El amor de Dios es paciente. (Nº 8)

La misericordia de Dios se extiende a lo largo de nuestras vidas.(Nº 8)

La elección de Dios es irrevocable (Nº 8)

Si comentáramos un poco cada uno de esos ítems, veríamos que:


El error de interpretación aquí se refiere al concepto de incapacidad. Nadie, ni tú, ni ninguna otra persona, es capaz de corresponder, por sí misma al amor de Dios. Sin embargo, Dios es incapaz de no amarnos y de auxiliarnos de todas formas para que nos unamos a Él en amor.

Cuanto más incapaz te vieras, más Dios se derramará sobre ti en amor, misericordia, auxilio. Cuánto más capaz te consideres, menos Él podrá socorrerte. El amor de Dios por ti es eterno, inmutable, nunca acabará. Jamás, nada de lo que tú hagas, podrá acabar este amor eterno y perfecto. El amor de los hombres se enfría ante el pecado del hermano. El de Dios se inflama en misericordia.

Moysés habla mucho de la “Paciencia Histórica”; de la paciencia de Dios insertada en nuestra historia. Aún antes que Benedicto XVI declarara que la paciencia de Dios salvó al hombre, nuestro fundador ya afirmaba que Dios no desiste de nosotros. Él es paciente. Es “especialista” en paciencia histórica y paciencia hasta para aquellos que piensan que no tienen arreglo. Capaz de esperar el tiempo que fuera necesario para que tú entiendas que no tienes que ser capaz de corresponder a Su amor, sino que, por el contrario, tienes que saberte incapaz de hacerlo.

Parece solamente una expresión adverbial más, pero este a lo largo de nuestras vidas hace toda la diferencia, porque engloba irrevocablemente, desde la concepción a la vida eterna. No dejaremos de existir cuando muramos. Continuaremos siendo nosotros mismos y, aún ahí, en la eternidad, la misericordia de Dios se extiende sobre nosotros a lo largo de nuestras vidas, desde siempre y para siempre, para siempre, para siempre.

Nos enseña la Palabra que los dones de Dios son irrevocables 30. La elección de Dios por alguien, dándole una vocación, es uno de los mayores dones que podemos recibir de sus manos. En buen español, esto significa que Dios ni hipotéticamente desistirá de ti, aunque tú lo abandones, aunque no lo quieras, aunque lo ofendas, aunque lo reniegues, aunque lo traiciones. Él, en su paciencia y amor eterno, no desistirá de ti.

Una de las cosas que más impresiona a quien convive más de cerca de Moysés, es su casi obstinación de no desistir de las personas. En su lugar, por ejemplo, yo ya habría desistido de mí misma mil veces. Él, sin embargo, no desiste. Diríase que, al acoger del Señor la gracia del Amor Esponsal, acogió también, evidentemente, muchas de sus características. Realmente, él cree en la elección irrevocable de Dios por las personas, por más que estas “apronten”. En verdad, se entristece muchísimo cuando alguien, aunque dé trabajo, “desiste”. En verdad, espera su reintegro. La impresión que se tiene es que, a su entender, la irrevocable elección de Dios es también su elección irrevocable y que las características positivas o menos positivas de las personas son meros detalles, cubiertos por la misericordia de Dios y fácilmente corregibles por Su eterna paciencia. Creer que la elección de Dios por nosotros es irrevocable es esencial. Aunque eso nos humille, aunque quisiésemos corresponder con amor menos imperfecto, aunque le duela a nuestro orgullo la insistencia del Amor Perfecto de Dios, creer que Su elección es irrevocable es absolutamente fundamental. Aunque nos sucedan cosas muy desagradables en la vocación, la humildad pide que no señalemos a los otros, sino a nosotros mismos. No obstante, si al señalarnos a nosotros mismos, aún así, verificamos de forma objetiva las debilidades de los hermanos, o injusticias y juicios, nos toca a nosotros confiar en el Amor Perfecto de Dios y en su elección, elección irrevocable por nosotros. ¡Nuestra vocación es para siempre! El Amor Esponsal es para siempre. Comparto contigo una reflexión bastante íntima, hecha hace algún tiempo atrás, exactamente sobre esta elección irrevocable de Dios, que lejos de ser un aprisionamiento, es alegría y liberación. Pedro y Tomás creían en este tipo de elección, aunque estuviesen equivocados y vieran, finalmente la victoria de la Misericordia y que, finalmente, “la paciencia que todo lo alcanza”. Pablo, Santiago y muchos otros, tuvieron también su elección probada, y también ellos testificaron la victoria de la misericordia y el (“ciúme zeloso”) celo cuidadoso de Dios por aquellos a los que Él elige. Judas, no esperó, no creyó ser elegido por esta elección irrevocable: no usufructuó de ella ni de la misericordia. Se dejó llevar por sí mismo y por sus propios pensamientos, olvidándose que su amor y el amor de todo hombre es imperfecto. El de Dios, sin embargo, es perfecto. Más abajo, en forma de anotaciones, está lo que comparto con la esperanza de que te ayude: Mi vocación no es mía. Es de Dios. No me fue impuesta. Ni por Dios, ni por nadie. Me fue propuesta, ofrecida gratuitamente, como un camino. 30

Rom 11,29


Es una forma singular de vivir un Carisma Nuevo para este tiempo de la Iglesia. Tiene, por lo tanto, una misión que me sobrepasa, una misión eclesial, una misión que alcanza la eternidad. El Señor me eligió para esta vocación, y como sus dones son irrevocables, no desistirá de mí. Necesito, como Santa Teresa enseñó, permanecer quieta y esperar. Es preciso confiar y tener paciencia. Es una invitación para entregarme, a mí misma, a Dios y propone una manera singular para que yo y mis hermanos vivamos esta entrega. Esta manera singular de seguir a Cristo no es una invención de los hombres, sino de Dios. Los Escritos, los Estatutos fueron inspirados por Dios a un hombre, pero no vienen de un hombre y sí del Espíritu de Dios. La invitación que el Señor me hizo incluye necesariamente la adhesión de vida al Espíritu del Fundador expresada en los Estatutos, en los Escritos y en la tradición. Soy completamente libre para adherirme o no a estos con mi vida y elijo la adhesión incondicional. Siendo mi vocación una cosa del cielo, algo de Dios y no de hombres, es como algo del cielo, como algo de Dios y no de hombres como deberé vivirla. No quiero vivir algo del cielo como si fuese cosa mía. Esto lo desvirtuaría. Quiero vivir algo del cielo con los criterios del cielo, que son los Suyos; no como los de la tierra, que son los míos. No quiero entender algo que salió y constantemente sale de la Mente de la Trinidad como si saliera de la mía. Quiero “entender” y “leer” la vocación con la Mente de la Trinidad, que es el Espíritu Santo. No quiero utilizar medidas humanas para medir lo que es celestial. Las cosas del cielo se miden con medidas del cielo y reciben las recompensas del cielo. Las cosas de la tierra se miden con medidas de la tierra y reciben las recompensas de la tierra. Si mido y vivo mi vocación con las medidas de la tierra, ¿qué vocación tendré? Sería mejor llamarla ideología o idealismo. Estos, sí, son medidos conforme a la tierra. Si mido y vivo mi vocación con las medidas del cielo, ¡qué hermosa, aunque sufrida vocación tendré! Las medidas del cielo son la fe absoluta, la esperanza que no vacila, la caridad a toda prueba. Las medidas de la tierra son las que invento y parten de la poca fe, poca esperanza, poca caridad o de la ignorancia de que la vocación viene del cielo y es irrevocable. De ahí la dificultad para obedecer, de ser pobre, de ser casto. Realmente, puedo encarar mi vocación como algo de la tierra o como cosas del cielo. Como cosa de la cabeza de los hombres o de la mente de la Trinidad. Como cosa a ser juzgada con los criterios del cielo o según las medidas de la tierra. Eso hará toda la diferencia.

PARTE III SANTOS Y MÁRTIRES


CAPÍTULO XIII

¡TODO! Un corazón inflamado por este amor, todo lo realiza, a todo se dispone. En la intensidad característica del espíritu de nuestro fundador, no es de extrañar la repetición de la palabra “todo”. Un análisis del vocabulario de sus escritos nos daría una noción interesante sobre este corazón intensamente enamorado de Dios. Mientras los más calificados no ... (Enquanto os mais qualificados não procedem a mais este dever de casa para nossos filhos doutos, deliciemo-nos com a intensidade do amor expresso...) este deber de casa para nuestros hijos doctos, deleitémonos con la intensidad del amor expresado en el párrafo 11. 11. Un corazón inflamado por este amor realiza todo, se dispone a todo. Inflamados por este inmenso amor los santos caminaron, los mártires entregaron sus vidas y también nosotros deseamos proseguir. Nuestra meta es la santidad, no por presunción, sino por vocación, porque todos los hombres están llamados a esto. Queremos ser santos no por nuestros méritos, sino confiando enteramente en la gracia de Dios. Queremos ser santos no para nosotros mismos, sino para Dios. Queremos ser santos porque sabemos que la santidad es la vestimenta nupcial que nos permitirá entrar para celebrar nuestras bodas con el Cordero. ¡Ansiamos la santidad y haremos de todo, instrumento para este fin, porque sabemos que Aquel que nos ama y que es amado por nuestros corazones ansía esto, mucho más que nosotros! El Amor Esponsal es medio y fin para la santidad. ¡Inflamado! ¡Corazón inflamado! Sede de las decisiones más profundas del hombre 31, ¡inflamado! Inquieto. Desenfrenado. Incontrolado. Incontrolable. Indomable. Apresurado. Ardiente. Ardoroso. Amoroso. Valiente. Dispuesto a todo. Determinado. Decidido. Consciente de lo que desea. Centrado en el Esposo. Inflamado. En llamas. Que lanza chispas. Capaz de quemar. Capaz de iluminar. Capaz de consumir. Capaz de soltar centellas. Capaz de incendiar. Inmenso. Perfecto. Fascinador. Fascinante. Transformador. Transformante. Avasallador. Purificador. Santificador. Santificante. Los dos párrafos de arriba contienen algunas de las características del fuego del Amor Esponsal, iniciado y mantenido por el Inflamador de las Almas, el Espíritu Santo. El párrafo 11 describe los efectos de este fuego en una persona: Un corazón inflamado por este amor todo lo realiza, a todo se dispone. Esta es la radicalidad absoluta, la medida de entrega provocada por este amor que inflama el corazón del Esposo en su unidad con el hombre y con la Trinidad. La palabra es todo: a todo se dispone. Tanto a la vida como a la muerte, tanto en la riqueza como en la alegría, tanto al sufrimiento como al gozo. Todo lo realiza: aún lo que no sabe, aún lo que no puede o lo que no conseguiría humanamente. Es absolutamente increíble el nivel de radicalidad, de exigencia, de fuerza, de poder divino de este amor. Los dos todo de esta frase, complementados por realiza y dispone, son increíblemente coherentes y complementarios en los párrafos 5 y 6 cuando dicen: las más débiles, las más pecadoras, los vasos de arcilla, los menores, los más débiles, los más pecadores, miserables, hasta sin ningún mérito. ¡Qué terrible decepción tendríamos si, después de convencernos de que, de hecho, somos los menores, nos viésemos capaces de hacer alguna cosa! ¡Qué decepción haber suplicado al Espíritu de Verdad la gracia de la humildad para que algunos párrafos después nos viéramos llenos de nosotros mismos! ¡Nada de eso! El texto es absolutamente coherente en su lógica: estos más débiles y más miserables tienen su diferencia en su corazón inflamado de amor. Como su Esposo, en fin, que en su kénosis se hizo débil en todo, excepto en el pecado, realizó la salvación porque su corazón estaba unido al del Padre, inflamado de amor de kénosis incondicional que vive la Trinidad. Sí, somos los más miserables, pero nuestro corazón, inflamado de Amor Esponsal que quema las fibras de nuestro porfiado orgullo, este corazón en llamas que todo realiza, a todo se dispone. Especialmente lo que está muy por encima de él, especialmente aquello de que es incapaz. Me viene a la memoria, nuevamente, la visión del final de los años 70, comienzo de los 80, del muchachito flaquito tocando su flauta. La obra, que el personaje no se interesaba mucho en observar, yacía en ruinas por

31

Connotación bíblica de “corazón”


todas partes. Su corazón, sin embargo, pertenecía a otro mundo y él tocaba en constante alabanza, tocaba, tocaba,32 y todo lo que le había sido imposible cambiar, lo cambiaba. No somos nada. Nada podemos. Creemos sin embargo, en la Primacía de la Gracia. Creemos que el Inflamador de las Almas inflama nuestros corazones y Su Poder Amoroso todo lo realiza en un corazón que a todo está dispuesto. Para entender mejor, Moysés da ejemplos claros: los santos y los mártires: Inflamados por este inmenso amor los santos caminaron, los mártires entregaron sus vidas. Recibimos como don constitutivo de nuestro Carisma el Amor Esponsal. ¡El mismo amor que forjó santos y mártires! Nuestro fundador no habla de maestros y doctores, de apóstoles y profetas, como tal vez se esperara si estuviera inspirado en Corintios o Efesios 33. Habla de santos y mártires. Sin despreciar a aquellos, deja claro nuestro llamado para ser como estos, forjados por las llamas del Amor Esponsal. A continuación, no deja por menos: (…) también nosotros deseamos proseguir. Nuestro objetivo es la santidad, no por presunción, sino por vocación, porque todos los hombres están llamados a esto. También nosotros deseamos proseguir rumbo a la santidad, inflamados de Amor Esponsal. Nuestra meta es la santidad. Pero, ¿qué es la santidad para imperfectos como nosotros? ¿Qué significa la santidad para nosotros, que, por definición, somos los peores, los más pecadores?

Santidad de los peores Para los peores, como nosotros, para aquellos que, como nosotros, tenemos como hecho constitutivo de nuestro Carisma ser los menores y miserables, los vasos de arcilla, la santidad fundamentada en el Amor Esponsal, cerne de nuestra vocación y de nuestra espiritualidad, sólo es una: el reconocimiento de quien somos nosotros y de quien Dios es y la absoluta confianza en su misericordia, donada a la humanidad por la Trinidad a través de la contemplación del Corazón Abierto de Jesús. Según los místicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, el alma esposa se santifica por el poder del Espíritu que la quema como un fuego y que la perfecciona quemándola en Amor Esponsal – y no por naturaleza – uniéndola al Esposo. Es el Amor Esponsal que, uniendo cada vez más perfectamente el alma esposa al Esposo, la santifica, haciéndola una con Él. No hay por lo tanto, en la espiritualidad del Amor Esponsal, lugar para moralismos del tipo “ser perfecto” en el sentido de “no tener imperfecciones”, o “no pecar”. Si no hay lugar para esta hipocresía o presunción en la espiritualidad del Amor Esponsal en general, mucho menos la habrá para almas esposas de la vocación Shalom. Para nosotros, santidad es reconocer nuestro pecado, sumergirse en la Misericordia, unión con el Amor Trinitario a través del Esposo cuyo costado abierto nos da acceso a Sus secretos relacionados con la kénosis e inmensa gratitud por habernos elevado, de tan miserables, a tan alta elección. De ahí la coherencia de la frase: Inflamados por este inmenso amor (…) deseamos proseguir. Nuestro objetivo es la santidad. Es decir: nuestro objetivo es unirnos por amor confiado y entregado a nuestro Esposo Misericordioso, de forma incondicional y, por Él, por Su acción, ser hechos con Él uno sólo, ya que sólo Él es Santo. La coherencia continúa en su complemento: no por presunción, sino por vocación. Nuestra vocación tiene por cerne el Amor Esponsal a Jesucristo. Este amor nos inflama, nos une al Esposo y así nos santifica. Al amarnos incondicional y ardientemente el Esposo, somos santificados por Él – por vocación – pero no por nuestros méritos, no por nosotros mismos – lo que sería presunción, sino por vocación, es decir, por el Amor Esponsal, que es medio de santificación y, en su ápice, la propia santificación. A este punto, tengo que hacer una confesión a mis hermanos. Aún sin entender la profundidad de este escrito (nos va a llevar décadas entenderlo) y con miedo de la interpretación “de los obispos” 34, ya que nuestra fe35 demuestra que todos, por el Bautismo, estamos llamados a la santidad. Basada en este temor, sugerí a Moysés que agregara la frase “porque todos los hombres están llamados a esto.” Hoy, al entender mejor este escrito, 32 33 34

Episodio relatado en “Louvor, Brasa-Vida” de la misma autora. 1Cor 12,28; Ef 4,11s

“los obispos” era la manera generalizada de llamar a las personas más estudiosas que podrán leer este escrito. De mi parte, como “más vieja”, tenía todo el celo de proteger a la comunidad naciente y al propio fundador y me esforzaba para no dejar pasar nada que pudiese ser mal interpretado y terminar perjudicándolo . 35 El catecismo de la Iglesia Católica no había sido publicado todavía.


vemos que la frase no solamente es innecesaria, sino que “debilita” lo que el fundador desea decir. No estamos llamados a la santidad porque todos los hombres están, sino sí, porque teniendo una vocación de cuya identidad el Amor Esponsal es constitutivo, somos vocacionalmente, por la propia identidad de nuestro Carisma, llamados a la santidad que resulta del Amor Esponsal y es su plenitud. Así, nuestra identidad jamás podría provenir de nosotros mismos o de nuestros méritos, es decir, por presunción – somos los menores, los peores, los miserables, por identidad vocacional! Nuestra santidad, basada en la vivencia del Amor Esponsal, sólo puede provenir del Esposo, cuyo Amor Esponsal por nosotros está inflamado por la Misericordia y que nos santifica por fidelidad a Sí mismo y a la vocación a la cual nos llamó. Moysés me daría un inmenso regalo si quitara esta apuesta de la frase original, la que entonces quedaría: Nuestro objetivo es la santidad, no por presunción, sino por vocación. La siguiente frase sintetiza lo que decimos arriba sobre la santidad para quien tiene el Amor Esponsal como cerne de la espiritualidad, e ítem constitutivo de la identidad del Carisma: Queremos ser santos no por nuestros méritos, sino confiando completamente en la gracia de Dios. No por nuestros méritos, porque eso sería imposible para quien es el peor y el más pecador, sino confiando en la gracia, en la misericordia de Dios, el Esposo.

Una sorpresa A continuación, una buena sorpresa. Una hermosa sorpresa. Algo en que la gran mayoría de las personas no piensa jamás: Queremos ser santos no para nosotros mismos, sino para Dios. Sinceramente, ¿ya habías pensado en eso antes de leer esta frase? La razón para que yo quiera ser santo, no soy yo mismo, sino ¡Dios! ¿No es obvio? ¿Es increíble que no pensemos, siempre, exactamente así? Muchas veces, queremos ser santos para nosotros mismos. Para ser felices, para ir al cielo, para ser importantes, para ver a Dios, para conocer a Jesús, para ver a la Trinidad, para ver a María, para ayudar a los que quedan por aquí. ¡Tantas cosas! Pero todas, lamentablemente, centradas en nosotros mismos. Es la coherencia profunda con la humildad del alma esposa descrita aquí, que jamás pasa por la cabeza de un “Shalomita” siquiera la posibilidad de querer ser santo – o ¡de querer cualquier otra cosa que sea! – para sí mismo. ¡Todo es de Dios, todo es para Dios, todo viene de Dios, todo va para Dios, yo soy de Dios, mi deseo de santidad, como todo lo demás, no es para mí, sino para Dios! En su última visita a Brasil, Juan Pablo II dijo que nuestro país precisaba de santos. ¿Será que tenemos tan pocos o somos tan pocos porque todavía no entendemos que sólo se es verdaderamente santo cuando se es santo para Dios? ¿Para Su Gloria? ¿Para Su exaltación, para Su alabanza? ¡Cuánta coherencia, igualmente, entre esta afirmación y la precedente: no por presunción, sino por vocación, por llamado de Dios, para Dios! ¡Qué el Esposo nos ayude!

CAPÍTULO XIV

Las bodas con el Cordero Somos almas esposas, cuyo mayor deseo es alegrar al Esposo. Por eso, para Él, para alegrarLO y glorificarLO, para vivir la plenitud de la salvación que es Shalom, queremos ser santos. Ansiamos las bodas definitivas que acontecerán en el cielo. El texto de abajo es uno de los tres o cuatro, en todos los Escritos que tenemos hasta hoy, en los cuales Moysés usa una referencia escatológica clara 36: Queremos ser santos porque sabemos que la santidad es el vestido nupcial que nos permitirá entrar para celebrar nuestras bodas con el Cordero. Nuestra experiencia fundacional, como Carisma, en términos de Palabra, es con el Resucitado que pasó por la Cruz según Jn 20,19. En este pasaje se encuentra el Trípode de la vocación, la comunicación de la Paz, su misión en la Iglesia y en el mundo, el Amor Esponsal, la obra nueva, la parresia. Tal vez todavía necesitemos comprender 36

Hay también una referencia a las Vírgenes Prudentes en el mismo Escrito y una frase en la introducción del Escrito Estado de Vida.


que el Resucitado que pasó por la Cruz es el mismo Cordero que desposará las almas esposas en el cielo. La referencia escatológica nos conduce a un nuevo encuentro, por el que necesitamos ansiar.

Quien es el Cordero ¿Quién es este Cordero, con quien celebraremos nuestras bodas en el cielo? ¿Quién es este Esposo para quien queremos ser santos, no por presunción, sino por vocación? ¿Cómo es el Esposo a quien debemos, como esposa, unirnos por la semejanza de amor? ¿Cómo es este Esposo a quien debemos amar y entregarnos incondicionalmente? En la Palabra hay innumerables referencias al cordero como prefiguración de Jesús en su pasión y sacrificio en la Cruz y algunas referencias claras a Jesús como el Cordero de Dios. El Antiguo Testamento se habla del cordero sin defectos, macho, de un año, para ofrecerlo en sacrificio durante el pasaje (Pascua) de los judíos37, en la salida de Egipto. Isaías y Jeremías 38 se refieren proféticamente al Cordero que será ofrecido en sacrificio por nuestro pasaje del pecado y de la muerte a la salvación y a la vida. Hablan del manso cordero llevado al matadero, mudo, y profetizan el tiempo de paz mesiánica – Shalom – cuando el lobo y el cordero habitarán y pastarán juntos. En la Biblia, la figura a la que se refiere como el esposo por excelencia del Cordero, es sin ninguna duda, Juan Bautista. No solamente nosotros, también otros hermanos, tenemos el sentimiento, aún un poco difuso, pero real, de que existe una unión profunda y profética entre nuestro Carisma y vocación y el de Juan Bautista.

El Cordero y el Precursor Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías». «¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió. Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia». Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba. Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel». Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo". Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios». 39 Juan Bautista es la figura acabada del alma esposa del Cordero, al que estamos llamados a ser. De su comportamiento y palabras, podemos obtener enseñanzas para nosotros sobre cómo sería la santidad del alma esposa que tiene prontos los vestidos nupciales para celebrar sus bodas con el Cordero. Por un lado, es para nosotros, testimonio de alma esposa. Por otro, ¡las coincidencias entre nuestra identidad y misión y la de él son impresionantes!

37

Juan Bautista fue llamado para preparar el camino para el Señor. También nosotros estamos llamados por la predicación y testimonio, a preparar el camino por el cual el Señor alcanzará y transformará los corazones.

Juan Bautista fue llamada para dar a conocer al pueblo la salvación por el perdón de los pecados. Es también por el perdón de los pecados que estamos llamados a construir una sociedad nueva, un pueblo nuevo, un mundo nuevo, conforme el Histórico.

Es por gracia de la Misericordia de Dios que Juan Bautista, como nosotros, fue transformado por el Esposo, y posteriormente, Lo anuncia a todos los que Lo buscan, aún sin saber.

Éx 12,5 Is 11,6; Is 53,7; Is 65,25; Jr 11,19 39 Jn 1,19-34 38


40

Juan Bautista, como nosotros, fue llamado para anunciar a Aquél que dirige nuestros pasos en el camino de la Paz.40

Juan Bautista sabe muy bien quién es él y cuál es su misión. También nosotros, por los Escritos, Estatutos, tradición, historia y espíritu del fundador, podemos saber bien claramente quiénes somos y cuál es nuestra misión siempre injertada en la vocación que el Señor nos dio, porque esta es nuestra identidad más profunda.

Juan Bautista acogió su misión con alegría y humildad, determinado en ser aquello para lo que Dios lo creó, en su vocación personal y única, con humildad, sin inquietudes, con tranquilidad, en paz.

Juan Bautista fue capaz de percibir, acoger y decir, según las características del alma esposa de nuestra vocación, quién es Dios y quien era él. (Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen (…) y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia ). Más tarde diría: Conviene que él crezca y que yo desaparezca. ¿No hubiera sido mejor que dijera “somos los menores”?

Juan, era seguramente, un hombre de oración, que reconoció al Cordero (a quien, probablemente, no veía desde su infancia, pues, según la tradición, se apartó en el desierto cuando todavía era niño, para vivir en la penitencia y oración) y lo señaló sin dudar: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel».

Juan aceptó el desafío del desierto. Silencio, soledad, contemplación, intimidad con la Trinidad, intercesión para allanar los caminos del Señor. Durante treinta y tres años, vivió esperando al Esposo, el silencio expectante de Aquel que era el sentido de su vida, aquel para quien vivía. Conoció muy bien la importancia de la intercesión y el sacrificio para aplanar los caminos del Señor 41 a lo cual, también nosotros estamos llamados.

Como sabemos, por lo textos de arriba y por toda la vida del Bautista, su evangelización era absolutamente explícita y por ella y con su vida, preparaba los caminos del Señor.

Sabemos también, que en su anuncio radical de la verdad, no tenía miedo de nadie, y enfrentó el poder tiránico de Herodes y Herodías, lo que le causaría la muerte. Como alma esposa, estaba dispuesto a darlo todo, hasta la vida, por amor al Esposo y a su misión de conferir el Shalom, la salvación plena, a la humanidad. En estos tiempos, en los que estamos penetrando tierras contrarias al cristianismo, sabemos cuánto hemos de vencer el miedo por amor a nuestro Esposo. Cuántas veces tendremos que clamar en el desierto sin que nadie nos escuche, y cuantas veces nuestra predicación, parecerá inútil. Sabemos que podemos encontrarnos con Herodías bajo muchos disfraces. Un alma esposa, como la de Juan, aunque no vea los frutos en su apostolado, aunque sepa que su vida está en peligro, jamás abandonará a Aquel a quien le entregó su vida.

La Palabra se refiere a Juan como “Lámpara”: ´”Él era una lámpara ardiente”, consciente de que tendría que desaparecer cuando el Sol viniera. 42

Juan Bautista, como nosotros, fue llamado para ayudar a preparar a un pueblo nuevo, pueblo favorable y abierto a la venida del Señor. “Cualquiera que debe creer que Jesucristo necesita, antes, que el espíritu y la virtud de Juan vengan a su alma y preparen para el Señor un pueblo perfecto. (…) Hasta hoy, el espíritu y la virtud de Juan preceden el Adviento del Señor Salvador” (Qualquer um que deve crer no Cristo Jesus

Cf. Lc 1,76-79 Cf. Is 40,1ss 42 Máximo de Turín, Hom. 65, pl 57,385-388 41


necessita, antes, que o espírito e a virtude de João venham em sua alma e preparem para o Senhor um povo perfeito (...) Até hoje, o espírito e a virtude de João precedem o Advento do Senhor Salvador.) 43 •

Este hombre de oración y de intimidad profunda con La Trinidad – que tuvo el privilegio de verla manifestarse – podía entender a Jesucristo en su “realidad de vida y de relación trinitaria” y no como un dios aislado que visita la tierra. Este hombre de oración profunda intimaba con el Padre, quien le habló del Espíritu, y con el Padre y el Espíritu, aguardaba, en la prédica osada, en la parresia, en el silencio del desierto, en la penitencia y oración, la manifestación del Cordero. El Cordero de Dios. ¡Era este el nombre por el cual llamaba al Esposo! Había comprendido que él se había encarnado en consideración al sacrificio de la Cruz, que esta era la razón de su venida: la salvación plena de la humanidad, a ser elevada a la resurrección para la eternidad.

La razón de vida de Juan era el Esposo. Esta debe ser también la nuestra. Su vida era pura referencia de Jesús. No tenía otra razón de existir. Así como María sólo existe para ser la madre de Dios, Juan vive para ser su precursor. Existe para Él, en vistas de Él, por causa de Él y por Él. El único objetivo de su existencia: preparar un pueblo que LO acogiera!44.

¡Cuánto habría, aún, para decir de las semejanzas entre el Esposo del Cordero y nosotros, su misión y la nuestra, veintiún siglos después, cuando, en su misericordia, el Señor suscitó una vocación de almas esposas para direccionar sus caminos y preparar un pueblo nuevo por el anuncio explícito y audaz, por la donación total de vida, por un amor ardiente, apasionado y sediento de santidad en búsqueda del vestido nupcial que dará entrada a las tan esperadas bodas! Sin embargo, este no es nuestro asunto aquí. Por lo que, basta que sepamos lo básico sobre Juan Bautista, modelo de alma esposa, aquel que señaló sin titubear al Cordero que, en su corazón ya conocía tan bien: ¡He aquí el Cordero! ¡He aquí el Esposo! ¡He aquí Aquel que saca los pecados del mundo! ¡Síganlo! El que saca el pecado del mundo Estamos llamados a ser almas esposas de Aquel que saca los pecados del mundo. Cuando leemos, en el Histórico de la Obra45, que estamos llamados a luchar contra el pecado – nuestro y del mundo – y vemos este tema repetirse en Obra Nueva y Shalom, notamos todo lo que debemos como esposas, amar y contemplar a este Cordero que saca los pecados del mundo por el sacrificio de sí mismo. Si estamos llamados a ser almas esposas de este Cordero, necesitamos valorizar, en nuestra espiritualidad, el llamado al sacrificio de nosotros mismos, a fin de unirnos al Sacrificio del Cordero. Fue por el sacrificio de Sí mismo que Él quitó el pecado del mundo. Será, igualmente, por el de nosotros mismos (en los actos de caridad y humildad del día a día, en las renuncias por amor) que participaremos de Su sacrificio que saca el pecado del mundo, en aquello que pertenece a la Iglesia, su Esposa, completar lo que faltó a su cruz y, siendo nosotros almas esposas por vocación, nos pertenece especialmente a nosotros complementar. Conocemos bien a Jesús, el Hijo del Dios Vivo, el Verbo Encarnado. LO conocemos, oramos y contemplamos como el Resucitado que pasó por la cruz. Sin embargo, mientras no nos sumerjamos, como Juan Bautista, en el misterio del Cordero Victorioso, mientras no lo contemplemos como Juan Evangelista, nos faltará la dimensión escatológica de los esponsales eternos con el Cordero. Cuando percibí este hecho, comencé a orar más frecuentemente contemplando al Cordero. Los frutos más inmediatos fueron el crecimiento de la sed de santidad y el deseo del cielo que, hoy en día, andan tan desvanecidos, aún en medio de nosotros. Contemplar al Cordero (sacrificado-resucitado-glorificado por amor) en su Morada Celestial restaura en nosotros el entendimiento de nuestro llamado, de nuestra misión, de nuestro destino y del inmenso amor de la Trinidad por este Cordero Inmolado y Glorioso y por nosotros, sus esposas. Es una experiencia importantísima para el entendimiento del Amor Esponsal y de su vivencia.

43

Origenes, Hom. In Lc IV. Ange, Daniel, Jean Baptiste. 45 Histórico 6 y 7 44


La Eucaristía El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo nos sumerge en el misterio de la Eucaristía, en la cual el Cordero es ofrecido y se ofrece en acción de gracias, en la cual, con el Esposo las almas esposas se hacen víctimas de holocausto, desposándolo en su Sacrificio ofrecido por la humanidad. También en la Eucaristía las almas esposas permiten que el Esposo les prepare su vestido nupcial que permitirá su entrada en el Banquete de las Bodas, mientras lo desposan místicamente a través de la Santa Comunión. Cada Eucaristía, para las almas esposas es una boda anticipada que prepara y prefigura la unidad plena de amor por pura misericordia, para ser celebrada en el cielo y al mismo tiempo, ya celebrada en el cielo y en la tierra. El Cordero, el Esposo del Apocalipsis Aunque Pablo y Pedro, en sus cartas, nos hablen también de nuestro Esposo como Cordero Inmolado, las referencias más preciosas para que lo conozcamos mejor están en el Apocalipsis, el libro de las Bodas de las Almas Esposas: Vi entonces en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro en forma de rollo escrito por los dos lados y sellado con siete sellos. Vi también a un ángel formidable que proclamaba con voz potente: «¿Quién es digno de abrir el libro y de romper los sellos?» Y no se encontró a nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni en el mundo de abajo, que fuera capaz de abrir el libro y de leerlo. Yo lloraba mucho al ver que nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni de leerlo. Entonces uno de los ancianos me dijo: «No llores más; acaba de triunfar el león de la tribu de Judá, el brote de David; él abrirá el libro y sus siete sellos.» Entonces vi esto: entre el trono con sus cuatro Seres Vivientes y los veinticuatro ancianos un Cordero estaba de pie, a pesar de haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. El Cordero se adelantó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro Seres Vivientes se postraron ante el Cordero. Lo mismo hicieron los veinticuatro ancianos que tenían en sus manos arpas y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantaban este cántico nuevo: Eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación. Los hiciste reino y sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra. Yo seguía mirando, y oí el clamor de una multitud de ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Eran millones, centenares de millones que gritaban a toda voz: Digno es el Cordero degollado de recibir poder y riqueza, sabiduría y fuerza, honor, gloria y alabanza. Y les respondían todas las criaturas del cielo, de la tierra, del mar y del mundo de abajo. Oí que decían: Al que está sentado en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Y los cuatro Seres Vivientes decían «Amén», mientras los Ancianos se postraban y adoraban. 46 Este texto tiene mucho que enseñarnos sobre nuestro Esposo. Estamos llamados a ser almas esposas del Resucitado que pasó por la Cruz, como sabemos. Sin embargo, cuando el Escrito nos remite al Cordero, las Escrituras se señalan como fuente de gloria inimaginable que esta Resucitado goza en el cielo. Nuestras bodas serán celebradas con este Cordero Glorioso, este Rey que, por fin, glorificará también a su Esposa, la Iglesia y en ella, a todos nosotros. Al hablar del Cordero, el Apocalipsis muestra a Sus pies, en reconocimiento de Su Gloria, a todos los ángeles y santos, cantando “¡Digno!”, como tantas veces cantamos, sin darnos cuenta que es al Esposo-Cordero que lo hacemos. Los ángeles y santos acompañan, a nosotros, a María de Betania, a la Pecadora! Este Cordero recibe del Padre – a Aquel que está sentado en el trono – todo poder, toda riqueza, toda la sabiduría, la fuerza, la gloria, la honra y la alabanza de la que se había vaciado en la Encarnación y Cruz. El Apocalipsis, en pasajes semejantes a este, abre como una ventana por la entrevemos la gloria del Resucitado en el cielo y los esponsales del Cordero con nosotros. En 1981, tiempo en el que el Señor nos daba gracias especiales en vista del inicio de la Obra, el Señor me dio, durante una adoración de la cual participaban Moysés y algunos de los primeros, la siguiente visión, bastante primitiva, pero significativa para todos nosotros: El Ostensorio, con la Eucaristía, expuesto para la adoración; una cruz de oro (de oro, Señor, pregunté, y Él dijo: “Sí, probada por el fuego”), una espada de fuego, una llave antigua y del tipo rebordado, como la de San Pedro delante de su Basílica (que yo jamás había visto) y un pequeño libro de plata, cerrado, revestido de piedras preciosas. En la época, el discernimiento sobre la visión fue personal. Hoy, veinticinco años después, se ve que en cada figura hay una alusión al Cordero y a Su Esposa, la Iglesia. 46

Ap 5


El Capítulo 6 del Apocalipsis retrata a los que no están preparados para las bodas y piden a los montes y a los peñascos: “Cae sobre nosotros y escóndenos del rostro que está sentado en el trono de la ira del Cordero, porque llegó el Gran Día de su ira y podrá subsistir? Este pasaje nos recuerda al juicio que habrá según el amor con qué amamos a Dios y nuestros hermanos. Habría almas elegidas entre los preparados? ¿Habría escogidos? Vamos a otro pasaje importante para conocer mejor a Aquel con quien estamos preparándonos para celebrar las Bodas: Después de esto vi un gentío inmenso, imposible de contar, de toda nación y raza, pueblo y lengua, que estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos, y gritaban con voz poderosa: «¿Quién salva fuera de nuestro Dios, que se sienta en el trono, y del Cordero?» Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes; se postraron ante el trono rostro en tierra y adoraron a Dios, diciendo: ¡Amén! Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.(…) Estos son los sobrevivientes de la gran tribulación; han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero (…) Aquel que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos. Ya no sufrirán más hambre, ni sed, ni se verán agobiados por el sol, ni por viento abrasador alguno, porque el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor y los llevará a las fuentes de agua viva; y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.» 47 Seremos abrigados en la tienda del Señor. No tendremos hambre ni sed, no seremos abrasados por el calor, el Cordero será nuestro pastor y nos llevará a las fuentes de agua viva y Él mismo enjugará toda lágrima de nuestros ojos. Estaremos listos, con nuestras vestiduras y palmas, para los esponsales. No precisaremos más de luz para iluminarnos, porque Él será nuestra luz, veremos su rostro y su nombre estará en nuestras frentes. 48 Habremos vencido no por nuestros méritos, sino por los del Cordero 49 y nuestro nombre estará escrito en el libro de la vida del Cordero.50 Entonces escucharemos junto a los que estaban con las vestiduras nupciales: (…) como el canto de un inmenso gentío, que decía: ¡Aleluya! ¿Quién salva y quién tiene gloria y poder sino nuestro Dios? Sus juicios son verdaderos y justos: ha condenado a la gran prostituta que corrompía la tierra con su inmoralidad y le ha hecho pagar la sangre de sus servidores. Y volvieron a clamar: ¡Aleluya! De ella sube humo por los siglos de los siglos. Entonces los veinticuatro ancianos y los cuatro vivientes se postraron adorando a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: Amén. Aleluya. Y salió del trono una voz que decía: «Alaben a nuestro Dios todos sus servidores, todos los que honran a Dios, pequeños y grandes.» Y oí el ruido de una multitud inmensa como el ruido del estruendo de las olas, como el fragor de fuertes truenos. Y decían: Aleluya. Ahora reina el Señor Dios, el Todopoderoso. Alegrémonos, regocijémonos démosle honor y gloria, porque han llegado las bodas del Cordero. Su esposa se ha engalanado, la han vestido de lino fino, deslumbrante de blancura? (…) Después el ángel me dijo: «Escribe: Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero. 51 Hicimos cuestión de copiar los textos más importantes del Apocalipsis porque, a nuestro ver, nos falta la visión del cielo. Aún cuando hablamos del Esposo, del Resucitado que pasó por la cruz, raramente recordamos que Él es el Cordero Inmolado y Glorioso con quien vamos a contraer las nupcias para gozar eternamente de su Amor sin ninguna sombra de los males de esta tierra. Qué el Espíritu Santo nos convenza que, por estar llamados a la santidad, estamos llamados al Cielo, hacia donde deben volverse nuestras miradas y corazones. Nos falta, a veces, el entendimiento de la gloria a la que estamos llamados y la santidad que nos espera, no por nuestros méritos, sino por la Misericordia que escogió a los peores para santificar con Su Amor y su Inmolación por nosotros. ¡Dios nos dé la gracia de entender el valor de la Cruz de Cristo y del Cordero! Dios nos dé la gracia de ansiar la santidad. ¡Qué ella no sea la consecuencia de que Dios “tiene por obligación” darnos – porque, entonces, no la recibiremos – sino una constante ansia y súplica de nuestro corazón, de más débil, de más pecador, de más miserable. ¡Qué el Señor nos lleve a darnos cuenta que esto no es una vivencia “como aquí en la tierra”, sino

47

Ap 7,9-16 Cf. Ap 22 49 Cf Ap 12,11 50 Cf. Ap 13,8 51 Ap. 19,1-9 48


inmensamente superior y más feliz, infinitamente más alta, pura y bella, iluminada por el “Son de nuestra alma” 52, el Enjugador de nuestras lágrimas, nuestra Alegría eterna.

CAPÍTULO XV

Medio y fin Amor Esponsal y ansia de santidad. Ansiamos la santidad y haremos todo instrumento para este fin, porque sabemos que Aquel que nos ama y que es amado por nuestros corazones ansía por esto mucho más que nosotros! El Amor Esponsal es medio y fin para la santidad. Podríamos decir que todo el párrafo 11 está dedicado al cielo y a la santidad. Ambos temas no estaban para nada de moda en los años 80 en Brasil, cuando Moysés los escribió. Indiferente a las corrientes de pensamiento de la época, el párrafo es una exaltación de la santidad y del ansia por el cielo que tiene rasgos de originalidad característicos de nuestra vocación, ya que el mayor deseo del alma esposa es unirse completa y eternamente al Esposo, el Cordero. Santidad y Cielo. Dos temas que, nuevamente, ya no están de moda, en los comienzos de este siglo XXI. Dos razones por las cuales en el ansia de unirse al Cordero, nosotros, almas inflamadas de Amor Esponsal deberemos estar más y más dispuestas a realizar todo por amor al Amado, para dejarnos santificar por Él. Duele un poco ver que, ante un párrafo tan punzante sobre la santidad, el cielo, las Bodas con el Cordero, todavía hablemos tan poco de santidad y, quien sabe, todavía la busquemos tan poco. O peor, que la confundamos con una obra nuestra y “prevista” y no una sorpresa imprevisiblemente nueva y bella de Dios sólo para nosotros; o una santidad para nosotros y no para Dios, el Cordero, el Esposo. De nuestro fundador: •

Ansiamos la santidad – él usa aquí, el presente del indicativo. Es decir, ansiar la santidad es una acción normal, corriente, en nosotros.

Haremos todo instrumento para este fin – en los Estatutos tenemos, claramente, instrucciones detalladas sobre cómo hacer de todo instrumento para la santidad: trabajo, profesión, estudios, apostolado, ocio, vida en familia, vida comunitaria, toda y cualquier actividad. Esta es una característica bastante nítida de nuestro encuadramiento como laicos para la santificación en el mundo y la santificación del mundo, según Vaticano II.

Aquí viene la parte más hermosa y sorprendente, la ternura del Amor Esponsal, vivido tanto por el alma esposa como por el Esposo: porque sabemos que Aquel que nos ama y que es amado por nuestros corazones ansía por esto mucho más que nosotros! Moysés, deja aquí bien clara la doble mano característica del amor entre los esposos: queremos ser santos porque es eso lo que Dios más quiere, aquello por lo que Él más ansía y ansía con intensidad mucho mayor que nosotros. Es otra forma de decir lo que ya quedó claro anteriormente: queremos ser santos para Dios y no para nosotros. Nuestra motivación es, siempre, el Cordero, el Esposo.

La Santidad es única para cada persona Aquí, comparto brevemente algo personal: a veces, percibo que las personas son tan indiferentes a la sed por la santidad y al cielo porque los ven como “material de carregaçao”. El cielo más les parece un “depósito confortable” de millones de personas que convivirán con Dios. ¡Sin embargo no es así! El mismo Cordero que enjugará personalmente toda lágrima de nuestro rostro, el mismo que nos preparará personal e individualmente para desposarnos, el mismo que según San Juan de la Cruz, nos elevará a Sí, nos concederá consigo una relación personal, única, deseada por Él y por la Trinidad desde toda la eternidad. Será una inmensa alegría cuando podamos desposar personalmente, uno a uno, de una forma única, personal, irrepetible, como únicos e irrepetibles fuimos creados por su amor. 52

Hace referencia a la canción “Jesús, tu eres el Sol de mi alma”, cuyo autor es Célio Calvancanti, que compuso en los primeros tiempos de la vocación.


Como sería posible que el Dios que nos creó para Sí, que nos creó únicos y para una santidad que sólo nosotros podríamos recibir de Él y vivir, podría desposarnos “en conjunto” o de forma impersonal, sin un amor personal, apasionado, individual, profundísimamente alegre por poder convertirse en nuestro esposo? El Cordero, según el propio Apocalipsis nos indica, recibirá a cada uno de nosotros, a ti y a mí, refulgente de alegría, felicísimo por estar con los vestidos apropiados, para darnos el nombre que conocido sólo por Él, el nombre íntimo entre los esposos, feliz por vivir con cada uno de nosotros la esponsalidad eterna por la cual Él ansió, más que nosotros, como dice Moysés, por toda nuestra vida, por toda la eternidad. En nuestro relacionamiento con el Cordero, nuestro Esposo, Aquel que asumió nuestra humanidad, será hermoso, indescriptible, cálido, tierno, amoroso, lleno de gratitud por ambos lados. La santidad y la vida en el cielo no nos despersonalizan. Por el contrario, nos hacen únicos, nos hacen lo realmente somos, para lo que fuimos creados para ser. Felicidad íntima, indescriptible, personal con el Cordero de Dios, el Esposo. El Amor Esponsal es medio y fin para la santidad Esta es una de las frases más importantes de nuestra espiritualidad sobre el Amor Esponsal. Una de sus características es que él es activo, inquieto, intenso, deseoso de darse más, de forma vivencial y concreta. Nuestra contemplación explota en Amor Esponsal activo, totalmente entregado, radical, incondicional al Amado. De esta forma, él es medio para la santidad. Cuánto más intenso y perfectamente vivimos el Amor Esponsal con su incendio que todo alcanza y transforma en nosotros y fuera de nosotros, más alegraremos al Amado, más seremos lo que Él nos creó para ser, más seremos santos y viviremos la intimidad con el Cordero. Por otro lado, el Amor Esponsal es también la finalidad y el sentido de nuestras vidas, especialmente cuando lo miramos como unión plena de amor al amado, unidad en el amor Trinitario que, en Cristo está a nuestro alcance. Vivimos plenamente el Amor Esponsal al cual estamos llamados y para el cual fuimos creados y ser santos. Juan Pablo II afirmaba que, si encontraba a un religioso que viviese plenamente sus reglas, lo canonizaría en vida. No somos religiosos, pero nos comprometemos a vivir nuestra espiritualidad y nuestros Estatutos. Así, la misma regla se aplica a nosotros. P. Felipe Prévost, quien me dirigió espiritualmente durante algunos años, solía decir: “Hay algo en el hombre que se resiste en orar”. Pienso que podríamos decir, también, que “hay algo en el hombre que ser resiste a ser santo.” Tal vez porque sabemos que es necesario que la semilla caiga en la tierra y muera. Tal vez porque tenemos fantasías románticas sobre la santidad, tal vez porque no pensamos lo suficiente en el Cielo y en el Cordero. Sea como sea, es preciso hacer morir lo que es viejo en nosotros 53 para desear, con todas nuestras fuerzas, la santidad, la cual el Amado la desea para nosotros más intensamente que nosotros mismos, y que es cosechada a Sus pies, en la humildad y pequeñez del alma esposa que no es digna siquiera de desatar Sus sandalias y desea, por encima de todo, que Él crezca y ella desaparezca para que un día estén, finalmente, unidos en un solo amor, en el Cielo.

PARTE IV Los Baluartes CAPÍTULO XVI

Los Baluartes Después de relatar, sin esa intención, su itinerario para la experiencia del Amor Esponsal, después de definirlo teológicamente – también sin esta intención – nuestro fundador vuelve al tema de los baluartes que había apenas citado en la primera parte. 12. En este camino de Amor Esponsal y santidad, el Señor nos da un modelo: Francisco de Asís. Como el Señor dio a Francisco un corazón amante y despojado, así también Él se nos quiere dar. Por otro lado, el Señor nos 53

Escrito Obra Nueva


da un camino a seguir: el de Santa Teresa de Ávila. El camino de oración, de intimidad con su Señor, de unión íntima con el Amado es camino también para nuestras almas. 13. Por ser modelo y camino, estos dos santos, de una manera particular, se volvieron patronos de nuestra vocación, columnas en nuestro camino, intercesores en el cielo, modelos a quienes nuestros corazones deben imitar. 14. En la comunidad, la espiritualidad del Amor Esponsal será fomentada por el estudio de la vida y de los escritos de San Francisco de Asís y Santa Teresa de Ávila, buscando a través de ellos, vivenciar, dentro de nuestra vocación, el amor que ardía en sus corazones. Moysés luego, deja bien claro lo que para nosotros será lo más importante de Francisco y de Teresa: compartimos con ellos la vivencia, según nuestra vocación, del amor que ardía en sus corazones. Es importantísimo tener esto presente: el amor a Jesús Esposo que cada uno vivió a su modo es nuestro mayor interés y fuente de inspiración, sin olvidarnos lo que es específico de nuestro Carisma. Moysés habla de un modelo: Francisco; y de un camino: Teresa. Ambos amigos íntimos de Dios, ambos inflamados de Amor Esponsal, ambos santos que consumieron sus vidas completamente en el amor a Dios y a Su voluntad. Cuando estaba dactilografiando este texto, le pregunté a Moysés: “¿Por qué camino y modelo?” La respuesta fue rápida: modelo porque nuestro objetivo es tener un corazón amante y despojado. Camino porque lo único que conozco para tener un corazón así es el de la oración contemplativa, profunda, comprometida, diaria, continua, como la de Teresa. En el último Escrito – Carta a la Comunidad 2005 – nos hace, sobre este asunto de la oración, un llamamiento punzante, inspirado en Benedicto XVI: “Que nosotros, que comenzamos como amigos del Señor, no terminemos como siervos suyos.” Fijémonos en nuestro modelo, Francisco, y sigamos el camino de Teresa, para evitar ser simples “operarios”, “trabajadores” del Señor, aunque muy buenos, pero no ya sus amigos. Es el Señor quien nos da En el párrafo 12, coherente con la primacía de la gracia y con nuestra santificación que opera el Señor, nuestro fundador repite tres veces el verbo “dar” y una cuarta vez, agrega algo más que también Él nos da: •

Un modelo, Francisco

Un corazón amante y despojado, como el de él.

Un camino, Teresa

La oración para nuestras almas, como la de ella.

Queda claro así, que para nuestro fundador, también la oración es gracia, así como el Amor Esponsal y el despojamiento. Y esta gracia – que es dada a tantos como la deseen – la recibimos como parte constitutiva de la vocación. Quien tiene la vocación Shalom, tiene también la gracia de un corazón amante y despojado de Francisco y la oración como trato de íntima amistado con el Señor, como la de Teresa. Recuerdo haber sugerido la palabra “apasionado” en lugar de “amante”. La respuesta de Moysés fue que no convenía, porque la palabra “apasionado” daba la noción de algo que podría ser fuerte, pero pasajero, mientras la palabra “amante” denotaba mayor constancia. Quedo pensando que, si realmente, estamos convencidos de que el Amor Esponsal (con su despojamiento y humildad intrínsecos, como vemos en este Escrito) y la oración contemplativa son parte constitutiva de la identidad de nuestro Carisma y Vocación, son también como un “derecho gratuito” que recibimos de Dios. Deberíamos pedir, suplicar mucho más frecuentemente estas gracias, contando recibirlas. En un pronunciamiento para el Gobierno General, al inicio del 2006, Moysés dijo lo siguiente sobre el enfriamiento del Amor Esponsal (y, consecuentemente en la oración y en la alabanza): P. Letel es uno de los mayores especialistas en espiritualidad del mundo. Le preguntaron: ¿Cuál es la mayor causa de las crisis de la vida consagrada? Él respondió: “Sólo existe una causa: el enfriamiento del Amor Esponsal”. Sólo existe esta causa. Cuando comenzamos a enfriar el Amor Esponsal a Cristo, todas las otras cuestiones comienzan


a levantarse. Todos los desafíos se pueden resolver si estamos alimentando o dejando que Dios alimente el Amor Esponsal. ¿Pedimos frecuentemente al Señor esta gran gracia? ¿El cerne de nuestra vocación? ¿Cómo Francisco y Teresa lo ponemos en el centro de nuestra vida espiritual?

Enséñanos a orar No hay dudas de que precisamos estudiar, todavía muchísimo, sobre Teresa y Francisco, ya que en ellos y en lo que es propio en nuestro Carisma se fundamenta nuestra formación en el Amor Esponsal. Algunos de los nuestros ya los estudiaron y otros están esforzándose por estudiarlo más profundamente. Mientras tanto, sabemos bien que una vocación que vive de la Primacía de la Gracia está llamada, en primer lugar, a lanzarse en aquello a lo que está llamada a vivir como su centro: el Amor Esponsal a Jesucristo, fundamentado en la oración profunda, intensa, inflamada de amor. Juntamente con esta vivencia indispensable, vienen los estudios. A Moysés le gusta citar siempre el pasaje en que los discípulos, viendo rezar a Jesús, le pedía que les enseñara a orar54. Tal vez para sorpresa de ellos, Jesús les enseñó el Padrenuestro y algunas reglas preciosas sobre como el Padre siempre atiende la oración. Según el parecer de Moysés, la forma de orar de Jesús, su semblante y postura denotaban algo misterioso y maravilloso sobre la oración y los discípulos querían aquello que Él tenía. Querían que Jesús les enseñara como Juan había enseñado a sus discípulos. Sólo que eso era imposible. Por más maravilloso que fuese el relacionamiento de Juan con el Padre, el de Jesús era único: era puro amor. En su libro ¿Y ustedes quien dicen que soy?55 Nuestro fundador cuenta como el propio Señor le enseñó a orar. En mi caso, tuve que aprender según la Lectio y Teresa de Ávila. Tú también encontrarás la manera que el Señor tiene para ti. Es preciso pedirle solamente, creer, confiar y estar pronto para recibir. El Señor, en fidelidad a Su Palabra y a nuestro Carisma, te atenderá ya que este es el cerne de tu vocación. La intercesión de los baluartes El párrafo 13 nos dice que Francisco y Teresa son nuestros intercesores en el cielo. Es interesante ver que muchos de nosotros no siempre recurrimos a nuestros baluartes. Se nota, también, la necesidad de crecer en intimidad con ellos. Les cuento como, durante algunos meses, ellos me ayudaron a rezar. Estaba en una época de gran frialdad en la oración, tentaciones y dificultades de toda clase. Resolví, entonces, recurrir al siguiente “truco” de intercesión: le pedí a Santa Teresa que se quedara de un lado y a San Francisco del otro y que los ángeles me rodeasen. Que todos juntos me ayudaran a rezar. Hice esto todos los días durante el tiempo que necesité. Noté, no solamente un crecimiento en mi oración, sino también un cambio en el uso de los Carismas, un cambio evidente en el don de lenguas y mucha mayor facilidad para silenciarme ante Dios. A partir de ahí – esto fue alrededor de 1994 – siempre que estoy en dificultades en mi vida de oración, pido la intercesión de los dos, citando el párrafo 12, pidiendo un corazón amante y despojado y la amistad con Dios. Siempre funciona. Otra cosa que funciona mucho es releer la vida de estos santos, de fuentes confiables. (Libro de la Vida y Tomas de Celano). Es como si hubiese una re-ligación espiritual instantánea entre nosotros y entre nosotros y la vocación. Dejo a la Providencia Divina estudios más profundos sobre estos dos baluartes que, sin dudas, precisan ser, antes que nada, más amados, más admirados, más imitados, y finalmente mejor estudiados.

CAPÍTULO XVII

Reina de la Paz, Esposa del Espíritu 54 55

Lc 11,1-13 Azevedo, Moysés, ed. Shalom - 2005


Les recuerdo que estábamos en 1984 y que las comunicaciones no eran inmediatas como hoy, especialmente cuando venían de un país de la Europa Comunista, como Yugoslavia. Así, aunque las apariciones de Medjugorje habían comenzado en 1981, recién en 1983 se comenzó a escuchar algo más concreto sobre ellas y sólo, alrededor del 85 tuvimos acceso a los mensajes de la Virgen. Estas informaciones nos ayudarán a comprender el profetismo del párrafo 15 y visualizar mejor el cuadro general de lo que el Señor quería hacer en el pontificado de Juan Pablo II, de quien uno de los mayores llamamientos siempre fue a la “oración” y al “rosario”: 15. Junto a ellos está la Reina de la Paz, como María se titula en las apariciones de Medjugorje, en la Yugoslavia. Antes de conocer el contenido de su mensaje en estas apariciones, Dios ya ponía en mi corazón que la Reina de la Paz tenía mucho de qué hablarnos. Fue grata la sorpresa al ver enunciado en su mensaje mucho de lo que Dios ya ponía en nuestra vocación. Apeguémonos profunda y verdaderamente a Aquella que es la Esposa del Espíritu Santo, e imploremos su intercesión para que Él genere en nuestros corazones el Amor Esponsal a su Hijo Jesús. Como sabemos, el pedido más constante y vehemente de la Reina de la Paz es: “oren, oren, oren” y “hagan penitencia”. El día 31 de agosto de 1982, la Reina de la Paz hizo una revelación que nos ayudará mucho para entender la función de la oración en nuestra vocación: No dispongo de todas las gracias. Recibo de Dios lo que obtengo a través de la oración. Dios pone entera confianza en mí. Particularmente, protejo a aquellos que se consagran a mí. 56 Así, como no queremos ser santos para nosotros mismos, sino para Dios; así como toda nuestras acciones, pensamientos, apostolado, no son para nosotros mismos sino para Dios; así también, nuestra oración no es para nosotros mismos sino para Dios, y si estamos consagrados a María, para que ella las utilice según la voluntad de Dios y el bien de las almas. Quedé impresionada cuando comprendí esta realidad al hacer la consagración a la Virgen, según el método de San Luis Grignon de Montfort: ¡ella necesita de nuestra oración y nuestro sacrificio para ayudar a las personas en la tierra y en el purgatorio! Quedé más impresionada todavía, cuando leí el mensaje transcrito arriba, llena de humildad: Recibo de Diios lo que obtengo a través de la oración. ¡Sin dudas, la oración de ella y de los demás! Es como si la Reina del Cielo y de la Tierra estuviese mendigando nuestra oración! Es también, como si la Reina de la Paz fuese a implantar la paz en el mundo y en los corazones a través de nuestras oraciones y sacrificios y esto se encaja perfectamente con nuestra vocación desde sus comienzos. La lucha contra el pecado por el anuncio, oración, sacrificio, entrega de vida! No es porque sí que Moysés declara: Fue una grata sorpresa ver anunciado en su mensaje lo mucho que Dios ya había puesto en nuestra vocación. ¡Qué hermoso es ver la coherencia de Dios en la conducción de su Iglesia, en la preparación de la Esposa de Su Hijo! ¡Cómo llena nuestro corazón de gratitud saber que nada sucede porque sí y que nuestra vocación está insertada en un contexto eclesial misterioso que va más allá de nuestro entendimiento! El día en que los muros caerán Creo que es oportuno contar algo que nos pasó en 1985. Estábamos, los 5 o 6 miembros de la Comunidad de Vida en nuestra oración comunitaria, a las 14:30 y el Señor nos dio una extraña visualización: una imagen de la Virgen con ropas grisáceas, con un velo que pasaba por encima del brazo doblado. Encontrándola extraña, pedimos discernimiento a los hermanos, porque era una imagen totalmente desconocida. Poco después, la punta del manto fue recogida por su otro brazo, de modo que se formó como una U grande sobre la cual aparecieron centenares de pequeñas casas. Entonces, el Señor habló: “¡Disemínense! ¡Rompan los muros! ¡Yo los creé para el mundo entero! ¡No tengan miedo! ¡Disemínense!” El discernimiento fue que el Señor nos mandaría mundo afuera y que, como ya decía Moysés, nuestra vocación era universal, no era sólo nuestra, no era sólo para nosotros. Sin embargo, aunque salimos de la oración con aquella rara sensación de no saber cual era aquella imagen tan diferente de la Virgen María. Al salir de la capilla, ya en los arcos, en dirección de nuestras escobas y palas para hacer nuestra labor de limpieza, Mauricio, uno de los muchachos del grupo del Colegio Cearense, autor de “Nos dejas alerta para amar”, vino en nuestra dirección, muy animado, con un santo en la mano.” ¿Ustedes ya sabían que la Virgen se está apareciendo en Yugoslavia? ¡Miren la imagen! ¡Se la conoce como la Reina de la Paz!”

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Words from Heaven, Messengers of Our Lady from Medjugorje, 2003. St. James Publishing


Bastaba una breve mirada para reconocer la imagen que habíamos visto en nuestra visualización. El mismo velo “diferente”, el mismo brazo doblado, el mismo color de los vestidos, la misma expresión. ¡Habíamos sido visitados por la Reina de la Paz! Algunos días después, sin saber sobre lo ocurrido, el entonces ecónomo, Juan Bosco, hizo derribar los muros de Shalom, sin pedir permiso a nadie. Quedamos sorprendidos cuando llegamos para la oración. Era una señal. Los muros habían caído. Ahora restaba partir para la misión, lo que de hecho sucedió con breves viajes misioneros y el establecimiento de casas misioneras algunos años después. Hoy, diseminados por todo el mundo, sabemos que era verdadera la profecía y que nuestra vocación de hecho, es universal, para todos los pueblos, lenguas y naciones. Esposa del Espíritu Siendo una Comunidad Carismática de Alabanza, no podríamos tener otra intercesora, que no fuera la Esposa del Espíritu. No obstante, esto sería muy poco como para definir esta devoción mariana en nuestra vocación. Ella fue aquella que dijo “sí”, siempre a la voluntad de Dios, como una perfecta alma esposa. Fue, también aquella que se entregó a Él, sin restricciones,, como estamos llamados a entregarnos. Ella se unió a su Hijo en cuerpo, sangre, alma y divinidad al unirse al Espíritu, como estamos llamados a unirnos en la Eucaristía. Fue también, aquella que llevó al Espíritu a Isabel y Juan Bautista y Lo atrajo en Pentecostés. También nosotros estamos llamados a llevar y ministrar el Espíritu por el Bautismo en el Espíritu Santo y a clamar continuamente para que se mantenga encendido el Nuevo Pentecostés y se instaure en breve el Pentecostés del Amor. Nosotros, como ella, estamos llamados a llevar a todos, urgentemente, la experiencia de la Presencia de Jesús Vivo. Como ella, estamos llamados a contemplar y llevar la experiencia con el Resucitado que pasó por la Cruz. De los títulos de María, la Esposa del Espíritu es el que más cerca se refiere al Amor Esponsal, ya que es Él quien lo enciende en las almas y quien las hace ansiar por ese amor y entregarse a Él. Afirma Moysés que “junto con ellos – Francisco y Teresa – está la Reina de la Paz”. En verdad, al unir a Francisco, Teresa, la Reina de la Paz y la Esposa del Espíritu, nuestro Fundador nos está diciendo quienes son aquellos que, en el cielo, son nuestro auxilio en la vida de oración, y como por la oración y la penitencia, estamos llamados ayudar a la Reina de la Paz a construirla, como lo hizo el Papa consagrado a ella según Grignon de Montfort, quien tuvo su dulce compañía mientras duró su pontificado. Moysés en su Carta a la Comunidad 2005, nos hace un llamamiento e indica el camino de María como medio para encontrar el camino de la Paz: Como hijos que precisan del afecto y cuidados de la Madre, recurramos a ella cada día de nuestra vida . Por su intermedio sumerjámonos más intensamente en el misterio de Cristo, recibiendo la gracia de que por medio del camino de María, encontremos el camino de la Paz. Que Ella y nuestros baluartes nos ayuden a ser fieles a la oración y orantes ministros de la Paz como almas esposas del Príncipe de la Paz. Amén.

PARTE V LA PROFECÍA CAPÍTULO XVIII

¡PARA TODOS! La tarea del profeta es la de ser testigo del Dios invisible e inaudible, mostrando a través de la propia experiencia personal, es decir, a través de lo que él produce en la vida de quien se sirve como instrumento. (…) El profeta es alguien que tiene familiaridad con Dios y, por eso mismo, es capaz de escuchar su voz y percibir su presencia en la historia. Una presencia experimentada antes que nada en la propia existencia de la cual Dios se sirve para hacerla


instrumento de revelación de su Palabra. En la historia de los profetas aparece continuamente esta unión entre vida y mensaje para ser comunicado. Dios se revela a través de las palabras que hace el profeta decir, y al mismo tiempo, a través de la vida o comportamiento que lo hace asumir (…) Esta unión tiene especial importancia porque muestra concretamente que la palabra de Dios es eficaz y cumple lo que dice: y cumple antes que nada en aquel que la debe transmitir (…) El Profeta es, antes que nada, un hombre capaz de escuchar la palabra de Dios, con deseo apasionado por la fidelidad. Su fuerza deriva de la fe y de la prevalencia de la dimensión vertical de la propia existencia. (…) Agréguese que él es un “pobre de espíritu”, es decir, libre de esquemas prefabricados, disponible a los cambios, abierto para recibir “la lógica de fondo” de la alianza, además de las configuraciones concretas que pueden aprisionarlo (…) Puesto que la función “profética” de la vida consagrada está directamente unida al testimonio, es evidente que este se expresará sobre todo a través de propuestas vitales (…) La primera función del profeta, mientras esté activamente presente en la historia, es la de ser la conciencia crítica de la Iglesia y de la sociedad en las cuestiones del propio tiempo. 57 Hizo cuestión de iniciar este capítulo con esta definición de Pigna sobre profeta y profecía, no solamente por las innumerables profecías que hemos visto en este Escrito, sino en función de la que vamos a ver en este capítulo. Cuando se es testigo, como lo fui, de lo que pasó y de la extrema simplicidad como todo se fue dando, se aprende, cómo Dios actúa con simplicidad en los corazones simples, y como afirma el autor de arriba, a través de un hombre “pobre de espíritu”, libre de esquemas prefabricados disponible a cambios, abierto a acoger la “lógica de fondo” de la alianza, además de las configuraciones concretas que pudieran aprisionarla. Delante de mía, había un joven de 25 años, absolutamente apasionado por Dios, e inmensamente libre. Entre nosotros, un papel manuscrito, rayado, garabateado, pero, en este párrafo, claro como el agua más transparente. Me esforzaba para leer y controlar adecuadamente mi admiración: 16. En la Obra Shalom, el Amor Esponsal no se halla caracterizado solamente por la vocación de celibato. ¡No! Todos están llamados a poseerlo, todos son almas esposas de Jesús. Todos deben buscar ser las vírgenes prudentes que esperan el momento de las Nupcias, manteniendo encendida la llama del amor en sus lámparas. Laicos, sacerdotes, célibes, jóvenes, niños, hombres, mujeres, casados, todos están, en Shalom, llamados a amar así a nuestro Rey y Señor, y cada vez más inflamados por este amor, en la sed por la oración (unión con el Amado) y en el servicio (haciendo la voluntad del Amado) a dejar que el Espíritu impulse su vocación y sus vidas. La señal del Amor Esponsal es tener un corazón inflamado de amor por Jesucristo y desear siempre más, pues cuando se ama así, siempre se considera poco y siempre se ansía amar más, más, más... Por un lado, tenía ante mis ojos algo así como una inmensa llave de oro que me abriría la pesada puerta de una cadena milenaria y que me diría: “¡Sí! Tú estás casada, pero puedes ser santa! ¡Tú puedes ser amiga de Jesús! ¡Puedes amar a Jesús! ¡Puedes ser como las religiosas, alma esposa de Jesús! ¡No eres una católica de segunda clase que se casó porque no resistió la pasión! ¡Puedes ser un alma esposa, como las monjas de tu antiguo colegio, como las santas que tú admiras!” Por otra parte, mi posición de como la “más vieja” y más experimentada, de la comunidad naciente me decía: “¡Esto es una locura! La Iglesia jamás va a aceptar una cosa como esta! ¿Dónde se vio? ¡El Amor Esponsal, está claro, en siglos de tradición, es para los vírgenes consagrados! ¡No dejes que Moysés ponga en el Escrito una locura como esta!” ¿Alegría que pone cabeza abajo el corazón y la lógica en una profecía libertadora? ¿El deber de aclarar una locura? El deber venció. La alegría, lamentablemente, “no era para la gente como yo”, como había aprendido en mis años de pre-concilio. Finalmente, ponderé: “¡Moysés, esto es una locura! ¡La Iglesia no piensa así! No es así que está escrito. No es así lo que la Iglesia ve. Amor esponsal es un término muy grande, usado por los místicos, no es para todos… Mira: hasta los niños has puesto aquí…” “¿Y por qué no, si Dios lo quiere dar? En Shalom el Amor Esponsal es para todos, para todos. No existe otra forma.” Yo sabía que él estaba en lo correcto. Correctísimo. Podía sentir en mi alma una luz que barría con todo, que iluminaba todo, que me abría las puertas a la santidad que yo creía inaccesible por el simple hecho de estar casada. Aún en Shalom, yo creía que mi papel era el de llevar a “los niños” hasta que comenzaran la comunidad, y 57

Pigna, Arnaldo, La Vita Religiosa, Teologia e Spiritualitá, editorial OCD, Roma 1991- pág. 361 a 363.


después, desaparecer. No sé decir cuántas veces lloré pensando en esta necesidad, a mi ver, imperiosa de no continuar con ellos, haciéndolos “correr riesgos” debido a mi estado de vida. La luz que me invadía me decía que Moysés estaba en lo cierto. La experiencia alertaba que podríamos tener serios problemas con el párrafo 16. Para mi admiración, ¡jamás los tuvimos! Jamás nadie nos cuestionó sobre que el Amor Esponsal era para todos y hoy este es un concepto tan tranquilamente aceptado por todos y tan utilizado por otras comunidades que de nuestra parte sólo puede subir a Dios alabanza y gratitud. Continuemos con el famoso párrafo: Era interesante ver como las definiciones de los términos estaban, confusas aún: obra, vocación, don, Carisma, todo estaba medio mezclado. De ahí fue que Moysés inició el párrafo diciendo: “En la Obra Shalom” cuando debería decir “En la Vocación Shalom”. Interesante, también, es notar como ésta fue la única vez en que, hasta hoy, nuestro fundador utilizó este “¡No!” solitario y enfático en el medio de un párrafo. Había, de hecho, una fuertísima convicción en su corazón. Convicción, además, profundamente coherente con su certeza de que nuestra vocación está llamada a albergar los tres estados de vida como complementarios entre sí y como imagen de la relación intra-trinitaria y de la Iglesia Esposa de Cristo. Vírgenes Prudentes Impresiona muchísimo el hecho de que Moysés, por primera vez, asociaba a las almas esposas que todos, todos, todos, (así lo pone en el texto, tres veces) están llamados a ser, con la parábola de las Vírgenes Prudentes, imagen tradicional de la Iglesia que ora y vigila, a la espera del Esposo que no tarda. Él agrega, sin embargo, un hermoso dato y esencial a la exégesis de esta parábola. La Iglesia no sólo ora, vigila y espera. La Iglesia ama, vigila y espera. Según el texto, es el amor el que mantiene encendida la llama de las lámparas, no el estado de vida, ni el sexo, ni la edad, o consagración, sino el amor, ¡el amor expresado en la entrega incondicional de vida e intimidad con el Esposo! Dentro del contexto del Escrito, podemos percibir, también, además de la visión escatológica que asume el amor58, el discernimiento espiritual que la intimidad del amor y oración genera en las almas esposas, independientemente de su estado de vida, como se verá además en este Escrito y en Obra Nueva, principalmente, aunque no esté ausente de los otros. En el contexto integral del Escrito Amor Esponsal, las Vírgenes Prudentes de la Palabra no salieron a comprar aceite porque lo tenían a través de la oración de la intimidad con Dios, porque recibían de Dios el Amor que les suministraba el aceite para amar y así, aumentar su cantidad 59, manteniendo encendidas las llamas de las lámparas y porque, de ambos usufructuaban el discernimiento espiritual que indicaba la proximidad de la llegada del Esposo. Ellas, además de eso, son en nuestra vocación, la repetición de la figura de Juan Bautista, también él lámpara, también él novio, también él orante, también él capaz de discernir la proximidad del Esposo. Como Juan Bautista, la Parábola de las Vírgenes nos tiene mucho para decir sobre el Amor Esponsal y el relacionamiento con el Amado. Moysés podría haber escogido la figura romántica de la Sulamita, del Cantar de los Cantares. No lo hizo: escogió a una “comunidad de almas esposas” para esperar la venida del Esposo-Cordero, habiendo tenido en los brazos, a través de Juan, María y Magdalena, al Esposo Vaciado bajado de la cruz. Tenían, en sus corazones, esta experiencia personal mística con el Verbo de Dios Encarnado que habiendo aprendido la obediencia, pasó por la cruz, resucitó y regresará como Cordero-Esposo. Todos deben buscar ser las vírgenes prudentes que esperan el momento de las Nupcias manteniendo encendida la llama del amor en sus lámparas. Laicos, sacerdotes, célibes, jóvenes, niños, hombres, mujeres, casados, todos son, en Shalom, llamados a amar así a nuestro Rey y Señor y cada vez más inflamados por este amor, en la sed por la oración (unión con el Amado) y en el servicio (haciendo la voluntad del Amado) dejar que el Espíritu impulse la vocación y sus vidas. “Para así amar a nuestro Rey y Señor”, es decir, amar con amor incondicional, de unión, amor de esposo. El amor que Moysés presenta en este párrafo fundamental, además de tener un sello escatológico y eclesial evidente, además de fundamentar la esponsalidad en el amor y no en el estado de vida, lo describe como un 58

Al estudiar otros escritos de Moysés se puede ver con claridad y alabanza, algo así como una “función escatológica” del amor, ya presente en el Amor Esponsal, pero visible en prácticamente todos los otros Escritos. 59 Cf. Amor Esponsal 24


amor creciente hasta el infinito: todos están llamados a amar a nuestro Rey y Señor con Amor Esponsal, pero este amor debe: •

Inflamarlos incesantemente y cada vez más.

Aumentar en ellos la sed por la oración, que es la unión con el Amado (esta es la primera vez que el texto se refiere directamente a la oración como inflamadora del Amor Esponsal como unión con Dios)

Llevar, inexorablemente al servicio

Dejar que el Espíritu impulse la vocación y sus vidas según la voluntad de Dios, cuya voz, por la oración, son capaces de discernir y seguir (por primera vez el fundador se refiere a la voluntad del Amado).

Además de la profecía en sí, este párrafo ofrece definiciones preciosísimas, aunque lamentablemente, sucintas: •

Definición sobre la oración profunda: unión con el Amado

Definición del Amor Esponsal: hacer la voluntad del Amado

Definición del Espíritu como impulsor de la vocación y de la vida. Conociendo el lenguaje de Moysés, sabemos que aquí, lejos de desear separar, vocación y vida, lo que él quiere decir es, que las dos son una misma cosa.

Al final del párrafo, viene una descripción nueva y hermosa para reconocer el auténtico Amor Esponsal. No sólo es aquel que nos abrasa, ni nuestra entrega incondicional a Dios, a sus planes, a sus intereses, a su vida, a su voluntad, como en el párrafo 4, sino: El signo del Amor Esponsal es poseer un corazón inflamado de amor por Jesucristo y desear siempre más, porque cuando se ama así, siempre se considera poco y siempre se ansía amar más, más, más… Sin embargo, más que presentar a sus discípulos una definición de amor Esponsal, lo que él quería decir era: el signo del Amor Esponsal no es este o aquel estado de vida, sino es poseer un corazón inflamado de amor y siempre desear más, porque cuando se ama así, independientemente de ser religioso o laico, hombre o mujer, casado o soltero, célibe, anciano o niño, siempre se considera poco, siempre se ansía amar más. Este amor que mantiene encendida la llama de las vírgenes prudentes abre las puertas al amor al Esposo que viene y a quien se desea dar siempre más, más y más. En el día en que discutimos este párrafo, hablamos sobre esto y esta frase fue la forma más delicada y al mismo tiempo clara, para decir, sin herir a nadie, que lo que importa es el amor incondicional e insaciable del corazón inflamado, que siempre considera poco lo que hace y jamás se fía en el propio estado de vida o consagración para atribuirse un amor que viene del cielo para todos los que lo claman. ¡Bendita profecía que ha abierto tantas puertas y a tantas almas! ¡Bendito profeta que, sin presunción y con toda libertad, osó anunciarla!

PARTE VI VIDA ESPIRITUAL CAPÍTULO XIX

Unión íntima con Jesús En los párrafos 17 al 19, Moysés toca en tres pilares de la vida espiritual de la vocación Shalom, siempre teniendo como referencia al Amor Esponsal. Vale la pena leer esto que es fuente de lo mucho que ha sido escrito y predicado sobre estos asuntos: 17. La vida de unión íntima con Jesús a través de la oración es la fuente para florecer y madurar este Amor Esponsal. No puede haber Amor Esponsal sin que diariamente procuremos encontrarnos con el Amado y ganar buen tiempo en Su compañía, en adoración, alabanza y escucha. La oración personal es la ocasión donde el Señor


viene a edificar esta obra de amor en nosotros. La contemplación del Amado es el jardín que el Espíritu Santo encuentra para sembrar y cosechar estas rosas de amor. Por esto, repito, todos los que poseen la vocación Shalom deben de estar conscientes de que es una vocación cimentada en la oración, que este Amor Esponsal debe inflamar las almas y que la fuente de este amor se encuentra en el camino de la oración, en el pleno sentido de la palabra: personal, diaria, contemplativa, a solas con Dios, según el modelo de Santa Teresa de Ávila. Cuando este escrito fue redactado, en algunos sectores eclesiales del Brasil, se tenía la idea generalizada de que quien se dedicaba a la oración era “demente”. El rótulo era inmediato y algunas veces prejuicioso. No interesaba si la persona o grupo servía a los pobres o promovía la justicia social de alguna forma. ¿Reza? ¡Está loco! Hoy en día, después de alguien como Madre Teresa de Calcuta y de alguien como Juan Pablo II, la situación encima se hizo anacrónica, casi increíble. Sin embargo, es verdad. Este hecho nos impedía utilizar algunos términos y hablar libremente de algunos asuntos. Hablar de los pobres nos dejaba en situación difícil, porque si decíamos que servíamos a Jesús pobre y el pobre era parte de nuestro llamado, después seríamos comprendidos entre las personas que no estaban, como se decía en esa época, “en comunión con el PPO” (Plan Pastoral Orgánico), es decir con el Plan Pastoral Orgánico, que tenía reglas claras para servirlos según la “opción preferencial por los pobres”. Si por prudencia, sólo servíamos a los pobres, pero no hablábamos de ellos con vehemencia, invocando a Amós, Isaías 58 y la justicia social, éramos tenidos por dementes. Al comienzo de un camino, estos posicionamientos serían, al menos, imprudentes. Por otra parte, utilizar términos como contemplación, contemplativa, oración contemplativa, persona, comunidad contemplativa, etc. era generar incomprensión segura y persecuciones veladas. Teníamos que recurrir a términos equivalentes, aunque no sinónimos: oración profunda, persona de oración, oración personal, unión íntima, intimidad con Dios, etc. Esta contingencia, bien nítida en este párrafo 17, no nos perjudicó. Por el contrario. Nos ayudó a definir bien, conceptos que el Señor había inspirado al fundador. Además de eso, agregaba valor y coraje a algunas de sus afirmaciones, dado el contexto de la época. Un ejemplo era ver que, después de afirmar valientemente y proféticamente que el Amor Esponsal era para todos, nuestro fundador afirmaba, consecuente y coherentemente que la unión íntima con Dios también era para todos los que lo querían tener, independientemente de su estado de vida, profesión, edad, etc. La vida de unión íntima con Jesús a través de la oración es la fuente para florecer y madurar este Amor Esponsal. Más aún: afirma que esta oración debe ser diaria, lenta, compuesta de alabanza, adoración y escucha: tres actividades que necesariamente, llevan tiempo. Bueno, eso fue una sorpresa, en la época, para los profesionales, padres de familia, estudiantes. La oración larga era para el religioso contemplativo y sólo ahí. Para los laicos, cuando mucho, la lectura de algunas oraciones para hacer diariamente, compiladas en libros de este o aquel movimiento laico. Esto si quería, porque su lugar era batallando en el mundo por el derecho y la justicia, a favor de una situación política más democrática (vivíamos, en esa época, una dictadura). En este contexto, nuestro profeta tuvo el coraje de afirmar: No puede haber Amor Esponsal sin que diariamente procuremos encontrarnos con el Amado y ganar buen tiempo en Su compañía, en adoración, alabanza y escucha. Decirles eso a los laicos – a todos – en aquella época era como hablar un lenguaje que iba en contra de todas las corrientes y la gran mayoría de las homilías, de los postulados, de las propuestas de liberación. Además de la cuestión de la demencia en sí, además de hablar de un “buen momento” es decir un largo tiempo separado para estar con el Señor, hablaba en “Su Compañía”, lo que indicaba que nuestro fundador, contrariamente a muchos en esa época, creía que el Señor nos hablaba, nos escuchaba, nos respondía, nos dirigía, en fin, que se podía tener una experiencia íntima y continua con el Señor Vivo y Resucitado y esto, en el contexto eclesial en que vivíamos, era fuertemente objetado por la mayoría. Paso a paso, cuidadosamente, el texto pasa de la noción de “oración” para la de “contemplación”. Comienza reafirmando que esta obra de Amor Esponsal – que es para todos – está edificada por el propio Señor en nosotros en los dilatados momentos de intimidad, alabanza, adoración, escucha, es decir, oración personal diaria. Después, vuelve a la idea de la “embasada” que vimos en la Parte 1. El Señor construyó su edificio espiritual “basado” en la vida de oración y Amor Esponsal. La oración personal es la ocasión donde el Señor viene a edificar esta obra de amor en nosotros.


Sólo después de este primer paso, nuestro fundador pasó para el término “contemplación”. Nosotros, que lo conocemos hablando y escribiendo sobre el corazón traspasado de Jesús como fuente de contemplación hasta extrañamos un poco su lenguaje aquí, que – si no fuese por la necesidad impuesta por el contexto de la época – parecería infantil y primitiva: La contemplación del Amado es el jardín que el Espíritu Santo encuentra para sembrar y cosechar estas rosas de amor. Es necesario decir que, en esa época, cuando se quería explicar lo que era la contemplación, la experiencia de la misma entre los laicos era tan poca, que utilizaban figuras como jardín, rosas, mar, conchas, arena, que nuestros ojos contemplaban para elevar el corazón a Dios. De cualquier forma, queda el mensaje: es preciso contemplar al Amado diaria y dilatadamente, en escucha, alabanza y adoración. En este coloquio personal, el Espíritu siembra amor. Como diríamos hoy, el Espíritu comunica el amor de la Trinidad para que una vez amados, podamos amar, dejándoLO cosechar rosas, frutos del amor que Él mismo nos concedió en la contemplación. Es esto que, en otras palabras, nos dice hoy Benedicto XVI en Deus Caritas Est 7. Para quien es Shalom Sin crear otro párrafo, como seria de costumbre, ya que ahora no se dirige más a “todos”, sino solamente a quien tiene la vocación Shalom, Moysés es terminante al hablar sobre el asunto. No dividir los párrafos, a pesar de los dos asuntos, indica en su lenguaje, que lo que fue dicho para un grupo sirve también para el grupo que sigue: Por esto, repito, todos los que poseen la vocación Shalom deben de estar conscientes de que es una vocación cimentada en la oración, que este Amor Esponsal debe inflamar las almas y que la fuente de este amor se encuentra en el camino de la oración, en el pleno sentido de la palabra: personal, diaria, contemplativa, a solas con Dios, según el modelo de Santa Teresa de Ávila. Al observar que utilizaba la palabra “repito”, naturalmente, hice mi cuestionamiento. ¿Qué es lo que él estaba repitiendo, si todavía no lo había dicho? El moysesés prevaleció: “Lo dije, sí. No lo expresé directamente, con esas palabras, pero durante todo el escrito no dije otra cosa, que sólo eso! Si fuera en portugués, con la lógica de esta lengua, al utilizar “repito”, él debería, de hecho, estar repitiendo. Con el moysesés, sin embargo, era distinto. Servía para decir que lo que no se había dicho directamente tenía que entenderse como si se lo hubiera dicho 60. Listo. Fin de la discusión. Lo que importa es que todos los que poseen la vocación Shalom tienen que estar conscientes de que: •

Es una vocación basada en la oración, es decir, hay que rezar durante una hora todos los días y hacer una hora de estudio bíblico como lo ordenaban las Reglas, y hoy, los Estatutos.

Sin oración, no existe vocación Shalom, naturalmente, porque sin su fundamento, su base, está desmoronaría antes que nada, la vida de cada uno que no reza, y después la de la comunidad como un todo.

El Amor Esponsal debe inflamar a las almas, o entonces, no es vocación Shalom.

La fuente de este amor se encuentra en la oración, no en la fantasía, no en los sentimientos, no en la buena voluntad, no en la dedicación al apostolado, sino en la oración.

La oración, para ser Shalom, necesita ser: personal, diaria, contemplativa, detenida en Dios, según el modelo de Santa Teresa de Ávila.

Parada con Dios

60

Aunque a lo largo del libro, nos hayamos referido por aquí y allá, al “moysesés” con un poco de humor, para dejar al libro más liviano, no podemos en forma alguna despreciar las reglas de este lenguaje. No se tratan de errores de lenguaje. Se trata, en realidad, de un lenguaje, con sus reglas interiores propias y originales. El lenguaje utilizado por una persona en general refleja no solo lo que esta persona piensa, sino la forma cómo ella piensa. Estudiar el lenguaje del fundador nos ayuda, por lo tanto, a comprender su “lógica interna”, su forma de pensar, de encarar el mundo, los acontecimientos, el Carisma, la vocación y la relación con Dios. En no pocos casos, nos ayuda, igualmente, a entender su forma de actuar.


Amo esta expresión y tengo muchas nostalgias de ella. “Tiene la cara, exacta” de Moysés a los 25 años, cuando quería explicar lo inexplicable, cuando quería transmitir lo intransmisible de su experiencia con Dios. Es una de mis expresiones predilectas del moysesés: la oración parada con Dios. Entendí mejor eso cuando, antes de consagrarme en la comunidad, él me puso en un “noviciado” de tres o cuatro meses, “parada con Dios” desde las 14 a las 17 hs. todos los días, para rezar y leer Santa Teresa. Una experiencia que me llena de nostalgia. ¿Finalmente, qué es una “oración parada con Dios”? No deja de ser “una oración según el modelo de Teresa”, o por lo menos, una de sus características. Como ya dijimos, no podíamos usar claramente y en el contexto exclusivo de oración la palabra “contemplativa”. Así, “según el modelo de Teresa” y “parada con Dios” son eufemismos de “contemplativa”. Todo esto, sin embargo, hizo que la famosa “oración según el modelo de Teresa” adquiriese, junto con el término “parada con Dios”, algunas connotaciones típicas de la oración Shalom, “parada con Dios”: •

que dedica un buen tiempo del día a la oración contemplativa y Lectio divina (por lo menos 3 horas, en el caso de la Comunidad de Vida, 2 horas para la Comunidad de Alianza y entre 2 y 3 para Alianza Residencial.

que dedica por lo menos una hora semanal para la adoración al Santísimo.

que dedica un tiempo del día para la oración del rosario, muchos del Rosario completo.

que dedica “paradas” a lo largo del día para la liturgia de las horas y la oración comunitaria.

que “para” por gracia de Dios, el pensamiento, las preocupaciones, las agitaciones del día para estar con Dios y reconocer Su Señorío y Su Gloria.

que se abandona, en silencio interior, ante el Santísimo, a quien adora.

Conociendo la lógica del lenguaje de Moysés, se conoce fácilmente que esta “parada” significa tanto “estar parado ante Dios, entregándoLe tiempo, dejando que Él “actúe” y que “tome el comando” como “parar con todo lo que se está haciendo” para dedicarse a Dios, el amigo íntimo. Además, de estos dos significados, él mismo ya nos explicó varias veces, aunque con dificultad. Su tendencia sería decir: “Parada, ora. Parada, ¿qué quiere decir parada?” Para él está claro, muy claro. Para nosotros, es tan rico que necesita explicarse detalladamente, a fin de que no se pierdan ni en nuestra vivencia, ni a lo largo del tiempo.

CAPÍTULO XX

DE LA FUENTE AL DESBORDAMIENTO Cuando yo ya no viva, uno de nuestros hijos deberá dedicarse a estudiar, en los escritos de Moysés, la utilización del sustantivo “fuente” y del verbo “desbordar” aplicado a personas y continentes y no a los contenidos 61 . Será como sumergirse y tanto en nuestra espiritualidad, pues Moysés no los utiliza conforme al lenguaje normal. Pero, quien sabe, Dios todavía me concede esta gracia. Par Moysés, a partir de estos términos, el “shalomita” jamás es una vertiente, jamás es una fuente, mucho menos un reservorio, lago o cosa parecida. Esas connotaciones, en nuestra espiritualidad, serían verdaderos absurdos anatemas. Sin embargo, el “shalomita” se desborda junto con todo lo que se pueda imaginar: alabanza, adoración, gratitud, nuevo… Leamos el texto, atentos a la fuente y al desbordar: 61

Una frase tradicional diría “Fulano de tal desbordó de alegría” o “Él llenó el vaso de agua hasta que desbordó”. Moysés utiliza “para que así desborde la paz” y jamás dice que la paz, o la alegría, o la felicidad u otro sentimiento o virtud cualquiera desborde. Además de eso, no dice que “Fulano desbordó de paz”. No se admite esta expresión en portugués porque no expresa lo que se quiere decir. Es como si se quisiera expresar que la persona “se desbordase en paz, en alegría, etc.” y no admitiese que la paz, alegría, amor u otro sentimiento cualquiera pudiesen desbordar independientemente de alguien que se desbordase con él. Es muy, muy interesante e inspirado y de gran valor espiritual el uso que nuestro fundador hace de este verbo. Cuando le hice estas observaciones, en la semana del fallecimiento de Juan Pablo II, en Roma, se quedó muy admirado de que no era así que todo el mundo pensaba y me preguntó si yo tenía la seguridad de que él utilizaba el verbo diferente. En seguida, dijo que había que dejar como estaba, diferente, así.


18. El reconocimiento de nuestras faltas y el arrepentimiento son fuentes de alimento de este amor, pues cuanto más se percibe lo poco que merecemos el amor de Dios, más nuestro corazón se inflama de gratitud a Aquél que misericordiosamente nos ama tanto. 19. La alabanza y la adoración son las formas más plenas de desbordar, en la oración, este Amor Esponsal a Jesús, pues el único lenguaje que estas almas saben hablar es la gratitud. •

¿Queremos crecer en el Amor Esponsal? Busquemos el viejo secreto, aquí llamado “fuente”: el reconocimiento de nuestras faltas.

En el mismo nivel que reconocimiento, por primera vez, Moysés habla de arrepentimiento.

Como no podría dejar de ser, en nuestra espiritualidad en la que el alma esposa es humildísima, el fruto del reconocimiento de las faltas es el arrepentimiento y la gratitud, que necesitamos clamar a Dios como gracias especiales.

El Amor Esponsal a Jesús, se bebe de la fuente del reconocimiento de las propias faltas, del consecuente arrepentimiento y gratitud y desborda (atención! Sin ser guardado, reprimido, pero inmediatamente y como parte de la persona) en alabanza y adoración, que a su vez, están ligados a la fuente anteriormente mencionada.

En suma, para entender mejor: •

Reconocimiento de las propias faltas.

Arrepentimiento

Gratitud

Gratitud desbordante

Alabanza como lenguaje de este desbordamiento y del Amor Esponsal

Adoración como lenguaje del alma esposa

Como vimos, no hay lugar para la auto-acusación. No hay lugar para la conmiseración, mucho menos para la murmuración, desilusión, decepción. El lenguaje del alma esposa es siempre alabanza y adoración. La escuela para aprender este lenguaje es el reconocimiento de las propias faltas, el arrepentimiento y la gratitud, que explotan, “desbordan” en oración según el modelo Shalom, en el lenguaje del alma esposa. Junto con el párrafo 17, los párrafos 18 y 19 se pueden considerar como consejos pastorales prácticos sobre la oración según el modelo Shalom.

PARTE VII LA VOLUNTAD DE DIOS Y SU DISCERNIMIENTO CAPÍTULO XXI

AMANTES DE LA SANTÍSIMA VOLUNTAD DEL PADRE En el Escrito Amor Esponsal, esta es la segunda vez que Moysés se refiere a la voluntad del Padre. Lo hizo brevemente en el párrafo 4:


En el amor que busca cada vez más olvidarse de sí, de su propia voluntad, de sus propios intereses, de su propia vida y que, cada vez más inflamado de amor por el Amado, lo busca solamente a Él, Su voluntad, Sus intereses, Su vida, Su obra. Como vemos, el contexto del párrafo 4, es todavía, del Amor Esponsal en su incondicionalidad y entrega total al Amado. En el párrafo 20, después de haber lanzado las bases teológicas, vocacionales y pastorales para el Amor Esponsal, nuestro fundador llega al meollo del mismo según la espiritualidad tradicional: la unión de amor, o la unión de las voluntades62. Leamos los tres párrafos como un bloque: 20. Ser amantes de la Santísima voluntad del Padre y tener toda la diligencia para descubrirla y cumplirla es la forma más plena, en la vida, de desbordar este amor, obedeciendo fielmente a la voz del Amado. Descubriremos esta Voluntad tanto más claramente cuanto más desarrollemos nuestra escucha al Señor. Digo escucha en el sentido pleno de la palabra: escucha de Dios en nuestra oración, en Su Palabra, en las mociones del Espíritu, en el silencio interior donde se oye la voz de Dios. 21. La voz del Amado es reconocida por el alma que Lo busca y tiene intimidad con Él en la oración. Sin una verdadera, fiel y auténtica vida de oración diaria es imposible reconocer la voz de Aquel que muchas cosas nos quiere hablar y corremos el riesgo, sordos a Su voz, de llamar a nuestras pasiones, a nuestra carne, a nuestros planes personales y a nuestra voluntad propia, voz de Dios. 23. Esta es una trampa sutil que el enemigo de las almas utiliza para apartarlas del camino de la salvación. La única manera de luchar contra todo eso es buscando no ver más las cosas como “hombre natural”, sino como “hombre espiritual” (1Cor 2,13-16) las ve, y sólo podremos tener esta visión sumergiéndonos en la contemplación, en la intimidad con el Amado. A través de esta intimidad podremos conocer, oír, discernir y amar esta Santa Voluntad. Ser amantes de la voluntad de Dios todos los momentos de nuestro día y de nuestra vida es descubrir y beber de la fuente de la Paz y de la Felicidad. Leer estos párrafos y recordar lo que está escrito sobre la Voluntad de Dios en Obra Nueva, Pobreza y Shalom, da un desfallecimiento. Una sensación extraña de respeto por estar ante de una de las características más importantes del espíritu del fundador y, al mismo tiempo, una sensación de orden de Dios para que se estampe este asunto en los Escritos y se escriba sobre eso. El alma esposa es la que no sólo ama, sino que es amante63 de la Santísima Voluntad del Padre. Se ve fácilmente que nuestro fundador procuró elevar a lo más alto posible la voluntad del Padre, utilizando, inclusive toda la expresión en letras mayúsculas: santísima, es decir, altísima, perfectísima, insustituible. En la oración y en la vida Dos párrafos más arriba, Moysés decía que por la oración, que la forma más plena de desbordar el Amor Esponal a Jesús es la alabanza, la adoración, la gratitud. Aquí, afirma que la forma más plena de vivir el Amor Esponsal es obedecer fielmente a la voz del Amado: Ser amantes de la Santísima Voluntad del Padre y tener toda la diligencia para descubrirla y cumplirla es la forma más plena de, desbordar este amor en la vida, obedeciendo fielmente a la voz del Amado. “Diligencia” es una de las palabras preferidas de nuestro fundador, tanto en su lenguaje escrito como hablado. Significa celo, atención, donación de sí mismo, no ahorrar esfuerzos, aplicarse completamente. Para nuestro fundador y nuestra vocación, la Voluntad de Dios es algo muy, muy serio, altísimo, merecedora de todo respeto y veneración. La diligencia, es decir, serio empeño para descubrir la voluntad de Dios y cumplirla fielmente no es, 62

No puedo afirmarlo con toda seguridad, pero de acuerdo a lo que yo sé, Moysés, en esta época, no tenía contacto suficiente con la espiritualidad clásica de la fe católica para haber llegado, por lógica o conocimiento, a esta progresión. Según mi modo de ver, por lo que recuerdo y sé de su vida de ese tiempo, conocía lo básico de Santa Teresa, sin ningún estudio más profundo. Esto sólo trajo más alabanza y gratitud a nosotros, sus hijos y discípulos, que lo vemos, en enorme esfuerzo de expresión, “intentar pasar para el papel” el camino del Amor Esponsal que recorrió y que – importantísimo! – fue recorrido del eros al ágape, del amor inflamado e incondicional a la adhesión incondicional a la voluntad del Padre que debe ser tan amada y buscada como la propia vida, aunque la propia existencia sea el precio. Por gracia, nuestro fundador recorrió, en poquísimo tiempo, intuitiva y vivencialmente, el curso entero! Después, claro, fue probado de varias formas en su Amor Esponsal. El camino, sin embargo, fue completamente recorrido. 63 “amante” – tuvimos la oportunidad de explicar este término en el lenguaje de Moysés en la parte sobre los Baluartes. Para él, “ser amante” es tener un amor constante, firme, inquebrantable, eterno. Contrasta frontalmente con “ser/estar enamorado”.


en la vida espiritual, una broma entre personas inconstantes e inmaduras, sino el diferencial con relación a personas maduras y coherentes. Según el párrafo 20, he aquí las pruebas de que, en la vida, amamos a Dios con Amor Esponsal: •

Ser amante de la Santísima Voluntad del Padre

Ser diligente para descubrirla

Ser diligente para cumplirla

Obedecerla fielmente

Para usar un lenguaje clásico, estos pasos no son otra cosa sino unir, por el amor y por amor y de forma perfecta, nuestra voluntad a la voluntad de Dios, de forma que no haya sino una única voluntad, un único amor. Esta es la santidad de las almas menores y peores, como nosotros, Shalom. Sobre su experiencia personal en cuanto a la Voluntad de Dios, nos habla Moysés en su Carta a la Comunidad 2005: El conocimiento de Dios me llevó a recorrer una vía de auto conocimiento, y ésta me fue haciendo comprender que amar a Dios es dejarme configurar a Su Santa Voluntad. ¿Cómo descubrir la voluntad de Dios? Este será el tema principal de Moysés en lo que queda del párrafo 20 y en los párrafos 21 y 22. Esto es lo que nuestro fundador nos aconseja a hacer: desarrollar la escucha del Señor. Descubriremos esta Voluntad tanto más claramente cuanto más desarrollemos nuestra escucha al Señor. Concretamente, para nuestro fundador esto significa: Digo escucha en el sentido pleno de la palabra: escucha de Dios en nuestra oración, en Su Palabra, en las mociones del Espíritu, en el silencio interior donde se oye la voz de Dios. Esta es la lista, que está ahí desde hace veinte años: •

En la oración

En la Palabra

En las mociones del Espíritu

En el silencio interior

En la escucha

Retornamos al sentido de oración como “detenida en Dios”. Es necesario tiempo para escuchar. Es necesario no sólo dejar que Dios hable, sino también aprender a distinguir su voz, y las “inflexiones” espirituales de la misma. Es necesario tiempo para orar y meditar con la Palabra, haciendo nuestra Lectio, nuestra lectura oracional. Es necesario un corazón atento, que ore y alabe sin cesar, un corazón experimentado en el uso de los Carismas para percibir las mociones del Espíritu. Es necesario detenerse, hacer religiosamente nuestros retiros personales para poner atención a nuestro interior, donde Dios habita. Lamentablemente, es frecuente ver todas estas orientaciones – y las que siguen – ignoradas y, aún así, queremos ser almas esposas, queremos conocer la voluntad de Dios, como si la vivencia de la vocación fuese una orientación venida de hombres y no de Dios. Es inspirado por Él que Moysés comienza el párrafo 21 de forma inequívoca: La voz del Amado es reconocida por el alma que LO busca y tiene intimidad con Él en la oración. Es frecuente encontrar personas en la búsqueda sincera de un discernimiento espiritual sobre la voluntad de Dios. Son jóvenes que buscan discernir su vocación y su estado de vida, personas que buscan discernimiento sobre su vocación, formadores comunitarios y responsables locales con casos desafiantes, miembros de los Consejos Locales en búsqueda de luz, profesionales procurando orientación según la voluntad de Dios para sus decisiones, padres de familia en la búsqueda de decidir sobre la mejor conducta según la voluntad de Dios, entre tantos otros. Todo esto está muy bien. La ayuda del hermano que ora, es sin duda alguna, esencial para un buen discernimiento de la voluntad de Dios. Sin embargo, esta no es todo y Moysés deja bien claro eso: ¡Dios quiere hablar de muchas más cosas de las que estamos dispuestos a escuchar!


Sin una verdadera, fiel y auténtica vida de oración diaria es imposible reconocer la voz de Aquel que nos quiere hablar de muchas cosas. Aquí se introduce un elemento importantísimo. Dios nos quiere hablar de muchas cosas. Su voz no se restringe a responder las preguntas que le hacemos. Él nos quiere hablar mucho. Moysés habla como Santa Teresa, que declara que Dios se ofende cuando le pedimos poca cosa, ya que Él es infinito, y como nos ama inmensamente, se alegra dándonos siempre muchas y grandes cosas. ¿Recuerdas que cuando hablamos de las bodas con el Cordero dijimos que estas bodas son personales, únicas, personalizadas, exclusivas, íntimas entre nosotros y Él? ¿Recuerdas cuando hablamos de Su alegría al recibirnos como esposas, prontas, preparadas, hermosas? ¿Recuerdas cuando hablamos que Él se llenará de alegría y expresará todo su amor por nosotros de forma personal e íntima? ¿Recuerdas cuando hablamos que nosotros, muchas veces, no nos damos cuenta de esta realidad y restringimos nuestro relacionamiento con el Cordero como una relación “colectiva”, entre los escogidos como si fuera un grupo impersonal? Pues bien, aquí corremos el riesgo de caer en el mismo error de la impersonalidad. Hay cosas, muchas cosas, que en su intimidad de Esposo, el Cordero y el Espíritu nos tienen para decir a nosotros, sus almas esposa, y a nadie más. Claro que alguien precisará, siempre, discernir con nosotros, pero hay cosas que sólo a nosotros nos será dado “oír”, “escuchar”, “saber”, “conocer”. Cosas que forman parte de nuestro camino espiritual único, de nuestra vivencia única del Amor Esponsal por Jesús. Sólo nosotros, y nadie más, puede vivir este amor reservado a nosotros y a Él. Sólo nosotros podemos oír y conocer lo que Él tiene reservado para nosotros. Si no escuchamos, nadie más lo escuchará, porque es a nosotros que Él se reservó para decir: “¿Tú entiendes? ¿Entiendes lo inmenso, lo bello, lo personal, lo apasionado que es este amor del Esposo por ti? Distinguir la voz de Dios de nuestra propia voz Todo esto es muy hermoso, y muy bueno e importante para ser recordado. Sin embargo, existe un riesgo para el cual Moysés nos alerta, repitiendo lo que dijo en Obra Nueva: (Sin una vida de oración auténtica, fiel y diaria, no reconoceremos la voz de Dios) y corremos el riesgo de que, sordos a Su voz, llamemos a nuestras pasiones, a nuestra carne, a nuestros planes personales y a nuestra voluntad, voz de Dios. Todos nosotros, lamentablemente, tenemos tristes historias para contar sobre las veces que, sin vida de oración auténtica, diaria, fiel, acabamos llamando a nuestra propia voz, a nuestras pasiones, a nuestra carne, a nuestros planes personales, a nuestra voluntad, ¡como la propia voz de Dios! Si no contamos con la ayuda del formador personal – y muchas veces, sin obedecerlo – la situación puede empeorar muchísimo. No son pocas las personas que abandonan las células, el apostolado, la vida comunitaria y a veces la propia comunidad por llamar voz de Dios a su propia voz. Sobre esto, hay ejemplos muy tristes en la historia de la Iglesia, como el de Judas, Orígenes, Lutero, Calvino y tantos otros menos conocidos. Esto no quiere decir que todos los que toman actitudes parecidas no escucharon la voz de Dios – entre otros, tenemos el ejemplo de Teresa de Jesús y Madre Teresa de Calcuta. Significa, sin embargo, que la falta de una vida diaria, auténtica, y fiel de oración y de un acompañamiento personal serio en busca de la voluntad de Dios, son los caminos más arriesgados para terminar siendo engañados por el Enemigo y todavía creer que tenemos toda la razón. Si hay una voz que el Enemigo utilizará para confundirnos y hacernos pensar que es la de Dios, esta es nuestra propia voz, nuestra propia voluntad. El fruto es, casi siempre, el peor posible. Siguiendo Continuando a hablar sobre Discernimiento de la Voluntad de Dios, es exactamente sobre el gran engañador de este discernimiento y el mayor interesado en que este no salga bien, que Moysés nos alerta en el párrafo 22: 22. Esta es una trampa sutil que el enemigo de las almas utiliza para apartarlas del camino de la salvación. La única manera de luchar contra todo eso es buscando no ver más las cosas como “hombre natural”, sino como un “hombre espiritual” (1Cor 2,13-16) las ve, y sólo podremos tener esta visión sumergiéndonos en la contemplación, en la intimidad con el Amado. A través de esta intimidad podremos conocer, oír, discernir y amar esta Santa Voluntad. Ser amantes de la voluntad de Dios en todos los momentos de nuestro día y de nuestra vida es descubrir y beber de la fuente de la Paz y de la Felicidad. ¿A qué se refiere el “esta” con lo que Moysés comienza la frase? La frase anterior es tan larga y rica de elementos que podemos perder el sentido fundamental del pronombre “esta”. “Esta” se refiere a la falta de una vida de


oración auténtica, fiel y diaria, que trae todas las consecuencias enumeradas después, inclusive la confusión entre la propia voz y la de Dios. Fíjate bien que nuestro fundador habla de “salvación”. Es por lo tanto, mucho más pesado que si él utilizase la palabra “vocación”. Sin vida auténtica de oración, el Enemigo puede, con facilidad, apartarnos de la salvación, porque sin la oración, “veremos las cosas como el hombre natural” y dejaremos de verlas como “hombre espiritual”, es decir, hombre de Dios, hombre que reza, que tiene intimidad con el Amado. La alerta es bien clara: la gran y sutil trampa que el Enemigo usa para apartarnos de la voluntad de Dios es robarnos la vida de oración, pues así vemos las cosas como el hombre natural, para quien las cosas del mundo “no tienen nada de especial”, “son exageradas” “demasiado radicales”, “injusticia de las autoridades”. 64 Son tantos los episodios que ejemplifican este triste cuadro en nuestra vida y en la vida de nuestros hermanos que es innecesario dar ejemplos. Lo interesante es que mirando hacia atrás, la persona no sabrá cuando o cómo terminó considerando a todas las cosas ya no más como del Espíritu de Dios, sino según el espíritu del mundo. La voz de Dios y nuestros afectos Nuestra experiencia de 24 años nos ha enseñado que un ardid que el Enemigo usa para que llamemos como Voz de Dios a nuestra voz son las fragilidades que tenemos en nuestros afectos. Cuando vemos en nuestro medio que, después de años de una opción libre, bien discernida y bien orada por la vocación, habiendo dado frutos maravillosos en el apostolado y en la vida fraterna, comienzan “de repente” a confundirse acerca de la voluntad de Dios con ellas. La vocación, su vida, comienza a tener una importancia cada vez menor ante el llamado interior y a suplir las carencias afectivas, llenar los vacíos dejados por la inmadurez humana y la falta de auto conocimiento, corresponder a enamoramientos, auto afirmarse, “cuidar de la propia vida”, volver a caminos ya dejados atrás por el libre amor a Dios y reconocimiento de la propia vocación. En la casi totalidad de los casos, además de la expresiva falta de auto-conocimiento y madurez, existen también contingencias pasajeras como stress, cansancio, soledad, exceso de trabajo. O características de personalidad como la dificultad para expresar los sentimientos, y también factores ligados a la herencia. Una vez que se establece la confusión entre la propia voz y la voz de Dios, ocurre un fenómeno bastante común: la vocación comienza a tener todos los defectos del mundo y la Voz de Dios, que siempre indica el amor, la obediencia, la paciencia, el sacrificio por amor, la pobreza, la primacía de la gracia, comienza a “decir” lo que Dios jamás diría y a confundirse con la propia voz, que sólo llama amor a una nueva relación, que cuestiona la obediencia, que se subleva si todo no se resuelve inmediatamente, que no se dispone a dejar ningún plan personal, a nada y a nadie por amor a Dios y a la vocación, que confía más en sus propias fuerzas que en la gracia, que rechaza transitar un camino de discernimiento y verificación a nivel de autoconocimiento. Comienzan a hacerse planes y sueños personales y nos entretenemos con ellos con tal intensidad que aparta de sí por completo al hombre espiritual, dando la victoria al hombre carnal, que se busca más a sí mismo y a su propia voluntad, más a la satisfacción de sus carencias, la autoafirmación y sueños que a la voluntad de Dios. Se escucha entonces, a personas que dicen “es tiempo de cuidar de mí”, “es el momento de cuidar mi propia vida”, “el momento para pensar un poco en mí”, “al final, tantos se fueron y son felices”. Es interesante como estas personas separan la vocación de la vida como si fuesen dos cosas distintas. No se dan cuenta de que no hay distinción entre estas, así como no existe distinción entre la identidad del Carisma y su propia identidad. Aunque se pueda experimentar cierto alivio en el momento en que se escoge algo diferente de la voluntad de Dios, con el tiempo las consecuencias se establecen, pues la ruptura se da a nivel de la identidad profunda y no de sentimientos o emociones. El paso siguiente después de la confusión entre los propios deseos y los de Dios, es en general, encerrarse en un afecto, en una persona, en un argumento, en una opinión porfiada, en un rechazo para escuchar al otro, en fin, en sí mismo. Es necesario un verdadero milagro, una intervención de Dios, para arrancar a esta persona de esa situación equivocada en cuanto a la dirección de su vida según la voluntad de Dios. No hay como salir de esta situación sin la oración de los hermanos y de la persona misma, aunque sea incipiente o hasta que no exista más. La unión de la propia voluntad a la voluntad de Dios fue dura para Jesús en Getsemaní y es dura, muchísimas veces más, para nosotros. El Señor a su vez, nos hace pasar por pruebas que purifican nuestra voluntad y nuestro amor a Él. En esos momentos, queda claro que la mayor prueba de amor a Dios y a la vocación, es aprender la 64

Para entender mejor, ver el Escrito Obra Nueva


obediencia que Jesús aprendió al abrazar la muerte de cruz 65: “No obstante, Padre, que se haga tu Voluntad y no la mía”. Por ser uno de los grados más altos de la vida espiritual y del Amor Esponsal, esta “prueba de voluntad”, este unir la propia voluntad a la de Dios66, aunque con todo el dolor del mundo, es al mismo tiempo, una prueba de toque de la autenticidad de nuestro amor a Dios y al hermano y una purificación liberadora para crecer en este mismo amor. Por ser un llamado, a un grado más alto de amor y de unión a Dios, esta prueba no ocurre, normalmente, en los primeros años del camino, sino que surge después de otras pruebas ya vencidas. Una vez que se pasa la prueba, es deseo del Esposo unir a la de Él nuestra voluntad, aunque, entremos en un nuevo grado de la vida espiritual, nunca antes soñado por nosotros. Ingresamos igualmente, en un nuevo nivel de madurez humana, coherencia, libertad interior e inmensa e indescriptible paz. Es como si maduráramos en un “lugar” que sólo podría ser madurado de esta forma. Quedo, muchas veces, preguntándome, si esta “prueba de la unión de las voluntades” no es la llave fundamental para conocer Shalom que es Jesús, quien es la plenitud del Amor y la plenitud de la salvación. Por lo que medito, escucho de Dios y verifico en la vida de las personas, la respuesta es “Sí, sin la menor sombra de dudas.” Cómo hacer la voluntad de Dios que discernimos Una vez discernida la voluntad de Dios, y habiendo escuchado su voz, ¿cómo no serle fiel? Fue para momentos como estos que nuestro fundador nos dejó el trinomio: ¡Coraje! ¡Renuncia! ¡Disposición! Y agregó, muchas veces y de todas las maneras posibles: !Oración! ¡Oración! ¡Oración! Nos alerta, en otras palabras, para el hecho de que la vida consagrada no es una broma o un pasatiempo y que la voluntad de Dios es algo tan serio que es sinónimo de amor en el relacionamiento intra-trinitario y en nuestro relacionamiento con la Trinidad: Amar a Dios es dejarse configurar a Su Santa Voluntad 67. Especialmente las autoridades, llenas de responsabilidades, servicios, compromisos, son alcanzadas cuando están débiles en la oración. La sobrecarga, el exceso de “cosas importantes que sólo yo puedo hacer”, las deja vulnerables al caer en el señuelo del Enemigo que, sutilmente, las aparta de la voz de Dios, de la Verdad, del Amor Esponsal que lleva a darlo todo, inclusive la propia voluntad, al Amado, cueste lo que cueste. Nuestro fundador fue probado en su voluntad, como se ve a través del texto que transcribimos a continuación. El subrayado es nuestro: El conocimiento de Dios me fue haciendo transitar la vía del autoconocimiento, y este me fue haciendo comprender que amar a Dios es dejarme configurar a Su Santa Voluntad. 68 Voluntad de Dios, camino de plenitud de la felicidad de nuestra vida. Voluntad de Dios, misterio de cruz y resurrección, de dolor y alegría, de violencia y de paz. Voluntad de Dios, vía por la cual el Espíritu, en medio de las dulzuras e exigencias del amor, conduce a cada persona para dar su Fiat (Hágase) incondicional al Padre. Fue así con Cristo en el Bautismo y en Getsemaní. Quien no reza, no se conoce. Quien no se conoce, no tiene como conocer la diferencia entre la propia voz y la de Dios. Insegura por sí misma, esa persona resistirá dejarse configurar a la voluntad de Dios e insistirá en su propia voluntad. Moysés, en seguida, enumera varios contrastes de la voluntad de Dios, que duelen (como él dice, porque nuestra carne “rechina” contra ella) pero libera. Fíjate entonces:

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Misterio de cruz y de resurrección – porque es preciso morir a nuestra voluntad, crucificarla en la cruz de Cristo, a fin de que con Él resurgir para ser lo que Él quiere que seamos.

Misterio de dolor y de alegría – si cumplimos la voluntad de Dios es nuestro mayor acto de amor hacia Él, como lo fue la obediencia de Cristo, descubriremos el verdadero amor: aquel que se esconde detrás del dolor. “Para ser amor, tiene que doler”, como dijeron Madre Teresa y Juan Pablo II. Hacer la voluntad de Dios, la mayoría de las veces, duele. La recompensa, sin embargo, es la alegría de la resurrección.

Cf. Hb 5,8 Nunca está demás recordar, que para nosotros, la voluntad de Dios se expresa por los Estatutos y por la vivencia de la Vocación y de su espiritualidad, en unidad con el espíritu del fundador y por la oración y diálogo con las autoridades. 67 Azevedo, Moysés, en Carta a la Comunidad, 2005 68 Observa como Moysés utiliza aquí, la voz pasiva, Con esto quiere dejar claro que configurarse a la voluntad de Dios es un trabajo de la gracia en nosotros, que debemos “dejarnos configurar” 66


Misterio de violencia y de paz – violencia a nosotros mismos, a nuestra propia voluntad para vivir como “hombres espirituales” en la paz que es Cristo, el Shalom del Padre, la plenitud del amor, que se hace violencia a sí mismo para ser para nosotros la Paz perdida por el pecado. Es impresionante la frase de Benedicto XVI en su Encíclica Dios es Amor, cuando dice que en la pasión y muerte de Cristo, “Dios se vuelve contra sí mismo”. Es esto a lo que el amor nos lleva a hacer por el bien del otro, por amor a Dios: volvernos contra nosotros mismos, nuestra carne, nuestro hombre natural, nuestra voluntad.

Misterios de dulzura y exigencias del amor – dulzuras de la oración, de la contemplación, de la Eucaristía, de la convivencia con los hermanos y de las exigencias que cada una de estas “dulzuras” esconde.

Vía del Espíritu para conducirnos a nuestro “sí” maduro y definitivo, ya no más dispuesto a dejarse atraer por cualquier compensación personal, sino por el contrario, dispuesto a entregar todo a Dios, especialmente las compensaciones por las carencias e inmadureces personales.

¡Voluntad de Dios, camino de violencia y de paz! Qué Dios nos de la gracia de esta violencia, propia de los santos y de los mártires. Qué Dios nos de ese temple. Bienaventurados los violentos, cuyo autoconocimiento, madurez, convicción, confianza en Dios y amor a Dios y a los hombres les da la victoria en la “¡prueba de la unión de las voluntades!” Bienaventurados los violentos, los que no temen a las exigencias del amor, su cruz y su dolor: estos saben “colgarse de Dios”, lavar sus vestidos en la sangre del Cordero, cuentan con Su gracia para que aun en el dolor, vivir Su Santa Voluntad, felices de pagar cualquier precio. Estos tienen el temple de los mártires. Violencia, Felicidad y Paz Nuestro fundador termina el párrafo insistiendo sobre la vida de oración como punto básico indispensable para discernir la voluntad santísima del Padre, para amarla y encontrar en ella la Felicidad y la Paz: A través de esta intimidad podremos conocer, escuchar, discernir y amar esta Santa Voluntad. Ser amantes de la voluntad de Dios todos los momentos de nuestro día y de nuestra vida es descubrir y beber de la fuente de la Paz y de la Felicidad. Surge aquí otro postulado nítido de nuestra espiritualidad: Ser amante de la voluntad de Dios todos los momentos de nuestro día y de nuestra vida es descubrir y beber de la fuente de la Paz y de la Felicidad. Para explicar mejor: •

Estamos llamados a amara y a hacer la voluntad de Dios en todos los momentos de nuestro día (ver también el párrafo 23)

Estamos llamados a amar y a hacer la voluntad de Dios en todos los momentos de nuestra vida.

Hacer la voluntad de Dios en todas las circunstancias, por amor a Él, es descubrir la fuente de la Paz y de la Felicidad.

Ser feliz es amar y hacer la voluntad de Dios cueste lo que cueste, como una buena alma esposa.

Esta voluntad se descubre en la oración fiel, diaria, auténtica, profunda, durante la cual Dios nos tiene mucho que decir.

En su Carta a la Comunidad, 2005, basado como siempre, en su experiencia personal y en la inspiración de Dios, Moysés nos indica, también a María como camino para discernir y hacer la voluntad de Dios. Así también fue con María en la Anunciación y a los pies de la Cruz. Fue este mismo “sí” que condujo a Cristo a la gloriosa resurrección. Fue también este “sí” el que convirtió a María en Madre de Dios, de la Iglesia y de toda la Nueva Humanidad. Por eso, algunos santos, de forma variada, pudieron decir: “Voluntad de Dios, mi paraíso”. Con ellos podemos decir: “Voluntad de Dios, lugar seguro donde habita la plenitud de la Paz. Aquella verdadera, que ni el tiempo ni las tribulaciones de esta vida pueden robar”. Ahí está, con simplicidad admirable, la manera de discernir y de amar la voluntad de Dios en la espiritualidad Shalom. Es este el espíritu del Fundador, es este el camino de nuestro Carisma.


PARTE VIII AMOR AL HERMANO CAPÍTULO XXII

Recibir para dar El Escrito Amor Esponsal, es en realidad, un escrito sobre la vivencia del amor y de la santidad en la Vocación Shalom. A lo largo de los años, su comprensión se fue profundizando por la vivencia, la historia, los documentos de la Iglesia y las charlas y escritos del propio fundador. Si por ejemplo, tomamos la Encíclica Deus Caritas est, encontraremos no pocas coincidencias entre sus enseñanzas y las del Amor Esponsal. Otro documento fundamental fueron los Estatutos, que delinean, detallan, dan orientaciones pastorales y contextualizan el Amor Esponsal en nuestra vocación en su episodio fundacional, Jn 20,19ss. Además de estos, la Carta a la Comunidad, 2005 agregan en pocas frases, claves fundamentales para su lectura. Digo eso en la introducción de este capítulo debido a la amplitud de su contenido y a lo que se ha escrito en sus entrelíneas, más fácilmente legible para quien vivió su elaboración ante las características históricas que lo rodearon. Amamos porque fuimos amados Lo afirmado más arriba, que al principio, nos parecía tan obvio, merece por lo menos una visión histórica panorámica. El primero en afirmarla es San Juan, en su 1 Carta, capítulo 4, donde nos dice: Amamos porque Dios nos amó primero”. Es decir, si no hubiésemos recibido de Dios el amor, no sabríamos como amar, porque Dios es amor y sólo Él es amor y sabe cómo dar amor. Todo amor viene de Él y de ninguna otra fuente. Juan Pablo II dirá lo mismo en su documento Mulieris Dignitatem, cuando afirma que la mujer ama porque fue amada y Benedicto XVI corrobora el principio bíblico al afirmar: Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto —como nos dice el Señor— que el hombre puede convertirse en fuente de la que manan ríos de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19, 34).69 Los artículos 1 y 2 de los Estatutos nos muestras a Jesús como aquel que tiene una real comunicación de la Paz y la donación de la salvación plena en Jn 20,19. De él recibimos el Amor, el Shalom de Dios, para ministrarlo al mundo. A lo largo de los Estatutos, así como en el Escrito Amor Esponsal, como vimos, se repite hasta el cansancio la idea: precisamos recibir el amor de Dios (ser discípulos de la paz) para dar amor (como ministros de la paz). De nosotros mismos, somos los menores, los peores, no tenemos amor para dar, a no ser que lo recibamos de Dios, fuente de todo amor y por lo tanto, de toda capacidad de amar. En su Carta a la Comunidad, 2005 Moysés también nos habla del amor recibido de Dios como don del Espíritu Santo para vivirlo según nuestra vocación, que nos lleva a la plenitud del Amor, es decir, a la Paz. 70 Este Espíritu se derrama sobre nosotros cuando creemos en Cristo y nos dejamos insuflar por su suplo divino, a través de los medios que en nuestra vocación nos concedieron, hasta llegar a la plenitud del Amor. Es decir a la Paz. Shalom, Amor, Justicia Vale la pena hacer un breve paréntesis sobre lo que nuestro fundador ve como Shalom, Amor y Justicia y como fue evolucionando en sus conceptuación sobre estos términos.

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Benedicto XVI, Deus Caritas Est – Nº 6 Esta es la primera vez que el fundador utiliza “plenitud del Amor” en lugar de “plenitud de la salvación”, como el ECCSh 1. El sentido es el mismo, aunque resalta nuestra vocación “de amor, por amor, y para el amor” (AE 25) 70


Sobre la conceptuación de Amor, Shalom, Justicia, como sobre otros temas, se nota una nítida evolución de los conceptos que van profundizándose (sin, mientras tanto, negarlos) a lo largo del tiempo. En las primeras Reglas, escritas en 1984, Moysés define a Shalom como Paz, que significa saludo deseando todo el bien espiritual, físico, material y emocional, es decir, el saludo de Jesucristo. 71 En el Escrito Shalom, de 1986, dice: Para el pueblo de Dios, que esperaba ansiosamente la manifestación del Mesías, el saludo Shalom era ya anuncio de la salvación. Cuando se saludaban mutuamente con el Shalom, se expresaban el deseo de toda suerte de bienes espirituales y físicos: la felicidad perfecta, la salvación que el Mesías vendría a dar, la plenitud de la PAZ. La verdadera paz que no viene de los hombres sino de Dios. (…) Jesús así, es el propio Shalom del Padre, Él viene a darnos la perfecta felicidad, la salvación. Él es el Shalom que tanto los corazones como el mundo necesitan. (…) la paz de la reconciliación con Dios, la paz de la conversión, de volverse hacia Jesús, de reconocerlo como Salvador y Señor de la humanidad, único camino de la verdadera paz, de la verdadera justicia (el Evangelio), del verdadero amor. 72 Al escribir los Estatutos, Shalom se define de la siguiente forma: En Jesús este saludo es una real comunicación de la Paz, es decir, de toda suerte de bendiciones espirituales y materiales, la felicidad perfecta que el Mesías nos trae. Es, finalmente, el anuncio y la donación de la salvación plena. Así, podemos decir que Jesús es el Shalom del Padre para el mundo, la verdadera, plena y única paz que el hombre puede tener. En la Carta a la Comunidad, 2005, en el texto transcrito arriba, se describe a Shalom como la “plenitud del Amor”. Esta descripción lo lleva a la comunión anticipada con el espíritu de Benedicto XVI en su Encíclica Dios es Amor, de enero de 2006. El deseo del Corazón de Dios La penúltima parte del Escrito Amor Esponsal nos habla exactamente de que la prueba de que fuimos amados por Dios, de que LO amamos y lo tenemos como Esposo es el amor a nuestro hermano. Moysés parece recorrer el mismo itinerario espiritual de San Juan, con coincidencias muy interesantes sobre conceptos como esponsalidad, Cordero, Bodas, Corazón Traspasado, Pentecostés Juanino, amor al Hermano como prueba de amor a Dios, Bodas del Cordero.73 Dice nuestro escrito: 24. Es deseo del Corazón del Amado que nos dediquemos a dar pruebas de amor unos para los otros. El amor hacia el hermano es una manera concreta de mostrar cuanto amamos a nuestro Amado, amando a aquellos a quienes tanto Él ama y por quienes Él ha entregado su propia vida. ¿Cómo no entregar la vida por aquellos por los cuales el Amado la entregó? Es voluntad del Señor que desbordemos este amor sobre aquellos que Él ama. El Señor quiere de nosotros para con ellos el perdón, la mansedumbre, la paciencia, la generosidad, la bondad, la alegría, la dedicación, el amor, el servicio. El Señor desea que demos lo que Él nos da y esto no nos empobrecerá, sino que, al contrario, nos enriquecerá a los ojos de Aquel que nos ama. 25. Debemos ver en los hermanos excelente oportunidad de dar pruebas de amor a nuestro Rey. Aceptando sus ofensas, oyendo sus reclamos, amando a los que no son amados, perdonando a los que son difíciles de perdonar, viviendo Su Amor, de manera especial con los que más necesitan de Él, estaremos viviendo nuestra vocación que es Vocación de amor, por amor y para el Amor. Como ya comentamos, vivíamos en Brasil y en otros países de América Latina, en un contexto histórico de dictadura política y algunas dificultades con relación a la visión del pobre, de la justicia y de la vida de oración por algunos miembros de la Iglesia ligados a la llamada Teología de la Liberación, que resistían bastante a la comunidad naciente que presentaba propuestas distintas de las suyas. Benedicto XVI describe de forma sucinta y brillante esta situación histórica en Deus Caritas Est, Nº 27 al 29. Este hecho nos cercenó un poco nuestro vocabulario, y nuestra tendencia era pensar que nos cercenaría también en lo referente a nuestra visión del pobre. Sin embargo, cuando estudiamos a la persona humana en la visión del Carisma Shalom,74 percibimos que para nuestro fundador, en realidad, el hombre no está dividido en “categorías”. Para él, la persona humana no debe ser considerada según su clase social o comportamiento, sino según el hecho 71

Reglas de la Comunidad Shalom, 26 Escrito Shalom 2 al 3. 73 Sugiero a mis hijos más “letrados” que hagan el estudio comparativo entre la teología de San Juan y nuestra espiritualidad. 72


de que conozca o no a Jesucristo. Toda y cualquier persona humana será infeliz mientras no conozca a Jesucristo y feliz cuando LO conozca. Otra vez más Benedicto XVI corroborará el pensamiento de nuestro fundador: La primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo. Por esto es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo (…) Por eso, la primera contribución que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas, sino en el anuncio de la verdad de Cristo, que forma las conciencias y muestra la auténtica dignidad de la persona y del trabajo, promoviendo la creación de una cultura que responda verdaderamente a todos los interrogantes del hombre. 75 Tanto el Santo Padre, en 2006, como nuestro Fundador, afirman que la felicidad vendrá cuando la persona acoja el anuncio explícito de Jesús y tenga una experiencia personal con Él, pasando, a partir de ahí, al Amor Esponsal, que es para todos, y tornándose ministro de este amor esté donde esté, sea quien sea. Para nuestra vocación, el hombre evangelizado es aquel que tuvo una experiencia personal con Jesucristo, que lo conoce y reconoce como Señor, que comienza a amarlo como Esposo y que por amarlo a Él, ama a su hermano como fruto de esta experiencia y de la formación consiguiente a esta. Esto es la felicidad. En los Escritos, no hay referencias a clases o categorías de personas. En los Estatutos, se habla de socorrer a los necesitados y a los que sufren todo tipo de necesidad material y/o espiritual. Esto, según nuestra visión, proviene mucho más del concepto de lo que se considera felicidad, amor y salvación plenos que de lo relativo a presiones o preconceptos de los comienzos de la fundación. Lo que nos puede haber alcanzado, en relación al servicio a los pobres, en los primeros tiempos, puede haber sido la práctica del servicio a los pobres de la forma como el fundador consideraba que debía ser. El concepto del hombre sin divisiones en clases sociales u otras categorías, sin embargo, no fue alcanzado. Tomemos, bajo este punto de vista, el párrafo 24. Quien es el hermano: •

Es alguien a quien nos debemos dedicar dando pruebas concretas de amor.

Es aquel a quien Jesús amó dando su propia vida.

Es aquel a quien debemos dar nuestra propia vida, en unión con la donación de vida del Esposo.

Es aquel sobre quien debemos desbordar el amor que el Esposo nos da.

Es aquel con relación a quien debemos vivir las virtudes.

Es aquel en quien debemos ver a nuestro Rey y darLE pruebas de nuestro amor. 76

Este es nuestro hermano, pobre o rico, intelectual o analfabeto, enfermo o sano, pecador o santo, socialmente importante o sin ningún status social. Pruebas concretas de amor La prueba más concreta de amor que podemos dar a nuestro hermano, nuestro Rey, es el Shalom del Padre, la salvación plena, el amor pleno. Entonces, la prueba concreta del amor es aquella que este necesita. Jesús siempre fue muy claro y práctico en cuanto a eso. En Mt 25, dice que a quien tiene hambre se le debe dar de comer, a quien tiene sed, de beber, a quien está desnudo, vestimentas. Cuando encuentra que la suegra de Pedro está con fiebre, no le da lo que no precisa, sino que la cura de la fiebre. A la hija de Jairo, muerta, le da la vida. A los endemoniados, los libera. A los ciegos, les recupera la vista. Al siervo del centurión rico, la salud. 77 Con mucha practicidad, dijo que un padre no daría un escorpión al hijo que le pidiera un huevo o una serpiente al que le pidiera un pez. El amor concreto da al hermano aquello que el hermano precisa, puesto que está bien 74

Existe un pequeño, breve y principiante estudio sobre esta realidad grabado en DVD llamado “La Visión del Hombre en la Vocación Shalom”, de la autora. 75 Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2006. 76 Notar como el lenguaje de Moysés es hermoso y preciso. Él no utilizó la palabra “Rey” en ningún otro texto de Amor Esponsal o en otro Escrito de la época. Hizo cuestión de utilizarlo, sin embargo, cuando se refiriera al hermano. Debemos ver en el hermano, pobre o rico, culto o inculto, agradable o desagradable, a nuestro Rey, ¡qué merece todos los homenajes y pruebas de amor! 77 Según el modelo ofrecido por la parábola del buen samaritano, la caridad cristiana es, en primer lugar, simplemente la respuesta a aquello que, en una determinada situación constituye la necesidad inmediata: los hambrientos deben saciarse, los desnudos vestidos, los enfermos tratados para curarlos, los presos visitados, etc. (…) VER DEUS CARITAS EST – Nº 31


establecido que la primera necesidad de todo hombre, de cada hombre, es el encuentro personal con Jesús Resucitado78 por el cual cada hombre es amado por Dios y por su hermano y pasa a amar al prójimo. Los Párrafos 24 y 25 dan una lista de actos bien concretos de amor: perdón, mansedumbre, paciencia, generosidad, bondad, alegría, dedicación, amor, servicio, aceptación de las ofensas, escucha de los quejidos, amor a los no amados, perdón a los difíciles de perdonar. Todo hombre, pobre o rico, necesita de estas pruebas concretas según su necesidad específica. Dentro de nuestra espiritualidad, nos toca estar atentos a cual prueba de amor necesita nuestro hermano. Esto puede ir desde un simple telefonema hasta la donación de una casa para que él viva, de una hora de escucha fraterna a un año de cuidados por su enfermedad. De una oración de sanación interior a un año de penitencia por su liberación. De la ayuda para un pasaje de ómnibus a la ayuda mensual para un remedio contra la diabetes. Lo importante, sin embargo – importantísimo! – es que la atención concreta a estas necesidades está en segundo lugar. El más importante, su necesidad mayor, es conocer el amor de Dios en Jesús Resucitado a través de nuestro testimonio y de nuestro amor. En ningún momento se admite, en este Escrito o en otro, suplir las necesidades de los hermanos fríamente, apenas como satisfacción de su necesidad. Para nosotros, en primer lugar está el Amor y la consecuente evangelización del hermano, para que él ame, porque creemos que, en cualquier circunstancia, esta es su necesidad mayor hasta llegar (con él) a la plenitud del Amor. Es decir a la Paz. Fue exactamente esta visión de la persona humana necesitada y nuestra forma de amarla y servirla que nos llevó a testimoniar en el Encuentro del lanzamiento de la Encíclica Deus Caritas Est79. Esta Carta Encíclica presenta la misma mentalidad y propuesta de nuestro modo de amar y servir al no amado, el necesitado, el pobre, el hermano, quien quiera que este sea: TRANSCRIBIR DE DEUS CARITAS EST – 188081 ver las referencias El Santo Padre pone, en palabras directas y en otro estilo lo que nuestro fundador escribe en Amor Esponsal. Este hecho debe llenarnos de gratitud a Dios, que nos condujo con tanta seguridad y cariño, con tanta claridad y profundidad, con tanta profecía a pesar de ser los peores. En el traspasado, el amor de la Trinidad, el amor integral al hermano Benedicto XVI nos enseña a recibir el amor que precisamos para amar a través de la contemplación del Traspasado, vaciado, empobrecido, herido, abandonado, no amado, solo. Moysés nos hace esta misma invitación a AURIR amor a través de la contemplación del Resucitado que pasó por la Cruz, victorioso, aunque con sus marcas gloriosas. En ambos casos, contemplamos a la Trinidad que se hace pobre que hace la kénosis de Jesús por amor a nosotros. Contemplamos, igualmente, a Jesús que se hace pobre, necesitado, y vaciarse, hace su kénosis de amor al Padre y a nosotros. Jesús con su costado abierto, ya sea en el Traspasamiento, ya sea en la aparición como Resucitado, es Aquel que se vacía de sí mismo, del Espíritu, del Padre, por amor a nosotros. Precisamos recibir el Espíritu Santo, que Jesús nos da a fin de ser enviados por Él como el Padre lo envió: hacia los menores, los peores, los vasos de arcilla, los más pecadores, los miserables, los necesitados de toda suerte, los carentes de pertenencia, de ayuda, de amor concreto. En ambos pasajes, el Espíritu Santo se nos da y con Él, la capacitación y la sed de amar al hermano como Jesús lo amó: hasta la muerte e integralmente. Estamos tan acostumbrados a repetir que Jesús nos amó hasta la muerte – lo que es la pura verdad – que olvidamos reflexionar que el Señor amó a cada hermano, también integralmente, al hacerse hombre como cada uno de nosotros. Es Escrito Amor Esponsal, especialmente en los párrafos que estamos estudiando, además de no dividir a los hombres en categorías o clases, nos da un bello itinerario de amor integral al hombre: perdón a quien es difícil de perdonar, mansedumbre, paciencia, generosidad, bondad, alegría, dedicación, amor, servicio, lo que el Señor nos dio, aceptar las ofensas, recibir las quejas, amar a quien no es amado, el amor especial hacia los que más precisan 78

TAMBIÉN ACÁ DEUS CARITAS EST Nº 31 Como sabemos, Moysés fue llamado para participar y nuestra hermana Magdalena Ponte a dar su testimonio en enero de 2006, en Roma, en el Congreso que preparó el lanzamiento de la Encíclica Deus Caritas Est 80 Al comparar la encíclica y el Escrito, me admira ver que hasta el orden de madurez del Amor Esponsal es el mismso: Unión de voluntades – unión al no amado. 81 Benedicto XVI, Deus Caritax Est – Nª 18 79


de Dios. Difícilmente encontraríamos una lista tan completa de formas de amor al hombre integral insertado no importa en cual sector o clase de la sociedad. Benedicto XVI otra vez más nos ayuda a entendernos a nosotros mismos: DEUS CARITAS EST – 2082 83 EL NO AMADO Estamos llamados a amar al no amado. Esta es una de la afirmaciones más conocidas del Escrito Amor Esponsal. Nuestra vocación, como afirma el fundador, es Vocación de amor, por amor y para el amor. Habrá, en la tierra, alguien no amado, es sin duda la negación de la salvación plena, de la plenitud del Amor, del Shalom, del Amor al que estamos llamados a implantar en el mundo. Esto no puede dejarnos en paz. Esta es una de las razones de la universalidad de nuestra vocación. Mientras haya un no amado en la tierra, habrá necesidad de Shalom, vocación de amor, por amor y para el amor. La afirmación de Moysés de que somos una vocación de amor, por amor y para el amor exige de nosotros cuidado y atención inmensos. Estamos llamados a amar a todos, aunque estamos llamados, especialmente (de manera especial, como dice el texto) a amar a los difíciles, a los necesitados, a los no amados. Estos son el objetivo de nuestro amor especial conforme el texto. No sé lo que nos traerán los tiempos que han de venir. Que tipo de no amados, difíciles y necesitados que el egoísmo cruel de la humanidad todavía es capaz de producir. Hoy, tenemos verdaderos contingentes d no amados que, a veces, cambian de característica dependiendo de la cultura, del país, hasta de la ciudad o barrio. En general, en nuestra cultura, ls no amados son los adictos a las drogas y al alcohol, los que viven en las calles, los niños abusados sexualmente o víctimas de variadas violencias, antes y después del nacimiento, los hijos sin la presencia y atención de los padres, los presos, los enfermos en general, los suicidas, las víctimas de enfermedades mentales y emocionales. En otros países, tenemos los “hijos de la guerra”, cuyos padres fallecieron, tenemos los neuróticos de guerra, los mutilados por las minas, los que perdieron parientes en explosiones, los que fueron mutilados interiormente por el mal uso de la sexualidad, los que odian a los cristianos, los indiferentes a Dios y a la fe. Esta es una triste lista de los no amados “los más no amados” que tenemos en nuestra sociedad de hoy. Todos, como sabemos, son Jesús en persona, como él mismo afirma en Mt 25. Son nuestro Rey, como dice Moysés en este párrafo. Somos enviados a ellos. No hay como desviar nuestra mirada de estos no amados que nos rodean por todos lados y son objetivos especiales del amor concreto que estamos llamados a vivir como pprueba de amor al Amado.84 Adoración, alabanza, escucha ¿Qué tendría que ver con el amor al hermano, este trinomio, repetido tres veces en el Escrito Amor Esponsal e innumerables veces en los Estatutos? Seguramente la respuesta a esta pregunta es innecesaria. Deseo simplemente registrar en cuánto la adoración al Santísimo Sacramento, ha sido para nosotros, desde los primeros años, fuente inexorable del Amor Esponsal. Además de ese registro, no puedo dejar de notar cómo Benedicto XVI corrobora con esta inspiración de nuestro fundador que afirma que encontramos en la adoración la fuente del Amor Esponsal en la cual bebemos para amar a nuestro hermano. Veamos como nuestro Papa nos lo confirma: AGREGAR TEXTO DE DEUS CARITAS EST - 19

85

¿Cómo no retornar al segundo párrafo de este Escrito y contemplando la Eucaristía, a la cual estamos llamados a adorar, vemos en Jesús Eucarístico, tan entregado y vaciado, a todos los hombres del mundo, necesitados de Su amor aunque tan desconocido y clamamos con Francisco que “!El Amor no es amado!”? 82

Benedicto XVI – Deus Caritas ESt Nº 20 Benedicto XVI – Mensaje de Cuaresma de 2006 84 En su Carta a la Comunidad, 2005 – Moysés habla de las raíces históricas de aquello que nosotros, como Shalom, consideramos el sufrimiento de cada hombre, indistintamente. Al penetrar en el misterio del sufrimiento humano, fui descubriendo que le mayor de todos los sufrimientos del hombre y el origen de tantos otros males es el desconocimiento de Cristo. Yo mismo había experimentado esto en mi juventud, cuando buscaba la felicidad sin saber dónde encontrarla. En medio de esta búsqueda, experimenté el encuentro personal con Jesús. 85 Benedicto XVI, Deus Caritas Est – Nº 19 83


¿Cómo no ver el Escrito en su totalidad, afirmándonos perentoria y repetidamente que sin la oración, no existe el amor? ¿Cómo no entender que sin la oración contemplativa, según el modelo de Teresa, PARADA COM DEUS, alimentada por los sacramentos, por la vida fraterna y por el apostolado, no hay amor? ¿Cómo no entender que sólo existe un Amor, que nos desposa y nos une a Sí para amarlo cada vez más intensamente amando a nuestro hermano con la misteriosa gracia que se nos da por su Corazón Abierto? ¿Cómo dudamos todavía sobre cuál es nuestra espiritualidad con relación a la promoción del hombre y del servicio a todos los hombres, especialmente a los más necesitados de amor? ¡Qué Dios sea alabado por la sabiduría del cielo derramada en un “pequeño” fundador que, a los veinte años, acogió lo que Dios le diría para siempre!

CAPÍTULO XXIII

LA FRASE OLVIDADA En nuestros Estatutos existe una “frase olvidada”, a la cual dedico este capítulo con la intención de completar esta terrible y peligrosa laguna. Entre tantas frases del Escrito Amor Esponsal que sabemos de memoria y salteado, en medio de tantas bellísimas canciones hechas con partes del Escrito, quedó olvidada una de sus afirmaciones principales, una clave de lectura para el Escrito entero. ¡Peor! Una frase sin la que no tenemos como conocer la identidad de nuestra vocación, su “nombre” escondido entrelíneas. Leamos el texto: Aceptando sus ofensas, escuchando sus quejas, amando a los que no son amados, perdonando a los que son difíciles de perdonar, viviendo Su Amor, de manera especial con los que más necesitan de Él, estaremos viviendo nuestra vocación que es la Vocación de amor, por amor y para el Amor. La frase a la que me refiero es: (…) nuestra vocación es Vocación de amor, por amor y para el Amor. ¿Cuántas canciones ya fueron hechas sobre este tema? ¿Cuántas prédicas ya has escuchado sobre esto? ¿Cuántas veces esta frase fue usada en tu formación personal y comunitaria? ¿Cuántas veces la has utilizado en el sacramento de la Reconciliación para explicarle al sacerdote que no estabas viviendo tu vocación? Después de casi 20 años, desde los primeros Escritos, vimos como el pensamiento del fundador fue aclarándose en sus conceptos86 hasta afirmar que Shalom es la plenitud del Amor. Si fuéramos a analizar, este concepto está presente desde 1984, ¡en el párrafo 25! Es la vivencia indispensable de la Caridad de Cristo insertada en Su Misterio. Tal vivencia, absolutamente necesaria para los que se disponen a seguir a Cristo en una vocación es la prueba de toque de su autenticidad. Además de esto, Cristo, el Resucitado que pasó por la Cruz, al darnos la plenitud de la salvación 87, no nos daría la plenitud del amor88 que Él mismo es el Shalom del Padre, que es el “dar la vida por el hermano” 89, el mandamiento del amor, el nuevo mandamiento, el amor mayor? ¿Vendría el Señor Resucitado que pasó por la Cruz a comunicarnos otro amor que no fuese el de Su Caridad? ¿Él se habría encarnado, muerto y resucitado para que continuásemos estancados en la noción del Shalom del Antiguo Testamento? No nos damos suficiente cuenta de esta frase. No obstante, este concepto fundamental de nuestra vocación está ahí, bien claro, desde 1984. Poco a poco, a lo largo de la historia, se fue percibiendo por el fundador, profundizando, detallando, vivido. Podría – sorprendentemente! – resumirse así:

86

Los libros que nos hablan sobre el misterio de los fundadores, hombres del Espíritu, nos explican como los conceptos de una espiritualidad y vocación fueron aclarándose a lo largo del tiempo, ya sea porque el fundador, en su humanidad, necesitará pasar por toda una acción de la gracia para conocerlos en su propia vida y de la historia de la vocación para conceptuar mejor ciertos aspectos de la espiritualidad y vocación; sea por la providencia de Dios, que nos lleva a comprender Sus misterios poco a poco, en lo que conseguimos percibir en nuestra debilidad. 87 ECCSh 1 88 Carta a la Comunidad, 2005 89 Cf Jn 15,13


Amando a los hermanos, especialmente a los más necesitados de Dios, estaremos viviendo nuestra vocación que es Vocación de amor, por amor y para el Amor. Entender mejor para vivir mejor Al discutir esta frase desde el punto de vista de la ortografía, Moysés hizo cuestión de dejar dos mayúsculas en Vocación y Amor. La mayúscula en “Vocación” – e inmediatamente después la misma palabra en minúscula! – serviría, según él, para mostrar que estábamos hablando del nombre de nuestra vocación, de su identidad: somos Vocación de amor, por amor y para el Amor. Además de este detalle, hay una omisión a propósito del artículo “una”, hecho así a fin de reforzar el hecho de que el fundador hablaba de nuestro “nombre”, de nuestra identidad. Alguna vez responderemos con esta definición de la vocación a alguien que nos pregunte: ¿Qué es la vocación Shalom? O será que nos quedamos siempre tartamudeando un poco acerca de la Paz, ministro de la Paz, discípulo de la Paz, evangelización, etc.? La próxima vez, intente responder con esta frase. Las personas entenderán con facilidad y estarán preparadas para toda la explicación que les darás sobre el concepto de Shalom. Diles: La vocación Shalom es una Vocación de amor, por amor y para el Amor. Tu interlocutor preguntará: ¿Cómo así? Y en este momento, podrás decir todo lo que sabes sobre lo que es Shalom. Te garantizo que funciona. En cuanto al último “Amor”, con mayúscula, precisaremos recurrir otra vez más al diccionario de moyseses para entender: •

Este es el “nombre”, la identidad de nuestra Vocación.

Vivimos DE amor, es decir, del amor que el Resucitado que pasó por la Cruz nos ministra y que acogemos en la contemplación para inmediatamente partir para amar a nuestro hermano. Vivimos de amor recibido de la Trinidad y donado al hermano.

Vivimos POR amor a este mismo Resucitado, que da sentido a nuestra vida, y por lo tanto, a nuestra vocación (vida y vocación son una sola cosa). Es Su amor contemplado acogido como discípulos y el amor al hermano como ministros de la Paz que nos sustenta.

Vivimos, finalmente, PARA el Amor que, con letras mayúsculas, designa que estamos hablando de Dios, de la Trinidad que es Amor y que es no solamente nuestro principio, no solamente el principio de nuestra vocación, no solamente nuestro sustento en la gracia, sino también nuestro fin último.

Al amar a Dios y al hermano, nos estamos preparando PARA el encuentro definitivo con el Cordero para celebrar nuestras bodas.

Al vivir DE amor, POR amor, estamos viviendo automáticamente PARA el Amor, para la gloria de Quien nos amó primero y nos sustenta con su propia vida trinitaria.

Si entendemos bien lo que significa, en la práctica concreta del amor al hermano, ser Vocación de amor, por amor y para el Amor, estaremos viviendo nuestra vocación potencializada sobrenaturalmente por la Caridad de Cristo, el Shalom del Padre, el Resucitado que pasó por la Cruz, de quien no podemos separar el amor del Padre y del Espíritu, en quien contemplamos el amor de la Trinidad y que, por la Primacía de la Gracia, nos lleva a vivir Su Caridad, para la gloria del Padre, en el poder del Espíritu Santo. 90

PARTE IX NUESTRA KÉNOSIS CAPÍTULO XXIV

He aquí nuestra Vocación 90

Marcos Augusto Nobre, en su artículo Que Tipo de Fe (Revista Shalom-Maná Nº 152, febrero 2006) nos habla sobre la fe potencializada sobrenaturalmente a través de la Caridad. Es este mismo principio de salvación que potencializa sobrenaturalmente nuestra vivencia vocacional, nos da la fuerza para vivirla y le da sentido a todo.


Después de describir lo que es el Amor Esponsal en la Vocación Shalom, vocación de amor, por amor y para el amor, y de los consejos pastorales para vivirlo, nestro fundador cierra con llave de oro su Escrito, volviendo al “Sólo Dios Trino cuyo relacionamiento íntimo está marcado por la kenosis y koinonía de las Tres Personas. No es porque sí, que Benedicto XVI cita a San Agustín: “Si ves la caridad ves a la Trinidad”. No es porque sí que nosotros,, una vocación de amor, por amor y para el Amor procuramos reflejar la relación intratrinitaria en nuestra vida espiritual, fraterna, de apostolado y de estados de vida, como nos ejemplifican hartamente los Estatutos. No es porque sí que sea como un párrafo sobre la kenosis y sus frutos de unión con Dios que nuestro fundador encierra en el Escrito sino importante de nuestra vocación: 26. El camino del Amor Esponsal es también el desapego. Es necesario desapegarnos de todo, de nosotros mismos, de las personas, de las cosas, de nuestro futuro, de nuestras ideas, de la búsqueda del poder, de la búsqueda de la satisfacción, para apegarnos solamente a Dios, pues todo pasa y sólo Él permanece. Mientras poseamos una sola cosa o persona, el Amor de Dios no será pleno en nosotros; no podremos volar en Su amor, pues el poseer nos pesa y nos impide alzarnos en el libre vuelo de los hijos de Dios. Para nosotros, consagrados, nos queda bien claro lo que habla el fundador. Nuestro camino más perfecto para el desapego, para nuestra kenosis como reflejo de la Trinidad es: •

La pobreza de Cristo – de todo, de las cosas, de nuestro futuro, de nuestras ideas.

La obediencia de Cristo – de nosotros mismos, de búsqueda de poder, de nuestro futuro.

La castidad de Cristo – de búsqueda de satisfacción, de las personas.

Nuestro desapego, vaciamiento, necesita ser tan total como el de la Trinidad con relación a Cristo en su encarnación y muerte: no será total mientras poseamos una sola cosa o persona, aunque sea a nosotros mismos. El Amor de Dios, a su vez, se hace pleno en nosotros, como se hizo pleno en _Cristo, que se vació completamente para enriquecernos91. El Amor de Dios sólo es pleno en quien está vaciado de sí mismo, de todo y de todos. Sólo estos conocerán a fondo el Amor Esponsal y serán libres para alzarse en el vuelo libre de los hijos de Dios. ¿No habrá sido esa, aunque sea una vez, la experiencia espiritual del fundador, profeta libre cuya profecía, veinticuatro años después, el Magisterio confirma? Que nuestra palabra final sea la del fundador, con su resumen pastoral de la vivencia del Amor Esponsal. Quien lo conoce bien, sabe que, cuánto más pronto pase de la teoría a la práctica, mejor se siente. La teoría, el estudio, el análisis, aunque necesarios y valiosos , generalmente lo impacientan. Cuanto antes salga de la teología hacia lo pastoral, quedará más aliviado. Es por lo tanto, con su palabra práctica, pastora, que cerramos nuestro estudio tan rudimentario: La alabanza, la adoración, la búsqueda y fidelidad a la Santísima Voluntad de Dios, el amor al hermano y el desapego, es eso lo que Dios ansía de nosotros, a eso Él nos llama, esta es nuestra vocación. Que el Señor nos conceda la infinita gracia de vivirla. ¡Amén!

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Cf. II Cor 8,9

AMOR ESPONSAL  

DE EMMIR OQUENDO NOGUEIRA

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