Yukali Poesía

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YUKALI Poesía 1


Selección, diseño y edición: Ana Sánchez Huéscar Equipo Yukali: Manuel Cardeñas Aguirre, Concha Vallejo, Nuria Pradilla Barrero, Isidoro López Braña, Silvia Sánchez Muñoz, Juanma Cuerda, Ana Melgosa, Luis Vinuesa García, Jocke (Joaquín Pérez), Aetheria, Raquel Arqued y Ana Sánchez Huéscar.

Ilustración de portada: Asnnea Dianna En páginas interiores, ilustraciones de “Tafmag”-Alain (p. 11), Nancy Knight (p. 35), Nester Formentera (p. 36), Amanda Chung (p. 42), Amee Haus (p. 43), Alyse Dietel (p. 55), Yumiko Izu (p. 75). El resto de imágenes están recogidas en Internet. Los derechos de autor, así como los de copia y reproducción de todos los poemas e imágenes publicados en la revista Yukali Poesía, pertenecen en exclusiva a sus autoras y autores. Esta revista ha sido creada únicamente para compartir poesía, no para uso profesional ni empresarial, sin fines directa ni indirectamente comerciales. Los fragmentos aquí incluidos han sido extraídos de obras que provienen de fuentes lícitas y no tienen como objeto una utilización colectiva ni lucrativa, ni de distribución mediante precio.

YUKALI POESÍA, 2021 yukalipaginaliteraria.com

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ÍNDICE Lengua inglesa ➤ Clásicos vigentes (5-15)

Letras hispanoamericanas ➤ La sabia y el musgo (16-26)

Azul maestro ➤ Destellos de río (27-35)

Femme ➤ Eros y el bosque (36-46)

Nuevas voces ➤ Luz entre la maleza (47-51)

Isla Yukali ➤ Casa de versos (52-69)

Claro de luna ➤ Besos y credos (70-75)

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NOTA EDITORIAL Puede parecer una revista, pero es una nube. Una antología loca, un reloj de bolsillo digital. Algo nuevo vestido de tiempo azul. Es la unión de la tradición y la contemporaneidad a través de unos hilos que manejan el aire. Es al mar lo que el lector al libro, un verbo de espuma que salpica memoria. Silencio Erótica Metáfora la lección de los maestros en la escuela de las flores.

Ana Sánchez Huéscar

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LA POESÍA A mí tampoco me gusta. Pero, al leerla con absoluto desprecio, descubrimos en ella, al fin y al cabo, sitio para lo auténtico. Marianne Moore

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ME ABRIRÉ CAMINO E. E. Cummings Me abriré camino hasta empapar mis muslos en ardientes flores me pondré el sol en la boca saltaré al aire maduro Vivo con cerrados ojos que arremeten contra lo oscuro En las dormidas curvas de mi cuerpo dedos de tersa maestría penetrarán con castidad de muchachas oceánicas Habré de completar el misterio de mi carne habré de levantarme al cabo de mil años lamiendo flores Y engastaré mis dientes en la plata de la luna

Versión de Ulalume González de León

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LO QUE ES EL AGUA… Emily Dickinson Lo que es el agua lo enseña la sed. Lo que es la tierra, el mar que hay que cruzar. El júbilo lo enseña la amargura. La paz lo que se cuenta de batallas, el amor el martillo de la tierra. Solo la nieve dice qué es un pájaro.

Traducción de Carlos Pujol

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EN MI OFICIO O MI ARTE SOMBRÍO Dylan Thomas En mi oficio o mi arte sombrío ejercido en la noche silenciosa cuando sólo la luna se enfurece y los amantes yacen en el lecho con todas sus tristezas en los brazos, junto a la luz que canta yo trabajo no por ambición ni por el pan ni por ostentación ni por el tráfico de encantos en escenarios de marfil, sino por ese mínimo salario de sus más escondidos corazones. No para el hombre altivo que se aparta de la luna colérica escribo yo estas páginas de efímeras espumas, ni para los muertos encumbrados entre sus salmos y ruiseñores, sino para los amantes, para sus brazos que rodean las penas de los siglos, que no pagan con salarios ni elogios y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.

Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell

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DESILUSIÓN A LAS DIEZ Wallace Stevens Los camisones blancos hechizaron las casas. Ninguno es verde, o púrpura con círculos verdosos, o verdoso con círculos dorados, o dorado con círculos azules. Ninguno de ellos es extraño, con medias de puntillas y cintos con adornos. No soñará la gente con siemprevivas y mandriles. Tan solo, a veces, un viejo marino, dormido con las botas, y borracho, caza tigres en rojo clima. Traducción de Andreu Jaume

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MARINA T.S. Eliot Quis hic locus, quae regio, quae mundi plaga? Qué mares qué costas qué rocas grises y qué islas Qué olas lamiendo la proa Y un aroma de pinos y el tordo cantando en la neblina Qué imágenes retornan Oh hija mía. Los que aguzan el diente del dogo, significando Muerte Los que brillan con la gloria del colibrí, significando Muerte Los que se aposentan en la pocilga de la complacencia, significando Muerte Los que sufren el éxtasis de los animales, significando Muerte Se han vuelto insustanciales, disipados Por un soplo de viento, un aliento de pinos, Y la canción del bosque de la niebla Disuelta en su lugar por esta gracia. Qué es esta cara, por momentos nítida, por momentos difusa, Este pulso en el brazo, a veces débil y otras veces intenso, ¿Dado o prestado?, más lejano que las estrellas y más cercano que el ojo. Susurros y risitas entre hojas Y pies apresurados bajo el sueño, Donde todas las aguas se encuentran. Bauprés rajado por el hielo, barniz resquebrajado por el sol. 10


Yo hice esto, lo había olvidado Y recuerdo. Las jarcias en jirones, el velamen raído Entre aquel junio y el otro setiembre. Lo hice sin saber, semiconsciente, desconocido, yo mismo... La cubierta hace agua, las junturas necesitan brea. Esta forma, esta cara, esta vida Que vive ya en un mundo de tiempo más allá de mí. Yo quiero resignar mi vida por esta vida, mi palabra Por la que aún no es pronunciada, La que despierta, los labios partidos, la esperanza, los nuevos barcos. Qué mares qué costas qué islotes de granito avanzan hacia mis maderos Y el tordo llamando a través de la niebla Hija mía. [De Ariel Poems, 1930]

Versión de Pablo Anadón

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CANCIÓN DE AMOR William Carlos Williams Yazgo aquí pensando en ti: – ¡La mancha del amor ya está sobre el mundo! Amarillo, amarillo, amarillo carcome las hojas secas, mancha con azafrán las cornudas ramas que descansan pesadamente contra un suave cielo púrpura. No hay luz solo una mancha densa como miel que gotea desde una hoja a otra y de extremidad a extremidad arruinando los colores del entero mundo– Tú lejos allá bajo el orillo rojo–vino del Oeste. Versión de Roger Santiváñez y William Ryan

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EVADNE H. D. Primero probé bajo los labios de Apolo, amor y dulzura del amor, yo, Evadne; mi cabello está hecho de violetas frescas, o jacintos que el viento peina hacia atrás sobre las rocas de los bajíos; yo, Evadne, fui hecha por el dios de la luz. Su pelo fue fresco para mi boca, como la flor del azafrán, sobre mi mejilla, frío como mastuerzo plateado sobre la rivera de Eros; entre mi barbilla y mi garganta, su boca deslizándose una y otra vez. Aún entre mi brazo y mi hombro, siento la brocha de su cabello, y mis manos conservan el oro que tomaron, mientras vagan una y otra vez, esa gran mano llena de flores amarillas. Traducción de Ramón Hondal

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BAEDEKER LUNAR Mina Loy Un Lucifer de plata sirve cocaína en la cornucopia A algunos sonámbulos de adolescentes muslos envueltos en satíricos paños Diabólicas hadas persas en uniformes de criadas preparan agua de Leteo para póstumos nuevos ricos Delirantes avenidas encendidas con las almas lumínicas de protozoos desde tumbas faraónicas conducen a los impredecibles días del juicio final Odioso oasis en fósforo arrugado la luz del cielo de ojos blancos distrito de luz blanca de deseos lunares Carteles eléctricos “Wing shows on Starway” “Zodiac carrousel”

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Ciclones de polvo estático y cenizas girando cruzaderos de ciudades alucinógenas de vidrio estallado en cráteres evacuados Un tumulto de sueños navega en la Necrópolis Desde las orillas de océanos ovalados en el oxidado Oriente Odaliscas de ojos Onyx y ornitólogos observan el vuelo del obsoleto Eros Y la “inmortalidad” se cubre de moho… en los museos de la luna “Cíclopes nocturnos” “Cristalinos concubinos” Calada con encarnación la virgen fósil de los cielos crece y declina

Traducción de Camila Evia

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“era la tierra ajena y la carne de nadie” Blanca Varela

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EL MUNDO ILUSTRADO Cesar Moro Igual que tu ventana que no existe Como una sombra de mano en un instrumento fantasma Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre Con la misma igualdad con la continuidad preciosa que me asegura idealmente tu existencia A una distancia A la distancia A pesar de la distancia Con tu frente y tu rostro Y toda tu presencia sin cerrar los ojos Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la ciudad no era no podía ser sino el reflejo inútil de tu presencia de hecatombe Para mejor mojar las plumas de las aves Cae esta lluvia de muy alto Y me encierra dentro de ti a mí solo Dentro y lejos de ti Como un camino que se pierde en otro continente

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TERNERA ACOSADA POR TÁBANOS Blanca Varela Podría describirla ¿tenía nariz ojos boca oídos? ¿tenía pies cabeza? ¿tenía extremidades? sólo recuerdo al animal más tierno llevando a cuestas como otra piel aquel halo de sucia luz voraces aladas sedientas bestezuelas infamantes ángeles zumbadores la perseguían era la tierra ajena y la carne de nadie tras la legaña me deslumbró el milagro mortecino la víspera el instinto la mirada el sol nonato ¿era una niña un animal una idea? ah señor qué horrible dolor en los ojos qué agua amarga en la boca de aquel intolerable mediodía en que más rápida más lenta más antigua y oscura que la muerte a mi lado coronada de moscas pasó la vida 19


FORO ROMANO Jorge Eduardo Eielson Todas las mañanas cuando me despierto el sol arde fijo en el cielo el café con leche humea en la cocina yo le pregunto a quien me acompaña ¿cuántas horas he dormido? pero nadie me responde abro los ojos y los brazos buscando un apoyo toco mi mesa de madera y la noche cae con violencia un relámpago apaga la luz del sol como la luz de una vela vuelvo a preguntar ¿el café con leche de hace siglos humea aún en el polvo? pero nadie me responde en la oscuridad me levanto y lo bebo pero compruebo que la leche está helada y el café encendido yace como el petróleo a varios kilómetros bajo tierra: una silenciosa columna se desploma entre mis brazos convertida en cenizas bruscamente el sol vuelve a elevarse y a declinar rápidamente en una tempestad de hojas y pájaros rojizos dentro de mi habitación el crepúsculo brilla un instante con sus cuatro sillas de oro en las esquinas trato de recordar mi infancia con las manos dibujo árboles y pájaros en el aire como un idiota silbo canciones de hace mil años pero otra columna de cenizas se desploma entre mis brazos y mis manos caen cubiertas de repentinas arrugas claramente ahora el agua del lavabo me recuerda mis primeros baños en el río vagos rumores desnudez perfumes viento 20


cerdos empapados bajo la sombra de los naranjos ¿mi memoria es quizás tan inmortal como tu cuerpo cuando te desnudas ante mí tú que no eres sino un pedazo de mármol montaña de polvo columna reloj de ceniza hueso sobre hueso que el tiempo avienta en mis ojos? ¿no recuerdo acaso las últimas horas de la noche cuando te besaba enfurecido sobre mi catre de hierro como si besara un cadáver? yo le pregunto a quien me acompaña amor mío velocísimo ¿cuánto tiempo ha pasado desde entonces cuántas horas cuántos siglos he dormido sin contemplarte? pero nadie me responde

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ACLIMATACIÓN Ida Vitale Primero te retraes, te agostas, pierdes alma en lo seco, en lo que no comprendes, intentas llegar al agua de la vida, alumbrar una membrana mínima, una hoja pequeña. No soñar flores. El aire te sofoca. Sientes la arena reinar en la mañana, morir lo verde, subir árido oro. Pero, aún sin ella saberlo, desde algún borde una voz compadece, te moja breve, dichosamente, como cuando rozas una rama de pino baja ya concluida la lluvia.

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SE DESCOLGÓ EL SILENCIO... Olga Orozco Se descolgó el silencio, sus atroces membranas desplegadas como las de un murciélago anterior al diluvio, su canto como el cuervo de la negación. Tu boca ya no acierta su alimento. Se te desencajaron las mandíbulas igual que las mitades de una cápsula inepta para encerrar la almendra del destino. Tu lengua es el Sahara retraído en penumbra. Tus ojos no interrogan las vanas ecuaciones de cosas y de rostros. Dejaron de copiar con lentejuelas amarillas los fugaces modelos de este mundo. Son apenas dos pozos de opalina hasta el fin donde se ahoga el tiempo. Tu cuerpo es una rígida armadura sin nadie, sin más peso que la luz que lo borra y lo amortaja en lágrimas. Tus uñas desasidas de la inasible salvación recorren desgarradoramente el reverso impensable, el cordaje de un éxodo infinito en su acorde final. Tu piel es una mancha de carbón sofocado que atraviesa la estera de los días. Tu muerte fue tan sólo un pequeño rumor de mata que se arranca y después ya no estabas. Te desertó la tarde; te arrojó como escoria a la otra orilla, debajo de una mesa innominada, muda, extrañamente impenetrable, allí, junto a los desamparados desperdicios, los torpes inventarios de una casa que rueda hacia el poniente, que oscila, que se cae, que se convierte en nube.

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HIJA DEL VIENTO Alejandra Pizarnik Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencias, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto. Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie. Tú lloras debajo del llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche. Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.

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A QUIEN PUEDA INTERESAR José Emilio Pacheco Que otros hagan aún el gran poema los libros unitarios las rotundas obras que sean espejo de armonía A mí sólo me importa el testimonio del momento que pasa las palabras que dicta en su fluir el tiempo en vuelo La poesía que busco es como un diario en donde no hay proyecto ni medida

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EL SUEÑO Rosella Di Paolo El sueño encendió un pájaro y hubo que raspar carbón de nuestros dedos y llorar lejos. El sueño vaga pensativo acariciándose las alas, abrasado. Sólo nosotros sabemos de su ojo glacial y su ceniza alta e intacta como un beso.

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“La noche está desnuda dulcemente” J. E. Cirlot

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DONDE LAS LILAS CRECEN Juan Eduardo Cirlot NO SIDO ¿Te acuerdas de aquel día? Un dulcísimo canto caía desde el cielo. La tierra estaba roja y en el espacio ardían rondas primaverales. Tú vestías de blanco. NOCTURNO La noche está desnuda dulcemente. Mi barca de cristal sobre los bosques se eleva hacia tu casa. Un silencio morado me rodea. Distancias enlutadas atravieso, pero allá lejos brilla la luz de tu ventana que estrellas interiores iluminan. La noche está desnuda en tu mirada. Un sol verde, muy pálido, inútilmente lucha desde el cielo.

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REGRESA Usaré mi ternura contra ese muro muerto que persiste, mientras pasan los días y los cielos que te alejan de mí. ¿No lo recuerdas? Hay un lugar lejano donde las lilas crecen, donde crecen las rosas, y en tu amor sobrevivo. Restablece mi noche, regresa por aquel sendero yerto. Oigo el mar que golpea. Oigo el mar en mi puerta. DONDE LOS CIELOS LLORAN Pero las lilas crecen, amor, en el invierno entre mis manos. Y tu mejor dulzura, aquella que no sabes, viene lenta. Y un adiós tembloroso vuelve siempre a alejarnos. Casi sobre la nada, donde los cielos lloran su silencio.

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TU PEQUEÑA FIGURA Luis Cernuda Tu pequeña figura, sola en algún camino, cae lentamente desde la luz, semejante a la arena desde un brazo, cuando la mano, poema perdido, abre diez estrellas sobre el otoño de rojiza resonancia. No sabes, no sabes; buscas por la tierra un estremecimiento blanquecino, mientras los muros, con su hiedra antigua, crecen lentamente hacia el ocaso. Tristeza sin guarida y sin pantano, sales de un frío para entrar en otro; abandonas la hierba tan cariñosa para pedir que el amor no te olvide. Palabras de demente o palabras de muerto es igual. Escucha el agua, escucha la lluvia, escucha la tormenta; ésa es tu vida: líquido lamento fluyendo entre sombras iguales.

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GACELA PRIMERA DEL AMOR IMPREVISTO Federico García Lorca Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes. Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve. Entre yeso y jazmines, tu mirada era un pálido ramo de simientes. Yo busqué, para darte, por mi pecho las letras de marfil que dicen siempre. Siempre, siempre: jardín de mi agonía, tu cuerpo fugitivo para siempre, la sangre de tus venas en mi boca, tu boca ya sin luz para mi muerte.

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TRÍPTICO DE LA TRISTEZA, DE LA MELANCOLÍA Y DE LA ALEGRÍA Aníbal Núñez 1 Sosiego: luce el élitro bajo la piel de la manzana. Es pulpa la tristeza, miel el dolor perdido: tener ahora delante la fuente de aquel bosque donde se baña la princesa y no echar de menos su blancura, el rezo de los enhiestos abedules ni el cascarón de vieja que cuida de los gansos. Luce sin resplandor justa tristeza, larguísima tristeza que a la lejana estrella nos une desde esta estancia en la que, sórdido, disfrazado de espacios, el tiempo nos engaña. 2 Algo trazó unas letras: el ruido fue, ayudando a un corazón turbado que se prolonga en dedos sobre una caja yerta que contiene dibujos: ( ) una reyerta entre raíces, desfiladeros tensos, vestiduras convulsas, damas en sepia, tenebrosos monjes, monstruosidades en madera. No hay silencio; rememorarlo se hace imposible: se escuchan fugas, cursos, desbocadas señales: no, el cristal no descansa. Y la melancolía ahoga a través del aire que se bebe el herbario, dueña se hace en el ámbito donde todo es ajeno. 32


3 Algunas desoladas veces luce, débil: y lo que la sustenta –filo de vuelo, piedra mojada en sol, brote de primavera– vale para representarla, de vacíos que están los corazones desamueblados de ella. Si no viniera a trozos o a relámpagos, ¡Cómo íbamos a cansarnos de repartirla! ¡Cómo bajo su lluvia íbamos a dejar la guarida!

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ISLA IGNORADA Gloria Fuertes Soy como esa isla que ignorada, late acunada por árboles jugosos, en el centro de un mar que no me entiende, rodeada de nada, —sola sólo—. Hay aves en mi isla relucientes, y pintadas por ángeles pintores, hay fieras que me miran dulcemente, y venenosas flores. Hay arroyos poetas y voces interiores de volcanes dormidos. Quizá haya algún tesoro muy dentro de mi entraña. ¡Quién sabe si yo tengo diamante en mi montaña, o tan sólo un pequeño pedazo de carbón! Los árboles del bosque de mi isla, sois vosotros mis versos. ¡Qué bien sonáis a veces si el gran músico viento os toca cuando viene el mar que me rodea!

A esta isla que soy, si alguien llega, que se encuentre con algo es mi deseo; —manantiales de versos encendidos y cascadas de paz es lo que tengo—. Un nombre que me sube por el alma y no quiere que llore mis secretos; y soy tierra feliz —que tengo el arte de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—. Para mí es un placer ser ignorada, isla ignorada del océano eterno. En el centro del mundo sin un libro sé todo, porque vino un mensajero y me dejó una cruz para la vida —para la muerte me dejó un misterio.

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“Tu placer, animal escaso” 36


ERÓTICA Cristina Peri Rossi Tu placer es lento y duro viene de lejos retumba en las entrañas como las sordas sacudidas de un volcán dormido hace siglos bajo la tierra y sonámbulo todavía Como las lentas evoluciones de una esfera en perpetuo e imperceptible movimiento Ruge al despertar despide espuma arranca a los animales de sus cuevas arrastra un lodo antiguo y sacude las raíces Tu placer lentamente asciende envuelto en el vaho del magma primigenio y hay plumas de pájaros rotos en tu pelo y muge la garganta de un terrón extraído del fondo como una piedra. Tu placer, animal escaso.

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DEL AMOR IMPERFECTO Elsa López Cuando tu lengua escarba mi cuerpo lacerado que fue tan sólo tuyo durante un tiempo espeso, inmortal y perfecto. Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte. Cuando he rugido cóncava debajo de tus piernas, y has dejado un reguero de sal y hierbabuena sobre mi piel reseca. Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte. Cuando la luz se apaga y tu cuerpo se queda tendido y olvidado entre blandas semillas. Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

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ANOCHE… Almudena Guzmán Anoche, al abrir los ojos para apartarme de la boca un cabello, la mirada que luego alcé por encima del hombro de mi amante -inexplicable reflejo-tuvo que detenerse cuando ya iba a salir al pasillo. Usted, apoyado en el quicio de la puerta, se reía de mí. (Y sus labios como girasoles inversos rehuyeron la sudorosa luz del cuarto)

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LAS MEDIAS BLANCAS Isla Correyero Tengo unas medias blancas de encaje que me pongo cuando me visto el traje negro de los recuerdos. Son unas medias finas, hambrientas de fantasmas que hacen juego con pájaros interiores, oscuros. Las piernas, penetradas por estas bocas blancas, levemente se abren con signos vegetales. Los hilos amanecen mi piel, brotan, perdiéndose, entre los elevados pensamientos más íntimos. En derredor: imágenes de ocupación pelviana, soberbias latitudes desde el puente atestiguan la entraña y las enaguas levantadas al vuelo. ¡Qué holgada está la tela de la falda de flores, la rodilla suavísima con olor a naranjas! Por los muslos se agrandan los dibujos henchidos, son copos invisibles calcinando altas cumbres. Me infunden sobresaltos, me clavan dulces flechas, tan finas son las mallas que saltan los engarces y hasta el ocre desierto los poros me rezuman feroces destinos, presagios entreabiertos. Siento flores y manos crecer entre las piernas y más arriba el musgo tapando el azulón vellón de la albufera. No podía ponerme estas medias sabiendo la gracia que se esconde, generosa en tu boca. Espumosas persisten, sin causa me rodean, temibles de tu roce, sin fatiga, explorando. 40


“decir niña o decir nube, adelfa, sufrimiento” Blanca Andreu

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FASCINIO Chus Pato Y hablo cómo no hablaré del hada, de la muerte en un paisaje de loza china, de la oscuridad expandiéndose por mis vertebras, de la profecía. Fastuosa esculpiría la proa y surcaría galerna y rayo. Era el río osamenta poderosa y junto al topo la anguila y la anguila un cinto de monedas, era el niño el solsticio de verano, laurel que vertía. Por esta puerta entro, enracimada soy carne de fígaro y dejo que la marea baje. Puedo soportar por tanto cualquier herencia. ¡Id mis serpientes! En un abanico, en vitela de becerro muy pulida, en un pergamino de plata. En la nación de Kageran, de la poderosa tristeza, del espino que me atraviesa milenario. Y todo quedó en mí desarbolado.

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HAINUWELE Chantal Maillard Necesito silencio para oírte, Señor de los bosques, Señor de los insectos, tú que creces bajo el musgo y te escondes en la piel que mudan las serpientes o bajo el vientre frío de una iguana. Necesito dormirme en los recodos sombríos de una nuez y despertarme en su centro, allí donde germinas. Y, pues no es suficiente, necesito en mi pecho un abismo y al fondo las fauces dilatadas de una leona hambrienta: el terror de un instante y el vértigo, la caída hacia ti. ¿Acaso bastará escuchar tu silencio para dejar de oírte en todo lo que vibra?

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VERDE Olvido García Valdés Verde. Las hojas de geranio en la luz gris de la tormenta tiemblan, tensión de nervadura verde oscuro. Te mirabas las manos, nervadura de venas; si los dedos fueran deliciosos, decías. Al caminar apoyaba mi sien contra la tuya y en la noche escuchaba el ruiseñor y el graznido del pavo. Indiferencia de todo, oscuridad. Me llamabas con voz muy baja. Sólo un día reíste.

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ESCUCHA, ESCÚCHAME, NADA DE VIDRIOS VERDES… Blanca Andreu Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes o doscientos días de historia, o de libros abiertos como heridas abiertas, o de lunas de Jonia y cosas así, sino sólo beber yedra mala, y zarzas, y erizadas anémonas parecidas a flores. Escucha, dime, siempre fue de este modo, algo falta y hay que ponerle nombre, creer en la poesía, y en la intolerancia de la poesía, y decir niña o decir nube, adelfa, sufrimiento, decir desesperada vena sola, cosas así, casi reliquias, casi lejos. Y no es únicamente por el órgano tiempo que cesa y no cesa, por lo crecido, para lo sonriente, para mi soledad hecha esquina, hecha torre, hecha leve notario, hecha párvula muerta, sino porque no hay otra forma más violenta de alejarse.

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“Te he esperado en el andén de mi pueblo más íntimo” Guillermo Marco Remón

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OTNEIMICÁN Silvina López Medin Temblando bajo los gritos de la lluvia con un saquito de té y otro de lana me acurruqué en el hojal de tu vientre y flotando en una burbuja de piel me encogí.

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BESAR EN VIETNAMITA Ocean Vuong Mi abuela besa como si hubiera bombas estallando en el patio trasero, donde la menta y el jazmín enlazan sus perfumes por la ventana de la cocina, como si en algún lugar, un cuerpo se desarmara y las llamas hicieran su camino de regreso a través de los recovecos del muslo de un niño, como si al salir por la puerta, tu torso danzara en heridas de fuego. Cuando mi abuela besa, no hay un sonido extravagante ni música occidental de labios fruncidos, ella besa como si te respirara en su interior, la nariz presionada a la mejilla de modo que tu olor es reaprendido y tu sudor se convirtiera en perlas de oro dentro de sus pulmones, como si al sostenerte también la muerte se aferrara a tu muñeca. Mi abuela besa como si la historia nunca terminara, como si en algún lugar un cuerpo siguiera desmoronándose.

Versión de Francisco Cardemil

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LO QUE SANGRA Raquel Vázquez El dolor es la brújula. Un viento de retales no atina con el norte. Aunque los mapas no señalen la salida tal vez portemos suficientes lápices. Y una mano dibuja con más habilidad que las alas que nos faltan. Y el dolor es la brújula. Sólo hiere la vida y es por ahora nuestra. Igual que la ilusión de poder elegir cuándo nos duele. La ilusión de elegir, dentro, lo que nos sangra.

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ESPERA Guillermo Marco Remón Te he esperado en el andén de mi pueblo más íntimo porque fue donde aprendí el miedo, con mi escoba de barrer pasos, mi almuerzo de arena, y he dejado que el amor me caliente igual que el sol tiñe la piel para decir: he sido porque he querido mientras esperaba.

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“Porque la escritura es impredecible y paradójica” Manuel Cardeñas Aguirre

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ISLA YUKALI

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YOUKALI Roger Fernay Casi al fin del mundo Mi barca vagabunda Errante a merced de las olas Me llevó un día hasta allí. La isla es muy pequeña, Pero el hada que allí vive, Amablemente nos invita A entrar en su interior. Yukali es el país de nuestros deseos, Youkali, es la felicidad, es el placer. Yukali, la tierra donde huye la ansiedad Es, en nuestra noche, una claridad, La estrella a seguir, eso es Yukali. Yukali es el respeto de las súplicas intercambiadas. Yukali es el país de los amores correspondidos, Es la esperanza que habita el corazón de todos los humanos, La liberación que esperamos para el mañana. Yukali es el país de nuestros deseos, Yukali es la felicidad, es el placer. Pero es un sueño, una locura, ¡No existe Yukali! Pero es un sueño, una locura, ¡No existe Yukali! Y la vida nos arrastra, Pesada, cotidiana, Pero la pobre alma humana, Buscando olvido en todas partes, Para dejar la tierra 54


Supo encontrar el misterio Donde nuestros sueños se esconden En algún Yukali… Yukali, es el país de nuestros deseos, Youkali, es la felicidad, es el placer. Pero es un sueño, una locura, ¡No existe Yukali! Pero es un sueño, una locura, ¡No existe Yukali! Traducción de Manuel Cardeñas Aguirre

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Imagen y Palabra: En la Laguna Chaxa Aetheria “…Construida de reflejos: luz labrada por las sombras, sombra deshecha en la luz…” Octavio Paz. Alameda 56


La Imagen: La mañana se abre paso en la Laguna Chaxa. La oscuridad de la noche ha mutado en un suave lienzo de azules y rosas. Estamos en el altiplano chileno, a unos 50 km de San Pedro, la población principal del desierto de Atacama. Los espacios son amplios y el aire limpio y cortante, como corresponde a los casi 2.500 metros de altitud. El silencio es tan intenso que casi se escucha. La laguna forma parte del Salar de Atacama. En sus orillas, las aguas evaporadas dejan paso a blancas costras salinas. Aquí reinan los flamencos, esbeltos y de largo cuello rosado. Coquetos, se miran duplicados en la quieta claridad de las aguas cristalinas. Allá al fondo, muy cerca de la frontera argentina, los milenarios volcanes andinos se yerguen como perennes guardianes del salar. La Palabra: Octavio Paz nació y murió en Ciudad de México (1914-1998). Fue escritor, poeta, dramaturgo, ensayista, y diplomático. Recibió el Premio Nobel de literatura en 1990. “Alameda” es un poema escrito por un Paz aún muy joven. Forma parte del recopilatorio “Bajo tu clara sombra” (1935-1944) y dentro de ésta del ciclo “Primer Día” (1935). El poema apela a las percepciones sensoriales y a los juegos de luz evocados por la naturaleza durante un paseo bajo los árboles: “Alameda / el sol entre los follajes/ y el viento por todas partes / llama vegetal te esculpen / si verde bajo los oros / entre verdores dorada. / Construida de reflejos: / luz labrada por las sombras, / sombra deshecha en la luz.” De la misma manera, el paisaje de la laguna Chaxa es un continuo juego de sombras, luz y reflejos, donde el cielo se transmuta en agua y el agua lo hace en cielo.

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DESIERTOS ROJOS Manuel Cardeñas Aguirre entre las ruinas de mi inteligencia. Jaime Gil de Biedma, POEMAS PÓSTUMOS

Podría pensar que el tiempo ya no me ahoga Que la desmesura de su asfixiante abrazo ya no desgarra mis lentos amaneceres Que estoy tranquilo Que ser y existir han pactado su no agresión mutua Incluso Convencerme a mí mismo de que es así solo porque así lo pienso Y entonces podría decir que escribo Por ejemplo Alba mañana mediodía atardecer y crepúsculo Todo de un tirón Y que mi yo se hace escritura porque ella late en mis venas Y es aire en mis pulmones Sin ahogarme (Solo lo justo) Y llevado de ese pensar en condicional y posible Deduciría (Fácil silogismo) Que todo mi mundo es un folio en blanco para imprimir palabras Escurridizas Atentas solo al encuentro de aquella inspirada luz que todo lo abarca O que da sentido último a la noche De los tiempos Podría Pero la realidad, terca y persistente, me remite a un espacio menos amable donde acechan sombras, soledad y negación: Los desiertos rojos

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Lugar para espejismos sedientos y realidades de arena fina, Lugar para contemplar el origen y el fin del planeta Escritura, eso que llamamos Poética ─tiempo infinito para meditar creación y mundo─; aunque, rápidamente, maticemos que esa Poética sea la del Caos: El que es y existe. El que va y viene en mi cabeza. El que domina la realidad y la vida. El que se expresa, a veces, en un grito, a veces, en un murmullo; a medias, invocación, a medias, letanía. Porque Si vivir fuera intento por evitar el caos, escribir es sumergirse en él para dotar de formas el delirio y la desproporción. Porque La escritura es impredecible y paradójica ─pretende luz en la oscuridad, seguridad en el naufragio, armonía en el desorden─, no aspira a nada, únicamente vive atenta al momento de tu pérdida, te acompaña, se queda contigo y encuentra palabras a tu desvarío. Porque Quizá todo escribir que no se inicia en la duda, por pequeña que sea, o la confusión, por grande que nos parezca, no traspase nunca los límites de la pose y el gratuito divagar. Porque Ese yo desértico y abismal que se autodenomina escritor es un ser en penumbra que ha llegado a un acuerdo, frágil, con la Escritura para instalarse entre sus paredes y respirar el oxígeno que emana de las voces y de los ecos que allí se oyen. Un yo Que no desea otra cosa que caer ebrio de oscuridades para levantarse sobre el filo de la mañana Envuelto en esa luz Que lleva consigo escribir y vivir: entre las ruinas de mi inteligencia. 59


CREDULO Víctor L. Briones la boca llena de entradas de cine los dientes teclado infantil las manos de prestidigitador el arrojo descuidado del besador de cobras y te creí a pies juntillas te creí las palabras que saltaban tras la tapia te creí una vez más tocomocho corazón por pronto muy pronto nunca el tiro de gracia y nadie se ríe excepto ese que fuimos te creí más humano más airado más ligero que el viento más veloz que tu pasado creí al altar súbanlo al altar izada tu cara dura y la sonrisa tu voz de cueva huraña tajante y sangro miel de avispas desnudas evidentes te creí igual a esa imagen reflejada en mi confianza te pensé distinto esta rabia cuesta arriba confirma que me equivocaba 60


SUBTERRÁNEA Mónica García Subterránea Ahora veo Veo Entiendo El modo Lo punzante La huella bajo los ojos Hondonada Subterránea Manto y manto La voz en cada capa Nada Muerte Algo Todo o casi – qué más daManto y manto Capa y capa Transformada Ahora veo Ahora entiendo En lo inmenso Por el otro lado

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SUITE CON ÁRBOL Ana Sánchez Huéscar El pasado de piel tersa envuelve mis pies pequeños en botas de lana, grita mañanas de hielo, de cola de caballo, de carámbanos en los tejados; luego se traga un recuerdo y deja de soñar ancas de nube. Por eso, hoy, apenas sol, llueve una gota de tiempo que aniquila la belleza y se lleva nuestro último domingo en el parque. También la risa, mi flequillo francés y tus rodillas manchadas de hierba. (Sobre el tejido del viento se posa una rama) El pasado arrastra años, repta el sonido del agua, casi es fantasma, nieve espesa, casi respira su muerte. Hoy, en cambio, todos los espectros viven. La melancolía tiene tres pájaros en la cabeza. Coge una fila de hormigas y se sienta a envejecer. 62


Mañana aún no existe. Pero dispondremos de un lugar (negro poema rosa) donde rescatar lo perdido. Allí estarás tú, y habrás de merodear por la casa de los elefantes, y Walt Whitman deberá residir en los espejos redondos, y yo tendré que besarte mucho para que la luz de los lunes no te llore más en las manos. No dejes de pensarme ahora que soy el jazz mojado de una hoja en el aire, porque, en este momento, el pasado baila un lento compás con la raíz de la nostalgia. (Sobre la rama del viento se posa una flor) Los viernes, cuando canta el mirlo, parece una suite con árbol.

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MI BOCA SERÁ UN EJÉRCITO Isabel Jiménez En mi defensa, Mi boca será un ejército. Rebatiré tus palabras Con el poder de las mías. Las formaré para que surjan Ordenadamente, sin abandonar las filas En un discurso estructurado, Sin entregarme al grito o al insulto. Solo ideas que me sirvan de escudo, Ante tu insistencia. Que quedará a ras de suelo, Sin la posibilidad de un nuevo ataque. Tú vencido por fin con el poder de la palabra.

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YUKALI PROPONE

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Estimadas lectoras y/o lectores: Pienso en Ingeborg Bachmann, en sus poemas, en aquella tensión estética tan suya entre el Decir y el No Decir, entre el Pensar y el Sentir, entre la Prosa y la Poesía, entre lo femenino y lo masculino en el Lenguaje, y, cómo no, entre la Vida y la Muerte… Y se me ocurre que la eternidad se construye desde el recuerdo, que el resto es olvido, y que por eso, convenía acordarse de ella. M. C. A., para Yukali Página Literaria. «He escrito “Vosotras, palabras” después de no atreverme durante cinco años a escribir un poema, después de no querer escribir ninguno más, de haberme prohibido hacer otra hechura de las que se llaman poema. No tengo nada en contra de los poemas, pero usted ha de comprender que uno de repente puede estar totalmente en contra de cualquier metáfora, cualquier sonido, cualquier obligación de juntar palabras, contra este presentar de una manera completamente feliz palabras e imágenes. Que uno desee ahogarlo, para poder comprobar de nuevo qué es, qué debería ser. Sigo sabiendo poco de poemas, pero entre lo poco está la sospecha. Sospecha de ti lo suficiente, sospecha de las palabras, de la lengua, me he dicho muchas veces, ahonda esta sospecha —para que un día, quizás, pueda originarse algo nuevo— o que no se origine nada más».

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VOSOTRAS, PALABRAS Ingeborg Bachmann Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, con veneración. ¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme! y aunque ya estemos lejos, demasiado lejos, nos alejaremos una vez más, hacia ningún final. No aclara. La palabra sólo arrastrará otras palabras, la frase otras frases. El mundo así quiere, definitivamente, imponerse, quiere estar dicho ya. No las digáis. Palabras, seguidme, ¡que no se vuelva definitiva —esta ansia del verbo y dicho y contradicho! Dejad ahora un rato que ninguno de los sentimientos hable,

que el músculo corazón se ejercite de manera diferente. Dejad, digo, dejad. Nada, digo yo, susurrado al oído supremo, que sobre la muerte no se te ocurra nada, deja y sígueme, ni dulce ni amargo, ni consolador, no significativamente sin consuelo tampoco sin signos— Y sobre todo, no eso: la imagen en el tejido de polvo, el retumbar vacío de sílabas, palabras de agonía. ¡Sin decir nada, vosotras, palabras!

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Estimadas lectoras y/o lectores: Hoy, además de invitaros a una lectura, os acompaño en ella. Anna Ajmátova no fue insensible al dolor —quién pudo decir algo así, quién fue capaz de acusarla de que en su poesía el sentimiento se diluía en el interior de la forma—; su poesía tiembla entre los bordes de las sílabas que componen sus versos, y, estoy seguro de que nos quedaremos unidos a esa primera estrofa del poema donde ella bordea la perfección expresiva escribiendo acerca de un alma casi perdida. M. C. A., para Yukali Página Literaria.

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POEMA 9 Anna Ajmátova Ya el ala de la locura ha cubierto la mitad de mi alma, me da a beber su vino de fuego, y me llama a su valle tan negro. Comprendí entonces que ella había conseguido la victoria, que debía escucharla como quien presta oídos a un delirio ajeno. Y que no me dejaría llevarme nada conmigo por más que le pidiera, o la cansara con mis ruegos: ni el espanto en los ojos de mi hijo: su sufrimiento vuelto piedra; ni el día en que estalló la tormenta, ni nuestra corta entrevista en la prisión. Ni el amable frescor de sus manos, ni la sombra temblorosa de los tilos, ni aquel distante y levísimo rumor de las palabras, el último consuelo. Casa de la Fontanka, 4 de mayo de 1940

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“Sin cesar impregnaría mis labios de deleite” Lord Byron

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ALMA DE NOCHE Georg Trakl Furtivo desciende de los negros bosques un venado azul, el alma. Es de noche y sobre los escalones musgosos se ve una fuente blanca. La sangre y un grupo de armas antiguas murmuran en el valle de los pinos. La luna brilla siempre en parajes derruidos; embriagada por venenos oscuros, máscara de plata inclinada sobre el sueño de los pastores; cabeza abandonada en silencio por sus sagas. Oh, abre ella sus frías manos bajo arcos de piedra mientras lento sube un dorado verano a la ciega ventana y toda la noche se oyen sobre el verde los pasos de la danzarina, y la voz de la lechuza que llama al ebrio en púrpura tristeza. Versión de Helmut Pfeiffer

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SUSPIRO Stéphane Mallarmé Toda mi alma, hermana serena, hasta tu frente, donde un otoño duerme empañado en sonrojos, y al cielo errante de tus angélicos ojos, sube, como en transido jardín sube la fuente y fiel, en blanco chorro hacia el azul suspira, el tierno azul de octubre puro y leve, que mira copiarse en los estanques su lánguido desvío y deja –en aguas muertas que el dorado desmayo de las hojas errantes arruga en surco frío el amarillo sol colgar su largo rayo.

Versión de Alfonso Reyes

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SOÑANDO CON VISTAS AL INVIERNO Arthur Rimbaud Cuando llegue el invierno nos iremos los dos en un vagón color de rosa con cojines azules. ¡Ya verás qué bien! Reposa un nido de besos locos en cada rincón blando. Tú cerrarás los ojos para no ver las muecas, a través del cristal, de las sombras nocturnas, esas monstruosidades horribles, populacho de lobos negros y demonios negros. Luego sentirás tu mejilla arañada… Un beso diminuto correrá por tu cuello como una araña loca… Y me dirás, bajando la mirada: “¡Búscala!”. Y nos llevará tiempo encontrar ese bicho que viaja tantísimo… En vagón, 7 de octubre de 1870

Traducción de Aníbal Núñez

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IMITACION DE CATULO Lord Byron ¡Oh! si besar pudiera esos ojos de fuego, un millón apenas si sofocaría el deseo: Sin cesar impregnaría mis labios de deleite, y moraría una eternidad en cada beso: sin cesar te besaría a ti aferrado: nada separaría mi beso del tuyo; Sin cesar nos besaríamos y besaríamos para siempre; aun cuando su número excediese las innumerables semillas de la amarilla cosecha. Separarnos sería vano empeño: ¿podría desistir? ¡Ah! ¡Nunca, nunca!

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