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Aquí, en el pasado He vivido aquí desde que nací, incluso desde antes de nacer. Tal vez he visitado otros sitios, algunos lejanos o algunos cercanos, pero ninguno como mi hogar. Estoy rodeada de un sinfín de calles, caminos, subidas, bajadas, y cada lugar me cautiva cada vez más. Existe un camino, de 5 o más km de recuerdos, que se convirtió en mi parte favorita de mi divagarte tiempo por 3 interminables años. Un Volkswagen se convirtió en la máquina para transportarme a historias creadas por el mejor cuenta cuentos que he conocido: mi papá. Los baches de la avenida se convertían en la mejor parte del escenario cuando las historias hablaban de caballos y carrozas, los árboles creaban pequeñas sombras sobre el auto en movimiento, completando la escenografía de esos mágicos cuentos. El estacionamiento del jardín de niños es un sitio que me gustaría recrear en el lugar en el que viva por siempre. 10 desniveles, que contaba siempre que bajaba con la cabeza reclinada en el hombro de mi papa, con los ojos cerrados en espera de llegar al recibidor de la estancia. Ansiaba la hora de salida, en espera de recorrer aquel camino, ahora por mi propia cuenta, bajo el sol, en espera de ver al señor de los helados en el 4o escalón. La mañana se me hacía eterna, pero la espera valía la pena por pasar de mis momentos favoritos en el día. El estacionamiento más obscuro del centro de zacatecas, donde alguna vez un pequeño lente proyectaba imágenes que deleitaban la vista de los visitantes. Al salir de aquel estrecho lugar, nos dirigíamos hacia la calle Tacuba, donde nuestros ojos sufrían un colapso por el cambio luminoso. Me encantaba ver la calle casi vacía, con la luz de las 11 de la mañana, fresca y calurosa al mismo tiempo, con las señoras cargando presurosamente las bolsas del mandado, corriendo para alcanzar la ruta. Tomaba mi mano, y me llevaba por la banqueta, cuidando mi cabeza de los golpes con los teléfonos públicos ante mi distracción. Cruzábamos la calle, hasta llegar a la fuente de los faroles: "No toqueeeeeeeeeeeeeeeeees... ¡Hija de mi vida!" Casi de ley en cada salida me compraba una botella de agua y un jabón, para retirar de mis manos aquellos microorganismos que amenazaban con matarme fulminantemente y de manera tan trágica frete a todos los espectadores del Centro Histórico de Zacatecas.

Anette Laura de la Fuente González

2-02-14


Pasada la tensión de mi cancelada muerte, proseguíamos el viaje. Cruzábamos por el pasaje y después llegábamos al laberinto. Mágicamente, nos transportábamos a un lugar como extraído de otro sitio, oculto y encerrado, donde los olores a comida (cruda, cocida, sazonada y pasada) no pasan desapercibidos. El recorrido era: puesto de los nopalitos, puesto de las fresas, mariscos, esquimos (mi parte favorita), verduras, frutas, queso, pollo, y si algún ambulante se cruzaba frente a nosotros, comíamos galletas de las mas deliciosas. Otro de mis caminos favoritos es uno de más de 1 hr, que me lleva a mi lugar favorito en el mundo, Sain Alto. Un lugar con pequeñas casas que tras descuidadas fachadas esconden enormes huertos donde las historias se crean solas. Arboles con frutos, pequeños riachuelos, y pasto por doquier, son elementos que me llevan de un lugar casi olvidado a grandes bosques, con brujas, animales salvajes, incluso junglas, donde me convertía en la exploradora más famosa del mundo. Nadar (con 20 salvavidas puestos) y después comer gorditas como si no hubiese un mañana, correr, tropezar, rasparme las rodillas, llorar, llorar, llorar, llorar mas cuando mi mama me curaba las heridas, y al día siguiente repetir la historia. Ir de la tienda de mi tía Martha a la tienda de mi tío José, luego con mi tío Carlos, con mis abues, con mi primo, y lo más divertido, visitar a Chabelo, Tatiana, Bob Esponja y Arenita, los perros más nobles del mundo. El pequeño pulgas, flaco y triste porque extrañaba a mi abuelo, nos perseguía por todo el jardín, en espera de que termináramos de comer helado y tal vez le tocara un pedacito de cono. Al fondo del lugar, tras un camino de tierra y tras árboles grandísimos, se encuentra un lugar llamado "la boquilla", donde hay una casa enorme, con un gran patio y macetas de muchos colores. Tras una puerta pequeña, casi invisible en una esquina de la casa, esta la huerta más grande del lugar, donde nos divertíamos horas y horas en el columpio.

Anette Laura de la Fuente González

2-02-14


Lugar, margil1