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JUVENTUD SOCIALISTA UDEC Boletín de formación política N°1

22 de febrero del 2013

Características del Boletín I El boletín se publicará una vez a la semana. II La información que contenga será acorde a la iniciativa y los requerimientos de los miembros del núcleo III Este boletín abordara información de carácter ideológico y así también de formación personal (Como hablar en publico, gesticulación, estrategia política, etc)

Propongamos:

“"A los socialistas nos debería doler no haber sido los impulsores del movimiento 15-M"” (Beatriz Talegon)

El compañero que quiera publicar un tema en particular puede hacer llegar un correo a boletinjsudec@gmail.com detallando la fuente o en caso de ser un texto o análisis propio haciéndolo saber.

En este número

Clodomiro Almeyda, Ex diputado y Ex Ministro de la Republica, Socialista

Biografía de Clodomiro Almeyda

Siete consejos para hablar en público.

Entrevista a Beatriz Talegon

Los grandes objetivos Socialistas


Clodomiro Almeyda Hizo sus primeros estudios en los liceos Alemán y de Aplicación de Santiago, estudiando más tarde en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. De esta casa de estudios se graduó en 1948, con una memoria de grado titulada "Hacia una teoría marxista del Estado". Con el paso del tiempo llegaría a ser profesor de teoría política en su casa de estudios, especialmente en la Escuela de Sociología. Ingresó al Partido Socialista de Chile en 1941, participando del Partido Socialista Popular durante el quiebre interno en la primera parte de la década de 1950. Durante el segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo se desempeñó en los ministerios del Trabajo y de Minería, destacándose en su primer ministerio por ser uno de los impulsores de la Central Única de Trabajadores (CUT). Con la reunificación del partido en 1957, se reintegra a la organización siendo electo diputado para el período entre 1961-1965. Con el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970, Almeyda fue designado a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Durante el gobierno de la Unidad Popular se mantuvo en el cargo, salvo un breve período en el cual desempeñó en el cargo de ministro de Defensa, cuando realizó un "enroque" con Orlando Letelier (entonces ministro del Interior), con el fin de evitar que fuera objeto de una censura del Congreso por medio de una moción de censura.

Salvador Allende, Velasco Alvarado y Clodomiro Almeyda

Orlando Letelier, Pablo Neruda y Clodomiro Almeyda

Tras el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, que derrocó al gobierno constitucional , fue apresado y trasladado junto a otros 99 líderes y dirigentes de la Unidad Popular al Campo de Concentración de Isla Dawson, donde fue torturado y permaneció bajo arresto un largo tiempo. Finalmente fue exiliado, viviendo en la República Democrática Alemana y México, donde trabajó como docente universitario y líder de la oposición política en el exilio.

En una audaz maniobra, regresó a Chile en marzo de 1987 clandestinamente, atravesando la Cordillera de los Andes a lomo de mula, presentándose públicamente ante la sorpresa de las autoridades del gobierno de Pinochet. Esto le valió ser encarcelado y ser la única persona declarada "inconstitucional" por el Tribunal Constitucional de Chile, en uso del desaparecido artículo 8º de la Constitución.1 Este artículo proscribía a los partidos políticos y a personas naturales que propagasen doctrinas de izquierda (es decir, los que promovieran una doctrina "fundada en la lucha de clases"). Tal condena supuso principalmente la pérdida del ejercicio de sus derechos ciudadanos y sólo pudo ser rehabilitado en su calidad de ciudadano una vez vuelto el país a la normalidad democrática, por el mismo tribunal que lo condenó.2 Durante las postrimerías del Régimen de Pinochet y durante los primeros años de la llamada "transición a la democracia", Almeyda lideró la facción izquierdista del socialismo chileno, enfrentada con el ala renovada liderada por el dirigente Ricardo Núñez. En este rol, "Don Cloro" (como era conocido popularmente), intentó establecer contactos con los comunistas o incluso más a la izquierda, mediante formaciones tales como la izquierda Unida o el efímero Partido Amplio de Izquierda Socialista. Durante el gobierno de Patricio Aylwin fue el encargado de reabrir la embajada de Chile en la Unión Soviética, durante los últimos meses del Bloque del Este. Durante su estancia en Moscú, en 1991, aceptó como "invitado" Alex presidente de la Alemania Oriental Erich Honecker, que era requerido por las autoridades germanas para ser juzgado por crímenes durante el régimen socialista. Pese a las objeciones de Chile, el Presidente de Rusia Borís Yeltsin ordenó su deportación a Berlín, en lo que se transformó en un grave incidente diplomático. De regreso a Chile se dedicó a la vida privada, a redactar sus memorias y a desempeñarse como académico de la Universidad de Chile, con la dirección de la Escuela de Sociología hasta su muerte el 25 de agosto de 1997.


Siete consejos para hablar en publico. 1) Exprésese con sencillez La gente que lo escuche captará una o dos de las principales ideas que Usted exponga. Sólo una o dos; no diez, ni veinte. 2) Organícese Sea larga o corta su exposición, es importante ordenar los elementos de la misma. Hay que prever la introducción, los puntos principales que se van a exponer, y la conclusión 3) Sea Breve La duración de los números en los espectáculos de variedades suele ser, como máximo, de 12 a 15 minutos. Si una cuadrilla de bailarines y cantantes que ponen toda el alma en su trabajo no logran entretener al público por más tiempo, ¿qué le hace pensar que Usted sí lo logrará? 4) Sea Sincero Si trata de ser distinto de como es (poco natural), probablemente no logre convencer al auditorio. Si no le parece graciosa una anécdota, no espere que ría el público cuando le escuche. 5) Aduéñese de la situación En los primeros momentos de su exposición se establece el vínculo entre el público y Usted. Sonría. Agradezca a la persona que lo haya presentado, y luego espere un momento. 6) No lea, hable Leer ante un auditorio no resulta tan eficaz como hablar directamente y con el corazón; la expresión espontánea quizá no sea tan pulida, pero es mejor. 7) Relájese Cuando estamos sometidos a tensión nerviosa, a menudo olvidamos cómo respirar correctamente, y toda persona que acostumbra presentarse o actuar en público conoce la importancia de la respiración.

Beatriz Talegon, Secretaria General de las juventudes socialistas internacionales

La socialista que puso en jaque al socialismo. ¿Cómo nació la idea del discurso? El discurso en realidad, su contenido, viene en la línea de las críticas que desde hace mucho tiempo venimos haciendo los jóvenes a nivel internacional a nuestros partidos. Efectivamente, había un discurso escrito que quedó apartado en cuanto comencé a hablar. Las circunstancias, después de llevar un día esperando a que nos dejasen hablar, y escuchar todas las críticas de muchos compañeros a lo largo de la reunión, hicieron que cuando, al fin, nos tocó intervenir, trasladásemos el mensaje de una manera rotunda y pasional. No hay trampa ni cartón, las críticas son sinceras y la manera de expresarlo. ¿Comprendes a movimientos como el 15-M cuando critican a los políticos? Si, por supuesto que lo comprendo. Aunque hay muchos mensajes que deben ser tratados con cautela. Me ha dolido ver un radicalismo exagerado, que si bien es cierto surge de argumentos con razón, se ha llevado a veces a extremos muy injustos. No todos los políticos son iguales, no todos los partidos son lo mismo y hay muchas maneras de participar en la sociedad de manera comprometida y justa: dentro y fuera de los partidos políticos. ¿Te ha llamado alguien del partido para felicitarte por el discurso? He recibido muchísimas felicitaciones. De muchísimos compañeros. Muchos conocidos, la mayoría. Y otros, no tan conocidos pero no por ellos menos importantes. ¿Has pensado en abandonar el PSOE? Cuando uno milita en un partido tiene muchos momentos en los que piensa en tirar la toalla. Pero siempre me he dado cuenta de que hay compañeros geniales con los que trabajar, hay infinidad de proyectos en los que construir y más allá de las guerras internas que tanto desgastan y tan absurdas son, al final, una piensa en los ideales en las razones y la importancia del compromiso. Y siempre al final, decides seguir luchando. Todo proceso de compromiso requiere sacrificios y esfuerzos y a veces resulta más complicado que otras. Pero siempre, a la larga, uno mira hacia atrás y se da cuenta de todo el camino avanzado.


Los Grandes Objetivos Socialistas I. Estructura Económica y Social Puede afirmarse que los modernos planteamientos socialistas surgen con el de­sarrollo del capitalismo industrial, que hace tomar conciencia a grandes grupos sociales del peso decisivo que en el destino de sus vidas adquieren las activida­des económicas y que debido al régimen de propiedad privada de los medios de producción, escapan a las posibilidades personales de decisión. El socialismo es el intento de devolver a la sociedad el control de una función tan importante como es la función económica. El capitalismo revolucionó la actividad económica y en muchos casos acre­centó el nivel de la producción, no obstante por el poder de decisión que la pro­piedad privada de los medios de producción otorga, este no se ha dirigido a la satisfacción de las necesidades de la mayoría sino que a satisfacer los intereses de los grupos capitalistas privilegiados. El socialismo se propone encontrar y desarrollar nuevas formas de propie­dad que permitan que la sociedad recupere para sí el uso de la riqueza material incrementando de este modo la seguridad y libertad de todos. El socialismo aspira a que el futuro sea construido conscientemente por las personas y, por consiguiente, se propone introducir una planificación nacional en sus actividades principales. A menudo -y sobre todo en la experiencia del llama­do «socialismo real»- la planificación económica y social se ha distorsionado en un control burocrático sobre las masas. El objetivo socialista de la planificación supone un ejercicio democrático de la misma, formas descentralizadas de poder y el derecho de los ciudadanos para participar en la definición de sus metas y en el control de los medios que se utilizan para alcanzarlas. Un punto de extraordinaria importancia en la concepción de la economía so­cialista se refiere a la significación del trabajo. En el sistema capitalista el trabajo para la gran mayoría- ha sido despojado de su función creativa y las personas han sido reducidas a la función de meros ejecutores de tareas diseñadas y pensa­das para otros. El socialismo quiere devolver a todos la posibilidad de participar activamente en el proceso creativo, en este sentido adquiere suma importancia el cambio en la forma de organización del trabajo, despojándola de los rasgos autoritarios aue hov día posee. Es necesario reconocer el papel permanente de los sindicatos como instancia de participación no sólo al nivel de la empresa, sino que además en la definición de los objetivos nacionales de la economía. 2. Estructura Política Socialista y Democrática Un tema que ha dado origen a amplios debates, pero también a gran confusión en el seno del socialismo, ha sido la noción de «dictadura del proletariado». Más allá de su intención original que quería subrayar el carácter de clase de la fase de transición socialista, se ha prestado para legitimar formas de ejercicio del poder que consagran el dominio del partido o de la burocracia sobre el conjunto de la sociedad. El socialismo no puede ser confundido con el poder arbitrario de una minoría, cualesquiera que sean los argumentos que ésta esgrima para darse una pretendida legitimidad. El socialismo debe ser capaz de interpretar y recoger los intereses de la mayoría y, aun en un sistema de clases, ser capaz de establecer acuerdos y asumir como propios los objetivos de liberación y emancipación que entre los distintos grupos sociales se plantean. Ciertamente el objetivo socialista encontró un punto de concreción en la existencia del proletariado, cuya condi­ción social otorgaba la posibilidad de una forma social que no fuera una pura aspiración utópica. Hoy día la superación de las contradicciones del capitalismo y la construcción de una sociedad socialista más justa e igualitaria puede y debe ser objetivo de los más amplios grupos de la sociedad. El objetivo socialista es el de una sociedad con capacidad de auto-admi­nistración, las formas institucionales que ésta adquiere pueden ser extraordi­nariamente variadas y referidas a la experiencia histórica y características de los distintos pueblos y países. Con toda probabilidad la complejidad actual y futura de las sociedades no admitirá soluciones simples en relación a las formas de la administración misma, la función burocrática y el Estado como adminis­tración y representación política son instituciones que en el futuro previsible persistirán por largo tiempo, incluso en la sociedad socialista. El objetivo socia­lista es hacer posible el control social de la burocracia de modo que ésta no se constituya en un poder por sobre la sociedad. Del mismo modo el socialismo propende a la democratización del Estado a través del perfeccionamiento de los mecanismos de representación, la descentralización del Estado y el forta­lecimiento del poder local y generando en todos los ámbitos que sea posible formas de democracia directa. El socialismo no auspicia un régimen de partido único, considera válido que incluso en la sociedad socialista los ciudadanos se agrupen en partidos para la promoción de sus intereses y objetivos ideológicos, compitiendo entre sí para el ejercicio del poder. El socialismo aspira a la representación de la mayoría, pero es consciente que un sistema democrático se legítima cuando existe respeto por los derechos de la minoría y, especialmente, a que ésta se transforme en mayoría, consagrándose por lo tanto el derecho a la alternancia política. Es el objetivo del socialismo hacer posible el máximo despliegue de la liber­tad y la profundización de los procesos democráticos, la garantía para su logro es el apoyo mayoritario que pueda obtener. Sólo su carácter mayoritario hará posible que la libertad y la democracia no sean conculcadas en la práctica.


III. Carácter Humanista del Socialismo El socialismo hace suyos y quiere desarrollar los logros alcanzados por la hu­manidad en su historia, y especialmente las causas y demandas del movimiento popular. Es por eso que niega la necesidad de sacrificar la libertad alcanzada supeditándola a un posible futuro. Son particularmente relevantes las libertades civiles, productos de las luchas emancipadoras de la humanidad y el desarrollo y perfeccionamiento de los derechos humanos cuyo respeto es la garantía a la no sujeción autoritaria. El socialismo no puede negar la existencia del poder, en todas sus manifes­taciones, en la sociedad, incluso en la sociedad socialista, por consiguiente deben fijarse con claridad los límites del ejercicio del mismo desarrollando principios jurídicos que actúan como normas que regulan el comportamiento de los ciuda­danos y señalan los deberes y derechos de estos y las autoridades. La sociedad capitalista ha generado una profunda alienación del individuo respecto a la sociedad, separando artificialmente la vida pública de la vida priva­da. Las personas son despojadas de incentivos para participar creativamente en las decisiones colectivas y se incrementa el individualismo como comportamiento. El socialismo quiere volver a compatibilizar el interés individual con el interés social y considera que el despliegue de la verdadera libertad individual se hace posible en el seno de una sociedad libre y no en el pretendido refugio de lo «pri­vado». Sin caer en la despersonalización, el socialismo asume la importancia de las relaciones interpersonales en la constitución del ser humano en su plenitud. El socialismo rechaza la idea de una sociedad regimentada y consciente de la diversidad de las personas, auspicia el pluralismo en la sociedad, no pretende ni la subordinación de la sociedad civil a la sociedad política y considera que tampoco la política será totalmente reabsorbida por la sociedad civil, busca una forma de enriquecimiento mutuo entre ambas, en donde el desarrollo de la socie­dad civil no haga ilusorios los objetivos consagrados en la política y en donde la política sea un instrumento constante de creación y transformación. La creación cultural es el rasgo distintivo de las sociedades humanas, el so­cialismo se enriquece con la herencia cultural del pasado y se asume como un continuador creativo de esa cultura. Asume la diversidad cultural existente y pretende que ésta no sea privilegio de unos pocos. La cultura para desarrollarse creativamente requiere de la más amplia libertad y no puede estar sometida ni a cánones ni a definiciones dogmáticas. Para el socialismo, la cultura es uno de los espacios privilegiados de la libertad y es un bien que pertenece a todos.

A. S. [ansmith@udec.cl]


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