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Diálogos El profesor X visita a Democracia

Por A. Andrés Machí


El profesor X dialoga con Democracia Las cortinas de las ventanas ondeaban suaves con el fresco viento matinal. Aquella mañana sabía que tenía que estar despejado para mi visita, por lo que tomé dos tazas de café bien cargado. Doña Democracia no se demoró mucho. A eso de las diez sonó el timbre, tal como habíamos quedado. —Siéntese, por favor. ¿Quiere que le traiga un café? —No, no se moleste. Acabo de tomar uno. —Bien, pues cuénteme. ¿En qué le puedo ayudar? —Verá profesor, es que estoy muy acabada. No me siento con fuerzas para luchar contra los enemigos. Los médicos me han metido en una clínica de reposo donde me hacen tomar tranquilizantes y dicen que todo anda bien, pero yo cada vez estoy más débil. Así es que estoy casi todo el rato ausente, como dormida y sin ganas de gobernar. —¿Y en quien delega sus funciones? —Pues mi principal colaborador es el Neoliberalismo. Pero sospecho que me está siendo desleal. Está tejiendo un complot contra mí, profesor. —¿En qué se basa? —Lo encontré conspirando con Economía; ésta tiene una gran cantidad de funcionarios a su cargo que, al parecer, les está haciendo todo el trabajo sucio. Son dirigentes importantes que tienen gran poder y que se desperdigan por todo el urbe. Algunos los conocerá: FMI, Banco Mundial, OCDE...


—Sí, sí. ¿No cree entonces lo que dicen del Liberalismo? —No. No tengo confianza en él. Ha cambiado en los últimos años, y su nueva imagen no es ya ni la sombra de lo que fue. Neoliberalismo sólo utiliza su nombre pero perdió su causa hace años. Además, tengo pruebas de que Neoliberalismo está envenenándome lentamente con sus dogmas. Adquiere sus pócimas en el Capitalismo más exacerbado, mezclando sesos de liberalismo con rabo de estatismo

y poco a poco va concentrando las dosis en

monopolios privados que no se sabe muy bien a qué intereses responden y que, al final, siguen dependiendo del Estado, en manos de los políticos de turno que hacen y deshacen a su antojo mientras se esconden de mí y del pueblo. Todo regulado por organismos que compran la política y elimina competencia transformando y destruyendo los principios básicos en los que me sustento. Así, voy debilitándome sin que nadie se dé cuenta, desde mis propios cimientos. Necesito su ayuda, profesor. —El asunto que me cuenta es muy grave, desde luego. ¿Han tomado ya alguna medida? Pues no. No hay nadie que vea peligrar mi salud. Ya le digo que ni los médicos me hacen caso y como siga así, creo que acabaré muriendo, me enterrarán sin funeral ni flores, y quizás me convierta en religión para los más de cien millones de personas que se quedarán el próximo año en la pobreza más absoluta. —Hay que tomar las medidas oportunas lo más rápido posible. Esto no puede suceder... —Me temo que ya es un hecho irreversible. No obstante tengo algunos devotos que hacen sus campañas. Algunas asociaciones llevan mucho tiempo defendiéndome y ahora, por fin, se les une el pueblo ¿Oyó usted hablar del movimiento ciudadano? Pues, hoy por hoy, es la única esperanza de vida que me queda. —Bien, la solución a su problema es concienciar a una sociedad que está manipulada por esos organismos e instituciones y que no obtiene la suficiente información para poder actuar.


—La población mundial tiene una venda puesta y yo formo parte del tejido con el que se hizo, profesor. Se podría quitar la venda, pero los medios para solucionar esta situación me temo que están en poderes corruptos. El concepto de Estado está degenerando en manos de mafias políticas y financieras, y sólo ejerce como cabeza de turco al servicio de un nuevo y perverso poder camuflado que va cerniendo el terreno sutilmente y sin levantar sospechas... Se anteponen intereses económicos particulares a intereses sociales y sólo se mantienen los corruptos, dejando al ciudadano indefenso y cuando el proceso acabe consumándose y yo muera, irremisiblemente morirán conmigo todas las esperanzas del pueblo. Los valores éticos han sido aniquiliados y sustituidos por otro tipo de valores que aceleran el proceso. —Es una situación muy compleja. Déjeme usted reflexionar sobre todo ello. Hablaré con mis colegas e intentaremos un diálogo con los implicados. Hemos de contactar con la ciudadanía para intentar buscar soluciones a la situación. Sí, profesor, es preciso hacer algo pronto. Doña Democracia salió de la estancia algo más esperanzada, mientras arrastraba sus piernas hacia su nuevo asilo. Amparo Andrés (Stelmarch) escritora y poeta valenciana http://www.wix.com/stelmarch_amparo/andres

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