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Nº65 año iv - domingo 22 de enero de 2012 precio: este periódico

PARADA OBLIGADA EN LA COMPRENSION DE LA REALIDAD

ilustración por daniel martín - www.dmdesign.com.ar - mardaniel@gmail.com

no se vende

culturas


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editorial

E

n esta ocasión el tren se detuvo en un andén plural, un pluriandén podríamos arriesgar. Porque pensar la cultura así solita parecía algo poco, limitado, pero a la vez inmenso e inabarcable. Inmenso en el sentido de intentar meter absolutamente todo lo que es producido por el hombre allí dentro de este único concepto. Limitado, si efectivamente decíamos: “esto es la cultura” dejando inevitablemente fuera, en un espacio salvaje, aquello que no fuese contenido en la definición. Cultura es uno de esos términos centrales, que al definirse dividen aguas, dejan dentro cosas y niegan absolutamente otras. Pero no es ese el modo en que se pretendía reflexionar desde este andén. Por el contrario, la búsqueda del periódico consistió en darle una vuelta más al asunto y surgió la idea de reflexionar alrededor de las culturas, algo que indefectiblemente sería más propicio que hacerlo sobre una sola. Y esto no por la típica disociación entre una cultura popular y otra elitista, ya que si bien esta distinción puede ayudar a hilvanar reflexiones de gran vuelo, no es menos cierto que esto no presupone más de una cultura, para lo cual una parte se considera más pro y a la otra le chorrea mozarela. El desafío de pensar las culturas en vez de la cultura, presupone un recorrido mucho más largo y rico que la letra que las diferencia. Esto toda vez que el plural que las distancia recorre un camino mucho más largo y trabajoso que la simplicidad y homogeneidad aparente del primer término. Si bien la reflexión sobre la cultura puede retroceder hacia los albores de nuestra tierra, allí donde en plena construcción nacional pretendía construirse desde el binomio civilización como lo culto (lo letrado, lo europeo) y la barbarie como lo falto de cultura (lo propio, lo indígena, carente de educación) -binomio que determinaba los límites de país (cuando no de la vida), este tren se vuelve sobre este pretendido par de opuestos para tensarlos, cruzarlos, incomodarlos y para soltarlos de tanto en tanto atreviéndose a una discusión mucho más global y actual, sin descuidar que esta discusión actual y global se ve fuertemente interpelada, en nuestro caso, por nuestra historia. El gran avance de la época neoliberal, cuyos resabios seguimos sorteando en el presente que transitamos, estuvo marcado por la intromisión de la diversidad cultural en el campo

ilustración por daniel martín - www.dmdesign.com.ar - mardaniel@gmail.com

disputar la cultura

planta estable

de la homogeneidad social. Parecía entonces que ser diferente dejaría de ser un condicionante social y que todos tendrían la libertad de desarrollarse vivir plenamente. Ese otro diferente que antes había quedado fuera por inepto, sería entonces bien recibido. Hoy las políticas multiculturales subsidiarias de cierto status quo neo liberal parecerían mostrarnos que hay lugar para el indio, el negro, el villero, el homosexual, y hasta la mujer estaría en igualdad de condiciones. Observe el lector la generosidad de las premisas. La realidad es que si bien estas diferencias comenzaron a tolerarse, sus implicancias quedaron pendientes. Con esto aludimos a que ser diferente dejó de estar mal, uno podía llevar eso de propio, mas no pretender que aquello que afirmase tuviese una posición jerárquica similar a quienes históricamente detentaron las elites. Y con esto no referimos exclusivamente a una elite económica. Esta reflexión alcanza también a la rama política, cultural y social de los pueblos. Se acepta la diferencia en la desigualdad pero no la lucha por la igualdad a pesar de la diferencia. Sin embargo, no puede olvidarse que si el diálogo cultural no se da en igualdad de condiciones, entonces no hay diálogo, hay imposición. Mucho más fructífero es imaginar la cultura como un ámbito de disputa: disputa de diferentes sentidos, disputa de diferentes identidades, disputa de intereses (¿por qué no?), disputa política, disputa artística. La disputa supone mundos y realidades diferentes. No mejores, no peores, pero tampoco similares. La disputa e incluso el enfrentamiento no excluyen el diálogo ni el consenso. Pero pensar que hay consenso y diálogo a priori es justamente aquello que nos llevó a no alterar las jerarquías, aun admitiendo las diferencias. Las implicancias de pensar la cultura desde estos limbos redunda en la imposibilidad de proseguir hablando de cultura sin más, hace necesaria la aceptación del otro, no solo desde la tolerancia, sino desde su lugar de otro, con el mismo rango que detenta lo propio (sea este propio la clase dominante, la aristocracia, una elite, pero incluso uno mismo, desde su reducido espacio de verdades). Es un desafío que se eleva por sobre la desigualdad y la indiferencia, condicionantes primeros del diálogo posible entre las culturas, y se constituye como disputa, incluso en contra de los propios intereses.

maquinista juan ignacio basso

el que no se quiere bajar del tren césar maffei

el que come gracias al tren gustavo zanella

los que pintan grafitis en la estación gabriel maffei daniel martin

encargado del salón comedor luciano pablo basso boletero jorge augusto cuello la que hace sonar la bocina lorena barbosa

las que se roban los quebrachos

guardabarreras gabriela giambroni la que se pasó de estación maría belén morejón la que dice que el tren no tiene que poner guiño para doblar florencia bellagamba

staff

en esta ocasión quiero agradecer a mi archienemiga (la correctora), quien tanto empeño pone en quitarme el trabajo antes de tiempo, por los momentos libres que me ha generado, con los cuales puedo ahora dar rienda suelta a mi creatividad. así, entiendo que paso de ser un simple botón (de errores ortográficos), como gusta llamar el maquinista, a un empleado ocioso, pero a la vez dispuesto a invertir el tiempo libre en la producción de la empresa. obviamente no se trata de una producción económica, pero por lo menos realizo alguna tarea mientras cuento los días para mi jubilación. en este caso, alerto a los lectores de la puesta en línea de nuestro nuevo sitio web, realizado con mucho empeño y dedicación por nuestro amigo leandro nantón junto a la inestimable colaboración del segundo al mando, quien come y no convida, gustavo zanella. es así pues que en esta ocasión, en vez de inundar mis líneas de reproches por el flojo desempeño de nuestro sitio durante gran parte del año por inconvenientes con el hostin (de los que hay algunos comentarios en la página 12 de esta edición), aprovecho este espacio para felicitar en nombre de toda la empresa ferroviaria a quienes realizaron tan noble tarea con tan gratos resultados, e invitar a nuestros pasajeros a darle un vistazo al nuevo sitio, alojado donde siempre: www.andendigital.com.ar.

fede ratas

las que pasan por abajo del molinete

bárbara aguer giselle méndez carla wainsztok

la que endereza las vías natalia lópez el que no vio la barrera pedro pertusi los que corren la zorra manuel fontenla franco dré el que corta las vías martín giambroni

ana laura suarez cassino paula neri

colgados del tren, como racimos grupo de estudios para la liberación (gel): bárbara agüer, juan ignacio basso, martín forciniti, juan francisco martínez peria, mercedes palumbo, ezequiel pinacchio, soledad ramati, tomás rosner y santiago sánchez caminantes de las vías que se detienen en esta estación

raly barrionuevo, el río sin orillas (a través de Gabriel D’Iorio y Diego Caramés, elías pedernera, horacio cárdenas. boleto

gratarola

www.andendigital.com.ar


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descolonialidad

L

a maestra enojada señala a sus alumnos: “no hables como indio”, “no grites que no estás en la cancha”, “comportate como una señorita”. Teniendo en cuenta el tema de este número de Andén, vale hacernos las siguientes preguntas: ¿cuál es la cultura que se admite en la escuela? ¿Qué otras culturas y discursos quedan por fuera? ¿Cuáles son los mecanismos por los cuales la escuela (re) configura y anula lo otro? En última instancia, pensar lo otro de la escuela es intentar reflexionar sobre lo popular y sobre las culturas invisibilizadas y normativizadas por la cultura ilustrada hegemónica. Intentaré interpelar a la realidad escolar a partir de las resonancias que las matrices de pensamiento kuschianas tuvieron en mi práctica docente y en mi experiencia como alumna.

un modo de “ser” en la escuela: el afán por ser alguien (normal)

apuntes sobre la interculturalidad en la escuela

Históricamente, la institución escolar asumió – con inspiraciones foráneas – el proceso de homogeneización de una realidad colectiva constituyendo una educación común para “todos”. Protagonista de una propuesta en apariencia universalista, la escuela expresó el conjunto de valores, creencias y principios en los que se fundó el nuevo orden social dominante. De este modo, esta realidad homogeneizadora que presenta la institución escolar prescinde de los diversos e invisibles rostros del Otro: el huérfano, el pobre, el inmigrante, el adolescente, el indígena, el villero.

hacia América profunda, hacia la doxa, hacia lo humano. En última instancia, la potencialidad del “pensar” es la apertura a todo lo humano. Sin embargo, esta apuesta conduce a resignar (en parte) las certezas, lo denotable, lo aprehensible, el sujeto de la ciencia que instrumentaliza a los objetos y a la naturaleza para ingresar en el camino menos certero de lo simbólico, de lo emocional, de lo popular y de lo humano.

un modo de “actuar” en la escuela: entre la legitimación de un único modo de hacer y la muerte de la alteridad La escuela se monta sobre una concepción de desarrollo según la cual no sólo va a desplegar lo no desarrollado (léase los alumnos), sino que también posee una direccionalidad específica que anula otras formas o las define como subalternas. Educar para civilizar implica la reducción del otro a lo mismo (a la cultura hegemónica) y para ello es preciso matar la alteridad. Con este fin, la escuela se vale de diversos dispositivos tales como la mecanización del tiempo, la distribución del espacio, la configuración de roles asimétricos, la constitución de una realidad colectiva, la regulación del habla y las formas de pensar. Es así que la racionalidad occidental única – que se estipula como un punto de llegada – legitima el hacer, hace a un solo modo de operar y ante todo a un

Lo otro no es considerado únicamente como lo diferente sino también como lo desigual bajo la representación del no-ser, la nada o lo absurdo; en fin, la “barbarie de lo popular”. Como resultado, en la escuela no entran en juego otras culturas y, de manifestarse, requieren ser sujetas a una serie de mecanismos alternativos de incorporación a un modelo único de sujeto, de conocimiento y de humanidad que coincide con la visión occidental, moderna y europea.

los invito a transportarnos a la inocente etapa de nuestra infancia, a los recuerdos de nuestra maestra inmaculada, a la pureza de la realidad intramuros de la escuela… y especialmente a su más sutil lado oscuro fácilmente ilustrable a partir de otras imágenes y otros discursos que circulaban (y siguen circulando) en el espacio áulico y que conviven con las enunciadas anteriormente

mercedes palumbo mercabj@hotmail.com

La norma borra, de esta forma, una identidad que le es propia a cada sujeto para “ser” como los demás. Esta norma es avalada por un saber científico que estratégicamente estableció formas de nominación asignando patrones de normalidad y diferencia que influyen en la configuración de una subjetividad escolar “normal”. Una serie de disciplinas como la psicología, la medicina y la pedagogía generaron categorías y tecnicismos clasificatorios mediante mediciones de la inteligencia, la medicalización y la definición de grados de educabilidad (una maestra apunta: “este alumno es ADD, este TGH y este otro es Retrasado”). En consecuencia, lo que el sujeto no era antes lo pasa a ser en la escuela en su calidad de alumno.

un modo de “conocer” en la escuela: el miedo a “pensar” En el ámbito escolar, el binomio razón-emoción es fundamental para entender la imposición de la razón como único camino válido de acercamiento y conocimiento de los objetos y la invisibilización de un plano de emocionalidad que, al fin y al cabo, efectiviza la posibilidad de vivir. Es así que se configuró el aprendizaje como un proceso unidimensional centralmente cognitivo, poniendo el cuerpo al servicio de la mente. Así, se asocia linealmente lo emocional con lo irracional y lo subjetivo. Por lo tanto, interpelando al supuesto emanado de la lógica de la razón según el cual “soy más culto cuánto menos me dejo llevar por lo natural, por lo emocional”: ¿de qué sirve ganar una vida racional y pulcra – la civilización conjurando a la barbarie de lo popular – si la propia vida pierde su fuente de sentido? De allí la diferenciación que Kusch establece entre dos conceptos: el “conocer” ligado al saber de la ciencia moderna que se jacta de su carácter ahistórico, neutral y universal (retomado como modelo en la escuela conduciendo a una ruptura de los saberes y la experiencia previa de los alumnos, de las fuerzas contaminantes de la cultura de masas frente a la cultura ilustrada); y el “pensar” que implica asumir la geocultura del pensamiento, la inscripción de los saberes en una determinada cultura – de la cual emana y a la cual remite – que domicilia al hombre dándole un margen de seguridad interna y siendo fuente de producción de sentido sobre el mundo. En consecuencia, mientras que el conocer es un pensamiento que está siempre saliendo (y perdiendo su margen de arraigo en un sujeto y en una cultura): hacia el ser, hacia Europa, hacia la ciencia; el “pensar” alude a lo que está entrando y reconociendo su suelo, su contexto de producción:

cómo hacer. En este sentido, la figura del maestro – gracias a su saber y pertenencia a un mundo adulto y por qué no europeizante – asume una posición civilizatoria entendiendo la enseñanza como un hecho normativo que viene a completar, moldear y purificar al alumno (indefenso e ignorante) borrando el hedor de lo popular. ¿Será entonces que el educador debe empezar por aprender el mundo del educando? ¿En qué sentido la escuela habilita la búsqueda, la interrogación, la problematización? * La gramática escolar se cerró en los muros de una certeza única a costa de negar lo popular, lo otro, lo imponderable y lo contingente. Sin embargo, hoy el sentido moderno de la escuela está estallado y nos muestra a las claras su operatoria. La escuela ocultó el hedor de América, pero lo puso bajo la alfombra avisándose por los costados. Frente a la conjuración de la barbarie por parte de la civilización, la invitación a todos los docentes reside en “ensayar” la interculturalidad en nuestras prácticas cotidianas. Lo central es no pretender que el otro piense como yo, es pensar una totalidad que parta y contemple las diferencias en un diálogo de culturas, dado que aquello que como buenos modernos persistimos en olvidar es el sentido inapropiable de la alteridad y el entrecruzamiento entre el sí mismo y el otro en una co-existencia. Esto no significa, sin embargo, pensar en la mera tolerancia – característica del multiculturalismo neoliberal – que muestra una falsa inclusión al celebrar las diferencias bajo el mote de la “diversidad cultural” sin indagar las desigualdades que dichas diferencias culturales conllevan y que es necesario revertir. La interculturalidad no es sólo una cuestión de simple declamación discursiva de la diferencia sino también la posibilidad de construir una traducción desde lugares y voces que gocen de la misma capacidad de enunciación y de escucha. La propuesta de Kusch reside en crear el mundo de vuelta sin renunciar a mi paisaje ni negando el del otro, ya que tanto tu paisaje como el mío son intentos de encontrar sentido a la vida, vida que sea habitable. Porque en el fondo no estoy yo, estamos nosotros: un nosotros del cual surja el “pensar”, un nosotros que no se reduzca a ninguna de sus partes constitutivas.


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diálogo diálogo con el río sin orillas

moscas bárbara aguer & ezequiel pinacchio Desde 2007 El Río Sin Orillas (RSO) nos sorprende con una propuesta a la vez sutil y osada. Singular. Cada año, nos demora con su prosa elegante, sin concesiones, que opera como indicio irrecusable de un colectivo de trabajo que sabe lo que quiere y quiere lo que sabe. Por eso lo cuida tanto. Su formato, su articulación, su intensidad, la llevan a ese terreno fronterizo de la revista-libro, que es otra de sus marcas distintivas. En su quinto número -presentado el 20 de diciembre pasado por Eduardo Jozami, María Pía López y Federico Scigliano en el Museo del Libro y de la Lengua- ya son más de 300 las páginas necesarias para plasmar una obstinación creciente. Allí nos atrapan nuevamente con sus largas y puntillosas conversaciones al tiempo que nos abisman desde sus breves y punzantes artículos. Éstos, estratégicamente dispuestos, nos van acechando en diferentes secciones (comunidades, territorios, tramas...), las cuales se consolidan o desaparecen con el correr del tiempo, de acuerdo al dictado de la experiencia, en función del recorrido y los caminos transitados. Sus editoriales, asimismo, suelen convocar fantasmas, olvidos, huellas, voces disonantes... Murena, Di Benedetto, pero también el Indio Solari, se dan cita en ellas. A su modo, cada año, RSO nos propone un lenguaje minucioso, potente, proclive a un presente que sea más ancho que la inmediatez de los diarios, de los noticieros, frente a un Río Sin Orillas justamente, del cual se saben, irremediablemente, jueces y parte. Es con dos de sus integrantes, Gabriel D’Iorio y Diego Caramés, que nos reunimos hace algunos días. Café y medialunas de por medio, en una charla de casi dos horas (que hallarán disponible en nuestra página web) fuimos atravesando, sin prisa pero sin pausa, los diversos tópicos que abajo detallamos. La generosidad de los entrevistados podrá apreciarla el lector si continúa su tarea, pero más la apreciamos nosotros, sin dudas, quienes además de a pensar se nos invitó a desayunar... Generosidad Sin Orillas.

1. los fragmentos, lo común y el estado ANDÉN: Nos gustaría abrir la entrevista reponiendo la conversación que tuvieron con Jorge Dotti, publicada en el n° 1, allí le preguntaron: “Pensando las diferentes instancias de nuestro campo intelectual, ¿Qué modo de intervención política es, en su opinión, el más adecuado no sólo para los intelectuales en general, sino para quienes se dedican a la filosofía en particular en la Argentina actual?” En este contexto, ¿qué evaluación podrían hacer desde RSO? Gabriel: Es posible que la respuesta a la pregunta que le hicimos a Dotti está en la búsqueda que encaramos desde el número uno, quizás un par de años antes cuando nos juntamos para armar la revista. ¿Cuál es el mejor modo de intervenir intelectualmente? Bueno, para nosotros el modo fundamental en esos primeros años (2005-2006) fue abonar el terreno para la elaboración de una revista; que hoy es una revista-libro, que sale una vez por año, que requiere mucho laburo de producción, de escritura y que para nosotros oficia de terreno de experimentación de una lengua. Como casi todos los que hemos participado de la revista estos años somos graduados de la carrera de filosofía, uno de los desafíos que nos trazamos desde el comienzo tuvo que ver con cómo apropiarnos de esa lengua, de la tradición filosófica, para algunas cuestiones de la cultura argentina. Una pregunta muy básica que se abría entonces era: ¿qué podemos hacer nosotros con el saber del concepto a la hora de pensar la cultura argentina? Desde luego, no es un problema que inventamos nosotros, es un problema que muchos encararon antes y sobre el cual nos interesa indagar. Diego: Agregaría tres líneas que marcaron las preocupaciones del colectivo editorial, algunas de las cuales estuvieron presentes desde el comienzo y otras fueron aparecien-

do a lo largo del trabajo. La primera tiene que ver con la idea de un diálogo intergeneracional. Había una especie, no sé si de certeza, pero sí de sospecha de que era muy difícil, sino directamente estéril, intervenir con la lógica del “parricidio”. El “parricidio”, la operación Contorno, por ejemplo, no tenía mucho sentido para nosotros. Eso sólo se puede hacer cuando uno tiene una certeza muy clara de hacia dónde va, una convicción histórica fuerte respecto del pasado y del futuro, y en nuestro caso eso no estaba; se trataba más bien de ir construyendo un camino en el propio andar, y en esa construcción demorarnos en conversaciones, con los encuentros y desencuentros del caso, con actores de otras generaciones, con otras experiencias y otras miradas. Por otro lado, esto que mencionaba Gabriel en cuanto al funcionamiento interno, organizado a partir de la discusión interna. La idea de que si queríamos realmente trabajar con la lengua y determinados problemas, la primera discusión tenía que ver con nuestra propia formación, con calibrar qué había allí de valor y qué cosas debíamos volver a pensar. De hecho el primer número salió después de dos años y medio de discusión (hacia finales de 2007) de escrituras y reescrituras de varios materiales. Y la tercera línea que exploramos tiene que ver con el lector que imaginábamos. Ahí también teníamos la impresión de que ese lector había que crearlo, en el sentido de sugerirlo, invitarlo a que haga un recorrido y no partir de la idea de que ya hay una escucha armada. No “escribir para…” sino hacer ese movimiento, siempre complicado, que oscila entre suponer que hay alguien que se va a colgar de algunos de los problemas que a nosotros nos interesan y al mismo tiempo, hacer el movimiento arriesgado de invitarlo a un recorrido nuevo, abierto. ANDÉN: ¿Cuál fue el contexto en que surgió la necesidad de conformar este colectivo de trabajo? En la editorial del primer número aparece una idea que se

repite y con la cual dialogan las posteriores, idea que parecería determinar el clima de cierta época: la emergencia victoriosa del poder nihilizador de la producción sistemática de fragmentos. ¿Podrían ampliar un poco la idea y contarnos de qué modo RSO se propone o no como una respuesta a esta situación? G: Eso está muy vinculado a un conjunto de lecturas que nosotros hicimos estos años respecto de cómo vemos lo real y su vínculo con lo político. Laburamos desde el primer número un concepto que, para nosotros, todavía perdura, que es, si se quiere, un hilo conductor de nuestra búsqueda: el concepto de lo común. Cuando aparece la cuestión de lo fragmentario, del poder nihilizador que produce fragmentos, nos referíamos al modo en que opera el mercado en relación con la sociedad y en alianza con ciertos poderes muy concretos. Esto sucede en todo el mundo pero en Argentina y en Latinoamérica sucede de un modo singular, y a nosotros nos interesa esa singularidad. ¿Cómo opera esta lógica producción sistemática de fragmentos? ¿Cómo encarar esta verdadera imposibilidad de sostener lugares comunes con cierta durabilidad? La maquinaria aliada al capital produce fragmentos y la constitución del lazo social y político está siempre acechada. Ese fue un diagnóstico que de movida nos interpeló: el desvínculo como lógica epocal. Al mismo tiempo, esa lectura iba acompañada por otro análisis que remite al lugar del Estado. En tiempos de Estados fuertes, sólidos, eso se resolvía con la presencia estatal: el mercado propone la producción de fragmentos, el Estado compone claramente un Uno sobre esa producción de fragmentos, a los cuales precede en su producción política. Precede con su lengua, con su orden, con su ley. Ahora bien, qué hacer cuando se observa que no es el Estado esa fuerza de otrora y es, más bien, no digamos un actor mas, pero sí una figura que no tiene

ya (para bien o para mal) la potencia de unificar esos fragmentos. Entonces ahí aparece la cuestión de lo común, la idea de que cada uno de nosotros también tiene una responsabilidad política a la hora de construir o destruir el lazo social. Lo común puede circular en una revista, un periódico, un grupo de estudio y demás, en forma autónoma y autoconsciente. Es decir, si el diagnóstico es que la lógica del capital no para de producir fragmentos, la cuestión es cómo producir algo, muchas veces invisible, entre nosotros, que nos ponga a dialogar en común, y que ese común no sea la mercancía. Porque el común que propone el capital es la mercancía. Por lo tanto para nosotros era fundamental, en la misma experiencia de la revista, la construcción de ese común. La revista misma la pensamos así, como un común a inventar. Al mismo tiempo lo que veíamos en ese primer editorial (2007) en términos de composición estatal es que todavía no estaba tan presente la discusión respecto no del lugar del Estado sino de su potencia. Kirchner lo que había hecho desde el 2003 era presentar la discusión sobre el rol del Estado en agenda (con política de DDHH y el desendeudamiento), pero en el 2007 todavía no existía la intensidad política que vino luego. Esa discusión se hizo más intensa en los últimos años; no sólo en Argentina sino en Latinoamérica: cuál es el lugar del Estado en la composición de lo común y de qué común se trata –que no es el mismo lugar que supo tener el Estado en los años 50 o 60- es una discusión que se está dando con fuerza ahora. En el comienzo de la revista nosotros pensamos esta cuestión en el nivel micro, es decir en la composición del colectivo que edita la revista, y en el nivel macro sí observábamos que a cierta recomposición de la figura del Estado se le sumaba con fuerza el lenguaje de una Nación olvidada durante décadas. D: En torno al problema del poder nihilizador, creo que teníamos la idea de que ya no podía ser pensado exclusivamente -como en


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diálogo

los 60 o 70- bajo la lógica anti-imperialista, como un poder “externo” que interviene para fragmentar, sino explorar las distintas formas en que nosotros también producimos fragmentos en la práctica cotidiana. En este sentido, romper con aquella idea de un actor visible y claramente delimitado, para pensarlo en términos de prácticas; en sentido macro, cuáles son los grandes actores que producen disgregación, pero también cuáles son las prácticas cotidianas que reproducen esa lógica. Para nosotros esa es, en última instancia, la figura del terror en el sentido de que produce una vida no deseable. La vida que propone el capitalismo tardío es una vida no deseable. En este sentido, y retomando la segunda parte de la pregunta, sí, creemos que ahí es necesario intervenir. Hay una responsabilidad, responsabilidad que se corresponde con nuestro deseo, nosotros no creemos que esa sea una vida deseable en términos tanto individuales como comunitarios en la medida en que es una vida profundamente injusta. Esto implicaba para nosotros discutir qué supondría una comunidad justa. Suponía, entonces, discutir toda una serie de conceptos que nos resultaban significativos: el concepto de Estado, Nación, pero también el de Comunidad, el de Justicia. En todo caso esta lógica de fragmentación tenía mas que ver con el diagnóstico inicial y a partir de ahí pensar intervenciones posibles. La primera tenía que ver con una premisa central: si nosotros no éramos capaces de poner sobre ese nihilismo un punto de reparo (para usar una expresión de Alejandro Kaufman que nos gusta mucho) para armar un pequeño espacio comunitario que nos permita pensar, armar desde allí el espacio de indagación de esos conceptos, difícilmente podríamos hacer algo significativo. G: Como dice Diego, si nosotros no éramos capaces de sostener nuestro colectivo, de sostener nuestro propio deseo de revista, todo lo que enunciábamos de algún modo se nos desarmaba en acto.

2. literatura: entre la cultura letrada y el plebeyismo de las escrituras ANDÉN: La presencia del universo literario a lo largo de todas sus revistas es no sólo significativa sino determinante de la arquitectura de la misma y de las editoriales. Coméntennos un poco esa intención de hacer pie permanentemente en la literatura. G: La literatura tiene una presencia constante. Bueno, el mismo nombre de la revista se lo debemos a Juan José Saer. La literatura fue desde el comienzo territorio de experimentación, el lugar a partir del cual podíamos encontrar una serie de motivos, de cuestiones que a nosotros nos interesaban. Nos permitía hacer un movimiento distinto a cuando uno entra, por ejemplo, a un objeto

político. De hecho, se observa no sólo en el desarrollo de (la sección de la revista) Tramas que, tal y como muestran los últimos dos números, está totalmente orientada a trabajar con literatura, sino también en los editoriales. Varias de nuestras editoriales están organizadas a partir de citas que remiten a la literatura argentina de distintas épocas. Para nosotros es difícil el desafío, pero también es cierto que ese movimiento también está en Nietzsche. El trabajo con las citas es nuestra herencia nietzscheana. ANDÉN: Mirando la cita de Murena en la primera editorial y la cita del Indio Solari en la última, uno tendería a pensar que la cita puede salir de cualquier lado. D: Sí, exactamente. Hay en la cita del Indio Solari un gesto un poco provocativo, irrespetuoso, en el sentido de sostener que un fragmento de una canción del Indio es un material tan noble para pensar y para elaborar pensamiento como una cita refinada de Murena, de Martínez Estrada o de Di Benedetto. Nuevamente, ahí hay como una especie de entrega al plebeyismo de las escrituras, pero también un compromiso muy serio con nuestras lecturas. G: La idea de que puede salir de cualquier lado está anticipada en el número tres con el uso que hacemos de El Eternauta (que, ojo, es una lectura que hicimos en nuestras infancias, como tantos otros, y que hoy aparece resignificada en el “nestornauta”) y en el número cuatro con las citas de Oyola (“Santería”) o de Ramos (“La ley de la ferocidad”). Al Indio, por otra parte, lo tomamos como un poeta mayor de la Argentina, no simplemente como el líder de Los redonditos de ricota, sino como alguien que tiene una lírica propia. En ese sentido laburar sobre esa lírica, como laburar sobre El Eternauta, aparte de que nos gusta, nos parece de primer orden; tanto como Murena o Martínez Estrada y en cierto momento (en este momento) quizás más. Entonces sí, evidentemente la cita puede salir de cualquier lado, pero eso que proponemos lo hacemos porque para nosotros tiene un valor, el de condensar un pensamiento. La cita del Indio nos propone pensar el estado de la inocencia. Nos parecía muy significativo que ese disco hubiera salido en el 2004, nos parecía muy significativo lo que decía respecto del amor; condensaba cantidad de cuestiones que habían estado muy presentes en nuestras discusiones durante el año. D: Algo más respecto del vínculo de la revista con la literatura. Si de alguna manera parte del trabajo filosófico tiene que ver con el desarrollo del pensamiento a partir de conceptos y figuras, desde el comienzo tuvimos la convicción de que buena parte de ese trabajo, en nuestro país, se ha desarrollado en la literatura. Ensayo, literatura y filosofía son espacios solidarios para el pensamiento y para indagar los distintos estratos de la cultura argentina.

3. de tradiciones y traducciones ANDÉN: Ustedes hacen un fuerte trabajo en torno a la importancia, relaciones y tensiones entre la memoria y la creatividad; el pasado y la expectativa; la tradición y la construcción ¿Cuáles son las principales tradiciones, lenguajes, etc que deciden tomar como herencias sobre las cuales construir? Y ¿Cuáles son aquellas con las que creen que el diálogo está vedado? Si existen, ¿Por qué motivo? D: Me costaría decir que estamos negando alguna tradición a priori. Sí afirmaría que en el recorrido que estamos haciendo algunos nombres aparecen con mayor nitidez: Saer, Martínez Estrada, Walsh, etc. En todo caso, hay un problema particular que nos interesa abordar: el diálogo posible entre una tradición nacional-popular, en sentido amplio, con la tradición de izquierda en Argentina. Ahora, las dificultades empieza ahí, porque: ¿qué es la izquierda en Argentina? ¿Los partidos de izquierda, los intelectuales que se autoproclaman de izquierda? De alguna manera el esfuerzo que hacemos desde la revista es pensar que no se puede reducir la tradición de un pensamiento de izquierda marxista –en todas las variables que eso supone en Argentina- a los partidos de izquierda. En este sentido, por ejemplo, nos resulta difícil discutir con algunas posiciones del PO (Partido Obrero), quizás porque responde a una identidad político-partidaria asentada en premisas inconmovibles, que busca intervenir en cierta coyuntura, donde no aparecen –o se simplifican- algunos problemas de larga duración… ANDÉN: Allí hay también un problema con la lengua, que hace posible la comunicación. La idea de repensar el lenguaje quizá no está presente en muchos colectivos de izquierda… D: Efectivamente, hay una negación en buena parte de los partidos de izquierda a asumir una discusión radical de sus propios conceptos… ANDÉN: Esto también se presenta en el peronismo, que se recrea en la actualidad en términos de los 70… D: O también del ‘45, al pensar que es posible traer algunos conceptos o ideas sin ningún tipo de mediación… En todo caso, no es una discusión que hayamos dado orgánicamente en el colectivo. Pero sí tenemos la sospecha de que algunas tradiciones del pensamiento nacional-popular (sin reducirlo al peronismo) han tenido mayor capacidad y receptividad a la hora de discutir sus premisas que ciertos espacios de la izquierda. En este sentido, es cierto que en el peronismo y en el kirchnerismo hay algunos espacios que reproducen una lengua que mantiene algunos conceptos ya caducos, pero también hay mayor predisposición a discutir esos significantes.

G: La discusión entre la tradición nacionalpopular y la tradición de izquierda (o ilustrada), está todavía muy presente. Hasta el 17 de octubre las cosas eran más o menos claras, pero luego hay una discusión que comprende también al movimiento obrero, al pueblo, la nación, y que tiene aristas muy diversas. Así como el peronismo, en su momento, conmovió los cimientos de un conjunto de discusiones, identidades políticas, tradiciones, mostrando que no todo era tan claro y que había que discutir de vuelta una serie de interpretaciones sobre la realidad (si la izquierda representaba a los trabajadores, ¿cómo podía ser que los trabajadores adhirieran con fervor al peronismo?); así como el peronismo, entonces, puso en discusión una serie de categorías y evidencias, nuestra intuición actual es que el kirchnerismo vino también a generar confusión: lo que estaba en un lugar ya no está tan cómodamente en ese lugar, todos nos empezamos a sentir un poco incómodos ante la interpelación del otro. No está claro qué quiere decir ser de izquierda hoy y tampoco está claro qué es el peronismo hoy. Lo cierto es que ninguna identidad política, a partir del kirchnerismo, quedó intocada. Y la que quedó intocada no entendió nada de lo que pasó en estos últimos diez años, no solo en los ocho de gobierno kirchnerista, sino con todo lo que aconteció desde diciembre de 2001. Porque éstas son las dos marcas que para la revista arman el horizonte de lo contemporáneo: el kirchnerismo y el 2001. En este sentido, cuando nosotros en el número 4 decimos que somos una revista kirchnerista, lo hacemos porque los integrantes de la revista tenemos empatía política por los gobiernos de Néstor y de Cristina, pero lo hacemos menos por eso y mucho más por lo que se abrió en términos de discusión en estos últimos años. En estos años se volvieron a discutir las identidades políticas, el lugar del Estado, la nación y el pueblo, el problema de la memoria y su relación con la historia, es decir, volvió la discusión histórica. Y pensando algo que decía León Rozitchner, “cuando el pueblo no lucha, la filosofía no piensa”, para nosotros hay algo que ha sucedido en este tiempo político, en estos diez años, que nos ha dado que pensar. Vemos claramente que hay un pueblo interpelado, que todavía lucha por una vida mejor, y eso da que pensar. Entonces la discusión con la tradición de izquierda tiene que ver con eso: no es que acá no pasó nada en diez años, si podemos asumir que acá pasó algo, podemos encontrar un terreno común para la discusión. Pero si lo único que se dice del kirchnerismo es que es lo mismo que el menemismo, o que las dictaduras, no hay mucho para discutir ahí, porque no encontramos un mínimo terreno común. Para nosotros algo ha sucedido en estos años y eso nos da que pensar. No sólo porque hay una recomposición económica bastante impresionante. Lo que


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diálogo más nos interesa no es eso, sino que se ha empezado a dar un conjunto de discusiones sustantivas, especialmente desde el 2008 para acá. En ese sentido, cuando decimos que somos una revista kirchnerista, decimos que este tiempo político nos da que pensar, y si este tiempo político tiene un nombre, es el kirchnerismo, y si tiene varios, el kirchnerismo es al menos uno de ellos.

4. ntelectuales/militantes/pedagogos ANDÉN: ERSO es una revista de filosofía, política y cultura realizada por intelectuales- militantes; esta última relación ha sido bastante cuestionada y sigue siéndolo, pero para ustedes parece ser una afirmación. ¿Cómo leen ustedes este vínculo? ¿Cómo lograron el consenso dentro del espacio? D: No, claramente el consenso no está; diría, nunca estuvo. Ni tampoco hay consenso en términos de una ideología política, no hay un programa... ANDÉN: Pero, ¿cómo van a hacer la revolución así? (risas) G: Y la verdad es que desconfiamos un poco de la idea de programa. Vos podés tener una serie de orientaciones para moverte en la selva espesa de lo real, como diría Saer. Pero la idea de programa implica una apreciación muy definida acerca de cómo funciona la realidad y cómo hay que intervenirla. Respecto de la pregunta por el intelectual y el militante… no sé, si uno piensa en términos de intelectuales, nosotros no nos sentimos muy cómodos ahí, porque de hecho ¿qué hace un intelectual?, el intelectual interviene en la esfera pública, firma una carta, como la Carta Abierta por ejemplo, y lo hace ante hechos concretos. Nuestra revista tiene un problema: es una revista que sale una vez por año. Para la vida intelectual no es lo más indicado, porque si vos salís una vez por año (y no usás otros canales de expresión) estás tentado de decir todo lo que no dijiste en el año. Nuestra manera de formular lo que pensamos es a través de una revista-libro que tiene la pretensión de hincarle el diente al presente, pero que todavía mantiene cierta distancia de los acontecimientos... Es una revista para leer y trabajarla con tiempo y no un documento de intervención más directo. Eso lleva al problema de la militancia. Podríamos decir que nuestra militancia no está directamente ligada al trabajo de la revista. No hacemos de la revista un órgano directo de militancia. Pero circula en ella nuestro interés político, desde luego, el interés por lo que va sucediendo y demás. D: A propósito de esto último que menciona Gabriel, una premisa fuerte respecto de nuestra propia práctica es que todos nos reconocimos desde el principio como docentes. Ese sí fue un punto de encuentro, y no sólo en términos gremiales, sino en términos de que es una práctica que nos constituye y que nos abre un territorio estimulante para el pensamiento. G: … y que reivindicamos como una práctica subjetivamente potente. D: En buena medida, muchas de las decisiones que tomamos tienen que ver con el espacio de la docencia en este sentido amplio, en distintos espacios: en la Universidad, en capacitación de docentes, en capacitación de otras agencias estatales, entre otros, y en la posibilidad de dialogar con distintos discursos desde ese trabajo de docencia. En ese sentido, si uno está dispuesto a flexibilizar el concepto de intelectual, más allá de su sentido moderno –de aquél que ha acumulado determinado capital simbólico que pone en juego en la esfera pública para apoyar o criticar una determinada causa- y darle un sentido más amplio, entonces sí, nuestra práctica intelectual tiene que ver con la docencia y en todo caso con el diálogo y la intervención en distintos grupos. Antes que pronunciarnos públicamente sobre tal o cual conflicto coyuntural, lo que sí nos interesa, y lo hemos hecho algunas veces, tiene que ver con intervenciones concretas dentro de un determinado espacio, con el que establecemos algún vínculo de trabajo específico. Estamos dispuestos ha desarrollar una militancia en espacios que de alguna manera para nosotros son significativos y donde realmente creemos que podemos trabajar, antes que poner una palabra testimonial. Aunque habría que decir, igualmente, que el concepto de “militante” es otro de los conceptos que, me parece, está en plena discusión. ¿Qué significa hoy militar? Ya en el primer número de la revista, en 2007, aparecía

nuestro interés por pensar la figura del “militante”. Sobre todo por la connotación tan fuerte que tiene en nuestra cultura esa figura a partir militancias de los años sesenta y setenta. Creo que esa no es una discusión saldada. No hay una reformulación nítida, digo por ejemplo dentro del kirchnerismo, de cómo entender la militancia, o cómo pensar un funcionario-militante (tema que aparece en la entrevista que le hicimos a Horacio González en el último número). Creo que dentro de la tradición de izquierda tampoco. En todo caso se mantiene cierto concepto más clásico de militancia que está muy ligado al sentido propiamente militar, belicista, que puede ser significativo pero que no agota esa figura. La cuestión es: ¿qué significa militar hoy en Latinoamérica bajo el contexto de lo que cierta prensa llama “gobiernos populistas”? G: En aquel primer número girábamos en torno a ciertas ideas sobre la militancia. Una de ellas apuntaba a que el militante era aquél

que podía encontrar lo común en un lugar donde no resulta evidente, pero lo que no se podíamos decir era cuál era el contenido de ese común. Y eso nos llevaba a una idea de militancia bastante situacionista. En el sentido de que el contenido del común se define siempre en situación. Si lo tengo que pensar hoy diría que el militante es el que inventa lo que no hay. O, al menos, es el militante que a mí me interesa imaginar. Y no aquel que difunde simplemente lo que hay, o aquel que “defiende al modelo”. Para defender el modelo no se necesita ser militante. Para atacarlo tampoco. Me parece que la militancia agrega una diferencia, y yo creo que es la diferencia política. ¿Qué es un militante? Un militante es el sujeto (singular y colectivo) de la política. Es el que inventa la política, cuando la política podría perfectamente no existir. Creo que esa es la doble tarea del militante: encontrar lo común y clarificar las diferencias. Y creo que el intelectual de alguna manera se espeja en la figura del militante. Si el intelectual no tiene al militante ahí, discutiéndole, o no tiene al pueblo luchando, no sé, me parece que no dice nada interesante. ANDÉN: El “soldado del pingüino”... G: Sí. Es una figura muy candorosa la del soldado del pingüino. El tema es que si lo único que nos queda es ser soldados, no hagamos más nada, que nos llamen para las batallas. Y uno cuando piensa la militancia así, la desdibuja mucho. El militante queda totalmente preso de la interpelación gubernamental. Vamos y apoyamos lo que propone el gobierno. Eso reduce la militancia a lo menos interesante que tiene. Es una parte de la militancia y quizás en determinados momentos extremos sea eso. Pero ahora habría que reivindicar la figura de militante ligada no sólo a adhesión incondicional sino a la resistencia y a la creación. Y eso que vale para la militancia vale par el campo intelectual. Un campo intelectual que no está dispuesto a asumir riesgos es un problema también, porque reduce la discusión al problema de la fidelidad a la palabra estatal. Todo esto para nosotros es un problema en tanto y en cuanto pensamos que el Estado es un territorio de

litigio y no una meta-institución que está allí, cristalizada, para enunciar la buena o la mala nueva, sino una especie de territorio donde se combate por los sentidos, se combate por lo común...

5. imaginación, anticapitalismo y el fin de las sociedades alternativas ANDÉN: Sí, aceptamos el diagnóstico que hacían al comienzo, entendemos que la fragmentación la produce el capitalismo (para decirlo en términos llanos). Ahora bien, uno podría correrlos y decirles: “Pero, bueno, si el problema es el capitalismo, ¿porqué no se pronuncian más marcadamente contra el capitalismo?”… G: Uno tiene que aceptar, de buena gana, la crítica de cualquier sector de izquierda que nos diga “si no te definís claramente por la lucha anticapitalista estás favoreciendo el

desarrollo de capitalismo”. Nuestra idea es que si algo puede definir a una militancia contemporánea tiene que ver con la producción de lo común que no es mercancía. ¿Qué es lo que hace un militante? Lo decíamos recién: un militante muestra aquello que no es evidente, y no es evidente que tengamos algo en común más allá de la mercancía: hay que inventarlo. Entonces un militante es aquel que puede, en una situación dada, mostrar qué tenemos en común. O llegado el caso ser capaz de clarificar una diferencia. Pero clarificarla no es decir “vos sos capitalista, yo soy anticapitalista”… D: Volviendo a aquello que ustedes preguntaban y que aparecía en la primera editorial: la lógica de producción de fragmentos tiene que ver para nosotros con la lógica del capitalismo tardío, y en ese sentido, en términos muy genéricos, reconocemos allí algo del Mal, del Mal epocal, y al mismo tiempo eso nos resulta muy abstracto. La pregunta es cómo pensar eso en los diferentes espacios, y no sólo en términos de micropolítica, sino pensar también que esa lógica se modula de distintas maneras en distintos territorios. Y como sospechamos de cualquier programa que indique hacia dónde debe ir el Hombre, o la Humanidad, o las Sociedades Civilizadas, realmente desconfiamos de ese tipo de definiciones. Lo cual no quiere decir que no nos pronunciemos en absoluto en torno al orden capitalista mundial. Pero, de nuevo, si vos no tenés la llave de qué creés que sigue a ese orden, si no tenés el programa o confianza en el decurso histórico progresista, nos resulta poco significativo –por abstractala definición de “anticapitalista”. G: Eso lleva al problema de la crítica. Que estuvo todo el tiempo merodeando la charla. Una de las preguntas que nosotros nos hacemos, y que estuvo circulando por varias revistas y colectivos intelectuales, tiene que ver con el estatuto de la crítica. Presentada como un mandato genérico nos parece tan abstracto como lo del anticapitalismo, y más aún si no se definen las condiciones de criticidad, o sea, qué significa que el intelectual

debe ser crítico. Oscar Terán tenía una idea muy clara, que nosotros trabajamos en el primero número. Ser crítico es ser crítico del mercado y del poder, entendiendo por el poder, el poder del Estado. Entonces, el intelectual se debe mantener a distancia para poder hacer una crítica de ambos. Pues bien, la idea de Terán, que es bastante moderna, hoy no nos convence del todo. En todo caso creemos en una crítica inmanente, más nietzscheana, una crítica que interpela a su vez por las condiciones histórico políticas de la crítica. Ser críticos es también entender la diferencia que existe entre los límites que nos impone hoy la realidad, y creer que esos límites son definitivos. Por eso nos interesa la tradición de izquierda, la tradición ilustrada. No es una tradición que nos resulte exterior. Pero bueno, entonces discutamos en serio, qué horizonte imaginamos para la vida en común... Y volvamos por un minuto al siglo XIX. En la primera internacional los luchadores europeos por la igualdad están discutiendo qué hacer con el Estado, y también si el partido (o la huelga general) es la herramienta fundamental para encarar la lucha política del proletariado. Esas dos discusiones no están saldadas todavía. En la conversación que tuvimos con Ricardo Piglia para el número 4, él describía muy bien esta cuestión, en términos que a nosotros nos convenció mucho. El problema que tenemos todos aquellos que hacemos política o pensamos y escribimos sobre política, es que después del siglo XX no está claro cuál es la sociedad alternativa al orden actual. Una cosa era un anarquista (o un comunista) del siglo XIX, o principios del veinte, que proyectaba una sociedad alternativa. Pero luego de la experiencia del siglo XX la pregunta es qué imaginamos hoy como una sociedad alternativa a la existente… Todos estamos de acuerdo que se trata de una sociedad sin la explotación del hombre por el hombre. De ahí en más, la discusión se hace más áspera. El agotamiento de la imaginación política tiene que ver con esto: ya no es tan sencillo imaginar una sociedad alternativa. El socialismo significó durante 150 años de historia la posibilidad de la sociedad alternativa. Incluso en Argentina el peronismo se propuso como sociedad alternativa… ANDÉN: Hay que ver qué queda de esa sociedad alternativa cuando el ideal de progreso indefinido se cae. Y las alternativas parecen tener que ser necesariamente simultáneas... Hay algo de eso hoy por hoy, me parece, a la hora de pensar la alternativa… D: Exactamente. Lo que mencionábamos antes sobre la imposibilidad de confiar ingenuamente en el progreso histórico. Es preciso romper ese orden secuencial de lo que está por llegar, de un futuro que no es pero va a ser; discutir con aquellas perspectivas que todavía operan con la lógica progresista de la historia, para habilitar otras formas de imaginación política. En ese sentido nos interesaba esa figura de las sociedades alternativas, pero pensadas bajo esta lógica de la inmanencia. Qué podemos imaginar aquí y ahora, de qué manera podemos horadar este presente. G: Hay una figura de Los Redondos, del disco “La mosca y la sopa”. La relación justamente entre la mosca y la sopa. Vos podés elegir dos caminos: sacás la mosca, queda la sopa y te la tomás; o te tomás la sopa con la mosca adentro. En 1991 esta figura venía a decirnos que el sueño de la sociedad alternativa estaba en cuestión. Es la sopa con la mosca: tenemos que tomarla así. Empieza ahí, de algún modo, la cultura del aguante... Me parece que es una figura muy fuerte: si la sopa viene con la mosca, ¿qué hacemos? Mucha gente no quiere pensar en esta contigüidad de la sopa y la mosca, dice: “saquemos la mosca, tomemos la sopita calentita, sólo ella nos hace bien…” Pero hay algo en nuestra experiencia que nos dice que el mal trago de la mosca hace a la inmanencia, que medirse con aquello que no te gusta también es fundamental. Como decía nuestro querido Maquiavelo: el príncipe constituye lo común sin eliminar el litigio... Esas intuiciones están todo el tiempo presente en lo que tratamos de hacer. ANDÉN: Diego, ¿vos querés cerrar con algo? D: Lo que estaba pensando –a partir de esta charla y de lo último que venimos publicando- es que esta es una revista ricotera y maquiaveliana, claramente, como identidades primarias... después las otras son añadidas. (risas)


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política

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notas sobre la

Vamos a entrar en un terreno conflictivo. Definir a la cultura popular es arduo. Los términos, tratados históricamente por separado, ya planteaban dificultades: la cultura no era vista como la producción simbólica compartida, estaba vista como lo “artístico” (en su visión más aristocrática: la cultura está en la literatura, en la pintura, en la música clásica); se puede resumir en la canción de Carlos Vives: ¿qué cultura va a tener si nació en los cardenales? No era para todos; sólo para un séquito particular. ¿Y lo popular? Más complejo aún: depende de la visión, era algo que se impugnaba o se celebraba, pero no se observaba sus particularidades. Para superar estos primeros límites hubo que esperar hasta el aporte de la antropología y la sociología, y surgieron otras preguntas: ¿cómo se construye lo popular (ya que la cultura es un sistema de significaciones compartidas entre los diferentes actores)?, ¿cómo se relacionan y se entrecruzan ambos términos?, ¿qué se puede definir como cultura popular?, ¿a partir del folklore, las tradiciones, los productos de los medios de comunicación de masas? En el camino, encontramos una idea (que parte de los trabajos de Gramsci, Cirese y García Canclini) que sostiene que la cultura popular no contiene esencia alguna, que es una noción relacional. Se construye por medio de intercambios y apropiaciones diferenciadas, surge a partir de las desigualdades en el acceso a los bienes culturales y sociales. Nada es intrínsecamente popular, no hay cultura popular en-sí. No hay esencia, no hay que quitar capas de ripio para encontrarnos con un núcleo inmóvil e invariable, puro. La cultura popular se construye en una relación, es imposición y negociación; es re-apropiación y re-elaboración. Faltaría definir en qué contexto y quién lo hace. La descripción de la cultura popular se construye de arriba hacia abajo. Es una delimitación violenta, va de lo dominante a lo subalterno. Una lengua “letrada” clasifica, nombra a algo que no se puede nombrar a sí mismo; como escribe Marcelo Pisarro, “está excluido del texto que lo nombra, y de nuevo, el texto que nombra se excluye de ‘lo popular’”. Alguien etiqueta y a partir de ahí se analiza. Es una traducción violenta. Se señalan los márgenes, se diferencia con aquello que no es popular; se diferencia con lo “culto” (lo “alto”, lo “letrado”: la visión aristocrática de la cultura aún subsiste) como si fueran términos mutuamente excluyente, como si lo popular no pudiera contener –por definición– elementos estéticos y de profundidad poética propios y valorables (no voy a abundar en detalles, dejo la cuestión planteada). La cultura popular se construye en una relación de desigualdad en los accesos a los bienes culturales y simbólicos. Partimos, entonces, de una asimetría de origen. No todos son productores de cultura, sino que tienen la posición subalterna de consumidores. Sin embargo, no todo es imposición; se puede re-elaborar, subvertir, impugnar o dotar de un sentido nuevo lo recibido. Re-significación, mixtura, hibridación: nada impide que la creatividad humana cambie lo dado. Pero, como escribe Eduardo Galeano, “para el sistema, está claro: al menos en teoría, nadie niega el derecho del pueblo a consumir la cultura que crean los profesionales especializados, aunque en los hechos ese consumo se limite a los productos groseros de la llamada cultura de masas. En cuanto a la capacidad popular de creación, no está mal, siempre y cuando no se salga de su lugar”. Entramos en una dialéctica compleja, en un espacio de aceptaciones, impugnaciones y negociaciones. La cultura popular tiene elementos dominantes y dominados, elementos de reproducción y de transformación. El lugar por excelencia donde se ve (y se consume) “cultura popular” es en la industria cultural. Es decir, donde la cultura es producida en serie. Ahí se genera el esquematismo, producido por los profesionales especializados, que es el primer servicio de la industria al cliente; como escribieron Adorno y Horkheimer, “para el consumidor no hay nada para clasificar que no haya sido ya anticipado en el esquema de la producción”. Pero este esquematismo es flexible; es una –volviendo a usar el término– dialéctica entre conservación y cambio. Se adapta; si no lo hiciera, se estancaría y no lograría cumplir con su función: la reproducción del capital. Por eso un símbolo de insurgencia puede, al poco tiempo, convertirse en producto de mercado vaciado de sus contenidos iniciales; exagerando un poco (pero no mucho) se pasteuriza. (O al revés, se pueden radicalizar discursos una vez integrados en el engranaje industrial, pero depende de la decisión política del artista) Un ejemplo del primer caso, de la pasteurización, es la cresta (raparse los costados de la cabeza), que pasó de ser un corte distintivo de los punks a parte del uniforme de un inconfundible producto de mercado como Los Wachiturros. Y, ya que estamos, una digresión al respecto. Los Wachiturros son un típico producto posmoderno: el pastiche, técnica que consiste (según dice el machete de Wikipedia) en “la imitación de diversos textos, estilos o autores en una misma obra”. Tomemos dos ejemplos: el tema por el que saltaron a la fama contiene fragmentos de “Soy

una gárgola”, de Arcángel, y de “Tirate un paso” de Rey Pirín (por eso fueron acusados de plagio); y “Este es el pasito”, otro hit, contiene fragmentos de “Pegaito a la pared”, de Tego Calderón; “Prrrrm”, de (los insufribles) Wisin y Yandel; y “Cuidau”, de Cosculluela. Todo esto armado con una pista de reggaeton remixada. El año pasado el fenómeno fue Mc Caco, que tomaba temas viejos o en la cresta de la ola, les cambiaba la letra manteniendo la melodía (como el sketch de Capusotto con los temas de cancha: lo hizo con canciones de Virus, Almendra y Miranda) y se dispersaban por todos lados. La industria reproduce adaptándose al contexto, aprovechando las nuevas coordenadas de “lo popular”; constituye públicos en base a las respuestas de mercado. Después tenemos el caso de la televisión. Otra digresión breve. La televisión reproduce la moral dominante, es un indicador social de importancia. Por eso me cuesta hablar de tinellización de la cultura, es indivualizarlo en una figura cuando el problema es más profundo. Prefiero hablar de –tomando la definición de Silvina Melo– cultura ortiba (o

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alejandro miguez alejandromiguez1986@gmail.com

moral vigilante). De la perversa conjugación de la dictadura y el menemismo, de la política destructora de los lazos sociales. De la derrota cultural frente al neoliberalismo: la consolidación del individualismo, la obsecuencia, la deslealtad, el buchoneo, la sospecha como comportamientos sociales aceptados (o frecuentes), sumándole –a todo esto– el fetichismo exacerbado por los cuerpos y la fama a cualquier precio. El programa de Tinelli y los satélites (y los realitys show, por supuesto) son su más nítida expresión, y son perniciosos para la construcción de solidaridad entre clases (ya que se constituyen en valores dominantes anti-populares). La deconstrucción de esta moral es una necesidad política y una responsabilidad social, y es parte de una profunda disputa cultural por la construcción de una nueva hegemonía, más justa y democrática, más solidaria. Disputa y hegemonía. Los términos los elegí a propósitos. Para discutir con la idea oficial de batalla cultural. ¿Es sólo eso? María Pía López, integrante de Carta Abierta, escribió: “la hegemonía tiene doble latido: un corazón del conflicto y otro de la conciliación. No sólo de la conciliación a la que puede llamar el victorioso, (…) construir hegemonía requiere traducir, también, la voz del otro, retomar sus valores o marchar hacia la construcción de lo común”. Es una definición bastante clara como para argumentar que el kirchnerismo, como fuerza política, está a mitad de camino: pese a algunas medidas de igualdad y de ampliación de derechos (el Canal Encuentro, Conectar Igualdad) es funcional a la cultura ortiba, que es antiigualitaria, porque no la impugna, convive con ella. La alimenta con la polarización: cuando dicen que si no estás con ellos sos funcional a la derecha, peleándose (cuando no apela a la criminalización) con los sectores populares organizados. La mezquina idea de que a la izquierda del oficialismo hay una pared. La responsabilidad no es exclusiva, pero con el binarismo obtura los caminos a ideologías más solidarias (ya que las cosas se deben aceptar a sobre cerrado). Para terminar, quería hacer una breve referencia a algunas experiencias emergentes que pintan un cuadro de situación interesante. La revista ¿Todo piola?, del poeta Camilo Blajaquis (busquen en Internet entrevistas a él: no tienen desperdicio), y la revista Garganta Poderosa, son buenas noticias. Los sectores subalternos escriben, tienen cosas que decir. La escritura no es un ámbito de especialistas (o, por lo menos, ya deberíamos discutir esta idea). La cultura popular comienza ahí: en la expresión, en la pérdida del miedo, en dar la palabra. Afortunadamente, no tenemos que esperar hasta la plena aplicación de la ley de medios para ser optimistas.

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diálogo diálogo con raly barrionuevo

el folklore yanina foti & belén morejón trashumar significa caminar hacia los mejores humus, la mejor gente, la mejor tierra. y así caminando, siguiendo las huellas de la cultura popular argentina, llegamos al “nuevo folklore”, aquel que retoma las primeras denuncias de yupanqui, el “nuevo cancionero” de los años sesenta de tejada gómez y matus y los mezcla con géneros como el reggae y el rock. aquellas chacareras, valses y zambas de los artistas populares, de la vieja bohemia del noroeste, vuelven a cantarse y a grabarse junto a canciones de amor y desamor, a canciones que denuncian desde la contaminación del andalgalá hasta el asesinato de kosteki y santillán y nos hablan de la lucha y la resistencia de los pueblos campesinos

“contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despojate de toda pretensión y cantá, simplemente cantá con todo tu corazón “ haroldo conti Si hay algo que caracteriza a este santiagueño de Frías, es que cada vez que canta lo hace con el corazón, se ve en los ojos, se escucha en la voz. Y es que, como él dice, el folklore se siente adentro, bien adentro, sólo desde ahí se lo puede cantar, desde lo profundo de la tierra, del alma. Raly Barrionuevo es uno de los mayores exponentes del “folklore joven”, se define como un “comunicador de injusticias” que empezó a tocar de pequeño la guitarra y a cantar en peñas locales y fiestas populares de la zona. A los 18 años, se radicó en Córdoba y desde allí consolidó el llamado “movimiento folklórico universitario”. En 1995, grabó su primer disco El principio del final con temas de su autoría, y salió a la venta en 1996. En este trabajo fueron invitados, entre otros, Peteco Carabajal, Víctor Heredia, Dúo Coplanacu y Pica Juárez. En el año 2000, saca su segundo disco Circo Criollo. En el año 2002, grabó Población Milagro; y a finales de 2003, presenta La Juntada junto a Peteco Carabajal y al Dúo Coplanacu. Un año después salió a la venta Ey, Paisano, unos de sus discos más políticos donde reafirma su compromiso con movimientos sociales como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Movimiento Campesino de Santiago del Estero y su defensa por los derechos humanos. El disco ganó un premio Carlos Gardel al Mejor Álbum de Artista Masculino de Folklore. Luego grabó Paisano Vivo en 2006 y Noticias de mi alma con temas de su autoría en 2007. En su último disco en estudio Radio AM retoma el viejo cancionero de la bohemia del noroeste argentino con unas nuevas y maravillosas versiones que realizó acompañado de músicos de altísimo nivel como Elvira Ceballos y Luis Chazarreta. En el medio de su vida entre Unquillo y Frías, tuvimos la suerte de encontrar un rato a Raly afuera de las rutas argentinas que tanto conoce y frecuenta para hacerle esta entrevista que más que una entrevista fue una larga y amena charla entre sopa y risas con toda la humildad y la generosidad que este santiagueño tiene y transmite.

ANDÉN: Si bien naciste y te criaste en Santiago del Estero donde el folklore es parte de la vida de cada uno de sus habitantes, ¿tenés algunos recuerdos de tus primeros acercamientos al folklore desde muy chico? Raly Barrionuevo: En mi casa había discos de música folklórica, varios discos. El tocadiscos era mi juguete principal de chiquito, donde pasaba varias horas al día. Las horas cuando no iba a la escuela, jugaba a la pelota como todos los chicos, pero el tocadiscos ha sido mi primera escuela de música. Cuando yo era bien chiquito, tenía una guitarra pequeñita como de juguete y un bombo legüero, todo niño santiagueño tiene un bombo legüero. Entonces me pasaba muchas horas al lado del tocadiscos tocando sobre las canciones. Discos de Los hermanos Avalos que eran un grupo histórico. Un montón de grupos de Santiago. Mi mamá cada tanto se compraba discos. Era algo que se perdió bastante, sobre todo en las provincias, no se cómo habrá sido acá en las ciudades pero sobretodo lo de conseguir discos, los vinilos, había que encargarlos. Mi mamá cada tanto encargaba discos y siempre había discos de música folklórica. Mi experiencia tiene que ver con haber nacido en un lugar donde lo único que se escuchaba era folklore. En mi casa había discos de música cuyana que estaban muy de moda en los setenta. Un mundo muy distinto, el mundo que se vive con la música folklórica en las provincias del noroeste, que en el resto de los lugares. Salvo en el litoral que hay una cultura muy fuerte ligada al chamamé y todo eso, es un mundo que tienes que ir ahí para descubrirlo. ANDÉN: ¿Cuánto crees que te influenció el hecho de conocer y

formar parte de la cultura campesina? R. B.: Mi familia es del campo y la cultura campesina y todo lo que hagas (porque no es solamente cantar una chacarera) también tiene que ver con saber lo que uno está cantando. No sé, si se nombra a tal árbol, se debe saber la historia de aquel árbol o un poco de dónde viene, porqué nace ahí. Todo eso lo aprendí por mi mamá, mi mamá es del campo y entonces pasaba mucho tiempo del año en el campo con ella y he aprendido todo lo que respecta a la cultura de los animales, de las plantas, de las leyendas, porque los santiagueños tienen una impronta muy fuerte, hay mucha mística en el sentido de lo legendario. Cualquier santiagueño que haya mamado eso tiene una ligazón en diferentes ámbitos. Por ejemplo comparto bastante tiempo con gente de las organizaciones campesinas de Santiago y una de las partes más importantes es la mística en la lucha campesina. Cada vez que hay un plenario, antes de las charlas se hace una mística y bueno eso es lo que me ha ligado con las luchas campesinas. Lo que sí he descubierto de más grande es el reggae, el rock, lo demás. Pero yo vengo de una raíz muy fuerte de música folklórica. ANDÉN: ¿Algunos de tus papás eran o son músicos? R. B.: Mi papá, bastante bien, mucho mejor que yo. Pero él no ha seguido por algún otra razón, por eso yo hice un disco hace un tiempo, el último que hice, todo de folklore antiguo, se llama Radio AM, y lo he hecho porque siempre pensé que era el disco que hubiera querido hacer mi papá hace mucho tiempo y no lo hizo. ANDÉN: Cuando hablás de los géneros que conociste de más grande (el reggae, el rock), vos de

alguna manera tenés el folklore como base de toda tu música pero luego incorporás también esos nuevos géneros. R. B.: Y sí, de alguna manera. No hice laburo de laboratorio para ver cómo mixturo. Pero un día dije que buena una guitarra eléctrica y me copé con eso, y comencé a escuchar mucha música, me he juntado con gente que me ha enseñado mucho. Pero si yo no tuviera el cimiento de la música folklórica no existiría nada de lo que hago, se cae todo a pedazos, no existe nada. ANDÉN: Entre tanta chacareras y valses perdidos que no se volvieron a cantar, ¿cómo elegiste el cancionero de Radio AM? R. B.: Surgió porque un hombre me decía, un tipo de 70 años, que dentro de la música folklórica que se canta hoy, había muchas canciones que estaban olvidadas y que no había nadie que cante lo que era la vieja bohemia. En la zona de Frías había mucha bohemia con los valses criollos (de esa bohemia formaba parte mi viejo) que no se cantan más, todos escriben sus chacareras y está buenísimo eso. Y que hablan de cosas que son más bien urbanas hoy, que se yo antes por ahí se encontraba más espacio en el rock pero hoy escriben canciones que tienen que ver más con su realidad de jóvenes en la ciudad y son chacareras o zambas. Con AM me di esa licencia, de cantar las canciones que cantaba mi papá. Lo hice a modo de homenaje. Nada más. Ahora estoy haciendo un disco de canciones mías que grabo en agosto y espero presentar antes de fin de año. ANDÉN: ¿Cuál fue la primera canción que escribiste y qué te motivó? R. B.: ¿Canción, Canción? La primera que grabé fue “Zamba y acuarela” que


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diálogo

la escribí cuando tenía 18 años a una amiga de Santiago que nunca me dio bola… ANDÉN: ¡¿Nunca?! R. B.: ¡No! ANDÉN: ¿Ahora que la canción se canta tanto tampoco? R. B.: No, ahora ya no quiero que de me bola. Eso fue hace muchos años. ANDÉN: ¿Por qué creés que es importante que las nuevas generaciones sigan cantando folklore? R. B.: Yo creo que es importante que las nuevas generaciones canten sus canciones nuevas. Si son folklóricas está bueno también. En un punto sería mantener viva la llama de la cultura folklórica argentina. Yo creo siempre que el folklore es una cosa cuando uno lo ha mamado: yo veo hoy changos chicos en Frías que cantan que da miedo, impresionante y realmente lo hacen con espíritu de haberse criado en eso. Y la otra es, ponele, que copaste a los 30 años y hacés un disco de folklore. Músicos que vienen de otro estilo que hacen discos de folklore, está bueno, pero siento que es mucho más creíble cuando el pibe lo ha mamado desde chiquito, siempre es así. Todo es válido. Yo creo que todos tienen que irse a lo más profundo de cada uno y de ahí sacarlo; si es el folklore está bueno también. ANDÉN: ¿Cómo definirías al folklore? ¿Qué significa el folklore para vos? R. B.: Para mí el folklore es todo. En muchos casos está usada la palabra “cómo”... En Cosquín, no sé, uno lo vincula con eso, con la venta de discos folklóricos, los artistas folklóricos. Por eso a mí me gusta compartir un concierto con, por ejemplo, resistencia suburbana, y me parece que ellos hacen folklore un poco también porque hablan de su historia. Me gusta compartir con la Yugular Reggae, que es un grupo de Jujuy que hace reggae andino. Es parte de su folklore, de cómo se criaron. Y con esa gente me gusta compartir. Todo lo que trae cada uno de su lugar y lo hace desde su verdad, eso es lo que a me interesa. A eso yo le llamo folklore. A eso de ir a lo más profundo de su historia, de su gente y cantar desde ahí. Eso es folklore, es ir a la raíz. ANDÉN: Con respecto a lo hablábamos antes de los movimientos campesinos y de la mística, tiene un poco que ver con esto del folklore: volver al contacto con la tierra, volver a las raíces… R. B.: Sí, con las luchas campesinas, yo conocía la vida campesina pero no conocía

las luchas campesinas. Por mi madre, por mi familia, yo he mamado mucho eso, todo lo que es la vida campesina. El campesino de aquella zona del norte, la zona del llano, como Santiago, es muy distinto de cómo se vive en la provincia de Buenos Aires. Por lo general, viven de las ovejas, de la cosecha de zapallo, de algodón; hasta que llegaron los sojeros que están liquidando todo. Si no fuera por las organizaciones campesinas ya no quedaría ni un árbol porque la soja necesita de más y más espacio y por lo tanto tiempo; tienen que desmontar. Es muy cruel, en Provincias como Santa Fe, como Salta, el desmonte que hay es tremendo. El campesino es eso, con sus cabras, ovejas. Mi madre tiene casi 80 años y se crio así, comiendo zapallo, maíz, carneaban cada tanto una cabra, una ternera y guardaban y esa vida se sigue manteniendo hoy en día en muchos lugares, a pesar de que está asediada por los pooles sojeros. Y en ese sentido creo que hay mucha hipocresía de los gobiernos porque en un punto están negociando con esta gente, igual con las empresas mineras. Pero esas cosas las ves andando, ¿no? Esa vida de campesino la he conocido, pero las organizaciones campesinas (el MOCASE y otras) las he conocido de más grande, todas nucleadas en el Movimiento Nacional Campesino Indígena y así he viajado a Mendoza, a Jujuy, a norte y noroeste de Córdoba, muchos lugares que trabajan articuladamente. ANDÉN: Además de tu compromiso con los movimientos campesinos, vos estás muy vinculado y comprometido con La Universidad Trashumante, ¿qué relación tenés con ellos? R. B.: La Universidad nace como un movimiento de educadores populares, de la Universidad de San Luis. Un sociólogo muy importante, que se llama Roberto Iglesias, se armó un grupo de educación popular para hacer investigación en todo el país recorriéndolo con un colectivo, que recorrió 2 veces ya la Argentina haciendo talleres de reflexión en distintos lugares por los pueblos. Y todo eso se va registrando, hay un laburo muy grande ahí. Sobre todo lo más interesante de la Universidad Trashumante es que trabaja la Educación Popular desde el arte, la danza, el teatro, la música. Por ahora lo que hacemos en Córdoba es 2 eventos grandes artísticos que hace la Trashumante, con alrededor de 5 mil personas cada vez que tocamos. Y eso es para bancar el proyecto a nivel nacional de

los talleres. ANDÉN: Desde el proyecto de educación popular que tienen ¿tuvieron relación o contacto con el sociólogo brasilero Paulo Freire? R. B.: Tato Iglesias estuvo 8 meses trabajando con Freire en un proyecto en Brasil a nivel latinoamericano. A él lo convocó Freire, y de hecho Tato lo trajo a Freire a San Luis y, bueno, ahí lo conocimos. Yo le canté una chacarera al tipo y me dice “tú cantas lo que yo hablo”. Le canté una chacarera que se llama “La Libertad”. Fue hace más de 10 años. El murió a los meses; ya estaba enfermo, se vino igual, fue increíble. Cuando vino había como 3 mil personas para escucharlo hablar nada más. ANDÉN: Con Circo Criollo (que hiciste junto a la universidad trashumante) hay un audio de Tato Iglesias con un texto de Freire que dice que hay que retomar la idea de la revolución… R. B.: Claro ese es un texto que se llama “la revolución epocal” que yo lo agarré irrespetuosamente y se lo resumí. Es de Tato Iglesias pero está basado en un texto de Freire. Es muy largo, pero yo lo resumí. ANDÉN: En “Ey Paisano” decís “yo dije que de política no iba a hablar pero política hacemos todos al caminar”… R. B.: Depende del momento, hoy creo que en el disco nuevo que voy a sacar ninguna de las canciones habla literalmente de política, pero para mí sí habla. Lo que pasa es que es un momento muy raro para mí este. Está todo el mundo disfrazado de no sé qué mierda. Yo en ese sentido me he refugiado más en las metáforas pero estoy contento con las canciones nuevas. ANDÉN: ¿Qué más dirías del “momento raro”? R. B.: Que está todo tan polarizado. A mí me invitaron a las movidas del bicentenario pero yo no quise venir, no me siento cómodo. Y claro, como yo no quise venir a la 9 de julio me dijeron que yo estaba leyendo mucho Clarín… Yo siento que el artista debe mantener una independencia. Puedo sí estar de acuerdo con algunas cosas y con otras no pero de ahí a formar parte de las filas de un gobierno… Yo como artista no lo hago. No creo que deba ser el paso que tenga que dar. Debo mantener el lugar siempre para tener el derecho a la otra palabra, a la artística. Toda la movida latinoamericana me parece muy bien. Evo me cae muy bien y lo re admiro. Fui a tocar a Venezuela, con gente de

Chávez. El ministro de cultura de Cuba me anda buscando para que le cante a Fidel en el cumpleaños. El secretario de cultura de Quito me escuchó cantando en Cosquín y me convocó para que toque allá. ANDÉN: Hablando de Cosquín: vos habías prometido no presentarte más excepto que te invitaran y después ¡hasta te premiaron! R. B.: ¡Sí! Lo que me pasó en Cosquín es que cuando era chico me presenté a los pre Cosquín. Se hacía en las Termas de Rio Hondo, que es un pueblo del interior de Santiago. Fui con toda la delegación de Frías y pasaron todos a la segunda ronda menos yo que quedé eliminado en la primera. Entonces me largué a llorar y dije que nunca más iba a ir a un concurso y que si alguna vez iba a Cosquín era porque me contrataban, porque me pagaban. ANDÉN: Tenés una canción dedicada al Subcomandante Marcos, “Oye Marcos”. ¿Cómo te enteraste por primera vez de Marcos, Chiapas y el EZLN? R. B.: Por los Trashumantes, por un video que vi en 1995. Tampoco soy un experto de lo que pasa en Chiapas, ni ahí. Yo considero “Oye Marcos” una canción infantil, como si un niño le cantara a Marcos, porque le digo que lo espero en la terminal. Imaginate, un niño solo puede pensar eso: “¿por qué no lo puedo esperar en la terminal?”. No se pone a pensar mucho si el tipo está en la clandestinidad. La canción la hice después de que leí un prólogo de un libro de una mujer que vivió allí muchos años. Me encantó el prólogo. Después leí muchas cosas de Marcos que me gustaron. Me había ido a Tucumán, estaba solo ahí con la guitarra para escribir canciones y se me ocurrió eso, de hacer una canción para él. Me lo imaginé a Marcos hablando con gente del MOCASE y que saldrían cosas muy interesantes. ANDEN: Desde tu participación en el MOCASE, ¿ves muchas similitudes entre ellos y el EZLN? R. B.: Ambos tienen una lucha que comienza como territorial y que luego abarca la educación, la salud… La diferencia es que no son luchas armadas y que EZLN tienen las armas hoy en día como simbólicas. ANDÉN: ¿Sabés si a Marcos le llegó tu canción? R. B.: Sí, alguien se la llevó. El conoce la canción. ANDÉN: ¿Y qué dijo? R. B.: ¡Ah, eso no te lo puedo contar!


10 cultura

la cultura

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antos, danzas, pinturas o leyendas son las más bellas maneras en que un pueblo dibuja poéticamente su corazón y su mirada. Formas de desafiar y elaborar miedos, respuestas maravillosas a las preguntas por el origen y el destino, son resultado de la lucha por desentrañar los misterios de la vida. La cultura siempre habla de la vida porque conjura la muerte. Más altos, menos callados, más morenos o en otro idioma, todos los seres humanos tememos, amamos la vida, buscamos amor y nos preguntamos sobre el tiempo. Por eso, de muy diversas maneras, todos hacemos lo mismo. Por eso, a pesar de ser distintos, somos todos hermanos. Es nuestro derecho saber qué comen más allá del río, qué cantan tras la montaña, cómo se visten donde el sol se esconde. Es un derecho para que decidamos si nos gusta y si merece disfrutarse. La cultura popular, además, es causa y consecuencia de una creación. Apreciando y haciendo creamos. Y si no somos creativos, si no inventamos, estamos perdidos. La cultura es un producto colectivo. Aunque la obra final tenga una sola firma, la fuente es popular, es de un conjunto que el artista expresa. Por eso también fomenta la participación, es una invitación a ser parte de algo común. En nuestra escuela trabajan y aprenden hijos de todos los rincones del continente. Si aquí trabajan y crecen, si aquí hablan y piensan, también es su Bandera la que izamos por la mañana. A continuación, un día de trabajo como cualquier otro entre tantos presentes, ocultos y constantes.

Fragmento de un diario pedagógico, tercer grado: Lunes 21 de julio de 2008

en tiempos de racismo necio e ignorante desprecio, la cultura popular enlaza hermanos de sangre y destino. porque lo bello enamora, deshace prejuicios y discute los malos juicios. así como el respeto y la tolerancia no se imponen con sermones ni advertencias, así la fraternidad en tanto idea se construye, como se construye cualquier conocimiento. aquí una muestra de que la cultura popular, en la escuela pública, puede hacer fácil lo difícil

horacio cárdenas cardenashoracio@yahoo.com.ar

Desde Bolivia soplan vientos cálidos y rebeldes por estos tiempos. Desde Bolivia viene también Daniela, alumna de quinto grado, hermana de Kevin, quien abre la puerta de nuestra aula con su siku y su gran sonrisa. Hace unos días la habíamos invitado para que nos muestre el instrumento amado, para que nos ofrezca los metálicos colores de sus tonos, la historia que esconde en cada caña. Ante la expectativa y la atención general, Daniela nos habla del origen del siku, del nombre de ambas hileras –ira y arka– y del amor con que se toca. Lentamente va soltando palabras y soplando sus sonidos. Nos conmueve con canciones que hacen estallar dos mil aplausos. Ellos preguntan y observan cuidadosamente, con interés genuino. Generosamente, Daniela presta su flauta para que cada uno intente sacarle algún sonido. Así comprueban el difícil arte que entraña tocarla. Tanta atracción produce que Daniela nos invita a su Centro Cultural, donde según ella “cualquiera puede aprender a tocar”. Muchos anotan la dirección y prometen darse una vuelta. Mientras tanto veo a Kevin que escribe, tímidamente conmovido por las cálidas palabras de su hermana: El siku es un instrumento musical que se toca con mucho amor, que se toca con el viento (sería con el viento que hacés con la boca). Así se toca este instrumento. Con el remolino que vibra en las cañas hoy viajamos al altiplano bailando en rueda desprejuiciada, bandera brillante, mano en cadena. Sobre el final del día volvemos a la música, cruzando esta vez hasta Colombia. De la mano de la milenaria Toto la Momposina escuchamos “El pescador”, una cumbia clásica de las que suenan con tambores y cruda voz de raíces negras. Hablamos de la cumbia que ellos conocen, de las diferen-

cias, de este pescador triste y contento El pescador a la vez, porque tanta Va subiendo la corriente fortuna le falta como con chinchorro y atarraya, amor lo espera. Conla canoa de bareque versamos también para llegar a la playa. sobre la música popuEl pescador lar y sus orígenes habla con la luna, negros, lo que los habla con la playa, sorprende y alegra. no tiene fortuna, Les propongo que sólo su atarraya. dibujen luego de Regresan los pescadores saborear la canción con su carga pa’ vender, con el oído y con las palabras. Llenos de al puerto de sus amores colores entonces van donde tienen su querer. pintando sus cuadernos y la imagen que la canción les inspira. Noemí despliega sus brillantes dotes pictóricas y muestra que sabe observar. Dibuja al pescador en conversación con la luna, en el monólogo de su reflejo, espejo que nos brinda el mar para las noches solitarias. A muchos impacta la figura del pescador hablando con la luna, por eso aparece en casi todas las ilustraciones. Aylen también dibuja un reflejo, porque Noemí se lo presta como idea y modelo. Ariana, por su parte, se lo imagina contando estrellas y camarones. Así entonces, de la mano de la música y sus historias, vamos conociendo el mundo y vamos navegando los ríos de sangre unánime que fluyen por las entrañas latinoamericanas. Por esto nos queda cada vez más claro que quien dice que en el arte o en la educación no hay política o es un ingenuo o es un mentiroso. Tocar una zampoña boliviana, escuchar una tonada en guaraní, bailar una cumbia de Colombia, cantar un romance tradicional puertorriqueño, una poesía popular española, un son cubano o un pregón venezolano son manifestaciones de nuestra cultura profunda, rica, original y por lo tanto liberadora. Desplegar la cultura popular en la Escuela Pública es también, entonces, un acto político y pedagógico.


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cinco discos cinco

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para bailar a david guetta en la puna con travestis

gustavo zanella

Tonolec – 2005 – Tonolec. Música toba. Pulso deep house/ambient. Fusión. El resultado: una de las búsquedas más originales y renovadoras de la música argentina en la última década. Un hombre y una mujer oriundos del Chaco tratando de hacer confluir dos tradiciones en un mismo sentimiento que rescate lo mejor de dos culturas: la ancestral (como contenido) y la nueva (como herramienta). La voz de Charo Bogarín, superlativa y omnipresente aun en los silencios rescata el lamento para endulzarlo y transformarlo en un loop que como un mantra se queda en el eco y no se va. Lejos de apelar a una actitud bienpensante que rescata la cultura oprimida sólo porque lo es, Tonolec va en busca de lo que brilla por sí solo en las orillas y desde las orillas lo potencia y le da alas. Puristas de los géneros, abstenerse.

locardeux@hotmail.com

No se puede definir lo que no se queda quieto. No se pueden dar las características esenciales de algo que se vuelve todo el tiempo sobre sí mismo y mezcla y reformula lo que lo antecede para vomitarlo renovado y nuevo. La filarmónica de Gotemburgo y los wachiturros; las fábricas de coca cola y los Coyas que venden telas para vivir en Villason; el que vende cd truchos en la estación de Gerli y la especialista en literatura clásica; el gran maestro de ajedrez y el que pasa horas jugando al guitar hero. Todos ellos son una pieza, un elemento vital dentro de una miríada de culturas que se fusionan y conviven y se repelen y mixturan. Hacer fuerza para que quepan dentro de un mismo estante nos obligaría a dejar fuera a muchos de ellos. A la larga, a todos porque no hay quien esté a la altura del listón tan alto donde habita el ideal. Cultura es todo lo que hacemos, todo lo que dejamos de hacer: cómics, comidas, sonidos, el sufrimiento que impartimos, el sexo que tenemos, las drogas que tomamos. Todos elementos que de uno en uno conforman una constelación que antropólogos y sociólogos se queman las pestañas en diagramar en las cartas astrales de la academia. ¡Y lo bien que hacen! De otro modo, corremos el riesgo de creer que esto que hacemos es lo único que puede ser, y flaco favor le haríamos así a nuestras neurosis y al resto de los mortales. Por eso 5 discos 5 para la mezcolanza, para revolver las tradiciones unas con otras y formar cosas nuevas, con todos adentro pero sobre todo con nadie afuera.

Nortec Collective Presents: Bostich + Fussible | Tijuana Sound Machine – 2008 – Nortec Collective. El Colectivo de músicos del norte de México, zona de (narco) corrido, violencias varias y corruptelas mayores (igual que aquí pero allá), presentó el disco de dos de sus integrantes quienes consiguieron captar los aires regionales y reformularlos en plan urbano. Una suerte de Bajo Fondo Tango Club de México si gustan de las siempre peligrosas comparaciones. La cuestión es cuál cultura funge aquí de medio y cuál de mensaje, la folclórica o la electrónica. ¿Cuál sirve a quién? Y aunque la pregunta sea inútil lo que hace es obligar a prestar atención al modo en que los instrumentos y sonidos se relacionan entre sí y traen a la imaginación una Tijuana nueva, alejada de la violencia real y de la idea idílica de ciudad de reventón. Puro electrofolclorismo y ¡viva México cabrones! Bonfires of São João – 2006 - Forro In The Dark. Músicos brasileros viviendo en nueva york. Haciendo una música alegre, el forró, que representa una cultura particular de todas las que pueblan el Brasil. Una sumatoria de ritmos que atraviesan los 60, los 70 y toda Latinoamérica de la mano de ese descubridor de talentos tercermundistas que es el ¿gran? ¿buen? ¿genial? David Byrne, que al igual que el ¿gran? ¿buen? ¿genial? Manu Chao y el ¿gran? ¿buen? ¿genial? Ry Cooder hacen que América latina valore sus música toda vez que el foráneo le de su visto bueno. Y no está mal. No es culpa del músico ni del “descubridor”, es culpa del que escucha que es medio pelotudo y no busca más que lo que le da su radio de confianza. Un disco exquisito, con otro sonido, con otras texturas, apto para todo descanso. Barcelona Raval Sessions – 2003 – Varios Artistas. Si hay un lugar en el mundo donde confluyen culturas desde hace mil años ese es Barcelona. Gente venida de todas partes y con rumbo al mundo entero, durmiendo, creando y reproduciéndose con toda libertad cuando la policía no está mirando. Una ciudad donde lo magrebí, lo gitano, lo negro, lo sudamericano y lo anglo proyectan los sonidos del futuro. En este compilado doble lo que se encuentra es una constancia de los desafíos sonoros a los que se enfrentará la globalización. Reapropiaciones trans e interculturales desde el rap/gansta, el flamenco, las ragas, las músicas del Cáucaso y etc etc etc. Muchas culturas juntas en un mismo lugar generan problemas pero es preferible tenerlos a correr el riesgo de la pureza que a la larga se vuelve represiva. Para tener una idea por dónde va la mezcla. Varsovia – 2007 - Ruben Rada & Walter Malosetti. No hay nada que justificar. Un uruguayo negro que interpreta como nadie el candombe y renovó un sonido siempre en constante cambio. El bajista más virtuoso de la música nacional cuyo estilo, reconocible y personal, se adentró en todos los géneros. Ambos abordando al jazz, de por sí, una confluencia de tradiciones de larga data y larga maravilla. Y abordando, también, otros géneros pero siempre con la impronta de sus músicas de origen. Un disco doble de tiro largo, en vivo, que requiere de tranquilidad y calma para disfrutarlo; que apela a la capacidad de disfrute y a la más atenta concentración para encontrar las texturas y matices. Un disco para los que se acercan a las culturas y encuentran allí la belleza de la humanidad.

cine

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en las

manos

elías pedernera ktupqmachu@hotmail.com

N LAS MANOS es el segundo trabajo audiovisual que con la Productora “El camino amarillo – Producciones” vamos a estar realizando en el mes de Febrero 2012 en la localidad de Chascomús y algunas escenas en Claromecó, Partido de Tres Arroyos. Como primer trabajo audiovisual, la productora realizó “Yo me haré a un lado” mediometraje bajo guión y dirección mía, que fue estrenado en Junio de 2011 en la ciudad de La Plata, con el que tuve la alegría de viajar a Santa Fe el año pasado invitado por CINEVOX 2011 a la 7ma Muestra de Cine Lésbico, Gay, Trans. Además fue proyectado en dos oportunidades en el Festival LIBERCINE 2011, en Capital Federal y Neuquén. Este largometraje EN LAS MANOS es mi opera prima. Los roles que cumplo son de guionista y director, e incumbe la participación de Chascomunenses en el área técnica como Tamara Esponda, Andrea Brandoni Hardie, Agustina Castiglioni, Agustina Saettone, Inés Bilbao, Andrea Sotelo, Marcelo Armendáriz, Facundo Escobar y la participación actoral de Julia Gárriz, Carolina González, Julieta Spina, Milagros Larralde, Juan Carlos Pereyra, Mónica Pedernera entre otros y otras integrantes. El rodaje se realizará entre los días 2 y 27 de Febrero de 2012, con elenco conformado por actores y actrices de la localidad de Chascomús, como así también de La Plata y Capital Federal. El objetivo por el cual con el equipo emprendemos éste proyecto es porque sentimos necesario que la sociedad se interiorice por temas actuales que afectan a las minorías. En este caso nos referimos a la Ley de Matrimonio Igualitario y los casos de hijos e hijas adoptados y adoptadas con anticipación a aprobarse la Ley en Julio de 2010, que permite que las personas del mismo sexo mediante el matrimonio civil puedan adoptar teniendo ambos o ambas la patria potestad sobre el hijo o la hija que adopte. Creemos que mediante este lenguaje de comunicación se pueden dar a conocer nuestras inquietudes sobre dicho tema y a la vez que el espectador deje de ignorarlos ya que otros medios no los dan a conocer. Por otra parte, elegimos esta localidad por ser oriundos y oriundas de allí y porque nos interesa como grupo de trabajo llevar en imágenes al cine, con este proyecto, los lugares únicos que posee nuestra ciudad. Por nombrar algunos, hacemos énfasis en: la laguna, el espigón, el casco histórico, escuelas, calles y fachadas antiguas, entre otros lugares. El proyecto cuenta con el apoyo de la U.N.L.P – Facultad de Bellas

Artes, aportando a dicho proyecto toda la luminaria necesaria para el rodaje; la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans; La Municipalidad de Chascomús, como así también la Municipalidad de Tres Arroyos, aprobado por el Concejo Deliberante, declarando este proyecto de Interés Municipal por el Municipio de Chascomús. También ya cuenta con el apoyo que estamos recibiendo de Tía Maruca, Farmacia Alfonsín , La cuadra, Ismael Martínez, Gustavo Mauri Propiedades, Richieri Tours, La Polilla Loca, Unidad por Chascomús, Delivery Social, Posada Chascomús, Auxilio Chascomús, Casa de Ropa Amarillo, Caviglia Distribuidora, Estela Pérez Casal, Chascotillón, Panadería La Moderna , La Usina Cultural, María Elisa Martínez,brindando al equipo locaciones, objetos necesarios y apoyando actividades que la productora realiza para recaudar fondos para los gastos que trae la producción de una película independiente. Es por esto que mediante la Secretaría de Cultura de Chascomús con Gabriela Grisendi como directora, invitamos al Teatro Municipal Brazzola para la proyección de dos películas infantiles el Viernes 27 y sábado 28 de enero. El día viernes 27 de enero estaremos proyectando Los pingüinos de Papá y el día sábado 28 de enero Los Pitufos a las 19 Horas y a $5,00 la entrada por cada día de proyección, para así poder acercar a Chascomús Cine y colaborar con la producción de este largometraje. Equipo Técnico Guión & Dirección : ELÍAS PEDERNERA / Asistente de Dirección: ANTONIO ZUCHERINO / Dirección de Fotografía: IGNACIO IZURIETA / Asistente de Fotografía: JULIÁN OLMEDO / Claquetista: ARIADNA HAYLES / Cámara: TAMARA ESPONDA / Jefa de producción: ANDREA BRANDONI HARDIE / Jefa de producción: AGUSTINA CASTIGLIONI / Asistente de Producción : AGUSTINA SAETTONE / Asistente de Producción : INÉS BILBAO / Asistente de Producción : ANDREA SOTELO / Continuista: AILÉN HERRADÓN / Dirección de Actores : MILAGROS LARRALDE / Dirección de Arte: SOFIA COLEFF / Asistente de Arte : NADIA DÍAZ / Asistente de Arte : NATALIA ARMANDO / Dirección de Sonido : EZEQUIEL MARTINI / Asistente de Sonido : MARIA ETCHEVERRIBORDE / Montaje : TAMARA ESPONDA / Post-Producción de imagen : IGNACIO IZURIETA / Música Original: DIEGOMARTEZ E IGNACIO PELLO / Animación de Títulos & GRÁFICA : MARCELO ARMENDARIZ Actores y Actrices Ana María Haramboure, Germán Crivos, Julia Garriz, Milagros Larralde, Julieta Spina, Carolina González, Juan Pereyra, María Rodriguez, Mónica Pedernera.


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redacción: av. lastra 45 ciudad de chascomús tel: (02241) 430316 - (011) 15-53487618 e-mail: periodicoanden@gmail.com web: www.andendigital.com.ar

institucional

andén o algo más o menos parecido

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omo los lectores habrán notado, en el año 2011, Periódico Andén y su sitio web www.andendigital.com.ar han sufrido importantes cambios. La mayoría de ellos tristemente involuntarios. Estas dificultades nos obligaron a reformular parte de este proyecto colectivo que llevamos adelante desde diciembre del 2008 y que ha llenado de satisfacciones tanto a quienes le hemos puesto el hombro como a los que alguna vez encontraron en estas páginas al menos una nota que les resultó interesante para apoyar o disentir. Somos una agrupación pequeña, sin embargo nos tomamos el atrevimiento de jactarnos tanto de nuestros logros como de nuestros problemas; y, aunque sabemos que no llegamos a todos con la regularidad óptima, a continuación narraremos algunas de nuestras dificultades para justificar lo que estamos celebrando en este número.

mayo, mes de rayos y centellas Hasta mayo de 2011, Periódico Andén había tenido una regularidad de salida quincenal: 61 números ininterrumpidos. En ese mes la imprenta que realizaba la impresión de los ejemplares dejó de hacerlo, con lo cual nos vimos perjudicados ya que eran conocidos de la dirección del periódico y siempre tuvieron con nosotros la mejor de las voluntades y la deferencia de realizar su trabajo por un precio menor al del mercado. Sin esa cobertura que nos permitía financiar de modo autogestionado (es decir, con los propios aportes de los participantes del colectivo), dos números mensuales, Periódico Andén no podía salir a la calle. Si revisan las páginas de este y de casi todos los números de nuestra historia será evidente que no contamos con auspiciantes. Andén se dedica a hacer 1

periodismo, no negocios. Los costos del mercado tal y como se presentan son inafrontables para una agrupación en la que casi todos somos estudiantes y simples trabajadores. Se tardó cinco meses en encontrar una imprenta que realizara la impresión a un precio capaz de ser asumido. Lo conseguimos; no obstante, no siempre las cosas vuelven a la normalidad. El formato quincenal ha quedado atrás. Puestos en la disyuntiva de abandonar el proyecto o volvernos una publicación mensual, mal que nos pese, elegimos la segunda opción. Los correos que nos llegaban, los mensajes que nos dejaron en las redes sociales, las llamadas que el staff y los redactores recibieron preguntando qué pasaba con Andén nos incentivaron a no dejar de buscar una solución a este tema. Desde octubre de 2011 adoptamos esta regularidad y mientras nos sea posible la mantendremos.

que alojaba. Así como Andén no es realizada por profesionales del periodismo, así también su versión web no es llevada adelante por profesionales multimedia. Sin web y con respaldos de información deficientes nos habíamos quedado sin nada y con el trabajo de años esfumado de un día para el otro. Tras un cruce de cartas documento con la empresa de hostin recuperamos una parte minúscula del sitio. La sumatoria de archivos dispersos por aquí y por allá dejó a nuestra querida web con pronóstico reservado. Ya que no contábamos con tiempo en demasía ni conocimientos muy avezados en el montaje y diseño de un sitio para internet, el rediseño de la web se extendió hasta el mes de diciembre. Y habría sido aún más de no ser por la presencia de uno o dos amigos que por un precio irrisorio nos ayudaron en el montaje de este nuevo sitio. Como siempre podrán descargar los números impresos en formato pdf, consultar notas, realizar búsquedas por palabras principales, temas, autor, interactuar con redes sociales, enterarse quiénes somos, de cómo participar, comentar notas y mucho más. Además, cualquier aporte y sugerencia será siempre bienvenido.

año nuevo, nuevos desafíos A pesar de todos los problemas y dificultades antes mencionadas, Periódico Andén, a través de su edición impresa y su versión multimedia, alojada en www.andendigital.com.ar, insisten en llegar a su público. En ambas plataformas (gráfica y digital) presentamos un nuevo diseño con la intensión de que los temas que tratamos y los contenidos que producimos, ya que no siempre son adecuados, por lo menos se encuentren acompañados de una gráfica que haga su lectura más cómoda y amable. A través de las redes sociales más utilizadas mantendremos contacto con los lectores y de un momento a otro quedará operativa nuestra gacetilla de prensa para hacer circular el pensamiento de nuestros colaboradores por todos los medios a nuestro alcance con el respeto que ellos como autores y ustedes como lectores merecen. En tiempos en los que lo medios de comunicación se encuentran en el centro de la escena, desde Andén hacemos el esfuerzo por estar, seguir entre ellos y acercar una mirada posible, una reflexión alterna, un disparador de ideas que sólo se completa con la presencia de los otros, escribiendo, circulando, discutiendo, dialogando. En este 2012, sigamos viajando en tren... Grupo Andén

junio, rayos, centellas y huracanes Todavía en shock por las dificultades que tuvimos con la edición impresa, junio nos preparó un golpe aún más duro. La empresa de hostin “elserver.com” que alojaba nuestro sitio en internet tuvo problemas técnicos y dejó offline a todos sus clientes por dos semanas. No sólo eso, perdió y borró muchos de los sitios

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Con esto no pretendemos oponernos a la financiación comercial del periodismo ni a la política de subsidios (aunque esta es una discusión aun pendiente). El sentido de estas líneas se limita a remarcar que el poco tiempo con el que cuentan los participantes del colectivo es dedicado a la producción periodística y no a su renta.


Andén 65 - Culturas