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CENTRO TEOLÓGICO AGUSTINIANO DE VALLADOLID

CURSO ACADÉMICO 2013-2014 PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO CANUTO ELOBÉ ECHUBE 10/04/2014

EL DUELO Y LA PÉRDIDA


EL DUELO Y LA PÉRDIDA 1. BREVE RESUMEN DE CONTENIDOS El duelo es una experiencia personal e intransferible y cada persona lo vive de forma muy particular. Es la respuesta adecuada a una pérdida. Puede proceder a través de una serie de etapas, pero el orden y el tiempo en que se suceden son únicos para cada persona. El duelo es la respuesta apropiada a la perdida de lo que tuvimos una vez o a la triste conclusión de que no tuvimos lo que necesitamos. Lloramos porque lo que perdimos es irrecuperable e irremplazable. No es lo mismo perder una pulsera, que un trabajo o un “ser significativo”. En este último caso es cuando podemos emplear en sentido estricto la palabra duelo. El duelo no se improvisa, no surge como por arte de magia ante el fallecimiento de un ser querido. Es más bien la culminación de un proceso que se inicia con el nacimiento del propio sujeto y finaliza con la muerte. Es verdaderamente un trabajo que dura durante toda la vida. Existen dos clases de duelo: “el duelo normal y el duelo patológico”, a los que se le puede sumar “el duelo narcisista, el duelo maníaco y el duelo con la creencia en un salvador”. El duelo será adecuado cuando se produzca una respuesta en cuanto a nivel de angustia, su duración y la actitud ante sí mismo y ante los demás, y sobre todo, que pasado un periodo prudencial no sea obstáculo para seguir disfrutando de la propia existencia. Será inadecuado, patológico, cuando la reacción sea exagerada en intensidad, forma o tiempo, es decir, el duelo normal “conlleva un sentimiento de tristeza, una idealización transitoria de la persona que hemos perdido con cierta culpabilidad, por no haber hecho todo lo que hubiéramos podido hacer por ella; y el duelo patológico supone un incremente de la culpabilidad y una idealización persistente de la persona fallecida. Toda relación humana, es ambivalente: sentimos amor y odio, valoración y descalificación, aprecio y desaprecio, etc. Freud señala que el duelo patológico estaría en relación con la ambivalencia (amor-odio) hacia el objeto o la persona perdida. Entre las manifestaciones más frecuentes de duelo patológico, podemos señalar las siguientes:     

Hiperactividad, sin sentimiento de pérdida Identificación con el difunto presentando la misma sintomatología. Prolongación excesiva, en el tiempo, de la tristeza. Un duelo permanente. Gran sentimiento de culpa, rabia y abandono. Deterioros graves sobre las actividades cotidianas.

El trabajo de duelo hecho con conciencia aumenta la autoestima, puesto que nos muestra nuestra valiente fidelidad a la realidad de la pérdida. Nos autentifica como adultos que pueden decir sí a la tristeza, al enfado y 1


la dolor. Tal heroico abrazo de nuestra propia verdad transforma el vacío en capacidad.

2. OPICNIÓN PERSONAL Mi opinión no puede ser otra que la de manifestar mi conformidad y agrado con el contenido íntegro del texto. Este texto nos describe a groso modo lo que se entiende por duelo, pérdida y las formas en que se manifiesta, e incluso nos proporciona algunos consejos útiles para ayudar a la familia, a los amigos o vecinos que han perdido a un ser querido. Seguro que muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez, ¿Qué diría a una madre a que se le acaba de morir el hijo, o a un amigo a que se le acaba de diagnosticar un tumor terminal y terrorífico? Generalmente, uno no sabe que decir en este tipo de situaciones. Uno se queda paralizado por la angustia balbuceando el socorrido e inexpresivo “te acompaño en el sentimiento”, que no deja de ser un intento por salir del paso. “Te acompaño en los sentimientos”, o mi más sincero pésame”, son las expresiones que tendemos a utilizar cuando se le muerte alguien a algún conocido o amigo. Esto nos indica la dificultad que tenemos muchos de nosotros en consolar a la otra persona. El texto nos aconseja, y creo que es verdad, escuchar más que hablar; está demostrado que no existen palabras para consolar a una viuda, a un enfermo terminal e incluso, en la mayoría de los casos, para consolarse a sí mismo. No es posible dar explicaciones a la muerte o a la forma de producirse sino transmitir algo importante como “no sé por qué ha pasado esto, pero estoy aquí contigo”. Muchas veces también, tendemos a utilizar tópicos como “no te preocupes”, ya saldrás adelante”, “la vida sigue”, esto le pasa a todos”, “tienes que ser fuerte”, “esto pasa pronto”, etc. Estas expresiones, desde luego, lo menos que producen es un sentimiento de lejanía, de que el otro no entiende nuestro dolor. Creo que hemos de evitar expresiones de este tipo, porque lo ideal no es poner paños calientes en una herida que está abierta y sangrando. Poco le importa al dolorido lo que tiene, su sufrimiento se centra en lo que ha perdido. Creo que también, hemos de evitar las propuestas generales y ambiguas, como “me llamas cuando puedas”, “ya sabes dónde estoy si me necesitas”, “estoy a tu entera disposición”, etc. En los momentos de dolor poco importan ese tipo de propuestas. Sería más eficaz decir algo concreto como “ya lo he dispuesto todo y te vienes a vivir este fin de semana a casa con nosotros; o “te he pagado la factura de la casa para los próximos dos años”, etc., por ejemplo.

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el duelo y la pérdida: ANDRÉS CANUTO ECHUBE