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La novela de terror es un subgénero dentro de la novela, que es a su vez un subgénero de la épica o narrativa. Su principal característica y rasgo distintivo es el cultivo del miedo y sus emociones asociadas como principal objetivo literario.1 La novela de terror es uno de los formatos habituales en los que se presenta actualmente la nueva literatura de terror gótico

La novela de terror, representada muy a menudo por la clásica narrativa de horror sobrenatural de procedencia anglosajona, cultiva temas, personajes y escenarios propios, casi siempre figuras sobrenaturales, como las propias del mundo de lo paranormal, o de distintas mitologías (el vampiro, el hombre lobo, el monstruonatural, también el ser mitológico maligno, el fantasma, el demonio, el zombie, las brujas...) Pero el terror se nutre también, especialmente a partir de mediados del siglo XX, de elementos de la narrativa de ciencia ficción o de la novela fantástica. En las obras más modernas, pues, se amplían los registros: los extraterrestres, la amenaza nuclear, la manipulación genética, e incluso los riesgos de la contaminación ambiental.

En general, el público se siente atraído hacia este tipo de literatura por los característicos estímulos emocionales, insólitos, intensos y extraños que insufla en la rutina diaria. En el plano fisiológico este tipo de obras proporciona un aceleramiento cardíaco y respiratorio que por lo común termina en un desahogo final. Históricamente, el resorte del miedo en la novela de terror se dispara a partir de la irrupción de un elemento maligno sobrenatural en la rutina diaria de uno o varios personajes ordinarios, si bien en la actualidad las últimas tendencias del género han ido imponiendo poco a poco esquemas eclécticos mucho menos conservadores. http://www.laespadaenlatinta.com/2015/03/guia-rapida-literatura-terror.html

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico *

Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Edad de Oro: obras fundacionales


© Harry Clarke

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos – quienes usan el folclore popular– y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte – o silencio – de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror . 1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814) - Valdemar. 2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Ed. Valdemar. 3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1946). Libros del zorro rojo.


4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta. 5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar. 6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial. 7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896). 8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar. 9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar. 10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909). 11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo. 12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.

Segundo período: de 1940 hasta 1979. Edad de Plata: clásicos modernos

Fragmento de la portada de Pesadilla a 20.000 pies (Valdemar)


El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard –Bloch, Leiber– toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas propias – Bloch con Psicosis sin ir más lejos–. Surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación –Straub, Blatty– y auténticos maestros del relato: la literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Thomas Tryon, Ray Bradbury o Roland Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos. 1. Malpertuis, de Jean Ray (1943). 2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror, de Robert Bloch (1947-1958). Valdemar. 3. Pesadilla a 20.000 pies, de Richard Matheson (19511969). Valdemar. 4. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson (1959). Valdemar. 5. La feria de las tinieblas, de Ray Bradbury (1962). Minotauro. 6. El quimérico inquilino, de Roland Topor (1964). Valdemar. 7. La semilla del diablo, de Ira Levin (1967). 8. El exorcista, de William Peter Blatty (1971). Ediciones B. 9. El otro, de Thomas Tryon (1971). 10. Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber (1977). 11. Fantasmas, de Peter Straub (1979). 12. Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein (1984).

Tercer período: de 1984 hasta la actualidad. Terror contemporáneo


Ilustración original para los Libros de sangre de Clive Barker

Abrimos el período del terror contemporáneo. A principios de la década de los ochenta Stephen King ya había escrito varias obras importantes, pero con IT se consolida como el «Rey del Terror » que reinará sobre por lo menos una década. El gore y la transgresión de Clive Barker o Chuck Palahniuk, la sutileza de Thomas Ligotti y la crueldad de Dan Simmons; todo se vuelve más brutal, King pierde el trono después de un largo declive y su hijo Joe Hill entra pisando fuerte aspirando quizás a heredar la corona de su padre. 1. Libros de sangre, de Clive Barker (1984-1985). La Factoría de Ideas. 2. La canción de Kali, de Dan Simmons (1985). 3. IT, de Stephen King (1986). Debolsillo. 4. La chica de al lado, de Jack Ketchum (1989). La Factoría de Ideas. 5. Noctuario, de Thomas Ligotti (1985-1994). Valdemar.


El sol de medianocPrimer período: del siglo XIX

hasta 1939. Edad de Oro: obras fundacionales

© Harry Clarke

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos – quienes usan el folclore popular– y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte – o silencio – de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror . 1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814) - Valdemar.


2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Ed. Valdemar. 3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1946). Libros del zorro rojo. 4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta. 5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar. 6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial. 7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896). 8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar. 9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar. 10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909). 11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo. 12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.

Segundo período: de 1940 hasta 1979. Edad de Plata: clásicos modernos


Fragmento de la portada de Pesadilla a 20.000 pies (Valdemar)

El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard –Bloch, Leiber– toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas propias – Bloch con Psicosis sin ir más lejos–. Surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación –Straub, Blatty– y auténticos maestros del relato: la literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Thomas Tryon, Ray Bradbury o Roland Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos. 1. Malpertuis, de Jean Ray (1943). 2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror, de Robert Bloch (1947-1958). Valdemar.


3. Pesadilla a 20.000 pies, de Richard Matheson (19511969). Valdemar. 4. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson (1959). Valdemar. 5. La feria de las tinieblas, de Ray Bradbury (1962). Minotauro. 6. El quimérico inquilino, de Roland Topor (1964). Valdemar. 7. La semilla del diablo, de Ira Levin (1967). 8. El exorcista, de William Peter Blatty (1971). Ediciones B. 9. El otro, de Thomas Tryon (1971). 10. Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber (1977). 11. Fantasmas, de Peter Straub (1979). 12. Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein (1984).

Tercer período: de 1984 hasta la actualidad. Terror contemporáneo

Ilustración original para los Libros de sangre de Clive Barker

Abrimos el período del terror contemporáneo. A principios


de la década de los ochenta Stephen King ya había escrito varias obras importantes, pero con IT se consolida como el «Rey del Terror » que reinará sobre por lo menos una década. El gore y la transgresión de Clive Barker o Chuck Palahniuk, la sutileza de Thomas Ligotti y la crueldad de Dan Simmons; todo se vuelve más brutal, King pierde el trono después de un largo declive y su hijo Joe Hill entra pisando fuerte aspirando quizás a heredar la corona de su padre. 1. Libros de sangre, de Clive Barker (1984-1985). La Factoría de Ideas. 2. La canción de Kali, de Dan Simmons (1985). 3. IT, de Stephen King (1986). Debolsillo. 4. La chica de al lado, de Jack Ketchum (1989). La Factoría de Ideas. 5. Noctuario, de Thomas Ligotti (1985-1994). Valdemar. 6. El sol de medianoche, de Ramsey Campbell (1990). 7. Muerte al alba, de Robert McCammon (1991). 8. The Ring, de Koji Suzuki (1991). Literatura Random House. 9. Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004). Planeta. 10. Fantasmas, de Chuck Palahniuk (2005). Literatura Random House, Debolsillo. 11. John muere al final, de David Wong (2007). Valdemar. 12. Cuernos, de Joe Hill (2010). Punto de lectura. 6. he, de Ramsey Campbell (1990). 7. Muerte al alba, de Robert McCammon (1991). 8. The Ring, de Koji Suzuki (1991). Literatura Random House. 9. Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004). Planeta. 10. Fantasmas, de Chuck Palahniuk (2005). Literatura Random House, Debolsillo. 11. John muere al final, de David Wong (2007). Valdemar.


12.

Cuernos, de Joe Hill (2010). Punto de lectura.

http://sandradesantiago.blogspot.com.es/2011/11/la-literatura-de-terror-origenes-y.html

La literatura de terror, también llamada gótica, tiene como elementos esenciales y característicos la aparición de seres sobrenaturales. Existen muchos autores que han incursionado en este género añadiendo a la tradición literaria nuevos elementos, estructuras, formas y temas que convergen en un solo camino: el terror. Otra característica esencial es que infunden el miedo psicológico entre sus lectores. El origen, adaptación de la mitología de los antiguos griegos En sus orígenes, entre los pueblos de la Europa central y del norte, surgieron cierto tipo de narraciones, historias contadas de boca en boca y no plasmadas en el papel hasta el siglo XIII, sin tomar en cuenta el Libro de los muertos de la cultura egipcia, o el Libro de Enoch de los hebreos. Estas narraciones adaptaban la mitología de los antiguos griegos al mundo en que eran expresadas, es así como surgieron las historias de vampiros, brujas y hombres lobo, entre otros seres fantásticos creados por una imaginación colectiva. La Edad Media, lo sobrenatural va de la mano de lo cotidiano Posteriormente, surgieron algunas obras que se basaban en estas narraciones para dar cabida a seres no concebidos en la realidad cotidiana. No obstante, durante la mayor parte de la Edad Media, lo sobrenatural y lo cotidiano caminaban de la mano por el mismo sendero. Durante este periodo existía tanto entre la gente culta como entre la inculta una fe incuestionable en toda clase de fenómenos sobrenaturales. Más tarde, las clases superiores de la sociedad fueron perdiendo la fe en lo sobrenatural, lo que dio paso a una etapa de racionalismo clásico. La literatura de terror siglos adelante, la novela gótica A continuación llega, hacia el siglo XVIII, el período de la novela gótica, máximo exponente de este tipo de literatura. Autores como William Blake, Horace Walpole y una de las más importantes figuras en este género, Mrs. Radcliffe, dan cuenta de los primeros elementos de la narrativa de terror de la modernidad. En esta última autora hay todo un conjunto en sus obras, pues da un equilibrio entre lo sobrenatural de los personajes y del ambiente, y de la misma manera desarrolla racionalmente un hecho que no pretende serlo. Logra pintar un cuadro que produce en el lector el terror de los autores del siglo XIX. La influencia de Edgar Allan Poe Para este último siglo, hay varios exponentes, no sólo en Europa, sino también en América con uno de sus representantes más influyentes en la historia de este género: Edgar Allan Poe. En él, al igual que en Mrs. Radcliffe, se da ese equilibrio especial entre personajes, historia y ambiente. Más tarde se presenta otro autor norteamericano, el cual se encarga de hacer un estudio sobre la literatura de terror y aporta datos importantes para el estudio de este género: H.P. Lovecraft. Además de este estudio, con su obra revela parte de una nueva mitología no concebida anteriormente. Este elemento será explotado por los autores herederos de toda esta narrativa en la ciencia ficción o en la novela policiaca.


Otro tipo de textos, las leyendas Aunque la literatura de terror tiene sus orígenes en esas narraciones orales de sucesos sobrenaturales, existen todavía ese tipo de narraciones, sin ser consideradas como literatura de terror, entre ellas se pueden contar las leyendas, típicas de todas las regiones que recogen experiencias de personas y que se van transmitiendo de generación en generación. Las leyendas son parte del acervo tradicional de los pueblos y no se deben confundir con la creación de autor, aunque muchos autores toman como base todas estas historias. http://www.lovecraftiana.com.ar/index.php/literatura-de-terror/15-literatura-de-terror

Encontramos el origen de la literatura de terror en las antiguas leyendas. El hombre trataba de encontrar una explicación ante las leyes físicas de un mundo que resultaba hostil y terrorífico. Estas leyenda eran el espejo de pesadillas, historias surgidas del inconsciente, de los impulsos de destrucción y deseo que allí se encuentran. De esta manera, el germen del terror se encuentra en la misma naturaleza humana. Las historias de terror también necesitan la complicidad de aquel que las lee o las escucha. El receptor de estas historias debe dejar de lado su incredulidad para provocar su miedo. La Novela Gótica Recién en el siglo XVII el terror aparece como género literario, representado por la novela gótica inglesa. Ésta se construye espontáneamente a partir de símbolos que habitan en lo más profundo de nuestra mente, de la misma forma que ocurre en nuestros sueños y constituye una reacción ante las ideas racionalistas de la época. El auge del escepticismo y la filosofía racionalista impulsa un cambio en la literatura, que prefiere tratar el mundo de lo fantástico y lo sobrenatural. Sus características sobresalientes fueron:

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la capacidad de captar la atención del lector e inducir su más profunda concentración, penetrando en su mente y mostrándole sus propios fantasmas y deseos. Ambientes desconocidos: lugares y épocas pasadas o inexistentes que no pueden recordarnos nuestro presente. Cuanto más viajes (en el tiempo o en el espacio) se realicen, mejor era su efecto. Viajar es igual a huir de los problemas, preocupaciones, etc. Uno de los principales objetivos de la novela, fue alejarnos de nuestra vida cotidiana y hacernos olvidar de nuestras preocupaciones, por lo que este punto fue muy importante. Personajes fascinantes: personajes siempre inteligentes, con enigmáticos misterios, conscientes de su culpa, atractivos Muchas veces apareció una buena cuota de romanticismo. El peligro era infaltable y generalmente venía de la mano de villanos aparentemente irreductibles. Una muchacha en apuros para ser salvada por el héroe o por su amor, siempre con un papel secundario. Esta característica incluso aparece en una época en que se desarrollaba la emancipación femenina.

Obras importantes del período gótico: “El Castillo de Otranto” (1764) de Horace Walpole: Es la historia de Manfredo, quien repudia a su esposa y pretende hacer suya a la prometida de su hijo (el cual sufrió un terrible y ridículo accidente en el patio del castillo). La novela se continúa con una sucesión de lides amorosas y apariciones y concluye con una boda feliz y Manfredo recluido en un monasterio, arrepintiéndose de sus pecados. En un primer momento, esta novela se publicó como una traducción de un manuscrito antiguo, pero ante el relativo éxito de su obra, Walpole confesó su


autoría. La novela es mediocre y poco convincente, criticada por su sensacionalismo y cualidades melodramáticas. De todas maneras asentó los elementos fundamentales del género gótico: viejos castillos, apariciones fantasmales, bosques umbríos, etc. Walpole había creado unos personajes y un escenario que en manos más diestras darían lugar a grandes historias. Anne Radcliffe fue quizás la mejor escritora gótica, cuyo talento rozó la genialidad. Escribió alrededor de seis novelas, entre las que se destacó “Udolfo” (1794). En esta historia, Emily, una joven francesa, es llevada a un castillo en los Apeninos luego de la muerte de sus padres, para vivir con su tía y su nuevo esposo, dueño del castillo. En “El Monje” (1796) de Matthew Gregory Lewis, el autor agrega al terror matices violentos, por lo que esta obra fue censurada en su momento. El personaje principal es un perverso monje español, Ambrosio, que se entrega a las acciones más inicuas tentado por un demonio en forma de mujer. Es atrapado por la Inquisición y vende su alma al Diablo para evitar al verdugo, sin saber que el jurado lo perdonará al día siguiente. La satánica burla, termina con Ambrosio hundiéndose en la condena eterna. “Melmoth, el errabundo” (1820) de Charles Robert Maturín es una obra de gran valor, calificada por otros importantes autores. Un caballero irlandés consigue prolongar su vida vendiendo su alma. Sólo puede escapar a este trato consiguiendo que alguien ocupe su lugar. Luego de “Melmoth...” la novela gótica comienza a perder peso. Cumple con su ciclo, el que comenzó como una rebelión ante la Edad de la Razón y finaliza con la incorporación de la razón como determinante del terror. Hoy en día, sus características siguen presentes en el perfil del personaje antagonista, cuyas características apelan a nuestro temor, en los aspectos melodramáticos del romance y , aun más, en las historias de doncellas perseguidas y separadas de su verdadero amor. Esta fórmula gótica, sólo pudo ser recuperada por el cine. Capítulo aparte merece Edgar Allan Poe, el mayor escritor de cuentos y poesías góticos. Poe cambia el escenario, trasladando la acción a las casonas victorianas de Nueva Inglaterra. Estos escenarios desoladores y melancílicos son el reflejo del alma de sus personajes. Junto con Baudelaire, Poe fundó una nueva estética: ambos retrataron las partes más oscuras del alma, las que eran enmascaradas por una tradición puritana, creando una estética de la desesperación , la melancolía y la enfermedad. El Vampiro y la Novela Gótica: La primera historia de vampiros surge de la pluma del doctor John William Polidori, amigo (y suspuesto amante) de Lord Byron, en la misma noche de 1813 que vería nacer al Dr. Frankenstein y su monstruo. Lord Byron, Polidori, Percy Shelley y su flamante esposa, Mary, recluidos por una tormenta en Villa Diodati (Ginebra, Suiza) pasan la noche leyendo historias de fantasmas y propusieron escribir sus propias historias. Sòlo Polidori y Mary Shelley llevaron a cabo el desafío. “El vampiro” (1819) de John Polidori reforma la imagen del vampiro, alejándola del no-muerto de apariencia cadavérica de las leyendas europeas. Lord Ruthven es un bebedor de sangre que se pasea por los círculos más selectos. Otros autores siguieron este ejemplo y convirtieron a el vampiro en la firgura más representativa del gótico. “Varney, el vampiro o festín de sangre” (1847) de Thomas Preskett es una muy buena historia, mal escrita. Inaugura la saga del vampiro especializado en la seducción de cándidas y bellas jovencitas, dándole un tono morboso al tema. Pero falla a la hora de caracterizar la personalidad de Varney, un ser que no se hace ningún planteo filosófico sobre su existencia. En 1872 se publica “Carmilla” de Joseph Sheridan Le Fanu, importantísima fuente de inspiración para el Drácula de Stoker. Es una novela corta de muy buena calidad en la que se tocan temas un poco dedicados para la época, como la amistad femenina (y el lesbianismo), la soledad, el deseo sexual y la avidez de sangre, de una manera tan sutil que no resulta chocante para el lector. “Drácula” (1897, Bram Stoker) representa el epitafio del gótico ortodoxo. Inspirada en la figura histórica del sanguinario príncipe Vlad Teppes de Valaquia (Transilvania, Rumania) que gobernó esa región entre 1448 y 1476. Fue calificada como una novela victoriana de aventuras con marcados elementos góticos: hombres jovenes y heroicos, jovenes bellas y virtuosas en


peligro y un villano adecuadamente malvado. Su trama imita a un romance caballeresco en la que Jonathan Harker y sus compañeros serían el grupo de caballeros y Van Helsing una suerte de mago Merlín. Es una novela visionaria que analiza factores de la mente que no estamos acostumbrados a tratar, ya que afecta a nuestra comprensión. Son estos puntos también los que captaron la atención del público:

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Transilvania era un lugar misterioso y poco conocido. Existe una fuerte alegoría sexual; el núcleo de la acción está relacionado con el sexo y no con el amor. Cuando Drácula afecta a las mujeres las convierte en seres lángidos y voluptuosos, sexualmente exigentes, desenfrenadas y eróticamente atractivas, que resultan peligrosas para los hombres. Stoker plantea la necesidad de controlarlas. El intercambio de sangre, alude al intercambio de intimidades y secretos prohibidos.

Para esta época ya no quedaba nadie que en 4 o 5 años no hubiera sufrido más desgracias de las que los novelistas habían descrito a lo largo del siglo. El género requería un cambio. El

Romanticismo

A fines del siglo XVIII surge esta corriente literaria como reacción ante el neoclasismo, una filosofía que intentaba imponer el orden y las normas de la antigüedad greco-romana. El Romanticismo se reveló en contra de este orden, proclamando que los sentimientos eran más importantes que la razón. Se caracterizó por la libre expresión de la sensibilidad, la preponderacia de la imaginación sobre el análisis crítico, el individualismo y la exaltación dela naturaleza y de los impulsos del espíritu libre. Dentro de esta corriente artística podemos ubicar a “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (1818) de Mary Wollstonecraft Shelley. Mary, de tan sólo 20 años, se basó en una pasadilla dde su infancia en la que un “estudiante de ciencias impías” creaba un ser viviente con partes de cadáveres. Agregó a su sueño los datos que recientemente habías sido descubiertos en relación al galvanismo y la capacidad de reanimar partes de cadáveres mediante la utilización de electricidad y nació así la que probablemente sería la primera novela de Ciencia Ficción. Prometeo es un titán de la mitología clásica que crea a los hombres a partir del barro, introduciendo en la humanidad el fuego del Sol. De esta manera, el hombre trata de imitar a los dioses, usurpando los poderes divinos de la creación. Pero, aunque somos lo bastante inteligentes como para utilizar este poder, no somos lo suficientemente astutos como para controlarlo. Crear un ser humano artificial es el sueño más claro de la humanidad en relación con los poderes de Dios, sueño que hoy en día está representado por la creación de robots y androides. Frankenstein es un científico suizo que pretendía crear un hombre mediante la galvanización de tejidos muertos. Una vez que lo logra, espantado ante el horror de su creación, lo rechaza y el monstruo destruye a toda su familia y allegados. La historia marca una fuerte analogía con la Creación: Dios crea a la humanidad pero no puede contolarla. Varios son los autores que posteriormente van abandonando los escenarios góticos y trasladan el horror a lo cotidiano. El miedo puede nacer a pleno Sol y en casi cualquier lugar. El

Horror

Arquetípico

Howard Phillip Lovecraft, un hombre enfermizo y misántropo de Nueva Inglaterra, marcaría una nueva revolución en la literatura de terror. Crea su propia mitología, con un panteón regido por criaturas ciclópeas sumergidas en una muerte-sueño milenaria, esperando volver a este mundo cuando algún hombre recite las invocaciones arcanas. También creo una bibliografía verosímil, la cual sustentaba sus mitos y era citada minuciosamente en varias de sus obras. Aclaración: el “Necronomicón” de Abdul Al Azrhed NO EXISTE.


Los dioses de Lovecraft simbolizan arquetipos poderosos que pueblan el inconsciente colectivo de la humanidad y yacen reprimidos esperando la oportunidad para avasallar la conciencia y dominar nuestros actos. En torno a Lovecraft, se formó un círculo de escritores con los que compartía esta mitología. Después de la muerte de su mentor, cada uno de ellos tomó su propio camino, optando por formas más convencionales de terror. Elos fueron Robert Bloch (“Psicosis”), August Derleth (el máximo continuador de los Mitos de Cthulhu), Howar (“Conan, el bárbaro”), etc. Lovecraft nunca tuvo la capacidad narrativa de Poe pero dio forma al horror numinoso o cósmico, influenciando al resto de la literatura oscura del siglo, incluyendo a Borges y King. Panorama

Actual

La cultura del Best-Seller ha llevado a que la mayoría de la literatura actual sea de contenido explícito y fácilmente digerible. Autores como Stephen King, Dean Koontz, Anne Rice, Peter Straub y Clive Barker, son técnicamente correctos pero muy prefabricados. Stephen King, mal que nos pese, ha mancado las claves de la novela de terror actual. Coloca a personajes ordinarios enfrentados a experiencias extraordinarias, lo cual consigue una fácil identificación con el público. King ha escrito tantas obras, que se ha ahogado en su propia falta de originalidad. Clive Barker abandona toda sutileza para recrearse en las víscersa y la mutilación. Su estilo muy similar al gore cinematográfico no hace más que poner de manifiesto la decadencia y corrupción humanas. Creo que es hora de volver a las fuentes, a los viejos castillos con sus fantasmas y sus doncellas en peligro. Quizás no nos parezcan atemorizantes, quizás encontremos una razón científica que explique todo suceso sobrenatural, pero... ¿Tan obsesionados estamos por nuestra rutina que no nos permitimos soñar? La novela de terror, así como la fantasía, pretende despejar nuestra mente y llevarnos a otros mundos, donde nada es igual. Entonces, por un momento volvamos a las ruinas donde todo es posible al caer el sol. Quizás no sintamos miedo, pero seguramente disfrutaremos de una historia maravillosa. Podés conocer más acerca de este géneo viendo el siguiente video, el cual resume la charla presentada por Lovecraftiana en el Frikiloquio 2014: Historia de las Historias de Terror from Carmilla on Vimeo.

http://www.excentrya.es/breve-historia-la-literatura-terror/

Una de las cosas que siempre digo en mis talleres de terror es que la literatura, al menos en su forma primordial como cuento tradicional o, incluso como elemento religioso, nació como un cuento de terror. Para mí la literatura de terror es la forma original de la narración; todas las narraciones culturales, los cuentos tradicionales y las mitologías están llenas de elementos de terror, miedo, desesperación y anhelo. Las mitologías están formadas por arquetipos muy reconocibles: El Resucitado, El Innombrable, El Ser Oscuro, El Mal… Por si no me crees te voy a poner algunos ejemplos que reconocerás —y si no los reconoces te recomiendo que te repases las mitologías/religiones/cuentos clásicos—:


Egipto es el imperio más poderoso y grande del mundo conocido, sus monumentos son la envidia de los reinos vecinos, su poder militar es insuperable, lo mismo que el esplendor y la tecnología que han alcanzado. Un buen día, un converso, un iluminado, aparece en la corte y maldice a los egipcios. Plagas acaban con las cosechas, el agua se convierte en sangre, llueve fuego del cielo y un ente misterioso termina con la vida de todos los primogénitos. Dos pueblos prósperos y llenos de vida. Dos ciudades que florecen en el intercambio mercantil y que disfrutan de una economía boyante, son alertados de que se ciñan a las viejas reglas o algo malo sucederá. Los pueblos, siguen a lo suyo y, de repente, un buen día, un extraño ser sobrevuela los cielos de los dos pueblos y acto seguido empieza a llover fuego y las personas se convierten en estatuas de sal. Extraños seres poderosos disfrutaban de su creación, aislados en su fortaleza, observaban al hombre —su creación más débil— enfrentándose a bestias y monstruos que eran mucho más poderosos que él, para ellos era un juego divertido. Uno de ellos, conmovido por su debilidad, roba el fuego —el elemento más poderoso de la creación— y lo entrega a los débiles humanos, para que puedan defenderse. Como castigo, es atado a una montaña, cada día un águila desciende y le come el hígado. Como es inmortal, el hígado crece de nuevo y cada mañana se repite el terrible hecho. Un hombre se sienta cada día en la mesa del Olímpo, es agasajado por todos los dioses. Un día son ellos los que acuden a comer a su mesa, abrumado, decide descuartizar y cocinar a su propio hijo. Los dioses se horrorizan y solo una de ellas —trastocada por el rapto de su propia hija— prueba la comida, comiéndose el hombro del niño. Los dioses, usando un caldero mágico y mediante la intervención de las Moiras, reconstruyen al niño y le dan vida, al tiempo que condenan a su padre a sufrir hambre y sed por toda la eternidad, sumergido en un lago hasta el cuello y bajo un árbol frutal que nunca puede alcanzar —este mito era muy popular, tanto es así que tiene su propia versión en la cultura católica—.

Como podéis ver el terror forma parte de los primeros mitos. En este caso me he remitido solo a los greco-latinos y judeo-cristianos, la mitología nórdica es una fuente de historias de terror, pero ya está bien de ensalzar lo de los demás: nosotros tenemos una grandísima cultura que estamos olvidando. En el caso de las mitologías greco-latinas e indoeuropeas, podríamos perseguir el mito del vampiro, hasta la mismísima Sumer, la cultura mediterránea más antigua que se conoce; Emikku, era un ser vampírico, que poseía los cuerpos de aquellos que morían de forma violenta o eran enterrados sin seguir las tradiciones —muy parecido al mito del fantasma moderno—.


Los sobrenatural y la Inquisición Bueno, hasta aquí mi reivindicación de lo mediterráneo, regresamos a lo anglo-sajón —qué remedio— para explicar de dónde viene el terror moderno. En 1235, el Vaticano decidió que había que terminar con la heterodoxia en la fe. Casi de inmediato empezaron a aparecer casos de herejía por toda Europa, junto con los muy famosos casos de brujería, que se estancarían culturalmente hasta el siglo XVII. Cien años después de la aparición de la Inquisición, Dante publicó La Divina Comedia y su visión particular de Satanás estuvo vigente en la cultura hasta 1667, cuando fue reemplazada por la visión más moderna que ofrecía John Milton en su Paraíso Perdido. Durante aquella época todo —o casi todo— lo que se publicaba estaba estrechamente ligado a la religión, por ejemplo en 1486 dos monjes Henry Kramer y Jakob Sprenger escribieron y publicaron el famoso Malleus Maleficarum —conocido como El Martillo de Brujas— una especie de terrible guía de uso para los inquisidores. El libro era un compendio sobre las brujas, fue este libro uno de los principales culpables de las masacres que se llevaron a cabo por toda Europa y América.

El famoso Malleus Maleficarum, el libro de cabecera de la Inquisición Por suerte hacia 1580 las cosa empiezan a cambiar, en Londres, gracias al auge cultural que vive la ciudad, empiezan a aparecer obras de teatro distintas, aunque igual de terroríficas, pero que empiezan a despertar una cierta libertad literaria. Todos señalan que comenzó con la obra Tragedia Española de Thomas Kyd, que abría la puerta a esas tragedias sangrientas en las que «moría hasta el apuntador». Kyd fue seguido por el Bardo Inmortal con obras terroríficas como Hamlet, McBeth o Tito Andrónico, esta fiebre por los slashers teatrales y las muertes en escena terminaría con la obra La Duquesa


de Malfi y la muerte no regresaría a los escenario como protagonista hasta 1730 con Hernani, de Víctor Hugo. Otro ejemplo de esta literatura ligada a la religión, aunque perfectamente considerable como literatura de terror, es la de Agustín Calmet, un monje benedictino francés, que escribió un verdaderotratado sobre vampiros y otros seres sobrenaturales, en su famosa obra El mundo de los fantasmas.

La novela gótica y la nueva literatura de terror Ya en 1714 apareció un grupo de tipos raros, delgaduchos, pálidos y con perillitas a los Satanás que se hicieron llamar Los Poetas de la Tumba, entre ellos destacaba Thomas Parnell con su obra A Night-Piece on Death, una recopilación de poemas con temas de terror y muerte. Unos años más tarde, en 1731, el gobierno del Imperio Austriaco ordenó una investigación profunda de los hechos acaecidos en la pequeña villa de Medvegja. Allí un hombre, Arnold Paole, había fallecido al caer de un carro de paja. Paole, había estado presumiendo de que, durante una estancia de tres años en Turquía había sido mordido por un vampiro, para curarse de aquella maldición se había bañado en la sangre y en el barro de la tumba del mismo. Sin embargo, al morir Paole, las cosas se pusieron feas, mucha gente del pueblo comenzó a palmar misteriosamente, la gente, asustada, desenterró al tal Paole —que además estaba bastante bien conservado—, le clavó una estaca en el corazón y quemó sus restos. Sin embargo, la gente siguió muriendo misteriosamente. Esta historia, corrió como la pólvora por toda Europa, debido a un estudio en profundidad del caso que realizó un tal Johannes Fluckinger y en el que corroboraba las versiones de los habitantes de la pequeña localidad húngara. En aquel momento, los científicos y filósofos, quedaron fascinados por el caso y la fiebre por el vampiro inundó Europa, siendo esta historia real la semilla primigenia de todos los relatos vampíricos posteriores y la verdadera fiebre por el vampirismo que azota Europa —incluso hasta nuestros días, pues el vampiro es un arquetipo tradicionalmente ligado a Europa—. De aquel germen aparecería en 1765, la que está considerada por todos los expertos como la primera novela de terror, El Castillo de Otranto, de Horace Walpole. Es también es la primera novela gótica, fue la semilla de la literatura de terror moderna. La siguiente novela de terror sería Los Misterios de Udolfo de Anne Radcliffe, una novela que influyó muchísimo en otros autores como Lord Byron o Walter Scott.


El Castillo de Otranto, de Horace Walpole En esta etapa otros autores como Matthew Lewis aportaron su propia visión, haciendo crecer el género con sus obras, en 1705 publicó El Monje, de forma anónima, Radcliffe quedó tan impresionada por la oscuridad de aquella obra que, como respuesta, escribió El Italiano. En aquella época, este tipo de «peleas» entre autores eran bastante comunes. Otros autores como E.T.A Hoffman también ponían su granito de arena en el género de terror con cuentos cortos que comenzaban a apelar al hombre y la psique como principal enemigo, obras como El hombre de Arena o los Elixires del Diablo, forman parte de los cánones del terror.

La reunión que cambió la literatura Sin embargo, si la literatura de terror tiene una fecha marcada esa es junio de 1816. Durante tres días, un grupo de amigos formado por el poeta Percy Shelley, su joven esposa Mary Wollenstonecraft, el doctor John William Polidori y el excéntrico aristócrata Lord Byron se reunieron en una mansión a orillas del lago Ginebra. Atrapados por una tormenta, deciden hacer una


batalla de cuentos de miedo, lo que en aquella época era conocido como Phantasmagoría. De aquella batalla intelectual nacería la novela que cambiaría el terror —y que inventó la ciencia ficción—, Frankenstein o El Moderno Prometeo. Pero no solo eso, de esa reunión también saldría una novelette que sentaría las bases para todas las historias de vampiros modernas, me refiero a El Vampiro de John William Polidori, cuyo personaje es una caricatura de Lord Byron, un sátiro insatisfecho en busca de jovencitas —lo erótico en lo sangriento—. Por aquella época el terror aparecía de nuevo sobre los escenarios londinenses, obras como El Elixir del Diablo de Fitz Ball o El espectro del castillo de Matthew Lewis hicieron las delicias del personal. Estas representaciones llamadas «la trampa del vampiro», que Anne Rice retrata de maravilla en la troupe de vampiros parisinos dirigida por Armand el vampiro, eran misteriosas y sangrientas, durante un tiempo maravillaron al público. Sin embargo, la gente se cansó pronto y por lo caras que resultaban, pronto desaparecieron de nuevo pues: «el diablo dejó de estar de moda». En esa misma época 1833, cuando el terror parecía condenado a desaparecer, apareció en el Baltimore Saturday Vistor una historia que lo puso de nuevo en primera plana, El Manuscrito Hallado en una Botella de Edgar Allan Poe, dio una nueva vida a la literatura de terror.

Literatura de terror para niños En el siglo XIX el terror se apoderó de todas las formas de arte, penetró en cada una de las disciplinas y brilló en todas. En 1819 Francisco Goya pintó los conocidas Pinturas Negras, óleos pintados como respuesta al terror que se vivió durante la invasión francesa de España, una de sus obsesiones siempre fueron los aquelarres y las brujas, tan presentes en el folklore aragonés. En los años siguientes el terror aparecería también en la música, Héctor Berlioz compondría sus Sinfonías Fantásticas, la gente quedaría maravillada por lo macabro de aquellas piezas. Tiempo después Saint Saëns, apelaría también al terror con su Danza Macabra. Aunque empezaba a ser un tiempo de luz y descubrimientos, donde la ciencia tenía un peso enorme, todavía eran tiempos de lucha, donde la violencia y la muerte estaban en todas partes. Los estudiosos actuales se escandalizan al leer las obras originales de los Grimm o los detalles escabrosos y terroríficos de las obras de Andersen, sin embargo, los niños de aquella época convivían con la muerte a diario —epidémias, como la cólera en España, guerras, masacres, hambre—, hoy en día todas estas historias han pasado por el filtro Disney, con lo que eso supone.


Y aunque muchos no estén de acuerdo las obras de Lewis Carroll Alicia en el País de las Maravillas y A Través del Espejo, son obras que conjugan perfectamente, lo extraño con el terror y que han influenciado a muchos escritores de terror, además el poema de Carroll «El Jabberwocky» mezcla lo absurdo con los elementos más conocidos del terror.

La revolución de los Penny Dreadful


La Revolución Industrial cambió el mundo por completo, y la literatura no pudo ser menos. Las ciudades estaban abarrotadas de personas que infra-vivían, soportando larguísimas jornadas de trabajo — mujeres, hombres y niños—, con sueldos miserables y en unas condiciones de vida horrendas. Por aquella época la gente necesitaba evadirse de sus vidas, como respuesta aparecieron los Bloody Penny, que con el tiempo se convertirían en los famosos Penny Dreadful; folletines, con historias de terror intensas y cortas, eran historias viscerales y directas, nada que ver con la alta literatura, todo lo contrario, eran historias para el populacho. Tal vez el Penny Dreadful más famoso sea Sweeney Todd, el barbero diabólico (aunque originalmente se llamó El Collar de Perlas), aparecido en 1847. Detrás del barbero aparecieron otros grandes mitos del terror como Varney el Vampiro que influiría directamente en el Drácula de Bram Stocker o Wagner el Hombre Lobo. Las duras condiciones de aquella gente, sumado a la vida hacinada y sucia de la ciudad, hicieron que la delincuencia juvenil aumentase exponencialmente, llegando a ser un verdadero problema social. Sin embargo, la sociedad burguesa de la época culpó del problema a los folletines de terror, según ellos los Penny Dreadfuls incitaban a la violencia —¿no os suena esto de algo?— y cuando un padre encontraba a su hijo con uno de estos folletines, inmediatamente acababan en el fuego. Se llegaron a realizar quemas de libros públicas, por lo que encontrar ejemplares originales de Penny Dreadfulls, es toda una odisea para los coleccionistas.

La muerte del gótico


En 1872 un tal Sheridan LeFanu escribe Carmilla, la historia de una vampira. LeFanu apuñala al gótico en el corazón, pues es el primero en introducir esos elementos de terror sobrenaturales en el día a día, desmantelando y olvidando todos esos escenarios góticos y trayendo el terror a nuestras casas, a nuestras vidas. El gótico muere y la novela de terror victoriana, da sus primeros pasos. Existe un nuevo marco social, las ciudades crecen y se vuelven impersonales, los vecinos apenas se conocen, se vuelven violentas y uno ya no puede contar con la benevolencia del prójimo. La literatura de terror empieza a buscar la moralidad personal, el monstruo interior. En ese estado de ansiedad social, Robert Louis Stevenson, basándose en un hecho real, escribe Doctor Jeckyll y Mister Hyde, que se convierte en un éxito instantáneo. Tres años después, Jack el Destripador aparece y crea por sí mismo un nuevo arquetipo que permanecerá en la literatura de terror, aunque no será hasta 1913 cuando su figura aparecerá retratada en la obra de Marie Adelaide Belloc Lowndes, The Lodger: A Story of the London fog. A este lado del canal de la Mancha, en Francia aparecerá por esa época el famoso Grand Guignol, obritas de teatro macabras y extremadamente violentas, que casi siempre terminaban con venganzas, desmembramientos y otras salvajadas por el estilo, casi siempre presentaban mujeres traidoras, engaños sentimentales y hombres manipulados, el primer cine de Hitchcock bebería de este género parisino en grandes cantidades. Además de introducir nuevos arquetipos en el género —como la esposa manipuladora y la femme fatale— el Gran Gignol creaba una estética y sentaba unas bases muy lejanas aunque sólidas para la llegada del «gore» en épocas muy posteriores. En Francia aparecería la primera definición de literatura de terror, de mano del poeta Paul Verlaine, que diría que: «el terror es una mezcla del espíritu carnal y la triste carne, con todo el violento esplendor de un imperio decadente». Como figura del terror francés cabría destacar a Guy de Maupassant, un maestro del cuento macabro, con historias como El Horla.


En España durante el siglo XIX y principios del XX aparecen los grandes escritos de terror, aunque la figura principal del terror romántico en España será Gustavo Adolfo Bécquer, otros como Espronceda, Alarcón, Baroja o Blasco Ibáñez, pondrán su granito de arena en el género. Aunque si tenemos que hablar de un autor de esta época, será de Horacio Quiroga, maestro del cuento de terror latinoamericano, a menudo comparado con Poe.

La Transición al terror moderno En 1893, Ambroce Bierce, publicaría sus historias de fantasmas y de guerra, lo que daría comienzo a un terror contemporáneo, pues metía de lleno el arquetipo del fantasma en un entorno moderno. H.G Wells iría un paso más allá con su obra La Guerra de lo Mundos, una mezcla de ciencia ficción y de terror, trayéndose desde el espacio exterior, una nueva fuente de miedo. Por entonces comenzaron los primeros experimentos en el cine. De las antiguas Fantasmagorias —representaciones de «humos y espejos» en las que se hacían volar espectros por las salas— aparecieron las primeras películas de terror. Varias adaptaciones de El Doctor Jeckyll y Mister Hyde de unos dieciséis minutos de duración, tuvieron cierta repercusión en el público


general, por lo que el terror se convertiría en un tema recurrente para los primeros directores de cine, que encontraban en estas narraciones cortas una fuente de ingresos fiables. En esta época el modus operandi de los escritores de terror cambió de la novela al cuento corto, Algernoon Blackwood, extendió el uso del cuento como forma de escribir terror. Miembro de la Golden Dawn, compartió reuniones secretas con otros grandes escritores, como el infame Alister Crowley, Lord Dunsany, William Butler Yeats, Arthur Machen y Sax Rohmer —desconocido ahora, pero muy famosos en su época por obras como Fu Manchú o Los Casos de Moris Klaw, el detective de lo onírico—. De la Golden Dawn salieron la mayoría de las obras de terror de aquella época.


Entonces, mientras en Europa, el terror desaparecía engullido por los periodos de guerras —y no reaparecería realmente hasta los 80 con Barker y James Herbert—, en Estados Unidos, la literatura de terror tuvo su época dorada con las publicaciones Weird Tales y los autores que las formaban como H. P Lovecraft o Ray Bradbury.

El terror en la historia moderna


El periodo de guerras borró el terror de la literatura europea, sin embargo, en Estados Unidos, la Gran Depresión no hizo que aumentara el afán de los americanos por este tipo de literatura. La Sombra y La Araña, producciones radiofónicas de terror, tuvieron sus adaptaciones en forma de novelas, en casi todos los casos estas obras —conocidas generalmente como literatura pulp— se inspiraban en el Grand Gignol francés. Las revistas pulp sobrevivieron hasta 1950, donde su popularidad comenzó a decaer, al aparecer los cómics. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial ensombrecieron a los horrores de la ficción literaria, y el miedo a lo nuclear se extendió por todo el mundo. La literatura durante aquellos años giró entorno al miedo a lo nuclear con la irrupción de la ficción WASP —White Anglo Saxon People—, con obras como El Increíble Hombre Menguante o La Invasión de los ladrones de cuerpos. Sin embargo, en 1950 el terror regresaría a lo grande con Soy Leyenda de Richard Matheson, la primera novela moderna de vampiros. En 1959 Shirley Jackson inauguraría el conocido como gótico americano con su novela La maldición de Hill House, la mejor novela de casas encantadas de todos los tiempos.


A finales de los años 50, en 1957, sería arrestado en Plainfield, Ed Gein, que se convertiría en otro de los grandes arquetipos del terror. Gein, un granjero que padecía retraso mental, asesinó a varias mujeres, las descuartizó, comió partes de sus cuerpos, se confeccionó una piel de mujer con sus pieles y realizó muebles y utensilios con la piel y otras partes de las víctimas. Ed Gein crearía toda una serie de villanos y cambiaría el pie a la literatura de terror en los años 60. El primero libro basado en su figura llegaría a principios de los 60, de la mano de Robert Bloch, Norman Bates, protagonista de Psicosis, estaba basado, casi por completo en Gein. Ed Gein se abrió paso en el subconsciente colectivo, hasta el presente, apareciendo en las obras de Thomas Harris en personajes como Buffalo Bill o el mismo Doctor Lecter. También el cine le tenía reservado un espacio especial en películas como La Matanza de Texas, por lo que podemos decir que, como sucedió con Jack el Destripador, Gein se ha convertido por sí mismo en un arquetipo del terror. Tras la histeria nuclear, los años 50 y 60 vivieron una calma tensa que estallaría a mediados de los 60 con lo más crudo de la Guerra Fría —Bahía de Cochinos y los 13 días que mantuvieron al mundo en jaque—. En medio de esta sociedad paranoica, aparecería Ira Levin, con una historia completamente diferente a todo lo que se había visto hasta el momento, La semilla del Diablo, ponía sobre el tapete lo que los gafapastas llaman ficción especulativa y devolvía finalmente el terror a la forma de la novela de corte más clásico.

Una forma diferente de terror Sin embargo, tendríamos que esperar hasta los años 70 para volver a disfrutar de una época dorada para el terror, William Peter Blatty se encargó de inaugurarla con su obra El Exorcista, Stephen King seguiría sus pasos y pondría el terror en todas nuestras casas con Carrie. A estas obras las seguirían otras como Tiburón de Peter Benchley. Todo el terror que se producía por la época terminaba en la gran pantalla, con una explosión de directores jóvenes que apostaban por resucitar el cine de terror. El terror estaba viviendo una nueva época dorada, con una explosión de nuevos autores, plumas visionarias que dieron al terror una forma y consistencia como nunca antes se había visto. Autores como Dean Koontz, Peter Straub o Ramsey Campbell —para mí uno de los mejores escritores de terror, junto a Stephen King—. A partir de finales de los 70 el terror pasaría de la novela al cine, siendo este un terreno sembrado de grandes narraciones de terror. Los 80 llegaron con el que fue bautizado por King como: El Nuevo Rey del Terror, Clive Barker, que daría un giro de 180º al terror moderno, hablando de sangre, pactos con


demonios de otras dimensiones y todo tipo de entidades sobrenaturales que convierten nuestras debilidades en nuestra peor pesadilla, vampiros mentales y aberraciones sanguinolentas. Fue aquí, en los 80, cuando estalló completamente el consumismo, la sociedad necesitaba material que devorar con rapidez. El ritmo de vida se había acelerado completamente, ya no quedaba tiempo para sentarse a leer, la gente comenzaba a pedir material que devorar en hora y media y el cine tenía la respuesta a esa necesidad. En los 80 los videoclubs eran los reyes y el cine el principal productor de material de terror.

Poco después a caballo entre los 80 y los 90, serían de nuevo los asesinos seriales los protagonistas de la literatura de terror, personajes como Hannibal Lecter o Patrick Bateman, se apoderarían del género. Eran esas obras Dragón Rojo, El Silencio de los Corderos y American Psycho, las que marcarían — junto a la interminable producción de Stephen King— el devenir del terror en este nuevo milenio. Del terror moderno llevo unas semanas hablando; sobre sus nuevos temas y sobre por qué no funciona al mismo nivel que antes. Las formas del terror han cambiado, la literatura de terror está evolucionando y el cine de terror


también está en ese proceso de transformación —quizá perdiendo garra, como sucediera con aquellas representaciones teatrales del siglo XVI—, sin embargo, podemos estar contentos, pues nuevas formas de terror están surgiendo. Aunque en el mundo de las series para televisión el terror todavía no ocupa el puesto que se merece —uno que sí tenía hace unos años con series como Más Allá del Límite, Twin Peaks o Pesadillas y Alucinaciones—, los videojuegos han apostado fuerte por el terror y revisionan viejos mitos con adaptaciones de Lovecraft o versiones de películas como The Omen —me refiero a Lucian—. Hasta aquí mi «breve» repaso de la literatura de terror, si has sido capaz de soportar estas casi 4000 palabras, es que de verdad eres un apasionado del género —o tienes demasiado tiempo libre—. Espero que hayas aprendido algo con todo esto, tal vez hayas descubierto un par de títulos, quizá acabas de conocer un autor, sea como sea, gracias por leer. Ahora, si crees que es interesante, comparte en tus redes sociales y no te olvides de comentar! Hill, Barker, Koontz, Straub, King, Lovecraft o Poe Howard Phillips Lovecraft (/ˈlʌvkræft — ˌkrɑːft/ Providence, Estados Unidos, 20 de agosto de 1890 – ibídem, 15 de marzo de 1937), mejor conocido como H. P. Lovecraft, fue un escritor estadounidense, autor de novelas y relatos de terror y ciencia ficción. Se le considera un gran innovador del cuento de terror, al que aportó una mitología propia (los mitos de Cthulhu), desarrollada en colaboración con otros autores y aún vigente. Su obra constituye un clásico del horror cósmico, una corriente que se aparta de la temática tradicional del terror sobrenatural (satanismo, fantasmas), incorporando elementos de ciencia ficción (razas alienígenas, viajes en el tiempo, existencia de otras dimensiones). Lovecraft cultivó asimismo la poesía, el ensayo y la literatura epistolar. Se le considera uno de los autores más influyentes del siglo XX en el género de la literatura fantástica.1

Hay grandísimos escritores que han reflejado el alma, el corazón y la vida de la sociedad en la que viven. En sus páginas, se asoman las luces y casi siempre las sombras del dolor, de la pobreza, del desconsuelo, del devenir de los seres humanos, y de las crueles e injustas sociedades en las que sobreviven. Ahí está, para qué le vamos a dar más vueltas, Dostoievski, por citar uno solo entre los más grandes, y su reflejo demoledor de la vida victoriana. Otros recrean mundos imaginarios repletos de poesía y de resonancias mágicas, donde los hombres se aman, se abrazan, mueren y se buscan la vida, o ver cómo ésa vida es un diluvio permanente, como es el caso de García Márquez y su delicioso Macondo de diluvios y vallenatos. Pero otros viajan a mundos que no necesariamente están en este, pero que muy bien podrían estar. Mundos que nos acechan, que nos cercan, que nos hacen pensar sobre si los seres humanos estamos solos en esta Tierra o más allá de nuestra geografía y de nuestra mente, otros seres, por llamarles de alguna manera, nos


espían, trastornan nuestras realidades y nos enseñan que dos y dos no son cuatro, como nos enseñan el raciocinio y la cultura tradicional. Estos escritores viven en el más allá, y esto no es una frase hecha.

Niño prodigio Éste es el caso de Howard Phillips Lovecraft (20 de agosto de 1890, Providence, 15 de marzo de 1937, también Providence), de cuyo nacimiento se cumplen hoy 125 años. Conocido como H. P. Lovecraft, fue un hombre (aunque hasta él tenía serias dudas sobre ello) más que especial; vamos, que era algo «rarito». A los dos años recitaba poesía y a los tres ya sabía leer, de modo y manera que a los seis empezó a escribir sus primeros relatos y a los ocho ya se había leído los centenares y centenares de libros de la biblioteca de su abuelo materno, que se encargó de la educación del pequeño Howard tras la temprana muerte de su padre. La educación del chaval fue primorosa, mayormente porque no tuvo que soportar los rigores de un colegio, ya que la alcurnia orgullosa de su madre no quería que se mezclase con niños «pobres», y sus enfermedades llevaran a que fuera educado en casa de forma casi autodidacta. Fue, evidentemente, un niño prodigio, aunque bastante peculiar. Le gustaban las cuevas, los lugares umbríos, las arboledas perdidas. A los dieciséis años ya era columnista de un periódico de Providence, editaba varias revistas y ya sabía de todo: de ocultismo, de ciencias, de astronomía y astrología, de bellas artes, de arquitectura... Lovecraft escribió novelas, relatos, poesía y fue siempre un hombre solitario, que la mayor parte de su vida vivió de las rentas familiares, y cuando estas se acabaron pasó bastantes apuros económicos. Metidos ya en harinas literarias, Lovecraft fue un auténtico renovador del cuento de terror, al que sumó, entre otras innovadoras maravillas, una mitología propia (los mitos de Cthulhu), y su obra es definida por los críticos y estudiosos como «un clásico del horror cósmico, una corriente que se aparta de la temática tradicional del terror sobrenatural (satanismo, fantasmas), incorporando elementos de ciencia ficción (razas alienígenas, viajes en el tiempo, existencia de otras dimensiones). Según uno de los máximos expertos en la obra de Lovecraft, Rafael Llopis, «educado en un santo temor al género humano (exceptuando de éste a las “buenas familias” de origen


anglosajón), creía que nadie es capaz de comprender ni de amar a nadie y se sentía un extranjero en su patria. Para él “el pensamiento humano", es quizá el espectáculo más divertido y más desalentador del globo terráqueo».

Siempre al límite Para la revista «The Penguin Encyclopedia of Horror and the Supernatural», «algunos han criticado sus obras por su estilo ampuloso, repleto de adjetivos, pero la armonía y el equilibrio en sus mejores cuentos justifican plenamente esa práctica como deliberada. Se formó a conciencia en este género apropiándose de sus recursos, manipulándolos a su antojo y llevándolos al límite con convincente facilidad. Lovecraft dedicó gran atención a la estética de la literatura de terror, como atestiguan numerosos pasajes de sus cartas». En el ensayo «El horror sobrenatural en la literatura» (1927) se dice que «representa una exposición competente de los principios del relato sobrenatural, demostrando un dominio exhaustivo de la materia. En él trató de definir el atractivo peculiar de la historia de terror, en la que debe haber presente una cierta atmósfera de mortal terror inesperado a fuerzas exteriores desconocidas, y describió la evolución de la novela gótica a través de las obras (de Walpole, Radcliffe, Lewis y Maturin)». Para el popular Stephen King, maestro del terror contemporáneo, en su estudio «Danza macabra» se explica que «Lovecraft es el príncipe oscuro y barroco de la historia del horror del siglo XX». Su vida, sin embargo, no fue fácil. A pesar de sus matrimonios, fallidos, vivió aislado, entregado a sus particularísimos mundos literarios y personales propios, casi extravagantes, entregado a la creación y a la degustación y disfrute de mundos paralelos que no siempre coinciden con el nuestro. Murió de un cáncer de intestino el 15 de marzo de 1937. *

Lovecraft engancha, y es que seguramente no era un buen escritor, pero era un genio. Paradoja sólo aparente que Jesús Cañadas explica así: "Su estilo consistía en ametrallar al lector con los mismos adjetivos para provocar terror, pero eso no provoca terror, sino agobio. Ahora bien, la idea de que el ser humano es tan relevante como un ácaro para el universo, unida a ese estilo peculiar, ha hecho que se le considere un maestro del terror". "Además", continúa, "en el modo de sugerir cosas sí era bueno; era maestro en mostrar no el horror, sino las reacciones de horror del personaje, que es lo que da


más miedo. Es como si pusiera la cámara en el hombro del personaje, algo que no había hecho nadie. Otra cualidad suya es que todo el mundo quiere entrar en su familia, incluso Borges, y eso sólo le pasa a alguien que es un genio

Empapado hasta las cachas de la vida de Lovecraft (ha leído todas las biografías, cartas y documentos que se pueden leer sobre él, teniendo como libro de cabecera la biografía canónica de Sprague de Camp), Jesús Cañadas plantea una hipótesis atrevida, sugerente y novelesca, pero bien fundada, sobre el escritor de Providence, que es la base (y el desenlace) de la novela. "Tuvo una infancia terrible y se pasó la vida dominado por su madre y sus tías. Es una figura muy trágica, y ésa es una de las razones de la novela, darle la segunda oportunidad que no tuvo en su vida, echarle a volar como personaje de ficción", dice Cañadas. E igual que tiene claro que está haciendo ficción con su protagonista, lo mismo vale para los secundarios, Tolkien y cía., con los que se toma grandes libertades. "He respetado la Historia hasta el punto en que coincide con mi historia. Así como Lovecraft rodeó al Necronomicón de un montón de detalles reales del mundo del ocultismo, yo he hecho lo mismo en la novela. Hay cosas reales, como que Aleister Crowley fingiera su suicidio ayudado por Pessoa. Me apropio de esos detalles que incluyo en una historia que es pura ficción". Y hay, naturalmente, humor. "No me apetecía que la historia se tomase demasiado en serio a sí misma. Además, 'Los nombres muertos' es una novela de aventuras, y estas novelas, además de un ritmo que no decae, pueden dejar un resquicio al humor", dice el escritor. "También debería servir para que el lector se encariñe con los personajes. Ver a Lovecraft a través de los ojos de Belknap Long, que no se lo toma en serio del todo, es un recurso para despertar cierta empatía".

Terror literatura novelas de terror HISTORIA  
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