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n Urba

Estambul


ESTAMBUL★★ La sugestión inmediata que Estambul provoca sobre el viajero está ligada a su extraordinaria posición geográfica, pues es la única ciudad en el mundo que se extiende entre dos continentes, Europa y Asia. Por ello se ha propuesto, a lo largo de la historia, como un imaginario y simbólico puente entre Oriente y Occidente. Una ciudad que se ha inspirado en las milenarias culturas de Oriente, en las civilizaciones occidentales de memoria clásica e igualmente en las tradiciones de la Edad Media europea. El Bósforo, una larga y sinuosa franja de agua que une el mar Negro con el mar de Mármara, separa las orillas de los dos continentes, conectados en la actualidad por dos puentes colgantes. La moderna metrópoli se extiende más allá de estos últimos, presentándose al turista como una inmensa extensión de barrios periféricos, a menudo mal construidos, carentes de zonas verdes y servicios, fruto del estampido migratorio que, desde los campos del país, ha empujado hasta Estambul a millones de personas en busca de una mayor estabilidad económica, en las últimas décadas. A lo largo de las costas del mar de Mármara, tanto en la orilla europea como la asiática y en las dos orillas del Bósforo, se encuentran los barrios más elegantes, donde antiguas casas de madera –yalı– restauradas se extienden junto a modernas y lujosas viviendas de connotaciones europeas. En el Cuerno de Oro, profunda ensenada que, en la parte europea, separa la península sobre la que surgió la antigua ciudad del resto del continente, están los restos de los barrios históricos. Allí, entre los callejones en pendiente con la ropa tendida, casas a menudo en ruinas, niños

ocupados en sus juegos, mujeres en las ventanas y hombres sentados en sus muchos cafés, sobrevive aquella atmósfera de intensa, por humana, vida de barrio, que ha impresionado tan profundamente a los viajeros europeos que llegaban aquí entre el fin del imperio otomano y los primeros años de la República turca. Estambul representa en el imaginario colectivo occidental una ciudad exótica, de sabor medioriental. Superada la anónima e inmensa periferia, el casco antiguo de la ciudad –con su palpitante vida, los vendedores ambulantes, los mercados, los olores y los ruidos de la moderna metrópoli, a los que se sobreponen las voces de los muezzins que desde los alminares de las numerosas mezquitas llaman a la oración– catapultará al visitante a un mundo nuevo, para descubrir sin prisas, con curiosidad y diversión. Al final de la jornada los recuerdos de las visitas a los extraordinarios monumentos se entrelazarán con los mil pequeños episodios de vida observados, experimentados y participados. Estambul deja una señal, un recuerdo profundo, y la fascinación se transforma pronto en experiencia personal. Moderno perfil de la ciudad, con la mezquita de Ortakoy delante

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IntroduccIón

El patrImonIo monumEntal dE Estambul Estambul, capital de dos de entre los más longevos imperios del mundo occidental, con una vivencia histórica que se remonta a muchos siglos antes de su transformación de pequeña ciudad romana en metrópoli, posee un patrimonio cultural diferenciado, abundante y único, cuyas huellas todavía son perceptibles tanto dentro de las antiguas murallas como en sus barrios europeos y asiáticos. Por otra parte, el rápido crecimiento de la moderna Estambul, junto a una política de urbanismo no siempre atenta a la recuperación y conservación de su patrimonio monumental, ha hecho que si bien en los últimos veinte años se han intensificado los hallazgos, también haya desaparecido parte de la historia de la urbe. El gobierno de la República de Turquía ratificó en 1983 la convención sobre la protección del Patrimonio Cultural y Natural Mundial, consiguiendo la inscripción, en la lista de las áreas protegidas, de cuatro zonas de la ciudad de Estambul: el barrio de Sultanahmet y sus monumentos, la zona de la Sülemaniye, la muralla defensiva terrestre y marítima de la ciudad y el complejo del monasterio bizantino del Cristo Pantocrátor (Zeyrek Camii). Además, el valor de algunas ruinas de arquitectura

Una ciudad de cúpulas es otra de las impresiones que se graban imborrables en la mente de quien la visita. Tanto si se mira desde el mar, desde lo alto de una torre o de un puente o levantando los ojos entre las decrépitas casas de una callejuela cualquiera, las cúpulas enmarcan el paisaje urbano de la histórica Constantinopla. La más antigua de entre todas las que perviven, y el modelo inspirador de todas las que se hicieron a continuación, es la cúpula de la iglesia de Santa Sofía, del siglo vi d.C., rodeada por cuatro minaretes de aguja como testimonio de su larga trayectoria como lugar de culto durante la dominación otomana. Cúpulas de las más variadas dimensiones en las mezquitas, cúpulas aligeradas por vidrieras de colores en los baños turcos, cúpulas en el Gran Bazar y en los mausoleos de los poderosos sultanes

típica localizadas en los barrios de Fener y Balat ha logrado que la Unesco y la Comunidad Europea apoyaran un proyecto de recuperación de las viviendas así como del tejido urbano de estos dos barrios. Si de una parte estas iniciativas han permitido salvar del inevitable deterioro y de la destrucción algunas áreas históricas –poniendo como ejemplo la restauración en curso del Cristo Pantocrátor–, muchos de los proyectos de la Unesco en la ciudad de Estambul permanecen inacabados o mal ejecutados, como por ejemplo la restauración de las murallas terrestres. Por lo tanto, y en ausencia de un plan estratégico de conservación, la ciudad corre el riesgo de sufrir la desclasificación de su legado cultural de la lista de Patrimonio de la Humanidad. Si a esto se suma que en la lista mundial de los 100 sitios en riesgo, redactado por el World Monuments Fund, cada año se incluyen algunos de esta ciudad –en un pasado reciente, la Küçük Aya Sofía, actualmente objeto de un controvertido proyecto de restauración y conservación–, parece claro cuán complejas resultan las políticas de realización de adecuados programas de salvaguardia y conservación en una megalópolis como Estambul.

otomanes, cúpulas y pequeñas cúpulas revestidas en su interior con preciosos mosaicos dorados en sus muchas iglesias bizantinas y, por último, cúpulas en las sinagogas de la comunidad judía de origen sefardita, donde el acento español predomina sobre las demás lenguas. Estambul muestra su cosmopolitismo cultural y su ecumenismo religioso en la delicada, y solo aparentemente sencilla, estructura de una cúpula. Apartando los ojos de estas sinuosas y tranquilizadoras formas, la mirada estará tentada de entretenerse sobre los esbeltos minaretes pero, rozándolos y deslizándose más allá, podrá dejarse capturar por el encanto de la ciudad contemporánea, con sus infinitas marañas de modernos edificios, corazón palpitante de un país que mira al futuro y a la vez se siente ligado a sus múltiples pasados. 13


LA CIUDAD EN LA HISTORIA ❙ De la prehistoria a la colonia griega. Los origenes de Estambul se remontan a un supuesto asentamiento de época tardomicénica del que queda un débil testimonio arqueológico sobre la antigua acrópolis, en el extremo de la punta de la península estratégicamente proyectada hacia el Bósforo, protegida al norte por el Cuerno de Oro, hoy conocida como Sarayburnu. Tal presencia correspondería al siglo xiii a.C. Numerosas fuentes documentales, sin embargo, dicen que la verdadera historia de la ciudad comienza con certeza en el 667 a.C., cuando Byzas el Megarés, guiando a un grupo de colonos procedentes de Megara y Atenas, se estableció sobre la misma zona en la que anteriormente se había realizado la ocupación micénica. Byzas, antes de partir en busca de nuevos territorios que colonizar, consultó al oráculo de Delfos que le indicó como destino el promontorio ubicado frente a la tierra de los “ciegos”: en las enigmáticas palabras del oráculo “los ciegos” eran los habitantes de Calcedonia, también ellos colonos griegos, que residían en la orilla asiática del Bósforo sin haber comprendido el potencial de la acrópolis, afortunadamente situada entre el estrecho y el Cuerno de Oro. El destino de Bizancio era no solo crecer, sino también reemplazar a Calcedonia en el control del comercio marítimo y, gracias a su posición, funcionar como un punto de intercambio y recaudación de tributos para las caravanas terrestres que desde Asia Menor, Anatolia y el cercano Oriente se desplazaban a Occidente y viceversa. Estos hechos, narrados de forma normalmente épica, son los que acercan la ciudad a muchos otros centros urbanos fundados por colonos griegos a lo largo de las costas de Asia Menor y de la Magna Grecia. Al contrario de localidades como Priene o Efeso en Asia Menor, pero también Tarento o Siracusa en la Magna Grecia, Bizancio no logró asegurarse un papel de primer plano y en el curso de su historia fue dominada en muchas ocasiones por otras, y más importantes, ciudades-estado. El rey persa Darío la conquistó en el 512 a.C. y, desde aquel momento, la ciudad se vio implicada en las guerras que se vi20

vieron contra los persas y las poblaciones de lengua griega como los atenienses y los lacedemonios. Bizancio entró a formar parte de varias confederaciones, a menudo para contrarrestar el creciente poder ateniense, y otras veces para obtener beneficios. Sus habitantes se rindieron finalmente a Alejandro el Magno en el 334 a.C., si bien con la muerte del héroe macedonio en el 323 a.C. la suerte de la ciudad fue parecida a la de otros territorios de Asia Menor: el desmenuzamiento del imperio alejandrino llevó a un progresivo crecimiento de poder del reino de Pérgamo en Asia Menor, mientras que Roma empezó a expandirse también por las regiones orientales del Mediterráneo. Las fuentes históricas sobre Bizancio no son de mucha ayuda para reconstruir su aspecto original. Probablemente alrededor del primer núcleo existió una muralla defensiva: se trataría de paredes colosales, o bien de grandes bloques macizos cuyos restos fueron hallados hacia fianles del siglo xix durante los trabajos de construcción del ferrocarril que, todavía en la actualidad, sigue el margen extremo de la península pasando bajo la acrópolis, sobre la que surge el edificio de Topkapı. No son muchos los restos monumentales del antiguo Bizancio; destaca una parte de pavimentación musiva del siglo ii a.C., hallada fortuitamente en los alrededores de la Cisterna Basílica, Yerebatan Sarnici. Los testimonios más consistentes de la ciudad antigua son probablemente los que se refieren a las necrópolis ubicadas fuera de las murallas y a las numerosas estelas funerarias guardadas en los Museos Arqueológicos. Es probable que sobre la acrópolis hubiera muchos templos dedicados a las divinidades protectoras elegidas por los fundadores, como Apolo, Rea y Hera. ❙ Roma caput mundi: Bizancio en la esfera de influencia romana. Cuando, en el año 133 a.C., el último rey de Pérgamo, Atalo III, para evitar un inminente choque con Roma decidió dejarle su reino en herencia, incluida Bizancio, que estaba bajo la esfera de influencia del reino atalida, convirtiéndose en parte integrante de la provincia romana denominada Asia. Desde este momento gran parte de la Asia


la cIudad En la hIstorIa

Menor romanizada atravesó por un largo período de estabilidad que también afectó a los asentamientos del Bósforo. Bizancio fue una de las muchas pequeñas ciudades de cultura predominantemente griega que lograron integrarse plenamente en la dinámica del imperio romano. Al final del siglo ii d.C. fue objeto de un enfrentamiento entre el emperador Septimio Severo y el usurpador Pescenio Níger, elegido por las tropas de Siria, y sufrió un asedio de tres años (193-196 d.C.), al término del cual fue incendiada y quedó en ruinas. No obstante, pocos años después, Septimio Severo, al percatarse del riesgo que suponía dejar sin defensas semejante posición estratégica, decidió la reconstrucción de la ciudad, levantar una serie de edificios públicos y rebautizarla con el nombre de Augusta Antonina en honor de su hijo Antonio, conocido como Caracalla. El nombre de Bizancio continuó sin embargo siendo utilizado durante este período, aunque la acuñación de moneda implantó la denominación oficial. El intenso proceso de romanización que afectó a Bizancio también implicó a su aspecto urbano, cuyas huellas en el tejido de la ciudad resultan sin embargo poco evidentes en la actualidad. En primer lugar, Septimio Severo prcedió a ampliar el perímetro de la urbe construyendo un nuevo cinturón defensivo que de hecho duplicó la extensión de la población; es probable que luego el mismo Septimio Severo realizara el primer hipódromo, que fue sucesivamente agrandado por Constantino y se convirtió en uno de los puntos neurálgicos de la ciudad. En los alrededores del hipódromo además se construyó una gran instalación termal pública, decorada con estatuas y mármoles preciosos, típica de las grandes ciudades imperiales romanas, conocidas como las termas de Zeuxippo. Sobre las laderas de la acrópolis, en posición panorámica frente a las aguas del Bósforo, existían un teatro, quizás herencia griega, y un pequeño kynègion o anfiteatro. Las infraestructuras de la ciudad incluían dos grandes instalaciones portuarias, el Néorion y el Prosphorion, situados en un punto resguardado en la embocadura del Cuerno de Oro, con almacenes de depósito para las mercancías; desde éstos era posible acceder a los mercados y a las instalacio-

La mezcla de culturas en Estambul es su principal seña de identidad. De arriba a abajo, un mosaico romano; pantocrátor cristiano y dos detalles de ornamentación árabe: interior de una bóveda de la mezquita azul y mosaico en la mezquita de Rustempaşa.

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EntrE orIEntE y occIdEntE

nes del foro que debían encontrarse en el centro de la ciudad severiana. Uno de los problemas más graves de Bizancio, la falta de agua potable dentro de sus murallas y en sus aledaños, fue solucionado por la construcción de cisternas subterráneas y un acueducto que desde el moderno distrito de Halkali, en los campos al noroeste de la ciudad antigua, distribuía el agua a gran parte de la población. La comisión de esta última obra de ingeniería hidráulica es atribuida habitualmente al emperador Adriano. Finalmente, por lo que respecta a la decoración urbana y la monumentalización de la ciudad, fue construida una gran vía con columnas y porches a los dos lados. Esta tipología era común a las principales arterias comerciales de las ciudades romanas de oriente –valgan como ejemplo Palmira o Apamea en la moderna Siria o Gerasa en Jordania–, que más allá de su función económica, testimoniada por las tiendas y los soportales laterales donde se agolpaban los vendedores ambulantes, representaban el orgullo cívico de los ciudadanos privados que financiaban su construcción. ❙ La fundación de Constantinopla. En el inicio del siglo iv d.C. vieron la luz una serie de acontecimientos que modificaron intensamente la organización de los territorios bajo el dominio de Roma y que pusieron las basess para la posterior divi-

sión del imperio en dos partes. En el 305 d.C., en efecto, el emperador Diocleciano, después de haber establecido el régimen de la tetrarquía que dividió formalmente al imperio en Oriente y Occidente, se retiró a la vida privada en su residencia de Aspalato (actual Split), provocando un preocupante vacío de poder. Derivó una larga serie de desencuentros y guerras intestinas que vieron afirmarse progresivamente la figura de Constantino. Este, después de haber derrotado en Occidente a Masencio en la batalla del puente Milvio a las puertas de Roma en el año 312 d.C., se enfrentó en Oriente a su último rival, Licinio. La victoria sobre Licinio en la batalla decisiva del año 324 d.C. en Crisopolis (actual Üsküdar), a orillas del Bósforo frente a la antigua Bizancio, le aseguró a Constantino el control sobre el imperio romano de Oriente, y Bizancio fue la primera ciudad en celebrar su triunfo. Desde aquel momento hasta su muerte en el 337 d.C., Constantino volvió a encarnar el poder único y absoluto del imperio romano. Un cambio significativo del período tetrárquico había sido la creación de nuevas capitales para los cuatro regentes, todas lejos de la ciudad de Roma; Diocleciano, por ejemplo, eligió como sede a Nicomedia (la moderna Izmit en el mar de Mármara) y Antíoco a Oronte (la actual Hatay, en la parte sudeste de Turquía). No asombra

Los grabados del siglo xix se poblaban a menudo de imágenes de la antigua Constantinopla. En el centro el Hipódromo, entre dos representaciones del primer emperador bizantino.

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la cIudad En la hIstorIa

por lo tanto la decisión de Constantino de construir una nueva ciudad-capital. Inicialmente la elección no recayó sobre la ya existente Bizancio, sino sobre una zona despoblada en las proximidades de Troya, en los Dardanelos, casi como queriendo evocar antiguos lujos y reivindicando el decaimiento de la mítica ciudad. Solo después de comenzar los trabajos Constantino reconsideró su decisión y optó por Bizancio donde, el 4 noviembre del 326, el emperador en persona, siguiendo antiguos rituales paganos, trazó los límites de la nueva capital: un amplio semicírculo señaló los confines terrestres de la metrópoli desde el mar de Mármara hasta el Cuerno de Oro, ampliando con ello el espacio edificable más de cuatro veces con respecto a la ciudad severiana. El 11 mayo del año 330, en el restaurado y agrandado Hipódromo, se celebró la inauguración de la “nueva Roma” que a partir de aquel momento y en honor de su soberano asumió el nombre de Constantinopla. El nuevo emperador trató de dar a la capital un ordenamiento urbanístico definitivo, creando una serie de puntos neurálgicos: edificó el edificio imperial junto al hipódromo, rescatando el binomio presente en Roma con el complejo Palatino-Circo Máximo y reestructuró la instalación termal de Zeuxipo, construida bajo el reinado de Septimio Severo, adornándola con esculturas procedentes de todos los rincones del imperio. Aumentó el número de las calles porticadas,

agrandó las ya existentes, y realizó una arteria principal correspondiente a la actual Divan Yolu caddesi conocida con el nombre de Mes. Esta calle, desde la plaza del Augusteon que separaba la iglesia de Santa Sofía del edificio imperial y de las termas de Zeuxipo, llegaba hasta a una gran zona del foro de singular planta circular, o quizás ovalada, conocida como el “foro de Constantino”. En la actualidad el único testimonio existente de esta plaza es la columna honorífica que decoraba el centro, que estaba coronada por una colosal estatua del emperador con el rostro de Apolo. Al componente más estrechamente seglar de la política urbanística de Constantino se agregó una dimensión “cristiana” representada, por ejemplo, con el comienzo de las labores de construcción de la gran basílica de Santa Sofía, o de la Divina Sabiduría, quizás concebida como imitación de los imponentes edificios de Roma (San Juan de Letrán o San Pedro). El emperador no vio sin embargo la finalización de este grandioso proyecto, que le fue dedicado después de su muerte acaecida en el año 360. Para completar la reforma urbanística de la ciudad constantiniana se sumó una gran puerta monumental, quizás con funciones de arco de triunfo, conocida como Puerta Áurea, que se abrió en la zona meridional de las nuevas murallas terrestres. Constantino también se ocupó de realizar un gran mausoleo dinástico al que estaba

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■ PARA VIAJAR A ESTAMBUL Mejor época para viajar En base al clima. Las mejores épocas pa­ ra visitar Estambul son la primavera y el otoño, cuando las temperaturas máximas durante el día oscilan entre 16 y 25 °C y las mínimas entre 9 y 18 °C. En vera­ no suele ser habitual la humedad y el bo­ chorno, con frecuentes tormentas, mien­ tras que en invierno no es raro que llueva o que la ciudad blanquee tras una nevada. En base a los eventos. Ciudad mul­ tiétnica y cosmopolita, Estambul regis­ tra una sorprendente vitalidad artística, cultural y folclórica: es fácil toparse con conciertos, exposiciones, celebraciones y fiestas populares, pero también con mu­ chos festivales internacionales en los que participan famosos artistas de todo el mundo. En 2010 fue la Capital Europea de la Cultura (www.istanbul2010.org). La información de las principales manifes­ taciones culturales las podemos consul­ tar en internet: www.iksv.org, www.bile­ tix.com. Si el viaje se realiza a comienzos del verano, los amantes de la música no deben dejar pasar el festival internacional de jazz, Uluslararası Istanbul Caz Festivali, en la primera mitad de julio, calificado como el mejor organizado de Europa en su género, mientras en septiembre se puede optar por el festival de música rock, Rock’n Coque, y ya avanzado el otoño, solo en los años impares, por la bienal de arte contempo­ ráneo, Uluslararası Istanbul Bienali.

Las festividades religiosas, reguladas por el calendario lunar islámico, varían de fecha de un año a otro. Dos son las grandes fies­ tas religiosas, ligadas al Ramadán, el “mes caliente” en el que Mahoma habría recibido una revelación y en el que los musulmanes practicantes está obligados al ayuno desde el alba hasta el ocaso, para purificarse de las “ingestiones” materiales del mundo. Celebra el fin del mes de abstinencia el Veker Bayramı (pequeño Bayram o fiesta del azúcar), que dura tres días, mientras el Kurban Bayramı (gran Bayram o fiesta del sacrificio de Abraham o, todavía, fiesta del cordero), cae diez semanas después y dura cuatro días. Es el momento principal de las celebraciones anuales y puede ser equiparada a la Pascua cristiana. En las principales fiestas civiles y religio­ sas, que comienzan al anochecer, las oficinas y tiendas pueden variar su horario o cerrar. El cierre se produce hacia el mediodía de la víspera. Muchos museos y sitios turísticos no se pueden visitar el primer día festivo. Antes de salir Documentación. Para viajar a Turquía por turismo y durante menos de tres me­ ses, se necesita el carné de identidad o el pasaporte. Si el viaje responde a otros motivos es necesario el pasaporte, al igual que si se viaja con medios propios, en cuyo caso el vehículo se inscribe en el pasaporte a la entrada y es controlado a la salida. Al entrar al país es obligatorio el pago de un visado, válido para tres me­

señAs de identidAd Bandera. Roja, con una media luna y una estrella de cinco puntas, ambas blancas. Superficie. 1.538,77 km2, que se extienden sobre siete colinas. Habitantes. Cerca de 13.000.000. Raza. Turca y, en un pequeño porcentaje, kurda y árabe. Idioma. Turco, pero se dice que en la ciu­ dad se hablan 72 lenguas y media (idioma gitano). Religión. Musulmana el 90 por ciento de la población (de ellos, el 20 por ciento practi­ ca distintas ramificaciones del Islam, sobre 144

todo del chií). El 10 por ciento restantes son cristianos, judíos y otras religiones. Ordenamiento del Estado. Estambul es la “ciudad imagen” de Turquía, y la capital es Ankara. El Estado es una república des­ de 1923, gobernada con un sistema de­ mocrático pluralista y parlamentario. Moneda. Desde 2005 está vigente la nueva lira turca (yeni türk lirası, YTL). Zona horaria. Una hora más que en la pe­ nínsula Ibérica. Se atrasa una hora el último domingo de marzo y se adelanta el último domingo de octubre.


Antes de sAlir

ses, que cuesta 15 euros. Si se permane­ ce más tiempo del permitido, las multas son elevadas. Para evitar problemas, los menores de 16 años pueden ser inscritos en el pasa­ porte de sus padres o llevar un certificado o partida de nacimiento refrendado por el jefe superior de policía. Aduanas. No están previstas restriccio­ nes para importar divisa extranjera, con motivo de estancias temporales, pero no se permite exportar más de 5.000 dólares americanos o el equivalente en otras di­ visas. Los objetos de valor y las antigüe­ dades se registran en el pasaporte en el momento de entrada al país y son con­ trolados a la salida. No se permite la in­ troducción de ningún tipo de arma, salvo si se posee un permiso especial que se de­ be pedir en la Embajada turca. Está absolutamente prohibida la impor­ tación de drogas, fotos y revistas pornográ­ ficas y publicaciones contra Turquía. Si se compra una alfombra nueva o un objeto de artesanía turca, se deben exigir la factura en el momento de la compra y mostrarla en la aduana si así se lo exigen, estando además prohibida la exportación de antigüedades y objetos arqueológicos: los artículos “viejos” solo se pueden comprar y exportar si van acompañados de un certificado oficial que confirme que no se trata de antigüedades. En el caso de los objetos de valor, se debe disponer siempre de la factura de compra y de los recibos bancarios que demuestren la legalidad del cambio de divisas. Mujeres viajeras. Es aconsejable la pru­ dencia porque en algunos barrios el inte­ grismo es rígido y, en general, se advierte una vuelta a un tradicionalismo riguroso. Para no provocar equívocos, hay que evi­ tar confianzas y aproximaciones dema­ siado directas a los hombres. También se recomienda no hacer autostop y no salir de noche solas.

embAjAdAs y consulAdo En España: Rafael Calvo, 18, 2 A­B. 28010 Madrid, telf. 91 310 39 04, fax 913 086 602; www.madrid.be. mfa.gov.tr. En Turquía: Abdullah Cevdet, Sok. 8 Çankaya, 06680 Ankara, telf. 438 0392/ 440 1796. Consulado de España en Estambul: Karanfil Araligi Sok. 16/1 Levent. 34330 Istanbul, telf. 270 7410/270 2465; emer­ gencia consular desde fuera de Turquía: 0090 532 547 49 43. Fax: 270 74 84. Dirección de correo: cog.estambul@maec.es Página Web: www.mae.es/consulados/ estambul/es/home.

Tiendas, supermercados y farmacias generalmente están dotados de produc­ tos aptos para la primera infancia. Los restaurantes tienen un menú infantil y, en los hoteles, la cama en la habitación de los padres cuesta la mitad para niños de 7 a 12 años y es gratuita hasta los 6 años. En los museos disfrutan de descuentos sobre el precio del billete y, los menores de 10 años, entran gratis. También existen reduccio­ nes en los transportes públicos urbanos, trenes, autobuses y ferries suburbanos. Discapacitados. Un problema para la movilidad por la ciudad son las calles y aceras, a menudo en mal estado o caren­ tes de rampas. Por el contrario, cada vez más hoteles están preparados para las exi­ gencias de los huéspedes con minusvalías. Una referencia puede ser la Asociación para el Sostenimiento de la Habilidad Fí­ sica, Bedensel Engellilerle Dayanıvma Dernegi, su página web está en turco, inglés y alemán, www.bedd.org.tr.

Niños. Estambul ofrece muchos atracti­ vos para los más pequeños: excursiones en barco, edificios llamativos, coloristas bazares, meriendas campestres en el bos­ que de Belgrat... Algunos museos, sobr­ todo el Topkapı, con su apariencia de las “Mil y una noches” los fascinarán con su atmósfera de cuento. 145

Estambul Total Urban  

La sugestión inmediata que Estambul provoca sobre el viajero está ligada a su extraordinaria posición geográfica, pues es la única ciudad en...

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