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Aviso para navegantes. No encontrareis aquí un fiel relato histórico ni un ensayo antropológico. Este libro es una suerte de pequeña guía de Murcia para murcianos, con datos y anécdotas que posiblemente no sean de interés para el forastero. Mi intención es dar un pequeño paseo contigo lector, por las calles y plazas de Murcia, acompañados de Diaz Cassou con sus Leyendas, de Ramón blanco y Rojo con sus anales, de la erudición de Fuentes y Pon-­ ce o del cervantino verbo de García Abellan. Y que los edificios y luga-­ res que vayamos encontrando nos hagan recordar esas anécdotas que casi teniamos olvidadas.

MURCIA ESTAMPAS NUEVAS PARA VIEJAS HISTORIAS. ( Guía histórica de Murcia para murcianos )

Andrés Soto


SUMARIO INTRODUCCIÓN 1. LA FUNDACIÓN 2. CUATRO MOROS REBELDES 3. ALFONSO X 4. D. JUAN MANUEL 5. DISPUTAS ENTRE MANUELES Y FAJARDOS 6. SOTOS Y RIQUELMES 7. LA CATEDRAL 8. LA CIUDAD 9. LOS MORISCOS 10. LAS GENTES 11. DESASTRES Y CALAMIDADES 12. LA FUENSANTA 13. LOS BANDIDOS 14. LOS INGENIOS Y LOS ARTISTAS 15. SALZILLO 16. BELLUGA 17. EL IMAFRONTE 18. EL PADRE Y LA MADRE EPÍLOGO BIBLIOGRAFÍA ARTÍCULOS


RĂ­o Segura


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INTRODUCCIÓN La razón de ser de estos folios no es otra que dar so-­ porte argumental a un pro-­ \HFWR GH ÀQ GH FLFOR SDUD la escuela de Arte de Mur-­ cia.

“...Siempre fue cĂłmodo y barato tomar las cosas hechas, aunque hacerlas o pagarlas suela ser lo mĂĄs honrado...â€? DĂ­az Cassou

La elecciĂłn del tema, esta mĂĄs en relaciĂłn con la como-­ didad de las cosas cercanas que con el aserto nominalis-­ ta segĂşn el cual “ nos gus-­ ta lo que conocemosâ€? . La temĂĄtica es propicia para ponernos estupendos, glosando aquĂ­ las maravi-­ llas de la ciudad, como bla-­ sona el canto “ ... ÂĄMurcia, quĂŠ hermosa eres! / Tu huerta no tiene igual...â€? o el himno ´FXQD Ă RUL-­ da del sol / joya del suelo espaĂąol...â€? MĂĄs eso ya lo hicieron, formidablemente, por otra parte, el maestro Alonso y D. Pedro Jara. Mi modesta intenciĂłn es otra: Dar un pequeĂąo paseo

contigo, lector, por las calles de Murcia, acompaùados de Díaz Cassou con sus le-­ yendas, de Ramón Blanco y Rojo con sus anales, de la erudición de Fuentes y Pon-­ ce o del cervantino verbo de García Abellån. Este libro es una suerte de pequeùa guía de Mur-­ cia para murcianos, con datos y anÊcdotas que po-­ siblemente no sean de in-­ terÊs para el forastero. No encontrareis aquí un ÀHOUHODWRKLVWyULFRDXQTXH sí ha estado en mi intención acotar las aseveraciones tomadas de los autores, a ser posible con notas a pie de pågina, para que cada palo aguante su vela. He obviado, a propósito, muchas de las fechas y da-­ tos. El texto abarca historias del s. VIII al XVIII. Y la lo-­ calización es principalmen-­ 9


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te la ciudad de Murcia.

nas conclusiones.

Tampoco es un ensayo antropológico. Aunque se recojan historias y leyen-­ das, éstas se circunscriben, casi siempre, a los temas que se tratan en cada ca-­ pitulo, con la intención de usarlas como ilustraciones escritas. Es decir, para suavizar el a veces tedioso argumento histórico o por otra parte, mostrar la expli-­ cación folklórica a unos he-­ chos determinados. Otras veces -­ y ante esto no tengo escusa -­ solo me mueve el dato anecdótico en sí, cuan-­ do no el inevitable morbo , que os nacerá con certeza, si llegasteis a conocer de las chuletas asadas en el hornillo de la posada de la Paja. Ésta, como otras mu-­ chas aseveraciones de este libro puede ser cierta o no. Tampoco tiene más impor-­ tancia, parte de lo que en el contexto judicial se cono-­ ce como prueba anecdótica: premisas que son utiliza-­ das para inducir a determi-­

Los argumentos son va-­ rios la intención una sola: TXHODVFDOOHV\HGLÀFLRVGH las ilustraciones, que aun están en pie, tengan para nosotros un poco del Aleph de la calle Garay o de la magdalena de Proust. Que sean un punto desde donde contemplar otros puntos, una imagen que nos recuer-­ de a otras imágenes. La Murcia que vivimos no sé si posee alma inal-­ terable, como nos decía D. José Ballester, irredenta a cambios y derribos. Mas si la tuviese, con certeza, esta sería deudora “del via-­ je milenario de mi car-­ ne” 1. De nuestra carne. ¿Qué es Murcia sino nosotros mismos y nues-­ tros ancestros ? ¿la Murcia posible, no es heredera de todas las anteriores mur-­ cias posibles e incluso de las imposibles?¿Las rela-­ ciones de nuestros ante-­ pasados con los grupos de

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poder, entre sí mismos o con el medio natural, no condicionan nuestras rela-­ ciones todavía hoy día ?. Por último y no por ello menos importante, comen-­ tar el introito de Díaz Cas-­ sou. Realmente ha sido có-­ modo el utilizar los trabajos de tantos y tan doctos se-­ ñores y para, no pecar de descortés quisiera citarles a ellos y a las obras con-­ sultadas. Y aun más, como

pagarlas suele ser lo más honrado, quiero intentar a saldar mi deuda de conoci-­ miento y gratitud con todos estos preclaros eruditos ( hi-­ jos ilustres de nuestra ciu-­ dad que con trabajo y tesón han conseguido lo imposi-­ ble: que en el frágil papel sobreviva la piedra. ) dando testimonio de que todos los aciertos que en esta peque-­ ña guía pudierais encontrar son obra suya. Los inescu-­ sables fallos solo míos.

1 González, Ángel . Para que me llame Ángel González

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I LA FUNDACIÓN La fundación de la ciudad de Murcia solo podía ser de-­ bida a una instancia insti-­ tucional. Al establecimiento de un orden nuevo.

“...Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos”

En un carrizal infestado de mosquitos, en una de las innumerables curvas que describía el río Segura, sin defensas naturales, solo po-­ día haber restos de algún fundum de los tiempos de la Pax romana y el antiguo imperio. La locura de establecerse en tal sitio, hizo que arrai-­ gara en el subconsciente colectivo, durante siglos, el nombre de un tal Murtius, dueño de la villa romana, que daría lugar al topónimo de la zona y bautizaría la futura ciudad establecida en sus terrenos. La cuenca del Sangonera

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siempre fue una autopis-­ ta. La fosa tectónica de los valles del Guadalentín y del Segura, entre las últi-­ mas estribaciones del Sis-­ tema Bético, facilitó desde tiempos inmemoriales la circulación de grupos de po-­ blación de las costas de la Andalucía Oriental al Le-­ vante peninsular y vicever-­ sa. Desde el Neolítico, los asentamientos humanos permanentes, aprovecha-­ ron altozanos y riscos a de-­ recha e izquierda del valle, buscando defensa en las alturas, a los desmanes, de los diferentes pueblos que durante siglos asolaron el territorio y protección fren-­ te a las periódicas inunda-­ ciones del río Guadalentín, también conocido como río 13


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En un carrizal infestado de mosquitos, en una de las curvas que describĂ­a el rĂ­o Segura

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Sangonera o ReguerĂłn. El rĂ­o mĂĄs salvaje de Euro-­ pa. Estas inundaciones, la naturaleza del terreno o tal vez la fabulaciĂłn a que so-­ mos tan propicios los pue-­ blos meridionales, dio lugar a la mĂ­tica leyenda de fer-­ tilidad de estas tierras “... Mientras en Al-­à ndalus un cahĂ­z de grano da 25, tratĂĄndose de buena cosecha, en Murcia da 50 o 60 y hasta 100. En el campo se Sangonera un grano de trigo da 80 y 100 y en este lugar un cordero lechal pesa tan-­ to como su madre y un a calabaza seca puede contener un cahĂ­z de tri-­ go o mĂĄs...â€?1. Al efecto llamada de estas suculentas riquezas se su-­ maron, negativamente, las infraestructuras realizadas por Roma, como la VĂ­a au-­

gusta, que facilitaron las invasiones consecutivas de todos los bårbaros que ron-­ daban por la península. Con el establecimiento de los visigodos aparece un caudillo en la zona, prover-­ ELDOÀJXUDTXHFRQVXDUUR-­ jo e inteligencia conformarå la comarca para la posteri-­ dad. El conde Teodomiro entra por primera vez en la histo-­ ria al repeler un ataque de los bizantinos en Êpoca de Witiza. Este noble consolidó su poder territorial en la crisis GHO ÀQDO GH OD PRQDUTXtD visigoda. Frente a fulanos como D. Rodrigo, Don Opas, Don Ju-­ liån, Los Herederos de Witi-­ za y la Cava. Teodomiro, el Tudmir de los moros, repre-­ senta lo mejor de la tradi-­ ción goda.

1 Al-­ Idrisi, Nuzhat al mustaq ed. y trad. R. Dozy. Description de l Àfrique et de l`Espagne 1866 Estampas nuevas para viejas historias

Teodomiro se enfrento en los campos de Sangonera al ejercito invasor de Abd al Aziz Ibn Musa, hijo del famoso moro, y tras perder la batalla, nos cuenta la le-­ yenda, se refugio con sus escasas huestes en Elio o en Orihuela. Una vez den-­ tro de la fortaleza hizo su-­ bir las mujeres a la muralla y las conminó a soltarse el pelo. Con esto Ibn Musa creyó que había una fuerte guarnición y accedió a un tratado ventajoso para Teo-­ domiro. El tratado de Tudmir in-­ cluyo siete ciudades: Ori-­ huela, Mula, Alicante, Elche, Cehegin, Lorca e /\\LK  LGHQWLÀFDGD FRPR la ciudad episcopal de Eio). Quien le iba a decir a Abd al aziz que este pacto le costa-­ ría la vida. Ibn Musa pactó el trata-­ do, creando per se el reino de Tudmir sin tener potes-­ tad para ello. Ibn Musa, solo era gobernador de Al-­

à ndalus, ya que su padre Muza y el berÊber Tarik habían sido llamados a la corte para responder de las abiertas disputas que se ha-­ bían declarado entre ellos( Muza llego a abofetear pú-­ blicamente a Tarik por no obedecerle.) Hasta Damasco habían llegado asimismo noticias de la relación que mantenía el hijo de Muza con la reina Egilona, viuda de Rodrigo, a la que había bautizado como Ommalisån ( la de los bellos collares ) que lo en-­ tretenía en sus aposentos poniÊndole y quitåndole la corona Real de los godos. Esto y el haber dado esta-­ tus de independencia al rei-­ no de Tudmir colmaron la paciencia del soberano. Abd al azíz murió a ma-­ nos de sus primos en la mezquita de Sevilla por or-­ den del Califa. No es nece-­ sario decir que Muza y Ta-­ rik tampoco regresaron.

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Pasaron los años. La di-­ nastía Omeya fue sustitui-­ da por la Abasida. A Al-­Ándalus llegó un aventurero alto y rubio con-­ tando una serie de inter-­ minables desdichas y con-­ siguió convencer al Yund (ejercito sirio estacionado en Al-­ Ándalus ) a los beré-­ beres y sobre todo a los mo-­ zárabes de ser el verdadero y único Omeya vivo. Así nació el Emirato in-­ dependiente. Y Abd al-­Rah-­ man I y su nueva esposa (una conversa visigoda, como estaba en la profecía ) sembraron la semilla de la nueva dinastía de Ome-­ yas rubios que gobernaría Al -­Ándalus por cientos de años. Mientras, en Tudmir, como en el resto de Al-­Ánda-­ lus, fueron tomando tierras los integrantes de los dos principales grupos del con-­ tingente invasor. Los Mu-­ radíes o Qaysíes, nómadas,

orgullosos y altivos, par-­ tidarios de la adquisición de botín y los Yemeníes, árabes del sur, también or-­ gullosos y altivos, pero de tierras más fértiles y par-­ tidarios de la ocupación y de la vida sedentaria. Es-­ tos dos pueblos descendien-­ tes de Caín, trajeron a este nuevo Edén sus disputas y su forma de solventarlas. La chispa que los abrasó HQXQODUJRFRQÁLFWRVXUJLy a orillas del mítico Sango-­ nera. Una primavera, entorno al 820 gobernando Al Án-­ dalus el emir Abd al-­ Rha-­ man II (hijo de aquel otro Emir que ante la cercanía de la muerte, cuando las turbas estaban a punto de asaltar el alcázar real, mandó que le perfumaran la cabeza, para que cuando las apilaran según la bár-­ bara costumbre de su pue-­ blo, se pudiera distinguir su real testa de las del resto de sus súbditos.)

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Una primavera, como de-­ cíamos estaba un Yemení llenando unos cántaros de agua a orillas del Sangone-­ ra y buscando hojas con que taparlos, para que no se de-­ rramara su preciado liqui-­ do. Arranco unos pámpanos de un parral cercano. Este en principio intrascendente hecho, motivó una disputa con el muradí dueño del huerto que termino en ho-­ micidio. El jefe de los Yemenies, Abu Samaj, busco repa-­ ración a la ofensa y no la encontró. Así comenzó una guerra fratricida que duro siete años y que tubo dos consecuencias principa-­ les: La destrucción de la ciu-­ dad de Elio...Donde se promovió el motín prime-­ ro...2 Y la fundación de la ciu-­ dad de Murcia. Eio o Ello, se arrasó a con-­

ciencia. Hasta el punto que a día de hoy no se sabe con certeza su ubicación real. Unos dicen Algezares otros Cieza, Monteagudo, Elche, Hellín o el Tormo de Mina-­ teda... Lo que sí sabemos con certeza es que Eio era una ciudad Rumí (cristiana) de las siete del tratado de Teo-­ domiro y que Abd al Rha-­ man II estaba hasta las na-­ rices de los mozárabes. Su época fue el periodo de los Mártires Cordobeses. A los cristianos que vivían en Córdoba les dio por bus-­ car el martirio ofendiendo a Alá en lugares públicos. Lo que les condenaba irre-­ mediablemente a muerte. Las autoridades intenta-­ ron en un principio obviar estos desplantes. Pero la perseverancia y generali-­ zación en la ofensa hizo im-­ posible la convivencia. 2 Ibn idhari de Marruecos . His-­ torias de Al Ándalus

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En Córdoba se aplico la ley islámica con rigor. Tal gravedad llego a tomar el asunto que Abd al-­ Rhaman II hizo convocar concilio de obispos para que se frenara esta sangría gratuita y se concienciara a los prosélitos que obtener así la muerte no era alcanzar la gloria de ORVPiUWLUHVVLQRHOLQÀHUQR de los suicidas. Posiblemente, El Emir aprovecho la guerra de la hoja de parra para erradi-­ car el foco de problemas que podía suponer la ciudad de Eio, dar un escarmiento imperecedero y crear un nuevo centro de poder po-­ lítico en el Levante bajo su control. La fundación en el valle, donde se había situado el campamento de las tropas Omeyas para aplastar la rebelión, de una nueva ciu-­ dad. Solo podía ser deci-­ sión gubernamental dado el enorme costo económico que debió representar, la cons-­

trucción de esa muralla y el enorme poder político que así mismo debió ser necesa-­ rio para su poblamiento. Gabir ben Malik ben La-­ ELG IXH HO HQFDUJDGR RÀ-­ cialmente de construirla y hacer de ella su residencia;; —21 de abril del 831—. Ya-­ qut (siglo XII) indica que el emir quiso llamar a la ciu-­ dad Tudmir, «pero la gente persistió en llamarla con el nombre que ya tenía aquel emplazamiento» y por ello se llamo Mursiya. Esa muralla quinientos años después de su cons-­ trucción todavía impresio-­ no a Ramón Muntaner que dejó escrito en sus cróni-­ cas: “Ciudad muy noble y honrada y muy fuerte, casi la mejor amuralla-­ da que haya en el mundo ...” Y de la que aún podemos ver restos de su impresio-­ nante estructura

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Muralla en Verónicas

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II CUATRO MOROS REBELDES EN MURCIA

“...inumerables norias giran como adargas, movidas en las batallas por guerreros con lorigas que son las acequias rizadas por los vientos...” Al-­ Quartayany

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Setenta años después de la fundación de Murcia, Omar ben Hafsun, un mu-­ ladí malagueño, encabezó una gran sublevación en Al Ándalus contra el emirato Omeya, uniendo a su causa a muladíes ( cristianos re-­ negados, conversos al Islam ) mozárabes ( cristianos, también conocidos como dhimmis o rumíes ) y beré-­ beres.

Daysam controló Tudmir, puso en funcionamiento las minas de plata de Cartage-­ na, que producían, según Al -­Udri, treinta libras de plata al día y ganó bata-­ llas, hasta el punto que los ejércitos Omeyas le pedían permiso para acampar en su territorio. Colaboró con Hafsun hasta que éste se declaró abiertamente cris-­ tiano.

En Murcia, el catalizador del descontento de los dife-­ rentes grupos étnicos frente a la oligarquía árabe, fue Daysam ben Ishaq, otro muladí, contemporáneo y aliado ocasional de Hafsun. Mecenas de sabios y poetas. Alabado por su generosidad y dulce carácter.

Daysam fue derrotado y apresado, recuperando más tarde la libertad a cambio de comprometerse a pagar un tributo extraordinario durante diez años y, desde entonces, combatió al fren-­ te de las fuerzas del emir a sus antiguos seguidores hasta su muerte en Murcia, en el año 906. 23


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Por el dominio de la ciu-­ dad de Murcia rompieron su amistad dos de los prin-­ cipales poetas andalusíes. Al-­Mutamid de Sevilla y su preceptor, amante y vi-­ sir Ibn Amar de Gelves ( el famoso Abenamar del ro-­ mance cristiano ) Este Ibn amar, culmen de la poesía homoerótica y le-­ yenda del ajedrez (cuentan que ganó a Alfonso VI la ciu-­ dad de Sevilla en una parti-­ da de ajedrez cuando el rey cristiano la tenía sitiada ) fue nombrado por Al Muta-­ mid, gobernador de Murcia y una vez tomada posesión de la ciudad se declaró en rebeldía apropiándosela. Su gobierno duró poco, los murcianos no se adaptaron DODDÀFLyQGHOSRHWDSRUHO vino y el boato. Otra leyenda dice que murió años después en la torre del Oro de Sevilla, Al Mutamid lo mató con sus propias manos.

Tendrían que pasar más de cien años para que otro muladí, volviera a escribir con letras de oro el nombre de Murcia en las páginas de la historia. Muhammad Ibn Mar-­ danish, conocido como el rey lobo o el rey lope llegó al gobierno de Murcia para suceder a su tío. Antes ha-­ bía gobernado la taifa de Fraga, en Huesca. Ibn Mardanish, inteli-­ gente estratega, consiguió gobernar desde Murcia un amplio territorio de Al Án-­ dalus, haciendo frente aun tiempo a Los Almohades y a los cristianos. Dicen los entendidos que Murcia con Ibn Mardenish llega a su edad de oro. Im-­ plantó el sistema de rega-­ díos, la cerámica, el papel, la cría del gusano de seda, acuñó moneda, Consiguió elevar la población de la ciudad a veintiocho mil ha-­ bitantes y de su huerta a

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cuarenta mil ( Murcia y su huerta tenia un censo de  +DE D ÀQDOHV GHO XIX ) Mantuvo un ejercito mercenario de unos trece mil hombres. En Europa, fue un referente su corte, que escandalizó por igual a moros y a cristianos. Cons-­ truyó palacios: Los Alcá-­ zares ( Mar menor ) una residencia de verano, hoy día bajo el balneario de la Encarnación, otro alcázar en lo que hoy es el convento de las Claras y el conjunto palacial del Castillejo, La-­ rache y castillo de Montea-­ gudo, antecedente directo de la Alhambra. Los cronistas dicen que ,EQ 0DUGDQLV HUD ÀORFULV-­ tiano -­ su origen y el de su esposa, su lengua, su ves-­ tido, sus costumbres y su ejército, lo eran. Mardenish, en su osadía llego a atacar Córdoba y ese IXHHOÀQGHVXLPSHULR/RV Almohades le dieron una gran batalla, en el campo

de Sangonera donde entre otros muchos mercenarios cristianos murió Alvar “el calvo”. Su lugarteniente y nieto de Minaya Alvar Fáñez del cantar del Mio Cid. Perdió la huerta y Mon-­ teagudo, refugiándose en Murcia, donde poco an-­ tes de morir de un infarto, aseguró para sus descen-­ dientes el respeto de vidas y hacienda a cambio de su sometimiento. Es muy posible que los restos humanos encontra-­ dos en las excavaciones rea-­ lizadas en la iglesia de San Juan de Dios, antiguo Al-­ cázar, junto con el Mihrab sean de familiares suyos. El último rey rebelde de Murcia, fue Ibn Hud, cabe-­ za de un levantamiento que le convertiría en Emir de todo Al Ándalus. Persona-­ je controvertido, mientras SDUDXQRVHUDXQPDJQtÀFR estratega, valiente y noble 25


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El conjunto palacial del Castillejo, Larache y castillo de Monteagudo, antecedente directo de la Alhambra. 27


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para otros fue un irrespon-­ sable, causa principal de la ruina de Al Ándalus, al perder Córdoba y decla-­ rarse vasallo de Fernando III. Dos leyendas han llegado hasta nosotros en las que participa por activa o por pasiva Ibn Hud. La leyenda de la Vera Cruz de Caravaca: Después del milagro del cura Chiri-­ nos, Ceit Abuceit se convir-­ tió al cristianismo, hecho que pagaría con la vida a

manos de su primo Ibn Hud por apóstata “... porque no hay más Dios que Alá ni más apóstol que Ma-­ homa, su profeta”..3 La otra leyenda esta re-­ lacionada con su muerte. Cuentan que lbn Hud se enamoró de una doncella cristiana y para evitar ro-­ ces con su esposa la mandó a Almería donde estaba de gobernador su amigo Al-­ Raminí, quien la sedujo y asesinó a lbn Hud, cuando fue a visitarla, para evitar el castigo.

3 Galera García, Antonio El último secreto de los caballeros tem-­ plarios Murcia 1999

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Mihrab en San Juan

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III ALFONSO X Al joven Alfonso le debió gustar Murcia. El futuro rey se había criado en la bucólica Orense, lejos del mundanal rui-­ do, un paisaje bastante diferente de la ciudad que le recibió el primero de Mayo de 1243.

“... DirĂŠ aquĂ­ un milagro / insigne que yo vi desde que Dios a Murcia / me concediĂł, y oĂ­ contar a muchos moros / que habitaban allĂ­... Cantiga 169. Traducc. A. Sobejano

Entró a Murcia al frente de un ejÊrcito para sofocar la rebeldía de Cartagena, Lorca y Mula. Las tres ciudades que no aceptaron el pacto de vasallaje, por medio del cual se reconocía la soberanía de Fernando III sobre territorio murciano, se obligaba al pago de la mitad de las rentas y el establecimiento de guarniciones cristianas en las fortalezas mås seùaladas. A cambio, los musulmanes conservaban, sus propiedades y su gobierno. Estas tres villas fueron tomadas por las armas, pasando a ser directamente gobernadas por los castellanos. Alfonso fue un rey culto, pero vivió tiempos de hierro. Su educación se completó en la campaùa de Jerez, donde entre otros estragos el ejÊrcito castellano había pasado a cuchillo a toda la población de Lora del río. Eros y thånatos. El joven príncipe al mando del ejÊrcito de Castilla quedo subyugado SRU OD RWURUD à RUHFLHQWH FLXGDG 0XUFLD \D GHVGH WLHPSRV del rey Lobo, tenía tratados con Pisa y GÊnova. Comercian-­ tes de muy diversas nacionalidades estaban establecidos aquí. Sus palacios y mezquitas,, su alcåzar, su mercado, la impresionante muralla y sus gentes subyugadas, ganaron el joven corazón del infante de por vida.

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La ermita de los pasos de Santiago, iglesia del campamento cristiano de Alfonso X

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En sus últimos momen-­ tos, junto a los pocos vasa-­ OORVÀHOHVTXHOHTXHGDEDQ en toda la amargura del destronamiento pidió, como DVtFRQÀUPDVXWHVWDPHQWR que sus restos fueran ente-­ rrados en Murcia �Por el grand bien et merced et KRQUUDTXHQRV(O\À]R amamos et deuemos que-­ rer este regno entre todos los otros, et por ende, es-­ cogiemos nostra sepultu-­ ra en la C�bdad de Mur-­ cia...4 La cantiga 169 nos cuen-­ ta la historia de una vieja capilla ubicada en el barrio de la Arrixaca que venera-­ ba la imagen de la virgen desde tiempos de los godos. Los muslimes pedían su destrucción desde que este barrio se había convertido en morería. Estas protes-­ tas fueron a mås cuando el rey Jaime I de Aragón tomó Murcia, despuÊs de la sublevación de los mudÊja-­ res y convirtió la mezquita mayor en templo cristiano.

Los Moros pedían tener una mezquita en su barrio y de-­ moler esa ermita, que era para ellos una ofensa. El rey Alfonso, magnåni-­ mo, accedió y para sorpresa de todos fue el rey musul-­ mån -­ convertido a la sazón en poco mås que un alcalde de barrio -­ el que se opuso cuando fue consultado por-­ que... que quien a María GHVDPDWLHQHPDOÀQ Fuentes y Ponte, ahon-­ dando sobre el tema nos dice que este rey moro se convirtió al cristianismo y tomó el nombre de D. Vicen-­ te Belvís. Con los cristianos la Mur-­ siyya islåmica se transfor-­ mó. Se abrió la calle Trape-­ ría para unir la Iglesia de Sta. María la mayor -­ anti-­ gua mezquita-­ con el mer-­ cado ubicado en lo que hoy es plaza de Sto. Domingo. Las mezquitas se transfor-­ maron en iglesias: En el al-­ cåzar Nassir, la iglesia de

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Arqueta con las entraĂąas de Alfonso X en el Altar Mayor de la Catedral

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San Miguel

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San Juan, conocida como San Juan del Real ( porque en tiempos estuvo allí el campamento de D. Jaime y Los templarios) Otra mez-­ quita fue convertida en Sta. Catalina. Los aragoneses tuvieron su parroquia bajo la advocación de S. Lorenzo y los catalanes la suya, Sta. Olaya, hoy día Sta. Eula-­ lia. San Pedro, San Nicolás y San Bartolomé, también fueron antiguas mezquitas. San Miguel, San Andrés y San Antolín fueron parro-­ quias que la piedad in-­ vasora de los conquista-­ dores levanto cerca de la arrixaca, reservada a los moros...5 La ermita primitiva de la arrixaca pudo estar situada en lo que hoy es la ermita de los pasos de Santiago ( o tal vez esa era la iglesia del campamento cristiano de Alfonso X ) o en lo que des-­

pués fue convento de agus-­ tinos, frente a la iglesia de San Andrés que hoy en día tiene esa advocación, Iglesia de San Andrés y de nuestra señora de la Arrixaca. La virgen de la Arrixa-­ ca fue patrona de murcia hasta El siglo XVII, cuando las diferencias entre frailes agustinos ( que habían ve-­ nido a Murcia huyendo de la inseguridad de San Gi-­ nés de la Jara y se les había dado para el culto la anti-­ gua ermita ) partidarios de la Arrixaca, y capuchinos, partidarios de la Fuensan-­ ta, se saldaron con la coro-­ nación de ésta como nueva patrona. Pudieron más las polémi-­ cas de frailes que los siglos de presión musulmana. El rey Sabio, así mismo concedió un mercado

4 torres Fontes J. El corazón de alfonso X el sabio en Murcia 5 Diaz Cassou P.. Historias y leyendas de Murcia

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Capilla de la Arrixaca, en San Andrés

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Iglesia de San AndrĂŠs

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franco los jueves y feria en Septiembre. Ambos los seguimos conservando. Los trescientos treinta y tres caballeros que entra-­ ron con Alfonso, los dos mil doscientos peones y los diez mil aragoneses y catalanes que dejó establecidos Jaime I fueron la base de los re-­ pobladores cristianos como queda constancia en el Re-­ partimiento de Murcia. A los pobladores se les exigía mantener la vecin-­ dad durante cinco aùos y el mantener armas según su posición para defensa de la ciudad. Los pobladores fueron DJUXSDGRVSRURÀFLRVGiQ-­ doles las casas en una mis-­ ma calle. El rey sabio hizo hincapiÊ para que en la calle prin-­ cipal, Trapería, que había abierto su suegro de la mez-­ quita al zoco, se implanta-­ ran los vendedores de telas

francesas y los cambistas. Posiblemente pronto des-­ plazados junto con los or-­ febres y plateros a la adya-­ cente calle de Platería. Entre los caballeros De Castilla, dos, aunque ambos de procedencia forånea: García JoufrÊ de Loaisa, copero mayor del rey y alba-­ cea de sus últimas volunta-­ des. Él trajo las entraùas de Alfonso X a Murcia. Este caballero tenía pala-­ cio en Platería ( lo que aún hoy es Plaza JoufrÊ ) que según una antigua leyen-­ da comunicaba con el Alcå-­ zar a travÊs de un pasadizo subterråneo. Don García, su hermano y la ciudad de Murcia fueron de las pocas JHQWHV TXH VLJXLHURQ ÀHOHV a Alfonso X, incluso en los aciagos días de Valladolid cuando fue inhabilitado y depuesto como rey. El otro es Jacobo de las Leyes, juez de corte de Al-­

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fonso X. Florentino o Geno-­ vÊs de nacimiento, recibió el encargo de romanizar las leyes castellanas y po-­ siblemente trabajó en Las Siete partidas. Fue uno de los tres repartidores de la huerta de Murcia y posible-­ mente medió para la conce-­ sión por Roma del Obispado de Cartagena. Sus restos descansan en la capilla del Corpus despuÊs de haber viajado por casi toda la Ca-­ tedral. De los aragoneses, uno por encima de todos: El in-­ fante Pedro, mås tarde Pe-­ dro III. El mejor caballe-­ ro que vieran los tiempos. Como demostró en el famo-­ so torneo de Burdeos. El infante de Aragón mandó las tropas aragonesas que sofocaron la rebelión mudÊ-­ jar. Las entraùas de Alfonso X, fueron depositadas en un convento del Cister creado en el Alcåzar. Posteriormen-­ te pasaron a la catedral. 43


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IV D. JUAN MANUEL

“... No vos puedo dar heredad ninguna, más do-­ vos la mi espada Lobera,que es cosa de muy grand vir-­ WXGHWFRQTXHPHÀ]RGLRVDPLPXFKRELHQµ Infante D. Juan Manuel

D. Juan Manuel nunca fue un hombre bueno. El sobrino de Alfonso X, hijo del infante D. Manuel, como se intituló toda su vida. Tampoco fue infante. ´/RV ÀMRV GH ORV LQIDQWHV non han otro nombre si-­ QRQ TXH VH OODPDQ ÀMRV de infantes”,... “son dere-­ chamente de derecho de linaje de reys” Fue Prín-­ cipe en Aragón, Duque en Castilla, Señor de Villena y otros muchos sitios pero no utilizó estos títulos. En cambio sí utilizó otros dos: Mayordomo Mayor del rey y Adelantado Mayor del Rei-­ no de Murcia, subordinados siempre a la mención ante-­ rior de hijo del infante don Manuel. De su infancia, sabemos que era feo, su mandíbula adelantada le caracterizó el resto de su vida ...y cómo

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crióse del pecho de su madre, del pecho de una hija de Diego González de Padiella “infanzón muy honrado”, y del pe-­ cho de otra innominada -­silenciada-­ ama, de más bajo linaje y por lo que podemos deducir desde nuestra perspectiva, cau-­ sante de la “mala leche” que caracterizó y se hizo patente en gran parte de la actividad del señor de Villena...6 En el infante Juan Ma-­ nuel se aprecia una clara dicotomía entre su obra li-­ teraria y su actividad polí-­ tica, ...entre lo que escribe y lo que hace ... 7 Fue traidor. Fiel parti-­ dario de Sancho IV frente a los Infantes de la Cerda, Abandonó luego a su viuda y al futuro rey Fernando IV, incumpliendo las pro-­ 45


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mesas de protección a la regente para aliarse con los aragoneses. Fue malo. Durante la mi-­ noría de edad de Alfonso XI fue co-­regente, hasta que el mismo rey le obligó a aban-­ donar el puesto. Declaró va-­ rias veces la guerra a su rey, una de ellas por repudiar a su hija Constanza y otra por no permitir que otra casara con el rey de Portugal. Fue cobarde. Era el due-­ ño de la famosa espada Lobera, espada del conde Fernán González, el del romance, que Fernando III, legó a su hijo y éste a D. Juan Manuel, pero hizo poco uso de ella. Fue tacha-­ do de tal por toda la corte, al no acudir al duelo al que le retó D. Guillén de Rocafull, señor de Abanilla, de quien más tarde se vengaría. Pactó con todos y contra todos siempre prevalecien-­ do su propio interés.

Una anécdota curio-­ sa: Siendo D. Juan Ma-­ nuel adelantado, Bartolo-­ mé Zanó, hombre bueno de Murcia fue encarcelado y su rescate tasado en ca-­ torce mil maravedís. Este WDO =DQy SXVR ÀDGRU \ GLMR que quería ver al rey para que le sacase del cautiverio en que estaba. Enterado el infante mandó que le corta-­ sen la lengua para que no hablara tanto. Bartolomé Zanón par-­ ticipó en una comisión concejil para solicitar de Alfonso XI la prohi-­ bición de que pudieran vivir en la ciudad los que eran vasallos de don Juan Manuel y por otro HOTXHVLPDQWHQGUtDRÀ-­ cialmente el título de adelantado, no podría desempeñarlo personal-­ mente, si no que sería el que eligiera uno de los diez caballeros que pro-­ pondría el monarca. ...Aún más, pues en

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mayo de 1336 dispuso Al-­ fonso XI que uno de los dos alcaldes que debe-­ rían regir la ciudad des-­ de el día de San Juan en el año concejil 1336-­37 fuera Bartolomé Zanón, ya sin temor a nuevas in-­ tromisiones de don Juan Manuel en el gobierno municipal de Murcia. 8 A la larga, los trabajos de D. Juan Manuel tuvieron recompensa. Nietos suyos

fueron el Rey de Portugal y El rey de Castilla Juan I y a sus bastardos los dejó si-­ tuados como ricos-­hombre y adelantados por Murcia. Estos conformarían la fa-­ milia de los Manueles que tantas querellas manten-­ drían con los Fajardos en los siguientes siglos, pero eso ya es otra Historia.

6, 7 y 8 torres Fontes J. silencios murcianos de D. Juan Manuel

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V DISPUTAS ENTRE MANUELES Y FAJARDOS “... Yo tengo en campo de oro, tres matas de espigas verdes. Siete hojas de cada mata, hacen el blasón de mi solar. sobre tres rocas del mar con ondas de azur y plata...” Lope de Vega. El primer Fajardo

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Los Fajardos parecen des-­ cender de un Tal Pero el Ga-­ llego que en desigual pelea con cinco moros mató dos a pedradas y cautivó a otros tres. Después hubo tiempo de encontrar panegiristas que los hicieran descender de los reyes de Inglaterra (entre ellos, el mismísimo Lope de Vega)

hizo saltar a primer pla-­ no a Alonso Yáñez Fajardo que capitaneaba la facción de don Pedro en las tierras murcianas.

A comienzos del XIV, Los Fajardos andaban por las encomiendas santiaguistas de Pliego y Mula sin papel relevante en la política mur-­ ciana. Hasta que la guerra civil abierta entre Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique IV de Trastámara,

En la ciudad de Murcia había surgido una noble-­ za menor, los Porcel, Li-­ són, Moncada, Claramúnt, Riquelme, Ayala, Calvillo incluso los mismos Fajar-­ do al amparo de la familia Manuel. Ésta había creado una estructura clientelar y de parentesco que imitarían

Pedro I el cruel, concedió a Murcia la sexta corona de su escudo por los servicios prestados en la guerra con-­ tra Aragón.

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todos los grupos que inten-­ taran en los años siguientes alcanzar cotas de poder en el territorio. La única for-­ ma de promoción de estos linajes era aprovechar los momentos de fricción y no equivocarse de bando. Alonso Yáñez Fajardo, como ya hemos dicho, ca-­ pitaneaba los leales al rey Pedro y los Manueles por lazos de parentesco ( su pri-­ ma, la futura reina Juana estaba casada con el futuro Enrique IV ) mandaban las JHQWHV DÀQHV D ORV 7UDVWi-­ maras. Fajardo, parece que cambió oportunamente de bando poco antes del epi-­ sodio de Montiel( cuando el mercenario Beltrán Du Guesclin dijo aquello de ni quito ni pongo rey...) Este Fajardo consiguió ser nombrado teniente del Adelantado de Murcia y aunque el Adelantamien-­ to estaba en manos de Los Manueles el mando de facto sobre la ciudad lo tenía él.

En los años siguientes lideró a la oligarquía local y paulatinamente fue des-­ bancando en el concejo a la familia Manuel. El punto de ruptura en-­ tre Fajardos y Manueles surgió cuando D. Juan Sán-­ chez Manuel fue a contraer matrimonio con la hermana del Obispo de Cartagena, D. Fernando de Pedrosa, a la ciudad y los Fajardos le ce-­ rraron las puertas de Mur-­ cia. Los nobles Manueles y el Obispo se sintieron ul-­ trajados y se conjuraron so-­ bre los evangelios a echar a los fajardos aunque en ello les fuese la vida. Después de feroz batalla por to-­ das las calles de Murcia ...habiendo perecido más de ochocientos sin con-­ tar los muchos heridos de gravedad...9 Abando-­ naron la ciudad los Fajardo camino de la corte para pre-­ sentar quejas. Para colmo de males ejercía en aquellas fechas el cargo de Procura-­ dor General el aventurero

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Colegio Mayor Azarbe antiguo palacio Fajardo

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Andrés García de Laza, del bando de los Manueles, que tenía gran predicamento entre las gentes de Murcia donde llegó a ejercer un in-­ menso poder. Todo lo super-­ visaba y visaba con un es-­ cueto Laza lo manda. El rey que no podía per-­ mitir esta anarquía por más tiempo, envió a Murcia con escasa guardia, casi de incógnito a su valido Ruy López de Dávalos que se alojó en el palacio del obis-­ po y mandó llamar a Laza el agitador. Éste se presen-­ to compuesto de perlada malla y pedrería como si de un rey se tratase y acom-­ pañado de seis mil de sus leales.

Una vez hizo su entrada en palacio, a una orden de Dávalos, un soldado le cor-­ tó la cabeza. Ruy Dávalos la arrojó por la ventana al populacho que enmudeció al verla rebotar en el suelo. Y con fuertes palabras les arengó ... Veis ahí la ca-­ beza del autor de vues-­ tros daños, revolvedor de esta república... Y haré lo mismo con los que fue-­ ren sus secuaces... 10 Acto seguido les comunicó la amnistía para todos los crí-­ menes perpetrados en las sediciones pasadas y cerró la ventana. Ahí terminaron las discordias en la ciudad y los Dávalos pusieron casa en Murcia a la sombra de los Fajardos.

9 y 10 Atienza y Palacios F. Episodio Histórico de Murcia. 1862 Murcia

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Martillo del Paslacio Episcopal

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VI SOTOS Y RIQUELMES

“... Praestat esse, et si miserrimun, quand nihil esse...â€? Ldo. Cascales. Discursos histĂłricos, Disc.XIX Los Riquelme

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A la muerte de Alfonso YĂĄĂąez Fajardo II, el control del reino de Murcia provo-­ cĂł una guerra en el seno de la familia Fajardo entre Alonso Fajardo “el bravoâ€?, adalid de las tropas lor-­ quinas en la batalla de los Alporchones, representan-­ te de la vieja nobleza mili-­ tante y Pedro Fajardo, su SULPRTXHSHUVRQLĂ€FDEDORV nuevos tiempos de pactos y alianzas.

El resto de los linajes murcianos que vivían de facto a la sombra de los Fa-­ jardos, se adscribieron du-­ rante las luchas intestinas a uno y otro bando. Este es el caso de Sotos y Riquelmes. Ambas casas medraron. Conforme aumentaba el po-­ der de los Fajardo subían ellos y así como ascendían, rivalizaban ambas familias por tomar los puestos mås preeminentes.

La pugna la ganaron los de Pedro Fajardo que con-­ venció al Rey Enrique IV sobre oscuros acuerdos en-­ tre su tío y los nazaríes de Granada.

Durante los siguientes decenios multitud de vio-­ lencias y asesinatos ( algu-­ nos en la misma Trapería ) conmocionaron a la socie-­ dad murciana de la Êpoca.

En estas luchas internas de los Fajardos estå el ger-­ men de los disturbios que mantendrían en vilo a la ciudad de Murcia hasta los tiempos de Carlos V.

En la guerra de las comu-­ nidades si los Riquelmes eran comuneros los Sotos eran del Cesar Carlos. Las dos facciones buscaban cualquier resquicio para en-­ 55


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frentarse. Con los cambios genera-­ cionales, los odios persistie-­ ron pero cambió el sistema de las venganzas. A partir de la expulsión de los judíos ( setecientos salieron de Murcia, que era una de las cuatro grandes aljamas de Castilla) Las conversiones en masa por interés o por las predicacio-­ nes de San Vicente Ferrer, permitieron la ascensión social de un grupo de con-­ versos que compraron car-­ gos y señoríos. Caso de los Sotos. Integrándose en la élite socioeconómica de la ciudad. Los nuevos usos de Lim-­ pieza de sangre, motivaron denuncias por parte de los Riquelmes sobre prácticas judaizantes entre deudos del clan de los Sotos, lo que unido a los afanes del joven inquisidor, que medraría hasta los mas altos cargos del poder eclesiástico, con-­

siguieron la práctica erra-­ dicación de la familia Soto \ GH VXV DÀQHV &DVL TXL-­ nientos procesos en varias ciudades y múltiples rela-­ jaciones -­ ciento setenta y cinco, con sus consiguientes hogueras -­ (O WULXQIR ÀQDO GH ORV Riquelme sobre los Soto supuso el aplastamien-­ WRGHÀQLWLYRGHXQOLQDMH con el que arrastraban una rivalidad de antaño, y el quedar encumbrados en lo más alto del poder político sin que nadie les pueda hacer sombra. 11 Dicen que no hay mal que por bien no venga. Gracias a la prevalencia de los Ri-­ quelme, sus descendientes pudieron patrocinar a Sal-­ zillo en la mayoría de los pasos de la procesión de -HV~V\HQHOPDJQtÀFR%H-­ lén (que tasaron para su venta 1908, ya marqueses de Salinas, por 145.000 pts )11

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Fachada palacio Riquelme, museo Salzillo

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Iglesia de Sto. Domingo donde San Vicente todav铆a predica en el balc贸n

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Sobre los problemas ocu-­ rridos en Murcia en tiem-­ pos de San Vicente Ferrer hay una leyenda que sitúa al santo un Domingo de Ra-­ mos predicando en la plaza del mercado, hoy Santo Do-­ mingo, donde había congre-­ gado unas diez mil almas, cuando inesperadamente, hicieron irrupción vinien-­ do de la Rambla del Cuer-­ no, hoy calle de las tascas, tres caballos desbocados que echaban fuego por los ollares. Despavorida, la fe-­

ligresía buscaba salir, mas el predicador pidió a todos hiciesen el signo de la Cruz y así desaparecieron los ca-­ ballos por la Puerta de las Almunias. El santo dijo que los équidos eran otros tan-­ tos demonios que de tiempos atrás venían empleándose en desgobernar la ciudad. No hay constancia sobre la cuadra donde fueron a pastar estos caballos. -­

10 Pérez García M. Al servicio de los Fajardo. familia y patronaz-­ go S. XII-­XVI 11 Valcárcel Mavor, C. Crónicas murcianas S. XX

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Las Claras

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VII LA CATEDRAL

“... De tu torre gigante que a los cielos asoma y en un tapiz fragante duerme como paloma Murcia joya del rico suelo español, soñado paraíso, cuna del sol....” Jara Carrillo

La Catedral de Sta. Ma-­ ría se levantó sobre la mez-­ quita mayor. Según cuenta la leyenda, Jaime I tenía la costumbre de celebrar una misa cada vez que tomaba una población. Al tomar la ciudad de Murcia después de la sublevación de los mu-­ déjares San Pedro Nolasco consagró la mezquita para poder celebrar la primera misa. Pero será Alfonso X el que le otorgue el nombre de iglesia Catedral de Sta. María. Trasladando la sede episcopal de Cartagena a Murcia. La Catedral tiene una porción primitiva entor-­ no al patio de la mezqui-­ ta. Es la claustra del s. XIII, donde se celebró el culto cristiano hasta que se traslado a la parte principal del nuevo tem-­ plo que comenzado en el

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S. XIV. 12 La nueva catedral góti-­ ca no siguió la planta de la antigua mezquita. Se reali-­ zó un torre medieval sobre la capilla de Jacobo de las leyes y las fachadas góticas de los apóstoles y las Cade-­ nas. La Catedral se consa-­ gró al culto en 1467. En ese entorno aparece la leyenda de la Virgen de las Carrericas: Un artesano que trabaja-­ ba en la capilla de San Juan en la Catedral, era contro-­ lado de cerca por el sacris-­ tán, que sospechaba prác-­ ticas judaizantes por parte de la esposa del operario. Esta era hija de sanbeni-­ tados por la inquisición. 12 Ballester J. Alma y cuerpo de una ciudad

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El sacristán la vigila-­ ba con sigilo, buscando en ella la mala actitud de los padres pero solo la veía musitar, cada vez que pa-­ saba ante la imagen de la Virgen sin conseguir pi-­ llarla en ningún desliz. En esto, la mujer que estaba preñada, tuvo un sueño en el que se le auguró que no pariría hasta que alabara el nombre de Dios tantas veces como lo había ofen-­ dido ( que era lo que hacía cada vez que pasaba por la Claustra ) Viendo que se re-­ trasaba el parto, retractóse de su pasada actitud y como penitencia, una vez en la catedral, se dedicó a correr por la Claustra, alabando el fruto del vientre de María, cada vez que pasaba bajo la imagen. Conocido después el acto de contrición, la ima-­ gen quedo con el nombre de Virgen de las Carrericas. Al tiempo de la expulsión de los judíos, se realizaron las capillas de los Vélez, La nueva portada renacentis-­

ta de Las Cadenas ( Plaza de la Cruz ) y la primitiva fachada renacentista de Jerónimo Quijano que será demolida en el XVIII para levantar el actual inma-­ fronte catedralicio, obra de Jaime Bort. A mediados del XIX un incendio destruyó el re-­ tablo, el coro y el órgano. El retablo neogótico que ahora se contempla es de 1864;; el coro procede del desamortizado convento de San Martín de Valdeigle-­ sias mientras que el órga-­ no se encarga al organista Merklin y las vidrieras se hacen de nuevo. El coro de san Martín trajo consigo la leyenda del maestro Rafael León, ta-­ llista maduro que caso con mujer joven. La esposa del maestro KX\y FRQ XQ RÀFLDO LWDOLD-­ no que el tallista tenía. El pobre artesano, abandonó FDVD \ RÀFLR KDVWD GDU FRQ

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sus huesos en el convento de san Martín. Donde se comprometió, a cambio de cobijo y mísera soldada, a realizar la sillería del coro. Rafael, trabajaba sin des-­ canso. Los monjes sabían que solo salía del conven-­ to para ir a Toledo, si bien desconocían el motivo y la dirección. Dudas que que-­ daron solventadas con la llegada de la peste a la ciu-­ dad, al aparecer muerto el maestro junto a una mujer de mala nota, que en tiem-­ pos había sido su esposa, a la que cuidaba en la enfer-­ medad, tras el abandono de su amante. La construcción de la to-­ rre trajo a Murcia a los her-­ manos Florentín que reali-­ zaron el primer cuerpo. A la muerte de éstos las obras las continuó Jerónimo Qui-­ jano que realizó el segun-­ do. Para la continuación de las obras deberían pasar docientos años. José López construyó el tercero. En este último se encuentra La sala

de los secretos y el balcón de los conjuros, con cuatro templetes bajo imágenes de los santos cartageneros ( Desde los cuales, el obis-­ po conjuraba las tormentas con el Lignum Crucis ) Por último, Ventura Ro-­ dríguez diseño la cúpula y la linterna de coronación, siendo muy criticado en su tiempo por el parecido de ésta con un bebedero de palomas. Las obras de la torre, como después la primitiva fachada, dieron problemas por la mala compactación de los terrenos. Ocasionan-­ do un cierto desplome del primer cuerpo, hacia el este. Compensado a posteriori, con la variación del centro de gravedad y el tamaño de los muros en los siguientes cuerpos. La desestabiliza-­ ción de la torre dio lugar a la leyenda del canute de caña que dice algo así: Murió un judío llamado 65


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Samuel y sus escasas per-­ tenencias fueron legadas al obispado. Entre los legajos y tarros de ungĂźentos, un canuto de caĂ��a, tapadas sus puntas, con una leyenda que decĂ­a “alarifeâ€?. En esto, se habĂ­a levantado gran polĂŠmica en la ciudad por faltar un maestro director para las obras de la torre. Hecho que tenĂ­a paralizado el proyecto. Y a multitud de gente desempleada y dis-­ conforme en la ciudad. El secretario del obispo, trasteando, abriĂł el canute y entre humo y olor a azu-­ fre se le apareciĂł un demo-­ nio que le inquiriĂł -­ Âżque te construyo? Âż Un palacio? Âż Un castillo? El secretario le pidiĂł que dirigiera la construcciĂłn de la torre. Pasaron los meses y la torre se iba alzando con la alegrĂ­a del seĂąor Provisor del Obispo y la tristeza de su secretario.

Llego el momento de la culminación de la obra y el secretario, conociÊndola como obra del diablo pro-­ nunció un exorcismo, al mismo tiempo el Sr. Pro-­ visor recitaba la bendición de la obra a mås gloria de Dios. Por un instante re-­ tumbó el cielo y la tierra y ante la sorpresa de Secreta-­ rio y Provisor. La torre se inclinó sin llegar a caer y el diablo director de las obras, se hundió en el lugar don-­ de hoy se alza la cruz en la plaza. La capilla de los VÊlez joya del gótico isabelino tambiÊn guarda leyendas: D. Juan Chacón era hijo del tesorero de la reina Isabel la Católica. Ésta le concer-­ tó matrimonio con la hija de Fajardo. Así mataba dos påjaros de un tiro. Premia-­ ba a sus leales con un ma-­ trimonio con la nobleza de espuela y colocaba gente de VX FRQÀDQ]D HQ HO DGHODQ-­ tamiento de Murcia, lugar VLHPSUH FRQà LFWLYR IURQWH-­

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ra con Aragón y los moros granadinos. Chacón, como antes Fa-­ jardo y despuÊs sus des-­ cendientes los Marqueses de los VÊlez, era gente al-­ tiva. Su poder omnímodo sobre El reino de Murcia hizo que deseara enterrar-­ se en el altar mayor de la catedral. Lo que el cabildo catedralicio le denegó. Ante este desplante, mandó edi-­ ÀFDUODFDSLOODGHORV9pOH] sobresaliendo de la planta de la Catedral y amarrada a la misma por la famosa cadena de piedra. Con ello quería reforzar la idea de que la capilla se incluía en la obra de la catedral por su poder( cuestión testicular ) Los resultados fueron es-­ pectaculares y para evitar IXWXURVWUDEDMRVGHODUWtÀFH que pudieran empequeùe-­ cerla, mando que le sacaran los ojos. Otra leyenda vincula a los Fajardo, con su capi-­ lla. El sucesor de Chacón,

su hijo D. Pedro Fajardo, Ier MarquÊs de los VÊlez, estaba muy enfadado con Fray Diego Fernåndez de Villalån, a la sazón Obispo de Almería. El MarquÊs no quería dejar de cobrar los diezmos de las iglesias de sus seùoríos y andaban los dos en disputas por el mer-­ cado de la lana. Tan fuerte llegaron a ser los enfrentamientos que el MarquÊs acusó al obispo de quedarse con el dinero de las limosnas para gastarlo en putas, llegando a agre-­ dirle. El obispo, por su par-­ te le excomulgó. Cuentan que el marquÊs decía a chanza que prefería LUDOLQÀHUQRDWURSH]DUFRQ el Obispo en la eternidad. La última burla del Mar-­ quÊs para con el obispo fue ordenar que en el púlpito mås preeminente de su ca-­ pilla, tallaran un esqueleto sonriente que estuviera en eternamente predi-­ 67


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cando y haciendo burla de la afrenta de ser ex-­ comulgado y haciéndole un guiño macabro a la muerte eterna. 13 El César Carlos, también visitó la Catedral y al ver donde estaban las entrañas del rey AlfonsoX dio orden para que fuesen traslada-­ dos al lado contrario, el de la Epístola, en señal de de-­ ferencia y respeto. Sobre la torre de la Cate-­ dral hay otra leyenda que UHÁHMD ODV VXSHUVWLFLRQHV del pueblo llano. Dicen que el primer cam-­ panero de la Catedral se lla-­ maba Diego Alba y gustaba mucho del vino. Educado en los dominicos. Los frai-­

les hicieron todo lo posible por enderezar al muchacho y lo colocaron como campa-­ nero en la Catedral. Diego siguió en sus andanzas y más de una noche olvidó dar las campanadas, conlo que tenía enojada a toda la población. Un noche Diego subió al campanario “toma-­ do” y en el volteo, una de las campanas lo lanzó con-­ tra el tejado de una de las casas de la calle Oliver. Al caer al suelo las vecinas se arremolinaron y comenza-­ ron a decir que era cosa del demonio, mientras otro ve-­ cino, más ducho en taber-­ nas les dijo con cachondeo «vecinos, esto no ha sio cosa del dimonio sino del vino. Poique el vino más güeno, pa´l que no sabe mearlo es un veneno»14.

13 Alemán S. LaEdaddeoromurcia. Blogspot.com 14 Galera A. El campanero de la catedral

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Capilla de los Vélez anclada a la Catedral por la famosa cadena

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VIII LA CIUDAD

“... Aquí tiene v. m. la antesala del cielo; la muy celebrada ciudad,templo y alcázar de las bondades de Dios Nuestro Se-­ ñorque abrió sus manos para formar el nuevo paraíso...” J. Fuentes y Ponte

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La Ciudad seguía estan-­ do rodeada por la muralla musulmana “... Según Gi-­ nés Rocamora, XVI, las medidas de las murallas eran las siguientes: altu-­ ra 35 codos, 15 codos de ancho, cuenta con 95 to-­ rres separadas entre si-­ por 236 palmos, teniendo la muralla diez puertas y dos portillos. En el siglo XVIII, H. Parrilla, describió la muralla detallándola de la siguiente manera: longitud de 3.260 pasos (4.500m),95 torreones se-­ parados entre si por 25 pasos (31m.). Los torreo-­ nes median 35 codos de alto (15m.), 15 codos de ancho (6m.). también detallaba un foso, diez puertas y dos portillos y tres puertas en la cerca de la Arrixaca.

En el XIX Fuentes y Ponce la describe así : Estas murallas de trein-­ ta codos que ve v. m; en algunos puntos han teni-­ do noventa y cinco torres con almenas y mataca-­ nes, y por el pié corría foso de agua que es el Val . Como accesos tenía las si-­ guientes puertas: -­ Puerta del Orihuela o del León por una estatua que hubo allí en tiempos y después paso a la entra-­ da del Malecón, de donde viene el dicho murciano de “tienes más años que el león del Malecón” ( Ésta, se encuentra en el museo de la ciudad restaurada hoy día, ) La puerta de Orihue-­ la debió encontrarse en las cercanías de la actual calle puerta de Orihuela. Tras las murallas, la sacramen-­ tal del mismo nombre (uno 71


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de los dos cementerios que tenía Murcia. El Otro en las puertas de Castilla. Ambos desaparecieron a principios del s. XX ) -­ La Puerta Nueva, abierta por los cristianos después de ocupar la ciu-­ dad y que se encontraba en la calle de su mismo nom-­ bre. -­ La Puerta del Merca-­ do o puerta de la Almunia ( en tiempos de moros Bib-­ $OPXxHP  DO ÀQDO GH 7UD-­ pería. -­ La Puerta de Sto. Do-­ mingo en la plaza del Es-­ parto hoy plaza del Romea junto al palacio de Vinader, caserón que cierra dicha plaza por el Oeste. -­ La Puerta del Porcel, que daba a San Esteban l. iglesia de la compañía, de Jesús fundada por el Obis-­ po Almeida. -­ La Puerta del Azogue ( por encontrarse allí las

Curtidurías y tenerías) lla-­ mada también de Sta. Flo-­ rentina -­ por entrar por ella las reliquias de los cuatro santos cartageneros que se encuentran en la Catedral-­ Actual cruce de la calle Sta. Teresa con calle San Nico-­ lás. -­ La Puerta de San Gi-­ nés. Con salida al convento de los agustinos ( venidos de San Ginés de la Jara, hoy Iglesia de San Andrés), La Arrixáca y San Antón. -­ La Puerta de Vidrie-­ ros, hoy calle del Pilar. -­ La Puerta de la Trai-­ ción, en la actual calle Mu-­ ñoz de la Peña tras la igle-­ sia de san Antolín. -­La Puerta de Veróni-­ cas o de la Aduana entre el convento y el Almudí. -­ La Puerta del Puente. En el Alcázar que mandó hacer Enrique III que fue luego cedido para el Tribu-­ nal de la Inquisición;; Fue-­

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León del Malecón

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ra había una plaza, donde se celebraban, las ferias y mercados concedidos por Alfonso X, Hoy día colegio de Arquitectos y Hotel Vic-­ toria. -­ La Puerta del sol. Cerca del palacio de los re-­ gidores o Daxarífe y del Al-­ cázar que fue residencia de los Templarios con su torre Caramajul y sus caracterís-­ ticos ocho torreones en cua-­ dro, que fue la imagen de Murcia hasta la construc-­ ción de la torre de la cate-­ dral. Hoy correspondería a La Iglesia de San Juan de 'LRV \ HGLÀFLR GH OD &RPX-­ nidad Autónoma. -­ La Puerta del Toro. Calle Cánovas del Castillo a la altura del antiguo edi-­ ÀFLRGH&RUUHRVGRQGHWXYR su casa el pintor Villácis. -­ La Puerta de Las sie-­ te puertas o Santa Ola-­ ya. Hoy día Sta. Eulalia. Las

Calles

principales

eran:

y talabarteros.

Trapería de La Catedral a Sto. Domingo ( Donde esta-­ ba el mercado y el cantón de la pellejería) A su espal-­ da la plaza del Esparto.

En las calles de Murcia hay muchas leyendas:

Calle San Antonio de la puerta de Orihuela a la Ca-­ tedral.

La leyenda de la calle del cabrito (a fuer de lo que pu-­ diera parecer, trata de un borrachín que encontró un cabrito y llevándolo a casa en hombros, al pasar por un charco vio que llevaba al diablo a cuestas) hoy calle del Horno de la Fuensanta y antiguamente Callejón de las siete revueltas ( por lo difícil que era circular por calle tan estrecha.)

Platería que va de Trape-­ ría a la plaza de Sta. Catali-­ na pasando por la plaza de Joufré y Plaza de San Bar-­ tolomé. En Sta. Catalina estaba el Contraste de la seda y la Lonja y por ella, se iba a la puerta de Vidrieros( donde habitaban los caldereros napolitanos ) por la calle de la Lencería. Atrás quedaba San Pedro donde estaban montereros y tejedores de felpas. En esa zona se en-­ contraba la Real Carnicería y la calle Bodegones. En di-­ rección a la catedral pasa-­ mos a la calle Frenería don-­ de estuvieron los pasteleros

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La leyenda de la calle del Beso, hoy calle Ochando.

La leyenda de la calle Azucaque, donde se odia-­ ron a muerte Don Ferríz de Pitarque y el moro Zayen. Esta hermosa leyenda, nos cuenta que habitaban dos palacios contiguos, D. Fe-­ rríz, caballero de Alfonso X y el rico moro Zayen. Se odiaban ellos, pero aún más sus criados. En una de las

muchas trifulcas que orga-­ nizaban sus deudos. Ter-­ minaron enfrentándose el moro y el noble castellano. La juventud del segundo pudo con el ardor del prime-­ ro y cuando estaba apunto de lanzar el postrer golpe, un grito de mujer desde las almenas, paralizó su mano y la belleza del rostro de la hija de Zayen, abrió el cora-­ zón del caballero que per-­ dono la vida al musulmán Pasaron los meses y llegó la rebelión de los mudéja-­ res, que tomando Murcia, emplazaron a los cristia-­ nos a abandonar la ciudad, so pena de perder la vida aquellos a los que se encon-­ trase en su interior después de la última llamada a la oración del muecín. Cuando Don Ferríz salía a última hora de su casa, por toda compañía un escu-­ dero y un paje . 15 Fuentes y Ponte J. La Mur-­ cia que se fue

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Las Agustinas

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Le salió al paso el moro Zayen, convertido en princi-­ pal de la rebelión con acom-­ pañamiento de jayanes y enredándole con conversa-­ ción y ampulosas frases de despedida, le entretuvo-­ hasta que sonaron los rezos desde el alminar de la mez-­ quita mayor. Dándose cuen-­ ta del engaño, D. Ferríz pi-­ dió paso franco a lo que el malvado moro le contestó: esta calle es Azzucaq ( esta calle no tiene salida) mien-­ tras le envestía con su mo-­ runo alfanje. Se puso a la fuga el caballero y el moro furioso, no pudiendo matar al amo golpeo al paje, que muerto, resultó ser su pro-­ pia hija. Pasaron cuatro años y la ciudad volvió a las cris-­ tianas manos de Jaime I. Como avanzada de tropas entro en la ciudad Don Fe-­ rríz con veinte esforzados hombres para tomar el al-­ cázar, y, caprichos del des-­ tino, cuando se dirigían al mismo. Tropezó con el moro

Zayen, que huía. Reconocio-­ lo y fue uno el interponerse en el camino, el alancear-­ le con saña y el recordarle que, esta es la calle Azzuqac tu mismo lo dijiste. Las casas de Mancebía se encontraban a las afueras de las murallas en terrenos que Los Puxmarínes tenían del monasterio de Sta. Cla-­ ra hacia San Esteban. La Judería estuvo entre las actuales Sta. Eulalia, San Lorenzo y La Merced al rededor de la actual plaza Sardoy. En tiempos El rey Juan II mandó al infante Juan Ma-­ nuel y a su “ socio “ Fernan-­ do Pérez Calvillo, señor de las Torres de Cotillas (am-­ bos unos pájaros de cuidado ) cercar y ponerle puertas a la judería y ambos enten-­ dieron quitar las puertas, robar y expulsar a los ju-­ díos. Tuvo que intervenir el rey para que todo volviera a su cauce.

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Casa de Pérez Calvillo

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/RV0RURVIXHURQFRQÀQD-­ dos con su rey en la Arrixa-­ ca con la llegada de los cris-­ tianos, pero la cercanía del reino de Granada y la pre-­ sión político-­religiosa hizo que emigraran en masa. A ÀQDOHV GHO 6 ;9 VROR TXH-­ daban catorce o quince fa-­ milias en el arrabal.

es el plano de San Francis-­ co. Fue incendiado en 1835, perdiéndose la imagen de la Purísima de Salzillo. La que por algunos era consi-­ derada su obra cumbre.

Los Conventos de frai-­ les:

Los Agustinos, frente a lo que hoy es Iglesia de San Andrés ( antigua ermita de la Arrixaca ) e iglesia de nuestro Padre Jesús.( an-­ tigua ermita de San Sebas-­ tián, por la que también tu-­ vieron pleitos los Agustinos con la cofradía de Jesús) Fue demolido y posteriormente se realizo en su solar la pla-­ za de toros vieja. La Iglesia, patronato de los marqueses de Corvera, tras la exclaus-­ tración fue profanada por los soldados del regimiento de la Princesa. Mutilando las momias de los Riquel-­ mes allí enterrados. Dice fuentes y Ponce sobre los realizaron la profanación TXH  WXYLHURQ PDO ÀQ 8QR

Sta. María de Gracia, en la torre Caramajul con-­ vento del Temple y después hospital e iglesia de San Juan de Dios. Sto. Domingo el Real, en parte del Alcázar Seguir Fundación de Jaime I. Fue incendiado en 1835 después de la exclaustración. Sobre su solar se levanto el Teatro Romea. San Francisco, que estuvo junto a Sto. Domingo para trasladarse después a Sta. Catalina y por último frente a Verónicas. En lo que hoy

La Trinidad, junto a la er-­ mita de San Blás, hoy Mu-­ seo de Bellas Artes.

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Sala de exposiciones, antigua iglesia de Verónicas

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enloqueció aquella misma tarde y al otro lo mataron en Granada, tiempo des-­ pués, al pie de la virgen de las Angustias. Nuestra Señora de la Merced. En un principio junto a Sta. Eulalia. Cer-­ ca del río por donde vino la sagrada imagen le hicieron capilla, llamándola virgen de los Remedios. Esta vir-­ gen nos cuenta la leyenda fue testigo de las promesas de matrimonio realizadas por un caballero una joven. Consumada la relación. El caballero se desentendió. La joven emplazó al caba-­ llero ante la virgen para TXHpVWDFRQÀUPDUDODSUR-­ mesa y La Estatua movió la cabeza en signo de asenti-­ miento. Desde entonces se la conoce como la Virgen del cuello Tuerto. Los padres Mercedarios realizaron un nuevo convento cerca de la puerta Nueva en lo que era el cantón de las Pellejerías. Este convento fue incendia-­ do dos veces, se desamorti-­

zó y sirvió de almacén para la cría del gusano de seda y casa de huéspedes. Con el tiempo se convirtió en con-­ vento de Maristas y hoy día es parte de la universidad de Murcia. La iglesia de La Merced con una esplén-­ dida fachada rococó sigue teniendo en su interior la imagen de la virgen del cue-­ llo tuerto. San Diego, detrás de la ermita de san Antón, en lo que hoy es el jardín de la Seda. Estaban los frailes franciscanos descalzos. Sta. Catalina del Monte de otros franciscanos. San Jerónimo en la Ñora conocido como el Escorial murciano. Sta. Teresa, junto a la puerta de Sta. Florentina convento de Carmelitas descalzos. Durante muchos años hospicio. San Esteban, convento de la compañía de Jesús. Hoy

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Convento de las Anas

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Casa L贸pez Ferrer, Museo de la ciudad

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dĂ­a desacralizado

Murcia.

Nuestra Seùora de Car-­ men, convento levantado sobre la ermita de san Be-­ nito y esta a su vez sobre la mezquita Al Ahriella. Fue demolido en 1837. Que-­ dando la iglesia y la Calle huerto de Capuchinos que recuerda los egidos del convento.

Convento de san Anto-­ nio, mås alla del Carmen derruido en 1835.

La fundación tiene su le-­ yenda. Los carmelitas pri-­ mero se establecieron como vimos antes en lo que hoy es calle Sta. Teresa. Pero comenzaron pleitos y dis-­ putas con los Agustinos que consiguieron expulsar a los primeros del recinto amu-­ rallado de Murcia y hacer que ser establecieran en la ermita de san Benito que con el tiempo, sería Iglesia del Carmen y convento de capuchinos.

San Antonio, fundaciĂłn del Papa Borgia.

Estas disputas volvie-­ ron a surgir con la entro-­ nización de la Virgen de la Fuensanta como patrona de

Los conventos de mon-­ jas: Sta. clara la Real. Sobre parte del Alcåzar Seguir. Fundada por Alfonso X.

Sta. Ana, frente al conven-­ to de Las Claras. Madre de Dios, frente a los antiguos baùos årabes. Desaparecido. Las Agustinas, frente al palacio de D. Diego Junte-­ rón y el huerto de las cade-­ nas. Famoso huerto del que posiblemente se derive el huerto de los López Ferrer, hoy jardín del Museo de la Ciudad. El último huerto murciano. Las Capuchinas, entre la

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puerta de los Vinaderes y la del Porcel. Y Santa Isabel, del que queda su huerto, convertido en jardĂ­n. Casa nobles y palacios: El AlcĂĄzar mayor, refor-­ mado en tiempos de Enri-­ que III, sirviĂł de residencia a los Fajardos hasta que fueron expulsados de Mur-­ cia. DespuĂŠs se entregĂł como residencia y cĂĄrcel de la InquisiciĂłn. En frente, al otro lado del rĂ­o, estaba el Hornillo, don-­ de quemaba a sus reos la inquisiciĂłn. La familia Porcel viviĂł en una casa-­palacio entre las actuales calles de Santa Teresa y Marcos Redondo. AllĂ­, en la muralla musul-­ mana, estaba la “Puerta del Porcelâ€?. Se dice, que existiĂł en la fachada de la casa un cuadro, con una mujer y sie-­ te niĂąos.

En Murcia hay una le-­ yenda sobre ellos ( que dio origen a la obra de lope de Vega, Los porceles ) reco-­ gida por DĂ­az Cassou y por Alberto Sevilla. DoĂąa Juana PĂŠrez, espo-­ sa de Juan Porcel, despuĂŠs de muchos aĂąos sin tener descendencia, alumbrĂł a siete varones, lo que en la Edad Media era sĂ­ntoma de KDEHUFRPHWLGRLQĂ€GHOLGDG o de estar en tratos con el diablo. AsĂ­ que antes que llegara a oĂ­dos de su espo-­ so mandĂł a su criado que arrojara a seis de los reciĂŠn nacidos a la acequia de Al-­ jufĂ­a. Cinco aĂąos despuĂŠs, el padre, que los habĂ­a re-­ cogido, ordenĂł disponer una mesa con seis cubiertos de mĂĄs, y a ella se acercaron los pequeĂąos, con trajes iguales. La madre, sorpren-­ dida en extremo, preguntĂł TXp VLJQLĂ€FDED DTXHOOR \ el marido, le contestĂł: “La enmienda de tu falta. ÂżDis-­ tinguirĂ­as entre los siete al que criaste a tus pechos?â€?. 87


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Huerto Cadenas, restos del Ăşltimo huerto murciano

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Ella cayó de rodillas pidien-­ do perdón. La Casa de los Descabeza-­ dos se alzó en la actual calle Siervas de Jesús, haciendo esquina con la calle SÊlgas. En esta casa, cuenta otra le-­ yenda, Alfonso X dio pala-­ cio a uno de sus caballeros, de apellido Guzmån. Éste se enamoró de una novicia a la que rapto y encerró allí. Enterado el rey mandó gen-­ te de armas al rescate de la monja. ViÊndose copado, con una daga la degolló y arrojó la cabeza a sus per-­ seguidores, esfumåndose despuÊs. Los parientes de Guzmån fueron condena-­ dos al destierro y como no localizaron a sus dos hijos. El rey ordenó que se decapi-­ taran las dos estatuas que adornaban la fachada, como pública advertencia. El Palacio de los Fajardo o casa del Duende se en-­ cuentra en la calle Rambla en lo que fue Colegio Ma-­ yor Azårbe. Fue levantado

a mediados del XVII por un sobrino De Saavedra Fajar-­ do, regidor en Murcia. Los vecinos no podían conciliar el sueùo ya que to-­ das las noches se oían gran-­ des alaridos provenientes de la torre. Se contaba que una joven seducida por un extranjero, para pagar su culpa, fue emparedada en su interior. Tanto revuelo se armó que intervino la autoridad eclesiåstica y se organizo un exorcismo. Al terminar este, una paloma blanca, como Espíritu San-­ to, alzó el vuelo desde la ventana entendiendose por tal signo de que el alma ha-­ bía sido liberada. Los Saavedra, que ha-­ bitaban un palacete en las inmediaciones de Sta. Eula-­ lia, para no ser menos que sus futuros parientes, tam-­ biÊn tenían el fantasma de una dama casquivana que traicionó a su esposo, siendo su castigo el aparecer todas las noches en el tejado del

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SDODFLR SURĂ€ULHQGR  JUDQ-­ des gritos y descompuestas carcajadas. En esa Murcia seĂąorial del seiscientos pa-­ rece que abundaban los fan-­ tasmas y las adĂşlteras. Pero en historias de fan-­ tasmas destaca sobre las demĂĄs la leyenda de La To-­ rre De La Lavandera. En esta torre situada en las in-­ mediaciones de Churra, se aparecĂ­a una mano negra entre humos y olor a azufre, acompaĂąada de lamentos y gritos espectrales. El Obis-­ po informado, organizĂł un exorcismo donde participa-­ rĂ­an frailes de todos los con-­ ventos.â€? Franciscanos de San Diego, Carmelitas de Sta. Teresa, JerĂłni-­ mos de La Ă‘ora y hasta los frailes de Sta. Cata-­ lina del Monte. Por Ăşlti-­ mo los dominicos. DetrĂĄs procesionaron los cabil-­ dos de pĂĄrrocos y de la Catedral arropando al Obispo “16 A la comitiva que partiĂł

de la Catedral, se sumaron cientos de curiosos, el alcal-­ de y los regidores. Cuando llegaron al lugar la mano negra comenzĂł a seĂąalar. El Obispo pensando que buscaba a alguien. OrdenĂł TXHVHKLFLHVHXQDJUDQĂ€OD y que todos pasarĂĄn por de-­ lante de la mano Âża ver a quien requerĂ­a?. AsĂ­ fueron pasando todos hasta llegar a Juan Blazquez, Prior de los dominicos, al que la mano volviĂł a seĂąalar con ahĂ­n-­ co. Éste, resignado, cogiĂł el lignun crucis del obispo y entrĂł en la torre. Dicen que media hora mĂĄs tarde saliĂł pidiendo papel para escribir volviendo a internarse en la FDVD &XDQGR SRU Ă€Q VDOLy todos los presentes se es-­ tremecieron. Su cabello se habĂ­a vuelto blanco y el se habĂ­a convertido en un an-­ ciano que con voz quebrada anuncio : “..he jurado no decir nunca 16 BotĂ­as A. Murcia secretos y leyendas

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El motivo de este pro-­ digio. La mano negra no aparecerá más, a condi-­ ción de que nadie se ocu-­ pe de esto..17 Fray Juan Blazquez, vi-­ vió unos pocos años más sin volver a salir del convento. Donde dedicó todas sus no-­ ches y días a mantener en-­ cendidas las lámparas del Santísimo. Otros muchos palacios hubo en esta Murcia que hoy día son leyenda. Pero OH\HQGDGHLUUHÁH[LyQGHOD Murcia desarrollista de los años cincuenta que cambio, gran parte del patrimonio urbano de la ciudad por una falsa modernidad estulta y provinciana. Por supuesto con el consiguiente cobro de las treinta monedas. (QWUHHVWRVHGLÀFLRV\SD-­ lacios desaparecidos pode-­ mos recordar: Los baños árabes de Calle Madre de Dios 1953

Palacio de los Riquelme, ca-­ lle Jabonerías 1967 Huerto de las bombas, hoy en el Malecón. Palacio del Marqués de Or-­ doño 1976 Palacio de los Vélez, hoy día el tontódromo. El contraste de la seda, en plaza de Sta. Catalina, hoy (GLÀFLR GH /D 8QLyQ \ (O Fénix. 1922 El Matadero viejo, su facha-­ da en el jardín de Florida-­ blanca. El palacio Meoro o D`Estoup. Plaza de Sta. Eu-­ lalia. 2000 El palacio de Los Pérez Cal-­ villo en plaza de las Balsas etc. La Murcia barroca pudo haber sido una hermana menor de la Florencia re-­ nacentista. Tienen algunas similitudes, un valle, un río y muchos nuevos ricos. La principal diferencia es que en Florencia, “ los nuevos ricos “ sirvieron para man-­ tenerla y aquí para no en-­ mendarla.

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IX LOS MORISCOS

Moriscos los atavíos y moriscas las maneras y moriscas las costumbres son en mi tierra...” V. Medina Aires murcianos.

Los siglos parafraseando a Bórges son una red de triviales miserias. Y los XII siglos murcianos no lo son menos. De aquí, como del resto de España se ex-­ pulsó a los moriscos, un poco por miedo -­La posible connivencia de éstos con los piratas berberiscos o la su-­ blevación de las Alpujarras-­ (qué bonita historia la de D. Fernando de Córdoba y Valor / Aben Humeya ) y un mucho por negocio habida cuenta que las posesiones de los moriscos pasaban a la corona y quedaban salda-­ das las deudas que con ellos se tuvieran contraídas. ) La ley de expulsión no se aplicaba a los menores, que quedaban bajo la tutela eclesiástica, ni a los escla-­ vos, dándose casos de mo-­ riscos que se entregaban, voluntariamente,como sier-­

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vos para no abandonar el territorio. Sobre los menores cabe destacar el estudio de Jeró-­ nimo García Servet “ Cas-­ cales frente a su oscuro linaje “ Donde investiga la posibilidad de que El Licen-­ ciado fuera un niño moris-­ co o un desliz de la dama... Doña Leonor, víctima de un desliz amoroso, se en-­ contró con un fruto La so-­ lución que debió encon-­ trar la desdichada dama para poder presentar el hijo espúreo ante las actas eclesiásticas y las aguas sacramentales fue ODGHÀJXUDUTXHVXKLMR había nacido de algu-­ no de sus esclavos y que ella, generosa y deseosa de rescatar tan tierna criatura para nuestra fe, accedió a bautizarla dándole además su ape-­ 95


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OOLGRDOQHyÀWR La expulsión fue critica-­ da incluso por el Cardenal Richelieu como “ el consejo más osado y más bárba-­ ro de todos los anteriores siglos “ En Murcia muchos mo-­ riscos había. El informe del capitán general del reino el 9 de enero de 1611 dice:.. “Los de los barrios de Murcia …están tan ladi-­ nos en la lengua, traje, costumbres y tan mezcla-­ dos con cristianos-­viejos que ya se afrentan de que les diga nadie lo contra-­ rio y ésta es la mejor ca-­ lidad de gente... 0XUFLDQRV  HUDQ DO ÀQ aquellas familias expulsa-­ das que siguen trasmitien-­ do como herencia, aún hoy día, las llaves de las casa que habitaron en Murcia. Queda recogido en los anales un caso que aun-­ que no se produjo en Mur-­

cia bien podía extrapolarse aquí: .” el morisco Luis López que, poco antes de ser ahorcado en Sevilla, declaró que prefería mo-­ rir ahorcado en su tierra que en cama en tierra de moros 17 Entorno a trescientos mil moriscos fueron expulsa-­ dos. Gran cantidad de ellos fueron acogidos en Francia, Alemania y norte de África ( dónde una amplia colonia hispanohablante mantuvo sus costumbres hasta bien entrado el S.XVIII. Cuentan que construyeron un teatro y representaban Obras de Lope.) Pobres charnegos. Moriscos de aquí fueron: el pastelero Luis de Men-­ doza, que tenía su obra-­ dor en la actual plaza de la Cruz, que vendió sólo diez días después de dictada la orden de 17 Mira Caballos E. Unos se quedaron y otros vol-­ vieron. Moriscos en la Ex-­ tremadura del XVII

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San Antolín fue una de las parroquias que la piedad invasora de los conquistadores levanto cerca de la arrixaca, 97 reservada a los moros


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expulsión. Don Luis embarcó con toda su fa-­ milia en el puerto de Car-­ tagena para no regresar jamás 18 O los negros que en la_morería de Murcia... eran muy habilidosos to-­ reros; los cuales ayuda-­ ban, como esclavos, a los Riquelmes, Puxmarines, Vozmedianos y otros ca-­ balleros linajudos en la lidia de a caballo,.19

Ios justicias”.20

tria y fue objeto de engaño.

En el marco de las rela-­ ciones entre grupos étnicos ha quedado la leyenda del moro y la prostituta que más o menos decía así:

(OÀQDOGHHVWDVIDPLOLDV lo desconocemos, lo mismo sufrieron la venganza de sus antiguos hermanos de fe, cuando llegaron a Orán o tal vez volvieron, como dice la carta del conde de Salazar a Felipe III:

Bajando al mercado de Murcia un moro de nombre Mahomet desde su Cieza natal quedo prendado de una moza de partido a la que requirió favores. Ésta rehusó la oferta por miedo al ejemplarizante castigo si la coyunda llegaba al cono-­ FLPLHQWRGHOVDQWR2ÀFLR$ esto apareció en la historia Juan de Dios, alcahuete, que disfrazando de cristia-­ no al moro, lo llevo a casa de la coima donde pecaron contra el sexto.

“En el Reino de Mur-­ cia, donde con mayor des-­ vergüenza se han vuelto cuantos moriscos salie-­ ron, por la buena volun-­ tad con que generalmen-­ te los reciben todos los naturales y los encubren

El oculto trato, fue conocido después por las autoridades que elevaron consulta al Consejo Realque condenó a la máxima pena al moro y al truhán y eximió de condena a María Hernán-­ dez que ejercía su indus-­

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18,19 y 20 Botías A. Murcia secretos y leyendas

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X LAS GENTES “…su primera más exclusiva y marcada circunstancia en ser perezoso; como su hijo esté a “mano”, no se proporcio-­ nará él la “corvilla” que necesita; aunque esté a dos pasos de distancia del “jarrero”, la ha de pedir a su mujer una jarra para beber agua (…) si sabe mil “sendas” y “veredas” y “trochas” para ir al molino, y a casa del compadre y a la del barbe-­ ro, es por andar lo menos posible (…) cuando se trata de su bien sabe más que un dómine de latinidad (…) habla poco… el que sale hablador es fanfarrón y miente mucho; es astuto, perspicaz y algún tanto variable, ya aun-­ que parezca una contradicción, en medio de su extremada pereza es lige-­ ro como el viento cuando quiere (…) Sabe por precisión… tocar en la guitarra lo menos un “fandango”, unas “malagueñas” y las “torras” de la huerta de Murcia; con mucha o poca voz… todos cantan también; los más con gracia (…) Por lo regular siempre está alegre y con-­ fía en la Providencia apuño cerrado. Por otra parte es honrado en su pensar; re-­ ligioso, dócil, habla con decencia, es valiente y jamás traicionero (…) extremadamente sobrio, no es esplendido pero tampoco cicatero; vive y muere sin tener nada alconado…” “Semanario Pintoresco Español”, 1847, Luis Alarcón y Fernández Trujillo

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Hacer frontera durante doscientos años con los rei-­ nos de Granada y Aragón no facilitó la repoblación del territorio. Los más de los nuevos pobladores eran gente de aluvión, indivi-­ duos del bronce, a quienes como único requisito se les pedía la permanencia en la ciudad y el mantener ar-­ mas para su defensa según la condición de cada cual. Estos individuos forjaron la leyenda. Si en Francia al regicida se le descuartizaba y martirizaba. En España con sorna, se le enviaba a Murcia.

De las veinte campanas de la catedral ( entre ellas, la campana de los conjuros también llamada de los moros y la Nona que toca-­ ba a las tres de la tarde. ) o por la campana del reloj de la Iglesia de Sta. Catali-­ na (Ésta en un principio to-­ caba al-­arma y con el paso del tiempo tocó a la queda ) sonando las diez, toque de queda y prisión en la “cárcel de enamorados” para el que fuese hallado en las calles ) también sonaban en Mur-­ cia los cuernos o caracolas, que anunciaban las tandas de riego.

Con el paso de los años, el común fue gente honrada. Trabajadores pendientes siempre del cielo como palo-­ mistas, buscando esa lluvia a veces excesiva y a menu-­ do escasa. Regulada su vida por los toques de campana.

Nos muestra Fuentes y Ponce, algunos tipos curio-­ sos de la Murcia del XVII: El Rodrigón, moda vene-­ ciana, de guardaespaldas para damas: detrás em-­ bozados van guardando 101


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AlmudĂ­, plaza donde se jugaba a las cartas

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seĂąoras, dueĂąas y don-­ cellas, armados como si ĂĄ embestir fueren ĂĄ toda hora en sangrienta bata-­ lla: soldados de los ter-­ cios fueron algunos des-­ tos valientes del voto va, TXH DĂ€FLRQDGRV VH KDQ mucho ĂĄ blasfemar, y ĂĄ embozarse amenudo en la capa y en las copas; y echando la lengua de va-­ lientes Ăł huyen ĂĄ los pri-­ meros espadazos, Ăł dan razĂłn al refrĂĄn de ÂŤCaen pronto los valientes y el buen vinoÂť. Otros aparecen, tambiĂŠn en el relato, de Fuentes y Ponte, sobre la clausura a “cal y cantoâ€? de las ven-­ tanas del convento de San-­ ta Isabel. Motivado por las disputas que se organiza-­ ban a pie de reja por cor-­ tejar las novicias. En estos altercados aparecen dibuja-­ dos dos de los tipos huma-­ nos que con diferente nom-­ bre se irĂĄn manteniendo en los posteriores siglos hasta nuestros dĂ­as:

“...dos chulillos de mucha valona, cabello atrĂĄs atado, capa raida, lazos y toquilla y estoque largo, ... y un lindo mĂĄs UHĂ€QDGRTXHD]~FDUFDQ-­ de, con capa clarĂ­sima de Venecia y con cabeza tal, que la vista quitĂĄba-­ les; uno dijo: ÂŤtodo el pelo que contemplas es posti-­ zo, trae de-­ bajo jaulica como las mujeres para el moĂąo: estando vestido llega un criado con una cervatana y le cisca la cabeza con polvos que de Roma, dicen, traen y se hacen raĂ­z de lirio perfu-­ mado...â€? Y tras el cachon-­ deo llegĂł la bulla.

currutacos , así mismo divi-­ didos en: petimetres, pirra-­ cas y madamitas.

Divide el maestro García Abellån la picaresca mur-­ ciana en cuatro segmen-­ tos: Currutacos, golfantes, huertanos y campesinos.

De golfantes, de gente GHVRĂ€FLDGD \ StFDUD GH ORVYDJRVSRURĂ€FLR tam-­ biĂŠn tenemos datos “ese murciano bruĂąido, ma-­ gro de carnes, desvergon-­ zado y listo, cristiano de raza y pecador por ten-­ dencia irreprimible...â€? “... rondador de calles, habitual de tabernas,

La normalidad nunca fue noticia, y aquĂ­ no va a ser excepciĂłn. Llaman la atenciĂłn los

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No se trata de homo-­ sexuales (a estos, divulga-­ dores del pecado nefando, se les castigaba ejemplar-­ mente. En 1603 quemó la inquisición por afemina-­ do a un joven conocido en toda Murcia por el hijo del aldabón y aùos despuÊs es-­ capaban con suerte si solo se les daba doscientos azo-­ tes y siete u ocho aùos en el presidio de Orån ) Estos petimetres, son burguesitos seguidores de la modas de )UDQFLD DÀFLRQDGRV DO MXH-­ go y a la vagancia.

frecuentador de merca-­ dos y carnicerĂ­a, por si hay que echar una mano. Y jugador por querencia de la sangre. 21 El juego arrasa en Mur-­ FLD HQ SRVDGDV \ Ă€JRQHV en la plaza del mercado, en los porches de VerĂłnicas o en la plaza de Sta. Catalina incluso en casas de gran-­ des seĂąores como la de Don Ventura AyllĂłn ( Donde en-­ contraron los justicias un garito con mesas de troncos ) o en la del mercader Ga-­ turno. En 1778 el corregidor ma-­ yor organiza una redada o captura de ociosos “para que se vea de aplicĂĄrse-­ les a las Armas o los Rea-­ les Arsenalesâ€? Las cuerdas se nutren de mozos como Juan Trigue-­ URV FDOLĂ€FDGR SRU HO $O-­ calde mayor de “vicioso, vago, mal entretenido, escandaloso y jugador de naipesâ€?: de poco o

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nada sirve que el propio -XDQ DÀUPH \ MXUH TXH “se exercita en buscar la vida a lo que sale” y que, en cuanto a que sea “di-­ vertido con las mujeres, a su edad, nada de extra-­ ño tiene...” Y otros golfantes apa-­ recen: un revendedor de hortalizas con fama de alborotante, asiduo a bailes; este Juan Reyna, que así se llama, prota-­ goniza con verismo el tipo de murciano inso-­ lente, pues de la indaga-­ ción resulta que “es tan osado que hasta con los ministros de Justicia se desberguenza tratándo-­ les y ultrajándoles de palabra”. También otro ...carece de aplicación al trabajo y “no se ocupa más que en tocar la gui-­ tarra todas las noches por las calles, cantando coplas deshonestas, e in-­ citando a otros sugetos de corta edad a hacer lo mismo”...Otros más

Pareja con estos malen-­ tretenidos hacen las lla-­ madas Coimas o mozas de partido.

Quirós, en 1618, levantar el Asilo de Arrepentidas. -­Lo que después ser cono-­ cería como las Oblatas-­. Lugar donde guardar a las pecadoras en determina-­ das fechas del año. De ahí viene el refrán “estar como puta en cuaresma” de vez en cuando se las obligaba a GHVÀODU FRPR S~EOLFD SHQL-­ tencia. En 1774, un cortejo penitencial de doce mujeres públicas, de treinta que en la Cárcel había, recorrie-­

Las casas de Mancebía, como ya dijimos se encon-­ traban del convento de Sta. Clara hacia la arrixaca nueva. La cercanía al cole-­ gio de San Esteban hacen recomendar su traslado a comienzos del XVII. Los burdeles se mudan a las Eras del Belchí, cercanos a la entrada del camino real de Castilla, Lo que después se conocería como Calle de la Mancebía, Cuesta de la Magdalena y hoy Calle de la Magdalena. En este lugar ordenó el regidor Francisco

21, 22, García Abellán J. La otra Murcia

José Soto, por nombre de fama el berraco, pesador de pescado en la reja; Fé-­ lix Fernández, de recono-­ cida “mala lengua”; Pe-­ dro La Cruz, de mote el berberisco, desocupado, sin dependencia y hasta apaleador del Alcaide del matadero..22.

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ron Murcia hasta la Casa de Galeras, o de Santa Ma-­ ría Magdalena. /RV GHVRÀFLDGRV TXH IDO-­ tan son los Gitanos, aunque nómadas, con querencia a estas tierras de Murcia como muestra Cervantes en “la Gitanilla”. Estos apa-­ recen en dos pragmáticas una de expulsión del reino en 1749 y otra concediéndo-­ les la ciudadanía en 1783

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XI DESASTRES Y CALAMIDADES Desde que se tiene noticia Murcia ha convivido con de desastres y calamidades: ...”y en aquel día, el corregidor que lleva-­ ba la estadística de los muertos cada veinte y cuatro horas,sumó novecientos, rompió la pluma al llegar a este número y esclamó: -­ Sumenme a mi también...” Diaz Cassou. Historias y Leyendas

En 1545 y 1551 el Segura tuvo dos grandes inunda-­ ciones. La peste de las Pintas de 1558 cuando la ciudad fue abandonada incluso por el Obispo y el Santo Tribunal de la inquisición, que tam-­ bién se llevo a los herejes para ajusticiarlos un año después cuando volvió. La epidemia del 1600 cuando el ayuntamiento instituyo la romería de San Antonio. Las Inundaciones de 1615 y la hambruna de 1628 cuando el Obispo Trejo dio

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cuanto tenía para sustentar a los necesitados. De nuevo las inundacio-­ nes de 1645 y la consiguien-­ te hambruna, favorecieron la creación de muchas par-­ tidas de bandidos, hasta el punto que las autoridades dictaron un bando de re-­ compensa de 100 ducados por hombre vivo y 50 por muerto ( vivos fueron entre-­ gados pocos pero muertos más ,de 300) Al hambre le siguió la peste de Valencia que solo dejó un feligrés en la parroquia de san Pedro y se cuenta que la plaza de Sta. Catalina se lleno de hierbas de no pisar gente por ella .. El corregidor y ayuntamiento lograron concediendo perdón de los delitos y gruesos sa-­ 109


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larios organizar un ser-­ vicio de treinta hombres ( a los que se vistió de nazarenos por no tener otro atavío y para darles algún distintivo ) para recogida de cadåveres. 23 tambiÊn se organizó una gran procesión y a ella se presento un pecador pú-­ blico, llevando atado al cuerpo, cara con cara, un cadåver... el extra-­ ùo penitente cayó muer-­ to antes de terminar la procesión. 24 Sobre esta peste de Valencia recoge Cassou en las leyendas de la virgen del Carmen la historia del Tío Camåndu-­ las. Un albaùil pobre de recursos y rico de virtu-­ des que teniendo a su hija enferma y no encontrando sitio donde le socorrieran ni en trabajo, ni en limosna. Acudió a la iglesia del Car-­ men donde una seùora en habito carmelita le estuvo proporcionando guisos has-­ ta que le epidemia pasó. 23, 24 Diaz Cassou P. Historias

y leyendas

Con lo que pudo subsistir el y su hija. Cuando vol-­ vió a agradecer a la que el suponía monja sus desve-­ los, algún vecino le contó no regresado, le contó que los frailes se habían ido al empezar la epidemia, hacia mucho, y que no habían re-­ gresado. En 1651, ocurrió la ce-­ lebre riada de San Calixto, en la que el agua llego a los púlpitos de la Catedral. Mil quinientos muertos y un caudal de 1700m3 /s En 1652 la peste de Za-­ ragoza en la que no encon-­ trando la población cura a la enfermedad a la gente le dio por beber los orines de los enfermos. 25 para sanar con el consi-­ guiente desastre.

Orån. En 1684 una gran hambre se abatió sobre la ciudad. Hasta tal punto que se asaltaba a la gente por las calles de la ciudad en ple-­ no día. Se impuso el to-­ que de queda a partir de las diez de la noche con el reloj de Santa Catalina. Encerrando a todo aquel que se encontrase en la calle salvo que fuese a por medico o por el viåtico. Ante los ruegos del Con-­ cejo, dado el clima de inse-­ guridad que se vivía. El rey mando a Murcia ,para ins-­ taurar el orden, al Corregi-­ dor Pueyo.

En 1653 y en 1672 otras dos riadas que destrozaron el malecĂłn

La brutalidad de Pueyo superó las expectativas del concejo. De entrada, condenaba a cien azotes a las prostitutas que fue-­ ran sorprendidas, por vez primera, con su ru-­

En 1677 la peste de Ingla-­ terra y en 1678 la peste de

25,26, 27 BotĂ­as A. Murcia secretos y leyendas

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ÀiQ TXLHQ VH H[SRQtD D perder su pie izquierdo si reincidía. Peor era ser descubiertos una tercera vez en las calles, porque entonces, según la ley, ´HOUXÀiQ\ODSXWDVHUiQ ahorcados�.26 Con los la-­ drones tampoco tenía com-­ pasión: Condenó a varios la-­ drones a ser azotados en Santa Catalina, enton-­ ces la plaza pública de la ciudad. No contento con el castigo de cien azotes para cada uno, ordenó que les arrojaran pez hirviendo y los arrastró por la ciudad para es-­ carmiento público...27 El corregidor Pueyo era aragonÊs y obcecado. Él mismo realizaba rondas nocturnas para ver que sus órdenes se cumplían. Sabe-­ dores de esto, algunos de los múltiples enemigos que se había creado, le embos-­

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caron una noche llegando a la puerta de Vidrieros, disparåndole y dåndole por muerto. El milagro vino de la mano de la virgen del Pilar. Que salvó la vida del corre-­ gidor por un medallón de su advocación, que Êste porta-­ ba al cuello y en el que se alojó la mortal perdigonada. Agradecido y devoto, Pueyo mandó construir la ermita del pilar para conmemorar el suceso.

producida lo que motivo la hambruna de 1735 y la apertura de Reguerón. En 1773 y 1776 se cun-­ tan otras dos riadas, en la última el agua llego al altar mayor de la iglesia del Car-­ men. En 1781 otra hambru-­ na. (Q  \  OD ÀHEUH amarilla.

En 1694 una inundaciĂłn arrasĂł la contraparada.

En 1815 y 1816 otra vez el hambre. Y en 1834 el có-­ lera.

En 1701 una riada se lle-­ vo el antiguo puente de pie-­ dra y en 1707 otra deshizo el puente provisional de madera.

En 1829 una serie de te-­ rremotos abrieron la cúpu-­ la de la catedral e hicieron sonar las campanas por si mismas.

En 1710 una inundación desniveló el primigenio in-­ mafronte de la Catedral hasta el punto que hubo que derribarlo.

En 1834 una nueva epi-­ demia causó mås de 10.000 muertos. Los cadåveres ya no se enterraban, se tira-­ ban al Segura o a las ace-­ quias.

En 1733 tuvo lugar la mayor inundaciĂłn nunca

En 1854 y 1865 otras dos

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Ermita del Pilar donde atacaron al Corregidor

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epidemias de cólera Y en 1879, la riada de Sta. Tere-­ sa con mil muertos y un cau-­ dal de 1800 m3/s. En 1884 el desbordamiento del se-­ gura inundó la capital y su huerta. D. José maría Mu-­ ñoz dio dos millones y pico de reales para paliar los da-­ ños y la ciudad agradecida le levantó una estatua en la plaza de Camachos. Hoy GtDDOÀQDOGHO0DOHFyQ En 1885 otra vez el cóle-­ ra y en el siglo siguiente la gripe. Como hemos visto a cada riada le seguía la hambru-­ na y a esta las epidemias. El murciano estaba cur-­ tido en ontología, en esta auténtica teoría de la reali-­ dad. Solo podía enfrentarse al escepticismo a través de su religiosidad. Levantan-­ do ermitas a cada epidemia que se superaba. La ermita de San Blas, a la peste de las anginas, cuya romería se sigue celebrando en Sta.

Eulalia, la ermita de San Antón, donde los agustinos curaban el fuego de San An-­ WyQRIXHJRGHOLQÀHUQR HU-­ gotismo), la romería de San Antonio por otra epidemia, las rogativas a la Fuensan-­ ta, los rezos a San Cayeta-­ no, que quita las calenturas;; a San Antonio, que restitu-­ ye los objetos perdidos y los conjuros que se realizaban desde los conjuratorios de la torre de la catedral para alejar las nubes. El murciano convive con el milagro pero no nos con-­ fundamos su religiosidad práctica, casi panteísta. No le convierte en un “meapi-­ las” ahí esta el refranero: “AI santo que mea, arríma-­ le tea”

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Ermita San Antón

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XII LA FUENSANTA

” ¡Virgen de la Vega! 5HLQDGHOJUDQGLRVRPLODJURGHÁRUHV que llena los templos de incienso oloroso y enciende en las almas sus bellos amores...” Jara Carrillo

En la Sierra del Valle-­Ca-­ rrascoy, entre las pedanías murcianas de Algezares y La Alberca, hay vestigios arqueológicos que demues-­ tran la presencia de po-­ bladores en la zona desde antiguo. La Basílica paleo-­ cristiana de Algezares, ex-­ votos ibéricos de Sto. Ángel, etc. Los restos encontrados en torno al centro de interpre-­ tación del valle ( según A. 5DEDGiQ  SDUHFHQ FRQÀU-­ mar el culto a la diosa De-­ méter. Uno de cuyos atribu-­ tos era señora de la Luz. En la zona conocida como monte del Hondoyuelo exis-­ te una fuente ( Fuen-­santa ) ya considerada como lu-­ gar sagrado desde antiguo. Allí hay constancia de una ermita desde el s.XV a cuyo cargo estaba el ermitaño

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Pedro Busquete. Sobre la virgen que se guardaba en dicha ermita hay contradicciones es po-­ sible que se tratara de una imagen goda o tal vez una imagen votiva ibérica. En cualquier caso dicha ima-­ gen fue sustituida en el S. XVII por la virgen de las Fiebres ( por orden del obis-­ po Trejo) que se encontraba en el trascoro de la Cate-­ dral y sobraba allí al hacer la reforma del mismo.. Esta imagen gótica de madera estofada, con las posteriores restauraciones ( Roque López, s. XVIII y la adaptación del niño que se le atribuye a Salzillo ) se convirtió en la imagen de bulto para vestir que cono-­ cemos ahora. La sierra de Salé, ya en

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el S. X dio cobijo a fray Higi-­ nio “el portugués” que habi-­ tó cueva y ermita del Espí-­ ritu Santo. A partir del s.XV las cuevas se llenan. En la cueva de San Miguel,habitó Juan el pobre, que daría lu-­ gar a la ermita de San An-­ tonio el Pobre. En la cueva de la yedra, Miguel de la Caridad, antes Don Miguel de Valdivia general de su majestad. En otras tuvie-­ ron morada Pedro Busque-­ te, Rodrigo Fajardo o Fran-­ cisco de Santiago (Soldado de los Tercios que vivió en una cueva del valle del Hondillo.) Estos eremitas fueron recogidos por el obis-­ po Belluga en el Santuario de la Luz. Figura relevante entre estos anacoretas es Francisca de Gracia ( Bal-­ tasara la de los ojos lascivos ) que tras su estancia en Murcia con la compañía de teatro de Andrés de Clara-­ monte sintió la llamada del señor. Entregando el resto de su vida a la oración , jun-­ to con su marido Juan Bau-­ tista Gómez, en la llamada

cueva de la cómica y todos sus bienes al santuario. En 1694 se llevó la virgen de la Arrixaca, patrona de la ciudad, a la Catedral para celebrar rogativas, dada la gran sequía que asolaba Murcia. Más la sequía no cesó. El cabildo catedralicio y los padres capuchinos , buscando nuevos remedios, sugirieron bajar a la virgen de la Fuensanta -­ antes, virgen de las Fiebres -­ en rogativa y no solo llovió sino que incluso nevó. La fama de esta imagen creció en de-­ trimento de la de la Arrixa-­ ca, cuyo culto empezó a de-­ clinar. En 1702 otra sequía y tras procesionar a la ima-­ gen de la Fuensanta otra nevada. Ante estos prodigios en el 1731 La Virgen de la Fuensanta. “La Moreni-­ ca “ fue nombrada patrona

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Santuario de la Fuensanta

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de Murcia y de su huerta (ante el disgusto del Obispo y los frailes Agustinos que ejercían el patronato de la Arrixaca ) En la guerra de la inde-­ pendencia fue nombrada Generala de las tropas es-­ pañolas, de ahí su bastón de mando y su fajín.

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Colegio de arquitectos, antigua Inqui sición

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XIII LOS BANDIDOS SegĂşn Cassou entre los pequeĂąos altares o capilli-­ tas de la pared del coro de la Catedral. Se encuentra una bajo la advocaciĂłn de Sta. BĂĄrbara y esta es su historia: las pragmĂĄticas del 19 de septiembre de 1783: “Reglas para conte-­ ner y castigar la vagancia y otros excesos de los llamados gitanosâ€?, y la del 24 de junio de 1784, sobre el “modo de proceder la justicia en la persecuciĂłn de los gitanos, vagos y demĂĄs bandidos, salteadores y facinerososâ€?. Y en ninguna aparece, “ni murcio, ni murciano, ni cosa que se le parezca, ni en la restante legislaciĂłn sobre gitanos, promulgada desde el siglo XV (NovĂ­sima RecopilaciĂłn, libro 12, tĂ­-­ tulo XVI), ni en las leyes sobre ‘vagos, ociosos y mal entretenidosâ€?. Juan Arias “El PaĂ­sâ€?

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Salieron de Cartagena con dirección Murcia unos frailes jerónimos y por el camino conocieron a MosÊn Bårbara Fato. Comerciante genovÊs que venía a cele-­ brar las nupcias de su hijo. En el trayecto, se solía em-­ plear tres días, los frailes hicieron alto en una venta y avisaron al genovÊs del gran peligro que corría atra-­ vesando de noche el puerto del Morrón ( hoy puerto de la Cadena) dado que anda-­ ba por allí el bandido Abda-­ lå, que robaba y cortaba la cabeza a todos los viajeros con que topaba.

El seĂąor Fato querĂ­a lle-­ gar a tiempo a la boda y se aventurĂł a cruzar el puer-­ to. No sin antes recordar-­ le a los frailes que aĂşn en el caso de ser asaltado no morirĂ­a sin confesiĂłn pues Sta. Barbara (como tal era su gracia ) HabĂ­a manteni-­ do con vida a algunos casos probados hasta conseguir la extrema unciĂłn. El padre guardiĂĄn Des-­ pertĂł a medianoche, una voz le reclamaba -­ “ padre guardiĂĄn venga y no tarde que me ha de oĂ­r en confe-­ siĂłnâ€? “padre guardiĂĄn soy Fato estoy en el puerto, en el barranco de las escaleras “ El pobre fraile se encami-­ nĂł al puerto diciendo cada hombre debe tener el va-­ ORUGHVXRĂ€FLR$EGDOiHO de asesinar y robar y yo el de sacramentar a sus victimas. Cuando encon-­ 123


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tró la cabeza y la coloco sobre el cuerpo Êsta con-­ fesó sus pecados y escu-­ chó la absolución la ab-­ solución. Giovanni Fato levantó la capilla de Sta. Bårbara para enterrar a su padre muerto por el bandido Abdalå en el puerto de la cadena. La virgen del Carmen, cuenta D. Pedro D. Cassou: ha inspirado siempre... una rara devoción a hombres muy malvados... Fue en diferentes Êpocas VDFUtOHJDPHQWH DÀOLDGD a compaùías de ladro-­ nes, y aún elegida capi-­ tana de alguna de ellas, dåndosele la parte del botín correspondiente... La creencia de que virgen del Carmen es patrona y protectora de los ladrones. Viene de un antiguo cua-­ dro que decoraba el claus-­ tro de los carmelitas calza-­ dos (cerca de lo que hoy es Alameda de Capuchinos ) En este cuadro la virgen del

Carmen estaba inclinada hacia un pecador y lloraba por el mientras a este se lo llevaban dos demonios. DecĂ­a la tradiciĂłn popu-­ lar que este condenado era el CapitĂĄn Malasangre y esta es su historia: Malasangre no tuvo una buena acciĂłn en su vida, con la salvedad de entregar religiosamente al cepillo de la Iglesia del Carmen, una parte del botĂ­n , como si de un bandido mĂĄs se tratase, de cada fechorĂ­a que come-­ tĂ­a su partida. Pero como en el refrĂĄn, “no hace tanto la zorra en un aĂąo como paga en media horaâ€? El malvado capitĂĄn tuvo su San MartĂ­n. Fue colgado y descuartizado. Yendo a parar su cabeza a la puer-­ ta del Puente como pĂşblico escarmiento. El segundo de VX SDUWLGD SDUD UHDĂ€UPDU su liderazgo, decidiĂł, una noche, ir a descolgar la ca-­ beza de su antiguo jefe. Y cuando estaba en tal tran-­

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La Iglesia del Carmen

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ce, la cabeza le hablĂł. Le contĂł el juicio de su alma, donde el ArcĂĄngel San Mi-­ guel dejaba caer en una balanza, las acciones ma-­ las y buenas y cuando todo estaba perdido( Porque no habĂ­a realizado nunca una buena acciĂłn ) las lĂĄgrimas de la virgen del Carmen, so-­ bre el platillo de la balanza, la equilibraron y su alma se salvĂł. El lugarteniente avisado profesĂł en los capu-­ chinos y en su Ăşltima hora, confesĂł a la congregaciĂłn estos hechos que por ello se conocen. Desde el S. XV contaba Santo Domingo con hor-­ ca y picota, sustituida en el XVIII por el garrote. La prĂĄctica totalidad de las ejecuciones se celebraron allĂ­, con la salvedad de las ejecuciones militares que se hacĂ­an en el arenal y las del 6DQWR2Ă€FLRTXHVHUHDOL]D-­ ban en el hornillo instalado al otro lado del rĂ­o. En lo que aĂąos despuĂŠs fue patio de “ la posada de La Paja “

donde sobre “unos hierros antiguosâ€? se asaban hasta hace poco las costillicas de cordero. Bandido famoso Jaime Alfonso “el Barbudoâ€? natu-­ ral de Crevillente. Tuvo su ĂŠpoca de gloria durante la Guerra de la Independen-­ cia. Al terminar esta siguiĂł con sus pillajes. Su fama de bandido romĂĄntico y ge-­ neroso se debe a lord Car-­ narvon y al barĂłn Taylor, a quien sirviĂł de escolta en su viaje por las tierras de Murcia. Con la llegada de Fernando VII tomĂł parti-­ do por los absolutistas y se convirtiĂł en verdugo de los liberales. Durante el trienio liberal, asaltĂł pueblos y fu-­ silĂł alcaldes. Con la vuelta al poder de Fernando VII, El barbudo, solo era un in-­ conveniente, parece que con la promesa de indulto lo atrajeron a Murcia donde fue ahorcado en Santo Do-­ mingo en la maĂąana del dĂ­a 5 de julio de 1824. El ban-­ dolero fue descuartizado y

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sus restos se frieron. Para poder trasladarlos a los cin-­

co pueblos donde mås parti-­ darios tenia.

� ...

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XIV LOS INGENIOS Y LOS ARTISTAS

hablaron del aljezareño patricio ilustre D. Diego Saavedra Fajardo, que ha llegado á ser valido del Rey y su Consejero, dando su ingenio famosos libros de gobierno. Hablóse de poetas por Polo de Medina, y dijo que él traía pruebas de la agudeza de ingenio de los licenciados D. Francisco de Cáscales y D. Bartolomé Ferrer...” Fuentes y Ponte

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En la antigüedad del Rey Sabio, Jofré de Loaisa. Au-­ tor de “las Crónicas de los reyes de Castilla” con pala-­ cio familiar en la plaza Jou-­ fré. El maestro Jacobo de las Leyes a quien debemos ´/DVÁRUHVGHOGHUHFKRµVR-­ EUHFX\DFDSLOODVHHGLÀFyOD torre medieval de la cate-­ dral. Sus restos se encuen-­ tran en la capilla del Corpus o de San Antonio. El mismo Rey Sabio cuyas entrañas se hayan en urna funeraria en un nicho, con dos heral-­ dos de piedra, a la izquierda del altar mayor. En tiempo de los Reyes Católicos. D. Diego Rodríguez Almela, capellán de la reina y autor de “Valerio de las Historias Eclesiásticas”. Sus obras fueron impresas en Mur-­

cia, en una de las primeras imprentas españolas. La de Alfonso Fdez. de Córdoba 1484. Almela está enterra-­ do en la capilla de la Visi-­ tación de la Catedral. Tras estos: Ramírez Pagán, ilus-­ tre poeta y teólogo, El zapa-­ tero, Ginés Pérez de Hita autor de la novela “Las guerras civiles de Grana-­ da”. Cascales, catedrático de retórica en el seminario de San Fulgencio y autor de “Los Discursos históricos de la muy noble y muy leal ciu-­ dad de Murcia”. igualmente merecen mención el drama-­ turgo Andrés de Claramon-­ te, Saavedra Fajardo y sus “Empresas políticas” y Polo de Medina , el mejor poeta murciano del XVII, En su obra “el buen humor de las

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musas�. aparece el romance de Catalina, una prostituta va cambiando de domicilio en Murcia según le va en su RÀFLR Catalina la Embustera La que en Murcia mereció Nombre de linda su cara, De falsa su condición. La que por su hermosura Vivió en la Puerta del Sol, Y en la Plazuela de Gracia Por las gracias de su humor. La que dicen que en su casa Es Molino del Amor, Y sino la dio maquila La Posada del León. Quien vive en el Paraíso Para el à ngel que la dio, Y al saùuelo de su escudo

Es del Ă guila el CantĂłn.

Para sus hechizos hoy,

La que es calle de Cadena

Junto ĂĄ los Descabezados

Para quien se la feriĂł,

Me dicen que su mudĂł.

Y es calle de Adelantado

La Plazuela de los Gatos

En los gustos y el favor.

Es cierto que la pariĂł.

Por la rica LencerĂ­a

Pues luego le dice mĂ­o

La TraperĂ­a dejĂł,

En columbrando un doblĂłn

Y por tener puerta falsa

Es su amor tan quebradizo

A La Merced se pasĂł.

Que este vicio la trocĂł

Y al que mĂĄs franco la sirve

En puerta de Vidrieros

Y con lealtad la amĂł,

En la mĂĄs fuerte ocasiĂłn.

En el CantĂłn del Cabrito

En la calle Alta vive

Le da por manso mansiĂłn.

Si del que la enamorĂł

GuĂĄrdense della y su amante

En el CantĂłn de la Muerte

DespuĂŠs que viven los dos.

Su dinerillo espirĂł.

Él en la puerta del Toro,

Diego Clemencín, comen-­ tarista del Quijote. Los ro-­ månticos JosÊ Selgas, Anto-­ nio Arnao, Federico Balart, Los maestros Diaz Cassou y Martinez Tornel. El poe-­

Ella en la de la TraiciĂłn. Mas por registrar los dientes

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ta modernista Ricardo Gil, Frutos Baeza , poeta y es-­ pĂ­ritu de la huerta, Vicente Medina y sus “Aires mur-­ cianosâ€? asĂ­ como Jara Ca-­ rrillo, periodista y autor del himno a Murcia. De pintura,El gĂłtico, nos dejĂł en la Catedral: El reta-­ blo de Baltasar de MĂłdena. Con el Infante Juan Manuel y La reina Juana, su hija, tres imĂĄgenes policromadas -­Una piedad, un Santo Do-­ mingo y un San CristĂłbal ( dice la leyenda medieval que quien le rezara a San CristĂłbal no morĂ­a de peste en el dĂ­a. De ahĂ­ el enorme fresco en el transepto de la Catedral. Tan grande para que pudiera rezarle mucha gente.) La escultura gĂłtica, esta-­ ba muy vinculada a la ar-­ quitectura. En la catedral tenemos la Puerta de los $SyVWROHV *yWLFR Ă RULGR donde los apĂłstoles Pedro, Pablo, AndrĂŠs y Santiago aparecen entre los pilares 131


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del arco apuntado que hace de entrada. En las roscas deese mismo arco se dispo-­ nen los reyes de Israel. Esta puerta fue reformada en el XVIII perdiendo el parteluz y posiblemente los relieves superiores. Otras escultu-­ ras góticas de bulto redondo son La virgen de las Ca-­ rrericas, La virgen de la Arrixaca y la Virgen de las Mercedes de Puebla de Soto. En el renacimiento, des-­ taca, Hernando de los Lla-­ nos con los Desposorios de la Virgen, Juan de Vitoria, y su retablo con la Histo-­ ria de Santiago, hoy en el MUBAM, Hernando de Torquemada, con sus ale-­ gorías en el Almudí, Pé-­ rez de Arta y Salazar que realizarón la Capilla de Junterones. En el XVII encontramos a Juan de Toledo, que pin-­ ta la Batalla de Lepanto, cuadro que se encuentra en la iglesia de Santo Do-­

mingo, a Pedro Orrente, “el Basssano español” gran pintor de borregos, a Villa-­ cís, que realizo el retrato del corregidor Pueyo, a Senén Vila y su hijo Loren-­ zo o a Los hermanos Gilar-­ te. La escultura Barroca es SRFRVLJQLÀFDWLYDHQ0XUFLD hasta la llegada de Nicolás de Bussy que realizará la conocida obra del Cristo de la Sangre, en la parroquia del Carmen y el demonio de Orihuela. El trabajo de De Bussy marcó un antes y un después en la escultura ba-­ rroca murciana. Entre la gran cantidad de extranjeros que vinieron ( casi todos con residencia el el barrio de San Juan ) a la llamada de las nuevas construcciones que se esta-­ ban realizando aquí. Llega a Murcia desde Nápoles, Nicolás Salzillo y Antonio Dupar desde Marsella. Al fallecer en 1727 Nicolás legaría a su hijo Francisco

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(que estaba a punto de pro-­ fesar en los Dominicos.) el taller familiar. Pero eso es otra historia. A la muerte del gran es-­ cultor, su legado queda en-­ tre sus discípulos. El prin-­ cipal, Roque López, que realizó la Santa Cecilia del convento de las Agusti-­ nas de Murcia, restauro la virgen de la Fuensanta convirtiéndola en imagen para vestir y algunas de las ÀJXUDVGHO%elén de Salzi-­ llo En el XIX La Sociedad Económica de Amigos del País fue la gran impulsora del arte en Murcia con sus escuelas de dibujo y su polí-­ tica de becas. Rafael Tejeo, Clasicista, fue un gran re-­ tratista de la sociedad bur-­ guesa de la época.

Tampoco, La obra de Germán Hernández Amo-­ res, que recorre el neocla-­ sicismo, el romanticismo y los postulados nazarenos y prerrafaelitas. “Viaje de la Virgen y San Juan a Éfeso”. En Murcia, el costum-­ brismo del XIX se advierte en los temas huertanos Gil Montejano, Adolfo Rubio, Obdulio Miralles, Medina Vera, Seiquer y José Ma-­ ría Sobejano, con su cua-­ dro “Mientras rula no es chamba” Juan Antonio Gil Montejano con cua-­ dros como “Viático en la Huerta”, lo acercan a las escuelas de Barbizon, Corot y Millet. Por último la obra de Me-­ dina Vera, tiene similitudes con la de Sorolla.

No pueden omitirse Do-­ mingo Valdivieso,ni el ro-­ mántico, Luis Ruipérez Bolt.

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XV SALZILLO

Salzillo y su inspiración, ángeles guían sus manos. Tallan tu rostro, Señor, orgullo de los murcianos. Copla en los caramelos de Semana Santa.

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Francisco Salzillo na-­ ció en la calle de Las Pal-­ mas cerca del Plano de San Francisco. Hijo de Nicolás y de Isabel. Tuvo seis herma-­ nos. Estudió en el colegio de San Esteban. Posible-­ mente uno de los primeros colegios, entendido en el moderno sentido de la acep-­ ción, de España. Aprendió dibujo con el clérigo Manuel Sánchez. Estuvo de novicio en los dominicos hasta la muerte de su padre. Cuan-­ do la necesidad familiar le impelió a hacerse cargo del taller de su éste. Dirigió el taller siendo colaboradores sus hermanos José Antonio y Patricio. Se casó con Jua-­ na Vallejo de la que tuvo dos hijos. Nicolás que falle-­ ció al poco tiempo y María Fulgencia. A la muerte de su esposa, se implica tam-­

bién en otras tareas artís-­ ticas ( siguiendo las nue-­ vas ideas de la ilustración) Como las clases de dibujo de la Real Sociedad Econó-­ mica de Amigos del País. De esta sociedad queda su nombre en la calle donde estaba ubicada.-­Calle de la Sociedad-­. Salzillo, falleció en Marzo de 1783 y fue en-­ terrado en el convento de las capuchinas donde había profesado su hermana. Sus primeras obras ( La Inmaculada de Verónicas, La Sta. Lucía de San Bar-­ tolomé o la Sta. Bárbara de San Antolín ) están bajo la LQÁXHQFLD GH VX SDGUH /D rigidez, la disposición de las manos, la forma de termi-­ nar el cabello, etc. La Dolo-­ rosa de Sta. Catalina es la primera obra en que aban-­ 135


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Iglesia de JesĂşs

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dona los criterios paternos. Destacando el color y la sensibilidad de su talla. Francisco Salzillo con-­ sigue un estilo muy perso-­ nal partiendo de las obras del Marsellés Dupar y de ODV LQÁXHQFLDV GHO EDUURFR italiano a través de graba-­ dos, estampas, manuales de composición o de su mismo padre y del arduo estudio del natural en lo que res-­ pecta al movimiento, la ten-­ sión nerviosa o el vestido. De esta época es San José y el niño de Sta. Clara la Real ( donde destaca la imitación de las telas como si fueran brocados ) y el San Jorge del convento de las justiniánas de Murcia, obra maestra de armonía y equi-­ librio de volúmenes. La mejor escultura de Salzillo, su obra de pleni-­ tud, se realiza entre 1741 año de la Piedad de San Bartolomé ( virgen de las Angustias ) de Murcia y

1777 fecha en la que crea El grupo escultórico de la Flagelación de la Cofradía de Nuestro padre Jesús Na-­ zareno. El San Antón de la ermi-­ ta y el San Agustín de las agustinas constituyen dos de las mejores y más diná-­ micas piezas resueltas por el imaginero. San Francisco y Sta. Clara de las capuchi-­ nas muestran auténticas referencias sobre el misti-­ cismo. El San Jerónimo de la Ñora, es obra muy barro-­ ca y de las mas representa-­ tivas de su escultura. Para otros pueblos reali-­ zó el Cristo de la Columna de Jumilla o el milagro de San Blas de Lorca. La cofradía de Jesús Na-­ zareno de Murcia nace en 1600 como hermandad pe-­ nitencial para procesionar en la madrugada del Vier-­ nes Santo la Pasión de Je-­ sús.

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Para la escultura proce-­ sional Se realizan pasos constituidos por varias ÀJXUDV GH WDPDxR QD-­ tural, con gestos vera-­ ces, indumentaria de la época y tipos de la calle, DOJXQRVGHHOORVLGHQWLÀ-­ cables como si fueran re-­ tratos. Leyendas hay que redundan sobre ello: El Berrugo de las habas de la procesión del Miérco-­ les, la talla original perdida en la Guerra Civil durante años se atribuyó a Salzillo. Dice la leyenda que en él retrató, pidiendo la muerte de Cristo, a un alguacil del ayuntamiento, de apellido Botías, conocido como el Chano, vecino suyo con el que había tenido pleitos. Las imágenes normal-­ mente son de madera poli-­ cromada aunque también KD\ ÀJXUDV GH YHVWLU (Q Salzillo. Las imágenes vestidas de Cristo en La Caída, Prendimiento y La Oración en el Huerto

marcan la dignidad de los personajes. Para la cofradía de Jesús,realiza en 1752 “La Caída”. siendo impresio-­ nante el pathos del rostro de Cristo. De 1754 es el paso de “La Oración en el Huerto”, En el Ángel se aprecian rasgos andróginos tal vez buscando la belleza asexua-­ da de los seres angélicos. Sobre la La Dolorosa, obra culmen en la expre-­ sión de dolor,( cuenta una leyenda que Salzillo, acusó a su mujer de adulterio y viéndola llorar concibió esta imagen.) La Verónica (que según González Moreno expresa melancolía ) y San Juan fueron otras tallas realiza-­ das en este periodo. El “Paso de la Cena” se encarga en 1761. El odio de judas lo acentúa Salzillo haciéndole bizco y pelirrojo. 139


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Como dice Cervantes “ ni perro ni gato de aquella color “ y el refrĂĄn italiano “ ni espaĂąol rubio, ni ale-­ mĂĄn moreno ni pelirrojo de cualquier naciĂłnâ€? De 1763 “El Prendi-­ mientoâ€?, conocido como “El %HVRGH-XGDVÂľ/DVĂ€JXUDV de Cristo y Judas estĂĄn la-­ bradas en un mismo tronco para dar idea de continui-­ dad. El brazo de san Pedro esgrime con decisiĂłn la es-­ pada, ĂŠste ya es mĂ­tico. El Ăşltimo paso realiza-­ do para la cofradĂ­a fueron “Los Azotesâ€?. El BelĂŠn de Salzillo fue realizado entre 1776 y 1783 para Jesualdo Riquelme y FĂłntes y completado por su discĂ­pulo Roque LĂłpez. Aunque los belenes se pu-­ sieron de moda en la Espa-­ Ăąa de Carlos III y a pesar de su sangre napolitana El BelĂŠn Salzillo, se diferencia del presepe napolitano por

HO PRGHODGR GH ODV ÀJXUDV con ricas policromías y por su inspiración naturalista tan espaùola. /DVÀJXUDVWLHQHQXQWD-­ maùo de unos treinta centí-­ metros y estån modeladas en arcilla pero tambiÊn las hay en madera.   /DV ÀJXUDV VRQ UHWUD-­ tos de una Êpoca, de sus costumbres y sus tradicio-­ nes. Cuenta Ceån Bermúdez que Salzillo daba refugio en su casa a mendigos a cam-­ bio de que posaran para Êl. El BelÊn es un espejo de costumbres, un muestrario GHRÀFLRVHVWXGLDGRVGHOQD-­ tural. El belÊn de Salzillo esta ligado a la Escuela de Arte por una pequeùa historia.

pts Isidoro de la Cierva, ges-­ tionó la compra pero se en-­ cuentró con la oposición de D. AndrÊs Baquero, que se negaba tajantemente a que se utilizasen los fondos que había destinado el gobier-­ no para la creación de la Es-­ FXHOD GH$UWHV \ 2ÀFLRV HQ la adquisición de esta obra. Baquero, fue muy criticado por esto pero Murcia contó con escuela de Arte. El belÊn partió a Madrid para ser subastado. Allí, gracias a Perez Villamíl, director del museo Arqueo-­ lógico, se frustró la subas-­ ta y se consiguió rebajar el precio a veintisiete mil pts, pagadas por el ministerio de Instrucción Pública, y el regreso a Murcia de la co-­ lección.

A principios del XX, el BelÊn fue puesto en venta por su dueùo el MarquÊs de Corvera (de la familia de-­ los Riquelmes) por 165.000

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XVI BELLUGA Don Luis Belluga nació en Motril, quedó huérfano muy joven siendo recogido por un clérigo amigo de la familia. A los catorce años realizo sus primeros votos. Doctor en Teología, canónigo en Zamora y Córdoba. Siguió la regla del oratorio de san Felipe Neri. “Buen cielo, buen suelo, mal entresuelo...”

En la órbita del partido borbónico por su relación con la jerarquía eclesiásti-­ ca, es nombrado en 1704, Obispo de la Diócesis de Cartagena. Y en 1706, vi-­ rrey y Capitán General de Murcia y Valencia. En la guerra de Secesión, Murcia se decanta por los Borbones, para la defensa del territorio se destacan siete regimientos de infan-­

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tería y dos de caballería que poca ayuda aportaron a la defensa de la ciudad. Como toda soldadesca más bien vivaquearon, gastan-­ do forraje y saqueando la huerta. Belluga, organizó la de-­ fensa de Murcia frente a las tropas anglo-­holandesas, logrando detener su avan-­ ce en la batalla del huerto de las Bombas. El 4 de sep-­ tiembre de 1706, en lo que hoy es avenida Miguel de Cervantes, donde se encon-­ traba la casa de Baltasar Fontes y Melgarejo, Mar-­ ques de Torre Pacheco. Los seguidores de Felipe V to-­ maron posiciones en la casa y huerta circundante ( lo que hoy sería San Basilio y Sta María de Gracia.) A una orden de Belluga le-­ 143


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San Esteban

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vantaron los tablachos de las acequias e inundaron la huerta impidiendo las ma-­ niobras de enemigo que se retiro a Orihuela con nume-­ rosas pĂŠrdidas. Concluida la guerra con el tratado de Utrech ( el tra-­ tado mĂĄs antiguo conocido con clĂĄusulas que siguen en vigor hoy dĂ­a ) Belluga, XWLOL]RVXVLQĂ XHQFLDVSDUD dinamizar Murcia. El rey BorbĂłn agradeci-­ do, le otorgĂł la sĂŠptima co-­ rona al escudo, con un leĂłn \XQDĂ RUGHOLV\ODOH\HQGD “ Priscat novissima exal-­ tat et amorâ€? Belluga, en la ciudad RealizĂł las conocidas como obras pĂ­as que demostra-­ ban el interĂŠs de Belluga en ayudar a huĂŠrfanos y necesitados. FundĂł la Casa de huĂŠrfanos de Murcia, en Santa Teresa, el Colegio de San Felipe Neri y la Casa de Mujeres Recogidas. Para mantener estas iniciativas

necesitaba nuevas fuentes de ingresos. Los diezmos ya VHXWLOL]DEDQSDUDODUHHGLÀ-­ cación de iglesias y conven-­ tos. Estos nuevos ingresos, se generaron, con las rentas producidas por el arrenda-­ miento de las 40.000 nuevas tahúllas, que Belluga consi-­ guió desecar en almarjales y tierras pantanosas del río. De estos trabajos nacieron los pueblos de Dolores, San Fulgencio o san Felipe en Alicante y el Llano de Bru-­ jas en Murcia. Llano de Brujas, hay quien dice que proviene de Brujera (material que se saca al mondar las acequias ) o como Sånchez Bautista ...justo es decir en descar-­ go de esta falsa creencia que a Llano de Brujas le viene su nombre por las arenas de su vecino el río Segura; arenas Êstas llamadas brujas por su ÀQXUD SHQHWUDQWH \ TXH en tiempos en que el río no aguantaba mårgenes se hacían verdaderas

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dunas. Sobre esta pedanĂ­a murciana, Cassou recoge la leyenda de fray Blas. Quien yendo un sĂĄbado hacia Al-­ cantarilla (otro tradicional sitio de brujas) fue raptado por unas brujas que lo lle-­ varon a un llano con dunas de arena a la orilla del rĂ­o;Íž allĂ­ hubo un aquelarre. El demonio para congraciarse con el fraile y sabedor de lo que les gustan las monedas le ofreciĂł un bolsĂłn. El ino-­ cente fraile correspondiĂł a la deferencia de SatĂĄn con un “Dios se lo pagueâ€?, lo que hizo desaparecer al demo-­ nio. La parroquia de San Mi-­ guel Fue reconstruida por RUGHQ\Ă€QDQFLDFLyQGH%H-­ lluga y a el se debe tambiĂŠn el colegio de la PurĂ­sima ConcepciĂłn de los fran-­ ciscanos, La iglesia de los Carmelitas del barrio, El nuevo templo de los domi-­ nicos, el monasterio de los JerĂłnimos, el oratorio de ORV Ă€OLSHQVHV HQ ODV HUPLWD de San JosĂŠ, la ampliaciĂłn

del Seminario de San Ful-­ JHQFLR \ OD HGLĂ€FDFLyQ GHO Colegio de TeĂłlogos de San Isidoro, asĂ­ como el colegio de San Leandro en la ac-­ tual plaza de los ApĂłstoles ( donde despuĂŠs estuvo el pe-­ riĂłdico La Verdad y que fue en el s.XIX famosa fonda donde entre otros se alojĂł Richard Ford, que escribiĂł “Manual para viajeros por espaĂąa y lectores en casaâ€? una guĂ­a de viaje del hace doscientos aĂąos, donde recomendaba subir a la to-­ rre de la Catedral o visitar el AlcĂĄzar. Criticaba el rosa y verde de la fachada del pa-­ lacio episcopal y las malas esculturas de la fachada de la catedral. Hans Cristhian Andersen tambiĂŠn estuvo en esa fonda.) En esa ĂŠpoca Toribio MartĂ­nez de la Vega con la ayuda econĂłmica del Cardenal Realiza el San-­ tuario de la Fuensanta y el puente Viejo de Murcia. Belluga tambiĂŠn colabo-­ rĂł en las obras de la Cate-­ dral de Murcia. Promueve 147


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Orfanato de Sta Florentina

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la restauración de capilla de los Vélez y reforma de la puerta de los Apóstoles. Ya en Roma, el inicio de la nueva portada barroca im-­ plicó a Belluga. Intervino indirectamente en la elec-­ ción del arquitecto, Jaime Bort, que fue recomendado por un sobrino de Belluga, don Fernando Alcaraz Be-­ lluga, arcediano de Alarcón y dignidad de la Catedral de Cuenca Posiblemente el mismo Deán sobrino del obispo sobre quien se ce-­ lebró auto de fé secreto, para sacarle de la cárcel de la inquisición el 12 de Marzo de 1741 por el deli-­ to de haber sido confesor del franciscano padre Soler, cuyos restos que-­ mo el tribunal en acto público.25 Que lo conocía de sus obras en aquella ciu-­ GDG 3DUD VX ÀQDQFLDFLyQ Belluga ofreció mil du-­ cados anuales mientras durase la construcción. En el periodo entre 1736 y 1745 su aportación di-­

neraria, según calcula Hemández Albaladejo, fue de 166.000 reales, ”. En reconocimiento al pa-­ trocinio su escudo episcopal aparece sobre la Puerta del Cabildo.

Catedral.

la mano

28 Blanco y Rojo R. Murcia en

La reactivación de las obras en Murcia permitió esta la venida de artistas fo-­ ráneos, entre los que se en-­ cuentran Salzillo y Dupar. Una vez en Roma, no olvidó su antigua sede episcopal a donde entre otros presentes envió las reliquias de las once mil vírgenes. Belluga dejó a su marcha un asun-­ to pendiente. El palacio del obispo se hallaba en estado ruinoso, lo que determina-­ ría en la década de 1740 la construcción de un nuevo palacio episcopal terminado por Baltasar Canestro. En 1963 y en memoria del Cardenal, la ciudad le le-­ vantó una estatua (de Gon-­ zález Moreno) en la Glorieta y también lleva su nombre la plaza de la fachada de la

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Seminario de San Fulgencio

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Palacio Episcopal

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XVII EL IMAFRONTE

“...en aver uno, y otro escrito las alaban-­ zas de MarĂ­a SantĂ­sima nuestra SeĂąora, SalomĂłn en el libro de los Cantares, y D. Alfonso, en el que escribiĂł. De los loores se Sta. MarĂ­a , cercenando el parangĂłn; D. AIfonso y Sa-­ lomĂłn, ambos fueron Reyes sabios, DPERVIXHURQ5H\HVSDFtĂ€FRVDPERVID-­ bricaron Templo al Dios verdadero. Salomon en JerusalĂŠn; D. Alfonso en Murcia....â€? Balthasar Paxarilla

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La fachada de la Catedral comenzĂł a levantarse en 1736. Para dirigir el proyec-­ to se trajo a Jaime Bort, que contĂł con el asesoramiento del ingeniero militar Se-­ bastiĂĄn de Ferignan. Esta nueva fachada sustituirĂ­a otra (la renacentista del maestro Quijano )que hubo que derribar, para evitar su desplome, por la mala ci-­ mentaciĂłn. Desde antiguo se utilizĂł la fachada de las iglesias a modo de “biblia paupe-­ rumâ€? ( como la narraciĂłn con imĂĄgenes de episodios relacionados con la historia de la iglesia para que cual-­ quier persona, incluso los mĂĄs ignorantes, al mirar las representaciones, com-­ prendieran la advocaciĂłn de la iglesia a tal patrĂłn.) Este, afĂĄn en principio edu-­ cativo,, con la llegada del

barroco se enrevesĂł de tal modo que es difĂ­cil diferen-­ ciar lo divulgativo de lo me-­ ramente decorativo. La fachada de la catedral de Murcia, como no podĂ­a ser menos, nos quiere con-­ tar una historia ( realmente dos, una sobre la antigĂźe-­ dad y santidad de la diĂłce-­ sis, en la fachada principal y otra de exaltaciĂłn de Ma-­ rĂ­a, en la portada central, claramente diferenciada ) SegĂşn las investigaciones de HernĂĄndez Albaladejo, HO SURJUDPD LFRQRJUiĂ€FR de la fachada de la catedral parte del“SermĂłn panegĂ­-­ rico histĂłricoâ€?que, el 24 de enero de 1734, pronun-­ ciĂł el jesuita Pajarilla en la Catedral de Murcia. El ser-­ mĂłn, exaltaba a la DiĂłcesis de Cartagena por ser el lu-­ gar primero donde comenzĂł 155


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la evangelización de Espa-­ ùa. En esta celebrada diser-­ tación, equiparaba al Rey Alfonso X con Salomón y a la catedral de Murcia con el templo bíblico. Tal como de-­ sarrolló en el sermón la his-­ toria de la diócesis el padre Pajarilla, así la representó Bort despuÊs en la fachada de la catedral. La fachada se compone de tres calles. La calle central, cóncava, donde se encuen-­ tra la puerta del Perdón, DSDUHFHà DQTXHDGDSRUGRV grupos de columnas corin-­ tias pareadas y las otras dos calles que se correspon-­ den con las puertas del ca-­ bildo y del concejo. En la ca-­ lle central, preside la obra la coronación de la virgen. Imagen sedente, de Santa María de Gracia, titular de la catedral, con el Niùo en sus brazos y rodeada de ån-­ geles. En la parte superior, Dios Padre la corona y los arcångeles la protegen, Mi-­ guel y Gabriel a los lados y Rafael ( con Tobías )y Uriel,

( ångel de la guarda ,con el niùo de la mano ) desde el frontón. Por encima, la Cruz de Caravaca, princi-­ pal reliquia de la Diócesis, colocada en el centro, sobre ODYHQWDQDSULQFLSDO\à DQ-­ queada por la Prudencia y la justicia. Sobre ella, en una bóveda de horno Un alto relieve de la Asunción y mås arriba ,como remate de su calle central, un jarrón de azucenas, símbolo de la catedral. En los laterales de esta concavidad, inmersos en hornacinas con veneras, se alojan San Patricio ( Con-­ memorando la batalla de los Alporchones ) y San Petro-­ nio de Bolonia;͞ ( por creerle natural de Murcia ) Esta calle central esta à DQTXHDGD  FRPR DQWHV dijimos, por dos cuerpos de enormes columnas parea-­ das. Entre ellas, en el pri-­ mer cuerpo, se alojan los cuatro santos cartageneros. Isidoro, Leandro, Fulgencio

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y Florentina, cuyas reli-­ quias guarda la catedral en arca de plata. En el cuerpo superior de esa estructura de colum-­ nas, los dos santos reyes espaùoles San Hermenegil-­ do (¿nacido en Cartagena ?) y San Fernando. Estos recuerdan la lealtad de la ciudad a la corona. En las calles laterales San JosÊ, sobre la puerta del concejo, que das entra-­ da a la nave de la epístola (derecha ) y las alegorías de la Caridad y la Oración. Y San Juan Bautista sobre las puerta del cabildo ( a la Izquierda ) con las alegorías de la Fe y la Esperanza. Y en los extremos, en hornaci-­ nas, Santo Tomås de Aqui-­ no y Santa Teresa. Encima de ellos San Pedro y San Pablo,(esculturas aprove-­ chadas de la anterior facha-­ da ). Las calles laterales se unen a la central por medio

de alerones y una balaus-­ trada, sobre la que se co-­ locan, dos a dos, los santos de la Diócesis: San Basileo y San Liciniano ( primeros obispos de la Diócesis) y San Poncio Porcario y San GinÊs de la Jara santos murcianos. La portada principal se concibe como un conjunto de imågenes con un simbo-­ lismo propio al margen del SURJUDPDLFRQRJUiÀFRGHOD fachada principal. Ésta se inserta en la con-­ cavidad de la calle central y consigue crear un espacio propio, colocando los plintos de sus columnas en diago-­ nal. En estos plintos en ån-­ gulo, se ponen relieves de los padres de la iglesia: San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio y San Agus-­ tín. Considerados como piedra angular de la cris-­ tiandad. La calle central se de-­ dica a la exaltación de 157


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Catedral

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la Virgen: ella ocupa el centro geométrico en ese apéndice que desde el primer piso se adentra en la base del segundo, y ella culmina en el casca-­ rón, en el momento de su asunción. Pero si perseguimos una lógica secuencia en el tiempo, la primera alusión a María debería ser la de su Milagrosa y Purísima Concepción y así es 29 La puerta central adinte-­ lada, está recorrida en todo su perímetro por un grueso baquetón, fuera de ese ba-­ quetón quedan las peque-­ ñas esculturas de San Joa-­ quín y Santa Ana, padres de María. (La puerta central de la catedral representa la mismísima Puerta Dorada de Jerusalén, donde se be-­ saron Sta. Ana y San Joa-­ quín ( el dogma mariano sugería que la virgen María nació del beso de Sus pa-­ dres en la Puerta Dorada de

Jerusalén.) Dentro del baquetón, un jarrón de azucenas hecho en lámina de metal, bri-­ llante como el oro. ( Que representa la Gracia en que María fue concebida, y su Natividad sin pecado ) El jarrón es el símbolo de su Concepción. El Templo de Salomón era la imagen del templo ideal. Y, tanto la curvatura de la fachada en la calle central, como las dos columnas de SyUÀGR URMR HQ OD SRUWDGD (que imitan las dos colum-­ nas de bronce del templo de Salomón. Jaquín y Boaz ) como la puerta, en tiempos dorada, del Perdón, inten-­ tan recordárnoslo. El padre Pajarilla hace XQDV UHÁH[LRQHV VREUH OD jarra con azucenas y nos diferencia en su sermón la dedicada al Cabildo ( que representa su castidad, pu-­ reza y perpetua duración. Al presentarse en jarra con

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agua. Parte superior del in-­ mafronte ) con las azucenas que representan a María en ese jarrón coronado que evo-­ ca “La Gracia” de la titular. “Muchas son en nuestra España, las catedrales dedicadas a esta Seño-­ ra; mas ninguna, que yo sepa con este título “De Gracia”. Las más lo es-­ tán a su Asunción Glo-­ riosa; esta a su Santísi-­ ma Natividad...30” y por eso, este relieve de bronce dorado, preside todo el con-­ junto desde el centro de la portada principal. Esta representación in-­ telectual de la Inmaculada Concepción de María y su Natividad en Gracia, no debió convencer al Cabil-­ do por la complejidad de su desarrollo y, por ello, colocaron un medallón en la parte exterior de las co-­ lumnas, con la Inmaculada, como una cartela explicati-­ va debajo de un cuadro;; una imagen a la que ya estaban todos acostumbrados y que

se acompañó de otro con la Anunciación para conseguir la necesaria simetría. La obra de la fachada de la catedral requirió de mano de obra especializada. Que acudió de diferentes puntos de España e incluso del ex-­ tranjero. La leyenda de la procesión de los muertos se genera en este entorno. Cuenta esta historia que en la fachada trabajaba un escultor alemán que había llegado a Murcia atraído, más por la suavidad del cli-­ ma -­ que podía ser paliativo para la enfermedad de su esposa-­, que por las perspec-­ tivas de trabajo de las nue-­ va obra. Fritz y Gretchen vivieron su amor a la som-­ bra de la catedral, hasta el llego un fatídico día en que la cruel parca arrancó para siempre la vida a la bella Gretchen. A el pobre Fritz por su condición de extran-­ gero o por no tener papeles no le permitieron enterrar

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a su esposa en sagrado y hubo de sepultarla en las afueras de la ciudad don-­ de la puerta de Orihuela. La sepultura cavó con ayu-­ da del maestro Cavernera, barbero y único amigo. Llego la noche. El barbe-­ ro, que volvía a casa a des-­ hora, vaya usted a saber de realizar qué menesteres. Fue testigo, con espanto. Tras un estremecedor rui-­ do, como de terremoto. Co-­ menzaron a descender las estatuas de la fachada por los andamios, convocadas por la imagen de Santiago El Mayor, que es la primera y más preeminente de las imágenes. Entre esto em-­ pezó a salir de la catedral una extraña procesión len-­ ta y pausada de muertos. Obispos y grandes señores,

29 ramayo Asensio, G.. Lo explí-­ cito y lo implícito

frailes y gente del común, procesionando de dos en dos y entre ellos el joven Fritz que al llegar a la altura del maestro Cavernera le cogió del brazo y le dijo: “ vamos por mi Gretchen a traerla y enterrarla en la catedral entre estos señores. “ con lo que el maestro barbero se unió a la procesión. A la mañana siguiente el sacristán encontró la puer-­ ta de la catedral abierta y halló que nada faltaba, más bien sobraba un ataúd, que encontró en el suelo y muer-­ to y medio que lo acompa-­ ñaban, El muerto era el escultor alemán y el medio muerto, el maestro Caver-­ nera que se encargó de di-­ vulgar esta historia.

30 Pajarilla y Moya, B.. Sermón panegíco histórico

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Una de las fachadas del Contraste de la seda.

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XVIII EL PADRE Y LA MADRE

“... Este Río Segura, un quarto de legua antes que entre en la vega de Murcia, tiene una grande pieza de piedra, y cal, la mayor, y mas costosa que hay en España, porque está atajado de sierra a sierra más 250 varas de largo” Ldo Cascales

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La ciudad de Murcia, sin hacer de menos a sus patronos, La Virgen de La Fuensanta ( sobreviviente a la reforma del transcoro catedralicio cuando se lla-­ maba Virgen de las Fiebres y reconvertida por la docta mano de Roque López en la imagen que veneramos ) y San Patricio, santo ir-­ landés, que mereció el pa-­ tronazgo de la ciudad, el 17 de Marzo de 1452, día de su gracia. Cuando Fajardo, el Bravo para los suyos y el malo para los restos, derro-­ to las tropas nazaríes del moro Alavéz en el lugar de los Alporchones, terminan-­ do con las razzias granadi-­ nas en el siguiente lustro. Sin desmerecer a aquéllos y siguiendo con la metáfora, la ciudad de Murcia se debe a una madre y a un padre físicos.

La Madre es la Contrapa-­ rada o Azud mayor. Un azud es una presa que detiene el agua del río y ayuda a ca-­ nalizarla hacia las acequias mayores a ambos lados del cauce. La Contraparada es el auténtico corazón del sis-­ tema hidráulico de la huer-­ ta murciana. Las obras se encuentran cauce arriba de Murcia a unos ocho kilómetros, entre las poblaciones de Javalí nuevo y Javalí viejo. En el único emplazamiento po-­ sible, aprovechando la ce-­ rrada que proporcionan los montes aledaños. De esta represa parten tres ace-­ quias principales: Alquibla o Barreras, por la margen derecha y Churra la Nueva \ $OM~ÀD SRU OD L]TXLHUGD Éstas se van dividiendo en cauces menores (hijuelas, brazales, regaderas) hasta 165


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Malec贸n

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regar todos los bancales de la huerta. Las aguas sobrantes van a canales que tienen un recorrido inverso (de más pequeños a más grande) escorredores, azarbetas, azarbes y azarbes mayores. Hasta desaguar otra vez en el río.

Tekhne, para los griegos era la capacidad de saber hacer. El hombre que po-­ seía esta cualidad era el Tekhnites. En Murcia, el técnico por antonomasia es Jaime Bort, conformador de la contraparada como la co-­ nocemos en la actualidad y de tantas otras obras y mo-­ numentos.

El sistema de regadío se asemeja al sistema circula-­ torio del cuerpo humano.

El padre civil de Murcia es sin ningún género de duda El Malecón.

La conformación de este sistema hidráulico ya Al Hi-­ myari en el S.. XIV lo hacia provenir de “los antiguos” es decir de los romanos.

Otra gran obra de inge-­ niería que nació en el XV para contener las aguas del río ante crecidas y ria-­ das, que golpeaban periódi-­ camente la ciudad. En El XVII se perfeccionó.

Sin la Contraparada no habría sistema de riego y sin éste no habría huerta ni Murcia. Posiblemente, si descon-­ tamos la A-­92, La contra-­ parada es la obra civil que más remodelaciones y re-­ formas ha sufrido ( casi una por riada desde el S. IX ).

Con el tiempo, este dique se convirtió en lugar de ocio y recreo de los murcianos, decorándose con portada, rejas y jardín botánico en las inmediaciones (donde estuvo el huerto del con-­ vento de franciscanos )

La obra la conforman dos muros paralelos que se re-­ llenaron con tierra traída de las minas de Cartagena ( Tierra que los huertanos robaban a carretadas por las noches para amojonar sus lindes )

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EPÍLOGO

“...Los rincones y esquinas de una ciudad se hacen atravesando el tiempo” José Ballester

Murcia con el programa de capitalización del obis-­ pado, aplicado por Belluga, DWUDYpVGHODHQÀWHXVLVGH los nuevos terrenos gana-­ dos al Segura, comenzó una nueva era de prosperidad. La seda, la implantación de los cítricos y el aumen-­ to de la producción debido a las nuevas roturaciones, permitieron un aumento en rentos, diezmos y primicias, que se tradujo en nuevas obras para el embelleci-­ miento de la ciudad. En este periodo se refor-­ maron todas las iglesias. San Agustín, San Nico-­ lás, San Antolín, Iglesia de Verónicas, convento de Sta. Teresa, Sta Eulalia , San Bartolome, y el Carmen. Se reestructuró la plaza de Santa María, hoy día de

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Belluga, y se levantó tam-­ bién el Palacio Episcopal con sus dos espléndidas fa-­ chadas, su mirador del obis-­ po, conocido popularmente como martillo, su capilla y su precioso patio interior. Se pusieron los cimientos del puente de piedra sobre el Segura ( entre los cuales se puso un pequeño tesoro para conmemorar la fecha ) y se colocó la imagen de la virgen de los Peligros. En 1733 tras la gran ria-­ GD VH FRQVWUX\y SRU ÀQ HO canal del Reguerón para desviar las aguas del río Guadalentín de la entrada a la salida de la ciudad. Y en 1775 se inauguraron las obras hidraúlicas del azud y los molinos del río. Jaime Bort, diseñó un PDJQLÀFRSUR\HFWRGHSOD]D oval para la plaza de Ca-­ 171


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El Puente viejo

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machos, que se quedaría en bastante menos durante su construcción por Martín Solera. Los aùos siguientes se utilizaría como plaza de toros, hasta la construcción de la plaza vieja, sobre lo que fuera convento de San Agustín y la posterior cons-­ trucción del coso de la Con-­ domina por Justo Millån en 1886, autor tambiÊn del manicomio y del Teatro Circo. La todavía plaza de Cal-­ vo Sotelo, ha sido siempre en Murcia llamada plaza de Camachos, en memoria del MarquÊs de Camachos que en 1843 con un puùado de voluntarios y en ese mis-­ mo sitio, hizo retroceder a las tropas General Narvåez que intentaban tomar Mur-­ cia al Mando del tambiÊn general Ros Olano ) En el XVIII, se levantó tambiÊn el palacio del Con-­ de de Floridablanca en San Juan ( que despuÊs sería vivienda de la familia Za-­

balburu, vascos, con placa en vascuence a su puerta con la leyenda “ cada pĂĄ-­ jaro busca su nido “ Es-­ WRV HGLĂ€FDUtDQ PiV WDUGH ORV GRV HGLĂ€FLRV GH ODGULOOR rojo en el arenal, frente al puente viejo, El hotel inter-­ nacional o Victoria y el edi-­ Ă€FLR DQWHULRU FRQ HO SDVDMH Zabalburu en medio.) Y el palacio del MarquĂŠs de Be-­ niel en TraperĂ­a ( que aĂąos despuĂŠs se convertirĂ­a en la famosa fonda PatrĂłn, fren-­ te al Casino de Murcia ) +DFLD Ă€QDO GH VLJOR VH acometiĂł la reconstrucciĂłn del ayuntamiento (antiguo Daxarife) y se instalĂł el pri-­ mer alumbrado pĂşblico (no-­ vecientas cuarenta y seis farolas que debĂ­an lucir al menos doscientas noches al aĂąo) En Murcia a la suble-­ vaciĂłn del dos de Mayo se sumaron unos cuantos huertanos que se hicieron fuertes en una casucha el lo alto del puerto de la cade-­

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na ( con copla recordatorio en la Venta del Puerto: ...el francĂŠs no pudo pasar de aquĂ­... ) En 1808 se arrastra al co-­ rregidor Elgueta por Afran-­ cesado y ese mismo aĂąo se nombra CapitĂĄn General a la Fuensanta. Estando presente La partida de BotĂ­as “ el Cha-­ no “ famoso guerrillero hijo de aquel otro Chano vecino de Salzillo. y posiblemente pariente de otro BotĂ­as que nos gobierna. Otro episodio de la guerra de la independencia conme-­ morado en la calle San Ni-­ colĂĄs con una lĂĄpida, es la muerte del general MartĂ­n de la Carrera. En 1812, D. MartĂ­n, man-­ daba las tropas que debĂ­an defender el puerto de Ali-­ cante de los franceses. Sus efectivos estaban situados en Elche, Orihuela y Alba-­ tera.

El día veinticinco de Ene-­ ro la vanguardia de las tropas del Mariscal Soult, que se dirigían de Grana-­ da a Valencia, entraron en Murcia que se hallaba des-­ guarnecida, y exigieron un rescate para no tomarla al saqueo. Enterado el general, se dirigió a Murcia con sus tropas, donde tuvo varios encuentros con los fran-­ ceses, en el Huerto de las Bombas y en el interior de Murcia. Hasta que en el Arenal, fuerzas superiores en número lo envolvieron y pusieron a la fuga. D. Martín y unos cuantos soldados cubrieron la reti-­ rada y huyeron de los fran-­ ceses por la calle de San 1LFROiV GRQGH DO ÀQDO OHV dieron caza. Los franceses por supues-­ to saquearon la ciudad. Murcia había sido saqueda-­ da con anterioridad por las tropas del General Sebas-­ 175


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tiany en 1810. &RQ HO  ÀQDO GH OD JXH-­ rra de la Independencia comenzó otro siglo de nue-­ vos avatares para esta vieja ciudad. Luchas intestinas entre Absolutistas y libera-­ les, entre Carlistas e Isabe-­ linos, entre republicanos y cantonalistas... Nuevas construcciones modernizaron la ciudad, El Casino, El teatro Romea, la plaza de Toros, el mani-­ comio, las estaciones de fe-­ rrocarril. Nuevas leyendas acompaùan el devenir de es-­ tos nuevos tiempos. Como la maldición de los tres in-­ cendios del Romea, de los cuales ya se han producido dos y el tercero que serå el último, el mås devastador, se producirå el día en el que el aforo este completo por-­ que se hayan vendido todas las entradas. Por eso nunca se saca a la venta la última entrada.

El afĂĄn de aprovecha-­ miento (intrĂ­nseco al huer-­ tano ) del escaso terreno hace que bĂĄsicamente no se amplĂ­e la ciudad, si no que se derribe y se construya. (En Murcia, con pocas ex-­ cepciones se ha conservado mĂĄs en papel que en piedra . Incluso en la catedral casi todas las capillas han cam-­ biado de advocaciĂłn y de dueĂąos varias veces ) MĂĄs a pesar de los cambios, Mur-­ cia mantiene un hilo de continuidad con el pasado. El alma. Como escribiĂł el maestro Ballester: “ el cuerpo de una ciudad puede estar sometido a cambios a de-­ rribos y a construcciones a desapariciones y creci-­ mientos pero el alma no cambia “ Y ese alma esta en nosotros. 0XUFLDĂ€QDOHVGH$JRVWRGHO

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