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"Electricity". 1900. English (Nottingham). Levers machine-made lace. 43.2 x 66 cm

El siglo XIX Del siglo XIX puede decirse que es el siglo de la Revolución Industrial, pero ésta debe entenderse, simultáneamente, como causa y como efecto de otros muchos cambios. Así pues, el siglo XIX está mejor definido como un periodo de constantes cambios. Mientras el siglo XVIII había terminado agitadamente con la Revolución de las colonias inglesas en Norteamérica en 1776 y la Revolución Francesa –indirecta consecuencia de la Revolución Americana– en 1789, el siglo XIX comienza con el éxito militar del general Napoleón Bonaparte en Francia y el subsecuente Imperio Napoleónico entre 1801 y 1814. A su vez, Inglaterra experimenta algo que ha llegado a conocerse como Revolución Industrial, que no sólo transformó los modelos de vida de su población – los habitantes rurales se desplazaron hacia las ciudades, en donde se encontraban los centros de producción industrial– sino su manera de consumo, sus formas de entretenimiento, su educación y por supuesto, su manera de producir e interpretar el arte. En la historia del siglo XIX pueden establecerse varios periodos caracterizados por una serie de sucesos de carácter político. A. Primer periodo (1800 -1833) La Revolución Francesa, movimiento ideado como reforma social y transformación de las instituciones del Antiguo Régimen monárquico, no produjo la estabilidad inmediata que se hubiera esperado. Dos grupos, girondinos y jacobinos, a favor de la caída de la monarquía, pero incapaces de llegar a acuerdos sobre la mejor manera de lograrlo, llegaron a disputarse en forma violenta el poder en los nuevos órganos parlamentarios para definir el destino del recién formado gobierno republicano. En tanto, un hábil general a cargo de las tropas del país, Napoleón Bonaparte, cumple con una tarea distinta al servicio de la Revolución, al añadir territorio a Francia. Finalmente, el 9 de noviembre de 1799 da un golpe de Estado, acaba con el órgano de poder conocido como el Directorio, formado por la alta burguesía e instala algo que se conocerá como el Consulado, formado por dos cónsules de gobierno y por él mismo. Al tiempo que las campañas en Austria, Prusia y Rusia son exitosas, Napoleón 1


no sólo pacta con los miembros del Antiguo Régimen, sino que consigue ser nombrado Cónsul Vitalicio y posteriormente, en 1804, consigue hacerse nombrar emperador a través de un plebiscito El fin del Imperio inicia en la campaña de Rusia. Los rusos se retiran conforme avanzan los franceses y estos sólo encuentran el territorio quemado, lo que hace imposible el abastecimiento. Además, un invierno prematuro se les echa encima y los muertos se cuentan a millares. Casi al mismo tiempo, los españoles logran debilitar a los franceses invasores y Gran Bretaña intenta una nueva coalición que finalmente consigue derrotar a Napoleón en Leipzig (Alemania) en el verano de 1813. Aunque es desterrado a la isla de Elba y en el trono francés se reinstaura a Luis XVIII, Napoleón vuelve y reconstruye provisionalmente su Imperio, hasta que es derrotado definitivamente en la batalla de Waterloo en abril de 1814. Se establecía así la primera gran oposición del siglo: conservadurismo frente a liberalismo y nacionalismo. Esa oposición dio como fruto, hacia 1820, una serie de movimientos de carácter liberal y constitucionalista (en Alemania, España, Francia e Italia). Ese primer tercio del siglo fue también la época de la independencia de Hispanoamérica y de la expansión, en la Europa continental, de los primeros logros de la Revolución Industrial, iniciada durante el siglo anterior, en Inglaterra. A. Segundo periodo (1833-1848) Es la época de las grandes revoluciones liberales, surgidas como reacción a la Restauración en Francia. Fue un periodo de frecuentes crisis económicas y sociales, causadas, en parte, por el rápido aumento de la población producido, tras finalizar las guerras napoleónicas, por los primeros logros de la Revolución Industrial. La primera oleada revolucionaria se produjo en 1830 y significó la expulsión del absolutista Carlos X en Francia y que Bélgica lograra independizarse de Holanda. El segundo momento revolucionario tuvo su origen en Francia, que en 1848 instauró la Segunda República. Desde Francia, el movimiento se extendió al resto de Europa y tuvo particular incidencia en Austria, donde el canciller Metternich fue destituido, y en Alemania e Italia, donde un profundo sentimiento nacionalista condujo a la unificación política de sus territorios. La burguesía comenzó a ejercer poder político a través de su poder económico. Como resultado, descubrió que las masas populares que la había apoyado para imponer las ideas del liberalismo o del nacionalismo, resultaban contrarias a sus intereses al exigir sus libertades y sus derechos. De ese modo la burguesía se transformó en una fuerza conservadora que se oponía al régimen de derechos.

Märzrevolution - 19. März 1848 – Berlín

Horace Vernet. Pintura de la Batalla en Soufflot, barricadas en la Rue Soufflot, 24 de junio de 1848.

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A. Tercer periodo (1851- 1871) Se caracterizó por los intentos revolucionarios obreros frente a la burguesía conservadora y por el proceso de unificación de Italia y Alemania. El desarrollo de la Revolución Industrial había ido generando una nueva clase social, el proletariado urbano, sometida a los propietarios de las fábricas. Al mismo tiempo Italia y Alemania encontraron el camino para su proceso unificador a través de la modernización económica, política y militar de dos núcleos aglutinantes: el Piamonte para Italia y Prusia para Alemania; y de dos políticos de gran talla: Cavour y Bismarck

Máquina de vapor situada en el vestíbulo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM, Madrid

B. Cuarto y último periodo (1871-19001914) Este periodo se inició tras la incorporación de Alemania e Italia al nuevo orden internacional, en 1871. Francia instauró su Tercera República en 1870; en España, Amadeo I de Saboya iniciaba su reinado, que finalizó tres años más tarde para dar paso a la I República española; en Gran Bretaña se legalizaban, en 1871, las Trade Unions; en el este de Europa se agudizaban los sentimientos nacionalistas de varios países y grupos étnicos y, fuera del marco europeo, los Estados Unidos de América y Japón se configuraban como dos nuevas grandes potencias. Mientras tanto, el capitalismo europeo forzaba a las distintas naciones a la carrera del colonialismo, trasladando así al escenario africano o asiático las disputas de una política internacional agresiva y peligrosa. La economía tras la Segunda Revolución Industrial (18701914), supuso la aparición del comercio mundial y los intereses financieros transformaron el colonialismo en imperialismo, que hacía de Europa, especialmente de Inglaterra, dueña de territorios en América, Asia y África. Sin embargo, España perdió en 1898 sus últimas colonias, Cuba y Filipinas. Toda esta situación política, social y económica se mantuvo en un equilibrio inestable hasta que en 1914 se produjo el estallido de la Primera Guerra Mundial

The Legislative Belly, 1834 Honoré Daumier (French, 1808–1879) Lithograph

Illustration of power loom weaving. History of the cotton manufacture in Great Britain by Sir Edward Baines. 1835

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Coalbrookdale de noche. Loutherbourg d. J., Philipp Jakob, 1801. Pintura al óleo

El liberalismo como ideología, política y modelo económico El siglo XIX estuvo marcado por lo práctico y lo científico, por los rendimientos y los beneficios y por el esfuerzo constante para mejorar todo tipo de condiciones materiales. El concepto de liberalismo, que en el siglo XVIII había impulsado a la burguesía de la Revolución Francesa como teoría de las libertades fue transformándose en varias ideologías que la burguesía adaptó a su propio modo de ver el mundo. Surgió así un nuevo concepto de liberalismo político que se caracterizaba por su oposición al despotismo a través de los sistemas parlamentarios. Era la base de las futuras democracias en las que el derecho al voto iba unido a la capacidad económica de los votantes. En economía, el liberalismo significó el respeto por los derechos de riqueza y de propiedad, o lo que es lo mismo, el respeto a lo que daba el poder a la burguesía. Este liberalismo económico fue la base ideológica del sistema capitalista. Mientras que el liberalismo intelectual abogó por la libertad de pensamiento y remarcó el carácter individualista de la mentalidad burguesa. El trabajo, el instinto de superación y la voluntad de éxito eran las fuerzas capaces de crear riqueza. La nueva mentalidad entendió que la teoría evolucionista con su principio selectivo, según el cual sólo los más fuertes de cada especie logran sobrevivir e imponerse, era un buen ejemplo de la lucha en la actividad económica, ya fuera financiera, productiva o comercial. Con estos planteamientos no puede resultar extraño que los valores de la mentalidad burguesa fueran primordialmente materiales. El dinero, el deseo de lucro y de confort y la obtención del máximo beneficio con el mínimo fueron los motores de la burguesía.

El socialismo como ideología, política y modelo económico A lo largo del siglo XIX los movimientos obreros adoptaron diferentes corrientes y tendencias. La toma de conciencia del proletariado como clase obrera sometida se basaba en la comprensión de que, frente al individualismo del capitalismo burgués, tan sólo las posturas colectivas podrían ofrecer un sistema de defensa de los intereses proletarios. Así, el asociacionismo original, tomó las formas del mutualismo, el sindicalismo, el colectivismo o el comunismo y, cuando los intereses del capitalismo traspasaron las fronteras nacionales para hacerse internacionales, también los teóricos del obrerismo abogaron por una unión de las clases oprimidas de las mismas dimensiones. En 1864 se fundó, en Londres y a instancias de Charles Marx, la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores, AIT). La situación del proletariado del siglo XIX dio lugar a la aparición 4


de numerosas teorías cuya pretensión fue la de dar solución a la problemática social que el sistema capitalista había generado. De todas ellas, el marxismo aparece como la respuesta más importante para la historia, la política y la cultura del siglo XX. El punto de partida del pensamiento marxista estuvo en el idealismo del filósofo alemán Friedrich Hegel (1770-1831). Marx consideró que el Estado, ni aun siendo de tendencia liberal, traería consigo las reformas que darían solución a las desigualdades sociales creadas por el sistema económico burgués. El materialismo histórico es una de las grandes aportaciones del marxismo ya que supuso el primer intento de hacer historia a partir de un método, el dialéctico, que superaba a las simples narraciones de hechos y a las valoraciones subjetivas, y por lo tanto no metódicas, que de ellos podían hacerse. El nuevo método partía de considerar la historia del hombre como una relación dialéctica (en constante movimiento dinámico) entre hombre-naturaleza-hombre. Según esa idea se consideraba al hombre en relación con la naturaleza a la que explota y en relación a los demás hombres, entendiendo que la necesidad es la base de esas dos relaciones (necesidad económica y necesidad social). Así, desde el momento en que un hombre, por poseer parte de la naturaleza (tierras o ganado) o los medios con los que ésta se explota (herramientas o máquinas) se interpone entre otro hombre y la naturaleza, se establecen dos clases sociales: la del poseedor y la del que trabaja para quien posee, ya que no puede hacerlo directamente.

El desarrollo tecnológico y la Revolución Industrial A diferencia del siglo XVIII en el que aún fue posible entender al científico como el sabio que conoce todo cuanto el hombre ha descubierto, el siglo XIX trajo consigo la especialización del saber en distintas ciencias que ya no tenían como pretensión un conocimiento total. Esta nueva concepción fue unida a una profundización tanto teórica como práctica en cada rama de la ciencia. En este sentido el carácter experimental, heredado del empirismo inglés y reforzado más tarde por el positivismo de Augusto Comte (1798-1857), resultó definitivo como configurador de la mentalidad científica de la época. Según Comte, la nueva sociedad, fruto de la Revolución Francesa y de la Revolución Industrial, precisaba de una reforma intelectual que reflejara el predominio de la razón y que se fundamentara no en el pensamiento teológico, sino en el científico. La reforma intelectual que propuso Comte fue la filosofía positivista, según la cual sólo es posible el saber que procede de los sentidos (en esto Comte es continuador del empirismo inglés) y sólo los hechos que los sentidos pueden conocer (positivamente) son el objeto del conocimiento científico. Como fundamento a estas ideas Comte elaboró la "ley de los tres estados", según la cual el progreso de la humanidad se había desarrollado en tres estados o etapas:

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El estado teológico, donde el hombre se preguntaba el porqué de su existencia como Naturaleza y daba como respuesta la religión;

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El estado metafísico en el que la pregunta seguía siendo la misma, pero en el que la respuesta ya no era la justificación a través de la divinidad, sino a partir de las propiedades, de las esencias (ocultas y misteriosas) que la Naturaleza encierra en sí misma;

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El estado positivo, en donde la pregunta ya no es el porqué, sino el cómo, con lo que se abandona el interés por las esencias metafísicas que no son científicas, para ser sustituido por el saber científico de la razón que describe cómo se producen los fenómenos, en qué circunstancias y con qué frecuencia.

Por otro lado el propio espíritu de progreso impulsado por los intereses industriales hizo que la ciencia buscara resultados prácticos (técnicas) de fácil e inmediata aplicación. A lo largo del siglo proliferaron las asociaciones científicas de todo tipo, se crearon centros de investigación, los adelantos en los sistemas de comunicación permitieron una información y una colaboración científica internacional y los grandes hombres de ciencia recibieron los honores y el reconocimiento de toda la sociedad. En este 5


ambiente no es de extrañar que aparecieran ciencias nuevas como la sociología y la psicología, que de algún modo representaron un nuevo interés por el hombre dentro de un panorama científico poco humanista. En sociología fue importante la tarea de H. Spencer, que consideró la sociedad como un organismo motor de la historia; el propio Marx reorientó esta idea al considerar la historia fruto de la lucha de clases; y, a finales de siglo, Max Weber se ocupó de descubrir las estructuras básicas de los modelos sociales. En psicología la obra determinante fue la de Sigmund Freud (1859-1939) a quien puede considerarse con justeza padre de la psicología moderna a partir de sus trabajos sobre el inconsciente y de la técnica del psicoanálisis. No obstante, su obra tendrá más repercusión en el siglo XX. A lo largo del siglo fueron importantes las mejoras en el campo de las comunicaciones (telégrafo, teléfono, fonógrafo, linotipia, etc.) lo que permitió la aparición de un periodismo capaz de informar con gran rapidez de todo cuanto sucedía en el mundo. Esas mismas mejoras posibilitaron también una economía a escala mundial, gobernada desde las capitales de los países más desarrollados. Por todo ello, pronto se tuvo conciencia de lo que significaba la información para el poder. En la segunda mitad del siglo, coincidiendo con la etapa colonialista, las técnicas militares se revolucionaron con la aparición de nuevas armas como el submarino (1850), el torpedo (1866), la ametralladora (1883) y, por supuesto, la dinamita (1866). Todos estos avances exigieron una gran diversificación de la metalurgia (zinc, níquel, aluminio y aleaciones) y de las técnicas constructivas. En definitiva, las técnicas del siglo XIX abrieron las puertas a la revolución tecnológica permanente del siglo XX.

Inventos y técnicas del siglo XIX 1800 Pila galvánica (Volta) 1814 Máquina de vapor (Stephenson) 1825 Primera línea de ferrocarril DarlingtonStockton (Inglaterra) 1825-30 Primeras fotografías (NiepceDaguerre-Fox Talbot) 1836 Telégrafo (Morse) 1841 Abonos químicos (Liebig) 1846 Anestesia con éter (Morton) 1855 Barcos de vapor propulsados por hélice 1861 Fabricación masiva de acero (convertidor Bessemer) 1866 Dinamita (Nóbel) 1866 Cables submarinos de comunicaciones 1867 Tratamiento antiséptico de las heridas (Lister) 1867 Hormigón armado (Monier) 1873 La dinamo (Siemens)

1876 Se patenta el teléfono (Bell) 1877-79 Micrófono y fonógrafo (Edison) 1879 Lámpara eléctrica (Edison) 1879 Primeros trenes eléctricos (en Berlín) 1883 Primeros motores de explosión de gasolin (Daimler) 1885 Vacuna antirrábica (Pasteur) 1886 Primeros automóviles (Daimler-Benz) 1890 Primer metropolitano (el de Londres) 1890 La linotipia 1890 El carburador, las bujías, el motor de 4 cilindros 1892 Los neumáticos (Michelín) 1892 La caja de cambios (Renault) 1895 Telegrafía sin hilos (Marconi) 1895 Los rayos X (Roentgen) 1895 El cinematógrafo (Lumière) 1896 Los dirigibles (Zeppelin)

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FUENTES Asociación Española para la Cultura, el Arte y la Educación. HISTORIA SIGLO XIX http://www.cultureduca.com/histart_sxix_introd03.php

IMÁGENES "Electricity". 1900. English (Nottingham). Levers machine-made lace. 43.2 x 66 cm http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/64.229.2 Märzrevolution - 19. März 1848 – Berlin http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Maerz1848_berlin.jpg Horace Vernet. Painting of Battle at Soufflot barricades at Rue Soufflot Street on 24 June 1848 http://en.wikipedia.org/wiki/File:Horace_Vernet-Barricade_rue_Soufflot.jpg Máquina de vapor situada en el vestíbulo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM, Madrid http://en.wikipedia.org/wiki/File:Maquina_vapor_Watt_ETSIIM.jpg Illustration of power loom weaving. History of the cotton manufacture in Great Britain by Sir Edward Baines. 1835 http://en.wikipedia.org/wiki/File:Powerloom_weaving_in_1835.jpg Coalbrookdale de noche. Loutherbourg d. J., Philipp Jakob, 1801. Pintura al óleo http://en.wikipedia.org/wiki/File:Philipp_Jakob_Loutherbourg_d._J._002.jpg The Legislative Belly, 1834. Honoré Daumier. Lithograph http://www.metmuseum.org/toah/works-ofart/20.60.5

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Siglo XIX