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PERDIDA EN MADRID-BARAJAS

Todo empezó el 18 de noviembre del 2008, el día en que viajaba a Alemania para hacer el intercambio. El vuelo de Medellín a Bogotá fue muy normal. María Paulina y yo viajábamos juntas ese día y además mi papá nos acompaño hasta Bogotá. El trayecto de Bogotá a Madrid por Iberia fue ¡eterno e incomodo! Como era por la noche, obviamente, no se veía nada por las ventanas, solo cuando se apagaron las luces para dormirnos, pudimos ver millones de estrellas en el cielo. Cuando llegamos al aeropuerto Madrid-Barajas, alrededor de las 10:00am del día siguiente, nos informaron por el altoparlante del avión, que las personas que tenían vuelos cuyas puertas de abordaje eran K o H debían bajar por los ascensores y tomar el subterráneo que los llevaría hasta otra terminal y los que tenían vuelos que salían por las puertas M debían permanecer en esa misma terminal, puesto que allí estaban las puertas M. De acuerdo a todo esto, María Paulina tenía que irse para la otra terminal, porque su vuelo salía por una de las puertas H y yo tenía supuestamente que quedarme ahí. Nuestros vuelos salían a las 4:00pm, pero María iba para Dusseldorf y yo para Frankfurt. Teníamos 6 horas de espera. Nos bajamos del avión y caminamos mucho rato para llegar a donde estaban los ascensores por donde María tenía que bajar. Cuando llegamos allí yo tenía un nudo en el estomago, no me quería quedar sola, tenía mucho miedo. Nos despedimos, yo con lágrimas en los ojos, pero al ver a María tan tranquila me dije a mi misma que me tenía que calmar. Ella se fue y yo subí a buscar dónde era el “check in” de esa terminal; no lo encontraba, estaba perdida. Yo seguía los letreros con flechas que me “dirigían” a donde estaba el “check in”, hasta que de pronto no había más letreros y entonces, me di cuenta de que seguro me había pasado y me tenía que devolver (esto me pasó varias veces). Por fin, después de un rato, ¡lo encontré! Hice el “check in” e ingresé a la terminal, pero cuando lo hice me di cuenta de que todo iba a ser horrible. Era una sala muy grande, de un solo piso y con ventanales enormes que daban a la pista de aterrizaje. Allí solo había dos locales que eran puestos de café, un Starbucks y otro raro que no conocía, además de eso había un restaurante que estaba cerrado y parecía como en reparación. No había nada más, solo puertas de embarque, que no eran las mías. Caminé un poco hacia una fila larguísima de gente que había al frente del restaurante cerrado, porque creí que seguro estaban todos entrando a otra parte de la terminal, que probablemente sería más grande y tendría tiendas y cosas. Cuando llegué hasta allí me di cuenta de que toda esa gente estaba abordando un avión para La Coruña. Cuando estas personas terminaron de abordar, la terminal quedo casi completamente sola, nada mas quedaban unas personas del personal del aeropuerto y yo. Me fui a sentar a unas banquitas por que estaba mamada de cargar todo lo que traía (el maletín de mano más incomodo del mundo, porque se voltea cuando uno lo arrastra, además de eso un bolso, en el hombro, que pesaba una tonelada y estaba lleno de papeles y de cosas y para terminar de ajustar, la chaqueta de invierno, que no me cupo en la maleta). En ese momento, cuando me senté, me dio un ataque de pánico. Quería llamar a mis papás, pero no entendía las instrucciones de los teléfonos públicos y tampoco había dónde comprar tarjetas para llamar. No podía parar de llorar, me dio taquicardia, estaba mareada y no podía respirar. Me paré y me puse a mirar en las pantallas, donde aparecen todos los vuelos, a ver si encontraba el mío y si decía la puerta, yo de alguna manera sabia que ahí no estaba bien, tenía que hacer algo, porque sentía que estaba en el lugar equivocado. Pero en las pantallas solo estaban los vuelos de las 12. De pronto vi uno que decía que era de Avianca y que iba para Bogotá, fueron indescriptibles las ganas que me dieron de montarme en ese avión y devolverme para Colombia. Me volví a sentar y me acorde de que mi papá me había dado un teléfono de un amigo de él que vivía en Madrid y que si necesitaba ayuda lo llamara, pero no, pues que le iba a decir. Después me acorde, también, de la tarjeta de Assit-Card para pedir ayuda, pero no entendía las instrucciones de cómo llamar, que me habían dado. Yo estaba como bloqueada en ese momento. No sabía que hacer. Pero sabía que tenía que hacer algo. Estuve llorando un rato largo, espere hasta que poco a poco pude calmarme y me fui a caminar a ver si encontraba a alguien que me pudiera ayudar. Por allá cerquita de donde estaban los cafés, encontré que había como un puestito de información de Iberia, que de alguna forma no había visto antes. Me acerque y le pregunte al señor, que cuál era la puerta de embarque de mi avión, y qué tenía que hacer, que estaba perdida, pero no entendí nada de lo que me respondió.


Me dijo como que me fuera para alguna parte, pero no entendí a donde. Yo quería intentar ver si caminado un poquito lo descubría y como después de dar una vuelta todavía no encontraba lo que supuestamente estaba buscando me devolví otra vez para donde el señor de información, que era como muy mala clase y le pregunte lo mismo. Entonces con “cuatro piedras en la mano” me respondió, que la puerta de abordaje de mi vuelo estaba provisionalmente puesta en una de las puertas K en la otra terminal, que me debía bajar por uno de los ascensores que estaban al frente de los cafés y que me fuera en un tren para la otra terminal, pero que como la puerta estaba solo “provisionalmente” en la otra terminal, lo más probable es que cambiara. Entonces me dijo que hiciera lo que me diera la gana y que si me iba para allá y devolvían la puerta a esta terminal, pues que me tenía que devolver y que si me quedaba aquí y la pasaban para allá pues que me tenía que ir. Le dije que bueno, que gracias y me fui a pensar que hacer, porque tenia miedo, no sabía cuánto se demoraba uno yendo hasta la otra terminal, ni cuánto me iba a demorar haciendo el “check in” allá. Pero también tenía miedo de irme para allá y tener que devolverme después por la misma razón. Después de pensar un poco, decidí irme de todas formas. Allá estaría María Paulina y si la encontraba ella me podría ayudar y ya no tendría que estar tan sola. Me fui por el subterráneo y se demoró como 10 ó 15 minutos para llegar a la otra terminal, porque era lejísimos. Cuando por fin llegué, salí del trencito y como no sabía para dónde coger me puse a seguir a la gente. No se por qué, ni en qué momento terminé en la parte donde se recogen las maletas, entonces, mientras estaba tratando de encontrar una salida, un señor se me acercó, supongo que me vio cara de perdida, y me preguntó que si necesitaba ayuda. Yo le dije - si, ¡estoy perdida! - Me pidió que le mostrara el pasabordo para ver a donde me tenía que ir y pues como ahí decía que mi vuelo salía por la otra terminal, me dijo que me tenía que devolver. Le explique lo que me habían dicho antes, que la puerta de embarque la habían cambiado y el me dijo que iba a preguntar de nuevo dónde me tocaba, pero, mientras tanto, me ofreció una tarjeta para llamar a Colombia (no tengo idea como supo que yo era colombiana, pues yo no le había dicho nada sobre eso). El me dijo que él las vendía y me sacó una lista con todos los precios. Yo escogí la primera, porque como tenía los ojos llenos de lágrimas no veía bien. Después me dijo que me iba a enseñar a usarla y me anoto las instrucciones por detrás de la factura, cuando terminó se fue donde un señor del aeropuerto que estaba ahí cerquita y le preguntó lo de mi vuelo. A su regreso, me explico qué hacer, me dijo que subiera hasta el segundo piso, ahí debía volver a hacer el check in, para poder entrar a la parte de las tiendas y las puertas de abordaje. Me dijo que mi puerta no estaba confirmada todavía, pero que cuando estuviera arriba, preguntara en un puesto de información. Le di las gracias y me fui por donde me había dicho. Ya estaba mucho más tranquila. Me fui por las escaleras y finalmente logre llegar al “check in”. Ahí le pregunté a un señor de información que si por ahí se entraba para la puerta K, que era la que me habían dicho que probablemente fuera la de mi vuelo, y me dijo que era lo mismo, que todo el mundo debía pasar primero por ahí. No le pregunté lo de mi vuelo porque el señor no estaba en un puesto de información, sino simplemente supervisando. Cuando por fin estuve ahí, me sentí mucho más tranquila al ver que todo en esa terminal era más normal, había tiendas, restaurantes y mucha, mucha gente. Me acerqué a un puesto de información, pero me dijeron que todavía no tenían el dato exacto de mi puerta de embarque, que se confirmarían a las 3:00 p.m. y que me fijara entonces, en las pantallas a esa hora. Di una vuelta pequeña por esa parte que era más que todo de restaurantes, para ver si veía a María Paulina, porque como eran las 12:00 o la 1:00pm, ya no me acuerdo, de pronto estuviera almorzando. No la vi, pero decidí entrar a algún sitio a comer, pues desde que nos dieron el desayuno en el avión no había comido nada. Pase por McDonnalds pero, como tenía el estómago revuelto, no quería comer algo tan grande, entonces entré al siguiente restaurante, que era como un café, pero también vendían sánduches y cosas así. El restaurante tenía un mostrador grande de comidas al fondo donde estaba la caja. Me metí en la fila y me puse a mirar. Nada se veía como bueno y en ese momento me di cuanta de que si quería coger algo de ahí, debía haber cogido una bandeja desde antes y como no me quería devolver por ella, solo compre una Coca-Cola. Quería encontrar a Maria, así que me puse a caminar un rato y me di cuneta de que el aeropuerto de Madrid es ¡enorme! No entré a ninguna tienda, no hice nada, solo quería encontrar a Maria, pero como tenía tantas cosas en las manos me canse después de un rato y me fui a sentar. A mi lado había una viejita que no me acuerdo de donde era, creo que de Costa Rica o algo así, empezó a hablar conmigo y me pregunto para dónde iba y pues, termine contándole del intercambio, que me había perdido y que ahora estaba buscando a una amiga. Estuvimos hablando un rato hasta que me dieron ganas de seguir buscando a Maria. Después de caminar un poquito la vi pasando a lo lejos, me dio tanta alegría que casi me fui corriendo para donde


ella y cuando la alcance le conté todo lo que me había pasado y ella me dijo, entre muchas cosas, que tenía el mismo problema con la puerta de embarque, que no estaba confirmada todavía. En ese momento me acorde, de la tarjeta que había comprado para llamar y le dije a Maria que iba a buscar un teléfono público para llamar a mi casa. Los primeros teléfonos que encontré quedaban lejísimos. Empecé a marcar todo ese montón de números para poder comunicarme con Colombia y la primera vez me equivoque, entonces volví a marcar y ahora si me contestaron en mi casa. Estaba tan feliz de oír a mi mamá, pero al mismo tiempo me dio “mamitis”, quería estar con ella. Les empecé a contar, todo lo que me había pasado y me puse a llorar. Mi mamá me dijo que no me preocupara, que uno siempre se encuentra “angelitos” en todas partes que lo ayudan, que uno nunca esta solo, que siempre se va a encontrar a alguien en cualquier parte dispuesto a ayudarlo. Yo no quería estar más allá, no quería estar en intercambio. Solo quería estar en mi casa. Hablamos como 10 minutos y me devolví para donde Maria. Ella me dijo que si le podía prestar la tarjeta para llamar a su casa y yo le dije que bueno, que claro, pero que si después de eso me podía acompañar a almorzar. Ella dijo que si. Después de que llamó, nos fuimos para McDonnalds, yo almorcé rápido porque ya eran las 3:00pm y teníamos que saber por dónde nos iba a tocar abordar. Cuando terminé de almorzar, fuimos juntas a mirar las pantallas, el vuelo de Maria ya aparecía y decía la puerta de embarque, pero el mío todavía no. Nos sentamos otra vez donde estábamos antes, yo espere como 10 minutos y me volví a fijar, pero todavía no decía nada, entonces me fui para un puesto de información. Allá al señor que estaba atendiendo le pregunte que si me podía decir, por favor, la puerta de embarque de mi vuelo y le mostré mi pasabordo. Miro en el computador y me anotó el número correcto de la puerta en un papelito, después me empezó a preguntar el motivo de mi viaje y estuvimos hablando un rato hasta que empezaron a llegar muchas personas, que necesitaban también ayuda. Me deseó la mejor de las suertes, nos despedimos y me fui para donde Maria. Estuvimos hablando otro ratico, pero como ya eran las 3:40 p.m. decidimos que mejor nos despidiéramos ahí. A ella le tocaba una puerta del lado H y a mi del lado K que eran lados opuestos. Maria me dijo que con la suerte que estaba teniendo me iba a tocar la puerta más lejana al extremo del aeropuerto. Nos despedimos y empecé a caminar, habían unos letreritos que al principio no entendí, pero después me di cuenta de que indicaban el tiempo para llegar a las puestas y decía que para la mía faltaban 12 minutos. Eran las 3:50pm y el avión salía a las 4:00pm. Me entró pánico otra vez, empecé a correr. Me sentía como en esos sueños en los que uno corre y corre, pero no avanza nada. Me pareció que no alcanzaría a llegar, pero no, llegué a tiempo y en efecto, era como había dicho Maria, mi puerta de embarque era una de las últimas, al extremo del aeropuerto y por suerte cuando llegué todavía no había empezado a abordar la gente. Alrededor de 15 minutos después ya me encontraba sentada en el puesto que me tocaba, esperando que el avión despegara, pensaba en todas las cosas que me habían pasado y trataba de imaginarme como iría a ser todo cuando por fin llegara a Alemania. En ese momento me di cuenta de que ya no había vuelta atrás. No me sentía ni feliz ni triste, no sentía tampoco ansiedad, no sentía nada. Escuche a mi alrededor algunas personas hablando en alemán y me di cuenta de que ese era el inicio de mi intercambio y que tenía que afrontarlo. En los ocho meses que estuve en Alemania, afronté muchas y diversas dificultades, pero nunca me volví a perder, a veces tomaba caminos equivocados, pero siempre llegue a donde tenía que llegar. Esta experiencia me enseñó a no perder la calma en los momentos difíciles, a que todo tiene solución. Me ayudó a darme cuenta que yo sí puedo valerme por mi misma, algo que fue importantísimo para mi durante la estadía con la familia. Aprendí también que si yo no resuelvo mis problemas, ellos no se van a resolver solos, por mucho miedo que me de afrontarlos, siempre tendré que hacerlo. Fin


CONCURSO DE ANÉCDOTAS Y EXPERIENCIAS DEL VIAJE DE INTERCAMBIO CON ALEMANIA REALIZADO POR LOS ESTUDIANTES DEL COLEGIO ALEMÁN DE MEDELLÍN 2009

PERDIDA EN MADRID-BARAJAS

SEUDÓNIMO: CLEO


Terminal 4: cuenta con 76 puertas de embarque (H, J y K).

Anécdota 1  

Anécdota del concurso

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