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A Vísperas de San Valentín


L

a marcha nupcial está a punto de comenzar. En el viejo Santuario muchas personas están a la expectativa. Los invitados a celebrar el sagrado sacramento llegan en Willys de traje formal, una multitud esperando en la puerta de la iglesia a que comience la boda. La novia se está arreglando, sus hermanas corren dándole los últimos toques a los preparativos. En la plaza no cabe un curiosos más sin oficio alguno los sábado por la noche, en los miradores las ancianas asomadas parloteando con sus vecinas y los ancianos fumando piel roja en los portones. La puerta de la casa se abre, lo único que se ve son unas escaleras amarillas embaldosadas y una luz de fondo. Los presentes voltean cuando una gran sombra oscura obstruye la luz y ahí aparece, la despampanante novia, jamás se le había visto tan “bella y elegante”. Baja corriendo, ya está tarde para llegar a la iglesia. Preocupada debido a que su corpulencia rompió el tacón de una de sus zapatillas. La futura esposa saluda a los que la esperan en la calle, su rostro ancho y grotesco disfrazado entre maquillaje y adornos no puede dejar de expresar más que alegría, cansancio y susto. Descalza sobre las puntas de sus pies sube al carro prestado que usará para su llegada, mientras que en casa su madre le intenta arreglar su zapatilla de cristal. Un viento gélido se esparce por todo el pueblo. El novio vestido de negro espera en el altar, en vez de corbata usa una pañoleta gris y su expresión es de incertidumbre al ver que su futura cónyuge todavía no aparece. El eco de los susurros se escucha en la iglesia, susurros de los invitados y

sus críticas poco constructivas acerca de la decoración y los vestidos de fono, mientras que en las pausas los las anfitrionas. presentes cantan, cantan fuertemente para que no se note la ausencia de Se escucha la melodía de la banda un grupo musical. nupcial, se rompe todo el susurro, la muchedumbre está alerta. En me- Los novios poco agraciados y hudio de listones blancos y amarillos, mildes se miran mezclando la espétalos aterciopelados, campesinos peranza con la felicidad, comparten anonadados y santos mal dibujados sus labios en un beso que sella su entra la novia, con su capul encres- compromiso. El aplauso de los invipada, el peinado típico de las niñas tados se hace escuchar. Los felices y campesinas en la primera comu- poco armónicos esposos pasan por nión, envuelta en su vestido blanco la mitad de la iglesia en forma tal con adornos en piedrilla. Su silueta que parecen dos almas en un solo recuerda a un buñuelo envuelto en cuerpo. El arroz vuela por toda la una servilleta. Al frente de la novia plaza, todos contentos celebrando desfilan las dos “pajesitas” con sus el génesis de un nuevo hogar, todos canastas de rosas y sus vestidos tipo excepto una mujer. ponqué alquilados a la vuelta de la plaza. La elegante anciana se encuentra parada a un lado de la iglesia mirando con nostalgia la celebración, vestida de negros ropajes en un luto que lleva desde hace ya diez años, refinada, erguida, de pelo corto blanco, mirada descalificadora aparentando una vida opulenta. Se le ve a la señora Viana asistiendo a todos los matrimonios del pueblo, no le gusta hablar con la clase baja así que sólo La novia camina a paso lento, cuiobserva. Con la mirada triste y los dando a su zapatilla de cristal pegaojos nublados sufre al ver dos seres da con silicona, en las manos lleva comprometiéndose en compartir su el ramo perfecto para su vestido: roamor eterno. Desdichada viuda nesas color blanco pastel, acartonado gra piensan los que la conocen, la y de forma oval. única persona a la que amo ya no El sagrado sacramento se celebra existe, lo acompañó en la tristeza y sin mayor percance. Niños lloranla alegría, en la riqueza y la pobreza, do, jóvenes bostezando, los fanáen la salud y en la enfermedad… y ticos religiosos gritando la palabra sólo la muerte los separó. de Dios (repitiendo todos los ademanes que hace el cura), y ancianos constantemente atormentados por la muerte, buscando con desesperación consuelo y el perdón de sus pecados. El sacerdote predica sus sermones, inentendibles debido a su pésima pronunciación y la inapropiada cercanía de su boca al micró-

Se escucha la melodía de la banda nupcial, se rompe todo el susurro,



Crónica: A vísperas de San Valentín