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año iv - junio de 2012 precio: este periódico

PARADA OBLIGADA EN LA COMPRENSION DE LA REALIDAD

ilustración por daniel martín - www.dmdesign.com.ar - mardaniel@gmail.com

no se vende

cartografías


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editorial

por los

E

bordes

ste Andén tiene que ver con los límites, con las representaciones y con la subjetividad. Si pretendemos acotar todo el recorrido a estas tres palabras, probablemente caigamos en un reduccionismo. Si, en cambio, las consideramos tres pilares, podremos desplegar grandes relatos a partir de ellas. Esa fue la tarea que se ha propuesto la humanidad (por lo menos una parte de ella) al cartografiar el mundo. Es que si bien todas las culturas han delimitado e incluso representado su espacio, el modo en que esto se realiza y las implicancias que conlleva no puede ser desestimado, máxime si se evidencian las consecuencias que produce. Pero vayamos despacio. Cuando hablamos de límites, de representaciones y de subjetividades, ponemos mucho en juego. Si encima combinamos lo que cada una implica, acabaremos generando visiones y cosmovisiones que oscilan, constantemente, entre la dominación y la liberación. Veamos: 1. Al referirnos a límites hablamos de aquello que separa, aquello más allá de lo cual ya no hay dominio, aquello que divide, aquello que limita. Pero cuando decimos límite decimos también frontera. Decimos entonces un lugar que conviene transitar. Porque aquello que separa también une, y porque vale la pena transitar la diferencia, conocerla, contemplarla, acaso combatirla. 2. Cuando hablamos de representación lo hacemos en un sentido que trasciende lo individual, y que refiere a una adecuación: cierto estado de cosas que se corresponde con cierto modo de mostrarla. Cuando vemos el mundo en un mapa no pensamos encontrar el mundo mismo, la realidad, sino algo que la emule. Es decir, un indicio que nos habla de otra cosa, un papel que nos representa el mundo. ¿Y por qué decimos que trasciende lo individual? Porque no es para uno u otro que este papel dibujado representa el mundo, sino para todos -tanto como el fútbol K o el periodismo de Lanata-: pueblos, gobiernos, individuos. 3. Por fin, cuando hablamos de subjetividad no nos referimos a este o a aquel sujeto, a este o aquel individuo, sino que lo hacemos en general, de un modo universal, digamos. La subjetividad no solo implica la corporalidad de los sujetos, ni solo representa sus ideas; incluye también sus juicios, sus apreciaciones, sus cosmovisiones, sus deseos, límites y representaciones. Ahora bien, si ponemos a jugar estos conceptos que brevemente presentamos -y que resurgirán a lo largo y a lo ancho de

planta estable la creatividad del diseñador no tiene límites, nadie puede negarlo. Quien ose impugnar esta verdad, no encontrará sino pruebas en contra de su argumento. Por ello y para demostrarlo con vigor la genialidad descripta, vayamos a un ejemplo concreto; pero no a uno discutible donde solo el gusto nos incline por un sí o un no, siempre discutible. Evaluemos, en todo caso, algo que otorgue una evdencia absoluta, a su favor o a su contra. Tamaña tarea sólo podremos realizarla por medio de una observación cuidadosa de las múltiples esferas que atraviesan el diesño. Así, además de orientar nuestra sagaz mirada hacia los equilibrios en la distribución, los balances entre textos, espacios e imágenes, las tonalidades, etc., les propongo prestar especial atención a aquellas cosas que, por demasiado sutiles pueden pasar por errores.

chancho gustavo zanella encargado del salón comedor luciano pablo basso boletero jorge augusto cuello la que hace sonar la bocina lorena barbosa guardabarreras gabriela giambroni la que se pasó de estación maría belén morejón jefe de estación horacio giambroni

staff

Evaluemos entonces cómo en el andén anterior, Medios&fines, particularmente en la entrevista a Paula Stiven (ubicada en las páginas 6 y 7) , tituló: “estamos pasando por una enrme crisis comunicaional”. Una lectura rápida y ociosa pasaría inadvertido la ausencia de dos letras, una en la palabra “enorme” sustituida por “enrome”, y otra en la palabra “comunicacional” reemplazada por “comunicaional”. Vale detenerse en la doble lectura: 1) la lectura literal muestra que los medios no están a la altura de los hechos, que no son lo que deben y que no expresan la realidad 2) la lectura profunda ironiza esta afirmación, toda vez que en un medio de comunicación expresa un título de un modo inadecuado: agudo humor por el absurdo del diagramador, que deja a Derrida y su prolija descripción de la differance como un principiante en estos artilugios...

maquinista juan ignacio basso

fede ratas

la que endereza las vías natalia lópez

el que no vio la barrera pedro pertusi

los que corren la zorra manuel fontenla franco dré

el que corta las vías martín giambroni

el que no se quiere bajar del tren césar maffei

este número-, lograremos entrecruzar algunas cosas que tal vez valga la pena detenerse a reflexionar: cuando hablamos de cartografías decimos que los límites de la representación de la subjetividad son el mundo. Antes del trabalenguas, notemos que no hablamos ni de ‘nuestro mundo’, ni de ‘un mundo’, sino que hablamos de ‘el mundo’ a secas, como si fuese uno solo, como si no estuviese habitado por diferentes pueblos, naciones, estados, intereses, cosmovisiones. Es decir, como si para todos fuese y valiese lo mismo, cuando bien sabemos que no es así: no vale lo mismo para todos. Para cada uno, más allá de las coincidencias, el mundo es algo diferente y tiene un valor diferente; por eso es que no lo tratamos igual, y que no nos trata igual. Por otro lado, al decir que los límites de la representación de la subjetividad son el mundo, decimos que si bien el mundo puede ser distinto de nuestras representaciones, no llegamos más que a ellas. Hay efectivamente un problema en representarnos las cosas y ese problema es su límite, bien porque no son del todo reales, bien porque siempre serán fragmentadas. Si a esto agregamos “un relato”, reduciendo los límites a los antojos de unos pocos, el mundo mismo –ya no su representación- acabará achicándose y deformándose a la misma subjetividad –es decir, más que a los individuos-. Porque si uno se cree menos de lo que es, no sabrá todo lo que tiene, se creerá y representará inferior, condicionando sus dimensiones e imposibilitando su liberación. ¿Diremos entonces que los mapas son elementos de dominación? En principio, decimos que los fueron y que los son. Así como lo fueron las armas, los lenguajes, los saberes, las jerarquías y las legitimidades. Así como lo fue y lo es la raza y el género. Así como lo es la pobreza. Los mapas no son, de por sí, un elemento de dominación, por ello es que sacar a la luz todo lo que ocultan es, además de un acto de justicia al conocimiento, una herramienta más en la lucha por un mundo más justo. Entender cómo ha operado en el proceso de colonización y cómo operan al momento de la colonialidad, es un elemento fundamental para poder emprender las luchas por la liberación de los pueblos oprimidos. Liberación que solo será posible en tanto las subjetividades –sean individuos, pueblos, nacionespongan en cuestión los límites de sus representaciones y la

representación de sus límites

los que pintan grafitis en la estación gabriel maffei daniel martin cleo bouza los que se dedican a otra cosa yanina foti nicolás alejandro migue las que pasan por abajo del molinete bárbara aguer giselle méndez carla wainsztok las que se roban los quebrachos ana laura suarez cassino paula neri vivi montes colgados del tren, como racimos grupo de estudios para la liberación (gel): bárbara agüer, juan ignacio basso, martín forciniti, juan francisco martínez, mercedes palumbo, ezequiel pinacchio, soledad ramati, tomás rosner y santiago sánchez caminantes de las vías que se detienen en esta estación fernanda sallenave, zaira marcheto, fernando muñoz, dani giarone y yael tejero

boleto

gratarola

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reflexión

ficciones

cartográficas

yael n. tejero yosovitch / yael yael.tejero@gmail.com Contra toda naturalización de la representación espacial y a favor de la sospecha, los aportes de Karl Schlögel en torno al espacio y su representación cartográfica como dispositivo de dominio.

Lejos de intentar reseñar el texto en su totalidad, este artículo se propone abrevar en algunas líneas el ensayo de Karl Schlögel publicado en 20071. El texto se inaugura con una reflexión sobre la cuestión del espacio y las metáforas del panorama político asociadas con él (izquierda, derecha, centro, etc.). El objetivo del autor es recuperar aquello que dado por obvio, cayó en el olvido: lo espacial en la historia humana. El predominio de lo temporal en la narración histórica da cuenta de ello. El propósito es, entonces, averiguar qué ocurre cuando se piensan los procesos históricos en términos espaciales. Una frase de un geógrafo alemán llamado Friedrich Ratzel da título al libro, propuesto como lema para pensar los intentos de interpretar la historia. Todos los estudios que componen este trabajo intentan explorar, en términos del autor, qué se gana en perspicacia histórica si se piensan conjuntamente historia y lugar. En la primera parte del libro, titulada “El retorno del espacio”, Schlögel expone la pertinencia de su trabajo ante el surgimiento de un nuevo orden de mundo. Frente a esto, propone una nueva manera de contar la historia. La segunda parte, titulada “Leer mapas”, explora la retórica cartográfica. En la tercera parte se abordan las huellas visuales del espacio físico. La cuarta parte, titulada “Europa diáfana”, recopila estudios referentes a Europa y a las inabarcables historias entrelazadas de este continente que hoy se propone como un todo. En la quinta parte, abocada a la cartografía, Schlögel arremete contra la naturalización de los procesos sociales y anuncia la necesidad de una mirada crítica sobre el mapa como sistema de representación. Las transformaciones históricas, los nuevos descubrimientos, la formación de Estados, el derrumbamiento de imperios, las conquistas, los enfrentamientos militares, todos sedimentan en la reproducción cartográfica. No obstante, los cartógrafos no pueden seguir la vertiginosidad de los cambios. La disolución de la URSS, las peripecias políticas de 1989 y lo que él llama “desvanecimiento de la memoria topográfica”, ofrecen al autor un gran anecdotario. Con esa coyuntura como punto de partida y contra toda naturalización de los procesos sociales, Schlögel anuncia la necesidad de una mirada crítica incluso sobre el mapa físico o geológico. La cartografía siempre fue vista como una ciencia auxiliar. El autor intenta demostrar que su desarrollo no es ingenuo ni permanece al margen de toda posición ideológica. Los mapas tienen autores, están ligados a un lugar y un momento, presentan ángulos de visión, no son valorativamente neutrales, están envueltos en problemas de objetividad y subjetividad, son producciones científicas e ideológicas. Al igual que los textos o las imágenes, son representaciones de la realidad. Hablan la lengua de sus autores. Callan lo que el cartógrafo no quiere expresar o no sabe cómo. Nos ayudan a entender no sólo el mundo figurado sino también la orientación y los propósitos de quienes hicieron tal imagen del mundo. Una historia de la cartografía siempre lo es de su proceso de constitución. Hacer transparente esa historia es evidenciar también las condiciones históricas de posibilidad de un progreso que tiene como contrapartida, siempre, un retroceso. Schlögel explora el lenguaje de los mapas, la importancia de hacerlos hablar, interpretar superficies, líneas, signos, símbolos. Pero mapas hay muchos: geográficos, políticos, culturales, etc. Por consiguiente, es necesario partir de muchos lenguajes o idiomas de mapas. El problema de la cartografía, dice el autor, es saber figurar relaciones espaciales tridimensionales en una superficie de dos dimensiones. Tras este proceso se esconde nada menos que la capacidad de abstracción y del desarrollo humano. El logro de la ciencia cartográfica fue figurar la simultaneidad: representar todo cuanto pueda captar una mirada en un momento dado. El trabajo pone en duda esa aspiración totalizadora y da cuenta de una limitación cualitativa: el no poder dar figura a ninguna secuencia temporal. Los sistemas multimedia superan la representación estática. Favorecen la integración de mapas, diagramas, textos, imágenes y sonido. Permiten presentar fenómenos dinámicos como guerras o investigaciones científicas. La inclusión de nuevos métodos no es nueva. La historia de la representación cartográfica gira en torno a la búsqueda de reglas de representación de la mano de las nuevas tecnologías. No obstante, los cartógrafos no pueden desplazarse más allá de la “gramática” cartográfica. Para representar es necesario dejar afuera.

Se suprimen cosas que existen y se añaden otras que no tienen existencia corpórea, como las fronteras políticas. Ni la escala (relación entre distancia real y figurada) ni los signos convencionales son resultado de decisiones arbitrarias. En el caso de los mapas urbanos, por ejemplo, suele ser más importante la indicación de la posición relativa, las redes de enlaces, vecindad y accesibilidad. Schlögel indica el predominio de la geografía de movimiento de avance efectivo. El sentido del mapa queda supeditado a la función de orientar al usuario. Se impone así la renuncia a la exactitud geométrica. Tras cada emblema hay una larga historia de experiencias y pruebas. Ningún signo convencional, como el uso de contornos para representar las formas del terreno o el sombreado para indicar diferencias de altura, tiene un significado de suyo sin que exista allí una historia -de la ciencia, la ideología y la cultura- sedimentada. Despertar la sospecha sobre todo signo cartográfico – mapas políticos, físicos, urbanos, planos de metros, guías de turismo, etc. – es quizás uno de los aciertos de Schlögel. Su trabajo es, en algún sentido, filológico: indaga el origen de ese lenguaje de comprensión común de los mapas a través de menciones históricas y cuenta cómo mercaderes y viajantes instalaban, a través de sus experiencias, la piedra inicial del camino de la cartografía. En ese recorrido participaron helenistas, islámicos, hinduistas, cristianos y una gran cantidad de pueblos. Cada época y cultura hizo su propia representación del espacio. La cartografía llegó a ser el resultado de múltiples idiomas cartográficos de muchas culturas. Conviene hablar de cartografías, en plural. Contra la idea sostenida de que la representación del espacio está ampliamente estudiada, Schlögel indica que esto sólo rige para la Europa occidental. Por eso es particularmente interesante uno de sus capítulos titulados “Mapping an Empire: la construcción geográfica de la India”, donde se exponen los argumentos que Matthew H. Edney, especialista en Historia de la Cartografía formado en Inglaterra, desarrolla en su Spatial History: existe el imperio porque se puede captar en un mapa. El espacio imperial de la India, por ejemplo, incluyó retórica y simbolismo, racionalidad y ciencia, dominio y escisión, inclusión y exclusión. Sus fronteras espaciales horizontales se amalgaman con las fronteras verticales jerárquicas del imperio. La unidad geográfica de la India es el resultado de la concepción cartográfica de los británicos. La hegemonía imperial se logró a través de muchos modos, pero también mediante el dominio del territorio físico a través de su transformación en espacio abstracto. La práctica cartográfica en sí misma es el resultado de la ciencia y el racionalismo occidental. El mapa es un instrumento de penetración, no sólo en el plano abstracto. Hallar puntos adecuados de observación supuso siempre una forma de violencia e invasión sobre el territorio. En este sentido, el libro de Schlögel admite un diálogo abierto con la obra de Edward Said, especialmente con Orientalismo, donde se desarrolla la idea de que el orientalismo es una categoría fraguada por Occidente, una pluralidad discursiva que representa las tierras de ultramar como objeto susceptible de ser subyugado. El mapa es un instrumento bélico, un documento de guerra, de traiciones y falsificaciones cartográficas. Pero la retórica de Schlögel no es virulenta ni resentida. Siguiendo a otro autor llamado Anatol Johansen, nos regala hermosas palabras: “La historia de la cartografía pasa por su fase mítica-mitológica, la religiosa, la de las luces y la de expansión imperial y fantasía imperialista, hasta las imágenes de su autodestrucción. Y aun lanza ya una mirada a su espalda sobre el planeta azul, desde la remota lejanía, desde el cosmos, como de despedida.” El trabajo es un compendio de aportes de una bibliografía extensa pero está formulado de un modo amigable para todo aquel científico social o lector interesado, quien no se sentirá en absoluto repelido por un supuesto hermetismo académico. Sin convertir su libro en la ostentación de un erudito y sin por eso escatimar en páginas, Schlögel ofrece un recorrido susceptible de apropiaciones interdisciplinarias. Pero sobre todo, ayuda a comprender que el mapa es un instrumento de hegemonía y, por consiguiente, un artilugio de la disidencia 1 Karl Schlögel nació en 1948 en Hawangen, Alemania. Estudió Filosofía, Sociología e Historia de Europa Oriental. Investiga sobre Historia Cultural y de Europa del Este. En el espacio leemos el tiempo. Sobre historia de la civilización y geopolítica fue editado en 2007 en Madrid por la editorial Siruela.


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diálogo diálogo con walter mignolo

el mapamundi: la

del espacio

/

gliberacion@gmail.com

En esta entrevista contamos con la mirada de un personaje verdaderamente significativo en la formación de muchos de los que realizamos este periódico. Walter Mignolo, filósofo oriundo de Córdoba, Argentina, es actualmente profesor en la universidad de Duke donde también dirige el Centro de Estudios Globales y de las Humanidades, es investigador asociado de la Universidad Andina Simón Bolívar de Ecuador (UASB) y, fundamentalmente, uno de los fundadores del colectivo de activistas e intelectuales que dio inicio a la reflexión en torno a la importancia del proceso de dominación colonial para el surgimiento del fenómeno histórico que se comprendió como Modernidad. Integrante del grupo Modernidad-Colonialidad, su vasta obra ofrece, desde el pensamiento crítico latinoamericano, un valioso instrumental para reflexionar el modo en que siguen aún presentes en nuestras sociedades dispositivos de dominación, de sometimiento e invisibilización. Este tipo de reflexión, que podemos encontrar en filósofos del siglo XX ya canonizados como M. Foucault, cobra especial importancia al volverse una reflexión geopolíticamente centrada en nuestro territorio, Latinoamerica; así como también porque, lejos de quedar en una mero gesto critico, ofrece herramientas para pensar espacios en los que se construya la resistencia y la descolonización. Sus primeros trabajos se vincularon fundamentalmente a la crítica literaria pero poco a poco fue ampliando su mirada y, desde su misma práctica, impugnando la idea de escisión de disciplinas que propone la hiperespecializacion propia de la modernidad occidental. En su hacer encontramos estudios que entrecruzan la antropología cultural con la historia crítica, estudios de estética con un vasto conocimiento de filosofía, entre otras. Algunas de sus publicaciones más sobresalientes dan cuenta de sus intereses diversos: Teoría del texto e interpretación de textos (1986), El lado oscuro del Renacimiento (1995), Historias locales/diseños globales (1999) y La idea de Latinoamérica (2007), Desobediencia Epistémica. En esta oportunidad lo invitamos a conversar sobre uno de los temas que lo han vuelto un referente en el campo de los estudios culturales y poscoloniales y que lo ocupa actualmente en Hong Kong: la relación entre la configuración de las subjetividades dominante-sometida y la representación del espacio. Mas precisamente, cómo la cartografía, en tanto simbolización del espació, influyó en los procesos de dominación material y simbólico-cultural. La entrevista estaba pactada a las 8 de la mañana, hora argentina, así me dijo Víctor Hugo Morales la primera tarde de toda una semana donde estuvo transmitiendo su programa radial La mañana desde el salón de mi casa. Sí, así de raro pero cierto. Uno de los periodistas más respetados de nuestro país estaba ahora haciendo su programa en la Casa Argentina en París, en la Cite Universitaire. La misma casa a la que llegó por primera vez Julio Cortázar en París, donde vivió y escribió parte de sus grandes obras; donde estuvo un joven Manuel Puig, donde se reunían los latinoamericanos en el mayo del ‘68. La misma casa donde, por cierto, tengo el orgullo de vivir hace unos cinco meses. Yo conté 8 + 4, hice un salto temporal entre Buenos Aires y París y bajé a las 12 del mediodía al salón con un mate recién armado y el agua bien calentita. “Lo bien que hiciste, nena” fue lo primero que me dijo. Víctor Hugo estaba sentado solo en el gran salón escribiendo en su computadora, hablamos de los 15 grados bajo cero que nos acechaban en un Paris gris y lluvioso, cebé el primer mate y dijo: “dale nomás…”

ANDÉN: ¿Por qué es necesario pensar la construcción de los mapas, las cartografías? ¿Qué lo ha llevado a realizar dicha investigación? Walter Mignolo: Primero unas observaciones generales sobre mapas y cartas: el mapa, asociado a la cartografía, su nombre tiene orígenes desconocidos. Una suposición es que se deriva de una palabra Fenicia que significaba “manteles” o a veces “servilletas” que se usaban para hacer trazados en la organización y orientación en el espacio. A partir de ello podemos decir que las comunidades de organismos vivientes que lograron emplear las extremidades superiores (brazos, manos) e inventaron la extensión de la mano (sea el dedo para hacer trazados en el suelo, o una piedra o un palo) lograron también visualizar su organización y orientación en el espacio. El filósofo político alemán Carl Schmitt recuperó la palabra griega nomos. Traduce nomos como ley. No en el sentido

moderno de “ley” sino al revés: ciertas formas generales de organizar el espacio entre los organismos vivientes (como las hormigas por ejemplo, de lo cual se dice los Mayas tomaron el modelo para la organización social y gobernativa), formas conceptuales de organización y regulación. Pues bien, el mapa o la carte (como la carte en el menú “a la carte”) son superficies planas donde se inscriben signos mediante la extensión de la mano. El mapa y la cartografía designan en superficies planas formas gráficas y visuales de organizar y regular el espacio. El mapa y la cartografía moderna se apropiaron de todas las formas anteriores y co-existentes y la subsumieron en el mapamundi, el modelo para todo el mapeo de territorios particulares. Ahora a la pregunta. Comencé a investigar mapas de pura casualidad. Hacia finales de 80 estaba haciendo investigaciones en la John Carter Brown Library, de Providence, investigaciones que culminarían en

The Darker Side of The Renaissance. Literacy, Territoriality and Colonization (1995). Una de las pistas que perseguía en ese momento era la de los Jesuita en Japón y China. La John Carter Brown tiene una magnífica colección de mapas. La

edición italiana de 1940, si mal no recuerdo -quizás 80x50 y el mapa por cierto impreso los 80 centímetros del rectángulotuve una especie de mareo. Un mareo visual e intelectual. Tantos años de ver América a la izquierda, Europa en el cen-

encargada de ese departamento, Susan Dandford -una persona muy informadame preguntó un día si conocía el mapa de Matteo Ricci, un jesuita italiano que anduvo por Japón y China hacia 1580. (Imagen 1) No, no lo conocía y cuando lo vi en una

tro y Japón y China en la derecha, todos esos años recibieron como un golpe en la mandíbula que me dio el mareo. De ahí surgió el capítulo 5 del libro mencionado, The Darker Side… El título de se capítulo es “Geometric and Ethnic Centers” (“Centros geométricos y étnicos”).


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diálogo

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La tesis del capítulo es la siguiente: con anterioridad al siglo XVI, todas las culturas y civilizaciones existentes están organizadas en torno a su propia concepción del espacio. China concebía el espacio en cinco rectángulos encastrados entorno al Reino del Centro (de Middle Kingdom); tanto los aztecas como los incas concebían el espacio en un centro (Cuzco o México-

China se concebía como una serie de rectángulos encastrados. El Reinado Celestial en el centro, y luego los territorios exteriores al centro. Después de la introducción del mapamundi de Rici, hay una serie de mapas diseñados por los propios chinos. América no figura, pero podemos imaginarnos el centro y las zonas exteriores al centro en

Tenochtitlan) cruzados por dos diagonales que formaban cuatro sectores en torno al centro. Tawantinsuyu significa precisamente “el territorio dividido en cuatro sectores” que llamaban suyus. En fin, en Islam arábigo del siglo 12, Al’Idrisi construyó una imagen del mundo conocido en torno al Mediterráneo, y en esa imagen carto-gráfica (una imagen visual en una superficie plana) España está abajo y a la derecha, por qué no, y el sur arriba. Y no porque Al´Idrisi hubiera visto el mapa invertido de las Américas de García, sino porque simplemente así se veía el mundo en esas latitudes. Total que, cada civilización organizaba el territorio en relación a su centro (El Reino del Centro, Cuzco, Tenochtitlan o Meca). Tawantinsuyu “borrado” por el mapa moderno: (Imagen 2) México-Tenochtitlan, construida por los aztecas en cuatro secciones, organización urbana borrada por la construcción del México moderno-colonial y moderno-republicano: (Imagen 3) La organización territorial en la antigua

lo que para los cristianos occidentales era África, Europa y Asia. No para los chinos, quienes no participaban ni les interesaba ni tenía por qué interesarles esa división tripartita basada sobre los tres hijos de Noé con Jerusalén en el centro: (Imagen 4) Luego llegamos al siglo XVI, la navegación y el diseño de aguas y tierras como la veía los europeos. A la división tradicional de los tres hijos de Noé, le agregaron al cuarta parte, América. Quienes navegaron fueron los europeos y también quienes cartografiaron. El centro, en ese momento, era Roma, desde donde el Papa Alejandro VI había divido el planeta en “Indias Orientales” de “Indias Occidentales”. Oriente y occidente no son direcciones absolutas, sino en relación a Roma que, en manos de la cristiandad occidental, desplazó a Jerusalén que era el centro para la cristiandad del Este. Y claro también para los judíos. En resumen, el mapamundi que conocemos hoy tuvo dos consecuencias importantes: por un lado subsumió todos los centros existentes y los sujetó a Roma; y por el otro creó un centro geométrico que

se correspondía con el centro étnico de la cristiandad. Fijó el control del conocimiento en Europa, no sólo cartográfico, sino también epistemológico, religioso, estético. En fin, fijó el centro y el punto de referencia del Oeste, del eurocentrismo y del occidentalismo. He ahí la importancia fundamental en el control de las ideas y de los sentimientos de la cartografía del siglo XVI. Para responder a su pregunta, intuí en el mapa de Mateo Ricci que algo importante estaba ocurriendo. Ahí comenzó mi investigación cartográfica, no para estudiar la cartografía sino para responder a preguntas que comenzaron a surgir en ese momento. El estudio de la cartografía está supeditado a la analítica de la colonialidad en todas sus esferas. ANDÉN ¿Qué tenían en común y en qué se diferenciaban los mapas de quienes hoy llamamos “europeos”, “asiáticos” e “indígenas” antes de la modernidad? ¿Cómo pueden comprenderse las diferencias de criterio en la construcción del espacio entre unos y otros? W. M.: Hay que invertir la pregunta. La modernidad es un marco ficticio, no una entidad histórica. Una vez creado este marco ficticio se usó como punto de refe-

rencia, por quienes lo crearon, para referirse a todo aquello que no escapaba a ese marco ficticio y limitado; digamos, para ser generosos con los inventores de la modernidad, que el 80% del mundo quedaba fuera. Como dije antes, todas las civilizaciones conocidas digamos hasta el

siglo XV, tenían sus diagramas territoriales. Esos diagramas informaban sobre tres esferas: la cosmológica. Por ejemplo, el diagrama de Tawantinsuyu fue modelado a partir de La Cruz del Sur, los rectánguos encastrados del Reino del Centro, modelado sobre una imagen del universo conectado con el Reino del Centro. Por eso se concebía también como el Reino Celestrial. Jerusalem era el centro no sólo geográfico, sino un centro terrenal conectado con la esfera celestial; el diseño del territorio. La cartografía renacentista se basa en los descubrimientos y corta la dimensión celestial. Seculariza el diseño del territorio, por así decirlo. Esto ocurre, precisamente, en el momento en que los humanistas del renacimiento comienzan a cortar las alas al hiperdominio del Papa y diferencian entre ley divina, ley natural y ley humana. El mapeo de regiones y luego el mapa de los Estados presupone el mapamundi básico del siglo XVI; el tercer tipo de catografía es la de orientación, de diseñar las rutas de caminos y navegaciones. En la edad media europea estos mapas se conocían como portolanos, es decir, marcan las rutas entre un puerto y otro. Los portolanos eran mapas de orientación. En suma, el relato de la modernidad se basa en el momento de toma de conciencia europea de que hay un nuevo centro, Roma, y ese centro se postula como el centro del planeta, y el mapamundi se distribuye de esa forma. En el siglo XIX el centro pasa a Greenwich, no muchos kilómetros de Roma, con lo cual el tiempo pasa a ser controlado por los ingleses, que ya controlaban también los mares. La diferencia más importante es que antes del siglo XVI todas las formas de diseñar e imaginar el territorio eran locales. El mapamundi, que también es local, se impuso (construyó sobre) las territorialidades anteriores. Un poco como la catedral de México montada sobre el Templo Mayor de los Aztecas. El mapamundi que conocemos hoy es a la vez local y global: dejó todas las otras territorialidades debajo y en el pasado. La idea de “modernidad” surgió para justifi-


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diálogo

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car este acto imperial de apropiación que comenzó con el Papa Alejandro XVI cuando se apropió del planeta, lo dividió en Indias Occidentales e Indias Orientales, y donó la mitad de cada una de las dos Indias a españoles y portugueses. ANDÉN: ¿Cuáles son los cambios en la forma de cartografiar que inaugura la modernidad/colonialidad? ¿Cuáles sus causas y consecuencias? W. M.: Es precisamente la apropiación

oculta los crímenes de la colonialidad. La modernidad es un relato ficcional que oculta sus propios crímenes, la colonialidad. Esto debe entenderse no como una negación de las contribuciones que la civilización occidental ha hecho a la historia de la especie humana, sino una crítica de sus ambiciones totalitarias. El mapamundi es uno de los signos más contundentes de la apropiación totalitaria del espacio. ANDÉN: ¿Cómo fue el proceso de

de todas las territoriales existentes hasta ese momento, su borradura en el mapa occidental (claro que no para los no Europeos que continuaron empleando dos imágenes del territorio: la tradicional de ellos, y la tradicional europea montada sobre los mapas griegos de Estrabón y Ptolomeo). La modernidad europea se construyó sobre la tradición europea y borró las otras tradiciones. Ahí surge la modernidad junto con la colonialidad: la novedad del mapa europeo que borró de las mentes europeas las otras territorialidades, pero no las borró de las mentes de los chinos, árabes-islámicos, aymaras y quechuas, africanos del reinado de Bening, etc. Por eso hoy vemos, en todo el planeta, el resurgir de todo aquello que la modernidad europea designó como tradición. El mundo está resurgiendo en su diversidad, relegando a la civilización occidental a su lugar bien merecido pero local, no ya universal. Los cambios que inaugura la modernidad es la de colonizar el espacio. Ello ocurrió a partir del renacimiento, junto a la colonización del tiempo. La modernidad/colonialidad es ese monstruo que surge del Atlántico en el siglo XVI, que se monta sobre el planeta, se autodenomina “modernidad” y

mapeo de América por parte de los colonizadores? ¿Qué cambios cabe resaltar con el correr del tiempo, hasta nuestros días? ¿Que rasgos coloniales pueden encontrarse en los mapas actuales? W. M.: A esto dedico todo un capítulo en The Darker Side of the Renaissance: Literacy, Territoriality and Colonization (1995). Lo titulo “Putting the Américas on the Map”. He publicado también varios artículos sobre el asunto durante la década de 1990, pero están todos en inglés. En esos capítulos muestro cómo el mapeo de las Américas va absorbiendo los diseños territoriales en el Incanato, en los Andes, y en el Tlatoanato, en Anahuac. Digo incanato y tlatoanato porque no eran imperios, de la misma manera que el romano no era tlatoanato ni incanato. El rol superior en la gobernabilidad romana era el emperador, en los otomanos el sultán, en Tawantinsuyu el inca y en Anahúac el tlatoani. En los mapas de las relaciones geográficas de Indias, que están trazados conforme a la territorialidad Azteca, se comprenden bien cómo el mapa Europeo comienza a absorberlos. Desde entonces a la fecha, ya no hay diferencia. El mapa europeo se

impuso y los cambios son cambios en la misma familia. Es tarea de la intelectualidad indígena en todas las Américas descolonizar las concepciones europeas del espacio. Y lo están haciendo, desde los Mapuches a la Primeras Naciones en Canadá, a los americanos nativos en Estados Unidos, Aymaras, Quechuas, Quichuas, Zapotecos, Maya-Quichés, etc. De modo que los mapas actuales llevan la impronta de la modernidad y el silencio de la colonialidad. En el postfacio de La idea de América Latina (2006) respondo indirectamente a esta pregunta, trayendo a colación a Guamán Poma de Ayala, uno de los tratados políticos descoloniales fundamentales. La descolonialidad del espacio ya está sugerida en su Mapamundi y Pontificial Mundo. ANDÉN: Una cosa son los rasgos coloniales que pueden aparecer en los mapas y otra la utilidad como herramienta de colonización. En este sentido, ¿cómo se articula la cartografía en tanto (re)significación del espacio con los procesos de dominación? ¿Cómo se vincula la representación del espacio con las onfiguraciones subjetivas? W. M.: Todo lo que dije hasta aquí responde a la pregunta. Pero podemos agregar otros elementos. A la “herramienta como instrumento de colonización” dedico los capítulos 5 y 6 en The Darker Side of

the Renaissance, que ya mencioné. La cartografía europea moderna, desde el renacimiento hasta aquí, es un instrumento de la colonización y control del espacio, paralelo al Estado moderno (después de la

revolución francesa), que se convierte en un instrumento de la colonización y control de la gobernabilidad. De la misma manera que la teología, y luego la ciencia, se tornan instrumentos de control y colonización del conocimiento, y funcionan de manera complementaria con el Estado y la cartografía. De la misma manera que la economía de acumulación y reducción de costos, de la esclavización y de la construcción del proletariado luego de la esclavitud, es un instrumento de colonización y control de todas las formas de economía. Y todos estos instrumentos funcionan en colaboración. También con el conocimiento que genera la normatividad sexual y la superioridad racial. Por eso es que el trabajo de descolonización del conocimiento y de la subjetividad, o del ser, es una tarea epistemológica, política y ética que (a) muestra estas complicidades y cómo funcionan en el control de los territorios y las poblaciones, de los mares y del espacio; y (b) propone formas de organización social y económica, de relaciones sexuales y de género, de diversidad epistémica, y horizontes de vida no guiados por los controles de todas las esferas de la vida. A esa máquina de control de todas las esferas de la vida es a lo que denominamos matriz colonial de poder. La cartografía es un aspecto de ese enorme y complejo entramado. ANDÉN: ¿Es posible descolonizar los mapas actuales? ¿Hay, en nuestros días, pasos en dicha dirección? ¿Qué implicaría, en miras de laconstrucción de subjetividades otras, la profundización de dicho proceso? W. M.: Esta pregunta es equivalente a preguntar: ¿es posible descolonizar Argentina o Colombia? La respuesta es no, puesto que la cartografía actual, como Argentina y Colombia y tantas otras cosas son parte del imaginario de la matriz colonial de poder, y lo que hay que descolonizar es precisamente la matriz. Veamos… Los mapas actuales están ya insertos en una concepción y composición del espacio que comenzó a gestarse en el siglo XVI. El mapamundi, y todos sus derivados, los mapas de regiones, de Estados, etc., surgieron juntos y marcharon paralelos al derecho internacional (comenzado por la escuela de Salamanca, y continuando con Grotious en Holanda a principios del


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diálogo

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siglo XVII, en fin, sigue hasta la Conferencia de Berlín de 1884 donde los Estados europeos del oeste se reparten África). Por lo tanto, el mapa es un mero instrumento de una concepción del espacio que está ligado al derecho internacional, a la propiedad privada y hoy a la propiedad de los Estados. La descolonización de la matriz implica ir mostrando la ficcionalidad

del mundo que construyó, cómo se construyó esa ficción, cómo logró hacer que se creyera que la ficción era “realidad” etc. La idea de Borges del mapa del emperador, que es igualita al territorio que mapea, es una instancia descolonizadora. ¿Por qué? Ideas como éstas de Borges que se le ocurrieron de su experiencia en Argentina y en Buenos Aires no se le ocurrieron a Foucault, en París y en Francia. Hay una vivencia de la historia colonial en Borges que él no tematizó, pero si pudo ver las trampas de la epistemología moderna, que desmontó en varios de sus relatos (“Tlön”, por ejemplo). Pero vayamos más atrás, el punto de partida de la descolonización del espacio, que involucra toda una cosmología, está ya puesta en escena en el Pontifical Mundo de Guaman Poma de Ayala, hacia 1600. Esto lo pueden ver en el postfacio de La idea de América Latina. ¿Qué es lo que hace ahí Gumán Poma? (Imagen 5) En primer lugar, construye un título ajeno al Incanato. Pontificial Mundo no era una expresión andina sino hispánico-cristiana. Luego diseña el Tawantinsuyu, un

centro con cuatro direcciones, dos veces. Arriba pone las “Indias” (arriba en este caso es en donde sale el sol, el lugar marcado). Abajo pone “Castilla”. Esto es pura epistemología fronteriza en la construcción del espacio. A ningún hispano se le hubiera ocurrido diseñar la presencia de Tawantinsuyu. El mapa hispánico borró, tapó, hizo desaparecer Tawantinsuyu pero

no para un andino. El andino no podía sino tener conciencia de que estaba entre dos mundos, su conciencia es doble, pero sabe también de las relaciones de poder. Ahí tienen en germen la epistemología

fronteriza en la descolonización del espacio y, por lo tanto, del mapa. Pero, repito, no se trata de descolonizar el mapa actual, sino la larga noche que llega hasta el presente de la matriz colonial de poder, desde la cual se controla el espacio y se construye el mapa legitimado por el la ley que nos hace creer en la correspondencia uno a uno entre el mapa

y el territorio. La pregunta es “si se puede”. Claro que se puede, pero el asunto es que para hacerlo son necesarias tres cosas: a) una visión descolonizadora que orienta nuestros sentires, pensares y formas de ser; b) que sea incorporada en la gobernabilidad y por lo tanto en la educación; c) que sea promovida educativamente por los medios, fundamentalmente la televisión, y los programas incluidos en la tecnología de comunicación (blackberry, ipods, etc), de modo que los jóvenes que son los que más emplean estos artefactos en vez de ser constantemente distraídos para que no piensen sino que se entretengan con el cúmulo de información, piensen y piensen en términos comunales; y d) una organización económica que administre la escasez en vez de una economía destinada a enriquecer a quienes dedican todo su tiempo a enriquecerse. Bien, estos son algunos de los pasos que hacen posible la descolonialidad. No obstante, sabemos que ni el gobierno, ni los medios, ni los programas de sofware ni quien controlan el capital, les interesa la justicia y la posibilidad de todos de vivir en condiciones de creatividad (es decir, en condiciones donde la preocupación no sea qué voy a comer mañana, y qué voy a hacer con mi salud, y cómo puedo mandar mis hijas a la escuela). Todo esto es posi-

ble y fácil de hacer, pero es improbable en este momento en que la mayoría de los habitantes del planeta que tiene accesso a la información está anestesiado por ella (“anestesia” viene de la palabra griega “aiesthesis”, que refiere al sentir, a los afectos. “Anestesiar” es suprimir el sentir y los afectos, y al hacerlo se suprime el pensamiento, porque no se piensa a partir

de la mente sino del “corazón”. “Corazonar”, paralelo a “razonar”, es una expresión que introdujo y explota el ecuatoriano Patricio Guerrero1. Mientras tanto, lo importante es la visión descolonial de futuro que ya está establecida en la sociedad política global. No son ni los Estados ni los mercados quienes

promueven la descolonialidad, sino la sociedad política global, un actor social emergente que piensa, se organiza y actúa porque sabe-sabemos que ni al Estado ni al mercado les interesa la organización social comunal. Están todavía muy cegados por las ideas de dominar los Estados desarrollados; por crecer, los Estados emergentes; y por llegar a ser, los Estados subdesarrollados. Las corporaciones contribuyen a este estado de cosas y también la prensa y la educación

1 http://search.yahoo.com/search?p=corazonar&ei=UTF-8&fr=moz35.) --Imagen 1: http://www.riccicenter.com/maps/map_world01. JPG Imagen 2: http://www.klepsidra.net/incas5.jpg Imagen 3: http://www.latinamericanstudies.org/aztecs/azte cs21.gif Imagen 4: http://cartographic-images.net/Cartographic_Images/231_Asian_Religious_Mappaemundi_1_files/droppedImage_3.png Imagen 5: http://www.ciberayllu.org/Ensayos/EMQUrinJanan/Fig3_PontificalMundo500.gif


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mosaico La Ley 26.651, presentada por el ex diputado nacional Julio Piumato fue sancionada el 20 de octubre de 2010 y promulgada el 15 de noviembre de 2010, establece la obligatoriedad de utilizar en todos los niveles y modalidades del sistema educativo como así también en su exhibición pública en todos los organismos nacionales y provinciales, el mapa bicontinental de la República Argentina el cual muestra la Antártida Argentina en su real proporción con relación al sector continental e insular.

mapamundi proyección Peters (1974)

mapamundi proyección Mercator (1569)

Algunos datos para comparar:

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Groenlandia: 2 millones de km2 Africa: 30 millones de km2 Europa: 10 millones de km2 América del Sur: 17.8 millones de km2 Hemisferio norte: 30.4 millones de km2 Hemisferio sur: 62.1 millones de km2

"Son siempre los países del Tercer Mundo, los estados excoloniales, las naciones de los pueblos de color los que resultan perjudicados por el mapa Mercator. Este mapa es una expresión de la época de europeización del mundo, de la época en la que el hombre blanco dominaba el planeta, de la época de la explotación colonial del mundo...."


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mosaico

El viejo, el mar y la cartografía de lo incierto Por Daniel Giarone* dgiarone@gmail.com

En “El viejo y el mar”, Ernest Hemingway trazó las fronteras de un hombre para después violarlas. Santiago es un pescador pobre cuyo territorio no se halla en la cartografía cubana de la década del cincuenta. Su país esta delimitado por un impreciso pueblo de pescadores y por el vasto mar. Es el mapa de los que sufren en la Cuba pre-revolucionaria. Después de 84 días sin sacar una buena pieza, el viejo traspasa la frontera. Frontera de arena, agua y sal, pero también de lo posible. Se interna en el mar más allá de lo aconsejable para trazar un camino allí, donde no hay nada. Abandona la paz de lo conocido para recuperar la esperanza. Necesita quebrar la mala racha y recuperar el reconocimiento de sus pares. La pesca constituye su identidad y, si no pesca, no es. Para ser, su cuerpo debe escapar a la sujeción del territorio, a los límites precisos. “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”, dice el viejo en voz alta mientras funda una nueva cartografía hecha de estrellas, brisas y lunas. Los tiburones lo empujan al abismo de la desventura. Le disputan su presa. Un pez espada descomunal que le costó dos días pescar, en una lucha despiadada que lo hermana a la naturaleza y a su víctima.

El viejo, al límite de sus fuerzas y acechado por la muerte, violó la frontera como un acto de fe. Y fue recompensado. En aquella zona, que los mapas medievales describían con dragones y bestias paridas por el demonio, Santiago supo que para tener esperanza hay que “pasarse de la raya”. Toda cartografía expresa relaciones de poder, delimita lo posible y obtura la imaginación. Instituye realidades. Por eso el viejo, que necesitaba pescar para ser, desafió la cartografía y su linaje de certezas y regularidades. Se atrevió a internarse en la angustia de lo incierto. Aborreció líneas rectas y punteadas, ondulaciones pavorosas. El texto de Hemingway cumple sesenta años. Fue publicado, por primera vez, en 1952 por la revista norteamericana Life. Le valió a su autor el premio Pulitzer. Sin embargo, lo más importante no lo marca el calendario. Son sus páginas las que aún hoy nos interpelan: ¿somos capaces de cuestionar lo establecido para poder ser?, ¿declaramos provisorio al límite y definitivamente inútil toda cartografía para soñar con nuevos horizontes?, ¿nos animamos a construir nuestro propio mapa, aún al precio de regresar a la playa con nuestra bandera hecha jirones? * Periodista y licenciado en ciencias de la comunicación.


10 opinión

aclaraciones césar maffei /

gabycesar2010@yahoo.com.ar

Fronteras del país, las verdaderas, las que realmente nos limitan, no con Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia o Chile, sino esas fronteras mentales o espirituales que llevan a muchos a sentir la necesidad de pedir permiso a las llamadas naciones del primer mundo, sobre todo a Gran Bretaña y EEUU, que han sido el polo magnético para muchos ciudadanos argentinos, muchos de ellos lamentando haber nacido en estas tierras y no directamente allá, como habrían merecido (en eso coincido, lo habrían merecido). Esas que Jauretche plantea como zonceras, con “civilización y barbarie” como madre de todas y que se han visto presentes en estos días de la re-estatización de parte de YPF (ojo, aún YPF S.A. ¡qué temazo! Me pongo una frontera para este artículo). El “riesgo país” y la “seguridad jurídica” serían otras fronteras, hijas de las mencionadas. Otras fronteras, las que han sufrido el arte y la ciencia. Expansiones que luego limitan. Límites necesarios del consumo responsable, para la sustentabilidad, para el cuidado de la salud física, mental y espiritual. Los imperialismos que se expanden pasando por encima de los demás, las conquistas. Límites que hacen que una escuela esté muerta, que sea una simple reproductora del falso orden, que provoca comportamientos por el miedo y no por el crecimiento personal. O también por escuelas muertas por falta de límites que también llevan a la falta de libertad y al autoritarismo del que no respeta al otro, y lleva, por ende, a la limitación verdadera. Libertad que prefiero verla unida a la libertad del otro y no como si terminara donde empieza la del otro. Libertad que no puede ser a costa de la del otro. Vivimos en un universo que está en expansión, ¿chocaremos con otro universo? Confío en la evolución, que no es lo mismo que la expansión ni que el progreso económico. Idea de trascendencia que a veces me desespera, porque quiero dejar lo mejor que pueda de mí en esta etapa. Porque como dice León Gieco en “El desembarco”: “no pretendemos ver el cambio, solo haber dejado algo sobre el camino andado que pasó”.

Ya que hablamos de límites necesarios, el papel y el tiempo limitados provocaron lo que voy a contarles, y es bueno contarlo alguna vez, son entretelones importantes para tener en cuenta a la hora de entender mejor todo este trabajo que hace a un periódico, en particular a Andén. En un gran esfuerzo, contra reloj, el equipo de redacción me ayudó a cumplir con el límite de cantidad de palabras necesario, reduciendo mi artículo del número 67, de 3042 palabras sin contar títulos, a 2462, para que pudiera publicarse. Esto provoca algunas necesarias aclaraciones, que intentaré seleccionar para no irme de nuevo de las fronteras también necesarias, las que podemos trasponer como lectores, como seres pensantes. Por eso la idea de escribir es estimular en todos -me incluyo- el pensamiento, la creatividad, la voluntad… En el artículo original, haciendo referencia a la autonomía digo ¨ Si sólo reproducimos los cómo, se generan “comodependientes” que esperan al especialista que les transmita ese “cómo”. Buena parte del artículo describe, en forma crítica, un informe sobre minería realizado por TVR. Me parece que las principales citas del artículo original que debo hacer son: Luciano Galende aclarando que está en “desacuerdo con una brutal represión” (menos mal…). Al comentar que pasan parte de Plan M del 15/02/12 digo “donde en realidad estuvieron Carina Díaz Moreno y Marcela Crabbe, contando la lucha del pueblo riojano en contra de la minería a cielo abierto en Famatina, La Rioja, pero sólo pasan una parte de otro reportaje”. Luego se hace referencia al caso de Alejandra Fernández Reales, protagonista del documental

Oro impuro de Pino Solanas. El cineasta es uno de los denunciantes de que Alejandra falleció a causa de la contaminación. Entonces, Intercalan a Pino con declaraciones de Amando Domínguez, el minero que habló con Cristina en Olavarría, con el subtítulo: “la minería no contamina el agua en Argentina”. Héctor Laplace, Sec. Gral. de AOMA Olavarría, en C5N con Longobardi, diciendo que la familia tuvo que salir a desmentir aclarando que era “una enfermedad propia de la familia” (las letritas de C5N decían “Todo esto que pasa está absolutamente preparado”, posiblemente alguno de los entrevistados lo dijo). Pasan también el audio de FM La Perla de Andalgalá y un tío de Alejandra diciendo que ella sufría la enfermedad de Addison (acá bien escrito, no así en el informe) desde que nació en 1996, un año antes de que se empezara a explotar la mina. ¿Cuántas personas tratarán de ver quién dice la verdad? Corpacci diciendo por C5N que le preocupa la desinformación generada por algunos medios de comunicación, que le preocupa que hablen de camiones que llevan muerte, y que se hubieran tomado el trabajo de “venir a la Dirección Provincial de Gestión Ambiental a ver el informe de impacto ambiental” (¿hecho por quién?, ¿controlado por…?), “porque de esa manera sabrían que minera La Alumbrera no utiliza cianuro”. Julian Rooney, vicepresidente de La Alumbrera, por TN (acá no miente), asegurando que no usan cianuro y dando como fuente “la publicación que hemos hecho recientemente” (¡por ellos mismos!) donde -y aquí reaparece el cartelito de TVR reafirmando lo que dice quien habla- se verifica que no utilizamos cianuro”. Jorge Atilio Boggio, proveedor minero, primero reporteando, grabador en mano, a Bazán preguntándole sobre el basamento científico de su denuncia y luego reporteado, con un grupo pequeño de fondo que hace hinchada (viene a ser “el pueblo”, ¡la única vez en todo el informe que aparece alguien perteneciente a un grupo manifestante!), acusa a Clarín de “extorsionar a la multinacional para que les pague propaganda en el medio” (¿propaganda de la mina? ¿Cuánta puede ser?); y sigue: “por el problema que tienen con el gobierno nacional nos vienen a cagar la economía nuestra” (grupito atrás aplaude… Sería el pueblo arruinado por los medios al estilo de “los argentinos somos derechos y humanos” o de algunas de las manifestaciones contra la 125). En el tema Bazán, Cabito con un triste argumento: “Donde hay kilombo está Bazán”. ¿Y? Eso suena a “los zurdos siempre haciendo kilombo”… Y pasan, de un programa del 2006 donde invitan a Bazán por la presentación de su libro Crónica de un cronista, donde le dicen esa misma frase sobre “donde hay quilombo…” y, chiste a continuación, le dicen “yo creo que los armás vos” (cartelitos TVR reafirmando). ASÍ TERMINAN HACIENDO DE UN CHISTE UNA PRUEBA, O DE DENUNCIAS NO VERIFICADAS, PRUEBAS. O DE UN FURCIO UNA MENTIRA como cuando Bazán dice en su informe sobre dengue en Chaco: “nos confirma la esposa que tampoco tenía dengue, repelente” (BUENO, COMO AQUEL DE DROMI…¿POR DÓNDE ES QUE ANDA AHORA? ) donde TVR también muestra las críticas de quienes declaraban a Bazán persona no grata, pero digamos que el tema les traía perjuicio económico, fuera o no verdad. Al referirme al comentario de Víctor H Morales sobre ¿a quién creerle? Digo: ¨Podría haber buscado otro argumento, porque este de que los gobernantes no mienten…¨ (¿hace falta citar ejemplos?). Y luego sigo “el tema es que quieren encerrarte entre dos opciones cuando, para mí, no puedo creerles a ninguno de los dos”. Bueno, paro acá. CONCLUSIÓN: si el tema es ganarle a otro, no hay vuelta, perdemos todos porque nos alejamos de la verdad Y ASÍ NOS PONEMOS FRONTERAS!


11 opinión

fernando muñoz /

fdo.fdo.munoz@gmail.com

No es que Buenos Aires tenga dos modelos de planificación, no. Buenos Aires hoy es una gran ciudad hostil a los sectores más humildes, a ese 30% que pagan su renta mensual para poder vivir “dentro” de la ciudad; y esa masa de trabajadores, desocupados, documentados a medias, consumidores de servicios públicos deteriorados, que se apiñan en terrenos libres, laterales o linderos a las villas preexistentes. El resto de Buenos Aires es la gran especulación inmobiliaria, que piensa el suelo y su uso de acuerdo a la inversión millonaria que están realizando, más allá del hombre que habita la ciudad. Actualmente, la ciudad tiene la marca del empresariado argentino: gran rentabilidad, poco mantenimiento, gastos suntuosos para acentuar su condición de clase, estigmatización de la pobreza, avance “civilizador” sobre barrios integrados y tradicionales, polos económicos al servicio de grandes empresas (tecnológico, audiovisual) con exenciones impositivas, transferencia millonaria a servicios tercerizados (recolección de basura, mantenimiento de espacios verdes, alumbrado, etc.), y una aplanadora de obras en construcción que no renuncia -a pesar de las quejas de los viejos propietarios de clase media que ven afectada su calidad de vida-, porque al fin y al cabo el deterioro de servicios públicos por exceso de construcción no afecta a los que planifican la ciudad ni a sus constructores. Ellos están muy lejos de vivir mezclados en los barrios donde habita la clase media. Asimismo, y en concordancia con la planificación urbana, la ciudad es, por lejos, el distrito más rico y a la vez el más desigual de la Argentina. Y hablamos de una magnitud tal que el producto bruto de la ciudad, producto bruto geográfico (o PBI), está cerca de los 300.000 millones de pesos, una cifra majestuosa para un Estado que representa una ínfima porción de esa masa de recursos. En consecuencia, por ser el más rico y el más desigual, es el que contiene al Estado con menor incidencia económica. Claro que el presupuesto porteño es millonario y con un margen suficiente para reducir desigualdades y cambiar parámetros estructurales de injusticia; pero es magro en relación a la ganancia de los sectores económicos que -a través de los servicios profesionales, el turismo, las comunicaciones, los bancos y seguros, y el comercio- son los verdaderos actores y beneficiarios del planeamiento urbano. Decimos entonces, mercado inmobiliario vs. sectores medios propietarios defendiendo su calidad de vida. Especulación financiera, inversión y rentabilidad millonaria contra la vieja ciudad de barrios bajos, el río, los clubes sociales, el transporte público, el pleno empleo. Sin dudas, la agenda económica de la ciudad, la agenda real, está transcurriendo por lugares que prescinden de los sectores populares, los desplaza y excluye de la planificación urbana. Es una ciudad que no disputa la tierra, sino por el contrario, la deja librada exclusivamente al mercado, liquidando, incluso, su único patrimonio, a través de leyes que autorizan la venta de terrenos públicos. Buenos Aires tiene la misma población que en los años 50. Solo se verifica crecimiento demográfico, por la incorporación de inmigrantes internos y extranjeros, que en general encuentra en las villas y en menor medida en viviendas precarias, hacinadas y ocupadas el lugar de residencia para poder emplearse en la ciudad. La estadística confirma el carácter especulativo de la construcción de viviendas, y la perversión hecha política de Estado. Nuestra experiencia en el barrio de Almagro, nos habla de una evolución extraña, com-

pleja y siempre en disputa, de la geografía porteña. Un proyecto que recorrió todas las épocas y todas las cartografías imaginables –soterramiento del ferrocarril, la autovía, una ordenanza de 1970, expropiaciones, Corredor Verde- impide la construcción de viviendas sociales en la calle Gascón 123. Una resolución de la dictadura de Onganía, jamás ejecutada, es utilizada, entonces, para justificar la negativa a un derecho constitucional para 50 familias que habitan uno de los predios expropiado por el Estado para realizar esa obra irrealizable. El derecho básico al acceso a la vivienda digna, reemplazado por una obra pública que no es y nunca será, porque el ferrocarril Sarmiento ya circula en Almagro atrincherado, debajo de nivel. Barrio de clases medias y populares, Almagro fue la cuna de la primera Universidad Obrera, la Tecnológica Nacional; recorrió la crisis del 2001 con una larga lista de asambleas barriales luego de haberse asentado en el barrio la experiencia más acabada del sistema de trueque como forma de subsistencia; las fábricas recuperadas por sus trabajadores comenzaron en la legendaria IMPA –que hoy contiene un bachillerato popular y está a punto de comenzar una universidad de los trabajadores-; el primer centro de salud barrial estatizado luego de haber sido una clínica recuperada por sus trabajadores tiene una íntima relación entre sus profesionales y las organizaciones barriales; la red de comunicación Mate Amargo funciona legalmente en una propiedad pública cedida por ley, y una ordenanza dictatorial del onganiato proyectó una obra infinita e interminable que generó expropiaciones por cantidad y la consecuente ocupación de algunas propiedades para vivienda. Con esa red de participación popular, experiencias autogestionadas, propiedades sociales y cooperativas, venimos sosteniendo una resistencia de integración barrial, a pesar de la clara intención del gobierno de aislarlas, condenarlas al agotamiento o resignarlas a la derrota. Sin embargo, sin una oposición política clara y conducente, pero apelando a la solidaridad y también a las estrategias judiciales, legislativas, organizativas y combativas, nos sostiene una práctica de comunidad más integrada e igualitaria. Así, la Cooperativa Nuevo Horizonte, de Gascón 123, logró una ley que la “separe” de la ordenanza de la faraónica utopía de varios gobiernos, y haga responsable al Estado de sus deberes constitucionales. No obstante, para la administración política del Estado porteño, esa tierra pública tiene valor cuando los vecinos de Gascón 123 sean desalojados. Vetada por el macrismo, pero reconocida por la Justicia, para el gobierno ni siquiera existe esa ley. Mientras la lucha reivindicativa sigue, el tiempo juega a favor de los poderosos, porque solo un Estado que revierta la pirámide de recursos, que realice una auténtica reforma impositiva, que intervenga en la regulación de la tierra, que compre tierra y construya a medida de la realidad social de la ciudad, que inyecte recursos millonarios en escuela y salud públicas para competir con el sector privado, que retome las riendas de la planificación, que intervenga el espacio público con grandes y determinantes obras, que complemente calidad ambiental con desarrollo de subterráneos, transporte público y ordenamiento del tránsito, solo ese modelo estatal puede hacer coexistir producción de materias primas con servicios y viviendas, puede intervenir seriamente en la contaminación ambiental, puede diseñar un agresivo plan de viviendas sociales: garantizar un planeamiento equilibrado y justo. Es un desafío histórico. Todavía estamos a tiempo


12 opinión

viviana montes / viv_nipuki@hotmail.com

En primer lugar, voy a sincerarme con ustedes. No es sencillo presentar a Chris Marker, sobre todo al hombre detrás del cineasta. Alcanza con comparar unas pocas biografías a las que uno pueda tener acceso para comprobar que los datos difieren entre sí, incluso se contradicen. ¿Será que nació muchas veces? ¿Será que nació en varios lugares? ¿Será que no existe? Se preguntan los más escépticos. En mi caso, opto por resignar la información sobre su vida personal, incluso reconociendo que me perderé de saber si tuvo o tiene amores escandalosos –que son los datos que parece que hoy por hoy mejor cotizan en cuanto a la vida de la gente-, cuál es su color preferido o si duerme vestido o desnudo. Me quedo con su forma de presentarse al mundo: su trabajo. Sobre todo porque creo que es lo que mejor lo define, y de lo que se puede inferir muchísimo sobre quién es en verdad este enigmático y casi mitológico cineasta cuyo primer pseudónimo es Chris Marker, pero que muta todo el tiempo sembrando pistas falsas y desconcierto al camuflarse detrás de diferentes

alter egos. El fotógrafo Mike Aaland nos brinda una definición que lo pinta a nuestro misterioso artista de cuerpo completo; se las comparto: las enciclopedias de cine informan de que Marker fue paracaidista durante la Segunda Guerra Mundial. Que es hijo de un soldado americano. Que nació en Mongolia. Que en realidad proviene de otro planeta, o del futuro, lo que –como escribía alguien- “le lleva a uno a pensar que la raza terráquea llegará a parecerse a Marker dentro de unos cuantos siglos”. Como en toda buena leyenda, los límites entre los hechos de su vida y la ficción resultan difusos. Su obra también desafía toda definición. Algunas certezas: es cineasta, fotográfo, escritor y viajero. Tiene un incansable espíritu internacionalista –como todo verdadero revolucionario- o en palabras más afectuosas internacionalista hasta la médula fílmica (tal como lo nombra Paul Arthur en una carta que le escribe). Sus películas pueden tomar por escenario las calles francesas, Japón, África, Chile, Cuba, EE.UU. y más recientemente los levantamientos en Grecia y el Mundo Árabe, siempre atento a la idiosincrasia de cada sitio y exponiendo sus propias problemáticas, que en definitiva, en algún punto confluyen conviviendo todas las geografías dentro del mismo sistema victimario. Otra de las cosas que podemos asegurar es que supo poner sus saberes al servicio de otros, pero sin tratar de enseñarles nada sino permitiendo que hicieran sus propias experiencias, como por ejemplo en el caso de los grupos de cineastas y obreros –Grupos Medevkine- fundados con la convicción, en palabras del mismo Marker de que Nosotros (los cineastas) seremos siempre, como mucho, exploradores bienintencionados, más o menos simpáticos, pero de fuera, y del mismo modo que para su liberación, la representación y la expresión del cine de la clase obrera serán su obra en sí. (…) La película que ustedes deseen al final, amigos míos, la harán ustedes. Y fundamentalmente que se trata de un artista para el cual el medio cinematográfico, lejos de operar como un ámbito normativo, restrictivo, plagado de reglas a las que ceñirse (la mayoría de la veces coincidentes a las del mercado) ha sido y es un constante desafío, un medio de adaptación combativo, en el que el aprovechamiento las nuevas herramientas permite que vayan corriendo y expandiendo esos límites impuestos desde fuera cada vez más.

Como ya les adelanté, Immemory es un trabajo en el que Marker opta por el formato Cd-Rom para eludir la inquebrantable secuencialidad del filme tradicional y permitir que quien se sienta delante de la computadora pueda explorar los recuerdos, fragmentos y marcas de toda índole depositados allí con un mayor grado de libertad. El contenido está diferenciado por zonas: El Cine, la Fotografía, la Guerra, la Poesía, la Memoria, el Viaje y el Museo. Esta obra está actualmente disponible en –para variar- un misteriso portal web (www.gorgomancy.net) cuyo creador se desconoce, pero se supone que es el mismo Chris Marker. La hipótesis que origina Immemory es que toda memoria de cierto alcance está más estructurada de lo que parece y que las fotos tomadas en apariencia al azar, las postales elegidas en el capricho del momento, comienzan una vez que se acumulan a dibujar un itinerario, el mapa de un país imaginario que se extiende en nuestro interior. Immemory es un mapa. En principio, podemos mapear a partir de allí en contenido de la memoria de su autor, pero también, lo que propone es mucho más profundo que eso. Por otra parte desde el mismo soporte posibilita a quien lo utiliza construir diversos mapas, pero no de esos que usamos desde la escuela primaria, con fronteras fijas que se mueven solo con guerras y derramamiento de sangre, no de fronteras que se disfrazan de naturales para acallar las matanzas y demás fechorías que las fijaron. Immemory es un mapa de fronteras que se dibujan a gusto y que permiten o “aperturan” la reflexión a ese gran mapa universal que es la memoria, no solo la de un sujeto (el autor de la obra en este caso) sino esa colectiva, la de los pueblos, la de todos los que aún estamos vivos y la de los que fueron quedando en el camino. Una reflexión, también, sobre la manipulación de la memoria (ya presente en trabajos anteriores del cineasta), sobre los modos de operar sobre ella.

Decir que la memoria miente es una banalidad, es más interesante ver en esta mentira una forma de protección natural que podemos regir y modelar. A veces a esto se llama Arte. (Immemory)


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filosofía&política

tesis manuel fontenla / manuruzo28@hotmail.com

Democracia y lógica: ¿el mando de aquello que no manda? Volviendo sobre nuestros pasos, hemos empezado a pensar, primero, que la política no es el ejercicio del poder. En este sentido, la política debe ser definida por sí misma, como un modo específico de la acción, llevada a la práctica por un tipo particular de sujeto. Cuando decimos “un modo especifico de la acción”, decimos: una relación. Entonces, la política es una relación, y sobre todo, la relación que define al sujeto. Por contraposición a una comprensión de la política que define al sujeto. A su vez, esta relación no es cualquier relación; lo propio de la política es una relación entre el tener-parte de gobernar y ser gobernado. Nuestro segundo paso, nos decía, que esta relación tiene una lógica, según la cual hay una diferencia entre ser mandado y mandar, donde unos poseen algo que los otros no, un «título» particular: la virtud para los aristoi, la riqueza para los oligoï y la libertad para el demos. Este título particular tiene una lógica, que llamamos: lógica del arkhé. Es decir, una lógica normal que pretende que haya una disposición particular a actuar que se ejerce sobre una disposición específica a padecer (mandar-obedecer); en otras palabras, la lógica del arkhé, del principio que determina que “título particular” corresponde a cada parte de la sociedad, supone una superioridad determinada que se ejerce sobre una inferioridad determinada. En resumen, hay una lógica política que determina, según superioridades e inferioridades, quién debe mandar y quién obedecer. Ese es el nudo paradojal de la acción política, por lo tanto, “para que haya un sujeto de la política, y entonces la política, es necesario que haya una ruptura de esa lógica”. Y de eso trata nuestra tercera tesis, de la ruptura de esa lógica. La tesis 3 dice entonces: La política es una ruptura específica de la lógica del arkhé. En efecto, ella no supone simplemente la ruptura de la distribución «normal» de las posiciones entre el que ejerce un poder y aquel que lo sufre, sino una ruptura en la idea de las disposiciones que se vuelven «propias» de estas posiciones. A la hora de explicar esta tesis, Ranciere se remite a Las Leyes de Platón, puesto que allí, el filósofo griego nos describe cuáles son los “títulos” tradiciones que corresponden al gobernar y ser gobernado. De los 7 que menciona, cuatro son títulos de autoridad fundados sobre una diferencia de naturaleza, que es una diferencia de nacimiento. Tienen título para dominar aquellos que han nacido antes o de otro modo. Así se funda el poder de los padres sobre los hijos, de los viejos sobre los jóvenes, de los amos sobre los esclavos y de los nobles sobre los villanos. El quinto título se presenta como el principio de los principios, resume todas las diferencias de naturaleza. Es el poder de la naturaleza superior, de los más fuertes sobre los más débiles. El sexto título, dice Ranciere, ofrece la única diferencia que vale a los ojos de Platón: el poder de aquellos que saben sobre aquellos que no saben. Hay así cuatro parejas de títulos tradicionales y dos parejas teóricas que aspiran a mejorarlos: la superioridad de la naturaleza y el mando de la cien-

cia. La lista debería terminar allí, sin embargo, hay un séptimo título. Se trata de la «elección del dios», o dicho de otra forma, de la costumbre de tirar a la suerte para designar a aquel a quien le toca el ejercicio del arkhé. Esa elección, irónicamente llamada del dios, designa el régimen que sólo un dios puede salvar: la democracia. Lo que caracteriza a la democracia es la ausencia de título para gobernar. Es el estado de excepción en que no funciona ninguna pareja de opuestos, ningún principio de reparto de roles, y donde por tanto, no funciona lo lógica del arkhé. En la democracia se da la paradoja de un título que es la ausencia de título, y es la situación específica en la que es la ausencia de título la que da título al ejercicio del arkhé. Es el principio sin principio, el mando de aquello que no manda. Esto no sólo arruina la disposición “normal” entre los que gobiernan y son gobernados, sino que la democracia arruina lo propio del arkhé, en palabras de nuestra tesis: “una ruptura en la idea de las disposiciones que se vuelven «propias» de estas posiciones”. Romper con la lógica del arkhé, produce su desdoblamiento, que hace que se preceda siempre a sí mismo en el círculo de la disposición y de su ejercicio. De modo tal, que esta situación de excepción es idéntica a la condición misma de una especificidad de la política en general.

“Mandar obedeciendo – obedecer mando” Como sabe todo buen boxeador, para el K.O no hacen falta mil piñas por todos lados, sino una bien apuntada a la quijada para mandar a la lona al contrincante. Esas son nuestras 3 tesis, dos “apercats” y un gancho en la mandíbula: la democracia no es un régimen político. Ese es el punto al que nos lleva Rancieré, y más aún, no hay ninguna lógica que nos diga quién debe gobernar, no hay un “título” más apropiado que otro, no hay una “disposición normal” que distribuya los lugares que debemos ocupar, entre mandar u obedecer. En la democracia se da el mando de aquello que no manda. De esta reflexión se pueden disparar mil vértices y aristas de análisis, pero el lector atento, sabrá ya a dónde va el final de esta nota, que se esconde en el título de este apartado. “Mandar obedeciendo, obedecer mandando”, es el lema con el cual el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional intenta desde 1994 invertir, trastocar, romper, transformar, en una palabra, revolucionar la política opresiva y excluyente de México. Abunda la bibliografía sobre el EZLN y sobre este concepto, como para explayarse aquí. Quedan invitados lectores a adentrarse en esta conversación entre Ranciere y el Subcomandate Marcos (siéntase libre de invitar a quien usted quiera.)


14 teatro

mil

maneras creación

paula neri paulaneri1874@yahoo.com.ar

Giles Deleuze y Felix Guattari trazaron en su libro Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia varios conceptos de análisis llamándolos (y digo esto de manera muy escueta porque es un libro largo y completísimo) rizoma, árbol, mapa, principio de cartografía. etc.… Estos se van desarrollando a lo largo de los capítulos en su oposición y se puede ir vislumbrando su morfología para después poder aplicar dichos conceptos a distintas formas de arte, en su mayoría literario, pero una vez comprendidos, que dicho sea de paso no es nada fácil, pueden también ser usados para otras formas: las artes escénicas. Lo que me ocupa en este artículo es el concepto de rizoma. A lo largo de la lectura y tratando de comprender su funcionamiento fui notando que mapa y principio de cartografía dan cuenta de forma ilustrativa su mecanismo: “el análisis cartográfico implica asumir el hecho cultural como un rizoma potencialmente aleatorio y dialógico, antes que como una raíz (árbol) de funcionamiento racional y dicotómico. De esta manera se da paso al estudio relacional de las multiplicidades…el mapa (rizoma) no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí, sino que lo construye, siendo a su vez susceptible de constantes modificaciones…un mapa tiene entradas múltiples, y posee líneas de fuga que proyecta nuevas conexiones…” extracto del estudio Mil Mesetas. Teniendo en cuenta estos conceptos, pensemos en la actividad teatral, sin situarla en ningún lugar, ni Buenos Aires, ni Berlín, ni Mendoza, ni Córdoba. ¿Por qué? Porque el quehacer teatral es en cada lugar, en cada contexto cultural, social y político, muy diferente… Por suerte y como dicen estos autores: los hechos culturales tanto como sus productos no pueden sencillamente “significarse” en tanto que se hallan en permanente reformulación y en diálogo con otros eventos y actores sociales… Por lo tanto, celebro la multiplicidad cultural, estética y social, y los festivales culturales y teatrales porque en ellos pueden verse estas multiplicidades, dejando así lugar a la apertura mental y cultural de los que vamos y participamos de ellos. Los conceptos deleuzianos antes mencionados pueden darnos cuenta de cómo podemos pararnos frente a un proyecto, o por lo menos pensarlo y trazarlo en el tiempo. Si bien se trata de un método de análisis que, como dije antes, por lo general se utiliza para decantar y comprender algunos procesos literarios, se me ocurre que puede ordenarnos también el texto espectacular (representación/obra) y al quehacer de la bella tarea. Tal vez es de lo más complicado (y esto puede verse en todos los niveles de la sociedad) aceptar la multiplicidad de ideas, de

tácticas, de técnicas, de cuerpos, de voces… pero lo cierto es que si el tiempo de proceso (prueba y error) es vasto nada es más productivo como lo que se puede ir gestando. Para dar un claro ejemplo de cómo encarar la búsqueda, quiero citar al grupo Periférico de objetos, fundado en el año 1989 y conformado por Ana Alvarado, Daniel Veronese y Emilio García Wehbi, entre otros. El grupo como tal ya no existe pero es muy difundida la actividad que han realizado y que realizan aun hoy cada uno de sus integrantes. En sus resultados, en la obra misma del grupo (Máquina Hamlet, Monteverdi Método Bélico, Manifiesto de niños: Niño barroco, controlado y fragmentado entre otras) podríamos intuir la búsqueda rizomática que atravesó sus procesos, sospechando que sin tiempos, ni ataduras estéticas han dejado fluir la creatividad, cada uno de ellos por su parte, proyectando sus mundos y entrando al trabajo desde diferentes puntos del mapa de la creación llevando consigo sus vivencias particulares y artísticas. Hoy por hoy y desde hace unos años se producen todo tipo de espectáculos en los que se comenzaron a ver producciones que mezclan disciplinas en un mismo montaje valiéndose de la tecnología actual (ver y tener en cuenta lo que produjo por ejemplo el Festival Tecnoescena editado durante el 2008). Por todo esto creo que lo creativo, sin un referente único (árbol, tronco) llevará inevitablemente a las nuevas formas, que en última instancia de eso se trata la actividad teatral, si no vamos tranquilos y sin tropiezos molestos a lo conocido, a lo ya vivido sin esperar que nada nos s or pre nda…

teatro

habitación

blanca

No es novedad que el teatro es un territorio siempre en exploración. Allí donde hay cuerpos humanos desplazándose y conviviendo unos juntos a otros lo que se halla es la conformación de un microcosmos inestable, siempre a punto de cristalizarse y hacerse pedazos. La obra Habitación Blanca, de la novel autora Laura Raggio, intenta eso, captar para el espectador un espacio al borde del colapso. Sorprende desde un primer momento la puesta en escena que atenta contra la univocidad del escenario tradicional y exige un esfuerzo físico del público. El espectador es situado en el lugar del Voyeur y nunca es cómoda la posición de aquel que espía la intimidad ajena desde la mirilla de una puerta o a través de una ventana. También es un Voyeur quien adivina desde su casa lo que pasa del otro lado de la pared guiándose por conversaciones de las que no forma parte. El escenógrafo afortunadamente ha pensado en paredes semitrasparentes. La propuesta es curiosa, el espectador pareciera estar ubicado en el pulmón del edificio donde transcurre la historia. No es un dato menor: dentro de esos compartimentos estancos, el aire es algo que se va enrareciendo hasta volverse asfixiante, incluso, en los momentos en que surge de la trama alguien que abre, con un beso, una puerta a lo desconocido.

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La desnudez impactante de una mujer que se erotiza frente a una ventana (Marcela – Lucia Rossi) no es menos procaz que el griterío constante de quien clama por una justicia nunca explicada ni explicitada (la mujer de los gatos – Carolina Darling). La intimidad de los convivientes, de los amantes, de aquellos que son testigos involuntarios o no de una cotidianeidad. Elementos de un universo sin más paisajes que las dependencias de dos ambientes o de un lugar de trabajo. Esas diminutas geografías donde se sucede la vida son el lugar privilegiado en las que líneas argumentativas paralelas confluyen y no se cierran.

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gustavo zanella locardeux@hotmail.com

Habitación Blanca tiene una notable virtud: consigue exponer con claridad la oscuridad de sus personajes, las miserias y endebleces con que sostienen sus vínculos. Pone de manifiesto, gracias a meritorias actuaciones, detalles de carácter que el argumento parece no tener intenciones de detallar. A este respecto se destacan Nacho Tahhan con una estereotipada pero sólida composición de un inmigrante ruso

y Viviana Montes (Julia) que, a pesar de su contextura aniñada, exhala, al llegar la obra a su clímax, una voz que golpea, inflama la habitación, el edificio y la sala del teatro. Gabriel Jacubowicz (Javier) se pone en la piel de alguien a quien se desprecia en el preciso instante en el que aparece. Lucía Rossi (Macela) es la sensual inquilina española cuyo personaje crece y crece y en un santiamén sale de la obra y no vuelve aparecer. Pequeñas notas críticas sobre este personaje: ¿Era realmente necesaria, para los fines de la obra, el grado de exposición que alcanza? ¿Ayuda a contar la historia o es sólo un golpe de efecto? ¿Si la actriz no fuera Rossi, el efecto, sería el mismo?

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Habitación Blanca, se presentó en marzo y abril en Hybrido teatro, Villa Crespo. Una obra independiente, hecha a pulmón por jóvenes militantes del teatro que sorprende por su profesionalidad y su riesgo. Más notable aún cuando se sabe que es la ópera prima de su autora y directora Laura Raggio, alguien que cualquier amante de las tablas debería tener en su radar de jóvenes promesas de la dramaturgia argentina


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cinco discos cinco

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para no caminar al garete por barrios fuleros

gustavo zanella locardeux@hotmail.com

Hay una infinidad de mapas que ayudan a recorren los caminos que llevan desde la puerta de casa hasta el Dorado o hasta Shangrilá. Hay mapas con división política, con división física, mapas en donde se detallan las poblaciones y la escala hipsobatimétrica. Hay mapas que nos dan una pista sobre la política vernácula y que sirven para entender quién es quién en el escenario ideológico. Hay mapas para todo, pero nunca representan fielmente la verdad. En el mapa está el ojo del cartógrafo, está su estrechez y su prejuicio y su deseo y sus ganas locas de que al final de la última línea trazada esté el tesoro escondido allí donde nace el arcoíris. Todo mapa miente. Como la fotografía, como Clarín y Tiempo Argentino, las cartografías sólo nos dan una instantánea capciosa de un momento y se olvidan o no pueden contar aquello que hay detrás de esa inmovilidad que fija un hito junto a otro. El mapa es enemigo del cambio, el instrumento con que las empresas de turismo le niegan a los pobres el derecho a salir de sus guetos y visitar otros guetos mejor decorados. Andar honestamente por el mundo es no saber hacia dónde ir, por dónde caminar. Aquello que sirve para orientarnos le quita sorpresa al sendero; también, claro está, nos salva la vida. Como el caso de Juan Díaz de Solíz que de haber tenido uno más o menos fiable hubiese evitado que se lo merendaran los nativos. Una cartografía es, en suma, un pretexto para evitarse el viaje, para suplir la angustia de lo desconocido con la falsa seguridad del dato. Por eso es impensable un mundo sin mapas, sin cartas de navegación, sin brújulas ni astrolabios; porque esos rudimentos nos permiten llegar a casa, encontrar a la damisela y disfrutar de las películas de piratas. Y por eso 5 discos 5 que son como un mapa, que no sólo nos traen un mundo desconocido sino que nos dicen desde dónde arrancar a caminar

Time – 1981 - Electric Light Orchestra. En las postrimerías del sonido disco, cuando parecía que todo había sido dicho y hecho para la pista de baile, la ELO, ya por aquellos años reconocida como una de las agrupaciones fundamentales del género, editó un disco de música disco experimental narrando una historia futurista casi en clave progresiva. Atiborrando su sonido con la presencia de sintetizadores y samplers y llevando los arreglos vocales a la cristalización de su propio estilo consiguen un ópera pop, con una historia consistente, emotiva en la que por momentos al escucharlo se pierde el rumbo y no sabe si lo que suena es Queen o Supertramp pasados de orquesta; pero no importa, porque esa forma de desorientación lo es todo para un disco que preanuncia las líneas fundamentales del sonido de los 80 sintetizando todo lo anterior. Be your sound – 2011 - Cosmic gate & Emma Hewitt. Los mapas están a mitad de camino entre lo que es y lo que se considera que debería ser. Imaginen a dos djs alemanes y a un ángel de voz etérea, en un playa, trazando en la arena un mapa acerca de cómo deberíamos entender la fusión entre la tecnología y la capacidad humana para generar belleza. El loop constante. Las capas de sonido, una sobre otra, ramificándose en una hipnosis de rumor de olas. Difuminación. Ausencia y presencia solapadas. ¿Deep house melancólico? ¿Trip-hop relajante? ¿De qué nos sirve marcar en los atlas musicales un lugar si no vamos hasta allí para comprobar el paisaje? No hay mucho más que decir para una música que debe sentirse en ese otro mapa de la vida que es el corazón. The Atomized Dream – 2008 - Canvas Solaris. Sospechar que para el gran público, la geografía del metal progresivo instrumental es una geografía desconocida no es para nada errado. Sin algo que nos guíe, puede resultar extraño ese sonido repetitivo, crudo, hastiado de precisión que tiende a carecer de melodía, estribillo o algo semejante a lo que llamamos vulgarmente “tema”. Para orientar podría decirse que tiene ribetes de jazz pero en clave de metal, un sonido que bien podría ser el resultado de escuchar atentamente de King Crimson, los canadienses Rush, Dream Theater pero también de Pat Metheny. La apuesta instrumental es también un ribete que lo aleja aun más de la masividad. Terra incognita por donde se la mire, que apela a la paciencia del viajero, al esfuerzo de escucharlo desprejuiciadamente y a las ganas de dejarse llevar por geografías no siempre del todo bellas, pero siempre novedosas. Salud Universal- 1993 - Los Visitantes. Luego de Don Cornelio y la Zona, Palo Pandolfo el último poeta maldito del rock nacional, vuelve al mapa del rock con una de las bandas principales de la primera mitad de la década del 90. Fundadores de lo que se llamaría rock rioplatense que los emparentaría con bandas como Los Piojos, los visitantes tuvieron una propuesta oscura, furiosa, siempre incómoda que, si bien logró hits, nunca pactó con lo radiable y complaciente. Esta, su primera producción, es un disco de canciones situadas, en la que casi todas remiten a un lugar en el espacio como el “Albergue Warnes”, “Castro Barros – Miserere (norte)” o la gran “Playas oscuras.” Rock sin expectacularidad pero cargado de sentidos para entender los meandros y penínsulas que atravesó el rock nacional antes del presente. Playing For Change - Songs Around The World. El planisferio es la cartografía más basta que el ser humano ha precisado con cierto detalle. Intenta ir más allá pero siempre vuelve a los planos de su propio rancho porque como decía Dórothy “no hay lugar como el hogar”. El productor Mark Johnson parece haberlo tenido presente cuando al grabar a un cantante callejero le surgió la idea de grabar a otros músicos alrededor del mundo y hacer con ellos un disco con la pretensión de hacerlos confluir en el idioma universal. Un disco de buenas intensiones que pretende atravesar las geografías del mundo, llevarse por delante las fronteras y las ideologías, y encontrar en la solidaridad la clave para el cambio. Un disco que apela a los buenos sentimientos, políticamente correcto sin más hallazgos que las voces de gente que día a día se ganan el pan cantando para vivir. No es poco para un mundo en el que millones se extravían en los intolerables caminos del hambre.

cultura Según dice su concepto, el mapa es “una representación gráfica y métrica de una porción de territorio”. La cartografía, por su parte, es aquella ciencia que se ocupa del estudio y elaboración de los mapas. Por mi parte, me interesa tomar de ambos conceptos la idea de REPRESENTACIÓN, abstrayéndola de si es gráfica o no, métrica o territorial. Cada uno de nosotros, dados en llamar “seres humanos”, nos encontramos siendo concebidos y expulsados en un mundo ya predeterminado. Predeterminado por una época, una cultura, una serie de “ideologías” (que a veces parecen contrapuestas, otras muchas similares, cuando no intencionalmente esbozadas para que sirvamos a “x” fines de unos pocos o muchos sistemas). En fin, predeterminados. En estos tiempos, puntualmente hablando, nos encontramos en una época de la imagen, en una cultura consumista, y en una ideología capitalista. Nos “bañan” de imágenes pre-diseñadas, inalcanzables para seres comunes y corrientes. Alcanzables para quienes deseen contraer anorexia, bulimia, trastornos varios de la alimentación, cánceres de todo tipo: pulmón, mamas, etc, etc, etc... Nos indican qué, cuánto y cómo consumir, el smart-phone, el i-pod y vaya a saber cuántas otras herramientas “indispensables” para el día a día. Nos proponemos, de este modo, aislados e integrados al mismo tiempo. En un mundo... virtual. También real, porque virtualmente llegamos a conocer al otro, y al mundo en sí. Diría que, vivimos cada vez más en una cultura que aboga por la alienación absolutista y monárquica. Capitalismo, socialismo, ideologías en fin, ideologías que constituyen un cúmulo de ideas preponderantes, fanatizantes, que todos seguimos sin darnos cuenta porque estamos “pre-formateados”, o que seguimos dándonos cuenta porque de ello sacamos algún tipo de beneficio (monetario, sentido de pertenencia y/o de referencia, váyase a saber...). También están quienes luchan en contra del fanatismo y urgidos de escapar de este sistema cruento, huyen para San Marcos Sierra. En fin, la representación de nosotros mismos difícilmente sea una tarea o desafío personal de esta “New Age”, no vale la pena el esfuer-

el mapa de nosotros mismos

zaira marcheto lic_marchetto@hotmail.com

zo... ya está todo dicho


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-“Sire… ¿sobre qué reináis? -Sobre todo-respondió el rey con toda naturalidad.” “-¿Y qué haces con todas esas estrellas? -Nada, las poseo” “Las geografías –dijo el geógrafoson los libros más preciados de todos los libros. Escribimos cosas eternas”. Saint Exupèry, El Principito

fernanda sallenave fersallenave@yahoo.com.ar

Esta será una nota sobre mapas, sin mapas. Al menos, sin mapas que otros hayan hecho por nosotros. Juguemos con esos mapas que hemos incorporado a nuestras mentes, y que para nosotros son la verdad. Te propongo que tomes entre tus manos un globo terráqueo, lo coloques a la altura de tus ojos, y lo gires hasta que la Argentina quede en el foco de tu mirada. ¿Qué se ve desde allí? Imaginá que lo desplegás, y generás un planisferio con Latinoamérica al medio… ¿Qué te parecen China y Japón en Occidente? ¿Qué tal Europa perdiéndose en la puntita noreste de tu mapa? ¿Ves la Antártida? ¡Mirá cómo se achicó Groenlandia! Pero ese no es el Planisferio… No es serio… ¿Cómo no? No es el Planisferio resuelto por Mercator en el siglo XVI, y definitivamente instituido a partir de 1884 cuando se optó por el Meridiano de Greenwich –que es lo mismo que decir Londres- como organizador del tiempo y del espacio. En realidad, a fines del s. XIX, quien administraba el tiempo y el espacio global era Inglaterra y este rol fue inmortalizado en el planisferio que atraviesa nuestra idea de mundo. No es casual que el único país que en principio se negó al huso horario de Greenwich fuera Francia, que por un rato siguió usando el tiempo de París. “El hombre obra siempre racionalmente en función de percibir el medio, pero como nunca percibe el medio objetivo por no disponer de toda la información, su imagen o mapa mental no es un isomorfo de la realidad y es este mapa el que se interpone entre el medio real y su conducta…” (Puyol, Rafael, 1988). Cuando hablamos de grandes superficies, la percepción del espacio está dada por sus representaciones cartográficas. Si nos criamos viendo a Europa como ombligo del mundo, así lo vemos, así lo percibimos, así lo entendemos, así actuamos, porque ese es el mapa que se interpone entre el espacio real y nuestra conducta. La percepción tiene errores: en cartografía se utilizan dos medidas de análisis para tratarlos: la distorsión y la borrosidad. La primera tiene que ver con la diferencia que existe entre la localización percibida respecto de la localización real. En nuestro caso, se nos ocurre que para llegar a Australia desde Buenos Aires tenemos que cruzar todo el mundo, porque no percibimos la posibilidad de ir por el Polo, o por el Pacífico. Por una cuestión cultural, podemos pensar que África queda muy, muy lejos, y que México está ahí nomás. La segunda medida, la borrosidad, es un modo de dispersión de las localizaciones, imprecisio-

nes surgidas de la falta de experiencia y subjetividades del lector de un mapa. Nos resulta mucho más simple ubicar París que Eritrea, El Océano Atlántico parece más grande que el Océano Pacífico. Sin dudas, este error tiene que ver con el foco. ¿Qué mundo tenemos en foco? En nuestro mapa, el foco está en Europa. El resto, aparece borroso. Desde esta perspectiva, el mapa representa el poder. Tan es así, que muchas veces el mapa –representación del territorio-, es anterior al espacio poseído: es el lugar que se supone poseer, aunque a veces la realidad indica otra cosa. En el siglo XV, época de los “grandes descubrimientos”, cada monarca –español, portugués- dibujaba en sus mapas aquello que suponía le pertenecía. Cuando el asunto pasó a mayores y dejó de ser un problema gráfico, intervino Alejandro VI -que de eso sabía mucho porque había comprado el papado con sus territorios- y trazó una línea. Esa línea, llamada “del tratado de Tordesillas”, era lo más parecido a la realidad que tenían los mapas: de acá para acá, de España, de acá para allá, de Portugal. Los españoles dibujaban para sí la mayor parte de América. Sin embargo, el poder español se restringió por casi dos siglos a unas cuantas ciudades fundadas por ellos. Este hecho se profundiza aún más en nuestro país. El imponente Virreinato del Río de la Plata era literalmente “cartón pintado”. Sólo un corredor entre Potosí y Buenos Aires era parte del poder español. Corredor que sobrevive hasta nuestros días, en el trazado de la Ruta Nacional Nº 9. El resto del territorio, sus habitantes y sus economías nunca supieron que pertenecían a España. Miles de aborígenes vivieron y murieron sin enterarse que la familia Borbón los contaba entre sus súbditos, y los dibujaba en sus mapas. Luego durante el siglo XIX, quienes cumplieron con la trascendente misión de declararnos independientes de España y de cualquier otra dominación extranjera, representaban a la población de un tercio de la superficie que dibujaban como territorio. Para que el mapa real y el cartográfico coincidieran en nuestro país, hubo que pasar por los genocidios de la Patagonia, el Chaco y el Paraguay. Posteriormente, con la incorporación de la Antártida en la déca-

da del ’60, Buenos Aires corría el riesgo de dejar de ser el ombligo aunque más no fuera en lo gráfico. Así se optó por la solución de representar a la Antártida en otra escala –pequeñísima- a la derecha del espacio continental americano. Crecimos con la idea de que la Antártida era nada. La nueva carta de la Argentina (2010) muestra el Sector Antártico en la misma escala que la porción americana, ubicada donde relativamente corresponde. Nos estamos desayunando de que las Malvinas están al medio del país, un país esencialmente marítimo, y que somos una pequeña península de la gran nación americana. Los mapas no son inocentes. Y el poder actúa en forma no muy diferente al rey, al hombre de negocios y al geógrafo de El Principito

Andén 68 - Cartografías  

Periódico Andén – Publicación argentina de análisis y reflexión sociocultural.

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