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El sopor me ha vencido ahora y creo que voy a comenzar a soñar. Me veo a mi mismo caminando con un viejo amigo por un prado abandonado; cuando de pronto, nos detenemos a mirar a nuestro alrededor. Nos rodean unas… especies de “cosas” con aspecto de perros sin cabeza. Lucen grotescos, con sólo la estructura de su cuerpo “cosida” en donde se supone debería estar la cabeza. Al lado izquierdo de nosotros vemos una cabaña, pero no entramos porque muchas de esas “cosas” aparecen por ese lado de la vereda. En lugar de eso, continuamos avanzando y observamos que más de esas “cosas” se acercan a nosotros, ya son más de diez ahora, pero no tenemos miedo, puesto que no tienen cómo atacarnos…en teoría. Mientras esquivamos a esas “cosas”, nos percatamos que empiezan a acercarse otras “cosas” diferentes a las anteriores. Estas tienen aspecto como de “cabeza de reptil” con unas especies de crestas grandes y


puntiagudas saliendo por ambos lados de donde se supone deben estar sus orejas. Su boca también es grande y muestran unos afilados dientes, como si fueran de tiburón. Su altura no es de más de sesenta centímetros, puesto que no tienen cuerpo, sólo son unas cabezas con patas anchas, que se acercan velozmente a donde estamos mi viejo amigo y yo. Comenzamos a correr hacia adelante y vemos que, de repente, estamos inmersos en un bosque interminable, con árboles inmensos, parecidos a los llamados “pochotes” esos árboles que tienen espinas en todo su tronco y ramas. También había árboles de tamarindo y acacias pero muy secos y más grandes de lo habitual, median cerca de 50 metros y se veían tétricos todos, cómo si tuvieran vida, pero una vida ya agonizante; dispuestos a atacar para librarse de esa aterradora existencia. Todos estos árboles están rodeados por barandales puntiagudos pintados de un color que parece como si antes hubiera lucido un blanco muy puro; ahora de ese color blanco sólo vestigios quedan y en su lugar lucen un color óxido pero aún con cierto filo en las puntas, dispuesto a atravesar a quien quiera que caiga en ellos. Algunos de


estos barandales tenían cuerpos y cabezas empalados, algunos se veían recientes, otros ya putrefactos, otros eran comidos por zopilotes, cuervos y gusanos. Todas estas escenas nos llenaron de un temor nunca antes sentido, un temor que nos recorría todo el sistema nervioso de cabeza a pies, como si fuera un torrente eléctrico que nos sacudía por completo ante lo que sabíamos nos podía suceder si no escapábamos cuanto antes de ese lugar.

Mi viejo amigo corrió hacia el lado derecho del bosque, esquivando los barandales y tratando de regresar por donde habíamos venido. Pero fue una mala idea, porque precisamente por esa parte se venían aglutinando mas y mas de esas “cabezas de reptil colmilludas” dispuestas a devorar todo a su paso con tal de saciar su hambre… o matar por simple placer, cualquiera que fuera su motivo, no quería ser platillo principal de ese festín, como lo sería mi viejo amigo en unos momentos. Por mi parte, decidí subirme a los barandales pensando que si esas cabezas no median mas de sesenta centímetros, no podrían morderme; ni


mucho menos matarme desde esa altura en la que estaba. Los barandales median cerca de dos metros y rodeaban a los árboles gigantescos en un perímetro de quince metros, ya que el tronco de estos árboles media cerca de diez metro o mas; por lo que decidí comenzar a correr por en medio de estos barandales y treparlos para tratar de escapar de esas “cabezas de reptil colmilludas” mientras, a la vez, esquivaba a los cuerpos putrefactos empalados que yacían colgados esperando por un mejor final que el que tenían. Corría y escalaba los barandales tratando de salvarme, cuando de pronto, me acordé que esto era un sueño. Así que me dispuse a aventurarme a saltar de barandal en barandal; primero con miedo, pero después fui saltándolos mejor cada uno. Pero al levantar la vista, me di cuenta que entre mas saltaba estos barandales, mas y mas surgían dentro de este bosque interminable; y lo peor era que esas “cabezas de reptil colmilludas” cada vez eran también más, y se acercaban peligrosamente rápido hacia mi. Un sentimiento de desesperación y ansiedad comenzó a invadirme, pensando que este sería mi fin. Ya había olvidado por completo a mi viejo amigo, supongo que fue


devorado; pero en esos momentos lo que mas importaba era salvarme a mi, brincando de barandal en barandal. Volteaba a todos lados para ver cuántas “cabezas de reptil colmilludas” me seguían. Eran millones, imposible de contabilizar, se empezaban a parecer a un “río” de estas cosas dispuestas todas a devorarme sin contemplaciones a la más mínima oportunidad que tuvieran. Por más que avanzaba y veía al frente, más infinito se veía el bosque. Era imposible de soportar ya la ansiedad y el miedo por ser devorado por esas cosas, pero olvidaba que era un sueño, y al momento de recordarlo, me vino una idea a la mente. Decidí probar el hecho de salir volando de ahí, para poder escapar mejor de esas cosas. Junté mis pies en un mismo barandal y flexioné las rodillas casi hasta tocar el barandal para impulsarme de un “supersalto” hacía arriba. Di el “supersalto”…pero no pude volar. Sólo avance tanto hacia arriba, que vi cómo desaparecía a mis pies todo el bosque que yacía ahí inmóvil cubierto por una neblina, observándome subir mas y mas mientras todo el rió de “cabezas de reptil colmilludas” se devoraban entre ellas y desaparecían, dándome una sensación de alivio momentáneo.


Salté tanto que comencé a ver como se alteraba el tiempo ante mi, parecía estática de televisión hecha con rayas en blanco y negro, tan insoportable a la vista que tuve que cerrar los ojos, pero seguía escuchando su sonido; cubrí mis oídos para tratar de aminorar ese insoportable ruido hasta que me perdí en esa inmensidad de ruidos y estática mientras seguía subiendo sin fin. Cuando por fin dejé de escuchar todos esos ruidos, abrí los ojos lentamente; me dí cuenta que estaba en una cancha de básquetbol, muy parecida a las que hay en los parques deportivos o cerca de las colonias populares de muchas ciudades; pero no tenia ese aspecto de naturaleza viva que suelen tener estos lugares, sino que mas bien, lucía todo en tonos grises, el cielo amenazadoramente nublado y aunque era de día no había ni pizca de luz en ningún lado, aunque tampoco llegaba a la oscuridad total. La cancha en sí parecía abandonada, con el piso resquebrajado, los aros doblados y los tableros agujereados. La vegetación que siempre acompaña a estas canchas, también se veía tétrica, muerta; el pasto y los arbustos eran de un color amarillo ocre. Había animales muertos por doquier, gatos, perros, pájaros, vacas, caballos; todos en un estado


avanzado de putrefacción, otros siendo comidos por gusanos y zopilotes, otros mas ya eran osamentas, algunos se veían aplastados mientras que otros parecía que habían sido devoradas sólo la mitad de sus cuerpos de un solo mordisco. Las casas que rodeaban a la cancha también lucían abandonadas, macabras, como si ahí vivieran demonios o fantasmas devoradores de cuerpos y almas atormentadas. Algunas de estas casas eran de madera, con forma de choza. Otras parecían hechas de adobe, dignas de ser consideradas como arte rupestre de principios y mediados del siglo pasado. Otras ya se veían hechas de ladrillo y cemento, pero esas eran las más dañadas; tenían hoyos por doquier, parecían hechos con el puño de alguien muy fuerte y, por el grado de maltrato que tenían, parecía que no le gustaban a alguien esos diseños más contemporáneos de “viviendas de interés social”. Avanzaba a pasos cautelosos, tratando de no hacer mucho ruido en ese lugar sin sonido más que el que producían las nubes amenazantes de tormenta. Comenzaba a sentir esa misma ansiedad que ya había tenido con las “cabezas de reptil colmilludas” otra vez y pensé que no era muy buena señal.


Mientras avanzaba, comenzó a invadir al lugar una neblina, no muy espesa, puesto que aun se podía ver a lo lejos. El ambiente se tornó frío gracias a esta neblina y por extraño que parezca, pude oler en mi sueño el hedor nauseabundo de aquellos animales muertos que rodeaban la cancha. Aguanté las ganas de vomitar ante semejante aroma y continué avanzando sigilosamente hacia ningún lugar fijo, sólo buscando alguna señal de vida o algo que me pudiera decir qué había pasado en este lugar antaño. Al llegar al recodo entre unas calles, comencé a escuchar algo; parecía como si alguien estuviera devorando algo, se escuchaba claramente el crujir de huesos y tripas saliendo del hocico de ese alguien. Decidí investigar la procedencia de esos sonidos y ¡cuál fue mi horror al ver la escena de donde provenían esos sonidos! Era un ser humanoide, largo, media cerca de tres metros, de complexión delgada casi esquelética pero fuerte; sus brazos, manos y dedos parecían mas largos de lo normal a la vez que eran mas anchos, cada dedo era tres veces mas grueso y largo que el de la complexión humana normal, esa desproporción en las manos de ese ser, me hizo asociar rápidamente que él


había sido el que golpeó las casas, puesto que esos agujeros parecían tener la medida de esas manos. Retrocedí horrorizado pero tratando de no hacer mucho ruido, para que no me escuchara ese ser abominable y terminara siendo devorado entre sus horripilantes fauces. Avancé lentamente hasta estar seguro que no había peligro para comenzar a correr… craso error. Al momento de empezar a huir, aplasté un hueso que yacía ahí tirado en el suelo, justo en donde comenzaría a dar la primera zancada, como puesto en ese lugar para llamar la atención de aquel ser horrendo. Corrí lo más rápido que pude, porque el sonido que se había generado al pisar aquel hueso fue demasiado fuerte y pude escuchar claramente que aquel ser escalofriante se levantaba enfurecido, gruñendo y gritando por haber sido molestado en su merienda… Corrí y corrí hasta que estuve seguro que no me podía alcanzar aquel horripilante ser. Me detuve para observar el panorama de lo sucedido y saber qué estrategia seguir, si seguir corriendo o tratar de esconderme en alguna de las casas que había por donde yo estaba. ¿¡Cuál fue mi


sorpresa!? Al ver que aquella criatura aterradora ya me estaba contemplando a lo lejos con sus ojos completamente rojos llenos de sangre y odio. Yo estaba seguro que podía huir aún, pero una vez más, este ser me sorprendió por su gran agilidad; corriendo cual veloz rayo, en menos de dos segundos ya estaba a escasos tres metros de mí, y como si fuera película en cámara lenta lo vi saltando cuál fiera salvaje dispuesta a cazar a su presa colgándose de su cuello. La única reacción reflejo que tuve al momento fue cubrir mi rostro con ambas manos girando mi cuerpo hacia el lado izquierdo de donde me encontraba y tomando una posición casi fetal pero de pie. Todo esto en menos de un segundo, sentí cómo sus grandes y filosos dientes penetraban la dermis de mi brazo izquierdo tanto que sentí también el crujir de mi hueso. Cuando abrí los ojos para ver lo que me hacía este ser, quedé pasmado al ver que prácticamente ya me había arrancado el brazo de un fuerte mordisco… Desperté de esa empapado en sudor podía ver que el y había neblina,

pesadilla totalmente frío, por mi ventana cielo estaba nublado y al asomarme para


observar el exterior, vi que un marrano estaba devorando un perro muerto en medio de la calle, fue ahí cuando empecé a asociar el porqué había soñado todas estas cosas. Dándome cuenta que la mente hilvana imágenes en los sueños, incluso cuando no hay referencia visual; aunque por esto mismo es que la mente crea pesadillas idealizadas subconscientemente hasta con los sonidos que escucha.

FIN.



Pesadillas