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Trabajar en compañía La crisis económica ha favorecido en España y otros países la aparición del coworking o los espacios de trabajo compartido para trabajadores que van por libre. Una tercera opción entre trabajar en una empresa o desde casa. Entre sus ventajas, figura el favorecer el contacto con otros profesionales y, de esta manera, las sinergias laborales. Texto de Ana Valls Ilustración de Mariona Cabassa

64 magazine

La misma noche en que Lehman Brothers anunciaba su quiebra, el 15 de septiembre del 2008, nacía The Cube London (www.thecubelondon.com), uno de los primeros negocios de coworking en Europa. Su fundadora, Araceli CamargoKilpatrick, quería ofrecer cobijo profesional a los afectados por el violento cambio que comenzaba a sufrir la economía a escala mundial. “Esa misma noche escribí los principios de lo que es hoy en día The Cube”, recuerda por correo electrónico esta norteamericana que, desde entonces, ha abierto otro negocio similar en Nueva York, We Create NYC (www.wecreatenyc.com). En Estados Unidos, los espacios de trabajo compartido comenzaron a sobresalir como la mejor alternativa para los miles y miles de trabajadores que se quedaban sin empleo y se veían obligados a convertirse en freelance o autónomos de la noche a la mañana. De esta forma abarataban costes y podían empezar a funcionar inmediatamente. Aunque el paso del tiempo ha hecho que esta nueva modalidad se posicione como una opción más de trabajo, tan válida como el resto, y que es ya elegida por muchos trabajadores por cuenta propia que no se han visto afectados de forma directa por la crisis. Como explican Diana Díaz Montón e Iván Logra, creadores de Loft to Work Madrid (www. loft-to-work.com), “el coworking es una forma de trabajo en la que profesionales procedentes de campos muy diversos

comparten un mismo espacio físico, fomentando la colaboración y el intercambio de ideas y talento”. En la práctica, se traduce en el pago mensual de una mesa desde la que el autónomo puede realizar sus tareas diarias dentro de un ambiente laboral adecuado y que comparte con otros en su misma situación. Aunque no termina ahí. La conexión a internet, el uso del teléfono y las instalaciones (cocina, baño, salas de reuniones) y la posibilidad de relacionarse y explorar sinergias con otros profesionales empuja a muchos a decidirse por esta alternativa. El coste del servicio varía dependiendo de la

empresa y de las horas o los días que se haga uso del espacio, pero en general oscila entre los 180 y 300 euros al mes. Para Irmina García del Pino, una bróker de viajes de 47 años que lleva 25 trabajando como autónoma, las oportunidades de negocio son mayores que si trabajas solo: “El poder conocer a otros profesionales e incluso tener proyectos en común y recibir consejo y apoyo es una de las ventajas que me empujaron a decidirme por esta modalidad”, comenta desde su mesa en la empresa Coworking Asturias (www.coworkasturias. com), ubicada en el centro de Gijón y adonde lleva acudiendo

Algunas direcciones españa Madrid http://garage30.com/blog Valencia http://coworkingvalencia.com Barcelona www.graciaworkcenter.com y www.grupidea.com Sevilla www.torre11.com Elche http://raconomada.com EE.UU. Nueva York www.paragraphny.com alemania Berlín http://betahaus.de/?lang=en holanda Amsterdam http://the-hub.net/


a trabajar desde hace un año. Las ventajas del uso de la oficina compartida no sólo tocan el plano profesional. El coworking se convierte en una solución tangible para los problemas de aislamiento que sufren muchos autónomos (3.085.400 en el último trimestre del 2010 en España, según el Instituto Nacional de Estadística), y más si se habla de los que trabajan desde casa. La psicóloga Elisa Sánchez Lozano, especializada en salud laboral, imparte cursos de estrés en el trabajo e inteligencia emocional y dirige la empresa Idein (www. idein.es), sobre consultoría y formación. Según su experiencia, si el trabajador se siente aislado, “podría disminuir su motivación, llegando en casos extremos a sentimientos depresivos, que afectarían tanto a su salud como a la calidad de la productividad laboral”. Algo parecido a lo que le sucedió a Victoria Mesas García, periodista de 31 años, aunque las consecuencias no llegaron tan lejos. “Trabajé sola durante más de dos años y lo llevaba bastante bien –comenta–, pero después de unas vacaciones, la casa se me vino encima y decidí que eso no era vida”. Desde entonces, hace ya un año y

Las oficinas compartidas han reducido el deseo de muchos profesionales de trabajar desde casa, donde uno puede acabar sintiéndose aislado

medio, acude cada día a un espacio de trabajo compartido en Madrid. Su vida ha cambiado: “El salir a la calle y relacionarte con otras personas es muy reconfortante; además, tienes la ventaja de alternar con profesionales con inquietudes y problemas parecidos a los tuyos, pero sin los roces que surgen entre los que trabajan en una misma empresa”. Las oficinas compartidas han reducido el deseo de una gran mayoría de profesionales de trabajar desde casa. Muchos ven en el teletrabajo una eficaz salida a una relación de esclavitud con su empresa, pero como apunta Mikel Estrada, uno de los fundadores de Bilbao CoWork (www.bilbaocowork. com), “la ilusión se te quita el primer mes”. “Al principio es genial: te levantas un poco más

tarde, desayunas más tranquilo... Pero a la hora de trabajar llegan los problemas, o lo haces más rápido que en la oficina y te aburres el resto de la jornada, o tardas el doble, por lo que tienes que organizarte mejor”, comenta. “Luego te vas dejando, te pasas el día en pijama, no cuidas tanto tu aspecto... Aunque lo peor de todo es la falta de contacto humano, el no poder comentar la peli del sábado o el partido de fútbol. Te sientes aislado de todo”, asegura. La necesidad de comunicarse es inherente al ser humano y, como comenta Carlos María Alcover, profesor de Psicología Social de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, “necesitamos que los demás validen nuestras opiniones, actitudes y comportamientos. También compararnos con ellos para obtener valoraciones de nosotros mismos”. Según este profesional, el acudir cada día a una oficina o lugar de trabajo aporta múltiples beneficios aparte del contacto social, “el tener un espacio propio te ayuda a separar las facetas de la vida, pone a prueba las diferentes competencias y facilita la obtención de estándares para comparar nuestro rendimiento”. Mathieu Tozer, programador informático australiano que formó parte de Citizen Space en San Francisco (www.citizenspace.us), apunta, con todo, algún inconveniente del coworking: “Lo cierto es que te distraes con más facilidad que trabajando desde casa y tienes que imponerte una rutina más dura”. A pesar de ello, reconoce que este tipo de oficinas siempre es mejor que un café. “Gracias al trabajo compartido sientes que formas parte de la sociedad y eso sin duda, te motiva”, concluye.

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6 de febrero del 2011 65


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