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Alan Faena


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Outsider Midas, rey de Frigia, tuvo la fortuna de que los dioses le concedieran su deseo. Pronto, todo lo que tocaba se convertía en oro. Todo. Claro que rutinas cotidianas como la alimentación, la vestimenta, la lectura, la jardinería, e incluso el ejercicio de la ternura, demostraron la inviabilidad práctica de ese capricho. Allí quedaban, tras un roce apenas, carentes de toda huella vital, las rosas que cultivaba, el pan que degustaba, la hija que acariciaba. Áureas pero inanimadas compañías de una vida con lustre pero sin brillo. El relato mitológico, aleccionador como toda fábula, revela que un arrepentido Midas –tras obtener la condonación de su anhelo– renunció a todo boato para adoptar, hasta el fin de sus días, una bucólica comunión con la naturaleza y sus afectos en una modesta cabaña en lo profundo del bosque. Paradojas de la reinterpretación periodística de esta legendaria alegoría sobre la codicia, del siglo XX en adelante el mote de rey Midas se le adjudica a los emprendedores, los pioneros, los visionarios y los buscavidas que logran germinar negocios allí donde todo parecía yermo o ya plantado.

EL ÁLBUM BLANCO “Esas palabras –empresario, emprendedor, pionero– no existen, son pura fantasía. Yo soy yo. Y me impongo un camino con respecto a lo invisible que después transito. ¿Qué es ser empresario, en definitiva? Me considero un visionario que voy a por mis sueños a mi manera. Cuando estoy pensando en transformar mi ciudad, solo, con mis ideas y mis palabras, como si mi mente misma fuera un papel en blanco, allí no hay etiquetas que valgan. Y cuando uno es fiel a sus ideas y consistente con sus sueños, pronto es el único modo en que se acostumbra a hacer las cosas”. Alan Faena es hábilmente escurridizo y deliberadamente críptico a la hora de definirse. Sin embargo, mal que le pese, es el golden boy del real estate. Impulsor del big bang inmobiliario que posicionó a Puerto Madero como una de las zonas urbanas más cotizadas del mundo (u$s 6.500 el metro cuadrado), también persigue el Santo Grial de la validación cultural en tanto mecenas de un art district que convierta al barrio más joven de Buenos Aires en un semillero de arte del siglo XXI.


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Ágora porteño

rece una ciudad muy bella. Y asumo que si la vida me puso en esta situación de realizar, lo debo hacer con la impecabilidad que la Reina del Plata se merece. Siempre digo que el sector inmobiliario es importante por el presente que construye –al dar trabajo pero también rentabilidad–, pero aun más por el futuro patrimonial que lega. Cuando llegué a esta zona, era un campo en el que sobresalían dos edificios abandonados pero con un pasado majestuoso: los molinos de acopio de granos Norte y Sur. Desde el inicio, el plan fue transformarlos de cara a un nuevo máximo esplendor. Por eso, de alguna manera, este building es el símbolo de lo que queremos para la ciudad en el Bicentenario”, apunta desde el minimalismo de sus oficinas, con vista privilegiada a un vergel en el borde fluvial que quizás –solo quizás– le recuerde a aquel jardín de rosas rojas que se dedicó a cuidar, con exclusividad y esmero zen, durante los cuatro años que duró su exilio interior en La Boyita, su chacra esteña, tras la venta de su marca de indumentaria. ¿Cuál es el origen de tanto cariño suyo por Buenos Aires? La veo, la recorro, la disfruto. Siempre me gusta cruzarme a Buenos Aires. Pero, ¿estudió historia de la ciudad, al menos, ya que está tan comprometido con su pasado como con su futuro? Nunca fui de estudiar, siempre fui de hacer. ¿Cómo define la mística de sus emprendimientos? Mi criterio es ser muy respetuoso. No se puede construir un edificio y sólo pensar en la rentabilidad, que siempre será pequeña, como es uno. Obras como las de Faena Group siempre tienen una trascendencia mayor. Esa es la manera como siento la vida, con profundidad,

Desde la inauguración, en 2004, de Faena Hotel + Universe y El Porteño Building –esa combinación de hospedaje avant garde y residencias trendy–, las joyas se siguen sumando a la corona del ex empresario textil (fundador de la recordada marca Via Vai). Así, el pool de unidades desarrolladas por Faena Properties se fue completando con los cortes de cinta de los edificios La Porteña, La Porteña II y, hace pocas semanas, del complejo de oficinas, viviendas, centro cultural y plaza pública Los Molinos Building, donde hizo su debut oficial la división de negocios Faena Life, orientada al diseño integral de interiores bajo el concepto de mobiliario de colección. Y, si los hados mantienen su influjo, en 2010 se inauguraría El Aleph, el ¿último? desarrollo by Faena en el área que le debe su brillo, si no su lustre. Si bien el empresario y sus partners son remisos a precisar cifras –de cualquier clase, alcance, tenor, época–, fuentes del mercado, que lo siguen de cerca, apuntan que el influjo de este Midas porteño ya se extiende sobre 350 mil metros cuadrados en los que se habría invertido u$s 300 millones. Además de haber importado el concepto de developments de uso mixto (residencias, oficinas, tiendas, restaurantes, galerías de arte, teatros y paseos públicos), el valor agregado de su iniciativa está íntimamente vinculado con el hecho de haber convocado a los grandes líderes de los tableros internacionales, como el diseñador francés Philippe Starck y el arquitecto británico Norman Foster. Se trata, en suma, del alumbramiento de un espacio urbano sin precedentes, donde el concepto de comunidad se redefine en pos de una experiencia de lifestyle sensible, con home feeling. “Soy un enamorado de Buenos Aires, me pa-

Hace pocas semanas se presentó en sociedad la cuarta pieza del Faena Art District, un emprendimiento que resume, quizás como ningún otro, el concepto de urbanismo sensible que promueve el empresario. Se trata de Los Molinos Building, que demandó una inversión de u$s 50 millones destinados a la refuncionalización de los antiguos centros de acopio cerealero de principios del siglo XX. Con un valor promedio de u$s 4.500 el metro cuadrado, las 92 residencias –de entre 86 y 270 metros cuadrados, distribuidas en seis edificios con lobby independiente– ya habían sido vendidas antes del corte oficial de cintas, y son fuertes los indicios de que la movida de reventa ya incrementó en 20 % los valores originales. Al complejo residencial se suman 2.600 metros cuadrados de locales comerciales, 1.500 de oficinas, espacios públicos y un exhibition hall para exposiciones. El espíritu del proyecto fue de reciclaje y transformación. Así, no sólo se preservaron alturas y detalles de época –tanto de los molinos como de la sala de máquinas– sino que se incorporó un nuevo cuerpo vidriado y se creó un espacio peatonal público, con recovas y una plaza seca cuyo impactante arco vidriado alberga dos de las mayores obras de arte público de la ciudad. Se trata de dos murales (de 13 x 13 metros) compuestos por 55 paneles autoportantes donde se plasman las obras generadas en computadora, al milímetro, por el artista Pablo Siquier, un experto en sistemas binarios. “ No son obras abstractas porque refieren a algo real y concreto: la ciudad como experiencia, como instante capturado, como percepción fugaz. Incluso como sueño dirigido”, detallan los paneles explicativos que enmarcan el ágora porteño. En la corona Faena, pronto brillará otra gema. Se trata de Aleph Residences, un nuevo proyecto diseñado por Foster + Partners, el estudio que lidera Sir Norman Foster, el arquitecto responsable de íconos como el Reichstag (Berlín), el estadio Wembley (Londres) o el aeropuerto de Beijing, inaugurado para los Juegos Olímpicos 2008. Se trata del primer emprendimiento que llevará semejante rúbrica noble en América latina. Sobre un terreno de 1.900 metros cuadrados, en diagonal a El Porteño Building, albergarán 57 residencias distribuidas en 10 pisos, además de jardines y áreas de esparcimiento.

No me considero empresario sino visionario. Y es mi visión la que me permite generar buenos negocios. Mi misión es darle trascendencia a los ladrillos. 46

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OTRO LADRILLO EN LA PARED “Es un edificio que hemos recuperado para la ciudad y que va a quedar como un clásico por su diseño y su historia. Creemos que toda nueva experiencia urbana debe ser capaz de estimular e influenciar positivamente la calidad de vida de las personas. Es la expresión de nuestra visión de un futuro posible, de una nueva conciencia que despierta aquí y ahora, que nos impulsa a descubrir la belleza en cada instante y a experimentar el lado artístico de todo lo que hacemos. Con humildad, pretendemos honrar la visión de nuestros antepasados”, discurseó Alan Faena durante el evento de presentación de Los Molinos Building, flanqueado por el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y celosamente seguido de cerca por una cohorte de artistas plásticos, entre los que destacaban los inefables Rogelio Polesello, Marta Minujín y Josefina Robirosa. Esas presencias, lejos de sorprender, demostraron que la primera plana de la plástica local confía, a pie juntillas, en su vocación de mecenas, como lo prueba la inauguración, en simultáneo, de dos megamurales en la plaza seca del complejo, firmados por Pablo Siquier,

un consagrado de los años ‘80 (con obras adquiridas por el Museo Reina Sofía). “Es uno de los contemporáneos más únicos, fiel a sí mismo, que trabaja sin guiarse por las modas, un artista con visión arquitectónica. Nosotros, como compañía, también tenemos mucho de artistas. Y es satisfactorio encontrarse con otra gente que también sufre ante la hoja en blanco”, evaluó Faena, para luego ponderar que esos paneles en binario blanco y negro configuran “una inversión privada en obra de arte pública inédita, superior al medio millón de dólares, que ahora integra el patrimonio cultural de Buenos Aires”. ¿Cómo resultó el pasaje de una industria de lo efímero, como la moda, a un negocio tan sólido como los ladrillos? Bien pensado, en realidad, son dos extremos en los que uno está ligado como ser humano: el instante efímero que uno busca tiene que ver con la perfección del instante que perdura. Cuando uno vive un buen momento, quiere que dure para siempre. Y si se trabaja con calidad y perfección, esos dos instantes definen la eternidad. Me parece que haber estado en el segmento de la moda me ayudó muchísimo para darle un nuevo enfoque a una industria como la del real estate, que se heredaba entre familias. Yo fui un outsider, un infiltrado, sin estudios ni preconceptos, pero dispuesto a escribir mi propia historia. Desde ese lugar de recién llegado,

entonces, ¿cómo evalúa el impacto de la crisis en sus negocios? Si bien el mercado se resintió, dado que se frenó el flujo de extranjeros que invertían en Puerto Madero, para nosotros ha sido una ventaja trabajar con productos únicos, que no se pueden replicar, que no tienen competencia y que siempre seguirán ganando valor, como un buen vino. Con un edificio pendiente de construcción en Puerto Madero, más los terrenos que posee en Bariloche y Uruguay, ¿el Faena inmobiliario llegó para quedarse? No me angustia el después qué. Ésta es una industria donde no se puede ser impaciente ni ansioso. Como los surfistas, tenemos que esperar la buena ola. De todos modos, nunca me pensé como un inversor en ladrillos, al menos no exclusivamente. Muchos lo consideran un paradigma del nuevo lujo porteño. Palabras como lujo y lifestyle no existen, son palabras vacías, puro marketing, porque cada uno define qué es lo mejor para que su vida sea disfrutable. Existen, en cambio, el buen gusto y la buena calidad de vida. Habla, luce e incluso se mueve como en eje, siempre. ¿Su calidad de vida pasa por ser centrado? El eje es fundamental, en el día a día, para tomar las mejores decisiones. Soy bastante equilibrado por naturaleza. Siempre hay cosas que te amenazan, pero eso no tiene porqué descentrarte. Estar en armonía tiene que ver con mi esencia, es mi forma de ser y lo que me motiva a hacer. Sin embargo, nada es irrevocable. Por eso, disfruto la foto del momento. Desde muy chico estuve muy expuesto, porque era necesario para esta etapa de mis negocios y por mi edad. Pero fui aprendiendo a caminar a un ritmo propio. ¿Cómo le gustaría ser descripto en la enciclopedia Wikipedia? Como un ser libre. Ser distinto te puede hacer sentir excluido. Pero yo vivo mi libertad como una fortaleza. Estoy agradecido de ser distinto. En verdad, distintos siempre fueron los otros. No quiero marcar diferencias sino ser la persona que siempre quise ser. Ni más ni menos. Y no creo que eso esconda, ni demande, ninguna inteligencia especial: es lo que todos deberían hacer. Porque reinventarse, desarrollar una visión propia, generar negocios y transformar es para lo que estamos en la vida. Simplemente estoy haciendo lo que la vida me ha obligado a hacer.◆

porque detrás de mis negocios está la transformación de mí mismo. Y quizás por eso termino haciendo buenos negocios, porque reinvento fórmulas que ya existían. De repente, se me ocurre que cada cosa tiene muchos lugares donde poner la cámara y ser vista. Por eso me defino como visionario. Y a través de esa nueva visión, es donde aparecen los buenos negocios. Mi misión es darle trascendencia al ladrillo. Legado, herencia, trascendencia. ¿Es la gloria su motivación final? Mi carrera nunca fue por el dinero, sino por hacer de mi vida una vida interesante. Hace tiempo entendí que el dinero no te lleva a ningún sitio interesante. Mi mayor foco es reinventarme a mí mismo. Antes de hacer todo esto, era jardinero. Durante cuatro años, lo único que hice fue cuidar mis rosas rojas, como una manera de curar mis heridas después de haber vendido mi industria textil y haberme quedado en blanco. Y no me da ningún miedo volver a hacerlo. Al contrario, sería feliz. Por eso no me da ansiedad el hacer. Sí me dan ganas de hacer las cosas perfectas cuando tengo la oportunidad. Pero ésto no es uno y la obra. Muchas veces la obra es uno y uno es la obra, y uno es gracias a la obra y viceversa. Y si la obra me define y me potencia, no califico como empresario, claramente.

Mi experiencia en la industria de la moda me sirvió para encontrar un nuevo nicho en el negocio del real estate, sin preconceptos, como infiltrado. 48

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Alan Faena en Clase Ejecutiva DIC 2009