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El pie o zócalo, cuya estructura es de madera de ébano sobre la que se engastan las figuras, presenta una serie de huecos para incluir alegorías del Día, El Crepúsculo, La Noche y La Aurora, los vientos o las estaciones, completando el rico catálogo iconográfico de la obra. El origen de los saleros, saliera en italiano, se remonta a época de los romanos como elemento de lujo, indispensable en el servicio doméstico de cualquier domus romana, aunque por sus dimensiones (26 x 34 cm) bien podríamos hablar de un centro de mesa para ser utilizado en banquetes de la corte real.

La verdadera vocación de Cellini, por encima de su talento como broncista, fue la de orfebre. Con diseños previos de una seguridad y elegancia nada comunes brilló en el famoso Salero labrado en Fontainebleau para Francisco I de Francia durante su segunda permanencia en la nación transalpina, en 1540. En oro, plata y esmalte, lo concibió en un diámetro de unos 30 cm como una fuente monumental que también habría podido dilatarse a escala humana, hermoseada por una pareja de dioses desnudos en contraposto, Neptuno como dios del mar proporcionador de la sal, y Tellus como divinidad de la Tierra productora de la pimienta, para la que dispuso un estuche en forma de arco de triunfo. Es pieza capital de la orfebrería europea del manierismo. 85

Obras del Quiquecento  
Obras del Quiquecento  

Galería de las 20 obras más representativas del Quinquecento Italiano

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