Page 1

China


BEIJING★★ Capital de China (C5)

Beijing es una gigantesca aglomeración urbana que trata de parecerse cada vez más a las otras grandes y prestigiosas capitales asiáticas. En la última década su fisonomía está cambiando por la construcción de rascacielos y edificios modernos; pero, a diferencia de lo ocurrido en otras ciudades, esto no ha conseguido dejar en segundo plano su zona noble y el encanto de ser la capital de China. Pese a su enorme extensión horizontal propia de una megalópolis y la nueva dimensión vertical que permite vivir y trabajar a millones de personas, Beijing conserva tesoros arquitectónicos y artísticos de gran importancia, fruto de su protagonismo histórico, político y administrativo. Para hacerse una idea de China y su civilización, hay que pasear por Beijing, aunque no sea más que para entender por qué en el imaginario colectivo occidental es un símbolo de exotismo, tal como lo transmitieron a lo largo de los siglos mercaderes, misioneros y viajeros. Beijing en chino significa Capital del Norte, para distinguirla de Nanjing, la Capital del Sur (ambos nombres antiguamente eran conocidos como Pekín y Nankín). Se en-

12

cuentra a 44,28 m sobre el nivel del mar, entre las montañas Yanshan al noreste, la estepa mongol al noroeste, las montañas Taihang al oeste y al sur la gran llanura


Beijing

agrícola. El golfo de Bohai queda 113 km al este. Esta situación geográfica determina las particularidades ambientales y climáticas de la ciudad: sensible oscilación térmica entre verano e invierno, con 30-37 °C en agosto y 60 por ciento de humedad y 0-10 °C en invierno y 30 por ciento de humedad. En cambio otoño y primavera son templados y moderadamente húmedos. La población de Beijing en 2011 alcanzó los 20,18 millones de habitantes, el 95 por ciento de etnia Han. Se habla el dialecto mandarín, muy próximo al Putonghua, la lengua oficial. La ciudad ofrece lugares notables por su importancia histórica y artística, hoteles lujosos y confortables y toda clase de atracciones turísticas: teatro, música, deporte, cines, discotecas, clubs y bares (a menudo con karaoke) y otras específicamente chinas como acrobacias, danza,

escuelas de caligrafía, artes marciales, acupuntura y la posibilidad de ver a la gente practicando tai-chi (taijiquan) en los parques a primera hora de la mañana. En Beijing se puede tomar parte en las fiestas nacionales o festejos tradicionales como el Año Nuevo lunar o la Fiesta de Otoño y en otras fiestas populares como el Festival de las Flores de Melocotonero (abril-mayo) en los parques del Palacio de Verano y el Jardín Botánico, el Festival de los Crisantemos (septiembre-octubre) en las zonas verdes de la ciudad y el Palacio de Verano o la Fiesta de las Hojas de Otoño (octubre-noviembre) en las Colinas Perfumadas. Otras celebraciones tradicionales importantes son el Qingming jie o Día de los Muertos (principios de abril) dedicado al culto a los antepasados, la Fiesta de las Linternas (a los quince días del Año Nuevo lunar) y las que tienen lugar en los templos budistas y taoístas. Plaza de Tian’anmen, con una colorista cometa de artesanía, en primer término

13


Beijing

Historia La ciudad propiamente dicha, tal como hoy la conocemos, se remonta a siete siglos atrás, aunque la región está habitada ininterrumpidamente desde tiempos prehistóricos. El habitante más antiguo de la zona fue el Sinantropus pekinensis (Hombre de Beijing), que vivió hace medio millón de años en las cuevas de Zhoukoudian, al suroeste de la capital. Junto a las cuevas hay un pequeño museo con una exposición de fósiles que muestran el avanzado nivel de civilización alcanzado por el Hombre de Beijing. Conocía el uso del fuego, trabajaba la piedra para fabricar útiles de caza, confeccionaba adornos. La antigüedad de los restos humanos y demás piezas encontradas hacen del Sinantropus uno de los representantes de la especie humana más antiguos y mejor adaptados al medio. ❙ Neolítico. La tradición histórica china se fija al sureste de Beijing, donde 5000-4000 años a.C. surgieron Zhuolu, capital del legendario Emperador Amarillo (Huang Di), y después Youdu, capital de su sucesor, el emperador Yao. En aquellos tiempos se practicaban ya formas rudimentarias de agricultura y ganadería que testimonian la existencia de comunidades y relaciones sociales. ❙ Siglo xi a.C.-906 d.C. En época Zhou (siglo xi a 221 a.C.) existió la ciudad de Ji en las inmediaciones de la actual Puerta Guang’an (Guang’an Men), junto al Templo de la Nube Blanca (Baiyun Guan). Durante el período de los Reinos Combatientes (480-221 a.C.), la ciudad de Ji fue la

14

capital administrativa del reino de Yan y posteriormente un enclave militar, cuando Qin Shihuang Di unificó por primera vez el imperio. Su estratégico emplazamiento en la encrucijada de la llanura, las montañas y la estepa dieron a Ji un puesto de gran importancia entre las principales ciudades del imperio. En época Sui (581-618) la reforzó militarmente el emperador Yang y en época Tang (618-906) el emperador Taizong la utilizó como base en sus expediciones a Corea. ❙ Siglos x-xii. Tras la caída de los Tang, Ji quedó a merced de las tribus del norte. En el 936 la conquistaron los khitan (kara khitai), que en el 947 adoptaron el nombre dinástico de Liao. Su imperio se extendía del Mar Amarillo a los montes Altai y las llanuras centrales, y tuvo en Beijing la ciudad más importante en territorio chino, ya que la capital khitan estaba en la cuenca del río Liaohe, Manchuria; Ji pasó a llamarse Capital del Sur (Nanjing) o Capital de Yan (Yanjing). ❙ Siglo xii-1214. A comienzos del siglo xii, otros nómadas del noreste, los jurchen o nuzhen, originarios de Heilongjiang y antepasados de los manchúes, se aliaron con la dinastía local Song y se lanzaron a la conquista de China. En 1125 los Song tomaron Yanjing, pero los jurchen los expulsaron y obligaron a sus antiguos aliados chinos a refugiarse al sur del país. Los jurchen quedaron dueños de la ciudad y una gran parte del territorio chino y adoptaron el nombre dinástico de Jin (Jin del Norte, para distinguirlos de la otra dinastía del mismo nombre). La nueva dinastía eligió


Historia

en 1153 Beijing como capital y pasó a denominarse Zhongdu o Capital del Centro. Fue entonces cuando comenzó a crecer la ciudad, mediante la construcción de nuevas edificaciones, conforme a un esquema urbanístico definido, con miras a transformar un enclave fronterizo en una auténtica capital al estilo chino. Se copiaron los modelos arquitectónicos Song en palacios, templos e instituciones educativas. La ciudad alcanzó un perímetro de 18 km, con una muralla interior de 5 km para rodear el centro urbano destinado al emperador. La población aumentó por el éxodo de miles de campesinos en busca de mayor seguridad ante las incursiones de los pueblos nómadas, además de por la presencia de obreros y artesanos empleados en las obras públicas. En total, se debió de llegar al millón de habitantes. Los barrios de las diversiones (wazi) también se construyeron al estilo Song y se convirtieron en un crisol étnico (Han, jurchen khitan, etc.) que dio vida a expresiones originales, entre otras, el teatro tradicional chino. ❙ Años 1215-1368. El ejército mongol invadió Zhongdu en 1215 procedente del norte. Los Jin trasladaron la capital a Kaifeng, aunque la dinastía no sobrevivió a la maquinaria bélica de los mongoles (1234). La región de Beijing se convirtió en el asentamiento más importante de los mongoles, que se adaptaron al modo de vida chino y emprendieron la reconstrucción de Zhongdu según los cánones chinos. Así se lo encomendó Qubilai Khan al monje budista Liu Binzhong, procedente del Tibet conquistado en 1252, quien tra-

bajó en el proyecto desde 1267 a 1296, año de la muerte del Khan. Qubilai había adoptado en 1271 el nombre dinástico de Yuan y había vuelto a establecer la capital en Zhongdu, a la que cambió el nombre por el de Dadu o Gran Capital, más conocida a partir de entonces como Khanbaliq o Ciudad del Gran Khan, la Cambalu que describió Marco Polo: “Cambalu quiere decir en nuestra lengua «ciudad del señor»… La ciudad es cuadrada y se extiende por veinte millas. La fachada de cada lado tiene muros de adobe de seis millas de longitud, enjalbegados por fuera, de veinte pasos de altura y de anchura, por la parte inferior, de diez pasos… Cruzan además el recinto calles anchas y tiradas a cordel con tal precisión que desde una puerta, a causa de la rectitud de la vía, se ve en derechura la puerta de enfrente… En el centro se alza un palacio muy grande donde hay una campana enorme con la que se dan cada tarde tres toques… Cada una de las puertas es vigilada todas las noches por mil hombres…” En ella vivió el viajero italiano entre 1275 y 1292, y dejó escrito un testimonio de inmenso valor para el conocimiento de la historia de la ciudad: un lugar de planta cuadrada con el palacio del emperador en el centro, rodeado de murallas y foso. Aquí se levantaron los edificios públicos, El fin de la presencia mongol supuso el comienzo de la dinastía Ming, cuando se emprendieron obras de engrandecimiento de la ciudad. A la izquierda, representación de un campamento mogol. Abajo, guerreros en un mural del parque de Benhai.

15


Beijing

el Templo de los Antepasados Imperiales y el Altar de la Tierra y el Trigo. El perímetro exterior de la ciudad debió ser de unos 30 km, con numerosos jardines y templos adornados con esculturas y pinturas. En el año 1293 entró en funcionamiento el canal Tonghui, que enlazaba la capital con el Canal Imperial que iba a las regiones agrícolas del sur. Eso garantizó el abastecimiento de la ciudad en adelante, incluso en caso de guerras, hambrunas o desastres naturales. Numerosos viajeros visitaron la capital de los mongoles antes y después de su reconstrucción. Aparte del citado Marco Polo, cabe mencionar al franciscano Giovanni da Pian di Carpine (1246), el dominico André de Longjumeau (1249), el franciscano Wilhelm de Rubruk (1253) y el franciscano Giovanni da Montecorvino (1294), quien llegó a la capital después de la muerte de Qubilai Khan. Todos ellos escribieron relatos sobre las maravillas de la ciudad. ❙ Dinastía Ming (1368-1644). Las tropas chinas conquistaron Dadu en 1368, y poco después el resto del país. La derrota militar de los mongoles puso fin a la dinastía Yuan y marcó el comienzo de la dinastía Ming, que restauró el dominio de la etnia Han. La capital sufrió graves daños durante el asalto y saqueo por parte de los vencedores. Los Ming la denominaron Beiping o Paz del Norte. El primer emperador Ming fijó su capital en Nanjing, pero el emperador Yongle la trasladó a Beiping en 1406 y emprendió un grandioso proyecto de reconstrucción y engrandecimiento: murallas de 12 m de altura, palacios, jardines, edificios públicos y viviendas devolvieron a la ciudad su aspecto de capital. Yongle (1402-1424), hijo del primero, se trasladó a la capital con toda la corte en 1421 y la llamó Beijing . La parte norte de la ciudad conservó el aspecto que tenía bajo la dinastía precedente, lo que le valió el nombre de “ciudad tártara”; en ella se encontraba el complejo imperial de la Ciudad Prohibida. La parte sur o “ciudad china” se construyó en tiempos del emperador Jiajing (1522-1566). ❙ Dinastía Qing (1644-1911). Beijing siguió siendo la capital en toda la época Qing, la última dinastía china que gobernó el imperio antes de su modernización. Los Qing eran de origen manchú, pero se asimilaron a lo chino, al igual que otras dinastías extranjeras precedentes. Adoptaron severas 18

medidas restrictivas sobre la población Han (como, por ejemplo, la obligación de llevar coleta, dictada en 1646) y reforzaron el papel de las instituciones, gracias a la habilidad de los burócratas, aunque el poder se concentró en manos del emperador. La ciudad ganó en presencia, con la creación de parques y edificios públicos (academias imperiales, ministerios, etc.). El emperador Qianlong (1736-1796) ordenó la construcción al noroeste de la capital del Palacio de Verano (Yuanmingyuan), un enorme parque con lagos artificiales, edificios, templos y lugares de esparcimiento destinado a acoger a la corte en los meses más calurosos. Las tropas anglofrancesas lo saquearon en 1860: durante la segunda mitad del siglo xix, las vicisitudes históricas de China tuvieron su reflejo en la capital. Esta vez no se trató de enfrentamientos entre los Han y los nómadas, sino del imperio Qing, con toda su variedad étnica, y las potencias coloniales occidentales. Estas últimas impusieron su presencia en territorio chino a base de cañonazos, de manera que Beijing vivió una insólita etapa de (forzado) cosmopolitismo. Los tratados desiguales que pusieron fin a las guerras del opio obligaron a los Qing, entre otras cosas, a admitir en Beijing a los embajadores de los “demonios extranjeros”. Se levantaron edificios para uso exclusivo de los occidentales (club, hipódromo, lugares de diversión, etc.) y la vida de la ciudad se hizo aún más frenética si cabe. En tal situación estallaron numerosas rebeliones contra los Qing, con el objetivo de lograr su derrocamiento y la expulsión de los extranjeros. Las conspiraciones de las sociedades secretas (Tríada, Loto Blanco, Taiping, Nian, etc.) se convirtieron en motines populares que afectaron a muchas regiones y a la propia capital, que había perdido en beneficio de Cantón el puesto de motor económico del país. El movimiento boxer destruyó en 1901 el barrio de las legaciones occidentales. La respuesta de los extranjeros fue violenta: parte de la ciudad de Beijing sufrió muerte y destrucción. ❙ Años 1912-1949. La dinastía Qing cayó en 1911, y el estado se descompuso y perdió la unidad política y administrativa. Durante el complejo período que va desde la proclamación de la República (1912) hasta la República Popular (1949), Beijing fue rehén de las sucesivas facciones que


Historia

se disputaban el poder: los Señores de la Guerra, las tropas de Chiang Kai-shek, los japoneses en 1935, otra vez el Guomindang en 1945 y en 1949 el Ejército de Liberación dirigido por Mao Zedong. En todo ese tiempo, Beijing no experimentó cambios urbanísticos significativos. ❙ La Ciudad Olímpica. En cambio, desde 1949 hasta nuestros días, la ciudad ha experimentado grandes transformaciones. Se han derribado las murallas para facilitar el transporte y el ensanche urbano. Se han construido edificios modernos, sobre todo de uso público (escuelas, hospitales, museos, oficinas, mercados, hoteles, etc.), y enormes barriadas para acoger a las masas procedentes del campo: Beijing ha pasado de ser una ciudad horizontal (extensa y con edificios bajos) a convertirse en una ciudad vertical (rascacielos, antenas de radio, etc.). En estos últimos años se está llevando a cabo un costoso proyecto de recuperación del patrimonio arquitectónico y artístico: al tiempo que se ensanchan los barrios periféricos para acoger a millones de personas, se restauran y rehabilitan numerosos monumentos del casco histórico para que puedan visitarse. Se han recuperado templos abandonados y parte de la zona antigua se ha reservado completamente para la visita turística. Parques, museos y teatros son objeto de una política de mantenimiento, igual que el recinto imperial de la Ciudad Prohibida y el Palacio de Verano. La celebración de la Olimpiadas en agosto de 2008 supuso un gran empuje para la renovación de todas las infraestructuras. En resumidas cuentas, a pesar de la cantidad de rascacielos que se alzan en el centro de la ciudad, Beijing sigue conservando todo su encanto de capital de Oriente. ❙ VISITA Lo primero que llama la atención de Beijing son sus dimensiones: el municipio se extiende a lo largo de 16.807 km2, entre Dingfuzhuang y Shijingyuan de este a oeste y de Qinghe a Nanyuan de norte a sur. La ciudad propiamente dicha abarca 300 km2, de los que 220 km2 constituyen el centro urbano. La red viaria se articula en cinco anillos de circunvalación y 28 carreteras radiales. En las zonas donde aún no se ha producido ninguna acción de rehabilitación, se conservan los típicos barrios antiguos de callejas o hutong. Exis-

ten siete líneas de Metro, de las cuales dos son sobreelevadas, y una red de transporte público de superficie entre el centro y la periferia. Un tren rápido une la estación de Dongzhimen y el aeropuerto internacional. Antiguamente, la ciudad era de planta cuadrada, dividida en nueve sectores igualmente cuadrados, cada uno de ellos con un 1/9 de la extensión total. Ése era el esquema de la ciudad ideal, un espacio que debía reflejar la geografía del cosmos, tal como se concebía en el antiguo pensamiento chino. Tal esquema puede reconocerse aún en la zona de la Ciudad Prohibida, comprendida dentro del primer anillo de circunvalación. Las calles están trazadas a escuadra y la ciudad se desarrolla sobre un eje norte-sur, de acuerdo con la tradición geomántica. En el centro está el antiguo recinto imperial de la Ciudad Prohibida; el eje este-oeste divide la ciudad en dos sectores prácticamente iguales y consiste en una interminable cinta de asfalto con distintos nombres en cada tramo. El más famoso es el de Chang’an Jie, que atraviesa la plaza de Tian’anmen y sigue al este por los nuevos barrios para extranjeros con las viviendas, oficinas y hoteles más grandes y lujosos de Beijing.

Moverse por Beijing Desplazarse por Beijing puede resultar complicado por las dimensiones de la ciudad y del tráfico, siempre muy intenso. Se aconseja utilizar el metro (www.bjsubway. com): los nombres de las estaciones pueden constituir una buena referencia; en ocasiones, para llegar al destino final es conveniente utilizar el taxi, económico y cómodo. Se desaconsejan los autobuses, siempre llenos y con los nombres de las paradas poco claros.

19


■ CHINA HOY: TERRITORIO Y POBLACIÓN El marco geográfico China (Zhong Guo, Estados del Centro) ha vivido en un aislamiento relativo de otras grandes civilizaciones, aunque siempre ha ocupado una posición hegemónica en Asia, tanto desde el punto de vista histó­ rico como geográfico. Sus fronteras han sufrido frecuentes alteraciones a lo largo de la historia, pero ha conservado una enorme extensión de llanuras, montañas, desiertos, bosques, costas, estepas, prade­ ras, bosques y campiñas, que se cuentan entre las mayores y más importantes del continente asiático. Su extensión actual es de 9,6 millones de km2, esto es, el 6,5 por ciento de la superficie total del planeta; es el tercer país más extenso del mundo después de Rusia y Canadá. Abarca las zonas centrales y orientales de Asia, con unos 5.500 km de norte a sur y 5.200 km de este a oeste. Su enorme extensión se aprecia al atravesar el país (por ejemplo, el trayecto en ferrocarril de Beijing a Cantón llevaba 24 horas –ahora 8 horas en alta velocidad– y el de Beijing a Ürümqui 60), y también se pone de manifiesto en los di­ ferentes fenómenos astronómicos debidos a la diversa latitud y longitud de regiones muy distantes entre sí. La diferencia del ángulo de incidencia solar es de unos 30° entre el norte y el sur, lo que se traduce en días más o menos cortos o largos en las

Putuo Island, en Yunnan

294

regiones septentrionales o meridionales del país; la diferencia horaria de este a oeste es de 4 horas, aunque todo el país se rige por la hora oficial de Beijing. Los 20.000 km de fronteras dan también una idea de la inmensidad de China. Limita con Corea (nordeste), Mongolia (norte), Rusia (noreste y noroeste), Afghanistán y Pakistán (oeste), India, Nepal, Sikkim y Buthan (suroeste), Birmania, Laos y Viet­ nam (sur). Al sur queda el gran Mar de China Meridional, colindante con Filipinas, Mala­ isia, Brunei e Indonesia, y al oeste el Mar de China Oriental, con Taiwan y Japón. Las costas alcanzan 18.000 km. Al norte de la bahía de Hangzhou son bajas y are­ nosas, mientras que al sur son rocosas. Las aguas litorales ofrecen abundantes recursos naturales: unas 1.500 especies de peces y grandes reservas de petróleo y gas natural. En la plataforma litoral se cuen­ tan unas 5.000 islas, el 85 por ciento en la parte sur del Mar de China. La mayor es Taiwan (36.000 km2), seguida de Hainan (33.000 km2), Diaoyu, Chiwei (al noreste de Taiwan) y el archipiélago de Nansha, más al sur. La orografía es extremadamente variada, con grandes diferencias de altitud entre las diferentes regiones del país: desde los 8.848 m del Everest (Qomolangma) hasta los 154 m bajo el nivel del mar del oasis de Turfan, Xinjiang, al noroeste.


TerriTorio y población

Cabe destacar cuatro rasgos de la geo­ grafía física de China: las grandes diferen­ cias de latitud, causantes de las diferencias climáticas entre norte (zona fría) y sur (zona subtropical); las grandes diferencias de longitud, que originan entre la costa y el interior fenómenos como los monzones, que influyen tanto en las precipitaciones como la temperatura; la complejidad oro­ gráfica, determinante de los asentamientos de población y las variedades agrícolas; además, el impacto sobre el territorio de la varias veces milenaria acción del hombre, que ha remodelado suelos para su cultivo, modificado cursos de agua mediante obras de ingeniería hidráulica, deforestado (y reforestado a partir de 1949) e industria­ lizado regiones enteras con sus lógicas secuelas ambientales. Las regiones naturales y los asentamientos de población Las cadenas montañosas que delimitan las llanuras permite subdividir China en seis regiones naturales. El Tíbet, que se encuentra a 5.000 m de altitud y ocupa la cuarta parte del territo­ rio nacional, compuesto por cordilleras, llanuras y cuencas rodeadas de las cadenas de Karakorum y Kunlun y las estepas de de Qinghai; aquí nacen los grandes ríos que sirvieron de base a las antiguas civi­ lizaciones asiáticas: Huang He (Río Ama­ rillo), Yangtze, Mekong, Indo, Ganges y Brahmaputra.

El Xinjiang al noroeste, que ocupa la sexta parte del territorio nacional, con las altas montañas de Tian Shan que sepa­ ran las estepas desérticas del desierto de Taklamakan. China septentrional, con las estepas de Mongolia y la gran zona del curso medio del Huang He (Río Amarillo) a partir de las regiones montuosas de Gansu, las mesetas de Shaanxi y Shanxi y la llanura densa­ mente poblada. Los depósitos aluviales del Huang cubren todas estas regiones (unos 600.000 km2) y constituyen un terreno muy fértil de limo amarillento (loess) que llega a alcanzar 150 m de espesor. China nororiental, antes llamada Manchuria, con llanuras, colinas y relie­ ves montañosos de escasa altitud, abierta al Mar Amarillo. China meridional, con el fértil valle del Yangtze en el centro y un paisaje de llanu­ ras aluviales donde se concentra la mayo­ ría de la población, al contrario que en las zonas montañosas poco pobladas; al oeste de la región el paisaje presenta curiosas formaciones montañosas en forma de pan de azúcar, debidas a la erosión cárstica. China suroccidental, con la fértil lla­ nura del Chengdu y sus típicas colinas con bancales para el cultivo agrícola. Los rasgos de cada una de estas regiones son determinantes en el asentamiento y las migraciones de la población. Por ejemplo, el Tíbet, con sus inhóspitos macizos y gla­ ciares, está prácticamente deshabitado, y la escasa población es mayoritariamente nómada, salvo unos cuantos núcleos urbanos. En cambio, las llanuras fluvia­ les están densamente pobladas, pueblos y ciudades forman parte de un paisaje donde la agricultura florece. La estepa mongol, con sus extensiones de pastos y zonas de­ sérticas, ha favorecido el nomadeo, igual que el Xinjiang, donde apenas llueve y el modo de vida es básicamente pastoril. Por el contrario, la llanura manchú es herbosa y fértil, lo que ha favorecido el desarrollo agrícola y la sedentarización de la población. Esta configuración topográfica ha in­ fluido en las migraciones humanas. Está demostrado que todos los flujos migratorios de animales, homínidos y seres humanos prehistóricos siguieron rutas fácilmente identificables en el mapa físico de China, pues bordearon montañas, atravesaron va­ 295

China Total  

Una guía fundamental para recorrer los mejores lugares del gigante asiático, cuya información se divide en distintas secciones. La primera p...

Advertisement