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la monumentalidad y la delimitación de la fachada única (pese al escalonado basamento, solo se accede por un lugar, potenciando así la idea de fachada principal) muestran la influencia romana en esta arquitectura que constituye un prototipo de edificio que tendrá un gran predicamento posterior. Es el templo platónico ideal, soñado por los filósofos cristianos neoplatónicos florentinos de la corte de los Medicis, tal y como lo imaginó Perugino en sus pinturas o lo pintó Rafael en su obra “Los Desposorios de la Virgen”. Los elementos ornamentales son meramente arquitectónicos (pensemos que las esculturas de las metopas van totalmente ligadas a la idiosincrasia del orden), destacando en la parte superior del cilindro la alternancia de los nichos con el muro y del ornato de los mismos, ya que podemos contemplar unos rematados en veneras (otro elemento de raigambre clásica) con otros sin nada, de perfil rectangular. Pese a la inspiración clásica, no cabe duda acerca de la singularidad del edificio, ya que no se trata de una mera copia de ningún ejemplo concreto, sino de un creación original aunque tomando elementos dispares entre sí de la tradición helena y la latina. Lee todo en: “San Pietro in Montorio” de Bramante | La guía de Historia del Arte En 1472 Sixto IV della Rovere entregó San Pietro in Montorio a su confesor, y franciscano como él, Amadeo Menes da Silva para construir un

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nuevo monasterio de franciscanos reformados amadeítas. Amadeo se instaló en el edificio existente, pasando mucho tiempo en el espacio en que supuestamente había sido crucificado San Pedro, en el que ya existía un edificio de estructura centralizada, cayendo en éxtasis frecuentes y escribiendo allí su Apocalypsis Nova. Amadeo inició la renovación del edificio, y tras una primera ayuda del rey de Francia Luis XI, consiguió el favor de los Reyes Católicos Isabel y Fernando, que se convirtieron en los principales benefactores de la transformación de San Pietro in Montorio. Parece ser que su implicación se debió a la intercesión de Amadeo para que pudieran concebir un hijo varón, el Príncipe Juan, nacido en Sevilla en 1478. Amadeo se había formado en la corte de Juan II, padre de la reina católica, y su hermana Beatriz fue dama de corte de su madre, Isabel de Portugal, por lo que es muy probable que hubieran entablado amistad. Su primera aportación se conoce por la carta de Fernando el católico al padre Amadeo, en la que confirma “cumplir lo prometido” concediendo dos mil florines de oro de Aragón a pagar en tres años con fondos procedentes del reino de Sicilia. DONATO BRAMANTE ARQUITECTO El encargado de la administración de estos fondos desde 1488 sería Bernardino López de Carvajal, futuro cardenal de Santa Cruz y embajador de facto de los Reyes Católicos en la Curia romana, personaje clave para entender la configuración del complejo de San Pietro in Montorio por ser el vínculo con el arquitecto Donato Bramanate, al que pudo conocer en Milán en 1496. Bramante había trabajado para otros patronos españoles en obras como la fuente de la plaza de Santa María in Trastevere, encargada por el cardenal de la misma iglesia Juan López, secretario de Alejandro VI, y para personajes del círculo hispanófilo como Oliviero Carafa, íntimo de Carvajal y cardenal de Nápoles, para el que realizó el claustro de Santa Maria della Pace. Incluso parece que realizó algunos trabajos en la Iglesia y Hospital de Santiago de los Españoles en Piazza Navona cuando el mismo Carvajal era el administrador.

Obras del Quiquecento  

Galería de las 20 obras más representativas del Quinquecento Italiano

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