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CONCURSO DE ANÉCDOTAS Y EXPERIENCIAS DEL VIAJE DE INTERCAMBIO CON ALEMANIA REALIZADO POR LOS ESTUDIANTES DEL COLEGIO ALEMÁN DE MEDELLÍN 2009

TÍTULO: MI INTERCAMBIO EN ALEMANIA, UNA DE LAS MEJORES EXPERIENCIAS DE MI VIDA. POR: “CHAGO”

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MI INTERCAMBIO EN ALEMANIA, UNA DE LAS MEJORES EXPERIENCIAS DE MI VIDA. El 27 de septiembre del 2008 emprendí un viaje hacia Alemania que cambiaría mi vida. Tal viaje me ayudaría, no solo a perfeccionar mis conocimientos en el idioma, sino también a conocer otro país, otras personas y otras maneras de pensar y percibir el mundo, y cuan diferente esta cultura podría ser de la nuestra, y cuan fascinante podría ser tener la oportunidad de conocerla. Estaba ansioso, de verdad nervioso, lo único que sabía era que quería ir, ansiaba ir; quería conocer, experimentar, sentirme libre y estaba dispuesto a esto; y así, dos días después de mi cumpleaños, comenzaría una de las que considero, mejores experiencias de mi vida. Toda una combinación de emociones y sentimientos que se apoderaban de mi cuerpo, desde la ansiedad a la tristeza, y fue así, como me despedí de mis padres en el aeropuerto. Prefería no pensar en estar nueve meses lejos de ellos, del resto de mi familia y de la infinidad de factores que me conectaban a Colombia.

Sabía que debía hacerlo, ya no había vuelta atrás, lo haría no solo para

estudiar, sino también para crecer, o por lo menos era eso lo que me repetía a mí mismo en mi cabeza, para evitar llorar, palabras que me reconfortaban, las últimas que a mi madre le escuche decir, antes de emprender este viaje. Y así fue. Me fui. Deje todo lo que tenía, pero me fui feliz, ansioso y con la esperanza de conseguir todo lo que pudiera, tanto conocimientos como experiencias y sabía que trataría de aprovechar todo lo que pudiera, me sentía libre, pero a la vez sabía, que no podría distraerme de lo que haría. Meses atrás, hablando con mi familia, decidimos que me iría nueve meses y particular. Dividiría mi intercambio en dos partes: Los primeros tres meses, tiempo en el que esperaba adaptarme y acostumbrarme, tanto al idioma como a la cultura. Y el resto del tiempo, permanecería con una familia realizando un intercambio similar al que mis compañeros harían. En los primeros meses estaría con la familia de mi madre, la cual me ayudaría a integrarme y así fue. En estos meses logré adaptarme. Asistí a un curso

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y a la vez al colegio del cual en un principio, no recibí notas. Recuerdo mucho mi primer día allí, me reí mucho de esto. Mi tío me llevó, como lo hicieron un día nuestros padres con nosotros al colegio y después de presentarme ante el Rector, allí me dejó. Era evidente el vacío que tenía en el estómago, causado por los nervios que tenía. El Rector le dijo al director del grupo que me llevara y presentara ante mis compañeros. Recuerdo que era de noche aún, o eso parecía, pues no había aparecido el sol, y hacía un frío que me carcomía los huesos. Mi director de grupo me llevó hasta mi puesto, me extrañó que no le dijera al grupo quien era, pero al fin, con la pena que tenía, no me importó. Desempaqué mis cosas en el que era mi pupitre y me extrañó que nadie hablara. Me percaté que el profesor trataba de decirme algo con sus manos, no entendía muy bien lo que quería. Estaba en la primera fila, miré hacia atrás y descubrí que era el único que continuaba sentado, ¡todos se reían de mi!, yo no evité hacerlo también. En este colegio, más que todo por la barrera del idioma, estuve algo distante de los profesores y también de mis compañeros. En un principio me fue casi imposible conseguir amigos y me estaba empezando a preocupar. Después de un tiempo, ya tenía unos cuantos amigos, pero ahora me preocupaba la idea de que no salía tanto, hasta que descubrí que en invierno no es una costumbre salir, sino que prefieren invitar a pasar un rato en sus casas y a manera de remuneración, esperan que uno los invite también. En las tardes, además del curso, no tenía nada que hacer y de verdad que me estaba aburriendo. En invierno, definitivamente no quería nadar y en el pueblo no había un lugar en el cual pudiera montar a caballo, por lo cual realizar mis hobbies, ya no era una opción. En un principio estuve confinado a mi habitación, sólo al frente del computador. Supe que no era lo correcto, no estaba aprovechando mi experiencia y todo lo que podía hacer. Por casualidad, un día pasando al frente de la alcaldía vi un aviso que decía “Pfadfinder”, hablaba de un grupo de adolescentes que se reunían los jueves en las noches y un día aburrido decidí intentarlo. La verdad es que no me arrepiento. Fue lo mejor que en ese pueblo pude haber hecho. Dos voluntarios nos preparaban actividades diferentes cada vez, no nos cobraban y asistir allí, además de divertirme, me ayudó a integrarme con mis compañeros aún más. Allí conseguí muy buenos momentos y me dejaron infinidad de buenos recuerdos.

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La navidad se acercaba y con ella una gran nostalgia, lejos no podía esperar pasar mi navidad como lo acostumbraba. La navidad decidí pasarla con una amiga, gracias al fácil, seguro y efectivo sistema de trenes de Alemania, pude recorrer casi 500 km hasta su hogar. Hicimos nuestra propia navidad, pero la verdad, el 31 de diciembre de ese año, fue el peor que en mi vida pude pasar. Unos amigos de ella nos invitaron a pasar la noche a su casa. Después de ver una película, jugar unos cuantos juegos de mesa y hablar con nuestras familias, nos fuimos, decepcionados a dormir. El 6 de enero, ya en un año nuevo, cuan rápido se pasa el tiempo, me debía despedir del pueblo y comenzar la otra etapa de mi viaje. Usando el tren, fui solo y como estaba programado, a reunirme con la familia con la que permanecería el resto de mi estadía. Para qué decir que no, pero mi familia fue muy especial conmigo. Vivían en una casa muy cómoda y el hecho de que fueran amigos de la familia y tuvieran dos hijas casi de mi misma edad, me ayudó de verdad a integrarme, tanto en la vida familiar, como escolar. El hecho de que nos toque una familia buena o no, depende sólo de nosotros. La razón por la que consideré, no me pudo tocar una familia mejor, fue el hecho de que me adaptara y tratara de integrarme, abriéndome así a todas las posibilidades. Fue eso lo que hizo todo muy fácil para mi y lo que hizo que mi familia me apreciara como yo a ellos. En este nuevo pueblo fue todo más fácil. Teniendo ya una experiencia, conseguir amigos e integrarme, fue mucho más fácil. Cada vez el clima mejoraba más. Entendí que aunque los profesores parecían fríos, respondían muy bien a las muestras de interés que tuve con sus clases, me ayudaron mucho al igual que mi familia.

Eran

comprensivos en su mayoría, trataban de hacerme sentir parte del grupo y trataron siempre de hacerme sentir bien. Con mi familia, amigos y profesores, llegué a establecer un lazo muy estrecho. Busqué clases de natación y equitación y empecé constantemente a salir con mis amigos. Empezaba a tener una vida “normal”. Me incorporé hasta el punto de sentirme, no sólo parte del grupo, sino también de la familia y a la vez aprendía el idioma. En el proceso descubrí que los idealismos que tenía sobre los alemanes y su cultura, que había obtenido de las experiencias de otros, no eran del todo ciertas. Un claro ejemplo de esto, era la creencia que tenía de que los alemanes eran fríos y distantes, pero supe que no era así, simplemente tienen

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un modo diferente al nuestro de expresar sus sentimientos y así me fui abriendo cada vez más a ellos y a su cultura, aprendiendo cada vez más de ellos, creando mi propia opinión, mi propio criterio. Otra de estas situaciones fue cuando descubrí que me reía de cosas que ellos no y viceversa y no es por que yo o ellos seamos crueles o irrespetuosos, sino que tenemos percepciones diferentes y son esas diferencias fascinantes, diferencias que en vez de separarnos, nos deberían unir. Esta experiencia fue definitivamente una de las mejores de mi vida. Me ayudó a crecer, a entender muchas cosas que antes no podía, a conocer otras personas, otra cultura, además a conocerme a mí mismo y apreciar tanto a mi cultura como todo lo que tengo. Aprender a vivir el mundo de otra forma, me ayudó a mirar el mundo de manera diferente, apreciarme a mí, lo que tengo y también a los otros. De mi intercambio me quedaron millones de experiencias, vivencias que nunca olvidaré y le contaré a mis nietos y quizás ellos a los suyos también; muchos amigos a los cuales les escribiré e-mail y a los que aprendí a querer mucho. Me encantó vivir en medio de una cultura completamente diferente a la mía, experimentar cosas nuevas que nunca imaginé que haría, vivir las estaciones y su sin igual belleza, ir al colegio en bicicleta, viajar por Europa y miles de vivencias increíbles que no podré olvidar. Este intercambio no me separó nueve meses de mi familia, me unió nueve meses a un país, a una cultura y a cientos de personas fascinantes que tuve la oportunidad de conocer. Estoy infinitamente agradecido con todos los que hicieron posible esto, a mi familia, al colegio y a todos los que me acompañaron en esta experiencia, gracias por dejarme hacer un intercambio en Alemania, una de las mejores experiencias de mi vida.

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MI INTERCAMBIO A ALEMANIA, UNA DE LAS MEJORES EXPERIENCIAS DE MI VIDA