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{ I NT R O D U C C I Ó N }

Y entonces, justo cuando yo pensé que mi vida no podía ser más malditamente complicada, llegó él a ponerlo todo de cabeza. Aun más de lo que ya estaba.

¿Quien lo iba a decir? Me enamoré del tipo menos... menos como yo. Mi vida nunca fue perfecta, claro que no, pero estuvo muy cerca de serlo. Nunca fui consciente de lo afortunada que fui hasta que contemplé lo desafortunada que podía llegar a ser.

Perdoné, callé, olvidé y cometí errores imperdonables. Suyos y míos, de otras personas, de todos. Nunca antes pensé ni por un momento que mi vida pudiera estar tan rebosante de odio, de dolor, de sangre, de penas, de mentiras, de muerte y de sufrimiento; pero lo estuvo todo el tiempo, el problema era que yo no lo quería ver.

Yo sé que él llora cada noche, que maldice cada segundo de su vida, que no puede dormir, que piensa solamente en cuál podrá ser su castigo, que no sabe qué hacer para parar todo el dolor... yo lo sé a la perfección, y lo comprendo más que nadie.

Así que, después de todo, no me importaron las muchas mentiras ni las cosas horribles que me escondía, o el hecho de que toda mi vida había construido una burbuja de perfección, ignorando los problemas y que cuando llegó él, esa burbuja se rompió, revelando los más oscuros secretos de mi vida. Porque después de todo el tiempo que pasamos juntos, después de todos los sentimientos encontrados, después de cada simple sonrisa, cada sentimiento y cada lagrima que compartimos, no podía sólo dejarlo ir, olvidarlo y aceptar que nunca más estaría junto a mí. No podría ni siquiera intentarlo.

Él nunca lo quiso creer, no podía siquiera considerar que alguien lo pudiera amar después de todo, que fuera merecedor de un cariño tan profundo como el mío; pero sí lo era, claro que sí. Tampoco quería aceptar lo que él mismo sentía por mí, porque era demasiado desagradable para siquiera pensarlo, algo totalmente remoto a su forma de ser y de pensar, algo que no se merecía más, que ya no era para él.

Yo sé también que no es su culpa, que nunca estuvo en sus decisiones. No era una cosa de la que él tuviera el control, por la cual pudiera hacer algo. Lo entiendo, no puede salir de esto y todo lo que conlleva es más grande, complicado, peligroso, revuelto y explosivo que nosotros y nuestro amor disfuncional.

No importa, podemos salir adelante juntos ¿No? Podemos superar cualquier cosa.

Algunas personas nacen con la tragedia y el dolor en sus venas, con su destino escrito en sangre. Algunas otras nacen con el amor y la esperanza, con la alegría y la ingenuidad. Totalmente diferentes como suenan, ambos necesitan el uno del otro.

"Quizás tú estás deseando un cuento de hadas... esto no lo es"

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{capítulo;01}

{Anabelle}

Mi papá, tan histérico, bélico, amargado y gritón como siempre, estaba gritando mil cosas y media en italiano por su celular de las cuales sólo entendía las palabras más básicas mientras metía mis dos pequeñas y solitarias maletas a un elegante helicóptero negro estacionado en nuestro patio trasero.

¡Un maldito helicóptero! ¿Qué tan sumamente genial suena eso? No sabía que teníamos uno. Ni siquiera sabía que teníamos el dinero suficiente como para poder siquiera llegar a pensar en la remota posibilidad de algún día de nuestras largas vidas poder comprar uno.

Uno se lleva cada sorpresa...

Estaba emocionada al respecto; un poco encabronada y confundida por la situación, también, pero vamos, no todos los días te enteras de que tienes un helicóptero y de que, probablemente, eres mas rica de lo que pensabas.

—Sube ya, mi niña —me apuró mi papá empujándome por la espalda. Resoplé con enojo y me metí a esa cosa, contemplando todo con los ojos bien abiertos, absorbiendo cada pequeño detalle. Era realmente amplio por dentro, los asientos eran de piel negra, habían unas pequeñas pantallas como en los aviones y las paredes también eran de piel. Era extravagante, muy costoso y elegante, pero realmente genial—. Y no rezongues.

—¡No me digas que no rezongue! Tengo todo el derecho del mundo a rezongar. Odio que me hagas esto, odio que me dejes así todo el tiempo... no entiendo nada. Me desespera que todo sea así contigo, todo el tiempo ¡Nunca me entero de nada! —grité como desquiciada y le dirigí la mirada más enojada que pude hacer para que viera que

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el hecho de tener un helicóptero no me pondría de buenas tan fácilmente. No se me podía culpar por actuar así a veces, era hija de mi padre después de todo y él era conocido por ser un hombre amable aunque no muy tolerante y realmente explosivo.

La cosa es que yo nunca, pero nunca me enteraba de nada de lo que pasaba a mi alrededor; ni de las cosas importantes ni de lo más estúpido. Mi papá se encargaba de que todas las personas que conocía me escondieran las cosas como si fuera una niña pequeña que no entendía.

Bueno, podré no entender algunas cosas, pero definitivamente ya no soy su niña pequeña.

Él se sentó a mi lado lentamente, cerrando la puerta tras él, respirando profundamente por lo bajo y supe que estaba ideando mil formas de pedirme disculpas sin pedirlas realmente, porque así era él. Nunca aceptaba sus errores y por supuesto, nunca se disculpaba, pero odiaba tenerme enojada también, así que algo se le ocurría siempre.

Suspiré de una manera demasiado lastimera, cruzando mis brazos en mi regazo lentamente y haciendo esa carita de perro que lo mataba siempre, consciente de que iba a funcionar. Él inmediatamente puso su mano en mi rodilla mirándome con cara apenada.

¿Por qué razón del cielo mi papá es tan fácil de manipular? Oh, Señor, apiádate de él.

Absolutamente nadie pensaría a primera vista que ese hombre de casi dos metros y 94 kilos fuera fácil de manipular, y menos por una mocosa de 17 años recién cumplidos como yo, pero lo era, oh sí que lo era el pobrecito. O quizás yo era muy buena manipulando. Quien sabe.

Mi papá tenía cara de perro rabioso casi todo el tiempo, siempre usaba trajes negros, camisa negra, corbata negra y zapatos negros, era misterioso acerca de todo y se enojaba con muchísima facilidad... él odiaba cuando le decía que tenía un aire a Tony El Gordo de Los Simpsons, pero era verdad ¡Totalmente! Hasta tenía ese acento italiano. Todos se callaban cuando entraba a un lugar y realmente esperaban que aparecieran tras de él un montón de tipos armados y empezaran a disparar con explosiones de fondo, peeero no, lamentablemente él era sólo un vendedor de casas. Nada emocionante, para el dolor de mis amigos con la imaginación elevada y mi cartera constantemente vacía.

El caso es que nadie se imaginaría que Tony El Gordo es fácil de manipular, pero nadie sabía que mi Tony era un hombre tierno, muy inteligente, amoroso y un poquito manipulable.

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Tomé aire cuando el conductor se metió a la cabina por fin. Ese sería mi primer viaje en helicóptero en toda mi vida y no podía esperar para contárselo a Alison. Resoplé cuando el estúpido conductor salió, como si hubiera decidido que no se quería ir aun, luego se metió de nuevo, se puso a revisar los botones y empezó a decir un montón de cosas raras.

Que aburrido ¿No podemos solo volar y ya? ¿Por qué hacen falta todas estas tonterías? —Mi niña, tú sabes que hay ciertas cosas que... —... que no debo ni quiero saber —concluí rodando los ojos— Sí, lo sé.

Había escuchado esa estúpida frase demasiadas veces como para no saberla de memoria. No era tan tonta, y me daban ganas de patear cosas cuando me decía eso, por varias razones.

Para empezar, odiaba que me escondieran las cosas. Era de verdad lo peor que me podían hacer, porque sentía como que no me tomaban en serio, como que pensaban que no era lo suficientemente inteligente para saberlo y opinar, y mi papá era la persona que más cosas me había escondido toda mi vida. Ademas, ni siquiera entendía muy bien lo que significaba, o sea, según "Hay ciertas cosas que no debo ni quiero saber" pero ¿Por qué no debía saberlo? Si lo involucraban a él me involucraban a mí también ¿Qué tipo de cosas eran? ¿Y por qué, yo, que soy su hija, no podía saberlo? Si estaba preguntado era porque quería saber, obviamente.

Mi papá alias El Filósofo seguramente se había inventado esa frase nada más para hacerme enojar.

—¿A donde vamos? —grité sobre el sonido de las aspas después de un rato. Toqué mis gigantescos audífonos, lista para quitármelos si no podía escuchar a mi papá, que era lo mas probable.

—¡Italia! —contestó también gritando.

Sí, lo escuche a la perfección, justo en mis tímpanos, al parecer para eso era el micrófono. Y sólo pude quedarme callada, de piedra. Obviamente no podía renegar eso. Iríamos a Italia lo quisiera yo o no. Ademas ya íbamos a medio camino.

Maldición, hubiera preguntado antes.

En mis míseros diecisiete años había vivido en Mexico, Francia, Italia y Estados Unidos. Y créeme cuando digo no fue tan genial como suena, sobre todo porque no fueron viajes glamourosos.

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Pasé mis primeros seis años en Mexico, bueno, ni siquiera recuerdo mucho de eso. Después pasé cuatro años en Francia. Me acuerdo sólo porque no entendía ni un carajo de lo que la gente hablaba; tuve que aprender ingles y lo que pude de francés para medio comunicarme al estilo cavernícola con algunas personas, las necesarias. Ademas, no tenía ni un solo amigo, ni uno solo. Me sentía tan mal y patéticamente solitaria que lo único que pude hacer fue refugiarme en la comida —Sí, sí, sí. Lo sé ¡Obesidad infantil! ¿En qué demonios estaba pensando?— Debí meterme al gimnasio para matar la depresión, practicar algún deporte o hacer dietas, no simplemente comer y comer como si no hubiera un mañana. Luego de eso me fui a vivir a Italia y tuve que aprender italiano y ¡Es el idioma mas jodidamente difícil de todos! —bueno, obviamente de todos los que yo he tenido que aprender. Estoy segura de que el mas difícil de todos es el chino o el japonés o uno de esos— pero fuera de eso tuve una vida relativamente feliz, mucho mejor de la que tuve en Francia. Por lo menos hice amigos y había mas gente que hablaba en ingles, además mis padres conocían a un montón de personas. Vivimos ahí cinco años, los cinco años más importantes de mi vida, se podría decir.

Conocí a Nedime y Yamin, unas gemelas locas que eran hijas del mejor amigo de mi papá en Italia y como ellas tampoco sabían italiano al principio nos hicimos amigas muy rápido. No había una sola cosa que no nos contáramos y no había un solo día que no estuviéramos juntas.

Di mi primer beso con el hijo de un amigo de mi papá, se llamaba Lorenzo. Yo tenía trece y él tenía quince años. Y estaba taaaan enamorada de él. Dios, aun lo recuerdo. Con sus ojos azules y su piel morena, tan sexy.

Estábamos sentados solos en la plaza central comiendo un helado. Era la primera cita que yo tenía y estaba terriblemente nerviosa. Más que cualquier otra chica normal, eso es seguro. Mis manos temblaban y sudaban tanto que cuando quise tomar mi bebida la dejé caer en la mesa donde estábamos almorzando y cayó todo en su pantalón blanco. Me sorprendió que no me abofeteara y saliera corriendo después de eso.

Mientras comíamos helado y nos reíamos acerca del incidente con la bebida Lorenzo me dijo: "Eres la niña mas bonita que he visto en toda mi vida" (lo cual sigo dudando mucho porque ¡Nadie es bonita a los trece! Bueno, por lo menos yo no lo era. Me había tratado de depilar las cejas con cera —si tienes trece años no te trates de depilar las cejas, por favor— hice una tremenda asquerosidad en mi cara, me quedaron demasiado delgadas y totalmente disparejas. Ademas aun seguía un poco gorda y me estaban saliendo granitos en la cara. Totalmente desagradable) luego me acarició las mejillas regordetas con el gesto mas lindo que alguien hubiera tenido conmigo y se acercó a mí. Sus labios sabían a chocolate caliente y su lengua levemente tocó mis labios. Yo de verdad hubiera gritado en medio del beso por la emoción de su lengua tocando mis labios.

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Afortunadamente no lo hice.

Justo después del hermoso beso me preguntó que si quería ser su novia y aunque yo quería, dije que no, porque mi papá había dicho que no podía tener novio hasta los quince años y yo seguía las reglas. Era de ese tipo de niñas que no desobedecen nada. Pero el muy imbécil se enojó conmigo y al día siguiente le contó a todos en el colegio que yo lo había dejado tocar mis senos poco desarrollados... ¡Poco desarrollados, joder!

Sí, así lo dijo el maldito Lorenzo: "Anabelle me dejó tocar sus senos poco desarrollados" estúpido idiota imbécil. Mis senos apenas estaban creciendo ¿De acuerdo? Sí, estaban pequeños ¡¿Y qué?! Ese mal nacido me dejó un jodido trauma con su mugroso comentario inmaduro de mierda. No le volví a hablar nunca más, y si lo volvía a ver lo más probable era que me quitara mi blusa y mi sostén donde sea que estuviéramos y le enseñara cómo de poco desarrollados mis senos estaban ahora.

Todo era muy bueno en Italia, excepto Lorenzo, pero después mi mamá murió, o mejor dicho, la mataron y tuvimos que salir corriendo de ahí justo como lo estamos haciendo ahora.

No me gusta pensar en gente muerta. Pero parece que mi vida está llena de muerte.

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{capítulo; 02}

Regresar a Italia sería como reabrir heridas del pasado. Recordando a mi mamá y al estúpido de Lorenzo. Y volver a preocuparme por mis senos. Ademas, tenía una vida de lo más perfecta en US. Bueno, quizás no era la más perfecta del mundo pero era realmente genial, tranquila y funcionaba para mí.

Yo era, por fin, después de dos años, la capitana de las "animadoras" de mi escuela, y no éramos porristas, ni hacíamos nada parecido a una rutina de las suyas. Nosotros éramos una especie de cuadrilla de danza, pero nos llevaban a bailar a los partidos. Y tenía un amigo muy sexy que últimamente estaba siendo mucho más que un amigo, mucho más. Y Dios, estaba desesperadamente enamorada de él.

Pero, no importaba si mi vida era bonita, buena y genial. No importaba si Graham estaba a punto de ser mi novio. No importaba nada, yo tenía que hacer todo lo que mi papá dijera.

✖✖✖✖✖

—De verdad, papá... ¿Por qué tenemos que vivir aquí de nuevo? —pregunté en un susurro entrecortado, sin moverme y sin dejar de sentir un gran peso en el pecho. Y me refiero a uno grande y molesto, de esos que no se van fácilmente, de esos que te sacan las lagrimas de una manera dolorosa, de esos que te rasgan el pecho y no te dejan respirar.

—Esta es nuestra casa, Anabelle —respondió mi papá con una mueca. Podría apostar cualquier cosa a que él estaba sintiendo lo mismo que yo—. A mí me duele

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igual o más que a ti estar aquí. Pero lo pasado es pasado y nosotros tenemos que seguir adelante sin mirar hacia atrás ni un segundo.

—Lo sé, lo siento —suspiré y cerré mis ojos un segundo, tratando de serenarme, desviando la vista de la enorme casa.

Se supone que ya lo superaste, Anabelle. Deja de chillar como animal.

El auto se estacionó justo frente a la puerta y el conductor se bajó a sacar nuestras maletas. Ya era hora de bajar de ahí, pero no estaba completamente lista.

Mis ojos se llenaron de amargas y pesadas lagrimas inmediatamente y mi respiración se quedó dolorosamente atorada en mi garganta en el momento que entré a mi viejo hogar y el típico olor a limón me recibió. Pensé que ya lo había superado, pero definitivamente seguía siendo demasiado para mí.

Mi vista vagó ansiosamente por toda la casa, buscando cambios, pero todo seguía exactamente igual a cómo nosotros lo dejamos ese día, excepto por el cuerpo y la sangre de mi mamá en la sala.

Mi mente se puso en marcha, empezó a recordar sin mi permiso un montón de cosas con tanta intensidad que podía ver todo pasando frente a mí, como si yo sólo fuera una intrusa viviendo mi vida desde un tercer ojo omnisciente.

Recordé a mi mamá limpiando la casa con sus audífonos puestos, cantando a todo pulmón con su voz bonita y bailando al rededor mientras sacudía los muebles.

Recordé a mi papá uniéndose a su canto con una voz fea y desafinada y tomándola de la cintura para bailar con ella. Luego volteándola y besando sus labios de una manera hermosa y luego jalándome para que yo bailara con ellos. Mi papá era un hombre totalmente diferente con ella. Extraño a ese hombre.

Recordé cuando me robé tres kilos de limones del refrigerador y por alguna estúpida razón me encargué de exprimirlos todos en los sillones y en el piso de la sala. Mi mamá me quería regañar cuando se dio cuenta pero le ganaba la risa y no podía parecer enojada conmigo, por más que lo intentara. Después de un rato decidió que el aroma a limón le gustaba y me agradeció por hacer que se diera cuenta de ello.

Recordé cuando yo, mi mamá y las gemelas nos sentábamos en el gran sillón frente a la televisión acurrucadas con colchas y mirábamos programas de chismes y vídeos musicales mientras comíamos cochinadas y platicábamos de todo. Ella era otra de nosotras y siendo sincera, nunca nos sentimos tímidas a la hora de contarle algo; por más vergonzoso que fuera, su sonrisa y ojos cálidos nos llenaban de confianza.

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Recordé cuando llegué a casa sintiéndome como mierda y le conté a mi mamá que Lorenzo me dejó aquel trauma, sollozando como una loca y cómo ella me dijo que algún día mis senos iban a crecer tanto que estarían más desarrollados que todo su cerebro. Y sí, tenía mucha razón. Ahora mis senos eran grandes, mucho más que su cerebro inexistente.

Recordé el día en que entré a mi casa y encontré el cuerpo de mi mamá tirado en la sala bajo un charco de sangre.

Recordé cómo me tiré sobre ella y cómo le supliqué que no muriera...

Estallé en lagrimas de repente y jadeé fuertemente buscando el aire que se me había escapado. Caminé sin fuerzas hacia el punto exacto donde ella estaba tirada y me dejé caer ahí, llorando como pocas veces lo había echo.

Yo había llegado esperando encontrármela cantando como siempre, bailando por ahí, limpiando, viendo televisión o lo que fuera; en cambio la encontré casi muerta, tirada en un maldito charco de sangre. Sus ojos aun no se cerraban por completo, su garganta trabajaba como si estuviera tratando de hablar y su mano se movía un poco, pero cuando me vio llegar se dejó morir sin pensarlo dos veces, simplemente dejó de luchar. Por mí.

El peor dolor del mundo es ver a la mujer que te dio la vida perder la suya.

No había notado que mi padre estaba tirado a mi lado abrazándome hasta que empezó a frotar mi espalda; me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas. Ni siquiera podía respirar, el dolor era demasiado abrasador, su presencia aun se sentía demasiado real. Si cerraba mis ojos iba a poder escuchar su dulce voz a lo lejos.

Ella era tan jodidamente hermosa, siempre tan llena de amor para todos, tan alegre y sonriente, siempre con una sonrisa sincera para el que se acercara a ella. Siempre tan dispuesta a dar todo por mí. Y yo no pude dar nada por ella.

—Mi niña —murmuró mi papá con su boca pegada a mi cabello—. Yo también la extraño, a mí también me duele recordarla.

—No quiero estar aquí —sollocé—. Duele mucho... —¿Qué diría ella si te viera llorando así después de tantos años? —No lo sé —mentí. Lo escuché suspirar. —Claro que lo sabes, los dos lo sabemos. 10 

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—Ella... diría algo como: Por dios, Ana, ya supéralo. Todos tenemos que morir, todos lo haremos y no tienes porqué estar triste, niña tonta, tu sonrisa es demasiado bonita como para que no la estés luciendo todo el tiempo. Pon un poco de música y ponte a bailar. Eres joven y extremadamente hermosa —Reí un poco entre lagrimas. Eso sería exactamente lo que ella diría. Dijo algo muy parecido cuando mi perro murió—. Y después ella me cantaría esa canción... Cielito lindo.

—Oh, claro. Ella siempre te cantaba esa canción cuando llorabas. —Ella siempre me cantaba.

—¿Cómo iba? Ojalá no te exploten los tímpanos, pero era... Aaaaay, ay, ay, ay... Canta y no llores... porqué cantando se alegran, cielito lindo, los corazones...

Reí con fuerza ante su terrible español y su voz de siempre, fea, profunda y desafinada, y me empecé a relajar en sus brazos escuchando cómo me cantaba. Algo tenía esa canción que siempre me había calmado. Era el español, supongo, mi mamá siempre hablaba en español sin importarle en que lugar estuviéramos. Y tenía una voz tan bonita, ella podría haber sido cantante si quisiera. La mejor de todas.

Dejé de llorar eventualmente y sonreí porque mi papá tenía razón. A ella no le gustaría verme llorar. Se ponía realmente triste cuando lo hacía, probablemente en ese momento ella estaba en el cielo, susurrando esa canción para mí y quejándose de lo estúpida que me veía, llorando por algo tan simple y real como la muerte.

{Justin}

André tiró la pistola vacía con mucha rabia probablemente rompiendo el piso con su ocurrencia y, después de gritarme algo que no entendí, rasgó la manga derecha de mi jodido traje de un solo jalón. Antes de que lo pudiera pensar bien yo ya estaba gruñendo de una manera sobrehumana por el coraje y aventándome sobre él, tirándolo al piso con un fuerte sonido y lanzando mis puños hacia su estomago y brazos, pero el animal era más fuerte que yo así que detuvo mis puños un segundo para poder golpear mi cara.

—¡La jodida cara no! —le grité realmente esperando que no se me hiciera ningún moretón y golpeé su pecho con ambas manos para alejarlo. André hizo lo mismo pero

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más firme y cuando tambaleé sobre él me empujó más fuerte, tirándome al piso de lado y poniéndose sobre mis piernas en un segundo para golpear mi estomago. Gemí y traté de quitármelo, pero no podía—. Ella me va a matar.

—Esto es para que no te metas conmigo de nuevo —gimió forcejeando cuando traté inútilmente de salir debajo de él— ¿Tienes idea de quién me va a matar a mí?

—Me importa una mierda —saqué con esfuerzo mi brazo de debajo de su mano y, sin nada más que pudiera hacer, llevé mi puño hasta su mejilla con todo lo que pude sin procesar que no debería hacer nada así o nos iría muy mal a los dos.

—¡EN LA CARA NO, HIJO DE PUTA! —me gritó realmente fuerte con la cara torcida en una mueca horrible. Reí cuando vi el color rojo creciendo en todo el lado izquierdo de su mejilla y su ojo y me preparé para golpear de nuevo.

—¡¿Hijo de qué?! —exigió una suave voz, suave y fuerte, realmente enojada. André y yo nos congelamos y nos miramos igualmente asustados sin movernos de nuevo.

—Repítelo, Thomas André Bieber Ciranelli —ordenó con voz baja y dura—. Y levántense ya del suelo.

Puedo decir con seguridad que en menos de dos segundos ambos ya estábamos parados firme y rígidamente frente a nuestra madre, esperando el castigo, esperando los gritos, y esperando cualquier cosa que nos fuera a hacer, como soldados.

—Hijo de... de, eh... lo siento, mamá —empezó a balbucear como sólo lo hacía con ella. No sonreí porque sabía que un buen regaño y seguramente esa misma humillación me esperaba a mí también. Esa mujer podía con cualquiera.

—Dilo de nuevo. —Puta —murmuró, en una voz muy, muy baja.

—No es algo muy inteligente para decirle a tu propio hermano. Ustedes dos ya me tienen harta con sus estupideces inmaduras —escupió con rabia, caminando más cerca de nosotros.

Seguramente el panorama sería algo gracioso. Dos chicos naturalmente altos, no es que seamos gordos pero definitivamente no somos muy delgados, asustados por una mujer que difícilmente pasaba el metro cincuenta, delgada como un espagueti y con cara de ángel.

—¿Cuantas veces se han peleado a los puños esta semana? —preguntó, fulminándonos con la mirada —. Sé de esa cosa estúpida que su padre les dice a todos

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ustedes cuando tenemos algo importante y ustedes sienten la necesidad de pelear "en la cara no" ¡Ni en la cara ni en ningún otro lugar! ¡Mis hijos no son ningunos animales o primitivos salvajes! ¡SON HERMANOS, POR EL AMOR DE DIOS! ¡NO QUIERO QUE SE VUELVAN A PELEAR ASÍ NUNCA JAMÁS!

—Mamá... —empecé a hablar, tembloroso e inseguro de que no aceptara mis razones—. No estábamos peleando de verdad, era... era... fraternal, con amor.

—¡¿Fraternal?! —me gritó realmente fuerte, haciéndome saltar poquito del susto. Tomó la cara de André con fuerza y la volteó hacia mí. Sus ojos castaños desgraciadamente iguales a los míos estaban muy abiertos y asustados, como de alíen, sus mejillas aplastadas bajo las uñas rojas y largas de mi mamá y sus labios abiertos como si fuera un pescado—. Mira esto, muchacho idiota, este moretón no fue hecho con amor.

—Tienes razón, lo siento... fue su culpa, de todos modos, él... él rompió mi traje, mira —le dije rápidamente enseñándole la manga colgando casi hasta mi codo. Supuse que ya lo había notado pero ella jadeó con horror y soltó la cara de mi hermano bruscamente para caminar hacia mi brazo y examinar el corte obviamente irreparable.

—¡LA FIESTA EMPIEZA EN MEDIA HORA! —ladró con horror, haciendo que ambos nos encogiéramos— ¡¿Qué se supone que tengo que hacer con ustedes?!

—¿Amarnos y aceptarnos? —opinó André. Mi mamá bufó.

—No. No sé como le vas a hacer, Justin Drew, pero tienes que encontrar una chaqueta decente en media hora —me dijo apuntándome con un dedo, y se volteó a André—. Y tú, más te vale que te controles con tus hermanos. Y ambos verán más tarde como les irá con su padre.

Se dio una vuelta después de matarnos con la mirada y se alejó de nosotros con sus altos tacones negros resonando fuertemente en toda la casa conforme se alejaba.

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{capítulo;03}

{Anabelle}

Estaba atrasada, como de costumbre. Era mi primer día en el colegio y como siempre iba a llegar jodidamente tarde. Que lindo.

Salté de mi vieja cama pequeña y rechinante, la cual mi papá había prometido cambiar y empecé a caminar de un lado a otro desorientada de repente, con el sueño nublando mis pensamientos. Me puse el uniforme nuevo y planchado que Linda dejó en mi escritorio la noche anterior y no me importó arrugarlo de nuevo con mi brusquedad, yo sólo traté de ponérmelo lo más rápido posible. El uniforme era muy, muy lindo, nunca antes había llevado uno y como que me emocionaba no tener que preocuparme diariamente por si la ropa que me iba a poner la había llevado antes o cosas así. Problemas de chica pobre.

La falda era corta pero sin llegar a ser vulgar, con patoles grandes que hacían que mi trasero se viera como más parado, y cuadros con colores azules, tipo escocés. Me lucía bonita. La blusa era blanca, de una tela que se sentía fresca y que translucía todo, me quedaba bien. Y una pequeña corbata de moño con la misma tela de la falda.

Si me veo el cuerpo estoy perfecta pero... mi cara, Dios. Esto es un delito de la naturaleza.

Suspiré totalmente derrotada porque mi parte de arriba era todo un desastre espantoso incapaz de reparar. Nada que ver con el perfecto aspecto que tenía en las mañanas cuando iba a mi bonita escuela en US que empezaba a una hora normal, no a las seis de la madrugada como en Locolandia, o sea, Roma. No había manera de que eso se pudiera arreglar así que sólo lo ignoré recordándome a mí misma que, de hecho, pocas personas se me iban a acercar en mi primer día. Esas cosas pasan y las personas no pueden lucir hermosas todos los días ¿Cierto?

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Me puse las calcetas blancas hasta la rodilla y mis zapatos negros y, como si cepillaba mi salvaje cabello se iba a poner mucho peor, solamente lo recogí en una cola alta, escandalosa y despeinada que lucía algo bien. Me puse rímel en las pestañas, un poquito de labial y salí así. Era lo mejor que podría lograr.

—Pensé que jamás ibas a despertarte —me dijo mi papá cuando me vio llegando a la cocina y bajó su periódico para verme. Se veía genial.

¿Cómo es siquiera posible que él esté despierto antes que yo y que siempre luzca bien? Yo jamás luzco bien a estas horas de la madrugada. Debí haber heredado ese poder.

—Bueno, ahora ya estoy lista y es muy tarde, será mejor que nos vayamos de una vez —lo apuré quitándole su taza de café de las manos y jalando su traje impecable con impaciencia. Él suspiró lentamente y se levantó.

Conforme nos acercábamos a mi nuevo colegio me iba alentando y diciéndome a mí misma que todo sería genial, que por lo menos me podría encontrar una amiga, digo, yo siempre era amigable, conseguirme una maldita amiga no sería muy difícil. Yo no era de las tímidas precisamente, además todo el mundo consigue amigos, yo también podía hacerlo.

—¿Te das cuenta de que necesito un celular? —le solté a mi papá de repente, de la nada. No sé porqué se me salió, ni siquiera estaba pensando en eso, pero era totalmente cierto, una chica no puede ir por la vida sin celular y menos en un país casi desconocido donde no tiene amigos.

—Tienes razón —asintió sin mirarme—. Trataré de darte uno lo más antes posible y esta vez, sólo para variar, intenta no destruirlo ¿De acuerdo?

—Lo intentaré —bromeé. Aunque sería difícil, porque yo nací destruyendo celulares.

—Listo, ya estamos aquí —anunció mi papá aparcando frente a... un maldito palacio.

Realmente ese era el colegio más grande, elegante, ostentoso y perfecto que mis ojos han visto alguna vez. Era como los colegios de las películas, como los colegios de los príncipes, de la gente millonaria, no lo sé. Era simplemente genial. Mínimo tenía cuatro pisos y creo que abarcaba una manzana completa. Las paredes eran de un café claro, las ventanas eran grandes y largas con contornos blancos y pequeños balcones románticos, habían dos puertas gigantes de caoba por donde entraban todos los alumnos y una pequeña fuente frente a las escaleras para entrar que parecían interminables.

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—Vaya —murmuré perdida, sintiéndome soñada— ¿Cómo descubriste este lugar?

—Bueno, me lo recomendaron... resulta que Dan Jolie es el director —anunció como si no fuera la gran cosa y mi cuello se volteo hacia él inmediatamente cuando escuché ese nombre, con una sonrisa gigante—. Y sí, tus gemelas están aquí.

—¡Oh Dios mío! —exclamé emocionada y grité de una manera demasiado aguda que incluso me molestó a mí. Mi papá me puso una mano en el brazo para que me callara— oh, que emoción, ya me voy a...

—Espera, escucha, no puedes ir a ningún lugar ¿De acuerdo? No importa si acabas de ver a las gemelas después de tanto tiempo, no importa nada, tú no puedes salir de aquí hasta que yo llegue por ti.

—¿Qué? ¿Por qué tanto drama con eso?

—Anabelle, no me hagas preguntas —se quejó cansado. Oh, claro, nunca podía cuestionarle nada tampoco—. Sólo no salgas, por favor... este es un lugar peligroso.

—Claro, claro, cómo tú digas —rodé los ojos, enojada—. No saldré ni a respirar aire fresco ¿Contento?

—No exageres, mi niña, puedes salir y esperar en las escaleras a que yo llegue. —Está bien —bufé y me acerqué a besar su mejilla—. Nos vemos en la salida. —Nos vemos.

Salí del carro y azoté la puerta con una mueca, ajusté mi bolso Prada (el único original) que decidí usar como mochila para encajar ahí y miré mi falda y mi blusa de nuevo, sólo para comprobar que no tuviera nada al revés, chueco o simplemente mal puesto y tomé aire para empezar a caminar. Rodeé la fuente y cuando empecé a subir las escaleras un tipo rubio corpulento me chocó sin querer, pero con fuerza y con muchos kilos de más. Le gruñí enojada y él me sonrió tímidamente pero lo ignoré y seguí subiendo... subiendo y subiendo y parecía que jamás iba a terminar de subirlas hasta que por fin lo hice y crucé las puertas de mi nuevo colegio.

Fui un completo desastre la primera hora. Me perdí en los pasillos varias veces, hice el ridículo preguntándole algo a una chica que sólo hablaba italiano, tuve que buscar a la secretaria o lo que fuera la mujer que me dio mi horario, me perdí de nuevo, choqué con varios italianos estúpidos, presuntuosos y maleducados que sólo me miraron mal y, luego, por fin, encontré mi salón, lo cual no sirvió de mucho porque cuando llegué, efectivamente, todos estaban sentados y súper callados en sus asientos

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acolchados de un millón de euros que no se podían comparar con los que tenía en mi anterior escuela.

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{capítulo;04}

—¿Quién eres tú? —me preguntó el hombre parado frente al pizarrón en cuanto abrí la puerta con un fuerte sonido y con mi rostro perdido. Él tenía el ceño ligeramente fruncido de una manera agradable y sus bonitos ojos verdes me miraban confundidos.

—S-soy Anabelle Ferré —contesté con mi voz dulce sin alejar mi mirada de él, de su perfecto, celestial rostro—. Um, soy nueva.

—¡Oh! —exclamó de repente, haciendo una "o" perfecta con sus labios rojos, finos y pequeños. Dulces, besables labios—. Señorita Ferré, la esperábamos hasta el lunes. Y a tiempo.

—Tuve serios problemas para encontrar esta sección del colegio y después para encontrar el salón, lo siento —murmuré sin poder detener mi mirada salvaje de recorrer todo su cuerpo. Ni siquiera estaba mirando a mis compañeros inmundos, yo estaba concentrada en mi precioso maestro que bien podría haber sido un modelo de revista. No creo que tuviera más de 30 años. De ninguna manera.

—No se preocupe —me tranquilizó con una linda sonrisa de lado, caminando hacia su escritorio. Lo seguí tímidamente tomando mi bolso con más fuerza—. Esperen un momento, chicos.

Justo cuando dijo eso me volteé hacia ellos y les puse atención por primera vez; todos me estaban mirando como si fuera un tipo de experimento raro. Dos chicas estaban en el medio con sus cabezas juntas, cuchicheando acerca de mí sin dejar de mirarme. Por Dios, que patéticas.

—Lamento que se haya perdido —dijo revolviendo unos papeles—. El señor Jolie insistió en que alguien la esperara en la puerta el lunes, para enseñarle los pasillos y esta sección, él dice que usted no habla italiano y temía que terminara en la otra sección.

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—De hecho lo hice —admití con una sonrisa—. Ni siquiera sabía que había secciones de idiomas y todo eso... mi papá insistió que viniera desde hoy, no quiere que pierda más clases. —Ah, perfecto, y lo siento, en la hora del almuerzo puedo decirle a algún compañero que te muestre el colegio.

—No se preocupe por eso, tengo unas amigas aquí y ellas me pueden ayudar a no perderme tanto.

—De acuerdo, en ese caso, puede ir a sentarse justo ahora, para no perder más tiempo —ordenó suavemente, apuntando con su mano—. Justo a un lado de Otto, el chico pelirrojo.

—De acuerdo... —susurré para mí misma mientras me volteaba hacia los individuos que serían mis compañeros por lo que restaba del año escolar, que eran unos tres meses más o menos. Eran como 30 chicos solamente, callados y mirándome fijamente mientras caminaba hacia el lugar solo a un lado del pelirrojo.

Las chicas, Tara y Regina, siguieron hablando de mí las malditas tres clases antes del almuerzo. Me estaban hartando a muerte. ¿Cual era su maldito problema conmigo? ¿Me odiaban por ser fea? no me habían visto en mis mejores momentos, sin duda. Se limitaban a darme miradas superiores y luego inclinarse juntas a hablar, obviamente de mí y a veces soltaban risitas molestas.

Primer día, primer periodo y ya sé quieres son las perras del colegio.

Las clases eran exactamente iguales que en mi antigua escuela, mismas materias, mismas palabras, mismas cosas que realmente no me importaban, mismo todo, la única diferencia era que no teníamos diferentes maestros para cada clase, el profesor Effegry nos las daba todas, a excepción de matemáticas. En otra situación aquello me hubiera molestado, porque estar viendo al mismo maestro todo el día sería algo tremendamente aburrido y desesperante si no se tratara de oh, Freddy Effegry, el futuro señor de mi vida. Tan hermoso.

Salí al pasillo con las manos en puños, ojos perdidos, cuerpo tenso y caminando de una manera incomoda, deseando tener un celular aunque fuera sólo para pretender que estaba texteando con alguien o hablando con alguien o algo por estilo y no verme tan patéticamente solitaria y estúpida, siguiendo a todos para llegar al comedor sin ningún maldito amigo. Incluso los chicos raros, los que sufrían de bullying tenían amigos y yo... yo jamas había estado en esa situación antes, odiaba quedarme sola en lugares públicos.

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El comedor era al aire libre, mesas redondas de ocho asientos con sillas acolchadas. Sí, acolchadas. Había un quiosco grande donde vendían la comida, los chicos hacían fila pacientemente, como si de verdad fueran personas civilizadas. Los italianos eran tan raros. Además era gigante, como... cincuenta veces más grande que la cafetería cerrada, chiquita y sucia que tenía en mi otra escuela, y sé que desde que llegué empecé a compararla en todas las cosas, pero es que me era imposible no hacerlo, cuando todo ahí era absolutamente elegante, grande y hermoso, y en US no teníamos nada bonito, ni siquiera remotamente parecido a eso.

Tomé mi almuerzo como todos los demás, un desayuno completo que lucía delicioso, huevos estrellados con hot cakes, tocino, y jugo de naranja recién exprimido, y me quede un segundo parada mirando a todas las mesas como toda una rechazada social. Juro que estuve a un segundo de irme a comer al baño como Lindsey Lohan en Mean Girls, pero me dije: No lo hagas, mantén la cabeza en alto, pon una sonrisa confiada y siéntate sola, hazles pensar que eres la chica popular que es demasiado buena para todos ellos. Aunque estés realmente lejos de ello. La imagen lo dice todo.

Me senté en una mesa sola, comiendo con la mirada baja, rápidamente y, justo cuando iba por la mitad de mi desayuno que no solo lucía delicioso sino que era la comida de escuela más perfecta que hubiera probado alguna vez, escuche una risa doble que empezó al mismo tiempo y terminó al mismo tiempo, una risa que no había escuchado en dos años pero que jamas olvidaría. La risa de mis gemelas.

Me levanté de golpe y me giré dramáticamente viendo todas las mesas una por una, analizándolas para ver donde estaban y cuando por fin las vi, salté de mi silla, casi tirándola y caminé con determinación hacia ellas. Cuando estuve detrás de Nedime, con el cabello siempre más largo que Yamin, golpeé su cabeza de una manera firme pero no del todo fuerte. Ella se volteó hacia mí inmediatamente con una mirada enojada.

—¿Qué demonios, chica? —preguntó ella, levantándose y girando hacia mí con una ceja arriba. Yamin se levantó también al mismo tiempo. Ellas me estaban mirando como si realmente no supieran quien era yo.

—¿Qué te sucede, estúpida? —escupió Yamin cuando no dije nada, como siempre la más agresiva. Y seguían sin recordarme, al parecer.

Ellas se veían jodidamente idénticas con su cabello lacio castaño con destellos dorados, el de Yamin más corto, ojos marrones, grandes y traviesos, los de Nedime más suaves y un poco más altas a como las recordaba. Yo podía reconocerlas hasta con los ojos cerrados y ellas no se acordaban de mí. Malditas.

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Golpeé ahora a Yamin, llevando su cabeza abajo y encendiendo aun más su enojo, sus amigos me veían como si estuvieran enojados pero no se habían levantado ni dicho nada, sabían que ellas bien podían lidiar con cualquier perra como yo.

—Voy a seguir haciendo eso hasta que sepan quien jodidos soy yo —amenacé, entrecerrando los ojos. Yamin relajó su posición de "lista para matarme" mirándome intrigada y molesta.

—No sé quien... —empezó a decir Nedime, la hice callar de otro golpe en la cabeza. Me reí y negué con la cabeza hasta que sus ojos se dilataron y se abrieron muchísimo— ¡Dios santo! ¡Dios santo! ¡Anabelle!

Después de sus gritos que realmente se escucharon por todo el comedor, se me echó encima y me abrazó fuertemente. Yamin empezó a decir mil cosas y a saltar a nuestro lado hasta que Nedi me soltó y ella me pudo abrazar.

—No puedo creer que no me di cuenta —gimió Yamin—. Es que, chica, estás realmente diferente

—Lo sé, hace como 30 kilos, muchos granos y cabello feo que nos vimos por ultima vez, realmente me alegro de que no me reconocieran a la primera —admití, riendo y siendo consciente de todos los ojos en nosotras. Pasé en cuestión de segundos de ser la marginada a la sensación del día.

—Bueno, chicos, realmente necesitamos platicar con esta chica de aquí. Nos vemos más tarde —les dijo Nedime y las tres caminamos juntas hasta la mesa donde estaba mi desayuno, ahora frío.

No sé como fue siquiera posible pero por unos quince minutos nos comunicamos a base de gritos, risas, sonidos raros, abrazos y palabras al mismo tiempo. Les resumí todo el problema por el cual regresé a Italia, la repentina muerte de mi tío, la depresión de mi papá, la paranoia que traía últimamente y todo eso.

—Entonces ahora estás aquí para quedarte ¿Cierto? —preguntó Yamin con una sonrisa. Yo asentí y las tres gritamos emocionadas. Nedime empezó a decir algo pero no le puse atención porque de repente mi mirada viajo hacia la puerta del comedor, como a diez metros de mí, donde tres chicos iban entrando como si fuera... no sé, una película porno.

Realmente ignoré a dos de ellos, mi mirada se concentro del todo en el chico golpeado de la esquina. Bajé mi mirada por todo su cuerpo y empecé a estudiarlo de abajo arriba.

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Desde sus zapatillas Supra negras —y yo sabía de eso porque Graham estaba obsesionado con esa marca— subiendo a su pantalón negro que claramente no era del uniforme, suelto y obviamente dos tallas más grandes a la suya, subiendo a su camisa de vestir del uniforme arremangada descuidadamente en los brazos, unos brazos que bien, no eran los más musculosos del mundo, pero estaban demasiado bien constituidos y con tres botones abiertos dejando ver una camisa negra pegada debajo, a su pecho amplio y sexy con varios collares, un rosario ostentoso con una cruz grande de oro y cadenas como las de los soldados que tenían su nombre grabado, subiendo a su cuello... Oh, su cuello... y luego subiendo con deseo a su mandíbula fuerte y cincelada, más apretada y tensa de lo que los chicos la tienen normalmente, por lo que pude suponer que el chico estaba enojado, entonces subí a sus labios y, demonios ¿Había sentido antes ese deseo de subirme en las piernas de un chico, pasar las manos por su cuello y besarlo hasta arrancarle los labios? Eh, sí, definitivamente sí, pero no desde hace mucho tiempo. Llegué a su nariz, que era realmente buena, una buena y bonita nariz de hombre, luego seguí a su mejilla izquierda con un moretón extraño, rojo, verde y morado, y cuando llegué a sus ojos el chico volteó a verme como si hubiera sentido mis ojos recorriendo todo su cuerpo. No alcancé a ver el color de sus ojos pero si vi muy claramente el desprecio en ellos cuando me frunció el ceño y se volteó rápidamente.

—Niñas, niñas, oh por Dios santo ¿Quién demonios es el dios del sexo que acaba de entrar? —pregunté en un suspiro sin dejar de verlo andar con toda la seguridad del mundo y algo de aburrimiento por entre las mesas—. Ese, ese que parece que va a matar a todo aquel que lo vea un segundo.

—¿Cual de todos ellos, cariño? Tendrás que ser más especifica —respondió Yamin con una mueca.

—El... el que trae pantalones diferentes a todos los demás —murmuré sin dejar de admirar su espalda amplia mientras tomaba asiento en una mesa con otros dos chicos que asintieron hacia él. Las chicas se quedaron calladas—. ¿No lo saben?

—Anabelle... él es Satanás ¿De acuerdo? Una inmundicia humana, el hombre más...

—¿Sexy del mundo? —inquirí. Ellas negaron con vehemencia y las miré con una ceja arriba.

—Está bien, está bien, como sea, él es algo sexy ¿Y qué? Es un bastardo hijo de puta, no se merece ser tan guapo, es... es malo y lo odiamos, nosotras realmente lo odiamos —contestó Nedime, como si esperara que con sus palabras mágicamente yo lo odiara también. Bueno, eso no iba a pasar.

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—¿Están locas? —pregunté de nuevo pasando mi mirada de una a otra—. Sólo díganme su maldito nombre.

—Ya te lo dije: Satanás. Pero también puedes llamarlo: Imbécil —contestó Yamin con una sonrisa, viró los ojos cuando le di mi mirada exasperada—. Se llama Justin Bieber y no te conviene acercarte a él. Sólo te diré eso.

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{capítulo;05} —Oh, por Dios ¿Qué es esto, una estúpida película de adolescentes? Él no es ningún Danny Zuko y estoy segura como el infierno de que yo no soy ninguna Sandy. Puedo manejar a los chicos malos. Son sexis y ¿Qué tan realmente "malo" puede ser un chico de secundaria? ¿Cual es su mayor crimen, saltarse las clases?

—No es así, tonta, y obviamente no tú eres ninguna princesita dulce e inocente, zorra asquerosa, pero Justin no es como cualquier "chico malo" ¿De acuerdo? Confía en nosotras esta vez. No es así.

—Está bien, ni siquiera me iba a acercar a él de todos modos —mentí rodando los ojos y dándole a mi Danny Zuko una ultima mirada esperanzada.

¿Qué es lo peor que me puede pasar si le hablo? ¿Un corazón roto? Demonios, puedo soportarlo. No es como si me fuera a morir de eso.

{Justin}

Suspiré cansado y me dejé caer en el respaldo de la silla con los ojos cerrados. Verdaderamente no había una cosa peor para soportar que una mujer como mi mamá implicada en los negocios, y más en uno como este. Era... maldición, si iba a hacer eso por el resto de mis días no podía ni siquiera pensar en la opción de casarme con alguien que no fuera una prostituta que se quedara jodidamente callada siempre.

—No. Lo están haciendo todo mal, no están pensando con claridad. Yo creo que... 24 

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—Mi amor, por favor sólo... sólo déjanos manejar esto a nosotros —le interrumpió mi padre, igual o más exasperado que yo y todos los demás ahí. Ella asintió con los brazos cruzados y una ceja arriba, enojada. El señor Ferré dejó salir una sonrisa hacia mi madre y negó con la cabeza.

—Deja que ella opine, Bieber, lo queramos aceptar o no, las mujeres siempre tienen mejores ideas —dijo él— por favor, Patricia, dime que podemos hacer.

—Bueno, te diré lo que yo pienso: no puedes mantener a tu hija encerrada por siempre, Sebastian, eso no es justo para ella. Deja que la chica salga y se divierta normalmente. Yo creo que hacer como si no supiéramos nada acerca de esto es la mejor opción que tenemos. Si ellos ven que tenemos a Anabelle encerrada, desaparecida y asustada se darán cuenta de que ya sabemos el plan y eso no es bueno, sólo haremos que actúen más rápido, con más seguridad y en secreto —contestó hablando rápidamente, como si tuviera esa idea en la cabeza desde que empezamos a hablar del tema—. No sabemos exactamente quién es el traidor y tampoco podemos equivocarnos, dejemos que ellos solos caigan.

—Mamá, eso es tan tonto... —murmuré enojado—. Van a matar a la chica.

—No es tonto y no la van a matar, Drew, porque tú y tus hermanos la van a cuidar y van a estar al pendiente de ella todo el tiempo.

—Pero... —empecé a negarme, hablando fuertemente, porque andar de niñero realmente no es algo que me gustara hacer. Para nada.

—Van a cuidarla todo el tiempo, y van a hablar muy mal de ella y de Sebastian con cualquiera que esté dentro de eso, con cualquier sospechoso —siguió hablando, como si fuera la jefa de todos, dando ordenes. Todos la miraban intrigados—. De ese modo, ellos pensarán que ustedes son una buena opción para confiar ese plan.

—Que actuemos como el enemigo, quieres decir —habló Joshua, mi hermano mayor, asintiendo levemente y con la cara concentrada, considerándolo—. Es una buena idea, de hecho.

—No. Es una muy buena idea, muchas gracias, Patricia. Creo que esto realmente puede funcionar —Sebastian colocó una mano en su barbilla y miró al vacío un segundo, pensando bien en el estúpido plan de mi madre.

Sí, era terriblemente estúpido. Yo jamás le confiaría la vida de mi hija a unos idiotas... bueno, no somos unos idiotas, no por completo, se podría decir que actuamos bien, pensamos claro y sabemos hacer las cosas, pero realmente confiarnos la vida de su hija no era algo muy inteligente para hacer. Todos sabíamos que él había perdido a su esposa y que su hija, Anabelle, era lo único que le quedaba.

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Era demasiada presión, tener que cuidar lo más preciado del jefe. Una niña.

—¿Y qué, se supone que vamos a ser sus guardaespaldas? —pregunté en voz baja y molesta, con cara neutra y sin moverme en lo absoluto.

—No. No, chicos. Piensen en Anabelle como la hermana pequeña que lamentablemente no tuvieron —aconsejó mi padre, viéndonos a uno por uno detenidamente—. Justin y André, ustedes pueden ser los más unidos con ella, en el colegio, saliendo y todas esas cosas... Joshua, Fran, Kyle y Joe se les unirán casualmente.

—Espera ¿En el colegio? ¿Ella es una chica de nuestra edad? —preguntó André confundido, era lo que yo estaba pensando preguntar. Nunca imaginé que ella podría tener mi edad.

—Mi hija tiene 17 años —respondió Sebastian—. Podemos hacer una cena para que todos ustedes se conozcan. Y recuerden bien, ella no puede saber nada de esto, ella no tiene idea de lo que soy, de lo que está pasando o del peligro al que está expuesta. Y quiero que eso siga así.

—Por supuesto, Sebastian —dijo mi padre con una gran sonrisa, palmeándole la espalda—. Mis muchachos son buenos, ellos harán todo bien.

Genial, ahora tendré que ser guardaespaldas y mejor amigo de una chica de la escuela, estar con ella todo el tiempo, y estar cuidando lo que digo porque resulta, después de todo, que la estúpida no sabe a lo que se dedica su padre. Por lo menos espero que sea sexy, es lo mínimo que me merezco.

✖✖✖✖✖

{Anabelle}

Mi segundo día en el colegio no había empezado nada mal. Me desperté temprano y tuve el tiempo suficiente para tomar una refrescante ducha, arreglar mi cabello perfectamente, ponerme el uniforme planchado, maquillarme como se supone que lo hagas para la escuela y hasta tuve tiempo de tomar un licuado y platicar un tiempo con

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Linda y mi papá antes de salir de casa. No choqué con nadie ni me perdí ni hice nada estúpido y las gemelas me esperaron en las escaleras para entrar juntas. Llegué temprano a mi salón y me senté en la silla de hasta delante, justo en frente de mi querido profesor, comenté en las clases y todo fue genial. En el almuerzo convencí a las chicas de que fuéramos con su papá.

—¡Tío! —chillé cuando lo vi y me acerqué a él para abrazarlo fuertemente. Estaba más gordo de lo que recordaba, pero aun tenía la cara cálida y amable que recordaba y todo el cabello rubio en su cabeza.

—Anabelle, por Dios ¿En qué momento creciste tanto? Me siento terriblemente viejo.

—Es porque lo eres, papi —dijo Nedime con una sonrisa hacia él, mi tío se tomó el pecho con ambas manos como si lo que dijo realmente le hubiera dolido.

—Controla esa boca insolente si no quieres reprobar —la amenazó—. ¿Cómo ves el colegio, Ana, te gusta?

—¿Está bromeando? Es el colegio más genial del mundo, todo es perfecto. Me encanta... —admití emocionada, dejando de hablar cuando la secretaria entró al despacho rápidamente.

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{capítulo;06}

—La signora Genova ha avuto un incidente con il suo auto la scorsa notte. è ricoverata in ospedale —dijo ella demasiado rápidamente y con cara de angustia. No entendí nada de lo que dijo, las chicas jadearon al mismo tiempo y mi tío puso una mueca—. Cosa facciamo?

—Dovremmo dire ai ragazzi e rinviarla fino a trovare qualcuno per sostituire — soltó él con el ceño fruncido, perdido en sus pensamientos.

—¿Qué está pasando? —le pregunté a Yamin en voz baja mientras la secretaria decía otras cosas en italiano.

—La señora Genova es la psicóloga y consejera de la escuela, tuvo una accidente anoche, está internada en el hospital y mi papá dijo que tienen que buscar a un sustituto. Todos quieren a la Señora Genova... esto es horrible.

Asentí hacia ella y sonreí internamente, no por el accidente o algo así, no me alegraba por eso. Era... simplemente el saber que había una vacante para ser psicóloga. Sí, era tonto y no era posible que yo lo fuera de todas maneras, pero pensarlo no me haría nada malo.

Mi escuela tenía al lado una universidad donde supuestamente yo iba a estudiar; cuando tenía 15 años tomé un curso paraescolar de psicología ahí por varios meses y me convencí de que eso iba a estudiar, resulté ser buena en eso. Mi maestra dijo que yo tenía demasiado potencial, que me veía mucho futuro y que cuando estuviera estudiando ella podía darme un trabajo de medio tiempo en su despacho para que pudiera tener experiencia para después poder conseguir un trabajo de verdad. Yo ya tenía mi futuro casi totalmente planeado y... me fui de ahí.

—Lo único bueno acerca de esto es que ya no había muchos chicos yendo con ella, como antes. Esperemos que se recupere —dijo mi tío un rato después de que se fuera la secretaria. Decidí que intentando no iba a perder nada.

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—Yo puedo ser la sustituta de la señora Genova —opiné con una sonrisa. Las gemelas y él me miraron con el ceño fruncido—. Tomé un curso de psicología en mi escuela anterior...

—Um, no creo que sea posible, Anabelle, pero gracias por... —empezó a decir mi tío pero su voz se fue apagando ante mi mirada de perrito—. Lo siento, linda.

—Le juro que es verdad lo del curso, yo quiero ser psicóloga cuando crezca...

—¡Anabelle! No puedes. Los chicos que van al psicólogo usualmente están locos y tienen severos traumas mentales ¿Qué si te hacen algo? —murmuró Nedime. Yo negué con la cabeza.

—Estoy preparada para todo —dije con una gran sonrisa—. Soy muy buena dando consejos y sé cómo se tranquiliza a las personas dañadas, en el curso nos hicieron tratar con un hombre que mató a toda su familia y tenía problemas serios... por favor. Ni siquiera pediré que me pague o algo así. Si trabajo aquí aunque sea un tiempo ya voy a tener una referencia para cuando quiera trabajar profesionalmente.

—No vas a dejarme en paz hasta que diga que sí ¿No es así? —preguntó mi tío con una sonrisa escurriéndose por sus labios. Yo reí.

—Me conoces muy bien, Dan —hablé profesionalmente. Él suspiró. —De acuerdo, sólo porque eres tú y sólo hasta que encuentre a alguien más.

Entonces, en la clase después del receso, en lugar de regresar a mi salón, caminé hacia el despacho de la señora Genova, saqué las llaves y sintiéndome toda una adulta, abrí mi nuevo lugar de trabajo hasta que ella se mejorara.

No era como me lo esperaba, ya sabes, un consultorio real, como los que salen en televisión. Yo pensaba que habría un sillón de cuero donde los pacientes se acostaban a platicar y cosas así, pero no, era un lugar agradable. Paredes azul cielo, un escritorio de cristal donde había una computadora Mac y unos cuantos papeles desparramados. Una silla grande y ostentosa de... me acerqué a ella y la toqué para comprobar, gamuza. Y dos sillones blancos del mismo material pero más pequeños en donde los pacientes se sentaban.

Abrieron la puerta y me volteé asustada para ver a Dan entrando al despacho con una linda chica rubia, encorvada a sus espaldas que se cubría la cara con el cabello. Yo sabía quien era, había estudiado su expediente en la clase de biología. Una chica tímida e insegura de bajos recursos que no tenía padres, que era víctima de acoso constante de parte de los estúpidos arrogantes de esa escuela y que, ademas, acababa de

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ver a su perro morir frente a sus ojos. Si eso no era una vida jodida, yo no sabía qué podría serlo.

—Anabelle, ella es Carrie Wilson —dijo, con una sonrisa y empujando a la chica por la espalda suavemente para que entrara por completo a la habitación— Carrie, Anabelle va a sustituir a la señora Genova por un tiempo. Puedes confiar en ella tal como lo hacías con Genova ¿De acuerdo?

—Sí —murmuró demasiado bajito e hizo una mueca antes de bajar la cabeza.

—Señorita Ferré, mucha suerte. Confío en usted —dijo con una sonrisa traviesa en sus labios delgados y con la diversión creciendo en sus ojos verdes, gastados pero igual de chispeantes que siempre.

—Nos vemos luego, señor Director —me reí bajito, puse los ojos en blanco mientras él salía de ahí y tomé aire profundamente antes de voltearme con la primera chica jodida a la que le iba a cambiar la vida para bien—. Hola Carrie, toma asiento por favor.

Ella me hizo caso inmediatamente aunque con movimientos lentos y torpes, suspiré y rodeé el escritorio, me dejé caer en mi silla, la cual era realmente muy cómoda y levanté mi ceja izquierda sin dejar de ver a Carrie, que era de mi edad, como si yo fuera toda una adulta que podía ayudarla en cualquier cosa. Así me sentía.

—Hace rato me leí tu expediente completo, lo que básicamente significa que sé... um, todo acerca de ti —comencé, hablándole como si estuviera hablando con cualquier amiga, esperando que eso le diera más confianza. Pero ella levantó su vista hacía mí con las mejillas rojas y los ojos húmedos, movía sus manos sobre su regazo cada segundo y su pie continuamente golpeaba el escritorio. Me quedé sólo viéndola por mas o menos tres minutos, esperando a que dijera algo pero eso jamás pasó—. Ahí dice que hablabas muy bien con la señora Genova, no te quedes callada conmigo.

—A ti no te tengo confianza —murmuró, con la voz atragantada y suave—. A ella sí.

—Mira, Carrie, sé muy bien porque no confías en mí: Tengo un uniforme de esta escuela puesto, por lo tanto crees que en el momento en que salga de aquí le diré a todos esos estúpidos de ahí afuera lo difícil que ha sido tu vida para que nos burlemos de ti. Tengo cara de perra y piensas que soy mala. No te culpo por eso, no eres la única que piensa así. No soy una mujer mayor y no me veo como alguien a quien le cuentas ese tipo de secretos, pero déjame decirte una cosa: lo soy. Siempre lo he sido, y mi cara no tiene nada que ver con la persona que soy. Jamás me burlaría de alguien por cosas como las que te han sucedido, además de que firmé un contrato de confidencialidad,

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así que si en algún momento llego a hablar de ti con alguien, pueden meterme a la cárcel o algo así... me gusta ayudar a las personas y te quiero ayudar a ti.

Parece que mi discurso de bienvenida estuvo bueno porque después de eso la chica me sonrió. Débilmente, pero lo hizo. Y aunque no se puso a hablar de su vida ni a soltarme sus secretos de inmediato, habló un poco conmigo, lo cual era mas de lo que me esperaba para ser el primer día. Y cuando dejaba que el cabello se quedara fuera de su cara, ella realmente era muy bonita.

Después de que ella se fuera, leí el expediente de otro chico llamado Abraham quien de verdad, DE VERDAD, estaba jodido. Más que Carrie. Incluso había tratado de suicidarse dos veces. Mierda, ese chico necesitaba ayuda con urgencia. Y justo cuando tomé el otro expediente de ahí, que era notablemente más delgado que los otros y que tenía en la carpeta un sello grande de: "Asistencia diaria obligatoria" con letras rojas, se abrió la puerta. Pude echarle un vistazo a la foto del expediente y al chico que había entrado antes de volverme loca por dentro, porque era mi Danny Zuko. El chico guapo de la cafetería. Según Nedime: Satanás. El tipo al que las chicas me dijeron que no le hablara. Justin Bieber.

—Después de salir de aquí la buscaremos. Lo juro —dijo con una voz ronca y baja mientras se quedaba en la puerta, mirando hacia fuera, platicando con no sé quien acerca de buscar a no sé quien. Entonces se volteó hacia mí, abrió la boca como para decir otra cosa y me miró por primera vez, cerrándola de nuevo.

Marrones, sus ojos eran marrones. Un bonito marrón claro, y sus pestañas eran doradas y largas. Sus labios rojos. Su moretón más verde que morado.

—Hola —lo saludé con una sonrisa, exigiéndome mentalmente no tartamudear ni parecer trastornada por sus ojos bonitos—. Yo voy a sustituir a la señora Genova por un tiempo. Pasa y siéntate, para explicarte.

Justin se quedó parado ignorando mis palabras por un rato, sin dejar de mirarme con el ceño ligeramente fruncido hasta que se cansó de sólo mirarme. Cerró la puerta con cuidado para después caminar como un depredador a su asiento sin quitar la vista de mis ojos, y se sentó frente a mí sin decir otra palabra, esperando a que yo hablara, supongo.

—La señora Genova tuvo un accidente en su auto ayer, no fue grave, sin embargo ella está en el hospital y no sabemos para cuando regrese, por lo tanto yo voy a ser su sustituta por un tiempo.

Esperé tantito a que dijera algo pero sólo asintió. 31 

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—¿Ella está bien? —me preguntó después de unos segundos. Me limité a asentir y él lo hizo de nuevo— Entonces me voy de aquí.

—No. Tú no te vas a ningún lado —espeté con el ceño fruncido cuando se estaba levantando. Me miró con una ceja arriba, como cuestionándose cómo pudo ser posible que le hablara de ese modo—. No he leído tu expediente, pero sí leí lo que dice tu bonita carpeta, chico rudo: "Asistencia diaria obligatoria" Así que siéntate de nuevo.

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{capítulo;07}

—Como sea —murmuró fastidiado sin bajar su ceja perfecta y sin mirarme mientras se quedaba desparramado en su asiento mirando a cualquier cosa que no fuera yo con un aire arrogante y despreocupado.

—¿Entonces? —lo incité después de unos minutos para que dijera algo, pero él sólo se encogió de hombros y se quedó callado—. ¿No piensas decir nada?

—No tengo nada que decir —musitó rodando los ojos. Demonios, el chico ya me odia.

—Bueno, dado a que yo seré la nueva Señora Genova por un tiempo, deberíamos de empezar a comunicarnos abiertamente con las cosas básicas y todo eso —empecé a decir con una sonrisa floja en los labios. Justin sólo volteó su vista hacia mí hasta que dejé de hablar, así que seguí hablando—: Deberíamos de empezar bien. Hagámoslo de nuevo ¿te parece? Mucho gusto, yo soy Anabelle.

—Justin.

—Duh, eso ya lo sé, est… —me detuve, porque decirle estúpido sería ilegal, por lo menos mientras estuviéramos ahí adentro—. Podrías empezar a hablar bien ¿No crees?

—Estoy hablando bien —dijo de nuevo, sin ningún indicio de sonrisa en su cara. Suspiré para no matarlo y me relajé en mi asiento, coloqué mis codos en el escritorio y recargué mi cara en mis manos.

—Mira, no soy precisamente la chica más paciente del mundo, así que si te dispusieras a ayudarme todo sería mucho mejor. Solamente dime cual es tu problema ¿Por qué tienes que estar aquí obligatoriamente?

—El director me odia, ese es el maldito problema —murmuró con enfado y tomó aire para por fin mirarme con una cara que no era de enojo, pero tampoco de simpatía exactamente—. Mira, no te lo tomes personal. No me gusta hablar con personas

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desconocidas, mucho menos con alguien que quiere sacarme secretos que no puedo andar contando por ahí.

—Te entiendo, de verdad —musité y le sonreí— a mí tampoco me gustaría contarle cosas a una extraña que parece ser muy entrometida, pero digamos que realmente necesitas hablar conmigo de las cosas que no puedes andar contando por ahí, no puedes venir aquí todos los días y limitarte a responder mis preguntas con menos de cinco palabras.

—¿Por qué? —¿Por qué, qué?

—¿Por qué tengo que hablar contigo de esas cosas? —preguntó, rodando los ojos con molestia, como si las palabras le costaran.

—Porque ahora yo seré tu psicóloga, consejera o lo que sea. Mi obligación es ayudarte, y no te puedo ayudar si no me das nada para hacerlo —expliqué, obteniendo nada más que una mirada enojada de su parte—. Mira, si lo que te preocupa es que vaya a decir algo a alguien, puedes irlo olvidando. No puedo hacerlo, es ilegal. Firmé un contrato de confidencialidad, lo que significa que puedo ir a la cárcel si hablo con alguien acerca de lo que tú me digas aquí.

Justin soltó una carcajada, pero no parecía muy divertido. Era más como una risa triste, vacía o algo así.

—Y tú jamás harías algo ilegal ¿cierto? —se burló y volvió a soltar otra risa como la anterior. Como si tuviera su propio y genial chiste interno que lo divertía pero no lo hacía feliz—. ¿Sabes cuanto tiempo me tomó para poder contarle algo estúpido como los nombres de mis hermanos a la señora Genova?

Yo negué con la cabeza sin alejar mi vista de su rostro.

—Medio año, o más que eso, ni siquiera me acuerdo, y siempre he venido diariamente —vociferó cansado—. No esperes mucho de mí, no soy alguien de quien puedas sacar provecho.

—Bueno, quien sabe. Soy muy buena haciendo este tipo de cosas, puedo sacarte algo más importante en mucho menos tiempo —aseguré, y antes de que empezara a hablar levante mi mano para que se callara—. No creo que tu vida sea tan… complicada como para que no quieras decir nada, pero no importa, voy a intentar comprenderte, de todos modos aunque no me cuentes nada, ahí tengo tu expediente y puedo leerlo cuando quiera.

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—Suerte con eso —se burló, riendo de esa manera vacía de nuevo—. Mi expediente no dice más que mi nombre y mis clases, Leslie no tiene permiso para tener mi información ahí, pero ella sabe todo.

—¿Estás hablando en serio? —pregunté demasiado interesada y me agaché rápidamente para tomar ese maldito expediente y ver si lo que decía él era verdad.

Justin tenía razón. Ese expediente no tenía nada más que sus papeles estúpidos para la escuela, su horario y cosas sin importancia. Nada parecido al de Carrie o al de Abraham, que eran muchas hojas de cosas privadas. Entonces ¿Qué demonios era lo que escondía Justin? ¿Qué cosa era tan mala como para que ni siquiera pudiera estar ahí?

✖✖✖✖✖

Colocamos todas las bolsas de compras en el sillón de la habitación de las chicas y nos acostamos en la cama de Yamin, descansando después de tres horas completas de compras. No era tan tolerante para ir de compras, usualmente me deprimía a los quince minutos y sólo entraba a dos tiendas, pero esa vez mi papá me dio permiso de comprar todo lo que yo quisiera porque no me había dejado empacar mi ropa cuando viajamos y tenía que aprovechar el momento. Nunca antes había comprado ropa tan bonita y cara.

—No te he preguntado —dijo Nedime de la nada, rodando tantito en la cama para mirarme a los ojos— ¿Cómo te fue con los locos de la escuela?

—Bien —contesté, encogiéndome de hombros y jugando con un plástico que tomé de algún lado en mis manos—. Carrie es linda, Abraham no se presentó y... ¡Oh! No sé si ustedes sabían esto pero Justin Bieber tiene que ir obligatoriamente, y créanme, eso no lo tiene muy contento.

—Agh, ¿Justin, en serio? —se quejó Yamin, asentí—. ¿Tiene traumas? Ya me lo suponía, no es exactamente un secreto lo raro que es. Cuéntanos todo.

—Para empezar, si me hubiera dicho algo, sería totalmente ilegal que yo se lo contara a ustedes, y además, el chico no me quiere decir nada. Tuve suerte de sacarle una frase larga y completa, y fue sólo cuando me dijo que no me iba a decir nada.

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—Eso es tan típico de él, hacerse el interesante, nunca decir nada —murmuró Nedime con desprecio—. Lo entiendo pero... se toma todo esto muy a pecho.

—¿Todo esto? —pregunté. Las chicas solo mecieron sus manos al aire al mismo tiempo como si mi pregunta careciera de importancia.

—Bueno, cuéntanos algo interesante entonces ¿Ya odias a Justin como nosotras? Eso sería genial, porque así, de alguna manera, podríamos...

—No lo odio —interrumpí a Yamin—. Odio que no hable, pero no lo odio a él, no tengo ningún motivo aun. Es obvio que su problema es grande y el chico está trastornado, pero me gustaría ayudarlo.

—¿Ayudarlo? —repitió Nedime con burla—. Deja que se pudra en su miseria.

—¡Ya, chicas! Díganme porqué demonios odian al pobre Justincito, tan bonito y sexy que es, no lo entiendo —lloré con voz bajita y sacando mi labio inferior hacia afuera en un puchero fingido.

—Te voy a decir sólo porque te amamos, pero es algo de lo que realmente no nos gusta hablar. En primer año, a sólo tres meses de clases, él jugó con nosotras como si fuéramos un par de... agh, salía con las dos al mismo tiempo y nos tuvo de estúpidas como un mes completo —me explicó Yamin hablando con odio y con los ojos entornados—. Realmente me gustaba, yo... estaba enamorada de él, como sea. Es un imbécil y no lo voy a perdonar.

—Yo igual —dijo Nedime, luciendo apagada en lugar de enojada—. Y ni siquiera podemos decir que él haya sido de una manera especial con nosotras, Justin siempre ha sido Justin y no va a cambiar.

—Oh, chicas —murmuré y negué con la cabeza—. Pero... ¿a que te refieres con que Justin siempre ha sido Justin? ¿cómo es él o qué? ¿Tampoco hablaba con ustedes?

—No, Justin no es alguien de muchas palabras —contestó Yamin—. Tenía mucha suerte si sonreía levemente en mi presencia. Lo único que hacíamos era besarnos y besarnos, bueno... de eso no me quejo.

—Es su forma de ser, no habla bien con nadie que no sean sus hermanos o sus amigos —continuó Nedi—. Tiene problemas de ira o no sé que sea, el chico se pone como loco por cualquier cosa estúpida. El año pasado mandó a un tipo al hospital sólo porque sin querer chocó con él en un pasillo y tiró sus libros.

—Oh —dije, sin poder decir nada más—. ¿Y por qué es así? 36 

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—No lo sabemos —contestó Yamin levantando si vista a Nedime un segundo de una manera extraña—. Pero debemos mantenernos alejadas de él, no es una buena compañía.

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{capítulo;08}

Llegué a mi casa gracias al chofer de las gemelas, sintiéndome como toda una chica rica, cargando miles de bolsas y bajándome de un auto lujoso manejado por un chofer y toda la cosa. Definitivamente nunca había sido una chica rica, por lo tanto se sentía bien saborearlo... o, bueno, al parecer estaba empezando a serlo. Como sea.

—¡Estoy aquí! —grité cuando entré a la casa, pero nadie respondió. Se me hizo raro que no hubiera nadie ahí, por lo que grité más fuerte:— Hooola ¿Hay alguien?

—Hola, Señorita, estoy haciendo la cena —contestó Linda desde la cocina. Sonreí, coloqué todas las bolsas en el sofá más grande y empecé a buscar lo que compré para ella.

Linda era una mujer hermosa como de máximo treinta y cinco años. Lucía mucho como mi mamá, por lo que yo automáticamente le tomé cariño. Además era muy como su nombre, o sea linda. Encontré los pantalones que compre para ella, uno negro y un jean obscuro, caminé hacia la cocina para enseñárselas.

—Hey, Linda —dije cuando entré, ella volteó un poco de su deber y me dio una dulce sonrisa de lado—. Fui de compras con las gemelas y te traje un regalo.

—¿Un regalo? Oh, Señorita, no se hubiera molestado —murmuró bajando la flama, tapando algo y volteándose hacia mí con la mirada apenada.

—¿Estás bromeando? Los vi y dije: ¡Estos son para Linda! —exclamé y se los enseñé, deseando que le gustaran tanto como a mí—. Um, no sé como vistes porque siempre estás con ese uniforme, pero de verdad te verás fabulosa en estos. Y no me llames señorita, por favor. Suena raro, sólo dime Anabelle.

—Muchas gracias —dijo por fin, sonriendo de verdad y tomando los pantalones para verlos bien. Por la sonrisa en su rostro y la manera en la que se los probo por sobre su pantalón del uniforme que se había auto-otorgado, pude decir que sí le gustaron—. Son geniales, Anabelle.

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—¡Lo sé! Me alegra que te gusten. Um, por cierto ¿Donde está mi papá? Compré algo para él también.

—Está en su despacho, tiene invitados. De hecho van a cenar aquí.

—Ya decía yo que toda esa comida no podía ser sólo para nosotros —apunté al montón de sartenes y platos acomodados. Ella rió—. Bueno, dejaré estos en tu habitación y le llevaré su regalo a mi padre querido. Nos vemos en un rato.

Le había comprado a mi papá una camisa verde bajito. No era en lo absoluto su tipo de camisa pero era bonita y esperaba que rompiera de una vez su rutina de siempre de usar pura ropa negra, como si estuviera de luto todo el tiempo. Caminé a su despacho en el sótano lentamente. No voy a mentir, me daba miedo ir para allá, porque jamás había ido antes y el pasillo que llevaba al sótano era demasiado pequeño y oscuro. Apreté la camisa contra mí, como si me fuera a salvar de algo y toqué la puerta cinco veces, desesperadamente.

—Pasa —dijo alguien desde dentro y no lo dude ni un segundo, pasé rápido, cerré la puerta con mucha fuerza y me quedé unos segundos recargada contra ella considerando lo estúpida que era por tener miedo sólo por pasar por un pasillo pequeño. Y cuando me volteé de nuevo, vi a los invitados de mi papá, que eran como diez hombres, y una mujer bonita, y todos me veían fijamente.

—Um, hola —saludé, sonriéndoles a todos ellos uno por uno. Empecé por la mujer, que me sonreía como si yo fuera un ángel, una diosa o algo así y seguí con el hombre y los otros chicos. Chicos guapos, eh, perfecto. La mayoría lucían de veintitantos, y entonces posé mi mirada en el ultimo chico guapo que me veía con algo de desprecio y sorpresa—. Hola, Bieber.

{Justin}

Oh, mierda. La chica loca que se cree psicóloga es la hija del jefe. La chica loca, metida y molesta es la hija del jefe. La chica loca, metida, molesta y caliente es la hija del jefe.

Y me saludó a mí directamente, aunque básicamente todos los que estábamos ahí excepto su papá éramos Bieber.

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—Hola, señorita Ferré —murmuré sin ganas. El señor Ferré se levantó y la abrazó.

—Familia Bieber, ella es Anabelle, mi hija —la presentó. Ya decía que su nombre me había sonado. Ella levantó su mano y la ondeó hacia nosotros con una sonrisa grande. Mi mamá se levantó sin poder contener su maldita emoción y abrazó a la pobre chica fuertemente.

—¿Conocías a mi hijo Justin? —le preguntó casi muriendo de la felicidad. La verdad es que no sé por qué maldita razón mi mamá estaba tan emocionada con Anabelle. Creo que sólo le emociona poder pasar tiempo con una mujer de vez en cuando. Y como ahora se supone que tengo que ser su BFF, la chica va a pasar un montón de tiempo en mi casa y con mi mamá.

—Sí, lo conocí en el colegio —le contó a mi mamá, hablando con la misma emoción.

Ya podía saborear mis días con esa loca. Si era igual de... feliz, sonriente y efervescente como mi mamá, yo no iba a durar más de tres días siendo su jodido amigo.

Odio a las personas así. Y si se le ocurre querer sacarme información siendo así de malditamente insoportable yo de verdad la voy a odiar.

Gruñí y me levanté de mi asiento rígidamente.

✖✖✖✖✖

Hasta ahora estoy 98% convencido de que voy a odiar a esta chica, Anabelle o como mierda se llame. Se ganó a toda mi familia en tres horas, todos ellos estaban prácticamente comiendo de su mano. Ella no hacía más que platicar, platicar, platicar, platicar, sonreír como demente, reír con cada cosa que alguien decía y mover sus manos con cada palabra que salía de su boca —que sería muy sexy si sólo la mantuviera jodidamente cerrada. Y yo, como de costumbre, no había dicho más que lo necesario, o menos que eso. No es que eso me hiciera sentir mal, creo que si todos dijéramos sólo lo necesario no habría tanta contaminación auditiva en el mundo.

—Disculpa a este inepto, él nunca habla —se burló Kyle y golpeó mi brazo sin dejar de masticar. Lo miré con enojo un segundo por meterme a la maldita

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conversación y me encogí de hombros para no tener que decir nada. Una vez que la atención era traída a mí, no se iba fácilmente, sobre todo porque todos sabían lo mucho que odiaba ser el centro de atención.

—Ya me di cuenta hace rato —dijo ella y rió de nuevo. Estaba empezando a considerar la opción de ponerme unos audífonos y poner la música a todo volumen nada más para no estar escuchando su risa. Y ni siquiera me gustaba la música, o sea que estaba prefiriendo ese ruido molesto sobre su estúpida voz.

—Pero no te preocupes, cariño, no es así una vez que entra en confianza —mintió mi mamá, llamando su atención. Era un mentira gigante porque yo era justamente así con todos y no le tenía confianza a nadie. Ella necesitaba superar que algunas personas preferían estar calladas y ya.

—Lo entiendo, yo soy igual —mintió también. Esa era una maldita cena de mentirosos. Todos queriendo quedar bien y mintiendo.

—No, no lo creo —se burló Joe masticando—. Tú eres genial y él es… pues él es Justin, lo que significa: totalmente no-genial.

—Y él es Joe, lo que significa: cierra tu maldita boca —dije sin pensar que estábamos comiendo frente a mi mamá y que ella me regañaría en medio segundo.

—¡Justin, no digas groserías! ¡Joseph, no molestes a tu hermano! Por favor, chicos, estamos comiendo —casi gritó, matándonos con la mirada a los dos y luego volteando la mirada a Anabelle de nuevo—. Tener sólo hijos hombres es un martirio. Algo que no le desearía a nadie. Nuestra ultima esperanza es Tayson, rezamos para que él no sea como todos los demás.

—¿Tayson? —preguntó Anabelle masticando y mirando a mi mamá con un lindo ceño fruncido. Bueno, al menos lucía algo bonita cuando mantenía su boca cerrada. Alguien debería de decírselo.

—Es nuestro hermano menor, tiene 13 años —le contestó Joshua—. Pero al final de todos modos terminará siendo como todos nosotros, es... el gen Bieber.

Logré terminar la cena sin decir otra palabra, cosa que nadie más hizo. Yo comí tranquilamente, como se supone que uno debe comer, pero ellos no lo hicieron, no entendían el secreto placer en guardar silencio. Hablaron de cosas tan estúpidas, incluso hablaban a la misma vez, todos juntos, y nadie parecía notarlo o molestarse por eso más que yo.

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Hay muy pocas cosas que odio de los italianos, y definitivamente toda esta mierda de las grandes y preparadas cenas familiares cuando todos hablan entre sí y se comunican de una manera amorosa… bueno, lo odio.

Y cuando pensé que todo lo malo se había acabado y ya estaba parándome de la mesa dispuesto a irme no sólo del comedor sino de su casa, mi mamá me abrazó por los hombros fuertemente, tomó a Anabelle de la mano y dijo:

—¿Por qué no van a dar un paseo por la calle ustedes dos solos, chicos? —y sonrió abiertamente como una niña traviesa, casi enseñando la encía. Abrí la boca enseguida para decirle que de ninguna jodida manera iba a salir yo solo con esa chica, pero como que leyó mi mente y antes de que pudiera decir algo, añadió:— Van a ser amigos en el instituto y se verán mucho en cenas de este tipo, así que yo creo que es mejor que se conozcan bien de una vez. Algo me dice que serán muy buenos... amigos, o cualquier otra cosa.

—Um, sí —contestó Anabelle sonando como una niña chiquita tonta y complaciente, dándome una mirada brillante y una sonrisa. Hice una mueca incomoda y asentí rígidamente hacia ella entrecerrando los ojos.

¿Amigos o cualquier otra cosa? ¿En serio? ¿Por qué mi mamá no simplemente hacía más jodidamente evidentes sus estúpidos planes de nuestro amor eterno?

—Perfecto. Y recuerda, Justin, no tenemos ninguna prisa por irnos. Pueden tomarse todo el tiempo que quieran —le dijo con una sonrisa cómplice y me abrió los ojos grandes con una mirada intencionada, apretando los labios y moviendo las cejas antes de irse, en un mensaje claro que decía: no lo arruines. Pero no estaba tan seguro de no querer hacerlo. Ella parecía el tipo de chica que se molestaba por todo y a mí me gustaba jugar a molestar chicas.

Cuando mamá se fue Anabelle se quedó unos segundos mirando a la puerta sin decir nada, sólo perdida ahí, dejándome parado frente a ella sin saber que hacer. Estuvo hablando y moviéndose toda la noche y ahora decidía quedarse sólo parada ahí sin hacer nada y eso me desesperó demasiado.

—¿Entonces saldremos o te quieres quedar aquí toda la jodida noche? —pregunté sin dejar de mover un pie, golpeando el piso ruidosamente y sonriendo ante su mirada sarcástica.

—Impaciente, desesperado e inquieto —murmuró mirándome de arriba abajo con una ceja levantada— diría que sufres de hiperactividad, pero eres demasiado callado y amargado como para eso. Los chicos hiperactivos son divertidos, tú no lo eres.

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Se fue con una gran sonrisa después de decir eso, con los brazos elevándose un poco a sus lados delicadamente con cada paso, caminando y saltando al mismo tiempo, incluso la escuché tarareando mientras salía de su casa. Me quedé un momento en shock simplemente viendo como se movían sus caderas cuando saltaba y como su trasero ligeramente rebotaba. Me dijo amargado y que no era divertido. Claro, era verdad, pero ella no tenía derecho de simplemente decirlo. ¿Acaso yo le soltaba así como si nada que ella era una maldita niñita molesta jugando a saberlo todo? No, quiero decir, yo soy educado. Y le tengo algo de miedo a su papá.

Tomé aire con coraje y la seguí, porque era todo lo que podía hacer, y luego caminamos juntos y lentamente por la calle de su casa en un silencio demasiado incomodo como para ser posible. Ni siquiera sabía por qué demonios nos hicieron salir a la maldita calle a caminar, no tenía sentido.

Por primera vez en mi vida estaba queriendo decir algo, entonces dije lo que estaba en mi mente:

—No eres una maldita psicóloga de verdad, no hagas como si supieras leerme y no estamos en la escuela, no puedes verme de esa manera, como si sólo estuvieras estudiándome.

—No soy una psicóloga de verdad, de acuerdo —dijo, dejando de caminar y girándose hacia mí poniendo sus ojos en blanco. Era incomodo porque tenía que bajar toda mi cabeza, tocando mi cuello con mi mandíbula para verla a los ojos—. Pero soy demasiado buena en eso, por eso ahora soy la tuya ¿no crees? Y estás frustrado porque lo que dije hace un momento es verdad. Eres demasiado fácil de leer. Eres amargado y no sé por qué, estaba considerando que tenías problemas familiares, pero acabo de conocer a tu familia y ellos son geniales y muy unidos, entonces el problema está en ti. Probablemente consumes drogas, bueno, eso es obvio. Estás siempre a la defensiva con cualquiera que te diga una palabra y la primera vez que te vi tenías la cara llena de moretones, entonces eres violento también. Algo en ti está muy jodido y yo sólo te quiero ayudar. Pero es obvio que eres el tipo de hombre que no deja nunca entrar a nadie a su mundo, que no muestra sus emociones y que se traga todo. Lo que yo quiero…

—Lo que tu quieres es molestar. Eso quieres. Eres una molestia —escupí hacia ella y empecé a caminar a donde fuera que esa calle me llevara.

—Deja de actuar a la defensiva —me regañó llegando a mi lado en un segundo. Puse los ojos en blanco y traté de ir más rápido pero me tomó del brazo. Y yo podía hacer cualquier cosa como sacudir mi brazo para que me soltara o simplemente empujarla con mi otra mano para que terminara en el piso, pero si no quería tener treinta balas en mi cabeza, era mejor no hacerlo, así que me volteé hacia ella—. Quiero ser tu amiga, Justin. No sólo tu terapeuta o lo que sea. En verdad te puedo ayudar. Sé

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que no eres feliz, es obvio que no eres feliz. No te he visto sonriendo de verdad ni una sola vez.

—No me puedes ayudar, lo siento —admití, sin mover mi brazo porque su mano aun estaba enroscada ahí—. Nadie me puede ayudar. No soy emo, no me voy a cortar las venas ni a suicidarme por mi desgraciada vida ¿de acuerdo? No te molestes, no quiero ayuda. Es lo que he estado diciéndole a la señora Genova desde que la conozco “No. quiero. ayuda” pero ni ella ni tú entienden esas palabras. Y sobre todo, yo no sonrío de verdad, Anabelle, nunca.

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{capítulo;09}

—Eres un amor, pequeña cosita tierna —murmuró ella unos segundos después mirándome fijamente con los ojos brillantes y con un ligero puchero en la boca. Hice una mueca sorprendida porque no supe de donde mierda salió eso y antes de que pudiera decir algo la chica me soltó el brazo, me rodeó la cintura con precisión, como si yo le hubiera dado el maldito permiso de tocarme y se me acercó rápidamente, estampándose contra mi cuerpo y enterrando su cara en mi cuello—. Quieres ser un león pero sólo eres un gatito.

Me quedé tieso con los brazos volando para no tocarla. Sus brazos se enroscaban en torno a mí sin ningún indicio de timidez, su piel era suave y cálida, tanto que era como si me quemara por encima de la camisa. Me dieron ganas de quitármela para sentirla mejor sobre mi cuerpo. Su nariz estaba enterrada en mi cuello y cada respiración ahí me hizo estremecer. Después de unos segundos de incomodidad relajé mis brazos y coloqué mis manos en su espalda pequeña, casi llenándola por completo. Tomé aire porque me gustó sentirla y la apreté contra mí.

Ni siquiera recordaba cuando había sido la ultima vez que alguien me abrazó de esa manera, tan fuerte y por tanto tiempo. No recordaba incluso si alguien además de mi mamá me había dado un abrazo en los últimos años.

—¿Cuando fue la ultima vez que alguien te abrazo, gatito?

—Eso no te importa —contesté molestándome de nuevo, y la alejé de mí—. No sé porque hiciste eso, pero ahora estoy seguro de que no sabes cuando alguien no te soporta.

—¿Tú no me soportas? —preguntó dejando caer sus brazos lentamente, haciendo una voz bajita y suave y mirándome de una manera demasiado fabricada, demasiado tierna como para que ella no supiera cómo utilizarla perfectamente. Y me empecé a sentir realmente mal por decirle la verdad, entonces recordé que tenía que ser su jodido amigo, no, su mejor amigo, y decirle que no la soporto no me iba a ayudar mucho. Y si esta chica me odiaba mi mamá me iba a golpear y mi papá se iba a poner muy enojado.

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—No mucho —solté de repente, ella levantó las cejas sorprendida—. Quiero decir, um, me caes bien pero... eres rara ¿Lo sabías? ¿Quien va por ahí abrazando gente que no conoce? Yo podría ser un asesino peligroso y tú no lo sabes.

{Anabelle}

Me tragué las ganas de reír y seguí haciendo esa cara que hace que todos me perdonen, incluso Graham, incluso los maestros, y este chico rudo ya está vacilando porque se siente culpable.

—Te conozco de la escuela y ahora resulta que nuestras familias son amigas. Pero no te preocupes, yo siempre suelo ser muy amistosa y sólo... sólo pensé que necesitabas un abrazo. Lo siento —dije con voz bajita bajando la cabeza y volteándome para irme de su lado siendo una pobre niña lastimada. En menos de cinco segundos él estaría detrás de mí pidiendo disculpas.

Justin maldijo, yo no me detuve. Sonreí cuando escuché sus pasos detrás de mí y me tocó la espalda levemente para que volteara. Ugh, los hombres son tan predecibles.

Puse mi cara de lastima de nuevo mientras volteaba.

—Lo siento, Anabelle —murmuró rápidamente, mirando a otro lado, como si disculparse fuera la peor cosa del mundo. Estábamos debajo una lampara y yo tenía la vista perfecta de su mandíbula, como siempre apretada, y cuando bajó la mirada miré sus pestañas largas iluminadas y sus ojos entornados hacia mí.

Demonios, este chico es ridículamente hermoso. —No quise ser un idiota, me sale naturalmente. Lo siento.

—Está bien, está bien —me encogí de hombros y me detuve de abrazarlo de nuevo, acariciar su rostro o algo por el estilo. Era más que obvio que ningún movimiento de ese tipo iba a ser apreciado— ¿Regresamos a casa?

—Hemos estado afuera sólo por cinco minutos —dijo relajándose—. Si volvemos ahora, mi mamá me hará salir de nuevo contigo, y esta vez mandará a alguno de los chicos... mejor nos quedamos aquí otro rato.

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Nos sentamos en la banqueta y nos quedamos en silencio varios minutos, porque no sabíamos qué demonios decir. Yo estaba toda nerviosa porque su pierna rozaba con la mía cada vez que la movía y mi estomago vibraba cada vez que eso sucedía.

—¿Entonces no hablas mucho? —le pregunté para matar el silencio, porque estar callada no era divertido.

—No —contestó, cortante. Y esta vez no pensé que estaba siendo un arrogante hijo de puta, esta vez pensé que esa era su forma de ser con todo el mundo y crecieron en mi interior las ganas de abrazarlo hasta que fuera un chico diferente, uno tierno y feliz.

✖✖✖✖✖

André abrió la puerta del auto de Justin para mí, me ayudó a bajar de ahí, y de pronto me sentí como si estuvieran entrando a una tonta película de adolescentes. Todos los chicos que estaban afuera en ese momento se nos quedaron viendo, y me refiero todos ellos. Y cuando Justin salió del auto luciendo extremadamente guapo, entregándole las llaves al chico que estacionaba los autos y con su típica expresión de "odio a todos", la cosa se puso intensa. Llegó a mi lado y puso su mano en mi espalda para que subiéramos las escaleras juntos y creo que escuché a alguien jadear.

¿Tan popular era ese chico que no quería hablar con nadie? Pobrecito, no me sorprendía que siempre tuviera esa cara de fastidio. Pero con lo guapo y misterioso que resultaba ser tampoco me sorprendía que todas las chicas me estuvieran viendo con ese odio tan evidente.

En el momento que pasamos las puertas y Justin se agachó a decirme al oído que lo esperara en la hora del almuerzo para comer juntos, mi vista se posó en dos cuerpos igualmente tensos y dos caras igualmente sorprendidas.

—Está bien, nos vemos —le dije a Justin y le sonreí antes de ir corriendo hacia mis mejores amigas que aun no se movían— Hola, niñas.

Nedime se estremeció un poco y su boca se cerró de golpe, haciendo que su mandíbula se apretara, pero de una manera diferente a como lo hacia Justin. Él lucía algo sexy y duro cuando lo hacía, me daban ganas de morderlo, pero Nedime lucía apunto de explotar y estaba preocupada por ella.

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—Una cosa, Anabelle —dijo, con la mandíbula apretada. Yamin seguía con la boca ligeramente abierta—. Una cosa te pedimos: no te acerques a ese hijo de puta. ¿Y que es lo primero que haces? ¿Quieres que juegue contigo? ¿Quieres que...

—Nedi, relájate —la interrumpí—. Primero déjame contarte qué pasa y después me odias si quieres.

—No, no, no, ninguna explicación es valida —escupió Yamin, golpeando fuertemente con el hombro a una chica rubia desgarbada que pasó por su lado. La miré mal por eso.

—Resulta que no importa lo estúpido, poco hombre, desgraciado y maldito que él sea según ustedes, mi papá y su familia son amigos y al parecer amigos muy cercanos. Ayer cenamos juntos, conocí a todos sus mil hermanos, y después su mamá insistió en que Justin y André me recogieran para llegar aquí, de todos modos veníamos para el mismo lugar —expliqué, y ellas relajaron el cuerpo un poco, comprendiendo, pero no se pusieron contentas, entonces seguí:— Aclárenme una cosa, ¿Ustedes siguen enamoradas de Justin, por eso están molestas? ¿Están celosas o sólo se preocupan por mí? Porque, créanme, sé que es guapo y su estilo de “odio a todos. Soy un sexy chico malo” me gusta, no lo voy a negar. Pero yo estoy enamorada de Graham y…

—¿Estás bromeando? —me interrumpió Yamin con la mandíbula desencajada, como si hubiera dicho algo absolutamente terrible, levantando la mano hacia mí para que me callara—. Yo no me enamoro de animales ¿Está bien? Sí, tuvimos algo con él hace dos años, pero eso fue cuando no sabíamos cómo era y su cara bonita nos tenía cegadas. Lo que nos molesta es que te va a hacer lo mismo a ti ¿no entiendes? Ademas él no es una buena persona, Justin no… n-no te puedo decir, pero por favor, sólo aléjate de él.

—Pero no me gusta, no estoy ni voy a estar enamorada de él, ni tendremos algo nunca, sólo seremos amigos ¿cual es el problema en eso?

—El problema está en que incluso sólo ser amiga de ese chico te va a traer problemas —dijo Nedi, sonriendo un poco hacia mí—. Mira, ya como sea, se nos va a hacer tarde. Sólo entiende que te queremos mucho, y bajo ninguna circunstancia seguimos enamoradas de él.

—Está bien, yo también las quiero mucho —me acerqué a ellas y las abracé fuertemente, a una con cada brazo—. Son las mejores amigas del mundo entero. Y… ¿que tal si hoy almorzamos con Justin y sus amigos? Para convivir.

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—Mi vida, te queremos a ti, no a él —murmuró Yamin con los ojos entornados con odio—. Creo que sabes bien cómo soy, no podría estar sentada en la misma mesa que ese estúpido sin gritarle un par de cosas nada amigables.

—Sí. La ultima vez que hablamos con él casi le saca los ojos —se rió Nedi soltándome. Y antes de que les pudiera preguntar cuando fue la ultima vez que hablaron con Justin, el timbre nos hizo saltar y nos despedimos de mala gana.

Me fui todo el camino a mi aula refunfuñando en silencio y golpeando gente que pasaba con mis hombros porque odiaba estar en un salón diferente al de las gemelas, y también por que odiaba el hecho de que no había hecho ningún amigo en mi salón. También odiaba que extrañaba mucho a Graham a mi lado en mi antiguo salón, diciéndome cosas graciosas en cada clase y, los últimos meses, robándome besos cuando el profesor se volteaba. Iba pensando en que tenía que hablarle a Graham en cuanto llegara a mi casa mientras entraba y me sentaba en mi ahora usual asiento al frente. Después de un rato la gente empezó a llegar y el suave silencio se eclipsó por sus estúpidas conversaciones. Cuando las perras del colegio entraron rápidamente se acercaron y se agacharon frente a mí.

—¿De donde conoces a Justin Bieber? —me preguntaron al mismo tiempo, en una muy mala imitación de mis gemelas. Para ser unas italianas refinadas, no tenían nada de educación.

—Para empezar, aléjense un poco de mí —ordené, pero ellas no se movieron ni un centímetro y tuve que empujar sus cabezas hacia atrás con mis dedos.

—¡Sólo dinos! —exigió la más rubia, creo que esa era Tara. Y Tara estaba totalmente desesperada.

—¿A ustedes qué les importa de donde lo conozco? —puse los ojos en blanco y me relajé en el asiento, cruzando mis piernas y sonriendo de lado—. Sólo les puedo decir que somos muy, muuuy íntimos amigos.

—¿A qué te refieres? —rugió la otra, la más castaña, mirando de soslayo a Tara como si tuviera miedo de su reacción. Y me di cuenta de que Tara era probablemente una de las muchas chicas en el colegio muriendo por él—. ¿Ustedes están como… saliendo o algo así?

—No, Justin no tiene tanta suerte —me burlé, a punto de soltarme a carcajadas por sus caras sorprendidas. Mejor dicho: yo no tengo tanta suerte—. Eso no quiere decir que él no se muera de ganas por que algo así llegue a suceder.

—Estás loca —soltó Tara, muriéndose de celos en su interior. Pobre niña—. Justin no se fijaría en ti, no eres su tipo para nada.

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—Bueno, yo no lo sé, eso díselo a él o a su mamá que insiste en que estemos juntos —mentí poniendo los ojos en blanco, aunque pensándolo bien, era como un poquito verdad.

—¿Has conocido a su mamá? —Preguntó Regina sin aliento. Yo asentí muchas veces para que no se confundieran de respuesta.

—Y a su papá y todos sus hermanos —completé, poniéndolas cada vez más celosas.

—Hola, chicos, buenos días —nos saludó Freddy entrando al salón. Le sonreí abiertamente e ignoré a las chicas que se fueron a sus lugares sin cambiar sus expresiones. Freddy se veía demasiado atractivo ese día, mucho, mucho. No tenía su usual camisa de botones ni sus pantalones caqui. Vestía un jean obscuro, una camiseta suelta con unas palabras en italiano que no entendí y unos Nike—. Tomen asiento, por favor. Tengo algo importante que decirles. Bueno, lo que… ¡Damián, siéntate! Lo que les iba a decir es que hoy no podré estar aquí con ustedes, tengo que salir con varios maestros a una junta directiva. Por lo tanto, tendrán el día libre…

Los gritos de emoción resonaron por todo el salón interrumpiéndolo de su bonito discurso y tuve que cubrir mis oídos como toda una anciana. En lugar de ponerme contenta por eso, estaba enojada. No quería que Freddy se fuera por todo el día. Además, no tenía ningún amigo en mi salón ¿qué iba a hacer yo sola ahí afuera?

—¿Y mañana ya estará aquí? —le pregunté fuerte por sobre los gritos de mis compañeros. Freddy se rió y se acercó más a mí para decirme algo.

—Quizás —contestó medio sonriendo, a centímetros de mi cara. Y sus ojos se veían tan verdes que parecía irreales— ¿Quieres que venga o prefieres tener otro día libre?

—Pues, no se lo diga a mis compañeros —bajé la voz y después, ignorando que no estaba nada bien hacer eso, me acerqué hasta llegar a su oído, mis labios rozando el lóbulo de su oreja, y murmuré:— Preferiría que vinieras. Te extrañaré hoy.

Freddy se alejó inmediatamente de mí y sus mejillas estaban rojas. Me miró un segundo y luego volteó hacia todos los demás con la vista perdida. Mi corazón estaba retumbando fuertemente y me sentía orgullosa de hacerlo sonrojarse así.

Soy una bomba sexual.

—Entonces, um, chicos ¡Chicos! —gritó cuando nadie le estaba poniendo atención, y de repente todos se callaron—. Me voy a ir y espero que no hagan nada malo ¿de acuerdo? Tengo un montón de tarea extra para el que se porte mal.

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—Está bien, profesor —dijo Regina desde atrás, con su fea vos nasal—. Seremos unos niños buenos.

—Eso espero. Nos vemos… mañana —concluyó, mirando hacia mí al final y sonriéndome.

Después de que Freddy salió del salón y se llevó mi corazón con él, los chicos empezaron a ser como animales salvajes, todos hablaban muy fuerte y al mismo tiempo, las chicas gritaban en lugar de sólo hablar y reían como hienas por cada maldita cosa, mientras yo sólo me sentía incomoda entre ellos. Me quedé viendo a dos chicas que tenían puesto un traje igual que parecía de animadoras, ellas se sentaron en el escritorio de Freddy y estaban hablando, gritando, riendo y coqueteando como si fueran estrellas de Hollywood, y todos las estaban idolatrando como si de verdad fueran tan bonitas. Y me pregunté dos cosas, ¿Me podré unir a su equipo de animadoras, bailarinas o lo que sean? Y ¿Serán todas como ellas? De verdad esperaba que no.

Nadie en mi otra escuela era así, supongo que éramos una especie rara, pero nadie se creía mejor que nadie, por supuesto había gente más popular que otra y yo era de ellos, pero no éramos así como esas dos chicas sentadas en el escritorio, dejando que los chicos besaran nuestras manos y menospreciando a otras chicas, nosotros éramos amables con todos y realmente éramos buenos amigos. Recuerdo también que había una que otra perra hipócrita, pero nunca fueron peligrosas o malas, ellas solamente eran creídas, incluso yo a veces era una perra, una inofensiva. Pero viendo a esas chicas, con su aspecto de comercial, casi podía afirmar que eran de la clase de chicas que salen en las películas. Como Regina George.

Me levanté de mi asiento después de un rato de hacer nada y salí del salón. Empecé a vagar por los pasillos de la escuela, empezando a conocerlos bien. Después de dos vueltas por toda la sección de ingles ya casi no me perdía y eso era algo importante. No pude dejar de recordar que nunca antes había caminado sola por mi escuela anterior. Ni siquiera el primer día.

—¡Anabelle! —gritó alguien en alguna parte, pero no supe quien fue. Giré sobre mí misma buscando la voz, y cuando volvió a gritar lo vi, era Justin y estaba sentado con dos chicos en una banca del jardín— ¡Ven aquí!

Sonreí hacia él, feliz de que me hubiera salvado de andar vagando sola por todo el colegio y feliz de verlo de nuevo, no voy a mentir. Aplané mi falda conforme caminaba hacia afuera sin saber qué más hacer, Justin no quitaba sus ojos de mí y eso me ponía nerviosa, lo cual quería decir que tenía un 70% de probabilidades de resbalarme con el aire y caer de la peor manera frente a él, sólo por los nervios.

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Cuando estaba a menos de un metro de ellos, el chico a su derecha se levantó, Justin y el otro chico lo siguieron.

—Hola —dije, y les sonreí a los tres.

—Hola de nuevo —me dijo Justin, sin sonreír ni nada pero sin alejar su mirada de mí. A veces su cara seria podía ser de verdad escalofriante, y no precisamente sexyescalofriante—. Chicos, ella es Anabelle Ferré y ellos son Chase y Ron.

—Mucho gusto, bonita —saludó Chase con una gran sonrisa blanca y cálida, se acercó a mí y besó mis dos mejillas, luego Ron también hizo lo mismo, sólo que él tenía una sonrisa más prudente y sexy en su cara. Y después la cosa más rara pasó, porque Justin, justo a medio segundo de que Ron se alejó de mí, puso una mano en mi brazo y beso mis dos mejillas también, pero... pero fueron besos diferentes. Chase y Ron sólo pegaron sus mejillas a las mías de una manera prudente, Justin me tocó completamente con sus labios, y mi estomago dio volteretas ante eso. Es en serio, puedo decir que fueron los dos besos mejor dados que he tenido en mi vida. Y cuando pasó de una mejilla a otra, casi puedo jurar que nuestros labios se tocaron.

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{capítulo;10}

—¿A donde ibas? —preguntó serio cuando se alejó de mí, como si nada hubiera pasado, y yo tuve que tragar saliva y parpadear varias veces para despejarme de la sensación de sus labios rozando los míos.

¿No era eso algo injusto? Yo creo que sí. Yo creo que él debería de estar así de afectado como yo, o peor.

—Eh... a ningún lugar en especial, sólo estaba caminando —contesté suavemente y me encogí de hombros—. Freddy nos dio el día libre y como no tengo amigos en mi salón era un poco incomodo estar ahí adentro.

—¿Freddy? —preguntó Chase confundido. Me reí nerviosamente.

—Oh, Freddy es mi profesor —expliqué, los tres chicos fruncieron el ceño al mismo tiempo, como si siguieran sin entender. Hubiera reído porque fue gracioso, pero por algún motivo tenía esa necesidad de explicarme—. Yo... um, él es muy joven y llamarlo profesor como que no suena adecuado.

—De acueeeerdo —alargó Ron, luego carraspeó y se acercó a Chase, tomó su manga y lo jaloneó bruscamente—. Nosotros tenemos que ir a... ir a... bueno, sólo irnos. Te veremos en el almuerzo ¿cierto?

—Eso creo —contesté insegura y le di una mirada rápida a Justin para ver algún indicio de que había cambiado de opinión acerca de su invitación, pero él sólo se sentó de nuevo y no me miró nunca—. Nos vemos luego chicos, suerte yendo a... yendo a... sólo yendo.

Ron me dio una misteriosa mirada divertida y una pequeña risa, Chase me guiñó un ojo y ambos salieron corriendo, dejándonos casi solos en el elegante, amplio y muy bonito patio del colegio. Sólo podía ver a una pareja besándose de una manera no apta para menores en la banca de al lado y a otros chicos sentados más lejos sin ponernos nada de atención.

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—Entonces... —empecé a decir cuando ellos se fueron, sentándome al lado de Justin, a una distancia prudente donde nuestras piernas no rozaran como la noche anterior. Él estaba sentado con una pierna arriba de la otra, relajado y con su mandíbula fuerte, como siempre. Él se veía hermoso y no hacía ningún esfuerzo para eso. Había cierta melancolía y tristeza oculta en su mirada que me hizo sentir ternura por él. Tuve unas repentinas y muy fuertes ganas de hacerlo sonreír, pero recordé él no lo hacía. Carraspeé y dejé de mirarlo—. ¿Por qué estaban ustedes afuera? ¿También se quedaron sin clases hoy?

—Sí —contestó volteando su cara hacia mí y mirándome de una manera extraña, dando por terminado su turno de hablar. Estuve a punto de golpearlo para que reaccionara, en serio. ¿Donde había quedado el Justin preguntón de hace un minuto? Bueno, sólo preguntó una cosa pero eso fue sin duda más de lo que me esperaba. Pensé por un minuto que cuando sus amigos se fueran, él se iba a convertir en otra clase de Justin. Uno tierno, simpático y hablador. Cosa imposible, al parecer.

—Agh ¿Puedes, por favor, tratar de hablar un poco más conmigo?

—No —contestó con su misma voz cansada sin cambiar ni siquiera un poquito su expresión fría y aburrida. Creo que mi cara de perplejidad fue muy obvia porque puso los ojos en blanco hacia mí y dijo—: ¿Que quieres que diga? No encuentro el sentido de hablar cuando no tengo nada que decir.

—No lo sé, Justin, lo que sea —puse los ojos en blanco, molesta— ¿Te gustaría que me quedara aquí a un lado de ti, mirándote sin decir nada, y contestando tus preguntas con respuestas monosilábicas?

—Creo que sería genial. Tu tendencia a hablar más de lo necesario no me gusta.

—Discúlpame por ser sociable, amable y linda. Lo siento, pero no puedo ser tan cortante y grosera como tú —me crucé de brazos—. Si quieres ser mi amigo tendrás que aguantarme hablando tooooodo el tiempo. Y quieres ser mi amigo ¿verdad?

—Sí quiero —murmuró, como si no estuviera muy convencido de ello. Lo miré con los ojos entrecerrados—. Es verdad, sí quiero ser tu amigo. Es sólo que me caerías mejor si no estuvieras siendo feliz y energética todo el maldito tiempo. Me cansa.

—Escucha, cuando... —me interrumpí cuando el celular de Justin sonó, él se movió rápidamente para sacarlo de su bolsillo. Lo miré atenta mientras miraba quien era y lo llevaba a su oído.

Era obvio que le estaba llamando alguien importante porque ya no se relajó en la banca, de pronto se sentó erguido y completamente tenso, sus ojos se volvieron más intensos y no quitaba su mirada de mí, como si me pidiera ayuda.

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—¿Sí? —contesté.

{Justin}

—Hola, Justin ¿Te estoy interrumpiendo en clases? —preguntó Sebastián al teléfono.

—No, no se preocupe —negué repetidamente con la cabeza como si me pudiera ver y lamí mis labios muchas veces. Me puse patéticamente nervioso sólo con escuchar su voz, pero, en mi defensa, su voz era muy, muy, muy intimidante—. ¿Que necesita, señor?

—Quería pedirte un favor, es muy importante. —Sí, señor. Lo que sea.

—Espera un segundo —lo escuché carraspear y luego hablar con otra persona en italiano. Claramente no estaba contento con esa otra persona. Tomé aire y lo solté, y luego lo hice de nuevo, y es que no sabía qué era lo que quería, el hecho de que el jefe me estuviera llamando justamente a mí no era algo normal. Nada normal. Nada bueno.

Estaba asustado y no podía quitar mi mirada de Anabelle frente a mí, era algo raro. Y ella tenía la culpa, porque no dejaba de mirarme intensamente, de nuevo como si me estuviera estudiando, de nuevo como si estuviera tratando de descifrar qué, exactamente, estaba mal conmigo, y de nuevo como si yo le hubiera pedido que me mirara o le hubiera dado el permiso de hacerlo. Me molestaba tanto. Ella juraba que me sabía leer a la perfección, que sabía muy bien que clase de persona era, y todo eso, y sí, acepto que había acertado en un par de cosas, las cosas más obvias, pero seguramente no tenía ni idea de que su padre era el que me había llamado y que yo me estaba muriendo de miedo con sólo escuchar su voz. Y hablando de eso otra vez ¡¿Por qué demonios me estaba hablando él justamente a mí, de todos los chicos Bieber a los que podría recurrir?! No me lo podía explicar ¿Qué más quería que hiciera? Tener que soportar a su hija habladora y molesta ya era demasiado. Y sí, la chica como que me empezó a a caer algo bien la noche anterior, pero sólo lo más mínimo posible. Realmente creo que si ella no fuera de esa manera todo sería diferente entre nosotros,

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quizás incluso estaría disfrutando de estar con ella a la fuerza, pero ¿porqué mierda me estaba mirando así de nuevo? Odiaba que me estuvieran viendo. Sus cristalinos ojos verdes brillantes y vivos serían muy bonitos si no me estuvieran mirando así. Si quitamos los ojos acusadores de su cara ella sería perfecta. Bueno, no perfecta pero sí muy... bonita. Pensándolo bien, sus ojos sí eran bonitos y también quedaban con el resto de su cara, sus pestañas tupidas, largas y negras hacían que sus ojos lucieran aun más y me encantó eso, la chica sólo tenía la cosa negra en sus pestañas y un poco de brillo en sus labios y no podía competir con ninguna otra con la cara llena de porquerías. Sí, incluso con su ceño fruncido y mirándome de ese modo lucía hermosa... ¿Hermosa, de donde salió eso? Ella no era hermosa, no mucho. De acuerdo, sí lo era, pero un poco. Bueno, ya, miren como acaba de entrecerrar sus ojos bonitos hacia mí, como si me estuviera leyendo la mente.

Sí, creo que eres hermosa, y me gustan mucho tus ojos acusadores y me gusta un poco cómo me miras cuando me estás estudiando. Pégame un buen golpe si me escuchas. De todos modos te sigo medio odiando y aun no te soporto.

—Lo siento, hijo ¿en qué estaba? —habló el papá de Ojos Bonitos, y tensé mi cuerpo de nuevo. Incluso había olvidado que tenía mi celular en mi oído—. Ah, sí... necesito que hoy te quedes con mi hija hasta la tarde, no te despegues de ella, por favor. Tengo que hacer un viaje relámpago a España y no me gustaría que se quedara sola si tardo mucho ¿Podrías hacer eso por mí, muchacho?

—Eh.. sí, sí, por supuesto —respondí, intentando no hacer ninguna mueca inconforme al respecto. Obviamente voy que decir que sí, obviamente tengo que ser amable con usted, no quiero amanecer en algún calabozo siendo jodidamente torturado, prefiero pasar tiempo con Ojos Bonitos—. De hecho ahora mismo estoy con ella.

—¿Yo? —articuló ella, sorprendida. Asentí y la niña frunció el ceño.

—Entonces muchas gracias. Justin, de verdad aprecio lo que estás haciendo por nosotros, todo esto —murmuró Sebastián—. Sé que estará más segura contigo que con cualquier otra persona pero igual tengo que decirlo: cuídala mucho. Estás cuidando todo mi mundo ¿entiendes? Y si algo llegase a pasarle, bueno, creo que tienes una buena idea de cuales serían las consecuencias ¿cierto?

—Claro, claro que lo sé, no se preocupe, no tiene nada de que preocuparse. Le aseguro que está en buenas manos, las mejores. Ni un sólo perfecto cabello estará fuera de su lugar —aseguré con la voz temblorosa y colgué. Sé muy bien cuales serían las consecuencias, gracias por hacerme recordarlo, gracias por dejarme temblando.

—¿Con quien estabas hablando? ¿Y por qué hablaban de mí? —preguntó ella a medio segundo de que guardé mi celular de nuevo. Ella ni siquiera estaba preguntado, me estaba exigiendo que le dijera.

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—Era tu papá —contesté—. Me pidió que te cuidara esta tarde, no, me pidió que no te dejara sola un segundo. Entonces ahora soy tu niñero oficial hasta que él llegue de España. Y créeme, me tomo muy enserio mi trabajo.

—¿Estás bromeando? Dime que estás bromeando, no puede ser cierto ¿Por qué demonios te dijo eso? Él ya me dio permiso para salir con las gemelas, creo que lo olvidó, pero no puede ser posible, quiero decir, lo estuve molestando toda la noche para que me diera el permiso, incluso lo hice confirmarlo antes de subirme a tu auto para que después no hubiera confusiones. No entiendo porque ahora te dijo que me "cuidaras" ¿Por qué incluso te lo pidió a ti? No tengo cinco años ¿Estás de acuerdo? Me sé cuidar muy bien ¡Agh! Odio esto, desde que llegamos a Italia me ha estado tratando como una niña pequeña. Y quiero ir, de verdad quiero ir con las gemelas a esa inauguración, quizás tú me puedas ayudar ¿puedes?

—Hoy no vas a ir a ningún lugar que no sea conmigo y yo no voy a ir a ninguna inauguración. Lo siento —la interrumpí para que dejara de divagar estupideces. Me miró mal y supe que ahora iba a divagar otro montón de estupideces.

—Bueno, no vayas. No te estoy invitando, no quiero que las gemelas me maten, ellas te odian.

—Oh —me reí cínicamente al recordar a esas gemelas e ignoré su ceño aun más fruncido ante mi risa—. Entonces de ellas estabas hablando ¿eh? Realmente aprecio mis bolas, cariño, no voy a acercarme a ellas y menos a la del cabello más corto, esa es la salvaje.

—Justin, maldita sea —cerró los ojos un segundo y luego los abrió de nuevo. Ella estaba fuera de juego, por fin la veía perder la calma. Uh, Ojos Bonitos Salvajes—. Esta inauguración es muy importante para mí, es mi boutique favorita y sólo he comprado ropa ahí por internet. Pero ahora van a abrir una aquí y tengo que ir, necesito ir, me muero si no voy.

—¿Es una inauguración de una boutique? —repetí incrédulo. ¿Tanto maldito alboroto y lloriqueo por eso?— Incluso estaba considerando acompañarte, pero ahora queda decidido. No irás.

—¡¿Qué?! —gritó—. No puedes decidir lo que voy a hacer, ni siquiera te conozco. Eres grosero, maleducado, amargado y malo conmigo, y no puedo creer que quise ayudarte, y no puedo creer que mi papá me haya hecho esto. Y te odio.

Se levantó y se fue de ahí dando tumbos y casi tirando al piso al pobre chico que iba pasando sin siquiera darse cuenta de ello. Sonreí, porque me gustaban las chicas enojadas.

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Si tuviera que escoger a una chica, mejor dicho, si quisiera escoger a una chica, escogería a una que se enojara todo el tiempo, una que me gritara a cada segundo y que me mirara con ojos salvajes. No me importa si suena estúpido, me gustaba eso. Además la falda se levantaba con cada fuerte paso que daba y obtuve una muy buena vista de su trasero en ese apretado mini short que tenía debajo de la falda.

Dejemos que se enoje. Definitivamente no voy a ir a ninguna boutique, y tampoco la voy a dejar ir sola.

—Ciao —me saludó una chica sentándose a mi lado. Volteé hacia ella rápidamente, asustado porque no la había sentido llegar y luego me concentré en recordar su nombre para mandarla a volar sutilmente. Lo único que recordaba de ella era lo molesta que había sido conmigo desde el primer día.

—Bella... —dije al fin, sin poder recordar su nombre. La rubia sonrió abiertamente, dejando relucir sus muy grandes dientes blancos y se acercó aun más a mí en la banca, moviendo su mano traviesa a mi muslo—. Te he extrañado, pero ahora me tengo que ir...

—No te vas a liberar de mí tan fácilmente, Justin —me amenazó en italiano y se acercó más. Por lo menos sabía bien lo que trataba de hacer, pero le quité puntos a su hermosa cara por eso. ¿Que clase de mujer se me sigue acercando tanto incluso cuando, obviamente, la estoy rechazando? No me gustan las arrastradas, no me gustan las que se me acercan tanto, y definitivamente tampoco me gustan las mujeres sin personalidad—. ¿Recuerdas la última cosa que me dijiste?

Estaba a punto de contestarle que no, de una manera para nada amable. Me enojaba que me presionaran, demonios. Y no, no recordaba ni su maldito nombre ¿Cómo iba a recordar lo ultimo que le dije? Probablemente fue algo que inventé en un segundo para que me dejara jodidamente en paz. La cosa fue que estaba a punto de hablar cuando Anabelle se apareció frente a nosotros, dando tumbos y con su misma cara de ardiente enojo.

—Agh —se quejó al ver a la chica, puso sus ojos en blanco en una manera no muy disimulada y piso fuertemente, haciendo un lindo berrinche—. Tara ¿Puedes sólo irte de aquí, por favor? Necesito hablar con mi novio a solas, y nos estorbas.

¿Novio? ¿Yo? Sí, seguro.

—Esto es increíble... —la chica, bueno, Tara la miró con odio un segundo y luego me miró a mí con reproche. Para mi sorpresa, habló en ingles esta vez. Se levantó bruscamente y chocó con sus senos los de Anabelle, haciéndola retroceder un poco. Eso fue gracioso y un poco caliente. Pero entonces Ojos Bonitos le dio su mirada de

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"no te metas conmigo" y la volvió a empujar de la misma manera, sólo que con más fuerza—. Bueno, Anita, tu querido novio es un idiota. Suerte siendo miserable.

—No sabía que esa chica hablaba inglés —dije cuando se fue, perdido en mis pensamientos—. Y tampoco sabía que eras mi novia. Cuantos descubrimientos.

—Cállate —escupió enojada—. Vengo a pedirte, no, a exigirte amablemente que me ayudes con esto.

—No —la corté, amando su cara de perplejidad. Si había algo que esa chica odiaba era que le contestara de ese modo.

—Por favor, esto significa mucho para mí —rogó—. Y sé que si me voy sin permiso tuyo, ahora que mi papá me dejó como si fuera un perro, me va a castigar y va a ser peor aun de lo que ya es conmigo. No me va a dejar salir ni a tomar aire.

—Mira, lo voy a pensar ¿está bien? Si eres una buena niña y no hablas mucho hoy, puede ser probable que te acompañe a tu inauguración.

—Como sea —bufó—. De todos modos sólo estaré contigo en el almuerzo, así que...

—No, no, no —empecé a negar con la cabeza. Me paré tratando de contener una carcajada y di dos palmadas suaves en su mejilla derecha—. ¿Hoy tienes el día libre, no? Entonces vas a estar conmigo todo el tiempo, y recuerda, sin hablar. Sólo lo harás si yo te lo pido.

—¿Eres estúpido o algo? —empezó a vociferar, a punto de golpearme, estaba muy seguro de eso. Así que pasé mi brazo por sus hombros y la apreté contra mí para empezar a caminar—. No me...

—No te di permiso de hablar —la interrumpí y jalé un poco su cabello, haciéndola chillar y estremecerse—. Incluso te voy a comprar tres vestidos si te quedas callada hoy.

—No te creo —murmuró, dejando de moverse y empezando a caminar un poco. Tenía una buena intuición porque no estaba hablando en serio. No iría ni aunque se quedara callada toda la semana y no la dejaría ir sola por nada del mundo, pero podía comprarle esos vestidos por internet. Era más fácil.

—Sólo cierra tu bonita boca.

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{capítulo;11}

{Anabelle}

—Está bien, pero me estás lastimando —me quejé, moviéndome bajo su sexy brazo, que me tomaba con demasiada fuerza. Justin tomó aire como si le estuviera pidiendo que moviera un camión y soltó su agarre sin quitar su brazo de mí.

Era gracioso ver a todas las chicas por las que pasábamos hablando mal de mí, y aun no me recomponía del orgullo de lo que le hice a Tara. Y sabía que para mañana todas las chicas que estuvieran locas por Justin sabrían de nuestra "relación" y yo me convertiría mágicamente en la zorra del grupo. Conocía muy bien lo que implicaba tener una relación con un chico popular.

—Bieber, tengo que hablar contigo —nos detuvo un tipo alto, poniéndose a frente de nosotros y haciéndonos parar de golpe. Su voz era arrastrada y dificultosa, como si estuviera borracho.

—No tengo tiempo ahora —le contestó Justin, con la voz más dura que de costumbre y sentí sus músculos tensarse. Cuando se hizo a un lado, llevándome con él, levanté mi vista hacia el estúpido que no se movía y me quedé tiesa cuando él también me vio—. Camina, Anabelle.

—¿Anabelle? —preguntó Lorenzo, ensanchando sus ojos azules con algo parecido a anhelo. Sus malditos ojos azules que seguían siendo hermosos. Y yo me quedé en shock porque no me esperaba que estuviera en este colegio, no me esperaba verlo en lo absoluto—. Bella, que gusto verte de nuevo.

No sé porqué demonios, ni con qué permiso lo hizo pero tomó mi brazo bruscamente y me arrancó de Justin para abrazarme como si yo quisiera que me

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abrazara. Me abrazó como si fuéramos amigos de toda la vida y como si no me hubiera dejado un trauma.

—¿Se conocen? —preguntó Justin a mis espaldas, incomodo, y me tocó del brazo suavemente para que me soltara de Lorenzo, pero era imposible porque el chico había crecido en masa, en músculo y en todo y no pretendía soltarme. Su asquerosa cara se enterró en mi cabello, lo sentí olfateando como perro y luego apretándome más fuerte, gruñendo un poco. Sí, Justin ya no era mi amigo desde hacía unos minutos atrás pero ahora quería gritarle que me ayudara a quitarme a Lorenzo de encima y luego aferrarme a él para sentirme segura.

—Sí, sí nos conocemos —contestó Lorenzo después de muchos incomodos segundos, cuando se separó un poco de mí. Deslizó sus manos de mi espalda hasta mis hombros y luego se quedó mirando mi cara asustada unos segundos. Él seguía siendo guapo, guapísimo, en realidad, incluso más que antes, pero ahora lo odiaba y además me daba miedo. Su cara era la de un loco, y no estaba bromeando, sus ojos se movían mucho, estaban rojos y muy abiertos. Parecía que estaba drogado pero no podía confirmarlo—. Cambiaste mucho, principessa. Eres preciosa, tan preciosa...

—Hombre, en serio —lo cortó Justin bruscamente y se metió entre nosotros, golpeando su pecho fuertemente para que se alejara de mí—. Vete de aquí, hablamos luego.

Antes de que Justin me hiciera su prisionera de nuevo, di una vuelta y caminé rápido por el pasillo, tratando de controlar las lagrimas que no sabía si eran de miedo, de tristeza o de coraje. Creo que eran de todo eso junto. Me sentía pequeña, débil, usada, inútil, maltratada, casi violada y esclavizada. Nunca me había sentido con todo eso junto antes. No quería ser alcanzada ni por Justin ni por Lorenzo. Uno me creía su mascota, me trataba mal y era grosero conmigo y el otro me había dejado mi primer trauma, me olfateó como perro y claramente por su mente pasaron deseos de violarme.

—Espera, Anabelle —escuché la voz calmada de Justin. Se estaba acercando a mí sin necesidad de correr ni nada y me volteé para que no me fuera a jalonear del brazo. Me di cuenta de que odiaba que me jalonearan del brazo. Graham jamás hizo eso, Graham pondría sus brazos alrededor de mi cintura y me tomaría suavemente, si es que yo le daba permiso para hacerlo. Graham no se atrevía ni siquiera a darme besos de pico si yo no le daba permiso.

—¿Estaba drogado? —pregunté, cuando llegó a ponerse frente a mí.

—Sí. Él es Lorenzo ¿lo conoces, no? Ese chico siempre está drogado, y cuando no lo está, tiende a ser muy... agresivo y violento. ¿De donde lo conoces?

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—Es una larga historia —dije, para que no me preguntara de nuevo—. Me quería violar, lo pude sentir.

—Quizás —contestó sin sonreír y cruzó sus brazos. Yo lo había dicho como broma, pero su seriedad me asustó de verdad—. Bueno, vamos a buscar a mi hermano.

—Quiero ir con las gemelas.

—No. Vamos a ir con André —ordenó y empezó a caminar de nuevo, pero yo no lo seguí y se devolvió—. ¿Quieres ir a esa inauguración o no?

—Sí —murmuré bajito, dándome por vencida y empecé a caminar a su lado sin tocarlo—. Pero me vas a comprar esos vestidos ¿verdad?

—Claro —respondió simplemente—. Incluso te comprare cinco si te portas bien.

—Oh, vamos —puse los ojos en blanco, me reí porque el pobre no tenía idea de nada y choqué contra su costado de una manera juguetona—. No sabes de lo que estás hablando, gatito. Yo sólo tengo dinero para comprar unas tres blusas, si tengo suerte y encuentro algunas ofertas, y tú me quieres comprar cinco vestidos.

—¿De qué hablas? —preguntó luciendo seriamente confundido.

—La ropa ahí es absolutamente hermosa, pero muy cara; quiero decir, no es taaaaan cara pero de todos modos, no soy rica ¿sabes? No puedo sólo ir y pedir cinco vestidos, ojalá pudiera hacerlo —suspiré pensando en la posibilidad. Sería tan perfecto, podría morir feliz si pudiera entrar a esa majestuosa tienda y decir tan fácilmente que quería cinco vestidos y luego no sentirme culpable por ello. Pero yo tenía conciencia, así que no podía hacerlo.

—Sí, claro —bufó y negó con la cabeza—. No intentes hacerte la chica humilde conmigo, te podría funcionar con cualquiera, pero yo conozco tu... um, apellido.

—Seeeh, y yo conozco el tuyo, pero no veo como eso pueda decirte lo humilde que soy. Todavía tengo un poco del dinero que gané en mi trabajo pero no es lo suficiente, y... bueno, hace poco me enteré de que mi papá tiene un maldito helicóptero, cosa que me dejó totalmente sorprendida, pero...

—No debería dejarte sorprendida. No lo entiendo ¿Por qué tendrías que ir a trabajar? Tú podrías fácilmente vivir tres vidas sin preocuparte por el dinero en lo más mínimo. Sexy, sé que no tengo que decirte esto, pero tu padre es de los hombres más ricos de Italia, quizás de Europa, y no me explico como no te has dado cuenta.

¿Qué?

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

No podía recordar un momento donde estuviera más enojada con mi papá. Estuve todo el día con Justin, platicando con él y André y luego con otros de sus amigos y en ningún momento quité mi cara de enojo y frustración. Incluso sentada en mi silla de psicóloga, intentaba ayudarme a mí misma, tratar de comprender a mi papá, pero no podía. Y ahora, sentada en el auto de Justin, me sentía más melancólica porque ese chico manejando a mi lado parecía saber más de mi vida que yo.

Tenía tantas preguntas.

¿Cómo infiernos era mi papá uno de los hombres más ricos en Italia y posiblemente en todo este maldito continente? ¿Haciendo exactamente qué? Y no era sólo una mentira de Justin, lo comprobé con todos sus amigos, y todos me vieron cómo si fuera una estúpida cuando lo pregunté ¿Por qué me ponía a trabajar cuando teníamos tanto dinero? ¿Por qué nunca me dijo nada? Yo no era una chica plástica y presumida, digo, sólo lo normal. Y nunca jamás derrocharía demasiado dinero, ni haría nada malo con él. Pero me hubiera encantado, encantado de verdad, poder pasar mis primeros años de secundaria sin preocuparme por pasar de trabajo en trabajo. De mesera, de vendedora, de cajera en el supermercado, de niñera con los niños más molestos del universo entero, etc. Yo pude haber pasado mis días con un montón de ropa y cosas hermosas y no con la ropa más barata para la que me alcanzaba. Pude haber disfrutado de bailar todo mi tiempo libre en lugar de trabajar y trabajar. Y me sentía herida porque OBVIAMENTE mi papá no era un simple vendedor de casas, al menos que le vendiera los palacios a la realeza. Me había visto la cara de tarada toda mi vida.

—Ya llegamos, Anabelle —anunció Justin tocándome el brazo débilmente para llamar mi atención. Me exalté un poco porque no sentí el viaje, y cuando me bajé del auto de Justin me topé con una maldita mansión.

No estoy exagerando, su casa era inmensa, la única casa más grande que esa, que había visto en vivo, era la mía, obviamente la de Roma, porque en US ni siquiera vivíamos en una casa, vivíamos en un condominio y claro, no era una choza, pero no se comparaba con eso.

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Y ahí está otra cosa obvia que nunca había analizado. Una vez le pregunté a mi mamá por qué nuestra casa era tan bonita y grande, y ella me dijo que había sido un regalo de mi abuelo, el papá de mi papá, y yo nunca lo pensé más allá de eso. Nunca pregunté por qué mi abuelo tenía esa casa, porque si la tenía y se la dio a mi papá, obviamente le dejó más cosas.

Quizás era eso. Mi papá era un heredero humilde. Un heredero millonario, muy humilde.

Seguí a los chicos dentro con mi cara aun destruida y mis sentimientos por el piso. Era obvio que Justin me dejaría ir a la inauguración, había sido un zombie todo el día, perdida en mis pensamientos y sólo hablaba cuando me preguntaban algo. Subí las elegantes escaleras de mármol blanco de la entrada y acaricié las flores que decoraban los lados. Eran rosas rojas, hermosas.

—¡Te dije que no tocaras mis cosas, estúpido! —gritó alguien desde dentro y fruncí el ceño. Luego recordé que Justin tenía un montón de hermanos, y era obvio que se pelearan todo el tiempo.

—¡Lo siento! —gritó una voz de niño y luego se escucharon muchos pasos y gemidos alejándose. André abrió la puerta y me dejó pasar primero.

Me había imaginado la casa hecha un desastre, como la de mi amiga Fer, quien tenía cinco hermanos y su casa siempre era un desastre, no importaba cuantas veces su mamá limpiara, a los cinco minutos los niños ensuciarían todo. Pero la casa de Justin estaba impecablemente limpia. Era amplia, elegante y aunque parecía un hotel rígido, se escuchaban un montón de voces, ruidos y gritos, lo cual me hacía sentir como en casa. El techo estaba como a unos siete metros y colgaban unos ostentosos candelabros hermosos que me quedé viendo fijamente un rato. Algunas paredes eran blancas y otras tenían un lindo tapiz vintage color beige, muy claro.

—¡Ya estamos aquí! —gritó Justin a mi lado haciéndome saltar del susto, su voz hizo eco en toda la casa.

—Mi mamá exige que avisemos en el segundo que llegamos, porque sólo nos esperan a nosotros para comer —me explicó André y puso una mano en mi espalda, escoltándome por toda la casa hasta el comedor, donde había ya una gran comida servida en la mesa. Era gracioso porque cualquiera que entrara y viera la mesa, exageradamente larga, pensaría que los Bieber eran una familia ostentosa y estirada, pero uno que conocía a la familia incluso se preguntaba si cabían todos ahí.

De pronto los pasos fuertes, las voces, risas y demás se escucharon más cerca, y me sentí mal por llegar sin avisar ni nada.

—¡Nos estábamos muriendo de hambre! —dramatizó Kyle llegando al comedor.

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—¿Por qué llegaron tarde, niños? —preguntó Pattie caminando hacia nosotros con la mirada baja, acomodando su arete izquierdo. Cuando estuvo frente a nosotros levantó la vista, soltó un jadeó y sonrió abiertamente— ¡Anabelle!

Cuando menos me lo esperé, Pattie tenía sus delgados brazos alrededor de mí y me decía lo contenta que estaba de que los acompañara a comer. Amaba a esa mujer. La abracé y le correspondí todo lo que me dijo. Luego me soltó y abrazó a sus dos hijos con un abrazo fuerte y dos ruidos besos en sus mejillas. Justin me miró de reojo cuando su madre lo estaba besando y se quejó, avergonzado, pero algo me dijo que sólo se quejó porque yo estaba ahí. Y sonreí por eso.

—Lamento haber llegado de esta manera, pero mi papá llamó a Justin y le pidió que me cuidara esta tarde y... —comencé a explicarle, pero ella abanicó una mano en mi cara de una manera elegante y dulce.

—Preciosa, no te disculpes por esto, nos encanta tenerte aquí. Toma asiento por favor, aquí, a un lado de Justin —me tomo suavemente por los hombros y me hizo sentarme a su lado a pesar de que había muchas sillas desocupadas. Todos se nos quedaron viendo después de eso y Justin aun no quitaba esa cara de vergüenza que no quedaba en lo absoluto con su personalidad. Que lindo.

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{capítulo;12}

Tragué con dificultad, tosí tratando de no hacer tanto alboroto y seguí riendo. Todos los hermanos de Justin estaban haciendo bromas, hablando al mismo tiempo, golpeándose y haciéndome reír. No hace falta decir que el único que comía de manera correcta era Justin a mi lado, no decía nada si su mamá o papá no le preguntaban algo, o si alguno de sus hermanos lo insultaba. Incluso conocí al pequeño Tayson, el menor de los Bieber y era tan divertido y alegre como todos los demás. Todos excepto Justin, por supuesto.

Era casi increíble lo mucho que Joe, Justin, Klye, Tayson y André se parecían al señor Jeremy. Eran todos como el mismo hombre en diferentes etapas. Niño, adolescente, puberto, casi adulto y adulto. Ojos marrones, cabello dorado, piel blanca, cuerpo robusto y rasgos duros. Joshua y Fran tenían más parecido a Pattie. Ojos azules, piel morena, más delgados y rasgos suaves. Aun así todos eran parecidos. Yo era la única que desencajaba entre ellos.

—¿Mamá, ya nos dirás cual es la gran noticia? —preguntó Tayson por milésima vez. Estaba tan emocionado con la dichosa noticia, hablando de ella cada segundo que incluso yo estaba desesperada por saber de qué se trataba. Pattie sonrió alegremente.

—Supongo que ya es hora de decirles ¿no, cariño? —le preguntó al señor Bieber, quien sólo metió comida a su boca, nos miró a todos como si estuviera apenado y bajó la vista—. La gran noticia eeeeees… ¡Estoy embarazada, chicos!

Hubo un montón de cortos jadeos y de sonidos de tenedores estrellándose contra platos. Justin tenía la boca completamente abierta y fue uno de los que soltó el tenedor, su mano aun estaba levantada en el aire. No se notaba mucho entusiasmo ante la noticia, la sonrisa de Pattie iba bajando por segundos y me sentí mal por ella.

—¡Felicidades! —grité fuerte, levantándome de golpe y asustando a todos. Caminé hacia Pattie, quien sonreía abiertamente de nuevo y la abracé tratando de no hacer

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mucha presión aunque su abdomen estaba completamente plano—. Wow, Patricia ¡Esto es genial!

—Grazie, Belle —murmuró mirándome con un brillo especial en los ojos y volteó hacia sus hijos un segundo con enojo para decir después, fuertemente—: Estoy rezando para que sea una niña.

—Rezaré por eso también —reí, regresando a mi asiento. Golpeé la nuca de Justin cuando pasé por su lado—. Felicita a tu madre.

—Felicidades —masculló sin ganas y me miró mal como si lo hubiera obligado a hacer algo horrible— ¿Es el ultimo, cierto?

—No lo sé, hijo —contestó ella de mala manera.

—¡¿Saben lo que es un condón?! —preguntó Kyle con reproche, sin levantar mucho la voz, Justin y otros chicos se rieron—. No puedo creer esto.

—Mamá… —suspiró Joe a su lado y la miró con una mueca—. Felicidades. —Estoy en shock, pero felicidades, como sea —dijo André.

—No pareces muy contento —lo regañó—. Vamos, chicos ¿No les gusta que la familia crezca? ¿No les gusta la idea de tener una hermanita… o hermanito, si seguimos con la mala suerte?

—Cierren la boca. Si no les gusta la idea, no nos importa, cuando se casen ustedes pueden decidir no tener ningún hijo. Yo desearía no haber tenido a ninguno de ustedes, arrogantes traseros molestos, pero Patricia insistió —habló Jeremy, haciendo que todos se quedaran callados inmediatamente y dejaran de rezongar. Después me miró a mí y me sonrió de una manera muy dulce. Era extraño que un hombre pudiera pasar de lucir tan cruel a sonreír de esa manera, yo ya estuviera llorando si mi papá me hubiera dicho eso—. Gracias, Anabelle, eres un encanto.

—Te estás ganando el premio al padre más amoroso del año —se burló Justin riendo de esa manera de nuevo. Nunca había visto a alguien riendo así antes. No parecía feliz en lo absoluto, sólo divertido, y no mucho.

—Soy sincero, eso es una virtud —se defendió Jeremy sonriendo abiertamente y palmeó la espalda de Joshua a su lado.

—Una virtud que rompe nuestros pobres corazones —murmuró Fran, el actor de la familia, con la voz quebrada y bajita, pero con una gran sonrisa en sus labios.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Todos ustedes son como la misma persona, es tan extraño —divague con la vista perdida mientras caminábamos por un pasillo lleno de fotos familiares. Todas ellas eran lindas, siempre había uno cerrando los ojos o haciendo caras feas, o estaba Jeremy luciendo enojado o Pattie regañando a alguien. Justin ya me estaba jalando del brazo para que caminara más rápido, pero me detuve de golpe al ver la foto de un hermoso niño, como de cuatro años, no estaba muy segura de quien era. Su cabello era castaño, lacio y largo hasta sus cejas, sus ojos marrón claro, con un lindo brillo especial, sus pequeñas manos estaban en sus mejillas y su boca abierta en una “o”. Parecía sorprendido, y era la foto más bonita que yo hubiera visto alguna vez. Algo me decía que era Justin, pero igual podía ser cualquiera de sus hermanos, o incluso su padre—. Aw, que bonito ¿Quien es este?

—Soy yo —contestó de mala gana y me jaló de nuevo—. Vamos, Anabelle, camina.

—No, ponte aquí, junto a tu foto —me solté de su agarré y lo empujé por las costillas hasta que estuvo parado a un lado de su foto. Por su expresión, cualquiera podía adivinar que el hombre me despreciaba, pero yo me di cuenta de que él miraba así a todo el mundo y no era nada personal—. Eras tan, tan tierno y hermoso, y ahora eres tan… tan tú.

Su mirada se suavizó un poco, y luego me frunció el ceño.

—¿A qué te refieres con que soy tan yo? —preguntó como si no fuera obvio, frunciendo su ceño aun más y acercándose un poco a mí, tomé aire para contestarle pero el sonido de unos pasos me hizo voltear la vista hacia Pattie, sonriéndonos de la manera más brillante que pudo.

—Anabelle, Justin, venía a preguntarles algo… —murmuró cuando llegó con nosotros, se nos quedo viendo un segundo con una mirada soñadora, echó una mirada a la foto de Justin frente a mí y abrazó a su hijo de lado, apoyando su cabeza en su brazo—. ¿No era precioso, mi bebé?

—Sí. Lo era —respondí sonriéndole burlonamente a Justin. No podía lucir más incomodo abrazando a su mamá. Digo, si la mía estuviera aquí yo la estuviera abrazando todo el tiempo ¿cual era su problema?

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—Sus hijos van a lucir iguales a él, lo sé —apretó su mejilla izquierda, llena de pequeños lunares, poniéndola completamente roja y lo miró con mucho orgullo un segundo—. ¿No te gustaría tener un hijo así de hermoso? Y con tus rasgos, sería absolutamente precioso. Me imagino a una niña, con tu cabello y tus ojos, y con el carácter de Justin, y su boca. Aw.

—Uh… —oh, hombre. No me pudo hacer una pregunta más incomoda, no pudo haber dicho algo que nos pusiera más incomodos. Era como si me preguntara directamente: ¿Anabelle, no te gustaría hacer bebés con mi hijo aquí presente? Bueno, lo hizo, de hecho—. Su-supongo.

{Justin}

—Como sea, mamá, después nos preguntas todo lo que quieras, ahora tenemos que ir a hacer tarea —mentí antes de que pudiera decir otra cosa que me dejara aun más en vergüenza. Me separé rápidamente de ella y tomé con fuerza el brazo de Anabelle para llevarla casi arrastrando hacia mi habitación—. Lo siento por eso.

Mi mamá cruzó la linea. Cruzó la maldita linea.

¿Anabelle, quieres ir ahora a la habitación de mi hijo, hacer bebés hermosos y después salir de aquí y tener una maravillosa vida con él? ¿te gustaría? Aw, sus bebés serían tan hermosos. ¿Por qué demonios tuvo que decirle eso? ¿Por qué tiene que decirle ese tipo cosas siempre? Lo único que va a lograr es que Anabelle me tenga miedo o algo así. Demonios, nunca me había puesto en vergüenza antes, como lo había hecho miles de veces con las novias de mis hermanos. Pensé que eso lo tenía guardado para las novias, no para cualquier mujer que entrara a la casa.

—¡Hey, no te preocupes! —me trató de tranquilizar, mirándome con una ligera sonrisa de burla— Si mi mamá estuviera viva me pondría en peores situaciones, es como su trabajo ¿sabes?

—Supongo que sí —murmuré y abrí mi puerta— pasa.

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Ella me obedeció y dejó caer su bolso en el piso al lado de la puerta mientras observaba todo. Me incliné lo más rápido que pude para esconder la pistola que seguramente André dejó sobre mi escritorio. La metí al primer cajón, cerrándolo inmediatamente y el sonido llamó la atención de Anabelle.

—Wow —dijo, ajena a lo que acababa de esconder—. No me imaginaba tu habitación así. Es muy bonita, me gusta. Ow, mira esto, que hermoso. Te gusta mucho el Hockey ¿no es así? Debes de ser súper talentoso, mira todos estos trofeos.

—Mmhm sí, me gusta —contesté incomodo, cerré la puerta con mi espalda y caminé hasta sentarme en mi cama. Después me quedé mirando cómo daba vueltas y vueltas viendo todo lo que tenía minuciosamente.

Me sentí mal de repente, cohibido, analizado y juzgado. ¿Por qué demonios la dejé entrar ahí, de todos modos? Las únicas personas que habían entrado eran mis padres y mis hermanos. Punto. No confiaba en nadie más, no confiaba en ella tampoco, no quería que se sintiera como que de pronto le iba a contar porqué me gustaba el hockey, o porqué tenía tantos trofeos, o porqué tenía mi habitación como la de un niño.

No se lo voy a decir. Nunca se lo he dicho a nadie, ni lo voy a hacer. 70 

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{capítulo;13}

—Hey, bastardo ¿Sabes donde está la pistola de… —preguntó Kyle como siempre con su gran bocota y su voz fuerte, entrando de golpe a mi habitación sin permiso, como siempre. Cuando levantó la vista y vio a Anabelle abrió la boca un segundo, dándose cuenta de la estupidez que hizo, o bueno, que casi hace—… la pistola de… de agua, de Tayson ¿La has visto?

—Sí, después te la doy —contesté volteando la vista a Anabelle, esperando una mirada acusadora de él a mí llena de sospechas o algo, pero ella ya le sonreía a mi hermano como si nada.

¿De verdad su papá la tiene tan ignorante de todo esto? ¿No sospecha ni siquiera un poco? Es difícil de creer. Incluso empiezo a sentir lastima por la chica.

—De acuerdo, em, mamá quería decirte algo —murmuró abriéndome los ojos de la manera menos sutil posible. Puse los ojos en blanco, Anabelle se rió y se aventó a mi cama como si nada, como si estuviera de lo más acostumbrada a tumbarse en mi cama y se quedó mirando el techo. Apunté a mi cajón muchas veces de la manera más obvia que pude para que Kyle lo captara cuando me aseguré de que ella no veía nada; mi hermano la sacó rápidamente y me hizo señas para que saliera—. Ven acá.

Me quejé y caminé con él hasta el pasillo. —¿Qué quieres?

—¿Por qué Anabelle está aquí? —preguntó de repente—. Quiero decir, es una chica realmente genial y me cae muy bien, pero tiene que haber una jodida razón y no creo que sea buena.

—El señor Ferré tuvo que ir a España y me pidió que la cuidara. No es nada malo, no te preocupes —me encogí de hombros. Él asintió y al instante una sonrisa fue creciendo en sus labios.

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—¿Y qué le dijiste para que aceptara venir contigo? Me contaron mis contactos que la chica no es precisamente tu mayor fan —se burló. Lo fulminé con la mirada.

—Te informaron mal, nos llevamos bien —sonreí de lado y me dije que nada pasaba si decidía exagerar un poco—. Nos llevamos muy, muy bien. Si sabes a lo que me refiero.

—Eso no es cierto —entrecerró los ojos y se recargó en la pared del pasillo— chicas como ella no caen por algún imbécil que las trata mal, como tú. Dime cómo la convenciste.

—No la trato mal —repliqué, mirándolo mal y poniéndome completamente recto y molesto por eso, pero me di cuenta de que era una mentira, realmente la trataba mal a veces. Digo, no muy mal, pero no tan bien como debería— de acuerdo. Le dije que la dejaría ir a una… inauguración de una tienda de ropa o algo por el estilo.

—¡Ja, lo sabía! No tienes lo necesario para estar con una chica decente, inteligente, bonita y dulce como Anabelle —se burló de nuevo. Ese imbécil— suerte yendo de compras, hermana.

—No voy a ir, no seas estúpido —contesté bruscamente—. Era una mentira, no la dejaré ir a ningún lugar. Estar con esta chica en publico sería como sostener bomba encendida en las manos.

{Anabelle}

Justin no me va a dejar ir a mi inauguración. Ese mentiroso del infierno. Y yo que le creí y hasta “me porté bien” ¿Cómo pude ser tan estúpida? Sólo fui y le hice caso como si fuera el rey del mundo, quedándome callada porque al señor le molestaba.

¡Que se joda! Ya no le voy a hacer caso. Él no tiene ningún derecho sobre mí. 72 

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—Voy a ir —aseguré en un susurro, alejándome de la puerta y cruzando mis brazos en mi pecho, indignada.

Me quedé parada en el medio de la habitación, conteniéndome de salir y golpear a Justin y odiando a mi papá por no comprarme un maldito celular. Era el hombre más rico de no sé donde, creo que podría fácilmente comprarle un celular a su hija ignorante que trabajó toda su vida porque creía que no tenían dinero.

Si hubiera tenido un celular, hubiera podido llamar a las gemelas para que fueran por mí. Pero sin uno, me era imposible salir de ahí. Si me iba corriendo no iba a llegar jamás a ningún lado. La casa de Justin estaba en medio de la nada, creo que incluso era en un pueblo alejado de la civilización, estaba demasiado lejos como para que siguiera siendo Roma, y la casa estaba más escondida que no sé que cosa.

Estaba apunto de gruñir por el enojo cuando una foto en el escritorio de Justin me llamó la atención de repente y me acerqué sintiéndome curiosa, extendiendo mis manos para tomarla.

Una bonita niña de rasgados ojos cafés abrazaba por los hombros a un Justin más pequeño. Owww, el pequeño Justin. Su cabello era largo y muy lacio, cubriendo su frente por completo, sus rasgos eran más dulces y su boca formaba una sonrisa preciosa; era mucho más alto que la chica y ella estaba de puntitas para alcanzarlo. Incluso cuando Justin era un lindo y sonriente niño de… dieciséis años, como máximo, tenía esa… presencia. No lo sé. Estaba parado derecho completamente y no tenía esa mirada en los ojos que tiene ahora, como si estuviera triste y enojado todo el tiempo.

Su forma de ser cada vez me dejaba más intrigada. Su habitación cada vez me sorprendía más. Estuve pensando muchas veces mientras comía en cómo podría estar decorada, me imaginé paredes grises y nada de decoración. O quizás paredes negras, o blancas, algo igualmente deprimente. Nunca me imaginé que sería así de bonita.

Estaba totalmente limpia, para empezar, y eso era algo raro. Las paredes eran mitad blancas y mitad azul marino, las separaba una cenefa de algún equipo de hockey, me parece. La colcha de su cama matrimonial era del mismo color que las paredes. Tenía un escritorio negro de madera con una computadora, libros y hojas por todos lados. Un mueble repleto de trofeos, cintas y medallas. Y no estoy exagerando cuando digo repleto, podrían haber más de treinta trofeos ahí. Y unas pocas fotos en las paredes, todas de cuando era más pequeño. Era una habitación preciosa, cálida, juvenil, como si fuera del niño alegre y sonriente que veía en sus fotos, no del muchacho gruñón, amargado y triste que acababa de entrar.

—Esta foto es muy bonita —le dije cuando cerró la puerta. Sonreí hacia él falsamente como si no lo odiara en ese momento y levanté la foto.

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—Um, sí, creo —contestó mirándome con una mueca en su cara, que al parecer debía ser una sonrisa. Llámenme loca pero encontré eso algo tierno. Por lo menos estaba tratando de sonreír—. Es de hace… cuatro años, casi cinco.

—Luces muy bonito, sonriendo y siendo feliz —murmuré en voz baja sin dejar de ver la foto.

Estaba perdida pensando en cómo pudo haber cambiado tanto en cuatro años, pensando en qué cosa le pudo haber pasado para que se convirtiera en el Justin actual, y pensando en cuándo habría sido la última vez que sonrió así, que se sintió simplemente feliz.

Él me dijo una vez que nunca sonreía de verdad, y ese fue un comentario que usualmente no me tomaría en serio y creo que cuando me lo dijo no le creí tanto, pero había pasado poco tiempo, muy poco y ya sentía que eso era verdad. Que él no era feliz. Y de verdad quisiera saber cómo ayudarlo. Bueno, no ahora, porque me mintió, pero cualquier otro día. Deseaba que se abriera a mí y me contara sus cosas, probablemente yo sería algo de ayuda.

Estaba tan perdida que no lo sentí acercándoseme por detrás e inclinando su cabeza hasta que su barbilla casi tocaba mi hombro derecho. Tomó con su mano la otra parte del marco y se quedó mirándolo un rato, ahí, casi pegado totalmente a mí.

Su cuerpo amoldaba el mío, su aliento soplaba a un lado de mi cara y su respiración me mantenía calmada. Ya ni siquiera recordaba estar enojada con él.

—¿Quien es ella? —pregunté, manteniendo mi voz baja. Algo me decía que era alguien importante. Justin se quedó sólo respirando sin contestar por un tiempo.

—Su nombre era Fabrizzia —murmuró con la voz repentinamente ronca y tomó aire profundamente—. Era mi novia. La quise… no, más que eso, la amé mucho ¿No era hermosa?

Cuando contestó, sus dedos tomaron el marco con más fuerza, su otra mano se deslizó a mi cadera suavemente y de pronto todo el aire que entraba por mi nariz se sentía caliente hasta que llegaba a mis pulmones. Mi estomago dio vueltas con algo que pude reconocer como dolor y me encontré parpadeando rápidamente para espantar las lagrimas.

—Sí —susurré.

Sus palabras me golpearon, no me esperaba escuchar algo así. Su voz herida me lastimó, su seriedad me tomó por sorpresa, y su confianza, si no me sintiera tan mal, me hubiera hecho sonreír. No se me escapó el hecho de que habló en pasado acerca de

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ella, eso quería decir que la niña había desaparecido de su vida, supongo o quizás murió. No se me escapó el hecho de que su corazón estaba retumbando fuerte en mi espalda ni el hecho de que sus manos temblaban, ni de que Justin estaba siendo vulnerable conmigo en ese momento.

No me gustó sentirlo vulnerable. No me gustó escuchar su voz cortada, triste. No me gustó sentir esa punzante necesidad de hacerlo sentir mejor.

No supe cuánto tiempo pasamos así, pero de repente Justin jadeó bajito y sonó como un gemido demasiado perdido, su mano apretó más fuerte mi cadera, recargó su barbilla en la parte donde mi hombro y mi cuello coincidían y me apretó contra él para que estuviéramos aun más juntos, pero no fue de una manera sucia, como si quisiera sentir mi cuerpo o algo por el estilo, fue de una manera cruda y desesperada, como si me necesitara sólo para dejarme sostener de esa manera, para estar ahí.

Me volteé lentamente después de un rato, para no asustarlo ni dejar que el momento se arruinara y cuando estuve de frente a él miré sus ojos rojos y su mandíbula apretada, como si estuviera tratando lo más fuerte que podía mantener las lagrimas dentro. Parpadeé para esconder unas lagrimas propias que se querían salir y acaricié su mentón suavemente, deseando verlo suave y no apretado, como siempre, y pasé mis manos por sus hombros para abrazarlo.

Sus manos titubearon un segundo cuando yo ya estaba apretada contra él y después las enroscó en mi cintura fuertemente, levantándome un poco del suelo.

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{capítulo;14}

Comencé a acariciar su suave cabello cuando sus respiraciones comenzaron a ser irregulares, como si estuviera llorando, pero de alguna manera sabía que no corrían ningunas lagrimas por su cara.

—¿La lastimaste? —le pregunté después de un rato, creando una historia en mi mente, algo como: él lastimó a la chica, ella se fue por lo herida que estaba y él se volvió frío por su perdida.

—Hice algo peor que sólo lastimarla. Algo mucho peor... —contestó con la voz bajita y rota. Su abrazo era tan fuerte que mis puntas de los dedos apenas tocaban el piso y mis costillas estaban doloridas, nosotros estábamos tan juntos como era físicamente posible. Y no quería que me soltara.

No quise presionar el asunto de la chica, era obviamente algo demasiado fuerte y delicado como para seguir echándole sal a la herida. Y no quise hacer nada malo, para que él se enojara, me soltara y volviera a ser el Justin malo conmigo, así que sólo me quedé ahí, sosteniéndolo, dejando que me abrazara tanto como quisiera y echando mi cabeza hacia un lado para que siguiera acariciando mi cuello con su nariz.

La puerta se abrió de repente, dio un golpe demasiado fuerte en la pared que nos hizo saltar y separarnos. Inmediatamente odié a la persona que abrió.

—¡VETE DE AQUI! ¡VETE! —gritó Justin lo más fuerte que pudo, con la garganta, haciéndolo sonar demasiado aterrador y empujó la puerta con todas sus fuerzas. Pude captar al pobre Tayson saliendo de ahí asustado antes de que Justin lo golpeara y probablemente le rompiera la cara—. ESTOY TAN JODIDAMENTE ENFERMO DE TODO ESTO, YA NO LO AGUANTO.

Gimió sin mirarme y empezó de la nada misma a patear y golpear con su puño fuertemente la pared y la puerta. No sabía que de verdad había gente que hacía eso, quiero decir, lo había visto en películas, pero jamás me había tocado verlo en persona. Era desesperante y triste. El pobre Justin estaba perdiendo la mierda, estaba fuera de

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sí, pateando y golpeando lo más fuerte que podía, y gritando cosas que no entendí acerca de estar harto y cansado y no soportar tanto con qué lidiar. Tiró con fuerza la lampará de su escritorio haciéndola romperse en millones de pedazos, siguió gritando cosas y volvió a patear la pared. Me asusté de verdad cuando empezó a golpear la pared con sus puños repetidamente, como si fuera un saco de box y no una pared que estaba partiendo sus nudillos.

—Justin, para —murmuré. Pero no me iba a escuchar jamás si hablaba tan bajito, no si seguía golpeando tan fuerte y seguía gritando todas esas cosas. Me acerqué rezando que no me fuera a tocar ningún golpe a mí y puse mis manos en su espalda, insegura—. Justin, te estás haciendo daño. Por favor, para.

Sus golpes dejaron de ser tan repetidos y fuertes pero seguía empeñado en romperse las manos, aunque ya no tuviera fuerza para eso. Lo abracé de nuevo, pasando mis manos por su cintura apretadamente, murmurado "por favor" y besando su espalda, aprovechándome un poco de la situación.

—Lo siento —susurró con la voz ronca después de unos segundos, dejándose descansar contra la pared y respirando demasiado entrecortadamente, como si estuviera arrepentido, o cansado. O ambos—. Esto es lo que pasa cuando haces que me ponga emocional.

—No. Esto es lo que pasa cuando decides que quieres ser un idiota y romperte las manos —repliqué molesta, separándome de él—. Estaba justo ahí, dispuesta a escuchar lo que quisieras decirme, ayudarte y dejar que te desahogaras como es debido, pero decidiste casi matar a tu hermano menor y luego sacarte la mierda en la pared.

{Justin}

Pensé que se acercaría a golpearme; lo tenía merecido por asustarla de esa manera, pero en cambio se acercó molesta sólo a tomarme las manos y mirarlas como si las estuviera regañando.

—¿Te duele mucho? —me preguntó levantando su vista llorosa a mí, sin mostrar su molestia de nuevo. Me dolió de verdad ver sus preciosos ojos cristalinos llorando por mi culpa más de lo que me dolían las manos.

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Quiero decir, la chica se había quedado ahí para abrazarme todo el tiempo que quise tenerla contra mí, y no me gustaba aceptarlo, pero realmente necesitaba un abrazo de esos. Necesitaba un abrazo y alguien con quien contar, por más patético que sonara, y ella fue ese alguien. No se quitó ni lució asqueada cuando me agarré de ella como si fuera mi jodido salvavidas. Me dejó apartar su cabello y oler su cuello, su dulce aroma a manzana y vainilla. Soportó mirar como golpeaba la mierda fuera de toda mi habitación y además seguía preocupándose por si me dolían las manos por algo que yo decidí hacer. Yo era un hijo de puta en toda regla, un cabrón loco, pero nunca fui un idiota con las mujeres, y menos con las que eran tan dulces.

—No —mentí, encogiéndome de hombros y bajando mis manos fuera de las suyas para que no siguiera preocupada— No llores, Belle.

—No mientas —me regañó y se agachó para volver a tomar mis manos. Las suyas eran suaves, pequeñas y cálidas y no debían mancharse con sangre de alguien como yo. Quise quitarlas de nuevo pero las apretó—. Mira esto, por Dios, iré a pedirle algo a tu mamá o no sé. Sólo quédate sentado y no empieces a golpear nada de nuevo ¿de acuerdo? Trataré de venir rápido.

Me empujó por los hombros hasta que topé con la cama y me dejé caer ahí, siguiendo todo lo que ella quería que hiciera sin poner ninguna clase de resistencia. Cuando estuve sentado me miró con reproche, como cuando mi mamá pensaba que no podía hacer nada más conmigo y se fue de ahí sin decir nada más.

No voy a mentir. Anabelle se acaba de ganar mi cariño, o por lo menos toda mi simpatía. Chica linda que es.

{Anabelle}

Mientras la mamá de Justin le curaba, vendaba las manos, y lo regañaba feamente por hacer algo así, recordé de golpe que antes del momento dramático y bonito que acabábamos de compartir, yo estaba enojada con Justin por decirme mentiras, que mi boutique favorita desde que tengo memoria sería inaugurada a las 4:00 pm, que tendrían muchas ofertas y que necesitaba ir para seguir viviendo.

Ofertas = más ropa por menos dinero = Anabelle contenta.

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Me dije que tenía que ir, que era como un requisito para sentirme bien conmigo misma. Era algo que deseaba mucho, por más superficial que sonara, y no me lo iba a perder sólo porque Justin decidió jugar al niñero malo conmigo y decidió que no me iba a dejar ir a ningún lugar. Mi papá ya me había dado permiso de todos modos, que lo hubiera olvidado era otra cosa muy diferente.

—... tan bruto delante de una chica, no puedo creerlo...

—Um, Pattie —la interrumpí tocando su espalda suavemente, sintiéndome impulsiva y rebelde. Ella me volteó a ver con una sonrisa dulce, nada que ver con el tono enojado que estaba usando con el lindo Justin sentado en su cama y mirándonos sin decir nada— ¿Puedo usar tu teléfono un segundo?

—Por supuesto, linda, está en la sala —contestó y se volteó con Justin de nuevo, pero él me miró y trató de sacar su celular de su bolsillo antes de que su mamá tomara sus manos de nuevo— ¡Deja de moverlas, muchacho tonto!

—Puedes usar mi celular.

—No, no te preocupes, yo... sólo será un momento, ya vengo —mentí y caminé rápido hacia la puerta, vacilando un momento donde estaba mi bolso. Si no hubiera sentido la mirada de Justin clavada en mi espalda, la hubiera tomado, pero eso sería algo sospechoso así que sólo salí de ahí y traté de llegar lo más rápido que me fue posible a la sala, rodeando a Fran y a Joe discutiendo cerca de las escaleras e ignorando a André gritando por teléfono con su inconfundible acento italiano.

Y mientras bajaba las larguísimas e interminables escaleras de mármol blanco y caro, veía las fotos familiares y escuchaba a varios de los chicos de una manera lejana, me di cuenta de que en realidad no sabía absolutamente nada de la familia Bieber. No sabía nada más que sus nombres y que eran amigos de mi padre. No sabía qué tipo de personas eran, ni cuales eran sus costumbres, ni nada.

—Hola, Anabelle —me saludó el pequeño Tayson cuando llegué a la sala. Él estaba echado en el sillón más grande con un jugo en una mano y un ipad en la otra, totalmente ajeno a todo lo que pasó por su interrupción.

—Hola, pequeño —lo saludé rápidamente, volteando hacia atrás a las escaleras con miedo cada segundo mientras más me acercaba a él, esperando que en cualquier momento llegara corriendo un Justin enojado, con las manos vendadas apuntando hacia mí, gritando: ¡Alto ahí, sé lo que intentas hacer, tramposa! Aunque, bueno, en realidad yo tenía todo el derecho como ciudadano a irme de la casa de quien yo quisiera cuando yo quisiera, en especial de una casa de desconocidos y un chico con

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problemas de ira, de salvajismo y de ternura oculta. Si trataba detenerme sería como secuestro.

—¿Hey, no sabes dónde hay algún directorio? Es ese libro grande donde están todos los números telefónicos de...

—Sé lo que es un directorio —me cortó Tayson, sonriéndome de lado y levantando un ceja. Le sonreí de vuelta más que nada porque ese gesto me recordó a Justin, su cara por completo me recordó a Justin—. Creo que hay uno ahí.

—Veamos —murmuré agachándome frente a la mesita que me apuntó, abriendo el cajón y sacando el directorio más gordo que había visto alguna vez. Y cuando lo abrí me di cuenta de que todo estaba en italiano. Lindo—. Ugh, bueno... taxi, taxi.

—¿Taxi? —repitió Tayson, dejando su jugo en algún lado y volteándose a mí como si estuviera muy interesado en mí—. ¿Justin no puede llevarte? Nosotros nunca pedimos taxis, nunca pedimos nada, ni siquiera comida o algo así... ¿Justin se enojó contigo también? ¿Te pegó? Él es malo cuando se enoja, así como hace un rato, casi me mata. Además ayer me golpeó, sólo porque André... bueno, por cosas tontas, y mamá no me creyó, pero en realidad me golpeó y...

—Mañana lo golpearé por ti. Voy a hacer justicia —le dije entrecerrando los ojos y esperando que fuera mentira que Justin le pegó a su hermanito. Deslicé mi dedo hasta que llegué al numero deseado—. ¡Listo, aquí está! ¡Ja!

Antes de marcar el numero le pregunté a Tayson si se sabía su dirección, y dijo que no, por lo tanto tuvo que subir al despacho del señor Bieber a buscar una tarjeta donde juraba haber visto un día la dirección. Sé que tardó sólo como tres minutos pero los sentí como diez horas mientras me paseaba por la sala, encubierta y me escondía de Kyle que pasó a la cocina por algo para comer. Cuando Tayson llegó con la dirección lo hice llamar al taxista y pedirlo por él mismo. Era humillante cómo un niño que tampoco era italiano sabía más del idioma que yo.

—Dice que en cuarenta minutos o más llega, porque es muy retirado.

—Oh, mierda... bueno, gracias —besé su suave frente y salí corriendo escaleras arriba directo a la habitación de Justin. Cuando entré estaba jadeando como perro y sudando como puerco a pesar del clima agradable, sólo esperaba no apestar. Pattie estaba ahora parada pero seguía regañando a su hijo sin parar. Hablando con una voz que incluso a mí me asusto, debo aceptar.

—Gracias por el teléfono —murmuré bajito. 80 

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{capítulo;15}

—Oh, no es nada, cariño —dijo volteándose hacia mí y sonriendo—. Lamento mucho que hayas tenido que ver eso, hace mucho que él no pasaba por algo así. No puedo creer que lo haya hecho frente a ti, estoy tan apenada.

Fruncí el ceño y miré al desgastado Justin un momento.

—No te preocupes por eso, Pattie —negué, pensando en cómo era posible que lo regañara por algo así. ¿Acaso creía que el pobre Justin dijo: "oh, voy a romperme las manos contra la pared, suena como algo divertido"? No, no lo hizo. Él sólo estaba sucumbiendo ante la presión que yo le causé, estaba lidiando con sus sentimientos por medio de la ira para no terminar llorando. No puedo creer que lo culpe por eso. La única culpable soy yo—. De hecho creo que no es justo que lo regañe, creo que yo fui la que causo todo esto y...

—No, tú no tienes la culpa —me interrumpió Justin, suspirando y negando con la cabeza—. Mamá, ya entendí ¿está bien? No lo volveré a hacer, así que ya te puedes ir. Estábamos ocupados.

—De acuerdo, no me quieren aquí —bufó, se acercó a besar la frente de Justin lentamente, haciendo que él pusiera esa linda cara de vergüenza de nuevo mientras me miraba sonreír y luego ella caminó hacia mí—. Um, Belle ¿Justin acaso te mencionó que las paredes son a prueba de sonido? Eso quiere decir que no se escucha nada para afuera, entonces ustedes pueden hacer lo que quieran... hablar, y esas cosas, o lo que ustedes deseen, porque nosotros no nos vamos a enterar. Y tu padre volverá hasta en la noche, entonces tendrán mucho tiempo para que se diviertan haciendo cualquier cosa, pero con mucho cuidado ¿Sí, Anabelle? No queremos más sorpresas en la familia, aun... —añadió con una sonrisa traviesa y salió de la habitación con la puerta haciendo un silencio estruendoso en la habitación totalmente en silencio.

No, de ninguna manera. Ella no me acaba de dar permiso para que tenga sexo con su hijo ¿lo hizo? ¡¿LO HIZO?! Demonios, ella es la mamá más rara y genial del mundo. Me pregunto como tratará a las novias oficiales de Justin.

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—Ya ni siquiera me voy a disculpar por lo que ella dice —gimió Justin dejándose caer de espaldas en su cama—. Tendrás que aprender a vivir con ello.

—Tú mamá es genial, Justin. Ella y mi mamá serían como las mejores amigas del mundo, uniendo sus fuerzas para avergonzar a sus hijos. Ya sabes, si aun estuviera viva. Ella era igual a tu mamá, en serio. Bueno, jamás me dejaría deliberadamente tener sexo con un chico en mi habitación, pero sé que me hubiera avergonzado de mil formas diferentes también —dije rápidamente, tratando de aliviar su vergüenza y me dejé caer en la cama a su lado, como si ese momento de perdida momentánea de control que pasamos nos hubiera convertido en íntimos.

—¿Cuantos años tenías cuando murió? —preguntó con sincera intriga y sin apenarse por mencionar el hecho de que mi mamá estaba muerta. Me gustó eso, quiero decir, la mayoría de las personas siempre se apenaban cuando mencionaban eso, como si no fuera algo que ya pasó y que sólo debía superar.

—Tenía quince, los acababa de cumplir.

—¿Y nunca le presentaste a ningún novio para que te pudiera avergonzar? Eso me hubiera hecho sentir mejor.

—No, claro que no —tuve un flashazo de mi cara y mi cuerpo cuando tenía quince años y no pude evitar el estremecimiento de asco que tuve ¿Novio, a mis quince gordos años? Sí, claro. Me reí poquito y me acerqué "inconscientemente" más a él en la cama, de modo que estábamos completamente tocándonos. De acuerdo, lo acepto, fue completamente a propósito—. No era precisamente la niña más bonita de toda Italia cuando tenía quince, nunca tuve novio. Nunca he tenido un novio, de hecho.

{Justin}

—... nunca he tenido un novio, de hecho.

Esa es la cosa menos creíble que Anabelle me ha dicho alguna vez. Entrecerré mis ojos con ganas de alegar que eso era mentira pero me contuve porque no era como si ella tuviera necesidad de mentirme en algo, y menos en algo como eso, entonces creerle era lo único que podía hacer, y lo hice.

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¿En serio los estadounidenses eran tan idiotas? ¿Cómo era posible que nadie hubiera caído por sus ojos, o por su cara, o su cuerpo, o su dulzura, o por cualquier maldita cosa? No es que yo lo hubiera hecho, pero no era idiota ni ciego y reconocía a una mujer hermosa cuando la veía.

Anabelle era hermosa, me rehusé un poco al principio porque no solía considerar hermosas a las mujeres que me caían mal, pero ella ahora era de mi agrado y además no era como si pudiera negarlo por mucho tiempo. Sus ojos brillaban cuando sonreía, sus labios eran rosas y llenos, sus abrazos eran suaves pero fuertes y olía a manzanas, quiero decir ¿en serio? ¿Ningún novio?

Cuando el inicial enojo y frustración hacia la población masculina se fue, llegó algo que pude reconocer como alivio, pero... no era eso completamente, no del todo. Pensar en algún estúpido con malas intenciones y sus manos sobre ella no era nada que pudiera aceptar. Pensar que ella pudiera sostener a alguien como me sostuvo a mí era algo imposible de considerar. Así que, creo que sí, eso era alivio puro recorriendo mis venas.

Nunca fui alguien que se la pasara mintiéndole a la gente, y sobretodo nunca me había mentido a mí mismo. Por lo tanto fui lo suficientemente honesto al decirme que quería a Anabelle.

No como que la amaba, que estuviera enamorado de ella o algo por el estilo, ojalá fuera eso, pero no. Era sólo que la quería. Como, su cuerpo. Maldita sea, sí, ese lindo trasero rebotante era la cosa más bonita que hubiera visto, y su inocencia tenía un atractivo especial que no podía ni siquiera empezar a describir. Ningún hombre normal podía ver sus piernas, o el resto de ella y decir que no la quería.

Entonces, sí, la chica es muy hermosa, me gustaría que fuera mía, si eso fuera posible... cosa que no lo es, así que mejor lo olvido.

Entonces mis cartas estaban sobre la mesa, de haber sido posible, le hubiera pedido una cita desde que la conocí, la hubiera besado desde el primer día y si ella me hubiera dejado ir más lejos, yo no me hubiera detenido. Pero tenía razones para no seguir adelante y no tratar nada, mis razones eran jodidamente entendibles ¿cuales eran las razones de los millones de idiotas que pudieron haber intentando algo con ella y no lo hicieron? Falta de pelotas, supuse.

—Eso es raro —dije por fin después de un rato—. Pareces el tipo de chica que... um, que ha tenido un largo camino con los hombres.

—¿Qué? Wow, ¿entonces parezco una zorra barata? Eso no era exactamente lo que trataba de proyectar —dijo como si estuviera bromeando, pero con un filo extraño en

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sus palabras, sentándose en la cama de golpe. En cualquier otro momento hubiera hecho un comentario inteligente para que se enojara más y pudiera ver su linda furia dirigida a mí. Pero no en ese momento. No la quería tener enojada cuando ella acababa de hacer algo tan lindo por mí.

—No me refiero a eso —puse los ojos en blanco y me contuve de jalar su brazo para que estuviera pegada a mí de nuevo—. Es sólo que eres guapa, no creo que nadie haya intentado nada contigo.

—Oh, en realidad he tenido un par de citas —continuó hablando bajito y se movió hasta que quedó sentada pero viendo de frente a mí, aun acostado—. ¿Recuerdas a Lorenzo, el que me quería violar? Él me dio mi primer beso.

Lorenzo. El chico que tuvo una sobredosis de heroína y de alguna manera seguía vivo. El que estaba drogado y matando gente la mayoría del tiempo. El que mató a dos niños al mismo tiempo de la manera más cruel posible y ni siquiera lo recordaba.

—¡¿Estás hablando en serio?! —solté de golpe al escuchar eso. De ninguna manera ese asesino, drogadicto, loco y maniaco tocó a Anabelle. De ninguna manera le dio su primer beso, eso no puede ser verdad, eso sería tan, tan, tan malo— Eso no es verdad, dime que no lo es.

—Um, sí, sí lo es —contestó tímida, y de repente fui consciente de que con mi arrebato había quedado sentado demasiado cerca de ella. No me moví—. Fue hace mucho tiempo. Él no se drogaba entonces. Nunca besaría a un drogadicto.

Oh, bueno, eso dolió. No es que ella lo supiera pero yo era un drogadicto. Sin la parte de adicto pero con la parte de las drogas. No tanto como Lorenzo o como algunos de mis amigos, pero definitivamente lo era, así que eso dolió. Bajé la mirada a sus labios un segundo, apretando los puños al imaginar los de Lorenzo en ella, o en cualquier otra chica decente, para el caso.

—¿Cómo infiernos dejaste que ese imbécil te besara, Anabelle? —pregunté enojado de nuevo. Por dios, no podía creerlo. Preferiría que me hubiera dicho que tuvo una orgía con diez indigentes a que hubiera besado a ese animal.

—No era un imbécil en ese entonces —siguió diciendo, tímida e intimidada—. Él era tan normal como cualquier otra persona y yo estaba enamorada de él. Fue hace mucho tiempo.

—De todos modos... ahora tengo una razón más para matar a ese hijo de puta y...

—Ya, ya, no seas exagerado —se rió y puso los ojos en blanco. Tuve la necesidad de aclarar que no estaba siendo jodidamente exagerado y que la idea de matarlo era

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demasiado seria y que había estado en mi cabeza por un largo tiempo, pero me contuve. Dejemos que la chica piense que soy una clase de exagerado—. Sólo fue un beso inocente, y después de eso no le volví a hablar...

No me importaba si fue un beso inocente o si pasaron una noche de sexo pervertido. El hecho de que ese jodido inhumano hubiera puesto su sucia boca en la de Ojos Bonitos era razón suficiente para atarlo a una silla eléctrica. Odiaba la idea de él besando a una chica inocente como ella, así como odiaba la idea de que ella tuviera que besar a alguien como él... y como yo. Tampoco era como si Lorenzo y yo fuéramos tan diferentes, después de todo.

La puerta se abrió de nuevo, sin alguien tocándola primero, lo cual me hizo abrir la boca para empezar a gritar insultos a quien fuera, pero Anabelle abrió sus ojos demasiado grandes y saltó de la cama cuando el intruso abrió la puerta.

—Ya está aquí... —empezó a decir Tayson antes de que ella se parara dándome la espalda y lo hiciera callar de algún modo.

—Bien... um, ahorita vengo —me dijo, tomando una rápida vista de su cuerpo completo en mi espejo.

—¿A donde vas? —pregunté con los ojos entrecerrados intentando levantarme también para no dejarla sola, pero ella voló de nuevo hacia mí y puso sus manos en mis hombros para dejarme plantado en la cama.

—Le prometí a tu hermanito que iba a ir a jugar con él, sólo quédate aquí y te prometo que volveré antes de que puedas decir: "otorrinolaringólogo disfrutando de su paralepipedo en un colondoscopia" —murmuró rápidamente, diciendo lo último en español, supongo, o en algún otro idioma que no entendí. No supe que mierda dijo pero sonó tan sensual saliendo de su boca, y sus labios y su lengua deslizándose con las palabras se veían tan jodidamente...

—Dilo de nuevo.

—Otorrinolaringólogo disfrutando de su paralepipedo en una colondoscopia —repitió lentamente, haciéndolo sonar incluso más sexy—. Si te portas bien quizás te diré lo que significa.

—Bien, sólo no le sigas mucho el juego a Tayson, si lo haces jamás te dejará ir.

Ella asintió y me dio una mirada temblorosa y no tan decidida antes de salir corriendo de mi habitación.

Tuve un mal presentimiento acerca de eso.

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{capítulo;16}

{Anabelle}

Logré salir de la casa sin hablar con nadie más que con Tayson, sintiendo de alguna manera que me estaba escapando de una prisión y no de la casa de un amigo. Traté de decirme que podía irme, que todo estaba bien, que sólo tendría que lidiar con el mal humor de Justin mañana, pero cuando salí corriendo por la puerta y volteé mi mirada hacia arriba los vi por primera vez, a los hombres arriba del techo del portón. Varios hombres, mínimo siete. Hombres con armas que no vi cuando entramos, quizás porque estaba muy distraída o quizás porque no estaban ahí. ¿Que mierda hacían tantos hombres armados ahí? Tres de ellos se acercaron a mí mientras yo pasaba corriendo por el estacionamiento-jardín donde estaban los lujosos coches de todos, tantos coches caros y brillantes que hasta parecía que Tayson y el bebé de Pattie ya tenían el suyo.

—¿Dove si va, signorina Ferré? —preguntó uno de ellos, mientras otros dos me encerraban uno por cada lado y me ponían no sólo nerviosa, sino al borde de un ataque. Debieron de haber dejado sus armas en otro lugar antes de acercarse a mí si no querían matarme del miedo.

—Um, ta-taxi —balbucí apuntando hacia el portón, tratando de no hacer contacto visual con él ni con los otros dos y desviando mi vista de sus armas.

—¿Perché avete bisogno di un taxi? —preguntó el de la izquierda, pero no dije nada porque no supe qué demonios estaba preguntando. Mis manos estaban sudando como nunca ¿Por qué maldita razón los Bieber necesitaban tanta protección si vivían casi fuera del mapa? Eso no era tan necesario. Está bien, era demasiado obvio que ellos eran millonarios y necesitaban cierta protección, pero no tanta, y no en su casa.

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—¿Por qué necesita tomar un taxi? —preguntó el otro, el de mi lado derecho, con un ingles demasiado confuso y un acento muy marcado. Ellos no estaban realmente cerca de mí, había entre nosotros una distancia considerable. Pero el hecho de que trajeran grandes y peligrosas armas colgando en su pecho, y que eran mucho más altos que yo me hacía sentir como si estuvieran apretándome.

—No lo sé... ocupo llegar a un lugar cuanto antes y Justin no me quería llevar.

—El señor Bieber debe tener una buena razón para no querer llevarla a ese lugar. Puede ser peligroso —repuso, y empezó a acariciar su arma como si fuera un perro. Por el amor de Dios ¿Era consciente de lo que hacía? ¿Era consciente de que las personas normales no están acostumbradas a estar cerca de armas?

—Su razón es que es un idiota. Estamos peleados y yo realmente necesito llegar ahí ahora. Mi taxi me está esperando —dije y traté de caminar de nuevo pero los tres bloquearon mi paso antes de que pudiera avanzar medio metro—. Estoy hablando en serio, necesito irme ahora mismo.

—No podemos dejar que se vaya sola de aquí, señorita Ferré, y menos sin ninguna clase de protección. Hablamos en serio cuando decimos que puede ser peligroso —dijo el portavoz de los guardias, frunciéndome el ceño y mirando hacia la casa. Traté de no pensar en cómo diablos ellos sabían mi apellido, y en por qué pensaban que subir a un taxi era peligroso. No era como si yo fuera la persona más buscada de Italia o algo.

—¿Por qué demonios no? ¡Se me va a hacer tarde, y si ese taxi se me va jamás voy a llegar! —renegué como niña pequeña—. Voy a llamar a Justin y le diré que no me quieren dejar salir.

—Sólo estamos cumpliendo con nuestro trabajo. Nuestro deber es cuidar de ellos, y ahora de usted también.

—Y yo sólo quiero ir de compras ¡¿Que hay de peligroso en eso?!

—Va bene —les dijo a sus dos compañeros después de pensarlo unos segundos, resoplando con frustración y meciéndome la cabeza como si estuviera muy cansado de mí— siamo in grado di lasciar andare, io non credo che ci sia un pericolo. Vaya con cuidado, señorita.

—Está bien. Grazie —les dije, y salí corriendo hasta el portón, que se abrió para mí unos segundos después. Para mi suerte, el taxi aun estaba ahí. Fui hacia él y me subí lo más rápido que pude, soltando un suspiro y alisando mi falda del uniforme una vez estuve sentada.

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—Buon pomeriggio ¿Dove vuoi andare? —me preguntó el taxista cuando arrancó. Tampoco supe qué dijo pero había subido a mil taxis, sabía lo que quería decir. Lo único que no sabía ahora era a dónde mierda tenía que ir ¿Cómo se me ocurrió pedir un taxi si ni siquiera sabía a donde tenía que ir? ¿Por qué hice eso? ¿A dónde demonios salvajes se suponía que iba a ir ahora?

—Destra —murmuré, deseando que significara lo que yo creía que significaba. Para darle más sentido a mi palabra le hice señas por el espejo retrovisor para que fuera derecho—. Destra.

El hombre frunció el ceño como si se hubiera confundido, pero me obedeció. Salimos del raro y solitario pero bonito lugar donde estaba la casa de Justin, y luego manejó todo derecho, hacia no sé donde.

Me arrepentí cuando ni siquiera habían pasado cinco minutos de camino. Debí haberle dicho al taxista que regresara y me dejara en buenas manos donde sabía donde estaba y había gente que entendía lo que decía, pero no lo hice, por que soy estúpida e impulsiva y no puedo creer que me acabo de dar cuenta de algo tan obvio.

¿Por qué no pienso bien las cosas antes de hacerlas? ¿Por qué no le pedí una dirección a las gemelas? ¿Por qué me escapé de Justin cuando al parecer ya estábamos logrando algo, y probablemente lo podía convencer de que me llevara? ¿Por qué me subí a un taxi que me llevó a pasear por lugares completamente desconocidos de Roma? Muchas preguntas, una misma respuesta: Porque soy tonta, soy una chica totalmente tonta que no piensa antes de actuar.

Cuando ya llevábamos como una hora de camino, y estábamos por un lugar lleno de tiendas y casas geniales y muy caras, gente fabulosa caminando normalmente y mucho trafico, mientras contemplaba como si nada las hermosas casas pintorescas, los colores, edificios, la arquitectura fantástica que no se comparaba con nada que hubiera visto antes, y todo eso, recordé una cosa, una cosa muy jodidamente importante: dejé mi mochila en la habitación de Justin. Mi mochila, con mi dinero dentro, y me subí al taxi con nada más que mi tonta existencia. Y no era como si hubiera ido de una esquina a otra, traje al hombre por media ciudad, se detuvo a poner gasolina dos veces, el taxímetro marcaba 106 euros y yo contaba con absolutamente nada. Ah, y no sabía dónde estaba, y no tenía un celular de donde pudiera llamar a alguien, ni siquiera sabía sus números.

—Pare aquí, pare, per favore, pare —pedí con voz cortada en un impulso, guiada por el miedo. Él hombre asintió luciendo confundido de nuevo, y justo cuando aparcó el taxi, abrí la puerta y me acomodé para salir rápidamente—. Yo... no tengo dinero. Yo no tener dinero. Yo sentirlo mucho. Scusa, scusa.

—¿Cosa vuoi dire, ragazza? —preguntó volteándose a mí, enojado— sono 106 euro. 88 

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—Scusa —repetí apenada y triste, moviendo la cabeza de un lado a otro y haciendo con mis manos la manera en mímica de decir: lo siento, no cuento ni con medio euro partido a la mitad, no le voy a pagar.

Al perecer entendió bien mis señas, porque abrió su puerta bruscamente, y supe que iba a venir hacia mí, entonces, actuando por otro impulso tonto, abrí mi puerta y me fui corriendo lo más rápido que mis piernas pudieron hacerlo.

—¡Torna qui, ladruncola! —gritó el taxista detrás de mí, y luego lo escuché corriendo.

Dios, por favor, que no me alcance, demonios, por favor, por favor que no me alcance.

Choqué fuertemente con dos mujeres que me gritaron algo ofensivo que no escuché y seguí corriendo, sintiendo las lagrimas salir de mis ojos y secarse rápidamente en mis mejillas por el aire que me golpeaba en la cara y me revolvía todo el cabello. Mis pulmones ardían, igual que todo mi cuerpo y mi estomago. Sentía mi falda volar por todos lados y decidí ignorarlo. El pánico era lo único que me mantenía corriendo. Seguí chocando con más gente, seguí corriendo por lo que me parecieron horas, y cuando entré por una calle pequeña y solitaria, mis piernas empezaron a temblar y al no escuchar a nadie tras de mí, el pánico empezó a abandonarme de a poco.

—Genial, gracias —susurré, apoyándome contra una pared y tratando de volver a respirar con normalidad.

Sí, seguía perdida, pero al menos ya no me estaba siguiendo nadie. Podía simplemente ir por la calle hablándole a toda la gente hasta encontrar a alguien que hablara inglés y que me ayudara, o podía ir hacia el hotel más cercano, donde siempre obligatoriamente hay gente que habla ingles. O podía buscar a algún policía.

—Todo va a estar bien ahora —me dije una vez que mi respiración se calmó y empecé a caminar calle abajo.

Mis piernas temblaban por el ejercicio al que ya no estaban tan acostumbradas y mi frente, nuca, axilas, espalda y quien sabe qué otras partes estaban sudando por el calor, sudando mucho, sin mencionar que el short que traía debajo de mi falda era demasiado pequeño y apretado y con la corrida que di se me enroscó en los muslos y me estaba cortando la circulación de las piernas. Di vuelta en la esquina, topándome con una calle estrecha y solitaria por donde sólo cabía un carro, los viejos edificios de ambos lados eran de un naranja opaco y eran tan altos que tapaban el sol completamente.

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—¡Merda! —escuché que un tipo maldecía fuertemente por algún lugar, se escuchó un rechinar de llantas, y luego lo vi corriendo hacia mí desesperadamente. Si la calle no fuera tan larga hubiera llegado a mí en menos de quince segundos, pero le estaba tomando mucho tiempo y su cara estaba completamente roja, lo que me dijo que llevaba corriendo mucho tiempo. Antes de que me pudiera preguntar qué estaba pasando, si él también había escapado de un taxista o algo por el estilo, una camioneta negra me respondió. Primero pensé que era una coincidencia, que había entrado a la calle porque era alguien que vivía ahí, pero cuando alguien bajó el vidrió y antes de que el tipo que corría se acercara más a mí sacó una pequeña pistola y disparó contra el piso, muy cerca de él, me di cuenta de que su problema era mucho más jodidamente serio que el mío, y me di cuenta también que iba a morir si seguía caminando hacia ellos como si nada. Y el pánico atacó en mi sistema de nuevo, como si alguien hubiera encendido la luz.

Ante el sonido del disparo el chico corredor cubrió sus oídos con una expresión de dolor y desconcierto, dejó de correr y se tiró lentamente de rodillas a la banqueta. Me imaginé que el estridente sonido lo dejó completamente aturdido, porque definitivamente hizo algo en mí que me dejó medio estúpida un segundo. Entonces la camioneta bloqueó su paso y justo cuando vi que otros tres tipos salían de la camioneta, me di cuenta de un pequeño muro que separaba un edificio de otro, y me escondí ahí rápidamente sabiendo que por lo menos me cubriría de su vista. Me recargué en la pared respirando de nuevo como si me fuera a quedar sin aire en cualquier momento, sintiendo otra vez el feo miedo llenándome, un miedo incluso más fuerte que el de antes. Porque una cosa era que un taxista me atrapara y me diera un sermón en italiano a que varios tipos en una camioneta me dispararan en la frente, o me llevaran a algún lugar, o me hicieran algo ahí en la calle.

—¡Prendere il bastardo e non farlo muovere! —gritó uno de ellos. Oh, Dios, él está muy enojado.

Después de palabras al viento, maldiciones en italiano y muchos quejidos, se escuchó un golpe muy, muy fuerte y un gemido horrible del corredor, supuse, y luego alguien escupiendo y tosiendo.

—Questo accade quando si tenta di pasticciare con Dio.

Después de eso todos dijeron una clase de rezo rápido, y cuando pensé que todo había acabado, el sonido de otro disparo me hizo chillar fuertemente del miedo y hacerme bolita como si eso me fuera a proteger. No lo pude evitar. Nunca había estado cerca de una pistola antes, menos de una que le disparara a alguien y tampoco cerca de tres tipos que claramente acababan de matar a alguien a menos de diez metros de mí y que no tendrían ningún problema en matarme a mí también.

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Sollocé fuertemente ante el pensamiento, y comencé a rezar de nuevo, porque era lo único que podía hacer, parecía ser mi única opción en ese momento.

Tenía los ojos cerrados, estaba sentada contra la pared, dándole la espalda a los tipos y rezando cuando sentí un firme y fuerte agarre en mi cabello que me hizo gritar de una manera que me aturdió a mí misma.

Me tienen, Dios santo, me tienen.

—¿Origliare? ¡Rimanere fuori di affari privati, stronza! —gritó alguien en mi oído, haciéndome temblar muy fuerte y llorar como nunca antes había llorado. Llorar por mi vida. Podía sentir en mi mejilla un fierro duro y caliente que subía a mi cien, podía sentir la mano del tipo enrollándose bruscamente en el cabello de mi nuca. Lloré fuertemente, soltando un chillido, moviendo mis piernas como loca y con mis manos tratando de alejar al tipo de mí.

—¡Non hanno tempo, dobbiamo andare ora! —gritó otro de ellos desde otra parte, y el hijo de puta que estaba poniendo su pistola contra mi frente maldijo, pero se levantó rápidamente.

Lo que pasó después de que el tipo se levantó, lo vi pasar en cámara lenta.

Levanté mi vista borrosa por las lagrimas hacia su cara para poder ir a denunciarlo si es que no me mataba y poder decir cómo era su cara. Él era completamente calvo, tenía unos duros ojos azules de loco, como los de Lorenzo, era gordo, alto y tenía un grande tatuaje en su antebrazo que decía: Dio. Cuando pensé que se iría, levantó el arma que tenía en su brazo y disparó hacia mi pierna izquierda sin más ni más.

Él movió sus labios y me dijo otra cosa que no pude escuchar, llevé mis manos hacia mis oídos rápidamente en un auto-reflejo, justo como había visto que el chico corredor hizo, y vi la camioneta negra irse. Y yo no escuchaba nada.

Sacudí mi cabeza y grité de nuevo, sin poder escuchar mi voz. Sollocé fuertemente y bajé la mirada a mi pierna. Se estaba formando un charco de sangre bajo ella y seguía saliendo más y más. Grité de nuevo. Grité que alguien me ayudara. Grité el nombre de Justin, inútilmente.

Al principió no me había dolido, ni siquiera había captado mucho lo que había pasado, pero después de unos segundos mi pierna empezó a doler de una manera indescriptible. Aplomó todo mi cuerpo y el dolor subió y lo sentía en todos lados. No podía moverla, si movía cualquier otra cosa me dolía y ver la sangre saliendo sin parar me ponía más, y más desesperada.

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No supe cuanto tiempo pasó, pero después de un rato pude escuchar de nuevo mis sollozos y mis inútiles gritos de ayuda.

—¡Chiamare l'ambulanza! —gritó alguien en algún momento cuando yo ya estaba demasiado débil como para emocionarme o responderle algo.

Sólo desearía haber escuchado a Justin y a todos los demás.

{Justin}

—¡Mamá, si algo le pasa a ella todos vamos a morir! —grité preocupado, muy preocupado, y enojado, sobre todo. Si hubiera podido, y no estuviera tan frenético, hubiera matado a todos los guardias estúpidos que la dejaron salir.

—Cálmate, hijo —dijo mi papá tomándome de los hombros para que me estuviera quieto, tratando de darme calma, pero en su cara se veía el mismo miedo que el mío al pensar en que algo le hubiera pasado a esa estúpida chica, lo cual significaría la muerte inmediata de toda mi familia y probablemente un montón de tortura para mí.

—¡No, papá no puedo! —cubrí mi cara con mis manos calientes y húmedas y traté de pensar en algo— ¿Tienes el numero del señor Jolie?

Mientras mi papá buscaba el numero del señor Jolie en su agenda me puse a respirar profundamente y a decirme todas esas cosas que me ayudaban: mi preocupación en este momento no ayudará en nada. El pánico hace que las personas cometan estupideces y no piensen con claridad. Necesito calmarme. Hace sólo una hora que Anabelle se fue de aquí, si tenemos mucha suerte, nada le ha pasado aun. Necesito estar quieto y calmado.

Llamé a mi querido director, lo saludé rápidamente y le pedí el número de alguna de sus hijas para poder localizar a Anabelle, le dije la verdad porque él lo comprendería, me deseó suerte y me dio el numero de una de ellas. Lo difícil sería conseguir que las gemelas me dijeran algo, o que no colgaran en cuanto les dijera mi nombre. Las mujeres podían ser muy rencorosas.

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—Ciao —contestó una de ellas con voz cantarina.

—Ciao —dije torpemente y me aclaré la garganta. Si era honesto conmigo mismo, me sentía como un idiota por lo que les hice a las gemelas, aunque no hubiera sido del todo mi culpa—. Es Justin, um, necesito saber una...

—¿Qué quieres? —me cortó, cambiando drásticamente su tono. —Sólo necesito saber si Anabelle Ferré está con ustedes, esto es serio.

—Duh, no. No está con nosotras porque alguien que se cree su tonto dueño no la dejó venir —gruñó de mala gana. Me quejé con un gemido y cubrí mi cara con pesadez de nuevo—. ¿Por qué preguntas?

—Ella no está aquí. Se suponía que debía quedarse en mi casa hasta que su padre llegara, es lo que él me dijo que hiciera. Pero ella escapó hace más de una hora y no sabemos donde pueda estar.

—¿Estás hablando en serio? ¡Ella no conoce nada aquí! ¡Podría estar... oh por dios! ¡Yamin! —gritó fuertemente, matando mi tímpano, y empezó a hablar con su hermana lejos del teléfono, rápidamente y con voz preocupada— Justin ¿Puedes venir aquí, y entonces empezar a buscar juntos, o se te ocurre algo más? Estoy muy preocupada, todos han dicho lo peligroso que es para ella estar aquí y...

—Hey, está bien —murmuré incomodo cuando empezó a llorar—. Dame la dirección y estaré ahí cuanto antes. No se preocupen mucho, no servirá de nada.

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{capítulo;17}

Después de colgar André y yo salimos inmediatamente hacia la dichosa tienda favorita de Anabelle para encontrarnos con las gemelas. No quise manejar porque estaba demasiado nervioso, y aunque casi siempre soy el único que mantiene la calma de todos nosotros, me estaba volviendo loco en ese momento, más que de costumbre. Porque si algo le pasaba a ella iba a ser completamente mi culpa, y también mi familia tendría que sufrir cualquier cosa que el señor Ferré quisiera hacernos. Todo porque no pude controlar a una chica.

Y aunque esto también era culpa de Anabelle por ser tan terca, nadie lo vería así. Y sabía que apenas habían pasado como dos horas y las posibilidades de que algo realmente malo le hubiera pasado no eran muy altas. Pero las cosas en Roma habían estado peor que nunca últimamente. No se podía salir sin protección, incluso si eras sólo una persona normal. Y si eras la hija del hombre más odiado y poderoso de Italia, pues, estar sola aunque fuera una hora y media, podía ser muy peligroso.

—Entren —les dije a las gemelas por la ventana cuando llegamos a la tienda. Ellas ya estaban esperándonos fuera con algunas bolsas, lejos de todas las mujeres amontonadas dentro tomando y llevando ropa y otras cosas de un lado a otro. Las chicas vacilaron un poco antes de entrar pero finalmente lo hicieron. Me volteé hacia ellas cuando cerraron la puerta y por un segundo me quedé perdido mirándolas, no sólo por que eran hermosas, sino porque eran tan malditamente idénticas que cualquiera que las miraba necesitaba tomarse un tiempo para encontrar algo de diferencia en ellas, era como una necesidad. Supongo que el cabello era lo único diferente que tenían, ademas de sus personalidades, y en ese momento sus expresiones. Una de ellas estaba preocupada y triste, y la otra estaba preocupada y enojada. Con eso encontré algo con lo que las podía diferenciar— ¿Alguna idea de donde puede estar? ¿Ella conoce algún lugar en especifico al que pueda ir?

—¡No! ¡Ella no conoce ningún lugar aquí además de su casa y el colegio! Y no creo que haya ido a su casa —se queja Yamin, histérica y dura como casi todas las veces que había hablado con ella. Razón por la cual me gustó en primer lugar.

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—Entonces la chica tomó un taxi hacia ningún lugar... lamento decirles esto, chicos, pero no hay manera que podamos encontrarla —dijo André, aparcando el auto a las tres cuadras y subiendo la intensidad del aire acondicionado. Y por mucho que odié eso, él tenía razón.

—¿Entonces qué podemos hacer? —preguntó Nedime llorando. Suspiré y negué con la cabeza sin responder nada, porque no tenía sentido hablar. No podíamos hacer nada.

Después de unos quince minutos sentados todos en el auto con nada más que la música del estéreo y el tarareo de mi hermano sonando, Yamin decidió que deberíamos hacer algo, aunque resultara inútil, en lugar de estar simplemente parados preocupándonos cada vez más.

André condujo al centro y luego bajamos las ventanas y le preguntamos a cada persona que pasaba por nuestro lado si no había visto a una chica medio baja, con cabello largo castaño, ojos verdes y uniforme. Todos dijeron que no. Y luego tuve esta inteligente idea de ir por cada uno de los taxistas a preguntarles por ella, pero antes de que pudiera preguntarle a alguno, mi celular sonó, y debía ser algo importante porque mi numero sólo lo tenían personas importantes. Mi familia, algunas personas del negocio, el jefe y eso es todo.

—¿Sí?

—Anabelle está en el Hospital —sollozó mi mamá desesperadamente y yo me quedé quieto de golpe, haciendo que una mujer chocara con mi espalda—. Nos llamaron hace un minuto, al parecer ella les dijo que lo hicieran cuando iba en la ambulancia. Recibió un disparo en una pierna.

—¿En qué hospital? —pregunté con la voz cortada. —San Giovanni.

Colgué y metí mi celular a mi bolsillo de nuevo en cámara lenta, luego me cubrí la cara y gemí de frustración. No tenía fuerzas para enojarme, yo sólo estaba ahí, sintiendo la derrota. Caminar hacia la calle principal y quedarme tirado sonaba más tentador que ir a ese hospital y encontrarme con lo que me esperaba.

—Conduce a San Giovanni —le ordené a André en cuanto regresé al auto, sin molestarme en mirarlo o en contestar las mil preguntas que empezaron a hacer las gemelas atrás. Suspiré, me recargué en el asiento y cerré los ojos.

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Anabelle recibió un disparo en la pierna. Y un disparo en la cabeza era lo que yo tendría cuando su papá se enterara de ello. Gemí de nuevo y golpeé mi cabeza con mis manos.

—¡Dinos de una vez! —exigió una de ellas desde atrás.

—Anabelle está ahí. Recibió un disparo en la pierna —contesté de una manera cortante y las ignoré después. Por eso no quería decirles nada. Ahí estaban, llorando y gritando, como si eso sirviera de algo. Maldita sea, lo único que estaban logrando era ponerme más desesperado y enojado.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Cuando mi mamá dijo: "Anabelle recibió un disparo en la pierna" me imaginé que había sido en el muslo, lo cual es muy peligroso. Mi tío murió por una bala en su muslo. Y creo que pensar que ella había recibido un disparo ahí era parte de lo que me tenía tan perdido, pero después de que llegamos al hospital, el doctor nos dijo que había sido sólo un disparo en la pantorrilla, algo no tan malo, pero igualmente serio. Y mi suspiro de alivio cuando me dijo eso me molestó. Quiero decir, no debería de estar preocupado por ella, pero lo estaba. Arriesgó su vida, y nuestra vida, por una tremenda estupidez. Pero aun así, saber que estaba bien me llenaba de alivio y desconcierto. Debería estar molesto porque estaba viva. Pero no lo estaba.

Era obvio que algo así le iba a pasar si salía sola, pero no me podía explicar por qué sólo obtuvo un balazo en la pierna, en un lugar como ese, y por qué terminó en el hospital. La gente que quería a Anabelle no se andaba con juegos estúpidos, ellos no sólo le darían un disparo de advertencia y llamarían a una ambulancia. Ellos la tomarían y se la llevarían o acabarían con su vida en un segundo. Mi estremecimiento al pensar en eso me molestó también. Debería estar queriendo torturar a esa perra estúpida, no estremeciéndome al pensar en algo parecido.

—Está despierta —anunció el doctor después de unas horas de espera. Las gemelas brincaron y revolotearon a mi lado pero me paré antes que ellas y caminé directo al hombre.

—Yo entraré —dije, y él sólo asintió, sin preguntas u objeciones. Y las gemelas gimieron pero tampoco me dijeron nada. Perfecto. No estaba de humor para hablar o pelear o cualquier maldita cosa.

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Tomé aire y lo solté muchas veces mientras caminaba detrás del Doctor por los pasillos genéricos y blancos que me ponían enfermo de miedo, al pensar en mí pasando por ellos con alguna bala en un lugar más importante que una pantorrilla. Estaba molesto, cansado y preocupado, y a juzgar por las miradas asustadas que me daba el hombre de vez en cuanto, también me veía con ganas de matar a alguien. A Anabelle, por ejemplo.

—Aquí es —murmuró y abrió la puerta. Caminamos hacia dentro y la vimos en la camilla, con su pierna izquierda elevada en alguna cosa, y al parecer durmiendo.

—Pensé que... —empecé a decir, pero ella abrió los ojos hacia nosotros sorprendida y entonces no pude terminar de preguntarle al hombre por qué me dijo que estaba despierta si no lo estaba.

—Oh, no —chilló ella con voz baja y ronca y se cubrió la cara con un brazo.

—¿Necesita un calmante, señorita? —preguntó el doctor, pero ella sólo negó y gimió de nuevo, y el hombre salió de la habitación no sin antes darme un asentimiento rígido e incomodo. Cuando cerró la puerta tomé aire de nuevo y me acerqué lentamente hacia el sofá de cuero muy cerca de su camilla.

Debería gritarle, regañarla por ser tan imbécil. No me debería de importar verla débil. Pero maldita sea, lo hacía.

—Lo siento tanto, tanto —chilló un segundo antes de que sentara mi trasero en el sofá. Volteé mi vista hacia ella, sus ojos rojos igual que toda su cara me miraban apenados—. Lo siento tanto, Justin. Esto... me lo merezco. Soy tan estúpida. Debí haberte escuchado o a los guardias o mi papá o a Linda o las gemelas, o las noticias diciendo que este es un lugar peligroso, pero no lo hice y sólo salí corriendo hacia un taxi sin dinero y huí y me encontré con estos hombres. Lo siento mucho.

—¿Cómo pasó? —pregunté, desasiéndome del enojo un poco. Ella se veía tan cansada y arrepentida que no podía regañarla o decirle algo, ya suficiente había tenido con el balazo.

—Cuando le pedí el teléfono a tu mamá llamé un taxi y cuando te dije que iría a jugar con tu hermano en realidad me fui de tu casa, me topé con estos guardias que no me dejaban ir y los convencí de que sólo iría de compras y de que nada malo pasaría y me subí al taxi pero me di cuenta de que no sabía donde demonios estaba la tienda, y en lugar de bajar o pedirle que regresara a tu casa, le dije al hombre que se fuera derecho... él condujo como por una hora y media y cuando me di cuenta de que no tenía nada de dinero entré en pánico y salí corriendo del taxi, luego llegué a un callejón y me caminé por ahí esperando encontrar a alguien que hablara ingles, pero

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luego llegó un tipo corriendo y lo seguía una camioneta, ellos sacaron una... una pistola y dispararon y yo me asusté y me escondí pero cuando me di cuenta de que mataron al tipo grité y ellos me escucharon —tomó una pausa para tomar aire, y siguió llorando—, uno de ellos me agarró, dijo unas cosas que no entendí, me jaló el cabello y pasó su asquerosa arma por mi cara, pero el otro le habló y se separó de mí... antes de irse solamente levantó su pistola y me dio un tiro, tan fácilmente como si me lo mereciera, como si le hubiera hecho algo... y luego alguien llamó a la ambulancia, y creo que les dije que los llamaran, no lo recuerdo bien. Perdóname.

—Tu papá me va a matar —murmuré con mi cara enterrada en mis manos unos segundos después de su historia. Ella recibió un disparo de alguien que no tenía idea quien era y eso era real mala suerte, pero era genial al mismo tiempo, porque estaba a salvo. Una vez que todos se enteraran que ella estaba aquí, sería mil veces peor.

—No, no te preocupes por mi papá. Te juro que yo le diré todo lo que pasó, que yo tuve la culpa —sollozó y se limpió las lagrimas bruscamente—, nada es tu culpa. Él sabe como soy, lo entenderá.

—Gracias —murmuré de nuevo, sintiendo algo como si me quitaran un peso de encima, aunque sabía que de todos modos tendría que lidiar con el hombre tarde o temprano. Dejé mis manos caer flácidamente y por primera vez me concentré sólo en ella y en su cara cansada— ¿cómo te sientes?

—Mal —contestó, con su labio inferior temblando por su llanto— no me odias ¿verdad? Porque ahora mismo yo me odio a mí misma, y no me sorprendería que tú lo hicieras también.

—Te odio, pero sólo un poco. Menos que antes. —¿Eso se supone que sea bueno o malo?

—Bueno —admití, sin quitar mi vista de ella y sin dejar de estar molesto de nuevo, porque era verdad. Me trató de sonreír, y solté una risa baja y sin mucha diversión, pero una risa de todos modos que se sintió más o menos como un alivio. Es bueno saber que aun puedo reír, aunque sea de esta manera— ¿Ahora vas a hacer lo que te dicen?

—Voy a tratar —se rió, sonriendo tanto de repente que sus mejillas quedaron apretadas y sus ojos se hicieron pequeños, y puse los ojos en blanco hacia ella negando con la cabeza, sorprendido de que aun en esos momentos que lucía como mierda, podía verse linda.

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{capítulo;18}

{Anabelle}

Respiré profundamente, ignorando el pinchazo de dolor en todo mi cuerpo, muriendo de los nervios por dentro y levanté mi brazo para agarrar el iphone dorado de Justin pero mis brazos se sentían como gelatina y se me hizo un poco difícil hacerlo.

—Yo lo hago —murmuró él antes de que lo tomara y supongo que empezó a buscar el numero de mi papá. Su boca estaba un poco torcida hacia un lado, como si estuviera sonriendo de una manera demasiado extraña, y su mandíbula por primera vez desde que lo conocía, no estaba apretada. Lucía más calmado, joven y bonito cuando no estaba todo tenso e incomodo. Levantó la vista de repente, asustándome un poco y me tendió de nuevo su celular, que ya estaba llamando, pero en lugar de dármelo lo mantuvo pegado a mi oído. Le sonreí de lado por eso.

—Oh, hombre —dejé salir todo el aire y apreté mi oído más fuerte contra el celular.

Mi papá cuando estaba enojado, tenía este... no sé, como un alter ego, su otro yo, llamémoslo El Padrino. Bueno, cuando El Padrino hacia su aparición nadie estaba contento. Una vez Graham conoció a El Padrino y hasta la fecha no puede saludar a mi papá sin ponerse tartamudo. Yo casi siempre, en el momento en que El Padrino me levanta la voz, me suelto llorando y él se va. Pero no funciona siempre, hay momentos en que mis lagrimas no arreglan nada y creo que eso pasará en este momento. Porque lo que hice fue demasiado malo y si Dios no estuviera de mi lado, probablemente para este momento yo estaría muerta.

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—¿Sí? —contestó, como al quinto timbre y salté un poco en mi camilla al escuchar su ronca voz. Esa estúpida voz dura y mala que tiene a veces.

—¿Papá? Soy yo —dije con voz bajita— yo, uh, tengo algo muy importante que decirte, pero no quiero que te enojes conmigo. Hice una cosa muy tonta y...

—Mi niña, no puedo hablar ahora, estoy en una reunión importante. Quédate con Justin ¿está bien? Hazle caso. Volveré esta tarde.

—Oh, de acuerdo. Pero no tienes derecho a estar enojado más tarde ¿oíste? Me estas mandando a volar ahora mismo así que perdiste tu derecho. Me escapé de la casa de Justin y me encontré con unos tipos que me dieron un tiro en la pierna, así que estoy en el hospital. Pero bueno, estoy en perfecto estado, tárdate todo lo que quieras y no te atrevas a enojarte con Justin porque él ya me regañó lo suficiente y no quiero que me odie más. Adiós, buena suerte. Te amo.

—¡¿QUÉ DEM...

—Cuelga, Justin, cuelga —le ordené rápidamente, alejando mi cabeza. Él parpadeó como si estuviera confuso y colgó.

—Eso fue... —se sentó lentamente en el sofá y negó con la cabeza— él va a estar explotando cosas por esto. Explotando cosas, literalmente.

—Le dije que estaba bien ¿qué mas quiere?

—No tienes ni idea, Anabelle. Esto no es algo que no importe, se va a estar volviendo loco y vamos a tener que rastrear a el tipo que lo hizo ¿entiendes? Gracias por el trabajo extra... ¿recuerdas cómo era él?

—¿Rastrearlo, cómo perros o algo así? Sí, recuerdo unas cuantas cosas, da igual. No creo que lo encuentren, y de todos modos no importa. Me estaba metiendo en sus asuntos, así que supongo que en cierto modo...

—Importa. Y lo vamos a encontrar —aseguró, mirando hacia la pared como si estuviera perdido en sus pensamientos— tu papá no va a parar hasta encontrarlos y...

—¿Y qué? —bufé, poniendo los ojos en blanco—. ¿Torturarlo hasta la muerte? ¿Cortarlo en pedazos? Vamos Justin, sólo olvidemos esto. No volveré a salir así, lo prometo. Sólo deja de preocuparte tanto.

—¿Y todo se arregla así, mágicamente? —se burló sin parecer divertido en lo absoluto—. A veces me gustaría vivir en el mismo mundo de fantasía en el que tú vives, Anabelle. Todo sería tan jodidamente fácil.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Justin se quedó ahí conmigo un rato más, sorpresivamente calmado y luciendo más relajado que nunca, aunque un poco enojado algunas veces. Pero fue raro, porque yo también estaba callada, entonces sólo nos quedamos quietos y callados, él sentado en el sofá, inclinado hacia delante con sus codos en sus rodillas y su cara a unos quince centímetros de mi brazo. A veces él levantaba la vista y nos mirábamos a los ojos, pero bajaba la cabeza fugazmente y se acababa el momento. No sabía porqué seguía ahí conmigo si no estábamos diciendo nada y ni siquiera nos mirábamos, pero debo decir que me gustó que se quedara hasta que tocaron la puerta fuertemente y las gemelas exigieron entrar a verme. Justin salió sin decir ni una palabra ni mirarme de nuevo.

Mis mejores amigas se pasaron la mitad del tiempo abrazándome y la otra mitad regañándome y quejándose de que las hice pasar tiempo con Satanás. Me hicieron reír como siempre, pero me encontré deseando la calma que sentí con Justin ahí sin decir nada.

{Justin}

Tres hombres vestidos completamente de negro interrumpieron en la sala de espera y registraron todo el lugar. Me puse tenso y asustado, al borde de un colapso y repasé en mi cabeza las palabras que había estado ensayando porque yo conocía a esos tres gigantes; eran los guardaespaldas más cercanos del señor Ferré.

Salieron de ahí y en menos de dos minutos volvieron a entrar, seguidos por un gran hombre con su usual traje elegante y su presencia peligrosa.

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Sé que no tengo derecho de hablar contigo, Dios, pero por favor ayúdame aquí con este hombre.

—¿Donde está mi hija? —me preguntó directamente. Su mandíbula estaba apretada y sus ojos chispeaban enojo.

—Está dormida, señor, pero está perfectamente bien. Fue un disparo superficial en la pantorrilla y no en ningún lugar importante —contesté, poniéndome de pie frente a él y dándole la mano para una sacudida fuerte y amenazante— quiero decirle que...

—No te preocupes en explicar esto. Hablé con tu madre y me explicó la situación, además, conozco a mi hija —cerró los ojos un momento y soltó todo el aire, como aceptando que su hija no era otra cosa más que una chiquilla ignorante y tonta que iría revoloteando y sonriendo por un lecho de flores hacia su propia muerte. Sí, estoy empezando a conocer bien ese sentimiento, Sebastian—. Es sólo que creí que sería diferente contigo, ya sabes, a veces las amistades...

—Nosotros no somos realmente unidos ¿sabe? Nos conocemos hace poco y... bueno, somos diferentes. Me preocupa abrir la boca de más a su alrededor.

—Tienes razón, le estamos ocultando muchas cosas a mi pequeña ¿crees que hacemos bien al no decirle? ¿O que deberíamos dejarla saber?

—No lo sé, la verdad —me rasqué la nuca—. Creo que aun no es el momento indicado, pero tiene que decírselo más adelante, mejor temprano que tarde, porque es necesario. No puede tenerla así de perdida en esto.

—Tienes tanta razón —me dio una leve sonrisa y todo dentro de mí dio un gran suspiro de salvación—. Me gustaría que siguieras pasando tiempo con Anabelle. Eso no es un problema ¿o sí?

—No. No lo es —contesté, pretendiendo haber dicho una mentira, pero dentro de mí como que... bueno, sabía que pasar tiempo con ella no era tan malo después de todo.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

La música no estaba tan fuerte, de hecho, tenía el volumen perfecto. La mayoría de los invitados importantes estaban hablando en privado y muchos de los jóvenes estaban en las habitaciones con alguna chica, por lo tanto las voces fuertes no eran

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problema tampoco. Los disparos habían parado hacía media hora y a mi alrededor sólo estaban mis mejores amigos. Y aunque usualmente me gustaba estar ahí, relajado con ellos, ese día me estaba muriendo del aburrimiento, y mi cabeza había empezado a palpitar.

—¿Qué tienes, Justin? —preguntó Ron.

—Mi cabeza me está matando —me quejé, tirándome hacia atrás con cuidado de no tirar lo que fuera que tuviera el vaso en mis manos. Creía que era whisky pero sabía más fuerte y yo no tenía nada de ganas de adivinar sabores. Hubiera subido los pies a la mesa para estar más cómodo, pero estaba completamente llena de drogas. Cocaína para Ron y Charles, Heroína para Bernard y otras cosas, ni siquiera quise mirar para no querer nada.

Cuando mi mamá iba a ese tipo de fiestas me prohibía jugar, a cualquier juego, pero en especial a ese donde puedes matar a cinco mujeres si quieres. Me prohibía las drogas, cualquier tipo, y fumar también, lo único que podía ingerir eran bebidas alcohólicas, y con moderación. También me prohibía estar con cualquier mujer de ahí, lo cual era demasiado cruel, quiero decir, hacía dos semanas que no tenía nada de acción, no tenía una novia ni nada parecido y por ahí había una muy buena cantidad de mujeres desnudas paseándose por nuestras caras.

—Esto se pone aburrido cuando mamá viene —se quejó André a mi lado, igual de desparramado en su asiento que yo— mierda jodida, mira.

Sería más fácil cubrir la parte de No Mujeres si ellas no estuvieran por todos lados.

—¿La morena? —pregunté, torciendo mi cuello para poder ver. No hubiera volteado para ver a una puta si alguien más me lo hubiera dicho, pero fue André y él tenía buen gusto. Y cuando logré ver a la morena comprobé su buen maldito gusto una vez más. Ella era alta y esbelta, probablemente tan alta como yo, sus piernas eran delgadas, sus pechos pequeños y sus pezones rosados y erectos. Sus hombros estaban llenos de pecas. No era un fan de las pecas, pero se veían bien en ella. Así como lo hacían en Fabrizzia. La chica estaba afeitada de ahí abajo, pero antes de que pudiera ver bien esa parte se volteó a hablar con un hombre que depositó dinero en su canasta, y la acción de ella inclinándose un poco me dio una perfecta vista de su trasero. Luego el viejo con el que estaba hablando le dio un apretón y quité la vista— santo cielo.

—Está tan buena —gimió Ron, levantando su cara un poco de la mesa. Sus ojos estaban completamente rojos y su corta barba creciente tenía cocaína.

—Bella, ven aquí —la llamé cuando por fin dejó de atender al otro hombre. Ella sonrió temblorosamente, probablemente contenta de que alguien jodidamente joven la

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llamara, pero tenía esa mirada de miedo que siempre tenían esas mujeres en esas fiestas, que arruinaba su preciosa cara. Por lo general me sentiría mal por ellas, pero era su decisión acudir, nadie las obligaba, ellas sabían que conseguirán más dinero en una fiesta de esas que en un año trabajando en cualquier otro lugar. Por supuesto, arriesgaban su vida, pero eso no les importaba; también tenían la esperanza de que alguno de nosotros la tomara como su puta personal y que no sólo la cuidara en las fiestas sino que también les diera mucho más dinero del que nunca soñaron con tener.

—Dulce señor, eres caliente —le dijo André cuando llegó a nuestro apartado. La morena le sonrió y luego volteó hacia mí.

—¿En qué le puedo ayudar, señor?

—Sólo ven aquí conmigo —estiré una mano y tomé su cintura para atraerla a mí, pero mi hermano tomó su brazo, y como no estaba permitido maltratar a las mujeres, ambos nos quedamos ahí sin apretarla— André, aléjate, hombre.

—Tú aléjate, yo la vi primero. —Yo le hablé primero, lento.

—Está bien —nos interrumpió la chica, acercando su cuerpo desnudo a mí pero acariciando el brazo de André— yo puedo complacer a ambos, chicos. No hace falta pelear.

—No. Esa mierda no me gusta —gruñí y me levanté de mi asiento. A pesar de cómo lucía, era un poco más baja que yo. Saqué mi cartera de mi bolsillo trasero y deposité varios euros en su canasta, justo a la altura de mis ojos. Tomé completamente su cintura alejándola de André que empezó a quejarse y caminé con ella— vamos a una habitación ¿Está bien?

—Por supuesto.

Antes de pasar por las habitaciones tenía que pasar por el apartado donde estaban mis padres y mis hermanos mayores. No había manera de que no me vieran, y maldije por eso. Pero no iba a desperdiciar a la cosa caliente y escurridiza que tenía entre mis brazos, así que la llevé hacia una pared medio escondida entre dos plantas grandes.

—No podemos pasar por ahí, lo siento —murmuré aunque sabía que no le importaba mucho ser jodida en una pared, probablemente también se la habían jodido en la calle o en cualquier otro lugar y la empujé contra la pared, empezando a besar su cuello. No había manera de que la besara en los labios. Nunca había besado a ninguna de ellas en la boca, me daba demasiado asco.

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—No importa el lugar —ronroneó, echando su cabeza hacia atrás y pasando sus manos por debajo de mi camisa. No debía tocar demasiado a las mujeres en publico tampoco, pero estábamos escondidos, no contaba como publico ¿cierto? Llevé mis manos a su trasero frío sin dejar de besar su cuello y sus hombros pecosos y la acaricié un momento antes de tomarla con fuerza para que sus piernas se enredaran en mi cintura.

Ella era demasiado delgada para mi gusto. Sus piernas eran puro hueso y todo lo demás también. Mientras la chica levantaba mi camisa casi por completo y acariciaba mi estomago y espalda, me encontré comparándola con cierta otra morena de piel bronceada y apetitosa, de piernas agradablemente llenas, trasero rebotante, perfecto, torneado y pechos generosos, grandes para una cosa tan pequeña como ella. Me encontré comparando los delgados labios de esa chica con la boca llena de Anabelle, y aunque no quería, de pronto ya estaba besando a la puta, pensando que los labios de Anabelle no se sentirían como eso. El cuerpo completo de Anabelle no se sentiría como eso, lo sabía. Y de verdad debía dejar de pensar en ella en ese momento, porque de pronto estaba más entusiasmado con la puta, pero no precisamente por sus habilidades de besar, sino por la chica completamente diferente que estaba en mis pensamientos.

—¡Justin! —masculló una voz enojada detrás de mí. Dejé mis manos inmóviles en el trasero de la chica y mi boca congelada en la suya pero ella no dejaba de acariciar mis espalda por debajo de mi camisa— ¡Ven aquí ahora mismo!

—Lo siento, preciosa —le susurré, tratando de desenredar su cuerpo del mío. Y volteé hacia mi mamá sintiéndome culpable, avergonzado y atrapado— lo siento, mamá...

—"Lo siento, lo siento" es todo lo que sabes decir —me regañó. Caminé hacia ella rascando mi nuca, y cuando menos me lo esperé tomó mi cuello como si fuera un perro y me llevó casi arrastrando hacia donde estaban mi hermano aburrido y mis amigos drogados.

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{capítulo; 19}

—¿Por qué siempre me desobedeces, mocoso? ¿Qué acaso nunca entiendes? ¿Eres estúpido? Me parece que sí —rugió sin parar, soltándome sólo cuando llegamos al apartado. André se acomodó en el asiento y me dio una sonrisa burlona—. ¿Han estado ingiriendo algo?

—No, mamá —contestó André aburrido— nada de nada.

—No les creo, mentirosos —entornó sus ojos hacia él y volteó de nuevo conmigo. Tomó mi cara entre sus manos fuertemente y la acomodó para que pudiera ver mis ojos, analizó mi cara por unos segundos y luego me hizo soplar en su boca, aunque recuerdo muy, muy bien que nos había dado permiso de tomar. Me miró mal y luego hizo lo mismo con mi hermano— nos iremos en un momento más. No tomen nada como estos pobres niños sin madre y ya no se metan con ninguna fulana ¿escuchaste, Justin? Aléjate de todas las mujeres aquí.

—Sí, mamá, como sea —contesté, tirándome de nuevo en mi asiento y viendo a lo lejos como la chica que estaba conmigo ahora estaba recibiendo dinero de otro tipo y caminando con él a las habitaciones. Da igual.

{Anabelle}

—Lo sé. Lo siento mucho —repetí— fue rápido y loco, totalmente acelerado. Yo sólo llegué de la escuela y la casa estaba sola, luego después de un rato mi papá llegó todo frenético y me exigió que hiciera mis maletas. Y ni siquiera me dejó hacerlas

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bien, sólo llené una o dos con pocas cosas y nos fuimos. Aun no sé la razón de el viaje, además de lo que pasó con mi tío.

—Demonios, no sabía. Lo siento —dijo Graham. Su voz sonaba incluso más sexy por teléfono, y me lo imaginaba en su habitación, tumbado en su cama y recargando sus pies contra la pared como lo hacía siempre— te hemos echado de menos aquí, mucho. Yo más que todos, obviamente ¿Has estado pensando en mí?

—Todo el tiempo —mentí, desconcertándome a mí misma con el conocimiento de que era una fea mentira. No había estado pensando en él para nada, por lo menos no cómo se suponía que lo hiciera— además de las gemelas no tengo ningún amigo aquí... bueno, está Justin y sus hermanos pero no son verdaderos amigos.

—Um, retrocede ¿Quién es Justin? —preguntó, sonando más curioso que otra cosa. Una de las pocas cosas que no me gustaban de Graham era que no era celoso. Nunca. Ni siquiera un poquito. Por lo menos no conmigo. Era calmado, divertido y dulce todo el tiempo, sabía que me estaba preguntando quién era Justin porque no lo había mencionado antes y no porque estuviera de alguna manera sintiéndose celoso.

—Él es sólo el hijo de unos amigos de mi papá y tiene, no te miento, como diez hermanos, todos hombres. Nuestros padres como que quieren hacernos amigos a la fuerza, y no es que me caiga mal, pero... no es exactamente alguien con quien yo tendría mucho contacto ¿sabes? De no ser por nuestros padres —expliqué, queriendo sonar despreocupada, pero no lo estaba. Tenia muchísimas ganas de hablar de Justin, cotillear acerca de él. Quería contarle a Graham lo guapo que era o cómo sus ojos siempre tenían esa mirada profunda y perdida, y cómo de bien se sentía cuando me abrazaba...

—¿En serio? ¿El chico es grosero contigo o algo así? Sabes que aunque esté aquí puedo ir a patearle el trasero —amenazó, poniendo su voz dura, como si de verdad fuera capaz de empezar una pelea con alguien.

—Uh, no. Cálmate, chico grande —respondí, sonriendo abiertamente y dejándome descansar totalmente sobre mis almohadas— a primer vista puede parecer muy grosero, amargado, malo, rudo y cosas así. No habla mucho, de hecho casi no habla, al menos que le preguntes algo, y nunca sonríe. De verdad, él incluso me lo dijo, me dijo: yo nunca sonrío. Y yo pensé que era una clase de broma, pero de verdad jamás lo he visto sonreír de verdad. Pero, bueno, en realidad es algo tierno...

—Oh, por supuesto —se burló Graham, con su voz suave y burlona, y su risa profunda— Anabelle Ferré siempre le encontrará el lado bueno a la gente.

—No, de verdad. En serio, esta vez es de verdad —me reí poquito y puse los ojos en blanco— sé que es como el chico que se metía conmigo en mi primer año

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¿recuerdas? Todo rudo y malo, pero que resultó ser un amor. Así es Justin. Algo pasa con él, pero no se qué es, el chico de verdad tiene problemas, pero como soy su... ugh, espera hay un montón de cosas que no te he contado, creo que debería empezar por todo y después sólo contarte.

—Sí, linda, creo que deberías empezar desde el principio —se rió— ¿Te he dicho que eres totalmente adorable cuando te pones a divagar?

—Siempre —contesté, sonriendo un poco, pero sólo un poco. Ojalá Justin pensara lo mismo— para empezar, cuando mi papá llegó ese día a decirme que debíamos irnos cuanto antes y eso, en lugar de llevarme a un aeropuerto me llevó al jardín del edificio y ahí estaba un helicóptero... yo nunca jamás me hubiera imaginado que mi papá tuviera un helicóptero. Luego me enteré de que el papá de mis mejores amigas ahora tiene un colegio que parece un palacio, y ahí estoy estudiando. La señora Genova, quien era la psicóloga/consejera del colegio tuvo un accidente y convencí al señor Jolie de que me dejara trabajar ahí...

—¿Trabajar de psicóloga en una escuela, de verdad?

—¡Sí! Aunque bueno, los chicos de esta esta escuela no ocupan ir tanto como en nuestra escuela. Sólo tengo tres pacientes por ahora. Carrie, Abraham y Justin... antes de que digas algo, no tengo la menor idea de porqué Justin está ahí. Su expediente no tiene nada además de su horario y el chico no habla... él como que me odia —dije, torciendo la boca— no de verdad, no creo, es sólo que él no habla y yo hablo mucho. Él es serio y yo no. Él está amargado y yo soy alegre. Eso pasa. Luego... bueno, descubrí que mi papá es rico; según Justin y sus amigos es de los hombres más ricos de Italia, aunque yo creo que están exagerando...

—Cielos, probablemente sí —murmuró.

—Sí, es lo más probable. La familia de Justin es súper rica, eso sí. Su casa es una mansión asombrosa perdida en algún lugar, tienen un montón de autos lujosos e incluso tienen guardias en su casa que se pasean por un portón con armas...

—De ninguna manera ¿tú crees que sean políticos o algo importante como eso?

—Supongo, la verdad no sé —negué con la cabeza— hace como... dos semanas, o quizás más, fue la primera vez que fui a la casa de Justin. Mi papá había ido a un viaje a algún lugar y me dejó encargada con Justin como si fuera un perro. Yo había quedado ese día para ir con las gemelas a una inauguración —suspiré con anhelo y miré mi venda— Justin estaba siendo un idiota en el colegio, me dijo que debía "portarme bien" y así él me daría permiso, pero cuando llegamos a su casa lo escuché hablando con un hermano suyo y le dijo que no me iba a dejar ir de ninguna manera y... y yo de verdad quería ir, así que... ugh, hice algo tonto.

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—¿Qué hiciste, Anabelle? —preguntó Graham, con un borde de preocupación en su voz. Él ya se estaba imaginando que cosa pude haber hecho. Yo no tenía precisamente el mejor historial del mundo, Graham había sido testigo de las cosas estúpidas que se me ocurrían hacer y que hacía, por impulsos. No estaba muy orgullosa de ellas.

—Pedí un taxi sin decirle a nadie y me subí en él, pero no sabía a dónde debía ir y sólo dejé que el taxi se fuera derecho —mi voz se empezó a cortar y mis ojos ardieron, escuché el resoplido inconforme de mi mejor amigo— luego cuando ya tenía como una hora de viaje me di cuenta de que tampoco traía dinero, le dije al tipo que parara y cuando lo hice salí corriendo...

—¡Anabelle, maldita sea! ¡¿Que no has visto las noticias?! —rugió Graham, enojado pero sin gritar realmente— Italia está pasando por un tiempo realmente difícil. Las calles son peligrosas y en Roma más que en ningún otro lado. He estado investigando en mi computadora. No tienes idea de todos los crímenes y asesinatos que...

—Déjame terminar ¿sí? Yo... perdí al taxista y pensé que todo había terminado, pero entonces vi a un tipo corriendo hacia mí. Estaba corriendo por su vida, literalmente. Detrás de él llegó una camioneta negra y otro tipo salió ahí y disparó al piso, asustando al corredor y a mí... —ya estaba llorando de verdad, hipando y todo. Era la cosa más traumática que me había pasado— me escondí. Me escondí mientras ellos arrinconaban al pobre corredor y cuando lo mataron yo grité realmente fuerte, y me encontraron... uno de ellos se acercó a mí y jaló mi cabello, me gritó cosas en italiano y me tocó la cara con su estúpida, sucia pistola y luego cuando le dijeron que se tenía que ir, él... él levantó esa pistola y me dio un tiro en la pierna... era lo principal que te iba a decir, que un loco italiano me dio un disparo, pero luego te enojaste y se fue el tema. Pero, Graham, pasé por un trauma, estuve a nada de morir, la única cosa que me salvó fue que el tipo en realidad no apuntó a nada y cuando disparó no le dio a ninguna vena importante o al hueso, le dio a mi grasa, o sea, al músculo... si él hubiera subido su pistola un poco más en este momento estuviera muerta.

Sollocé y esperé que dijera algo, pero se quedó en silencio, todo lo que podía escuchar era su respiración desigual.

—Anabelle... no sé que decir, yo... ¿Estás bien? Eh...

—Sí. Estoy bien —contesté, tratando de no sonar muy llorosa— fue como una advertencia de Dios para que dejara de ser una impulsiva estúpida. Pregúntame si voy a hacer algo así de nuevo, ja ¡Nunca!

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—Por lo menos aprendiste algo —suspiró profundamente— las vacaciones aquí empiezan en dos semanas ¿allá es igual?

—Um, sí, creo ¿por qué?

—Quiero ir a verte. No puedo superar que estuviste apunto de morir y yo ni siquiera me despedí de ti cuando te fuiste de aquí.

—Aw ¡Sí, ven! Cuando quieras y por el tiempo que quieras. Yo puedo hablar con tu mamá.

—No es necesario, si le digo que estuviste al borde de la muerte me dejara ir a verte. Sabes que te ama.

Alguien tocó mi puerta muchas veces, molestamente y luego abrió sin que dijera nada. Nedime se asomó y me sonrió entrando como si nada.

—Bueno, es genial que podamos sacar provecho de mi casi-muerte —me reí sin ganas y me moví un poco para que Nedime se sentara al borde de la cama— Graham, te tengo que dejar, pero puedes llamarme en cualquier momento, con eso de que por fin tengo un celular.

—De acuerdo, linda. Te mando un mensaje al rato ¿te parece? —Sería genial, nos vemos. Colgué con una sonrisa y Nedime se rió.

—¿Hablando con Romeo? —preguntó, con voz misteriosa— ¿le contaste acerca de tu pierna?

—Sí, está en shock. Va a venir a verme en vacaciones. Son en dos semanas ¿cierto? —¡Sí! Oh que perfecto, por fin lo voy a conocer. Peeeeero, no venía a eso. —¿A qué venías entonces?

—Es que ¿recuerdas a Fabio, el chico con el que estoy saliendo? Bueno, estábamos hablando de nuestra casa en el lago y él dijo que le gustaría ir, y le dije que sería genial que fuéramos este fin de semana, pero le pregunté a mis padres y dijeron que de ninguna jodida manera me iban a dejar ir sola con un chico, le pregunté a Yamin si quería acompañarnos y ya hizo planes, así que...

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—Así que yo soy tu ultima opción, que lindo —concluí, luciendo ofendida, pero sonriendo.

—Claro que no —puso los ojos en blanco— quería que fuéramos las tres y como Yamin no puede, quedamos sólo tú y yo. Puedes invitar a quien quieras.

—¿A quien puedo invitar, Nedime? —pregunté irónicamente, sintiéndome un poco más que patética y solitaria, porque no tenía ni un amigo— pero está bien, le preguntaré a mi papá. No he salido de aquí como en mil años, me lo merezco.

—No.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Papá, no puedes decir eso —me quejé— tengo como un mes sin asomar mi cabeza fuera de esta casa y un viaje a la casa del lago sería perfecto para relajarme y tomar aire fresco.

—¿Quienes van a ir? —preguntó con su voz dura y supe que ya estaba cediendo, pero como siempre que usa esa voz, yo no pude mentir.

—Eh... Nedime y Fabio, un amigo —contesté, golpeándome la cabeza mentalmente. Mi plan inicial era decirle que las gemelas y otras amigas, y mira lo que dije.

—Anabelle, acabas de recibir un disparo, y... —iba a decir algo más, y ese algo era "no vas a ir, lo siento" pero puse mi cara de perro y él se quedó en silencio por unos segundos sólo mirándome, tratando de decirme que no de una manera menos dura o tratando de decirme que sí de una manera en la que no pareciera que estaba cediendo ante mí como prácticamente siempre— está bien, irás, pero con una condición: Justin te acompañará.

—Papá... —alargué, conteniéndome de golpear algo con frustración— Justin y yo no somos los mejores amigos del universo. Nedime lo odia por razones personales y Fabio... pues no sé. Pero de verdad ¿por qué insistes tanto con Justin?

—No me importa, me parece que él puede cuidarte muy bien. Me recuerda mucho a mí cuando era joven, él es mi favorito de todos los hijos de Jeremy, y tú... me recuerdas a tu madre, mucho.

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—Oh, por el amor de Dios. No me voy a casar con Justin. Nunca.

—No te estoy diciendo eso, niña insolente. Estoy diciendo que quizás Justin te necesita tanto como tú lo necesitas a él, o más. No precisamente de una manera romántica —sonrió y negó con la cabeza, dejando su mirada baja y perdida un momento— si no vas con Justin, no vas. Tú decides.

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{capitulo;20}

{Justin}

—Estoy harta de ti, Justin. Estoy cansada y enferma. Cada día envejezco un año por alguna idiotez que tú haces —exageró mi mamá, paseándose de un lado a otro frente a mí.

Aunque fuera sólo por una vez, cuando tengo alguna pelea, me gustaría que primero me cuidara y sanara como las mamás hacen y después me diera el sermón. Pero no. No le gustaba regañarme si no me estaba desangrando a muerte.

—Eres demasiado estúpido, no te funciona bien el cerebro, que sé yo. No puede ser que cada semana tengas una pelea a muerte con otro idiota. Ninguno de tus hermanos era tan problemático como tú a esta edad, en serio —suspiró y volteó hacia otro lugar, como para darse fuerzas o algo así. Mi ojo izquierdo se estaba hinchando, lo sabía porque había dejado de ver bien y porque me dolía como el infierno. La sangre de mi nariz seguía saliendo y saliendo y mi mamá parecía no notarlo— ¿Sabes qué? Yo siempre pensé que de todos, eras el mejor. El que tenía un poco de conciencia y...

—Tú me dijiste que era tu favorito —le recordé, hablando con dificultad y sintiendo a mi mandíbula tratando de suicidarse. Hice una mueca por el dolor e ignoré la cara de mi mamá.

—Sí, antes de que te hicieras así de... —trató de buscar una palabra y yo gemí, deseando que terminara su estúpido regaño para que yo pudiera ir por hielo o algo. Levanté la cara para parar la hemorragia de mi nariz, probablemente rota— bueno, antes de que te estuvieras peleando todo el tiempo. Y no le digas a ninguno de tus hermanos que dije eso, yo no tengo favoritismos... aunque ciertamente ahora mismo estás un punto más abajo en la lista.

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—Yo no tuve la culpa —traté de defenderme sin bajar la cabeza, mi voz sonó incluso más rugosa y ofuscada— Lorenzo estaba...

—¡¿Lorenzo de nuevo?! —gritó, ahora más enojada que antes— hijo, ese muchacho es un claro ejemplo viviente de lo que no quiero que ninguno de ustedes se convierta ¿Y sabes por qué es así ese pobre chico? Porque no tiene a nadie que lo presione y lo ayude para que no se convierta en un verdadero psicópata, cosa que ya casi es.

—Todos somos psicópatas aquí, mamá —murmuré con amargura sin poder controlarlo. Bajé la cabeza para verla a los ojos— acepta de una vez la maldita realidad. Tú siempre has actuado como si fuéramos una bonita familia normal y tuvieras hijos normales y un marido normal con un trabajo normal. Yo mismo he intentado durante años actuar como si fuera un simple tipo normal con problemas normales, pero no lo soy. Ya lo estoy aceptando, por fin. Tenemos que darnos por vencidos ¿entiendes? Tenemos que aceptar lo que somos y no tratar de aparentar. Matamos gente... no, no es tan fácil, la mayoría de las veces los torturamos hasta que están implorando la muerte, le hacemos daño a muchísimas personas, les vendemos drogas, nos metemos con sus familias, acabamos con todo su mundo... ¿qué más quieres que te diga para que lo entiendas? Somos criminales, somos psicópatas enfermos. Yo tengo que aceptar esta mierda porque nací en esta familia, pero tú no tienes ninguna excusa. ¿Por qué te casaste con mi papá si sabías lo que era y lo que hacía? ¿Por qué demonios sigues insistiendo en traer hijos al mundo que sólo te van a servir de cebo para la gente que nos odia y nos quiere hacer daño? Es cuestión de tiempo para que vuelva a pasar, mamá. Alguien va a llegar algún día a decirte que otro de nosotros está muerto o desaparecido y después de él, otro y después de él, otro. Tú nos traes aquí sólo para que podamos ser monstruos, matar gente, sufrir y morir. Lorenzo estaba amenazando a dos chicos de la edad de Tayson con un arma por alguna estupidez, yo sólo estaba tratando de hacer que se calmara. Ya sabes, tratando de hacer algunas buenas acciones a ver si ayudan a contrarrestar todas las cosas malas que he hecho por tu culpa.

Para cuando terminé con mi discurso ya casi no me sangraba la nariz y había bloqueado más o menos el dolor. Mi mamá estaba rígidamente parada donde mismo mirándome con un montón de lagrimas recorriendo su cara y tratando de procesar todo lo que le dije. Y aunque mi mamá era de las únicas personas con las que yo podía hablar de verdad, nunca había dicho tanto al mismo tiempo. Me levanté de ahí y caminé a la cocina cuando me di cuenta de que ella no iba a reaccionar pronto. Me lavé la cara con cuidado y tomé una bolsa de vegetales congelados para ponerla en mi ojo y en mi mandíbula alternativamente. Toqué mi nariz por todos lados y para mi suerte todo estaba su lugar, nada roto, sólo hinchado. Y me hubiera gustado muchísimo decir que Lorenzo quedó peor que yo, pero no era cierto. Él estaba drogado y loco y no temió usar su estúpida arma para golpearme con el mango.

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Estaba apretando los vegetales en mi ojo y sufriendo levemente cuando mi celular vibró en mi bolsillo. Suspiré pesadamente antes de sacarlo, no estaba de ánimos para ir a ninguna fiesta ni para atrapar a nadie ni para hacer nada, y cuando vi el nombre de Anabelle en mi celular me di cuenta de que tampoco tenía ganas de lidiar con ella, pero contesté de todos modos.

—¿Sí?

—Hola Justin —saludó, con su voz sonando ligeramente más suave y joven por teléfono. Me encontré tratando de sonreír por eso y creo que lo hubiera logrado de no ser por el dolor en tantas partes de mi cara.

—¿Que pasa?

—Uh, yo... —vaciló y se aclaró la garganta ligeramente— yo sólo quería preguntarte si te gustaría ir a una casa del lago este fin de semana conmigo, Nedime y un amigo suyo... bueno, en realidad sé que no vas a querer, pero mi papá me dijo que si no ibas conmigo no me iba a dejar ir, así que... mi vida queda de nuevo en tus manos.

—No quiero, tienes razón.

—No digas que no tan rápido, por favor. No he salido a ningún lugar en tres semanas y realmente necesito salir a tomar el aire, por favor ve —rogó, casi me podía imaginar su cara de convencimiento, sus delgadas cejas levantadas, sus bonitos ojos verdes implorantes y sus labios rojos en un lindo puchero— te daré algo a cambio, lo que quieras.

Dame una noche salvaje en esa casa del lago, quise decir. Pero sabía que no había posibilidades, así que me lo tragué.

—No hay nada que yo quiera que tú me puedas dar.

—Pero te puedo hacer un favor, te deberé una —intentó, poniendo su voz más melosa— vamos, te va a encantar. La casa es grande y cómoda y tenemos todo el lago para nosotros, podemos ir a... no sé, explorar por ahí si es que te gusta, o lo que quieras.

—No soy un boy scout, Anabelle —me burlé, poniendo ahora el hielo en mi mandíbula y descansando contra la isla de la cocina.

—Justin —se quejó, con esa voz que ponía cuando la estaba frustrando— por favor. 115 

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—¿Y qué no se supone que tienes aun esa cosa en tu pierna, un yeso? —le pregunté— ¿cómo te vas a meter a nadar o lo que sea?

—No tengo yeso, tengo gasas y una venda, y puedo simplemente quitármelas. Por favor, gatito ¿sí? Vas a tener un cupón de "Pídeme lo que quieras".

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Debí haber dicho que no. Era fácil decir que no, siempre decía que no cuando de repente chicas al azar descubrían mi numero y me invitaban a salir. Pero dije que sí y no sé porque. No tenía nada de ganas de ir todo el fin de semana a una casa donde estaría encerrado con una de las gemelas y con la alegre Anabelle y con otro tipo a quién no conocía. No tenía nada de ganas, ella no debió de usar esa voz dulce de convencimiento conmigo. Mi miseria es su culpa esta vez.

—Puedes pasar a su habitación si gustas —me dijo la señora después de estar esperando a Anabelle casi cinco minutos y asentí— subiendo las escaleras la segunda puerta a la izquierda.

—De acuerdo, gracias.

Le traté de sonreír y caminé por la sala hacia las escaleras mirando las muchas fotos de la esposa del señor Ferré y de Anabelle cuando estaba pequeña. Nunca le había puesto atención a ninguna de esas fotos, pero ahora me encontré mirando a Anabelle profundamente. La última foto era cuando tenía como unos doce años, sus ojos lucían más grandes y llamativos y estaba sonriendo alegremente sosteniendo una paleta, sus mejillas estaban más gordas y rojas. Luego miré una foto de su madre y exhalé por la sorpresa del parentesco entre Anabelle y su mamá. Las únicas diferencias entre la mujer que me devolvía la mirada en esa foto y la chica molesta que últimamente no me molestaba tanto eran los ojos, los de su mamá eran marrones y unas cuantas facciones eran más marcadas, pero técnicamente eran idénticas.

Seguí caminando por la casa que era más grande que la mía y aunque cualquiera pensaría que la morada del gran señor Ferré sería intimidante y tenebrosa, la verdad era que te daba una sensación de calidez. El estilo de la casa era algo colonial, clásico de Italia, las paredes eran blancas, beiges o café fuerte igual que todos los muebles. Las escaleras eran antiguas y hermosas y la casa siempre, siempre olía como a cítricos. Cuando llegué al segundo piso me di cuenta de que no necesitaba indicaciones para reconocer el cuarto de Anabelle, podía seguir las maldiciones y el ruido y así la encontraría.

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Pensé en tocar la puerta pero decidí que de todos modos no me iba a escuchar y abrí como si nada. Ella estaba en la esquina de la habitación, de espaldas a mí, tratando de abrir un cajón y golpeándolo. Su cama individual era estilo princesa, toda elegante y estaba destendida, había un remolino de sabanas blancas y una colcha rosa. Habían dos paredes color verde limón y dos color blanco. Tenía un tocador, también estilo princesa, lleno de cosas como perfumes y tubos desconocidos, con un espejo grande y extravagante, cajones pequeños y una silla de reina. Los dos pequeños muebles a los lados de su cama eran blancos y estaban repletos de revistas, libros y libretas y tenían unas pequeñas lamparas. Del lado donde estaba ella tenía un ropero gigante, como no, también estilo princesa. Era de madera blanca y una de las puertas estaba abierta dejando entrever millones de blusas y pantalones mal acomodados. Su habitación olía mucho como a dulces manzanas con un ligero toque de vainilla y aunque la habitación era totalmente femenina no era tan asquerosa y definitivamente iba con ella.

—¿Qué esperas para bajar? —le pregunté, haciéndola saltar del susto, dio un paso hacia atrás y supongo que su tobillo se dobló o algo así porque dio un gemido bajito de dolor y cayó al piso de culo. Caminé hacia ella rápidamente tratando de lucir como si no me importara mucho y la ayudé a levantarse— ¿qué pasó?

—Oh, es que me apoyé en la pierna mala —se quejó soltando mis hombros y estabilizándose— lo siento, es que ese estúpido cajón está atorado y necesito mis pastillas para el dolor.

—Yo te...

—¡¿Qué te pasó?! —me interrumpió mirándome con asombro, por un segundo me quedé perdido intentando saber de qué hablaba y después recordé cómo lucía mi cara. Ojo morado y mandíbula verdosa— ¿quién te pegó?

—Tuve una pequeña pelea con Lorenzo, no es nada —mentí, encogiéndome de hombros. Ella no me hizo caso, cojeó un poco hacia mí, llevó una mano a mi ojo y la bajó lentamente hasta acariciar la linea de mi mandíbula con suavidad. Odiaba admitirlo pero su casi superficial tacto en mi piel se sintió como un pequeño electroshock y empujé mi cara en su mano como si fuera un gato para que no la quitara.

¿Cuando había sido la ultima vez que alguien me había tocado la cara de esa manera además de mi mamá? Ni siquiera podía recordarlo. Aunque sabía que probablemente había sido Fabrizzia en su intento de ser una novia dulce, cosa que nunca logró.

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Me quedé completamente quieto, no quería moverme por miedo a que quitara su mano de mi cara y yo dejara de sentirme se esa manera. Me sentía bien, sólo bien. Y "bien" era algo remoto, algo que hace tiempo no sentía. También sabía que estaba actuando como todo un necesitado de caricias pero maldita sea si no sentía como que necesitaba su mano en mi estúpida cara.

—¿Te duele? —preguntó en voz baja y dulce, como si de verdad estuviera preocupada por mí y al parecer siendo inconsciente de lo necesitado que estaba luciendo en ese momento. Anabelle estudiaba mi mejilla y mandíbula como si pudiera sentir mi dolor. Algo me apretó el pecho.

—Uh, no —mentí, encogiéndome de hombros y bajando más mi cabeza para verla a los ojos directamente. Cielos, ella de verdad lucía preocupada.

—¿Por qué se pelearon? —preguntó frunciendo el ceño, debilitando su agarre en mi mejilla y dejando caer su mano primero por mi boca, cayendo a mi pecho y luego sólo cayó floja entre nosotros.

—Hemos tenido problemas durante años, hace falta muy poco para desatar una pelea. Esto pasa muy seguido.

Ella seguía con su ceño fruncido y resopló con enojo dos veces sin dejar de verme ni moverse ni decir nada. Sé que en ese momento deseé poder levantar mi mano y pasarla por su frente para deshacer su mueca inconforme, pero sabía también que yo sólo no podía, quiero decir, ni siquiera debía tener ese pensamiento.

—Pero... da igual, olvídalo —puso los ojos en blanco y se alejó de mí— ¿puedes ayudarme a abrir el cajón?

Hice un sonido con mi garganta para afirmar y caminé hacia su cajón malvado que no se abría. En realidad no era nada difícil ni ninguna tarea dura para un gran hombre fuerte, era cuestión de tirarlo para abajo un poco para desatorarlo y jalarlo fácilmente. Hice eso en menos de quince segundos y miré con obviedad a Anabelle.

—Bueno, bueno, no me mires como si fuera estúpida —puso los ojos en blanco y rió, luego caminó hacia el cajón y sacó una cajetilla de pastillas— genial. Entonces... Nedime no tarda en llegar, me llamó hace como veinte minutos así que debe estar cerca ¿trajiste lo necesario?

—¿Necesario, como... —dejé la pregunta inconclusa para que ella siguiera. Yo sólo tenía un poco de ropa, cigarrillos, cepillo de dientes y creo que eso era todo.

—Duh, ropa, zapatos, cepillo de dientes, traje de baño, sandalias, toalla y tus cosas personales, no sé, yo llevo mis cremas, mis pastillas, algunos accesorios, otra toalla por

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si algo le pasa a la primera, dulces por si me da hambre en el viaje, unas revistas y dos libros, maquillaje, mi plancha para el cabello, un sombrero, bloqueador...

La interrumpí antes de que me volviera loco. De repente recordé por qué me caía tan mal.

—Lo tengo —la corté, sintiendo como que una palabra más de su boca me iba hacer explotar la cabeza— acepté porque te pusiste molesta, como siempre, pero no te pongas a hablar mucho ¿de acuerdo?

—¿Cual es tu problema? Por dios, sólo estoy intentado ser amable contigo. —No seas amable conmigo, no quiero que lo seas.

—Bien, como quieras —me miró mal un segundo y cojeó hasta el otro extremo de su habitación para tomar una maleta grande y pesada. Me colgué mi mochila en el hombro y detuve a Anabelle cuando iba a salir por la puerta— ¿qué?

—Tampoco soy un cretino tan grande, dame tu maleta, yo la llevo.

Ella me miró, primero confundida y luego, cuando me ofreció su maleta, que no era tan pesada como lo había pensado, su mirada se aligeró del enojo e incluso me dio una sonrisita linda.

Definitivamente la Anabelle que estaba enojada conmigo y gritándome todo el tiempo me gustaba más que esa Anabelle tierna que me sonreía de esa manera. Podía manejar a la otra Anabelle, podía con los ojos cerrados hacerla enojar más y eso me gustaba, pero no podía hacer nada por esa Anabelle, la que me estaba sonriendo como si yo fuera sólo un chico, y definitivamente no podía hacerla sonreír más. No estaba ni siquiera seguro de cómo lo logré en primer lugar.

—Gracias —murmuró, aun sin dejar de sonreírme y mirarme fijamente con esos ojos suyos, y me puse incomodo.

—Sólo vámonos. Trata de no caer por las escaleras.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

No me había puesto a pensar cómo sería el viaje al lago. Nunca me imaginé que tendría que estar encerrado en un maldito auto con la resplandeciente de alegría

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Anabelle a mi lado en el asiento trasero, una divertida Nedime cantando en el asiento del copiloto y un estúpido Fabio haciéndole coro desde el asiento del conductor. Yo era el único que no estaba cantando ni sonriendo y sinceramente me sentía como uno de esos chicos deprimidos que se suicidan... bueno, como sea, así me sentía en ese momento justamente, dejando de lado todo lo demás en mi vida, porque no había ni una manera en el infierno en que yo me pusiera a sonreír como en un comercial y cantar canciones estúpidas como todos ellos.

—Eres realmente un caso perdido ¿no? —preguntó Anabelle a medio camino, cuando ya habían dejado de cantar y ser idiotas.

—Lo soy.

La otra mitad del camino estaba siendo más cómoda, todos ellos hablaban pero al parecer ya estaban cansados así que su parloteo no me molestó tanto. Me permití suspirar profundamente y recargarme en mi asiento para dormir, y cuando mis ojos ya se estaban cerrando por completo el sonido de un iPhone sonando a mi lado me despertó, pero estaba cómodo así que decidí no moverme.

—Hola —murmuró la voz de Anabelle a mi lado, melosa y bajita, como si no quisiera que nosotros la escucháramos— nope, estoy de camino a ella, llegaremos en una hora, más o menos... ¡Lo sé! Bueno, me puso una condición pero de todos modos me sorprendió que me dejara... Nedime, su novio, Justin y yo... Sabes porqué, te lo dije... Espera, espera ¿son celos lo que escucho en tu voz, Graham?.. Uh, quien lo hubiera sabido, tú de verdad sientes celos... Oh, es bueno saberlo, entonces... Lo recuerdo, fui ahí cuando, um, eso... No, no lo haré. Eres un tonto, sabes exactamente qué quiero decir... Bien, pues yo tampoco... ¡Me molestas tanto, por Dios!

Levanté mi cabeza, ya demasiado despierto y atento para ser algo bueno. La voz de Anabelle había dejado de ser discreta y aunque sus palabras eran enojadas, su voz estaba feliz. Y sabía muy jodidamente bien que no debería de importarme para nada que estuviera hablando claramente con un chico. No debería importarme ni molestarme, pero su voz estaba sonando dulce y no parecía como si fuera sólo un amigo. Su voz no debería de sonar así de dulce con ningún otro chico.

—No, ya no tienes derecho a ser dulce ahora... ¡De ninguna manera! ¿Y qué te dijo? —preguntó, sonando estúpidamente emocionada con el lindo y dulce Graham cara de culo— ¿En serio? ¡¿En serio?! Eso es genial, oh, te extraño tanto...

—Anabelle, cuelga. Quiero dormir —gruñí, dejando descansar tensamente mi cabeza en el vidrio.

—Lo siento, hablaré más bajo.

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—No. Cuelga.

—No lo haré, Justin ¿qué... Antes de que dijera otra cosa, le arrebaté el celular de las manos. —Ella no puede hablar ahora, ni después. Adiós, Graham.

Colgué y metí su celular en mi bolsillo para que no volviera a llamarlo y me dejara descansar de nuevo, ahora un poco mas tranquilo. Anabelle sólo me miraba con la boca abierta.

—¿Por qué hiciste eso? —Porque sí, ahora duerme.

—¿Desde cuando eres tan mandón? —exigió saber, golpeando mi brazo con más fuerza de la esperada. Abrí mis ojos para mirarla. Ojos Salvajes Bonitos había regresado— estoy tan enojada contigo ¿quién demonios te crees que eres? No puedes mandarme ni quitarme mi celular ni colgarle a mi novio ni....

—¿Tu novio? Creí que me habías dicho que nunca habías tenido un novio, mentirosa —acusé, con los ojos entornados. Anabelle parpadeó un segundo sin decir nada y luego volvió a reflejar furia.

—No soy ninguna mentirosa. Quiero decir, um, Graham no es mi novio pero definitivamente es... algo —contestó, poniéndose tímida al final.

—¿Algo como qué? ¿Te acuestas con él? —¡¿Qué?! ¡Claro que no! Algo que no te importa. Ese algo. —¿Entonces eres virgen? —pregunté, curioso.

—¡Por el amor de Dios, Justin! —gruñó Nedime desde el frente. Parece que despertamos al oso invernando— eso a ti definitivamente no te importa, ni lo que tiene con Graham. Cierra tu boca.

—Yo sólo no podía dormir sabiendo que alguien a mi lado estaba practicando sexo telefónico.

—¡Cállate! —gritó Anabelle golpeando mi espalda fuerte y gimiendo. Fabio sólo manejaba, incomodo, sin entender lo que decíamos— no puede ser posible que seas tan irritante. Te prefiero todo callado y misterioso a insoportable y hablador.

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—Ahora entiendes lo que siento contigo todo el día, todos los días. 122 

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{capítulo;21}

{Anabelle}

Justin estaba celoso, yo no era tan estúpida como para no darme cuenta de algo tan obvio. Él estaba realmente celoso, pero no tuve el tiempo necesario para emocionarme por eso o algo así porque estaba demasiado enojada con él. Graham estaba diciéndome que le pidió permiso a su mamá para venir a visitarme y justo cuando me estaba diciendo cuando vendría, Justin decidió que estaba celoso y me quitó mi celular ¿qué demonios estaba mal con él? En serio. Ese chico tiene graves problemas, y no es como si no lo supiera desde antes, hoy sólo confirmé conocimientos anteriores.

Suspiré pesadamente, aun con ganas de gritar y pelear para defender mi derecho de usar mi estúpido celular cuando yo quisiera y con quien yo quisiera. Miré de reojo a Justin, quien según quería dormir pero que a mi parecer estaba muy despierto y luciendo enojado, mirando a la ventana. De todos modos no era una gran sorpresa, él siempre lucía enojado.

Me agaché a sacar los M&M's tamaño familiar de mi maleta sin hacer tanto ruido para no despertar a Nedime de nuevo.

—Dame uno —exigió Justin en cuanto escuchó el casi sordo sonido del plástico saliendo de mi maleta.

Si ese fuera un día normal y Justin estuviera siendo sólo tan amargado y enojón como lo era normalmente, le hubiera dado unos cuantos, porque soy una muy buena persona y porque de todos modos había comprado esa bolsa grande para compartir con ellos, pero su arrebato de celos le quitó el privilegio a chocolates y luego el tono de autoridad con el que me lo pidió remató sus pequeñas posibilidades de conseguir alguno.

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—No —bufé con burla sin verlo, como si me fuera graciosa la idea de darle algo a él y abrí la bolsa. Sólo para molestarlo, me incliné hacia delante y sacudí la bolsa frente a Fabio de una manera obvia y evidente, él me miró un segundo y estiró la mano con una sonrisa, deposité varios en su mano y regresé a mi asiento, casi acariciando la bolsa. No podía dejar de sentirme infantil pero no podía tampoco dejar de sonreír por hacer sufrir a Justin.

—Sólo uno, Anabelle —dijo él de nuevo, con la voz entre decidida y molesta. Tomé tres bolitas amarillas negando con la cabeza y las metí a mi boca lentamente, tratando de que luciera apetitoso para él, porque yo me comería toda esa bolsa y él no tendría ninguno.

—Nope, gatito —canturreé y miré su cara mientras chupaba los chocolates antes de morderlos, como siempre lo hacía, pero entonces Justin de la nada, como un maldito tigre o algo así, se abalanzó hacia mí y tomó la bolsa de mi regazo. No pude detener el jadeo de susto cuando se acercó a mí a máxima velocidad y los malditos chocolates se fueron directo a mi garganta, haciéndome abrir los ojos lo máximo que pude y tratar de respirar por la boca de pura inercia, sintiendo como cada vez se me atoraban más y más esos hijos de puta.

Apreté mi garganta con ambas manos haciendo un sonido antinatural cuando traté de agarrar aire de nuevo. Estaba asustada de morir ahogada por unos malditos chocolates y empecé a llorar inmediatamente por el pánico cuando no pude tomar aire. Justin soltó la bolsa de chocolates y muchos cayeron al piso, Fabio frenó de inmediato en el momento en que se dio cuenta de que algo feo estaba pasando atrás y Nedime se despertó, luego volteó hacia atrás y empezó a hablar mucho y tratar de ayudarme. Todo eso estaba pasando en menos de veinte segundos y mientras yo moría lentamente.

Necesitaba respirar, necesitaba calmarme, pero no podía. Justin me jaló hacia él bruscamente, lastimando mi brazo y mi pierna cuando me puso de espaldas a su pecho y luego lastimando mis pobres costillas cuando me empezó a apretar. Sabía que estaba tratando de salvarme pero no podía dejar de sufrir por su agarre con sus brazos musculosos de muerte. Cada vez que apretaba mis costillas, mis ojos saltaban como en los juguetes de los niños y me preocupaba orinarme ahí mismo. Sería la cereza del pastel de la humillación, pero mi vejiga estaba llena, mi cerebro concentrado en no morir y Justin me estaba apretando demasiado fuerte. Si un accidente sucedía en ese carro, sería sólo culpa de la naturaleza.

Después de unos cuantos embistes matadores de Justin, mi garganta empezó a cooperar y sentí los chocolates del mal saliendo por fin. Un embiste más y ellos salieron volando completamente, casi en cámara lenta. Salieron de mi boca llenos de baba y se estrellaron en la ventana donde todos los podíamos ver. Babeados, sin color. Malditos.

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Respiré fuertemente, como cuando sales de la piscina después de un largo tiempo. Todos se quedaron completamente callados mientras yo trataba desesperadamente de volver a respirar con normalidad. Nedime me miraba con lagrimas en los ojos, Fabio totalmente preocupado y a Justin no lo podía ver pero sus brazos no se habían desenvuelto de mi cintura, y aunque ya no me estaban apretando a muerte, aun estaban abrazándome con fuerza.

—Estoy bien, chicos —susurré con la voz ronca y bajita y Justin, aunque tardó un poquito más de lo necesario, quitó sus brazos de mí para que yo pudiera ponerme de frente. Carraspeé varias veces y acaricié mi garganta. Miré a los chicos, ya no lucían tan preocupados pero aun así no lucían aliviados por completo. Justin tenía la frente arrugada y sus facciones suaves— de verdad, fue sólo un susto.

Todos asentimos al mismo tiempo en un momento de comprensión grupal y volteé a mi ventana.

Los chocolates habían dejado un camino de baba desde el medio hasta antes de terminar y luego, cuando recordé todo el problema y ya no estaba asustada de morir, lo encontré muy gracioso. Y justo cuando yo empecé a reír, todos los demás lo hicieron, como si estuvieran esperando mi aprobación para burlarse de mí.

Entre risas volteé a mi izquierda esperando ver a Justin mirándonos divertido solamente, pero me encontré otra cosa. Una cosa hermosa que me hizo ponerme seria rápidamente. Justin se estaba riendo, carcajeando, su cara estaba roja de la risa y él se inclinaba para delante con sus ojos apretados y una sonrisa gigante en su precioso rostro.

Justin distante y enojado es sexy como el infierno. Justin feliz y riendo es la cosa más bonita que yo he visto alguna vez.

—Eso fue puro karma, Anabelle —bromeó Justin, parando de reír tantito pero sin quitar la sonrisa y sin poder parar completamente. Se talló los ojos para quitar las lagrimas de alegría y me volteó a ver con una media sonrisa. Sus ojos brillaban y por primera vez no era por furia o algo así. Él estaba haciendo una broma y sonriendo de verdad.

"Y sobre todo, yo no sonrío de verdad, Anabelle. Nunca."

No sé porqué pero el recordar esas palabras trajeron otra fase de pequeñas lagrimas para mí y le sonreí de vuelta lo más grande que pude. Estaba conmovida, feliz y orgullosa. Y no dejaba de pensar que ese hombre era la cosa más bonita del mundo. Y aunque estaba asustada por casi morir, no pude dejar tampoco de sentirme como si hubiera ganado algo.

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—Casi me muero y ustedes no se dejan de reír. Son de lejos los mejores amigos del mundo —murmuré con sarcasmo sin dejar de sonreír. Fabio volvió a su estado de cero comprensión al ingles, pero todavía no dejaba de reír y Nedime solamente se dedicaba a recordar mi momento haciendo caras que estaba segura que yo no había hecho y reír estruendosamente. Justin y yo sólo nos quedamos sonriendo ahí atrás. Y yo tenía tantas ganas de abrazarlo.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Hay más de cinco cuartos aquí, pero sólo hay dos que están limpios y tienen camas —le explicó Nedime a Justin cuando entramos— Fabio y yo nos quedaremos en uno, así que tú decides si quieres dormir en el piso en algún cuarto, en el sofá o en el cuarto con Anabelle... la cama tiene otra debajo, pero se sentirían un poco incomodos ¿no? Supongo que mejor duermes en el sillón, es bastante cómodo.

—Estaré bien en la cama, no te preocupes —contestó y me miró, como preguntándome.

—No es necesario. Puedes simplemente llevar el colchón a otro cuarto, no hay porqué hacer tanto problema de esto —respondí, sintiéndome tonta por estar preocupada por eso, pero la verdad, si fuera cualquier otro tipo en el mundo, me daría igual que se quedara en mi cuarto si de todos modos no íbamos a dormir en la misma cama, el problema era que si él se quedaba en mi cuarto, debajo de mi cama, yo simplemente no podría dormir. De ninguna manera.

—Como sea —contestó él, encogiéndose de hombros como si le diera igual— ¿Qué hacen cuando están aquí?

—Vamos al lago y pasamos ahí todo el día. Llevamos comida y mantas y hacemos una fogata y platicamos o hacemos cualquier cosa —le contestó Nedime sin verlo directamente. De hecho no lo había visto a los ojos ni una sola vez, creo que aun lo odiaba un poco— lo que queremos cuando venimos para acá es relajarnos, lo siento si eso te aburre.

—Me da igual.

—¿Che vuoi fare? —le preguntó a Fabio a mi lado, llamando su atención. Él volteó a verla y se quedó pensando un rato, luego dijo:

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—Me stesso —mientras se encogía de hombros, y me sonó mucho como el seco "me da igual" de Justin— Voglio riposare.

—Fabio quiere descansar, ha estado manejando todo el día. Ustedes instálense donde quieran y nos vemos más tarde para cenar —dijo Nedime, poniendo sus manos en la espalda de Fabio y guiándolo hacia las escaleras— están en su casa.

Justin se quedó mirando la casa después de que la pareja subiera por las escaleras, rodando sobre sí mismo e ignorándome un poco, pero bueno, él siempre lucía como si estuviera ignorándome. Suspiré y me acerqué al sillón para sentarme sin dejar de observarlo.

Había aceptado para mí misma justo cuando salimos del coche y caminamos por el sendero de la entrada, que Justin me gustaba. Y cuando alguien me gustaba, me gustaba mucho.

Odiaba que fuera tan guapo y que fuera tan serio y callado y amargado y cerrado. Odiaba que luciera enojado y triste todo el tiempo. Odiaba no poder ayudarlo. Odiaba que no se dejara ayudar por mí. Odiaba que tuviera una sonrisa tan bonita y que nunca la mostrara. Odiaba el hecho de que era un buen chico pero no lo era realmente. Odiaba que él me odiara. Odiaba que me mirara feo todo el tiempo. Odiaba saber que le molestaba mi presencia. Odiaba saber que si no fuera porque nuestros padres eran amigos él jamás me miraría. Odiaba que me gustara tanto a pesar de que siempre me estaba tratando mal. Odiaba que esas ganas de hacerlo hablar y sonreír y hacerlo feliz y ayudarlo y quitarle esa maldita tristeza nunca se fueran. Realmente odiaba que me gustara tanto, en serio, realmente lo odiaba. Odiaba que cuando estaba con él no recordaba a Graham. Odiaba acostarme todas las noches y pensar en él. Maldita sea. Odiaba todo lo que tenía que ver con él, y de una manera muy retorcida y estúpida, me gustaba todo eso también.

—¿Que te pasa? —preguntó bruscamente, sacándome de mi nube de depresión interna. Estaba sentado a mi lado y no sabía cuando tiempo me había quedado en el limbo pensando en él y en toda la mierda que odiaba. Por cierto, odiaba que incluso si escuchaba esa brusquedad y falta de amabilidad en sus palabras, me emocionaba pensar que se preocupaba por mí de algún modo.

—Sólo estoy cansada —mentí, aunque probablemente sabría que era una fea mentira porque estuve dormida un tiempo bastante largo durante el viaje, después de mi casi-muerte. Él puso los ojos en blanco y soltó un gruñido de inconformidad.

—Te he estado viendo hacer diferentes caras enojadas y tristes desde hace unos cinco minutos. No me vengas ahora con que no tienes nada cuando es obvio que sí.

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Odiaba también que las únicas veces que se le ocurría hablar como una persona normal conmigo, eran para pelear y me hacía enojar.

—Justin, sólo déjalo —murmuré molesta y resoplé. Odiaba que me gustara su insistencia.

—Eres tan irritante, por dios —se quejó, como si de verdad fuera yo la que estaba en esa posición siempre. Todos sabíamos que era al revés, así que no tenía el maldito derecho de quejarse— ¿no puedes ser seria y madura por una vez? Habla conmigo, maldita sea.

—¿Madura? Disculpa, yo soy malditamente madura, tú no lo eres nunca —ataqué, volteándome completamente hacia él. Sí, muy madura— tú eres siempre el que se cierra por todo y está triste y se pone así. Siempre. Y cuando trato de ayudarte un poco me ignoras y me tratas mal. Y ¿que hay con eso de "habla conmigo, maldita sea"? no tienes el derecho de pedirme eso cuando yo siempre soy la que te intenta sacar las palabras de la boca. Se siente horrible ser ignorado cuando se intenta ayudar ¿no es así? Bueno, ahora te toca estar de ese lado. Lidia con eso, amigo. Me estoy hartando de ser siempre la que... ugh, sólo olvídalo, no estoy de humor.

Tomé aire ruidosamente y me levanté, ignorando la cara de incomprensión de Justin, o bueno, tratando de ignorarla de todos modos. Cojeé hasta las escaleras e intenté subirlas lo más rápido que pude. Lo malo de esa casa era que a través de las delgadas y elegantes paredes de madera, se escuchaba todo, así que tuve que tratar de ignorar también los sonidos de besos calientes que se escuchaban desde la habitación de Nedime y me metí a la mía. Sacudí la cama y me dejé caer ahí como un globo desinflado. Estaba deprimida y desanimada.

Me gustaba Justin y, saber eso, admitírmelo a mí misma, me ponía enojada, porque sabía que era sólo mi instinto de buena persona queriendo ayudar a su obvia alma perturbada. Su alma perturbada que siempre me trataba como mierda. Y no era la primera vez que yo me fijaba en ese tipo de chico. Siempre me pasaba eso. Tenía el típico síndrome de la niña buena a la que le gustan los chicos malos y piensa que puede cambiarlos y convertirlos en alguien de bien. Tan típico.

Primero con Lorenzo, el chico con sus padres trabajando siempre y su rara conducta chulesca y arrogante. Luego Hugo, un chico de mi escuela en USA quien era huérfano y al igual que Justin, estaba enojado todo el maldito tiempo. Después Angel, un incomprendido social, un músico, un poeta. Me trataba como mierda también, pero me escribía poemas. Nunca salí con ninguno de ellos oficialmente, ninguno de ellos se enamoró de mí ni pude ayudarlos como yo trataba de hacerlo. Fijarme en ellos sólo sirvió para romper mi estúpido corazón. Por eso fijarme en Justin era algo malo, iba a terminar igual que con todos los demás. Y por eso, seguir "enamorada" de Graham era bueno. Él jamás rompería mi corazón, nunca, nunca jamás.

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Tocaron mi puerta pero los sonidos de besos y leves gemidos se seguían escuchando en el cuarto de al lado, así que era obvio que ese era Justin y no me molesté en pararme a abrir o siquiera responder algo. De todos modos la puerta no tenía seguro, así que la abrió.

—¿Estás dormida? —preguntó bajito, y yo de hecho quería pretender que lo estaba para que me dejara en paz, pero su voz sonaba demasiado suave y dulce (así como nunca sonaba) y yo no pude ignorarlo.

—No —contesté, y abrí mis ojos, incorporándome en la cama para verlo— ¿qué pasa?

—Lo siento —murmuró, mirando mis ojos y luego al piso. Y, oh, maldito cielo, él era tan jodidamente hermoso. Sus cejas estaban decaídas y sus ojos cautelosos, su mandíbula no estaba apretada y, al decir por sus manos retorciéndose en su pantalón, estaba nervioso y verdaderamente apenado— yo... sé que soy un idiota, lo sé, pero lo siento.

Se quedó un momento en silencio, mirando al piso, y yo, tirando mi plan de ignorarlo a la borda por completo, me hice a un lado para que se sentara conmigo en la cama. Justin hizo una mueca que pareció una sonrisa de lado mientras caminó lentamente a sentarse.

—Mira... no estoy acostumbrado a que alguien quiera ayudarme. No me gusta que lo hagan porque sé que no lo merezco, no valgo la pena, pero tú siempre estás insistiéndome y eso me hace enojar, porque eres una buena chica y cuando te des cuenta de lo muy mierda que soy, dejarás de acercarte a mí por ayuda y dejarás de querer hacer que hable contigo, entonces estarás enojada contigo misma por ser tan tonta y acercarte a alguien como yo —dijo corrido sin titubear ninguna vez y sin mirarme mientras hablaba. Su voz era ronca y directa, del tipo que daba ordenes todo el tiempo— no soy en realidad alguien a quien quieres tener de amigo, pero me siento mal porque sé que te trato como mierda. Es lo que siempre hago, trato a las personas como mierda para que se alejen de mí, para... no sé, para que no se metan conmigo y no tengan problemas. Ahora mismo, Anabelle, siento como que puedo confiar en ti, como que eres de verdad alguien que vale la pena. Pero tú de verdad no quieres lidiar conmigo, no sabes a lo que te atienes. Ese es tu problema, por eso insistes tanto, porque no sabes nada.

—No entiendo lo que dices —susurré, cuando él dejó de hablar. Intimidada, confundida y suspirante de amor al mismo tiempo.

Odiaba que con eso que acababa de decir, estaba segura de que me estaba enamorando de él. Aunque no hubiera entendido nada. Él era profundo.

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窶年o, no lo haces. Aun no. Pero lo entenderテ。s... y no puedo ser yo el que te explique. No quiero ser yo.

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{capítulo;22}

¿Recuerdan esa vez tan divertida cuando me fugué de la casa de Justin en un taxi sin dinero directo a recibir un balazo en mi pierna? Bueno, esa vez yo me moría por ir a la inauguración de mi tienda favorita, a la que nunca pude ir incluso después de todo eso, porque después del disparo en mi pobre pierna, mi papá no me dejó salir ni al patio a tomar aire, y bueno, Justin me había prometido que me iba a comprar unos vestidos y yo nunca le creí, pero un día los Bieber fueron a cenar a mi casa y aunque yo no bajé con ellos, Pattie subió a mi habitación y me entregó una bolsa con los cinco vestidos más preciosos de mi tienda favorita en todo el mundo y dijo: "Justin te los compró ayer, espera que te gusten" y luego se puso a regañarme de una linda manera maternal. En fin, esa noche estaba usando uno de esos vestidos que Justin me compró y puse el doble de empeño en mi persona de lo que normalmente hacía.

Mis salidas con Justin antes de esa noche se reducían a ir de mi casa a la escuela o de la escuela a su casa, nada más. Nunca me había visto realmente bien arreglada, ni siquiera me maquillaba cuando ellos iban a cenar, así que esa noche sería la primera en la que Justin vería a la Anabelle decente, digna de su atención. A la sexy, provocativa, sensual chica que lo iba a enamorar. O quizás no.

—¿Estás lista? —preguntó Nedime, arreglando su hermosa chaqueta en el espejo por última vez— los chicos han estado esperándonos por una hora.

—Sí, creo que sí —asentí y dejé mi brillo de labios de vuelta en el tocador— ¿Cómo me veo? ¿Estoy bien? ¿Decente? ¿Mal? ¿Asquerosa?

—Perfecta, Anabelle —contestó sonando sincera, pero su mirada cautelosa me dijo que no había terminado de hablar, y conociéndola, ya tenía una idea de porqué puse tanto esmero— y quiero decir, demasiado perfecta sólo para ir a cenar con algunos amigos. Este atuendo es más... de cita ¿no crees? Digo, el vestido que el chico te compro, el cabello arreglado más que nunca, maquillaje, perfume... ¿Qué te dijimos de Justin?

—Lo sé, Nedi. Sé muy bien que es algo estúpido pero no lo puedo evitar —me quejé, apoyándome en mi pie bueno y dejando salir un suspiro bajo— Justin es... es realmente hermoso. Me encanta, creo que...

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—¡No, no, no! —pataleó— ¿Qué hay de Graham?

—Mira, Graham es mi lugar seguro, mi lugar feliz. Es a donde voy corriendo cuando alguno de los típicos chicos que me gustan me lastiman —expliqué— estoy enamorada de él sólo cuando no me gusta nadie más. Él lo sabe y yo lo sé, nuestra relación es demasiado rara. Y Justin es la cosa más tierna que he conocido ¿no ves esa cara de tristeza que tiene siempre? ¿Y su sonrisa, la viste, no es preciosa? No sabes lo que me dijo hace un rato. Me pidió perdón por ser un idiota y me dijo que me empuja porque soy demasiado buena y que cuando sepa no sé que cosa, ya no voy a querer estar cerca de él, y cuando le pregunté qué cosa era, me dijo que él no quería ser el que me lo dijera.

Nedime se quedó con la mirada perdida un segundo y se puso pálida, pero luego parpadeó y regresó a su yo normal.

—¿Eso dijo? —carraspeó y tomó aire— bueno, sólo... sólo no te metas con él, sé que... por favor. Te amo ¿sabías? Eres mi mejor amiga y quiero que seas feliz con el chico que tú quieras, pero Justin... él simplemente no te conviene.

—Yo también te amo, y no te preocupes, voy a aterrizar con los pies en la tierra de nuevo cuando él me rechace, me lastime o algo así —me encogí de hombros y tomé mi pequeño bolso antes de caminar a la puerta— vamos, se hace tarde.

Yo quería hacer el típico viaje por las escaleras donde la chica se ve hermosa y el chico la mira desde abajo sin parpadear, enamorado como un loco; pero Justin estaba de espaldas a las escaleras cuando bajé, hablando con Fabio, más animado de lo normal. Nedime atrapó por completo la mirada de Fabio cuando llegó al piso, al chico se le iluminaron los ojos, ignoró a Justin y sonrió lentamente mientras se acercaba a ella con sus manos estiradas, tomó su cintura y juntó su frente con la de ella, luego susurró cerca de sus labios algo como: "bellissima" y yo tuve problemas para respirar. Sabes que eres una solterona patética cuando te vuelves mantequilla derretida al ver una escena romántica de otra pareja.

Dirigí mi mirada a Justin cuando ellos se empezaron a besar y entonces descubrí que me estaba mirando fijamente. Él movió su mirada lo más rápido que pudo y yo me acerqué con una sonrisa temblorosa, fingiendo que no me di cuenta de que me veía, aunque no pudiera dejar de sonreír.

—Tardaron años —se quejó cuando estuve a su lado, sonando tan frío como siempre.

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—Necesitábamos estar presentables, Justin —puse los ojos en blanco hacia él sonriendo, tratando de ser despreocupada— para que no les diera vergüenza salir con nosotras.

—Sólo vamos a ir a un maldito restaurante —me miró un largo tiempo desde los pies lentamente hasta que llegó a mis ojos y negó con la cabeza— te vestiste como si fuéramos a ir a una fiesta de gala o algo así ¿y qué hiciste con tu cabello? Se ve diferente.

—Tengo como tres semanas que no salgo a ningún lugar, tenía ganas de sentirme bonita —admití, aunque me faltó la parte de "además quería que te enamoraras de mí y te convirtieras en el chico dulce que eras hace unas horas"— sólo lo planché y lo ricé en las puntas, nada del otro mundo.

—Ah, bueno, nunca lo habías traído de este modo antes —aclaró, como si estuviera hablando para él mismo mientras levantaba una mano rígidamente y la dirigía a mi cabello. Mi corazón estaba saltando. Si ignoraba sus movimientos tensos y su cara torturada, casi podía sentir como que de verdad estábamos teniendo un momento— y... te pusiste maquillaje. Tus ojos se ven más verdes.

{Justin}

Vaya ¿no estaba siendo un completo idiota? Remarcando todo, quejándome, reprochando su hermosura. No quería que ella luciera hermosa. No quería que su cabello luciera tan suave, ni que sus ojos se vieran más verdes y grandes que de costumbre. Tampoco quería que oliera de esa manera, cómo manzanas con vainilla y un toque dulce ¿por qué tenía que usar eso, lo que fuera que le diera ese olor? No era justo. Y mucho menos quería que sus labios se vieran de esa manera, rojos y brillantes, cómo una fresa... ¿A qué sabrían sus labios? Probablemente a manzana o a fresas, probablemente a sandía o a otra fruta por el estilo.

—Bueno, podemos irnos ahora —dijo Nedime en voz alta, sacándome de mis pensamientos. Solté el mechón de Anabelle y me volteé rápidamente, tratando de no lucir ansioso ni desesperado.

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Fabio y Nedime discutían el lugar a donde iríamos a comer en italiano mientras salíamos de la casa y Anabelle sólo caminaba detrás de ellos, a mi lado, sin entender lo que decían. La ayudé a subir al coche y después de eso, la ignoré.

No quería ignorarla, pero, siendo totalmente sincero, tenía algo de miedo. No era eso exactamente, pero no sabría qué otra palabra podía expresar lo que sentía.

Tenía miedo de lo que tener a Anabelle en Italia significaba, no solo para ella misma sino para todos nosotros, me asustaba lo que tendríamos que pasar por su culpa. Tenía miedo de que alguien le hiciera algo, alguien de las miles de personas que la querían. Tenía miedo de seguir sintiendo cosas por ella, el tipo de cosas que no había sentido desde que Fabrizzia murió. Tenía miedo de que su padre me agarrara coraje si yo hacía algún movimiento con ella. Tenía mucho miedo de eso. Y tenía miedo de que luciera tan bonita, y de que sus ojos verdes brillaran de esa manera, y de que me gustara tanto como olía, y de que tuviera tantas ganas de besarla.

Sabía cómo se sentía el amor, no era una clase de idiota sin corazón, y aunque había estado con muchas chicas desde mi última y única novia, no había querido a nadie como una vez la quise a ella. No podía darme el lujo de remplazarla. Ya habían pasado cuatro años desde que murió, pero de todos modos me sentía culpable de estar pensando en Anabelle de esa manera. Era como si estuviera engañando al recuerdo de Fabrizzia, y yo ya la había hecho demasiadas cosas como para que también le hiciera eso. No era justo.

Fabrizzia sabía en lo que sus padres estaban metidos desde siempre, ella sabía bien lo que hacían, lo que vendían, a quien mataban, a quien debía de temerle, lo que debía y no debía hacer, lo que se esperaba de ella y lo que podía esperar de su futuro. Ella era como yo. Anabelle no. Me sorprendía que incluso supiera su maldito apellido, y que sabiéndolo, no pudiera ni sospechar quién era su papá. Ella no sabía lo que hacía su padre o los amigos de él, no sabía de donde venía todo el dinero, no sabía cuantas personas habían muerto en su casa, no sabía a cuantas personas había matado su padre, o a cuantas había matado yo. Ella pensaba que era completamente libre, como cualquier otro adolescente, y que no tenía nada de que preocuparse en la vida, pensaba que podía tener un futuro normal como el resto de las personas, pero no. Nosotros no podíamos

Me gustaría mucho ser como André o como cualquier otro de mis hermanos, me gustaría hacer los negocios sin ninguna clase de arrepentimiento ni dolor y luego seguir viviendo y sonriendo y disfrutando de la vida como si nada, pero no podía, por más que lo intentara. No podía besar a Anabelle, ni siquiera un pequeño beso para quitarme las ganas, porque si llegaba a sentir algo por ella por algún milagro, iba a joder todo.

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Yo ya no tenía derecho de sentir nada por nadie, quiero decir ¿por qué demonios tendría ese derecho después de lo que hice? Ya lo jodí todo una vez, no lo iba a hacer de nuevo. Dios no me iba a dar la oportunidad.

—Ugh, estúpido idioma maldito del infierno —murmuró Anabelle demasiado bajito, mirando la carta con odio. Si no hubiera estado poniéndole tanta atención no habría escuchado su quejido.

Reí ante eso. Reí de verdad. Y que me den un tiro en la frente si eso no se sentía como un maldito alivio.

—¿Qué te pasa, enojona?

—No entiendo nada de esta estúpida carta —se quejó, levantando su vista cansada hacia mí— no quiero pedir pizza, porque en realidad la pizza tradicional italiana no es tan buena como la pintan, tiene muchas especias o lo que sea, y cualquier otra cosa tiene un nombre extraño y no sé qué es o qué tiene o...

—Cálmate, mujer —arranqué la carta de sus manos y la abrí para que los dos pudiéramos verla— ¿qué es lo que te gusta? Aquí hay de todo.

—No me quiero arriesgar, quiero espaguetis o algo así, lasaña o...

— Bucatini all’ amatriciana —dije, señalando el pequeño dibujo de un simple espagueti al lado del nombre. Ella lo miró y asintió.

—Sí, quiero eso ¿puedes pedirlo por mí? —pidió, mirándome con unos grandes ojos verdes de convencimiento practicado. Esa mirada podría conseguir cualquier cosa.

—Claro. Y de tomar ¿qué vino quieres? —¿Vino? Yo no tomo vino, Linda siempre me hace jugos y yo tomo eso.

—¿Nunca has probado el vino? —pregunté, extrañado. Yo tomaba vino en cada comida desde que llegué a Italia a los once años— bueno, te pediré uno suave y delicioso ¿te parece? Conozco el indicado, es el favorito de Tayson.

—Um, bien —asintió y me dio una dulce sonrisa sin mucha confianza— ¿no voy a terminar borracha?

—Claro que no, Anabelle.

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{Anabelle}

Los cambios de Justin me iban a terminar por volver loca. Necesitaba que decidiera de una maldita vez si quería ser el idiota amargado que no hablaba o el chico dulce, cooperador y casi sonriente. Se la pasó toda la noche brincando de uno a otro.

Y yo no podía dejar de pensar en lo que me dijo en mi habitación, todo el misterio que había en el aire cuando dijo que no me quería decir no sé qué cosa y que cuando lo supiera ya no iba a querer estar cerca de él.

Todo apuntaba a que Justin era un vampiro. Un vampiro o un hombre lobo o un extraterrestre o... de acuerdo, no. Pero no podía pensar en algo que fuera tan malo como para que yo cambiara de parecer acerca de él y le dejara de hablar y todas esas cosas que dijo.

Justin iba a cargar conmigo por mucho tiempo, con ese secreto oscuro tan importante para la humanidad, o sin él.

El vino que Justin pidió para mí era rosado, dulce y verdaderamente delicioso. Más delicioso que cualquier otra bebida alcohólica que yo hubiera probado antes. Y no es que hubiera probado muchas, pero de verdad superaba la cerveza y el whisky. Justin pidió una botella completa y aunque no me dejó tomar más de tres vasos, me las arreglé de alguna manera para tomarme como unos doce vasos. Y resulta que soy un peso ligero, porque parece ser que me puse completamente borracha.

Nunca había estado borracha antes. No me gustó estar borracha. Nunca estaré borracha de nuevo.

—Justin... no te enojes conmigo —rogué apretando su brazo y caminando temblorosamente, tropezando estúpidamente varias veces. Él suspiró con pesadez y rodeó mi cintura para equilibrarme.

—Te dije que sólo tres malditos vasos —me regañó, poniendo más fuerza en su agarre. Mis piernas chocaban una con la otra y no me dejaban en paz. Estúpidas piernas. Pasé mi brazo por el cuello de Justin y luego, de alguna manera, él me estaba

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cargando. No supe cómo pasó, pero de pronto estaba llevándome en sus brazos al coche, y yo estaba sintiéndome soñada.

Él estaba enojado, como siempre, y su mandíbula apretada y sexy quedaba a menos de cinco centímetros de mi cara, entonces hice algo que nunca haría en estado de sobriedad, acerqué mi boca y besé su mandíbula, lo más suavemente que pude para que él no se diera cuenta, luego bajé un poco y besé su cuello, aspirando su colonia. Justin puso rígido y dejó de caminar ante eso, muy consciente de lo que estaba haciendo, al parecer, dejando que Nedime y Fabio nos pasaran, y antes de que se quejara por mi atrevimiento, besé su cuello de nuevo, esta vez aplastando más mi boca, suspirando ahí y acariciándolo con mi nariz. Y su voz sonó toda ronca y estrangulada cuando murmuró: —Por favor, deja de hacer eso.

Y entonces yo me sentí de la nada muy valiente, y pregunté: —¿No te gusta? —y lo volví a hacer, ahora dejando que mis labios perduraran aun más en su piel. Cuando me di cuenta de que no se estaba quitando ni quejando, mordí su cuello y pasé mi lengua por ahí.

—Oh, sí, sí me gusta eso —respondió, apretando mi muslo sin querer y enviando una clase de temblor incontrolable desde mi estomago hasta mi espina dorsal.

—¡Justin, apúrate! —gritó una mujer, supuse que era Nedime y maldije cuando Justin empezó a caminar de nuevo, arruinando nuestro sexy encuentro fuera de un restaurante familiar. Me colgué en su cuello y me levanté un poco para estar a la altura de su oreja.

—Realmente quiero besarte —admití, sin sentir ninguna clase de arrepentimiento o timidez, y acaricié el cabello de su nuca. Quiero que me bese, justo aquí, justo ahora, con todas estas familias a nuestro alrededor. No me importa.

—Yo también quiero besarte, Anabelle, mucho. Pero no lo haré —dijo, sonando convencido y duro de nuevo, y entonces me metió al coche.

Me deslice hacia un lado para que él pudiera entrar y recargué mi cabeza en el asiento, pensando en que realmente, realmente tenía ganas de besar a Justin. Más de lo que había alguna vez deseado besar a Hugo, o a Angel. Mis ojos se estaban cerrando, pero encontré fuerzas para voltear a verlo y descubrir que me estaba mirando fijamente. Sonreí cuando no quitó su mirada de mí y alargué una mano para tocar sus labios. Eran suaves y cálidos, y si estuvieran abiertos hubiera metido mi dedo en su boca. No sé porqué, pero sé que lo hubiera hecho. Y de pronto, mis ojos se sintieron realmente pesados y me quedé malditamente dormida, mientras tocaba la boca de Justin. Totalmente en un mal momento.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Abrí un ojo con dificultad y me quejé bajito, pero no me moví. Mi cuerpo se sentía cortado, dormido y cansado. Me sentí desorientada cuando vi la puerta frente a mí y no mi ventana, y cuando sentí las duras cobijas en lugar de mi suave edredón. Pero luego recordé que no estaba en mi casa, estaba en la casa del lago. Y no recordaba haberme acostado.

Parpadeé varias veces y cuando sentí la fuerza suficiente para mover la cabeza un poco, bajé la vista y me ahogué el jadeo de susto al ver una figura masculina acostada en la cama de abajo. Luego me fijé en su perfil me di cuenta que era Justin, y al ver sus pestañas parpadear despreocupadamente mientras miraba la puerta, me di cuenta de que no estaba dormido tampoco. Quizás aun era temprano.

Después de ver a Justin ahí, tan cerca de mi vista, ya no me pude dormir. Me quedé mirándolo, con la misma postura que tenía antes y con mi cara levemente escondida en un brazo, así si él volteaba hacia mí, me podría hacer la dormida fácilmente.

Lo peor de todo era que Justin no tenía una camisa puesta, no estaba tapado y la ventana frente a nosotros no tenía una cortina, así que su pecho desnudo estaba frente a mí en todo su esplendor. Él estaba acostado ahí como si fuera un modelo Hollister o algo muy por el estilo, sus manos estaban debajo de su cabeza, sus bíceps resaltando al máximo y una de sus piernas estaba doblada hacia arriba. Pero su cara lucía vulnerable y triste. Una mala combinación.

No sé cuanto tiempo estuve viéndolo en esa posición, pero sé que fue un largo tiempo, así que cuando se sentó en la cama y volteó hacia la puerta para poner sus pies en el piso, me exalté un poco y me alegré de que ahora me diera la espalda, porque así no había manera de que me mirara. Recargó sus manos en sus rodillas abiertas con fuerza, lo que hizo que los músculos de su espalda se marcaran muy visiblemente. Esa era una muy, muy buena espalda de hombre. Pasó sus manos por su cabello un montón de veces, luciendo frustrado, quizás porque no podía dormir. Se paró y cerré mis ojos inmediatamente. Mantuve mis párpados cerrados y mi postura dura mientras escuchaba el sonido de un largo cierre, y el de una caja con pequeñas cositas que hacían ruido; abrí los ojos de nuevo cuando escuché sus fuertes pasos alejándose y lo miré de espaldas prender un encendedor y llevárselo a la boca. Obviamente estaba fumando. No sabía que lo hacía, pero no me sorprendía.

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Justin abrió la ventana con esfuerzo y aproveché el ruido para sentarme. Había pasado como una hora desde que me desperté, si no es que más, y era obvio que ya no me iba a poder dormir. No si Justin estaba parado frente a mí con su espalda desnuda luciendo como un maldito modelo melancólico.

Estuve de nuevo acosándolo con la mirada como media hora y justo cuando me di por vencida y el sueño estaba llegando a mí, vi sus hombros agitarse. Primero pensé que estaba riendo, pero ¿por qué demonios iba a estarse riendo? Él no era la persona más feliz del mundo. Y entonces, cuando escuché un pequeño bufido y luego una serie de quejidos casi mudos de su parte, supe que estaba llorando.

Oh, mierda.

Me puse tensa cuando me di cuenta, llevé una mano a mi pecho y mis propias lagrimas quemaron en mí de inmediato, cerrando mi garganta y haciendo doler mis ojos. Justin estaba llorando. Llorando de verdad. Como una persona que ha tenido de repente una noticia terrible. O incluso peor. Como una persona que tiene que lidiar con mucho dolor y de repente ya no puede soportarlo.

Se quitó de la ventana bruscamente y lo vi arrojar el cigarro para fuera, luego se volteó y se sentó en la silla a un lado de la ventana, de modo que quedaba con su perfil hacia mí, iluminado completamente por la luz de la luna. Si él hubiera volteado sólo un poco la mirada, me hubiera visto ahí sentada en mi cama, mirándolo. Pero no lo hizo.

Mi corazón se estaba rompiendo mientras veía su cara caída, su boca apretada en una linea haciendo que su mandíbula luciera como que iba a explotar y sus ojos cerrados con fuerza. Y cuando llevó ambas manos a su cabello y lo apretó con fuerza, supe que de cierto modo tenía que ir a reconfortarlo, aunque lo más probable sería que se enojara conmigo por estar observando su momento privado.

Alejé la colcha rápidamente y me levanté, dándome cuenta de que aun tenía mi vestido puesto y no había pasado nada interesante como que él me hubiera desnudado o algo. Luego sin pensarlo caminé hacia Justin y me puse de rodillas frente a él. De alguna manera él sabía que yo estaba ahí, pero no quitaba sus manos de su cabello ni abría sus ojos apretados.

Puse mis manos en sus antebrazos y las llevé hacia arriba suavemente hasta que logré tras suaves caricias en sus puños que soltara su cabello, porque si seguía haciendo eso probablemente se arrancaría los mechones, y no estaba exagerando. Cuando sus manos cayeron a sus piernas sin fuerzas, me impulsé hacia arriba y lo abracé por el cuello, en inmediato sus brazos me rodearon la cintura fuertemente y me levantó del piso hasta que estuve sentada a horcajadas sobre su regazo.

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—Las noches son las peores para mí —sollozó ahogadamente de repente con su cara enterrada en mi cabello. Callé mis propios sollozos, abrí mis muslos para estar más cerca de él y acaricié su nuca.

Y de nuevo, nuestro abrazo era tremendamente intimo, pero no sexual.

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{capítulo;23}

—¿Qué te pasa, gatito? ¿Son pesadillas? —pregunté empuñando una mano con desespero, tratando de controlar mi voz y bajando mi otra mano para acariciar su espalda desnuda con consuelo. Él sollozó contra mí fuertemente, como si lo hubiera atravesado de repente otra oleada de dolor y lo sostuve con fuerza mientras se estremecía en mi cuello y me apretaba contra él hasta el punto donde todo mi cuerpo estaba pegado al suyo; pero yo no podía ni siquiera pensar en eso, porque la situación me estaba matando. Ver llorar a un hombre que luce tan fuerte y controlado en todo momento causa eso en una mujer débil como yo. No quería hacer nada más que abrazarlo así para siempre y ahuyentar todo su dolor.

—Recuerdos —contestó, con su voz amortiguada en mi piel— todo se viene contra mí. Me lo merezco, lo sé, pero no puedo con todo. No entiendo porque soy el único al que le pasa, nadie más parece tan afectado.

No supe que contestar a eso así que solamente lo dejé llorar hundido en mi cuello, sin preguntar nada. Acaricié su espalda, su cuello y su cabeza, besé su sien y dejé que se anclara conmigo todo lo que necesitara. Podía ser que no me dejara nunca saber cuales eran sus problemas, pero me sentiría útil y plena si podía estar para él en momentos como ese.

—¿Esto te pasa muy seguido? —pregunté después de un rato cuando sus sollozos se convirtieron en leves resoplidos, y llevé mis manos a sus amplios hombros dándole un muy suave masaje.

—Todas las noches —contestó miserablemente sin levantar su cabeza— no he podido dormir de noche desde hace cinco años.

—¿Has intentado tomar pastillas para el insomnio o algo así?

—Sí, Anabelle, nada funciona. No importa lo cansado que esté o lo drogado, borracho, casi muerto que me encuentre, siempre me pasa esto. Todas las jodidas noches —se quejó, hablando con rabia ahogada. Murmuró desesperadamente otra cosa

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que no logré entender y besó muy lentamente mi cuello dos veces antes de levantar poco a poco su cabeza.

Tomé con ambas manos su mentón para levantar su cara a la mía y pegué nuestras frentes. Toda su cara estaba mojada y caliente, y él se veía tan vulnerable y débil que yo no podía dejar de soltar millones de silenciosas lagrimas. Con miedo de que me alejara, levanté mis dedos y limpié sus ojos delicadamente. Sus largas pestañas estaban completamente mojadas y su piel era suave y cálida.

—Gracias por esto —susurró, sin quitar su frente de la mía ni aflojar su agarre en mi cintura— lamento haberte despertado, no era mi intención, de verdad lo siento.

—Lo sé, no te preocupes. No podía dormir y no es tu culpa.

—Ojalá lo supieras. De verdad desearía que lo supieras —dijo con la voz ronca y negó un poco con la cabeza— es algo que necesitas saber, pero no es sólo mi secreto para contarlo ¿entiendes?

—¿De quién más es ese secreto? —pregunté con un nudo en la garganta y un montón de ideas descabelladas en mi cerebro. Era algo tremendamente estúpido. Mucho. Pero la idea del vampiro seguía en mi cabeza, aunque sabía que no era cierto. La única razón por la que seguía creyendo eso era porque mi cerebro no pensaba en algo mejor.

—De todos —respondió— de tu padre, mi familia, tus amigos, la gente de la escuela, todos tus conocidos, tu madre... todos.

—¿Mi mamá? Mi mamá... —apreté sin querer mi agarre en su mandíbula, ahora un 100% más interesada en saberlo y lloré un poco más fuerte— trataré de averiguarlo. Lo haré. ¿Y entonces me dejarás ayudarte? ¿Me dejarás entrar?

—Si es que aun quieres eso después de saberlo, te daré todo —prometió, despegando nuestras frentes y acariciando mis labios con sus dedos— todo, Anabelle.

Cuando ambos nos calmamos y dejamos la tristeza a un lado, yo estaba extremadamente cansada, pero sabía que Justin no se iba a poder dormir, así que le hice compañía hasta que escuchamos ruidos desde la otra habitación en la mañana.

Estuvimos platicando de cosas triviales y no de lo que yo quería hablar, pero de todas maneras fue algo muy especial, quedarnos en esa posición todo el tiempo, platicando de nuestras cosas favoritas y ciertos recuerdos felices.

Descubrí muchas cosas. El color favorito de Justin era el azul marino y el gris, por eso la mayoría de su ropa era de esos colores. Su comida favorita era el abbacchio y

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su postre favorito los profiteroles, aunque no tenía ni idea de qué eran esas cosas. Me contó que su familia era de Canada, pero que él sólo vivió ahí dos años, luego se mudaron a una ciudad cerca de Londres cuyo nombre no recuerdo, después vivió un tiempo en Nueva York y por último se quedaron en Roma. Supe que le apasionaba mucho el Hockey y no porque me lo dijera sino por cómo hablaba de él. Su canción favorita era "Sympathy for the devil" de los Rolling Stones, aunque la música no le gustaba. Me dijo que Fabrizzia estaba muerta y que fue su única y ultima novia, a la única chica que quiso de verdad, cosa que ya sabía, bueno, no sabía que había sido la única, y también me dijo que aunque había estado con muchas chicas después de ella, no era ninguna clase de mujeriego, y que aunque era un idiota la mayoría de las veces (cosa que yo no negué) no era tan arrogante, petulante y engreído como la mayoría de sus hermanos (cosa muy cierta). Y luego me hizo contarle cosas acerca de mí. Le hablé de mi mamá como por una hora completa y él me escuchó atentamente, preguntando las cosas correctas y acariciando despreocupadamente mis muslos y mis brazos mientras yo platicaba. Le dije que mi comida favorita era la mexicana y mi postre favorito el chocolate. Le conté que no me gustaba mucho ningún deporte pero que bailar siempre me había apasionado y él me corrigió, dijo que bailar era un deporte hermoso y que le encantaría verme hacerlo alguna vez, lo que me dejó medio sin habla por un momento por la seriedad de su mirada. Le dije la cantidad de lugares donde había vivido y le hablé un poco de Graham, aunque se sintiera totalmente incomodo hacerlo. Le dije lo necesario, que era mi mejor amigo desde que llegué a US, que era el hombre más decente que podía existir, incluso le conté que él era mi lugar seguro a donde corría cuando alguien me lastimaba y que aunque no estuviéramos juntos como pareja, yo siempre lo iba a amar como amigo.

Y esa noche todo cambió para mí. Me enamoré por completo de ese muchacho roto. Con ese secreto que no era suyo pero que lo implicaba seriamente, con todos sus misterios y sus cambios de animo, con todo ese dolor que traía dentro y con todo ese amor que yo sabía que podía dar.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—No sé porque accedí a esto —me quejé, aplastando fuertemente a un mosquito en mi brazo y cojeando rápidamente para alcanzar a los chicos, pero Justin y Fabio iban muy adelante platicando en italiano de algo que parecía ser muy serio y Nedime sufría conmigo detrás.

—Porque te da miedo quedarte sola en casa —se burló mi amiga riendo y tropezó un poco con una raíz.

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—Eso no es verdad —mentí y la fulminé con la mirada— no tenía miedo a los catorce y no le tengo miedo ahora. Es sólo que no quería perderme de la diversión, se supone que lo interesante de venir aquí es ir al maldito lago ¿no?

—No. Lo interesante de venir aquí es pasar un valioso tiempo con tus amigos y hacer una fogata y compartir historias de miedo y comer malvaviscos quemados y todo eso —me corrigió— aunque yo quiero pasar un momento a solas con Fabio, ya sabes, por el romance, a las orillas del lago. Así que tu puedes... limpiar el desastre mientras Justin nada un rato o algo así.

—O pasar un lindo tiempo romántico con él, justo como tú —opiné, bajando la voz hasta un susurro e inclinando la cabeza hacia ella. Sus ojos se entrecerraron hacia mí con disgusto.

—Bien, haz lo que quieras con ese chico. Pero cuando te engañe con tu gemela, no vengas a llorar con nosotras, porque te lo advertimos.

—Duh, es por eso que tengo a mi gemela amarrada en el sótano. Para que no me quite a Justin —me reí bajito y Nedime no pudo controlar una pequeña risa también. Pasamos por el último árbol y por fin vi mi querido lago. Dejé caer mi maleta y apoyé mi pierna mala en un tronco— ¡Por fin!

Los chicos sacaron la leña que ya traían en una mochila y encendieron la fogata más rápido de lo que yo esperaba. Nedime y yo caminamos hacia la cabaña pequeña a un lado del lago donde estaban los baños y nos pusimos nuestros bikinis.

—Vaya, luces muy bien en bikini, Anabelle —me dijo Nedime mientras yo acomodaba mis pechos en el sostén para no tener ningún problema de boobies sin control frente a los chicos— ¿No te hiciste anorexica o algo estúpido como eso, cierto?

—Claro que no, tonta —contesté poniendo los ojos en blanco— basta con verme comiendo para saber que nunca podría ser anorexica. El cambio de cuerpo fue por la pubertad y por el baile, es por eso que no puedo esperar a entrar en alguna academia o algo por el estilo.

—Bueno, siempre puedes meterte al equipo de las animadoras. No conozco a ninguna de ellas pero tienen unas rutinas que son muy buenas.

—Lo haré —aseguré y agité mi cabello en un débil intento de que pareciera sexy o algo así, en su lugar lucía como un león— ¿lista?

—Sí, vamos a romper unos cuantos corazones. 144 

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—Los únicos chicos aquí son Justin y Fabio, uno de ellos ya es tu novio y el otro no muestra mucho interés. No creo que vayamos a romper nada.

—No importa, Anabelle. Era sólo una frase inspiradora, porque lucimos realmente sexys.

—Oh, claro.

{Justin}

No quise protestar cuando las chicas nos hicieron prender la fogata a las malditas cuatro de la tarde aunque pensé que era algo realmente estúpido, en primer lugar porque estábamos como a 40 grados y el fuego sólo empeoraría el calor y en segundo lugar porque el sol estaba brillando más que nunca, así que sólo les hice caso y ayudé a Fabio con la leña mientras me decía algo de su familia. Cuando Nedime y Anabelle se fueron al baño, dejé solo a Fabio un momento y caminé a la orilla del lago a tocar el agua con la mano. Estaba fresca y sabía que se sentiría deliciosa, así que me quité la camisa y salté al agua sin pensarlo.

Estaba fresca, justo como había pensado. Gemí de alivio y me volví a hundir en el agua. Tenía mucho sueño y me sentía agotado, porque usualmente a esa hora dormía todos los días, justo después de comer, pero estando ahí en el agua sintiendo como si acabara de salir del infierno, no me arrepentía, y cuando saqué la cabeza para respirar y vi a las chicas caminando hacia mí sin notarme dentro del lago, me dije que no había manera en que me arrepintiera de eso.

Había visto sus hombros y una pequeña parte de su escote la otra noche con ese vestido que le compré. Había visto su trasero en un short muy apretado que usa debajo de su falda. Había tocado su cintura incontables veces y me había dado cuenta de cómo era por tacto. Pero nada me preparó para ver de golpe todas esas partes al mismo tiempo en ese bikini verde esmeralda que sólo hacía resaltar sus ojos, y otras partes de ella como sus muy generosos pechos. O sus caderas, o, como pude notar cuando voltearon hacia Fabio, su precioso trasero. Cielos, y sus piernas. Su espalda. Su todo.

Toda ella era hermosa, completamente hermosa. Su cuerpo era completamente digno de ser adorado. Y su cara también. ¿Por qué tenía que ser tan bella? ¿Y qué

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pasaría si la besaba una vez? Sólo una vez. Sólo para quitarme de encima las ganas. ¿Me dejaría ella llegar más lejos? Probablemente no. No es que saber eso me quite las ansias. Saber que es difícil de conseguir sólo me hace quererla más, lo cual es jodidamente contraproducente.

Como sea, me alegré de estar bajo el agua en ese momento y que lo que ella me causaba estuviera escondido a la vista de todos. Me volví a sumergir en el agua para dejar de verla de esa manera.

—Hola, tú —dijo Anabelle, llamando mi atención. Ella ya estaba a mi lado en el lago, lo que me hizo pensar que debí haber estado debajo del agua más tiempo de lo que pensé.

—Hola... ¿Crees que me podrías decir por qué nos hicieron prender la fogata a esta hora? —pregunté, sin mirar hacia su escote ni una vez, o por lo menos no obviamente. Hice como si estuviera jugando con el agua, como un estúpido niño pequeño, sólo para ver sus pechos.

—Ah... es que nos gusta salir del agua a comer s'mores, aunque sea temprano y eso —contestó y me sonrió cuando regresé la mirada a sus ojos— lo que pasa es que un día el papá de las gemelas nos tenía que dejar solas y prendió la fogata cuando se fue para que nosotras no tratáramos de hacerlo, y desde entonces la prendemos justo cuando llegamos.

—Oh... tiene algo de sentido... —mi voz se perdió por el sonido de alguien entrando al agua en un clavado ruidoso, por el agua estrellándose en mi cara y por el chillido de Anabelle a mi lado.

—¡ESTÚPIDA, NO ME QUERÍA MOJAR EL CABELLO! —le gritó a Nedime, sonando completamente enojada. La estruendosa risa de su amiga mientras salía del agua me dio a entender que no le importaba en lo absoluto su arrebato de furia.

¿Por qué demonios ver a una chica enojada resultaba tan atractivo? Quiero decir, en serio. Mi erección a este punto puede romper una tabla de madera, y los ruidos de coraje que hace Anabelle mientras acomoda su cabello sólo empeoran mi situación.

—¡Ahora parezco una maldita rata mojada, gracias! —se quejó con furia, y llevó todo su cabello hacia atrás, dejando al descubierto sus hombros, su escote y su cuello.

Gracias, Nedime.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—¿A donde van a ir? —le pregunté a Anabelle cuando Fabio y Nedime se fugaron de nosotros luciendo sospechosos.

—A un lado de la cabaña hay dos camastros grandes con cortinas que los cubren y un montón de cojines. Van a pasar un "momento romántico" en un camastro, si sabes a lo que me refiero —contestó moviendo su palo en las flamas sin darle mucha importancia— siempre dijimos que cuando tuviéramos novios los traeríamos aquí para tumbarnos juntos en ese camastros. No sé cuantas veces las gemelas hayan cumplido esa fantasía.

Me estaría mintiendo a mí mismo si dijera que no quería ir con ella a esos camastros. Ahora mismo. Estaba listo. Pero al parecer ella no.

—Oh ¿Sabes algo? Nunca he probado un sandwich de malvaviscos quemados, o s'mores, como tú les llames.

—¿Estás hablando en serio? Justin, no sabes de lo que te estas perdiendo —me miró con la boca abierta y negó con la cabeza— te voy a hacer uno ahora mismo y me vas a amar por siempre por esto.

Me entregó el palo con su malvavisco hirviendo en la misma mano donde tenía el mío y los soplé mientras ella tomaba las galletas y el chocolate Hershey's. Hizo dos y los dejó en sus piernas, me quitó los palos y, haciendo un montón de ruiditos adorables por lo calientes que estaban quitó los malvaviscos y los puso en cada pieza de chocolate. Murmuró algo como "te van a encantar" mientras ponía la otra parte de la galleta y me lo extendía. El chocolate no era mi dulce favorito, pero cuando le di la primera mordida al sandwich tuve que admitir que sabía verdaderamente delicioso. Gemí unas cinco veces mientras me lo comía y le dije a Anabelle lo mucho que me gustó mientras ella se comía el suyo. Cuando ya íbamos por el quinto, ella dijo algo en español despreocupadamente, lo cual me recordó a algo que dijo en mi habitación el día que se escapó de mi casa y le pregunté que había sido. Lo cual, al contrario de lo que yo pensaba, no era nada caliente.

—¿Me enseñas italiano? —preguntó de repente.

—Sólo si tú me enseñas español —repliqué. Ella sonrió y asintió hacia mí— bien, pero vamos al lago. Estar a un lado de una fogata con este calor nos puede matar.

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—Vamos, pero no meteré mi cabeza de nuevo. Si lo hago mi cabello se quedará de esta manera una semana completa —se levantó y sacudió su cabello. Estaba rizado y rebelde, luciendo salvaje y suave. Y aunque me gustaba su cabello de esa manera, también me gustaba cuando estaba aplacado y hacia atrás, dejándome ver sus bonitos hombros y su cuello, sin mencionar que la manera en la que se enojaba me excitaba. Así que sonreí hacia ella diabólicamente y de alguna manera se dio cuenta de lo que haría, porque dejó caer su sonrisa y dio un paso hacia atrás, poniendo sus manos frente a su cuerpo— Justin, no...

Pero antes de que dijera algo yo ya había empezado a correr hacia ella. La embestí antes de que pudiera moverse sacándole un grito ahogado y pasé mis brazos por su suave cintura, la levanté y caminé con ella hacia el lago mientras ella pellizcaba mis hombros y jalaba el cabello de mi nuca. Sus gritos de suplica se fueron convirtiendo en gritos de enojo y tiros fuertes a mi cabello, justo lo que yo quería, sin mencionar la parte donde la tenía toda presionada contra mí. Sus pechos contra el mío y sus piernas enredadas entre las mías. La hice sufrir unos segundos a la orilla del lago, haciéndola pensar que no la tiraría, pero cuando menos se lo esperó la tomé con más fuerza y nos hice caer a los dos sin soltarla ni un segundo.

Supe exactamente el momento donde la pared de incomodidad se derrumbó entre nosotros y fue remplazada con una fácil comodidad. Fue ayer en la madrugada, obviamente mi episodio nocturno la despertó. Al principio no quería que me viera de esa manera y quise mandarla lejos de mí, pero luego ella acarició mis brazos y me abrazó, y definitivamente hay algo en sus abrazos que me reconforta. Hay algo en la manera que ella se siente fuerte y suave contra mí mientras me sostiene. Si Anabelle no hubiera estado ahí yo lo hubiera perdido completamente, estaba a nada de llegar a ese punto donde la tristeza le abre paso a la rabia y pierdo el control, pero ella tocó mi cuello, acarició mi espalda y besó mi cabeza. No fue entrometida ni me presionó de ninguna manera como mi mamá lo hacía, ella sólo hizo lo correcto conmigo y luego se quedó despierta conmigo y me distrajo toda la noche, haciendo imposible que los recuerdos volvieran a mi cabeza. Puedo ver porque ella quiere ser psicóloga, tiene un algo que te hace confiar en ella, tiene algo que te hace pensar que realmente le importas. Y odio saber que más temprano que tarde ella me va a dejar de hablar. Va a tener miedo de mí y saber eso hace que se me apriete el estomago.

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{capítulo;23}

Traté de enseñarle un poco de italiano a Anabelle pero al momento de tener que hacerlo simplemente no supe que decirle, así que me fui por lo más general y le expliqué cómo hablarle a alguien, ya sabes, sólo lo usual. Le dije los colores, los verbos y las palabras más usadas y eso fue todo lo que pude lograr. De igual manera ella me explicó algo de español, aunque renuncié a sus clases a los diez minutos. Era muy complicado para mí.

—¿Te gustaría ser un maestro? —preguntó Anabelle de la nada, mirándome de reojo mientras chapoteaba sus pequeños pies dentro del agua.

—No, para nada —me burlé— ¿por qué?

—Es sólo que eres bueno explicando —se encogió de hombros— entendí la mayoría de lo que me dijiste. Claro, todavía me confundo con las palabras pero... ¿io sono intelligente?

—Sí. Eres inteligente, Anabelle —dije y no pude evitar una pequeña risa desde mi pecho.

—Bien, ahora al menos no luciré tan idiota cuando esté en publico.

Cuando el sol comenzaba a meterse, Fabio y Nedime llegaron con nosotros. Se veían rojos y despeinados. Me burlé de ellos en italiano y sonreí con orgullo cuando Anabelle entendió. También me había encargado de enseñarle las groserías y las palabras sucias. Nos sentamos al rededor de la fogata y ya no se sentía como que íbamos a morir porque el calor ya se estaba yendo, gracias a Dios. No podía esperar a que llegara el invierno.

Nedime insistió en que debíamos contar historias de terror por ley divina y aunque no era lo mío, me inventé una o dos, y me sentí un rey todo el tiempo porque

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ellos realmente lucían asustados, supongo que ver las cosas en primera plana te convierte en un excelente contador de historias de terror. Anabelle tenía sus ojos muy abiertos y estaba agarrando con mucha fuerza la corteza del tronco en el que estaba sentada. Comimos más sandwiches de malvaviscos quemados: s'mores o como mierda se llamen. Yo simplemente no podía parar de comerlos, y al parecer Anabelle tampoco. Fabio intentó hablar en inglés y Anabelle intentó hablar en italiano y luego todos estábamos riendo por sus patéticos intentos. Estaba pasando un momento divertido con todos en la fogata, pero hubiera sido un momento más divertido y memorable si siguiera solo con Anabelle, para ser sincero. Traté de ignorar los pensamientos como el anterior y disfruté todo el tiempo hasta que todos se quisieron regresar a la casa. Nadie tenía hambre cuando regresamos y ya era bastante tarde así que solamente nos despedimos y nos metimos a nuestras respectivas habitaciones.

Me duché primero, tardando más de lo necesario ahí dentro. Apoyando mi cabeza en el frío azulejo y deseando poder dormirme, aunque fuera ahí parado en pelotas mientras el agua fría me azotaba el costado, no me importaba, de hecho me encontraba muy cómodo, pero sabía que no funcionaría así que proseguí con mi ducha. Tomé el rosado frasco del contenedor y en el momento que tocó mi mano y el aroma llegó a mi nariz, supe que era el champú de Anabelle. Y mientras lo aplicaba en mi cabeza con los ojos cerrados y pensaba en que estaba lleno de su olor por todo el cuerpo, me di cuenta de que necesitaba estar bajo el chorro frío por un rato más, por otra razón que no estaba ni remotamente cerca del sueño.

Salí de ahí y le di el paso a Anabelle dentro del baño después de un rato. Sequé mi cabello y me cambié, evitando ponerme una camisa porque no soportaba acostarme con una camisa puesta, de alguna manera sentía como que me sofocaba al máximo y eso era lo último que necesitaba. Me tiré a mi cama y me quedé ahí respirándome a mí mismo con fuerza, lo cual era la cosa más rara que había hecho alguna vez. Nunca había estado tan oloroso en mi vida ¿Qué clase químicos mágicos contenía esa cosa? No me extrañaba que Anabelle siempre estuviera oliendo así de delicioso. Pero olerlo en mí mismo era raro, y excitarme con mi propio olor también.

Cuando ella salió del baño yo ya estaba incluso tapado con la manta. Me contuve de voltear la cabeza para verla, simplemente me quedé ahí acostado, pretendiendo que iba a dormir mientras apagaba la luz y se subía a su cama. La escuché respirar incómodamente y moverse de un lado a otro por al menos diez minutos, procuré no hacer ningún ruido para no volver a estropear su valioso sueño nocturno, pero de repente ella asomó su cara hacia mí desde su colchón. Sus ojos abiertos completamente buscaron mi mirada, le sonreí y ella sacó su cara completa.

—No puedo dormir —susurró, como si estuviera diciéndome un secreto— estoy cansada como el infierno pero no puedo dormir sabiendo que tú no podrás hacerlo. No se siente justo. No quiero que estés triste como ayer.

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—Hey, está bien —aseguré, tratando de verdad que no se sintiera mal por mí, y levanté una mano temblorosa e insegura para acariciar sólo un poco su mejilla. Sólo un momento, para sentir su piel— no te preocupes por mí, estoy acostumbrado. Te prometo que no te despertaré esta vez.

—No, Justin. No puedo —negó vigorosamente con la cabeza y se sentó en su cama, soltando un suspiro inconforme y desapareciendo de mi vista. Luego preguntó una cosa que me sacudió el corazón:— ¿Por qué no vienes aquí y platicamos hasta el amanecer como ayer?

No fue sólo por la voz que usó cuando lo preguntó, esa voz dulce y suave, dudosa pero segura. Ni el hecho de que quería que me acostara ahí arriba con ella por el resto de la noche. Era más que nada saber que se quedaría despierta toda la noche sólo para estar conmigo. Eso quería decir que se preocupaba por mí ¿no? Creo que sí. Ella no quería que pasara de nuevo por lo que pasé ayer, y básicamente cada noche antes de ayer desde hace cinco años.

—Bien —contesté, carraspeando y usando todo mi autocontrol para no subirme como un loco a esa cama y besarla hasta el cansancio— hazme espacio.

—Cabes perfectamente, gatito —murmuró pegando su espalda a la pared, mirando hacia la puerta y encogiendo sus piernas para abrazarlas. Me deslicé a un lado de ella, peligrosamente cerca, y muy malditamente inseguro.

¿Sería raro que me gustara cuando me llamaba gatito? Quiero decir, no era el apodo más masculino del mundo, pero en realidad sentía que me quedaba un poco. Ella lo dijo esa vez: "Quieres ser un león pero sólo eres un gatito" y tenía razón. Jugaba a ser un león, un animal salvaje, o algo peor que eso. Todo el tiempo. Esperaba de verdad que ella que se diera cuenta de que no lo era en realidad, de que nunca podría serlo, por lo menos si tuviera la dicha de poder elegir.

La noche anterior platicamos de todo lo que platicas con alguien cuando recién empiezas a conocer a esa persona profundamente, pero no nos quedamos sin temas de conversación esta noche. Anabelle me hizo hablarle de todos mis hermanos, y se sorprendió cuando le dije que solíamos ser nueve hermanos en lugar de siete. Me sorprendió que no dijera algo típico como: "¿tus padres no tenían televisión o qué?" En su lugar ella me preguntó que pasó con ellos. Le dije que iban juntos en un auto y tuvieron un accidente. Pero no fue así. Ellos iban juntos en un auto, pero amarrados en la parte de atrás, fueron trasladados a un almacén donde los torturaron de una manera que me era familiar y luego quemaron el lugar con sus cuerpos dentro. Lo sé porque las personas que les hicieron eso tomaron video de cada segundo y se encargaron de enviarlo a cada noticiero amarillista de Inglaterra. Yo era pequeño cuando eso sucedió, así que no pude ver el video hasta años después, y aun así dolió como si yo mismo estuviera sintiendo todo lo que les hicieron.

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—No los recuerdo muy bien, pero me duele mucho cuando pienso en ellos.

—Te entiendo... cuando pienso en mi mamá es como si algo me apretara la garganta y me aplastara el pecho con algo pesado, pero al mismo tiempo me siento mal por estar triste —dijo de repente, tratando de sacarme del obvio transe en el que me quedé pensando en mis hermanos.

—¿Por qué?

—Ella se pondría muy enojada si me viera llorando tras su muerte. Ella odiaba verme triste y verme llorar, incluso decía que lucía horrible llorando y que no debería hacerlo si es que quería ser bonita. Siempre decía que la muerte era algo natural y que no había razón para llorarla... era como si supiera que tantas personas en mi vida iban a morir en mis narices y tratara de prepararme.

—Supongo que de cierto modo lo sabía —obviamente lo sabía— y tenía razón. Yo trato de mantener todo dentro pero al final del día siempre voy a llorar, haga lo que haga. He llegado al punto donde espero que llegue la noche sólo para poder... desahogarme.

Era sorprendente lo bien que se sentía poder abrirte con alguien, poder decir lo que realmente quieres decir sin preocuparte por nada. Anabelle se acercó más a mí y recargó su cabeza en el hueco de mi cuello, llevó su mano a la mía, recargada en mi rodilla, y entrelazó sus dedos con los míos.

—Tenemos mucho en común. Mucho más de lo que me hubiera imaginado en un principio. Pensamos del mismo modo aveces, los viajes... las muertes... no es que eso sea algo genial, pero me sorprende que ambos estemos tan familiarizados con eso.

—Sí, parece que somos muy parecidos en algunas cosas... pero a la vez somos realmente diferentes.

—Muy diferentes —estuvo de acuerdo. Y luego ya no dijo nada por un largo tiempo, ni se movió. Pensé que se había quedado dormida y, con mucho cuidado, pasé mi brazo izquierdo por sus hombros, acaricié su brazo y traté de ponerla más cómoda contra mí, pero ella no estaba dormida. Levantó su cabeza rápidamente en el momento en que la apreté contra mí hasta que me miró a los ojos.

No estaba muy seguro, pero sentía como que algo había cambiado entre nosotros justo en ese momento. Me quedé completamente callado mientras pensaba en eso.

Nuestras cabezas no habían quedado tan juntas al principio, pero Anabelle se fue acercando milimetro a milimetro por no sé cuanto tiempo hasta que, literalmente, sólo

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había medio centímetro entre nosotros. Ella no hizo ningún otro movimiento. Yo tampoco.

Nos quedamos en el mismo lugar por un minuto o más, mirándonos a los ojos, respirando el mismo aire y cuestionándonos la misma cosa, pero yo no iba a sellar el beso. No quería que en un tiempo ella mirara hacia atrás y pudiera echarme en cara que yo me aproveché de ella. No quería que pensara en este momento como en esa vez que el chico psicópata con traumas la besó. Pero al parecer ella estaba igual de ansiosa que yo, porque de un momento a otro tomó una profunda respiración y pegó su boca a la mía.

Primero fue sólo eso. Nuestras bocas juntas, compartiendo calidez, acostumbrándose. Nosotros haciéndonos a la idea, tomándonos un tiempo para aceptar lo que estaba pasando, cayendo en cuenta de que nada sería igual después de eso. Por lo menos yo sabía que yo no sería el mismo después de eso. Mi estomago estaba apretado, mis manos ansiosas y mis ojos se cerraron involuntariamente. Escurrí mi mano a través de su cabello hasta que llegué a su nuca y, lo más suavemente que pude, moví mis labios sobre los suyos, suspirando ante su suavidad y la deliciosa humedad de su boca hasta que ella me estaba respondiendo. Puso su mano en mi rodilla y la acarició levemente mientras me daba el mejor beso que hubiera experimentado alguna vez.

Lento, tentativo, romántico.

Esa fue la primera noche que pasé sin recuerdos atormentando mi cabeza. En su lugar estuve con esa hermosa chica entre mis brazos hasta que el sol salió, y entonces la besé de nuevo. Y la besé tres, cuatro, cinco veces más. Porque de repente ya no podía parar.

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{capitulo; 24} {Anabelle}

La boca de Justin sabía a una deliciosa mezcla de cigarro, chocolate y otra cosa que no pude especificar, pero que terminé por deducir que era su propio sabor único. Y aunque usualmente odiaba el olor a cigarro y nunca había probado nada con su sabor, de pronto parecía que era adicta.

Creo que nunca voy a poder olvidar esa noche. La luz de la luna nos bañaba en la cama, la ventana estaba abierta y el aire hacía volar sólo un poco mi cabello y secaba el tenue sudor que se me formaba en la frente de los nervios. Justin no tenía camisa, pero eso no era lo que lo hacía parecer desnudo ante mí; era su mirada, sus palabras, su toque y su leve sonrisa vulnerable.

Nuestro primer beso fue realmente dulce, tanteamos y nos aseguramos durante un rato. Nuestro segundo beso tuvo más seguridad, la mano de Justin ya no sostenía mi nuca, se había trasladado a mi mejilla y mi mano ahora recorría su brazo. Para nuestro tercer beso yo ya no estaba a su lado, Justin me levantó sin ser brusco hasta que estuve sobre su regazo y me acarició la cara de una manera llena de ternura antes de volver a besarme profundamente. El cuarto beso tuvo más pasión, porque ya estábamos completamente seguros de que ambos nos queríamos de esa manera, Justin recorrió mis labios con su lengua lentamente y bajó sus besos a mi cuello mientras yo acariciaba su pecho y tiraba mi cabeza hacia atrás, dándole todo lo que necesitara tomar de mí. Después del cuarto paramos y empezamos a platicar, esquivando el tema de los besos. Luego, cuando el sol salió, ambos nos acostamos apretujados en la pequeña cama. Justin acarició mis brazos y mi escote un rato deteniendo la platica, luego se colocó sobre mí soportando su propio peso con sus brazos a los lados de mi cabeza e hizo un camino de besos desde el lunar en mi pecho hasta la comisura de mis labios de una maldita manera lenta y tortuosa, me tentó y se burló de mí, besando mis mejillas y mi nariz, evitando mis labios a propósito. Se reía a sabiendas de lo que hacía, empeorando mi situación por el bajo sonido intimo que resultaba su risa en ese momento, al final tomó mi cara con confianza y me besó fuertemente, saboteando mi

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boca con su lengua y dejándome jadeando por aire. Pasé mis manos por su cuello y enredé su cintura con mis piernas para que se dejara caer sobre mí de una vez. Jadeé con una mezcla de horror y pasión cuando sentí su dureza presionar contra mí y cuando bajé mi boca a su mandíbula Justin empezó a murmurar palabras en italiano que no supe descifrar, pero escucharlo hablar en ese idioma y con esa voz ronca sólo me impulsó a apretarme más contra él y besarlo más fuerte.

Yo era virgen, lo más virgen que alguien podía ser y de alguna manera sabía que aunque de verdad sentía como que estaba enamorada de Justin, no podía perder mi virginidad de esa manera. Yo quería saber que él también me amaba. Quería por lo menos saber si éramos una pareja o sólo dos amigos que de repente se besaron. Pero una cosa es saber que algo está mal y otra cosa es querer cambiarlo. Dejé que Justin quitara mi blusa y besara mi estomago y mis pechos por encima de mi sostén.

Antes de que otra prenda se fuera de nuestro camino, Nedime tocó la puerta y nos dijo que acomodáramos todo para irnos. Justin dejó salir una maldición y besó mi frente lentamente antes de saltar de mi cuerpo y empezar a acomodar sus cosas, así que yo hice lo mismo. Me dije que cuando estuviéramos en el auto trataría de preguntarle dónde, exactamente, nos había dejado esa sesión de besos, pero caí dormida junto con él al instante que Fabio encendió el coche.

—Anabelle, dormilona, ya estamos en tu casa —dijo Nedime y me movió de un lado a otro sin delicadeza— vamos, vamos, el tiempo es dinero.

—Espera, maldita sea —gemí y me estiré en el asiento. Volteé rápidamente buscando a Justin pero no había nadie en el auto además de Fabio— ¿donde está Justin?

—Lo dejamos en su casa al principio, quedaba de pasada —explicó Nedime y se hizo a un lado para que saliera del auto— Linda metió todo tu equipaje a la casa ya que estabas como muerta.

No me juzgues, perra, no he dormido en dos días, quise decir, pero sólo me encogí de hombros y abracé a mi amiga.

—Gracias por invitarme, este fue el mejor fin de semana de toda mi vida —le dije con una gran sonrisa, ella se separó de mí y me miró completamente confundida, esperando la explicación— te contaría lo que pasó, pero te vas a volver loca. Y prefiero que tú y tu linda hermana se vuelvan locas al mismo tiempo. Nos vemos mañana.

—¡No! No, espera ¿tuviste sexo con Justin? ¡¿Perdiste tu virginidad en esa...?! 155 

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—Por dios, relájate ¿todo tiene que ser acerca de sexo? —murmuré lentamente como si estuviera decepcionada con ella y le guiñé un ojo— nos vemos mañana.

—Te odio ¿sabías eso? —me miró mal y abrió la puerta del coche— mañana no te escaparás de nosotras de ninguna manera.

Puse los ojos en blanco hacia ella y caminé por el camino de entrada con cansancio. Estaba completamente acabada, todo mi cuerpo reclamaba descanso, las bolsas bajo mis ojos odiaban a Justin, pero todas las otras partes de mi cuerpo lo amaban. Saludé a Linda y a mi papá, respondí todo su cuestionario y me fui a mi cuarto a dormir de nuevo.

¿En serio Justin pasa todas las noches sin dormir? ¿Cómo demonios puede hacerlo? Yo estoy a punto de colapsar del sueño. No me sorprende que el pobre chico odie al mundo.

{Justin}

No pude dormir. Lo cual fue raro y al mismo tiempo no. Había veces en que pasaba incluso una semana completa sin dormir, ni en la noche ni en el día, pero era siempre por esa mierda en mi cabeza volviéndome loco, llenándome de culpa y tristeza y haciéndome perder el sueño por completo, pero esa vez fue diferente.

Estaba en mi cama, en mi cómodo y conocido colchón con mi suave edredón y no en esa cama dura de la casa del lago, con esas mantas tiesas que me raspaban, pero seguía despertándome cada cinco minutos esperando estar en esa cama, con Anabelle acostada arriba. O, si algo turbio de repente llegaba a mi mente, abría los ojos esperando que ella llegara hacia mí otra vez y alejara todo eso, pero Anabelle no estaba ahí conmigo y ese pensamiento ahuyentó todas mis esperanzas de poder dormir. Tapé mis ojos con mi brazo y gemí de frustración varias veces. Quería dormir, maldita sea, o sólo quería estar cerca de Anabelle, entre sus brazos.

Alguien tocó mi puerta y entró sin esperar respuesta, como tanto odiaba que lo hicieran.

—¿Bebé, estás dormido? —preguntó mi mamá, hablando con una voz suave y pequeña. Quité mi brazo de mis ojos y la miré expectante.

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Mi mamá se ponía tierna y amorosa conmigo a esas horas, desde que me iba a dormir hasta que se me ocurría despertar. Besaba mi frente, acariciaba mi espalda, me aseguraba que no dejaría que ninguno de los chicos me molestara y siempre hacía profiteroles sólo para mí. Y supongo que era porque se sentía culpable de hacerme pasar por todo eso. También mandó a que derrumbaran las paredes de mi habitación y pusieran barreras anti-ruido para que yo pudiera gritar y golpear cosas sin molestarme por ellos.

—Vamos a ir a cenar a la casa de Sebastian —anunció, y me senté inmediatamente haciendo que se riera de mí— ¿Eso significa que sí vas?

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Anabelle está dormida. Ha estado dormida catorce horas... me preocupa que esté enferma o algo parecido, ¿Qué sabes de eso, Justin? —preguntó el señor Ferré cuando terminó de saludarnos, mirándome fijamente a los ojos como si pudiera leer todos mis secretos. Me senté más derecho y mi espalda comenzó a sudar bajo su mirada pesada.

¿Qué mierda podía decirle al padre de la chica que estuvo frotándose contra mí anoche y que también resulta ser un mafioso?

¿"Estuve corrompiendo a su hija toda la noche, señor, por eso ahora está tan cansada"? ¿"No se preocupe, pero presioné mi erección contra su pequeño encanto hasta el amanecer"? ¿"Oh, no pasa nada malo, sólo estuvimos siendo pecaminosos anoche"?

—Yo... uh... es que estuvimos hasta muy tarde fuera con Fabio y Nedime en una fogata —mentí, con mi voz sonando chillona y entrecortada. El señor Ferré me miró profundamente por un minuto más, evité temblar bajo su escrutinio y luego suspiró.

—Bien, entonces pasemos a la mesa.

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{capítulo;25}

Oh, ¿Por qué, por qué, por qué? Lo siento. Lo siento tanto. Estoy tan arrepentido de todo. Yo no quise... yo nunca quería. Nunca, nunca.

Lloré fuerte, pataleé de coraje, y grité tanto que mi garganta ardió y de pronto la voz ya no cedía, mi mano sangraba y podía ver mi carne y mis huesos y no podía mover mis dedos, mi cabeza palpitaba sin control y tenía sangre de la herida en mi frente entrando a mi ojo izquierdo. Estrellé mi propia cabeza contra la pared, pero no me dolió. Reventé mi mano derecha en mi pared y tampoco dolió. Estaba entumecido. No sentía nada. Sólo podía ver las caras en mi cabeza, escuchar las voces, los gemidos de dolor, los sollozos, los ruegos, todo.

Todo se viene al mismo tiempo, como un remolino. No puede ser que esto me siga afectando de esta manera. Debería de superarlo ¿no? Sí, debería de hacerlo de una maldita vez, ya no soy un niño, ya no tengo excusas. Hace 5 años que esto pasa, hace 5 años que debí juntar mi mierda y lidiar todo esto como un maldito hombre.

Sí, he matado a más gente de la que puedo contar o recordar. Sí, he visto torturas en primera fila y he hecho unas cuantas. Sí, mierda, todos en mi familia son unos matones malos de la cabeza. Sí, algún día alguien me va a hacer todo lo que me merezco. Algún día alguien me va a atar a una silla y me dará mi merecido, y ese día yo me voy a tragar todas las suplicas y dejaré que me hagan todo lo que quieran, todo lo que sé que debo tener. Pero no soy la única persona que tiene estos problemas, soy sólo una de millones.

Me lo digo todas las noches: Supéralo. Supéralo. Supéralo. Pero no puedo. No debería. No es humano, no es como se supone que debería ser. Dios es quien decide quien vive y quien muere, no yo. No puedo andar por ahí sin sentirme culpable por hacer las cosas que hago.

Sollocé con más fuerza y me enrosqué en el piso. Tomé mi nuca con la mano que aun podía mover y agarré con fuerza mi cabello y mi cuello, tirando de ellos fuertemente hacia abajo, llorando en el piso como un marica. Sollozando como un bebé. Y no podía parar.

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Supéralo, esto es lo que harás toda tu vida. Supéralo, este es tu legado. Supéralo, la gente muere. La gente mala muere de malas maneras. Ellos se lo merecían. Pero yo me lo merezco también, en ese caso. ¿Por qué nadie lo ha hecho aun? Deberían hacerlo. Rápido, lo más rápido que puedan. Debería hacerlo yo mismo, acabar esto de una maldita vez. Si yo no lo hago, nadie más lo hará, lo sé. La gente que se quiere ir es la que más tiempo se queda.

Hazlo. Hazlo fácil y sin dolor. Rápido. Tu felicidad está al alcance de una bala.

Sequé mis estúpidas lagrimas bruscamente y me arrastré hasta mi escritorio, dispuesto a acabar con todo de una vez. Me levanté con mucho esfuerzo y robé una mirada de mí mismo en mi espejo completo.

Mi pecho desnudo estaba rojo, mi respiración era fuerte y pesada, mis hombros tensos y alerta levantándose diez centímetros con cada tomada de aire, mi cabello estaba parado hacia todas las direcciones, mi mano derecha estaba goteando sangre como una llave abierta y mis lagrimas se confundían con mi sangre corriendo en mi cara. Mis ojos estaban desorbitados y completamente inyectados de sangre, luciendo tintos en lugar de simplemente rojos y haciendo resaltar mi pupila al máximo. Mi nariz todavía tenía un poco de cocaína en la punta.

Lucía tanto como una mierda psicótica que mi deseo de encontrar algún arma y volarme la cabeza creció instantáneamente, junto con el asco hacia mi patética persona.

Escarbé en mi escritorio sin saber bien lo que hacía. Mi mirada no se concentraba mucho en las cosas y me tuve que agarrar con fuerza del escritorio para no caer al piso. Y justo cuando encontré lo que estaba buscando, mi celular se encendió, vibró y sonó fuertemente, llamando mi atención. Lo iba a ignorar, porque ya nada importaba, pero un vistazo a él me hizo dejar de respirar por completo. El identificador decía "Anabelle" y salía una foto que le tomé cuando estábamos juntos en la cama. No contesté y dejó de sonar, pero no hice otro movimiento hasta que empezó a vibrar de nuevo y esa foto volvió a aparecer. Su cabello estaba hecho un lío en su mejilla y su ojo derecho brillaba con travesura mientras una hermosa sonrisa se creaba en sus labios. Suspiré y contesté.

—Anabelle —susurré, con mi voz sonando ronca, lastimada por los gritos y más baja de lo que me hubiera gustado.

—Hola... sé que es tarde, pero resulta que me convertiste en un vampiro. No puedo dormir. De hecho, no recuerdo cuándo fue la última vez que tuve tanta energía, te lo juro. Debería de escribir un libro o hacer ejercicio o algo por el estilo, pero elegí hacerte compañía esta noche.

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Y así como así, solté el arma y sacudí la cabeza. Esa no era la respuesta que buscaba. Esa sería la cosa más cobarde que podría hacer.

—Anabelle... lo siento. Ayúdame, te necesito en este momento, quise decir, pero no pude.

{Anabelle}

—No te preocupes —dije sin importancia y sonreí, mirando al techo y jugando con mis piernas elevadas— te lo dije, me siento increíble. Dormí veinte horas.

—Eso es... algo bueno, supongo —respondió. Pero él sonaba realmente mal, como nunca antes lo había escuchado. Su voz era un susurro ronco y gastado, y sobre todo triste. Y entonces recordé que él no estaría como yo, que él no pasaba bien las noches. Que idiota.

—¿Estás bien? —pregunté, mi entusiasmo disminuyendo hasta que estaba vibrante de preocupación y sentada en la cama retorciendo mi pantalón de pijama.

—Sí. Uh... no. No. Creo que no. Pero está bien, yo... hay mucha sangre, y todo se mueve, pero estoy acostumbrado... estoy tan acostumbrado que no importa.

—¿Sangre? —repetí inmediatamente, mi voz sonando demasiado fuerte y en pánico, porque no me podía imaginar un escenario donde hubiera sangre y que todo estuviera bien— Justin, dime que pasa ¿Sí? ¿Por qué hay sangre? ¿Donde estás?

—Sí, sangre —contestó sin levantar la voz y arrastrando las palabras como si le fuera difícil hablar— sale de mi mano. La sangre. Hay un charco en el piso. Estoy en mi habitación.

Tuve unos cinco segundos de silencio para procesar todo. Sangre saliendo de la mano de Justin creando un maldito charco en el piso. Jadeé fuertemente, presa del miedo, pero controlé mi voz antes de hablar de nuevo.

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—Justin, llama a una ambulancia, por favor —dije, tratando de sonar normal y directa, como un adulto ordenándole algo a un niño. Eso estaba tan mal— hazlo rápido. ¿Y por qué estás hablando así? Dímelo y luego cuelga, y luego llama a la ambulancia ¿sí, por favor?

—Lo haré, preciosa —contestó— lo haré por ti. Estoy drogado hasta el culo. Cocaína. No sé cuantas lineas tuve, creo que fueron demasiadas. Ahora llamaré a la ambulancia... adiós.

Y de nuevo, tuve unos segundos para procesar la idea de que Justin estaba drogado. Más de cinco segundos. Creo que incluso fueron varios minutos. Y cuando mi mente lo aceptó por fin me puse realmente frenética, mucho.

Llamé a Justin de nuevo varias veces pero me mandó a su buzón de inmediato todas las veces. Me levanté de mi cama, incapaz de quedarme quieta y caminé de un lado a otro por no sé cuanto tiempo.

Cocaína. Justin. Sangre.

Oh, no. Por favor, díganme que esto no es verdad. Díganme que no es cierto que el chico al que estuve besando más de lo que he besado a alguien alguna vez en mi vida está en las drogas. Díganme que no es cierto que el chico del que estoy jodidamente enamorada está en las drogas. No puede ser. Y es cocaína. Es tan peligroso, Señor ¿qué le pasa? ¿Por qué demonios está metido en eso?

Tapé mi cara con mis manos y gemí con una mezcla de decepción, preocupación y enojo mientras me tiraba a mi cama de nuevo.

—Eres un maldito caso perdido, Justin.

Estuve volviéndome loca, loca, loca y un poco más loca toda la madrugada. Estuve gimiendo y quejándome de Justin conmigo misma como por tres horas, luego me puse mi uniforme y cepillé mi cabello con fuerza, sin dejar de quejarme en voz alta del cocainómano y de mi obvia incapacidad de dejar de pensar en él o en cómo se sentía su drogada boca contra la mía. Coloqué una venda en mi pierna sólo para que la gente viera que cojeaba por algo y bajé a desayunar.

No pude comer nada más que un pan con algo de glaseado y un jugo. Mi estomago se sentía apretado. Estuve perdida en mis tragedias internas todo el camino, sin ponerle atención a nada y cuando bajé y me despedí de mi papá, vi a Justin bajándose de su coche hablando con André como si nada. Como si no hubiera roto mi burbuja de perfección con su confesión de la noche anterior.

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Gemí cuando lo miré verme, cerré la puerta del auto sin tomar mi bolso y caminé rápido para no toparme con él.

Supongo que se dio cuenta porque entrecerró los ojos y empezó a correr detrás de mí, tirándole las llaves a su hermano. Decidí que subir las escaleras me tomaría mucho tiempo y cansancio y salí corriendo hacia la derecha, sin importarme que alguien me viera correr de Justin y sin importarme que mi papá me hubiera dicho mil veces que no debía ir para otro lugar que no fuera directo al colegio, de todos modos él ya se había ido. Saltaba para no poner mucho peso en mi pierna mala que ya no tenía nada pero aun dolía cuando hacía fuerza. Y no dejé de correr.

—¡Espera! —gritó él y anduvo más fuerte. Jadeé de dolor y doblé en la esquina, casi tropezándome con un escalón, y seguí corriendo. Amaba ser tan rápida— ¡Maldita sea, Anabelle!

Empecé a respirar por la boca y a correr más lento después de sólo menos de cinco minutos, luego decidí que no valía la pena, respiré profundo y me volteé hacia Justin, pero él no captó mi parada y se estrelló contra mí, fuertemente.

—¡Joder! —gritó sin aliento mientras caíamos al piso, él sobre mí, cortándome el poco aliento que me quedaba. Mi cabeza se estrelló contra el piso, fuerte pero nada importante, Justin estaba sobre mí aun, mi falda estaba subida hasta mi cintura y sólo ahí recordé que no me puse ningún short debajo, y tal vez por eso mis muslos y nalgas se sentían como ardiendo, igual que mis brazos.

—Quítate —gemí, empujándolo del pecho varias veces. Él rodó, se levantó y me ofreció su mano izquierda. La tomé y me levanté con mucho cuidado— demonios, Justin ¿No es obvio que no quiero hablar contigo ahora mismo? Maldición, mi trasero está ardiendo. Me duele mucho.

—Estabas huyendo de mí —susurró con enojo sin preocuparse en lo más mínimo por mi trasero en llamas, aclarando la situación como si no fuera obvia. Lo miré a los ojos por primera vez desde que escapé. Él lucía agitado y herido. Triste— ¿por qué huiste de mí, Anabelle? ¿Qué te dijeron?

Él no me miraba a mí, veía el piso con algo de miedo. Parecía un niño de cinco años apunto de llorar por un regaño, y yo de verdad no podía resistirme a esa mirada.

—¿Qué me dijeron? Tú me lo dijiste, inteligente —le grité, pero no tan fuerte. Enojada, pero no tanto. Y repelida por el hecho de él siendo un drogadicto, pero preocupada por el dolor en sus ojos— no es que sea una mojigata pero realmente no estoy de acuerdo con... con estar... besar a alguien que consuma drogas. Simplemente no lo estoy.

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—¿Eso es todo? —preguntó, sonando un poco aliviado y mirándome a los ojos nuevamente— yo... no sé que decir, Anabelle. Consumo cocaína desde los quince años, no pensé que te molestara el tema de las drogas. Lo siento.

—Sé que últimamente es algo normal y todo eso, pero —me encogí de hombros, tratando de restarle importancia a algo tan importante para mí— mi mamá y mi papá peleaban mucho por el tema de las drogas y como que me afectó. Nunca entendí bien el contexto pero supongo que mi papá era un drogadicto o algo parecido. Mi mamá odiaba seriamente todo lo que tenía que ver con drogas y...

—Oh, Anabelle —gimió y echó su cabeza para atrás, pero antes de que pusiera decir otra cosa, el sonido de un motor demasiado cerca de nosotros y ruedas chirriando a nuestro lado nos interrumpieron y asustaron a ambos por igual— mierda. Corre al colegio. Sólo corre.

Pero no pude correr, tres tipos ya habían bajado corriendo de la camioneta para entonces y mientras dos de ellos tomaron a Justin uno me agarró fuertemente de la cintura antes de que pudiera salir corriendo, y, esquivando perfectamente todos mis golpes, colocó una tela contra mi boca y nariz con mucha fuerza, callando mis alaridos y lastimando mi nariz.

Justin luchó contra los dos tipos por un momento, pero una de sus manos tenía un tipo de molde azul y no podía hacer mucho con una sola mano, al final cada uno de ellos tomó un brazo suyo y los pusieron en su espalda, luego empezaron a golpear su cara y sus abdominales.

Lo último que vi antes de caer por completo en la inconsciencia, fue la cara de lamento del golpeado Justin, y lo último que pude pensar fue: "ojalá le hubiera dado un beso antes de todo esto" y "parece que voy a morir"

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Un fuerte olor a azufre o algún otro gas igualmente asqueroso, putrefacción y algo parecido a humo llenó mi nariz y garganta antes de que pudiera abrir los ojos, y no es que eso me fuera fácil. Estuve unos diez minutos sólo tratando de abrir los ojos y regresando mi mente a su lugar, pero todo se sentía lejano e irreal. Traté de moverme pero todo mi cuerpo dolía y me encogí sin poder hacer ningún ruido antes de darme cuenta de que mis manos estaban inmovilizadas en mi espalda por algo que me estaba raspando las muñecas.

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Gemí y rodé en mi espalda, ignorando el pinchazo de algo clavándose en mis omóplatos y forzando mi mente a reaccionar y a mis ojos a dejar de ver borroso y doble. Se escuchaba un ligero murmullo tétrico de fondo que aun no podía identificar y gemí de nuevo, de pura desesperación. Parpadeé muchas veces y pude por fin ver claro. El techo abarcaba unos veinte metros cuadrados y estaba completamente lleno de moho verdoso. Aparté la mirada rápidamente, sólo para encontrarme con la hermosa sorpresa de que todas las paredes tenían moho y probablemente el piso donde estaba tirada también. El amplio lugar estaba silencioso, todo estaba muy oscuro y casi no podía identificar nada que no fueran algunos muebles de madera vieja, instrumentos pegados a la pared y un gran portón que dejaba ver un aura de luz a su alrededor. Estaba en un taller mecánico, si mis conjeturas no fallaban. Y, después de unos segundos, me di cuenta de qué no estaba sola y de que el murmullo tétrico venía de una voz conocida. Justin.

—... Ampárame del male e tutta la minaccia latente. Proteggimi con il manto potente di ciò che è solo all'inizio... —siguió diciendo. Traté de descifrar lo que estaba diciendo pero sus enseñanzas no llegaron tan lejos, sólo me pude imaginar que se trataba de un tipo de rezo.

—¿Justin? —logré gemir, en una voz muy baja y ronca. Mi garganta se sentía apretada— ¿qué pasó?

—Nos tomaron, Anabelle —respondió él, después de un tiempo, sonando derrotado— es mi culpa. Lo siento mucho.

—¿Quienes? —pregunté, tratando de moverme poco a poco— esto no es tu culpa, gatito... ¿Crees que quieren dinero? ¿Llamaron a nuestros padres?

—No, ellos no quieren dinero... bueno, no exactamente —contestó, con la voz apagada. Hice mi mayor esfuerzo para sentarme, y cuando por fin lo hice tuve que quedarme unos segundos quieta para que pasara el dolor— te golpearon, por eso estás dolorida.

Hice una mueca de disgusto ante eso y estaba a un segundo de quejarme, pero mi vista se posó en la figura de Justin, sentado en el piso con sus brazos recargados en sus rodillas, respirando con dificultad. Su lado derecho estaba golpeado, morado e hinchado. Su ojo y su mejilla. Su labio estaba reventado, corría sangre de su ceja hasta su barbilla y a decir por como su mano derecha sostenía su abdomen, lo habían golpeado ahí también. Mis ojos se llenaron de lagrimas.

—¿Por qué nos están haciendo esto... —pero no pude terminar de preguntar nada porque el portón se abrió de un jalón y entró una figura corriendo directo a nosotros, haciendo un ruidoso eco de cada una de sus pisadas. Retrocedí asustada hasta que mi

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espalda chocó con una pared y traté de hacerme pequeña mientras el individuo se acercaba a grandes zancadas.

Cuando estuvo frente a nosotros y maldijo, miré su cara por unos segundos y me di cuenta de que era uno de los amigos de Justin: Chase. ¿Qué hacía él ahí?

—Mierda. Hombre, escúchame ¿estás bien? —preguntó Chase con preocupación mientras tomaba la cara de Justin y la levantaba hacia la suya.

—No. Pero sobreviviré. Vete de aquí —ordenó Justin bruscamente, tosiendo y escupiendo sangre al suelo— rápido.

—Bien, bien. Me iré —miró para todos lados y sacó algo de su espalda. Ellos no me habían volteado a ver ni una sola vez, pero cuando vi que lo que traía en manos era un arma, jadeé dramáticamente y ambos me miraron, molestos— voy a, accidentalmente, dejar esta pistola cargada por aquí ¿de acuerdo?

Miró a Justin especulativamente y escondió el arma en el mueble a un lado de Justin, quien había escupido sangre de nuevo y no me había volteado ver otra vez.

—Llama a la policía —ordené, pero mi voz se cortó a media frase y sonó muy asquerosamente ronca— haz algo.

—¿Policía? Lo siento, Anabelle, pero eso no es posible —contestó dándome una ligera sonrisa temblorosa y se agachó al lado de Justin— ¿estás seguro de que puedes hacer esto? Todavía tenemos unos quince minutos antes de que lleguen, podemos...

—Estoy seguro, sólo ayúdame —lo interrumpió Justin y despegó la espalda de la pared, dándole espacio a Chase de que deshiciera, con mucho esfuerzo, el nudo de su cuerda. Esperé pacientemente y sintiéndome incluso aliviada a que me quitara mi cuerda, pero cuando terminó con Justin se levantó y pasó sus manos por su cabello varias veces.

—¿Por qué no... —empecé a preguntar, levantando la voz para que me entendieran, pero Justin me dio una mirada matadora y me callé. Lucía enojado y realmente mal de la cara.

—No hagas preguntas, Anabelle. En serio.

—Tengo que irme —se despidió Chase de repente, suspirando con fuerza y palmeó la espalda de Justin— buena suerte, amigo.

—Gracias. Dile a Dio que todo está bajo control. 165 

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—Lo haré —me dio una mirada vacilante antes de irse corriendo y salir de ahí tan rápido como llegó.

—¿Qué demonios está pasando? ¿Por qué no llamaste a la policía de su celular? ¿Por qué no...

—Anabelle, por favor...

Pero no me quería callar. Y no me importaba si él no quería que hiciera preguntas.

—... escapamos con él? ¿Por qué no sacas tus manos de las cuerdas y nos vamos de aquí? Estoy asustada. Sólo sácame de aquí ¿por qué no lo haces? Por favor. Suelta mis manos. Yo me puedo ir sola, llamaré a alguien, sé que...

—Te voy a sacar de aquí, te lo prometo —murmuró, arrebatado, y levanto sus ojos hinchados hacia mí— no podemos irnos. Conozco a la gente que nos tomó y no podemos irnos sólo así. Te juro que todo está bajo control, sé lo que hago. Confía en mí.

—¿Esto tiene que ver con tu consumo de cocaína? —pregunté, como una loca, sorbiendo los mocos y moviendo mi cara para que las lagrimas dejaran de obstruir mi visión— estoy en lo correcto ¿no es así? Justin... me estoy malditamente muriendo de miedo, no podemos...

Y así estuve, no sé por cuanto tiempo, llorando y quejándome, pero entonces el estridente sonido del portón abriéndose me hizo chillar fuertemente del susto y Justin me miró mal.

—No hables, Anabelle, por favor. Te juro que te voy a sacar de aquí.

La misma camioneta que llegó por nosotros era la que había entrado al taller ahora, haciendo un montón de ruido y matando mis nervios. Cada segundo que pasaba se sentía como una hora. Luego se bajó un tipo de la camioneta hablando en italiano con voz tosca y gruesa, como si estuviera peleando o algo así.

Él era evidentemente más bajo que Justin, pero tenía un montón de músculos y sus hombros eran muy anchos, su cabeza morena estaba brillantemente calva y sus ojos eran demasiado grandes.

—Vaya, la hermosa princesa ya despertó —se burló con su fea voz y pesado acento cuando estuvo más cerca de nosotros y rió burlonamente. Justin hizo un sonido de descontento con la garganta pero mantuvo la cabeza gacha hasta que estuvo parado

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frente a nosotros— ¿te gusta tu castillo, princesa? Este será tu hogar por un largo tiempo.

Parpadeé tratando de lucir tierna hacia él aunque me estaba muriendo de coraje y miedo por dentro. El tipo me sostuvo la mirada sin mostrar nada de compasión o ternura por mí durante unos dolorosos segundos y luego volteó a Justin.

—¿Estás listo para otro round, pequeño Bieber? Esta vez sólo tú y yo, lo prometo. Parece que no eres tan fuerte como yo pensaba —dijo y pateó una pierna de Justin para que volteara hacia él— tu hermano Joshua se defendió y peleó por media hora más que tú ¿te contó eso? Fue algo sorprendente, él tiene mucha resistencia. Yo estaba cansado como el infierno, pero seguía probando hasta donde llegaría ese pobre inútil patada, tras patada, tras patada... y contigo sólo duramos diez minutos, quién lo iba a decir. He escuchado que eres el más salvaje, pero no me parece.

—Idiota —mascullé entre dientes, convencida de que no me iba a escuchar. Pero lo hizo, y también Justin. Ambos voltearon a verme al mismo tiempo. Justin no podía creerlo y el idiota parecía complacido.

—¿Me acabas de llamar idiota, princesa? —Sí, lo hice.

—Uhm... ¿Crees que soy guapo? —preguntó de repente con una voz suave y se agachó frente a mí lentamente como si fuera a acariciarme con dulzura, desconcertándome por completo, aunque sabía que sólo estaba jugando conmigo. Temblé y respiré fuertemente, tratando de mantenerme calmada.

—No, no lo creo.

—Entonces que mal por ti —dijo, como si sintiera mucha pena por mí y levantó su mano para recorrer mi sucio muslo con su sucio dedo. Me estremecí ante su toque y él sonrió cómo un lobo hambriento— porque yo sí creo que eres guapa. Muy guapa. Tienes un cuerpo de muerte... ¿Cómo conseguiste estas piernas?

Tomó todo mi muslo interno con su gigante mano y separó mis piernas. Creo que dejé de respirar por completo del susto. Cerré mis piernas fuertemente, sin importarme que su mano quedara atrapada entre ellas, y miré a Justin esperando que soltara sus malditas manos sin nudos y me ayudara. Pero él no me veía a mí, él veía al tipo fijamente, con una mirada en sus ojos que me hizo estremecer. Una mirada que prometía algo, y no algo bueno precisamente. Justin podía lucir horriblemente loco cuando quería.

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—Esto va a excitar a tu amigo Justin, he oído que es bastante enfermo... y a mí me gusta que pongan resistencia —susurró y abrió mis piernas de nuevo, esta vez más fuerte y con sus dos gordas manos, así que no pude cerrarlas de nuevo. Mi falda se arremolinó en mis caderas y mis pequeñas bragas Victoria Secret rosa fosforescente se burlaron de mí— oh, princesa ¿estabas planeando seducirme cuando te pusiste estas?

Pasó su sucio, sucio, asqueroso y gordo dedo por el medio de mis bragas y solté un espantoso grito de terror que sinceramente creo que se escuchó hasta Londres sino es que más lejos. Me retorcí de asco ante su apestosa caricia, tomó mis brazos y me levantó del piso, haciendo que mis muñecas abiertas se rozaran contra las duras y rasposas cuerdas. Gemí y chillé de nuevo. Justin no se movía.

—No, no hagas esto, por favor, yo... te daré dinero, te daré lo que quieras. Por favor no lo hagas —rogué, ahogándome con mis propias lagrimas. El tipo rió y me tiró con mucha fuerza al piso justo en frente de Justin, haciendo que mi codo diera contra el piso y doliera como el infierno.

—No quiero tu dinero, lo único que quiero ahora mismo es follarte, así que gracias por tu contribución —dijo y separó mis piernas fuertemente para meterse ahí. Mi cabello estaba dentro de mi boca y mis ojos, me estaba ahogando con mi llanto y mi saliva, la erección del tipo se estaba presionando contra mi vientre, mis brazos probablemente se estaban rompiendo gracias a su peso sobre el mío y mis muñecas estaban sangrando, lo podía sentir— Te voy a hacer un favor, Justin ¿qué te parece? Voy a desnudar a esta preciosura y dejaré que baile para nosotros... pero primero quiero disfrutar de ella. Puedes mirar.

Gemí y me retorcí, pero era como una roca caliente sobre mí. No podría quitármelo de encima nunca, y menos si tenía las manos amarradas. Su cuerpo bajó hasta que su erección se presionó contra mi centro y gimió, y yo lloré y grité y me atraganté, pero no importó. El tipo rió una jodida vez más, como el maldito loco que era y llevó sus manos a mis pechos.

—Suéltame —lloré fuertemente, gruñendo con mi dolorida garganta y robando una mirada de Justin moviendo sus brazos tras él, saliendo de las cuerdas, con su mirada fija en el tipo, la cual no había cambiado ni un solo segundo— sólo... por favor. No. No, no.

—Sí, princesa —gimió y empujó sus caderas contra mí fuertemente al mismo tiempo que apretaba mis pechos con muchísima fuerza y mordía mi cuello sudado.

Cerré mis ojos y relajé mi cuerpo. No había nada mas que pudiera hacer por mi causa, salvo cooperar. Si cooperaba, al menos no sería doloroso. Sí, sería la cosa más asquerosa y enferma del universo, pero no me lastimaría tanto como si pusiera resistencia. Lloré en silencio y traté de no sentirlo tocando mi cuerpo, traté de no

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pensar en Justin mirando eso, pero en el momento en que empezó a bajar mis bragas el miedo volvió a mí y moví mis piernas nuevamente mientras gritaba como loca, lo cual lo descolocó y tomó por sorpresa, pero usó su fuerza rápidamente y me presionó contra el piso nuevamente. Miré hacia Justin, esperando pedirle con la mirada que cerrara sus ojos, pero él ya no estaba ahí. Grité de nuevo, sintiéndome más asustada al estar sola. El tipo bajó mis bragas y las quitó, luego separó mis piernas, llevó sus manos a su cinturón y fue entonces cuando lo vi.

Justin estaba parado tras el tipo apuntando a su cabeza calva con el arma que Chase había dejado para él, tenía la misma mirada de hace rato que me puso aun más aterrorizada y, antes de que pudiera gritar que no lo hiciera, miré estupefacta, casi en cámara lenta, como su dedo apretaba el gatillo.

La bala dio directo en el cráneo del tipo, haciendo que su piel, sangre, huesos y cerebro salieran volando por todos lados, incluyendo en mi cara, y yo vi todo sin poderlo evitar. Lo vi todo, incluyendo a Justin detrás con su mirada asesina. Lo vi todo, y no creo que lo pueda olvidar alguna vez.

El cuerpo del tipo cayó sobre mí, su cabeza destrozada cayó sobre mi pecho y me llenó de sangre, como si fuera una manguera abierta. No pude gritar, ni llorar, ni hacer nada más que mirar a Justin con miedo. En ese momento no sabía si quedarme sola con él era mejor o peor.

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{capítulo;26}

{Justin}

No puedo decir que estoy arrepentido de lo que hice. No puedo decir que siento de alguna manera haber volado la cabeza de ese tipo en pedazos. No puedo decir que si tuviera una nueva oportunidad, no lo haría de nuevo. No lo puedo decir, porque no es verdad. Lo único que sí lamento fue que Anabelle haya tenido que ver eso.

Me arrepiento de no haberle pedido que cerrara sus hermosos ojos verdes antes o haber quitado a ese animal de su cuerpo antes de actuar, pero estaba tan jodidamente furioso con él por estar tocándola, por forzarla de esa manera que en ese momento no pensé en cómo ella iba a reaccionar, pero supuse que quitaría el cuerpo del tipo de ella y saldría corriendo conmigo rápidamente.

Eso no fue lo que pasó.

Anabelle se quedó con sus ojos, luciendo tan claros que parecían verde limón translucidos, fijos en mi mirada, sus piernas abiertas bajo el cuerpo del calvo y su boca apretada en una linea. Esperé por unos momentos sin moverme que dijera algo, o que se levantara, pero ella no hizo nada. Tiré la pistola al piso y fue cuando por fin reaccionó y parpadeó, me di cuenta del miedo propagándose en sus ojos vacíos.

Bajó la mirada sólo un milimetro hacia abajo y fue entonces que gritó lo más fuerte que pudo, retorciendo su cuerpo sin control, llorando desconsoladamente y temblando como nadie que hubiera visto antes. Estaba absolutamente aterrada.

—Anabelle...

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—¡¡ACABAS DE MATAR A ALGUIEN!! —gritó ella con mucha fuerza, probablemente lastimando su garganta, moviendo su cara y su cuerpo de un lado a otro. Me agaché, con esfuerzo tomé el cuerpo del tipo y lo tiré a un lado, como el pedazo de mierda que era— ¡¡ACABAS DE VOLAR SU CABEZA SOBRE MÍ!!

Se estremeció con asco y, con todos los movimientos que hizo, un pequeño pedazo de cráneo que estaba en su mejilla se metió en su boca mientras ella lloraba y gritaba. Ver eso fue asqueroso. Ella lo notó después de un momento, y supo en medio segundo lo que era. Escupió con fuerza varias veces y empezó a dar arcadas sin dejar de llorar y gritar como nunca había escuchado gritar a una mujer antes. Lo peor de todo fue que yo sólo fui capaz de quedarme parado frente a ella, viéndola perder el control. De pronto se quedó calmada y su cabeza cayó tranquilamente a su lado.

Y sólo entonces me pude mover. Sólo cuando tuve la confianza de que ella no correría de mí, ni me gritaría cuanto asco me tenía, ni haría nada parecido.

Me agaché a recoger sus bragas rosas y se las puse, mirando su delicado centro inevitablemente, pero sin sentir nada más que miedo y dolor. Levanté su torso y batallé con mi mano lastimada unos minutos para quitar su amarre. Apreté mis dientes con coraje al ver las marcas moradas alrededor de sus brazos y las heridas sangradas en sus muñecas y codos, pero teníamos que salir de ahí cuanto antes, así que la tomé con fuerza, ignorando el maldito dolor punzante en mi abdomen y brazos y cara, y enfocándome en que tenía que ponerla a ella en un lugar seguro, limpiar la sangre de su cuerpo, curar sus heridas y sólo entonces preocuparme por mí. La puse sobre mi hombro, poniendo una mano en su trasero para que su corta falda no se levantara.

Salí del taller y tuve que tener mis ojos cerrados unos minutos mientras caminaba por la acera por el fuerte sol y el dolor punzante. Me di cuenta de que no importaba en qué lugar estuviéramos, llegar a mi casa sería imposible. Yo no podría aguantar a Anabelle tanto tiempo. Tomé aire, dándome cuenta por las miradas de algunas personas que pasaban en coche y nos veían, que nadie nos iba a ayudar con la pinta que teníamos. Y luego, después de mirar bien por donde estaba, me di cuenta de que conocía el lugar. Era una zona media, con un montón de niños que pasaban y gente que platicaba fuera de sus casas y se escondían cuando nos veían. Más bien dicho, cuando me veían a mí. Probablemente pensaban que había matado a Anabelle y por eso la venía cargando así. Era triste lo acostumbrados que estaban todos a ese tipo de cosas.

Caminé por media hora más o menos, parándome tres veces para orientarme y para descansar. Ella no se despertó, y estaba asustado de que tuviera algún problema post-traumatico o algo por el estilo. Ese día su vida dio un giro de 360º, tuvo que lidiar con un secuestro, con un tipo que intentó violarla, vio en primera fila cómo sus sesos

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volaban por todos lados y después accidentalmente tuvo un pedazo de cráneo en su boca. Todo eso es traumático, sea quien sea.

Cuando por fin llegué a la casa que estaba buscando, tuve que dejar a Anabelle sentada en el columpio de la entrada mientras buscaba la llave escondida en una maceta. Suspiré con alivio cuando la encontré y, mientras abría el cerrojo, la señora Gabonett salió con una taza en la mano. Me miró de arriba abajo y luego se quedó viendo a Anabelle también, no tuve otra opción más que saludarla con la mano y con una falsa sonrisa en mi dolorido rostro ensangrentado, pero ella se metió a su casa rápidamente, ignorándome.

Dejé la puerta abierta y fui por Anabelle. Necesitaba que se despertara pero no quería que lo hiciera. Estaba asustado de su reacción hacia mí, porque sabía tan bien como sabía mi nombre que no iba a ser un beso y un : "gracias a Dios que mataste a ese idiota", sino todo lo contrario.

La dejé sentada en el incomodo sofá naranja y tomé su preciosa cara entre mis manos. Si no fuera porque estaba manchada con sangre, la hubiera besado, en su lugar golpeé sus mejillas levemente por unos segundos, pero cuando me di cuenta de que no iba a funcionar de ese modo, me mordí un labio y pedí perdón por adelantado antes de tomar fuerza y golpearla esta vez más fuerte. Sentí su estremecimiento pero no reaccionó, así que lo hice de nuevo.

Anabelle jadeó fuertemente, probablemente por el dolor, abrió sus ojos asustados y cuando regresó a la conciencia, se sentó rápidamente, casi golpeando mi cabeza en el acto. Cuando me miró algo de miedo se apagó, pero supongo que recordó el último recuerdo que tenía de mí y por eso se alejó de nuevo. Parpadeó y miró al piso, jadeando y moviendo su cabeza de un lado a otro.

—Fue un sueño ¿cierto? —susurró tan bajo que no estuve muy seguro de lo que dijo. Sólo entendí "sueño" y no, todo había estado muy remoto de ser un sueño, así que negué.

—Anabelle, mira, esto era de lo que estaba hablando... de esto se trata lo que no me deja dormir en las noches y me tiene siendo como soy... —traté de decir, pero me di cuenta de que no era el momento. El momento fue antes de mostrarle exactamente lo que era— escucha, preciosa, tengo que limpiarte ¿sí? La sangre se ha secado en ti, y tenemos que irnos.

—No me toques —exigió, aun con la voz inaudible, y siguió mirando al piso con los ojos asustados y muy abiertos, desorbitados.

—Por favor, sólo te quiero ayudar —me acerqué a ella tentativamente, Anabelle se alejó débilmente, así que la tome con cuidado de la cintura y la hice levantarse. Ella

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no luchó conmigo, trató de dar un paso y sus piernas fallaron un poco— por favor, por favor, sólo... mierda.

Negué con la cabeza y la llevé a la recamara principal. No tenía cama ni nada de ese tipo, tenía millones de euros, dólares y pesos cuidadosamente colocados en el piso y en maletas. Pasé por ellos sin tomarles importancia y la llevé al baño principal lo más rápido que pude.

Anabelle se quedó muy quieta mientras veía su reflejo en el espejo frente a nosotros. Su cara tenía chorros de sangre seca, igual que su cabello y su ropa, y yo también estaba todo manchado, pero no importaba tanto. Ella estaba demasiado quieta y eso me tenía realmente asustado. Sabía por experiencia propia que no era nada bueno cuando tu mente pensaba tanto en las cosas.

—¿Es... es su sangre? —preguntó después de un momento, sin mover nada más que sus labios— ¿tengo su sangre encima de mí? —preguntó, ahora con la voz más fuerte y alerta, el pánico estaba llegando a ella, podía sentirlo viniendo en cualquier momento— tengo... quítamela ¡QUÍTAMELA, MALDITA SEA! —empezó a llorar cuando terminó de gritar, abrió el grifo y empezó a tallar y lavar su cara salvajemente sin dejar de llorar— tengo que quitarme esta mierda ¡vete de aquí! Vete, déjame sola. Tengo... tengo su sangre sobre mí... ¡VETE!

Titubeé detrás de ella. No quería dejarla sola, no cuando sabía exactamente por lo que estaba pasando en ese momento, pero lo hice, salí de ahí rápidamente, buscando en la otra habitación un celular. Marqué el numero de mi casa y esperé caminando de un lado a otro que contestaran. Podía escuchar los sollozos y gritos y palabras arrebatadas que salían del baño de la habitación continua y eso sólo me ponía peor.

—¿Justin? ¿Hijo, eres tú? ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? —contestó mi mamá, y suspiré antes de contestar.

—Mamá, soy yo, estamos en la casa de seguridad —dije rápidamente— estamos bien, pero... Anabelle me vio matar al tipo que nos capturó, él estaba tratando de violarla y volé su cabeza frente a ella... Anabelle está perdiendo la cabeza ahora mismo, vio la sangre del tipo sobre ella y está como loca. No sé qué hacer.

—Oh, Justin —se quejó y sorbió los mocos ruidosamente— tienes que estar ahí para ella, responde todo lo que te pregunte, aclara sus dudas, no puedes dejar que se pierda ¿está bien? Esto es muy, muy difícil de aceptar, pero tiene que saber que esta es la vida que le tocó. Primero que nada, limpia la sangre en ella. Toda. Ver la sangre es el recordatorio que no necesita, deshaz eso.

—Bien, iré con ella. Gracias mamá, te amo. 173 

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—Te amo también Justin, mucha suerte.

Colgué y corrí al baño con ella. Anabelle estaba tirada, llorando en el piso con la cara roja con sangre aun en todos lados. Su pecho subía y bajaba fuertemente. Me acerqué a la regadera y abrí la llave.

—Amor... deja de llorar —supliqué desesperado y me quité la camisa, ansioso de quitarme el hedor a sangre podrida. Me acerqué a ella y luché contra sus patadas hasta que pude tomarla y levantarla— tienes que limpiarte. Después de que me dejes limpiarte responderé todo lo que tú me preguntes. Te lo juro. Pero primero me tienes que ayudar.

—Es que no puedo —lloró, dejando de luchar por completo— tú lo mataste. Su cerebro salió volando por todos lados. Fue como estar en una película de SAW ¿quien me dice que no me vas a hacer algo así a mí? Si eres capaz de eso, quien sabe de qué otras cosas...

—Nunca podría hacerte daño a ti, Anabelle. Tienes que saber eso —aclaré, tomando su cara entre mis manos para hacerla mirarme a los ojos, pero ella los cerró fuertemente. Dios, no podía perderla, no estaba listo aun— no soy malo, de verdad no lo soy... por favor, sólo créeme.

—Justin, quítanos toda esta mierda de encima y después trata de hablar conmigo, no puedo ni verte si estás todo cubierto de sangre.

—Lo haré, pero no me tengas miedo, me hace sentir como mierda.

Ella no dijo nada, sólo se quedó con sus ojos cerrados mientras me dejaba quitar toda su ropa y la mía y nos metía a la regadera.

Justo en el momento en que dejó que el agua tibia golpeara su cuerpo, empezó a llorar de nuevo, pero ahora suavemente y sin gritos de ningún tipo, ignorándome a pesar de que estaba frente a ella, desnudo y muy cerca, para que el agua me diera a mí también.

Usualmente odiaba a las mujeres lloronas. Me hacían sentir incomodo y molesto, y quizás era por la situación y porque sabía exactamente lo que ella estaba sintiendo, pero ver a Anabelle llorando sólo me hacía sentir triste y desesperadamente inútil. En lugar de querer amordazarla para dejar de escuchar sus quejidos, quería tomarla en mis brazos y consolarla hasta que sus dudas y su dolor se fueran. Pero ella no me dejaría, así que no lo intenté.

Tomé el champú de la repisa y, después de aplicarlo sobre mi cabeza y limpiarlo furiosamente para no tener nada de residuos ahí, llevé mis manos al largo cabello

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empapado de Anabelle y lo traté de lavar lo mejor que pude. Mis manos pasaban fácilmente entre sus mechones, y me encontré estando verdaderamente entretenido en hacer eso. Lo único que lamentaba era que ella no iba a tener ese delicioso aroma a manzana en su cabello, ni ese olor a vainilla en su suave y brillante piel.

Oh, ten piedad de mí, su piel es tan hermosa.

—Justin... —sollozó de repente, haciéndome saltar un poco por la sorpresa, dejó caer sus manos de su cara. Dejé de mover mis manos en su cabello por miedo a estar haciendo algo mal y la miré a los ojos— lo siento mucho.

Hice una mueca, no comprendiendo para nada porqué en el mundo se estaba disculpando conmigo. Luego ella cerró el poco espacio entre nosotros, tomándome aun más por sorpresa que antes y abrazó mi cintura con mucha fuerza, enterrando su cara en mi pecho y pegando nuestros cuerpos todo lo que fue posible. Y aunque mi mente estaba muy lejos de interesarse en ese momento como algo sexual, simplemente no podía ignorar su mojado cuerpo contra mí.

Me di cuenta, después de abrazarla con miedo unos segundos, que por primera vez ella era la que necesitaba ser sostenida y cuidada por mí mientras estaba en un mal momento, y no al revés.

—¿Por qué te estás disculpando, tonta? —susurré con la voz más suave que pude hacer, cerrando mis brazos a su alrededor, enterrando mis dedos en su nuca para seguir lavándolo y acariciándolo aunque fuera un poco.

—Es que —sollozó una vez más y me apretó más fuerte. Me dejé llenar por la sensación de simple felicidad al tenerla entre mis brazos, porque sabía que no me iba a durar mucho tiempo— tú me salvaste. Si no fuera por... por eso que hiciste, ese hombre me hubiera violado, o, si no hubieras estado ahí y me hubieran tomado a mí sola, yo nunca hubiera podido salir de ahí... lo que hiciste fue horrible, pero, de cierto modo, lo entiendo. No es que lo apruebe, pero lo entiendo. Y... estás herido por mi culpa. Lo siento.

—Maté a un tipo en tu cara. Yo lo siento —me reí bajito ante la absurda respuesta de ella. Anabelle se estremeció contra mí un poco y luego suspiró, empezando a hacer suaves círculos en mi espalda—. No te preguntaré si estás bien, porque sé que no lo estás. Ver ese tipo de cosas es horrible. La primera vez que vi algo parecido tenía doce años, no le hablé a nadie por una semana o más y estuve llorando en mi cuarto todo ese tiempo, sin parar, hasta que André entró conmigo y me dijo: "al principio es algo feo porque no estás acostumbrado, pero con el tiempo se volverá tu nuevo normal"... han pasado seis años y aun estoy esperando acostumbrarme.

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—¿Seis años? —preguntó, separando la cara de mi pecho y levantando la vista hasta encontrar mis ojos. Odié lo pequeña y asustada que se veía, pero amé cómo, a pesar de que obviamente sentía algo de temor por lo que dije y por lo que hice, seguía apretándome contra ella, confiando tanto en mí que me dejaba abrazarla de esa manera mientras estábamos completamente desnudos— ¿estás diciendo que tu problema es que... matas gente... desde hace seis años?

—¿Por qué no terminamos de lavarnos y después hablamos? —opiné, tomando el jabón liquido con mi mano derecha— te voy a responder con la verdad cualquier cosa que me preguntes.

—Bien —asintió y se alejó de mí. Se me quedó mirando unos segundos y no me moví para nada, hasta que soltó una risa suave y sonreí— ¿tú lo... vas a hacer o me vas a prestar el jabón?

—Ya que me das la opción —me encogí de hombros, puse jabón en mis manos, dejé la botella de nuevo en la repisa y froté mis palmas para después enroscar la mano derecha en su cuello, donde tenía una mancha de sangre que no se iba y bajar la izquierda por su delicado hombro. Mi mano izquierda estaba siendo premiada, bajando lentamente por su brazo derecho cuando su mirada bajó por mi cuerpo. Soltó un fuerte jadeo de sorpresa y yo me quedé completamente inmóvil.

—¿Qué pasa?

—¿Puedes creer que me acabo de dar cuenta de que estamos comp-completamente desnudos? —preguntó, con los ojos completamente abiertos, ahora con un miedo diferente. Un miedo dulce. Reí y negué con la cabeza.

—Tenías tu pierna enterrada en una parte muy importante de mí, no sé como no te diste cuenta antes —traté de bromear, esperando que riera, pero ella se puso colorada, o morada, más bien dicho, y se volteó, así estaba de espaldas a mí y con su cara enterrada en sus manos. Ah, mierda. Primero le dejo un trauma y después la hago sentir mal— hey, eso no era mentira, pero estaba bromeando, ni siquiera estaba pensando en eso. Te lo juro. Estaba preocupado por ti.

—Como sea —contestó de mala gana— ¿puedes ponerte de espaldas, así no me siento tan mal con esto?

—Lo haré —dije, y lo hice— ¿entonces ya... te sientes mejor?

—No, no me siento mejor —bufó— como te darás cuenta no veo cerebros explotando todos los días, pero estoy esforzándome mentalmente para aceptar esto de la mejor manera posible y no perder el control de nuevo, al menos no hasta que me

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respondas cada incoherente pregunta que te haga, sin importar lo mucho que creas que estoy siendo metida. Me lo debes.

—¿Me ves quejándome? No. Así que deja de actuar toda a la defensiva conmigo. —Bien, deja de matar gente en mi cara, entonces.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Estoy lista —dijo con voz firme, sentándose recta en el sillón, a mi lado pero sin tocarme. Traía ropa de Joseph puesta y se veía frágil y linda aunque tratara de mostrarse seria y fuerte— estoy muy lista para que me expliques, primero que nada, por qué estamos en una casa que no tiene muebles decentes pero sí montones... y montones de dinero, armas, y si mi sabiduría intuida por películas no me falla, hay montones de droga también. Por todos lados.

—Estamos en nuestra casa de seguridad —empecé, retorciéndome nervioso y llevando mi mano al cabello húmedo de mi nuca— todo lo que te voy a decir no me corresponde, pero mi mamá dijo que debía hacerlo y tú me harás soltarlo de todos modos así que aquí viene: no podemos guardar todo esto en nuestra casa, cada vez al mes las autoridades van a nuestro hogar y miran por todos lados buscando algo de esto para inculparnos, pero ellos nunca vendrían a este barrio a comprobar, por eso guardamos todo aquí. No podemos guardar esas cantidades insanas de dinero en un banco.

—¿Y por qué demonios tienen estas cosas?

—Bien ¿Has, alguna vez, visto películas de... um, gente que es, de cierto modo, parte de la mafia?

—¡¿Ustedes son mafiosos?! —preguntó/gritó tirándose para atrás y rompiendo su pose y cara de cero perturbación— ¡¿Son... mafiosos de verdad?! ¿El típico estereotipo? ¿De verdad? ¿Drogas, montones de dinero, matanzas, torturas, acentos italianos? Oh, mierda. Me acabo de responder yo misma. Esto es... Justin, esto es malditamente horrible. Tu familia es parte de la mafia. Tú eres un mafioso... besé a un mafioso, me metí desnuda a bañar con un mafioso. Me voy a ir al infierno.

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—Es lo que es, lo siento por hacerte pasar tal augurio —gruñí con voz baja, enfadado por sus palabras de desprecio pero dándole el espacio suficiente para que captara la noticia de su padre siendo el peor de nosotros por sí sola, pero ella sólo siguió escupiendo cosas con sentido acerca de mis hermanos, mis padres y yo, nada acerca de su propio padre.

—Anabelle, espera un segundo, por favor. Ponte seria —exigí después de darle más tiempo del suficiente insultando a todo mafioso existente— ¿Sabes quien es "Dio"?

—Veo las noticias, Justin. Obviamente lo sé —contestó de mala gana, apretando uno de los mullidos y seguramente muy sucios cojines contra su pecho— el jodido Dio es uno de ustedes. Su líder o el más famoso, por lo menos el que más sale en los noticieros, pero no me interesa, ustedes no son menos... peores que él. Hacen lo mismo, son iguales, no trates de excusarte comparándote con otra persona.

—No estoy tratando de comparar a mi familia —aclaré— estoy tratando de darte a entender que "El jodido Dio" es tu jodido padre, el líder de nuestra secta maligna o como quieras decirle.

Ella se quedó en silencio un minuto o dos después de la declaración. El olor a viejo ya me estaba mareando, el silencio estaba a punto de volverme loco, la anticipación era una perra, especialmente cuando anticipabas algo que no sabías si era bueno o malo, y me estaba poniendo nervioso sólo de pensar que Anabelle tuviera otro ataque de enojo y negación contra mí.

—Eso no es verdad —dijo al fin, con voz baja y sin mirarme— mi papá vende casas.

—Bueno, él posee una o dos casas constructoras en Europa pero estoy seguro como el infierno de que tu padre no es un simple vendedor de casas. Sebastian es un hombre poderoso, mucho más de lo que alguien debería ser, puede hacer cosas que nadie debería hacer. Maneja montones de droga a cada país que te puedas imaginar. Maneja a muchísima gente que hace exactamente lo que él pide en el momento que lo ordena. Eso nos incluye a nosotros, a mi familia. Somos absolutamente leales a él, y si te soy sincero, no tengo idea de porqué, pero lo somos. "Dio" significa "Dios" en italiano, es su apodo. La gente lo considera un dios, por lo menos entre nosotros.

—Justin, no te creo —sollozó, antes de que siquiera me diera cuenta de que había empezado a llorar de nuevo— eso no es verdad. Él no es malo. Mi papá no es malo. No es posible que haga ese tipo de cosas, yo lo conozco. Él es tierno, Justin, tan malditamente tierno.

—No estoy diciendo que sea malo, yo lo conozco y sé lo inteligente y, de cierta forma, buena persona que es. Pero tienes que considerar otras cosas... ¿tu papá pasa

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mucho tiempo contigo? —pregunté, como si fuera un comercial, ella me miró confundida y negó con la cabeza. Antes de que pudiera replicar, puse una mano en su rodilla y seguí hablando— ¿alguna vez habla de su trabajo? ¿Te ha presentado a algún compañero? ¿Te ha llevado a ver las supuestas casas que vende?

—No. A todo. Pero...

—Santo cielo, Anabelle ¿por qué mierda no me crees? No tengo ninguna razón para mentirte.

—Lo hago, Justin ¿no entiendes? Ese es mi maldito problema —explotó— Te creo todo lo que me estás diciendo, pero no quiero creerte. Mi cerebro está intentando buscar evasivas y negaciones que suenen convincentes para mí pero no lo logra, te creo todo. Todo lo que dices tiene sentido, pero es tan malo. No quiero creer que mi papá mata gente o que maneja personas o vende drogas o es buscado por la policía, pero sé que es cierto. Y me siento estúpida por no saberlo desde antes. Y tu familia me cae tan bien, pero ahora me da miedo. Y tú me gustas, mucho. Quería... ser tu novia y estar contigo, pero ahora ya no quiero ni siquiera ser tu amiga, porque cuando te vea sólo estaré pensando en que esa vez que volaste la cabeza de ese maldito calvo sobre mí tú sólo estabas haciendo lo de todos los días, algo casual. Y quiero salir de aquí y que no digas nada más y que te alejes de mí después de esto. Se acabó. Me preocupo por ti y lo siento, pero no puedo lidiar con esto.

Abrí mi boca, pero la cerré de nuevo rápidamente. Lo que dijo fue exactamente lo que había esperado escuchar de ella cuando se enterara, quiero decir, era una reacción natural, por lo tanto, no debió de dolerme. Pero lo hizo. Y realmente, realmente nunca había sentido algo parecido al dolor del rechazo y bueno, era una mierda.

—Las gemelas también están metidas en esto ¿sabes? No soy el único que te ha estado ocultando cosas —agregué con recelo y con la garganta oprimida.

¿Por qué mi maldita garganta se sentía así? Ni siquiera podía tragar saliva. —¿Hay alguien que conozca que no esté en tu secta maligna? —No, nadie.

Antes de que pudiera llamar a alguien para que nos sacara de ahí, escuché un auto estacionar fuera de la casa. Me asomé a la ventana para ver quien era y vi bajando a André de su auto, abrí la puerta y lo encaré. Él abrió los ojos con sorpresa cuando me vio.

—Mierda, hermano, estás todo jodido de la cara. Eres tan feo... —dijo y luego negó lentamente, soltando el aire— ¿le hicieron algo malo a ella?

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—Casi, pero no. Escucha, lo sabe todo y no somos sus amigos favoritos, te recomiendo que no digas nada.

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{capítulo; 27}

{Anabelle}

Una vez escuché mi apellido en las noticias mientras hablaban de Dio, pero lo ignoré por completo, de todos modos no podíamos ser las únicas personas con ese apellido en el mundo. Mi papá salía en la mañana a trabajar y volvía muy tarde en la noche, o a veces ni siquiera llegaba a dormir porque estaba de viaje o me dejaba con mi tío Hector a cada rato por lo mismo. Nunca traía ni un solo papel a casa cuando volvía, nunca me enseñó las casas que según vendía o hablaba de su trabajo, ni siquiera para quejarse, y cuando platicaba con algún "cliente" por teléfono, siempre sonaba como su jefe, pero en italiano o en algún otro idioma, así que nunca supe qué estaba diciendo.

En Mexico vivíamos en una vecindad, en una calle donde la gente andaba sin zapatos; nuestra casa era más como un pequeño cuarto sin ninguna habitación y con un baño que compartíamos con tres familias más. En Francia vivimos en la casa de una anciana que me daba miedo, nos quedamos todos en una misma habitación y la casa era demasiado pequeña incluso para una persona, pero yo no podía quejarme porque mis padres hacían lo que podían y yo apreciaba que al menos no vivíamos en la calle, y de repente, cuando llegamos a Italia y yo estaba calculando lo pequeño que sería nuestro nuevo hogar, llegamos a una casa GIGANTE que bien habría podido ser un hotel, pero entonces no tenía el cerebro para darme cuenta la inmensidad del cambio y sólo me alegré de que ahora iba a poder tener mi propia habitación. Luego, cuando mataron a mi mamá y tuvimos que irnos de emergencia a US, nos mudamos a un edificio que bien, no era lujoso, pero era cómodo para dos personas y me gustaba mucho. Mi papá me dijo que iba a tener que ir a buscar un trabajo, porque las cosas no se me podían dar ciegamente en la mano, él me dijo: "si quieres algo, tienes que ganártelo, trabajar por ello. No quiero que crezcas siendo malagradecida". Crecí viajando de un lado a otro y viviendo en la maldita pobreza, yo no era malagradecida.

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Trabajé desde los dieciséis años, compré mi propia ropa, claro, era barata y no tan bonita como la de mis amigas pero no me sentía bien pidiéndole a mi papá para cosas como esa. Ignoré los trajes caros de mi papá. Ignoré las cosas caras que me regalaba en mis cumpleaños y días especiales. Bueno, no; no las ignoraba en lo absoluto, las atesoraba con mi vida, porque creía que mi papá hacía un gran esfuerzo para comprármelas y eran algo especial. Ignoré el helicóptero. Ignoré los autos lujosos estacionados en nuestra cochera. Yo siempre ignoré todo ese tipo de cosas, quiero decir ¿quién era yo para cuestionar cómo mi papá hacía su trabajo? Si de repente estaba ganando más dinero, no me iba a poner a dudar de ese dinero.

—Aquí estamos —murmuró la voz de Justin desde el asiento de adelante. Abrí la puerta y salí de ahí lo más rápido que pude, sin voltear a ver a Justin o a André ni una sola vez.

No quería ver a mi papá, por lo menos no en ese momento, pero realmente no tenía a donde ir, las gemelas eran otras de las muchas personas metidas en la mierda esa y no quería recurrir a ellas tampoco.

Abrí la puerta y me sorprendió Linda cuando corrió hacia mí y me abrazó fuertemente.

—¿Cómo estás, qué te pasó? Tu papá está tan preocupado, no ha salido de su...

—No quiero hablar con él —susurré con la voz temblorosa y bajita. Linda me dejó de abrazar y me miró, confundida. Yo no era así y ella lo sabía muy bien. Apreté mi boca y me tragué las ganas de llorar otra vez, porque, en serio ¿cuantas veces puede llorar una persona en el mismo maldito día? Debería estar enojada, no triste— dile que voy a estar encerrada en mi habitación y que si se acerca voy a gritar y tirarle cosas. Dile que me enteré de su pequeño y sucio secretillo y me merezco un tiempo a solas.

—¿Quieres que le diga eso? ¿Te enteraste de... lo sabes? —preguntó, su morena cara volviéndose pálida.

—¿Tú lo sabes? —repetí, con incredulidad y enojo— ¿lo de mi papá no vendiendo casas en lo absoluto? Bueno, gracias por mentirme también. Lo aprecio.

Me alejé de ella siendo una perra dramática sin poderlo controlar y caminé con furia a las escaleras, pero a sólo tres escalones me di cuenta de que no había comido nada en todo el día y me moría de hambre de una manera extrañamente familiar en ese tipo de momentos duros, así que me devolví hacia Linda.

—Necesito comer, pídeme una pizza de Stoftia y déjala afuera de mi puerta. 182 

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Me comí la pizza completa tirada en el piso, pensando en Justin y en mi papá, llorando y callando cada sollozo con una mordida de ese pecado grasiento. No era la primera vez que hacía algo extremo como eso, cuando era una niña me podía comer dos cajas completas de pizza si estaba triste. Si miras una foto de mí en esos tiempos te darás cuenta.

Estaba avergonzada de mí misma y mi estomago dolía demasiado cuando terminé, pero seguía teniendo hambre ¿cómo era eso malditamente posible? Sollocé, ahora por la vergüenza y me arrastré a mi baño. Pensé en cómo casi me trago un pedazo de la cabeza del calvo y el vomito salió sin que necesitara provocármelo. Luego vomité tres veces más, hasta que me sentí liviana. Y nunca había hecho algo así, no era anorexica o bulimica o algo por el estilo, pero sabía que si no vomitaba me iba a estar sintiendo mal toda la noche. Y cuando terminé de llorar y sentirme miserable, me di una ducha larga y luego me acosté en mi cama. Pero no pude dormir.

Cada vez que cerraba los ojos recordaba al tipo tocándome o explotando sobre mí. Traté de cantar o pensar en otras cosas, pero nada me ayudaba, así que al final decidí que me iba a arreglar temprano como la noche anterior.

Lucía como mierda. Peor que mierda. Mis ojeras estaban más marcadas que nunca en la vida, mi piel lucía pálida y, a pesar de haberme comido una pizza familiar entera, mi cara se veía demasiado delgada, de una manera no saludable. Esta vez me puse un short debajo de la falda. Mi uniforme nuevo. El anterior aun estaba lleno de sangre y mugre en la casa de seguridad de la familia Bieber.

No quería ir al instituto. No tenía ningún amigo en ese momento, pero no había ganado dos años seguidos el premio a "mejor amiga" por nada. Yo era sociable, podía, si me esforzaba, conseguirme amigos decentes.

Tomé mi bolso y mi celular, quienes habían sobrevivido porque olvidé bajarlos del auto y bajé las escaleras, oliendo el aroma a tocino. Respiré profundamente y caminé como todas las mañanas a la cocina, donde el señor Dio ya estaba sentado, leyendo el periódico y tomando una taza de café, sólo que esta vez no me dio los buenos días sin verme, esta vez bajó su periódico y me miró fijamente mientras me sentaba en el lugar más alejado que pude de él. No quería ver su cara porque sabía que me iba a venir abajo, como el débil intento de mujer ruda que era.

—Mi niña... —empezó, con la voz baja e insegura.

Bueno, bueno ¿Quien diría que este hombre poderoso, cruel y malvado no sabe que hacer con una mocosa insolente? Debería vender ese dato.

—No tengo ganas de desayunar hoy —le dije a Linda, ignorando a mi papá. Ella frunció el ceño— sólo voy a esperar a que Dio termine y me lleve al instituto, gracias.

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Me arrepentí de decirlo a los tres segundos pero tuve la reacción que quería. Los dos se quedaron en silencio un rato. Al final mi papá se tomó lo que quedaba en su taza de un trago y se levantó. Caminé hacia su lujoso auto y esperé.

—¿Hasta cuando vas a hablar conmigo? —preguntó cuando estacionó fuera del instituto.

—Hasta que deje de estar enojada.

—Bien, sólo no hagas nada imprudente hoy como salir corriendo. Y ve a la casa de Justin saliendo.

—¡¿Qué?! No. No, papá, estoy enojada con él. Así como contigo. Por favor, no me hagas irme con él.

—Tengo que ir a México por lo menos tres días y le di ese tiempo libre a Linda. Te hubiera dicho antes pero todo esto ocurrió y ahora no te dejaré sola de ninguna manera, no me importa lo enojada que estés con nosotros. Te vas a quedar con los Bieber. Le diré a Linda que mande una maleta con tu ropa. Y baja, que se te va a hacer tarde.

—E-est... ¿Sabes qué? Bien. Pero ahora estaré enojada contigo por más tiempo, así que lidia con eso —gruñí, salí de ahí azotando la puerta y subí las escaleras corriendo.

Debo decir que lo único bueno de mi día fue estar en clases con Freddy. Y cuando la mejor parte de tu día es sentarte sin hablarle a nadie y acosar a tu profesor con la mirada, sabes que tienes un problema. En la hora del almuerzo me fui a esconder con los italianos. Me senté en una escalera de su sección y me quedé ahí hasta que la campana sonó otra vez y me fui de nuevo a mi salón, pero sólo un modulo después me acordé de que aun tenía que ir al despacho de la señora Genova. Estaba esperando que Justin no fuera y al mismo tiempo quería sentir que el chico estaba haciendo un esfuerzo por mí.

"Es un asesino consumidor y distribuidor de drogas y de quién sabe qué más, supéralo, niña idiota. Él no es el típico chico malo y sexy, él es un criminal y asesino realmente peligroso" eso fue lo que me estuve diciendo toda la noche y parte de la mañana y en especial mientras estaba sintiéndome patética sentada en las escaleras de los italianos idiotas, pero soy estúpida y sigo enamorada de él. Y sí, me siento mal por haberle dicho que no quería ser su amiga, pero era medio verdad. Sólo un poco.

—... y de verdad pienso que le gusto, pero... no estoy segura, porque... quiero decir, me veo bien ahora, pero él es muy guapo y no creo que... o no sé. Diablos —murmuró Carrie, sin retorcer tanto sus manos en su regazo pero aun luciendo ansiosa. Había

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hecho que se cortara el cabello hasta la barbilla; dentro de mí sabía que pocas personas se veían bien con esos cortes y me sentí mal todo el día, pero cuando llegué al día siguiente y la vi, sólo pude decir: "wow, lo que le hace el cabello a las personas" después de eso ella tuvo algo como un golpe de autoestima, caminaba más recto, no tenía los ojos en el piso todo el tiempo y utilizaba un poco de maquillaje. Aun era nerviosa y tímida, pero no tanto como al principio. Había hecho algunos amigos y hasta había estado coqueteando con un chico que, además de ser muy lindo, parecía estar muriéndose por ella.

—¿Estás loca, Carrie? Él no es tan guapo, en realidad, podrías hacerlo mucho mejor, pero ¿recuerdas el otro día en la cafetería? Lo miré todo el tiempo, el hombre no te deja de mirar. Y no luces sólo bien ¿te das cuenta lo diferente que eres ahora a como cuando te conocí?

—Sí, me doy cuenta —asintió y se le escapó una pequeña sonrisa— entonces debería... ¿Qué debería de hacer con él?

—Sólo deja de preocuparte tanto, le pegas tu estrés al pobre niño, lo pones inseguro. Debes practicar más ser despreocupada ¿Sí? Ese es tú problema, analizas todo demasiado, sólo déjalo ser.

Ella abrió la boca pero el pequeño reloj que anunciaba el final de la sesión sonó y ella sonrió.

—Lo haré, Anabelle. Y me he inscrito a clases de pintura, como dijiste.

—¡Genial! Espero que descargues toda tu energía de hombre viejo preocupado ahí, chica.

Suspiré satisfecha mientras la veía salir, ahora sin tropezar con sus propios pies a cada paso. Me recargué el asiento y escribí con demasiado entusiasmo, comparado con los escritos de Genova, las mejoras de Carrie. Esa pequeña libreta tenía casi todo de ella. Abraham nunca se había presentado y Justin se sentaba ahí y no me decía nunca nada importante, por lo tanto no pude escribir nada mas que: "arrogante pequeño dolor en el trasero no quiere cooperar" hace tiempo.

Mientras esperaba a que Justin llegara o no llegara mordiéndome las uñas y arreglándome el cabello en el reflejo del cristal del escritorio, mi celular empezó a sonar. Sonreí cuando vi el nombre de Graham.

—Hola, guapo —contesté.

—Hola, hermosa, a que no adivinas donde estoy —canturreó, sonando más ronco que de costumbre.

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—No tengo idea. Dime.

—En el aeropuerto, a quince minutos de subirme a un avión directo a R-O-M-A para visitar a esta perra arrogante que no me cae tan bien.

Abrí la boca y me quedé así no se cuanto tiempo, yendo y viniendo de la alegría a otra emoción que no podía identificar. Sólo reaccioné cuando la puerta se abrió y el señorito mafioso entró sin decir nada y se sentó frente a mí. Traté de ignorar su perfección y concentrarme en Graham. Quería mucho verlo y pedirle que me ayudara de nuevo a superar a otro idiota, pero no lo quería en peligro por mi culpa.

—¿Es en serio?

—Sí, en serio ¿por qué? ¿No me quieres ahí? ¿Ya no me quieres, Anabelle? ¿Es eso, cierto?

—No, no, claro que te quiero, idiota. Es sólo que... no deberías venir, este es un lugar peligroso con gente mala y no quiero que...

—Oh, vamos. Que ciertas personas salgan corriendo a lo tonto por los barrios bajos de la ciudad no quiere decir que todos lo hagamos.

—¿Te crees muy gracioso, cierto? Fue algo que solo hice una... uh, dos veces. —¿Dos veces?

—Luego te cuento. De todos modos ya vienes y yo te extraño mucho... te necesito ¿sabes? No es lo mismo estar sin ti.

—Oh, lo sé —se burló, pero al parecer entendió lo que 'te necesito' significaba, y carraspeó, poniéndose serio— ¿Ese pequeño punk italiano te hizo algo, amor? Sabes que no dudaré en usar mis puños.

—No. Ugh, es complicado. Mi vida se convirtió en una película, y no precisamente una que yo vería. Como sea, te dejo, tengo a un paciente. Llámame Doctora Ferré, cariño.

—Ah, claro, la señorita psicóloga, cómo olvidarlo. Bien, nos vemos mañana en la mañana, te hablaré cuando llegue para que vayas a recogerme. Espero un carruaje elegante, con corceles de la mejor calidad.

—Sólo lo mejor para ti, querido, lo sabes. Aunque probablemente llegue por ti en autobús.

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—Peor es nada ¿no? Adiós. Ya cuelga, no te pongas cursi conmigo. —Adioooos —alargué y colgué, tardándome más de lo necesario deliberadamente.

Dejé mi celular en el escritorio, lenta, pero muuuy lentamente y miré a Justin a los ojos, esperando que fuera él quien rompiera el hielo. Traté de verdad no lucir preocupada por su bonita cara lastimada o por su aspecto cansado. Sí, lo golpearon mucho ayer y seguramente no durmió, pero a mí casi me violan, una cabeza explotó a cinco centímetros de mi cara y me enteré de un par de cosas serias que no son para tomar a la ligera, sin mencionar que tampoco dormí y me la pasé vomitando o que mis brazos tenían heridas que nadie podía ignorar.

—¿Cómo estás? —pregunté por fin, suspirando. —Normal —contestó encogiéndose de hombros— ¿tú? ¿Dormiste anoche? —Normal, también. Y no, no dormí.

—Que mal. Lo siento —murmuró, mordiendo un poco su labio cortado y luego haciendo una mueca de dolor.

—No es tu culpa. —Creo que sí lo es. —No. No lo es.

—¿Vamos a hablar así toda la maldita hora? —preguntó, dejándose descansar en la silla.

—Si no te parece, eres libre de irte. Nunca hablas de todos modos.

—Pero estoy aquí por una razón ¿no? Necesito ayuda psicológica. El señor Jolie piensa que eso me hará menos agresivo, callado y triste.

—¿Y piensas que tiene razón? —No. —¿Entonces por qué estás aquí ahora, dispuesto a cooperar de una maldita vez? 187 

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—Porque quiero hablar contigo, y tengo la ligera sospecha de que, a pesar de que te quedarás en mi casa unos días, no me vas a hablar, o al menos no como antes. Y aquí estás obligada a hacerlo. Afróntalo.

—Bien... ¿de qué quieres hablar? —pregunté, odiando de verdad el tirón de emoción en mi estomago. Justin se encogió de hombros— ¿dormiste anoche?

Oh, mierda, ya había preguntado eso. —Te lo dije, nunca duermo. Eso no es algo nuevo. —¿Y por qué es eso? Ya que sé tu pequeño secreto, puedes ser honesto conmigo.

—Exacto, y eso me hace sentir más libre —admitió y trató de sonreír— bueno, uh, es difícil expresarlo, pero voy a tratar... hace años que dejé de intentar dormir, ahora solamente me siento a pensar otras cosas esperando que los malos pensamientos no lleguen. Hay veces que estoy demasiado cansado, y mis ojos se cierran solos y yo pienso que por fin podré dormir, pero cuando mi mente se desconecta, todas las cosas que intento bloquear cuando estoy despierto se vienen contra mí... veo, como en pequeños flashbacks, a todas las personas a las que alguna vez he matado o hecho algo malo. Las escucho y me hacen sentir miserable. Escucho sus ruegos y suplicas y sollozos. Es inevitable. No puedo llorar cuando lo estoy haciendo, pero en la noche lo hago. Y pido perdón aunque sé que no servirá de nada. Prefiero meterme cocaína o algo igual de fuerte para al menos no estar tan consciente de mi mente, pero cuando estoy drogado tengo aun menos amor por mí mismo y soy más agresivo y no me importa nada; me enojo más, me grito cosas... uh... me hago daño. Mierda. ¿No soy como esas niñas traumatizadas con su cuerpo? Sólo me falta cortarme las venas y vomitar la comida.

—Pero ¿cual es la razón exacta por la cual te haces daño, Justin? ¿Y cómo te lo haces? —pregunté, con un nudo en la garganta del tamaño de Texas. Mi enojo colgando de un hilo muy delgado. Enojo, por favor no te vayas, quédate conmigo. Él se quedó pensando un momento, sin verme a los ojos. No podía creer las ganas que tenía de ir a abrazarlo. Maldita sea, debería salir corriendo de él, no ir directo a sus brazos.

—No siempre lo hago, casi siempre sólo lloro, pero a veces golpeo paredes y rompo vidrios con mis manos, no por estar enojado sino porque sé que me va a doler. Algunas veces golpeo mi cabeza contra la pared, pero no es tan seguido. No sé porqué.

—Sí lo sabes. Piensa ¿qué es lo que hace que decidas empezar a golpear cosas, sólo para herirte?

—Pues, me enojo conmigo mismo cuando recuerdo lo que hago. No me agrado mucho. No soy muy diferente a Lorenzo, de todos modos —murmuró con amargura lo

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último— ya te lo dije, cuando estoy drogado soy menos amoroso y más vengativo conmigo mismo. Me odio.

—¿Tienes algún hobbie, Justin? —pregunté emocionada, cambiando de tema rápidamente. Esperando que lo que intenté con Carrie funcionara con él también. Justin me frunció el ceño y negó con la cabeza.

—No ¿por qué lo preguntas?

—Carrie es la chica que viene antes de ti, ella también tiene pesadillas que no la dejan dormir. Su hobbie es pintar. Le dije que empezara a pintar sus pesadillas y a hablar de ellas y ahora duerme mejor.

—No sé dibujar ni siquiera monitos de palo, Anabelle.

—¿Y escribir? ¿Te gusta escribir? Canciones, poemas, novelas, cuentos. Cualquier cosa que mantenga tu mente alejada de esas cosas te puede ayudar. Si me preguntas, creo que deberías escribir un cuento o novela, o quizás escribir a detalle lo que se viene a tu mente cuando no puedes dormir.

—Uh... no sé, soy flojo. —¿Prefieres escribir o seguir dañándote?

—Escribir, supongo —puso los ojos en blanco hacia mí, luego preguntó, muy sarcásticamente para mi gusto:— ¿eso le va a poner fin a mi miseria?

—No creo, pero puede ayudar un poco. También dejar de matar gente, pero no es que te esté juzgando o algo.

—¿Tú crees que si yo tuviera una pequeña opción seguiría en esta mierda? No seas tonta, Anabelle. Odio decirlo y aceptarlo pero estoy prácticamente encadenado a esto y por siempre, igual que mi papá y sus hermanos, mis primos y mis hermanos y mis sobrinos, mis hijos y probablemente los hijos de mis hijos y así hasta no sé cuando.

—¿Por qué? —pregunté con la voz débil. —Porque así debe de ser, no lo sé —contestó bruscamente.

—¿Cómo comenzó esto? Quiero decir, dijiste que hace seis años fue la primera vez que viste algo como lo del calvo ¿cómo fue eso?

Justin tomó aire muy profundamente y cerró los ojos un minuto. 189 

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—Se supone que cuando alguno de nosotros cumple doce años, se gana el magnifico derecho a participar en el negocio familiar. Ninguno de nosotros sabe nada de esto hasta esa edad. Cuando desperté en mi cumpleaños numero doce, mi papá entró a mi habitación y dijo que me tenía un regalo especial. Yo me esperaba un auto o algo así, me levanté en un segundo y lo seguí como un perrito emocionado. Me llevó a la sala y colocó un disco en la televisión... me enseñó lo que les hicieron a mis hermanos Izauro y Mattia. Estuve llorando todo el rato, pero no me perdí ni un momento; los amarraron y torturaron por unos quince minutos, luego le prendieron fuego al lugar donde estaban y los dejaron ahí. Después de enseñarme eso me llevó, junto con todos mis hermanos, menos Tayson, al auto, llegamos a una casa vieja y pequeña que parecía ser de madera o algo así. Adentro no había nada más que una silla con un tipo amordazado en ella y una caja en el suelo con instrumentos de tortura, ya sabes, de todo —respiró profundamente y yo perdí el aire— mis hermanos se pusieron a mi alrededor, mi papá me puso frente al tipo y dijo: "Este hombre es uno de los que torturaron y quemaron a tus hermanos en el video que te enseñé... como me has demostrado que ya eres todo un hombre, te voy a dejar que le hagas lo que tú quieras" probablemente había sido sólo el que sostuvo la cámara o algo igualmente secundario, porque jamás dejarían que alguno de ellos recibiera tan poco como algo que yo le podía hacer. Me quedé sin saber qué demonios hacer unos minutos, entonces Joshua dijo: "se lo merece, Justin. Toma lo que quieras y hazle lo mismo que él les hizo a ellos" entonces decidí que tenían razón y que ese tipo se lo merecía. Me acerqué a la caja y miré todo pero no sabía para qué funcionaba nada, así que tomé la pistola más pequeña de ahí y miré a todos para su aprobación. "Servirá, hijo. Se merece más, pero ésta es tu primera vez, así que seremos pasivos con este. No le des en la cabeza ni en el pecho primero, queremos hacerlo sufrir ¿recuerdas?"

Después de eso se quedó callado con la cara en blanco, probablemente recordando. Odiaba el hecho de que mi "enojo" con él ya había quedado escondido en algún rincón del mundo y había sido remplazado con amor. Cielos, tenía que estar muy pero que muy enamorada como para superar ese tipo de cosas. Eso, o completamente mala de la cabeza.

—¿Qué más, Justin?

—Nada. Lo hice. Le disparé primero en un pie y luego en el otro. Me gustó hacerlo. Me gustó la sensación de poder que me daba y me gustó la sonrisa complacida de mi papá. Luego le disparé en la entrepierna, todos rieron y me animaron por eso, y reí también. Me dije que todo eso era normal. Escondí la inseguridad y dejé salir el orgullo. Después de dejarlo quejándose, llorando y gritando un rato me empezó a llenar el arrepentimiento así que solamente disparé en su cabeza para que se muriera de una vez. Pero ver su cabeza explotando me puso enfermo. Vomité y regresé a casa temblando de miedo. Una vez que estuve en mi cama lloré y lloré toda la noche. Esa fue la primera vez que no dormí bien, y así ha sido desde entonces. Las agresiones en

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mi contra y el sueño arruinado por completo comenzaron un año después pero aun no quiero hablar de eso.

Se encogió de hombros al terminar de hablar, como si estuviéramos hablando del clima o algo igualmente insignificante y tomó aire. Me puse de pie para ir a abrazarlo y justo en ese momento sonó la campana, así que él se levantó también. Vacilé frente a él un segundo y luego envolví su cuello con mis brazos fuertemente.

—No esperaba esto —admitió sorprendido. Envolvió mi cintura firmemente y enterró su cara en mi cabello.

—Eras un niño pequeño —gemí en su cuello y me pegué más a él— ¿te parece si hablamos más de todo esto en tu casa? ¿No se sintió bien dejarlo salir?

—Sí, y sí —lo sentí riendo un poco y luego me levantó del piso, ganándose un jadeo de mi parte. Me dio un vuelta ahí mismo y me volvió a dejar en el piso, luego se separó sólo un poco de mí, al nivel en que nos podíamos ver a los ojos pero sin quitar los brazos el uno del otro— ¿Entonces, tu chico americano viene, eh? ¿Qué te estaba diciendo?

—Ah, sí —contesté— uh, llega mañana en la mañana y... ¿se puede quedar en tu casa, verdad? Sólo hasta que llegue mi papá, claro.

—¿Que si quiero tener a ese chico en mi casa? No.

—Es mi mejor amigo. No puedo dejar que se vaya a un hotel —dije, mirándolo a los ojos y haciendo, poco a poco, mi cara especial— es sólo mi amigo.

—¿Y por eso "lo extrañas", "lo necesitas" y "lo quieres"? —replicó, apretando inconscientemente sus brazos a mi alrededor y poniendo su mandíbula dura de nuevo.

Tan sexy y emocionante como era tenerlo celoso, no quería a ningún chico mafioso enojado con mi suavecito Graham. Y menos cuando me acababa de contar lo que le hizo a alguien.

—Sí, quiero decir, lo extraño, lo necesito y lo quiero, pero como amigo —aclaré, su bufido me dejó en claro que no me creía— Justin... la forma cómo me siento contigo es muy diferente a cómo me siento con él. Graham sabe que nuestra relación sólo cambia cuando estoy en depresión. Él no me quiere de esa manera tampoco.

—Bien —aceptó luego de una pelea de miradas, con un largo suspiro de inconformidad— pero nada de momentos a solas, abrazos de este tipo y mucho menos besos.

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—Me parece excesivo lo de los besos —bromeé, esperando una sonrisa, no una mirada enojada de ese tipo— estaba jugando, Justin, vaya. La tienes mal por mí ¿no? Cálmate.

—Muy mal, Anabelle —estuvo de acuerdo, y bajó su cabeza lentamente hasta encontrar mis labios. Traté de besarlo muy suavemente para no lastimarlo pero al parecer él olvido su labio partido y me besó fuerte un momento, claro, hasta que el dolor se lo recordó y se tuvo que apartar, gimiendo.

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{capítulo; 28}

—Te prometemos no volverte a ocultar nada —dijo Yamin apretando mi mano con fuerza. Estábamos sentadas en las escaleras de la salida, esperando a que Justin saliera. Después de la sesión que tuve con él, las gemelas me secuestraron en el baño y me exigieron que les dijera qué me había pasado y porqué no les quería hablar, después de que les dije me estuvieron pidiendo perdón buen rato y sólo me dejaron salir cuando les aseguré que todo estaba bien, pero al parecer aun no estaban lo suficientemente seguras de ello.

—Sí, y lo sentimos mucho —siguió Nedime, haciendo un puchero. Puse los ojos en blanco y solté una risita.

—Chicas, ya. Está bien. Ya lo superé. Sólo estaba asustada de todo esto.

—¿Y ya no lo estás? —preguntó Yamin. Y me tomé un segundo para pensar en la respuesta.

Seguía asustada. Mucho, de hecho. No quería para nada estar al rededor de gente que se tomaba todo ese tipo de cosas tan a la ligera. No quería estar con gente que mataba. Me daba mucho miedo, pero al mismo tiempo, confiaba en estas personas. No sé porqué, pero lo hacía. Las gemelas eran mis mejores amigas, eran fieles, divertidas y cariñosas (Yamin quizás lo demostraba a golpes, pero seguía siendo cariñosa) Conocía a Dan Jolie, su padre y también parte de la secta, él era como Graham, siempre sonriendo de esa manera tierna y luciendo inofensivo. Conocía a mi papá, quien era controlador y enojón, pero no malo. Al menos no de verdad. Conocía a Pattie, quien era como mi madre, incluso más entusiasta y alegre que ella, y al parecer obsesionada con traer aunque sea una niña al mundo. No conocía mucho a Jeremy, pero parecía ser serio, del tipo intelectual. Conocía a los hermanos de Justin, iguales de apariencia, pero muy diferentes en cuanto a su carácter y personalidades. Siempre haciendo bromas y molestándose entre ellos; eran mucho como una familia real, no cómo una familia de gente cruel y malvada. Y sobre todo, conocía a Justin. Bien, quizás no lo conocía tanto, pero sí sabía mucho de él. Sabía que era serio y callado, menos cuando estaba celoso, enojado o empeñado en reclamar que él tenía la razón. Sabía que su padre le robó la infancia y lo convirtió en ese sombrío, dañado e insomne chico

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enojado todo el tiempo, cosa que no pasó con los demás, o al menos no lo hacían notar tanto como él. Sabía que se arrepentía de lo todo lo que hacía, y que no le gustaba hacerlo, y que si pudiera no lo haría nunca más. Sabía muy bien que no era malo. Sabía que nunca me haría nada a mí. Y sabía que, aunque me asustara un poco su —o mejor dicho: nuestro— mundo, seguiría queriéndolo.

—Aun estoy asustada, pero... —me encogí de hombros, tratando de encontrar lo correcto para decir— esta es mi verdadera vida ¿no? Sin mentiras. Voy a vivir aquí así esté asustada o no y mi papá va a seguir en esto así me asuste su trabajo o no. Tendré que superarlo alguna vez.

—Sí. Tienes que hacerlo —suspiraron al mismo tiempo.

—Entonces... mañana llega Graham —solté de repente, ansiosa por cambiar nuestro animo. Ambas chicas me voltearon a ver con las bocas abiertas al mismo tiempo.

—¿Y qué pasa con Justin? —preguntó Yamin sin cerrar la boca del todo— porque Nedi me dijo que ustedes tuvieron algo que ver el fin de semana en el lago y hoy cuando llegamos al despacho de la señora Genova ustedes estaban abrazados.

—Estoy... estoy como saliendo o algo así con Justin —respondí, insegura— bueno, no lo sé, pero supongo que sí lo estamos. Y Graham es mi mejor amigo, no necesito su amor por el momento y él estará bien con eso.

Las dos se quedaron calladas, pensando en lo que había dicho. Sabía que probablemente no entendían muy bien mi relación con Graham, pero cuando él llegara le iba hacer hablar con ellas acerca de eso. Y también lo iba hacer hablar con Justin, para que no hubiera ninguna posible enemistad entre ellos.

Una mano en la parte superior de mi cabeza acariciando mi cabello me hizo voltear hacia arriba, sólo para ver a Justin y André bajando por un lado de mí. Le sonreí a Justin y me levanté, sacudiendo mi falda me incliné para besar las mejillas de las gemelas.

—Hablamos más tarde —dije como despedida, y bajé por los cinco escalones que me faltaban hasta llegar al piso con ellos y seguirlos hasta el auto. André le tiró las llaves a Justin y me abrió la puerta del copiloto. Le di una sonrisa y me metí.

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{Justin}

Manejé callado un rato. No había dicho una palabra desde que me despedí de Anabelle en su despacho y me quedé con los chicos hasta que terminaron las clases. Realmente no me gustaba mucho hablar y me alegraba que mis amigos lo entendieran y no me molestaran por eso. La única persona que al parecer aun no superaba mi amor al silencio era Anabelle, quien resultaba ser también la única persona con la que me gustaba hablar.

Ella era criticona, se asustaba con facilidad y no pensaba igual que yo en casi nada, pero su forma de ser hacía que comprendiera a todas las personas, y me comprendía a mí. No le gustaba hacerlo, podía decir eso con seguridad, pero me comprendía. Me gustaría decirle todo de mí, sólo para que ella supiera de verdad cómo era y sí, me gustaría estar con ella como en una pareja, porque creo que sería genial, pero no quería que ella se enamorara de mí.

Me gustaría decir algo romántico como que no quería lastimarla con mi tipo de vida, pero no era así; ella siempre iba a estar involucrada en eso tanto como yo y no era por mi culpa. No quería que se enamorara de mí porque sinceramente no creía que yo me pudiera enamorar de ella y me preocupaba lo suficiente por esa chica alegre como para saber que se merecía estar con un tipo que la quisiera. De cualquier modo, también era un bastardo egoísta, y de momento la quería para mí, así que iba a alejar a cualquier tipo bueno que se le acercara.

La miré de reojo, sólo para atraparla mirándome, Anabelle sonrió sabiendo que había sido atrapada y mi boca se estiró al mismo tiempo inevitablemente. Suspiré y negué ligeramente con la cabeza, porque últimamente estaba sonriendo demasiado y aunque me gustaba la sensación, era algo raro. Quité mi mano de la palanca y, como si fuera algo normal, la coloqué sobre su pierna.

Mientras comíamos Anabelle estaba rara con todos, no habló mucho como las ultimas veces, pero todos entendieron el porqué de su renuencia a entablar una verdadera conversación y la respetaron, al menos hasta el final, cuando mi mamá le aseguró que nosotros nunca le haríamos ningún daño y que ella era parte de nuestra familia ahora, después de eso Anabelle se liberó un poco y les preguntó acerca de su estúpido amigo gentil y cristiano sin una fibra de maldad en el cuerpo quedándose en nuestra casa y a pesar de que le había dicho que estaba bien, aun esperaba que mis padres le dijeran que no, así que cuando le dieron un entusiasta: "claro que sí" puse mis ojos en blanco y maldije por lo bajo. Si atrapaba a ese chico tocando a Anabelle de una manera que yo no aprobara o siquiera mirándola con deseo, lo iba a devolver a su

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continente sin ganas de volver a visitar Europa nunca más. Y estoy siendo amable sólo porque es amigo de Anabelle.

—¿Por qué tu habitación está decorada de esta manera? —preguntó ella en cuanto cerré la puerta tras de mí, como si hubiera estado esperando mucho tiempo para hacer esa pregunta. Me encogí de hombros y tomé aire, esa era una respuesta demasiado patética que no estaba dispuesto a darle todavía.

—Me gusta el hockey.

—Sabes a lo que me refiero —entrecerró sus bonitos ojos hacia mí y caminó hacia atrás hasta que encontró la cama y se sentó en ella— sé que hace mucho que no juegas hockey, y sé que estos premios son viejos, igual que tus fotos y diplomas. Cualquiera que entra aquí piensa que la habitación pertenece a ese niño de ahí —apuntó a una foto colgando de mí a los once, sonriendo, luego me apuntó a mí— y no a este tipo.

—Supongo que necesito una remodelación entonces ¿no? —traté de reír miserablemente y me senté a su lado.

—No creo que quieras una remodelación —negó con la cabeza sin mirarme— creo que... y no te ofendas si no es verdad, pero creo que extrañas al niño que solías ser. Extrañas tu vieja vida y estar aquí te hace sentir como que aun eres ese niño ¿no? ¿Es eso?

Bueno, ya que la doctora lo descubrió por sí misma...

—Supongo —respondí, sonando más brusco y a la defensiva de lo que pretendía. Anabelle despegó su mirada de la habitación y me miró por un largo rato, estudiándome. Al principio resistí su mirada, pero después de unos segundos me empezó a poner inquieto— ¿qué?

—Quieres ser un león, pero sólo eres un gatito —susurró al mismo tiempo que se inclinaba hacia mí tirándome hacia atrás al colchón sin previo aviso. Puse una mano en su cintura y traté de recordar donde más había escuchado esas palabras mientras ella se acomodaba sobre mí a horcajadas— eres una cosita tierna.

—Y tú tienes los ojos más bonitos que he visto —admití, sin realmente pensar en las palabras, simplemente estaba viendo mi reflejo en sus ojos. Amaba cómo sus pupilas estaban completamente dilatadas y cómo sus mejillas estaban enrojecidas por mí. Bajé mis manos a sus caderas odiando la tela áspera de su falda y esperé unos segundos a que sellara nuestros labios de una vez. Pero ella se quedó acariciando mi pecho nada más— vamos, bésame de una maldita vez.

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Anabelle se rió y negó con la cabeza. Antes de que pudiera quejarme ella pegó su cuerpo hacia mí y le dio un pequeño beso a mis labios. Uno muy pequeño, casi insensible. Luego hizo lo mismo varias veces, y yo me enojé. Quiero decir, no me enojé con ella por no besarme fuerte y sensual como yo esperaba, me enojé por el hecho de que esos pequeños besos se sentían bien, demasiado bien para no ser nada. No en mis labios ansiosos pero sí en mi estomago.

—No te quiero lastimar la boca —murmuró después de una serie de besos flotantes. Me detuve de decirle que no importaba pero un gran bostezo me lo impidió. Me sentí avergonzado por bostezarle en la cara pero luego ella se echó para atrás y lo hizo también, y los dos nos reímos— yo también tengo mucho sueño.

—Bueno, puedes ir a dormir a tu habitación, pero también te puedes quedar aquí y dormir conmigo —ofrecí, sonriendo. Estaría muy dispuesto a cumplir con cualquiera de los dos contextos que esa palabra implicaba— eso si no te causa pavor acostarte en la cama de un temible diabólico mafioso hijo de Satanás.

—Vaya, quien lo hubiera dicho —puso los ojos en blanco sin quitar una tonta y adorable sonrisa de su cara— el hijo de Satanás tiene sentido del humor ¿y sabes qué? No me molesta, porque sigues siendo un gatito.

—Y tú sigues teniendo esos ojos bonitos y yo sigo muriéndome de sueño.

—Que desesperado eres —se quejó bajándose de mí. No me hubiera importado en lo absoluto dormir con ella encima.

Anabelle se quitó los zapatos lentamente, me los quitó a mí con toda la confianza del mundo y luego se quitó la corbata del uniforme, un collar y sus aretes y se hizo una rápida y muy complicada trenza en el cabello. Y cuando terminó todo su ritual, se tiró a mi lado

—Tienes permitido abrazarme.

—No quería hacerlo —mentí poniéndome de lado y pasando un brazo por encima de su cabeza y el otro sobre su estomago— pero como lo deseas tanto, te daré el gusto.

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{capítulo;29}

{Anabelle}

Suspiré sintiéndome de algún modo completamente complacida, descansada y cómoda y me acomodé más contra el cálido y duro cuerpo de Justin. Estábamos acostados de cucharita, con su pierna entre las mías y cuando digo duro me refiero a todo de él. Su cara estaba enterrada en la mata peligrosa y enmarañada que era mi cabello, aunque yo hubiera jurado que me hice una maldita trenza antes de acostarme. Pasé mi mano por su brazo y lo acaricié un momento, luego abrí mis ojos muy lentamente, sintiendo algo raro y cuando vi a Pattie parada frente a la cama de Justin mirándonos fijamente con una mirada asesina/maternal grité un poco sin poderlo controlar, luego volteé a ver si mi grito de auxilio despertó a Justin, pero él seguía totalmente dormido.

—Lo siento —susurró Pattie luciendo avergonzada mientras yo intentaba recuperar mi aliento. Ver a alguien frente a ti cuando acabas de despertar con esa mirada en sus ojos nunca es algo bueno— quería despertarlos pero se ven tan hermosos juntos que me quedé mirándolos. Es... es bastante emocionante ver a mi hijo de nuevo con una niña decente, después de lo de Fabrizzia yo pensé... bueno no importa —se secó las lagrimas que no había visto antes de sus ojos y aclaró su voz— eh, la cena ya está lista. Odio despertar a Justin pero de todos modos ya ha dormido más de lo habitual. Los esperamos abajo. Y por cierto, ya llegó tu ropa, está en la habitación de huéspedes.

—Sí, está bien, gracias. Um, yo despierto a Justin —aseguré mientras ella caminaba a la puerta. Nos dio una ultima mirada de ternura y salió.

Bueno, eso fue raro.

Me senté en la cama, quitando el pesado brazo de Justin de mí y me volteé para despertarlo, pero no tuve el corazón para hacerlo cuando lo vi tan relajado.

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Sabía que quizás, dejando de lado mi enamoramiento por él, se merecía todo su insomnio. Quiero decir, si no fuera él de quien estamos hablando, estaría contenta de que un tipo millonario asesino que tenía todo lo que pudiera llegar a querer se quedara sin sueño por las noches; pero como era Justin el del problema, me sentía muy mal por él. Y sabía también, por experiencia propia, lo cansado que era no dormir por la noche, así que en lugar de gritarle y moverlo hasta que se despertara, puse mi mano en su mandíbula rasposa y al parecer muy adolorida, la subí a sus increíbles labios entreabiertos con esa cortada en el medio tan horrible, luego a su mejilla morada y verde y por ultimo a su suave cabello despeinado. Quería tanto besarlo que simplemente me agaché hacia él, tomé su labio superior libre de contusiones entre los míos y lo mimé con mi lengua un rato. Justin hizo un ruido con la garganta y abrí los ojos para ver cómo se despertaba poco a poco.

—Vuelve a hacer eso —ordenó, con la voz ronca adormilada más sexy que hubiera escuchado alguna vez, mirándome con sus ojos cansados y tomó mi brazo con fuerza para tirarme hacia su cuerpo. Hice algo diferente esta vez, sintiéndome aventurera y atrevida, besé la comisura de su boca y luego tracé con mi lengua su labio inferior, saltándome la parte lastimada, luego me fui al de arriba y volví a hacer lo anterior, ganándome otro ruido de su garganta, y cuando él abrió la boca y juntó la lengua con la mía y nuestras respiraciones se pusieron realmente pesadas, recordé que todos nos estaban esperando para cenar y me alejé de él— no, ven, me estaba gustando eso.

—Nos están esperando para cenar —susurré con la voz cortada y me paré, alisando mi falda y arreglando mi blusa chueca. Lo vi gemir de frustración y cerrar los ojos nuevamente— vamos.

—Bien, como sea —se paró y se estiró, haciendo que su espalda tronara— pero cuando me sane el labio vas a desear rompérmelo de nuevo para que te deje en paz.

Mi respiración se atoró un momento y luego volvió a salir, acelerada. Esa promesa me hizo sentir cosas. Cosas fuertes, ya sabes. Y él lo dijo tan tranquilo y sin problemas que lo odié por eso. Negué con la cabeza y tragué saliva antes de salir de ahí con un lento y gruñón Justin siguiéndome.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Y bueno, hablé con tu papá, Anabelle —me dijo Jeremy de repente, haciendo que despegara de inmediato mi mirada del plato con la "lasagna" más rica que hubiera probado alguna vez— dijo que sólo serán cuatro días y luego vuelve de su viaje. Está

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apenado de que te enteraras de todo esto de esa manera, pero dijo que cuando llegue hablará contigo y aclarará todas tus dudas.

Asentí hacia él, incapaz de decir otra cosa. Todos me estaban mirando y eso me hacía sentir más tonta.

—Eh... Ignazio Fillapelli nos quiere en su hacienda privada esta noche para discutir asuntos de una nueva sustancia —dijo Kyle después de un rato de silencio. Pattie soltó un suspiro alto inconforme y Jeremy asintió mirando a su plato— ¿estoy suponiendo que Anabelle vendrá con nosotros?

—No —contestó Pattie rápidamente— Sebastian no dejaría que...

—Sebastian dijo que no la dejáramos sola; y no me parece nada malo que venga con nosotros, tarde o temprano iba a asistir a una reunión de estas. Te necesito ahí conmigo, Patricia.

Todos se volvieron a quedar en uno de esos silencios incomodos y yo sólo pude quedarme mirándolos sin saber de qué hablaban. Luego volteé con Justin, esperando que aliviara mis dudas de algún modo.

—Está bien que venga —dijo Justin— yo y los chicos nos quedaremos con ella todo el tiempo.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Te voy a decir un par de cosas acerca de esto, para aclarar tus dudas, pero no quiero que te asustes ¿está bien? —Justin se sentó en la cama de la habitación de huéspedes y asentí hacia él sin dejar de aplicarme rímel y arreglar mi maquillaje—. Va a ser bastante fuerte, todo lo que veas. Va a haber mujeres desnudas por todos lados, vendiéndose a cada hombre que pase por ahí, incluyéndome a mí y a mis hermanos. Va a haber hombres drogados por todos lados, y muchos disparos. Y probablemente una o dos personas muertas. Pero nada, y me refiero a nada, te puede pasar a ti. Vas a estar bajo extremo cuidado ¿entiendes? Nada malo te va a pasar, sólo tienes que ignorar todo lo que veas.

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—¿Y por qué tenemos que ir a un lugar así? —pregunté, asustada aunque él no quisiera, y volviéndome un poco loca de anticipación. Dejé todo en el tocador y me volteé hacia él. Mis ojos revoloteando sólo un poco en su elegante y sexy vestuario negro.

—Mi papá y algunos de los chicos tienen que ir a ver esta nueva droga que Ignazio trajo o encontró o inventó o algo así. Ellos tienen que ver cuanto de ella quieren. Mi mamá tiene que ir porque aunque mi papá no lo quiera aceptar, ella sabe hacer negocios mejor que todos nosotros. Y yo tengo que ir porque aveces me necesitan. No siempre, pero pasa.

—No quiero ir —dije, sentándome en la cama a su lado y negando con la cabeza.

—Vas a ir —me corrigió— tu papá dijo que estaba bien que fueras con nosotros y me ordenó no dejarte sola ni un milisegundo. Él piensa que eres madura ¿sabes? No bajes sus ilusiones de esta manera.

—Discúlpame si no quiero volver a ver a alguien morir frente a mí o ver gente drogada o tipos sin uso de sus facultades mentales portando armas. Mi papá no me dejaba ir a fiestas de la secundaria ¿y ahora resulta que soy lo suficientemente madura para asistir a esta reunión maligna?

—Supongo que sí —se encogió de hombros y tomó mi mano, luego se volteó hacia mí y me miró fijamente— entiende, nada malo te va a pasar. Y vas a estar muchísimo más cuidada allí que en cualquier vulgar fiesta de secundaria.

Pero todo lo que podía pensar mientras cruzaba el largo y ostentoso camino de piedra de la entrada y escuchaba los gritos y disparos era: mierda, lo más seguro es que salga de aquí con una bala en alguna parte de mí.

Justin tomó mi mano con fuerza para impulsarme a caminar hacia dentro, y lo hice sólo porque me estaba jalando muy fuerte y tenía que hacerlo. Todos se fueron dispersando, pero no me di cuenta a donde se fue cada uno porque estaba observando el panorama.

—Ya sabes, Justin, nada de nada —murmuró Pattie antes de irse, pero no le puse atención, yo sólo seguía viendo el lugar más genial que hubiera visto antes.

Para empezar, era un lugar hermoso, amplio, gigante y elegante, estilo colonial, con varios robles gigantes en las esquinas. Había una casa con un porche gigante y largo, pero estaba lejos de la entrada, y supuse que sólo la gente importante entraba ahí, porque Pattie y Jeremy hablaron con un hombre gordo en un traje negro, se subieron a un cochecito de golf pero más elegante y se dirigieron ahí. En el lugar de la gente normal habían muchas salas lounge con sillones elegantes de cuero y mesas

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pequeñas en el medio. Había una piscina gigante con luces de colores y una isla sobresaliente en el medio, donde habían cinco mujeres desnudas posando con algo en su cabeza. Hablando de mujeres desnudas, las había por todos lados. Justin me lo había dicho pero sinceramente pensé que era una exageración. No lo era. Las tipas caminaban sin pudor por el medio de las salas y dejaban que los hombres (y una que otra mujer) las tocaran donde ellos querían y pusieran dinero en las canastas que tenían en la cabeza. Algunos de ellos eran realmente viejos, y desagradables, gordos y asquerosos, y ellas los trataban como si fueran adonis griegos. Apreté la mano de Justin, sintiéndome territorial. Habían muchos hombres parados en diferentes lugares, fumando, tomando, riendo, platicando, disparando, de todo. Mi corazón latía desbocado y no me podía mover. Todo se sentía muy irreal. Muy de película. Muy peligroso, sobre todo.

—Tienes que dejar de lucir asustada, Anabelle, te lo dije —susurró Justin en mi oído, sonando molesto— nadie puede saber que esto te asusta. Ellos piensan que tú estás al tanto de todo esto, así que por favor, deja de mirar todo como un animal asustado.

No le respondí a su grosero regaño, pero me obligué a relajar un poco mi postura. Caminé con él, Fran, Kyle y André hacia una sala con dos tipos sentados, luciendo relajados y riendo. Antes de que pudiéramos llegar, se nos acercó un tipo que salió de la nada. Jadeé cuando se puso frente a nosotros. Realmente no necesitaba ninguna otra clase de susto, así que lo miré mal y envidié a los chicos, quienes se fueron de largo sin siquiera verlo. Justin y yo fuimos los únicos que nos quedamos con él.

—Justin —le dijo formalmente, estirando una mano hacia él y sonriendo de lado con sus ojos negros brillando con malicia. El tipo era atractivo, de una manera normal, pero sus ojos eran raros, pequeños y brillantes— ¿Y quien es esta preciosura que te acompaña? Es la primera mujer a tu lado que veo con ropa.

Ese comentario me llegó como una patada en el hígado, pero me obligué a sonreír como si me causara gracia, y a estirar mi mano hacia él.

—Anabelle Ferré —dije, mientras él tomaba mi mano. Abrió sus ojos como si estuviera sorprendido pero realmente lució falso, luego llevó mi mano a sus labios y la besó tiernamente. Toda su elegancia se veía muy fingida— ¿Y tú?

—Marco D'evillet.

—¿Cuando regresaste de tu viaje a America, Marco? —preguntó Justin con una voz tan sospechosa, seca y poco amigable que no creo que haya sido la única en notarlo. Marco se pasó la lengua por los labios y metió las manos en sus bolsillos.

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—Hace unos cuantos días —respondió, mirándome de pies a cabeza profundamente antes de acercarse y palmear el hombro de Justin— bien, debo irme, fue un gusto como siempre, amigo. Y un verdadero placer conocerte, Anabelle, eres bellísima.

—Gracias —sonreí hacia él, aceptando muy a regañadientes su nuevo beso en la mano— igualmente.

Él se quedó viendo los ojos de Justin fijamente hasta que desapareció, y entonces pude volver a respirar correctamente.

—¿Ese tipo? —Justin me abrazó por la cintura y me condujo hacia la sala de nuevo, hablando en mi oído bajo y duro— nunca, jamás, confíes en él. Es molesto, te buscará de nuevo. Salúdalo, pero nunca confíes ni en una sola palabra que te diga.

—¿Por qué? —pregunté, sentándome a su lado, mirando de reojo la espalda de Marco alejándose.

—Simplemente no es confiable, en lo absoluto. Su familia ha tenido anteriormente problemas con nosotros, y nunca se sabe.

Asentí, tratando de nuevo de parecer relajada y cómoda sentada ahí, con los hermanos de Justin platicando con dos tipos, obviamente drogados.

En la mesa del medio habían varias lineas de polvo blanco, que no sabría decir si era cocaína o alguna cosa que se pareciera a ella, sobrecitos, licor, pastillas y agujas. Suspiré y me dije: estáte calmada, calmada, calmada. Sólo son drogas, todo está bien.

Justin se inclinó hacia la mesa después de un rato. Me asusté un momento. No quería que tomara nada de eso, y mucho menos en mi cara. Por favor, Justin, te quiero mucho, no te drogues en mi cara. Por favor, Justin... pero él sólo tomó un pequeño vaso y se sirvió licor, luego se sentó de nuevo y me miró raro cuando sintió mis ojos clavados en él.

—¿Tomas? —preguntó estirando sólo un poco su vaso hacia mí, inseguro, como si no quisiera que lo tomara.

—Sí —mentí, pero no tomé su vaso. Me acomodé mejor frente a la mesa y miré todo con falso entusiasmo— ¿Entonces simplemente puedo tomar todo lo que quiera de aquí? Fabuloso.

Él frunció el ceño y abrió la boca, pero no dijo nada. Luego hizo una serie de caras escandalizadas y luego negó con la cabeza.

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—No. Digo, sí... se supone que sí, pero no lo harás.

—¿Por qué no? Solía ir a muchas fiestas universitarias ¿sabes? Esto no es tan diferente a ellas —mentí de nuevo, rotundamente, regocijándome internamente al verlo lucir tan perdido. Realmente no recordaba mi completa borrachera con el vino de niños.

—¿Tú consumes? ¿Anabelle, en serio? —preguntó, dándole paso al enojo. Y ahí fue donde me retracté de la pequeña broma, no lo quería enojado conmigo en este lugar, así que reí.

—Claro que no, Justin. Sólo me estaba metiendo contigo —puse los ojos en blanco y él cerró los ojos, respirando profundamente y le dio un trago a su vaso— ¿cual es tu problema con eso de todos modos? Tú lo haces.

—Pero yo ya estoy jodido de todos modos, Anabelle. Tú no.

—Bien, no pasa nada. Lo máximo que he consumido es cerveza, whisky, un poquito de tequila y el vino que me diste.

—Me alegra.

Miré hacia abajo por un rato, a mis tacones, pensando en otras cosas, saltando de susto una que otra vez tras los disparos ocasionales y tarareando cuando salía alguna canción conocida. Justin empezó a platicar con los tipos en italiano, luego aparecieron otros tipos y hablaron en italiano de nuevo, me dieron la mano y yo sólo dije mi nombre y sonreí, haciendo como que entendía sus elegantes palabras. Pero después de un rato, las risas de muchos hombres sonaron al mismo tiempo, al igual que gritos de emoción, y levanté mi vista hacia ellos. Las mujeres que desfilaban en la plataforma de la piscina me quedaban justamente de frente. Ahora estaban paradas, muy rígidas, muy diferentes, muy asustadas. Tenían canastas gigantes en la cabeza y nada más que eso. Luego un hombre se puso frente a ellas y todos los demás retrocedieron; él tomó una pistola y trató de apuntar, pero al parecer estaba demasiado intoxicado, porque se tambaleaba y sus brazos se movían mucho, lo cual hizo reír a la gente. Supuse que era algo que no debía ver, mi corazón me lo estaba diciendo, pero me quedé ahí sin moverme, luego alguien gritó algo y el tipo apuntó a una de ellas. Supe que iba a disparar, pero no quité mi vista. Me sentía caliente y helada al mismo tiempo, asustada con anticipación perversa, ignorando el jaloneo de Justin en mi brazo. Y cuando el tipo disparó, cerré mis ojos al mismo tiempo que grité, pero al escuchar el coro de gritos femeninos múltiples los volví a abrir. Ellas se hacían a un lado, amontonándose para no tocar al cuerpo inerte tirado en la esquina izquierda, dos de ellas se agacharon a recoger el dinero de su canasta, dejando sus culos al aire. Todos abucheaban, pero algo me decía que no era precisamente por la mujer muerta.

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Me ardía el estomago y mis pulmones se cerraban. No podía despegar mi mirada del cuerpo en el piso. No podía respirar. Era la segunda persona que veía morir. Era la segunda de muchas. Era sólo la segunda de una lista interminable de gente que moriría en mis ojos y por las cuales no podría hacer absolutamente nada.

¿Cómo puedo ser así? ¿tan inhumana? Yo no puedo quedarme sentada y abuchear al hombre idiota por matar a una mujer, sin pensar en la vida con la que acaba de terminar tan impasiblemente

¿Qué si esa mujer tenía hijos que dependían de ella por completo? ¿Qué si ellos estaban dormidos, tranquilamente, esperando despertarse y comer el desayuno que ella, como todos los días, tiene listo para antes de llevarlos a la escuela? ¿Qué si uno de ellos se despierta en la madrugada por pesadillas y camina hacia la habitación de su madre para abrazarla, pero no la encuentra? ¿Qué si ellos se quedan bajo la tutela del estado por siempre? No sólo están acabando con una vida, posiblemente están arruinando otras cuantas ¿Ninguno de ellos pensaba en eso?

—Cálmate —ordenó Justin hablando bruscamente en mi oído y apretando mi brazo demasiado fuerte— cálmate, maldita sea.

Pero no pude, porque después de otra serie de risas, gritos y dos disparos, las mujeres volvieron a gritar, de terror y no de simple susto. Otra vida. Otra mujer.

—Anabelle, por favor, por favor deja de llorar —rogó Justin, pero no pude hacer nada por él, porque ni siquiera podía respirar. Me tomó de las caderas y me levantó, y yo no tenía la fuerza suficiente como para poner resistencia, solamente dejé que me pusiera sobre su regazo, recargara su frente contra la mía y tomara firmemente mi nuca con su mano— si no dejas de llorar esto va a ser sospechoso, Anabelle, por favor. Ellas no valen nada, son prostitutas, ellas saben que pueden morir desde que aceptan el trabajo.

—Tú no sabes nada —negué con coraje mientras lloraba, ahora siendo consciente de eso, por dos mujeres que nunca había conocido.

—Bésame el cuello y deja de llorar, alguien nos está viendo —ordenó, hablando entre dientes. Tomé aire y puse mi boca mojada con lagrimas sobre su cuello, sin besarlo, mientras él enterraba su mano en mi cabello.

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{capítulo;30}

Justin abrió más mis piernas y me enterró más contra él, lo más que le fue posible, tanto que sentí como si estuviéramos siendo fundidos juntos en una misma persona, pero por primera vez yo no quería eso, no me sentía bien siendo aplastada por sus brazos en ese momento, me estaba ahogando. Traté de alejarme un poco pero puso más fuerza en su abrazo y de pronto se levantó conmigo, aplastando más mi cara en su cuello.

—Vamos a una habitación, amor —dijo fuerte, mucho más de lo necesario si estuviera diciéndomelo sólo a mí, poniendo sus manos en mi culo para caminar conmigo hacia algún lugar. Sollocé muy bajito, calmándome un poco pero aun incapaz de dejar de hipar. Deshice los puños y pasé mis manos de su pecho hasta rodear su cuello para sentirme más segura— ¿estás bien ahora?

Tomé una fuerte respiración, controlando las estúpidas lagrimas que no dejaban salir y le ahorré un poco de fuerza a sus brazos rodeando su cintura más fuerte. Quería salir de ahí cuanto antes, así que no dije nada y dejé que siguiera caminando.

—¿Que h...

—Ella está mal —le contestó con fuerza, ahuyentando a quienquiera que haya sido el que se puso en nuestro camino— necesito sacarla de aquí.

Si hubo alguna respuesta a eso, no la escuché. Entramos a un lugar techado y el sonido de la música, risas y ahora pocos disparos se disipó, y sólo entonces pude destensarme un poco.

—Puedes bajarme —le dije a Justin, soltando su cuello. Él suspiró y me soltó con cuidado hasta que estuve de pie frente a él— lo siento, todo eso fue... abrumador.

—Vamos a una habitación a que te calmes más —ordenó, tomando mi brazo y jalándome por entre dos largos y muy altos pasillos a los que no les puse atención. Justin tocó una puerta fuertemente y acercó su oído a puerta— está sola.

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Abrió la puerta y nos metimos, callando aun más los sonidos de afuera pero dándole paso a los gemidos a nuestro alrededor. Miré a Justin con alarma y asco, pero él sólo se encogió de hombros. Los sonidos asquerosos sonaban cada vez más rápidos y más fuertes. Cielos.

—Deja de ser tan ridícula y mojigata con todo, por el amor de dios —se quejó, luciendo realmente molesto de mi mierda. Tragué saliva y tomé aire para defenderme, pero supe, de repente, que era verdad, así que mejor no dije nada. Miré la habitación, bloqueando los sonidos asquerosos. Las paredes eran de un muy agradable naranja opaco, los únicos muebles eran dos mesitas al lado de la monstruosa cama de un color caoba que le daban a la habitación el aspecto de una oficina extraña y el techo estaba como a cinco metros de distancia. Traté de no ver con asco la cama y me senté a un lado de Justin.

—¿Soy una verdadera mojigata, no? —Sí, lo eres. Y se está poniendo realmente molesto.

—Bueno, lo siento, pero nunca antes había visto morir a alguien de esa manera frente a mis ojos, nunca había visto tanta gente mala reunida y tantas armas y tant...

—Eso se entiende —interrumpió mi intento de excusa— las drogas, el sexo, las bebidas, eso tienes que superarlo. Todo el mundo lo hace ¿cual es tu problema? Sí tú no lo haces, eso está bien, es tu decisión, pero deja de mirar con asco al resto de la gente. Lo demás, las muertes, las armas, la gente mala, eso también tienes que superarlo. Es tu vida ahora, lo siento, pero no siempre podrás llorar porque alguna puta se muere.

Lo miré sin decir nada unos segundos. Ahora el sonido de los gemidos me daba igual, sólo estaba concentrada en lo que él me había dicho.

—Era una mujer, fuera cual fuera la manera en cómo se ganaba la vida.

—Era una puta —corrigió, tirándose para atrás en la cama hasta estar acostado sobre el montón de almohadas— el que las contrata tiene que ver que no tengan ninguna enfermedad y elige a las más hermosas, pero ellas son las que aceptan. Las que dicen que sí, por el dinero. No les importa nada más que conseguir unos cuantos miles de euros.

—¿Por qué no querías que nadie me viera llorando? —pregunté, dando por terminado el tema de las putas. Él negó con la cabeza y acomodó su cabeza en sus brazos para mirarme.

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—Te hemos estado haciendo fama de perra engreída y cruel con toda esta gente desde que llegaste a Roma —dijo, soltando una suave sonrisa burlona. Lo miré sin comprender y escalé para estar sentada a su lado abrazando una almohada—. La gente que mató a tu mamá quería matarte a ti también, sólo para molestar a tu papá y volverlo loco, pero por algún milagro tú no estabas en tu casa ese día, entonces tu papá escapó de aquí contigo y te llevó a algún lugar de America donde nadie te conociera, pero esa gente está malditamente empeñada en tomarte, porque saben lo importante que eres para él, sólo que ahora quieren utilizarte para quitarle todo el dinero a tu papá. Y nosotros no sabemos quienes son esas personas, no con certeza. Puede ser cualquiera de los que están ahí afuera... tu papá les hizo creer a todos que su hija era una chica que nunca estaba en casa, todos piensan que has viajado por el mundo, haciendo uso de tus millones y acabando con la gente que te molesta. Cuando llegaste, tu papá te quiso mantener escondida porque la gente se daría cuanta de que no eres así y podrían tomar ventaja, entonces nos pidió ayuda. Nosotros hemos estado hablando mal de ti y de tu papá con mucha gente, quiero decir, no realmente mal, pero dejamos en claro que no nos caen muy bien. Decimos que eres una clase de chica matona despiadada que no le tiene miedo a nada y ¿tu te pones a llorar frente a todos? Sólo harás que la gente se de cuenta de la llorona niña mimada y santurrona que eres.

Me quedé con la boca abierta tras su discurso. Parpadeé varias veces y solté una o dos risitas incrédulas ante el pensamiento de mí con ropa de cuero y armas escondidas en mis zapatos altos paseando por todos lados.

—Vaya... ¿entonces todos ellos saben quien soy?

—Sabían tu nombre, pero nadie sabía cómo lucías hasta hoy. Después de nuestro encuentro con D'evillet probablemente todos te tienen vista.

—¡Soy famosa! Que cosa tan... rara y genial, bueno también es un poco aterrador, tomando en cuenta la situación, pero soy famosa —divagué, sonriendo, pero luego recordé sus palabras y lo miré mal— ¿entonces piensas que soy una mimada, llorona y santurrona niña? toda mi mugre vida pensé que mi papá era un vendedor de casas y que nosotros estábamos muy apenas en la clase media, entonces de repente me doy cuenta de que somos millonarios, mi papá es un mafioso y toda la gente a mi alrededor es mala. Ten un poquito de consideración. Ahora además me entero de que alguien me quiere matar y dejar a mi papá pobre... ¿Y qué si son ustedes los que me quieren matar, eh? ¿Qué si es verdad que nos odian y que...

—No seas tan tonta, Anabelle, por favor —Justin tomó un mechón de mi cabello y lo jaló varias veces, no de una manera fuerte, pero de todos modos molesta, como un niño de kinder— somos probablemente en la única familia que puedes confiar, además de los Jolie.

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—Sólo estaba bromeando —puse los ojos en blanco y me agaché hacia él para besar sus labios rápidamente— ¿hasta que hora nos podemos ir?

—No sé, pero podemos quedarnos aquí hasta que mi mamá llame —opinó apoyándose en sus codos— sinceramente ya no me duele tanto el labio, así que...

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Después de la grandiosa reunión a la que me llevaron tan desconsideradamente, nos fuimos directo a la casa de Justin de nuevo. Su mamá nos dio profiteroles, los favoritos de Justin, y pasamos toda la noche, aunque sea un poquito difícil de creer, riendo, comiendo y platicando. Creo que Justin estaba borracho, porque no me dio ningún indicio de amargura en toda la noche, bueno, hasta exactamente las 6:05 de la mañana cuando recibí un mensaje de Graham. Me dijo que no quería que yo fuera por él de una manera no muy amigable, pero como estaba de buen humor, me "dio permiso" después de uno o dos o cinco besos. Rechacé su propuesta a acompañarme porque de todos modos su mamá no quería que faltara al colegio, me prestó uno de sus autos y justo cuando le dije que no sabía manejar muy bien que digamos y que no tenía idea de dónde estaba el aeropuerto, me dijo que eso no importaba, porque mi papá ordenó que tuviera un nuevo guardaespaldas personal y que él manejaría por mí, y entonces un sonriente, alto y muy grueso moreno a quien bauticé "Big Kanye" (porque se parecía mucho a Kanye West) se acercó a nosotros, se presentó hablando ingles con mucha dificultad y se subió al genial Ferrari de Justin. Luego hubo un silencio incomodo entre nosotros hasta que llegamos al aeropuerto, me quedé una maldita hora esperando a que llegara Graham, y cuando llegó le tuve que explicar que ahora tenía un guardaespaldas porque mi papá lo había exigido y dijo: "—¿Y qué? ¿Te vas dos meses y de pronto te conviertes en Paris Hilton?" Entonces lo golpeé en el brazo y le dije que se callara de una manera no tan femenina y luego caminamos de regreso al Ferrari, y Graham se quedó callado admirando el auto unos cinco minutos.

—Tienes que explicar esto —masculló después de acariciar y oler sin discreción los asientos.

—Sí, tengo muchas cosas que explicarte y decirte.

Cuando llegamos a la casa de Justin ni siquiera quise ver la cara de Graham. Big Kanye estacionó al lado de los otros lujosos autos y bajamos, mi pobre amigo estaba todo abrumado, porque claro, nunca se imaginó que la misma chica que se quejaba continuamente de no tener dinero de repente sacara cosas así.

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—Esta casa es genial, Anabelle, cielos —murmuró mientras entrábamos.

—Es la casa de Justin, no podemos ir a la mía porque mi papá fue a México y no quiere que estemos solos —expliqué, caminando con él a las escaleras— vamos a dejar tus maletas y luego platicamos.

—¿Tú papá no quiere que nos quedemos solos? Vaya, yo pensé que me tenía confianza, y quiero decir, eres caliente, pero no tanto.

—Cierra la boca, idiota —me reí y negué con la cabeza— no es por eso.

—Bien, lo sabía —dijo y se quedó mirando las fotos del pasillo— ¿cual de estos es tu novio? Hay como cien de ellos, no me quiero confundir.

—Son sólo siete, no exageres. Es este —señalé a la foto de Justin que me llamó la atención el primer día que fui, y nos quedamos mirándola— mira, el que te mire peor de todos ellos es Justin, va a estar fácil.

—¿Es celoso? —preguntó, dejando sus maletas en la habitación que Pattie me dio a mí— ¿nos vamos a quedar en la misma habitación?

—Deja de hacer tantas preguntas, por Dios —me quejé, mirándolo mal— ya comprendo porque me papá siempre me calla. Vamos a desayunar algo y te digo todo lo que quieres saber ¿de acuerdo?

Nos encontramos a Pattie antes de entrar a la cocina, ella se veía hermosa como siempre. Me dio un par de besos y luego se acercó a Graham para abrazarlo, besarlo y asegurarle que esa era su casa y que tenía tantos hijos que uno más no sería ninguna molestia. Luego cocinamos algo y fui respondiendo todas sus preguntas, entre las cuales estuvieron: "¿Por qué mierda ahora eres rica?" "¡¿ERES HIJA DE UN MAFIOSO?!" "¡¿ERES NOVIA DE UN MAFIOSO?!" Y otras igualmente molestas. Pero contesté todo, y, al contrario de lo que yo había pensado, él no se asustó y salió corriendo, en su lugar lucía emocionado.

—Espera ¿Le explicaste a Justin que no quiero nada contigo, cierto? No quiero a ninguno de estos chicos enojado conmigo. Puedes decirle que soy gay, no me importa, dile que me das asco y nunca, jamás te tocaría ni aunque fuera con un palo.

—No es necesario —me burlé, poniendo los ojos en blanco— ya le conté todo de ti, le dije que no hay nada real entre nosotros, y créeme, el chico puede ser muy intimidante, pero no te hará nada.

—Explotó la cabeza de un calvo encima de ti, yo no me voy a confiar de ese tipo. 210 

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—¿Me vas a violar? —inquirí con una ceja levantada hacia él. Graham masticó y bufó.

—Ya quisieras.

{Justin}

Salí de mi salón a media clase, llamando la atención de todos y ganándome una mirada desaprobadora de mi maestra mientras me iba, pero ningún reclamo. Cerré la puerta con fuerza y me fui caminando con furia. Necesitaba estar fuera de ese maldito lugar cerrado cuanto antes, necesitaba dejar de pensar en Anabelle, necesitaba alejarme de Kiara a mi lado jodiendo y jodiendo y jodiendo para llamar mi atención y necesitaba un maldito cigarro. Rápido.

—Bieber, espera —me llamó alguien mientras caminaba por el pasillo, poniendo su mano en mi brazo para frenarme. Me moví bruscamente para que me dejara de tocar.

—Cierra la boca —escupí hacia él sin ver su cara y seguí caminando deseando que no continuara siguiéndome. Cuando salí del edificio respiré profundamente y tomé mi nuca con ambas manos, tratando de despejarme, de liberar la tensión o algo por el estilo. La sangre bombeaba dentro de mí de una manera antinatural y si alguien más llegaba a hablarme, iba a golpear la mierda fuera de él o ella, no me importaba una mierda quien fuera. Pateé la banca antes de sentarme, sólo porque necesitaba hacerlo y saqué la cajetilla de mi pantalón. Saqué el último cigarrillo y el encendedor y le di una muy bienvenida y ansiada calada.

—Hola, Just... —murmuró una tímida chica castaña llegando a mí. Linda y aparentemente decente, pero si le ofrecía la opción de ir a mi auto a follar quince minutos y luego no volver a vernos más, la aceptaría sin pensarlo, justo como las demás. No tenía tiempo para una de ellas. Estaba harto y asqueado de sus asquerosas personalidades necesitadas de atención y esa falta de amor propio.

—Vete. No estoy de humor —dije, sin molestarme en mirarla de nuevo, porque eso las estimulaba sexualmente a seguir jodiendo mi vida sólo para seguir siendo rechazadas. La chica se fue sin decir nada y agradecí que no fuera una de las rogonas.

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Mis piernas se movían sin control contra el piso y no podía mantener mi mente alejada de Anabelle y su estúpido "tierno" mejor amigo con el que estaba sola en mi casa. Tierno o no, cualquier tipo con hormonas sanas no estaba permitido a pasar el tiempo con mi chica. No lo conocía, y cuando ella me había hablado de él había sonado como un buen chico que la quería y cuidaba y esas mierdas, pero también dijo algo como: "tenemos una relación abierta" lo cual anuló cualquier oportunidad de que me cayera bien. El chico la besaba y la tocaba casualmente cuando ella estaba herida por algún idiota, y no podía decir si ella se sentía fiel a mí en algún aspecto. Nunca habíamos hablado de nuestra rara relación, nosotros sólo nos besábamos y sinceramente esperaba que nos quedáramos sólo así por mucho tiempo, excepto si ella quería pasar al siguiente nivel, lo cual estaría más que encantado de hacer.

Estaba jugando con mi celular en las manos y con el cigarro en mis dientes mientras trataba de bloquear los pensamientos de ese imbécil tocando a Anabelle de cualquier manera. Odiaba reconocerlo, pero el animal en mí ansiaba lastimar al chico. Me quité el cigarro de la boca y mientras exhalaba el humo, decidí llamarla para comprobar. Sólo para comprobar. Necesitaba comprobar.

No me gustaba estar desesperado por ella ni me gustaba sentirme celoso o posesivo, ni actuar como un hombre de las cavernas. La única vez que me había sentido así por una chica había sido por Fabrizzia, quien era una maldita coqueta del infierno todo el tiempo. Nunca me gustó sentirme así, nunca me gustó estar enamorado. Lo único que me hizo sentir mejor después de la muerte de Fabrizzia era el saber que dejaría de sentirme de esa manera. Y ahora había llegado la señorita Ojos Bonitos a hacerme sentir posesivo de nuevo. Malditas sean todas las mujeres.

—¿Justin? —¿Quien más puede ser, sexy?

—¿Sucede algo? —preguntó, con un ligero tono de preocupación en su voz. Alcancé a escuchar la licuadora de fondo, como si estuviera triturando hielo.

—No, todo está bien. Sólo quería saber si tu Suavecito está contigo y si habías llegado bien a casa —murmuré con un poco de odio incontrolado. Ella había cometido el error de llamar a Graham "suavecito" la noche anterior, desde entonces lo había estado llamando así, y no me iba a importar decírselo de frente.

—Sí, estamos en tu casa —contestó— y estás en altavoz. No lo llames así, Justin ¿te gustaría que él te llamara DolorcitoEnElTrasero?

—Me gustaría que lo intentara.

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—¡Que me diga como quiera, no me importa! —escuché su voz hablando fuerte y luego algo como un bufido de dolor de su parte. Su voz sonaba gruesa y no muy de un chico suave— por cierto, quiero que sepas que tu chica me parece repugnante, una perra asexuada. Su cabello es maltratado y grasoso, igual que su fea piel y sus ojos son como mocos. Ah, y apesta.

Primero fruncí el ceño y reaccioné ante las palabras apretando las manos en puños, pero luego me di cuenta de que no lo decía enserio. Era su mejor amigo y estaba a su lado, y ¿quien pensaría que Anabelle era repugnante?

—Eso significa que no quiere que te pongas celoso o algo. Como te he dicho antes, Graham no mata ni a una mosca y le das un poco de miedo, pero obviamente está consciente de lo sexy que soy. Por cierto ¿qué haces? Deberías estar en clases.

—No tengo ganas de estar en clases —respondí, evitando soltar también: "me he estado volviendo loco pensando en ti" — ¿le dijiste ya las reglas a Suavecito? No...

—Ninguna interacción sexual, lo tengo —dijo él rápidamente. Al parecer entendía. —Bien. Nos vemos más tarde, sexy.

—Hasta luego, flojo DolorcitoEnElTrasero —se rió ella, sonando dulce, joven y adorable como siempre lo hacía a través del teléfono— no me hagas quedar mal y entra a tus clases.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Graham era unos tres centímetros más bajo que yo, más o menos, su posición era tensa mientras me veía caminar hacia él a través de la sala. El chico me sonrió de lado, luciendo medio asustado y extendió una mano hacia mí. Me gustó que me tuviera miedo, que supiera que una sola mirada malintencionada dirigida a Anabelle y su nariz podría quedar inservible para siempre. Y sólo eso porque yo era muy amable.

Anabelle se tiró hacia mí antes de que llegara y estrechara la mano del tipo. Ella me sorprendió poniendo sus brazos al rededor de mi cuello y besando mis labios ya curados rápidamente. Mientras tanto André saludaba a Graham, tratándolo bien al contrario de cómo le estuve pidiendo que lo tratara todo el camino.

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—Luces como si quisieras matarlo, gatito —susurró ella en mis labios antes de besarme de nuevo. Tomé su cintura y la levanté, besándola con fuerza frente al tipo para marcar territorio, ignorando el pequeño dolor en mi boca.

—Seré amigable —prometí cuando la dejé ir, sintiéndome un poco más aliviado de alguna manera y tomé con fuerza la mano de Graham— mucho gusto.

—Igual —contestó, relajándose un poco— ¿quedó claro que no quiero nada con esta bruja, cierto? Me das miedo y su beso me dejó un poco asqueado, pero ya me caes bien y no quiero que me odies. Mírame como el amigo gay.

Lo miré raro un segundo y luego asentí hacia él, sin poder decir lo mismo y sintiendo este tipo de familiaridad con él. Como si él fuera la versión masculina de Anabelle, pero más sonriente. Bueno, que mierda, mi vida se estaba llenando de esa gente feliz y extrañamente confiada.

—Ahora vamos a comer —dijo ella, caminando por el medio de nosotros y tomándonos a cada uno con una mano— ¿te dije que Graham es demasiado honesto? Bueno, lo es. Así que acostúmbrate a oír verdades incomodas de ahora en adelante.

—Sólo evito los malentendidos —contestó Suavecito como si nada y se encogió de hombros— entonces ¿acerca de esa amiga tuya?

—Ah sí, creo que ustedes harían una pareja bonita —le dijo, apretando mi mano antes de dejarla caer cuando llegamos al comedor— va a ser medio raro porque al principio yo les había hablado de ti como mi enamoramiento, pero de verdad puede funcionar. Tú le harás ser menos enojona y ella te enseñará a ser más enojón. Todo marchará bien.

—Si tú lo dices.

Durante la comida, Kyle y Joseph anunciaron que su nuevo club ya estaba listo y que en unos días sería la inauguración, cuando saliéramos de vacaciones. Suspiré cansado y esperé a que Anabelle no quisiera ir, en cambio saltó emocionada y le dijo a Graham que sería la ocasión perfecta para presentárselo a la gemela mala.

—Por cierto, la familia de Lorenzo está en la lista de invitados —añadió Joseph al final, sabiendo que sería un gran problema. Dejé mi tenedor caer en el plato y lo miré mal— ¿podrías, por favor, mantenerte alejado de él?

—No te prometo nada.

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{capítulo;31}

{Anabelle}

Me puse uno de los vestidos que Justin me compró, el que era más de fiesta, aunque dudé un poco porque era demasiado, ya sabes, revelador para mi gusto. Pero entonces recordé que Lorenzo iría y tuve una vena de rebeldía interior encendiéndose. Tenía toda la intención de demostrarle que mis senos ya se habían desarrollado perfectamente. El vestido era verde oscuro de la parte de arriba, con un escote apretado tipo corazón que hacía saltar mis atributos a un nivel que me aterró al mismo tiempo que me hizo sentir extremadamente sexy. Buena suerte que mi papá no estaba allí, si me llegaba a ver con ese vestido me encerraría por siempre en algún lugar. El vestido tenía un cinturón dorado en la cintura y luego una falda negra de cuero que me llegaba hasta arriba de las rodillas, nada obsceno de la parte de abajo. Estuve una hora alisando mi cabello de arriba y haciendo suaves rulos en las puntas, y luego, con ayuda de un video en youtube, me hice el maquillaje más elaborado, suave y genial que me había echo alguna vez, con la boca color rojo manzana. Después de eso me tomé unas mil fotos con mi celular, porque no podía creer lo bonita que me veía. Justin se volvería loco.

—¡¿Ya estás lista?! —gritó Graham por veinteava vez tocando la puerta salvajemente. Sin contestar nada acomodé mi cabello de nuevo, me puse perfume y me coloqué las zapatillas doradas más grandes que me había puesto nunca— ¡Anabelle!

—¡Ya voy, cierra la boca! —grité abriendo la puerta de golpe, haciendo que Graham se tropezara un poco, luego se estabilizó y me dio una mirada enojada, antes de mirarme bien de arriba abajo como lo hacía antes de que estuviera asustado de Justin— ¿me veo bien?

—¿Bien? —bufó y levantó su vista a mis ojos. Por primera vez en la vida estaba casi tan alta como Graham— eres... wow... luces... no quiero que tu novio literalmente

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me saque los ojos así que me quedaré callado. Vamos abajo, pero por cierto, eres más bonita de lo que se espera para una bruja asquerosa como tú.

Me reí mientras caminaba tras su espalda y bajé las escaleras con mucho cuidado, odiando momentáneamente los zancos que traía puestos. Como de costumbre Justin estaba poniendo cero atención a mi descenso por las escaleras, estaba mandando un mensaje o jugando con su celular, así que cuando llegué a la planta baja me tuve que acercar a él y tronar mis dedos en su cara para que me volteara a ver.

Y ¿esas dos horas que pasé arreglándome? Definitivamente valieron la pena por la mirada atónita que me dio Justin.

Él dejó caer sus brazos y dio un paso hacia atrás para verme por completo, tenía literalmente la boca abierta mientras veía cada pulgada de mí, y cuando llegó a mi cara se quedó viendo de mis ojos a mis labios lo que se sintió como una eternidad. Luego despegó la mirada de mí y miró a sus lados para dirigirles miradas matadoras a André y a Graham, entonces tomó mi brazo y me arrastró hacia la cocina. Tuve que rezar para no caerme mientras seguía sus pasos.

—¿Qué te pasa? —le pregunté, confundida por su reacción. Justin tomó aire, lo dejó salir, me miró de nuevo, se lamió los labios y tomó aire otra vez— Justin, en serio.

Justin tenía un pantalón negro suelto, unos Supra rojos que destacaban demasiado y una camisa abotonada negra con las mangas subidas hasta sus codos. Le llegaba a la boca exactamente con esos tacones que traía y su cabello se veía igual de despeinado-genial como siempre. Pude notar todo eso mientras él hacía el ritual de verme, tomar aire y soltarlo varias veces.

—Eres la mujer más hermosa que he visto... —soltó de repente, luciendo como si no lo sintiera en lo absoluto. Su mirada estaba cansada y torturada, así que mi emoción no fue mucha, sabía que había un pero implicado en la oración. ¿Qué podía ser? ¿Pero eres fea al mismo tiempo? ¿Pero no me gustas de esa manera? ¿Pero deberías morir? ¿Pero te odio? — pero te tienes que quitar ese vestido. Lo siento.

De todos los posibles "peros" ese fue el más inesperado.

—¿Por qué? —pregunté molesta— ¿No te gusta? ¿No me veo lo suficientemente bien para ti?

—No seas tan tonta —murmuró enojado y se acercó hacia mí, llevando su mano a mi hombro y empujando el cabello hacia atrás. Puso un dedo en donde mi pulso estaba explotando y lo llevó primero hacia mi escote, delineando todo el exceso de carne que saltaba a la vista y luego lo llevó hacia arriba, acariciando mi cuello y luego

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mi mandíbula, llegando a mis labios rojos— eres divina, maravillosa y hoy especialmente luces deliciosa.

Su voz era un susurro bajo cerca de mi oído cuando dijo eso. No sé como era posible que mis piernas temblorosas aun soportaran mi peso, estaba realmente perdida por las caricias que su dedo hacia por todos lados.

—Tu piel es tan hermosa... —susurró, antes de inclinarse un poco y besar mi maldito hombro, haciéndome soltar un vergonzoso gemido bajito y ahogado— no quiero que nadie vea tanto de tu piel ¿por qué no lo entiendes? —bajó sus labios, hasta que estaba besando esa grieta entre mis pechos, los cuales se levantaban salvajemente con cada respiración acelerada que daba. Cerré mis ojos, puse mi mano en su cuello y di tres pasos hacia atrás hasta que mi espalda estaba pegada a la pared. Justin rió y levantó su cabeza, luego llevó sus manos a mis muslos y sin aviso alguno levantó mis piernas hasta que estaban abrazando su cintura— Quiero ser el único que te vea así. No quiero a nadie más viéndote ni fantaseando contigo, quiero ser el único que te desee.

—¿Estás celoso? —pregunté con la voz aguda y entrecortada al confirmar sus palabras. Tragué saliva y acaricié su cuello— ¿ese es tu problema?

—Sí. Ese es mi maldito problema.

—Eso es dulce —me reí, y me acerqué para besar sus labios sólo un poco, para que no arruinara mi labial— pero te vas a tener que aguantar, lo siento, gatito.

Él se quedó quieto cuando dije eso y se alejó de mí para verme a los ojos, para poder demostrarme su inconformidad. No le gustaba que lo contradijeran, pero cuando estaba siendo así de absurdo, no podía simplemente darle el gusto.

—No voy a estar contigo todo el tiempo —se quejó— ¿Y si alguien...

—No tengo diez años, sé que no debo de irme con nadie desconocido —puse los ojos en blanco y Justin dejó ir mis piernas. Cuando estuve parada de nuevo rodeé su cuello levemente y le di un beso fuerte, limpiando el fuerte rojo de mi labial en sus labios después— vamos, se hace tarde.

Era temprano cuando llegamos, como las seis de la tarde más o menos. Todos los hermanos de Justin ya estaban dentro, disfrutando del club, y las gemelas llegaron sólo diez minutos después. El lugar tenía en un gigante letrero con luces despampanantes tipo Hollywood el nombre, "Damhsa" que era algo como "Baile" en irlandés. Por fuera era como cualquier otro club, pero por dentro era demasiado genial y moderno como para ser típico. La pista de baile tenía un piso con cuadros de luces de colores y había un montón de mesas altas alrededor. La barra estaba iluminada también y el estante

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gigante donde tenían las bebidas era prácticamente lo único (además de la pista) que le daba luz al lugar.

Cuando llegamos no había nadie bailando y la música no estaba tan fuerte, pero había mucha gente. Fred, Joe y Kyle tomaron un micrófono y dijeron algunas cosas en italiano a lo que la gente aplaudió y rió. Y entonces se fueron, la música empezó a sonar más fuerte, la gente empezó a irse o a bailar, Justin soltó su agarre en mi pierna y se acercó a mi oído para gritar:

—Tengo que ir con los chicos ¡NO TE VAYAS CON NADIE, NO ANDES SOLA NI ACEPTES NINGUN TRAGO! —lo último lo gritó con más fuerza de la necesaria. Lo miré mal y asentí, y él me dio un largo beso antes de irse.

Me quedé con las gemelas y Graham, platicamos un rato y luego decidimos ir a bailar, aunque unos cinco minutos después me di cuenta de que con los zapatos que traía, bailar era demasiado difícil y que la gente amontonada me hacía sudar como cerdo. La barra estaba muy cerca de nosotros y no había absolutamente ningún peligro ahí, quiero decir, el lugar estaba lleno de mafiosos y más protegido que cualquier cárcel, ademas los dueños eran los Bieber y andar sola dos minutos no me iba a matar. Y Justin nunca se iba a dar cuenta que osé desobedecer sus ordenes.

—¿Me puedes dar agua helada? —le pregunté/grité al barman. El tipo asintió y se volteó para sacar una botella de atrás, y entonces sentí una mano en mi hombro y una respiración en mi cuello. Volteé rápidamente, pensando que era Justin, pero en lugar de sus ojos miel, me encontré con unos ojos azules, igualmente conocidos.

—Principessa —murmuró, antes de agacharse a besar mis mejillas. Los ojos de Lorenzo no se veían rojos ni apagados ni desorbitados o locos, fue la primera vez que vi al viejo Lorenzo conmigo y entonces, en lugar de irme, apreté mis brazos y tiré mi cabello hacia atrás mientras el barman me daba mi botella de agua. Estaba emocionada de que me mirara y lamentara haber dicho esa idiotez años atrás— ¿Cómo has estado? ¿Ese chico, Bieber, te trata bien?

—Muy bien. Claro, él es genial —dije, y sonreí, mirando esa bonita sonrisa de lado que siempre tuvo. Él movió de un lado a otro el vaso que tenía en la mano, de un llamativo rosa— ¿Y tú?

—Bien, de un lado a otro, trabajando... —tomó aire y me miró de nuevo, luego le dio un muy pequeño sorbo a su trago y lo levantó hacia mí— esto no es tan fuerte para mí ¿lo quieres?

—Uh... sí —me encogí de hombros y tomé su pequeño vaso. No había manera en que me emborrachara con eso, era demasiado poco, y estaba segura que la advertencia de Justin no aplicaba con gente conocida. Mientras él pedía otra cosa, miré el vaso una

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última vez y me lo tomé todo de un trago. El alcohol me raspó la garganta y cerré los ojos con fuerza unos segundos mientras se me pasaba— mierda, dijiste que no estaba fuerte.

—No tanto para mí —contestó, tomando el vaso con liquido marrón que le dio el tipo y mirando del vaso a mi mano a mi cara con esa sonrisa maniaca que tenía siempre el Lorenzo drogado. Se lo tomó rápido sin hacer ninguna cara y extendió su mano a mí— ¿bailas?

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

¿Lorenzo era así de ardiente hace quince minutos? Mierda, no lo creo. Sus ojos no eran así de profundos ni su piel tan morena ni su aroma tan embriagante. Si lo hubiera sido, yo me le hubiera tirado encima desde que me saludó.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Lorenzo en mi oído, moviendo sus caderas contra las mías al ritmo de la música y mandando vibraciones y toques eléctricos de mi cuello a mi centro, haciéndome temblar de necesidad y aferrarme a sus brazos. El sólo tocar sus brazos me hacía pensar en él desnudo, sobre mí, en una cama, besándome fuerte. Sí, eso me gustaría. Necesitaba besar a Lorenzo, y luego ir con él a algún lugar alejado. Pronto.

—Atrevida —murmuré en su oído. Él bajó una mano a mi trasero, por debajo del vestido y lo apretó, haciendo que mis pezones se sintieran extremadamente sensibles cada vez que se rozaban contra su pecho. Y sé que nunca jamas en la vida yo dejaría a un hombre manosearme en publico, aunque una multitud nos cubriera de los mirones. Pero deseaba tanto a Lorenzo y su toque, que no me importaba en lo absoluto.

—¡¿QUÉ DEMONIOS?! —gritó alguien después de un rato y tomó mi cintura por detrás para despegarme del cálido y hermoso cuerpo de Lorenzo. Miré a André tomando a Lorenzo de los hombros y a él diciendo algo y haciéndose hacia atrás lentamente.

—¡Déjame! —le grité con odio a quien fuera que me estuviera reteniendo. Miré hacia atrás para ver a Graham mirándome raro y sus labios moviéndose como si estuviera diciendo: "¿qué demonios te pasa?" Pero lo ignoré y volví mi vista hacia los chicos— ¡Lorenzo! ¡André, déjalo en paz!

André se quedó quieto ante mi grito, con sus manos cubriendo los hombros del asustado Lorenzo. Me solté del agarre de mi mejor amigo y corrí hasta que llegué a

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ellos; empujé a André y, desesperada por sentir de nuevo sus manos y sus labios en mí, me tiré a Lorenzo, besándolo con la boca abierta, buscando su lengua.

—¡¿Anabelle, qué mierda?! —gritó André de nuevo, separándome de nuevo de él. Luego otra persona tomó a Lorenzo y se lo llevó, pero André se rozó conmigo por detrás y habló en mi oído— ¿Sabes lo que Justin le hará si los ve? ¿Qué demonios te pasa?

No escuché bien lo que dijo, pero tiré mi cabeza hacia atrás y me froté contra su cuerpo, haciendo que se separara de mí inmediatamente. ¿Qué demonios me estaba pasando? ¿Por qué estaba tan malditamente excitada? Nunca en la vida había deseado tanto que alguien, quien fuera, me tocara. Podía sentir la humedad escurriendo entre mis piernas y sabía que no era normal.

{Justin}

André me dijo que Lorenzo puso algo en la bebida de Anabelle, y que ella estaba por todos lados frotándose con cada chico que se le acercaba y por mucho que me hubiera gustado ir por él y matarlo frente a todos en menos de un segundo, sabía que lo más inteligente, justo y satisfactorio sería hacerlo sufrir lentamente; por eso lo dejé ir sin nada más que mis dos puñetazos mejor dados en su cara y una amenaza de que el señor Ferré decidiría qué hacer con él después. La mirada de terror que me dio cuando le dije eso casi fue suficiente para bajar mi enojo. Casi.

Tomé una larga, larga y tranquilizante respiración antes de caminar hacia los chicos en la mesa, para no llegar y gritarles a todos que se fueran a la mierda por descuidar a mi chica, que era prácticamente lo que quería hacer. Anabelle estaba sentada rígidamente, retorciéndose y llorando abrazada de las gemelas, quienes la tenían fuertemente sostenida a la silla y susurraban cosas fuertemente en sus oídos. Esperaba que la estuvieran regañando por ser tan tonta. Y no sé porque, pero sabía desde que le advertí todo lo que no debía hacer, que ella iba a hacer una cosa estúpida como esa; y estaba enojado con ella por desobedecerme como siempre, pero al mismo maldito tiempo estaba preocupado por ella y me sentía mal por dejarla sola.

No sabía mucho de la droga que le dio Lorenzo, sólo que incrementaba el deseo sexual y que sería la nueva cosa que estaríamos mandando a America y a no sé qué otros lugares. No me importaba si esa cosa nos daría millones en ganancias, el hecho

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de que se lo hubieran dado a Anabelle ya me hacía odiarla. Así como la tenían a ella rogando por sexo, tendrían a montones y montones de chicas al rededor del mundo y los canallas de ahí afuera se aprovecharían de ellas sin poder decir que fue violación. Saber que yo de alguna manera estaba ayudando a arruinar todas esas vidas de las chicas que nunca podrían incriminar a esos bastardos me hacía sentir miserable.

—Anabelle —la llamé con voz dura cuando llegué a la mesa. Ella levantó la cara y lloró más fuerte, haciéndome sentir mal por hablarle así. Valor, Justin, esa idiota se lo buscó— ¿cómo te sientes?

—¡MAL! —gritó, ahuyentando a las gemelas de sus lados, se levantó de la silla y caminó hacia mí— por favor, por favor, llévame a casa. Estoy… me siento… quiero… demasiado mal. Ni siquiera quiero, pero estoy ¿me entiendes? Quiero irme, por favor.

—Lo sé —dije, odiando la oleada de preocupación y las ganas de abrazarla. Tragué y me volteé hacia Graham y André— le dije a mi mamá que nos íbamos. Nos vemos en la casa.

—No tomes ventaja de ella —advirtió Graham antes de dejarnos ir. Miró a Anabelle con preocupación y luego a mí con desconfianza. No me gustó ese tono autoritario que usó conmigo, pero que me amenazara por ella aunque me temiera un poco decía que el chico tenía pelotas y que quería a Anabelle de verdad. Se ganó mi respeto.

—No lo haré —aseguré aunque no estaba del todo seguro de ello, tomé la mano sudada y temblorosa de Anabelle y la jalé por entre la gente para llegar a la salida cuanto antes. Cuando estuvimos completamente rodeados de cuerpos ella dejó de caminar y soltó mi mano; me volteé hacia ella sólo para verla empezar a moverse contra un tipo, en mi maldita cara. Tomé otra larga, larga respiración de esas que necesitaba usar mucho al rededor de Anabelle y me dije que era la maldita droga del sexo en su cuerpo y no ella. Tomé su brazo y la jalé fuertemente.

—¡Justin, no! —lloró cuando la alejé del tipo— quiero eso. Bailemos ¿sí? Por favor

—No —negué con fuerza y no dudé en jalarla más fuerte cuando se empezó a resistir y quejar— sólo vámonos.

—¿Vamos a estar solos en tu casa? —preguntó, muy decidida de repente, pegándose a mi espalda y tambaleándose en sus tacones.

—Sí.

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—¿Y qué vamos a hacer? —preguntó de nuevo, acercando su boca a mi oído y haciendo una voz sensual. Oh, como me gustaría que estuviéramos en una diferente situación y yo pudiera sacar ventaja de esto.

—Vas a tomar mucha agua —respondí con la voz entrecortada, tomando las llaves del chico valet y abriendo la puerta para que entrara. Rodeé el auto y mientras lo arrancaba, continué— vas a comer mucho y te vas a dar un largo baño y quizás, si aun sigues... ansiosa, te vas a tener que dar un trabajo a ti misma.

Prefería no pensar en ella trabajándose, o en mí trabajándola. —¿Por qué no mejor me ayudas con eso y...

—No. No, no, no. De ninguna manera —negué con la cabeza, como si estuviera muy decidido. Tragué saliva mientras Anabelle se retorcía en el asiento y me odié demasiado por negármelo a mí mismo— supongo que sabes que estás drogada ¿verdad?

—Me dijo tu hermano —lloriqueó, dejando caer la cabeza hacia atrás— lo peor es que ni siquiera me siento excitada ¿me entiendes? Sólo quiero hacerlo. No. Lo necesito. Justin, lo necesito tanto. Me duele mucho.

—Lo siento, pero es tu maldita culpa —escupí, apretando el manubrio con fuerza y negándome a mirarla— te dije que no aceptaras ningún trago y fue lo primero que hiciste. Te mereces esto por estúpida.

—¡Nunca pensé que Lorenzo me haría algo así! —chilló y cruzó sus piernas con fuerza, como si estuviera aguantando las ganas de orinar o algo así.

—¡¿QUÉ JODIDA PARTE DE 'LORENZO ES UN MALDITO PSICOPATA' NO ENTENDISTE?! —grité, lastimando un poco mi garganta y haciendo que ella dejara de quejarse bajito por unos segundos. Luego empezó a llorar.

—Sólo quería que viera mis desarrollados pechos —murmuró con la voz triste. Negué con la cabeza sin dejarme caer en sus palabras tristes—. Quiero... voy a... pero no sé hacerlo.

—¿De qué hablas? —pregunté confundido. Ella negó como si quisiera que cerrara mi boca y se agachó para desabrochar sus zapatos, luego se deslizó hacia abajo en el asiento y acomodó sus piernas abiertas. Su mano empezó a vagar por debajo de su vestido y casi me estrello con el auto de adelante por estarla viendo— no hagas eso aquí, por favor. Lo digo en serio.

—No veas —susurró, desobedeciendo mis suplicas y luego soltó un jadeo fuerte, cuando encontró el punto, supuse. Miré primero a la carretera y cuando me aseguré de

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que no había mucho peligro inminente, volteé a verla de nuevo. Su mano estaba escondida en la horrible falda esa y no me dejaba ver nada, pero ella se hacía cada vez más para abajo, tiraba su cabeza para atrás y elevaba sus caderas, así que la falda se iba levantando poco a poco. Me obligué varias veces a dejar de mirarla, pero simplemente no podía. Los pequeños sonidos que salían de su garganta tenían mi pantalón a punto de explotar.

No tenía tanto autocontrol. No creo que ningún hombre normal tuviera tanto autocontrol en sus venas, como para soportar eso. Ella me necesitaba y ahora ya estaba dispuesto. Dejé de pensar en su padre y en sus métodos de tortura y me concentré en ella.

{Anabelle}

No sabía lo que estaba haciendo. Frotaba esa parte sensible de mí que parecía darme más placer pero realmente no sabía qué demonios estaba haciendo, era algo instintivo más que nada. Había un dolor permanente en mis partes bajas que parecía no irse y como le había dicho a Justin, ni siquiera me sentía excitada, era sólo mi cuerpo pidiendo liberación a gritos.

Había estado en estado de excitación pocas veces, pero sabía como era; entendía el hormigueo en el estomago y la sensación de delicioso apretamiento, pero lo que estaba sintiendo en ese momento era solo necesidad salvaje y enfermiza. Sólo en mis pezones y en mi centro. Nada de hormigueo en otras partes ni estado de felicidad. Era horrible. Lo peor de todo era que al parecer el cuerpo guía a la mente en esos momentos, justo por eso me estaba trabajando a mí misma a un lado de Justin en un auto. Y siendo sincera, el hecho de que su mirada no me dejaba más que un segundo para mirar al frente cada tanto tiempo, sólo me impulsaban a seguir y frotar más fuerte.

Debería estar avergonzada, de hecho sí lo estaba, mis lagrimas mojando el cabello de mi nuca eran una prueba de la vergüenza permanente, pero al mismo tiempo no me importaba, porque ese era Justin. Podía ser que aun no estuviera mentalmente lista para pasar al siguiente nivel sexual con él, pero definitivamente me sentía más cómoda con esto con él, al fin y al cabo era el único chico con el que había pasado a la segunda base. Y a pesar de su obvio no-enamoramiento hacia mí, yo lo amaba.

Tiré mi cabeza hacia atrás e hice el movimiento más rápido, buscando más placer; abrí mis piernas por completo inconscientemente, tocando la palanca del auto con mi

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pantorrilla, levanté mis caderas y empecé a hacer círculos con ellas sin siquiera darme cuenta. Y entonces pasó. Lo sentí llegando poco a poco y grité un poco, pero entonces me sentí volando y supe que había llegado a mi primer orgasmo en el auto de Justin. Y no había sido tan genial ni tan duradero como había esperado. Me dejé recostar hacia atrás cuando terminaron mis temblores y disfruté el muy leve estado de normalidad de nuevo. Y entonces me di cuenta de que Justin estaba mirando hacia el frente con la mandíbula apretada y los nudillos blancos por la presión que le daban al manubrio. Y justo cuando pensé que todo había acabado, mi cuerpo decidió que estaba listo de nuevo para una segunda ronda y grité de frustración, llamando la atención de Justin.

—No fue suficiente —mascullé enojada y cubrí mi cara con mis manos. Entonces, mientras me quejaba de nuevo y lloraba como idiota, sentí la mano de Justin en mi pierna, avanzando sin problema hasta ese punto. Y aunque todo en mí gritó que sí, me llené de pánico— Justin, espera.

—Te voy a ayudar, hermosa. Sólo déjame hacer esto para ti —dijo, con la voz más profunda que había escuchado en él alguna vez, pero sin voltear a verme aun. Me incitó a abrir mis piernas y lo hice sin dudarlo. Cuando lo sentí tocando mi humedad grité y temblé— mierda, Anabelle. Estás realmente goteando.

Primero me acarició como yo lo hice pero lentamente, queriendo matarme del dolor. Antes de que le rogara que lo hiciera más fuerte, llevó otro dedo hacia más abajo, hacia un territorio que no exploré por mí misma y poco a poco metió su dedo en mí. Entonces sentí lo que me había faltado, el hormigueo emocionante en mi estomago ante sus caricias y las ganas de gritar y gritar.

—¿No te hiciste esto? —preguntó, llevando su dedo aun más dentro. Gemí como puta y negué con la cabeza con fuerza— bebé, entonces nunca iba a ser suficiente. ¿Te gusta esto?

—¡SÍ! —contesté gritando cuando empezó a bombear en mí y a acariciarme al mismo tiempo con una sola mano. No quise pensar en con quién habría practicado esa habilidad para llegar a ser tan bueno porque antes de que pudiera siquiera llegar a idear ese pensamiento coherentemente, estaba llegando a ese punto de nuevo, pero más intensamente. Mis ojos estaban volteándose, mis caderas moviéndose por todos lados, pero siendo retenidas por él mientras hacía su trabajo más fuerte y al final todo fue estrellas y una sensación fascinante. Vagamente me escuché de nuevo gemir como puta de esa manera en que una vez me juré que no haría y gritar el nombre de Justin.

Pero luego, cuando bajé del cielo y estaba lidiando con las precuelas excitantes de mi real primer orgasmo, me di cuenta de que aun no era malditamente suficiente y mi cuerpo todavía quería más.

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{capítulo;32}

Lo primero que noté cuando desperté fue el punzante dolor en mi cabeza. Era tan fuerte que no fui capaz de pensar en otra cosa mientras llevaba mis manos a mis sienes y dejaba caer mi frente a algo tibio. Después pensé en qué demonios podría ser esa cosa tibia y porqué mi cama se sentía tan irregular y alta, pero aun no podía lograr hacer pensamientos coherentes. Me moví un milímetro, el dolor de mi cuerpo punzó y sentí algo raro en mí, como algo que no debía estar ahí y que definitivamente nunca había estado ahí antes pero que me hacía sentir bien. Y luego, mientras abría mis ojos y notaba que estaba sobre un cuerpo con un aroma muy conocido, me di cuenta de qué era exactamente lo que estaba en mí y no debía estar ahí y me hacía sentir bien.

Me guardé un grito de horror y, como cuando recuerdas un sueño, los recuerdos de la noche anterior llegaron a mí, primero distorsionados pero después más vívidos. Todo.

Por favor, por favor, por favor, alguien máteme aquí mismo y en este momento.

Tomé una fuerte respiración y traté de controlarme, traté de hacerle frente a los recuerdos y a todo poco a poco, sin perder la cabeza y sin entrar en pánico.

Me masturbé descaradamente frente a Justin en su auto, luego él me lo hizo cuando me quejé de que no había sido suficiente, después llegamos a su casa y me tiré sobre él; me dio mucha comida y mucha agua, mucho café y me llevó a su habitación, insistiendo que comiera más, pero no, no, yo estaba como toda una loca. Le rogué por sexo.

Le. Rogué. A. Justin. Por. Sexo. Jamás lo voy a superar en la vida. Ya no soy virgen. Adiós, Tesoro De Una Señorita, te voy a extrañar.

Estábamos en su habitación y él me estaba ordenando que comiera una cosa que traía en la mano, era un tipo de pan del cual ya estaba harta y asqueada. Lo ignoré regañándome por no ponerle atención, me quité el vestido, actuando como toda una puta ansiosa y me quedé en mi ropa interior frente a él. Estaba llorando, mis pezones estaban tan duros que sentí alivio cuando me quité el sostén. Estaba tan, pero tan mal

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que mis muslos estaban mojados y pegajosos por mis propios fluidos naturales. Ni siquiera sentí vergüenza en ese momento, me tiré desnuda sobre Justin. Y él no estaba actuando como yo, en lo absoluto. Él había estado excitado también, lo había sentido, pero de todos modos ¿qué hombre normal no estaría excitado en esta situación? Siendo sincera, cualquiera. Pero, lo admito, me dolió cuando recordé lo renuente que estaba a acostarse conmigo. Dijo: "no, Anabelle, para" como mil veces, su cara no reflejaba mucha pasión ni felicidad. Y al final aceptó luciendo derrotado y sólo si tomaba otro galón de agua y me comía otro maldito pan.

Se puso sobre mí después de buscar un condón en su escritorio y, en mi locura, ni siquiera me acuerdo de cómo fue quitándose la ropa. Lo único de lo que soy consciente es lo mucho que estuve malditamente rogando y llorando por mi necesidad y lo mucho que me gustó cuando él se meció contra mí por primera vez y lo fuerte que gemí y enterré mis uñas en su espalda. Recuerdo también como Justin dijo: "estás tan preparada que ni siquiera te va a doler" lo cual me gustó en ese momento. En ese momento en el cual estaba drogada, obviamente. Y después, cuando terminó, yo todavía seguía queriendo más. Por favor, Dios, al menos haz que se me olvide todo eso. Soy una maldita loca asquerosa. Seguía excitada, ¿como puede ser eso posible? Le pregunte a Justin si podíamos hacerlo otra vez y él dijo que yo tenía que estar arriba esta vez, porque estaba muy cansado. Querido Dios, al menos hubieras hecho que él estuviera tan loco por mí como yo. Esto es traumatizante. Mi autoestima acaba de caer cinco metros.

Después de que aceptó con un bufido hacerlo de nuevo, me bajé en su cuerpo y le puse el condón. Yo se lo puse. Yo. El condón. Se lo puse. Voy a morir. Luego me subí en el y lo monté por horas. Mátenme, por favor. Tuve dos orgasmos más mientras estaba encima de Justin. O sea que en total fueron cinco orgasmos los que tuve esa noche ¿puede ser incluso posible? Justin sólo tuvo dos. Y luego se quedó dormido, casi en coma. Seguro le dañé algo.

—Oh, no. No, no, por favor, no —lloré en silencio, cuando me di cuenta de que, de alguna manera, tenía que sacar a Justin de mí e irme de su habitación, de su casa, de su país y de su continente. Y morir.

Pero entonces me di cuenta de otra cosa. Justin estaba dormido. Y, de acuerdo con mi mente, justo cuando Justin me dijo que estaba muy cansado y yo tenía que estar arriba, dijo: "son las doce de la noche y ya no puedo más" o sea que, según mis cálculos, se quedó dormido a la una y media o algo así. Lo que quiere decir que, por primera vez en cinco años, Justin durmió en la noche. Sin ningún recuerdo feo aparente y sin ninguna pesadilla que lo despertara. Ese conocimiento me hizo sonreír un poco.

Tomé aire y me mordí los labios cuando me sostuve de la cama y me hice para arriba para alejarme de Justin. Ahogué cualquier ruido vergonzoso que pude haber

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graznado cuando salió por completo de mí, duro y dispuesto. Entonces, con mis nuevos sentidos de no-virgen, salté a un lado de la cama y gemí bajito por el obvio y punzante dolor en mi entrepierna y muslos. Recogí mi sostén y me puse mi vestido sin mis bragas asquerosas las cuales iba a destruir de alguna manera. Las tomé y con mucho cuidado y una última mirada llena de ternura hacia Justin dormido, salí de su habitación sin hacer ruido.

Adiós Justin, fue un gran placer no ser tu novia y no ser amada por ti.

Corrí en puntitas hacia mi habitación, la cual ahora estaba habitada con un Graham tapado hasta el cuello y roncando realmente fuerte con la boca abierta. Tan sexy como siempre. Me dejé descansar en la puerta cerrada y solté un suspiro con lagrimas en los ojos. Luego caminé hacia mi maleta y saqué algo de ropa para ir a bañarme. Estaba apestosa a alcohol, humo de cigarro y sexo.

Me dejé drogar, me masturbé por primera vez en un auto frente a alguien, lo dejé tocarme, rogué por sexo y monté a un tipo como si fuera una experta en eso. Se supone que las chicas normales hacen esas cosas en etapas diferentes. Primero te tocas a ti misma, para explorarte o lo que sea, en tu habitación, debajo de las sabanas, con seguro en tu puerta y con cierta vergüenza. No como yo que abrí mis piernas, me toqué a lo bruto y grité como loca frente a Justin. Luego pasas lentamente por las bases del noviazgo con tu novio, y cuando tienes suficiente confianza en él, lo dejas tocarte. Cuando estás grande y ya tienes tu sexualidad descubierta o algo así y ya tienes como que un amante definido y en quien confías, le ruegas por sexo si quieres. Y luego lo montas. Estoy hablando de faces, con diferencia de años, con diferencia de experiencia y situaciones. Yo lo hice todo en una noche y bajo los efectos de una droga asquerosa y con alguien que no sentía por mí lo mismo que yo sentía por él.

No sé cuanto tiempo estuve en la regadera llorando. Me lavé las piernas y esa parte unas mil veces. Me seguía doliendo, así que lo hice lentamente y con mucho cuidado. Luego, cuando me cansé de sentirme patética y de llorar, me tiré al piso y me quedé ahí, sintiendo como el agua helada me daba alivio, y pensando.

Mi papá no podría saber de aquello. Nunca en la vida. Mi mamá estaría enojada a muerte por lo de Lorenzo y estaría decepcionada de mí. Yo estoy decepcionada de mí. Las gemelas ya habían tenido sus experiencias, pero seguro que se pondría como locas cuando les contara. Y Graham... a él lo necesitaba en esos momentos.

—¿Anabelle, estás ahí? —preguntó Pattie tocando la puerta. Me senté rígidamente y me aclaré la garganta varias veces antes de decir algo— ya vamos a desayunar, querida ¿te falta mucho?

—Um, no. No, ya casi salgo, Pattie —grité de vuelta, mi voz sonó llorosa y débil. 227 

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—¿Puedo entrar un momento, por favor? —preguntó, y yo no quería decirle que no, así que me paré haciendo muecas de dolor y me cubrí con una gruesa bata beige antes de abrir la puerta. Pattie me miró con algo de lastima y ternura y cerró la puerta con su espalda cuando entró— André nos contó lo que hizo Lorenzo.

La vergüenza me llegó como un balonazo a la cabeza y me quebré de nuevo. Ella se acercó a mí rápidamente y, sin importarle si podía mojarla, me abrazó. Eso era tan, tan, tan vergonzoso.

—¿Qué pasa, linda? ¿Te hizo algo más? —preguntó, pero yo sollocé con fuerza y negué.

—Yo estaba muy... la droga esa me convirtió en una loca... lo siento mucho, Pattie, de verdad —sollocé incoherentemente.

—¿Justin te... ayudó con eso? —preguntó. Me quedé tiesa por un minuto y luego lloré más fuerte, lo que seguramente le dio su respuesta— linda, relájate. Conozco esa droga, tu papá y nosotros poseemos algo de ella, igual que la familia de Lorenzo. Lamento mucho que te haya pasado a ti, pero no hay de qué preocuparte ¿Justin te trató bien, cierto? Eso es todo lo que importa. De todos modos es tu novio ¿no?

Su voz tranquila, su abrazo fuerte, sus palabras amigables. Sólo le faltaba tratarme mal con amor para ser mi mamá. Ella hubiera dicho algo como: el sexo es sexo, tonta ¿crees que ibas a estar virgen para siempre? Diablos, no. Si lo disfrutaste ¿por qué te mortificas tanto? Deja de llorar, que me deprimes, sonríe para tu mami ¿sí?

—No es mi novio —respondí— y, en todo caso, yo lo traté mal a él. Justin seguía negándose a cualquier clase de contacto pero yo... yo lo forcé a el. Lo violé. Violé a tu hijo.

Pattie me soltó y se quedó callada un segundo, luego su rostro se rompió con una sonrisa gigante y empezó a reír.

—Todo está bien con eso, la violación a hombres no está penada —se burló, haciéndome reír bajito— ¿vas a estar bien? ¿Bajarás a desayunar? Justin no ha salido de su habitación, si eso es lo que te preocupa.

—Sí, iré —aseguré— y Justin, bueno, está dormido, quien sabe a que hora se despierte.

—¿Dormido? —preguntó después de un rato, asentí y le sonreí, sabiendo que significaba lo mismo para ella que para mí. Sus ojos se llenaron de lagrimas y se quedó meditando eso un momento— eso es tan bueno, Anabelle. Es un pobre niño con

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muchas cargas y me mata que no pueda dormir. Eh, bien, te... te esperamos abajo. Y te quiero ¿lo sabes, verdad?

—Te quiero también, Pattie.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Anabelle, por favor deja de llorar y cuéntame ¿sí? Dime todo lo que pasó anoche, por que lo último que recuerdo es que estabas follando con un moreno de fuego en la pista y que André casi tiene un ataque cuando los vio. Empezó a decir mil cosas en italiano, de las cuales sólo entendí "Justin". Luego me entero de que te drogaron con algo que te puso cachonda y Justin te sacó de ahí. De verdad quiero que dejes de llorar y me digas.

—Hice la cosa más vergonzosa del mundo —gemí, tapando mis ojos con mis manos— no quiero que te rías, pero sé que lo harás de todos modos, así que...

Efectivamente, se río con fuerza cuando le conté el suceso desagradable del auto de Justin. Cuando le conté lo demás se puso medio incomodo, y cuando lloré de nuevo al final se acercó a mí y me abrazó por los hombros.

—¿No estás enamorada de Justin? —preguntó— ¿hubiera sido mejor que Lorenzo te toqueteara? Anabelle, ve lo bueno en lo malo. Es lo único que puedes hacer.

—Estoy enamorada de él —admití— pero él no está enamorado de mí y ese es el problema.

—No te entiendo. Te pusieron una droga sexual, lo que tenía que pasar, pasó. Y pasó con el chico que amas, deberías estar contenta. Y sobre todo, recuerda que es una droga de la violación también, da gracias a Dios que no fuiste drogada en otra parte por otra persona.

—Es que lo sé, y sé que fui drogada por mi propia culpa, pero ese no es el problema. Ni siquiera me importa tanto lo de la droga. Lo que me tiene así es el tema de mi virginidad y lo patética que fui —me limpié la nariz de nuevo y sequé mis lagrimas— ¿recuerdas lo que te dije una vez? No quería esperar al matrimonio como una monja y tampoco hacerlo con alguien cuyo nombre ni siquiera conociera. La única cosa que yo quería era perder mi virginidad con alguien que estuviera enamorado de

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mí y que hiciera de esa experiencia algo inolvidable. La experiencia fue horrible y Justin no me ama.

—Lo siento, bebé —me arrulló Graham un poco y besó mi cabeza— y ese chico quizás no está enamorado de ti, pero te protege y te cela como si lo estuviera.

—Está atraído a mí, le gusto —dije, suspirando derrotada— me besa y me abraza, me cela y me protege, pero nunca hemos salido en una cita ni hemos hablado de lo que sea que tenemos y mucho menos ha actuado como un chico enamorado. Él, por las cosas que ha pasado, es protector por naturaleza con todos. Se siente culpable y tiene miedo. Me cela porque es como cualquier otro hombre protector y dañado, no quiere que nadie más tenga algo que es suyo, considerando todas las cosas que ha perdido. Necesita mi amor, pero no sé si me quiera dar el suyo.

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{capítulo;33} {Justin}

Jadeé con algo de desesperación cuando me di cuenta de que estaba dormido y me desperté de golpe, sentándome en la cama. Mi cabeza daba vueltas y mi vista se puso negra por el movimiento rápido, pero aun no comprendía cómo demonios era que estaba dormido. Bostecé profundamente cuando fui capaz de moverme, me agaché con esfuerzo hasta donde estaba mi pantalón tirado y saqué mi celular para mirar la hora.

Eran las once de la mañana, estaba desnudo en mi cama, Anabelle no estaba por ningún lado a pesar de lo que había pasado, y aun estaba medio atontado por el sueño.

Me dejé caer a la cama de nuevo y me estiré, amando el sentimiento. Mierda, habían pasado cinco malditos años desde que dejé de dormir como la gente normal y dejé de sentirme así de idiota por las mañanas. Y aunque aun dormía seis o siete horas diarias, no era lo mismo dormir en la tarde. Y, por primera vez en seis años, no tuve ningún sueño. Destellos de algo parecido a una casa gigante, pero nada importante, y nada malo, y nadie sufriendo ni llorando por mi culpa. Y todo gracias a Anabelle.

Yo de verdad no quería acostarme con ella anoche, quiero decir, obviamente quería, pero no de esa manera. Ella estaba drogada, evidentemente no quería eso aunque su cuerpo se lo exigiera, su papá estuvo en mi mente todo el tiempo y para colmo ella estuvo llorando toda la noche. Llorando cuando la tocaba. Llorando cuando se venía. Llorando cuando pedía más. Llorando como si la estuviera violando o algo así. Eso era menos que romántico y menos que estimulante.

Podría sonar raro, pero a mí no me gustaba follar sólo por hacerlo, ni hacerlo con mujeres que no conociera. Claro, era necesario y lo hacía aunque no me satisficiera por completo. Al contrario de todos los hombres en el mundo, a mí no me daba placer compartir un momento intimo con una persona desconocida a quien no le tenía confianza, pero ademas de Fabrizzia y de Anabelle, yo no le había tenido confianza a

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nadie, así que no podía pedir nada más que sexo sin amor y sin nada de por medio mas que placer por unos minutos.

Mi primera vez con Fabrizzia fue rara, incomoda. Eramos niños de catorce años, ella lo hizo para tratar de distraerme y realmente no sabíamos lo que hacíamos, pero yo la amaba y por eso se sintió bien. Con el tiempo mejoramos y aprendimos juntos, avanzamos, maduramos, y nunca el sexo se volvió a sentir bien con nadie más, porque era sólo sexo. Con Fabrizzia era hacer el amor. Con Anabelle no fue ninguna de las dos. Ni tuvimos sólo sexo ni hicimos el amor, solamente acabamos con una necesidad latente. No se sintió mal ni se sintió bien del todo. Fue agridulce. La deseaba, confiaba en ella y le tenía mucho afecto, pero no la amaba, no como a Fabrizzia. Nunca como a ella, por lo tanto nunca se sentiría como hacer el amor.

Cuando terminé de bañarme salí a buscar a Anabelle, pero antes de que pudiera incluso cerrar la puerta mi mamá se tiró hacia mí y me abrazó.

—Mamá...

—¿Cómo te sientes? —preguntó, separándose de mí y tomando mi cara en sus manos. Su nivel de alegría me molestó un poco— ¿Tuviste problemas en la noche?

—No. Dormí corrido —contesté, tomando sus manos con suavidad para que me soltara— y me siento bien, descansado.

—Estoy muy feliz por ti, pero... Anabelle está mal, creo que antes de cualquier cosa deberías ir a hablar con ella y arreglar lo que sea que la haga sentir tan mal. Está en la habitación de huéspedes.

Tenía una buena idea de lo que la hacía sentir mal: la vergüenza. Fruncí el ceño y asentí hacia mi mamá antes de ir hacia donde estaba. Entendía que se sintiera mal, debería de hacerlo. Fue corriendo con Lorenzo y aceptó su maldito trago, pero por lo demás no debería sentirse mal. Era sólo yo. Podía confiar en mí ¿sabía ella eso? Después de que me hubiera visto tantas veces en mis peores momentos, lo de anoche no había sido nada; entendía su necesidad, no era un idiota. Ella no era una zorra deseosa de sexo a todo momento o algo así, estaba drogada y actuó más tranquila que la mayoría de las mujeres a las que les dan eso y no tienen idea de lo que es.

Toqué la puerta tres veces porque tenía seguro, Graham abrió. Se quedó mirándome mal un momento, luego volteo a ver a Anabelle sentada en el piso y, no sin antes darme una mirada de desaprobación, salió de la habitación, dejándonos solos.

Ella no tenía lagrimas en la cara, pero sus ojos estaban cristalinos y rojos, igual que su nariz, así que era obvio que había estado llorando. Odiaba mucho ver a las mujeres llorando, me molestaba, pero ver a Anabelle llorando me hacía sentir mal.

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Creo que ya había dejado eso en claro antes. Carraspeé la garganta y después de responder su tímida sonrisa, me senté a su lado.

—¿Qué tienes? —pregunté cuando no dijo nada. Ella soltó una suave risa sarcástica y tapó su cara antes de hablar.

—Sabes qué tengo, no tienes que preguntar. Hice el ridículo ayer y me comporté como una...

—Te comportaste como esa cosa que te dio Lorenzo hizo que te comportaras, pero ambos sabemos que no eres así. Y no, no entiendo cual es tu problema.

—Te rogué que me tocaras y te supliqué que me lo hicieras y te forcé aunque era obvio que no querías nada conmigo —dijo, como si estuviera repitiendo sus pecados y estuviera muy arrepentida, supongo que sí lo estaba.

—Nunca me hubieras forzado a algo que no quería, Anabelle, no seas tonta —me quejé, enojado por su dolor ante esas cosas— ¿y qué si rogaste y suplicaste? Lo hiciste sólo porque yo no te daba lo que necesitabas.

—Sí, pero —suspiró y me miró por fin— no quería perder mi virginidad de esa manera. Y nunca hubiera querido actuar así con un chico.

Era obvio. Anabelle no era del tipo de querer una noche sin sentido sólo para deshacerse de su virginidad, ella era más de querer algo romántico que pudiera recordar siempre. Y yo no le di eso, en su lugar me dejé caer y arruiné su momento. Mi primera vez fue hermosa ¿por qué no podía darle algo así a ella? Se lo merecía. Y quizás entre nosotros no había lo mismo que entre Fabrizzia y yo, pero en otras circunstancias me hubiera asegurado de hacerla sentir jodidamente especial.

—Lo siento —dije, con voz baja. Anabelle me miró raro, pero antes de que pudiera decir que no tenía nada de que disculparme, seguí— por eso me seguía negando, sabía que te ibas a arrepentir y sabía que no querías eso. Estaba decidido a no dejarme vencer, pero tú seguías ahí, te desnudaste y dijiste cuanto me necesitabas y yo sólo no pude... lo siento.

Anabelle se quedó callada, sólo mirándome, estudiándome. Cuando me empecé a poner incomodo ella sonrió y puso ligeramente una mano sobre la mía.

—¿Te he dicho antes que eres la cosita más tierna? No, no lo era. Pero, para variar, era genial sentirme buena persona. 233 

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—Sí, pero ya deja de arruinar mi reputación de chico malo —me reí, haciéndola reír también. Y con su cara roja, cabello esponjado y salvaje y ojos cristalinos, estaba tan adorable y bonita que no pude evitar acercarme a besarla. Mis labios ya estaban rozando los suyos cuando ella volteó la cara y me dio un pequeño beso en la mejilla. Maldita sea si no se sentía mal que tu chica no te dejara besarla— ¿qué te pasa?

—Creo que... se puso raro con todo lo de anoche ¿no crees? Deberíamos dejar de... besarnos un tiempo. Los amigos que se besan lo tienen más complicado.

¿Amigos que se besan? Sonaba mucho menos de lo que nosotros éramos ¿no? Al menos para mí. Eramos como una pareja, bueno, eso creía yo. No es como si fuera por ahí con todas las chicas a las que he besado contándoles de mi vida y mis cosas privadas y dejándolas verme cuando me quebraba o dejarlas abrazarme, pero si para ella éramos solamente "amigos que se besan" pues ya qué.

{Anabelle}

—¿Y qué pasó después? —preguntó mi papá por teléfono, con esa voz dura y controlada que ponía cuando estaba conteniendo su enojo. Y por primera vez, no lo culpaba por estar tan molesto.

—Justin me sacó de ahí, me llevó a su casa, me dio mucha agua, mucha comida y me quedé en la bañera todo el tiempo. Comiendo y tomando agua y todo ese proceso natural fisiológico.

Mi papá dejó de respirar como toro enojado cuando su cerebro procesó que nadie se había aprovechado de su hija idiota, lo cual me hizo dejar de temblar por estar mintiendo tan descaradamente. Justin estaba al borde de un ataque nervioso a mi lado, pegando su oído al mío para escuchar lo que mi papá estaba diciendo.

—¿Eso fue todo? —preguntó— ¿qué le hicieron a Lorenzo?

—Justin lo golpeó un poco cuando se enteró y luego dijo que tú te encargarías de él después —contesté. Estuve a punto de sonreír por como eso sonó, como si fuera asunto de la mafia, y entonces recordé que en verdad lo era y ya no tuvo gracia.

—Bien. Te dije que Justin era un buen muchacho. 234 

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—Y yo nunca lo negué —mentí, codeando a Justin cuando se alejó del teléfono con una sonrisa de alivio— entonces ¿cuando llegas? Tenemos que hablar de tus negocios ¿recuerdas? Todo eso que me has estado ocultando desde... siempre.

—Nunca te oculté nada, siempre te expliqué que no debías preguntar, porque hay cosas que no debías ni querías saber. A esto me refería. Eras una niña, no te quería dañar ni te quería meter en esto —soltó un suspiro— llegaré en dos días, quizás tres. Hablaremos entonces. Por favor, cuídate. Te amo.

—Está bien —dije, cansada— nos vemos entonces. Te amo, y también cuídate.

Esa noche también me quedé con Justin, estábamos sentados en su cama sin hablar. Los dos habíamos dormido toda la noche anterior, por lo tanto estábamos cansados. Y después de que rechacé su beso, él no lo había intentado de nuevo, así que tampoco nos habíamos estado besando, simplemente estábamos ahí, sentados juntos, con nuestros ojos cerrándose de vez en cuando y volviéndose a abrir. Habían pasado mínimo dos horas desde la última vez que alguno de nosotros dijo algo. Justin estaba respirando pesadamente desde hacía un buen rato y yo ya estaba lista para dejarme ir, pero entonces Justin se retorció y el movimiento me hizo despertar.

Su cara pasó de pacifica a un ceño fruncido como si estuviera enojado y luego en menos de un segundo cambió de nuevo, ahora sus rasgos estaban relajados y suaves, pero sus cejas cayeron en otro ceño, completamente diferente, y su boca se hizo una mueca hacia abajo mientras se pegaba a la pared y movía la cabeza de un lado a otro. Estaba asustado. Tragué saliva y me acomodé frente a él. Justin apretaba su cara con miedo y se pegaba a la pared cada vez más.

—¡Justin, despierta! —grité insegura, tomando sus brazos con fuerza para calmarlo si le daba por golpear algo— ¡Justin!

Él tomó aire como si acabara de salir de una piscina y abrió los ojos, asustado, mirando mi cara pero no reconociéndola hasta un segundo después. Movió sus brazos con fuerza hasta que los sacó de mí y me moví a un lado mientras él miraba sus manos, como comprobando que seguían ahí. Luego se dejó caer en la pared de nuevo, respirando fuertemente, con su pecho elevándose demasiado con cada ingesta de aire y cerrando sus ojos.

—¿Estás bien? —pregunté, acariciando un poco su pierna. No respondió rápido, se quedó apretando su cara y sus puños un momento y luego me miró y asintió, pero era obvio que no estaba bien— ¿qué estabas soñando?

—No soñando. Recordando —respondió, y por fin se relajó un poco a mi lado, como si estuviera muy cansado de luchar— lamento despertarte de nuevo. Duerme. No haré ruido. Escribiré, como me dijiste. Sólo duérmete de nuevo.

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—No estaba dormida de todos modos. Y ahora ya no podré dormir. Me he acostumbrado al modo vampiro —traté de bromear, pero él no sonrió— ¿me contarás qué estabas recordando? Hablar de ello ayuda.

—¿Te acuerdas que te dije hace un tiempo que dejé de dormir por completo hace cinco años? —preguntó después de un rato. Busqué su mano con la mía y lo apreté para que siguiera hablando— eso fue un año después de que me enteré de lo que mi familia hacía. El primer año no fue fácil, pero no era tan malo. No mataba a nadie, sólo ayudaba a mi papá con algunas cosas y me hacían sentir importante. Um... un día mi papá no estaba y los chicos atraparon a un señor que según les había robado algunos kilos de algo, no recuerdo bien. Ellos querían saber dónde tenía la droga. Lo atraparon y lo llevaron a la misma cabaña donde maté al primero, luego me dijeron que tenía que aprender a sacar información y me hicieron torturar al tipo. Yo no quería, te juro que no quería, pero era yo contra todos mis hermanos, no podía ganar...

Se quedo callado después de eso y empezó a respirar fuerte otra vez, su mirada parpadeaba por toda su habitación como si estuviera buscando algo. Me acerqué a él y lo abracé con fuerza. Pensando en el niño que había sido y en todo lo que tuvo que pasar. No era justo que lo obligaran a torturar a alguien a los 13 años.

—Le hice muchas, muchas cosas —susurró con la voz temblorosa y lo apreté más fuerte— corté sus dedos, lo electrocuté, lo golpeé... estuve llorando todo el rato, desde que empezó a sangrar. Les pedí a los chicos que no me hicieran hacer eso pero todos siguieron diciendo que era necesario y que no debía sentirme mal. Ellos me decían qué hacer y yo sólo los obedecía. Estuvimos con él como dos horas. Estaba rezando para que se muriera, pero no lo hacía. Seguía llorando y gritando y mirándome a los ojos mientras le hacia todas esas cosas, como asegurándose de que me sintiera mal por eso. Al final se dieron cuenta de que él ni siquiera era el tipo que se había robado la droga y lo mataron para que dejara de sufrir tanto. Él no era nadie malo, ni se merecía nada de lo que hice. Siempre me he dicho que lo que hago es algo que se merecen, porque todos son gente mala. Excepto él. Era un simple hombre que pasó por el lugar equivocado en el momento equivocado —tomó aire de nuevo y subió su mano para limpiar sus lagrimas. Yo también estaba llorando pero no me molesté en limpiar mi cara, sólo seguí abrazándolo— estaba recordando eso. Casi siempre es eso.

—Lo siento tanto —sollocé contra él— tú no tienes la culpa de nada, eras un maldito niño. Estabas siguiendo instrucciones, no lo hiciste por maldad.

—Pero lo hice, y eso es lo que cuenta.

Por más que quería ayudarlo, de cualquier manera que me fuera posible, mi mente se había quedado en blanco y no sabía que decir. Justin había tenido una vida realmente jodida y no tenía ningún consejo para él, ¿qué podía decir para hacerlo

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sentir mejor por eso? Al final de cuentas lo mató, y tiene razón, eso es lo que cuenta, aunque él no haya tenido la intención de hacerlo. Por eso en lugar de decir algo, lo abracé con más fuerza y enterré mi cabeza en el hueco de su cuello. No quería que nos quedáramos en silencio y él volviera a tener otra serie de recuerdos dolorosos así que dije lo primero que se me vino a la cabeza:

—Háblame de Fabrizzia.

Justin suspiró y llevó su mano a mi cabeza, acariciando mi cabello con suavidad. Lo escuché tragando saliva varias veces y antes de que respondiera, mi vista se posó en la foto que tenía de ella en su mueble.

—La conocí unos pocos meses después de cumplir los doce —dijo, haciéndome recordar rápidamente todo lo que me contó acerca de ese cumpleaños— fuimos a merendar a su casa o a pasar el rato, algo así. Ella era... arrogante y muy inteligente, incluso a los doce; era muy adelantada ¿me entiendes? Tenía el cerebro y el atrevimiento de alguien mucho mayor. Era millonaria, poderosa y bonita, y lo sabía. Al principio me caía tan mal que luchaba por caerle bien, para después hacerla sentir mal... no tenía mucha lógica a esa edad.

—Nadie la tiene —aseguré, riendo un poco.

—Cierto. Bueno, terminamos de alguna manera teniendo una amistad de odio por meses. Nos caíamos mal, pero pasábamos juntos todo el tiempo. Cuando cumplí trece y pasó lo que te acabo de contar, regresé a casa y me encerré en mi cuarto, pero no lloré ni me quedé encerrado una semana o más, sólo me quedé ahí unos minutos tratando de recomponerme y luego me dije a mí mismo que todo estaba bien. Me traté de convencer de eso y traté de seguir viviendo igual que antes, pero cambié mucho y todos se dieron cuenta. Antes era... divertido, supongo. Me reía mucho, todo me daba risa. Y me la pasaba haciendo bromas y cosas así.

Cerré mis ojos y traté de imaginarme a un Justin relajado y divertido, que se riera de todo y estuviera contento todo el tiempo. No era precisamente fácil imaginármelo de esa manera, tomando en cuenta que estaba tocando al Justin del presente que estaba muy lejos de ser así.

—Bueno, ella fue la única que se atrevió a hablar conmigo de eso. Era directa y nunca pensaba las cosas dos veces, llegó a mí después de una semana y preguntó algo como: "¿por qué últimamente estás tan triste?" Y, porque ya estaba muy cansado de todo, le dije la verdad, entonces ella empezó a decirme, como si fuera experta en sentimientos de culpa, que me sentía de esa manera porque era un niño pequeño e inocente y que después, cuando creciera, le encontraría el gusto a lastimar gente. Le dije que no creía eso posible y dijo: "yo tampoco, pero todos a nuestro alrededor lo hacen y no parecen tan tristes como tú. Con el tiempo se vuelve diferente. Mi papá

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dice que te da mucho poder" entonces decidí que no se quería ser un marica llorón y creo que me volví como ella.

—¿Cómo? —pregunté, cuando dejó de hablar.

—Bueno, arrogante como el infierno y muy presumido —se rió un poco y negó con la cabeza— era el niño más molesto y presuntuoso de todos, igual que Fabrizzia. Mi familia era millonaria y poderosa, entonces yo también lo era y me encargaba de que todos lo supieran, sin excepción. Si alguien se atrevía a llevarme la contraria, lo amenazaba de muerte hasta que conseguía lo que quería. Cualquier cosa. Por eso es que Lorenzo y yo nos llevamos mal, en ese tiempo éramos iguales y chocábamos. No supe en qué momento Fabrizzia se hizo mi novia, pero de repente nos besábamos todo el tiempo y ella me decía lo guapo que era y cosas así, sólo para alimentar mi ego. Tenía catorce años, no era nada guapo.

Me reí por eso y me recordé a mí misma a los catorce. Creo que nadie era guapo a esa edad. Y si había alguien guapo a los catorce, yo lo odiaba demasiado.

—Seh, yo tampoco lo era.

—Tampoco supe exactamente en qué momento me enamoré de ella —murmuró, después de un momento— aun no lo sé. Siempre supe que era hermosa, pero nunca pensé en amor, ni pensé en ella como una chica de la cual te enamoras, supongo que al principio no lo era, pero luego fue cambiando conforme crecía. Un día ella me dijo que me amaba y yo me di cuenta de que lo hacía también... y estuvimos juntos siendo cada vez menos inmaduros desde ese día hasta, pues, su muerte.

—¿Me dirás cómo murió? Se quedó callado unos segundos, y luego respondió, en voz muy baja: —Yo la maté.

Me despegué de su cuerpo lentamente, insegura, y busqué su cara para ver si era cierto. Sus ojos estaban cerrados y ya tenía algunas lagrimas gordas corriendo por toda su cara hasta su cuello. Mierda santa del señor. Justin mató a su novia.

—¿Por qué? —pregunté con la voz quebrada.

—Fue un accidente. Te lo juro. Me llevó a su hacienda un día y me dijo que me tenía una sorpresa que me iba a encantar. Caminamos hasta que estábamos en el lugar más alejado de la casa, y entonces ella escarbó con sus manos en la tierra hasta que se topó con una caja. Abrió la puerta y dentro había muchas armas. Dijo que era un escondite de sus padres por si algo sucedía y como yo no sabía cómo disparar, ella me iba a enseñar, porque era necesario saberlo... —tomó aire y se tapó la cara con las manos fuertemente, como si estuviera tratando de meter las lagrimas de vuelta a su

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ojos. Su voz sonaba más dura y ronca que nunca y todo su cuerpo estaba tenso— nunca le he dicho esto a nadie, Anabelle.

—Quizás por eso te duele tanto.

—Todo sucedió tan rápido. Yo era tan estúpido —lloró, haciéndome sentir extremadamente triste e incomoda. Nunca había llorado de esa manera, ni siquiera la primera vez que lo vi. Nunca se había visto tan perdido— estaba frente a ella cuando me agaché y tomé un arma, era demasiado pesada y grande para mí, así que la acomodé y metí el maldito dedo en el gatillo sin ver antes si el seguro estaba puesto. Lo demás pasó tan rápido que ni siquiera lo recuerdo bien. Apreté el gatillo sin darme cuenta y esa maldita cosa soltó un montón de balas en un segundo, asustándome como el infierno y haciendo que perdiera la compostura. Me caí de espaldas y, después de unos minutos tratando de volver a escuchar bien y poner todo en su lugar, me levanté. Fabrizzia estaba tirada en el piso creando un charco de sangre tan grande que no capté al principio que era. La última imagen que tengo de ella en mi cerebro es su cuerpo en el piso lleno de agujeros en su cara y torso.

Tenía que cerrar la boca pero no tenía fuerza para hacerlo. Estaba en completo estado de shock. Estaba pensando en lo irresponsable que fue eso y lo tonto que fue él, pero sobre todo estaba recopilando en mi cabeza todas las cosas que me había estado diciendo. Desde que cumplió doce años el pobre había estado pasando de trauma en trauma. No cabía en mi mente cómo podía una persona superar tantas cosas. Me sentí mal por pensar alguna vez que Justin era amargado, callado y cerrado por elección.

—¿Qué pasó después?

—Me senté a su lado tratando de pensar en qué iba a decirle a sus padres hasta que algo se me ocurrió y los llamé —tomó aire— guardé las armas, dejé todo como estaba y cuando ellos llegaron les conté una historia que no sé de donde me salió, creo que del pánico. Les dije que estábamos afuera solamente pasando el rato y que vimos a alguien a lo lejos y nos asustamos y luego dos hombres armados aparecieron cerca de nosotros y Fabrizzia me hizo correr hacia esa parte donde me dijo que habían armas guardadas pero mientras yo me agachaba para sacarlas, los hombres le dispararon a Fabrizzia y se fueron. Era una historia demasiado estúpida que se me ocurrió en menos de media hora, pero ese mismo día dos tipos se habían metido a querer robar la hacienda y los guardias los vieron, entonces me creyeron. Su familia sigue viniendo a cenar y siguen saludándome y sonriéndome, sin saber que yo les quité a su única hija.

Avancé en la cama hacia él y esperé a que abriera sus brazos para mí antes de estrellarme en su cuerpo y abrazarlo como nunca.

No sabía si era porque estaba enamorada de él, pero nada de lo que me contara me hacía querer alejarme de él. Al contrario, cada vez lo amaba con más fuerza.

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—Tú lo dijiste, fue un accidente —susurré en su oído, y como estaba medio incomoda por la posición, me acomodé hasta que estuve sentada sobre él, abrazándolo cada vez más fuerte— la amabas, nunca le harías eso a alguien que amas. Los accidentes pasan, Justin.

—Sólo lastimo a la gente mala, nunca a alguien que quiero. Fue un accidente. No fue mi culpa —murmuró. Y por alguna razón no sentí que me lo estuviera diciendo a mí. Era como si sólo lo estuviera confirmando en voz alta, para él mismo. Creo que de verdad necesitaba decirse eso a sí mismo.

—A cualquier niño tonto con aires de poder y grandeza le pudo hacer pasado. Ella no debió haberte llevado a ese lugar y tú no debiste haber tomado esa cosa, pero el hecho de que ella murió por tu culpa fue un accidente. Métete eso en la cabeza. No eres malo, Justin.

—¿No soy malo? —repitió como si fuera una broma, y apretó mi cintura al mismo tiempo que su pecho se levantaba violentamente— de hecho lo soy, Anabelle. Aunque no quiera serlo, sólo... esto es lo que me tocó, supongo. Nací para ser alguien malo.

—No seas terco, gatito —murmuré con mi voz lenta y baja también. Me despegué un poco de él y tomé su cara en mis manos con delicadeza para que me mirara a los ojos. No podía expresar lo mucho que me lastimaba ver su cara vulnerable y sus ojos perdidos— te sientes mal por lo que haces, te arrepientes, la culpa no te deja dormir, no disfrutas lo que haces ni un poco y el conocimiento de cuan malas son tus acciones te hace pensar menos de ti, pero esas cosas sólo demuestran lo bueno que en realidad eres. Tú no tienes de la culpa de lo que te tocó. Tú no tienes la culpa de lo que tus padres son o de lo que te hicieron hacer. Eres un buen chico, Justin. Yo lo sé. Siempre voy a estar aquí para ti, te lo prometo. Quizás tú piensas que eres malo, pero yo pienso que eres perfecto.

Cerró los ojos cuando dije lo último, drenando de sus ojos las últimas lagrimas atrapadas y negó un poco antes de abrirlos de nuevo y mirarme con una muy leve sonrisa. Sonreí también, inevitablemente, y, sin poder controlar lo mucho que quería besarlo, me acerqué a su cara al mismo tiempo que acariciaba un poco su mandíbula para besar su nariz, en lugar de sus labios, como tanto quería. Cuando me alejé de él ya no sonreía, su cara había vuelto a ponerse dura.

—Dices que piensas que soy perfecto... pero ya ni siquiera quieres besarme —él susurró, sin ver mis ojos confundidos— te doy asco después de lo de anoche ¿cierto? Te da asco haber hecho eso con alguien como yo.

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—No seas estúpido. Nada acerca de ti me da asco —aclaré, dándole una mirada entrecerrada— es sólo que nunca soñé con perder mi virginidad de esa manera y ahora no me siento tan cómoda. Es sólo eso. Me sigues gustando.

Me acerqué a él y lo besé fuerte sólo para demostrar mi punto. Pretendía darle un beso rápido para no desear más pero Justin suspiró y puso su mano en mi nuca, luego calmó mis labios y volvió el fuerte y tonto beso en uno lento y profundo.

{Justin}

Tomé aire, cerré los ojos mientras Fred y Joshua le gritaban cosas a algún tipo y pensé en la escuela, en mi gorda maestra y en mis estúpidos compañeros para despejar mi mente de lo que estaba pasando frente a mí. No sé ni siquiera porqué empecé a pensar en ellos, ya ni siquiera tendría que verlos hasta que regresáramos a clases. Pero en realidad en ese momento pensaría en cualquier cosa sólo para no ser consciente de lo que estaba pasando frente a mí.

Odiaba que aun cuando yo no tenía que lastimar a nadie, tenía que estar presente en ese tipo de cosas. Era una tonta regla de mi papá, teníamos que estar unidos siempre o alguna estupidez como esa. Bueno, era una mierda estar viendo gente morir sólo porque sí.

Justo cuando el tipo estaba diciendo algo importante que supuse debía escuchar como todos los demás, porque todos estaban bien pendientes de lo que decía, mi papá entró a la habitación. Había salido porque alguien lo llamó y debió haber sido importante, porque regresó masajeándose la nuca, como siempre hacía cuando algo se estaba poniendo complicado y se estresaba. Por eso me acerqué a él rápidamente.

—¿Qué pasa? —pregunté medio asustado. Él suspiró y masajeó de nuevo su nuca antes de responder.

—Sebastian viene de urgencia. Recibió varias amenazas en México de alguien que obviamente sabe sus movimientos y lo amenazó. Anabelle y su amigo están siendo trasladados a la casa de seguridad en Verona.

—¿Qué tipo de amenazas? —pregunté, con la garganta oprimida, angustiado al pensar en lo asustada que Anabelle debía de estar en esos momentos.

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—Del tipo que nos tiene desconfiando incluso de nosotros mismos. De ese tipo. —¿Cuándo me puedo ir?

—¿Ir? No irás a Verona. Te quedarás aquí y demostrarás tu odio hacia ellos hasta que alguien te diga algo.

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{capítulo;34}

Habían pasado sólo cuatro días y medio desde que Anabelle se había ido a Verona con Suavecito y yo había estado actuando como si la chica se hubiera ido a la guerra en Irak y no la volvería a ver nunca. Creo que incluso había contado las horas. Odiaba decirlo y comprobarlo, pero como que ella se convirtió en mi rutina o algo así. Era demasiado raro no verla en todo el día y de verdad la extrañaba. Más que nada en las noches... ¿Quien diría que iba a extrañar tanto a alguien tan molesto como ella? Porque era molesta, pero supongo que todo lo demás lo compensaba.

Hablábamos por celular casi todo el día, pero no era lo mismo a tenerla a mi lado, sobre todo porque sentía como que estaba hablando con una niña de trece años. Así de suave sonaba su voz.

Tomé otro largo trago de lo que fuera que estaba en mi vaso y mientras sentía el delicioso ardor raspar mi garganta, logré ver a Marco D'evillet tambaleándose hacia una sala sola y al parecer hablando consigo mismo. Él, para mí, era uno de los principales sospechosos. Mi papá lo negaba porque el señor D'evillet era, según esto, muy confiable y servicial con el señor Ferré. Pero Marco era un maldito imbécil y yo sabía que nos odiaba a todos y planeaba en secreto nuestra muerte dolorosa y lenta.

Cuando llegué a la sala donde Marco estaba, me senté frente a él. Me incliné hacia la mesita, jugué con una jeringa y me agaché en la mesa, poniendo polvo en mi nariz pero no ingiriendo nada. Sólo quería que pensara que yo estaba igual de mal que él.

Marco levantó la cabeza y me miró como preguntándose qué demonios hacía ahí sentado con él.

—No te molesta que te haga compañía un rato ¿cierto? Todos mis hermanos están ocupados.

—¿No te molesta a ti hacerme compañía, príncipe? ¿Principe?

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—Porque Dios te libre de algún día tener que pasar un tiempo con alguien que no tenga tu tipo de sangre azul positiva —se burló, riendo con los ojos casi cerrados por completo— ¿Qué ha cambiado? ¿Te diste cuenta de que soy casi tan rico como tú, y ahora soy digno de tu tiempo? Porque cuando tuve el atrevimiento de ser clase media, no me merecía ni tu mirada.

—¿De qué mierda estás hablando?

—Resentimientos del ayer, lo siento —se rió y luego se tiró hacia atrás— sólo tenía que sacarlo.

—Bien —dije entre dientes. Teníamos catorce años ¿por qué no sólo lo supera? Además lo trataba mal porque no aguantaba mi mierda como todos los demás, no porque fuera clase media— uh... ¿Cómo estás?

—Extrañado. Muy extrañado de que estés aquí conmigo —contestó con sinceridad y luego parpadeó muchas veces. Su pupila estaba totalmente dilatada, pero al parecer aun tenía algo de control de sí mismo— no debería fraternizar con el enemigo. Me van a regañar por esto.

—¿Enemigo? —pregunté, emocionado. Quizás podría tener al fin una maldita respuesta.

—¿Donde está esa princesa tuya? —susurró pesadamente, ignorando mi pregunta y haciendo que mi espalda se tensara y fuera recorrida por un estremecimiento. "Princesa" fue como la llamó el calvo que nos tomó, y como decía la amenaza que recibió el señor Ferré. Eso obviamente era algo importante, y Marco obviamente tenía algo que ver— tengo entendido que son mejores amigos por siempre, amantes o algo así y están juntos todo el tiempo.

—¿Estás bromeando? —me burlé, como si fuera ridículo— te diré un secreto, ahora que estamos arreglando nuestras viejas diferencias. Odio a esa maldita perra estúpida y al cerdo creído de su padre.

Él frunció el ceño profundamente y me miró confundido y con un nuevo sentimiento en los ojos, como si de pronto se diera cuenta de que no era tanto un enemigo. Eso es, imbécil, confía en mí tus sucios planes.

—No puede ser verdad. Te han estado viendo últimamente con esa chica todo el tiempo, todos los días. Nunca está sola. Tu familia es muy unida con el señor Ferré. Igual que los Jolie. Bieber, Jolie y Ferré. Siempre, siempre juntos. La realeza no tiene espacio para los plebeyos —se rió de nuevo. No dije nada porque realmente estaba

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llegando a algo, así que sólo me reí con él de nuevo. Y me agaché como si fuera a tomar otra linea— no me mientas, Bieber. Te lo juro, no te conviene.

—No tengo ninguna razón para mentir. Simplemente te estoy diciendo que no soporto a la señorita Ferré ¿por qué haces tanto problema? —lo miré como si no comprendiera y él parpadeó como tratando de volver a sus cabales— es un muy buen culo, pero no tiene nada más. Y ¿el señor Ferré? Ya ni siquiera sabemos nada de él. La única conexión que tenemos es Anabelle pero ellos nunca están juntos... ¿Sabes algo? Dicen que alguien está amenazando al señor Ferré. Hemos estado tratando de sacarle información a Anabelle pero la estúpida no sabe nada.

—¿Entonces ella no tiene idea de lo que planean? —No creo. Y yo tampoco. ¿Qué es lo que planean? ¿Y quien?

—Yo no sé quien. Yo sólo sé que quieren el dinero de los rusos. Ese que el señor Ferré reclamó como suyo, y tratarán de conseguirlo por medio de ella. Justin, ¿tú... tú crees que podemos contar con ustedes? Yo creo que nos ayudaría mucho.

Idiota.

—¡Sí! —medio grité. Gracias, Dios, por no darle cerebro a este tipo— quiero decir, mis padres se han estado quejando mucho de que fue injusto que el señor Ferré se quedara con todo el dinero de eso. Él no hizo ni dio nada. Y, herir a esa estúpida sería un extra... dile a tu padre que lo hable con el mío. Te aseguro que dirá que sí.

¿Quien fue el imbécil que platicó del plan frente a Marco? Bueno, no lo sé, pero lo amo.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—¿Entonces cuánto tiempo más tendremos que estar aquí? —gimió Anabelle al teléfono. Sonreí ante su ridículo tono de niña mimada quejándose— odio vivir alrededor de droga y armas mortales... el dinero no me importa tanto, sabes, pero todo lo demás sí.

—No sé, mi papá habló con... bueno, no me vas a entender de todos modos. Pero no lo sé aun, creo que tendrás que quedarte un poco más. Una semana, al menos.

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—¡¿UNA SEMANA?! —gritó, tan fuerte que tuve que alejar el teléfono de mi oído para no quedar sordo de por vida— no puedo quedarme aquí una semana, Graham está muy asustado y yo también. No hemos salido ni al patio y creo que hay droga en el aire porque cada vez me siento más ligera.

—Tranquilízate y no te quejes conmigo, esto fue una orden de tu papá —aclaré, haciendo que se quejara bajito de nuevo— si quieres puedo ir mañana o pasado, para, no sé, llevarte a algún lugar.

Mantuve mis verdaderas intenciones en secreto, porque no podía simplemente decirle por celular lo mucho que extrañaba sus labios, o la manera en la que me abrazaba en las noches, o simplemente a ella. Un hombre tiene derecho de mantener el tipo de secretos que lo harían quedar como un idiota.

—¡Sí! Te extraño mucho. Y quiero salir. Quiero ir a visitar la casa de Julieta. He estado tratando de convencer a Graham pero le da miedo salir. Ven. Rápido. Por favor.

Me reí un poco y me relajé en mi cama, tallando mis ojos.

—Iré mañana. No voy a pedir permiso así que no creo que me quede mucho tiempo. Y yo también te extraño... sólo un poco, así que no te emociones —mentí. Y casi la pude sentir poniendo los ojos en blanco y sonriendo.

—Perfecto. Limpiaré la casa para ti... de hecho eso es todo lo que he estado haciendo ¿desde hace cuanto no viene alguien a limpiar aquí?

—No lo sé, pero casi siempre alguien llega a tomar algo y se va. Te aseguro que no se molestan en limpiar.

—Me doy cuenta. Hemos matado cinco alacranes pequeños, los cuales son los más peligrosos. Te juro que en cada lugar al que volteo hay una telaraña gigante y me la he pasado estornudando por el maldito polvo. Ah, y me da miedo la casa y el barrio. Todo es tan viejo que quién sabe cuanta gente muerta haya pisado por donde yo piso... odio los bichos y los fantasmas y no puedo cerrar los ojos un segundo porque siento algo en todo el cuerpo y solo quiero salir corriendo. Quiero irme.

—Siento que tengas que pasar por tantas cosas, amor, pero supongo que te llevaré algo para matar bichos. Y los fantasmas no existen —agregué con burla. Si existieran, muchos de ellos ya se hubieran asegurado de llevarme al infierno o algo.

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{Anabelle}

Sollocé con horror y me acurruqué contra Graham, abrazando su cuerpo muy fuertemente y temblando de miedo.

No, no, no. Aléjate de mí. —Anabelle, ya la maté —se rió y acarició mi espalda— todo está controlado.

—¡No, no lo está! ¡Nada lo está! —grité, histérica por completo y sin poder dejar de temblar— ¡Esa cosa estuvo paseando en mi espalda por horas y quién sabe cuantas más de ellas hay aquí! Oh, no... ¿Y qué nos asegura que ella era la más grande? ¿Qué si su mamá anda por ahí, planeando vengarse?

Lloré y me estremecí de nuevo. Graham había encontrado una grande, totalmente fuera de lo común, medio verde, larga y horripilante tarántula paseando por mi espalda y, como no sabía que hacer al respecto y estaba demasiado asustado, se quedó callado como quince minutos sólo viéndome hasta que pregunté qué le pasaba. Él tembló y me lo dijo. Creo que nunca había tenido tanto pánico en toda mi vida. Grité y salté por todos lados, moviéndome de un lado a otro como una real loca hasta que la tarántula (más o menos del tamaño de mi maldita mano) cayó al piso. Graham gritó alto y agudo como una nena y pisoteó el piso con desespero hasta que logró pisarla. Luego la quemamos y la destrocé con un cuchillo, sólo por las dudas.

—¿Qué haces? —pregunto Graham cuando lo solté y tomé mi celular.

—Llamaré a Justin, obviamente. Necesito compartir esta experiencia traumática con él —contesté y me metí a mi lista de llamadas recientes, en las cuales sólo estaba él.

—Por Dios, deja de ser tan necesitada, llamándolo cada media hora. Me ahogo con asco en tu aura de necesidad. Yo pensé que eras una fuerte e independiente mujer negra que no necesita ningún hombre.

—Cállate, Graham, en serio. No estoy siendo una chica necesitada, estoy sólo buscando consuelo por esta dura situación en mi hombre —murmuré enojada, pero luego me di cuenta de lo estúpidamente ridículo que eso sonó y nos reímos por mi

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frase dramática de telenovela. Dejé mi celular en la cama, porque mi mejor amigo tenía razón, estaba siendo demasiado necesitada. Lo extrañaba mucho y creo que nunca había hablado tanto por teléfono con nadie más.

Lo peor era en las noches. Justin siempre sonaba triste en las noches, y aunque me decía mil veces que me fuera a dormir y que estaría bien y aunque yo me estuviera muriendo de sueño, no le colgaba. Nos quedábamos hablando hasta que el sol salía y luego batallábamos para despedirnos. No éramos como los idiotas que hacen lo de: "cuelga tú, no, cuelga tú" era que simplemente no queríamos decir adiós. Nos quedábamos callados y soltábamos algunos "um, bueno..." "Supongo que..." "Sería bueno que..." "Entonces..." Hasta que Justin se cansaba de mí y decía que me llamaría más tarde.

—¿Entonces qué haremos cuando llegue tu novio?

—Iremos a la casa de Julieta —le dije con emoción y brinqué un poco en la cama, ahogando un grito— por cierto, encontré un candado abajo y le puse "Justin y Anabelle" y también escribí dos carteles. Tú tendrás la tarea de ir a pegar el cartel más bonito a la pared de los carteles e ir a colocar el candado en donde están los candados sin que Justin se dé cuenta. Y si se da cuenta dirás que todo fue tu idea.

—No, no, no. Eres tan, pero taaaaaaan necesitada. No puedo creer que nunca lo vi venir antes —negó con la cabeza y se rió de mí. No dije nada, porque era verdad— y ni siquiera tuviste la gentileza de escribir un cartel de "Graham y Megan Fox".

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{capítulo;34}

Le colgué a mi papá gritando desde la garganta con frustración, sonando como algún animal herido y aventé mi celular con fuerza a la cama.

—Fue un negocio que hice años atrás con el cual gané muchísimo dinero, mucho más del que deberías saber. Estas personas te quieren tomar y sacarme todo el dinero porque no opinan que yo debería tenerlo. No hay más que explicar. Te regresarás con Justin y te quedarás de nuevo en su casa hasta que esto tenga un arreglo y yo pueda regresar a Italia con seguridad. No te quiero haciéndoles millones de preguntas molestas a los Bieber —y eso fue todo lo que mi comunicativo padre me dijo cuando le lloriqueé que no tenía idea de lo que estaba pasando.

Aún no tenía tiempo para reclamarle de una manera adecuada por tenerme viviendo en la clase media-baja toda mi vida si tenía tanto maldito dinero. Estaba guardándome esa bomba para cuando estuviera conmigo, para que así no me pudiera colgar ni mandar a volar groseramente como siempre.

—Me quieren agarrar porque le quieren sacar dinero a mi papá —le expliqué a Graham, quien tomó su plato de cereal y, aun masticando, se sentó a mi lado en la cama— volveremos a la casa de Justin cuando él venga.

—Está bien. Prefiero estar en esa elegante mansión a estar en esta pocilga con arañas verdes mutantes.

—No me lo recuerdes —gruñí, estremeciéndome un poco, y luego suspiré— Lo siento.

—¿Lo sientes? —preguntó él como si no entendiera de lo que estaba hablando y tragó lo que tenía en la boca— ¿por qué o qué?

—Por todo esto —le dije con algo de coraje— lamento estar arruinando tus vacaciones y tenerte en este lugar, en peligro. De verdad lo siento. Cuando te ofrecí que vinieras yo aun no sabía nada.

—Hey, relájate —dejó su plato en el colchón y alargó su mano para acariciar mi rodilla un momento— me gusta estar aquí. Tengo mucho miedo, pero no puedes negar

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que todo esto es emocionante. Me gusta andar con mafiosos y huir y vivir en una casa de seguridad de Dio con millones en dinero y armas y droga, me gusta mucho más que estar con mi abuela comiendo todo el día y tejiendo con ella, que es lo estaría haciendo de no estar aquí.

—¿Seguro?

—Sí, Anabelle, relájate. Sé que ni tu papá ni tu novio dejarán que te hagan nada malo y a mí tampoco.

—Eso espero. Realmente no quiero morir aun.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Eran exactamente las 4:08 de la tarde cuando un taxi se paró frente a la casa y Justin salió de él cargando sólo su mochila Louis Vuitton, su usual ropa negra y sus zapatillas Supra de un color chillón. Y sabía la hora exacta porque había estado viendo desde hacía veinte minutos del reloj a la calle a ver cuando llegaría por fin. Salté de la emoción cuando lo vi caminando hacia la casa y traté de dejar de sonreír para no verme tan ansiosa. Esperé a que tocara dos veces para correr a la puerta y abrirla.

Era una casa pequeña así que Justin, igual que Graham, tuvo que inclinar su cabeza para poder pasar por la puerta, y en cuanto lo hizo corrí hacia él y enredé fuertemente mis brazos en su cintura, enterrando mi cabeza en su cuello y olfateándolo como la cosa rara y necesitada que Graham me convenció de que era. Justin rió suavemente y de no ser porque sentí la vibración de su pecho en mi mejilla no me hubiera dado cuenta, se hizo un poco hacia atrás para cerrar la puerta y luego me abrazó también, poniendo una mano en mi espalda y la otra en mi cabeza.

—Yo también te extrañé —dijo, después de no sé cuanto tiempo de estar simplemente abrazados en la puerta. Besó mi cabeza con ternura y nos separó lentamente.

—Pero tú no estuviste encerrado cinco días en una casa de drogas con arañas y animales ponzoñosos variados en todos lados —gemí, y lo solté por fin, caminando hasta la sala con él detrás de mí, ya no estaba tan sucia como al principio— ¿Gustas algo? Tenemos toda clase de billetes: euro, dólar, peso, libra, quetzal, yen, afgano, entre otros cuyos nombres he olvidado. Contamos con éxtasis, cocaína, marihuana, anfetaminas, LSD, crack y mi favorita de todas: yumbina, esa que te aumenta el apetito sexual. Tan genial, te la recomiendo. También contamos con diferentes armas

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de fuego, pero no estudié los nombres, sólo sé que está 100% comprobado que te puedes morir con alguna bala. Puedes tomar lo que quieras, yo ya tomé unos cuantos euros, por las molestias que me han ocasionado al mandarme aquí.

Justin rió y me miró como si no creyera todo lo que acababa de soltar. Como si no estuviera viendo las cosas mencionadas por sí mismo.

—¿Buscaste en google?

—No, querido amigo, por si ya lo olvidaste, aquí no hay internet. Sólo observé las cosas de cerca —admití. Tampoco era misión imposible detectar cada cosa, menos cuando Graham era una clase de experto en sustancias como su papá.

{Justin}

Esperé cerca de una hora a que Anabelle se arreglara para salir, y mientras esperaba me quedé solo con Graham en una sala donde no había ni siquiera una televisión. No era que me gustara ver televisión, de hecho nunca había tenido gusto por ello, pero realmente apreciaba el ruido que hacía en ese tipo de momentos.

Nosotros no habíamos hablado mucho desde lo que pasó con Anabelle en el club de mis hermanos, y sinceramente pensaba que estaba celoso, lo que quería decir que sentía por ella algo más que una inocente e ingenua amistad, lo cual no me gustaba en lo absoluto. Mucho menos cuando habían pasado tanto tiempo juntos en una casa pequeña sin siquiera una televisión.

Sé de primera mano lo que se dice acerca de no tener televisión, me lo han dicho millones de veces y mis millones de hermanos son la prueba.

Y no quería, pero mientras más esperaba por Anabelle, más se me llenaba la cabeza con inseguridades acerca de ellos.

Estuvieron ahí metidos cinco días ¿habrán tenido algo? Realmente era probable, muy probable. Ellos tenían una vieja historia de amigos con derechos, o sea que Anabelle podría haber recreado el kamasutra con él y, como es su amigo, ni siquiera significaría nada para ella, y había roto conmigo antes de llegar aquí. No, ni siquiera estábamos juntos de verdad, así que no pudo haber roto conmigo. "Amigos que se besan" había dicho ella, o sea que básicamente Graham y yo estábamos donde mismo,

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y ninguno de nosotros tenía más derecho que el otro sobre ella. No era que me gustara esa comparación. No quería pensar en ellos besándose. Y mucho menos teniendo algo más. Pero de algún modo sentía que, efectivamente, había algo entre ellos de nuevo. No era como si me tuviera que ser fiel o algo, no era importante para ella, seguramente ni siquiera pasaban por su mente los pocos días que estuvimos besándonos cuando hacía con Graham lo mismo que hizo conmigo.

—Estoy lista —dijo, haciéndome salir de mis pensamientos. Me levanté al mismo tiempo que lo hizo Graham y ambos caminamos hacia ella al mismo tiempo, pero, decidido a no quedar como un imbécil, caminé hacia la puerta en lugar de ir a tomar su mano o algo, mirando de reojo lo bonita que se veía, pero decidiendo que no miraría hacia ellos de nuevo. Realmente no quería verlos besándose, así que sólo salí y abrí la puerta trasera del taxi, sin molestarme en dejar pasar primero a Anabelle.

Ojalá todo eso entre nosotros fuera como al principio. Ojalá ella fuera sólo una perra molesta, alegre y habladora que me caía mal. Ojalá aun sintiera la misma lealtad hacia Fabrizzia. Ojalá Graham se hubiera quedado en su maldito continente.

—¿Te sientes mal? ¿Es por el viaje? —me preguntó a medio camino, desesperada por hacerme hablar o algo así. Conociéndola, eso le molestaba. Después de todo ella seguía siendo igual de linda y amable como siempre y que ahora Graham fuera su amigo para besar no cambiaba el hecho de que seguía preocupándose por mí, así que tomé una fuerte respiración, tragándome las ganas de gritarle cosas sin sentido y volteé hacia ella.

—Solamente no me siento animado hoy —contesté.

—Oh... ¿pasó algo malo anoche? Sabes que volveremos contigo ¿verdad? Podemos hablar de ello en la noche, si quieres. No más gastos en llamadas nocturnas —trató de bromear y golpeó mi brazo con el suyo amistosamente.

—No pasó nada, es sólo mi estado de animo. Ignórame si quieres, no creo ser buena compañía.

Ella frunció el ceño pero no pudo decir nada porque el taxista paró frente al histórico edificio café con el letrero "Casa di Guillietta" por el cual yo había pasado muchas veces, claro, sin ponerle la más mínima atención. Les dije que no había que pagarle al tipo y salimos del taxi.

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{Anabelle}

Justin estaba actuando como si estar con nosotros fuera un maldito augurio. No lo comprendía, en especial porque había dicho que me extrañaba mucho. ¿Así actuaba él cuando veía a personas que extrañaba mucho? ¿Era una clase de bloqueo para no demostrar sentimientos? De verdad quisiera saber la razón de su comportamiento.

Cuando nos bajamos del taxi dejé que Justin caminara un poco frente a nosotros para que no escuchara nada y tomé a Graham del cuello, haciéndolo gemir cuando lo jalé hacia mí.

—¿Le dijiste algo para que estuviera enojado? —susurré furiosamente en su oído.

—No, él me estuvo matando con la mirada todo el tiempo. No me quedaron ganas de sacarle platica.

Suspiré con desagrado ante la actitud del chico que supuestamente había venido a verme, ya demasiado alejado de nosotros como para poder decir que veníamos juntos. Negué y me dediqué a admirar el edificio. Había mucha gente estancada en el pasillo de la entrada y sólo Justin había pasado, mientras nosotros buscábamos un espacio.

Cuando logramos pasar entre todos los turistas gritando en sus diferentes idiomas, riendo y pegando sus carteles en las paredes del túnel, Justin se volteó hacia nosotros, como si estuviera cansado de que fuéramos tan lentos, me encogí de hombros ante su mirada.

Saqué el cartel que escribí de mi pequeño bolso azul de lado, junto con un chile de menta para pegarlo. Se lo pasé a Graham tratando de no llamar la atención de Justin a mi lado y metí el chicle en su boca bruscamente. Cuando volteé, Justin nos estaba viendo sin mucho afecto en sus ojos. Le sonreí y palmeé las suaves mejillas de Graham mientras él se quejaba por mi abuso y se hacía para atrás, masticando el chicle con fuerza y haciendo un escándalo con el cartel. Justin no estaba poniéndonos mucha atención deliberadamente y Graham no encontraba un lugar libre para ponerlo, así que tomó tres hojas con coraje y las arrancó de la pared cuando se frustró, supongo. Pegó el chicle a la pared y aplastó el cartel con fuerza, haciendo muy visibles nuestros nombres con mi letra más bonita.

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Tomé a Justin del brazo, lo jalé al otro extremo del pasillo para que no lo viera, y cuando ya estábamos pasando por entre la gente, escuchamos el grito de Graham y nos volteamos a ver su cabeza, que sobresalía por sobre un par de chicas chinas.

—Um, Anabelle, aquí está lo que querías de —miró incómodamente a Justin y luego a mí, apuntando a una cosa en la pared, pero una china me obstruía el camino con su cuerpo y no lograba ver— lo de los malditos candados. Y lo tienes en tu bolso.

Lo miré con los ojos muy abiertos incapaz de creer que hizo lo primero que le dije que no hiciera, mencionar algo de eso cerca del amargado a mi lado. Tomé un respiro para no gritarle frente a toda la gente y volteé, avergonzada, a ver a Justin, quien me veía con el ceño fruncido y ojos acusadores, heridos. Supuse que estaba enojado porque se dio cuenta de lo que trataba de hacer a sus espaldas. Cerré los ojos, saqué de mi bolso el candado grande y gris con nuestros nombres escritos en un lado y lo levanté un poco hacia él antes de caminar hacia donde Graham estaba, sin querer darle tiempo de que me quitara el candado y lo tirara a la basura.

—Mierda, no hay ningún espacio —me quejé. Pero mi amigo se apretujó a mi lado y me ayudó a mover los demás candados para poner el mío— bien. Ahora nos amaremos por siempre, Justin.

—Suerte con eso —se burló Graham cuando caminamos hacia Justin de nuevo, con sus manos metidas en sus bolsillos y las venas de sus brazos exaltadas, como si estuviera tensándolos demasiado. Parecía, por su postura y su cara, que estaba muriendo de enojo— ¿te das cuenta de lo enojado que se ve?

—Sí, pero no lo quiero presionar ¿me entiendes?

Conforme el tiempo pasaba y Justin se negaba a siquiera caminar a nuestro paso, me di cuenta de que quizás presionar era lo que tenía que hacer. Pero no lo hice, porque no me dio el maldito tiempo, se alejaba de mí como un niño enfurruñado cada que me acercaba a hablarle, así que después de unos minutos mejor opté por ignorarlo del mismo modo que él lo estaba haciendo conmigo y disfrutar del momento con mi mejor amigo, quien iba coqueteando con gestos y sonrisas con una rusa que no hablaba ingles.

Habíamos estudiado en la clase de literatura hacía como un año la casa de Julieta, así que más o menos ya sabía qué esperarme ahí. Todo era bellísimo y antiguo, y sobre todo romántico, tomando en cuenta de que la chica con la historia más romántica del mundo vivió ahí, incluso aunque su historia no hubiera sido romántica en lo absoluto. Toqué el seno de la estatua de bronce de Julieta en otro intento desesperado de que Justin me amara por siempre y Graham me tomó fotos apretándolo vulgarmente. Vimos su vestido y el ridículo traje de romeo. Su habitación, su cama, su cocina, y ese famoso balcón.

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—¡Fue genial! —exclamé cuando íbamos de regreso, incapaz de contener la sencilla emoción. Pero Justin lo arruinó para siempre diciendo: —Ni siquiera es la casa de la verdadera Julieta. Lo sabes ¿cierto? Es sólo algo que hicieron para atraer turistas. No comprendo tu emoción.

Para cuando estábamos en la grande avioneta de los Bieber que nos llevaría de regreso a Roma ya no soportaba a Justin. No nos ponía atención y cuando lo hacía era para recalcar algo, insultarnos y arruinar todo. Atacó a Graham por un simple comentario del calor que hacía: "Vuelve a tu maldita casa entonces, Suavecito. Vete corriendo. Nadie te quiere aquí lloriqueando" y sé que Graham había dicho que no le molestaba que le llamara así, pero vi cómo apretó las manos en puños ante eso, entonces repliqué: "Yo lo quiero aquí, Justin" lo cual de alguna manera hizo que su enojo pasara de 80% a 110%, apretó su cara y su cuerpo y se negó a abrir la boca de nuevo.

—Creo que está celoso —susurró Graham cuando despegamos. Justin estaba sentado lo más alejado que pudo de nosotros y no nos miraba, su cara casi estaba pegada a la ventana y sólo resaltaba su maldita mandíbula tensa— deberías alejarte de mí un rato. Voy a dormirme.

Pero yo sabía que no podían ser celos. Bueno, quizás en parte, porque Justin era demasiado celoso, pero tanta hostilidad debía tener otra razón además de ser sólo celos. Limpié el sudor de mis palmas en mi pantalón negro y me levanté de mi asiento, caminando lentamente hacia Justin y me senté a su lado.

—¿Qué? —preguntó sin verme cuando me sintió a su lado.

—Primero que nada, hazme el favor de mirarme —exigí con coraje. Él suspiró como si estuviera muy cansado de mí y apretó su mandíbula aun más fuertemente antes de mirarme a los ojos. De verdad tenía que ir a que un doctor le mirara esa mandíbula. Apretarla tanto no podía ser sano— gracias. Ahora dime qué demonios te pasa y porqué nos estás tratando de esta manera.

—No me pasa nada, ya te lo dije —contestó, y se cruzó de brazos mientras se acomodaba hacia abajo en su asiento y me miraba de nuevo como si estuviera aburrido de mí.

—¿Entonces qué te hicimos? —pregunté en voz alta— de verdad no lo entiendo, un segundo me abrazas y me dices que me extrañaste y al otro te alejas de mí como si tuviera lepra. Al menos me hubieras dicho que estuviste contento de estar sin mi horrible presencia esos días.

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—Te extrañé. Yo no estaba mintiendo —murmuró entre dientes— sólo que no sé si tú me extrañaste a mí.

—¡Claro que sí! —medio grité, indignada por completo.

—Quizás sí, pero no del mismo modo que yo lo hice. Y de verdad no quiero ser grosero contigo, pero sinceramente no quiero estar cerca de ustedes dos. Sabes cómo me siento por ti, y aun así me restregaste en la cara tu nueva relación de "amigos que se besan" con tu anterior amigo para besar, ¿o es que ustedes ya pasaron al siguiente nivel? Porque eso de pegar carteles y candados para el amor eterno como que los deja a un paso del matrimonio.

Abrí la boca pero no salió nada. O sea que, efectivamente, eran celos. Y una vez más comprobé mi teoría de que Justin sólo se soltaba hablando cuando estaba celoso y quería probar algo, porque se sentó recto en el asiento, volteado hacia mí, y siguió hablando sin parar:

—Quería darles espacio en la casa de Julieta, no quería ser un mal tercio para ustedes, y no lo fui ¿verdad? Ni siquiera me miraste. Ni una sola vez. Ahora para ti sólo existe tu tierno y buen samaritano Graham que no mata ni a una palomita en el campo ¿no? Dime, Anabelle, sólo dímelo ¿te acostaste con él? —preguntó, con un odio en su voz que realmente me dejó sin habla otro segundo. Al parecer habíamos estado en polos opuestos todo el día— vamos, no me voy a poner a llorar, no pasa nada. Lo hiciste ¿cierto? Ahora sin ninguna droga en tu cuerpo, y sin arrepentimientos. Ahora no lloraste. ¿Le hiciste el amor? ¿Fue tierno contigo? ¿Te besó toda la noche, después de que terminaran? Porque yo no lo hice. Y supongo que no fue mi culpa, pero tú no me querías a mí para eso, después de todo. Y...

—Espera —lo callé, cuando por fin pude encontrar mi voz— sólo... sólo espera y cállate un segundo... ¿qué demonios te pasa por la cabeza? Eres un real idiota.

—Ah, lo soy, nunca me podrías comparar con esa cosa suave y perfecta de ahí atrás —hizo un gesto de odio hacia donde estaba mi mejor amigo y apretó su cara de nuevo. Casi quería reír y sentirme bien por su arrebato tan ridículo, pero estaba demasiado enojada con él.

—¿Has escuchado hablar de una cosa que se llama confianza? —pregunté irónicamente— es cuando, a pesar de ser un celoso imbécil, confías en que lo que te dijo la chica es verdad. Confías en sus palabras y en ella. Porque yo recuerdo que dicha chica te dijo mil veces que dicho chico suave no era nada para ella además de su mejor amigo. Así que tú debiste de creerle y no hacer suposiciones estúpidas sin fundamento y actuar como un impulsivo celoso idiota todo el día con ella. Porque ella quería estar contigo.

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Justin jadeó un poco, como si no pudiera creer que le estuviera contradiciendo. Sus ojos se normalizaron y un segundo después volvieron a entrecerrarse con enojo hacia mí.

—Tengo fundamentos, varios de ellos, en realidad...

—No tienes nada —lo interrumpí— no tienes nada porque tu cerebro celoso bloqueó la parte inteligente que te hace hablar como un hombre normal. Preguntar y no suponer.

—Es que no tengo que suponer nada, maldita sea. Todo es obvio —replicó, respirando fuertemente— terminas conmigo nuestra relación de amigos que se besan y luego te vas a una casa pequeña que ni siquiera tiene televisión con tu mejor amigo con el cual tenías algo antes. No había nada que hacer, lo comprendo, pero pudiste habérmelo dicho antes para que no me enterara así. Tuve que ver cómo pegaban su cartel y ponían su maldito candado juntos.

—El cartel y el candado decían "Justin y Anabelle" —solté, para que dejara de soltar tontería tras tontería— y sí, había terminado las cosas contigo porque me sentía mal por lo que hice y cómo actué y por eso me daba vergüenza decirte que de repente escribí nuestros nombres como una niña de trece años, porque ya no tenía que hacerlo, se suponía que ya no teníamos nada. Pero cuando noté que viste el candado, pensé que habías visto nuestros nombres, por eso lo levanté hacia ti. Y después de eso me ignoraste todo el rato.

—P-pero tú no...

—No había televisión, así que limpiábamos, matábamos bichos, contábamos dinero y jugábamos al banco, platicábamos y sobre todo, hablaba contigo todo el maldito día por celular. No me acosté con él. Ni lo haría nunca, aunque tú no existieras en mi vida. Es guapo y todo, pero no es mi tipo de esa manera, jamás llegaríamos tan lejos. Y eres un real, real imbécil si no te das cuenta de que sólo quiero estar contigo. Nunca en la vida he sido tan evidente.

Justin se quedó callado después de eso, y casi me sentí orgullosa de mí misma por hablar de esa manera tan madura con un chico y no sólo lloriquear como tonta. Él se pasó la lengua por los labios y dejó todo su cuerpo relajado mientras yo estaba temblando, aun enojada con él por no confiar en mí. Y si me detuve de decirle que lo amaba fue porque sabía que él no lo hacía aun, pero ya llegaría eso, tenía que ser paciente. No era el momento indicado.

—Amor... —empezó, con la voz insegura y baja. Se pasó la lengua por los labios de nuevo y se acercó a mí, con la cara de perro degollado más linda que lo hubiera visto

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hacer alguna vez— lo siento mucho, no sabía. Lo que pasa es que... yo sólo... soy un imbécil de calidad... ¿Me perdonas, por favor?

"Sí, Justin, te perdono porque eres la cosa más malditamente tierna que existe, te amo demasiado y resulta que me encanta que los chicos sean celosos." Eso debería de haber dicho, porque era la verdad. Pero vamos, estaba siendo tierno conmigo por fin después de todo un día siendo un imbécil y debía aprovechar el momento. Así que me relajé, puse una cara de "me has lastimado mucho" y me encogí de hombros débilmente, haciendo que él soltara todo el aire. Justin se acomodó aun más cerca de mí y tomó mi mano suavemente en la suya.

—Es que, Anabelle, te he extrañado mucho, más de lo que me gustaría admitir. Y pensar que ese chico estaba contigo todo el día y yo tenía que recurrir a mi celular me hacía querer romper cosas, como sus huesos, por ejemplo... —dijo, con tanta seguridad que lo miré con los ojos abiertos de incredulidad, haciendo que riera bajito— sólo bromeaba. Sé que tú estabas avergonzada por lo que pasó con la droga y por eso ya no quisiste tener nada conmigo, y el rechazo no es algo que tome bien, así que eso también estaba ahí. No me has besado desde hace una semana, y eso también me tiene al borde. Y... soy muy celoso, posesivo y tonto cuando se trata de estas cosas. Fabrizzia se quejaba mucho de eso, de lo idiota que soy cuando siento celos, y yo me doy cuenta y de verdad odio ser así, pero es parte de mi mierda y no lo puedo dejar, aunque lo intente. Si esto te hace sentir mejor, estuve pensando en ti todo el tiempo.

—Yo también pensé en ti —murmuré, de pronto abrumada por su cercanía y por sus palabras. Era simplemente maravilloso cómo de bien se sentía en todo mi cuerpo saber que él sentía algo por mí— Graham me llamó necesitada.

—¿Necesitada? —se rió bajito, tan cerca de mi cara que nuestras voces eran susurros— yo pensé que yo era el necesitado. Entonces supongo que estamos iguales.

—Lo estamos, gatito —estuve de acuerdo, y llevé mi mano a su mandíbula para acariciarla un momento y luego unir nuestros labios lentamente. Justin atrapó mi labio inferior entre los suyos y nos quedamos así un poco, sólo sintiendo. Lo extrañé tanto.

Justin sacó la lengua y la pasó por mi labio fugazmente antes de separase de mí.

—Bien, tengo que hacer esto —susurró como para sí mismo, y tomó mi cara entre sus manos, separándose lo suficiente de mí para que nos viéramos a los ojos. Se pasó una vez más la lengua por los labios, como lo hacía cada vez que se ponía inseguro o nervioso— No sé como preguntar esto de una manera adecuada pero, um, Anabelle ¿te gustaría ser mi chica?... ¿Mi novia? Tienes que aceptar ser sólo mía, de manera que si alguien más se te acerca y yo no estoy de buen humor tendré el derecho de matarlo... o algo peor.

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Dejé caer mi mandíbula y pude sentir como mis ojos brillaban. Dejé salir una risita estúpida ante lo último, porque sabía que de todos los chicos en el mundo que podrían amenazar con eso, Justin era probablemente uno del 10% que lo cumpliría.

—Estaba pensando en cuánto tiempo ibas a tardar en preguntármelo, gatito, y como...

—¡Sólo dile que sí al pobre hombre! —ordenó una voz alta, demasiado cerca de nosotros. Grité un poco del susto y me alejé de Justin, jadeando. Graham estaba sentado detrás de nosotros y no se veía dormido para nada— oh... disculpen el susto, es que no me pude dormir y entonces decidí que los espiaría para ver porqué Justin había sido un idiota tan grande. Y lo demás fue tan lindo, casi no me aguanto el "aw" que salió de mi corazón, quién diría que este chico que amenazó con romper mis huesos sería tan romántico. Eres como un príncipe encantador, amigo mío, lo hiciste bien. Muy bien jugado ¿Te molesta que me robe tu declaración?

No podía creerlo. Lo iba a golpear tan, tan, tan duro por esto. Arruinó completamente el momento. Gruñí y lo fulminé con la mirada, o al menos eso traté, pero estaba demasiado contenta como para sentir furia. Me recompuse y miré a Justin, quien no había dejado de ver con algo de sorpresa, desprecio y simpatía a mi amigo.

—Sí quiero ser tu novia —dije, empujando la cara de Graham, ignorando su quejido y tomando la cara de Justin para besarlo fuertemente antes de que retirara su oferta.

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{capítulo;35} {Justin}

Anabelle salió al patio, caminó unos cinco pasos decididos hacia nosotros, nos dio una muy buena mirada matadora y, luciendo entre enojada y despistada por lo que estaba haciendo, sacó un arma de sus botas de cuero, apuntando hacia cada uno de nosotros dramáticamente y encogiendo sus hombros de una manera que haría que la fuerza del disparo se fuera a todo su cuerpo y no sólo a sus brazos.

—¿Cómo lo hice? —preguntó un segundo después, bajando el arma y convirtiéndose en cuestión de un segundo en una chica linda y dulce en un traje de zorra asesina. Todos nos empezamos a reír de ella y ese cambio, ganándonos una fea mirada de su parte. Supongo que tener a ocho chicos riéndose de ti no es tan genial.

—No estás filmando una película, Anabelle —le recordé, sonriendo un poco— no seas tan teatral y dramática con eso o nadie te la va a creer. Sé natural.

—Bien —suspiró, cansada de tanta practica, supongo, y volvió a meter el arma con cuidado en sus largas botas— ¿y el vestuario? ¿Está pasable? ¿Qué opinan?

—No —negó Joseph, aun riéndose de ella— ¿De donde sacaste eso?

Ella dio una rápida mirada a su pequeñísimo short de cuero y a su muy pegada y reveladora blusa del mismo material, terminando en sus botas negras hasta el muslo sin poder comprender porqué alguien no encontraría ese atuendo de puta totalmente adorable. Yo jamás la dejaría salir de la casa vestida de ese modo, y menos la dejaría entrar así a un lugar como al que íbamos. La mitad de su lindo culo era visible para cualquier persona atenta y sus pechos parecían estar luchando con esa blusa para salir de ella cuanto antes, pero no le dije nada acerca de eso porque encontré totalmente

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adorable su cara cuando apareció vestida de esa manera sonriendo como si fuera una travesura.

—Las gemelas me prestaron la ropa y compré las botas hoy temprano —contestó, encogiéndose de hombros— así es como las chicas mafiosas salen en las películas ¿no?.. vestidas de putas en cuero ¿verdad? ¿O no?

Me reí con fuerza ante eso —¿Cuando demonios has visto una película así?

Ella pareció pensarlo un momento y sus mejillas se tiñeron de rosa antes de que se encogiera de hombros y se negara a hablar de eso de nuevo.

—Me pondré otra ropa entonces —aceptó— pero las botas se quedan. Escondían gran parte de sus piernas, por lo tanto eran pasables para mí. —Está bien —dijo Kyle— ahora repasa el plan en voz alta, Anabelle. —De seguro ya se le olvidó —se burló Graham.

—Claro que no —negó enojada, poniendo los ojos en blanco y las manos en su cadera— seré coqueta con todos, hablaré con el chico cuyo nombre raro empieza con E, actuaré como si fuera la reina del mundo, como si fuera súper mala y como si no confiara en nadie. Justin me mirará mal de vez en cuando, me manoseará frente a todos, pero dejará en claro que no tenemos nada además de sexo ocasional, y le diré al chico unas cuantas cosas de mi papá.

—¿Qué cosas? —presioné, porque realmente no quería que se olvidara de eso. Ella me miró mal, molesta porque dudé de ella.

—Que está viajando por Brasil y Colombia... haciendo negocios con el señor Abarraco y... y que últimamente ganó mucho dinero. Pero no diré cómo.

—Exacto. Sólo lo dejarás queriendo saber, queremos que averigüen —Joshua asintió y suspiró— bueno, parece que todo está bien. Vayan a arreglarse, recuerden que nos vamos a las doce.

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{Anabelle}

Metí la pequeña y linda pistola en mis botas, mirando antes si tenía el seguro y tomé a Justin del brazo para alejarlo de sus hermanos aunque fuera por unos minutos. Quería un poco de tiempo a solas con él antes de irnos y yo tuviera que coquetear con ese chico del nombre raro. Miré a Graham antes de atravesar el patio, quien al parecer hizo amistad con Fred, lo cual me alegraba porque de esa manera me dejaría en paz cuando quisiera momentos a solas con Justin.

Había pasado sólo un poco más de una semana desde que volvimos de Verona como novios oficiales y realmente parecía que nuestra relación era entre Justin, Graham y yo. Me estaba molestando tenerlo observándonos todo el maldito tiempo y aun más cuando nos besábamos.

—¿Que pasa? —preguntó él cuando entramos a su habitación, sacándose los zapatos y tirándose a su cama.

—Nada, sólo quería un momento a solas, desde que hemos estado todo el día con tus hermanos y eso —suspiré cansada y me tiré a su lado, siendo inmediatamente rodeada por sus brazos— me pone incomoda besarte frente a ellos.

—¿Por qué? —preguntó sonando divertido.

—Porque se nos quedan viendo demasiado, nadie les ha enseñado a ser discretos. Y Tayson luce medio asqueado y medio curioso cuando nos mira, no quiero darle malas ideas o algo.

—Ignóralos, son estúpidos. Y Tayson ya está creciendo, supongo que ya empezó a querer ese tipo de cosas. No es que me importe.

—¿Tayson ha ido antes a alguna fiesta de esas?

—Sí, sólo una vez —tomó aire y pasó un brazo por mi cuello para acercar mi cabeza a la suya— no quiso volver a ir porque las putas lo tocaron mucho, pero supongo que ahora le va a fascinar.

—Es un niño —siseé con enojo, sentándome a su lado, incapaz de entender cómo es que esas mujeres manosearon a un niño de 13 años.

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—Y ellas son putas, y se les paga para satisfacer a cada persona en ese lugar, sean niños, niñas, mujeres u hombres —contestó sin darle importancia. Luego se levantó con cuidado y sacó algo de su escritorio. Cuando se volteó hacia mí vi que eran una clase de audífonos negros y delgados— mira, estos son tapones.

—¿Para qué? —pregunté, tomándolos.

—Para que el sonido de los disparos no suene tan fuerte, Anabelle, obviamente. No quiero que actúes como la última vez ¿de acuerdo? —se acercó, tomando mis manos y mirándome fijamente, sólo pude asentir— estoy hablando en serio, esa vez no había mucha gente, comparada con la que habrá ahora. Tienes que estar consciente de que cada individuo te estará mirando, estudiando tu actitud. Tú matas gente ¿recuerdas? Eres una despiadada y fría chica millonaria que no conoce limites y no puedes lucir afectada cuando alguien muere o consume algo frente a ti.

—No actúes como si no confiaras en mí —hice un puchero y llevé mis brazos a su cuello, haciendo presión para que cayera sobre mi cuerpo— ahora sé a lo que me enfrento ¿bien? Ahora soy diferente. Estuve en clases de teatro dos semanas en primer año, sé fingir... un poco, pero supongo que funcionará.

—¿Estás segura? —preguntó, empujándome hasta que quedé aplastada en la cama debajo de él— porque sé que eres demasiado mojigata, y eso puede ser malo.

Entrecerré los ojos hacia él —No soy mojigata... —peleé en voz baja, harta de esa maldita palabra y abrí mis piernas para amoldarlo. Justin sonrió de lado como si no me creyera, así que puse las manos en su cuello y lo atraje hacia mí para un beso del cual yo pretendía tener todo el control.

Pretendía, porque en el momento que sus labios tocaron los míos me perdí en el cielo y él fue quien se encargó de todo.

—Eres una pequeña cosa sexy —murmuró en mi boca antes de atacarla de nuevo y tomar mi trasero con fuerza, levantando sin problema alguno el pequeño short que me puse para acariciar la piel de mi trasero. Suspiré por el pequeño temblor que me recorrió y bajé mis manos a su espalda baja, para pasar mis manos por debajo de su camisa.

No nos habíamos besado de esa manera desde el primer día que llegamos porque Graham siempre estaba metido con nosotros y cuando nos dejábamos llevar un poco empezaba a hacer comentarios estúpidos que acababan con la magia del momento. Justin no había querido hablar mucho del tema, pero yo sabía que aun tenía resentimiento por mi perdida de virginidad, mi llanto, mi rechazo y todo eso. Y yo aun no había tenido oportunidad de decirle que ya estaba lista por si quería hacerlo de nuevo. No recuerdo mucho, pero las pocas cosas que aun tenía en mente hacían que

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me retorciera con más ganas bajo él, pero mi short me lastimó y tuve que empujar su pecho para que se alejara un poco.

—Mi short me lastima —dije cuando se me quedó viendo raro, con los labios extremadamente rojos por los besos. Él se paró y me empujó suavemente por los hombros cuando traté de pararme para quitarme el short.

—¿Confías en mí de esta manera? —preguntó, sin quitar sus manos de mis hombros, mirándome con tanta intensidad que le hubiera dicho que sí incluso si no lo hiciera.

—Sabes que sí —respondí, y me relajé— quítame el maldito short.

Justin sonrió cuando escuchó mis palabras, como un feliz niño que acaba de recibir un gran regalo y me dio un beso casto y dulce antes de bajar sus labios por mi clavícula, cuello y pecho lentamente. Mientras abría mis piernas y bajaba el interminable cierre de mis geniales botas, me puse a pensar en algunas cosas. Pensé en cómo antes encontraba cualquier interacción además de un beso, asquerosa e incomoda. Lo que no sabía era lo bien que se sentía compartir caricias con otra persona. Sólo pensaba en lo vergonzoso que parecía, no en lo que esas personas sentían. Supongo que al final de cuentas era una completa mojigata, como Justin decía, pero es que nunca nadie me había tocado de esa manera. Supongo que si no has sentido de primera mano cómo de bien y correcto son las caricias intimas con alguien a quien quieres, es imposible opinar al respecto.

Justin desabrochó mi short y levanté mis caderas para que lo bajara. Estaba tan apretado que accidentalmente se llevó mis bragas hasta mis rodillas cuando lo jaló con fuerza, haciendo que temblara un poco ante las desnudez.

Tranquila, tranquila, quieres esto, lo has hecho, que no te acuerdes mucho es otra cosa. Él ya te ha visto, no hay nada por lo cual estar avergonzada.

Justin tiró mis cosas en alguna parte de su piso y se levantó de mí para sacarse la camisa rápidamente, luego bajó la mirada y se quedó mirándome con algo parecido a reverencia por unos segundos antes de tomar mi mano y llevarla hacia sus labios.

—Lo siento por esa noche —dijo, sorprendiéndome por completo. Se lamió los labios y tomó mis rodillas suavemente para separarlas y colocarse entre ellas sin dejar de mirarme a los ojos, con algo de arrepentimiento. Sinceramente odio que Justin se culpé por cualquier cosa que pasa— y no digas que no importa, porque me importó a mí. Yo no soy de esa manera, no lo hago de esa manera ¿entiendes? Me gusta ser lento y suave, pero tú...

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—Yo tuve la maldita culpa, deja de sentirte así —lo corté y tomé su cara entre mis manos— yo estaba apurándote, no te dejé ir lento y no te dejé ser suave. Te usé por tu cuerpo y yo debería ser la que se disculpara.

—Pero...

—Pero nada. Disfruté contigo, aunque no haya sido una primera vez de película romántica. Sé que fuiste considerado incluso cuando yo te estaba maldiciendo por no hacer las cosas como yo quería —sonreímos un poco y negué con la cabeza— no te sientas mal. Cuando lo volvamos a hacer, te dejaré consentirme todo lo que quieras.

—Bien, pero... ¿no lo vamos a hacer ahorita? —preguntó haciendo una linda mueca con puchero. Me reí de él y me acerqué para besar sus labios.

—Sólo tenemos media hora y tus hermanos vendrán a buscarnos. Es muy poco tiempo.

—Cierto, pero aun podemos hacer otras cosas ¿verdad? Antes de que vayas a coquetear con todos los idiotas de ahí —masculló con algo de odio. Puse los ojos en blanco y asentí— ¿sabes de qué otras cosas estoy hablando?

—No, pero sé que me va a gustar —sonreí. Justin llevó mis manos sobre mi cabeza y las presionó ahí con las suyas, dejándome desnuda de la cintura para abajo e indefensa bajo su cuerpo. Cuando su boca ansiosa se encontró con la mía de nuevo, dejó caer sus caderas contra mí, haciéndome sentirlo completamente.

Sí, definitivamente no sabía de qué estaba hablando cuando dije que estas cosas eran asquerosas.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—¿Y de todos los lugares donde has estado, cual es tu favorito? —me preguntó Ezauro, el hijo de no sé quien con mucho poder que me quería atrapar y dejar a mi papá en la completa ruina, y que por cierto tenía un nombre horrible. Pero era guapo.

—París, sin duda —contesté con una gran sonrisa y acaricié su mano— Si alguna vez quieres ir, te puedo recomendar la villa donde me hospedé, nunca he estado en un lugar más elegante. Te encantaría.

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—Me suena bien —dio una rápida mirada hacia un apartado donde habían puros señores viejos y aproveché su distracción para acomodarme los tapones que me dio Justin, los cuales amortiguaban perfectamente los disparos pero hacían que tuviera que poner demasiada atención en lo que me decían para poder entenderlo—. Mi lugar favorito es Los Angeles. Mi primo es un muy famoso actor y cada vez que lo visito los paparazzis nos atacan, es asombroso.

Le encanta la atención, claro, es obvio. Su cuerpo es muy musculoso, no tiene ningún pelo en los brazos y al parecer en el pecho tampoco, lo sé porque su camisa está desabotonada casi hasta su ombligo. Sus ojos son bonitos, marrones, y su cara es fuerte, del tipo duro y sexy. Tiene el ego en las nubes, o más lejos. Me he dado cuenta de que puedo tenerlo en la palma de mi mano con unos cuantos halagos a su grandeza. Odio a las personas así.

Ezauro me estaba diciendo algo estúpido acerca de cómo un grupo de chicas entraron con ellos al camión de su primo y cómo cada uno tuvo la oportunidad de complacer a dos chicas, yo lo miré con los ojos abiertos como si estuviera muy interesada en su platica, pero no podía dejar de voltear de reojo a ver a Justin. Él estaba hablando con dos tipos en italiano, uno de ellos era Marco D'evillet. Justin tenía un cigarro en una mano, un vaso en la otra y una pelirroja muy desnuda retorciéndose en su regazo, acariciando su pecho y besando su cuello.

—¿Celosa? —preguntó Ezauro, haciéndome saltar del susto por su observación. Tranquila, no te pongas insegura. Eres una fuerte matona sin corazón.

—¿Por Justin? —pregunté bufando y negué— para nada, sólo observaba. Es bueno en la cama y todo, pero sinceramente creo que no le caigo muy bien. Y yo no perderé mi tiempo con alguien que no valora el diamante que soy.

Él soltó una gran carcajada por eso, entendiéndome porque él haría lo mismo y porque obviamente también se consideraba un diamante. Dejó su vaso en la mesa y se acercó a mí demasiado, poniendo su musculoso brazo en el respaldo de mi pequeño sillón y acercando su cara a mí. Me retorcí de disgusto pero sonreí hacia él y suspiré falsamente. No me beses, no me beses, por favor, por favor...

Pero lo hizo. Y yo tuve que responder, abriendo mi boca hacia él. Y Justin dejó caer su vaso, haciendo que se rompiera y que Ezauro se alejara de mí para mirar su desastre.

—Mierda —murmuró Justin con la mandíbula apretada, con las manos hechas puños y sin mirar para arriba, aunque yo estaba segura de que no se estaba preocupando tanto por el vaso. Tomó aire fuertemente y levantó a la pelirroja de su regazo— preciosa, limpia esto.

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—Bueno... ¿en qué estábamos? —me preguntó después de poner los ojos en blanco hacia Justin. Estaba esperando que se olvidara de eso.

—En que eres el mejor besador... —murmuré tratando de ser sexy y sonar interesada y volví a sus labios, esperando que eso se acabara rápido, su boca era húmeda y asquerosa.

Intenté imaginar, mientras Ezauro me comía la boca, que era Justin quien me estaba besando, pero no pude por más que traté y traté, porque no podría ser posible jamás en la vida que Justin besara tan asquerosamente mal. Entonces imaginé que Justin me estaba besando pero que se convirtió mágicamente en un horrible besador que usaba la lengua excesivamente, dejaba demasiada saliva en mis labios y que era tan egoísta besando que no buscaba darme un buen momento sino que buscaba un buen momento para él mismo a costa mía.

Mi pequeño bolso vibró en mi regazo y le di gracias a Dios por eso.

—Espera, es mi celular —le dije a Ezauro, alejándome de él rápidamente, con mis labios mojados por completo con su baba. Lo besé una vez mas con una sonrisa falsa y saqué mi celular de mi bolso. Cuando vi el nombre de Justin, contesté, tratando de bloquear la pantalla de su vista y me levanté del sillón— es mi mejor amiga Francine, tengo que contestar, amor, ahora vuelvo.

—Bien, te esperaré aquí, princesa —prometió con una sucia sonrisa y apretó mi trasero mientras me alejaba de él. Tuve que apretar los dientes, voltear y reírme de una manera juguetona como si me hubiera encantado su agarre.

Estaba empezando a odiar de verdad que me dijeran "princesa" aunque naturalmente fuera un bonito apodo, de todos los que me pudieron haber puesto.

—¿Qué pas...

—Te dije coquetear, Anabelle, no besar, ni manosear, ni nada más —me regañó antes de que terminara de hablar— sólo tenías que hablar con él, maldita sea. No debiste haber dejado que te metiera la lengua. Eso es no es lo que habíamos acordado.

—Pero él me besó a mí, y si mal no recuerdo, ustedes dijeron que se supone que yo soy una zorra coqueta ¿no es eso lo que tendría que haber hecho?

—No.

—¿Donde estás? —pregunté, y me reí falsamente en el teléfono cuando Ezauro me miró.

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—Baño.

—Justin, hice lo que ustedes me dijeron que hiciera ¿o me equivoqué?

—No. Pero nunca dijimos besar ¿o sí? —replicó, su voz sonaba tensa, así que me asusté un poco. ¿Y si de verdad la jodí con eso?— tú tenías que hablar con él y ya. Sólo eso. Nada más, nada menos.

—¿Estás celoso? —No.

—¿Entonces qué es lo que está mal con el beso que le di? Explícalo, porque no te entiendo.

—Que no debías de habérselo dado —repitió, su voz haciéndose más y más enojada. Sonreí porque de repente se hizo obvio que sólo estaba celoso y escondí el bufido de la risa para que no se enojara aun más.

—¿Entonces qué debía hacer? ¿Golpearlo en las bolas por deshonrarme? —bromeé, pero él no rió o dijo algo— Justin ¿de verdad me equivoqué? ¿Arruiné todo? ¿Jodí las cosas?

—Bueno, no.

—¡¿Entonces cual es tú maldito problema?! —grité histéricamente, haciendo que las personas a mi alrededor me miraran con intriga. Más de las que ya lo hacían desde antes, claro. Mantuve mi postura enojada para mantener el misterio— ¿estás celoso sí o no? ¿Ese es tú problema?

—No exactamente —contestó, su voz haciéndose más indecisa. Evité sonreír por eso y mantuve mi pose y cara enojada para mis espectadores— quiero decir, sí... pero no es eso, no del todo. Porque... bien, sí lo estoy.

—¿Y sólo me hablaste para regañarme? —pregunté, cruzando mis brazos.

—No. Quería que despegaras tu boca de la suya un jodido segundo, regañarte fue un plus.

—Gracias por eso, entonces —me reí, arruinando mi imagen— ¿sabes? Es totalmente asqueroso besando, estuvo a punto de ahogarme con toda su baba, casi no sobrevivo al ataque.

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—Agh, Anabelle, cállate. No quiero saberlo. Sólo pensarlo... espera —me dijo, y entonces se escucharon dos voces en el fondo, diciéndole algo en inglés urgentemente que no pude entender bien, él les respondió, sonando igual de apurado, y después me preguntó en voz baja y controlada:— ¿Donde estás?

—A un lado del bar —contesté, medio asustada por su voz.

—Bien —murmuró— saldré del baño en unos quince segundos, quiero que me sigas rápido, pero sin correr ni hacer obvio que estás escapando ¿entiendes? Tenemos que salir de aquí cuanto antes.

Entonces me colgó sin decir otra cosa, pero seguí con el celular pegado en mi oreja y seguí sonriendo mientras trataba de localizar el baño con la mirada. Cuando lo encontré, reí esperando que Justin saliera y empecé a caminar lentamente, diciendo algo estúpido para que pareciera que seguía hablando con alguien. Me volteé hacia Ezauro antes de alejarme más y lo vi mirándome con los ojos entrecerrados, como si sospechara algo. Sonreí hacia él y moví mi mano en un gesto universal de "no tardo".

Justin salió del baño con una mano en su bolsillo y la otra sosteniendo un cigarro en su boca, caminando con precisión hacia la salida sin parecer apurado. Seguí hablando y caminando hacia la salida como él, pero por otro camino para que nadie intuyera nada. Toda la gente por la que pasaba me miraba, sonreía, levantaba sus tragos hacia mí y se hacía a un lado, pero nadie se atrevía a hablarme, lo cual me hizo sentir poderosa.

Alguien tomó mi brazo con fuerza de repente y me ahogué un jadeo de susto cuando vi que sólo era Kyle.

—Mantén tu papel en todo momento ¿de acuerdo? No te agradamos y tú no nos agradas, hasta que lleguemos a casa.

Arranqué mi brazo de su agarre dramáticamente, como si me diera asco su toque y le di una mirada de desconfianza muy buena antes de seguir caminando. Habían unos cincuenta hombres con armas colgando en el portón de la salida, cuando caminé hacia ahí tratando de no lucir afectada por las armas, varios de ellos tensaron su cuerpo y dieron miradas de soslayo a sus compañeros mientras agarraban sus armas con más fuerza.

Podía ver a Justin recargado, fumando "despreocupadamente" en un coche, al otro lado del portón repleto de tipos armados, apurándome con sus ojos. Cuando me acerqué más, y ya casi cruzaba la salida, Justin abrió sus ojos con algo parecido a temor mirando sobre mi hombro y corrió hacia la derecha, lejos del estacionamiento, haciendo que perdiera el control y el papel de chica tranquila y me asustara por

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completo, corriendo hacia él con mucha dificultad por los tacones de mis malditas botas.

No lo vi corriendo frente a mí, lo que me asusto un poco más, mi corazón empezó a volverse loco por el pánico de estar sola en ese lugar, con algo que asustó a Justin detrás de mí. La adrenalina me hizo olvidar el dolor en mis pies y el sentimiento de desequilibrio y correr más fuerte, metiendo mi celular a mi bota para no tener ningún impedimento.

—No dejes de correr —jadeó Justin, saliendo de no sé donde a mi lado, como si sólo me estuviera esperando para salir, y corrimos juntos por el estacionamiento, hasta que me jaló y nos escondió detrás de un auto.

—¿Hacia donde? —pregunté sin aliento. Esperaba que entendiera lo que estaba tratando de preguntar con esas dos palabras porque no podía encontrar la manera de decir apropiadamente: "¿hacia donde mierda pretendes que corra si no hay nada cerca de aquí?". Lo único que se veía a lo lejos, a medio kilometro o más, de la carretera con poca iluminación, era un fraccionamiento de casas pequeñas y muy juntas, y luego un supermercado, seguido de una calle más transitada. Quería preguntarle tantas cosas, pero no podía, porque no tenía tiempo.

—Hacia donde sea. Sólo no dejes que te agarren. Corre rápido —respondió por fin y se fue de ahí, de vuelta hacia atrás.

Tomé aire y empecé a correr de nuevo. Intenté correr con el ritmo rápido y constante que Justin tenía pero simplemente era imposible para mí con los tacones, y si me paraba a quitarme las botas iba a perder mucho tiempo, sin mencionar que correr descalza sería peor.

Miré hacia atrás cuando entré a la carretera sin poderlo evitar más tiempo, quería ver de qué demonios estaba corriendo. No saber me estaba matando. Eran tres hombres, dos de ellos eran de los tipos con armas de la entrada y el otro tenía un traje elegante, por lo tanto era uno de los invitados. Intenté poner mi mente en blanco cuando regresé mi mirada al frente y hacer como que estaba corriendo por puro placer, pero luego capté, cuando me fue imposible negarle a mi cerebro que en realidad estaba corriendo porque tres tipos me perseguían, que saber que estaba corriendo por mi vida hacía que pusiera más empeño en mi escapada. Así que después me estuve diciendo en mi mente todas las cosas que me podrían hacer si me atrapaban, me asustaba a mí misma, haciendo que mis piernas dieran zancadas tan grandes y rápidas que ni siquiera era consciente de ellas. Agradecí a mis piernas por ser tan serviciales.

Cuando menos pensé ya estaba llegando al fraccionamiento, mis pulmones ardían, sorpresivamente nadie me había alcanzado y yo no sentía nada además de pánico absoluto ante las cosas con las que estaba torturando a mi pobre cerebro. Brinqué una

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reja doblada y oxidada con cuidado y luego me metí al pequeño pasillo entre dos casas, con ellos ahora más cerca de mí. Entonces me di cuenta de que correr entre casas era malditamente difícil, tenía que bajar de velocidad constantemente para dar vueltas en algunas casas y meterme por otros lugares pequeños sin correr unos segundos, lo que hacía que se me hiciera más y más difícil mantener el ritmo rápido que tenía al principio. El pánico y el miedo seguían ahí, creciendo cada vez más mientras escuchaba sus gruñidos y ruidos seguirme, pero el cansancio ya me estaba aplomando las piernas y haciendo que mis pies se doblaran más que antes por los tacones.

El arma que había dejado dentro de mis botas me llamaba la atención cada vez más. Me hubiera gustado poder sacarla de ahí con confianza y dar unos cuantos tiros hacia atrás para ver si los hacía retroceder, pero no sabía ni siquiera como quitar el seguro sin mirar el arma por una hora, y mi puntería era horrible, por lo tanto sólo perdería tiempo.

—¡Attentamente! —gritó uno de ellos, lo ignoré por un segundo, pero luego el estridente sonido de un balazo, aunque medio bloqueado por mis tapones, me hizo brincar y gritar como nunca antes, porque cayó a unos cinco centímetros de mí, en el piso.

—No, no, no —murmuré con terror, mientras ellos seguían dando balazos por donde yo corría, en el piso y paredes, como si sólo trataran de asustarme y hacer que dejara de correr. Lo cual funcionó, porque el no saber donde darían el próximo tiro me hizo bajar la velocidad por completo. Uno de ellos me tomó por la cintura y, sin nada de esfuerzo, me subió a su hombro— ¡SUÉLTAME, PERRO! ¡TE VOY A MATAR!

Mis gritos siguieron e hicieron que mi garganta ardiera, pero el tipo no iba a desistir sólo porque yo lo amenazara. Él empezó a correr de vuelta a la salida del fraccionamiento conmigo rebotando en su hombro con fuerza. No pataleé porque me era imposible, dado a que él tenía agarradas mis piernas por la parte interna de mis rodillas, pero mis brazos quedaron libres, por lo tanto pude arañar con fuerza su espalda, cuello, nuca y básicamente todo lugar que pude alcanzar.

{Justin}

Pocas veces había estado tan preocupado y ansioso en mi vida. Me quedé en el estacionamiento, rezando por Anabelle, para que no se cansara, para que siguiera

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corriendo de ellos, para que lograra esconderse y ellos no la tomaran y para que no estuviera muy asustada.

—¿Tú crees que soy un imbécil? —preguntó Ezauro llegando a mi lado de la nada, interrumpiendo mi rezo y asustándome por completo— ¿Tú crees que puedes jugar con nosotros? ¿Que puedes engañarnos?

—¿De qué mierda estás hablando? —pregunté, acercándome hacia él peligrosamente, dispuesto a golpearlo. Necesitando golpearlo. Pero entonces un tipo salió detrás de un coche apuntándome con una jodida R15 y tuve que retroceder con mis manos arriba y los dientes apretados— ¿de qué se trata esto, traidor?

—¿Traidor? ¿Yo? —bufó y se acercó más a mí— tú y tu familia son los únicos traidores aquí, haciéndonos creer que están de nuestro lado... ¡Es pura mierda! Todos son demasiado imbéciles como para darse cuenta, pero yo no lo soy. Ustedes sólo quieren sabotearnos. Quieren quitarnos más dinero, como si no tuvieran ya suficiente.

—No sé d...

—¿Tú crees, de verdad, que soy tan estúpido? ¿Qué no me di cuenta cómo ella te miraba, o como la mirabas tú a ella? ¿Cómo te pusiste celoso? La princesa y el príncipe, tan predecible... imagina lo que pasará cuando les cuente a todos que ustedes trataron de engañarnos. Sólo imagínalo.

Antes de que pudiera terminar de imaginar lo muertos que todos íbamos a estar, los gritos de Anabelle insultando y amenazando a todos llenaron el silencio de la noche. Ezauro rió hacia eso.

—Ella es toda una luchadora ¿no? —se cruzó de brazos tranquilamente y sonrió hacia atrás de mí, hacia donde venían los tres tipos, uno de ellos cargando a mi novia en su hombro— tranquila, princesa.

—¡Ezauro! —gimió ella, cuando nos vio ahí. No volteó hacia mí ni una vez— ¿qué está pasando? ¡DILES QUE ME BAJEN! ¡EZAURO, AYÚDAME!

—Bájenla —ordenó, ganándose un suspiro de alivio de Anabelle. Cuando la soltaron ella caminó hacia él, abrazándolo, y luego me miró mal.

—Él lo hizo —le dijo en un murmuro, como si no quisiera que yo escuchara. Ezauro frunció el ceño y me miró un segundo antes de mirarla a ella, confundido— te dije que le caigo mal. Lo sospeché desde el principio. Él lo hizo y todos sus malditos hermanos. Ellos quieren matarme. Necesito que alguien acabe con todos ellos de una maldita vez.

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—Tranquila, princesa —la trató de tranquilizar, con voz calmada, soltándola un poco y limpiando sus lagrimas con suavidad. O Anabelle era malditamente buena actuando, o de verdad nos odiaba— no te harán nada ¿de acuerdo? Lo prometo, sólo necesitamos llevarte hacia...

—¡¿Qué?! ¿Eres tú? —se alejó de él y miró con desconfianza hacia todos nosotros, luego respiró profundo y trató de escapar de nuevo, pero el mismo tipo que la traía la tomó de nuevo, cubriendo sus gritos con una mano y sus brazos con la otra.

—Lo siento, princesa. No tengo nada contra ti, esto es culpa de tu padre —dijo Ezauro antes de encogerse de hombros y dar una vuelta— también llévense a este tipo. Aun no confío en él.

Nos llevaron a la casa de los D'evillet, nos metieron al maldito sótano y luego nos amarraron en una silla. Odiaba que me amarraran casi tanto como odiaba amarrar personas. Anabelle lloraba en silencio, pero no me había dicho ni una palabra.

—Todo va a estar bien —susurré, lo más bajito que pude. Aunque no estaba tan seguro de eso.

—No me hables —respondió, en voz baja también— mantén el papel.

—¿Justin? —preguntó la voz de Marco, bajando las escaleras rápidamente. Me miró con demasiada confusión en sus ojos— ¿Qué demonios estás haciendo aquí, así?

—Ezauro es un estúpido. Él piensa que los queremos traicionar —escupí con odio e incredulidad— piensa que tengo algo con la princesa. Que la amo. Una vez más alguien es jodido por su maldita culpa, que sorpresa.

—¡Cierra la boca! —gritó ella, sonando maniaca y muy enojada conmigo. Haciendo que Marco diera un paso hacia atrás y la mirara con los ojos bien abiertos.

Me había dado cuenta en pocos días, que Marco era probablemente el chico más bueno y noble que hubiera conocido jamás. Engreído, molesto, arrogante y muy presumido, pero ingenuo, divertido y realmente bueno. Él no sabía una mierda de lo que todos planeaban, él no odiaba a Anabelle y al señor Ferré como todos los demás, él sólo hacía lo que le pedían.

—Les diré que te saquen de aquí —prometió, y subió las escaleras corriendo. Pero sinceramente, nadie le hacía caso a Marco, así que no me emocioné.

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{capítulo;36}

Ahora sólo queda esperar. Esperar a la hora de morir y luego pedir perdón por cada uno de mis millones de pecados cometidos y luego esperar de nuevo a ser quemado en el infierno hasta que...

—Justin —susurró Anabelle en cuanto Marco cerró la puerta, exaltándome un poco—... aun tengo el arma que ustedes me dieron dentro de mi bota.

Una bienvenida oleada de esperanza me hizo respirar bien de nuevo, e incluso sonreí. Quien diría que sería así de optimista en una situación como esa.

—Bien, bien. Oh, esto es perfecto. Amor, tienes que convencer a Ezauro de que te suelte, y entonces lo tienes que matar —ordené, esperando que me dijera algo como: "Lo haré, sin dudarlo. Le daré entre los ojos" pero por supuesto, ella no diría algo así.

—Ow... ¿Y si... y si le doy en el pie o en otro cualquier lugar no tan letal y luego nos vamos sin problemas? De verdad no quiero cargar con eso en mi consciencia, Justin.

Tomé una larga respiración, cerré mis ojos, me imaginé en mi lugar feliz o lo que sea y traté, como siempre, de alejar el pánico y aclarar mi mente. Traté de dejar de pensar en el infierno y esas cosas pesimistas. El pánico hace que todo sea quinientas mil veces peor, te hace ser muy estúpido y no te deja pensar bien aunque lo intentes con muchas fuerzas. Te llena de desesperación absoluta y no puedes ni respirar bien mientras escenarios como los que me estaba imaginando de mí mismo siendo quemado llenan tu cabeza en lugar de pensar en soluciones.

Tenía mucho miedo, mucho, pero para el caso, yo siempre tenía miedo. Vivía en un mar tormentoso de miedo y tristeza, sin mencionar esa culpabilidad y odio a mí mismo.

Sabía que si Ezauro había ido corriendo como una señora chismosa a contarle a todos que nosotros en realidad no odiábamos tanto al señor Ferré ni a su hija y planeábamos quitarles más dinero, ellos estarían muy, muy enojados. No dudarían ni un momento en matarnos a mí, a Anabelle, a Graham, a mis padres, a mis hermanos,

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a los trabajadores, a las sirvientas, a nuestros vecinos y a todo aquel quien ellos pensaran que pudiera estar involucrado.

—Tienes que matarlo —repetí, con más autoridad— si no muere, va a asegurarse de que nos maten a todos nosotros, sino es que ya lo está haciendo en este momento...

Tomé otra larga respiración, dándome cuenta de que estaba sintiendo lo mismo que esa gente que es atropellada siente cuando ve al auto acercarse, como en las películas. Siempre pensé que era extremadamente estúpido que la gente mirara al auto y abriera los ojos jadeando y no se moviera aunque estuviera viendo al maldito auto acercarse, pero ahora entiendo ese sentimiento. El pánico se hace cargo de todo. El cerebro piensa en mil cosas que podrían funcionar pero el miedo te dice que ninguna de ellas te va a salvar, así que, mientras tratas de decidir a quien le haces caso, el auto te atropella. Podrías escuchar lo que dice tu cerebro "salta a un lado" y dejar de escuchar al pánico diciendo "no va a funcionar, vas a morir, deberías hacer otra cosa". Así que me concentré en mi cerebro y le di un tiro mental al pánico.

—Sigamos con los papeles cuando él entre, cúlpalo, cúlpame, actúa como loca, no sé, haz lo que creas que puedes hacer para conseguir que te desate y luego mátalo. Ni siquiera lo dudes. Él no lo pensaría dos veces antes de matarte, tienes que saber eso.

—¿Qué tal si...

—No, Anabelle. No lo pienses, sólo hazlo. Sobrepensar las cosas lo hace todo peor. Desconecta tu cerebro hasta que lo veas sangrando en el piso, inmóvil. Es lo que yo hago.

—Bien, lo haré —aceptó con la voz baja y rendida y respiró con mucha dificultad, como si estuviera conteniendo el llanto— estoy tan asustada.

—Yo tamb...

La puerta se abrió con un fuerte sonido y dos personas pelearon en italiano. "Estás siendo un jodido imbécil y lo vamos a lamentar" gritó Marco, y luego Ezauro contestó: "cierra la boca unos minutos y déjame encargarme de esto. Soy mucho más inteligente que tú y que todos". Y entonces hubo un empujón que le sacó el aire a alguien, al pobre Marco, supongo y Ezauro bajó las escaleras hacia nosotros, luciendo tan arrogante y aparentemente controlado como siempre.

—¡¿Me puedes explicar qué mierda está pasando?! —exigió Anabelle enojada cuando él levantó la vista hacia nosotros. Su voz era fuerte y mandona, justo como se esperaría— ¡Hiciste que me persiguieran, secuestraran y amarraran aquí y quiero saber porqué! Yo pensé que... yo pensé que... a la mierda lo que pensé, eres un presuntuoso coqueto como este animal.

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—Espera ahí, princesa —la calló él, con la voz baja y ligeramente divertida, y entonces jugó con un arma en sus manos— no me compares con el príncipe de aquí. Yo nunca he pretendido ser algo que no soy, como él.

—¿Y qué, exactamente, es lo que pretendo ser? —pregunté con odio. Sorpresivamente, mi voz no tembló.

—Por Dios, como si no lo supieras. Pretendes ser un tipo duro, sin miedo, concentrado en el trabajo y cruel... cruel, tú —enfatizó con odio, bufando feamente de la risa— todos piensan que eres el más salvaje y despiadado, pero ellos no te conocen como yo lo hago. Ellos no saben que no puedes dormir nunca porque te sientes atormentado, ellos no saben lo llorón que el pequeño bebé Bieber en realidad es —se burló, haciendo un puchero idiota que quise golpear. El bochorno me hizo sentir inferior, en lugar de más humano. Me hizo sentir débil y estúpido, y no simplemente noble, como se esperaría. El sólo pensamiento de mí siendo noble me hizo querer reír llorando— deberías decirle a tu mamá que no suelte tanto la lengua con cualquier persona, príncipe.

—Tremendo imbécil —murmuró Anabelle con coraje. Ezauro la miró mal de inmediato, pero de alguna manera ella logró convertir el coraje en burla, y soltó una risa— un real imbécil de categoría ¿atormentado como un pequeño bebé por los monstruos bajo la cama? Quien lo diría.

—Cierra la maldita boca —siseé hacia ella, muy convincentemente— eso no es cierto, obviamente. Ezauro siempre se ha sentido inferior a mí, y disfruta de sentirse mejor que yo, aunque sea bajo falsas acusaciones. Mi familia siempre ha sido la mejor, ya sabes, desde hace generaciones. Tenemos respeto y un buen apellido de nacimiento, pero Ezauro... bueno, basta decir que su padre empezó como un simple distribuidor, viviendo en el barrio más vulgar y pobre de Roma...

No lo vi venir por ningún lado, pero Ezauro me dio, directamente en el pómulo y sin titubear, el puñetazo más malditamente fuerte que me habían dado alguna vez. Ahogué el rugido de dolor y, cuando logré poner mi cabeza en su lugar de nuevo, escupí la metálica sangre acumulada en mi boca. Oh, señor, ahí van al retrete otras de mis pocas neuronas.

—No importa en lo más mínimo si tu linaje es prestigioso, si no sabes llevar el poder de tu familia con honor, Bieber. Te aseguro que Ezauro no pierde el sueño por sus actos de chico malo. Al menos él sí tiene bolas.

Ezauro tiró la cabeza hacia atrás y soltó una gran carcajada. —Vaya, princesa, tú...

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—No, aun estoy enojada contigo —lo interrumpió, mirándolo con el ceño fruncido. Diablos, de haber sabido que esta chica era así de buena, hubiéramos hecho algo desde hace mucho tiempo— no me gusta que jueguen conmigo, y tú lo hiciste. Coqueteaste conmigo en la fiesta, incluso me besaste, y quiero que sepas que no cualquier imbécil tiene ese privilegio, sólo para secuestrarme después... estoy muy, muy molesta. Y te doy dos opciones, mátame de una maldita vez o dime qué demonios quieres.

O eran las secuelas de un golpe bien dado en mi cabeza, o Ezauro realmente se quedó sin habla por unos segundos, inseguro. Ezauro Soy Perfecto Nunca Me Callo Ciantini se quedó callado por una mujer insolente. Estaba realmente orgulloso de mi chica en esos momentos.

—No es nada contra ti, te lo he dicho —se cruzó de hombros, dejando su arma en su bolsillo delantero, casi saliéndose— tu padre es un maldito embustero, eso pasa. Él tomó hace mucho tiempo dinero que no le correspondía y lo queremos de vuelta. Pero es tan avaro que no lo quiere soltar... por eso te necesitamos, preciosa. Sabemos de muy buenas fuentes que él haría lo que fuera por ti. Y ahora que ha estado haciendo negocios con Abarraco y con los Brasileños, creo que podremos sacarle incluso más de lo que planeábamos al principio. Eres una caja fuerte con mucho efectivo dentro, Anabelle Ferré.

—¡¿Y por eso me tienes que tener atada?! ¿En serio? —lloriqueó— mi nariz ha estado picando desde hace una maldita hora, y he tenido que escuchar a este idiota diciendo puras idioteces y ya no lo aguanto. Necesito un masaje, Dios.

—Perdona —se acercó a ella suavemente y rascó su pequeña nariz, haciendo que Anabelle hiciera una linda mueca y un bufido de risa— bueno, que me den un tiro si no eres la cosa más linda... ¿será que puedo besarte de nuevo?

No, no puedes.

—Sólo puedes si me desatas por cinco minutos y me dejas estirar los brazos —lo engatusó con demasiado habilidad, sonriendo seductivamente y aplicando sus ojos bonitos en él. Está bien, en ese caso, creo que puede besarla, de cualquier modo, sigue siendo realmente molesto ver a novia coqueteando con otro chico, sobre todo porque dicho chico me partió el pómulo hace menos de cinco minutos y mi cabeza aun sigue rodando por los cielos— ¿y sabes qué? Creo que podemos llegar a un acuerdo tú y yo, resulta que soy muy buena negociando, odio ser secuestrada, mi papá está en otro continente y mi cuenta bancaria es realmente... extensa. Sin mencionar que eres el hombre más guapo con el que me he topado, y si darte algo de dinero que no necesito hace que dejes de odiarme...

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—Princesa, no soy tonto —repitió, dejando relucir al tonto en él cada vez más. Estaba muy cerca de decirle que sí y desatarla, lo podía sentir y, a pesar del dolor en mi cara y cabeza, estaba medio sonriendo.

—Dios, sé que no lo eres ¡Sólo quiero que me desates! —gritó ella histéricamente de la nada— como me gustaría que tuvieras claustrofobia y alguien te amarrara en un maldito sótano a una silla incomoda. Te dije que te daré todo el dinero que tengo, con tal de que prometas que no vas a secuestrar de nuevo. Incluso podemos hablarle a mi papá y pedirle más dinero.

Él lo consideró un momento, mientras mi corazón bombeaba con la anticipación de verlo tirado en el piso cubierto de sangre, y asintió, haciendo que soltara algo parecido a un suspiro de alivio que pude cubrir con fastidio. Ezauro me ignoró y se volteó hacia un mueble de madera vieja, sacó una navaja suiza y caminó detrás de Anabelle para cortar su soga. Ella me miró de reojo y me dio una sonrisa de alivio llena de temor también. Quise decir algo para reconfortarla, pero sólo pude sonreírle de vuelta y darle una mirada que intentaba decir "mátalo" pero no creo que exista esa mirada, así que no sé si me entendió.

—Ah, sí —gimió ella cuando se soltó, acarició sus muñecas y se levantó. Su pequeño vestido estaba enrollado en su trasero, dejando ver esas bonitas bragas azules que le quité y volví a poner hacía sólo unas cuantas horas atrás que se sentían como años— déjame hacer que la sangre corra correctamente por mi cuerpo, entonces te daré un beso y podemos llamar a mi padre.

—Está bien —dijo él, ignorándome y caminando hacia ella, con su mirada perdida en sus muslos, mientras mi mirada estaba en sus benditas botas con esa bendita arma dentro— lo siento por eso, pero no podía confiar en ti ¿lo entiendes? Sé que eres una luchadora, y...

—No pasa nada, olvidémoslo —contestó, relajando su cuerpo— por cierto ¿qué harás con el pequeño Bieber?

—No le puedo hacer nada permanente, porque me metería en un montón de problemas, pero... —tomó aire con fuerza y se volteó hacia mí, con los hombros tensos de nuevo, dispuesto a golpearme, sin duda— he estado deseando tanto tiempo lastimar esa cara tuya que no puedo simplemente dejar pasar el momento.

Quisiera saber quién además de básicamente todos mis conocidos de mi edad, me odiaba. Sé que era un presumido hijo de puta cuando era chico y traté como basura a la mayoría de ellos pero, vamos, tenían que superarlo en algún momento.

—Como sea, primero compláceme con un beso y luego lastimándolo —ronroneó, acariciando su brazo y haciendo que se volteara hacia ella de nuevo, dándome la

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espalda y bloqueándola de mi vista. Saber que probablemente lo iba a matar en unos minutos fue lo único que hizo que mis celos se aplacaran un poco. Bueno, no, en realidad no se aplacaron para nada.

Vi sus manos acariciar su nuca rapada como tanto me gustaba que lo hiciera conmigo y murmurar algo bajo en su cara antes de que empezaran los inconfundibles sonidos de besos húmedos.

—Oh, vaya, que lindo —dije en voz alta, con odio, tratando de deshacer su momento. No comprendía porqué necesitaba besarlo, sólo estaba perdiendo tiempo valioso— voltéense un poco para que pueda verlos, y agarra su culo, hombre, eso sería caliente. Sólo me gustaría tener las manos libres para...

—¡¿ES QUÉ NADIE TE ENSEÑÓ A CERRAR LA MALDITA BOCA CUANDO TE CONVIENE?! —rugió Ezauro, tan fuerte que Anabelle y yo nos quedamos quietos por el miedo un segundo. Él se acercó a mí, decidido a romper cada hueso de mi cara, cuyos nombres nunca aprendí porque no me gustaba poner atención en clases. Tomó el cuello de mi camisa y me jaló hacia él para gritarme mil cosas a las cuales no le puse atención porque estaba muy ocupado viendo con desespero cómo Anabelle entraba en pánico y sacaba la pequeña Walther de su bota.

Por favor, Anabelle, no dejes que el auto te atropelle. No escuches al pánico. Por favor, por favor.

Pero ya no pude saber más, porque Ezauro dio un igual de fuerte golpe en mi otro pómulo, dejándome incluso más idiota que con el primero, y luego empezó a descargar su furia en mi cara y abdomen por no sé cuanto tiempo, hasta que Anabelle disparó, por fin, y Ezauro paró. Se quedó parado por unos segundos antes de caerse lentamente al piso y tratar de gemir, por lo tanto aun no estaba jodidamente muerto, pero sí muy inmóvil. Anabelle se acercó por la navaja en el bolsillo de su pantalón, temblando sin control y llorando en silencio.

—Relájate, suéltame rápido y podremos irnos —la alenté. Aunque sabía que simplemente irnos no iba a ser posible.

Cuando estuve libre le arrebaté el arma y di dos últimos tiros a la cabeza de Ezauro, para acabar con su dolor y para quitar ese tremendo peso en mis hombros. Era el primer tipo desde aquél calvo que casi viola a mi novia, al que no estaba arrepentido de matar.

—Deja de llorar —exigí con dureza, de cara a ella. Tomando sus brazos desnudos con fuerza, mucha más de la necesaria y sacudiéndola un poco— deja de llorar y de temblar, maldita sea. Ahora tienes que tomarme de rehén.

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Anabelle sollozó con fuerza, pero no solté sus brazos. Quería que dejara de llorar y de temblar por un maldito momento. Quería que todo esto se acabara de una maldita vez, quería ir a casa y tumbarme en mi cama, y hacer el amor con ella hasta que todo eso se nos olvidara.

—Habrá gente ahí afuera, tienes que apuntarme a la cabeza y parecer dura. Una chica muy dura y decidida a matarme si no me comporto. Tienes que lograr que te crean y que te den un auto para que podamos largarnos de aquí.

{Anabelle}

Es curioso como uno se convierte en un devoto amante de Dios en los momentos difíciles. Perdí la cuenta, mientras subía las escaleras, apuntando a la cabeza Justin con un arma cargada, cuantas veces le pedí algo a Dios y le prometí cosas y le dije cuanto lo amaba. Lo más curioso es que sabemos que no nos ayudará en nada, porque sólo lo recordamos en esos momentos, y aun así rogamos ayuda.

—No te atrevas a llorar —amenazó Justin con enojo cuando abrimos la puerta y entramos a la casa. Una amplia casa minimalista y moderna, con paredes rojas y blancas y, obviamente, muy poca decoración.

Caminamos como estábamos, Justin por delante de mí con las manos arriba, yo, jalando su camisa y apuntándolo, hasta que llegamos a la puerta principal y vimos dos figuras masculinas caminando de un lado a otro, discutiendo. Uno de ellos era Marco, el chico que vivía en esa casa, y el otro era uno de los que me persiguió, pero no el que me cargó. Aun tenía un arma gigante colgando en su torso.

Y así de fácil empecé a rogarle a Dios de nuevo.

Caminé con la seguridad que se requería hasta ellos. Todo mi cuerpo dolía, pero mis pies me estaban matando como nunca antes, incluso después de bailar por horas y horas.

—¡Marco! —gritó Justin, llamando la atención de los hombres de inmediato. Marco gritó: "¡¿qué carajo?!" Cuando me vio apuntándolo y el otro tipo tomó su arma y me apuntó también— esta perra mató a Ezauro.

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—¡CÁLLATE! —grité con mi voz de mafiosa entrenada en las últimas horas— no tengo ningún problema con matarte a ti también. Sólo quiero ir a mi casa. Déjenme ir y no lo mataré.

El tipo del arma estaba perdido, completamente. Sus ojos estaban rojos, así que era obvio que estaba drogado. Pobre idiota. Estaba esperando instrucciones mientras me apuntaba, pero Marco sólo estaba ahí parado mirándonos con la boca abierta y los ojos desorbitados. Entonces hice algo desesperado, guiada por el miedo.

—Mira... yo sólo quiero negociar con ustedes ¿bien? No tenemos porqué ponernos violentos —empecé a decir, alejando el arma de la cabeza de Justin y levantando mis manos como si no fuera a hacer nada, pero mi mano derecha quedaba justo frente al tipo drogado con el arma, quien ahora no estaba tan en guardia por mis palabras, así que, mientras empezaba a decir de nuevo: "necesito un auto y..." Bajé mi mano lo más rápido que pude y disparé hacia el tipo, dándole en el brazo izquierdo. Grité, aterrorizada por los gritos de los demás y disparé otras dos veces, ahora en su pecho y otra parte de su torso, haciéndolo caer demasiado muerto sobre el piso, a unos dos metros de mí.

Media hora. Dos hombres muertos por mi culpa. Perdón, Dios, por seguirte pidiendo ayuda aun cuando estoy haciendo estas cosas, pero de verdad la necesito.

—Mierda, mierda —murmuró Marco totalmente asustado con las manos arriba, haciéndose para atrás. Justin salió del estado de shock por lo que hice y respiró de nuevo. Y entonces me quebré, sollozando con muchísima fuerza, apretando la sucia, pesada y muy caliente arma contra mi cara, incapaz de creer lo que había hecho. Justin caminó hacia mí, me tomó de la cintura haciéndome caminar mientras yo seguía llorando y llorando, y me quitó el arma— ¿qué mierda está pasando? No entiendo nada, oh, no. Mierda. Él tenía razón, tú estás con ellos...

—Marco, no te quiero hacer nada, así que sólo camina y llévanos hacia un auto. Rápido.

Probablemente una hora después, se me acabaron las lagrimas, y nosotros seguíamos montados en la Hummer negra de Marco. Justin y él habían estado hablando y por fin había dejado de preguntar cosas y amenazar y estar enojado. No supe cómo lo convenció, pero al parecer ahora estaba de nuestro lado, o algo así. No lo sé, y siendo sincera, en este momento no me importa. Maté a dos hombres hoy. Los maté fácil y rápidamente. El único consuelo que tengo es que le di a Ezauro antes de matarlo el mejor beso que pude darle a alguien que me daba asco.

—Espera un poco ¿si? Necesito calmarla —escuché que dijo Justin mientras se paraba en la carretera solitaria antes de llegar a su casa. Me di cuenta que el sol ya

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estaba saliendo y me pregunté por cuanto maldito tiempo estuvimos ahí, matando gente.

—Yo también necesito calmarme, hombre, esto está tan jodido.

Justin salió, rodeó la gigante camioneta y abrió mi puerta. Supuse que quería hablar conmigo a solas así que, en piloto automático, me quité el cinturón y salí fuera de la camioneta, con cuidado de no pisar mucho con mis adoloridos pies descalzos.

—Ven acá —murmuró él, y sin aviso alguno me rodeó la cintura y me cargó para que no pisara hasta que me recargó contra el cofre caliente— bebé, necesitas tranquilizarte ¿Sí? ¿Por favor? Si estás en este estado cuando lleguemos a casa, mamá se va a asustar y entrará en pánico, lo que hará que mi papá entre en pánico, y créeme, no quieres eso.

Levanté la vista y miré su linda cara golpeada y sangrada mientras trataba de componerme ante sus palabras. ¿Será que este chico puede pasar más de un mes sin ser golpeado? No lo creo.

—Lo siento, es sólo que... no puedo creer que...

—Lo entiendo perfectamente, lo hago —murmuró, tomando con delicadeza mi cara— estuviste perfecta, estoy muy orgulloso. Nos salvaste. Olvida que mataste a esas dos escorias, probablemente salvaste más vidas haciendo eso. Todo está bien ahora, por lo menos por hoy. Marco me dijo que Ezauro no pudo decirle nada a nadie además de a él, y creo que de verdad lo tenemos de nuestro lado.

Dejé salir el aliento por la buena noticia y envolví sus hombros con mis brazos, mientras él me sentaba más y abría mis piernas para acomodarse en mí. Yo trataba de terminar de caer en cuenta de todo lo sucedido, pero Justin sólo se ocupaba de besar mi mandíbula y cuello, haciendo cada vez más difícil concentrarme en otra cosa además de sus labios. Lo cual era algo bueno después de todo, porque como Justin dijo, sobrepensar hace que todo sea peor.

Llevé sus labios a los míos y agradecí que Ezauro no hubiera roto sus labios mientras los tomaba con fuerza en mi boca. Justin me devolvió el beso más fuerte que nunca, y cuando tuvimos que respirar obligatoriamente, empezó a dar muchos besos en mis mejillas.

—Quiero hacerte el amor esta noche, Anabelle —susurró con un timbre ronco cuando llegó a mi oído, y me besó con delicadeza de nuevo. Temblé con fuerza, apretándolo más contra mí— ¿puedo?

—Sí —contesté, con obviedad.

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Estaba esperando que eso borrara todos los malos sucesos de la noche. 283 

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{capítulo;37}

No había dado más de tres lentos y débiles pasos dentro de la casa de Justin cuando Graham se estrelló contra mí y me abrazó más fuerte que nunca, sacándome el aire y levantándome del suelo por unos segundos. Todos nos rodearon inmediatamente, hablando en voz alta, preguntado cosas, acosándonos, mirando mal a Marco. Mierda, nunca me había sentido tan importante antes.

—Estaba tan, tan asustado —murmuró, y me aplastó una vez más antes de soltarme, sólo para ser aplastada de nuevo por Pattie. Era pequeña, pero tenía una manera muy fuerte y reconfortante de abrazar, a pesar de su vientre creciente. Supongo que era porque tenía demasiada gente grande para abrazar.

—¿Estás bien, linda? ¿Qué les pasó? Oh, Anabelle, nos estábamos muriendo de la preocupación. Lo sentimos tanto, tanto. Perdónanos.

Quería gritar algo como "no, no estoy bien. Maté a dos hombres hoy, estoy cansada y mis pies están más lastimados que nunca" pero sólo me alejé un poco de ella y le sonreí para que viera que estaba bien. De todos modos no estaba preguntando por mis sentimientos, sino por mi seguridad. Pattie suspiró y me dejó ir, sólo para acercarse a Justin y abrazarlo de nuevo. Él les estaba contando con detalle y un poco más de acción lo que pasó, con una orgullosa sonrisa de lado. Estaba en la parte donde logré que Ezauro me soltara, aunque se guardó lo del beso que le di. Todos estaban perdidos escuchándolo, callados al mismo tiempo por primera vez, y me daban miradas asombradas de vez en cuando. Graham no podía cerrar la boca, claro, nunca antes habría podido imaginar que yo pudiera hacer algo así.

—¡Oh, mierda! ¡Así se hace, Ferré! —gritó André con júbilo y una muy gran sonrisa cuando Justin contó mi "inteligente" movimiento de matar al tipo de la pistola cuando menos se lo esperaba, y levantó su puño hacia mí para que lo golpeara.

Nunca pensé que alguien me felicitaría así por matar, pero, bueno, supongo que la vida nunca va como uno lo espera. Definitivamente la mía no estaba yendo como la planeé.

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Graham adoptó a Marco o algo así, era obvio que el pobre chico se sentía intimidado entre todos ellos, pero mi tierno amigo lo hizo entrar en confianza con sus bromas y palabrerío confianzudo. Fred parecía su mejor amigo de todos los chicos, con el que más platicaba y salía, siempre estaban juntos, y veía cómo Graham hablaba con Marco con algo de odio. Bueno, todos nos sentimos celosos por nuestros amigos en algún momento, y definitivamente los chicos Bieber parecen ser muy posesivos. Era lindo.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Abrí los ojos con mucha dificultad, no había nada de luz en el cuarto, pero mi cabeza palpitaba demasiado fuerte. Miré a mi alrededor, estaba en el cuarto de Justin, mi cara estaba mojada, igual que la almohada, y mis ojos estaban hinchados y doloridos. Me quedé dormida llorando, sola en la cama de mi novio mientras él arreglaba mis problemas con su familia y la familia de Marco. No pude evitar sentirme realmente inútil al respecto, y también débil y estúpida por llorar toda la noche por la muerte de dos tipos que obviamente me querían muerta a mí.

Me di una larga y vigorizante ducha de agua helada, luego me puse un cómodo pantalón de pijama y una camisa de Justin, lo cual últimamente era mi elegante outfit para estar en su casa. Bajé e ignoré las mil voces en la sala, caminando hacia la cocina. Pattie había dejado mi desayuno tapado en la barra, pero pasé de largo porque no tenía mucho apetito. Ver sangre saliendo del cuerpo de alguien te quita todas las ganas de comer, definitivamente. Y no estaba deprimida, por lo menos no hasta el punto de volverme loca de hambre.

Saqué una bolsa de chícharos del congelador y la puse en mis ojos un momento para que se deshincharan, luego me tomé un vaso de jugo de arándano y caminé a la sala.

—... horrible, mala idea —gimió Justin, enojado y terco. Por el tono de su voz y su postura rígida, me di cuenta de que estaba demasiado, demasiado enojado y que al parecer nadie compartía su opinión de la mala idea, así que caminé rápido hacia él, haciendo que me mirara con algo de sorpresa y relajara su cuerpo para pasar un brazo por sobre mi hombro cundo me senté a su lado. Todos dejaron de hablar de repente.

—¿Qué? —pregunté sospechosamente, cuando todos se quedaron en total silencio, mirándonos— ¿estaban hablando de mí? ¿Quieren que me vaya?

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—No, no —negó Jeremy, suspirando y masajeando su nuca— es sólo que todo esto es... lo sentimos, Anabelle, por todo. Sé que te lo dijimos unas mil veces anoche, pero aun así nos sentimos mal. Tu padre está en camino, probablemente llegará mañana en la mañana.

—Está bien, señor Bieber, no se preocupe. Ya lo superé un poco —admití, sonriéndole a todos los chicos, quienes parecían haber recibido la misma horrible, mala idea. Tayson fue el único que me devolvió la sonrisa, probablemente porque aun no lo entendía mucho. Graham sólo se movía incómodamente en su asiento, lejos de los demás. Creo que era la primera vez que lo veía tan perdido entre todos.

—Um, Anabelle, te tengo que llevar a tu casa —masculló Justin, con la voz hueca y molesta.

Hice una nota mental de preguntarle cual era la "horrible, mala idea" que lo puso de ese humor y asentí, levantándome de nuevo. Graham me siguió y ambos subimos a la habitación de huéspedes por nuestras cosas. No me molesté en cambiarme de ropa, de todos modos no tenía la intención de salir o de caminar más de lo estrictamente necesario.

—Por fin conoceré tu casa —dijo Graham y trató de sonreír mientras cerraba su maleta.

Si había alguien que no podía ocultar su tristeza/ansiedad/molestia aunque lo intentara mucho, ese era Graham. Y para mí era obvio que estaba haciendo un maldito buen esfuerzo para que yo no lo notara.

—¿De qué hablaban, Graham? ¿Por qué Justin estaba enojado y tú así? ¿Y por qué tú puedes escuchar esas platicas y yo no?

Graham se volteó hacia mí, frotándose la cara con su mano y tratando de sonreír de nuevo. Me arrebató mi gordo bolso y lo cerró por mí.

—No lo sé, sinceramente; son planes e ideas de mafiosos que yo no entiendo. Hablaron en código la mayor parte del tiempo y creo que confían en mí, lo cual es genial.

—¿Entonces por qué estás así? —le pregunté con suspicacia— te conozco, lo sabes. Estás triste o preocupado, y quiero saber por qué.

—Estoy... agh, Anabelle —gimió y se frotó la cara de nuevo, perdiendo su semblante despreocupado por completo— hablemos en tu casa ¿si? Estoy confundido y, de todas las personas, tú eres la única con la que puedo hablar de esto.

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{Justin}

—Tienes que entender que no es nuestra maldita idea, es de su padre, lo que quiere decir que tú te callarás y lo harás, aunque no quieras. No nos importa si es tu novia, Justin, tenemos que hacer lo que él nos ordena que hagamos —murmuró mi papá en una voz baja y amenazante, desafiándome a contradecirlo.

—Pero... es que no es una buena idea en lo absoluto ¿por qué mierda no se dan cuenta? —casi chillé, con desesperación. Cubrí mi cara golpeada sin delicadeza y reprimí un grito de dolor y de amargura. Realmente tenía ganas de golpear algo, pero respiré profundamente, tratando de controlarme recordándome que en cualquier momento Anabelle llegaría y yo tendría que llevarla a su casa y actuar normal, así que no podía golpear nada hasta que volviera de nuevo. Mi espalda dolía por la tensión y mis manos hormigueaban por la furia.

—Por favor, hijo. Entiende esto —rogó mi papá, enojándose por mi arrebato. Bueno, no era mi culpa que el maldito señor Ferré pensara cosas tan idiotas y me hiciera enojar— cálmate y entiende. Sólo piénsalo un momento. Si no hacemos esto ahora, ellos seguirán y seguirán haciendo cosas como la de ayer hasta que logren lo que quieren. Tenemos que adelantarnos a ellos, hijo, esto es perfecto. Los mataremos en su propia movida.

—¡¿Por qué no piensan en las otras cosas?! —rugí sin poder controlarlo, aplicando más tensión a mi espalda para no levantarme, empujar a mi padre y luego golpearlo por seguir dudando de todo lo que le decía— la van a llevar lejos. No son tontos. Ellos no se van a despegar de mí y de quien sea que vaya conmigo, no voy a tener oportunidad de decirles nada a ustedes, y de todos modos si lo hago, va a ser tarde ¿Tienes idea de las cosas que pueden hacerle, sólo para divertirse con ella? ¿De lo que me pedirán que le haga?

—No, no, no —negó, con una sonrisa de lado en su dura cara y llevó una mano a mi espalda para masajearla fuertemente— Giordano nos puede conseguir una mierda de rastreo, así no tendrás que llamarnos, nosotros vamos a saber donde están sin que tú tengas que hacer otra cosa más que fingir ser uno de ellos hasta que nosotros lleguemos.

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Aun así, un ataque frente a frente no era lo más inteligente para hacer con esas personas, y pedirle ayuda a alguien del FBI tampoco era precisamente inteligente. La única cosa buena en ese tremendo mar de mierda era que la familia D'evillet ya tenía su dinero y ya estaba de nuestra parte otra vez, lo que quería decir que teníamos más gente con nosotros y menos tratando de matarnos.

—Bien, estoy lista —llamó la voz de Anabelle dentro de la casa. Me levanté de un salto del pequeño sillón del patio, ignorando a mi papá, su cara de amargado, sus palabras de amenaza y todo lo demás y caminé de nuevo hacia dentro, tomando su bolso y agachándome hacia ella para besar su boca sin importarme en lo más mínimo que todos se nos quedaran viendo por eso. Estaba a punto de explotar del estrés y realmente necesitaba pasar la noche con ella. Y no me refería a pasar la noche teniendo sexo, aunque eso también estaría bien, sino a pasarla como las habíamos estado pasando desde que regresamos de Verona, hablando de cualquier cosa y malditamente riendo todo el tiempo, ignorando la mierda un rato. Ella era la única que me podía hacer reír. De entre todas las personas, ella me podía hacer sentir feliz y de verdad necesitaba eso.

—Justin... ¿Qué pasó ahí? ¿Por qué estás tan enojado? —preguntó ella, una vez que estábamos montados en mi auto. Tomé aire y la miré un momento, luego vi por el espejo retrovisor la mirada preocupada de Graham, quien lo sabía todo.

No podía decirle nada aun, por instrucciones de su padre, así que sólo me encogí de hombros y traté de sonreír para ella —No es nada importante, quieren que haga negocios con tipo zafado y... nah, cosas aburridas.

—Pero... —se volteó en su asiento para estar frente a mí y puso una mano en mi pierna— ¿por qué estás tan enojado? ¿No puede alguno de tus hermanos hacerlo por ti?

Resulta que no, porque alguien le dijo a otro alguien que yo y sólo yo puedo hacerlo. Que bonita mi suerte.

—Sí, creo que sí. Trataré de convencer a André —mentí, acariciando su mano para tranquilizarla.

No, lo único que podía hacer era tratar de hacerle entender al señor Ferré cómo de imprudente era lo que trataba de hacer. Sabía que enfrentarlo no era una buena idea, sobre todo porque mi papá le dijo que yo estaba oficialmente saliendo con su hija y tenerlo en mi contra con eso ya era demasiado malo por sí solo, como para además llegar y cambiar su plan como si tuviera la autoridad para hacerlo.

Antes de que incluso llegáramos a la casa de Anabelle, pudimos ver a la cantidad excesiva de guardias que su papá mandó. Habían muchísimos de ellos en la calle,

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todos nos apuntaron cuando nos acercamos y tuve que parar. Anabelle jadeó y miró a todos un momento, hasta que encontró a alguien conocido.

—¡Big Kanye! —gritó Anabelle por la ventana, haciendo que el tipo sonriera de lado hacia ella y levantara la mano para saludarla. Al instante todos bajaron sus armas y se movieron para dejarnos pasar, como si estuvieran sincronizados— vaaaaaya...

—Mierda, Anabelle —murmuró Graham desde atrás— ¿esta es tu maldita casa? Perra rica asquerosa.

Me reí ante eso y seguí andando hasta estacionar frente a su puerta. Graham no podía dejar de ver a los guardias o a la casa y lo entendía, era hermosa, mucho más grande que la mía, y con un elegante aspecto gótico antiguo que la hacía ver como un maldito palacio. Podía ver porqué la llamaban princesa.

—Amigo, la verás mejor si sales del auto —opiné, haciendo que me diera una risa sarcástica y pusiera sus ojos en blanco antes de golpear mi hombro como despedida y salir— entonces, tengo que ir a arreglar las cosas con lo del tipo zafado... um...

—Tú me hiciste una pregunta hace un rato, gatito —susurró y se acercó a mí con una maldita sonrisa seductora, deslizando una mano por mi muslo, muy cerca de mi entrepierna— ¿vendrás más tarde?

—No me lo perdería, amor —aseguré y, aunque estaba medio incomodo por todos los hombres viéndonos, me acerqué y tomé sus labios con fuerza, haciendo que Anabelle suspirara y se levantara más, para emparejar nuestras caras. Cuando su mano subió a mi creciente bulto me reí sin querer y tuve que parar las cosas— vendré. Y ya no estaré enojado ¿sí? Prepárate. Y seda a Graham o algo así, ya sabes cómo le encanta arruinar nuestros momentos.

—Como si no lo hubiera pensado antes —puso los ojos en blanco igual que él y me dio un beso en la mejilla antes de salir del auto. Saludó a los hombres alegremente, ganándose inclinaciones respetuosas y se metió a su casa jalando a Graham.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

No pude hacer nada por mi causa, aunque traté y traté. El plan estaba decidido y bien pensado, para mi horror. Yo sólo era un peón al que no iban a escuchar, un

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"niño" sin criterio. A la mierda, era la peor idea que habían tenido y yo estaba atrapado ahí, incapaz de decidir.

"No le digas nada a mi hija, Justin ¿me entiendes bien? Ni una sola palabra, si sabes lo que te conviene. Mientras menos ella sepa de esto, menos querrá meterse y mandar, menos sufrirá y menos todo se irá al demonio." Entonces, como sabía muy bien que lo que me convenía era tener al señor Ferré feliz conmigo le dije: "perfecto, señor, lo que usted diga" con una falsa voz segura y sin sacar a relucir mi enojo. Luego, antes de llegar a la casa de Anabelle, aparqué cuando no pude más y golpeé a un tipo desconocido sin ningún motivo, solo para no llegar tenso a su casa. Él se defendió, golpeando en mi ya dolorido abdomen y cara, pero no me importó, y de lo enojado que estaba ni siquiera me dolió. Cuando el pobre dejó de luchar, dejé de golpearlo, comprendiendo lo jodido que eso había estado ¿cómo demonios se me ocurrió parar sólo para golpear a alguien que nada tenía que ver? Así que le pedí perdón al pobre tipo aunque no estaba muy seguro de que me pudiera escuchar, llamé a una ambulancia antes de irme y le dejé todo mi dinero en el pecho por las molestias que le causé, como si fuera una puta. No fue mi mejor momento, lo acepto. De verdad odiaba ser tan impulsivo e idiota a veces.

Toqué la puerta de Anabelle cerca de cinco minutos, sólo para descubrir que estuvo abierta todo el tiempo, no me sorprendía que no me escucharan, después de todo su habitación estaba bastante alejada. No fue hasta que el aroma a cítricos desapareció subiendo las escaleras, que me di cuenta de lo mal que olía. Había estado sudando todo el día por la preocupación y el tipo al que golpeé apestaba bastante. Mierda. Y se suponía que era una noche especial.

Toqué su puerta tres veces antes de que ella viniera corriendo a abrirme. Me recibió con una gran sonrisa, pero al ver mis heridas abiertas de nuevo me miró mal, como diciendo "¿en serio?" Me encogí de hombros con mucha vergüenza y entonces vi a Graham sentado en su cama, con la cabeza colgando y el cuerpo encorvado, miserable. Levantó la cabeza y me miró sin ninguna expresión, luego caminó hacia la puerta con pesadez.

—No le dije nada —susurró cuando pasó a mi lado, calmándome— y escuché acerca de sus planes. No te preocupes, no molestaré.

—Um, hombre ¿estás bien? —pregunté, realmente extrañado por su ánimo. Usualmente el deprimido era yo.

—He estado mejor... no importa. Diviértanse.

Cerró la puerta y miré a Anabelle confundido, para que me explicara lo de Graham, pero ella sólo estaba ahí, con los brazos cruzadas, esperando la explicación. No había manera de que le contara lo que en realidad pasó.

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—¿El tipo zafado? —inquirió, y realmente me sentí mal por mentirle, pero asentí. Anabelle suspiró y me acarició un poco la mejilla— Justin, esto no puede ser sano. Ve a bañarte y límpiate eso, te daré algo de ropa de Graham...

—¿No crees que no vamos a necesitar ropa? —pregunté, con una falsa voz inocente que la hizo sonreír, y de hecho asintió, poniéndose ligeramente roja— te voy a tratar bien, bonita, lo prometo.

—Lo sé —murmuró con la voz tímida— uh, mi papá tiene un jacuzzi realmente grande en su baño... ¿qué tal si...

—Sería genial —la interrumpí, con una gran sonrisa, ignorando la punzada de dolor en mis mejillas— perfecto ¿no crees?

—Sí, perfecto —caminó hacia su baño, regresó con un bote de burbujas, me tomó la mano y me llevó por el ancho pasillo hasta la habitación de su papá.

Siendo honesto, me esperaba algo como una habitación con todo negro y con instrumentos de tortura pegados en las paredes decoradas con la sangre de sus víctimas, pero en realidad las paredes eran de un suave azul y la colcha beige, nada muy intimidante, pero su baño era realmente lujoso, y su jacuzzi era gigante. Oh, hombre, sería genial.

—Adelántate ¿sí? Tengo que ir a ver qué demonios tiene Graham —dijo, haciendo una mueca y me tendió el bote de burbujas— volveré rápido... prepárate para mí, tigre.

—Ja, ja —puse los ojos en blanco y me acerqué primero al lavamanos mientras ella salía, para limpiar la sangre en mi cara.

{Anabelle}

—Por favor, Graham, sólo dímelo —rogué, incapaz de soportar más tiempo sin saber qué le pasaba, y sin poder esperar más para ir con Justin al jacuzzi— sabes que puedes confiar en mí ¿no?

—Sí, lo sé —gimió, y se desparramó en la cama— es que sólo... ni siquiera yo lo sé bien. Mierda. Me da demasiada vergüenza, yo nunca pensé... yo de verdad... Ohhhhh.

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De acuerdo, aquí va... uno, dos, tres, cuatro... cinco, seissss: Fred me besó. Y yo como que... le devolví el beso, creo.

Si hubiera tenido alguna clase de liquido en mi boca, lo hubiera escupido totalmente, pero como no tenía nada en la boca sólo me quedé ahí, sentada a un lado de él, sin poder creerlo en lo absoluto.

—¿Fred, como, Fred Bieber, el hermano de mi novio? —pregunté, sólo para asegurarme, pero Graham sólo gimió con dolor y cubrió su cara de nuevo, sin responder— Oh, Grahy, bebé... ¿Eres, um, eres gay?

Él no respondió, sólo jaló su cabello y apretó sus ojos. Me dejé caer a su lado, sin saber muy bien cuál era mi emoción exacta ante la nueva noticia. Nunca jamás hubiera pensado eso de él, quiero decir, cuando nos besábamos Graham era muy bueno en eso, incluso una vez me di cuenta de que consiguió una erección. No hicimos nada al respecto además de quedarnos completamente avergonzados por una semana, pero eso quería decir que le gustaban las chicas... ¿No? Oh, demonios, Yamin realmente se estaba emocionando con él. Mierda.

—¿Cómo pasó?

—No lo sé, no lo sé —murmuró— cuando los chicos llegaron a casa él vino y me contó lo que pasó contigo y Justin, yo me estresé mucho ¿sabes? Me preocupé demasiado, y él estaba tratando de tranquilizarme, entonces, de la nada él... s-se acercó a mí, mucho y m-me besó. Y yo no me quité, no me moví, no hice nada. Lo dejé besarme.

Santo cielo. —¿Y después? —lo apuré.

—Después sólo nos quedamos en silenció incomodo un rato, yo... yo no podía creer que... que en realidad no me disgustó tanto como debía de haberme disgustado y él dijo que yo le gustaba, sabes cómo es, no tiene vergüenza, y yo no digo mentiras, así que le dije que nunca lo había considerado. Y entonces cuando Marco llegó y yo fui amable con él, Fred se puso jodidamente celoso.

—¡Yo lo noté! —exclamé, emocionada— los celos son de familia, creo.

—Anabelle, me quiero morir —lloró— me gustan las chicas, lo sé, me encantan. Pero...

—Pero también te gusta Fred —terminé, adivinando— no te sientas mal por eso, no pasa nada ¿o te disgusta tanto la idea de estar con otro chico, uh, bueno, hombre?

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Graham se quedó pensando en eso un segundo, con una mirada torturada. Fred tenía 21 años y Graham 17, como yo. Fred era un chico italiano mafioso que además quería ser actor y ahora resultaba ser gay. Wow. ¿Lo sabrá Justin?

—No sé, maldita sea. Mira, Anabelle, vuelve con Justin y haz lo que tenías planeado mientras yo ordeno mi mierda ¿está bien? Te amo, eres la mejor.

—Te amo más —lo abracé— y no te sientas mal, siempre pensé en ti como mi mejor amigo gay, de todos modos.

—Cierra la boca.

Lo miré un momento, haciéndome a la idea, y luego cuando me echó de ahí, corrí al baño de mi papá, quitándome la blusa antes de entrar a su habitación. Cuando entré, Justin tenía los ojos apretados, el cuerpo sumergido en el agua y la cabeza recargada hacia atrás. Pensé que estaba dormido, y estaba apunto de levantar mi pantalón de nuevo, pero murmuró, con la voz ronca:

—Ya era hora, Anabelle ¿que tanto estabas haciendo?

—Platicando. No exageres, fueron sólo quince minutos —dije, quitándome la ropa interior con muy poco pudor y con sus ojos mirándome por todos lados— ¿te aburriste?

—Sí. Estaba encargándome del asunto por mí mismo, si entiendes lo que quiero decir.

—Te pones muy gruñón cuando estás sexualmente frustrado —noté, escurriéndome dentro, siendo aplastada contra él de inmediato. Ni siquiera me dio oportunidad de mojar mi cabello o algo así, simplemente me jaló hacia él— calmado.

—Ya estuve calmado diez horas mientras hacías no sé que cosas con Suavecito —se quejó, entrecerrando los ojos y peinando su mojado y oscuro cabello hacia atrás. Me reí por eso, quité las burbujas de mi boca y rodeé el cuello de Justin para acercarme más y besarlo.

—No tienes de que preocuparte con él, lo sabes —aseguré, haciendo un sonido incontrolable de sorpresa cuando tomó mis caderas y me hizo sentarme a horcajadas sobre él. Era súper consciente del hecho de que los dos estábamos desnudos y de que yo estaba simplemente sentada sobre él— ni con él, ni con nadie.

—Oh, que buena respuesta —sonrió de lado y acomodó mi cabello con las puntas mojadas hacia atrás, luego bajó su mano lentamente y tomó mi pecho izquierdo, con algo de vacilación, y lo empezó a acariciar— ¿entonces estás segura de esto?

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—¿Bromeas? Estoy muy segura. Sólo sigue haciendo eso.

—¿No vas a llorar o lamentarte después? —insistió, llevando su otra mano a mi otro pecho y acariciando mis dos puntas muy suavemente. No quise decir nada por miedo a que mi voz saliera tonta, así que sólo negué, esperando que dejara de indagar tanto en el asunto— vas a tener que estar arriba de nuevo. Me duelen mucho las costillas.

—¿Estás bien? ¿Necesitas ir a...

—No. Lo único que necesito ahora es a ti, Anabelle, eso es todo —sonrió, y bajó la vista hacia su dulce trabajo en mis pechos.

—¿Entonces... um, ya? —señor, estaba tan malditamente nerviosa y torpe "¿ya?" ¿Qué demonios me pasa? Pff, estoy segura de que esas cosas no se preguntan. Justin rió de la manera más bonita que había reído nunca y me besó la cara varias veces antes de decir que sí, le gustaría hacerlo ya, si yo estaba de acuerdo. Y, bueno, yo estaba muy de acuerdo.

—Vamos, lo hiciste muy bien la última vez —bromeó cuando me quedé perdida un momento, acariciando mi espalda bajo el agua. Lo miré mal y me reí sarcásticamente antes de levantarme un poco, con inseguridad y meter mi mano al agua para poder tomarlo, acomodarlo y luego sentarme sobre él, como la última vez.

La única diferencia era que la última vez yo estaba drogada y sabía lo que estaba haciendo, ahora, no mucho, así que sólo lo tomé, queriendo morir de la angustia. Justin tomó aire pesadamente por mi toque pero me siguió mirando a los ojos —Mejor te voy a ayudar.

Entonces gracias a Dios, el chico se acomodó solo, encontró el lugar y empujó sólo un poco en mí.

—Tú marcas el ritmo ¿bien? Si quieres parar sólo te levantas de mí y ya —siguió diciendo, besando mi cara y empujando un poco más. No entendía por qué estaba tan seguro de que me iba a arrepentir. Dolía, pero muy poco, así que me mordí los labios y ante el desespero y la palpitante impaciencia decidí acabar con eso de una vez, sentándome con fuerza sobre él, pero no fue una muy buena idea, porque dolió demasiado y no pude contener el grito de dolor— Anabelle, demonios.

Recargué mi cara en su hombro con los ojos cerrados fuertemente mientras él me regañaba con un tono lindo y acariciaba mi cuello y espalda. El agua se estaba bajando

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y supuse que Justin tuvo algo que ver con eso, pero no tuve tiempo de pensar en cosas como el agua vaciándose, porque me estaba tratando de acostumbrar al punzante y muy, muy agradable dolor intruso en mi cuerpo.

—Vamos a ir lento, para que te guste más. La última vez estabas muy lista y por eso no te dolió.

—Me gusta, Justin, es sólo que no me hago a la idea —me reí como una reverenda estúpida y me incorporé de nuevo para mirarlo a los ojos. Abrí mis muslos lo más que pude, apretando cada músculo existente en mi cuerpo cada vez que Justin iba más lejos en mí y apretaba mis pezones. El dolor casi ya no estaba ahí en lo absoluto, y todo lo que podía sentir era el cálido cuerpo contra el mío— esto se siente muy bien.

—Ve lento, de todos modos —ordenó con la voz partida y bajó sus manos a mis caderas para levantarme sólo unos cinco centímetros y luego dejarme caer de nuevo. Temblé y lloriqueé por lo bien que se sentía, mi estomago literalmente ardía de placer y los dedos de mis pies estaban completamente curvados. Justin sonrió con la sonrisa más sincera y grande que lo había visto hacer y me besó en el cuello antes de hacerme subir y bajar de nuevo— con cuidado.

Gemí la última vez, porque me hizo levantar más lejos y me dejó caer con más fuerza y todo en mí vibró con placer. Entonces entendí que estaba oficialmente lista y me hice cargo, levantándome a mí misma cómo lo quería y dejándome caer tan fuerte cómo necesitaba.

—Espera, espera, espera —me detuvo rápidamente, cuando encontré el ritmo perfecto, con su voz profunda y sin aliento— recuerda que estaba jugando conmigo mismo por tu culpa, estoy muy cerca.

—¿Cerca de qué? —pregunté, sin entender su cara de dolor, pero no me contestó. Y entonces entendí lo que significaba "encargarse del asunto" y todo eso, y de todas las cosas que pude hacer, me reí— ¿no puedes aguantar un poco más, chico grande?

—¿No puedes aguantar un poco más, chico grande? —me imitó con la voz aguda y molesta, haciéndome reír más. Luego lamió sus labios y abrió los ojos, sus pupilas casi dilatadas por completo, su pecho subiendo y bajando fuertemente— Anabelle...

—¿Qué? —dejé de reír, su mirada comiéndose mi cara y mi torso al descubierto era demasiado intensa como para reírme— ¿ya me puedo mover?

Justin no dijo nada, pero me di a mí misma el permiso y subí de nuevo, soltando un gemido ahogado y amando el aparente sufrimiento en su cara.

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—Eres perfecta, perfecta —susurró, en voz baja y dejó su cabeza caer hacia atrás con deleite, sonreí y me moví más rápido, poniendo mis manos en sus hombros para tener más agarre— ¿lo sabes, cierto? ¿Lo perfecta que eres?

No respondí, sólo me acerqué a él y besé su cara, justo como él lo había estado haciendo conmigo, mientras aceleraba mis movimientos y los retortijones en mi estomago, soltando vergonzosos sonidos que no fui capaz de esconder y odiando que Justin no demostrara ninguna clase de placer además de apretar su cara y acariciar mis brazos y espalda, y crecer dentro de mí.

—Ah, mierda, Anabelle —gruñó, como un regaño más que nada, pero esta vez no bajé la velocidad, porque había algo construyéndose desde mi vientre y por más que quisiera no podría dejar de moverme. Justin puso las manos en mis caderas para detenerme y se incorporó para besar mi cuello con ternura, puse mi mano en su nuca para anclarme y él me rodeó la cintura, abrazándome de la manera más linda.

Quise gritar en ese momento: "te amo, Justin, te amo demasiado" porque era el momento perfecto. Él estaba siendo tan tierno y se veía tan feliz que de verdad sentía como que me podría regresar el "te amo" y quería recordar ese día como el más feliz de nuestra relación, cuando hicimos realmente el amor, con los dos siendo conscientes de cuanto nos amábamos, pero era demasiado gallina como para decirlo yo primero, así que lo abracé más fuerte y besé su sien mientras los golpes se hacían más y más fuertes y mis ojos se volteaban y recé para que él lo dijera.

—No, no, oh —gimió y ya no pude aguantar la presión, dejé que el placer explotara desde dentro y me dejé ir. Gemí fuerte porque era demasiado intenso, grité y mordí su mejilla sana porque era lo más cercano. No supe cuanto tiempo más pasó hasta que él se dejó ir porque estaba en un tipo de transe donde mi cabeza se había tomado un viaje astral, pero entonces ambos nos quedamos en completa calma y yo regresé lentamente—... quería que durara más.

—¿Cuanto tiempo dura, normalmente? —pregunté con la voz más calmada, baja y dulce con la que hablé alguna vez. Si eso había durado muy poco, y generalmente duraba más tiempo, no podía esperar para hacerlo bien. Ahora de verdad comprendía porque todo el mundo parecía estar tan obsesionado con el sexo.

Justin rió y siguió acariciando mi espalda. —Tanto como yo quiera que dure, pero como dije antes, tardaste mucho y...

—Sí, sí, sí, mentiroso —me reí. Y bufé, aun esperando que me dijera "te amo", pero me di cuenta de que aun no quería decirlo, así que dejé de esperar eso. Algún día llegaría, y seguramente sería perfecto. Él hacía todo perfecto.

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—Gracias —susurró después de un tiempo— por confiar en mí así. Y lo siento.

—¿Por qué?

—Por nada... aun —tomó aire fuertemente y me apretó más antes de moverse un poco y salir de mí— salgamos de aquí ¿sí?

Estaba demasiado sedada con amor como para entender su "lo siento" y "por nada, aun" así que lo dejé pasar, aunque algo dentro de mí decía que tenía que indagar en eso, porque Justin no era exactamente de los que hablaban de más y cada cosa que decía tenía un significado.

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{capítulo;38} {Justin}

Recuerdo que estaba lleno de sentimientos, y muy asustado por ellos. Asustado y abrumado por todas las cosas que estaban en mi mente al mismo tiempo.

Estaba frenético, triste, confundido, enojado, perdido y sobre todo avergonzado como el infierno por lo que Fabrizzia estaba haciendo, pero supongo que yo me lo busqué. Seguía quejándome a pesar de que ella estaba hablando, y seguí llorando acerca de lo que mis hermanos me hicieron hacer y lo horrible que fue, porque no podía dejar de pensar en eso. Fabrizzia había intentado de todo para mantener mi mente lejos de eso, pero nada funcionaba, hasta que abrió el botón de mi pantalón, metió su mano y tocó de la manera más leve posible mi pene, entonces de alguna manera se me olvidó completamente lo que acababa de hacer hacía menos de una hora, lo mal que me sentía por ello y asentí con la cabeza rígidamente aunque no estaba seguro y aunque aun quería seguir llorando por las cosas que había hecho.

—S-sólo relájate —aconsejó, queriendo lucir segura como siempre, aunque no supiera qué demonios estaba haciendo, acomodándose mejor entre mis rodillas. Mirábamos con miedo a la puerta cerrada de mi habitación cada tres segundos desde que abrió el botón de mi pantalón; ella tenía la cara roja, casi tinta, escondiendo sus pecas, y yo estaba completamente pálido. Ella sólo tocó la cabeza de mi pene con las puntas de sus dedos sudados y yo ya estaba a punto de venirme.

—No. No estoy seguro de esto —murmuré con inseguridad y la voz temblando. Estaba avergonzado de lo mucho que me gustaba su toque superficial, estaba aterrado de venirme en su mano a los quince segundos de haber comenzado y estaba asustado de no saber qué hacer más adelante. Además de ver algunos vídeos, nunca había tenido alguna educación de qué hacer en ese momento.

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Fabrizzia trató de sonreír como si tuviera todo controlado pero yo noté la vacilación en las puntas de su boca. Nunca nos habíamos siquiera besado con lengua y ahí estaba, con su mano dentro de mis pantalones, sólo por mi beneficio. Podía ser una perra presumida y cruel todo el maldito tiempo, pero a veces dejaba salir su lado tierno, por lo menos conmigo.

—L-los adultos hacen esto todo el tiempo, no es nada malo o raro. Además leí un libro... sé cómo hacerlo... creo —tragó saliva, cerró los ojos un momento, cómo dándose ánimos para continuar, mientras yo trataba de pensar en otra cosa para bajar mi erección, porque tener una frente a alguien que además la estaba tocando era tan, tan vergonzoso, sin mencionar que sus dedos no se habían movido ni un centímetro y había una lucha dentro de mí con la parte que quería que sacara su maldita mano y la parte que quería que la llevara más lejos, que me acariciara cómo yo lo hacía cuando estaba solo, o incluso mejor, si eso era posible.

—¿Pero, y si te embarazas o algo? —pregunté ineptamente con la voz demasiado chillona, como una niña asustada. Quería, pero no quería.

—¡Deja de pensarlo tanto, joder! —gritó desesperada, volviendo a su estado natural de mandona perra antipática y apretó mi erección sin aviso alguno haciéndome saltar, enojarme y querer gritar de gusto al mismo tiempo— ¿por favor?

—Bien —acepté por fin y saqué su mano. Me quité la ropa y luego me acomodé en la cama esperando que se desnudara también.

Su piel morena era completamente lisa, no tenía ninguna curva especial además de la cintura. Era delgada, así que sus pechos eran muy pequeños y sus pezones no eran más que pequeñas puntas apuntando hacia mí, sus piernas eran delgadas y aunque las apretó, fui capaz de ver su hendidura. Cuando lo recuerdo, no veo nada más que una niña de trece años desnuda ante mí sin ninguna clase de atractivo sexual, pero en ese entonces yo reaccioné poniéndome extremadamente duro, como si ella fuera una de las chicas de las revistas y vídeos de mis hermanos.

No hubo besos húmedos o caricias de anticipación, no toqué sus pechos para estimularla ni nada. Ella se tiró a la cama con rigidez, esperando que yo hiciera todo, como si supiera hacerlo. Carraspeé y me puse sobre ella, temblando. Abrí sus piernas y me quedé embelesado viendo su rosado centro por lo que me pareció una eternidad. Estaba encantado con la vista, y ella se hacía más y más roja cada segundo que duraba mirándola. Era preciosa.

Me robé un condón de la habitación de Joseph e intentamos como por una hora ponérmelo, cosa que nunca pudimos lograr porque no sabíamos cómo hacerlo rodar correctamente y nos daba vergüenza, pero entonces ella dijo que todavía ni siquiera le venía el periodo, o sea que no estaba en peligro de embarazo.

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Nos tumbamos en la cama, yo acostado arriba de ella y, por unos cinco minutos de incomodidad extrema, traté de meterme, pero siempre me deslizaba hacia arriba o hacia abajo entre sus pliegues, hasta que encontré el agujero correcto y empujé con fuerza, emocionado, hasta que ella gritó.

—Esto duele, duele, duele —lloró arañando con fuerza mi espalda, pero no me importó, porque mi pene latía y al parecer no entendía lo que "duele, duele, duele" seguido de llanto significaba, porque seguí empujando, entrando y saliendo con dificultad hasta que Fabrizzia se relajó un poco y empezó a soltar algo parecido a sonidos de placer, que yo ignoré por completo, hasta que encontré mi liberación dentro de ella. Como en siete minutos.

Tan patético.

—¿Te gustó? —pregunté, después de un rato, cuando los dos ya estábamos cambiados y sentados en la sala de mi casa, con mis hermanos revoloteando por todos lados. Ella me sonrió y tomó mi mano con fuerza.

—Sí —se rió y siguió hablando en voz baja:— pero no llegué al orgasmo, de todos modos no importa, mi prima dijo que la primera vez no pasa ¿A ti te gustó?

—Sí —admití con una grande y muy tonta sonrisa. Me incliné hacia ella y apreté sus regordetas y rojas mejillas antes de inclinarme y besarla, atreviéndome a usar mi lengua esta vez.

—Escuché a mi mamá hablar con tu mamá hace dos días —susurró en mi boca y apretó mi mano de nuevo, con esa voz baja pero dulce que usaba cuando estaba feliz conmigo— dijeron que nosotros nos íbamos a casar... ¿tú te quieres casar conmigo? Porque yo sí quiero.

—Claro que sí —contesté con seguridad— te amo ¿recuerdas? —Ah... te amo también. Mucho.

Entonces todo se volvió negro y nublado en mi mente, mi cuerpo empezó a sudar y un suave calor extra a mi lado me hizo alejarme con fuerza y retorcerme en la cama. Mi mente se fue hacia una Fabrizzia más grande y guapa. Una Fabrizzia diciéndome que necesitaba aprender a utilizar armas más grandes para que pudiera defenderme en caso de emergencias... una Fabrizzia tirada en el piso, con su bonito vestido rosa pálido lleno de sangre, su mejilla deformada horriblemente por el balazo, sus ojos marrones aun abiertos, sin vida, sin brillo. Y luego, una Fabrizzia, la cual yo estaba seguro de que estaba muy muerta, levantándose, sacudiendo su sangre como si no fuera nada,

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acercándose a mí gritando y llorando cómo de mal estaba que yo pensara que otra chica era más hermosa que ella.

¿Cómo lo supo?

—¿Tú crees que esto es justo, después de todo lo que tú me hiciste? —lloró, su voz sonando más chillona de lo que recordaba, el lugar haciéndose más oscuro, nublado, tormentoso. Yo era mayor, también, no era un niño de su edad, yo ya era un adulto. Uno muy asustado de una niña muerta sangrando y llorando, por mi culpa.

—Ha pasado mucho tiempo —murmuré con miedo y la voz cortada. ¿por qué demonios estoy llorando?— tengo que seguir adelante ¿no crees?

—No. Tú no puedes —replicó, haciendo esa mirada decidida que implicaba que nada de lo que yo dijera podría hacerla cambiar de opinión— la gente como tú no tiene ese derecho. Uno no puede ir haciendo todas las cosas malas que le plazcan y luego simplemente seguir adelante como si nada. Tienes que pagar por las cosas que has hecho, tienes que sufrirlas. No puedes ignorar los recuerdos de las personas a las que has matado y no puedes hacerle el amor a otra chica que no sea yo. No puedes pensar en ella como si fuera mejor que yo. No lo es. No puedes amarla porque siempre me vas a amar a mí, como lo prometiste. Tienes que cumplir tus promesas, es lo menos que puedes hacer.

—No la amo —me defendí rápidamente— y no he olvidado todas las cosas que he hecho, te lo juro; aun sufro, sólo que no lo hago cuando estoy con ella. Y... Anabelle nunca podrá remplazarte, amor, nunca. Tienes razón. Por favor, perdóname.

Por qué estaba pidiéndole perdón a una chica muerta estaba más allá de mi entendimiento natural, pero sentía como que debía de hacerlo. Era estúpido, pero no podía soportar saber que Fabrizzia sufría por mis estúpidas acciones. Además, estaba actuando sin saber lo que hacía, y estaba hablando sin pensar en las palabras en lo absoluto. Era como ver una película.

—Ella nunca, nunca te va remplazar —juré, aunque no estaba tan seguro. De hecho no estaba seguro de nada, porque en algún lugar de mi mente estaba muy consciente de que esa platica con Fabrizzia era una pesadilla inducida por mi propio subconsciente, pero no podía despertarme, y quería tranquilizarla, también— es sólo mi novia. Tendré muchas novias en mi vida, Fabri, pero ninguna te va a remplazar.

—Eres un mentiroso —lloró, demasiado fuerte, y luego siguió llorando y llorando, con fuerza. El aire se volvió demasiado fuerte, tanto que tuve que cerrar mis ojos y poner mi cuerpo tenso para no salir volando, el cielo retumbó en un estruendoso trueno y la tierra tembló, o quizás era sólo yo. Y entonces el agua cayó en mi cuerpo, ahogándome.

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Salté por el susto y jadeé con fuerza. Abrí mis ojos y traté de aclarar mi mente mientras veía la cara de Anabelle a mi lado, asustada y cubriendo su cuerpo aun desnudo con su sabana rosa pálido. Respiré con alivio, por haber salido de ahí y puse una mano en mi pecho para calmar mi respiración.

Fue un sueño. Un recuerdo-sueño, pero al fin y al cabo nada real. Fabrizzia seguía muerta, y yo seguía en esa cama con Anabelle.

—Diablos, lo siento tanto —gemí con dolor y apreté mis ojos. Estaba tan enojado. ¿Por qué no podía superar todo? ¿Por qué no podía ser como la gente normal?— ¿Seré jodidamente capaz de dejarte dormir algún puto día?

—No estaba dormida —negó y sonrió por fin, acercándose más a mí. Me relajé un poco y me senté, llevando parte de la sabana a mi regazo para cubrirme— te estaba acariciando el cabello y te quedaste dormido, sólo me quedé ahí pensando y viéndote. Hasta que empezaste a quejarte, hacer caras, decir "lo siento" y "Fabrizzia" y luego a llorar y moverte... ¿estabas soñando con ella?

—Sí —tallé mis ojos— lo siento.

—Deja de pedir perdón para cada cosa estúpida que pasa —me regañó dulcemente, acercándose hasta que se acurrucó a mi lado. Pasé mi brazo por sus hombros desnudos y la apreté contra mi pecho con anhelo, haciéndonos hacia atrás para acostarnos— no tienes la culpa de todo.

—Cierto... lo siento por eso —me reí— ¿qué hora es?

—Como las cuatro de la mañana —contestó y suspiró— mi papá llega a las doce. Quiere que vayamos a comer todos juntos.

—Ugh —gemí. Realmente no quería ver a su papá. —Sí, ugh —me imitó y luego nos quedamos en silencio.

Otra cosa que me gustaba de Anabelle era que nunca imponía conversaciones cuando simplemente no era el momento. Ella hablaba mucho, mucho, y eso me molestaba, pero casi siempre tenía una razón para hablar. Cuando no había nada que decir, simplemente se quedaba callada.

Mientras ella tomaba mi mano izquierda con fuerza en la suya y enterraba más profundo su cara en mi pecho, me di cuenta de que me encantaba tenerla ahí conmigo, abrazándome.

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Y me encantaba no sólo como: "oh, hay una chica hermosa y desnuda apretada contra mí, me encanta esto", era más como: "me encanta realmente cómo se siente tenerla en mis brazos, más que cualquier otra cosa que pueda imaginar".

Amaba cómo enterraba su cara en mi cuello, haciéndome cosquillas con su nariz y sus labios. Lo amaba demasiado, tanto que no me disgustaría quedarme así por un largo, largo tiempo.

Maldición, me gustaría muchísimo poder enamorarme de ella. Amaría poder amarla, lastima que fuera tan difícil para mí. Y ningún hombre que se sintiera tan culpable por sentir algo por ella se la merecía. El simple hecho de que yo no pudiera enamorarme de ella después de tantas cosas demostraba lo poco que merecía gastar su tiempo.

—Lo siento —murmuré con la voz estrangulada, sin poder evitarlo. Estaba tan decepcionado de mí, como de costumbre. Sólo que esta vez era por una razón completamente diferente— Anabelle, lo siento tanto.

—¿Por qué? —preguntó, levantando su cabeza y mirándome como si no me entendiera en lo absoluto, pero no era así, seguramente lo hacía. Ella era tan inteligente, y me conocía tanto, que seguramente ya lo sabía. Sabía que no podía dejar ir a Fabrizzia y sabía que era un idiota, asqueroso, egoísta— Justin ¿qué pasa?

Pasa que ahora soy extremadamente consciente de que algún día caerás en cuenta de lo basura que soy para ti, lo estúpido, idiota, mierda que soy, lo poco que valgo, y me dejarás por alguien normal que no tenga problemas con enamorarse de ti.

—Just... —la interrumpí antes de que terminara, me levanté de golpe, empujando su espalda a la cama y me puse sobre ella, tomando su boca con desesperación. Mordiendo sus labios y chocando nuestros dientes.

Estaba llorando fuertemente, las lagrimas tenían mi cara toda mojada y apenas me daba cuenta de eso, pero no me sorprendía. Yo era un pobre diablo llorón y ella lo sabía.

Me enojó mucho que dejara de preguntar qué mierda me pasaba y que sólo me besara de vuelta, por más estúpido que sonara. Me enojó que me dejara tocarla, incluso cuando estaba así: llorando, enojado y loco. Me enojó que me dejara abrir sus piernas para tomarla de nuevo, y no se quejara. Ella no se merecía eso, maldita sea. Ella no se merecía una follada enojada, que básicamente era lo que le estaba dando. Estaba enojado conmigo mismo por no poder superar a una chica muerta y estaba enojado con ella por seguir queriendo estar conmigo a pesar de eso.

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Apreté sus pechos con rudeza y me enterré de golpe en su cuerpo, incapaz de controlarme.

Debería darme una patada en el culo e irse con alguien que la mereciera, que la tratara con amor. Pero si eso pasaba yo me iba a volver loco.

—Au, espera —gimió cuando empecé a ir realmente fuerte, pellizcando mi espalda para que dejara de ser agresivo. Pero no podía pararlo, porque era un animal asqueroso, así que enterré mi nariz en su cuello y aspiré, ignorando sus quejidos y entrando una vez más en ella con fuerza.

Ni siquiera lo estaba disfrutando, y era obvio que ella tampoco ¿entonces por qué seguía con eso?

Sólo quería sentir que era mía. Aunque fuera por un corto tiempo.

—Lo siento tanto —lloré, casi ahogándome con mis estúpidas lagrimas, sin dejar de golpear en ella. Anabelle apretó sus talones en mis muslos y acarició mi cabello, dejando de quejarse y aceptándome.

Quería decirle "Te amo" quería tanto decírselo. Ella se merecía escucharlo de mí. Pero no podía, porque yo no le quería mentir con eso, no podría hacerla creer que la amaba, cuando secreta y constantemente me sentía culpable por el simple hecho de llamarla mi novia.

Anabelle siguió diciendo "está bien" y "tranquilo" hasta que mis embestidas se hicieron más rápidas y terminé, sin darle el mismo alivio a ella. Me quité de encima y me dejé caer a un lado, con todo el peso del mundo en mi pecho y cubriendo mi cara con mis manos.

Soy un maldito desastre.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—¿Por qué? —me quejé, poniéndome la camisa de botones que Graham me prestó. Era blanca con rayas plateadas, muy elegante, en realidad, pero nada que ver conmigo. No creo haber usado una camisa con un color claro en mucho tiempo— las chicas me odian y el señor Jolie sigue pensando que soy un pobre chico jodido que necesita ayuda psicológica con urgencia.

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—Mi papá quiere pasar tiempo con el señor Jolie —contestó, encogiéndose de hombros sin dejar de aplicar algo en su cara con una brocha y sin mencionar nada del hecho comprobado de mí siendo un chico jodido— además, nunca me has dicho, ¿por qué las engañaste? A fin de cuentas te mereces su odio.

—¿Qué? ¿De qué hablas? —pregunté, subiendo las mangas hasta mis codos para poder mover los brazos, resultaba que Graham era más flaco que yo, lo cual hacía que fuera muy incomodo usar una camisa suya. Los botones estaban a punto de explotar.

—Ellas me lo contaron, Justin. Me dijeron que jugaste con ambas, que estabas con las dos al mismo tiempo —suspiró como si estuviera muy decepcionada, tomando otra brocha para poner algo negro en sus párpados— ¿por qué lo hiciste? Quiero saberlo. No me voy a enojar ni nada.

—Pfffff, no jugué con ellas —me defendí, entrecerrando mis ojos y fajando la camisa en el pantalón— nunca me creyeron, pero no lo hice. No es algo que yo haría.

—¿Entonces cual es la razón por la cual estuviste saliendo con las dos al mismo tiempo?

Tomé aire, pensando en si le contaría o no mientras ella terminaba de poner polvo negro en sus ojos y continuaba delineándolos con un muy pequeño pincel negro, sin parpadear. Sus ojos destellaban como un par de esmeraldas claras.

—No me vas a creer, como ellas. —Voy a tratar.

—Bien —suspiré y me dejé caer en su cama— no sabía que eran gemelas. Yo pensaba que sólo estaba saliendo con una chica muy bipolar y cambiante.

Anabelle se me quedó viendo por el espejo, como si estuviera tratando de ver si era verdad o no y después de unos segundos soltó una carcajada, echando aire a sus ojos y tratando de no parpadear, pero sin dejar de reír.

—¡No es cierto! —rió, pero sabía que me creía, por lo tanto sólo me quedé ahí aceptando mi estupidez con una mirada enojada— ¿cómo puede alguien ser tan tonto? ¿no iban en el mismo salón?

—No ponía atención a nada a mi alrededor —empecé, excusándome— Era mi primer año en una escuela y me sentía enfermo de toda la gente. Nunca antes había ido a una escuela o había pasado tanto tiempo con tanta gente, usualmente iba un señor a nuestra casa en donde sea que estuviéramos a darnos clases, pero entonces el

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señor Jolie quiso ser humanitario y construyó esa cosa, entonces mi mamá decidió que era seguro enviarnos ahí... primero conocí a Yamin, la salvaje. Ella peleó conmigo, no me acuerdo porqué, me gritó y eso me gustó, así que mantuve un ojo en ella... pero entonces choqué con Nedime, la más amable, y hablé con ella, extrañado de su dulzura. Y así fue, día con día. En mis clases no le ponía atención a nada que no fuera lo que el maestro decía, nunca conviví con algún compañero además de los chicos que se sentaban conmigo en el almuerzo, y no hablábamos mucho. Estuve pasando de una a otra por un mes, sin tener idea de ello, sólo amando cómo "ella" era tan inestable. Hasta que un día se me aparecieron las dos al mismo tiempo y... bueno, te imaginarás. Y después me di cuenta de que no me gustaba ninguna de las dos por sí sola, sólo me gustaba la persona que ambas creaban.

Anabelle dejó de reír, eventualmente, aunque perdí la cuenta de cuanto tiempo estuvo burlándose de mí.

—Tengo que decirles esto. Morirán de la risa y te dejarán de odiar.

—Prefiero que piensen que soy un idiota mujeriego a que se den cuenta de lo despistado y estúpido que soy.

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{capítulo;39}

{Anabelle}

Big Kanye manejaba un auto negro, pequeño y brillante que estaba en mi cochera y que yo no había visto antes y nos llevaba al restaurante para comer con mi papá, las gemelas, su padre y los Bieber. Justin estaba muy callado a mi izquierda, mirando hacia la ventana sin ponerme atención y jugando con su reluciente reloj de oro en su muñeca mientras yo platicaba con mi muy nervioso mejor amigo a mi derecha.

—Tienes que estar relajado, maldita sea —dije y apreté su mano para que se clamara un maldito segundo. No pensé que alguna vez lo diría pero Graham estaba actuando como una chica. Una total chica. Y sabía que estaba confundido como nunca en ese momento pero me estaba desesperando demasiado.

—¿Qué hago si me habla? —me preguntó en voz baja para que Justin no supiera de lo que hablábamos, aunque de todos modos no nos estaba poniendo atención— ¿Y si intenta besarme de nuevo? Realmente no estoy preparado para otro beso de hombre. No me hago a la idea. No... no creo que... p-porque bueno, quizás me gusta, pero...

—Es sólo la idea la que no te gusta, obviamente. Ningún chico quiere aceptar ser... eso, aunque no lo puedan controlar —murmuré, porque me había prohibido decir "gay".

—No, Anabelle. No soy gay. Lo sé, está científicamente comprobado. Hice una prueba anoche, además uno sabe este tipo de cosas, simplemente... Fred tiene toda la culpa, no me puedo creer esta mierda.

—¿Qué clase de prueba hiciste?

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—Bueno, anoche estaba en eso, ya sabes —hizo una seña obscena de arriba abajo con su mano y asentí para que supiera que ya había entendido el mensaje y que no necesitaba seguir viendo eso— bien, cada vez que pensaba en algún hombre, mi peum, parte de chico sólo se dormía, pero cuando pensaba en alguna mujer regresaba a la vida. Si eso no explica mi orientación sexual, no sé que lo haga.

—Probablemente es sólo que te gusta Fred —digo, lentamente para que lo entienda— no necesariamente de una manera sexual aunque... quizás sí. Lo que estoy tratando de decir es que él es el único hombre que te atrae, quiero decir, me pasa lo mismo con Adriana Lima, si ella se apareciera y...

—Tú luces algo como Adriana Lima —dijo, de repente cambiando de tema. Sonreí tan grande como nunca y puse una mano en mi pecho mientras trataba de lucir como si no fuera el mejor cumplido que alguien me hubiera dicho alguna vez— quiero decir, la versión adolescente no tan bronceada y con ojos verdes.

—Oh, Graham, te amo. Gracias —apreté su brazo de nuevo con amor y me senté más derecha, de pronto sintiéndome 5000% más bonita— bueno, de todos modos... Yamin estará en la cena y...

—¿Estará? —preguntó, interrumpiéndome con una sonrisa pervertida de lado. Puse los ojos en blanco— genial. Perfecto. Ella será mi prueba final.

El restaurante era un lujoso lugar muy lindo con paredes de cristal y de mármol claro con pequeños pedazos de algo dorado, probablemente oro, mesas de color caoba y largas sillas color crema de gamuza, y estaba cerrado sólo para nosotros.

Habían tres tipos grandotes afuera que nos saludaron con respetuosos asentimientos y Big Kanye se quedó ahí con ellos. Hice como que no vi el arma dentro de los pantalones del tipo a un lado de la puerta, Justin sólo pasó por ahí como si le diera igual, pero claro, él ya estaba acostumbrado a ese tipo de tratamiento, como si fuera el presidente, pero yo y Graham no.

—¿Sabes qué, Anabelle? Tendré un montón de cosas geniales para contar cuando regrese a casa.

Mi papá estaba sentado sólo en la mesa más larga con su típico traje negro y presencia imponente. Había pasado mucho, mucho tiempo desde que lo vi por última vez, y aunque estaba acostumbrada a eso, nunca antes había sido consciente del peligro que corría cada vez que se iba, quiero decir, literalmente era uno de los hombres más buscados. Corrí hacia él cuando se levantó y lo abracé más fuerte que nunca, olvidando que debía mantenerme enojada aunque fuera un poco.

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Después de que nos abrazáramos por varios minutos, saludó a los chicos con un apretón de manos y un abrazo masculino, entonces nos sentamos los cuatro en la mesa mientras esperábamos a los demás, quienes fueron apareciendo poco a poco. Primero Jeremy y Pattie con Tayson, Kyle, André, Joe, Joshua y Fred y al final las gemelas y el señor Jolie.

—Ya que estamos todos reunidos, me gustaría hacer un anuncio —dijo Pattie, dejando lentamente sus cubiertos en su plato, llamando la atención de todos nosotros. Esperó pacientemente a que todos la miráramos y nos sonrió ampliamente— ayer fui con mi medico y él nos confirmó que lo que estoy esperando... ¡Es una niña!

Grité con felicidad junto con las gemelas y las tres nos levantamos para abrazarla. Todos sabíamos muy bien lo que significaba para ella romper con la mala suerte de sólo hombres y lo mucho que había deseado tener una niña desde que Joe, el mayor, nació; pero al parecer las únicas personas que lo celebraron con felicidad fuimos las chicas, mi papá y Graham. Todos los demás estaban en silencio, sin siquiera sonrisas. Justin respiraba fuertemente y se tomó todo su vino de un sólo trago, haciendo una cara de fastidio cuando se dio cuenta de que no era algo fuerte.

—Chicos, sabemos lo que significa... —empezó Jeremy, pero algunos bufaron e hicieron que se callara sin tener ni un regaño de su parte. No comprendía nada, pero claro, ya me estaba acostumbrando a eso. Lentamente y sin ánimos los chicos fueron felicitando a su madre, pero todos nos dimos cuenta lo mucho que les costó hacerlo.

Después de eso la cena se puso más que incomoda. Yamin y Graham estaban dando el espectáculo de su vida, hablando de cerca y compartiendo comida. Fred los veía con odio no disimulado y cuando le di una mirada de compasión sus mejillas se pusieron rojas y se volteó para mirar hacia otro lado, como si estuviera enojado conmigo. Pattie comía sonriéndole a la nada y si no supiera lo feliz que estaba por su nueva niña, hubiera imaginado que estaba drogada o algo así. Justin se había encerrado a sí mismo en una burbuja de odio y auto-destrucción, comiendo ignorando a todos con la cara de amargado más grande que alguna vez había tenido. Mi papá, el señor Bieber y el señor Jolie platicaban en italiano y reían, ignorándonos a todos los demás. Tayson mandaba mensajes en su celular y los demás chicos sólo hacían escándalo. Nedime y yo éramos las únicas normales, al parecer, platicando acerca de lo rara que la cena estaba yendo.

—Iré a... tomar aire —anunció Justin y se levantó rápidamente. Seguí masticando mi comida lentamente, con ganas de salir corriendo detrás de él para saber porqué todos odiaban a su no nacida hermana y por qué estaba tan enojado. No podía ser sólo por lo de la niña, quiero decir, los demás ya lo habían superado y esa actitud ya la tenía desde antes de llegar al restaurante.

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Cuando me paré nadie preguntó nada, ni siquiera me miraron dos veces, bueno, aparte de Nedime, quien expresó lo mucho que me odiaba por dejarla sola ahí, aunque en cuanto me fui Kyle corrió a hablar con ella, lo cual era genial porque no dejaba de hablar de él, desde que Fabio había desaparecido de su foto.

Justin estaba en el jardín, sentado en una gran maceta, fumando y con la cara apretada. Me quedé mirándolo de lejos como por un minuto, sólo por lo guapo que se veía todo melancólico, tirando el humo hacia sus manos y jugando con él.

—¿Te importaría decirme por qué estás tan molesto?

Justin succionó el cigarro de nuevo fuertemente, esperó un buen rato y luego dejó salir el humo de su boca lejos de mi cara, pero no contestó, tampoco me dijo que me fuera de ahí, así que me recargué a su lado y esperé.

Esperar a Justin. Soportar a Justin. Perdonar a Justin. Lidiar con Justin. Amar a Justin. Esa era mi vida últimamente.

—Es algo tonto —dijo por fin, con su voz rota— sólo necesitaba un cigarro, no estoy molesto, sólo... angustiado, supongo. Igual que los demás. No queremos más hermanos, sabemos que sólo será otra persona por la cual preocuparnos, a la cual cuidar. Y va a ser la hermana pequeña de un montón de chicos jodidos y protectores ¿te imaginas lo que la pobre va a sufrir? Además, está esta cosa...

—¿Qué cosa?

Me puso en pausa de nuevo. Volviendo con su cigarro. Si no lo conociera mejor y si no estuviera enamorada de él me hubiera molestado demasiado, pero en cambio, sabía que estaba tratando de poner sus pensamientos juntos y hablar claro conmigo. También sabía que su razón era buena, él no era así sólo porque sí, después de todo.

—Mira, todas las familias tienen una mujer, una mujer importante —empezó, y me miró como si esperara que entendiera con sólo eso, pero me encogí de hombros— si quieres conseguir algo de alguien, tienes que asustar a esa persona antes, hacerle saber que vas en serio, que no te importa nada... las mujeres generalmente son por lo que uno va primero para lastimar a esa persona, sabrás por qué ¿no? Supongo que sabes qué es lo que se les hace a esas mujeres.

—No entiendo del todo, aunque creo que sé por donde va —respiré con dificultad y me lamí los labios con miedo antes de hacer la pregunta que saltó en mi cabeza de repente. Estaba asustada de la respuesta, pero tenía que saberlo— ¿ustedes...

—No, nosotros nunca lo hemos hecho. Nadie de nosotros lo ha siquiera considerado, pero siempre hay alguien que está dispuesto. Alguien a quien de verdad

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le importa una mierda, y nosotros conocemos a muchos de ellos —tomó otra larga calada, haciendo que su cuello se contrajera al máximo y cerró sus ojos con fuerza— si esa niña nace será el punto rojo más grande de todos nosotros, incluso más grande que mamá.

—No lo sabes —repliqué, desesperada por hacer que dejara de pensar tantas cosas de ese tipo. La pobre mente de Justin era seguramente la más jodida, auto-destructiva y pesimista mente de todas— tienes que dejar de pensar siempre lo peor, Justin, en serio. No todo es malo; y sé que lo peor siempre es lo más probable y lo más seguro, pero pensar sólo en eso todo el tiempo no va a cambiar las cosas. Tienes que tener algo de esperanza alguna vez.

—Tengo esperanza en muchas cosas, Anabelle. No son cosas buenas, sin embargo.

—Me lo imagino —llevé mis manos a mi cara y me quedé así un rato. Quizás si lo medito el tiempo suficiente, se me va a ocurrir la manera de llegar a través de Justin y cambiar su mentalidad un poco— ¿Cómo te ves te aquí a diez años?

Pregunta simple, con mucho significado oculto.

—Que gracioso —bufó, como si tratara de reír, sacando humo de su boca— no me imagino ni siquiera de aquí a mañana, y tú me preguntas por diez años.

—Vamos —me quejé, con una suplica baja. Justin sólo me miró con una sonrisa rara y apagó su cigarro en la tierra.

—Dejemos este tema para otro día ¿sí? —intentó. Suspiré con fuerza, aceptando que no podría lograr entender a ese hombre nunca y asentí, luego me incliné hacia él por un suave beso. Su boca sabía a puro humo, vino y especias, y lo amé.

Antes mi misión en la vida era ayudar a muchas personas con sus problemas, ayudarlos a caminar sobre ellos y después verlos ser felices, gracias a mí. Ahora mi misión en la vida es ayudar a Justin (seguro que no me dará tiempo de ayudar a nadie más), hacer que deje de ser tan auto-destructivo y pesimista con todos los aspectos de su vida y lograr que tenga un poco más de amor hacia sí mismo, que supongo será lo más difícil de todo. Y, obviamente, tengo que empezar con demostrarle cuanto lo amo yo, para poder llegar a eso. Y después ser feliz con él por mucho tiempo.

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{Justin}

Si el señor Ferré quisiera matarme, seguro que no lo haría él mismo ¿cierto? Quiero decir, él nunca se ensucia las manos, y según tengo entendido, no ha matado a nadie en mucho tiempo, entonces yo no seré el que rompa la tradición ¿o sí? Tampoco creo que le avisaría a mi papá de antemano lo que tiene planeado para mi muerte, por lo tanto, deben estar hablando de otra cosa.

Mis manos temblaban con la ansiedad y el temor de lo que se venía para mí y necesitaba un maldito cigarro con urgencia. Ultimamente había estado fumando más que de costumbre. Una cajetilla diaria era mucho para mí, porque yo no tenía ningún vicio real, y quiero decir, un vicio del que dependiera totalmente. Tomaba todos los días, pero era sólo porque las bebidas eran puestas siempre frente a mí, no porque yo lo ansiara. Tomaba drogas casi cada fin de semana, por la misma razón, y a pesar de que llevaba ya cuatro años con eso, no sentía ninguna clase de necesidad por alguna droga, sólo lo hacía porque sí. Pero el cigarro se estaba convirtiendo en algo que necesitaba cada vez que me ponía ansioso, nervioso o asustado, lo cual era malo porque resultaba que yo siempre estaba de alguno de esos modos.

—Hijo, tranquilízate —me dijo Sebastian cuando ya estábamos en su despacho, solos, y él estaba dando vueltas alrededor de mí— sólo quiero platicar contigo de lo que tendrás que hacer con Anabelle, sé que no estás cómodo con eso.

No, por favor. No quiero hablar con él de mi relación con su hija, pero juro que prefiero hablar de eso a recordar lo que tengo que hacer.

—Escucha —empezó y carraspeó, dejando de caminar y sentándose en la silla de cuero a un lado de mí— sé que eres diferente a tus hermanos, y por eso eres mi favorito. No estoy diciendo que ellos no me agraden, pero me siento identificado contigo.

—¿En serio? —pregunté, deshaciéndome un poco del miedo.

—Sí. Verás, yo tampoco tuve opción. Yo también fui lanzado a esta vida sin ser advertido antes, yo sé lo horrible que se siente hacer esto por obligación, y tampoco pude dormir por mucho tiempo —miró al piso y suspiró, mientras yo odiaba momentáneamente a mi madre por divulgar mis cosas privadas— es normal, Justin, lo sabes ¿cierto? Lo que pasa con las otras personas es que se adaptan a la maldad con el tiempo, pero nosotros no.

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Asentí con la cabeza, aceptando sus palabras.

—Nosotros tenemos un alma más noble, débil para esto, lo cual no es nada malo. Yo no pude dormir bien por la noche durante ocho años. Hasta que conocí a Mariel, mi esposa, que en paz descanse. Y es por mi propia historia que no me molesta en lo absoluto que mi hija esté contigo. De todos los hombres del mundo, creo que serías el único al que yo escogería para ella, no tanto por lo bueno que tú serás para Anabelle sino por lo buena que ella será para ti.

Sorpresa, sorpresa. No me odia por tocar a su hija.

—Fui un adolescente problemático, triste y enfurecido también, hasta que conocí a Mariel. No puedo evitar darme cuenta de que eso está pasando contigo y Anabelle. Ya no eres tan visiblemente miserable como antes, hijo —me elogió con una gran sonrisa. Bueno, gracias por eso... supongo— puede ser que no te des cuenta ahora mismo, por todas esas cosas que corren por tu cabeza, todas las obligaciones y miedos que ningún niño debería tener, pero tener a una persona con buena energía a tu lado todo el tiempo te ayuda. Mucho. Incluso aunque no lo notes.

—Pero lo noto. Lo hago, señor, créame. Y lo aprecio —hablé, por fin. Dejando las cosas claras entre nosotros— sé que cuando estoy con ella soy muy diferente y que desde que la conocí he cambiado para bien. Es con la única persona que he reído de verdad en cuatro años, la única que me ha hecho sentir feliz y que me ha hecho sentir como que no soy completamente despreciable... y-yo de verdad no quiero hacerlo, señor. Por favor, ponga a alguien más.

El señor Ferré se me quedó viendo con algo parecido a admiración unos segundos y luego bajó su cabeza, pensando un momento.

—Yo tampoco quiero hacerlo. Sé muy bien lo que puede pasar y lo que le pueden hacer en ese poco tiempo, pero tenemos que terminar con esto de una vez. Si nos deshacemos de todos ellos nos quitaremos un muy, muy grande peso de encima. Los federales ya están de nuestro lado, han prometido dejarnos tranquilos. Las ganancias de este año son mucho mejores que las de los años pasados. Lo único que me tiene al borde de la muerte es este asunto, y tenemos que terminarlo.

—Lo entiendo, pero ¿tiene una idea de lo que ellos pueden pedirme que le haga a Anabelle? No me van a llevar sólo de adorno, ellos querrán asegurarse que ella sufrirá, y me utilizarán para eso.

—Estoy muy consiente de ese hecho —contesto con dureza—. Tú tendrás que cumplir con cada cosa que ellos te digan que hagas. Cada cosa, por más fuerte que sea, por más horrible, por más cruel... recuerda que serán tan solo unos minutos. Y Anabelle es una chica de buen corazón, te perdonará por cualquier cosa, y más si sabe

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que todo esto fue planeado. Ahora, ve ahí arriba con ella, hazla feliz y prepárate para tu próximo trabajo, no falta mucho para él de todos modos.

Como si fuera tan fácil.

{Anabelle}

—¿Entonces estás segura? —me preguntó Graham, más nervioso que yo.

—¡Sí! —contesté, con más fuerza de lo necesario— estoy un 80% segura de que me lo dirá de regreso.

Tomé aire varias veces, tratando de darme ánimos a mí misma. Justin había estado como un zombie enojón últimamente por algún trabajo de mierda que le estaban haciendo hacer y que no quería discutir conmigo, pero habían pasado dos semanas desde que mi papá llegó y yo regresé a mi casa, y él no había dejado de venir ni un día, además estaba siendo más tierno que nunca, y quiero decir, lo más tierno que él podía ser. Usualmente le gustaba hacerme enojar un poco, pero esos días sólo había estado abrazándome todo el tiempo y diciendo lo bonitos que mis ojos eran y lo mucho que le gustaba cómo lo besaba.

Bueno, si eso no es amor, no sé lo que es.

Justin me invitó ayer a una cita. Nuestra primera cita. Dijo que era un lugar especial y lucía extremadamente incomodo y nervioso mientras me invitaba, incluso me pareció que estaba triste, pero ¿por qué estaría triste? No tenía sentido. A pesar de que mi papá fue estricto en que no podía quedarse en mi habitación después de las doce de la noche, ayer Justin se las arregló para quedarse a dormir aquí (y bueno, no dormimos nada, pero me refiero a quedarse toda la noche conmigo). Le puso seguro a mi puerta y desde ese momento hasta las diez de la mañana, estuvimos completamente desnudos. Era raro que tuviera esa clase de seguridad con él, pero me encantaba. La otra noche se puso algo agresivo conmigo y yo estaba asustada de que así fuera la manera en la que le gustaba siempre, pero gracias a Dios no lo era. Se aseguró de que yo lo comprendía y de que supiera que lo sentía mucho y luego fue extremadamente dulce conmigo. Me besó como por una hora completa, sin mentir, y después de que lo

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hicimos, me abrazó y nos quedamos hablando toda la noche de cosas sin mucho sentido.

Así que, esta tarde en nuestra cita le diré que lo amo, porque algo me dice que me lo dirá de vuelta y ya no puedo guardármelo más tiempo.

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{capítulo;40} {Justin}

—Entonces ¿estás listo para esto, muchacho? —me preguntó Alberto, el padre de Lorenzo, con un muy fuerte acento italiano mientras se recargaba en su costoso sofá y llevaba un apestoso puro a su boca, sin preocupación alguna en la vida.

—Lo estoy, señor —asentí rígidamente, sin querer voltear a ver a nadie más.

—Bien, porque esto no es ningún trabajo cualquiera ¿lo comprendes bien, cierto? Esto es muy importante para todos nosotros y no podemos permitirnos hacerlo mal.

—Mi hijo lo sabe, Alberto —contestó mi papá a mi lado, con la voz tranquila— y le he prometido una muy buena cantidad por ayudarnos, por lo tanto, está muy comprometido.

—Sí, mucho —asentí de nuevo, como un niño autista, incapaz de hacer otra cosa, pero la mirada pesada de Joshua frente a mí me obligó a continuar— um, conozco a Anabelle mejor que todos aquí, estoy muy seguro de que confía en mí más que en cualquier persona en Italia, y bueno, usted sabe que me tomo en serio lo que hago. No habrá problemas.

Alberto rió con felicidad, Lorenzo siguió metiendo algo en su nariz sin ponernos atención, mis hermanos rieron falsamente también y mi papá se cruzó de brazos con una sonrisa en su rostro mientras yo sólo estaba ahí sentado con la ansiedad bombeando a cien dentro de mí, con las lineas de coca de Lorenzo llamándome a gritos. Ignoré a todos diciendo algo estúpido del señor Ferré, me levanté del sillón más incomodo y caro del mundo y me incliné a un lado de Lorenzo. Necesitaba estar fuera de mí mismo para seguir con lo que iba a hacer y todos lo sabían.

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—¿Es cierto que mi principessa es tu novia? ¿Realmente? —me preguntó Lorenzo después de que tomé una linea suya sin una invitación, apenas hablando bien. Pude sentir la mirada de todos en mí después de que preguntara eso.

—Sí, lo es —contesté, limpiando la punta mi nariz con cuidado y odiando lo posesivo que ese chico sonó cuando dijo "mi principessa"— acabo de decir que me tomo muy en serio lo que hago, hombre.

—Él tenía que ganarse su confianza de algún modo —siguió Kyle por mí— Anabelle es la persona más intuitiva y desconfiada de todas, no encontrábamos la manera de ganarnos su confianza, y entonces mi mamá tuvo la idea de hacer como si Justin se hubiera enamorado de ella, y funcionó.

—Sí, como sea, pero... yo creo que debemos irnos de una vez ¿no? —opiné, levantando la voz a través de las risas de todos— debo pasar por ella, asegurarme que no tenga ningún arma escondida por ahí y luego manejar hasta el lugar.

—Cierto, tienes razón —dijo Alberto, dejó su puro en un pequeño plato en la mesa y se levantó del sillón— ¿tú crees que ella dejará que la lleves a un lugar tan alejado, sin seguridad?

—Señor, le repito que Anabelle confía mucho en mí. Le dije ayer que la llevaré a un lugar especial, alejado de todos para no preocuparnos por nada, y a ella le gustó la idea.

—Perfecto.

Mientras salía de su casa Lorenzo me abordó, golpeando mi costado derecho con todo su peso, haciéndome chocar contra la pared. Hubiera tratado de defenderme, pero era obvio que el chico no tenía intenciones de pelear, estaba demasiado ido como para eso.

—Escucha, escucha —tomó mi camisa y acercó su asquerosa boca a mi oído. Golpeé su pecho para que se alejara— esa chica... ella es mía. Anabelle siempre ha sido mía. Tenemos que hacerla sufrir un poco, para el video, pero después de eso ella va a ser mía ¿bien? No intentes nada, chico. Nosotros estábamos juntos mucho antes de que tú aparecieras en el mapa. Y así debe ser.

Como me hubiera gustado matarlo ese día en el club, cuando tuve la oportunidad.

—Ella no me interesa de esa manera —mentí, mirándolo mal. Lastima que iba a morir justo después de hacerla sufrir un poco— es completamente tuya.

—Lo es.

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Para cuando llegué a la casa de Anabelle era sólo una mitad consciente de lo que hacía y mi mente no se podía concentrar mucho en nada, pero estaba listo para cualquier cosa. Muy listo y muy desesperado por irme, porque mientras más rápido me llevara a Anabelle de ahí, más rápido lograríamos salir de donde sea que nos fueran a llevar, y más rápido todos ellos estarían muertos y nosotros libres.

—¡Anabelle! —grité desde su sala, después de saludar a Linda, la señora que trabajaba en su casa y que por alguna razón siempre estaba muy al tanto de todo lo que hacíamos. Mi voz sonaba lejana en mis oídos, lejana y baja, así que grité de nuevo, más fuerte por si ella no me había escuchado la primera vez.

—¡SUBE, YA CASI ESTOY LISTA! —gritó de vuelta.

—¿Estás bien, cariño? —me preguntó Linda con preocupación cuando empecé a caminar hacia las escaleras. Asentí hacia ella y le sonreí, o al menos creo que lo hice y corrí por las escaleras hasta la habitación de Anabelle.

Había pensado que estar drogado iba a hacer las cosas mejores, más fáciles, que me iba a dar el coraje necesario para hacer las cosas bien y no poner mis sentimientos de por medio en el trabajo, pero cuando me paré frente a su puerta me di cuenta de que estaba arrepentido de haber tomado esa aparentemente inofensiva linea, porque Anabelle no tenía ni idea de que nuestra cita no era una cita en lo absoluto y yo por lo menos debí haberme esforzado por hacerla sentir como si lo fuera.

Abrí la puerta de su habitación y pasé sin esperar su respuesta, aspirando el familiar aroma a manzanas y vainilla. Anabelle estaba sentada frente a su espejo, cepillando su largo cabello. Me senté en su cama para esperarla mientras ella lo tomaba todo y lo amarraba con una liga en la parte superior de su cabeza, dejando sus hombros y cuello completamente al descubierto. Se levantó, se miró al espejo y cuando estuvo satisfecha con el resultado se volteó hacia mí con una sonrisa.

Nunca se había visto tan linda antes, tan deslumbrantemente divina. ¿Por qué tenía que verse así justamente hoy? Tenía un vestido verde esmeralda sin mangas, apretado hasta su cintura y luego suelto hasta la mitad de su muslo. El color hacía que sus ojos se vieran más oscuros. Amaba el esmeralda en ella. No llevaba tanto maquillaje puesto, al parecer, sólo algo de brillo sutil en sus párpados, la cosa negra en sus pestañas y un delicioso rosa en sus labios.

—¿Qué tal? —preguntó hacia mí con una sonrisa tímida extendiendo sus manos para que pudiera verla por completo. Balbuceé algo, y estaba seguro de que había expresado con palabras lo preciosa que se veía, pero ella sólo se me quedó viendo mientras yo movía mi boca, con su sonrisa bajando cada vez más— ¿estás enfermo?

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—¿Qué? No ¿por qué piensas eso? No lo estoy. Yo nunca, nunca, jamás me enfermo —respondí medio a la defensiva y me acerqué a ella lentamente, hasta que pude tocar la suave piel de sus hombros y su cuello— te ves preciosa, Anabelle. No es que no te veas preciosa siempre, porque lo haces y yo ya debería de estar acostumbrado a que siempre seas deslumbrante, pero hoy especialmente te ves tan, tan hermosa, tanto que... oh, mierda. Me gusta tu cabello hacia atrás, casi nunca lo tienes de esta manera, se ve bien. Todo se ve bien en ti.

—Uh... gracias, creo —dijo con una leve sonrisa de lado, sin quitar su mirada cautelosa de mi cara— pero en serio ¿qué tienes?

Tomé aire, traté de concentrarme en sus ojos y sonreír para hacerle saber que estaba totalmente bien.

—Nada, nada, tranquila, amor, no tengo nada. No me pasa nada, sólo estoy aquí, parado, esperándote... ¿Ya estás lista para irnos? Tenemos que salir de aquí tan pronto como podamos, y quiero decir, ahora mismo. No quiero perder más tiempo ¿lo entiendes? No hay tiempo.

¿Se entendió que tenemos que irnos rápido? Por su cara de confusión, creo que no. Abrí la boca para explicar de nuevo que teníamos que irnos pero ella se acercó demasiado a mí y tomó mi cara entre mis manos con fuerza, examinándome.

—¿Estás borracho o drogado? —preguntó con la voz dura. Parpadeé y miré su cara en busca de algo que me salvara pero no se me ocurría nada, sólo logré negar con la cabeza rígidamente— estás divagando, tú nunca haces eso; estás actuando raro y te mueves mucho. Dime la verdad, no me voy a enojar contigo.

—Inhalé cocaína —acepté en voz baja, sintiéndome mal conmigo mismo por eso. No debí haberlo hecho, lo sé, pero estaba justo ahí, frente a mí... —lo siento. No fue mucho, no estoy mal de todo, te lo juro.

Anabelle se me quedó viendo a los ojos un momento con algo parecido a decepción y soltó mi cara lentamente, suspirando. No podía creer que le estaba haciendo daño incluso antes de realmente hacérselo, eso no era jodidamente justo.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó en voz baja. Negué con la cabeza y me acerqué a ella para abrazarla. Por alguna razón me dejó hacerlo.

—No lo sé. Yo sólo quería apagar todo este maldito estrés en mí, Anabelle. Siento que voy a explotar en cualquier momento —admití y recargué mi cabeza en la suya, intentando no despeinarla— quiero que todo esto se acabe ya, por eso tenemos que irnos de aquí en este momento ¿está bien? Sólo quiero estar contigo.

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—Está bien —murmuró y se alejó de mí, arregló un poco su cabello en el espejo y tomó mi mano para salir de su habitación— estás muy platicador, lo cual es raro al mismo tiempo que gratificante. Me gusta esta parte de ti ¿siempre eres platicador cuando estás drogado?

—¿Yo? No lo sé, nunca lo he notado antes y de todos modos, nunca he estado con alguien mientras estoy drogado, mucho menos platicado con ellos. La mayoría de las personas se alejan de mí cuando estoy en este estado porque soy medio agresivo, como sea... ¿estoy hablando mucho? —pregunté bajando las escaleras, tomando mi garganta con mi mano libre como si eso pudiera hacer que las palabras dejaran de salir— lo lamento ¿te estoy molestando demasiado? Siempre me molesta cuando tú hablas mucho, no quiero hacer lo mismo.

—No me molesta tanto como debería de hacerlo —me miró mal— ¡Linda, ya nos vamos!

—Que les vaya bien —Linda se levantó del sillón y se tambaleó hacia nosotros con una mirada de angustia. Abrazó a Anabelle, le dijo que la quería y después se acercó para abrazarme a mí— todo va a estar bien, tranquilo.

Todo iba a estar bien, ella tenía razón y yo necesitaba empezar a tener esperanza, como Anabelle dijo.

—¿Estás seguro de que puedes conducir? —preguntó ella mientras sacaba las llaves de mi pantalón— pensé que le diríamos a Big Kanye que nos llevara. Mi papá dijo que él me tenía que acompañar a todos lados.

—Sé lo que tú papá dijo, Anabelle, pero vamos a ignorarlo por una vez ¿de acuerdo? Si lo llevamos se va a aburrir estando solo en el auto tanto tiempo. Además, no estoy ebrio, aun sé distinguir entre autos.

—Bien, pero si haces que nos maten estaré muy enojada.

Todo el camino estuve platicando con Anabelle más que de costumbre. Quizás era por la cocaína, pero eso no lo sabía, porque cuando me drogaba estaba más deprimido y suicida que otra cosa, yo creo que mi parloteo se debía a que estaba tan, tan asustado de que ella no me perdonara después de cualquier cosa que debiera hacerle en casa de Lorenzo, que estaba haciendo lo que podía para hacerla quererme. Mientras más me quisiera ella, más oportunidades tenía de ser perdonado. Tomé su mano, besé sus mejillas y su frente, le dije de nuevo lo hermosa que era y me aseguré de que supiera que me volvía loco. También le conté que antes solía odiarla por ser tan alegre pero que ahora sólo me molestaba mínimamente, lo cual esperaba que fuera suficiente.

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Cuando aparqué mi auto entre los arboles del alejado bosque volteé hacia la lejana cabaña en la cual estaba estacionada la Raptor negra de Alberto, y sabía que dentro de la cabaña estaban ellos, esperando la hora que les pedí antes de proceder con el secuestro.

Maté a mi primera novia y estaba a punto de secuestrar a la segunda. Cualquiera diría que eso del noviazgo no era para mí.

Saqué las pequeñas cajas de comida china que habíamos conseguido en el camino y limpiamos la mesa de madera antes de sentarnos a comer ahí. Al menos habían escogido un lugar bonito del cual pudiéramos disfrutar antes de todo.

—¿Por qué de repente estás tan empeñado en irte de aquí? —preguntó con una sonrisa divertida, cerrando su caja de comida terminada y volteando su cuerpo del todo hacia mí. No había comido mucho, pero cerré mi caja también, me acomodé para quedar frente a ella y tomar su mano— nunca antes has dicho que no te guste este lugar, y no creo que estemos listos para ir a vivir juntos.

—En cualquier otro lugar estaremos más seguros ¿no lo crees? Vivir aquí sólo hace que estemos preocupados y asustados todo el tiempo —suspiré y miré de reojo la cabaña. Sólo faltaban cinco minutos para que se acabara mi tiempo y ellos ya se estaban preparando, entrando a la camioneta y arrancándola— prácticamente vivimos juntos por un tiempo ¿no crees? Aunque haya sido un tiempo corto.

—Bueno, sí. Tienes razón —sonrió más grande, muy feliz, al parecer— ¿a donde te gustaría ir?

—A donde mierda sea —dije con desespero, viendo como la camioneta empezaba a ir hacia nosotros. Mi respiración se hizo pesada— sólo promete que te irás conmigo ¿sí? Después de que esto pase. Promete que me perdonaras y que te iras de aquí conmigo. Por favor.

Anabelle asintió sin pensarlo más y se acercó para besarme.

—Te lo prometo —susurró y tomó aire muy profundamente. La camioneta estacionó a la espalda de Anabelle, tan lejos de nosotros que no se escuchó nada de ruido mientras se abría la puerta del copiloto y Lorenzo salía de ahí, dirigiéndose hacia nosotros— bueno, um, nunca pensé que yo sería la primera en decirlo en una relación, por primera vez en mi vida, pero sé que necesitas un empujón con esto. Conociéndote y sabiendo lo despistado que eres, te darás cuenta justo cuando salga de mi boca.

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—¿De qué hablas? —pregunté con miedo, mirando el caminar de Lorenzo. Anabelle no se dio cuenta de que no la veía a ella porque estaba muy ocupada mirando sus uñas con timidez. No sabía qué era lo que estaba tratando de decir, pero esperaba que se apurara con eso. Estaba a unos diez segundos de adoptar mi papel.

—Bien... aquí va —tomó aire profundamente de nuevo, ahora más fuerte. Juro que desde ese momento todo sonido a mi alrededor se apagó y todo empezó a ir en cámara lenta, quizás por mi propia negación ante ese momento o algo así. Lorenzo llegó a la espalda de Anabelle y ella levantó sus preciosos ojos brillantes de emoción hacia mí al mismo maldito tiempo— Te amo, Justin. Muchísimo.

De nuevo, puro silencio. Tanto que puedo jurar que escuchaba mis propios latidos acelerados, preguntándose si lo que ella había dicho era verdad. Lorenzo también escuchó, al parecer, y se quedó helado igual que yo, sólo que no sabría decir si fue por celos o sólo estupefacción.

—No —negué, sintiendo como si alguien estuviera estrujando mi garganta. Mis ojos picaron y bajé la mirada para no seguir observando el anhelo en ella.

—Sí —asintió y apretó mi mano— lo he sabido desde hace mucho tiempo, incluso antes de que estuviéramos juntos. Estoy tan enamorada de ti... y te lo digo ahora porque siento como que tú también lo estás... ¿o no?

Cerré mis ojos y maldije mi nombre mil veces. ¿Por qué jodida razón del cielo ella escogió justo ese momento para decirlo?

Iba inevitablemente a seguir con lo del secuestro. No necesitaba saber que ella me amaba. No aun. Y sobre todo, no necesitaba que mi cerebro asimilara por fin que yo también la amaba a ella. No en ese maldito momento.

—Amigo, esto es oro —se rió Lorenzo, dejando caer sus manos en los hombros de Anabelle. Ella saltó rápidamente por el susto y salió de su agarre, haciéndose hacia mí como si yo la fuera a proteger de él. Lamentablemente, no podía hacer nada por ella esa vez.

—¡¿Qué demonios haces aquí?! —gritó ella y se apretó más hacia mí, pero Lorenzo sólo puso sus ojos en blanco y me hizo una seña para que la llevara al auto— ¿Justin?

—Lo siento mucho, princesa, pero elegiste un muy mal momento para declarar tu amor —murmuré, tratando de que saliera como una broma, pero salió más como un lamento. Me levanté, llevándomela conmigo, tomando sus brazos y acomodándolos en su espalda con fuerza antes de que ella siquiera empezara a entender qué demonios estaba pasando.

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—Si lo hubieras dicho antes Justin quizás te hubiera regresado esa preciosa y muy romántica declaración, mi amor —murmuró Lorenzo acercándose a ella con un puchero y apretó sus mejillas con fuerza antes de inclinarse y besar su boca, mientras yo ponía presión a sus brazos para que no se moviera a pesar de todos los esfuerzos que hacía para quitarse.

Me odio tanto.

—¡Suéltame! ¡¿Qué demonios, Justin?! ¡¿Qué. Demonios?! —gritó cuando la hice caminar contra su voluntad hacia la camioneta. Lorenzo suspiró y me hizo parar antes de ponerse frente a nosotros y tomar con fuerza los muslos de mi novia, inmovilizando sus rodillas con su axila y haciendo que fuera totalmente inútil para ella seguir moviéndose y mucho más fácil para nosotros cargarla— ¡¿Qué está pasando?! Me estás lastimando de verdad, Justin. Suéltame.

Ignoré sus lamentos y me concentré en el tiempo, porque antes incluso de que oscureciera, nosotros estaríamos libres de toda esta gente. Yo la podría abrazar de nuevo y decirle que la amaba también, que todo fue planeado y que nunca más la volvería a tocar con rudeza.

—¿Por qué no le explicas qué está pasando, Justin? Para que deje de parecer tan perdida.

Me quedé callado unos segundos mientras ella forcejeaba y gritaba que le dolía, pensando en mis palabras para no sonar amable.

—Te estamos llevando a un lugar donde te dejaremos un poco tiempo hasta que tu papá venga por ti. Puede ser que recurramos a movimientos de urgencia en ti si no acepta venir rápido, pero no te preocupes, es un lugar muy cómodo, y cuando tu papá suelte el dinero que nos debe, te dejaremos ir. Con suerte conservarás todos tus bonitos dedos.

—Te irás, a menos que desees quedarte con nosotros, claro —añadió Lorenzo, sin tomar en cuenta sus gritos— con eso de que te mueres de amor por él... creo que podemos llegar a un trato ¿no lo crees?

—¿Estarías dispuesta a una relación de tres, amor? —pregunté cuando la atraje más arriba para no lastimar tanto sus brazos. Anabelle gritó que no, pero dejó de pelear contra nosotros, dándose cuenta de que no iba a llegar a ningún lado haciendo eso.

Cuando la pudimos meter a la camioneta me dieron una cuerda para amarrar sus brazos. Gemí por eso, porque sabía lo mucho que lastimaban, pero lo hice de todos

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modos mientras Fred se encargaba de sus piernas. Aunque el hecho de que dos de mis hermanos estuvieran conmigo hacía todo mucho más doloroso para ella, yo estaba aliviado de que no tuviera que pasar por eso por mí solo.

—Lo siento mucho, amor —susurré en su oído, pero creo que decidió ignorarme.

Después de que tuviera su boca cubierta y sus extremidades atadas y estuviera apretada entre Joe, Fran y yo con Lorenzo en el asiento del copiloto y alguien desconocido manejando, ella dejó de moverse por completo. No hacía ruido y no mostraba ninguna señal de que estuviera tratando de escapar, sólo estaba ahí, mirando para delante como si estuviera asimilando todo mientras silenciosas lagrimas recorrían su cara.

Pero todo iba a estar bien ¿no? ¿No era así cómo funcionaba la esperanza? Si lo deseaba lo suficiente quizás podría funcionar.

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{capítulo;41} {Anabelle}

Cerré mis ojos por sólo dos segundos, cuando los abrí de nuevo decidí bloquear mis pensamientos, no hacer suposiciones hasta tener más información, no volverme loca por lo que había pasado los últimos minutos y sólo esperar pacientemente a que eso se malditamente acabara. A que Justin me abrazara de repente y me dijera que eso no era real en lo absoluto, o que Joe acariciara mi cabello de esa manera tosca en la que lo hacía siempre y que Fred se riera conmigo por caer, pero mientras más tiempo pasaba encerrada en la camioneta, más me daba cuenta de que eso probablemente no iba a pasar, al menos no en un futuro cercano. Ellos sólo estaban ahí a mi lado sin tomarme en cuenta, hablando acerca de locaciones extrañas y dinero, cosas que no entendía y que sinceramente no me importaban. Lorenzo volteaba hacia mí a cada rato, mirándome con sus ojos rojos de loco como si estuviera realmente enojado. Mis muñecas ardían cada vez que la camioneta pasaba por algún tope o simplemente aceleraba de más y me hacía moverme. Justin me las había puesto demasiado apretadas, sin mencionar que la manera en la cual me cargó lastimó mis brazos. No podía creer que eso fuera verdad, que Justin en realidad fuera malo, pero dentro de mí sabía también que había un 50/50 de posibilidades y que no podía dejarme llevar por mi corazón.

Nunca antes le había dicho "Te amo" a un chico, y después de la humillación por la que pasé la primera vez, de verdad que no me quedarían ganas de hacerlo de nuevo. Incluso si después de todo eso no era real y él me amaba también.

—¿Está muy lejos? —preguntó Justin después de quince minutos de camino. Mi suposición era que sí, estaba lejos, porque ya estábamos saliendo de la ciudad y no veía nada cercano, al menos que me quisieran tirar en la carretera y darme un tiro en la cabeza ahí mismo.

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—Sí. Es una hora de camino —contestó el hombre misterioso que iba manejando. Vi por el rabillo de mi ojo como Justin empuñaba su mano derecha y golpeaba la puerta— ¿Tienes un problema con eso?

—No.

Cerré mis ojos y me recargué en el asiento ignorando el dolor en mis muñecas y brazos, esperando que no quisieran golpearme por mi atrevimiento. Abrí un ojo para ver a Justin, porque yo era una masoquista del infierno y quería al menos una señal de algo, lo que fuera. Lo vi aplastando sus palmas en sus piernas y rodillas con su espalda tensa, como si se estuviera limpiando el sudor de sus manos de una manera demasiado exagerada. Cualquiera diría que se sentía mal por tenerme amarrada como animal a su lado. Pero, bueno, hay un arma justo frente a mí, entre los asientos de Lorenzo y el conductor y si a Justin o a Joe o a Fran no les gustara el hecho de que me estuvieran secuestrando, simplemente tomarían el arma y matarían a los dos de enfrente. Pero eso no había pasado, lo cual me llevaba a pensar que Justin realmente quería eso.

Empecé a desarrollar una teoría de que los Bieber realmente odiaban a mi papá y querían dejarlo sin dinero, que odiaban la manera en la que él parecía tener el control de todo y querían matarlo, así que hicieron un plan con Justin para que se ganara mi confianza y luego me pudiera secuestrar sin problema alguno, pero él pasó demasiado tiempo conmigo, logró tenerme algo de simpatía y se sentía mal por estar haciendo eso. Mi teoría sonaba desgraciadamente probable en esos momentos. Quizás después de todo esa era su estrategia principal. Quizás ellos estuvieron del otro lado todo el tiempo y nosotros nos confiamos demasiado. Quizás me equivoqué de nuevo y me enamoré del chico malo. La diferencia era que él, en lugar de sólo romper mi corazón, iba a matarme.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Apreté mis labios y mis ojos cuando Lorenzo me tiró al piso de la habitación. Estábamos en una casa gigante y abandonada de dos pisos en un pueblo fuera del mapa y el piso estaba demasiado sucio.

Me dije que no iba a llorar o gritar al menos que fuera necesario, al menos que me hicieran daño de verdad, lo cual al parecer era lo que ellos querían. El padre de Lorenzo, Alberto o algo así, nos recibió cuando llegamos. Él acarició mi mejilla y mis labios y cuando quise quitar mi cara Justin aplicó más fuerza en mi nuca para que no

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lo hiciera. Luego les dijo que me llevaran a la última habitación y que me dejaran ahí sola un rato hasta que ellos llevaran la cámara, pero Lorenzo dijo que tenía cosas que arreglar conmigo primero sin la cámara y su papá sólo suspiró y aceptó. Como si le estuviera dando permiso de comprar un auto o algo igualmente sin importancia y no de meterse con una mujer.

Dos hombres desconocidos con armas, Fred, Joe, Justin y Lorenzo se me quedaron viendo unos segundos mientras trataba de acomodarme en el piso. Lorenzo estaba de frente a mí, los hombres desconocidos en la puerta y los Bieber a nuestro lado.

—¿Por qué eres tan bonita, Anabelle? —me preguntó Lorenzo de repente, sonando mejor, como si ya no estuviera tan drogado y se sentó en cuclillas frente a mí. Levanté mi vista a sus ojos y traté de hacer la mirada más tierna que pude mientras me encogía levemente de hombros, porque si contestaba estaba segura de que mi voz saldría toda temblorosa—. Yo tampoco lo sé ¿Y, sabes qué? Yo no planeaba hacerte nada. Yo sólo iba a hacer lo que mi papá quería que hiciera y luego te dejaría aquí encerrada con agua y comida hasta que tu papá se dignara a pagarnos... pero entonces escuché lo que le dijiste a Justin, Anabelle, y eso me lastimó.

Entonces me atreví a mirar hacia Justin. Él estaba mirando al piso con la mandíbula apretada, a un lado de sus hermanos igualmente incomodos.

—¿Por qué? —me atreví a susurrar.

—¿Por qué? ¿En serio, Anabelle, no lo sabes? —se rió y tomó aire— Creí que era demasiado obvio lo que siento por ti. Nunca me esforcé en ocultarlo. Eras tan hermosa antes, me volvías loco, aunque eras una niña. Y quería tanto estar contigo, porque nuestras vidas serían perfectas estando juntos. Totalmente perfectas. Con el dinero de tu padre de por medio todo es perfecto.

—Entonces no me querías a mí, sólo querías el dinero —repliqué, haciendo que su sonrisa se transformara en una mueca— ¿y, sabes qué? Yo estaba enamorada de ti. Lo estaba de verdad, pero entonces decidiste decirle a toda la escuela que te dejé tocar mis senos y eso arruinó toda pequeña posibilidad que tenías conmigo.

—¡Porque tú me rechazaste a mí! —gritó, realmente enojado. Llevando su mano a mis mejillas y apretándolas con rudeza, haciéndome estrellar la cabeza contra la pared, con fuerza— tu papá se robó nuestro dinero y luego te atreviste a rechazarme. Cuando matamos a tu madre y ustedes huyeron de Italia estuve mal por meses. Meses. Me metí en las drogas por tu culpa. Y entonces volviste...

Bajó la cabeza y tomó aire bruscamente.

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—Cuando te vi... estaba tan feliz. Pensé que quizás, después de todo, tú y yo podríamos estar juntos y hablar con tu papá para resolver nuestros problemas. Pero tú decidiste de nuevo ignorarme e irte con él —apuntó a Justin con rabia— ¿Y te enamoraste de él? ¿En serio? Ese fue un movimiento estúpido de tu parte, tomando en cuenta lo inteligente que dicen que eres.

—Lo sé ahora —contesté sin pensarlo, pero eso hizo que Lorenzo gruñera y apretara mas mis mejillas.

—¡Claro que lo sabes ahora! Porque ese chico lo único que quiere es joder a tu papá y joderte a ti. También está aquí por el dinero, estúpida. Él sólo quería esto todo este tiempo y tú le diste tu confianza y tu amor en lugar de venir conmigo y entregarle todo eso a alguien quien sí lo apreciaría de verdad ¡Y yo estuve sufriendo por ti todo este tiempo! —gritó en mi cara y se levantó antes de decir otra cosa, respirando como un toro enojado— Justin... quiero que Anabelle se de cuenta de cuánto la amas.

¿Por qué estaba metiendo a Justin en esto? Él miró a sus hermanos un momento, luego a los hombres en la puerta y caminó rígidamente hasta estar a un lado de Lorenzo.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó en voz baja, ganándose una risa maniaca.

—¿Qué crees? Definitivamente no quiero que la beses y acaricies en mi cara. Quiero ver cómo se da cuenta de lo equivocada que estuvo en fijarse en ti y no en mí. Quiero que desee haberse enamorado de mí, quien nunca jamás la lastimaría y no de ti. Vamos, golpea su bonita cara.

El aire se fue de mí cuando dijo eso. Pero Justin no lo haría ¿verdad? Justin estaba haciendo esto por alguna clase de plan tonto del cual no me avisaron ¿cierto? El jamás me lastimaría. Él era mi Justin, no alguna clase de chico que estuvo actuando todo el tiempo para conseguir dinero y poder. Me negaba a creer eso. Lo que teníamos no era lo más romántico del mundo, pero podía jurar que era real.

—No haré eso —negó, bufando como si la idea fuera graciosa. Lorenzo se irguió ante su respuesta y lo miró mal un segundo, como si lo estuviera desafiando— es tu chica, golpéala tú, maricón.

—No. No causará el efecto que deseo de esa manera, aunque no tienes de que preocuparte, yo también tendré mi turno. Hazlo. No eres tan inútil ¿o sí?

—No tanto como tú —le dio una mirada pesada, llena de odio y se acercó a mí como si no supiera qué hacer. Puso sus manos bajo mis axilas después de bacilar un momento y me levantó de un sólo intento, empujándome contra la pared.

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No me va a golpear. No lo hará. Él me ama. Esto es una farsa. No me va a golpear.

Pero entonces, mientras yo repetía y repetía ese mantra en mi cabeza, intentando con todas mis fuerzas aferrarme a su inocencia, él levantó su mano, la empuñó y sin siquiera darme tiempo de considerar el hecho de que él se veía muy seguro acerca de eso, dejó caer su puño en mi mejilla, haciendo que mordiera el interior de mi boca y me tambaleara hacia un lado, sin equilibrio por mis manos en la espalda. Justin tomó mis brazos para que no me cayera y cuando estuve de pie de nuevo y estaba a punto de escupir la sangre, conectó su puño con en el otro lado de mi cara, sin darme tiempo de que procesara el dolor.

Las lagrimas salieron inevitablemente de mí por el ardiente dolor mientras me hacía a un lado para escupir la sangre como un boxeador herido. Me golpeó en la cara dos veces y me dolía como el infierno, mi cabeza todavía estaba en otro lugar, pero aun era capaz de entender lo que esos golpes significaban.

Él no era mi Justin.

Apreté mis ojos con fuerza y gemí por el dolor, sin importarme más nada. Nunca algo me había dolido tanto. Quería tener mis manos sueltas para poder cubrirme la cara, aunque fuera sólo para cubrirme de la maldita humillación. Escupí una gran cantidad de sangre y me moví con la lengua una muela que empezó a doler demasiado. Estaba suelta. Deseaba con todas mis fuerzas que ese fuera el único diente faltante.

—Vamos, Justin, eso fue completamente patético. Me has golpeado tan fuerte que no puedo pensar por unos segundos. Eso no fue ni siquiera una cuarta parte —escuché a Lorenzo diciendo mientras yo sollozaba por el dolor. Justin gruñó entonces, como si se estuviera dando ánimos y se tiró hacia mí de nuevo. Pensé que iba a golpear mi cara otra vez, pero ahora su puño se dirigió a mi estomago, y luego hubo otro casi inmediatamente, directo a mis costillas, sin piedad.

Quise gritar pero no tenía aire, me tiré para delante inevitablemente, al cuerpo de Justin, sin saber qué hacer para poder respirar. Él me quitó, como si no soportara tenerme ahí o sostenerme y me empujó con sorpresiva suavidad para que cayera al piso y gracias a Dios me dejaron sola un momento para poder recuperar el aliento, lo cual no era precisamente fácil.

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{Justin}

Anabelle abrió su boca y trató de tomar aire inútilmente, tosiendo. Su barbilla del lado izquierdo estaba morada y el pómulo del lado derecho estaba rojo. Tenía la boca llena de sangre y estaba llorando tanto que estaba seguro que no veía bien. Lorenzo ni siquiera le dio más tiempo para recuperarse antes de llegar a ella y jalar su cola de caballo con fuerza para que su cabello estuviera suelto y gritar otra sarta de estupideces en su cara.

—Vuelvo en un momento —le dije a nadie en general antes de salir de ahí casi corriendo y entrar al baño más cercano. Mis manos temblaban cuando logré sacar mi celular de mis bolsillos y mis ojos estaban nublados cuando logré marcar el numero de André.

—Dime que están cerca —supliqué rápidamente cuando contestó, tomándome del lavamanos para no desplomarme en el piso.

—Vamos apenas a medio camino, papá dice que llegaremos más o menos en media hora —dijo, haciéndome respirar mejor— ¿qué está pasando?

—Alberto quiere esperar a la familia de Marco y Ezauro antes de empezar a grabar el video y ordenó que dejáramos sola a Anabelle, pero Lorenzo está jodidamente empeñado en lastimarla. Me ordenó que la golpeara, estoy muy seguro de que la quiere violar y yo no me puedo oponer a ello, hay dos tipos con armas en la habitación.

—Mierda —exhaló André y esperé moviéndome de un lado a otro mientras le decía lo mismo a mi papá y al señor Ferré— Justin, dicen que tienes que mantenerlo alejado de ella hasta que lleguemos y la única manera es que la sigas golpeando. El señor Ferré dice que lo mejor es que la dejes inconsciente de una vez, para que tengan que esperar un buen rato y no la lastimen más.

—No quiero —gemí— ella no me va a perdonar.

—No importa. Si no quieres que Lorenzo le haga algo, déjala inconsciente. Todo esto se va a arreglar cuando ellos estén muertos. Tranquilo.

Como si fuera tan fácil ¿cierto? Colgué y cubrí mi cara unos segundos, odiando el dolor en mis nudillos y rezando silenciosamente para que ella pudiera entender y perdonarme.

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Cuando entré de nuevo a la habitación Lorenzo estaba platicando algo con Joe, y Fred, a escondidas, acariciaba el cabello ahora suelto y salvaje, de Anabelle en el suelo. Me acerqué rápidamente a ella y pateé sus piernas evitando contenerme y pensando qué podía hacer para dejarla inconsciente.

—Ya déjame en paz —sollozó ella cuando la pateé con fuerza de nuevo en la cadera, haciendo que cayera acostada del todo en el piso, sobre sus manos. El dolor en su voz casi me hace parar— te odio.

Tuve que recordarme a mí mismo cómo respirar después de eso. Y sólo el sonido de la risa de Lorenzo me trajo de vuelta a esa habitación, donde estaba golpeando a la chica que amaba como si fuera un pedazo de basura.

Yo era el único pedazo de basura ahí.

—¿Ahora lo odias? ¿Qué pasó con el amor, princesa? —se burló— ¿te estás dando cuenta por fin del error que cometiste al confiar en este chico sin sentido y no en mí? Yo nunca hubiera dejado que esto te pasara. Yo te hubiera cuidado. Yo te hubiera amado.

Anabelle cerró sus ojos con fuerza y empezó a llorar como nunca, haciendo que salieran de su garganta sollozos desgarradores. No podía ver eso. Me agaché y me senté a horcajadas en sus piernas. Las empezó a mover fuertemente como si quisiera patearme, haciendo que su lindo vestido se le subiera hasta la cadera.

—¡No! ¡No me toques! —sollozó, moviéndose más cuando llevé mis manos a su vestido para bajarlo de nuevo.

—Recuerda que esa chica es mía. No te atrevas a tocarla así —gruñó Lorenzo posesivamente, de repente cerca de nosotros.

—No quiero tocarla de esa manera, maldita sea —gruñí, bajando su vestido de nuevo y poniendo mis manos en sus hombros para mantenerla quieta— sólo estoy tan, tan jodidamente enojado de que me haya echo actuar como un idiota todo este maldito tiempo, de que se haya burlado de mí tantas veces.

La levanté por los hombros y la estrellé de nuevo en el piso, no tan fuerte pero sin duda no de una manera delicada. Lorenzo se cruzó de brazos y me miró con una ceja arriba, esperando lo que le quisiera hacer. Me encantaba el amor que le tenía a la chica, dejando como si nada que otro hombre la lastimara de esa manera. Aunque quizás debería callarme, porque lo que yo estaba haciendo era mucho peor.

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—... de que haya tenido que lamerle los zapatos a su estúpido padre y a esta perra idiota por tanto tiempo —seguí, y llevé mi puño lo más fuerte que pude a su cien, reventando la piel a un lado de su ojo izquierdo y haciendo que su cabello se pegara a la sangre ahí. Ella abrió la boca y gritó, moviendo sus ojos de un lado a otro, como si estuviera aturdida. Se me ocurrió que quizás, si la golpeaba lo suficiente en la cabeza, ella tendría una contusión y se desmayaría un tiempo. Así cuando todos llegaran yo podría por fin largarme de ahí y llevarla a un hospital, entonces respiré profundamente y me dejé ir hacia ella. Golpeando una y otra vez su cabeza.

Todo va a estar bien. Ella me va a perdonar. Me va a seguir amando.

Paré de golpearla cuando sus ojos empezaron a hincharse y ella aun lloraba, gemía y se retorcía de dolor bajo de mí. Eso no iba a funcionar, no era suficiente, ella estaba sufriendo mucho y yo no podía seguir viéndolo. Llevé mis manos a su hermoso cuello y lo apreté, luchando contra el llanto.

—Hombre... —murmuró con algo de miedo Fred frente a mí. Levanté mi vista hacia él sin quitar la presión de mis manos en su garganta y odie el dolor en sus ojos. Estaba haciendo eso por el bien de ella. Le estaba ahorrando una violación ¿no?

La última imagen de ella que tuve antes de cerrar mis ojos fue de horror absoluto mientras movía su torso de un lado a otro tratando de soltar sus manos para defenderse. Su boca estaba inútilmente abierta y sus piernas se movían cada vez menos. Lo estaba logrando.

—No quiero que la mates, no seas idiota —me interrumpió Lorenzo, apretando mi brazo y haciendo que dejara de estrangularla— se está acabando el tiempo y quiero mi turno con ella. Quiero disfrutarla un rato.

—¿Qué vas a hacer? —pregunté como imbécil, levantándome de ella temblorosamente mientras Anabelle tosía y se retorcía con fuerza y dolor en el piso, tratando de recuperar el aliento una vez más.

—¿Qué crees? —bufó y me empujó a un lado. Observamos un momento mientras ella lentamente volvía en sí. Su cuello estaba morado con la marca de mis asquerosos dedos. Lorenzo se sentó sobre ella como yo lo hice, pero él optó por acariciar sus piernas y luego su cuello— mi amor, mira lo que te hizo ese chico salvaje. Lamento haber dejado que te lastimara, pero estaba tan enojado contigo... yo nunca me atrevería a herirte de esa manera.

Odio que me haga quedar como si no me importara una mierda. Sé que así luce, pero no lo es. No podría lastimarme más. Tengo ganas de llorar y toda mi piel pica con la desesperación y la ansiedad. Quiero que lleguen. Estoy rogándole a Dios que todos lleguen antes de él le haga algo. Nunca antes el tiempo había pasado tan lentamente.

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Lorenzo se hizo a un lado y puso a Anabelle boca abajo. Ella estaba tan débil que sólo podía hacer pequeños sonidos guturales desde su garganta, llorar silenciosamente y tratar de escapar sin fuerzas. Yo fui el único que le hizo eso. El único que la había lastimado. Me tragué el nudo en la garganta y parpadeé rápidamente para que no se me salieran las lagrimas. Nadie me estaba poniendo atención, mis hermanos estaban mirando fijamente lo que pasaba y los hombres platicaban como si nada, Lorenzo estaba muy ocupado tocando a mi chica y yo podría llorar tranquilamente por ello, pero temía que si empezaba después no podría parar.

Tenía tanto miedo, porque sabía que ella no me iba a perdonar. Yo no me perdonaría después de lo que le hice. No me perdonaría después de básicamente reírme en su cara de su preciosa declaración de amor y después golpearla, patearla y estrangularla como si ella no fuera nada para mí. Nunca me perdonaría.

Lorenzo soltó con esfuerzo las cuerdas de sus manos. Sus muñecas estaban ensangrentadas, sus brazos morados casi por completo y sólo cayeron a sus lados como si no los pudiera mover, como si toda la fuerza hubiera sido drenada de su cuerpo. Lorenzo acarició su cabello tiernamente mientras levantaba su vestido y, sin tener ninguna clase de respuesta de ella ademas de llanto, bajó sus bragas negras sin problema, dejando su trasero desnudo al aire.

No pude evitar llorar después de ver eso. Empuñé mis manos y puse mi cuerpo tenso para no temblar como una niña mientras las lagrimas salían sin frenos. Quería tanto, tanto, torturar a Lorenzo. Quería torturarlo por semanas y escucharlo rogando que lo matara. Quería herir cada parte de su cuerpo, quemarla, romperla y golpearla y escuchar sus suplicas y después matarlo como el inservible pedazo de mierda que era.

—No hagas esto —rogó Anabelle, con la voz demasiado ronca y forzada, casi irreconocible, mientras Lorenzo desabrochaba su pantalón y bajaba sus bóxers. Cerré mis ojos de nuevo cuando acepté que mi vida no era una película y que los milagros no pasaban en la vida real. Él la iba a violar frente a mí, nadie iba a llegar mágicamente a salvarnos y yo no podía arriesgarme a ayudarla y ser su héroe— no, por favor...

Miré a mis hermanos cuando Anabelle lloró más fuerte. Joe estaba más blanco que nunca y no miraba la escena frente a él, pero aun estaba de pie y aun tenía la cara dura, como si nunca nada lo fuera a perturbar. Fred tenía los ojos llenos de lagrimas y la nuez de su garganta trabajaba mientras él veía lo que pasaba y escuchaba el llanto de Anabelle. Y yo sólo estaba parado ahí inútilmente, odiándome como nunca antes lo había hecho y teniendo que soportar el sonido de un hombre lastimando a mi amor.

Estoy dispuesto a arrodillarme por siempre y llorar que me perdone por horas. Estoy dispuesto a dejar que me golpeé por venganza. Estoy dispuesto a pasar todos los días con ella pateándome cuando le dé la gana, pero por favor, Dios, haz que me perdone.

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Luché contra el deseo de tapar mis oídos y estrellar mi cabeza contra la pared más fuerte que nunca cuando los gemidos de placer de Lorenzo empezaron a llenar la habitación. Mi cuello estaba completamente mojado con mis lagrimas. Joe se acercó a mí después de un rato y susurró en mi oído: —Todo está bien. Tranquilo, hermano. Ya llegaron. Ya se acabó.

Pero nada estaba bien, porque Lorenzo seguía violando a mi novia y ella seguía llorando del dolor que ambos le causamos. Ella no me perdonaría nunca, jamás y yo tendría que cargar por siempre con el dolor de no haberme dado cuenta de lo mucho que la amaba antes de ese día. Y sé que pasó lo mismo con Fabrizzia, que nunca supe lo enamorado que estaba hasta que ella lo dijo primero, pero también sé que lo que sentí por Fabrizzia no era ni siquiera una quinta parte de de lo sentía por Anabelle. Lo que nosotros tuvimos fue más que nada artificial y joven, algo tonto y nada profundo. Fabrizzia no hubiera dado su vida por mí y yo tampoco lo haría por ella, pero sé que lo haría por Anabelle. Sin dudarlo.

Se escuchó un muy fuerte golpe en la parte de abajo unos minutos después y luego muchos disparos y voces roncas gritando. Por fin llegaron.

—¡¿Qué mierda... —gritó Lorenzo de repente cuando los dos tipos de la puerta salieron corriendo hacia abajo. Él salió de Anabelle, acomodándose en su pantalón y corrió lo más rápido posible hacia abajo, seguido de mis hermanos, dejándonos solos por fin.

Por fin.

Deje salir todo el aire que había en mí y corrí a su lado, bajé su vestido y la cubrí con dolor. Tomándome un segundo para calmarme. Ella no se había movido en lo absoluto y me asusté.

—¿Amor? Ya se acabó todo —murmuré con la voz quebrada y me tiré a su lado para acariciar su cara. Sus preciosos ojos verdes resaltaban mucho, más claros que nunca por la sangre coagulada, su bonita cara seguía estando hinchada, casi totalmente roja y morada— bebé, lo siento tanto. Lamento todo esto, nunca voy a ser capaz de perdonármelo. Todo fue planeado, todo fue una mentira ¿lo sabes, cierto? Yo nunca te haría nada así...

—Lo acabas de hacer —susurró con esfuerzo, sus ojos parpadearon suavemente, sin cerrarse por completo y ya no lloraba, pero no me veía a los ojos, y no se había movido ni una vez— te odio tanto. Lo hago, sinceramente.

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Tragué saliva y me dije que sus palabras y sus sentimientos estaban acertados, que me lo merecía, que su odio tenía mucho por donde empezar y por donde terminar. Limpié mis ojos varias veces antes de ahogar un sollozo en mi garganta y negar.

—Tienes que perdonarme —rogué, aunque pareció que lo estaba ordenando— y después irte conmigo de aquí como lo prometiste. Nunca te lastimaré de nuevo, te lo juro por Dios. Te amo tanto, tanto...

Esperé que ella dijera algo o que me mirara a los ojos pero mis palabras sólo causaron que empezara a llorar de nuevo. Ella no hacía nada, ni siquiera reaccionaba ante el constante sonido de balazos, o parecía asustada. Ella se veía rota. Y era mi culpa.

Pasaron más o menos diez minutos de lucha en el piso de abajo. Anabelle seguía sin haberse movido y yo le había dicho unas cien veces lo mucho que la amaba y lo mucho que me arrepentía de lastimarla así, pero ella no reaccionaba ante nada. La puerta se abrió de golpe de repente y me levanté lo más rápido que pude, limpiando mis lagrimas. El señor Ferré entró y apretó un pedazo de tela llena de sangre contra su brazo. Me miró por unos segundos y luego se agachó a su hija.

—¿Se acabó? ¿Todos están bien? —pregunté con la voz baja. Él asintió y trató de nuevo de lograr alguna reacción de Anabelle— necesitamos llevarlo a un hospital, y a ella también.

—¿Por qué no se mueve, por qué no responde? —preguntó con los ojos húmedos y enojados mientras acariciaba su cabello.

—No quiere hacerlo. Y probablemente no querrá hacerlo en un buen tiempo. 335 

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{capítulo;42} {Anabelle}

Abrí los ojos con muchísima dificultad, dejándolos abiertos sólo a mitad del camino porque me era realmente imposible abrirlos más y porque la luz me lastimaba. Mi estomago se revolvió y algo acido llegó hasta mi garganta cuando traté de moverme, así que mejor me quedé completamente quieta de nuevo, cerrando mis ojos otra vez y recordando poco a poco la razón por la cual todo mi cuerpo parecía doler como si un camión me hubiera atropellado. La razón básicamente era Justin.

Lo ultimo que recordaba del día del suceso, —como decidí llamarle al día donde mi corazón se rompió de verdad por primera vez, tuve una paliza y una violación— era a Justin levantándome del suelo con mucho cuidado y lo mucho que me dolía todo, en especial la cabeza y el cuello. Cuando bajamos por las escaleras cerré mis ojos y enterré mi cara en el hombro de Justin porque oficialmente había tenido suficiente por el día y lo último que necesitaba era ver cuerpos sin vida y mucha sangre por todo el piso. Justin se quedó conmigo en su regazo cuando entramos al auto y continuó diciendo todas estupideces en mi oído mientras acariciaba mi pierna, como si tuviera derecho de tocarme. "Te amo, Anabelle" "Perdóname" "Lo siento tanto" "por favor, no me odies" "di algo" "amor, por favor" "no sé qué haré sin ti, Anabelle, por favor, di algo" y cosas así, todo el camino. Dejó de golpearme para empezar a torturarme emocionalmente con sus malditas palabras huecas. Lo peor de todo es que no tenía la fuerza para decirle algo como "cierra la maldita boca, sólo me estás lastimando más" y sólo me quedó tener que lidiar con ello mientras luchaba por no volverme loca.

—¿Anabelle? —preguntó alguien a mi lado. Gemí fuerte por el zumbido doloroso en mis oídos ante la voz y apreté mis ojos un segundo, hasta que me di cuenta de que la cabeza me empezó a doler por eso y volví a gemir, ahora de frustración. Cualquier cosa que decidía mover conectaba con algún punto dolorido de mi cuerpo— ¿estás despierta?

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Ugh, pero que persona tan insistente, maldita sea ¿qué no se da cuenta que estoy toda jodida? No tengo ganas de hablar con nadie. No tengo ganas de abrir mis ojos ni de decir nada que pueda hacer doler mi ya muy dolorida garganta, sólo quiero entrar en coma y despertar hasta que todo mi cuerpo esté curado y saludable de nuevo. Maldito sea Justin por hacerme esto.

—¿Anabelle? —repitió, ahora más fuerte, haciendo doler mis oídos aun más y tocando suavemente mi brazo. Hice una mueca y abrí mis ojos lentamente con el solo propósito de darle una mirada de muerte para que se callara de una maldita vez y me dejara en paz por siempre, pero entonces mi mirada se enfocó en la persona insistente: Justin, elevado sobre mí, mirándome con el ceño fruncido.

Mi estomago se revolvió con miedo y me estremecí, recordando inevitablemente la última vez que lo vi, lo que me hizo, y aterrorizada con que lo fuera a hacer otra vez. Él se veía más grande, mayor, más malo, más cruel y mucho más atemorizante ahora que sabía lo mucho que dolían sus golpes. Nada le impedía hacerme daño de nuevo. Había visto eso antes, no faltaba mucho para que tomara una almohada y la presionara contra mi cara hasta que yo muriera.

—¡Ayuda! —grité cuando ese pensamiento llegó a mí, sonando como un hombre con la voz lastimada. Mi garganta ardió en carne viva y estoy segura de que mi débil grito no se escuchó ni siquiera fuera de la habitación— ¡Ayúdenme!

Él parpadeó como si estuviera confundido por mi miedo y enredó su mano en mi brazo pero logré alejarme de él antes de que pudiera hacer cualquier cosa e, ignorando el dolor, torcí mi torso para encontrar el botón que llama a las enfermeras, pero antes de que pudiera encontrarlo una mujer apareció por la ventana.

—¡Ayuda! —grité de nuevo, llamando su atención. Ella miró de mí a Justin, asustada y caminó rápido hacia dentro— ¡Él me hizo esto, sáquelo de aquí o lo hará de nuevo!

—No le estaba haciendo nada, lo juro —se defendió, levantando las manos— sólo quería saber cómo se sentía.

—Lo siento, cariño, pero tienes que salir de aquí —dijo la enfermera con una mirada de ternura hacia él— la estás alterando.

—Pero...

—Vete —ordené, mirando directo a sus ojos con todo el odio que pude reunir. Por primera vez en la vida no me importó en lo absoluto ver lagrimas en sus ojos ni notarlo tan miserable. Estaba contenta de ello, se merecía sentirse así, considerando lo mierda que yo me sentía. Él se me quedó viendo uno, dos, tres, cuatro segundos, casi

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cinco; asintió finalmente, como si estuviera aceptando su situación y por fin salió de ahí— mierda.

—Ese chico estuvo aquí toda la noche, tomando tu mano y diciéndote cosas lindas, también estaba llorando —murmuró la enfermera mientras se acercaba a mí— ¿Es tu novio?

—Lo era, antes de que golpeara la mierda fuera de mí y se quedara mirando mientras otro tipo me violaba —respondí, llena hasta el tope con rencor. La enfermera se quedó con la boca abierta un momento y luego tomó mi mano con repentinas lagrimas en sus ojos.

—Lo siento tanto, linda, no me imaginé... —negó con la cabeza— todo va a estar bien ahora.

—Eso espero, gracias —le traté de sonreír y me dejé descansar en la camilla, gimiendo— ¿Cuando me voy a curar?

—Eso depende de ti y tu capacidad de recuperación. Tu garganta está muy lastimada y hay probabilidades de que tus cuerdas vocales queden dañadas permanentemente...

—¡¿Tendré esta voz de hombre para siempre?! —la interrumpí, sonando un poco más masculina ahora, como si Dios decidiera que eso era más gracioso, tomando mi cuello con ambas manos, deseando tener ese poder de curación que tenía la protagonista del libro que estaba leyendo. Todo era tan fácil en los libros.

—Sanará un poco con el tiempo, pero quedará ronca —suspiró— y tu cuerpo... bueno, eso depende de ti, como te dije. Tuviste una costilla fracturada, una contusión cerebral, te sacamos dos muelas, y, bueno, todos los golpes superficiales dolerán por un tiempo.

Tomé aire profundamente, odiando a Justin un poco más de lo que lo odiaba hace diez segundos, si es que eso era posible. No podía creer que me fracturó una costilla, me sacó dos muelas, me causó una contusión cerebral, arruinó mi voz para siempre, causó que me violaran y todavía tenía el descaro de parecer herido ante el hecho de que no lo quisiera jodidamente cerca de mí, ah, y seguía repitiendo "te amo" como si fuera cualquier cosa, sólo llenando mi herida con sal cada vez que lo repetía.

—Tienes que estar aquí hasta mañana, después puedes ir a tu casa y reposar por un tiempo. Y, una última cosa, hay un agente del FBI que necesita hablar contigo.

—¿FBI? —repetí— ¿qué demonios quiere conmigo un agente del FBI? 338 

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—No lo sé, no estoy autorizada para saberlo —se encogió de hombros— ¿tienes hambre?

—Sí. Y sed. Y no quiero que nadie entre. Nadie además del agente ese.

Cerré mis ojos cuando salió y gemí de nuevo. Quería tanto golpear a Justin. Y no simplemente golpearlo de esa manera débil y tonta en la que he golpeado a alguien antes sino de una manera que lo hiciera tener una contusión cerebral, mínimamente.

Estuve dos horas completamente sola, la enfermera me trajo comida de hospital, o sea que era totalmente asquerosa, pero me la comí de todos modos, porque de verdad tenía hambre. Estuve pensando en Justin todo el tiempo y negándome a mí misma llorar por él, pero, hombre, me dolía tanto. Quizás era cierto lo que decía y él me amaba después de todo, pero los recuerdos no se irían de ninguna manera y yo no lo iba a perdonar, no podría hacerlo. Mi papá era otro hombre al cual odiaba en ese momento, porque él fue el que tuvo la muy genial idea de hacer que Justin pretendiera secuestrarme y no contármelo. Sé que él no tenía idea de lo loco que Lorenzo estaba y de lo que quería hacerme, pero eso no cambiaba el hecho de que me violaron por su culpa.

Lo que me hacía sentir mejor fue que no me dolió, Lorenzo no me lastimó, no fue rudo conmigo porque yo no tenía la fuerza necesaria para defenderme. Pero lo hizo frente a cinco hombres que estuvieron viendo lo que pasaba sin mover un puto dedo. La humillación era lo más prominente en ese momento, lo que me lastimaba más. Ah, y el haber visto el cuerpo muerto de Lorenzo antes de esconder mi cara en el pecho de Justin también me hacía sentir mejor.

—¿Señorita Ferré? —preguntó un señor entrando a mi habitación sin tocar. Suspiré con cansancio y asentí, lo cual no debí haber hecho, porque una hora después, ahí estaba aun, insistiendo en que tenía que saber cada pequeño y sucio detalle de lo que sucedió. Y yo decidí decirle toda la verdad.

{Justin}

Esa era, de lejos, la peor semana de toda mi vida. Nunca había estado tan deprimido antes y ahora, además, me habían arrestado en el hospital. Me las había arreglado para permanecer muy lejos de la cárcel desde que cumplí los dieciocho, pero

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ahora ellos pudieron atraparme, esposarme y llevarme en una camioneta hasta la oficina de Giordano.

—La chica declaró en tu contra, Justin, mi agente te vio y tuvo, por ley, que arrestarte —me dijo Giordano entregándome una taza de café negro, la tomé como si me gustara y la dejé delante de mí en la mesa, aceptando lentamente la idea de que Anabelle declaró en mi contra. No era que me sorprendiera mucho, después de todo lo que le hice era de esperarse, pero me seguía doliendo. Me seguía doliendo que ya no le importara nada que tuviera que ver conmigo y que hubiera sentido tanto miedo de mí cuando despertó. No quería que ella me tuviera miedo.

—¿Pero me vas a meter a la cárcel? —pregunté insistentemente cuando se sentó en su silla. Él suspiró y tomó un trago, el cual se tardó en pasar. Había estado retrasando esa respuesta por quince minutos.

—Tengo que hacerlo —contestó, luciendo derrotado. Dejé salir todo el aire y cubrí mi cara con mis manos— tienes muchos antecedentes. Tú y todos tus hermanos. Crimen organizado, trafico de droga, de indocumentados, de armas de fuego, homicidio, lavado de dinero, secuestros, fraudes, la lista es interminable, y ahora con lo que esta chica dijo... lo siento, hijo.

—Pero ¿no es esto exactamente para lo cual usted gana jodidamente tanto de nosotros? ¿Para mantenernos lejos de la cárcel? —escupí con enojo.

—Exacto. Yo ignoro todo lo que ustedes decidan hacer mientras no se dejen atrapar, lo único que ustedes tienen que hacer es mantenerse lejos de cualquier oficial y tú literalmente chocaste con este agente. No hay nada que hacer, no puedo abogar por ti cuando tu expediente está así de manchado. Ignorar esto ahora mismo haría muchísimo ruido y puedo perder mi trabajo, sin mencionar que sería investigado por...

—Lo entiendo —murmuré, mirando hacia él con fastidio— ¿entonces... cuanto tiempo me darán?

—Con todo lo que tienes, lo seguro es que te den cadena perpetua —jadeé y lo miré con miedo— pero...

—¿Pero?

—Mira, ahora mismo es imposible intervenir respecto a ti, todos te están poniendo atención, pero una vez que estés dentro de la cárcel nadie se acordará de ti. Serás solamente un criminal más tras las rejas, nadie le pone mucha atención a los presos.

—¿Y?

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—Puedo sacarte de ahí entonces. Lo más rápido posible sería... como en un mes o dos —respiré de nuevo, más aliviado. Sin duda un mes o dos sonaban muchísimo mejor que cadena perpetua— no tienes nada por qué preocuparte, hijo ¿de acuerdo? Nada. He estado con tu familia desde que empecé a trabajar aquí, hace veinticinco años, tengo una buena relación con tu padre y tu abuelo iba a cenar a mi casa constantemente, haré lo que esté en mis manos para sacarte de ahí.

—Gracias, Giordano.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Cadena perpetua en una cárcel de máxima seguridad. Lindo. Ni siquiera pude tener un juicio, me mandaron directamente a la de máxima seguridad y sólo les tomó un minuto dictaminar mi sentencia. Se encargaron de hacerme saber lo mucho que estaba desperdiciando mi vida y me dejaron hablar con mi familia un rato antes de trasladarme. El señor Ferré me aseguró que nada me pasaría ahí dentro y que me darían el mejor trato posible. No le creí mucho, pues, como lo dijo Giordano, nadie se preocupa mucho por los presos. Pero al contrario de lo que pensé toda mi vida, sobornar a los guardias era tremendamente fácil, mientras ningún superior estuviera mirando. Y tener a los guardias de tu parte hacía una muy grande diferencia.

Conseguí pasar sin tener un dedo buscando algo en mi culo por sólo diez mil euros. Luego, mientras trataba de imaginar lo temible que sería mi compañero y seguía a Gio por entre todas las celdas, me enteré de que tendría un cuarto. Un cuarto, no una celda.

—Es el cuarto de Gerard Bieber —me dijo Gio, sonriendo de lado y negando con la cabeza, como si estuviera recordándolo. Gerard, mi tío. El que estuvo en la cárcel un año y salió sonriendo. En ese momento entendí porqué mi tío se refería a la experiencia de la cárcel como un año sabático— él se aseguró de que su sobrino se quedaría aquí y que tendría los mismos tratos que él tuvo, sin mencionar que los hombres de Dio se movieron a tu favor, también. Niño, no tienes nada de que preocuparte.

Eso me devolvió un poco de la esperanza que se había ido de mí desde el viernes. Esos eran ya cuatro días de depresión continua, depresión dura, pero al menos ahora sabía que no iba a tener mucho de que preocuparme ahí dentro.

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Lo único que había sabido de Anabelle desde el sábado en la mañana que me corrió de su habitación era que no quería hablar con nadie, ni siquiera con Graham, quien me exigió saber qué había pasado cuando me vio llegando ese día a la sala de espera. Tuve que contarle todo y a él no le gustó para nada, pero lo entendió y me dijo que trataría de hacer entender a Anabelle. No contaba con eso, pero saber que él lo intentaría mientras yo estaba ahí dentro me hacía sentir bien.

—Espero que hayas tenido algo de acción antes de venir aquí, niño, porque si no te gusta la compañía de otros hombres, vas a pasar una vida completa siendo miserable. He visto cientos de hombres volverse locos por eso.

—Visitas conyugales dos veces a la semana son parte de esos tratos cortesía de Gerard. No creo tener que preocuparme por eso.

—Bueno, en ese caso eres un bastardo con suerte.

No, no lo era. Ni siquiera utilizaría ese maldito lujo. No quería tener nada con nadie más que no fuera Anabelle y dudaba mucho que ella quisiera visitarme para mantener mi libido vivo. Iba ser un bastardo con un brazo más musculoso que el otro y nadie podría evitarlo.

No era un cuarto muy lujoso, pero estaba más que bien para un mes o dos. Era amplio, con paredes blancas repletas de fotos de mujeres desnudas y de mi tía Gabrielle, una combinación algo escalofriante para mí. Tenía una pantalla plana frente a la cama matrimonial con un viejo xbox debajo y un montón de cajas verdes por ahí. Un mueble con varios libros e incluso una pequeña nevera con una mesa al lado. Gio se despidió y cerró la puerta. Tenía un seguro, pero no me quejaba, de todos modos no querría salir de ahí. Me acerqué a la mesa y abrí una caja grande de madera. Estaba llena de los puros colombianos favoritos de mi tío. La nevera no tenía nada, pero a un lado habían varias botellas de vino y whisky.

Nada mal para ser una cárcel.

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{Anabelle}

Mi casa se sentía fría y vacía. Graham estaba con Yamin en algún lugar, Linda y mi papá salieron a comer y yo estaba sola en casa, sentada en el lugar especifico donde vi a mi mamá por última vez, llorando. Cualquiera diría que yo no hacía más que llorar, pero cuando tantas cosas malas te pasan y tú eres totalmente incapaz de arreglarlas, lo único que te queda es llorar. Además tenía tres días sin hablar con nadie y la soledad me estaba volviendo loca.

—Mamá, todavía estoy enamorada de él —lloré con mi nueva voz de hombre y cubrí con delicadeza mi cara para no hacerme daño— ahora está en la cárcel por mi culpa y sé que debería sentirme aliviada pero estoy tan triste. Le dieron cadena perpetua, nunca lo volveré a ver de nuevo. Lo voy a extrañar tanto.

Traté de imaginarme lo que ella diría, pero por primera vez no tenía ni la menor idea. Ni siquiera yo misma sabía qué pensar al respecto, y yo siempre tenía una respuesta para todo, aunque fuera inútil. Estaba segura de que ella nunca pensó que yo terminaría enamorándome de alguien como Justin.

Ella nunca supo que yo prefería a los chicos malos, pero aun si lo hubiera sabido, no creo que esperaría que cayera por alguien así. Incluso si alguien me hubiera dicho a esa edad: "oye, Anabelle, prepárate emocionalmente para el momento porque cuando regreses a Roma te vas a enamorar de un chico drogadicto con serios problemas mentales que mata gente y te va a dar la paliza de tu vida, ah, y al cual meterán a la cárcel y no volverás a ver nunca más" me reiría en sus caras y aclararía el punto de que me gustaban los simples chicos incomprendidos por la sociedad con una moto y quizás un tatuaje o dos y que jamás llegaría al punto de estar destrozada por un mafioso o alguien quien fuera realmente malo. Pero de verdad que uno nunca sabe lo que el futuro le tiene.

—Lo odio mucho, pero lo amo también —sollocé— estoy tan preocupada de que pierda la cabeza ahí dentro. Él es tan frágil, mamá, y no quiero que haga algo extremo como estrellar su cabeza contra una pared de nuevo. Sólo quiero regresar a America y olvidar todo lo que ha pasado aquí. Odio este lugar. Odio a estas personas. Odio en lo que me he convertido. No sé cómo lo aguantabas... no sé cómo podías ser tan feliz todo el tiempo con alguien como mi papá. Necesito tanto un consejo tuyo en estos momentos.

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Estuve ahí sentada, hablando con un muerto por no sé cuanto tiempo. Para cuando la puerta se abrió yo ya había dejado de llorar con fuerza, pero aun estaba emocional. No ayudaba mucho que estuviera en mi maldito periodo. Mi papá entró con Linda, Pattie y Jeremy detrás de él.

Así que fueron a cenar todos juntos, que lindo.

—Anabelle —dijo Pattie con sorpresa cuando me vio sentada en el piso. No había hablado con ella desde antes del incidente, pero estaba muy consiente de que sabía exactamente por lo que uno de sus hijos me había hecho pasar. Me levanté con mucha dificultad sin hablar con nadie, mi costilla aun estaba delicada y tenía muchos moretones en mi torso, mi papá se acercó como para ayudarme.

—No me toques —siseé, parándome bien al fin— estaré por ahí.

Estaba demasiado cansada como para subir las escaleras, así que sólo fui al jardín, a pensar en Justin porque era lo único que podía hacer. Ni siquiera leer me ayudaba a desconectar mi mente, todo lo que hacía todo el día era pensar en Justin. Enojarme con él, odiarlo, despreciar su existencia y después aceptar lo mucho que todavía lo amaba y lo arrepentida que estaba por haber dicho la verdad y hacer que lo metieran a la cárcel por siempre. Maldita sea mi vida.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Jadeé silenciosamente. Muy silenciosamente, al parecer, porque ellos no se movieron de su apasionada postura ni dejaron de susurrarse cositas. No supe muy bien qué hacer, así que sólo me quedé mirándolos, esperando que me vieran ahí, de pie en la puerta de la cocina y se separaran, pero eso no pasó por unos muy largos segundos.

Habían pasado tres semanas y media desde el día del suceso. Mi voz estaba menos macho alfa y más mujer fumadora, y al parecer se quedaría así por siempre, mi cara ya no parecía una salchicha hinchada y podrida de raros colores, aunque aun tenía la mandíbula verde y el pómulo morado. Los agujeros de mis muelas faltantes se estaban empezando a sentir más naturales y me di cuenta de que no las iba a extrañar de todos modos. Y ahora, estaba dispuesta a bajar y comer en la mesa, como no había hecho desde hacía mucho, y platicar con mi papá y Linda por primera vez. Y me encontré con eso.

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—Anabelle —jadeó Linda, dándose cuenta de mí por fin y saliendo de los brazos de mi papá, quien abrió la boca y me miró como venado deslumbrado por un momento, esperando mis gritos, supongo, sin saber dónde poner sus manos.

Mi enojo se había convertido en depresión a la segunda semana, pero no por eso accedí a hablar con mi papá, como tanto me había pedido, así que supongo que por eso no mencionó nada acerca de lo que fuera que tuviera con Linda. Bueno, yo esperaba que fuera eso y que no hubiera empezado a esconderme cosas de nuevo. De verdad esperaba que fuera eso.

—Tú... —escupí hacia Linda, parándome antes de soltar alguna grosería que ella realmente no se merecía, pero... yo estaba pasando por el peor momento de mi vida, y esos dos estaban haciéndose cariñitos por toda la casa ¿cómo le llamas a eso? Primero el hombre deja que me maltraten y violen y luego se enrolla con nuestra empleada, y me lo esconde.

He perdido la cuenta de cuántas veces desde que superamos la muerte de mamá le dije que debía salir a citas, que debía encontrar una nueva mujer, y él siempre dijo: "yo ya pasé por eso, Anabelle, no tengo el tiempo para una mujer". Y ahora que por motivos del cielo ya tenía tiempo y una mujer que no me caía mal y que maldita sea vivía en mi casa, no me lo dijo.

—Lo siento tanto —murmuró Linda acercándose un paso a mí y retrocediendo de nuevo como si creyera que la iba a atacar. Sus ojos estaban aguosos y odié que mi corazón se encogiera ante eso— yo sé que tu mamá...

—Eso no es lo que le molesta, Linda —la interrumpió mi papá suavemente, tomando su mano, y me miró con tristeza— le molesta el secreto, si no me equivoco. Pero debes saber, Anabelle, que esto es completamente nuevo y que planeábamos decirte cuando nos hablaras de nuevo.

Tragué saliva y parpadeé varias veces, deshaciéndome un poco del enojo. Mi papá era muchas cosas cuando yo intentaba enterarme de algo suyo, evasivo y cerrado, por ejemplo, pero nunca mentiroso, por eso caminé lentamente hacia la mesa y esperé por él, para hablar. Yo no era una mocosa difícil y ya estaba harta de actuar como una.

Cubrimos 17 años de secretos en unas horas. Me dije a mí misma que debía permanecer fuerte ante cualquier cosa que me dijera y que debía seguir enojada con él por todo lo que me escondió y lo que causó, pero en el momento que él empezó a llorar mi débil alma se quebró por completo y le dije que todo estaba bien, que lo perdonaba y que lo amaba mucho, y entonces empezó la platica seria.

Me contó todo lo que podía contarme y respondió todo lo que le pregunté. Me contó acerca de mi abuelo, a quien nunca conocí. Él se metió a la mafia cuando era

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joven y se convirtió en una persona muy poderosa en muy poco tiempo, arrastrando a mi papá y a su único hermano, Héctor, en eso desde que nacieron.

—Es lo mismo que pasó con Justin y sus hermanos. Nosotros no tuvimos una opción, nadie nos preguntó si queríamos hacerlo o no, sólo nos lanzaron a ello. Yo quería que tú tuvieras una opción, por eso te lo escondí.

Me contó acerca de cuando conoció a mamá y lloramos de felicidad todo el rato, recordándola. Dijo que fue en su primer viaje a México. La persona con la que necesitaba hablar no sabía ni ingles ni italiano y mi papá no sabía español así que llamaron a mi mamá, quien sirvió de intérprete y se enteró de todo. Después de su junta él la invitó a salir, pensando que era una chica fácil, pero terminó descubriendo lo inteligente y dulce que era.

—No podía dejarla ir, ella me hacía ser una mejor persona y sorpresivamente, no estaba triste a su alrededor —dijo con una sonrisa— era una mujer que valía la pena y me di cuenta de ello a los cinco minutos.

Se quedó en México con ella, se enamoraron y me hicieron en un establo de caballos (no es que necesitara esa imagen de novela erótica en mi cabeza). Un tiempo después mataron a mi abuelo en Italia, al parecer fue el abuelo de Lorenzo, pero nunca lograron saberlo. Cuando regresaron a Italia mi papá planeó un trabajo "pesado y peligroso" para la familia de Lorenzo con unos rusos, por lo cual ganaron millones y millones de euros, entonces algún trabajador de mi papá mató al abuelo de Lorenzo y nosotros huimos con el dinero y mi mamá a México. Y yo sabía el resto la historia desde ahí: Francia, Italia de nuevo, US, Italia de nuevo. Entonces, la cosa básicamente era que la familia de Lorenzo y otras cuantas a las que ellos le debían dinero, trataron de robarle de nuevo a mi papá, pero nunca lograron atraparlo, entonces intentaron matándonos a mí y mamá, lo cual salió mal y sólo una de nosotras salió herida. Pausaron el plan dos años y entonces golpearon duro a mi papá, matando a su único hermano y llenándolo de amenazas acerca de matarme a mí, así que regresamos al punto de reunión donde él pensó que estaría más segura. Y entonces, mientras hablábamos acerca de mi seguridad y todo eso, llegamos al tema de Justin y su inocencia.

—Lo sé, papá, él me lo dijo, y no tengo ninguna razón para no creerle.

—Pero no lo perdonaste y además declaraste en su contra ¿por qué lo hiciste si sabías que él no tenía nada que ver?

—Porque me golpeó, me pateó, me sacó muelas que no crecerán de nuevo, me estranguló, dañó mi preciosa voz y se quedó parado como si nada mientras Lorenzo me violaba. Esas son razones suficientes. Además no tenía idea de que el agente ese lo iba a arrestar. No me pueden culpar por eso. Él se lo merecía.

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Mi papá cubrió su cara con sus manos un minuto y respiró profundamente unas cuantas veces.

—Tienes razón. Lo siento mucho —murmuró, sin quitar las manos de su cara— sé que esto no cambiará nada de lo que te pasó, pero te amo y no te volveré a poner en peligro de nuevo. Las personas que nos querían hacer daño ahora están muertas o de nuestro lado, y Justin va a salir de la cárcel en dos semanas. Todo va a estar bien desde ahora, lo prometo.

—Espera ¿dos semanas? —pregunté, con la voz alta en pánico y felicidad. Una combinación muy rara— ¿Que no se supone que le dieron cadena perpetua?

—Sí. Pero yo jamás dejaría que ese niño se quedara toda la vida en la cárcel por algo que yo le pedí que hiciera y que lo lastimó tanto —miró hacia la mesa un segundo y luego alargó su mano para tomar la mía con fuerza—. Anabelle, sé que es difícil y que aun estás dolida con todos nosotros, pero tienes que prometerme que hablarás con Justin.

—No —susurré, asombrada de que me lo pidiera— no quiero. No lo haré.

—Él te ama. Estuvo siendo miserable por semanas, sabiendo lo que tenía que hacer. Me pidió mil veces que le diera el trabajo a otra persona, pero yo no podía hacer eso. Si las cosas hubieran sido diferentes no hubiéramos logrado tanto. Por favor, sólo promete que hablarás con él. No tienes que estar en una relación con él de nuevo, ni siquiera tienen que ser amigos. Sólo dale el alivio del perdón. No quiero que viva con esa carga por siempre, bastante equipaje tiene ya, para ser un hombre tan joven.

—Lo haré... —acepté, asintiendo hacia él.

No quería hablar con Justin por nada del mundo, pero mi papá estaba en lo cierto; él ya tenía demasiado con que cargar, definitivamente yo no quería darle más dolor, sobre todo cuando lo que hizo fue una orden y él estuvo sufriendo tanto por ella. Por eso estaba tan tierno y tan triste al mismo tiempo esos últimos días, por eso me pedía perdón tantas veces sin motivo alguno, por eso quería que prometiera que lo perdonaría y que me iría con él cuando eso se acabara. Todas esas cosas tomaban sentido ahora y sabía que odiarlo no sería justo. Parte de mi negación se debía a que, dentro de mí, sabía que no tomaría mucho esfuerzo de su parte conseguir mi perdón. Él sólo tendría que verme con sus preciosos ojos tristes y yo haría lo que fuera para hacerlo sonreír de nuevo, pero no quería que pasara eso. No quería estar con él de nuevo, aunque al mismo tiempo lo anhelara tanto. No podría recuperar la confianza con él de ninguna manera y mi dignidad siempre estaría primero que mi amor.

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{Justin}

Lo primero que hice cuando llegue a casa, después de abrazar a toda mi familia y asegurarles que estaba bien, fue comer. Comí como nunca. Comí de todo, incluso las cosas que no me gustaban antes. Estaba seguro de que había perdido peso porque la comida de la cárcel era asquerosa y si comía mucho corría el riesgo de vomitar por todos lados. Por suerte me ejercité y el músculo lo recompensó.

La experiencia no fue tan genial como mi tío Gerard la describió, pero realmente no fue tan mala como esperaba. Vi un montón de mierda, mierda realmente jodida, mierda enferma y oscura que dañó aun más mi ya muy negra alma, pero nadie me hizo nada a mí, gracias a Dios; ni siquiera tuve un empujón o un golpe, aunque sí varias miradas de odio y uno que otro comentario inteligente hacia mis mil hermanos y ser el único idiota que se dejó agarrar. Y no me hicieron nada gracias a Al, otros cuantos conocidos de confianza ahí dentro y el conocido hecho de que Dio estaba muy de mi lado, pero más que nada gracias a Al.

Al era un hombre grande e inteligente que había trabajado para nosotros un tiempo y terminó siendo atrapado con un gran cargamento. Él me cuidó ahí dentro, lo cual aprecio mucho, porque como dijo él: yo era un chico apuesto y con todos esos hombres jodidos de la cabeza que no habían visto una mujer en años, corría mucho peligro.

El confinamiento y la soledad me afectaron mucho más de lo que esperaba, pero lo interesante fue que, a pesar de que mi cuarto estaba alejado de las celdas, pude escuchar a muchos hombres gritando en la noche, incluso llorando, de una manera desgarradora. Yo no era el único con mierda en la cabeza que no lo dejaba en paz, lo cual me hizo sentir menos solo en eso. No quiero mentir, así que hablaré con toda la verdad cuando digo que pensar en Anabelle ahí dentro me volvía un enfermo mental, un completo loco, por lo menos los primeros días. Destrocé los huesos de mis manos, mis pies y mi cabeza por golpear tanto las paredes. Mi garganta estaba al rojo vivo todos los días por mis gritos y nunca había llorado tanto. Necesitaba abrazar a Anabelle en la noche, como lo estuve haciendo los últimos meses. Y en la tarde, si dormía, mis sueños eran acerca de Fabrizzia y Anabelle gritándome lo mucho que me odiaban, lo basura que era por lastimarlas tanto y lo mucho que me merecía quedarme en ese horrible lugar para siempre.

Odiaba que mi subconsciente siempre me hiciera sentir tan mal, pero tenía razón esa vez, ese era mi lugar, donde yo debía estar, a donde pertenecía; pero estaba tan

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asustado y en las noches me ponía tan mal que tenían que sedarme para que me calmara, lo cual no cambiaba mi frente rota, mis ojos constantemente rojos, las autolesiones en mi cara, mis manos siempre vendadas y mi usual cara de locura. Después de un tiempo la gente dejó de acercarse a mí, incluso los hombres que sólo me molestaban, porque se había corrido el rumor gracias a un estúpido guardia de que yo estaba totalmente demente. Y cuando los hombres de la cárcel te empiezan a temer es cuando te das cuenta de lo poco que vale tu vida, lo poco que te mereces seguir viviendo, porque lo único que haces en tu vida es venderle drogas a gente que morirá por ello, matar por dinero, por poder, o por cualquier otra cosa, lastimar gente, hacer sufrir a las mujeres que amas y ser miserable. Lo único que me salvó de no hacer algo extremo y acabar con mi vida fueron las platicas que tuve con Gio y la necesidad de hablar con Anabelle de nuevo.

Al era uno de los chicos de los tatuajes ahí dentro, y como siempre estaba con él, me hizo muchos. Él pensó que los quería porque estaban de moda, y yo dije que sí, aunque la verdad era que sólo quería el dolor que hacía esa maquina en mí, pero eso no lo iba a aceptar en voz alta.

Mi cuerpo estaba lleno de mierda ahora, por ese nuevo deseo enfermo de hacerme daño a mí mismo, pero por lo menos era mierda con significado. Me hice un gran tatuaje en toda mi espalda de un soldado romano con un castillo de fondo, por esa leyenda que tanto me gustaba cuando era un niño. Llené mis brazos con pequeñas cosas. Con fechas importantes. Con mis frases favoritas de la Biblia y otros libros. Con números y letras inolvidables y con el nombre de Anabelle. Ese estaba en la cara interna de mi brazo izquierdo. También me hice un gran Yin-yang en la parte de mi cuello que se une al hombro derecho. Y a pesar de que leí la historia y sabía muy bien lo que significaba, no podía dejar de darle otro significado completamente nuevo en mi cabeza. Lo negro era lo malo y lo blanco lo bueno. Así de fácil. Anabelle era ese punto blanco en mi negro. Y yo fui el punto negro en ella.

Escribí también. Pero eso fue la última semana, cuando estaba más calmado porque sabía que mi salida estaba siendo tramitada y estaba muy cerca de salir. Escribí una historia acerca de un chico de Grecia con un secreto horrible que se suicidó en la primera pagina y luego regresó de la muerte a pedir perdón, y la única persona que aun podía verlo era la chica, porque ella lo amaba. Era la primera cosa que escribía en toda mi vida. Y resultó ser bastante buena, para ser sincero, aparte de deprimente y triste.

El último día decidí escribirle una carta a Anabelle. Eran cinco hojas por los dos lados, describiendo a detalle lo que sentí desde el primer día que la vi, lo mal que me caía y lo mucho que me enamoré de ella. Pero la quemé, y quemé mi mano también, pero, créanlo o no, fue un accidente. Quemé los papeles, me quedé estúpidamente pensando en ella y cuando menos me di cuenta mi mano estaba en llamas. Corrí al baño y metí mi mano en agua pero aun así la piel se achicharró un poco.

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Cuando salí de ahí sentía como si hubiera pasado años encerrado, aunque hubiera sido sólo un poco más de un mes. Mi mamá se volvió loca con mis tatuajes, pero no me regañó, en cambio lloró abrazada a mí todo el camino y me dijo lo mucho que me amaba y lo sentía. Mi papá me abrazó fuertemente, diciendo también que me amaba por primera vez sin ser obligado por mi mamá y no dijo nada acerca de mis tatuajes, la quemadura de mi mano o las heridas aun vivas de mi frente. Como dije antes, llegué a casa, saludé a mis hermanos y comí como si no hubiera un mañana. Luego me duché sin pánico y sin ver mil tipos desnudos por primera vez en todo el mes. Dormí en mi cama toda la tarde. Y entonces me despertaron.

—Mamá —me quejé echando la colcha sobre mi cabeza, frustrado— no he dormido mucho ¿sabes? Estoy cansado.

—Lo sé, bebé, pero iremos a cenar con Sebastian, y me dijo que ella está dispuesta a hablar contigo —susurró. Mis ojos se abrieron rápidamente y tomé aire con alivio antes de levantarme— sólo no la presiones. Sé que la amas, pero lo que le hiciste fue muy fuerte y ella no ha sido la misma en mucho tiempo. Anabelle va a necesitar un buen tiempo para volver a confiar en ti, debes saber eso.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Su cara estaba completamente limpia y reparada, pero su cuello aun estaba algo lila. Sus ojos estaban tristes como nunca antes, sin brillo. Estaba más delgada, también. Pero seguía siendo la mujer más hermosa de todas. No puedo ni siquiera expresar lo mucho que la extrañé y lo que me moría por estrecharla en mis brazos toda la noche. Pero ella ni siquiera miró hacia mí. No miró hacia ninguno de nosotros, en realidad. Sólo asintió hacia mi mamá y se sentó a un lado de Graham sin saludar a nadie.

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{capítulo;43}

{Anabelle}

Respiré profundamente varias veces, miré mi reflejo en el espejo unas quinientas mil veces, arreglando mi cabello de cincuenta maneras diferentes y mientras todos caminábamos a la mesa, pude mirar furtivamente a Justin por un momento. Él estaba discutiendo algo con Joshua y no pudo verme.

Oh. Por. Dios.

Se fue por un poco más de un mes y regresó luciendo cinco años más viejo. Y estaba lleno de tatuajes. Y quiero decir, completamente lleno. Sus brazos estaban casi completamente negros con la tinta. Tenía frases por todos lados, rosas y otras cosas que no pude identificar; su cuello tenía un yin-yang y su camisa dejaba ver el inicio de algo grande en su espalda. Sus ojos tenían sombras oscuras debajo, su frente tenía varias lesiones recomponiéndose y su mandíbula estaba toda apretada de nuevo. Me gustaría saber qué demonios pasó por su cabeza cuando se hizo todo eso en el cuerpo.

Justin con tatuajes era... era menos el gatito y más el león ¿se entiende? Sexy, como siempre, pero ahora realmente peligroso, no sólo misterioso. Acaricié los moretones de sus dedos en mi cuello y me obligué a seguir caminando detrás de ellos hacia la mesa.

—Vamos, Anabelle, aunque sea haz un esfuerzo. Uno pequeño. Él se ve realmente miserable —rogó Graham sentándose a mi lado. Tragué saliva y me negué a mirar hacia Justin, sentado justo en frente de mí.

—Lo haré, pero no aun —aseguré en voz baja. Se lo había prometido a mi papá, y además también tenía muchas ganas de hablar con él. Quería saber cómo le fue en la cárcel. Tenía que saberlo. Los tatuajes y esa cara no eran buenas señales. La culpa me estaba comiendo viva. También quería dejar en claro las cosas, de una buena vez.

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Y cuando Linda puso los montones de platos de comida en la mesa y Justin alargó su brazo izquierdo para tomar no sé que cosa, lo vi: mi nombre en su brazo. Escupí un poco de agua de mi boca y lo cubrí con una tos.

Era tan dulce... y aterrador. Tenía mi estúpido nombre en su brazo. Para siempre. Eso no era cualquier cosa. Me recordé cómo respirar y comí con la mirada baja todo el rato, muriendo por dentro, mientras Justin respondía algunas preguntas de la cárcel. Le fue bien, estuvo con un tal Al ahí dentro, quien fue el que lo cuidó y le hizo los tatuajes, además los hombres se mantuvieron alejados de él por un rumor (el cual no mencionó) y estuvo en un cuarto separado con varias comodidades. Bueno, eso me quitaba un poco del peso en mis hombros, pero de todos modos, estar encerrado tanto tiempo nunca es algo genial, y menos por culpa de la chica cuyo nombre tienes en tu brazo.

—¡Es verdad! —exclamó Graham de la nada y me codeó, asustándome un poco. Levanté la vista hacia todos, sin saber porqué me estaban mirando tan fijamente y sin tener ni una maldita idea de lo que estaban hablando.

—¿Qué pasó?

—Estamos recordando que tu cumpleaños es en medio mes, exactamente —me dijo Linda con una sonrisa de lado. Mierda, mi cumpleaños. Lo había olvidado por completo. ¿Ya estábamos a agosto? ¿Cuando pasó eso? Sólo faltaban quince días para mi cumpleaños y no estaba emocionada ni en lo más mínimo. Eso es lo que hace la depresión.

—Y luego será el cumpleaños de Justin, el veintidós. Cumple diecinueve —me iluminó Pattie. Abrí mis ojos lo más que pude y lo miré por primera vez en toda la cena, sorprendiéndolo un poco. No podía creer que de todo lo que hablamos, nunca discutimos nuestros cumpleaños. Les di una sonrisa apretada a todos y volví a comer.

Teníamos planes para mi cumpleaños, cuando aun estaba en US. Iríamos a Las Vegas a la casa de un tío de Graham e intentaríamos encontrar algún lugar donde pudiéramos entrar y festejar él y yo como adultos, porque aunque tenía un montón de amigos, él era el único con el que me interesaba pasar el tiempo en mi cumpleaños. Sería completamente genial si mi papá aun me dejara ir.

—Supongo que el plan ya no está en pie ¿cierto? —me preguntó Graham, pero antes incluso de que pudiera decir que no sabía, mi papá gruñó:

—No —haciendo que mis manos se apretaran en puños— lo siento, pero no es lo mismo estar a tres horas de Las Vegas a estar en otro continente.

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—No importa —murmuré, con mi voz sonando como la de un chico enojado. Otra razón para querer aventar mi plato contra la pared— no es una sorpresa que me arruines todo.

Todos se quedaron callados cuando dije eso, incluyéndome. Graham pellizcó mi pierna por debajo de la mesa, pero lo ignoré, porque sabía sin necesidad de nadie diciéndomelo que lo que dije había estado mal. Yo realmente no creía que se escucharía, lo estaba diciendo para mí misma, pero tenía razón. Arruinó mi vida desde el momento en que me trajo de regreso a Italia, arruinó la relación que tenía con Justin y ahora estaba arruinando mi cumpleaños numero 18, el cual siempre tomé como el más importante de todos, el más esperado. Probablemente lo pasaría en mi casa todo el día, llorando por Justin, siendo patética, como siempre. Jeremy carraspeó unos segundos después y dijo otra cosa que no entendí para aligerar el ambiente.

Tenía tantas cosas reprimidas, juro que nunca me había sentido tan perra, pero esos días tomaba muy, muy poco hacerme estallar. Lo peor de todo es que quería estallar. Lo necesitaba.

Cuando terminamos de comer y todos nos levantamos para ir a la sala, tomé aire profundamente y me acerqué a Justin. Caminé detrás de él unos segundos mientras me decidía entre decirle que debíamos hablar o ir a esconderme en mi habitación por siempre. Si no me equivocaba, su espalda estaba más ancha que de costumbre, lo cual lo hacía parecer más grande. Sus brazos también se veían más grandes y eso no lo había pasado por alto. Al final me armé de valor y toqué su espalda.

Él volteó, extrañado, y cuando bajó su mirada hacia mí y se dio cuenta de que, efectivamente, yo estaba ahí buscándolo, abrió su boca y parpadeó varias veces, inseguro. Siendo de nuevo mi gatito por unos segundos.

—¿Podemos ir a hablar? —pregunté, esforzándome para hacer mi voz sonar más de niña. Él asintió muchas veces y tragó saliva, haciendo que su prominente nuez trabajara muy cerca de su nuevo tatuaje de yin-yang. El cual era demasiado genial.

No nos molestamos en decirle a nadie que saldríamos porque sabíamos que sólo nos iban a molestar, como siempre, así que sólo caminamos incómodamente hacia la puerta, muy rígidamente, intentando no tocarnos. Ni siquiera cuando no nos caíamos tan bien estábamos tan tensos.

—Um... ¿Cómo te sientes? —preguntó cuando cerré la puerta y empezamos a caminar por la calle.

—Bien, bien... Quiero decir, ya no me duele nada, sólo la garganta, pero un poquito —contesté, con la voz temblorosa y mirando fijamente hacia el frente. Estaba tan concentrada en lo raro que era el aire entre nosotros que cuando sentí una caricia

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en mi cuello me estremecí con algo de miedo y me alejé de Justin rápidamente— me asustaste.

—Perdón —susurró, con la voz más ronca que antes y la mirada derrotada, dejando de caminar como si ya no tuviera fuerzas para continuar— realmente lo siento, yo... pensé que te podría dejar... inconsciente y así... así sería más fácil y...

—Pudiste haberme matado —lo regañé en voz baja.

—Lo sé ahora. Fui tan tonto —dejó salir todo el aire y se agachó lentamente, sentándose en la banqueta. Tragué saliva y me senté a su lado, mirándolo respirar con fuerza mientras acomodaba las palabras en su mente. La lampara sobre nosotros lo hacía ver más triste, más melancólico, más hermoso, más real. Miré a mi alrededor y entonces me di cuenta de que estábamos exactamente en el mismo lugar en donde nos sentamos la primera vez que salimos a platicar. Cuando él me odiaba. Que gracioso.

—¿Te sentaste aquí a propósito o fue una cruel casualidad?

—¿Qué? —preguntó extrañado y miró por todos lados para entender lo que decía. Unos segundos después pareció darse cuenta y soltó una risa triste— No. Fue una muy cruel casualidad.

Miré el lugar de nuevo, sonriendo un poco. Sería justo y triste que todo terminara en este lugar. Que todo fuera aclarado aquí, una vez más.

—Quiero que sepas que no te culpo —dije, después de un rato de silencio. Él frunció el ceño hacia mí y asintió, como para que siguiera hablando—. Sé que lo hiciste porque fue una orden de mi papá, sé que por eso estabas tan triste últimamente. Sé que por eso me pediste que te prometiera que me iría contigo después de "esto" y que te perdonara. Yo lo entiendo, pero eso no cambia las cosas que me hiciste.

—Lo sé —apoyó sus codos en sus rodillas para esconder su cara un momento y luego voltear hacia mí con un solo ojo visible— tú... no te puedes ni imaginar lo mal que me siento por todo lo que te hice, y lo mucho que me duele recordarlo. Nunca quise lastimarte de verdad, pero tenía que hacerlo. No tenía ningún arma y la casa estaba llena de gente con ellas. No habríamos sobrevivido ni cinco segundos si yo me hubiera negado a cualquier cosa que Lorenzo me pidiera, ni hablar si intentaba atacarlo.

—Sé eso. En serio, lo sé. Pero no puedo superar los golpes ¿sabes? O las patadas, o lo que dijiste, o cuando...

—También estaba ahí, no me perdí de nada.

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—Bueno, no puedo olvidar eso. Lo intento, pero en serio no puedo.

—Por supuesto que entiendo eso, Anabelle, obviamente. Y lo siento. Pero... ¿me odias de verdad? —preguntó de repente, titubeando como nunca, haciéndome mirarlo con intriga. ¿De donde demonios sacó eso? Empezó a mover su pierna derecha de arriba abajo y a pellizcar la tela de su pantalón con ansiedad. Me miró con tristeza y siguió:— me lo dijiste dos veces. Creo que unas diez veces si cuento lo que dijiste con miradas. Es tonto preguntarlo, pero necesito saberlo. No te culpare si lo haces, sin embargo, supongo que me lo merezco. Y... también quiero saber si me podrías perdonar. Estoy hablando sólo de perdonarme. No te estoy pidiendo que vuelvas a confiar en mí o que me beses de nuevo o te entregues a mí otra vez. Te juro que lo único que necesito es tu perdón, saber que no me odias y tener la seguridad de que, quizás, alguna vez, podrás verme sin sentir repulsión. Realmente necesito saber eso, te agradecería que me respondieras.

—¡No te odio! —aclaré primero que nada. Odiaba verlo así. Sus piernas no dejaban de moverse y era bastante obvio que moría de miedo. Realmente lo tenía mal por mí— Lo dije cuando no sabía que era una mentira. Yo pensé que de verdad habías estado del otro lado todo el tiempo, así que sí, naturalmente te odiaba, pero como te acabo de decir, ahora lo entiendo. Y te perdono. Claro que lo hago. No creo que pudiera estar contigo de nuevo de esa manera, pero nunca, jamás te miraría con repulsión. Eres muy importante para mí.

Él suspiró y sonrió débilmente hacia mí, parpadeando sus de repente húmedos ojos.

—Gracias... ¿Te puedo abrazar?

Asentí y me acerqué a él cuando abrió sus brazos para mí. Giré mi torso para abrazar con precisión su cintura, enterrando mi cara en su pecho, tan cálido como siempre, con su corazón palpitando ferozmente. Él puso una mano en mis omóplatos y otra en mi nuca, y besó mi cabeza varias veces.

—Te amo tanto. Como nunca pensé que sería posible —susurró, apretándome más fuerte. Dejé de olerlo y simplemente me recargué en él, apretando mis ojos para no llorar. Había esperado tanto para que me lo dijera. Y la primera vez que lo hizo no fue exactamente lo que deseé todo ese tiempo, así que esperaba que lo hiciera bien esa vez, aunque ya no hubiera un futuro para nosotros. Por lo menos no en esa dirección— Me di cuenta de que soné como un idiota cuando te dije que no sabía qué iba a hacer sin ti. Pero ¿sabes? No soy de decir palabras sin significado. No soy uno de esos chicos. Sinceramente no sé qué voy a hacer sin ti. Mi vida los últimos meses se basó en pensar en ti y en lo que podría hacer para protegerte. En lo feliz que me haría encontrar a esa gente que te quería y matarlos para que nos dejaran en paz y entonces pudiéramos

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respirar sin miedo. En ansiar la noche para estar a tu lado y platicar contigo cosas que nunca antes platiqué con nadie. En anhelar tu toque y tus besos... y tu aroma y tu presencia. Y escuchar tu risa y reír contigo y sentir que no soy la persona que creía que era. Y perderme en tus ojos y soñar con una vida completa contigo a mi lado.

Ahora estaba completamente llorando. Llorando con mocos y todo. Había una parte de mí que quería saltar a su regazo, besarlo hasta la muerte y decirle lo mucho que todavía lo amaba, pero también estaba esa parte. La parte que miré al espejo todo ese tiempo, la parte resentida, golpeada y violada. Esa parte se encargaba de decirme que no podía ignorar todo lo que me hizo y volver a estar con él como antes sólo porque sus palabras fueron hermosas. Me decía que no podía estar nunca con un chico que me hiciera algo así, sin importar las circunstancias.

—Te amo también —admití, sorbiendo mis mocos, aceptando un codazo en las tetas de la parte golpeada en mí— y te voy a amar por mucho tiempo, porque mientras te siga viendo voy a seguir enamorada de ti, inevitablemente. Pero no puedo estar contigo de nuevo. No puedo. Voy a seguir siendo tu amiga y voy a seguir estando contigo para lo que quieras, siempre que tú me necesites, pero nunca como lo fue antes.

—Es justo —aceptó, sin soltarme. De hecho me apretó más fuerte— sé que es justo, pero me sigue doliendo. Por cierto... creo que tu nueva voz es sexy.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Negué con la cabeza y puse los ojos en blanco. Graham era tan idiota aveces, lo peor era que ni siquiera lo sabía.

—No puedes —lo regañé— ninguno de los dos estaría de acuerdo. Nadie estaría de acuerdo con eso, nunca.

—Es que me gustan los dos —se quejó— además, quiero decir, no es como si engañara a Yamin con otra chica o a Fred con otro chico. Son sólo...

—No. Estás mal. Elige a uno.

Graham gimió y se tiró para delante poniendo su frente en mi hombro y lloriqueando acerca de querer estar con ambos. Lo mejor de los dos mundos, lo llamó.

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Era tan estúpido. Fred había hecho de las suyas de nuevo, besándolo cuando Justin y yo salimos a platicar. Graham le devolvió el beso, otra vez, sólo que ahora lo hizo con más ganas. Lo malo era que Yamin también le gustaba mucho.

—¿Hablaste con Fred después del beso?

—Algo. Me dijo que le gustaba, yo me alejé de él, asustado de que alguien nos hubiera visto. Fred es tan sinvergüenza, te lo juro, le importa una mierda todo. Le dije que no estaba muy seguro de si me gustaba o no y él sólo se encogió de hombros, hizo una broma y así de fácil todo volvió a la normalidad. Como si no fuera tan importante.

—Graham, vas a volver a America cuando las vacaciones se acaben y vas a estar estudiando medicina como por veinte años, no va a ser muy posible tener una relación con cualquiera de los dos, así que decide rápido y no te enamores de ninguno.

Él levantó su cabeza de mi hombro y me dio una mirada sucia antes de reír un poco.

—Estás realmente amargada. Necesitas tener sexo con urgencia. —No necesito nada. Viviré soltera por siempre. —Yo no puedo permitir eso. No puedo —suspiró— Justin tiene un avión ¿no? —Justin no, sus papás sí.

—No importa, el caso es que él tiene el acceso a un avión. Su cumpleaños es unos días después del tuyo. Creo que podríamos convencer a tu papá de que nos deje ir a Las Vegas, como habíamos acordado desde siempre. O podemos ir a cualquier otro lugar en el mundo.

—Con Justin —dije, quejándome de ello. Realmente no disfrutaría mucho si él estaba ahí.

—Sí, con Justin. Y con los chicos, los que quieran ir. Si van ellos tenemos más posibilidades. Y además ¿no habían quedado como amigos?

—¿Eres estúpido? Esas cosas se dicen porque se tienen que decir pero lo voy a evitar lo más que pueda. Y más ahora que sé cómo se siente hacia mí. Algunos de nosotros tenemos problemas reales ¿sabes?

—Todos los problemas son reales, tonta. Lo que pasa es que como no son tuyos, nunca parecen ser tan malos.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Estuve diez minutos con mi celular, con la pantalla recientemente rota, en la mano. Debatiéndome entre llamar a Justin o no. Marcaba su numero, llamaba y colgaba. Quiero decir, recién había terminado nuestra relación. No debía llamarlo ¿Cierto? Los ex novios no se llaman todas las noches, y menos la persona que terminó las cosas. Pero estaba tan, tan preocupada por él. Habían pasado sólo diez días desde que hablamos por última vez y desde entonces no sabía nada de nada. No sabía cómo estaba, si se sentía mal en las noches, si había logrado dormir aunque fuera una hora, como lo había estado haciendo antes, si lloraba o algo igual de malo. Necesitaba saberlo. Así que lo llamé.

Me respondió la quinta llamada. —¿Anabelle? —preguntó, como si estuviera muy extrañado— ¿todo está bien?

—Sí. Todo está bien. Es sólo que... aun no logro dormir mucho en las noches, ya sabes, desde que me convertiste en un vampiro —me reí de la manera más patética, como si me estuviera riendo del mejor chiste y jugué con un hilo suelto de mi edredón rosa— como sea... quería saber cómo estabas.

—¿Yo?

—Sí, tú. No hemos hablado en mucho tiempo y yo... bueno, me preocupo por ti, lo sabes. Dime cómo estás.

Se quedó callado por dos minutos exactamente, casi tres. Los estaba contando. Sabía que seguía al teléfono porque su respiración pesada se escuchaba perfectamente.

—Estoy bien. —¿Sólo bien?

—"Sólo bien" es algo bueno para mí —murmuró y soltó una baja risa ronca— los primeros días fueron duros, como antes de que te conociera. Pero esta semana he estado escribiendo, porque... no sé si te acuerdas pero, um, una vez me dijiste que escribiera en las noches si no podía dormir, que eso me podría ayudar a despejar mi

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mente, pero no lo hice nunca porque después de decirme eso tú estuviste para mí todas las noches siguientes, incluso cuando no estabas físicamente a mi lado, y por eso nunca más necesité hacerlo. Pero ahora ya llevo casi una historia completa. Gracioso ¿no?

Abrí la boca para decir algo, pero no sabía qué cosa podía decir a eso. Era verdad. Lo había dejado completamente solo, aun sabiendo lo malas que eran las noches para él. No tenía perdón de Dios.

—El problema es que ahora ya no estás aquí para hablar conmigo, acariciarme o hacerme reír, ni siquiera estamos al teléfono, hasta hoy, claro, y... no tengo ninguna esperanza de que en la mañana te veré y todo será mejor cuando esté contigo. Ya no estás conmigo de ninguna manera y si te soy sincero, estoy muy consiente de que ya no lo estarás. Así que supongo que eso me hará escribir un montón.

—Te dije que siempre iba a estar contigo, Justin. Que no sea tu novia no quiere decir que no podamos pasar las noches juntos, aunque sea al teléfono. De todos modos yo tampoco puedo dormir.

—Pero no es igual. No es como yo lo quiero.

—Nunca nada es como nosotros queremos, pero tienes que ver lo bueno en lo malo ¿no? Aun sigo aquí. No me has perdido por completo. Nunca lo harás.

—Supongo.

—Entonces... ¿qué vas a hacer en tu cumpleaños? —pregunté, tratando de aligerar el ambiente.

—Una gran fiesta salvaje con música muy fuerte. Tomaré toda la noche, tendré una amorosa convivencia con mis amigos, bailaré hasta no poder más y estaré con todas las chicas en la fiesta. Ya sabes, lo usual.

—Eso no suena como tú en lo absoluto, idiota sarcástico —me reí.

—Realmente no celebro mi cumpleaños. Mis padres hacen reuniones y esas cosas, pero me escondo en mi habitación en cuanto tengo la oportunidad.

—No me sorprende —suspiré y llevé mi mano izquierda a mi boca para morder la uña de mi pulgar— um, Graham y yo estábamos pensando... que si podríamos ir todos juntos a algún lugar. Para celebrar tu cumpleaños y el mío. Quería ir a Las Vegas pero desde que ahora tengo la oportunidad de elegir cualquier lugar, pues, no lo sé... ¿Qué dices?

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—¿Tú quieres? ¿No sería raro ir juntos? —preguntó después de unos segundos, con la voz más ronca— digo, por mí está bien, pero si Graham te está obligando o algo...

—¿Qué? No seas tonto. Yo fui la de la idea —mentí— no tiene porqué ser raro. Si tú no actúas raro, entonces yo no lo haré tampoco.

—Entonces está bien, supongo. Estaré de acuerdo con cualquier lugar que tú quieras.

—¿De verdad? Genial. Lo voy a pensar profundamente —sonreí— Y, bueno, también quería preguntarte acerca de tus tatuajes...

—Oh, ¿no te gustan?

—No lo sé aun, pero eso no importa... sólo quiero saber porqué te los hiciste. O sea, es tu cuerpo y todo, pero nunca habías mencionado nada acerca de querer uno y de repente llegas todo rayado. Es algo raro.

—Me importa a mí. Y, ya sabes, yo... me gustaba hacérmelos. —¿Te gustaba? ¿Por qué?

—Sí. Por el dolor, supongo —contestó, con la voz baja, como si estuviera avergonzado. Abrí la boca y me quedé callada por unos segundos, parpadeando y haciéndome poco a poco a la idea de que se tatuó por todos lados sólo porque quería sentir el dolor que eso le daba— lo siento. Es que era demasiado para mí, estar ahí dentro, solo, asustado, encerrado, pensando en si alguna vez me perdonarías o no, considerando que pasaría ahí el resto de mi vida. Me volvía loco cada noche. Como, realmente loco. Necesitaba algo así para mantenerme dolorido o terminaría haciéndome algo peor.

¿O sea que era mi culpa? Oh, no. Nunca me había sentido más culpable en toda mi vida.

—Lo siento —murmuré, con un nudo inmenso en la garganta. Hice que lo metieran a la cárcel por algo que ni siquiera fue su culpa, lo hice sufrir por más de un mes y aun así se puso mi nombre en el brazo. Y me seguía amando ¿cómo era eso posible? Yo me odiaría más a que a nadie. Era una perra traidora. Oh, no. Me odiaba.

—No lo sientas, en realidad no es tu culpa. Después de todo me merecía estar en ese lugar, aunque fuera una vez. No tienes ni idea de lo manchado que está mi expediente, lo tuyo sólo fue un punto más, de cientos. Necesitaba la experiencia, supongo. Ahora lucharé con más ganas para mantenerme alejado de ese lugar.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

El día de mi cumpleaños empezó con Graham sentado a horcajadas sobre mí, saltando salvajemente, como si me estuviera cabalgando. Él sólo era un niño grandote.

—¡Despierta y brilla, solecito! —gritó, sin dejar de montarme— la es vida es muy corta como para que estés tanto tiempo en la cama. Dormirás cuando estés muerta, ahora tienes que aprovechar que ya eres una adulta. Una mujer mayor. Vamos, vamos, vamooooos.

—¡CIERRA LA MALDITA BOCA! —le grité, haciendo fuerza con mi garganta seca, sin poder lograr que dejara de brincar sobre mí. Demonios, él era tan, tan, tan molesto— ya estoy despierta, déjame en paz.

Graham rió y se tiró a mi lado. Muy cerca de mí porque mi cama era demasiado pequeña. Bostecé y me estiré profundamente, sin preocuparme por aplastar a mi mejor amigo con mis miembros aplomados. Estaba tan cansada. Hablé con Justin como hasta las tres de la mañana, más o menos, discutiendo acerca de nuestras pequeñas vacaciones. Primero quería ir a Paris, pero luego lo pensé mejor y decidí que deberíamos ir a una playa, entonces nos decidimos por ir a Cancún. Justin no estaba exactamente resplandeciente de emoción, pero no le pareció tan mala idea, incluso hicimos algunos planes, y ni siquiera me di cuenta de cuándo me quedé dormida. Que vergüenza.

—Tu papá compró tu pastel de helado favorito y tiene un regalo especial que sé que te encantará. Vamos, debes despertarte. Ya es bastante tarde, dormilona y tenemos que irnos temprano.

—Sólo cierra la boca un segundo, por favor —gemí, tallando mi cara. Siendo honesta, si no hubiera mencionado el regalo y el pastel, no hubiera siquiera considerado levantarme. Me senté y traté de volver a mí misma por unos segundos, luego me levanté con dolor muscular y me metí al baño.

Cumplí algunas de mis necesidades y lavé mi cara, sin preocuparme en deshacer mi muy despeinado moño alto o quitarme mi pijama, que consistía en un short azul de deporte y una camisa negra de Justin con un dibujo raro. Cuando salí de mi baño Graham se levantó de la cama y se acercó a abrazarme fuertemente.

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—Feliz cumpleaños, Anabelle —murmuró en mi cabello— te amo.

—Yo también. Estoy muy contenta de que estés conmigo aquí. Creo que hubiera enloquecido sin ti.

—Lo sé, lo sé. No eres nadie sin mí —rió y se alejó un poco, luego besó mi mejilla, siendo suave y completamente respetuoso como siempre— vamos, tenemos un pastel que comer y algunos regalos geniales que abrir.

Bajé las escaleras corriendo torpemente, siendo tosca y tonta, con Graham pisándome los talones y cuando llegamos al último escalón y él casi se cae, solté una gran carcajada, llamando la atención de algunas personas en mi sala de estar.

Carajo.

—Uh... olvidé mencionar que Justin estaba aquí. Lo siento —dijo, cuando vio mi estado de shock al ver a un muy guapo Justin en mi sala, mientras yo tenía su camisa puesta, mi cabello horrible, mi cara de recién despierta y estaba probablemente apestosa. Miré a mi mejor amigo realmente mal un segundo, les di a los chicos y a Pattie una incomoda sonrisa de disculpa y subí las escaleras de nuevo, maldiciendo mi vida.

Me bañé en tan solo cinco minutos, mi record. Me puse un lindo vestido rosa pálido con un pequeño cinturón café, cepillé mi cabello y me hice una cola de caballo alta para no parecer rata mojada, me puse sólo un poco de polvo y rímel, algo de perfume, tomé una larga respiración y bajé de nuevo. Esta vez como una chica normal y no como un niño de cinco años.

Justin, por primera vez en nuestra historia, estaba mirándome fijamente mientras bajaba las escaleras, lo cual me puso nerviosa y causó que me tropezara un poco, haciéndome jadear ruidosamente porque por un segundo realmente pensé que me caería de cara frente a él y moriría. Graham se rió fuertemente de mí por eso, pero decidí ignorarlo, lo más importante en ese momento era que Justin estaba sonriendo hacia mí. Sonriendo de verdad, como si nunca hubiera pasado nada malo entre nosotros.

Cuando él extendió sus brazos como para que corriera a abrazarlo, miré a los demás. Sus cien hermanos (en realidad sólo seis), mi padre, Linda, Graham y Pattie trataron de hacer como que no nos estaban poniendo atención. Y estaban fallando totalmente. Tomé otra respiración profunda y terminé con la poca distancia que quedaba entre nosotros rápidamente, estampándome contra su cuerpo, enredando mis brazos en su cuello y enterrando mi nariz ahí, oliéndolo mientras él rodeaba mi cintura con cuidado. No estaba seguro aun, a pesar de mi fuerte abrazo.

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—Feliz cumpleaños, amor —murmuró en voz baja y, por fin, apretó sus brazos a mi alrededor, levantándome un poco del suelo— espero pasar muchos otros cumpleaños a tu lado, aunque sea de esta manera. Te amo mucho.

—Gracias, gatito —logré decir, en voz muy baja, llevando mis manos al cabello de su nuca y acariciándolo un poco mientras él nos mecía muy levemente de un lado a otro. Su abrazo era protector, suave, apasionado y triste al mismo tiempo. Tenía tantas ganas de besarlo. Apreté mis ojos para no soltar ninguna lagrima— ya sabes que vas a cargar conmigo mucho tiempo, lo quieras o no. Y te amo también, muchísimo. Con tatuajes, traumas y todo lo demás.

Él rió un poco, de una manera tan triste que me hizo sentir aun más triste a mí, y me soltó. Dejé ir su cuello y di un paso hacia atrás, pero antes de que pudiera alejarme por completo él llevó sus manos a mi cara con cuidado, así que dejé mis brazos recargados en sus anchos hombros y mi cuerpo casi fundido al suyo, esperando lo que él quisiera hacer. No creo que lo dejaría besarme. Al menos no en los labios. No aun. Si lo dejaba besarme, aunque empezara como algo inocente, eventualmente se convertiría en algo no apto para el publico en general. Y teníamos mucho publico ahí, incluyendo a mi padre, así que sólo dejé que acariciara mis mejillas un momento.

{Justin}

Hombre, quería tanto besarla. Quería arrancar sus labios con los míos, acariciarla, amarla... pero no sería posible, así que me quedé tocando sus mejillas un tiempo, adorando lo deslumbrantemente bella que era. Sus ojos estaban llenos de lagrimas por la emoción, igual que los míos, supongo. Sus labios estaban al natural y ella estaba tan bonita. Oliendo a manzanas y dulce vainilla más fuerte que nunca.

Me atreví a bajar mis dedos a sus labios, de una manera muy delicada para que ella no quitara su cara de mi toque. Me acerqué a su cara sin poderlo evitar más, pero no besé su boca. Sólo la respiré más de cerca, añorando el tiempo en que podía besarla las veces que quisiera, donde yo quisiera, cuando yo quisiera. Esos eran buenos tiempos. Y hubieran sido tiempos perfectos si yo no fuera tan asquerosamente estúpido y me hubiera dado cuenta de lo mucho que la amaba desde antes. Anabelle parpadeó después de unos segundos, dejando salir una sola lagrima y levantó su cara para besar mi nariz.

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Oh, esta chica va a ser mi muerte, estoy muy seguro de ello.

Carraspeé mi garganta cuando me obligué a soltarla por fin y escondí mis manos temblorosas en mis bolsillos, volteando hacia toda mi familia mientras el señor Ferré le daba un muy, muy fuerte y tierno abrazo de oso a su hija. Nadie podría decir por la manera en que la estaba sosteniendo, como si fuera su mundo, que el hombre era malvado.

Recordé todas esas veces mientras yo crecía, que el señor Ferré se presentaba en mi casa, con sus trajes pulcros, guardaespaldas, miradas tenebrosas, y escuchaba acerca de su hija. Rezaba por esa niña todos los días, pensando en lo malo que debía de ser vivir con ese horrible hombre. Que equivocado estaba.

Anabelle abrazó a todos, respondió sus felicitaciones y empezó a abrir sus regalos. Mis hermanos le regalaron maquillaje, ropa y zapatos. Obviamente escogidos por mi mamá. Ella le regaló un muy genial y al parecer antiguo joyero de oro con algunas piedras preciosas, para combinar con mi regalo, estoy seguro. Anabelle casi muere con eso. Por primera vez en mucho tiempo, miró a mi mamá con amor de nuevo, y tuvieron una platica corta entre susurros. Su papá le regaló un gran baúl de madera negra y vieja con remaches dorados que llegaba casi hasta sus rodillas. Eran cosas de su mamá y ella no quiso abrirlo frente a todos. Le regaló también una tarjeta American Express negra. Ella la tomó con mucho cuidado y con los ojos muy abiertos. Al parecer aun no comprendía el alcance de la riqueza de su papá. Graham se la arrebató y empezó a decir lo mucho que la odiaba y lo genial que era. El señor Ferré le dijo que él podía disponer de cualquier cosa que pudiera llegar a querer, lo cual lo hizo ganar un abrazo torpe y agradecido de Graham. Mis manos empezaron a sudar cuando tomó mi regalo. De verdad esperaba que no lo odiara. La señora que me lo vendió dijo que era algo perfecto para regalárselo a una mujer amada, pero ellos dicen lo que sea con tal de vender. Era la cosa más cara que había comprado alguna vez, pero nadie me dijo nada. Mi mamá incluso me felicitó por pensar en algo tan bueno por mí mismo.

Anabelle me dio una sonrisa nerviosa mientras jugaba con la pesada caja de terciopelo en sus manos. La abrió lentamente y luego su boca se quedó abierta con sorpresa por un buen rato, mientras lo contemplaba y mientras yo me retorcía con la anticipación.

—¿Son reales? —preguntó Graham, mirando por encima del hombro de Anabelle el collar, la pulsera y los aretes que le compré. Mirándome con admiración. Me encogí de hombros y asentí— claro que son jodidamente reales. Hombre, esto es asombroso. Gracias, de parte de Anabelle. Ella los ama, es sólo que nunca había visto algo así en su vida.

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—Oh, por Dios. No lo puedo creer —susurró ella con los ojos brillantes, sin apartar ni un poco la mirada del contenido de la caja. Respiré con alivio y sonreí— esto es tan, tan, tan perfecto. No puedo... no puedo creerlo. Muchísimas gracias. Eres el mejor.

Ella dejó con mucho cuidado la caja en la mesa y se abalanzó hacia mí, abrazando mi cintura con mucha fuerza. Todos rieron y observaron lo que le regalé. Mi mamá y Linda expresaron lo hermoso que era mientras Anabelle seguía agradeciéndome.

Para diez días de mierda, eso se sentía exactamente como el paraíso.

{Anabelle}

Lo que yo pensé que sería el peor cumpleaños de todos se convirtió en uno de los mejores días de mi vida. Tuve ropa, maquillaje y zapatos de mi tienda favorita. Un baúl lleno de cosas de mi mamá. Una jodida tarjeta negra con la que podía comprar mi jodida tienda favorita completa. La carta más linda jamás escrita por parte de Graham. Y lo mejor de todo: un collar, una pulsera y un par de aretes con jodidas esmeraldas y hijos de puta diamantes. El collar no era tan grande, pero era jodidamente pesado para su tamaño. La cadena de oro era algo gruesa, sólo un poco, tenía tres relucientes esmeraldas colgando con pequeños diamantes al rededor de ellas. La pulsera tenía porciones iguales de los dos y los aretes eran igual que las esmeraldas en el collar, rodeadas de pequeños diamantes. Nunca había visto tanta riqueza junta. Podía alimentar a tres países pobres con eso. O más.

Kyle, Fred y André eran los únicos disponibles para ir de viaje con nosotros, además de Big Kanye y el guardaespaldas de los chicos, Arrow, así que estaba yo sola con siete hombres, en la misma avioneta en donde Justin me pidió ser su novia, directo a Cancún, lo cual me tiró abajo de nuevo. Les dije a todos que tenía sueño, pero en realidad sólo quería estar alejada del mundo un rato, así que me senté en el mismo asiento donde Justin estaba esa vez, me puse mis audífonos y empecé a escuchar mi playlist más deprimente para sentirme peor. Era sorprendente la cantidad de canciones de mujeres dolidas que había en itunes.

Estuve alejada de todos durante todo lo que llevaba el vuelo, que era mucho, por cierto. Los chicos eran ruidosos y molestos, todos menos Justin, obviamente. Era el único al que no había escuchado gritar, hablar o reírse. Paramos en un lugar a cargar

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gasolina o algo así, supongo y me levanté para ir al baño por segunda vez. Tres minutos después de que regresé a mi asiento, Justin se sentó a mi lado.

—Hola.

—Hola —respondió él, y se acomodó rígidamente en el asiento— no tuve oportunidad de decírtelo antes pero, como sabes, mi mamá hizo las reservaciones y ella como que... reservó una suite para nosotros dos. Cuando le expliqué que no estábamos juntos ella ya la había pedido.

—Ah... —le puse pausa a la canción y me acomodé mejor para verlo de frente— a mí no me importa. Pero si a ti te molesta, puedo quedarme con Graham.

—No. No. No, claro que no, así está bien. Ni siquiera utilizo la cama, de todos modos —murmuró, nervioso, y sus mejillas se mancharon con un poco de rojo.

¿Justin se sonrojó? Ohhhh. Que cosa tan más hermosa.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Cuando llegamos al Ritz-Carlton me dije que no era la gran cosa. Tenía una tarjeta de gente rica ahora y joyería real, ese hotel no debería sorprenderme, pero maldita sea, era enorme. Y genial.

Mientras Justin y Kyle arreglaban las reservaciones, Fred, André, Graham y yo los esperábamos en el muy, muy elegante lobby, con gente sexy, bronceada y en bikini que pasaba por todos lados, hablando español. Era una cosa buena que yo lo hablaba, porque si no estaríamos realmente perdidos ahí.

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{capítulo;44}

Nuestra suite era gigante, muchísimo más de lo que me esperaba, pero nunca antes había estado en un hotel así que realmente no tenía idea de qué esperar. Había una cama grande con un edredón dorado, una cocina, un pequeño bar, una amplia sala, un baño con jacuzzi, un balcón y mucho espacio como para no toparme con Justin si no quería. Lo cual era malo, porque en realidad sí quería hacerlo. Era temprano y teníamos planes para la noche, así que cada uno se fue a sus respectivas suites para descansar un rato, lo que nos dejaba a un muy cansado Justin y mí solos con una cama que lucía tan, tan cómoda.

—Sólo hay que dormir —dije, cuando vi su vacilación— es tonto hacer un gran problema. Vamos a dormir. Muero de sueño.

Él asintió sin pelar, se quitó sus zapatos, quitó el edredón y se tiró en la cama sin hacer otra cosa más. Me reí entre dientes por eso, era tan tierno cuando tenía sueño que no lo pude evitar. Hice lo mismo que él y me acosté a su lado, pero la cama era tan grande que no teníamos ninguna excusa para tocarnos.

Mala suerte.

{Justin}

Suspiré y moví sus piernas de nuevo, esta vez más fuerte que la anterior. Hace dos minutos hubiera jurado que estaba despierta, me volteé por un segundo y ella volvió a quedarse dormida. Era adorable, para ser honesto, pero no quería pensar en eso mientras la despertaba porque realmente le di todo el tiempo que pude, tomando una ducha larga y todo.

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—Está bien, está bien —murmuró enojada y se sentó en la cama— ya estoy despierta.

Asentí, mirándola por un rato mientras se levantaba para asegurarme de que no se quedaría dormida de nuevo, luego caminé hacia la sala, donde todos estaban sentados, quejándose de Anabelle y planeando la noche. Querían ir a cenar y luego al club más cercano al hotel. Estaba bien con la cena, pero los clubs no eran lo mío, sobre todo porque la última vez que fui a uno, un chico loco drogó a mi novia... como sea, iba a estar de acuerdo con cualquier cosa que ellos quisieran, de todos modos.

Unos cuarenta minutos después, Anabelle apareció. Ella estaba usando algo de lo que mis hermanos le regalaron. Una falda negra suelta que empezaba en su cintura, demasiado corta para mi gusto, un top negro con tela de encaje que dejaba una franja de la suave piel de sus costillas para que todos la vieran. Su cabello estaba suelto y tenía esas ondas despeinadas que la hacían ver algo salvaje y despreocupada. Y estaba usando mi regalo. Todo, el collar, la pulsera y los aretes. Se veían preciosos en ella. Sus ojos se veían más oscuros, casi del color de las esmeraldas. No dije nada acerca de lo hermosa que se veía o me vería en la necesidad de expresar también lo mucho que no me gustaba esa blusa o esa falda tan corta.

—Gracias a Dios santo —gimió André y se levantó, tronando su espalda— muero de hambre.

El restaurante del hotel se veía bien, pero queríamos ir a explorar, por eso tomamos un taxi, el más grande que encontramos para que pudiéramos caber todos y nos dejamos en las manos de Anabelle, la única que sabía español, para preguntarle al taxista por referencias. La manera en la que hablaba español era algo insegura, pero aun así demasiado caliente, sobre todo cuando decía algo con 'r'.

La ciudad se sentía bien para ser agosto y estar tan repleta de gente. Era cálida, pero no sofocante, el aroma a mar era agradable y ver a tanta gente con tan buena energía era algo contagioso, sin mencionar que realmente necesitaba un respiro de Roma. Un respiro de todo lo que había estado pasando últimamente.

Estaba enfermo de absolutamente todo. Estaba enfermo de mí mismo, también. Odiaba verme en el espejo, odiaba ver todos esos tatuajes en mi piel, a pesar de que eran geniales, porque también eran una muestra permanente de lo débil y raro que era. Odiaba ver a Anabelle y que ella luciera tan triste, asustada y sin embargo tan preocupada por mí, después de todo.

Creo que si Fred no hubiera chasqueado molestamente sus dedos hacia mí cuando llegamos al lugar, yo me hubiera quedado dando vueltas en ese taxi toda la noche, sin darme cuenta de ello. Suspiré y deseé poder estar de buen humor, aunque

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fuera esa noche solamente, porque aunque ya no era el cumpleaños de Anabelle, aun era su celebración. Estábamos ahí por ella y tenía que mantener mi mierda junta o la haría sentir mal, como de costumbre.

No estuve precisamente divertido en la cena, o platicador, pero supongo que eso no fue raro para nadie. Traté de hablar más que de costumbre para no hacerla sentir como que no me gustaba estar ahí e incluso disfruté un poco, dejando de lado lo incomodo que me sentía cada vez que ella se movía y su muslo se rozaba con el mío, o cada vez que, inconscientemente, mi mano llegaba a la suya, o cada vez que la sorprendía mirándome, o el hecho de que cuando me agaché para recoger el tenedor que se me había caído, logré ver algo parecido a la mano de mi hermano deslizarse del regazo de Graham y luego a ambos muy rojos. Traté no pensar en eso el resto de la noche.

No quería ir a ningún club. No cuando Anabelle se veía tan sexy y yo no podía hacer nada para alejar a nadie que quisiera acercársele ni mucho menos quejarme si ella quería platicar con algún tipo, bailar con él, o, Dios no lo permita, incluso besarlo. Ella ya tenía 18 años, no tenía novio y era libre de hacer lo que se le antojara, me gustara eso a mí o no.

—¿Bailamos? —me preguntó Anabelle con una linda sonrisa. André me animó y palmeó mi espalda mientras caminaba hacia la gente, bailando estúpidamente y Fred y Graham solamente se fueron de ahí, platicando muy cerca... muy cerca. Como sea. Me encogí de hombros sin querer decirle que no.

—No creo que tengas verdaderas esperanzas de que yo baile —dije en su oído y peiné un poco su cabello hacia atrás, admirando su cuello desnudo. La chica inteligente pensó en quitarse mi regalo para que nadie quisiera lastimarla por ello. Me sentí mal por no pensar en eso primero— ve a divertirte con los chicos. Y ten cuidado.

—Como sea —puso los ojos en blanco y se fue.

Sinceramente, nunca había entendido el punto de esos lugares. Era sólo un gran salón repleto a donde la gente iba a escuchar música molesta en un volumen demasiado alto para ser agradable y a tomar, como si no pudieras hacer eso en tu propia casa. Me quedé unas cinco canciones sentado donde mismo, sin mover nada, pensando en lo sin sentido que era todo eso y tratando de encontrar a Anabelle entre la gente bailando. La veía a veces, pero luego la multitud se la tragaba. Unos segundos después me levanté y caminé hacia la barra, si no iba a bailar por lo menos podría tomar ¿no? Era lo lógico. Quizás si tomaba lo suficiente estaría de humor para ir a pararme entre la gente y moverme un poco de lado a lado, sólo para encajar, aunque fuera estúpido.

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Pedí tequila porque era lo tradicional y porque no sabía si las bebidas tenían otro nombre en México y no quería pasar vergüenza. Resultó que el tequila era bueno, y era más divertido estar sentado en la barra tomando a estar en esa mesa tratando de encontrar a Anabelle bailando con alguien más. Cuando menos lo pensé, tenía una colección completa de caballitos vacíos frente a mí y me estaba sintiendo mucho más entusiasmado ante la música y menos molesto por ella, lo cual decía que me había excedido con el maldito tequila.

—Él es perfecto, Laura... —dijo alguien en español a mi lado, pero no le puse atención, hasta que otro alguien tocó mi espalda varias veces y tuve por obligación que voltear. Habían dos chicas detrás de mí hablándome en español sin parar. No entendía una mierda, pero ellas eran hermosas, en especial la de cabello castaño. Sus ojos eran pequeños y marrones, y su nariz bronceada tenía un par de pecas.

Santo señor.

—¿Hablas inglés? —preguntó la guapa cuando se dio cuenta de que no entendía lo que estaba diciendo. Asentí hacia ella cuando entendí inglés, medio perdido en su preciosa cara y maldije cuando el barman se llevó mis caballitos. Me estaba divirtiendo con ellos— hola, um, soy Laura y ella es Felicia.

—Justin —respondí, respirando profundamente y acomodándome mejor en mi asiento para poder ver a Laura mejor. Era hermosa. Y la manera en la que seguía mordiendo su labio me recordaba tanto a lo que hacía Fabrizzia cuando se ponía nerviosa, las pocas veces que eso pasaba— ¿te puedo llamar Fabrizzia?

La chica rió un poco, de una manera coqueta y miró de reojo a su amiga rubia alta, cuyo nombre ya olvidé, luego asintió hacia mí y se acercó, poniendo su mano en mi muslo. Oh, vaya, Fabrizzia tiene agallas.

—Me puedes decir como quieras, si me ayudas en algo. —¿En qué? —Verás, mi ex novio es un cretino... —empezó. Sí. Todos lo somos. 370 

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{Anabelle}

Saqué una liga de mi bolso y recogí mi pesado cabello en una cola alta. Estaba sudando como nunca antes, y estaba tan cansada. Fred era una maquina de bailar, y aunque las cosas aun estaban algo incomodas entre nosotros por lo del secuestro, realmente nos estábamos divirtiendo juntos.

—Voy a ir por agua —le avisé a André, quien me quedaba más cerca. Él desvió por fin la atención de la morena de bikini rosa con la que estaba bailando y me miró con los ojos entrecerrados, rencorosos.

—Bien, pero no aceptes bebidas de nadie —dijo, con un tono tan mandón como el de Justin cuando se enojaba. Puse los ojos en blanco y asentí. Ya había aprendido la lección, para ser sincera.

Me retorcí entre toda la gente hasta que llegué a la barra, y entonces tuve que buscar un hueco libre, hasta que vi a Justin ahí, quien estaba platicando de lo más cómodo con una pequeña chica castaña entre sus piernas. Tomé aire y caminé hacia ellos.

—Un agua, por favor —le dije al barman a un lado de ellos, el tipo asintió y entonces Justin volteó hacia mí. Parpadeó con pesadez varias veces, sonrió de una manera muy contenta, y entonces me di cuenta de que estaba borracho.

—Hola, Ojos Bonitos —murmuró y llevó su mano a la cintura de la castaña sin culpabilidad alguna, quien platicaba con una rubia sentada a un lado de Justin— ella es Fabrizzia. La encontré de nuevo.

¿Qué?

—Me llamo Laura —gritó la chica cuando se dio cuenta de que había alguien más con ellos— pero él me ha estado llamando Fabrizzia. No importa, es tan caliente que puede llamarme como quiera, y está destruido. Creo que podría aprovecharme de él esta noche.

Ja, ja, que chistosa.

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—Sí, supongo —murmuré, me reí un poco tratando de no sonar tan falsa y le di las gracias al tipo por el agua cuando me la entregó. Tomé un largo trago incomodo mientras ella acariciaba el brazo derecho de Justin y apreciaba sus tatuajes. Él estaba mirando su cara, como si estuviera hipnotizado.

—Esa chica era mi novia —murmuró Justin cerrando un poco sus ojos. Creo que no sabía que yo seguía a su lado— lo arruiné y no creo que vuelva a estar con ella alguna vez, pero no importa, porque ahora estás aquí de nuevo.

Escupí un poco cuando escuché eso. La chica sonrió y se rió, poniéndose algo roja y se acercó más a él. Bueno, perfecto. Si él seguía enamorado de su ex novia muerta y la veía en cualquier chica en un club, no debía ser mi problema. Me tomé todo lo que quedaba en la botella, conteniendo el enojo y me fui de nuevo con los chicos. La chica ni siquiera era tan bonita. Y no se parecía mucho a la foto que Justin tenía en su habitación de Fabrizzia.

No pude bailar cómodamente de nuevo. Estaba tan molesta. Y ni siquiera estaba molesta con Justin, o con Laura. Estaba molesta conmigo, por no haber tomado a Justin de vuelta cuando tuve la oportunidad. Y el hecho de estarme reclamando eso a mí misma me ponía más molesta, porque tenía derecho a no querer nada con él de nuevo y a terminar la relación, así como él tenía derecho de estar con quien se le diera la gana.

—Justin se metió en una pelea —me dijo Fred después de un rato, jalándome del brazo. Lo miré con confusión y lo seguí, junto con los demás, hasta que salimos del club. Él estaba sentado en la banqueta con la mirada baja a un lado de Big Kanye y Arrow.

—¿Qué pasó? —pregunté cuando llegamos a él. Levantó la mirada y vi su ojo poniéndose colorado. No me sorprendía mucho, de hecho se me hacía raro que llevara tanto tiempo sin algún tipo de contusión en la cara.

—Fabrizzia tiene un ex novio cretino —dijo como explicación y se levantó con mucho esfuerzo— debí haberla escuchado.

—¿Fabrizzia? —preguntó André, ayudando a su hermano a pararse derecho— ¿de qué hablas?

—No lo sé. Estaba besando a Fabrizzia de nuevo, quien ya no besa como antes y su ex novio apareció todo enojado, me gritó cosas en español y luego me golpeó. Ni siquiera me pude defender. Eso no fue una jodida pelea, ese tipo salvaje me atacó.

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Todos se me quedaron viendo, inseguros. Mi boca estaba completamente abierta, pero la cerré y detuve todos mis pensamientos. Bien, él ya estaba besando a otras chicas, eso estaba perfecto. Me superó. Eso era bueno.

—Vámonos —mascullé con coraje y caminé frente a ellos sin importarme si me seguían el rastro.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Vamos, sólo sácalo. Es un imbécil, todos lo sabemos —dijo Graham, acariciando mi espalda. Justin se metió al jacuzzi desde que llegamos, sin darme la opción de bañarme primero para quitarme el olor a cigarro y sudor— no te lo guardes.

—No puedo creer que la haya besado —solté de repente, con la voz ahogada— fue sólo un beso, pero eso significa que ya lo perdí. Pensé que pasaría un tiempo más, pensé que nos daría un tiempo.

—Fue sólo un beso, como tú dijiste. Y está borracho y dolido por la ruptura, realmente no lo puedes culpar —suspiró. Me acomodé mejor en el piso, para que mi cabeza quedara recargada en su pecho.

—Es que tú no lo entiendes. Fabrizzia es una chica malditamente muerta y esto tiene que ver con ella. He estado compitiendo con una chica muerta desde que lo conozco —murmuré con odio, porque eso era lo que más me dolía, que seguía pensando en ella de esa manera— él dijo que no importaba que no volviera a estar conmigo porque ahora ella había regresado o algo retorcido como eso.

—Vaya. Ese tipo de verdad tiene un montón problemas... Anabelle ¿no te podrías enamorar alguna vez de alguien normal?

Me reí porque sí podía. Era fácil. Ya lo estaba, después de todo. Sólo tenía que ignorar la parte que aun amaba a Justin. Llevé mi mano a lo largo del antebrazo de Graham y lo acaricié un poco, de la manera que le gustaba.

—Estoy enamorada de ti —dije, con la voz baja. Realmente esperaba que a Justin no se le ocurriera salir en ese momento. Si había alguien que me podía ayudar a superarlo, ese era Graham. Él nunca, nunca, jamás me lastimaría.

—No lo estás —susurró, y tomó mi mano— y yo tampoco. Te amo, pero no de esa manera.

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—Si él me ha superado, yo lo tengo que hacer también. Te necesito. Eres el único que vale la pena.

—Lo sé, pero no podemos volver a eso —me hizo levantar y me acomodó para que estuviera frente a él— Justin me asusta más de lo que lo hacía Hugo. Mucho más. Y Hugo era como dos pulgadas mas bajo que yo. Además esta vez de verdad amas al tipo, no creo que yo te pueda ayudar a algo.

—Hugo tenía músculos, te podía partir la cara sin esfuerzo —lo defendí, riendo un poco, aunque tenía ganas de llorar. La puerta del baño se abrió, pero no nos preocupamos por movernos porque estábamos bastante lejos de la habitación— y creo que el hecho de que ahora de verdad amo al tipo es peor. Va a pasar un largo tiempo antes de que pueda olvidarlo.

—¿Anabelle? —gritó Justin, con su voz sonando más normal que antes— ¿estás aquí?

—Sí —contesté, sin alejarme ni un poco de Graham. Sinceramente ya no me importaba si él nos veía o no, creo que me gustaría que lo hiciera. Escuché sus pasos cerca de nosotros y aunque yo no quería moverme, mi mejor amigo sí lo hizo— ¿estás mejor?

—Sí, creo, aunque no por completo aun. Se me baja rápido, por suerte —contestó, pasándose una toalla por el cabello— Graham ¿podrías dejarnos solos?

Ugh, no. No tengo ánimos para hablar de esto y perdonarlo. Realmente no tengo ánimos.

Graham me ayudó a levantarme y luego salió de nuestra suite, no sin antes darme un protector beso en la frente. Desearía tanto, tanto haberme enamorado de Graham.

—¿Podemos ir a la playa y hablar? Estoy mareado —dijo, cuando estuvimos solos. Tomé aire y me balanceé un poco en mis pies, negando con la cabeza.

—No. Mis pies duelen, y quiero mi turno en el jacuzzi, además realmente no quiero hablar contigo.

Él me miró con algo parecido a vergüenza unos segundos y asintió rígidamente, caminando detrás de mí hacia la habitación. Se dejó caer en la cama cuando entramos, tomando su cabeza con ambas manos y gimiendo un poco, como si no aguantara el dolor. Busqué mi pijama en mi maleta, tratando de no pensar en lo mal que me sentía por rechazarlo por primera vez. Él quería hablar ¿cuando pasaba eso? Muy pocas veces. Pero en serio no podía seguir perdonándolo por cualquier cosa sólo porque su actitud de niño lastimado me volvía loca.

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Me encerré en el baño y encendí el jacuzzi, puse música, dejé de pensar en Justin y me puse a considerar otras cosas de mi vida por un momento, como por ejemplo, qué haría de mi vida cuando llegáramos de nuevo a Roma. No había aplicado para ninguna universidad y siendo sincera, no tenía ganas de hacerlo, o necesidad alguna. Podría viajar, pero ¿con quien? Graham entraría a estudiar medicina, de ninguna manera tendría tiempo de viajar. Las gemelas también tenían planes de seguir estudiando. Probablemente yo debería de hacerlo también, o irme sola, conseguir un empleo y empezar mi vida lejos de todos.

Cuando mi lista de reproducción se terminó volví a la conciencia. Mi piel estaba arrugada y mi cuerpo demasiado relajado como para responder a la primera. Habían pasado tres horas y cuarenta minutos y yo había resuelto absolutamente nada en mi cerebro. Tenía una ligera sospecha de que mi vida adulta realmente iba a apestar.

Abrí la puerta del baño e inmediatamente regresé a la triste realidad, donde Justin había roto la mitad de las cosas en la habitación. Dejé salir un suspiro cansado, caminé con cuidado a la cama, guardé mis cosas y volteé hacia el chico, sentado en el piso, con su mirada dura en la ventana. Estaba enojado.

—¿Estás bien? —pregunté con cuidado, acercándome lentamente a él. Era obvio que no se sentía bien o no hubiera hecho ese desastre, pero lo que yo quería saber era si se había lastimado con algo. Y al parecer él lo entendió porque levantó sus manos limpias y se encogió de hombros, sin voltear hacia mí. Me di cuenta de que estaba calmado, así que me senté a su lado— ¿fue por mi culpa?

—Nada de esto es por tu culpa —puso los ojos en blanco y se dejó descansar en la pared— Soy yo. Estoy enojado conmigo mismo. He terminado con esto.

Dejó salir un gran respiro lastimero y me quebré, tomé su mano con fuerza y y abracé su brazo, apoyando mi cabeza en su hombro. No quería ver su cara descompuesta o sus ojos rojos cerca de las lagrimas. Quería olvidar lo difícil que era todo para él, y lo mucho que yo tenía que ver con eso últimamente.

—Ya no quiero ser así, Anabelle —empezó, con la voz ahogada— ya no quiero ser como esos hombres de la cárcel. Ellos están ahí dentro, y yo no. Tengo que dejar de actuar como si estuviera encerrado en ese lugar para siempre, también. Realmente estoy enfermo y cansado de gritar sin voz y de romper cosas sin fuerza y de llorar sin lagrimas y de sufrir por cosas que ya no puedo arreglar. Estoy tan cansado de estar deprimido todo el tiempo. Soy muy joven para esta mierda. Siento como que necesito ser feliz, aunque sea tratar de serlo. Una persona no puede aguantar tanto, te juro que yo no puedo aguantar tanto.

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—Yo tampoco quiero que sigas siendo así, realmente no te lo mereces —murmuré, abrumada por sus palabras, apretando su mano muy fuerte— quiero que seas feliz todo el tiempo. Una sola persona no puede cambiar el mundo y menos uno como el nuestro. Supongo que sólo tienes que aprender a lidiar con ello, ambos tenemos que hacerlo.

Justin bufó de risa, porque yo tenía razón. Y se quedó callado unos segundos.

—Definitivamente eres ese punto blanco en mi negro ¿lo sabías? —se rió un poco y levanté mi cabeza para darle una sonrisa. Sus ojos ya no estaban tan rojos. No entendí mucho eso del punto blanco, pero supuse que era una cosa buena— Siempre has sido lo que me mantiene fuerte, desde que era un niño. Pensaba que eras tan miserable por tener un papá como Dio y me decía: si esa niña puede aguantar esta vida, estoy seguro como el infierno que yo también puedo. Cuando tenía que matar a alguien pensaba en si tú también tendrías que hacer cosas así y cómo te sentirías por eso. Rezaba por ti, para que fueras feliz y que pudieras dormir en las noches... eso es algo raro ¿no? Te tomaba como una referencia para una vida de mierda, quería conocerte sólo para ver si tú podrías entenderme, pero entonces te conocí y me caíste tan mal. Eras platicadora, molesta, feliz y energética, al contrario de lo que pensé todo el tiempo. Esperaba que fueras como yo, sabes. Y luego me di cuenta de que me entendías, después de todo. Me hiciste sentir feliz de nuevo y sigues estando para mí, aunque lo único que hago es arruinar las cosas y hacerte llorar.

—Me haces sentir feliz, también —aclaré rápidamente, haciéndolo sonreír.

—Estaba pensando en lo malo que será mi futuro, mientras tú estabas en el baño. Estaba pensando lo horrible que va a ser tener que seguir viviendo sin estar contigo pero viéndote todo el tiempo. Lo mal que voy a estar si tú consigues a alguien más, si te casas, si tienes hijos. Y entonces me di cuenta de que estaba pensando en el futuro. Nunca había pensado en el futuro antes. Esperaba morir todos los días, y lo esperaba con ansias, pero ahora estoy pensando en el futuro... eso me asusta, pero me hace sentir mejor también. Ahora pienso en el futuro, y sonrío a veces, incluso me dan risa algunas cosas y tengo esperanza de que las cosas se van a poner bien en algún punto de mi vida. Creo que estoy mejorando, y gracias a ti.

Me quedé mirando sus ojos unos segundos, muy largos segundos. Era tan hermoso. Y era mío. Mío para siempre. No había ni una posibilidad de que yo consiguiera alguien más y me casara y mucho menos tuviera hijos. No lo haría si ese no era Justin.

—Déjame hacer esto una última vez —susurró y se acercó a mí con inseguridad, poniendo una mano en mi cuello y cerrando sus ojos. ¿Cómo podía rechazarlo después de las cosas que acababa de decir? Eso no era posible.

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Nuestros labios se tocaron por fin después de lo que se sentía como milenios y nos quedamos ahí cerca de un minuto, sólo con nuestros labios juntos, como nuestro primer beso.

No lloré porque no estaba triste, pero se me salió una lagrima mientras tenía mis labios descansando contra los suyos, porque lo había extrañado tanto de esa manera y estaba tan emocionada por tenerlo de nuevo que no lo pude evitar. No sabría decir si después de eso estaríamos juntos de nuevo, porque no podría simplemente volver con él. No lo sé, sinceramente, pero sabía que estar sin él no sería del todo posible tampoco. Mi cabeza era un gran enredo. Yo era un gran enredo humano.

Justin se atrevió a mover sus labios después de un rato, pero sólo un poco y de una manera titubeante. Y fue tan triste, porque era como si ya no estuviera seguro de qué hacer conmigo. Yo tampoco sabía qué hacer con él, para ser sincera. Quería besarlo cómo antes, pero si lo hacía temía que las cosas se salieran de control y él esperara de mí algo que no estaba segura de darle de nuevo, aunque quería. Apreté mis ojos y tomé una larga respiración. Por alguna razón se sentía como si estuviéramos besándonos por última vez, así que decidí no hacerlo tan miserable y moví mis labios también, con seguridad, llevando una mano a su mandíbula y acariciándolo.

—Me estás diciendo adiós ¿no es así? —susurró después de un rato cuando separó nuestras bocas, recargando su frente en la mía. Oh, este chico, tan perceptivo. Cerré mis ojos y me apoyé en él sin contestar, porque no sabía. No sabía nada. Las cosas que quería eran contradictorias y al final terminaría haciendo un desastre, como de costumbre— ya no...

—No sé —lo callé, irritada— no sé nada. Te amo, pero no sé si debo estar contigo de nuevo. Estoy apenas cayendo en cuenta de lo que ser hija de mi padre significa. Por el momento todo está bien, pero no va a ser así siempre, lo sé. Ya tengo demasiado por mí misma y tú eres... intenso. Todo lo que tiene que ver contigo es intenso y complicado y algo peligroso y no sé si pueda con eso.

Sonó incluso peor que en mi cabeza. Sonó como si me estuviera quejando de él, y no lo estaba, no del todo. Él dejó salir una respiración y asintió, sin alejarse de mí. Y entonces me besó de nuevo.

Oh, bueno...

Puso sus manos en mi espalda con precisión, sin duda alguna, y me empujó hasta que estuvo sobre mí por completo, sin dejar de besarme apasionadamente. Esa es la única palabra que se me ocurría para su ataque, aunque sonara algo extraño. Su beso era completamente apasionado, sin dejarme tiempo para respirar o responderle como Dios manda. Los besos de Justin casi siempre eran profundos y lentos, como si

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estuviera tratando de hacer cada segundo perfecto, pero en ese momento me estaba atacando y casi no podía seguirle el ritmo. Era muy, muy bueno, sin embargo.

Abrí mis piernas para tener una mejor posición y llevé mis manos a su nuca, acercándolo más a mí porque lo necesitaba. Habían pasado como mil años y medio desde que hicimos algo así y me moría de ganas de seguir con eso por horas y horas. Bajé mis manos a su espalda y las pasé por debajo de su camisa para tocar la cálida piel de su espalda porque lo quería, realmente lo quería. Su piel era tan perfecta. Todo en él era perfecto y yo lo quería por siempre.

—Espera, subamos —dijo, separándose de mí y levantándose.

Odié lo helada que me sentí de repente y lo imité, parándome con las rodillas débiles. Mi mente se aclaró un poco y aunque mi cuerpo seguía definitivamente queriéndolo, mi mente decía algo como: "¿de verdad quieres hacer el amor con el mismo hombre que te estranguló, arruinó tu voz, te pateó, golpeó y te hizo estar lo más cerca de la muerte que has estado alguna vez? ¿En serio? ¿Así de poquito te amas? ¿Qué diría tu mamá? ¿Qué diría tu tía Eliza la feminista?" Aunque sonara repetitivo, yo sólo seguía pensando y pensando en eso, sin descanso. Pero entonces Justin se sacó la camisa y me dio una sonrisa de lado, con sus ojos medio alegres. Y la imagen de él pateándome y sentado sobre mí apretando mi cuello se iba lejos, porque él nunca, nunca me haría algo así por decisión propia.

Estaba tan mal.

—¿No estás segura? —preguntó, cuando notó mi vacilación. Negué con la cabeza y dejé caer mis hombros. Su cara volvió a estar vulnerable y triste y odié cambiar su estado de animo tan rápido. Se acercó a mí y levantó mi cara, me miró a los ojos unos segundos antes de besar mi nariz— yo... quiero hacerlo. De verdad. Sabes que no te forzaría nunca a hacer algo con lo que no te sientes segura, pero realmente lo quiero. Te lo estoy pidiendo porque lo deseo mucho. Me he estado quemando de ganas de estar contigo desde ese día. No sólo porque te deseo como loco, sino porque saber que Lorenzo es el último que ha estado dentro de ti, y de esa manera, me ha estado matando de dolor.

Bueno, si lo ponía de esa manera...

—Hubieras sido el único —susurré, sólo porque quería decirlo, pero muy bajo porque no estaba segura de que quisiera que él lo escuchara. Suspiré profundamente y me dije que una vez más no me haría daño. Una vez más, de despedida, de recuerdo.

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{Justin}

La vida tiene una rara y muy jodida manera de arruinar todo lo que tienes por una muy simple y aparentemente insignificante pequeña cosa. A veces es por una palabra mal dicha, un pensamiento mal elaborado o una acción mal pensada y otras veces es sólo porque dejaste que todo pasara y no hiciste nunca nada para detenerlo. Eso es básicamente lo que siempre me pasa a mí. Nunca hago nada para detener las cosas que no quiero que pasen, sólo las dejo ser.

Estuvimos en Cancún cerca de dos semanas. Salimos todos los días a desayunar, comer o cenar, caminar por ahí, ir de compras o simplemente a pasear. En mi cumpleaños los chicos querían ir de nuevo a un club, pero era mi maldito día y a mí no me gustaba esa mierda, así que los hice pasar todo un día en la playa, comiendo mariscos, cocos y bañándose en el mar. Anabelle estuvo dulce conmigo todo el tiempo y en ese bikini verde esmeralda que me hacía querer aullar de gusto. Hubiera sido absolutamente perfecto si no hubiéramos terminado todos más morenos de lo esperado y con dolor en la piel. Para ser sincero, esas fueron las mejores vacaciones de todas, pero al mismo tiempo fueron las más horribles.

Anabelle me dejó hacerle el amor esa noche, no sin antes dejarme bien en claro que sería la última vez, lo cual resultó ser además de la peor noticia que me habían dado alguna vez, una cosa buena, porque eso me dio la oportunidad de hacerlo durar lo máximo que pude. Besé cada pequeña parte que pude encontrar en su cuerpo, empecé por su frente y terminé en sus pantorrillas, justo en la cicatriz del balazo que le dieron esa vez. Le dije lo mucho que amaba el color de su piel, sus casi imperceptibles pecas, sus lunares, su cuerpo por completo, su cara y su cabello. Me aseguré de amarla meticulosamente, con mis dedos y con mi boca, aunque fue terriblemente difícil lograr que se mantuviera quieta cuando el placer se volvía demasiado intenso. Luego, intentando no pensar en el muy muerto Lorenzo, hice lo que había estado queriendo hacer desde la última vez que lo hice y fui extremadamente cuidadoso, suave y lento, aunque ella arañara mi espalda y se quejara de que lo quería más rápido. Y aunque, efectivamente, yo también me moría por hacerlo rápido. Era mi ultima vez y necesitaba hacerlo durar. Logré darle dos

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hermosas liberaciones antes de dejarme ir y entonces tuve que alejarme de ella y despedirme de su bendito cuerpo para siempre. Como dije, las vacaciones más horribles del mundo.

Acordamos que las cosas serían normales después de eso, que no nos volveríamos a besar y mucho menos a tocar, pero que podríamos hablar normalmente; y cada noche rompimos las reglas. No nos besábamos, pero ella me abrazaba, y eso era algo tan intimo que bien podría pasar por un beso. No lloré o me volví loco de nuevo, pero no pude evitar sentirme miserable a veces.

Y cuando regresamos a Roma y nos despedimos fuera de su casa, traté de hacerlo lo más corto que pude. Le dije adiós sin siquiera mirarla a la cara, me despedí de Graham y simplemente me fui. Dos segundos después me arrepentí de ello, pero qué más da. Y a ese tipo de cosas me refiero por las pequeñas mierdas que pasan y arruinan tu vida. No he podido dejar de pensar en que, quizás, si yo hubiera ido a besarla y a decirle una vez más lo mucho que la amaba, ella hubiera cambiado de parecer y me hubiera tomado de vuelta.

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{capítulo;45}

{Anabelle}

Los dieciocho no estaban siendo tan absolutamente geniales, llenos de alcohol y sexo como la gente me dijo toda la vida. Mi papá no me dejaba salir a ningún club ni a ninguna fiesta y no me dejaba regresar a casa después de las doce. Prácticamente era peor que cuando tenía diecisiete, porque ahora tenía una identificación y mi papá no confiaba en mí. Y además no había tenido la oportunidad de gastar mucho dinero con mi nueva tarjeta porque me sentía mal al respecto. Las gemelas se morían de la risa cuando me veían dejar cosas en las tiendas porque el total era demasiado para mí, pero yo me había criado como una niña pobre y eso no se quitaba tan fácilmente. Graham tenía que regresar a US para empezar a estudiar medicina, pero decidió que se atrasaría un semestre para estar más tiempo conmigo. Ah, y Linda de pronto tenía la piedra más grande y malditamente cara en su jodido dedo corazón y mi papá estaba menos rabioso que de costumbre. El hecho de que se casarían no me molestaba tanto, porque Linda era genial, pero realmente no quería vivir con unos recién casados cuando mi vida amorosa estaba tan seca. Y no quería pensar en mi papá haciéndolo.

Los Bieber nos visitaban para cenar dos veces a la semana. Todos sabíamos que era a propósito, mi papá y Pattie no lo hacían exactamente secreto. Ah, y de repente Graham, Fred y Yamin estaban en una relación de tres. Sin mentir. Al parecer a Yamin le pareció la cosa más caliente del mundo estar con dos chicos tan guapos como ellos y no le molestaba que se besaran o que hicieran otras cosas. No la entendía. Y Nedime empezó a salir con Kyle. O sea que las gemelas eran una constante visita para cenar, también, lo cual era genial, porque me ayudaban a que todo estuviera más calmado.

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Estábamos en mi habitación un viernes. Graham, Fred, Yamin, Nedime, Kyle y yo. El aire a mi alrededor era caliente como el infierno, pesado y lleno de carga sexual. Todos se estaban besando o manoseando y no me pregunten como eso era posible porque yo tenía la vista pegada a la película frente a mí, sintiéndome miserable y solitaria, y muy incomoda. Lo peor del caso era que lo hacían a propósito. Cuando se me ocurría quejarme de sus sesiones descaradas frente a mí todos eran como: "bueno, si estuvieras con Justin esto sería diferente". Todos estaban de su lado. Incluso las gemelas. Al parecer no soportaron verlo tan triste y de pronto se volvieron sus amigas. Ugh. No era genial sentirse tan culpable por algo y que todos los demás se la pasaran recordándotelo.

—Te estoy diciendo, Anabelle, que mi pobre hermano está volviendo a las putas y eso no me gusta. No cuando se ve tan mal todo el tiempo por ti —me dijo después de un rato el imprudente del grupo, Kyle. Fred, de la manera sutil más obvia pellizcó su brazo y yo sólo me quedé ahí pensando en putas y Justin— no, ella necesita saberlo. Empezó a ir a las habitaciones otra vez y no creo que sólo quiera platicar con ellas en privado.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Hola —me saludó Justin cuando todos llegaron a la casa, sonriéndome un poco. Lo miré mal unos segundos muy largos, tantos que se volvió incomodo. Necesitaba que supiera que estaba enojada, pero no quería decirlo— ¿uh... qué pasa?

Confiesa. Sólo confiesa. Yo y Dios sabemos tus pecados, pequeño Justin, ahora dilos en voz alta para que podamos castigarte.

—Pasemos a la mesa —ordenó Nedime, jalándome al comedor para que dejara de mirar mal al de repente cohibido Justin— compórtate.

—Estoy enojada —murmuré entre dientes antes de saludar a toda la familia.

—Nosotros saldremos esta noche juntos —anunció Jeremy— para ser sinceros, nos enferma estar continuamente rodeados de adolescentes molestos y necesitamos un escape. Hay comida lista, espero que se comporten como seres humanos normales hasta que lleguemos, por una vez en su vida.

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Pfffffff.

Linda, mi papá, Jeremy, Pattie y el señor Jolie se fueron, dejándonos a nosotros con nuestros dramas a flor de piel y sin nadie que sirviera de intermediario además de Joe, quien era el mayor de nosotros y un poco más maduro que Tayson. Cuando decidimos que teníamos hambre pusimos la comida en la mesa y me senté a un lado de Graham, ganándole a Yamin. Ella me miró mal por eso y me acerqué para decirle al oído:— tengo un propósito esta noche. Tomaré prestado a uno de tus novios.

—Como quieras, sólo no lo arruines todo.

Tayson, tan lindo y complaciente como siempre, se encargó de que Justin se sentara justo enfrente de mí. Se ganó un golpe en el brazo cuando lo empujó, pero hizo lo que le pedí y le pediría disculpas por ello después. Todos nos servimos lo que Linda nos preparó y tuve que callar a los chicos varias veces porque me ponían de los nervios cada vez que gritaban. Entonces Graham hizo también lo que le pedí. Tomó agua y luego dejó su mano descansando a un lado de la mía en la mesa. Esperaba que Justin no se diera cuenta de lo rígido que estaba cuando por fin la volteó y entrelazó sus dedos con los míos. Luego se quedó jugando con mi mano unos segundos y se acercó a mi oído.

—Tienes mugre en las uñas —susurró, muy bajito, haciéndome reír. Claro, hice una risita coqueta en lugar de una risa tonta. De verdad esperaba que funcionara.

{Justin}

¿El chico que estaba besando a mi hermano en la fiesta de ayer es el mismo que está inclinado sobre mi chica, susurrando mierdas en su oído? Difícil de creer.

Si Anabelle no estuviera apretando su mano tan fuertemente o él no estuviera diciendo cosas en su oído con una sonrisa tan burlona, estoy seguro de que sentiría algo de celos, bueno, quizás. Quiero decir, se han encargado desde siempre de meterme en la cabeza que no hay nada entre ellos y su intercambio romántico no es precisamente merecedor de un Oscar.

La mano de Graham se deslizó visiblemente por la espalda de Anabelle, ella saltó un poco de repente y lo miró mal unos segundos antes de reír de nuevo y acercarse a

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él como si estuviera coqueteando. Si tuviera que adivinar diría que Graham la pellizcó o algo así.

Cuando terminé de comer la comida más deliciosa que había comido en mucho tiempo, me tiré hacia atrás en la silla y escondí una sonrisa, cosa que nunca había tenido que hacer antes. No sabía qué me pasaba, sólo me sentía feliz. No todos los días pasaba que Anabelle se ponía toda linda e intentaba ponerme celoso con un chico que más bien parecía su hermano. Nunca nadie había tenido que esforzarse para ponerme celoso. Me levanté de mi asiento y llegué a su lado cruzándome de brazos y tratando de parecer enojado mientras arrancaba el brazo de Graham de sus hombros siendo más dramático de lo que era necesario. Ella sonrió con triunfo antes de poner su cara sería y se levantó.

—Vamos a tu habitación —ordené con la voz dura. Yamin me veía con los ojos muy abiertos y Joe estaba a punto de saltar a controlarme. Vaya, no tenía la mejor reputación del mundo pero no era para tanto.

Fui por delante de ella todo el camino a su habitación, sonriendo. Quizás después de todo no lo había arruinado por completo y aun tenía una oportunidad ¿no? Quizás me quería de vuelta ¿O por qué otra cosa tendría ella la necesidad de ponerme celoso?

—¿Qué pasa? —preguntó cerrando la puerta y suspirando, intentando mantener su cara seria, pero sus ojos estaban divertidos, brillando con emoción porque pensó que me puse celoso. Bueno, me sentía como si hubiera ganado algo.

—Necesito saber —empecé, carraspeando y eligiendo mis siguientes palabras con cuidado— ¿por qué le estás haciendo esto a Fred?

—¿Eh? —soltó, su cara torciéndose lindamente en un mueca de confusión.

—Sabes lo que quiero decir. Pensé que Fred era tu amigo ¿por qué lastimarlo de esa manera? Graham no es el chico que pensaba, si se deja manosear por ti estando en una relación con mi querido hermano.

Su boca cayó abierta con sorpresa y toda la diversión se drenó de su cara. Te tengo, preciosa. Exploté en una carcajada, sin poderlo controlar. Era tan gracioso, la chica estaba segura de que me moría de celos. No tenía ni idea. Tomé mi abdomen y me incliné para delante, sin poder dejar de reír por su cara.

—¡Te odio! —gritó, cuando mi risa se trabó en mi garganta y no estaba seguro de si seguía respirando o no. Tomé una larga respiración y limpié mis lagrimas. Había pasado un buen rato desde que no lloraba de la risa, había olvidado lo bien que se sentía.

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—Oh, Dios, que divertido.

—¿Cómo demonios lo supiste?

—Ayer me lo dejaron muy en claro, besándose en la fiesta, frente a todos y no precisamente en la mejilla —contesté, cuando por fin dejé de reír y miré su cara enojada con una sonrisa. Era tan caliente cuando se enojaba— ¿por qué razón del cielo me querías poner celoso?

—¿Qué? ¿De donde sacaste eso? No es cierto. —Era bastante obvio, Ojos Bonitos.

—Muérete —murmuró y golpeó mi brazo cuando me reí de nuevo— deja de reír, me enteré de tus continuos viajes a las habitaciones con las putas en esas fiestas estúpidas. Quería darte algo de lo mismo.

Mi risa se acabó de golpe y la diversión se fue. Me gustaría saber quién exactamente fue el próximo cadáver que se lo dijo.

—No fue porque quisiera hacerlo, Anabelle —murmuré, haciendo que me mirara con los ojos entrecerrados, sin creerme— te lo juro. Además sólo fueron dos veces. El éxtasis me pone cachondo, no lo pude controlar.

—¿Éxtasis? —repitió, y abrió la boca para seguir regañándome, pero tomó una larga respiración y se tragó todo lo demás— ¿sabes qué? Como sea, ya no estamos juntos. No me importa.

—Sí, lo hace. Pero te juro que ni siquiera lo recuerdo, así que no cuenta. Sólo hay una persona que conozco con la que me gustaría hacerlo en pleno uso de mis facultades mentales y esa eres tú, pero no estabas presente y tuve que hacerlo con ellas. Elegí a las que se parecían a ti, si eso ayuda.

—No es tan fácil como eso —dijo, pero su postura se relajó y mordió su labio para no sonreír— eres un idiota.

—¿Qué tengo que hacer, entonces? —pregunté, acercándome más a ella y cubriendo su cintura con mis manos— sabes que haría lo que fuera para estar contigo otra vez, o para que me perdones por esta mierda, al menos.

Anabelle miró a mi pecho por unos segundos, mordiendo el interior su mejilla mientras consideraba algo. Estaba tardando mucho considerándolo, pero cuando me estaba a punto de dar por vencido sus ojos subieron a los míos.

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—Primero, tienes que prometerme que no lo harás con ninguna otra puta nunca jamás y no estoy hablando sólo de las putas que están en esas fiestas —empezó, poniendo las manos en mi pecho y continuando antes de darme la oportunidad de prometerlo— tampoco tomarás drogas de nuevo. Al menos no cuando estés conmigo. Y no más tatuajes, no creas que no he notado que tu brazo izquierdo se ve más tupido ahora y que tu cuello tiene otra cosa.

—¿No te gustan mis tatuajes?

—Me gustan, en especial el mío —dijo, con una sonrisa— pero no puedo dejar de pensar en la razón por la cual te los haces. No es sólo acerca del arte contigo.

—Bien. Te lo prometo. Todo eso.

—¿De verdad? —asentí, ella subió las manos hasta rodear de mi cuello y luego hizo la pregunta más inesperada de todas—: gatito ¿quieres ser mi novio?

—¿Qué? —pregunté, haciéndome para atrás para comprobar su salud. ¿Todo estaba funcionando bien en su cabeza?— ¿estás hablando en serio?

—Sí ¿quieres? —Sí, supongo ¿pero no debería yo preguntarte eso?

—Es lo mismo —puso los ojos en blanco y se levantó en las puntas de sus pies para besarme.

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{Anabelle} Tiempo después

¿No es algo gracioso cómo todo va perfectamente bien y luego en un segundo todo se va al carajo, de una manera permanente? No, no lo es. Es horrible. Es la peor cosa del mundo. Mi vida sólo... cambió, y como dije, de una manera permanente. Sinceramente, todo en mi vida se estaba yendo directo y sin escalas a la mierda. Todo.

Se acabó el semestre y Graham regresó a su casa en US. Aun tenía a las gemelas, pero aun así, no era lo mismo. Nadie era tan directo, divertido y leal como Graham. Nadie me ayudaría con lo que iba a pasar como Graham lo haría. Mi papá se volvió a ir, ahora a Rusia. No sabía mucho de Rusia, pero sabía que había gente loca ahí. No quería a mi papá en el país que hace las películas más locas de todas, gracias. Esa era una preocupación más que no necesitaba.

Ahora, mi relación con Justin... ¿Cómo poner esto? Um, era una relación normal, dentro de nuestros estándares de normalidad. Me encantaría decir que éramos una pareja totalmente normal, que nuestro amor podría superar todo o alguna mierda como esa, pero no era así. Las cosas no funcionaban así. Nuestra relación era difícil. Difícil como el infierno. Sí, lo amaba y estaba muy segura de que él me amaba a mí, pero nuestra situación no era la mejor. Él tenía que hacer algunas cosas muy jodidas que no me gustaban. Las aceptaba, porque tenía que hacerlo, pero no me gustaban ni un poquito. Y yo no podía quejarme aunque fuera sólo un poco de cosas insignificantes sin ponerlo de mal humor. No podía decir nada de su trabajo sin hacer que se comportara a la defensiva conmigo. Pero ¿qué debía hacer? ¿Debía decirle: "amor, está bien, me encanta que tengas que matar gente." "Estoy muy de acuerdo con tenerte torturando a algunos hombres, no te preocupes" "sí, trafica mierda a otros países, me tiene sin cuidado si regresas a la cárcel"? Bueno, supongo que las mujeres en mi lugar debían de hacer eso, pero yo no podía. Y si optaba mejor por no decirle nada, por no dar mi opinión molesta acerca de lo que él debía hacer, era peor, porque entonces mi opinión era tan mala que no quería que él la supiera, y eso lo enojaba mucho más. Tampoco estoy diciendo que todo era malo, porque para ser honesta, la mayoría del tiempo estábamos bien, muy bien. Él sonreía más, reía más, era más suelto, cada vez hacía más bromas, pero también seguía teniendo problemas para dormir. Y no era como si lo juzgara por ello, entendía perfectamente que después de hacer todo lo que tenía que hacer no pudiera vivir tranquilo.

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Se hizo más tatuajes, ahora su pecho estaba repleto también, pero por suerte no había tenido ningún otro episodio de locura en la noche. Y habíamos empezado a hacer planes a largo plazo. Me gustaba mucho que Justin quisiera hacer planes conmigo. Queríamos irnos a vivir a un lugar que tuviera playa, empezar a asistir a la universidad y casarnos. Ni más, ni menos. La cosa era que pensamos en todo menos en lo más importante. Nunca nos preocupamos por usar condones. Sólo la primera vez, creo, y ni siquiera me acuerdo. Lo sé, lo sé, fuimos completamente estúpidos. No podíamos culpar a nadie más que a nosotros mismos por nunca pensar en eso. Ni siquiera empecé a tomar pastillas o algo. Y, naturalmente, lo que tenía que pasar, pasó. Mi periodo se atascó por dos semanas pero no le tomé importancia, nunca llegaba con regularidad de todos modos y como había estado muy estresada últimamente por Justin y mi papá, pensé que tenía que ver con eso. Luego fui con las gemelas a la casa del lago un fin de semana, sólo nosotras, y en el viaje vomité tres veces. Tampoco le tomamos importancia, porque siempre me mareaba en los viajes. Pero entonces se me antojó comer aguacate, como, mucho aguacate, y yo odiaba el aguacate. Las gemelas me compraron una prueba de embarazo, de broma. La hice sólo para estar segura, y salió positivo.

Tener un hijo a los diecinueve años no era mi idea de un futuro perfecto. Y no tenía idea de cómo iba a reaccionar Justin.

Estaba en un real y vívido shock emocional, mientras miraba la prueba de embarazo. Había escuchado hablar de ellos pero nunca había tenido uno antes. Y no sabía si era posible que estuviera consiente de ello, pero lo estaba. Me sentía como si estuviera en un sueño, sin poder pensar en nada más que en el hecho de que estaba en un shock y sin poder mover nada aunque lo intentara.

Las gemelas estaban quietas y muy calladas también, pero no había visto sus caras aun. No habíamos dicho nada desde que salí del baño con la prueba positiva en la mano.

—Esas cosas no siempre están acertadas, Anabelle —dijo Nedime después de un largo rato— probablemente es algún desequilibrio en tus hormonas, solamente. Te has cuidado ¿no?

—No —contesté en un susurro. Tonta. Tonta. Tonta. Tonta.

—¡¿No?! —rugió Yamin, llena de incredulidad. Levanté mi cara por fin y les di a ambas una mirada de derrota.

—No —repetí— nunca. Nunca, nunca. Tenemos tantas cosas en la mente todo el tiempo... esto nunca... ah, mierda.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—Efectivamente, señorita Ferré —anunció la doctora Gerard, leyendo mis resultados con cuidado y una leve sonrisa, como si fuera una buena noticia. Dejé salir todo el aire y bajé la cabeza, completamente resignada. Había estado albergando esperanza de que la prueba estuviera equivocada, pero no era así.

Había un pequeño Justin dentro de mí y ahora estaba científicamente comprobado.

Las gemelas tomaron mis manos todo el camino del despacho de la doctora Gerardy a mi casa, tratando de darme ánimos y de decirme lo bien que todo iba a estar porque Justin me amaba y estaría encantado de empezar una familia conmigo, aunque fuera más pronto de lo esperado. Sus argumentos no eran muy convincentes, para ser sincera, y aunque las amaba muchísimo por ser tan tiernas conmigo y tratar de hacerme sentir mejor por mi estupidez, necesitaba ser regañada, y no precisamente por mi papá. Por eso llamé a Graham cuando estuve sola, tirada en mi habitación, llorando en mi piso con una pizza completa a dos rebanadas de acabarse.

—¡Que estúpida! —gritó Graham, sin poder creerlo— eres la persona más estúpida que ha pisado la tierra y tu maldito novio también, no puede ser cierto ¡¿Cómo demonios se les ocurre?! ¡¿Cómo fue... ¡Dios! Tengo tantas ganas de lastimarte ahora mismo. Tenías que asegurarte de una cosa, Anabelle, una maldita cosa, y lo arruinaste. No tienes idea en lo que te has metido. Un hijo es una cosa de siempre. Tú no eres una persona de bebés y si me tomo el lujo de adivinar, Justin, el señor Mal Temperamento, tampoco lo es.

—Él no lo va a querer —sollocé, masticando con dificultad y limpiando mis lagrimas.

—No, yo no creo que lo quiera, para ser honesto —estuvo de acuerdo, con una voz neutra— pero no hay nada que hacer, más que aceptar que serás una mamá joven. Yo fui no deseado también, mi papá no me quiso hasta que tuve como unos cinco años y no me va tan mal. Estas cosas pasan todo el tiempo.

Dejé la pizza en el suelo y cubrí mi cara. Llorando, ahora porque estaba preocupada por mi hijo o hija o lo que fuera que tuviera dentro ¿podría sentir si Justin lo rechazaba? ¿Podría tomar rencores y crecer como un muchacho dañado, como su padre? Tenía tanto de qué preocuparme de repente. Si había algo de lo que estaba

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completamente segura era de que Justin odiaba a los bebés, tomando en cuenta que prácticamente vivía en mi casa últimamente porque no soportaba tener que escuchar a su nueva hermanita, Jordannia, llorando todo el tiempo. Lo había tenido quejándose de su hermana conmigo desde hacía tres meses que nació. El nuevo bebé dentro de mí era un castigo para él por ser tan cruel con Jordie, estoy segura de eso.

—Si hay algo que no le va a faltar a tu bebé va a ser dinero, mira el lado bueno de este asunto —intentó Graham, cuando su enojo principal conmigo se marchó— va a ser millonario como un hijo de puta, lo cual podría cubrir el rechazo de su padre y la ineptitud de su madre. Podría ir a hablar con él o ella cuando crezca y hablarle acerca del uso de los anticonceptivos y el sexo seguro. No confío en ustedes para darle esa platica, sabes.

Dejé de llorar por un segundo y reí, negando con la cabeza y poniendo la tristeza de lado un segundo. Creo que seríamos los menos indicados para una platica así. Además, eso que dijo Graham me dio un montón de nuevos pensamientos:

¿Sería niño o niña? ¿Si resultaba ser niña, sería seria y tranquila o ruidosa y alegre? ¿Amaría el rosa o el verde? ¿Le gustarían mucho los vestidos o sería más de pantalones? ¿Me contaría sus cosas, como yo lo hacía con mi mamá? ¿Me diría si algún niño le empezaba a gustar? ¿Tendría tan buenas amigas como las que yo tuve? ¿Sería una total perra mientras tuviera su periodo? ¿Lloraría a mi lado en su primer corazón roto? ¿Me presentaría a su primer novio? ¿Le gustarían los chicos dulces o los chicos malos? ¿Y si era un niño? ¿Se parecería a Justin? ¿Sería serio y misterioso, como él, o divertido y lleno de vida? ¿Se llevaría bien con su papá? ¿Le gustaría jugar algún deporte o sería más del tipo intelectual? ¿Sería un niño problema, haciéndome ir a su escuela para firmar reportes todos los días? ¿Sería un rompecorazones? ¿Necesitaría hablar con él acerca de no ser un idiota con las niñas, o nacería sabiéndolo?

Sonreí con tristeza y dejé de llorar porque de pronto sólo estaba emocionada por tener un hijo. Quería que el tiempo pasara en tres segundos y yo descubriera esas cosas muy rápidamente. Necesitaba saberlo. Necesitaba pensar en nombres hermosos y arreglar su habitación y leer un montón de libros que me prepararan para poder hacerme cargo de un niño.

—¿Estás ahí? —preguntó Graham, regresándome a la vida— estaba diciendo que mi papá me llama. Ultimamente me quiere más que antes, desde que estoy a mil años de graduarme y ser un doctor. Quiere que leamos un maldito libro de chorrosientas paginas juntos.

—Oh, que bien. Suerte con eso. Y aprovecha que te aceptó después de todo, no te quejes tanto. Te amo.

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—Te amo también, llámame cuando le digas a Justin ¿de acuerdo? No quiero perderme nada.

—De acuerdo, adiós.

Tiré mi celular a un lado y me desparramé sólo un corto instante en el piso con incomodidad para seguir llorando antes de que la pizza cobrara venganza y regresara del más allá por mi garganta. Me levanté rápidamente y corrí al baño, expulsando de la peor manera la monstruosidad que acababa de comer, vomitando dos veces más de lo necesario porque el escucharme vomitar me daba más asco. Después de tomar una ducha, miré el reloj, tenía aproximadamente tres horas libres antes de que Justin me llamara y me dijera si llegaría a dormir conmigo o no. No sabía exactamente lo que prefería.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Me desperté cuando un cuerpo intruso se metió a la cama conmigo, besó mi cabeza y pasó sus cálidas manos por mi estomago. Si él no hubiera tocado mi estomago es probable que ni siquiera me hubiera movido, pero estaba tan paranoica que salté en la cama, alejándome de su abrazo y lo miré, esperando que empezara a pedir explicaciones de porqué mi vientre estaba abultado, sólo que mi vientre no estaba abultado en lo absoluto, digo, al menos no de una manera de embarazada, y él no estaba gritándome o luciendo enojado. Estaba a salvo por el momento.

—Me asustaste —murmuré y le sonreí, acercándome a su cuerpo de nuevo, apoyando mi cabeza en su pecho.

—Lo siento. Llamé varias veces pero nunca contestaste y me preocupé mucho. Tomé el auto de Joe porque no podía esperar a ver si estabas bien o no, creo que debí suponer que estabas dormida —masculló, como si estuviera molesto con él mismo por preocuparse tanto todo el tiempo— hubiera venido más temprano pero tuve que cuidar a Jordie con Kyle un rato porque mi mamá no confía en ninguna niñera y tenía que ir urgentemente a algún lugar.

—¿Cómo te fue con ella? —pregunté, levantándome un poco para poder ver su cara. Él bufó y se acomodó mejor contra la cabecera. Olía mucho a cigarro; sólo esperaba que se hubiera puesto a fumar cuando ya no estaba con su hermanita.

—Mal. Esa niña es el demonio —entrecerró los ojos un segundo, como si estuviera recordando el rencor que le tenía— te juro por Dios que es más molesta que tú en tus peores momentos, si eso es incluso posible. Es hermosa cuando está dormida o cuando

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por algún milagro está tranquila, pero ni siquiera Kyle la soporta mucho en sus momentos de energía. Todo lo que hace es gritar, llorar, llorar más fuerte, comer y cagar. Nos pusimos turnos para limpiar su trasero y aun así me tocó limpiarlo tres veces. Ugh. Apestaba tanto. Odio a los niños.

Bueno, ese sin duda era un mal comienzo si planeaba contarle de mi embarazo. —Estoy segura de que la amas, también.

—Claro que sí, pero la amo a distancia, desde donde no puedo escuchar sus lloriqueos —se encogió de hombros sin darle mucha importancia al tema y acarició mi cabello un momento— ¡Oh, hay algo que quiero enseñarte, antes de que se me olvide!

—Sí, yo también tengo algo para ti —murmuré sin ganas, haciendo que me mirara con intriga— pero tú primero.

Asintió y se alejó de mí para tomar su mochila Louis Vuitton negra, recargada a un lado de mi cama. Sacó su computadora Mac y la encendió antes de volver a acomodarse junto a mí. Su fondo de pantalla era una foto nuestra que tomé furtivamente, mientras Justin dormía y que personalmente configuré en su computadora. Justin abrió un archivo en su escritorio y me la pasó.

—Es mi historia, la que empecé a escribir cuando me encerraron ¿recuerdas? Me había olvidado de ella pero la terminé hace un tiempo y pues... no sé, quería enseñártela, desde que tú fuiste la que me convenció de hacerla y todo eso.

—Wow, que genial, he esperado mucho para esto ¿Cuántas hojas son? —pregunté para mí misma, fijándome. Eran más de 350 y no había manera de que leyera eso en la computadora sin terminar ciega— la voy a imprimir.

Me levanté rápidamente con la computadora en mis manos y fui al despacho de mi papá. Pude leer algunas palabras en el camino pero traté de no leer ningún párrafo completo. Estaba tan emocionada, había esperado leerla desde que Justin me contó de ella. Dejé la computadora en el despacho y corrí de nuevo hacia mi habitación, consciente de que tardaría al menos media hora en imprimirse todo. Miré el reloj antes de entrar de nuevo a mi habitación, eran las once de la noche, había dormido cuatro horas. Esperaba que él hubiera dormido mucho también para que no estuviera cansado en la noche y tuviéramos el tiempo suficiente para platicar acerca de nuestro bebé.

Nuestro bebé ¿que tan raro suena eso?

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—Estoy que me muero por leerla —exclamé, sonando más emocionada de lo que pretendía, tirándome a su lado en la cama y asustándolo un poco— ¿te ayudó como te dije que lo haría?

—Sí, creo que sí —contestó después de considerarlo unos segundos— me ayudaba a mantener mi mente en otra cosa, y siendo sincero, amé hacerla.

—¿Y de qué trata? —pregunté con una gran sonrisa, metiendo mi mano por debajo de su camisa para acariciar el ligero bello en su estomago— no me cuentes nada, sólo dime de qué trata. Como una sinopsis.

—No lo sé, Anabelle, no soy exactamente bueno para contar cosas, es sólo acerca de un chico jodido que se mató a sí mismo por algunos problemas y se convirtió en un fantasma y mierda —empezó, mirando a la pared y haciendo una linda mueca— y luego está esta chica de ojos verdes que lo ayudó a hacer un montón de cosas que pasan donde viven y luego pasan otras cosas raras y algo así.

Que buena explicación. —¿Pero es como, de acción?

—Supongo —se encogió de hombros— y algo de... ¿Misterio? No sé. No me hagas hablar de esto, es una cosa bastante grande que te lo estoy dando a leer.

—De acuerdo, como sea, sólo una duda ¿la chica soy yo? —No. Es otra morena de ojos verdes que conozco. Tú no te metas en esto.

—¿Y tiene romance? —pregunté de nuevo, haciéndolo poner los ojos en blanco. Para ser sincera, me encantaba desesperar a Justin. Y sólo hacía falta hablar un poquito de más para que eso sucediera.

—No. No lo tiene. Y quizás tú estás deseando un cuento de hadas... esto no lo es. Ni de cerca. Estaba drogado la mayoría del tiempo mientras lo escribía, lo que no es jodido es raro como el infierno y lo que no es raro como el infierno es simplemente perturbador. No soy de cosas románticas, como te habrás dado cuenta.

—Nunca esperaría un cuento de hadas de tu parte, de todos modos —suspiré, dándome cuenta de que no hablaba sólo de algo escrito por él— Pero para tu gran suerte, me gustan las cosas perturbadoras y raras como el infierno, como tú.

—Perfecto. Y si se vuelve demasiado sólo deja de leerlo —me sonrió y tomó mi mano en su estomago, entrelazando nuestros dedos— ¿qué era lo que querías enseñarme, entonces?

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Oh, Dios. La hora de la verdad ha llegado. Necesito morir ahora mismo o sacarlo de mi sistema. Parece que está de buen humor y no quiero arruinarlo. Pero supongo que tengo que hacerlo.

—Espera ¿te quedarás aquí toda la noche? —No, tengo que irme en un rato ¿por qué?

Solté el aire, pero sinceramente no sabía si estar feliz porque debía irse y yo podía llorar por su enojo tranquilamente o molesta porque no tendríamos la oportunidad de arreglar las cosas.

—Necesito hablar contigo de algo importante y quería saber con cuánto tiempo contamos para ello —dije, parándome para poder canalizar mis nervios en movimiento. Él se movió hasta quedar sentado en la esquina de la cama, frente a mí, para tomar mis brazos y tranquilizarme— esto es serio.

—¿Qué tan serio? —probó, perdiendo la seguridad y soltando mis brazos.

—Muy, muy serio —cerré mis ojos un segundo y cuando los abrí Justin tenía el ceño fruncido y sólo estaba ahí, con sus ojos muy abiertos, esperando lo que fuera que le tuviera que decir— gatito, yo... no sé cómo empezar.

—Me estás empezando a preocupar —murmuró— sólo dilo.

—Si te dijera que quiero hacer el amor contigo ahora mismo ¿qué es lo que harías? —empecé, tanteando las cosas. Él me miró, confundido y se encogió de hombros totalmente fuera de combate.

—¿Es una pregunta con trampa? —puse los ojos en blanco y asentí— no sé ¿te diría que está bien? ¿Debería de hacerlo?

—Te voy a ayudar. Iríamos a la cama, nos quitaríamos la ropa, empezaríamos a besarnos... ¿y luego?

—¿De qué se trata esto? ¿Debería de encenderme o algo?

—¡No! Ugh ¿Pasó por tu mente tomar un condón? Imagínanos en la cama, listos para hacerlo... ¿tomarías un condón?

—¿Supongo? —contestó, mirando con confusión mi cara. Creo que eso no estaba yendo como yo había pensado— ¿puedes, por favor, sólo decirme lo que tratas de decir? No soy bueno para adivinar.

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—Nunca hemos usado condón, Justin... estoy embarazada. Bien, supongo que la manera directa es la voy a utilizar.

Pude ver el momento en el que dejó de respirar. Sus pupilas se hicieron pequeñas y su boca cayó abierta. Pasaron, a lo mucho, diez segundos, pero se sintieron como diez horas mientras retorcía mis palmas mojadas en mi pantalón de pijama y veía cómo Justin parpadeaba y tragaba saliva simultáneamente.

¿Qué estaría pensando? ¿Cuál sería su reacción? ¿Cuándo reaccionaría? ¿Donde dejaría caer su golpe? ¿Cómo de fuerte me gritaría?

—Di algo —exigí en voz baja cuando pasó demasiado tiempo para mí. Justin pareció reaccionar, levantando la mirada hacia mí, pero entonces apretó los ojos y se cubrió la cara con ambas manos, dejando descansar sus codos en sus muslos— por favor, di algo.

—¿Qué tan segura estás de esto?

—Bastante segura. Fui a un hospital y todo. Me hicieron exámenes, estoy de un mes.

Se levantó de golpe cuando terminé de decir "mes" y salté hacia atrás, asustada. Dios, llevaba mucho tiempo sin decir nada, me estaba muriendo de la anticipación. Me dio la espalda y sequé una vez más mis goteantes manos en mi pantalón. Estaba muy calmado, del tipo de calma que no era precisamente buena. Era como si la información no hubiera llegado a su cerebro aun.

—¿Por qué me haces esto? —preguntó con la voz ahogada, poniendo sus manos empuñadas en la pared y recargando su cabeza ahí. ¿Esa pregunta había sido para mí o para Dios?— ¡¿Por qué?!

—Yo no te estoy haciendo nada —me defendí, con la voz pequeña, haciendo que se despegara de la pared y se acercara a mí, con la mandíbula apretada. Una mala señal.

—Sí, lo haces —discutió, dejando que la incertidumbre llenara su rostro— dejaste que esto sucediera, sabiendo cómo soy y cómo vivo. No puedo creer esto, Anabelle, pensé que eras mejor, pensé que...

—¿Me estás culpando? —lo interrumpí, ofendida— ¿me estás jodidamente culpando? No es mi culpa. Es nuestra culpa. Y no es tu bebé, es nuestro bebé. Haremos esto juntos.

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Él negó con la cabeza sin ni siquiera dignarse a pensar en lo que dije, moviendo la boca como si estuviera hablando y parpadeando mucho, como si de repente tuviera un tic nervioso. Sus manos empezaron a temblar y su pecho a subir y bajar más fuerte de lo normal.

—¿De verdad, de verdad estás siquiera considerando esto? ¿Tener un bebé?

—El bebé ya está dentro de mí. Tenemos que considerarlo obligatoriamente, Justin —discutí, empezando a molestarme.

—No, no es posible. No es algo que debería estar en nuestras cabezas, nosotros no podemos tener hijos ¿qué demonios te pasa? —bramó y frunció el ceño hacia mí. ¿Qué parte de "el bebé está dentro de mí" no entendía? ¿Acaso no sabía cómo funcionaban los embarazos?

—Podemos hacerlo, lo sé. Es normal que estés asustado, pero...

—¡¿Pero qué?! —gritó de repente, haciéndome saltar del susto. Mierda, creo que empezó a enojarse de verdad— Anabelle, no soy estúpido, entiendo perfectamente lo que estás tratando de hacer, entiendo que lo quieras considerar, que lo quieras intentar. Eres una buena persona, eres tan linda y buena, pero no va a ser posible. Simplemente no puede ser posible, lo lamento muchísimo. Me gustaría ser un hombre diferente y darte el gusto con esto, pero soy yo, sólo yo, y no te puedo dar un hijo.

—¿De qué hablas?

—Estás de un mes solamente... estamos a tiempo —dijo con la voz baja, tranquilizándose y dejando de lado el enojo por un momento, logrando que sus ojos se pusieran suaves mientras se acercaba como si quisiera tomar mi mano— Anabelle, ni siquiera es un feto aun.

—Justin... —susurré, con la cara ardiendo por las lagrimas que empezaron a empañar mi vista y la garganta oprimida dolorosamente. Alejé mis manos cuando trató de tomarlas de nuevo— no estás hablando de abortar ¿cierto? Tú no dirías algo así ¿verdad?

—¿Tienes alguna otra solución en mente? —preguntó con la voz baja también, sarcásticamente— esto es lo único que podemos hacer.

—¿Lo único? —repetí con incredulidad, dejando que las lagrimas hicieran su aparición. Había estado esperando contar con ellas, en realidad. No me sorprendía mucho— ¿qué hay acerca de dejarlo nacer y ser sus padres?

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—Esa es la idea más estúpida de todas —negó, parpadeando sus ojos rojos— amor, por favor.

—¿Por favor, qué? ¿Por favor mata a nuestro hijo? —grité, apretando mis ojos para que las lagrimas se fueran sin tener que limpiarlas con mis manos sudadas, empuñadas a mis lados.

—¿Matar? ¡Todavía no es un maldito feto! —gritó de vuelta, como si fuera una tonta que no entiende. Sin saber qué decir para poder hacerlo cambiar de opinión, grité, pero con la boca cerrada, haciendo mi garganta doler, y apreté aun más mis manos— ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué lo tengamos? ¿De verdad?

—¡Sí!

—¿Pero por qué? —replicó, dejando que dos lagrimas se resbalaran por su cara y limpiándolas con su manga inmediatamente— ¿Sabes cuanto me he quejado con mi mamá por traernos al mundo? ¿Cuánto peleamos todos cuando se embarazó de Tayson y de Jordie? Yo no puedo hacer lo mismo que ella. No puedo traer niños al mundo y hacerles lo que ellos me hicieron a mí. Bebé, no estoy haciendo esto por mí, ni siquiera lo hago por ti. Lo estoy haciendo por... por la cosa que tienes dentro. Créelo o no, esta es mi manera de protegerlo.

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{capítulo;46}

Esperaba su rechazo, para ser sincera. Lo conocía, maldita sea. Sabía muy bien que él no iba a querer tener un hijo y menos a esa edad, pero realmente nunca pensé que él pudiera sugerir el aborto. Supuse que habría muchos gritos, mucho enojo, mucha culpabilidad y muchos lamentos pero que el día terminaría con un: "no importa, te amo y lograremos esto juntos". No fue el caso. Y yo no lo iba a aceptar.

—Vete —susurré, cuando me di cuenta de que no quería platicar más. No quería que él me dijera ninguna de las razones por las cuales quería matar a nuestro hijo, porque dentro de mí sabía que 50% de ellas me harían considerarlo— vete de aquí.

—No —negó con seguridad y trató de acercarse a mí de nuevo, parpadeando las lagrimas que se acumulaban en sus ojos— necesitamos hablar de esto y llegar a algo. Tengo que hacerte ver que, aunque suene realmente cruel, un aborto es la mejor opción...

—¡VETE DE AQUÍ! —grité histéricamente, sin poderlo soportar más. Cuando estaba en segundo año tuve que hacer una presentación elaborada acerca del aborto, vi miles y miles de fotos de los diferentes procedimientos, cada uno más horrible que el otro. Jamás haría eso— Ve a tu casa o a donde sea que tienes que ir y ni se te ocurra llamarme, no te voy a contestar. No quiero hablar contigo, no quiero verte ahora mismo.

Mis palabras siempre salen peor de cómo se escuchan en mi cabeza.

—¿Estás hablando en serio? —preguntó, con la voz bajita y otras cuantas lagrimas que se escaparon de sus ojos. Las limpió de nuevo y me miró como si estuviera muy herido, como si yo estuviera ahí diciendo que deberíamos de abortar al bebé en su vientre. Nosotros hablábamos todos los días. Todos, sin excepciones, aunque no tuviéramos nada de qué hablar, sólo nos quedábamos ahí, diciendo estupideces sin sentido y riéndonos de todo. Así que sí, el que yo no quisiera hablar con él era una gran cosa— no podemos dejarlo de esta manera. Estás enojada conmigo.

—Quieres matar a mi hijo. Sí, estoy enojada al respecto. 398 

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—Si lo pones así suena horrible, sólo no lo quiero dejar nacer. No es lo mismo, y al final de cuentas es lo menos cruel para hacer —replicó con algo de desespero en su voz y se acercó a mí, poniendo sus manos en mis mejillas y acercando su cara a mi mía con claras intenciones de besarme. Como siempre, su manera de arreglar las cosas. Cuando la situación se está poniendo seria y yo no parezco dispuesta a perdonarlo pronto, él me besa, me dice algunas cosas bonitas y yo de estúpida me olvido de que estaba enojada, pero no pasaría esa vez, no con algo tan serio como eso.

Me hice para atrás, quitando sus manos de mi cara y me rehusé a ver la cara de niño regañado que sabía que tenía. No podía caer cada vez.

—Es en serio, necesitas irte y pensar bien en esto —dije, sin mencionar nada acerca de lo molesto que lo puso que no aceptara su beso. Eso también era una gran cosa para él— y no hagas ninguna tontería esta noche.

Él respiró pesadamente por unos segundos, volteándose a la puerta sin decir nada más. Abrió la puerta con brusquedad y golpeó fuertemente con su mano la pared antes de salir, azotando la puerta de pasada.

Estar en una relación con Justin era básicamente como tener un hijo adolescente temperamental y difícil al cual deseas sexualmente... bueno, algo así pero sin ser tan perturbador.

Y hablando de perturbador, dejó su computadora en el despacho de mi papá y su historia debería de estar completamente impresa para entonces.

Iba a ir por ella para despejar mi mente un rato pero tocaron la puerta y Linda pasó. Había olvidado por completo que ella estaba aquí. Me había concentrado tanto en cómo Justin reaccionaría que no pensé nunca en cómo iba a decírselo a mi padre o a Linda. Y, por los gritos, supongo que ya se dio cuenta.

—¿Escuchaste? —pregunté, cuando cerró la puerta con su espalda. Se veía tan incomoda como yo me sentía. Asintió y tomé aire— lo siento.

—Él está mal —me dijo, ignorando mi disculpa y acercándose para tomar mi mano— tener un bebé puede sonar como el fin del mundo ahora, pero eso cambia cuando nace. No lo escuches. No importa que tan bueno sea su argumento, no puedes hacerlo. Y nunca escojas a un hombre por sobre un hijo.

Hablé con Linda cerca de dos horas. Resulta que había tenido un hijo una vez, pero murió a los siete años de cáncer, una completa lastima, considerando lo pequeño que era y lo mucho que me gustaría tener un hermano. Le comenté al respecto también, y no descartó la opción. Justin me mandó un mensaje que decía sólo "lo siento" cuando se calmó, supongo, pero no le respondí. Linda tenía razón y no podría

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estar bien con él hasta que aceptara que nunca abortaría a mi hijo y que me pidiera disculpas por sugerirlo.

Bajé al despacho de mi papá, tomé el montón de hojas de la impresora y la computadora de justin y subí a mi habitación. Primero navegué en su computadora un rato. Su historial sólo tenía paginas de información, no tenía nada de música o vídeos, sólo documentos de tareas, las únicas fotos almacenadas eran las que yo había tomado de nosotros o las que me tomaba a mí misma, y era consciente de que había borrado muchas donde salía él solo. Poco sabía él que las tenía guardadas en mi celular, también. Cuando terminé de ver las pocas fotos que tenía, suspiré, era aburrido que Justin no tuviera Facebook o Twitter y que no conociera a otras chicas con las cuales coqueteara, me gustaría ser aunque fuera un poco celosa y las únicas veces que eso pasaba era cuando mencionaba a Fabrizzia, la muerta.

La historia de Justin me empezó a poner de los nervios en la primera página. Y quiero decir, en el primer párrafo. Era acerca de un chico que se estaba debatiendo entre suicidarse o no mientras estaba en el balcón de su habitación, solo y drogado. Estaba narrado en omnisciente y era tan triste. Al final el chico decidió hacerlo, pero, usaré sus palabras y no las mías: «el suicidio era algo deplorable y pusilánime y él lo sabía, no le molestaba, sin embargo. Y no quería hacerlo de la manera fácil. No quería hacerlo rápido. Si él estuviera sólo buscando la muerte, se hubiera matado desde que descubrió que podía hacerlo. Él quería sufrir.» Así que el chico comienza un incendio en su casa, se amarra a sí mismo en una bisagra y su muerte es narrada con lujo de detalle. Lloré cuando el chico murió. Lloré porque era tan obvio que Justin había escrito a ese chico reflejándose a él mismo y no podía soportar leer los pensamientos que tenía, porque lo había escuchado decir en voz alta varias cosas que estaban ahí escritas cuando las cosas se ponían difíciles en las noches.

Había leído sólo cinco páginas y yo estaba llorando y abrazando mi almohada con la piel en punta y el corazón asustado; había encendido la luz de mi habitación porque estar nada más con la tenue luz de mi lámpara me daba miedo. La mente de Justin un lugar realmente turbio y aunque quería seguir leyendo, me dije que mejor esperaría a que hubiera sol y a no estar sola. Y le mandé un mensaje a Justin, sin poder sacar el suicidio que escribió de mi cabeza. Sabía que iba a estar mal en la noche y decidí darle algo para que no pareciera que estaba cerrándome a él.

"Piensa bien en ello y ven a platicar contigo mañana. No vuelvas a mencionar nada acerca de abortar si no quieres terminar castrado"

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{Justin}

—La casa está en la Cuidad Del Vaticano, muy cerca de nuestra casa de seguridad ahí —siguió diciendo Marco, con una grande sonrisa. Amaba saber algo que los demás no; no pasaba muy seguido, pero él amaba cuando eso llegaba a pasar— al parecer lo mataron en la casa, pero nadie lo dijo, por eso el dinero quedó ahí guardado. Son 100 millones de dólares, o euros, no lo recuerdo, pero sé que son 100 millones. Jeremy dijo que van a ir mañana por el dinero y repartirlo entre los dos. No discutieron ningún plan, supongo que es fácil.

—Yo quiero ir —dije, rápidamente— Es seguro ¿no?

—Creo —se encogió de hombros y lo miré mal. Lo mínimo que le pedía cuando se ponía de vieja chismosa era que escuchara bien— mira, estaba acomodado en un lugar pequeño e incomodo que no me daba buena audición y sus voces estaban lejanas, no te quejes, les dije lo más importante.

Estaba a punto de expresar lo idiota que creía que era cuando mi celular vibró en mi bolsillo. Volqué whisky en mis pantalones mientras lo sacaba, pero no importó, porque era Anabelle. Su corto mensaje me hizo respirar con tranquilidad de nuevo y me recosté en el sillón, con algo de alivio. El hecho de que me estuviera dando la oportunidad de hablar con ella era algo importante, sinceramente no creí que me dejara estar cerca de ella por un tiempo.

"Mañana tengo que ir a la Ciudad del Vaticano ¿vienes conmigo? Te prometo que no seré un idiota y no mencionaré eso de nuevo. Te amo"

Me levanté, llené mi vaso de nuevo y me dispuse a caminar hacia el apartado donde estaba mi papá y el señor D'evillet, para decirle que yo haría el trabajo. Era fácil y sonaba divertido. El señor Salvattori era como, mi ídolo. Y el hecho de que podía ir a la casa donde murió y tomar su dinero me resultaba tremendamente excitante. Además, sabía que mi papá aceptaría, él haría lo que fuera por no hacer lo que debía de hacer, como traer otro hijo al mundo o alguna cosa parecida.

Saludé al señor D'evillet, ignoré a la puta sentada en su regazo y me acerqué a mi papá. Ir al grano siempre funcionaba.

—Marco escuchó su platica acerca del señor Salvatorri —empecé, haciendo que mi papá riera sin soltar el puro en su boca y que el señor D'evillet chasqueara los dientes.

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La noticia no era exactamente una sorpresa— quiero ir. Yo solo. Sabes que puedo hacerlo.

Mi papá se acomodó mejor y me miró unos segundos con una leve sonrisa de lado.

—¿Por qué quieres hacerlo?

—Siempre he querido ir a esa casa —admití— además, creo que será divertido. Y es seguro ¿no?

—Eso creemos, aunque no podemos estar completamente seguros. Tendrás que estar alerta, aunque no lo considero un problema —aspiró fuertemente y luego dijo, soltando humo con cada palabra— puedes ir. Saldrías mañana a las diez de la mañana y tendrías que estar de regreso a las dos de la tarde, más tardar, considerando que te quedarías a comer algo y turistear un tiempo. El dinero podría estar en cualquier lugar de la casa y no creo que sea mucho problema cargarlo al auto.

—¿Puedo llevar a Anabelle?

Él lo pensó un segundo, negó primero, pero cuando abrí la boca para quejarme dijo: —Está bien, muchacho molesto, llévatela. Pero cuídala mucho, no hagas nada estúpido

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Acomodé con esmero la cocaína en mi escritorio haciendo la inicial de Anabelle y luego la aspiré. Sonaba espeluznante, pero lo hacía más interesante para mí.

Me senté en el piso, recargado en mi pared, con mis rodillas hacia arriba y tapé mi cara, tallándola con fuerza cuando sentí polvo en mis manos. Quería jodidamente dejar de hacer eso, quería tirar toda la cocaína que tuviera guardada y no volver a tomar más, pero cada vez se hacía más difícil. Estrellé mi cabeza contra la pared con frustración y aunque no lo hice tan fuerte, la pared vibró y una foto se cayó. Me estiré para recogerla y maldije cuando vi el cristal partido. Realmente no me gustaba cambiar nada en mi habitación, ni siquiera si se trataba de quitar una estúpida foto de mí mismo cuando tenía once.

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Mientras miraba mi foto, donde salía sonriendo de la manera más ridícula posible con mis dientes chuecos y mi cabello cubriendo la mayor parte de mi frente, no podía dejar de pensar en cuanto se parecía Tayson a mí. Era asombroso. Y entonces empecé a pensar en, si llegaba a tener un hijo con Anabelle (no es que me gustara la idea, pero tenía que empezar a aceptarlo) ¿el engendro se parecería a mí, así como Tayson lo hacía? ¿O se parecería más a Anabelle, con sus ojos verdes? ¿Y si llegaba a ser una jodida niña? No, no había manera. Dios no me odiaba así de mucho ¿cierto? No, creo que no. Debía ser un niño. Un gritón, llorón y malditamente molesto niño que crecería conmigo siendo su padre, que mala suerte.

No podía dejar de pensar tampoco en que si yo todavía estuviera con Fabrizzia y algo así pasara, ella no hubiera esperado a decirme. Ella hubiera abortado sin pensarlo dos veces. Eso era lo que me gustaba de ella, Fabrizzia entendía. Fabrizzia sabía lo que convenía mejor, ella sería consciente de que haríamos sufrir menos al engendro haciendo eso que dejándolo vivir nuestra vida de mierda. Pero Anabelle no tenía idea, después de todo lo peor que le pasó en su niñez fue crecer como una niña pobre, como si eso fuera la gran cosa. Ella, después de todo, seguía siendo positiva. Ella no había visto de primera mano las cosas que la gente como nosotros estaba dispuesta a hacer. Ella no tenía ni idea de las cosas que podían pasar si teníamos un niño entre nosotros. El nieto de Dio, hijo de uno de los mil Bieber y la Princesa. Ese niño estaría en el ojo de cualquiera que quisiera hacernos algo. Además, ya tenía suficiente con Jordie ¿por qué tenía ahora que preocuparme por esa cosa? Era tan injusto. Y sabía que era mi culpa por no recordar nunca usar un condón, pero no me gustaban esas mierdas, supongo que debimos buscar otra cosa para cuidarnos, pero nunca pensé en eso.

Definitivamente no nos veía como padres. No nos imaginaba en el parque paseando con un niño revoloteando y pájaros en el fondo cagando por todos lados. Odiaba los parques. No nos imaginaba leyendo lindas historias sentados en la cama con el engendro y besando su frente y mierda. No nos imaginaba así, no éramos una de esas parejas lindas. Anabelle podría funcionar como madre, era linda y tierna y la imagen de ella con una gran panza no resultaba repugnante. Pero ¿yo? Yo sería el mayor fiasco de todos los tiempos. Sería peor que mi propio padre; al menos él fingió ser normal y amoroso por doce años. Yo no podría hacerlo. Yo no podría hacerle creer a un niño que su vida es perfecta y que lo será para siempre, darle todo lo que podría querer y luego, cuando cumpla doce años, destrozar su mundo y hacerlo matar gente o torturar a alguien. No podría soportar escucharlo llorar por eso o ver cómo poco a poco se va destruyendo por mi culpa ¿por qué Anabelle no podía entender eso? De cualquier manera, las cosas pasaban por algo. Y si ella quería quedarse con el engendro, tenía que aceptarlo.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

Llegué por Anabelle a las ocho de la mañana, lo cual fue una muy mala idea, considerando que quizás durmió la noche anterior y que ella odiaba, realmente odiaba despertarse temprano, lo que quería decir que probablemente tendría un humor terrible todo el viaje, lo que no ayudaba a nada a mi causa.

Linda no me abrazó cuando me vio, como lo hacía siempre, lo cual fue algo raro. Ella sólo se quedó mirándome mientras me sentaba en la sala a esperar por Anabelle. No era exactamente una buena mirada, como las que me daba a veces, era más una mirada de "estúpidos hombres" que mi mamá nos daba muy seguido ¿qué demonios le pasaba a esa mujer? Nunca me había visto de esa manera. Podría jurar que le caía bien.

—¿Pasa algo? —pregunté, cuando no pude soportar más su mirada de odio. Ella levantó una ceja con desdén y se cruzó de brazos.

—Depende. ¿Sigues esperando a que Anabelle aborte a tu hijo? —atacó, sin parecer intimidada por mí en lo absoluto. Pocas veces pasaba pero sentí la sangre caliente precipitarse a mis mejillas y la miré con vergüenza, luego negué con la cabeza porque ¿qué más podía hacer? Ella lo sabía— ¿Ya les dijiste a tus padres del embarazo?

—No los he visto, pero no creo que tengan problema con eso —contesté, acomodándome mejor en el sillón. Linda podía ser amenazante cuando se lo proponía. Sus ojos no se separaban de los míos y parecía que me tenía más y más desprecio con cada palabra que salía de mi boca— tuvieron a Joe cuando tenían 16, así que.... además mamá morirá de felicidad y yo... lo siento, no sabía que hacer. Estaba asustado.

Su postura se relajó un poco y escuchamos los pasos pesados de Anabelle en el techo.

—Es entendible, cariño —suspiró— sólo no lo vuelvas a sugerir. Ninguna mujer respetable aceptaría hacer algo así, necesitas superarlo si no quieres perderla. Si se trata de elegir, ella elegirá siempre a su hijo.

Anabelle me dijo hola sin abrazarme ni acercarse mucho a mí. Sus ojos se veían soñolientos y su cabello estaba despeinado. Y lucía hermosa sobre todo porque estaba enojada conmigo, por lo del día anterior y por despertarla temprano. No sabría decir si era porque ella estaba creciendo y madurando o porque cada vez la amaba más pero se iba haciendo más y más hermosa con el tiempo, y más cuando estaba enojada conmigo. Eso siempre sería mi fetichismo sexual o como sea que eso se llame. Tenía puesto un

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vestido, como de costumbre. Era verde esmeralda y uno de mis favoritos. Anabelle usaba más el color esmeralda en su ropa desde que le dije que era mi color favorito en ella, y siempre se vestía con vestidos cuando salíamos porque sabía que los amaba. Tenían fácil acceso y eran fáciles de quitar, además dejaban a la vista sus preciosas piernas. Eran mi prenda favorita, lo único que superaba los vestidos era cuando lograba tenerla sin nada encima.

Ella traía un montón de hojas en las manos cuando se subió sin esperar a que yo le abriera la puerta a mi nuevo Bugatti negro, un regalo de mí para mí. Lo rodeé y entré, odiando la tensión inmediata. Ella se había puesto el cinturón y había acomodado el asiento hacia atrás, con las hojas en su regazo, dispuesta a ignorarme durante todo el viaje. Vaya mujer terca.

—Deja eso y convive —ordené unos minutos después, desesperado. Ella estaba sosteniendo una hoja frente a sus ojos con la mano derecha y mordiendo la uña del meñique de la izquierda. Fuera lo que fuera que estuviera leyendo, la estaba poniendo ansiosa.

—Es tu historia —replicó con molestia, poniendo los ojos en blanco, pero acomodó las hojas y las dejó en el piso de todos modos— pero quieres convivir, sorpresivamente, entonces bien, convivamos ¿cómo te va?

No pudo haber sonado más sarcástica ni aunque lo hubiera intentado con todas sus fuerzas.

—Mal. Verás, mi novia está embarazada...

—¿En serio? Vaya, felicidades ¡Que maravillosa noticia! Debes estar muriendo de la felicidad, me imagino.

Bueno, ahora sí no pudo haber sonado más sarcástica.

—No, no lo estoy —admití, ganándome un suspiro molesto de su parte. No estaba empezando bien, pero necesitaba que ella supiera mis razones— si nosotros fuéramos una pareja diferente, y tuviéramos una vida diferente, estaría emocionado por esto, pero no lo somos. Ella necesita darse cuenta de eso. Yo soy una basura psicótica ¿crees que voy a ser un buen padre? No, imposible. Voy a tratar, claro, pero no creo lograr mucho. Soy como el ejemplo viviente de todo lo que no quieres que tu papá sea.

—¿Por qué? —preguntó, frustrada— eres tierno y amoroso...

—Sólo contigo, maldita sea —la interrumpí— soy un drogadicto matón con mal genio, no tengo ni una pizca de paciencia. Los niños requieren un montón de paciencia. Odio escucharlos llorar y odio cuidarlos y preocuparme por ellos y son tan

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jodidamente pequeños y frágiles, cualquier cosa les puede pasar ¿qué si me da por golpearlo alguna vez si me pone demasiado histérico? Me sentiría horrible después. Él me odiaría. Realmente no quiero que me odie.

Siento que estoy siendo contradictorio, pero nunca he sido muy coherente de todos modos.

—Nunca me has golpeado a mí, sin contar ese día, y eso es un milagro, considerando lo enojado que te pongo siempre —dijo, y la miré rápidamente, tratando de lastimarla con la mirada por decir algo así, sintiéndome entre ofendido y verdaderamente irritado. Nunca jamás volvería a poner una mano en ella y esperaba que lo supiera— y eso es porque me amas. Y aunque no lo creas, vas a amar a nuestro bebé, también. Tú no lastimas a la gente que amas ¿te acuerdas?

—Sé que lo voy a amar, lo sé —murmuré— el mayor problema aquí es que no quiero que pase por las cosas que nosotros pasamos. No quiero que tenga que ser esta cosa que soy cuando crezca o hacer algo de lo que yo tengo que hacer. Y tendría que serlo, porque es lo que pasa en nuestra familia, es lo que somos. Mi bisabuelo lo fue, mi abuelo lo fue, mi padre lo es, yo lo soy y él también tendrá que serlo. Así tienen que ser las cosas.

—¿Y si es una niña? No podría ser una niña. Me negaba a siquiera pensar en eso por un segundo. —No lo será. —¿Pero y si lo es? Justin, es posible, no seas absurdo.

—Si lo es no tengo idea de qué pasara. Pero no es posible. Todos siempre hemos sido hombres. Jordie es la primera niña Bieber que nace en mucho tiempo. No creo tener tan mala suerte como para que eso me toque a mí también —dije, y cuando ella me miró mal de nuevo, me vi en la necesidad de añadir—: recuerda lo que te dije de las mujeres. El primer punto rojo. Ese bebé ya va a ser lo suficientemente requerido por cualquier enemigo sólo por su sangre como para que además sea una mujer. No se puede tener tan mala suerte junta en esta vida, Dios no es así de cabrón.

Ella suspiró y dejó caer la cabeza. Lo estaba entendiendo, por fin.

—Teníamos planeado irnos a vivir a un lugar con playa, deberíamos seguir con ese plan, Justin. Irnos, empezar una nueva vida y...

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—Eso era diferente, cuando sólo éramos tú y yo. Nos iríamos, pero no huiríamos para siempre. Tengo una obligación con mi familia, Anabelle, puede que no me guste esta mierda pero no puedo dejarlos.

Si pudiera, lo hubiera hecho hace mucho tiempo.

—Tenemos ocho meses para descubrir lo que vamos a hacer... ¿podemos dejar de hablar de esto por un segundo? Estoy empezando a estresarme.

Acepté con mucho gusto, realmente no quería hablar de eso tampoco. Ya tendríamos mucho tiempo para esa platica, así que hablamos acerca de mi historia. Le gustó, según ella, y aunque iba empezando, ya le daba miedo. Creo que eso era algo exagerado; quiero decir, sí, era extraña, pero no era de miedo, era simplemente perturbadora, pero, ya sabes, de una manera algo realista. Anabelle dijo que tenía talento para escribir y que debería estudiar algo de escritura. Exploté en risas cuando dijo eso porque ¿yo, siendo un escritor? Quiero decir, era divertido y todo, pero no tenía tiempo para eso y me cansaba mucho, además ya tenía un trabajo. Era ilegal y todo pero ya hacía eso, no quería gastar mi tiempo haciendo otra cosa que no necesitaba.

✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

La casa del señor Salvattori, al contrario de lo que supuse todo el tiempo, era horrible. Esperaba encontrarme con un maldito palacio, considerando lo ostentoso que ese hombre era, y su casa resultó ser pequeña, vieja, sucia y fea. Bufé con decepción mientras estacionaba el Bugatti en la cochera de un sólo auto y miré con sospecha a los cuatro tipos sentados en el jardín seco del vecino que entrecerraron sus ojos hacia el auto con algo peor que la hostilidad y empezaron a hablar, muy juntos.

—¿A qué venimos? —preguntó Anabelle cuando salió del coche. Cierto, olvidé mencionarle el propósito del viaje.

—Tomaremos algo de dinero y listo —contesté sin darle mucha importancia al asunto, llegando a su lado y tomando su mano para caminar con ella hacia la puerta de madera de la entrada. Saqué de mi bolsillo la llave que mi papá me dio y abrí la puerta, con algo de dificultad porque era realmente pesada— Oh, mierda.

Lo primero que nos golpeó en la cara, al segundo que abrimos la puerta, fue la peste. Pura y horrorosa peste. Olía a putrefacción pura, a mierda, a vomito, a todas las

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cosas asquerosas del mundo combinadas. Anabelle tuvo arcadas un momento y yo apreté mi cara, negándome a vomitar, pero mis ojos lloraban y mi estomago estaba revuelto.

Dios, ayúdame y quítame el olfato un rato.

Jalé el brazo de Anabelle y cerré la puerta detrás de nosotros, sin querer perder mas tiempo con eso. El dinero debería estar en un lugar cercano y no deberíamos tardarnos más de dos minutos en tomarlo. Perder el tiempo contemplando lo mucho que apestaba no nos iba a ser de mucha ayuda.

Cuando mi mente logró concentrarse de nuevo me di cuenta de todo a mi alrededor, mientras Anabelle seguía tratando de no vomitar y cubriendo su nariz.

Lo primero que noté era que había cuerpos muertos por todos lados y sangre por el piso como si se tratara de una fuga de agua. Eran cinco hombres: uno tirado en el piso, muy cerca de nosotros, uno en el sillón, con la cabeza colgando en un ángulo antinatural y la lengua hinchada, uno medio sentado, recargado en la pared, dejando un camino de sangre desde donde su cabeza destruida debió haber llegado. Otro en las ostentosas escaleras doradas con un arma en la mano cuya camisa, originalmente blanca, estaba casi completamente roja y otro debajo de un mueble blanco, con sus manos y pies amarrados y el cuerpo completamente morado. Lo siguiente que pude ver fue que la casa era tan, tan genial. Salvattori no podía decepcionarme, lo sabía. Me odié por dudar de él. Las paredes eran de mármol blanco, blanco y brillante (menos las que estaban manchadas con sangre, por supuesto), los sillones eran de cuero negro, los muebles blancos y todo lo demás era dorado, no dudaba ni un poco que fuera oro y no sólo pintura dorada. Los extravagantes marcos de fotos, las lámparas, los floreros, el pasamanos de las escaleras y casi todo lo demás. "Oro, oro, oro" era en lo único que podía pensar mientras admiraba la decoración. Nadie que viera el interior de esta indudablemente costosa casa pensaría que tendría un exterior tan deplorable, lo cual había estado perfectamente calculado, supongo. La tercera cosa que noté fue el dinero, estaba en las escaleras. Había una maleta negra cerrada en el penúltimo escalón de arriba, una maleta abierta y un montón de dinero suelto, mucho de él en la sangre del tipo muerto ahí. La cuarta cosa que noté fue lo mal que se puso Anabelle cuando vio los cuerpos y la sangre. No la culpaba, para ser honesto, la vista era completamente grotesca e intolerable, sin mencionar la peste, incluso para alguien como yo, que había visto cosas así muchas veces.

—Te espero en el auto —dijo, tapándose la nariz y la boca y tratando de abrir la puerta. Negué con la cabeza y tomé su mano para que dejara de intentarlo.

—No puedes salir, hay tipos raros afuera —grazné, luchando con los retortijones de asco en mi estomago— lo haré rápido. Cierra los ojos.

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{Anabelle}

Nunca había tenido el infortunio de aspirar algo tan JODIDAMENTE HORRIBLE, estaba completamente segura de que mi olfato se quedaría dañado para siempre, nunca volvería a ser la misma después de eso. Cerré mis ojos y tapé mi nariz, tratando de respirar por la boca lo menos posible mientras Justin se hacía paso por entre los cuerpos para ir por el maldito dinero. Traté de no pensar en los cuerpos a mi alrededor pero era imposible. Aun estaba asustada por la macabridad que Justin escribió y el fantasma del chico quemado como para que además me llevara a esa casa, con toda esa gente muerta. Todos los fantasmas de esos tipos debían de estar ahí encerrados, respirando en mi maldita nuca. Era como una película terror. La vida de Justin era como una película de terror, seguía sin extrañarme que estuviera tan jodido después de ese tipo de cosas.

—¡No, joder! —gritó Justin de repente y luego dio un gruñido salvaje que me obligó a abrir los ojos y mirar hacia él con miedo. Supongo que por su grito me esperaba algo maniaco atacándolo sin piedad pero sólo estaba mirando sus manos con asco y apretando sus ojos con repulsión— la sangre tiene gusanos.

Jadeé y torcí mi cara, incontrolablemente volteé hacia el tipo en el piso más cercano a mí y busqué por gusanos. Efectivamente, su hinchada y horrible mano tenía algunos gusanos. No lo pude evitar, el vomito llegó sin aviso y cayó sin permiso sobre el costoso piso.

Sin duda era la cita más romántica de todos los tiempos.

—Ya casi termino, ya casi —murmuró Justin, como para sí mismo, metiendo con mucha rapidez y sin nada de cuidado los billetes a la maleta abierta sin importarle que tuvieran sangre. Supongo que se podían limpiar o algo.

Mi celular vibró en el bolsillo de mi vestido unos segundos después y lo saqué rápidamente. Era un mensaje de André.

"El estúpido no contesta. Se tienen que ir de la casa AHORA, no importa si no tienen el dinero"

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No me gustó como sonó ese "AHORA", eso sólo decía que había que irnos inmediatamente, y por algo importante.

—Justin, André dice que tenemos que irnos ahora y que no importa que no tengamos el dinero —grité con desespero, haciendo eco por toda la casa. Justin sólo asintió y siguió metiendo el dinero con más potencia— ¡Tenemos que irnos!

Él gruñó y dejó el poco dinero que quedaba en el piso, tomó el arma en la mano del tipo, haciendo tronar sus dedos tiesos, cerró la maleta y se levantó, dispuesto a correr hacia mí, pero supongo que las suelas de sus Supra tenían sangre porque se resbaló a los tres escalones y cayó fuertemente de culo, tocando el cuerpo del tipo para detenerse inevitablemente y alejándose con un pequeño grito de auxilio. No era un momento indicado, pero no pude evitar la risa cuando vi eso. Fue demasiado gracioso ver al gran Justin YoLoHeVistoTodo gritar así.

—Oh, no, tengo sangre engusanada en mi culo —lloriqueó, haciendo una tierna mueca de dolor absoluto, levantándose de nuevo y corriendo hacia mí con las manos llenas— sólo abre la puerta. Vámonos.

Di una media vuelta y jalé la puerta con esfuerzo. No sólo se veía pesada sino que estaba realmente pesada, así que me llevó casi un minuto abrirla, y entonces pudimos correr al auto de Justin. Aventó las maletas a los asientos traseros y se acomodó rápidamente. Cuando encendió el auto, salió de la otra casa uno de los tipos que estaban afuera cuando llegamos. Estaba hablando fuertemente en italiano por un celular y tenía un arma en la mano. Justin salió de reversa, más rápido de lo necesario pero aun así tardándose mucho más de lo que me gustaría mientras el tipo escuchaba lo que le decían y movía el arma con desespero.

Antes de que pudiéramos irnos lejos de él, quitó el celular de su oreja y disparó sin cuidado, dándole al piso y no a nosotros. Grité por el susto, apreté el cinturón con miedo, y nos fuimos de ahí realmente rápido antes de ver si el tipo se había subido a la camioneta en la cochera o no.

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{capítulo;47}

—OhPorDiosOhPorDiosOhPor...

—Tranquilízate —ordenó Justin con la voz dura y molesta, entrando a un modo de concentración y respirando fuertemente, como si se negara a que algo lo perturbara. Me acomodé en el asiento y miré hacia atrás, con miedo. Primero la calle detrás de nosotros estaba completamente sola y justo cuando ya iba a soltar el aire con alivio, la camioneta del tipo de la pistola apareció detrás de nosotros y solté un gemido— ¿qué pasa?

—Nos están siguiendo —anuncié con el pánico entrando en mi sistema inevitablemente, apretando el asiento con todas mis fuerzas y rezando que se les ponchara una llanta de repente o algo así— creo que vamos a morir.

—No vamos a morir —me regañó Justin y respiró profundamente, acelerando el auto y entrando a una calle más pequeña que la otra, por donde sólo cabía un auto y las banquetas, llenas de gente, eran muy angostas. Estúpida ciudad pequeña. Me mantuve mirando a la camioneta, los dos tipos estaban discutiendo, al parecer muy acaloradamente. Unos segundos después el que estaba en el asiento del copiloto hizo una cara de derrota, bajó la ventana y, sin parecer seguro de lo que hacía en lo absoluto, sacó un arma apuntando hacia nosotros y grité, molestando a Justin— ¡Cierra la boca!

—Tiene un arma —lloré, y empecé a respirar con dificultad.

¿Tendría un ataque de hiperventilación? ¿Sería posible que tuviera uno ahí mismo, por primera vez? Estaba en una persecución, tenía derecho a hiperventilar.

—Toma esta y dispárale —me ordenó Justin levantando el arma que le quitó al hombre muerto en las escaleras. Estaba a un segundo de negarme, pero un balazo inesperado me interrumpió. Salté en mi asiento, apretando todo mi cuerpo y le arrebaté el arma a Justin, queriendo ignorar que hace menos de quince minutos estaba en la mano de un tipo muerto— por la ventana.

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¿Cómo era posible que quisiera que sacara mi cabeza por la ventana y que le disparara a la camioneta? ¿Acaso recordaba que no tenía ni el mínimo requerido de puntería? ¿Cómo fue que terminé en una situación así? Yo debería estar en mi casa, tranquila, no siendo perseguida ni disparándole a nadie. Era la última vez que aceptaba una cita de Justin.

Temblando como nunca y sintiendo que me llenaba de adrenalina, cargué el arma y bajé el vidrio. No había habido otro disparo de su parte, pero cada vez se acercaban más, incluso cuando el auto de Justin era rápido como el demonio. Saqué mi torso, llamando la atención de todas las personas que andaban caminando por ahí y entonces el copiloto disparó otra vez, dándole al piso y haciendo que todos gritaran. Era un tipo joven, como de mi edad o más pequeño y, a juzgar por su cara, era igual de inepto con un arma que yo y, tomando en cuenta la cara de frustración del conductor, estábamos en la misma situación. Respiré muchas veces con la boca y tomé el arma con las dos manos antes de disparar, esperando no lastimar a ningún inocente. Yo había apuntado al cristal pero la bala se fue por sobre su camioneta sin problemas.

El chico con la pistola dijo algo con el rostro deshecho y el otro tipo lo regañó, haciendo que volviera a sacar su mano y disparara con los ojos cerrados, dándole de nuevo al piso pero ahora muy cerca de nosotros. Otro de esos y le daría a una llanta.

Tragué con miedo y cerré los ojos un segundo, haciendo una rápida oración antes de poner mis dedos en el gatillo y disparar de nuevo. Justo cuando la bala salió y penetró el cristal, Justin pasó por un maldito tope. Con la velocidad que iba, hizo que mi cuerpo medio de fuera brincara, lastimando mi espalda y haciendo que soltara el arma.

Definitivamente no servía para eso.

—Tengo una buena y una mala —dije, sentándome bien de nuevo y lamiendo mis labios resecos— la buena es que les di en el cristal y la mala es que se me cayó el arma.

Justin suspiró con frustración y negó con la cabeza antes de voltear a verme. —¿Y mataste a alguien?

—No, pero los asusté, se quedaron parados unos segundos —dije, como si eso ayudara en algo. Él negó de nuevo y volteó su torso para ver hacia atrás, lo cual fue una mala idea porque todavía estábamos en la calle transitada y la gente se paseaba por todos lados, como si un auto no viniera casi volando hacia ellos— ¡los ojos en la carretera, Justin!

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Justin se volteó de nuevo y volvió a tomar bien el volante. Miré hacia atrás y la camioneta todavía no se acercaba de nuevo a nosotros. Entramos a otra calle y un estúpido señor decidió que era una buena idea acercarse a cruzar en ese momento. Lo golpeamos inevitablemente y tan rápido que ni siquiera lo notamos hasta después.

Oh, no. Atropellamos a un señor.

—Dijiste que este viaje era seguro —gemí, llevando mis manos a mi cara y apretándolas ahí, porque estaba tan asustada. Otro balazo me hizo saltar pero no grité esta vez.

¿Se estaban acercando de nuevo? No lo quería saber. Me quedé echa un ovillo por varios minutos, negándome a reaccionar cuando disparaban, sin darnos ni una vez, o cuando justin daba vueltas de muerte.

—Son tan estúpidos —murmuró Justin, con una sonrisa de triunfo mientras miraba hacia atrás de nuevo, un segundo— se quedaron atrás ¿los viste? Son unos niños, no tienen idea de lo que hacen. Tenemos suerte.

Me limpié las lagrimas y saqué mi celular, sin poder controlar lo que sentía, y sin entender cómo era que Justin no se sentía ni un poquito culpable de llevarse a ese pobre señor probablemente ciego de corbata. Llamé a emergencias.

—Acabo de atropellar accidentalmente a un hombre —dije en cuanto contestaron, con la voz estrangulada. Justin me miró sin poder creerlo. La señora en la linea dijo algo en italiano y luego me pasó con otra mujer, que me hizo repetir lo que dije.

—¿En qué calle?

—No sé —lloré, Justin me arrebató el celular y colgó, mirándome como si fuera realmente estúpida— Justin...

—Había mil personas a su alrededor, quinientos de ellos ya llamaron a una ambulancia, tonta, además nadie va a venir de Roma hasta acá sólo por eso, cuando hay un hospital aquí.

Justin se metió a otra calle igual de pequeña y se metió a la cochera de una casa. No había señales de los chicos aun, pero mi cuerpo seguía bombeando adrenalina. Cuando pude respirar bien de nuevo, esta vez sin miedo, o bueno, sin tanto, me di cuenta de que olía casi tan mal como en la casa y abrí la puerta del auto para vomitar de nuevo. No sabría decir si era por el embarazo o por las cosas que mi novio me hacía pasar.

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✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️✖ ️

—¿Qué es? —preguntó mi papá, irrumpiendo en mi habitación de la nada, haciéndome chillar del susto. Realmente necesitaba decirle a la gente que no llegaran así hacia mí si no querían causarme un infarto. Acomodé las hojas de la historia de Justin en el piso y cerré su computadora, escondiendo la pagina de consulta de embarazos que estaba ahí a toda luz— vamos, niña, que me tienes completamente desesperado.

Tomé aire profundamente y me levanté. Había llamado a mi papá hacía dos horas, diciéndole que tenía algo muy, muy importante que decirle y hasta ese momento se me ocurrió que era una mala idea. Debí mejor dejar que mi panza creciera y así él se diera cuenta de lo que estaba pasando por sí solo.

—Papi —empecé, con la voz bajita y calmada— siéntate en la cama y respira profundamente. Esto puede ser...

—Sólo dime de una maldita vez qué está pasando, Anabelle —me exigió, así que me preparé para decirselo, pero él no me dejó. Gruñó y preguntó, con esa voz de muerte:— ¿estás embarazada?

Jadeé y lo miré con los ojos muy abiertos ¿cómo demonios se había dado cuenta?

—¿Linda te lo dijo? —pregunté con voz chillona, haciendo que su cara se deformara con enojo.

—¡¿Estás embarazada?! —rugió de nuevo, asustándome— ese pequeño cabrón. Ese. Pequeño. Cabrón...

—No es su culpa —me apuré a defenderlo, totalmente asustada de lo que podría hacerle— bueno, sí lo es, pero también es mi culpa, si nos ponemos técnicos. Por favor no le hagas nada.

—¿Qué no le haga nada? ¡Ese maldito... —tomó una larga respiración y pasó sus manos por su cabello varias veces. Esperé pacientemente a que se recompusiera un poco y lo hizo, eventualmente— ¿planeas tenerlo?

¿En serio? ¿Él también?

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—No voy a abortar, papá. No lo voy a hacer. Ya tuve una pelea con Justin por eso y no quiero pelear contigo también —murmuré con amargura, y su enojo pareció irse un poco.

—Al menos el chico es inteligente —masculló por lo bajo y suspiró, dejándose caer en la cama con derrota, luciendo diez años más viejo de repente— ¿Sabes lo difícil que es criar un niño cuando tienes la vida que tenemos? Justin lo sabe. Yo lo sé. Tuve que jodidamente huir de país en país para protegerte ¿quieres pasar por lo mismo? No quiero sonar exagerado, mi niña, pero esto es mucho más horrible de lo que crees. Tu hijo sólo por ser tu hijo, hijo de Justin, mi nieto, nieto de Jeremy... ese niño va a ser odiado. Verdaderamente odiado.

—Pero.... —susurré— pero no quiero matarlo, papá. Yo lo quiero tener. —¿Y no has pensado en otra cosa, otra solución. Algo como... adopción?

{Justin}

Cuando recibí el mensaje de Anabelle diciendo: "mi papá lo sabe, quiere hablar con nosotros. No quiere matarte, tranquilo" me puse de todo menos tranquilo. Una cosa era aceptar que fuera el novio de su hija y otra muy diferente era aceptar que me acostaba con ella y que además la había dejado embarazada. A los diecinueve años. Tallé mis ojos después de dormir por cinco horas y me cambié rápidamente antes de bajar las escaleras corriendo, directo a ver a mi suegro. Directo a mi muerte.

—¿A donde vas con tanta prisa? —me preguntó mi mamá de la nada, deteniéndome— ¿no nos vas a saludar? Cociné profiteroles...

Respiré, tranquilizándome un poco y me acerqué a abrazarla y besar su mejilla. Por fin estaba en casa. Por fin podría hablarle acerca del embarazo. Y no tenía mucho tiempo, así que fui al grano.

—Tengo que ir a ver al señor Ferré. Yo... mamá... nosotros.... Anabelle está embarazada.

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Su boca cayó abierta con incredulidad por unos segundos y luego sonrió más grande que nunca y se estrelló contra mí, apretando mi cintura con fuerza. Empezó a murmurar cosas sin sentido acerca de lo contenta que estaba de que fuera a ser papá. Y lo raro que era que yo fuera el primero de todos mis hermanos en serlo. Después de todo era el más pequeño, sin contar a Tayson y a Jordie. Supongo que Dios me odia.

Logré salir de sus garras y escapar para llegar rápido a la casa de Anabelle. Mientras más rápido acabáramos con el asunto, mejor. Sólo esperaba que él no estuviera muy enojado conmigo.

—Siéntense —ordenó con fuerza el señor Ferré con la voz más dura que de costumbre, haciéndome temblar un poco. Carraspeé y tomé asiento a un lado de Anabelle en la mesa, frente a su padre. Su muy, muy enojado y muy poco amigable padre.— Bueno, mi hija me ha puesto al tanto de que tiene un mes y de que todo está bien, ahora que cubrimos lo importante, me gustaría saber algo como ¡¿por qué mierda no se preocuparon en tomar un jodido condón?!

Oh, Dios, haz que pare de gritarme. La cara de Anabelle no podía estar más roja mientras susurraba: —Realmente no quiero hablar de esto contigo.

—¡Pues yo sí! —gritó de repente, haciéndome saltar hacia atrás. Estaba al borde de algo malo— Dime, Justin, dime qué pasaba por tu mente... no, miento, no quiero saber eso. Sólo dime porqué no se te ocurrió tomar un condón, tú que sabes cómo es esto de difícil, que has tenido que vivir con tu madre preocupada todos los días. Tú que eres tan cuidadoso con todo lo que te pasa, joder ¿cómo pudo esto haber pasado?

—Señor, yo... yo no sé —contesté, como un niño inepto— no sé, se me olvidó. —Papá, pensé que ya habíamos pasado por esto...

—¡No! ¡Tienen que saber lo estúpidos que fueron, joder! No pueden criar un niño. No pueden criar un niño en Roma en este momento y mucho menos siendo quienes son, no si quieren que viva más de un año.

Oh, vaya, eso fue crudo y directo. Esperemos que Anabelle reciba el mensaje.

—Tienes razón. Yo... yo creo que tú y Justin tienen razón en eso, digo, hoy estuvimos a nada de morir, no podemos cuidar a un niño si no podemos ni siquiera cuidarnos a nosotros mismos —respondió ella, entrando en razón por primera vez en mucho tiempo y tomando con fuerza mi mano— por eso la idea de la adopción me suena bien, pero... pero no con cualquier persona.

—¿A qué te refieres? —preguntó el señor Ferré, pero yo sólo me quedé ahí, perdido ¿adopción? ¿Cuando había decidido eso? ¿Planeaba decírmelo algún día?

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—Espera, ¿adopción? Sería una buena cosa que me preguntaras antes de tomar decisiones así, también es mi hijo.

—Hace días querías matarlo, disculpa si no creo que de verdad te preocupes por tu hijo.

—¡Claro que lo hago! —repliqué molesto, y me preparé para gritar de nuevo pero entonces recordé que su padre estaba ahí y que yo no debía hablarle así a su pequeño encanto— me preocupo por él, por eso quería que no naciera. Tiene lógica para mí.

—Tiene lógica para mí también —dijo su papá— ¿para qué traer a un niño al mundo si sólo va a sufrir? No tiene caso, eso sería peor que abortar. Pero, por otra parte, ya cometiste la estupidez, ahora tienes que hacerte cargo de ella.

—Exacto. Y, lo que estoy tratando de decir es que... mira, mi tía Eliza vive sola y ama a los niños...

—¿Eliza? —lo consideró por un momento— mmm, no lo creo. Y eso no sería una adopción.

—Por eso quiero hacerlo. Sé que en unos años más me voy a arrepentir de esto y querré a mi hijo de vuelta. Si lo doy en adopción con todas las cosas legales no podré recuperarlo, en cambio, si lo dejo con mi tía Eliza, podemos verlo cuando sea sin ningún problema y podemos tenerlo de vuelta cuando lo creamos prudente.

—A mí me parece bien —dije, dandole una sonrisa aliviada a mi preciosa novia. De hecho, me parecía muy, muy bien, porque entonces podríamos tenerlo todo. Podríamos tener a un niño, perfectamente cuidado con la tía Eliza y podríamos vivir sin tener que preocuparnos mucho por él viviendo con nosotros. Era perfecto.

—No lo sé... hablaré con tu tía Eliza.

El señor Ferré nos mandó a su habitación para dejarlo solo. Se veía miserable y me miraba como si quisiera torturarme, pero creo que, después de todo, eso pasaría con cualquier padre y no sólo con él. Tomé la mano de Anabelle y subimos.

—Justin —empezó a decir, una vez que estuvimos acostados en la cama, rodando hacia mí y poniendo una mano en mi pecho desnudo— creo que... creo que cuando mi panza empiece a crecer tendré que irme de aquí.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿A dónde?

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—Con mi Tía Eliza, Justin ¿con quién más? Puedo regresar cuando mi cuerpo esté normal de nuevo. Es igual de malo que la gente me vea embarazada.

Suspiré con pesadez y asentí, sin decir nada. Ese niño ya estaba cambiando y complicando todo y todavía no nacía. No quería que ella se fuera. No quería eso, pero tenía razón y sería igual de malo que la gente viera que estaba embarazada, ellos empezarían a buscar por todos lados y darían con el pequeño estorbo de cualquier manera.

—Ya no quiero hablar de niños ni de embarazos ni de nada, Anabelle. Estoy cansado de esto y sólo han pasado unos días. Esto me está estresando demasiado.

—Lo siento —suspiró, y se acomodó mejor para estar medio arriba de mí— todo va a salir bien, de todos modos, te lo juro. No vamos a tener problemas y después de ocho meses vamos a estar completamente normales de nuevo.

—¿Lo prometes? —pregunté en voz baja, sin poder creerlo. Todo sería diferente, estaríamos preocupados por el niño todo el tiempo, queriendo saber cómo le va y esas cosas. Ella dejaría de ponerme atención a mí y al tiempo me tomaría coraje por haberla apartado de su hijo. Respiré con fuerza y tomé su cintura para que estuviera completamente sobre mi cuerpo, con sus piernas entrelazadas con las mías— ¿me vas a seguir amando igual?

—Esa es una pregunta realmente estúpida para hacer, gatito —contestó con la voz bajita, tocando ambos lados de mi cara con suavidad para besar mi barbilla, labios y mejillas. Suspiré con gusto y rodeé su cintura, cerrando mis ojos. No quería que esos momentos se acabaran nunca, ella me hacía sentir genial. Genial, mucho más que sólo bien— somos unos niños tontos, pero de verdad te amo. Y no creo que pueda dejar de hacerlo alguna vez, aunque lo intente... ¿Tú me vas a seguir amando igual? Voy a estar gorda y fea.

Sonreí. Era tan tonta que no se daba cuenta que incluso gorda se seguiría viendo divina. Tenía muchas ganas de decirle todo lo que sentía. Siempre le decía que la amaba, pero eso no era lo único que tenía para decir. Había muchas cosas que ella debería saber, y ese era el momento perfecto para decírselas.

—Somos unos niños, pero no creo que esto sea sólo el tipo de amor de niños... es más fuerte. Y sí... sí, siento que te voy a amar... para siempre. Aunque las cosas cambien. Siempre cuando mire tus ojos recordaré nuestras noches, cuando me sostenías y me anclabas en un mundo donde merecía seguir vivo, según tú. Siempre tendremos esto. Lo sé porque lo que nosotros tenemos es crudo y feo la mayoría de las veces. Nos peleamos todo el tiempo, sufrimos más de lo que festejamos y lloramos más de lo que reímos. Pero creo que eso es lo que hace que sea real, el que tengamos tantos problemas y sigamos tan enamorados. Porque yo creo que el amor real nunca es

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bonito, al menos no del todo. Quizás sueno cursi, en mi propia manera, pero pienso que el amor es más acerca del nivel de confianza y esperanza que la otra persona te hace sentir. Porque sé que entre nosotros no es acerca de mariposas en el estomago y piernas temblorosas sino de retortijones en todo el torso y rodillas que se doblan por la intensidad. No es sólo tomarnos la mano para caminar juntos por un hermoso parque sino para saber que estamos ahí. Tú para mí y yo para ti. Siempre.

Su cara estaba escondida en mi cuello para cuando terminé de hablar, y estaba mojado por sus lagrimas. Sonreí por eso y dejé salir todo el aire... se sentía bien dejarlo salir.

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{capítulo;48}

{Anabelle}

Terminé de leer la historia de Justin un par de meses después, en parte porque no tenía tiempo y en parte porque Justin me atrasaba, porque siempre estábamos juntos y no quería que la leyera cuando él estaba presente.

Era la primera cosa que él escribía y no era un experto, pero nunca antes había leído algo tan absolutamente bueno. Era tenebroso y perturbador como el infierno, me tuvo con los nervios de punta todo el tiempo, me hizo leer cosas que no pensé que fueran posibles y me hizo recapacitar acerca de un montón de cosas. La mayoría de ellas eran cosas que pocas personas tienen la necesidad de entender. Yo logré ser una de las afortunadas, de alguna manera. Logré ver la muerte de un ojo diferente y logré entender aun más a Justin, su forma de ser, su forma de pensar y todas las cosas que hacía.

La historia empezaba cuando el chico griego (sin nombre, como todos los otros personajes) se suicidaba, quemándose. Después describe de una manera muy, muy escalofriante lo que es perder la vida lentamente, de una manera dolorosa y luego regresar de golpe, helado y solitario. Confundido y desgarrado. No sé cómo se le ocurrió eso a Justin, pero me dejó completamente convencida de que todos podríamos regresar. El chico tuvo que soportar por mucho tiempo el frío intenso y el dolor constante en todo su cuerpo, aun quemado, estancado en un terreno solitario donde su casa solía estar, esperando algo desesperadamente. Sólo que no sabía exactamente lo que estaba esperando. Tiempo después alguien compra el terreno y construye otra casa ahí, entonces, cuando la familia llega, ve a esta chica morena sin nombre que resulta tener los ojos verdes más hermosos que el chico había visto alguna vez y que ya conocía antes, entonces se da cuenta de que no había pasado mucho tiempo desde su muerte, después de todo. Y se enamora de ella. Termina siendo un completo acosador, rondando en su habitación cuando ella está dormida y observándola muy de cerca, describiendo lo mucho que ella olía como manzanas y vainilla y cómo le gustaría poder tocar su piel. Entonces un día ella despierta de golpe, jadeando

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desesperadamente por aire y él no se esconde, pensando que es invisible para ella. Pero entonces la chica lo ve. Y no grita. No grita de terror, incluso cuando él estaba en su habitación en la madrugada, incluso cuando su cara y su cuerpo completo estaban totalmente quemados y él era asqueroso, incluso cuando cualquier otra persona en el mundo lo hubiera hecho. Ella sólo traga salva, se acomoda en su cama con cuidado y le pregunta quién es, sin parecer asustada. Y él vuelve hablar por primera vez en mucho tiempo.

No puedo ni siquiera expresar lo que esa cosa me hizo sentir. Logró que mi amor por él creciera muchísimo más. Logró que me diera cuenta de un montón de cosas importantes que nunca antes me detuve a considerar. Como por ejemplo lo mucho que significó que me quedara despierta con él esa noche en la casa del lago, o "a la orilla de un lago" según su historia, y todas las noches siguientes. Lo que significó que yo no me asustara ante las cosas que me contó, que no estuviera asustada aunque debiera estarlo, que siguiera confiando en él y que no demostrara "asco", como las demás personas lo harían. Lo que significó que yo me enamorara de él aunque sabía todo lo malo que había por saber acerca de su familia, de su trabajo, de su mundo y de él mismo. Lo mucho que necesitaba que alguien le dijera que no era malo, a pesar de que él estuviera aferrado a creer que sí lo era. Y el hecho de que lo salvé, aunque no fuera consciente de ello.

«Mientras yacían en la cama, después de hablar toda la noche de cosas que nunca pensó hablar con alguien alguna vez, él se dio cuenta de que si hubiera tenido la gentileza de mirar dos veces hacia ella antes de encender su casa en llamas, probablemente seguiría vivo para poder disfrutar de esa chica de la manera en la que tanto la anhelaba. Ella le daba esperanza, y él nunca había tenido esperanza antes. Ella le daba una razón para seguir. Ella era toda primavera donde él era todo invierno y toda amor y aire para respirar donde él era todo odio y fuego para destruir.»

Al final el chico logra tener alivio y desaparecer porque tiene la oportunidad de arrepentirse de las cosas que hizo y los secretos importantes que se llevó con el fuego, pero no tiene la oportunidad de despedirse. Porque cuando alguien muere nunca tiene la oportunidad y si había algo que esa historia era, además de algo fantasiosa, era realista.

Realista con los pensamientos, con los remordimientos, con el odio propio, con la maldad de algunas personas, con el dolor del chico, con los recuerdos de las cosas horribles que lo hicieron hacer. Realista con todo lo que una persona sufre y no tiene la oportunidad de arreglar. Realista con el desgarrador amor que esos dos se tenían y realista con lo destruida que ella se queda cuando él se va.

No había podido estar tranquila en mucho tiempo. No podía ir en la noche con Justin y acostarme a su lado sin antes llamar a todos y comprobar que estuvieran bien. No podía dejar de pensar en la muerte y eso me afectó.

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Tenía sólo cinco meses, cuatro sangrados y mucho dolor cuando me dijeron que estaba en estado de alerta y tuve que ser internada en un hospital. Mi papá hizo que me transfirieran a México, al hospital más cerca de donde mi tía vivía para que después no hubiera ninguna complicación. Si Justin no tenía ya suficientes cosas para odiar a nuestro hijo, el hecho de que yo estuviera en potencial peligro por su culpa hacía que lo aborreciera. Justin no quería saber absolutamente nada de él, ni siquiera había podido decirle que oficialmente era un niño, porque no quería hablar de eso. Ignoraba mi estomago. Ignoraba todo lo que tuviera que ver con mi embarazo. Salía inmediatamente de la habitación cuando me iban a hacer ultrasonidos y se negaba rotundamente a siquiera ver sus fotos.

—No quiero saber nada de ese bebé, Anabelle —susurró en mi oído, haciéndome llorar más fuerte. Tenía apenas siete meses y mi niño estaba esperado a llegar en dos días, prematuro y con muchas complicaciones. Ah, y yo corría peligro junto con él. Según mi doctora, el ambiente donde estuve los primeros meses tuvo mucho que ver con cómo las cosas habían salido. Ninguna mujer embarazada debía pasar por tanto estrés o preocupación sin tener esa clase de consecuencias— si mueres por su culpa yo...

—No me voy a morir —traté de asegurar, aunque yo estaba bastante segura de que lo haría. Suspiré y me acomodé mejor para que estuviéramos más cómodos en mi camilla. Mi panza no estaba muy grande, comparada con las de otras mujeres que había visto, pero resultaba realmente incomodo acomodarme con ella cuando Justin no quería ni siquiera tocarla— Justin, en dos días...

—Lo sé —me interrumpió, pero tomé aire y me preparé para seguir hablando. Le había dado seis meses para que se preparara, tenía que estar listo.

—No me interrumpas. Faltan dos días y tú todavía no estás listo para aceptar esto, traté de darte tiempo pero sigues igual de cerrado. Vas a estar alejado de este bebé por mucho tiempo y te vas a arrepentir...

—No lo voy a hacer —murmuró, defendiéndose, su voz se puso dura y apretó su mano en mi nuca— yo no quería a este bebé y ahora que está poniendo tu vida en peligro lo quiero menos. No podría soportar ni siquiera mirarlo si algo te pasara.

—No quieres saber ni siquiera si es niño o niña —masculle con la voz temblorosa. Realmente me lastimaba poder hablar de mi hijo con todos menos con él— no compartiste nada de esto conmigo. No estuviste para mí en ningún momento. Ni siquiera puedo enseñarte sus jodidas fotos.

—Basta —me soltó y se sentó, respirando pesadamente— bien... dime sólo si es una niña ¿lo es?

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—No —contesté, sintiendo como si pudiera llegar a algo con eso— es un chico. Estoy segura que se va a parecer a ti.

Él bufó y no contestó nada por unos segundos, así que me di permiso de continuar:

—¿Cómo te gustaría que se llamara? H