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Cuadernos de Pasado y Presente

Títulos de la colección 1º Democracia y Socialismo Arthur Rosenberg 2º El primer año de Salvador Allende Eric Hobsbawn 3º La Cuestión Meriodional Antonio Gramsci 4º Crítica a la Teoría de la Revolución Permanente Nicolai Bujarin 5º Escritos Políticos de Pasado y Presente(1963 - 1974) José Aricó

"Los intelectuales socialistas deben ocupar un territorio que sea, sin condiciones, suyo: sus propias revistas, sus propios centros teóricos y prácticos; lugares donde nadie trabaje para que le concedan títulos o cátedras, sino para la transformación de la sociedad; lugares donde sea dura la crítica y la autocrítica, pero también de ayuda mutua e intercambio de conocimientos teóricos y prácticos, lugares que prefiguren en cierto modo la sociedad del futuro."

E.P. Thompson

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Eric Hobsbawn

El primer año de Salvador Allende

El primer año de Salvador Allende Eric Hobsbawn

Cuadernillo de debate polítiCo “pasado y presente” nº 2


Cuadernos de Pasado y Presente

Eric Hobsbawn Biografía Fue miembro del Grupo de Historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña de 1946 a 1956. En 1947, obtuvo una plaza de lector de Historia en el Birkbeck College, de la Universidad de Londres. Fue profesor visitante en Stanford en los años 60. En 1978 entró a formar parte de la Academia Británica.. Trabajó con la publicación Marxism Today durante la década de 1980 y colaboró con la modernización de Neil Kinnock del Partido Laborista. Se retiró en 1982, pero continuó como profesor visitante, durante algunos meses al año, en The New School for Social Research en Manhattan hasta 1997. Actualmente es profesor emérito del departamento de ciencias políticas de The New School for Social Research's.

Sus obras más importantes Guerra y paz en el siglo XXI Crítica, 2007. Revolucionarios. Crítica, 2005. La era del imperio. 1875-1914 Crítica, 2005. La era de la revolución. 1789-1848 Crítica, 2005. La era del capital.: 1848-1875 Crítica, 2005. Historia del siglo XX: 1914-1991 Crítica, 2003 Sobre la historia Crítica, 2002. (Bolsillo) Rebeldes primitivos.: estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX Crítica, 2001. Política para una izquierda racional Crítica, 2000. (Bolsillo)

Breve Síntesis El presente artículo es un material inédito del decano de la historiografía marxista y es de gran interés para todos los que participan de la vida política de la izquierda. Trata sobre un tema que es de capital importancia hasta el día de hoy, el traspaso constitucional del poder a un gobierno que pretende instaurar el socialismo por la vía democrática. Las experiencias en ese sen-

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tido no habían sido relevantes, y después del Chile de Allende costara encontrar otra oportunidad parecida. Lo que si hubo y se encontraran luego son experiencias socialdemócratas y laboristas. La Unidad Popular intento alcanzar ese objetivo gradual y constitucionalmente, mediante la instalación de una nueva estructura de poder. La vía chilena al socialismo tenía una concepción pluralista y democrática. La nueva institucionalidad será lograda a través de los medios constitucionales existentes y sacando provecho de los intersticios del sistema legal se apoyaran las luchas populares. La idea era utilizar en provecho propio todas las herramientas que provee la legalidad democrática. La construcción política es permanente y precisa de un proyecto a largo plazo. Estas premisas de la UP son discutidas todavía hoy por muchos exponentes de la izquierda en la argentina y en el mundo, muchos cayeron ayer y hoy en soluciones facilistas pretendidamente revolucionarias pero condenadas a un irremediable fracaso. Estas lecturas son producto de no querer hacer el análisis político, económico, social y cultural que cada caso particular requiere, o como decía Lenin el análisis concreto de la situación concreta. En chile no la tenia fácil el gobierno de la UP, llego al gobierno con un apoyo popular insuficiente (36,3%) y con el congreso y la justicia controlados por sus oponentes. Este panorama complicado de por si para cualquier gobernante se acomodaba a los dones de Salvador Allende que era un político brillante y sofisticado y acostumbrado a las estrategias y tácticas de lo posible. La constitucionalidad otorgaba al presidente una notable capacidad de iniciativa, así por ejemplo el gobierno de Allende saco una ley que permitía expropiar a cualquier fabrica que “fracase en el suministro del pueblo” basándose en un decreto no derogado de la republica socialista de 1932 o la nacionalización de la banca mediante la compra de las acciones de estos a precios de mercado. No obstante esto la UP tenía un armado político muy complicado y la estructura social chilena tenía una pluralidad de actores que obligaba a que cualquier estrategia tuviera en cuenta intereses diversos y a veces contradictorios. El gobierno de Allende estaba jugado a una agenda de mediano plazo, donde las elecciones de medio término tenían un papel fundamental para definir como quedarían definidas las correlaciones de fuerza entre la UP y la oposición de centro y de derecha.

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La UP tenía una visión de la estructura económica de Chile tripartita: un sector público dominante, un sector mixto público-privado, y un sector privado muy dinámico de pequeñas y medianas empresas. El gobierno ponía especial énfasis en estimular la producción y elevar el nivel de vida mediante la creación de empleos poniendo el acento en la economía de la demanda. Esta política económica sumada a la nacionalización del cobre que sigue vigente hasta el día de hoy produjo resultados palpables para la mayoría del pueblo chileno. La derecha chilena tenía una visión de sus tareas claramente definida, en primer lugar lograr quebrar la unidad de la UP, ganar las elecciones de medio termino, generarle una parálisis institucional e ingobernabilidad al gobierno de Allende, y finalmente lograr el retorno de Frei a la presidencia en 1976. Las elecciones de medio término fueron determinantes, la UP consiguió una mayoría propia (43,5%) que le permitió lograr avanzar en sus planes de reformas estructurales de Chile y su vía al socialismo. Esta victoria no estaba en los planes de nadie y la derecha hizo a un lado su discurso acerca de la legalidad y apego a la constitución y apoyo con la ayuda de la embajada de los estados unidos un feroz golpe de estado que retrotrajera manu militari la situación a el estado de cosas anteriores al gobierno de la Unidad Popular. El producto de este golpe fue la dictadura genocida del General Pinochet quien marco a fuego a chile hasta el día de hoy. Los gobiernos de la Concertación alianza entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana antiguos adversarios tienen la tarea no menor de llevar una gestión progresista del país mientras despejan de las instituciones chilenas las herencias que dejo el régimen pinochetista. RB Pasado y Presente

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El primer año de Salvador Allende Que el traspaso constitucional del poder y una transición pacífica al socialismo son posibles ha sido admitido por los marxistas teóricamente desde que Marx lo puso por escrito en 1872. La perspectiva de semejante transición, empero, permanece sombría. Los escritos marxistas al respecto son escasos y abstractos, probablemente porque casi no hay experiencias prácticas relevantes para esa discusión. Hasta el momento ninguna economía socialista ha llegado a existir, si no a través de transferencias violentas o inconstitucionales del poder. Esto hace del caso de Chile hoy [septiembre de 1971] algo bastante único. Hasta noviembre de 1970, cuando Salvador Allende asumió la presidencia, los casos que podían pretender ser transiciones legales al socialismo pertenecían a tres tipos, todos igualmente inútiles como precedentes. Primero, hay montones de ejemplos de transferencias del poder, pacíficas o no, a gobiernos socialdemócratas o laboristas. Desafortunadamente, ninguno de ellos hizo ningún intento para introducir el socialismo y la mayoría ni siquiera quería hacerlo. Segundo, tenemos los frentes populares de los años ’30... [Pero] de hecho, el objetivo político inmediato de tales gobiernos fue defensivo –hacer retroceder la marea del fascismo- y muy rara vez tuvieron la oportunidad de ir más allá de eso... Tercero, hubo gobiernos de unión antifascista que surgieron de la lucha contra Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial en muchos países europeos... Sin embargo, aún si no consideramos la lucha armada a partir de la cual estos regímenes emergieron, el rápido quiebre de los frentes antifascistas nacionales e internacional acabaron muy pronto con esta perspectiva... Por ello la situación en el Chile de Allende no tiene precedentes. No puede haber ninguna duda de que la meta del gobierno de la Unidad Popular es el socialismo... Por otra parte, es igualmente claro que la UP pretende alcanzar este objetivo gradual y constitucionalmente (la frase utilizada por Allende en su Mensaje al congreso es “la construcción progresiva de una nueva estructura del poder”). La “Vía Chilena”, en contraste con la dictadura del proletariado, es “una vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero hasta ahora nunca llevada a cabo en concreto” (Mensaje, pág. 5). Esta vía pluralista no debe ser identificada con la democracia burguesa. Su legalidad

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no será necesariamente la actual, que “refleja los imperativos del sistema capitalista. En el régimen de transición al socialismo, las normas jurídicas reflejarán las exigencias de un pueblo que lucha por construir una nueva sociedad. Pero habrá legalidad”. El sistema institucional será modificado a través de los medios constitucionales existentes...No obstante, éste no es un compromiso meramente formal, sino el reconocimiento explícito de que el principio de legalidad y el orden institucional son consubstanciales al régimen socialista, pese a las dificultades que implican para el periodo de transición. Aceptamos las libertades políticas de la oposición y continuamos nuestras actividades políticas dentro de los márgenes de nuestras instituciones. Las libertades políticas son un logro de la sociedad chilena como un todo, en tanto constituye un estado (Mensaje pp. 11 – 12). Hay más que cálculo político en el apego de Allende a la Vía Chilena. A diferencia de la oposición de ultra izquierda fuera de la UP y de algunos elementos de su propio partido, el presidente no considera la situación existente como puramente provisoria, sino como posibilidad de instalar las bases de una transformación en el largo plazo. La violencia contrarrevolucionaria, interna o externa, es posible, pero si no llega a ocurrir, la legalidad y el pluralismo político continuarán. En otras palabras, Chile es el primer país en el mundo que está tratando seriamente un camino alternativo al socialismo... La experiencia chilena es, por tanto, mucho más que una muestra de exotismo político para los observadores de los países desarrollados. El socialismo nunca triunfará en Europa occidental a través de las vías, digamos, china o vietnamita, pero al menos es posible reconocer en Chile los lineamientos de situaciones políticas que podrían ocurrir en las sociedades industrializadas, y las estrategias que allí podrían aplicarse, como también los problemas y dificultades de esta “vía pluralista”. Esto no significa que la vía deba fracasar ni tampoco, ciertamente, que no deba ser intentada... Pero la natural simpatía que sentimos por el gobierno de Allende y la esperanza apasionada en su éxito no debe cegarnos a las complejidades de su situación. Precisamente porque Chile puede efectivamente ser un modelo para otros países, debemos mirar fríamente y con realismo su experiencia. II El turista que sepa de revoluciones y llegue a Santiago en estos días, echará de menos la atmósfera, difícil de definir pero fácil de reconocer,

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de las grandes liberaciones. Salvo algunos estudiantes armados, lo que no inusual en la “escena callejera” [mundial], no hay prácticamente ningún signo visible de revuelta, excepto en los titulares de los diarios. No hay nada parecido a esa explosión de panfletos, volantes y pequeños periódicos, familiar [a las situaciones revolucionarias]: los contenidos de las librerías de ultra izquierda son austeros comparados con sus equivalentes de París o de los Estados Unidos. La ocupación de terrenos no-oficial, aunque se habla mucho de ellas en la prensa, es desdeñable, al menos por las cifras involucradas. Usualmente se trata de “sentadas” de 10 o 20 personas. No hay ningún estallido visible de carteles oficiales, retratos o lienzos y no más que la cantidad habitual de rayados políticos no-oficiales. De hecho, Chile se ve a primera vista más o menos igual que en, digamos, 1969. La explicación oficial –que los chilenos son poco demostrativos, una versión latina de los yanquis de Vermont- no es muy convincente. Pueden no ser caribeños en su efervescencia, pero cuando la sienten, no se quedan tampoco de brazos cruzados. Lo más parecido al estado de ánimo chileno, como podría ser percibido por un visitante casual, es el estado de ánimo de los primeros meses –que no de las primeras semanas- tras la victoria del Frente Popular francés en 1936 o la victoria de los laboristas en Gran Bretaña en 1945: un estado de ánimo de profunda satisfacción entre la izquierda organizada, de expectativa silenciosa y para nada mesiánica entre los pobres desorganizados, y de histeria entre los ricos y los voceros de la derecha. La emoción inmediata de la victoria ha amainado, la fase de problemas y de pérdida de entusiasmo –aunque predecible y predicha-, no ha llegado aún. Las cosas han mejorado para los pobres: hasta ahí el gobierno de la UP ha resultado y ellos lo saben. Por otro lado –salvo, quizás, en algunas de las fabricas, minas y asentamientos campesinos más organizados y políticamente conscientes-, la vida sigue harto igual a como era antes. Sin embargo, la antigua clase dominante sabe que no domina más, y proyecta sus temores de aniquilación en aquellas predicciones de totalitarismo y esclavitud, que no son más que el pequeño cambio retórico de un país en el que la agitación electoral parlamentaria y la discusión política son un deporte popular entre la clase media –como lo es el golf en otras partes. En la periferia extrema de la derecha –lo que es harto visible en los quioscos- esta retórica alcanza alturas paranoicas de grosería y acusación lunática

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(“el terror ya acecha en el campo”, “la policía está apoyando a grupos de asesinos de izquierda”, etcétera). Pero, ¿qué ha pasado realmente? Lo primero que hay que notar, es que la UP llegó a la presidencia con dos desventajas políticas graves. A duras penas ganó una ventaja –de hecho, sacó un 3% menos de votos que en la elección que perdió en 1964- y se encontró a sí misma, por tanto, con un apoyo popular insuficiente y con un Congreso controlado por sus oponentes -para no mencionar a las fuerzas armadas, sólo mantenidas en su rol por la incuestionable legalidad y constitucionalidad del status de la UP. Debe operar, pues, exclusivamente con las prerrogativas y leyes de sus predecesores. Sólo ha podido y puede hacer aprobar nuevas leyes con el acuerdo de la oposición o cuando tales leyes son inimpugnables - como la nacionalización del cobre, contra la cual cualquier político chileno hablaría en público tanto como votaría públicamente a favor de la poligamia. De hecho, en ciertos respectos las manos del gobierno están más atadas que antes debido a la reforma constitucional de enero del ’71, que es el precio que pagó a la DC para que se le permitiera asumir...Las prerrogativas existentes incluyen explícitamente la posibilidad de llamar a un plebiscito para vencer la oposición del congreso, pero la escasa ventaja del gobierno de Allende –aún cuando las elecciones municipales de 1971 muestran que se ha transformado en la más delgada de las mayorías [50,02%]- hace de este expediente un dispositivo impredecible. Semejante situación se acomoda, por mera fortuna, a los dones de Salvador Allende, que entre otras cosas es un político brillante y sofisticado del tipo clásico, completamente familiarizado con las estrategias y tácticas de lo posible, tanto en la asamblea partidaria, como en el parlamento. Es más, tiene la inmensa y harto justificada confianza en sí mismo de quien ha logrado sus metas contra toda probabilidad y predicción –nadie creía que pudiese ganar y su propio partido trató, en algún momento, de bajarlo de la candidatura. Para un hombre de esas características no es nada asumir el cargo con ambas manos atadas a la espalda –una por la oposición que controla el congreso y el poder judicial, otra por las elaboradas fórmulas de su propia coalición, cuyos partidos divergen y no se tienen confianza. Mucho puede hacerse al interior de los límites de las prerrogativas existentes. La constitucionalidad y la legalidad otorgan a los presidentes chile-

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nos una notable libertad de movimiento, incluyendo unas 17.000 leyes válidas, entre las cuales el ingenio legal puede descubrir muchas cosas útiles. Así, la UP se ha apoyado extensamente en un decreto, nunca anulado, de la “República Socialista” de 1932 –un breve interludio izquierdista, que duró dos semanas, durante la peor parte de la Gran Depresión, conducido por un coronel curiosamente llamado Marmaduque Grove. Este estatuto permite al gobierno expropiar cualquier fábrica o industria que “fracase en el suministro al pueblo” de sus bienes y servicios. El decreto ha sido usado para nacionalizar grandes sectores de la industria donde ha sido necesario, luego que los trabajadores han ocupado las fábricas relevantes, ratificando así que ellas no podían “suministrar al pueblo”. Aún sin autoridad legal “los recursos de la civilización no están agotados” (como se dice que el Primer Ministro británico Gladstone había dicho, cuando encontró los medios para poner en prisión al líder irlandés Parnell). La mayor parte del sistema bancario que no se hallaba aún bajo control público ha sido nacionalizado a través del simple expediente, aparentemente inesperado por la oposición, de la compra por parte del gobierno de la mayoría de las acciones a precios de mercado; luego ha administrado los bancos en su calidad de nuevo propietario. (Este expediente ha hecho surgir una furia completamente irracional entre los hombres de negocios, que consideran las tácticas que ellos mismos usan injustas cuando las pone en práctica un gobierno socialista). En consecuencia, de un modo u otro, la UP ha ido rápidamente hacia adelante con su programa sin tener todavía que depender de la buena voluntad de la oposición... La segunda desventaja política de la UP está íntimamente conectada con la primera: además de tener insuficiente apoyo, tiene reservas inadecuadas de lealtad política. Numéricamente puede que cuente, ahora, con cerca de la mitad de los votantes –una clara mejoría comparado con septiembre del ’70, pero todavía demasiado pequeña para soportar las crisis de la política revolucionaria constitucional. Tiene un sólido núcleo de apoyo: el proletariado industrial y urbano, especialmente los mineros y los sindicatos organizados y, ahora, unidos. Sólo aquí...puede Allende confiar en esas reservas de compromiso a largo plazo que permiten a partidos y gobiernos atravesar los baches en sus carreras. El proletariado clásico de este tipo es más grande y está mejor organizado en Chile que en la mayor parte de los otros países latinoamericanos;

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lo suficientemente grande, sin duda, para proveer una base de gobierno. Pero es una minoría de la población. El apoyo de otros tres sectores decisivos es o bien condicional, poco confiable o inexistente. El campo (cerca del 30% de la población) permanece predominantemente anti-allendista, pese al crecimiento sustantivo de la izquierda en años recientes, especialmente entre los proletarios rurales. El efecto político de la rápida reforma agraria profundizará, casi con toda certeza, las divisiones al interior de este sector. Sin embargo, el gobierno podría probablemente seguir adelante sin él. Las relativamente amplias capas medias, consistentes en su mayoría en trabajadores de “cuello-blanco”, muchos de ellos empleados públicos –quizás un 12% de los chilenos trabajen para el Estado-, aceptarían un gobierno socialista tanto como a cualquier otro. No tienen ningún compromiso extraordinario con una sociedad de empresa privada –pese a que probablemente existan entre ellos ciertos (y fuertes) prejuicios anticomunistas-, y no tienen ningún sentido de identidad con quienes son más pobres. Por otro lado, deben ser convencidos de que el poder socialista durará, o por lo menos que volverá con la misma frecuencia que los gobiernos no-socialistas. Aún no están convencidos de esto último. La mayor parte del apoyo no movilizado por la izquierda consiste en esos trabajadores pobres, misceláneos e inclasificables, que son generados en número siempre creciente por un proceso de crecimiento económico y cambio social que no los provee del correspondiente empleo en cantidades suficientes...Ellos no son marginales, sino centrales en América Latina, incluso en Chile. Esta capa de la población desconcierta a la izquierda tradicional, pues claramente no está siendo absorbida en el “proletariado” clásico por ningún proceso histórico espontáneo: no es organizable según los métodos familiares de, digamos, armar sindicatos o reunirlos en torno a alguna ideología de conciencia de clase como el marxismo. Los sindicatos son de importancia marginal para ellos, pues sus condiciones de trabajo no les facilitan organizarse y, por tanto, no pertenecen a la aristocracia de los proletarios militantemente radicales, como los mineros, relativamente bien pagados y sindicalizados...El propio populismo político embrionario [de estos pobres], radical pero no democrático –salvo en la organización local de la comunidad-, ha sido más fácilmente movilizado en el pasado, en tanto movimiento de masas, por presidentes o ex-presi-

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dentes demagógicos, preferentemente militares. Es un error pensar en su “política” como puramente operacional. Pero no hay duda que un líder con carisma y la habilidad de entregar calles [pavimentadas] y agua a las poblaciones callampas o beneficios estatales, los atraerá más rápidamente que uno que no pueda hacerlo. III ¿Qué ha logrado hasta el momento el gobierno de Allende? ¿Qué ha estado tratando de hacer? Ha estado conciente, y lo sigue estando, de sus estrechos márgenes de tiempo. Consecuentemente, el gobierno concentra, de hecho, todo su pensamiento en el periodo de seis meses a tres años, dentro del cual, según distintas evaluaciones, se decidirá su destino. No se ha pensado concretamente más allá de ese punto, lo que es una lástima. En primer lugar, la política de corto plazo está basada en el acuerdo programático de los seis partidos de la UP: una elaborada plataforma, negociada con gran dificultad antes de la elección, pero ahora vinculante. Nadie sabe qué podría surgir en la próxima etapa de la discusión y políticos sensibles tratan de posponerla. Cierto es que dos de los seis partidos de la UP son ahora desdeñables, mientras los radicales, con un 8% del voto, están reducidos. Pero el elemento de los ex-DC de izquierda en la coalición no es ningún caso insignificante, pese a la debilidad electoral de sus representantes en la UP, al menos porque representan muchos votos que deben ser capturados. Además, mientras Allende probablemente concuerda en las los grandes asuntos con el poderoso PC –el núcleo de la UP y lejos su componente más racional y efectivo-, las diferencias entre varios sectores de su Partido Socialista y entre ellos y los Comunistas son substantivas. En segundo lugar, el gobierno sabe perfectamente bien que tanto la situación política dentro de Chile, como la situación internacional inusualmente favorable, que le ha permitido asumir y que en gran parte ha paralizado a sus oponentes en los Estados Unidos desde entonces, probablemente no durará mucho más... Tercero, pero ciertamente más urgente, los problemas económicos de Chile llegarán a su punto más agudo durante los próximos dos años. Estos problemas derivan de dos características de los países semi-coloniales que, infortunadamente, existen en Chile de una forma exagerada: su dependencia de la exportación de un único commodity y la ineficiencia de su agricultura, lo que lo hace (como a otros países sudamericanos) un importador en cada vez más gran escala de alimentos bá-

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sicos. 80% del ingreso de Chile por ventas al exterior depende del precio del cobre. Cerca de un tercio de sus importaciones (valoradas) consisten en alimentos, y dado que los chilenos bajo la UP comen espectacularmente mejor que antes, esta cantidad subirá... IV En esta situación, el gobierno ha perseguido cuatro objetivos: Primero, ha apuntado a introducir “cambios estructurales” irreversibles en la economía durante el primer año. La teoría tras esta postura parece ser, más bien, simple determinismo económico. Como lo decía un ministro: “Si le quitamos a la burguesía su base económica, no será capaz de volver”. El método ha sido, esencialmente, expropiar y, fuera de la agricultura, nacionalizar las actividades económicas claves. La UP está comprometida por su programa a una estructura tripartita de la economía: un sector público dominante, un sector mixto público-privado –mayormente en áreas en las que el progreso técnico y la fuerte inversión en infraestructura y know-how...son esenciales-, y un sector privado muy dinámico, se espera, de pequeñas y medianas empresas... Segundo, el gobierno de Allende se ha propuesto estimular la producción, y en consecuencia el empleo, y al mismo tiempo elevar el estándar de vida por medio de la estimulación de la demanda –esto es, combinando un significativo aumento de los salarios dinerarios con un congelamiento de los precios... Este plan era riesgoso y, durante los primeros y dramáticos meses inmediatamente posteriores al 4 de septiembre, cuando la histeria de la burguesía condujo a una fuga masiva de capitales y a un colapso temporal de la producción, tampoco se veía prometedor. Sin embargo, en la primavera de 1971 esta política funcionó, para el enorme alivio del gobierno y la sorpresa de los observadores extranjeros, sin mencionar el impactante beneficio para el pueblo chileno... Para la UP es indispensable demostrar las ventajas materiales de un gobierno popular, toda vez que debe presentarse a elecciones libres. Allende no puede, aún en el caso que quisiera, imponerle a su pueblo los sacrificios que han hecho los cubanos en los últimos años. Esto limita seriamente la política del gobierno, pese a que algunos de sus partidarios no quieran admitirlo. Los comunistas, que son los más realistas, piensan que una rápida industrialización [de bienes de capital] debe estar subordinada durante esta presidencia [a la producción] de bienes ligeros y de consumo. Allende probablemente esté de acuerdo, pero el asunto

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continúa debatiéndose... De éste cálculo se sigue el tercer objetivo. El gobierno debe elevar la producción, especialmente en el cobre y en el campo, para mantener el suministro de alimentos y de bienes de consumo...Sin embargo el cobre y la agricultura ponen diferentes problemas. La mayor parte del cobre chileno procede de tres minas que antes fueron propiedad de compañías estadounidenses (El Teniente, Chuquicamata y Salvador). Desde septiembre último el rendimiento ha sido pobre, lo que es muy serio...Es discutible si esta situación se debe al sabotaje de Kennecott y Anaconda...Pero ciertamente es una consecuencia de la extendida falta de cooperación por parte de los ejecutivos y del personal de supervisión –según la oposición 300 habrían renunciado... Pero las dificultades también surgen desde el interés egoísta de la pequeña aristocracia obrera conformada por los mineros del cobre, que ganaban bastante bien en el enclave económico de las corporaciones norteamericanas y que probablemente no ganarán tan bien en el futuro...el sindicalismo espontáneo de tales grupos tiende fácilmente a operar a expensas del interés popular más amplio. Las huelgas de trabajadores y técnicos que estallaron durante el verano pasado reflejan ambos factores. El problema de la producción agraria es mucho más complejo. El gobierno DC subordinó, por lo general, la tasa de la reforma agraria al incremento de la producción, lo que hizo con éxito sustantivo. Sólo 30.000 familias de las cerca de 250.000 familias sin tierra o minifundistas recibieron tierra. Consecuentemente, al final de la presidencia Frei el descontento agrario acumulado ya estaba explotando en una serie de ocupaciones de tierra y otros conflictos rurales. Aún si Allende no hubiese ganado, la reforma de la tierra tendría que haber sido acelerada, so pena de un aumento de los problemas en el campo. La UP ha acelerado la reforma, pero con costos inmediatos en la [reducción de la] producción, como es usual en semejantes casos. ... El cuarto objetivo del gobierno es no ser derrocado. El peligro de un golpe militar, aunque presente, no parece ser inmediato. La razón principal de esto no es el apego del ejército a la constitución –que existe-, sino saber que un golpe llevaría a una guerra civil. Una cosa es ocupar algunas calles y edificios silenciosamente y enviar al presidente al extranjero en el próximo avión; otra cosa muy distinta es empezar un conflicto armado impredecible...

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La derecha, por tanto, prefiere no retornar al poder por medio de la insurgencia armada; esta es, ciertamente, la visión de la DC. Los gobernantes chilenos se han beneficiado durante demasiado tiempo de un constitucionalismo estable y pacífico como para lanzarlo despreocupadamente por la ventana. De hecho hay en el presente una estrategia alternativa más promisoria: unir a las fuerzas anti-marxistas, cuya división le dio el triunfo a Allende, y votar por un formidable retorno de Frei a la presidencia en 1976. La prospectiva es realista. Si la UP no puede aumentar sustantivamente un apoyo más sólido –especialmente si su apoyo marginal es erosionado por los problemas económicos predecibles para 1972-73-, entonces la derecha podría ganar en una correcta lucha electoral en 1973, perpetuando así su control del congreso y su poder de dilación y sabotaje. En otras palabras, todo lo que la oposición tiene que hacer, según este análisis, es esperar a que la UP se le acabe el vapor. Es la estrategia clásica para arruinar frentes populares y antes ha funcionado. El objetivo inmediato sería, pues, una victoria anti-izquierdista en 1973, seguida de una presidencia inmovilizada. Esto es lo que más preocupa a los más realistas en la UP; más que una confrontación a corto plazo, aunque nadie olvida la amenaza de una franca contrarrevolución. Hay razones para preocuparse, aún cuando la derecha haya sobreestimado la probabilidad de la bancarrota económica, como lo ha hecho consistentemente con los problemas económicos del gobierno desde 1970, siendo desagradablemente sorprendida por sus éxitos. ¿Qué puede hacer Allende contra esto? Más de lo que se ha hecho hasta ahora. V Muchos de los problemas de la UP están más allá de su control efectivo. Sin embargo hay tres cosas que no lo están. La primera es el ritmo. Las transformaciones revolucionarias dependen de establecer y mantener la iniciativa. Las revoluciones constitucionalistas no se diferencian de las otras en este aspecto. Ellas deben mantener la iniciativa al interior de un conjunto de reglas dadas, como en las ofensivas de ajedrez. Me parece que la UP no ha establecido todavía ese ritmo. La campaña electoral generó su propio ímpetu, que fue reforzado por la satisfacción, tan enorme como inesperada, de la victoria y por el fracaso de los intentos de impedir que Allende asumiera... Hasta ahora la UP ha avanzado bajo este ímpetu inicial y, en algún sentido, extrínseco. En la medida en que se agote, debe ser reemplazado por una iniciativa estratégica intrínseca...En 1970 y 1971 la UP no necesitó ge-

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nerar su propio motor, pero debe hacerlo de ahora en adelante. Esto se hace difícil porque la UP es una coalición: esta es su segunda debilidad seria. Para ponerlo bruscamente, la UP es un vehículo mejor diseñado para frenar que para moverse. Para impedir que algún partido (léase el PC) establezca un control exclusivo sobre alguna parte del gobierno, todos los cargos fueron distribuidos según un sistema rígido de cuotas, de modo que ninguna autoridad tenga un superior inmediato o un subordinado inmediato de su propio partido. Para prevenir que algún partido (léase de nuevo, el PC) domine las políticas públicas, “la acción del presidente y de los partidos y movimientos que forman el gobierno será coordinada por un Comité Político de todas estas fuerzas”, que será responsable de considerar “la factibilidad y operatividad de las medidas económicas y sociales del gobierno y de aquellas concernientes al orden público, la política internacional, como también y especialmente los medios a través de los cuáles son realizadas”. Esto significa que cada departamento y organismo de gobierno consiste en máquinas partidarias rivales y entrelazadas... En suma, la UP sufre la conocida debilidad de las alianzas de partido y de las coaliciones en una democracia parlamentaria. Es organizacionalmente incapaz para las tareas que ha aceptado. La “Vía chilena al socialismo” no implica necesariamente un partido único de la izquierda, mucho menos un partido monolítico –y, en cualquier caso, tal no es una posibilidad real. Pero implica dotar a la alianza existente de mayor unidad de acción y decisión. Tercero: la UP ha fracasado hasta el momento en movilizar a las masas para que la apoyen adecuadamente Ha expresado así, una vez más, la debilidad de sus padres históricos: la democracia parlamentaria burguesa y el clásico movimiento socialista de trabajadores. Los políticos parlamentarios piensan en la movilización de masas, esencialmente, como captura de votos. Los líderes tradicionales de la clase obrera piensan en el sindicato o en el partido sacando a los compañeros de las minas y fábricas a las calles... Nada de esto es adecuado para propósitos revolucionarios, menos aún en países donde las elecciones nacionales pueden no ser parte de la cultura política popular o donde el proletariado industrial organizado no es el molde típico del trabajador pobre... En la UP se habla mucho de obtener más votos en las próximas elecciones o cómo formular un plebiscito que gane a una mayoría...se planea

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mucho cómo movilizar a los trabajadores a través de los sindicatos, acerca del mejor modo de implementar consejos campesinos o comités de fábrica... Pero el hecho es que, entre elecciones, los pobres desorganizados no están todavía constantemente involucrados con el gobierno, el gobierno no está constantemente presente para ellos. No hay ningún equivalente del diálogo perpetuo –aunque unilateral- de Fidel Castro con su pueblo, o de los discursos cotidianos en las tardes junto al fuego de Franklin Delano Roosevelt... Lo que está en debate aquí no es un estilo de oratoria o de campaña, sino un estilo de hacer política. Este es un problema que concierne al presidente Allende como individuo más que a la UP... Los pobres sin organización escucharán a Allende, porque tiene el prestigio, el poder, la función paternal de todo presidente, y porque representa a un gobierno que está, demostradamente, de su lado. Ellos pueden ser movilizados como una fuerza nacional más eficazmente por él..un líder capaz de hablarle directamente al más lejano y menos politizado de sus conciudadanos pobres es un activo mayor para cualquier revolución, y es probablemente indispensable para una que no puede ejercer coerción sobre el pueblo, sino que debe persuadirlo. ¿Cómo puede resumirse el primer año de la Vía Chilena? Ha demostrado lo que no necesita prueba, a saber, que una coalición de izquierda puede ser elegida como gobierno. Ha demostrado algo más importante; que después de eso puede actuar con cierta rapidez y decisión, a pesar de carecer de control sobre las fuerzas armadas y partes cruciales de la maquinaria constitucional. Ha demostrado la determinación de proceder a la construcción del socialismo, pese a que su primer año no la ha llevado más allá de la reforma no-socialista. Lo que la UP ha hecho hasta ahora no es muy diferente, cualitativamente, de lo que han hecho, están haciendo o podrían considerar hacer varios otros gobiernos latinoamericanos. Pero a diferencia de otros gobiernos reformistas, el de la UP está basado firmemente en el movimiento obrero y su inspiración fundamental no es ni el nacionalismo ni la “modernización”, sino la emancipación de los explotados, los oprimidos, los débiles y los pobres. La UP ha demostrado considerable inteligencia y habilidad políticas. Finalmente, sus logros, especialmente en el campo económico, son sustanti-

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El primer año de Salvador Allende

vos. Estas cosas no garantizan su éxito. Como muchos otros países semicoloniales, más bien mal desarrollados que subdesarrollados, Chile está a merced de fuerzas que están fuera de su control –por ejemplo, el mercado del cobre-, a las cuales es altamente sensible, toda vez que Chile es, después de todo y según los estándares tercermundistas, un país altamente urbanizado e industrializado, con una compleja estructura social y patrones modernos de consumo. No sabemos todavía si será capaz de superar la singular estagnación económica (combinada en este caso con una alta inflación permanente), que Chile comparte con el resto del cono sur de América Latina –y también, si es por eso, con Gran Bretaña, de cuya economía dependió por largo tiempo esta área del mundo. La experiencia muestra que estas debilidades de largo plazo son más difíciles de remediar de lo que los que diseñan políticas piensan. Tampoco sabemos aún si la Vía Chilena podrá superar el mayor problema de las economías subdesarrolladas, la escasez de trabajos para un exceso de población. Las dificultades de corto plazo con la producción son ciertamente serios, pero en sí mismo no son decisivos. Políticamente, la Vía Chilena no ha mostrado todavía que un frente popular, no importa qué tan dinámico y bien intencionado, sea una revolución –aunque constitucional. Permanece encadenada no sólo por fuerzas externas, sino también por la índole del sistema y situación políticos a partir de la cual emergió, y las fuerzas políticas que se combinaron para formarla. Sin duda, aún es muy pronto para juzgarla. No ha sido probada aún en una crisis seria y por un verdadero desafío, y la capacidad de la UP para vencer sus presentes dificultades de estilo, organización y políticas públicas no deben ser subestimadas... El próximo año puede llegar a sacudirla y eventualmente transformarla. Pero no se transformará espontáneamente. No tiene mucho sentido especular en detalle sobre la naturaleza de esas crisis y desafíos por venir. Eso debe ser dejado a los chilenos y a los periodistas que reportean la situación día a día. ¿Podrá la UP superarlos? Sus oponentes, incluyendo con casi absoluta certeza al gobierno de los Estados Unidos, están convencidos de que no podrá hacerlo. Los líderes y figura políticas del gobierno chileno están cautamente optimistas, o quizás más adecuadamente, se muestran no-pesimistas, incluso en privado, como también otros chilenos –muy capaces y no

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Cuadernos de Pasado y Presente

involucrados políticamente- con los que he hablado. Un apostador, que permitiese que su natural simpatía por Allende distorsione su juicio un poco, ofrecería posibilidades de 6 a 4 en contra, lo que no es desalentador. Si mantuviera sus simpatías totalmente fuera de consideración, podría ofrecer, tal vez, 2 a 1 en contra. Aún así, eso es mucho más de lo que nadie habría apostado alguna vez por los bolcheviques después de la revolución de octubre –o, si es por eso, por la victoria de Salvador Allende hace trece meses

The New York Review of Books Volume 17, Number 4 – September 23, 1971: Un suplemento especial Chile: año 1 Por Eric J. Hobsbawm (Extractos) Fuente: nybooks.com (Texto completo en inglés). Hobsbawm visitó Chile en 1971, para observar de cerca los acontecimientos. Entonces fue cuando escribió el presente estudio.


El primer año de Salvador Allende por Eric Hobsbawn  

Este es el segundo cuadernillo de la colección de debate político de Pasado y Presente. Está conformado por una conferencia del eminente his...

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