Yukali Poesía 2 / Rostros

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YUKALI POESÍA

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SELECCIÓN, DISEÑO Y EDICIÓN

ILUSTRACION DE PORTADA ➤ Bianca Blauth

➤ Ana Sánchez Huéscar

DIBUJOS Y FOTOGRAFÍAS EQUIPO YUKALI

➤ Walker Evans (p. 12-13), Bianca Van Dijk (p. 14-24-39-60), Janson K (p.28), Jin Hee Jinseikou (p. 31), Xin Guo (p. 33), Belhoula Amir (p. 42), Mahmud Solimán (p. 45), Jon Gasca (p. 49), Concha Peiró (p. 54), David Levine (p. 62), Marta Marzal (p. 64). El resto de imágenes (libres de derechos) están recogidas en Internet.

➤ Manuel Cardeñas Aguirre, Concha Vallejo, Nuria Pradilla Barrero, Isidoro López Braña, Silvia Sánchez Muñoz, Juanma Cuerda, Ana Melgosa, Luis Vinuesa García, Jocke (Joaquín Pérez), Aetheria, Raquel Arqued y Ana Sánchez Huéscar.

➤ Los derechos de autor, así como los de copia y reproducción de todos los poemas e imágenes publicados en la revista Yukali Poesía, pertenecen en exclusiva a sus autoras y autores. Esta revista ha sido creada únicamente para compartir poesía, no para uso profesional ni empresarial, sin fines directa ni indirectamente comerciales. Los fragmentos aquí incluidos han sido extraídos de obras que provienen de fuentes lícitas y no tienen como objeto una utilización colectiva ni lucrativa, ni de distribución mediante precio.

YUKALI POESÍA, Nº2. yukalipaginaliteraria.com / 2022

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ÍNDICE Poesía estadounidense ➤ Travesía de ojos (6-13)

Mirada hispanoamericana ➤ Otro rostro amanece (14-19)

Clásicos ➤ El amor adentro (20-27)

Contemporáneos ➤ La mueca transversal (28-43)

Isla Yukali ➤ Guiños y latidos (44-55)

Miscelánea de rasgos (56-64)

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NOTA EDITORIAL Inventemos el rostro de la palabra. Ojos sin nombre sobre una nariz que respire perlas, ciervos y acuarios de nieve. Cambiemos el rictus del verso, la boca llena de mar y la carne (en ti) disuelta. Seamos duendes –sin descuidar el gesto–, ensartemos luz y aroma hasta comprender el viaje aciago del tacto hacia su olvido. La voz en los oídos escarchados de un cisne negro. Los labios siempre rojos, la frente despejada y cada letra cosida a la lengua con saliva de medianoche, dibujando el óvalo de los cinco sentidos. Ana Sánchez Huéscar

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RECURSOS El sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas aire contenido. Leer y releer una frase, una palabra, un rostro. Los rostros, sobre todo. Repasar, pesar bien lo que callan. Como no estás a salvo de nada, intenta ser tú mismo la salvación de algo. Caminar despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo.

Ida Vitale De Tiempo sin claves, 2021

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Poesía estadounidense Travesía de ojos 6


A SU PROPIO ROSTRO EN EL ESPEJO Ezra Pound Oh, ¡extraño rostro ahí en el espejo! Oh, lasciva compañía, oh piadoso anfitrión, oh, tonto de mí barrido por el dolor, ¿qué respondes? Oh, tú, ¿miríada que te esfuerzas?, y juegas y pasas burlándote, desafiante, ¡contando mentiras! ¿Yo? ¿Yo? ¿Yo? ¿Y tú?

De A Lume Spento, 1908

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BLUES Jack Kerouac Y se sienta tétrico en un cofre marrón Ante los pálidos sacerdotes Y señala delicadamente al cielo Con palma y dedo índice Y tiene un halo de puerta negra Y tiene una nariz aguileña vigilante que ama odiar Pero ha aprendido a meditar Y no es bueno odiando Por eso observa, rosado laurel en la cabeza A espaldas del príncipe Avalokitesvara que acaricia con mano de nieve Y ensarta de perlas la majestad del mar 1959

De Poemas dispersos, 1971 Versión de Mariano Antolín Rato 8


HOLA… Gregory Corso Es desastroso ser un ciervo herido. Soy el más herido, los lobos merodean, y también tengo mis fallas. ¡Mi carne está atrapada en el Gancho Inevitable! De niño vi muchas cosas que no quería ver. ¿Soy la persona que no quería ser? ¿Esa persona que habla consigo misma? ¿Esa persona de la que los vecinos se burlan? ¿Soy quien, sobre escalones del museo, duerme de costado? ¿Visto las ropas de alguien que falló? ¿Soy el tipo loco? En la gran serenata de las cosas, ¿soy el pasaje más omitido?

De Gasolina, 1980 Traducción de Aurelio Meza

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PAISAJE MARINO Elizabeth Bishop Este paisaje marino celestial, con garzas blancas despegando como ángeles, volando y ladeándose tan alto y tan lejos como quieren en distintas hileras de reflejos inmaculados; toda la región, desde la garza más alta hasta la ingrávida isla de los manglares con hojas brillantes y verdes salpicadas prolijamente con guano como una iluminación plateada, y abajo los arcos góticos y sugerentes de las raíces de los manglares y el hermoso pastizal del fondo verde claro donde eventualmente salta un pez, como una flor silvestre en ornamental pulverización; este dibujo de Rafael para un tapiz para un Papa: realmente parece el cielo. Pero un faro esquelético ahí parado en sotana blanca y negra que vive nervioso, piensa que sabe más. Piensa que el infierno ruge bajo sus pies de acero, y que por eso el agua de la superficie es cálida, y sabe que el cielo no es como esto. El cielo no es como volar o como nadar, pero tiene que ver con algo tenebroso y con una mirada intensa y cuando oscurezca va a recordar una palabra contundente para decir al respecto. De North & South, 1946 El iceberg imaginario, selección y versión de Laura Crespi, 2019

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EL TAXI Amy Lowell Cuando me aparto de ti el mundo queda mudo como un tambor que se afloja. Yo te llamo entre las resaltadas estrellas y grito en los desfiladeros del viento. Las calles que corren rápidas unas detrás de otras me van separando de ti, y las luces de la ciudad me punzan los ojos de modo que yo ya no puedo ver tu rostro. ¿Por qué dejarte a ti para herirme en los filos de la noche?

De Sword Blades and Poppy Seed, 1914 Incluido en Antología de la poesía norteamericana, 2007 Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal

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AL PUENTE DE BROOKLYN Hart Crane De tanto ir y venir por la tierra, y tanto subir y bajar en ella. Libro de Job

Cuántos amaneceres, el agitado frío que en ondas descansa, las alas de las gaviotas se hundirán atravesándolo, esparciendo blancos círculos de rumor, erigiendo, sobre la encadenada bahía, las aguas de la Libertad. Después, su inclinación invisible olvida nuestros ojos como una visión de veleros que caminan sobre alguna página del cuaderno de bitácora; hasta que los ascensores nos sitúen en nuestro día… Pienso en salas de cine, artificios panorámicos, gente embelesada ante una escena que seduce ocultando el sentido, a la que regresas siempre, aunque intuida por otros ojos en la misma pantalla. Y Tú, que atraviesas el puerto, a paso de plata como si el sol caminara sobre ti, y aun así dejara algo de movimiento sin prodigarse en el transcurso: ¡implícita vive en ti tu libertad! Desde alguna escotilla subterránea, buhardilla o celda, un demente se apresura hacia tus parapetos, aturdido por instantes, el aire infla su camisa, la burla se percibe en la enmudecida caravana. Wall Street abajo, de las vigas a la calle gotea el mediodía, un diente arrancado del cielo de acetileno; por la tarde las grúas arrastran las nubes… Tus cables respiran la atlántica quietud boreal. 12


Oscuro como aquel cielo de los judíos, tu galardón… se te rinden honores de anonimato que el tiempo no puede enmendar: conmovedora indulgencia y perdón nos otorgas. Oh arpa y altar, fundidos en furia (¡cómo pudo el esfuerzo alinear el canto de tu cordaje!), maravilloso umbral de la visión del profeta, de la oración del paria y gemido del amante. De nuevo los semáforos rozan tu ágil, compleja expresión, inmaculado suspiro de estrellas bordando tu senda, condensada eternidad: hemos visto a la noche recogerse en tus brazos. Bajo tu sombra en los muelles esperé; solo en la oscuridad se aclara tu sombra. Las encendidas parcelas de la ciudad tiemblan, ya la nieve sepulta un año de metal… Oh, insomne como el río bajo tus pies, hinchando el mar, el sueño de las llanuras, hacia nosotros mísero fluye, desciende y desde sus ondas ofrenda un mito a Dios.

De El puente, 1930 Fotografía de Walker Evans Incluido en La escuela de Wallace Stevens: (Un perfil de la poesía estadounidense contemporánea) Harold Bloom Traducción de Jeannette Clariond

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Mirada hispanoamericana Otro rostro amanece

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CASI OBSCENO Raúl Gómez Jattin Si quisieras oír lo que me digo en la almohada el rubor de tu rostro sería la recompensa Son palabras tan íntimas como mi propia carne que padece el dolor de tu implacable recuerdo Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo: Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja Y en tu sexo el milagro de una mano que baja en el momento más inesperado y como por azar lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado No soy malvado Trato de enamorarte intento ser sincero con lo enfermo que estoy y entrar en el maleficio de tu cuerpo como un río que teme al mar pero siempre muere en él

De Del amor, 1982-1987 Incluido en la Antología poética Amanecer en el Valle del Sinú, 2004

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FUE AL PASAR Delmira Agustini Yo creí que tus ojos anegaban el mundo… abiertos como bocas en clamor… tan dolientes que un corazón partido en dos trozos ardientes parecieron… fluían de tu rostro profundo como dos manantiales graves y venenosos, fraguas a fuego y sombra, ¡tus pupilas!… tan hondas que no sé desde dónde me miraban, redondas y oscuras como mundos lontanos y medrosos. ¡Ah, tus ojos tristísimos como dos galerías abiertas al Poniente! ¡Y las sendas sombrías de tus ojeras donde reconocí mis rastros! ¡Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo, y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo la medianoche húmeda de tu mirar sin astros! Soneto publicado en la revista “Bohemia” el 15 de julio de 1909

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POEMA XXXVII Dulce María Loynaz Ayer me bañé en el río. El agua estaba fría y me llenaba el pelo de hilachas de limo y hojas secas. El agua estaba fría; chocaba contra mi cuerpo y se rompía en dos corrientes trémulas y oscuras. Y mientras todo el río iba pasando, yo pensaba qué agua podría lavarme en la carne y en el alma la quemadura de un beso que no me toca, de esta sed tuya que no me alcanza. Si dices una palabra más, me moriré de tu voz, que ya me está hincando el pecho, que puede traspasarme el pecho como una aguda, larga y exquisita espada.

De Poemas sin nombre, 1953

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TARDE Juan Gelman Esta tarde se acuesta en calles que caminé, me trae su oro. Cuando el pasado devuelve su pasado así hay un oleaje de bocas que mojan otra vez sombras que ruegan por nosotros, Unas viejas sentadas en la calle hacen con suave náhuatl el pasado de esta tarde contra el frío de las casas desiertas. El lenguaje va a muros ciegos y hay rostros que empiezan de nuevo.

De Mundar, 2007

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NUEVO ROSTRO Octavio Paz La noche borra noches en tu rostro, derrama aceites en tus secos párpados, quema en tu frente el pensamiento y atrás del pensamiento la memoria. Entre las sombras que te anegan otro rostro amanece. Y siento que a mi lado no eres tú la que duerme, sino la niña aquella que fuiste y que esperaba sólo que durmieras para volver y conocerme.

De Condición de nube, 1944 (Libertad bajo palabra)

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Clásicos El amor adentro

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HALLAZGO Carmen Conde Desnuda y adherida a tu desnudez. Mis pechos como hielos recién cortados, en el agua plana de tu pecho. Mis hombros abiertos bajo tus hombros. Y tú, flotante en mi desnudez. Alzaré los brazos y sostendré tu aire. Podrás desceñir mi sueño porque el cielo descansará en mi frente. Afluentes de tus ríos serán mis ríos. Navegaremos juntos, tú serás mi vela, y yo te llevaré por mares escondidos. ¡Qué suprema efusión de geografías! Tus manos sobre mis manos. Tus ojos, aves de mi árbol, en la yerba de mi cabeza.

De Ansia de la gracia, 1945

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SE QUERÍAN Vicente Aleixandre Se querían. Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada, labios saliendo de la noche dura, labios partidos, sangre, ¿sangre dónde? Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz. Se querían como las flores a las espinas hondas, a esa amorosa gema del amarillo nuevo, cuando los rostros giran melancólicamente, giralunas que brillan recibiendo aquel beso. Se querían de noche, cuando los perros hondos laten bajo la tierra y los valles se estiran como lomos arcaicos que se sienten repasados: caricia, seda, mano, luna que llega y toca. Se querían de amor entre la madrugada, entre las duras piedras cerradas de la noche, duras como los cuerpos helados por las horas, duras como los besos de diente a diente solo. Se querían de día, playa que va creciendo, ondas que por los pies acarician los muslos, cuerpos que se levantan de la tierra y flotando... Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo. Mediodía perfecto, se querían tan íntimos, mar altísimo y joven, intimidad extensa, soledad de lo vivo, horizontes remotos ligados como cuerpos en soledad cantando. 22


Amando. Se querían como la luna lúcida, como ese mar redondo que se aplica a ese rostro, dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida, donde los peces rojos van y vienen sin música. Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios, ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas, mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal, metal, música, labio, silencio, vegetal, mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

De La destrucción o el amor, 1933

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AMOR Gerardo Diego Dentro, en tus ojos, donde calla y duerme un palpitar de acuario submarino, quisiera –licor tenue al difumino– hundirme, decantarme, adormecerme. Y a través de tu espalda, pura, inerme, que me trasluce el ritmo de andantino de tu anhelar, si en ella me reclino, quisiera trasvasarme y extenderme. Multiplicar mi nido en tus regazos innumerables, que al cerrar los brazos no encontrases mi carne, en ti disuelta. Y que mi alma, en bulto y tacto vuelta, te resbalase en torno, transparente como tu frente, amor, como tu frente.

De Alondra de verdad, 1941

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RETRATO Manuel Altolaguirre Estabas sola y alta. Yo miraba cómo todos los pájaros debajo de tu frente se escondían. ¡Qué ir y venir y qué volver! Cómo todas las cosas quedándose se iban a entrarse por tus ojos. Cómo yo mismo no sabía si estaba junto al árbol bajo aquel cielo tan azul, o si los verdes límites del parque estaban encerrados en tu frente. Si de tanto entrar ya dentro de ti las cosas, eras el mundo donde estábamos. Si para que brillaran las estrellas bastaba que cerrases tus dos ojos. Estabas sola y alta, pero también dentro de ti.

De Ejemplo, 1927

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YO TE BUSQUÉ LA PALABRA Josefina de la Torre Yo te busqué la palabra con una mirada sola y tú me la diste intacta por el círculo de luz. Se quedó en el aire inmóvil el hueco azul de tu voz y dentro de mí, cantando la antena por los oídos. No dijiste más. Y entonces yo quise sentir de nuevo tu palabra desprendida ir y venir por el aire. Pero ya era tarde. Tú indiferente a las horas, ya no tenías el mismo compás de las confidencias. Y me quedó entre las sienes presencia limpia y segura de oculta palabra cierta.

De Poemas de la isla, 1930

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Contemporáneos La mueca transversal

“Y cuando el humo no exista escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos” Ángel Guinda

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ESCRIBIR Ángel Guinda Si me quitan la palabra escribiré con el silencio. Si me quitan la luz escribiré en tinieblas. Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido. Si detienen el sol, las nubes, los planetas, me pondré a girar. Si acallan la música cantaré sin voz. Si queman el papel, si se secan las tintas, si estallan las pantallas de los ordenadores, si derriban las tapias, escribiré en mi aliento. Si apagan el fuego que me ilumina escribiré en el humo. Y cuando el humo no exista escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos. Si me quitan la vida escribiré con la muerte.

De Poemas para los demás, 2009

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AZOGUE Guadalupe Grande Vivimos de costado pasamos de puntillas Gracias a dios nadie quedará para recordar en nombre de quién habrá de dirimirse la venganza Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos dejando un polvo amarillo en el azogue es menester estar atentos. Cuando los días huyen a hurtadillas despreciando nuestro estupor (mientras se pudre el grano en el almiar) es menester ser precavidos. Cuando la vida se oculta en los rincones y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro solícitos acudimos a las puertas del miedo. El bosque de certezas ardió hace tres noches. Y yo he venido a pregonar la escarcha de la duda.

De El libro de Lilit, 1995

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DESDE EL PISO DIECINUEVE Amalia Iglesias Desde el piso diecinueve de un rascacielos el lago Michigan helado, lápida de cristal, un blues para la noche desde arriba. Pensar si no habré muerto a miles de kilómetros y el purgatorio sean diez grados bajo cero, esos puentes alzados como cruces o esta soledad de nieve contra el rostro. De "Dados y dudas" 1996

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ESTO ES MI CUERPO… Juan Antonio González Iglesias Esto es mi cuerpo. Aquí coinciden el lenguaje y el amor. La suma de las líneas que he escrito ha dibujado no mi rostro, sino algo más humilde: mi cuerpo. Esto que tocas es mi cuerpo. Otro lo dijo mejor. Esto que tocas no es un libro, es un hombre. Yo añado que esto que te toca ahora es un hombre. Soy yo, porque no hay ni una sola sílaba que esté libre de amor, no hay ni una sola sílaba que no sea un centímetro cuadrado de mi piel. En el poema soy acariciable no menos que en la noche, cuando tiendo mi sueño paralelo al sueño que amo. No mosaico, ni número, ni suma. No sólo eso. Esto es una entrega. Soy pequeño y grande entre tus manos. Ésta es mi salvación. Éste soy yo. Este rumor del mundo es el amor.

De Esto es mi cuerpo, 1997 32


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ANTES DE QUE TE LO ENSEÑEN POR AHÍ Miriam Reyes –Antes de que te lo enseñen por ahí te lo voy a explicar yo –me dijo– mientras abría mi cama. Ya no recuerdo cuántos años tenía entonces, si era joven o vieja. Sólo recuerdo el asco arrastrándose dedo tras dedo por las manos de todos los hombres –por mis propias manos– Por favor, pasen sin tocar, pasen pasen. Hasta que un día encerré el dolor en un frasco le puse al asco tu cara y cerré la tapa. Cuando abrí los ojos habías desaparecido y por fin pude besar los ansiolíticos dedos de mi amante.

De Bella Durmiente, 2004

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LAS DIMENSIONES DEL ESPEJO María Ovelar Bajo las túnicas de la edad convulsionas, el hábito no te esconde. El esqueleto se transparenta, no finjas. Está debajo de ti en todo lo que haces. Por eso, ceniza en el rostro, por eso, entrar en los espejos; matemática de ojeras, manchas y arrugas. Ya no eres la misma, no. Tu palidez bruñida no refleja las estrellas, ni traspasa el universo tu honda sonrisa. Por eso, rastreas en las imágenes vestigios caducos, como si no supieras ya que mañana buscarás lo que hoy conservas. Si te pudieras resetear, cambiar el programa con el que te formatearon en la infancia. Pero no, en vez de eso, disimulas debajo de las túnicas de la edad, a sabiendas de que el miedo te conducirá a la vejez antes de tiempo.

De Las Oceánicas, 2021

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AUTO DE FE Rodrigo Galarza Si no fuera que a veces los astros galopan en mis costillas desatando una música que parte del barro que soy, recuerda y celebra. Si no fuera que en mis espaldas alguien –cuyo rostro no he visto– ensaya absurdas cartografías, mientras ciego huyo de mí mismo. Si no fuera que existen tantos imposibles arracimados en la linde mi boca, no creería en un dios con minúscula, títere y tan ocupado de sí mismo que a veces se confunde de altar y reza al hombre

De Dietario del sur, 2009

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DIBUJAR UN CRISTAL… David Foronda Dibujar un cristal es fácil; más difícil es romper la oblicua línea de la nieve que lo alberga como aquella luz que intentaba recoger en un papel, esperas dinamitadas por la propia combustión de la impaciencia, la certera flecha en llamas que va de dentro a fuera, un sueño que no existe desde hace tanto ya. Hoy lo veo en las caras. Dibujar un cristal es muy sencillo, mucho más que herirse por tocarlo, que alzar su luz o morder su filo que amenaza en su quietud de larva herida, mucho más que llevarlo dentro.

De Animalario secreto o el libro rojo de los viajes, 2018

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FINAL DE LA JORNADA: ATOCHA RENFE Martín Rodríguez-Gaona Nadie puede decir qué hora es. Solo el ojo y su frío fluir digital. La luz aplasta. Maletines, bolsas, mochilas: el duro trabajo de transportar la nada. Haces rojos hienden la vista al recorrer la arquitectura. Un parpadeo –escaleras, túneles, pasadizos– todo es gris. Adónde van a dar tus pasos, cuánto silencio retumba en la asepsia de estas paredes. En los alrededores se escucha aquel amor que canta en tiempos difíciles: Murmullos entre cajas de cartón.

De Madrid, línea circular, 2013

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METAMORFOSIS DE LO MISMO Aitor Francos A veces, giro en la burbuja de mi linterna mágica hasta llegar a donde no existe nada que sea mi contrario. Separo los diámetros, araño algo en la pared que es mi propia imitación. No es suficiente limpiarle las escamas al estómago, prescindir del flotador. Soy apenas la aridez de un perfil poroso, un anfibio de brillo desigual. Me filtro como el vaho de los espejos, respiro la voz de la escafandra, inane.

De Igloo, 2011

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REVERSIBLE Félix Moyano He pensado en nosotros, no te asustes: el prado verde y fresco convive con el pasto y origina un contraste que no es fértil, ni yermo. Yo lo he visto a través del cristal, como siempre; viendo avanzar las extensiones a mi paso, y vuelve la pregunta sin respuesta: ¿por qué no nos hicimos todo el daño de golpe?

De Los amores autómatas, 2019

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ESCRIBIR: TRATAR DE ADIVINAR EL SONIDO QUE PRECEDE A LA ÚLTIMA CAÍDA Irati Iturritza Errea Como quien cree conocer el significado preciso de las cosas observo las heridas que nacen en las palmas de mis manos tras una tarde en la arena buscando algún alfiler hilo mi brazo a mi rostro intuyo el siguiente movimiento pero ocurre que al final no acierto y nunca caigo de pie se adelantan siempre los brazos el vientre la lengua palpitante intentando descubrir cómo sucede el mundo cuando yo no miro

De Tampoco era esto lo que quería decir, 2021

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A 23 DE MARZO DE 2020 Begoña M. Rueda Los sudarios se apilan en cajas de cartón junto a la puerta del cuarto de baño. Son las únicas prendas del hospital que no se lavan después de darles uso. Como todo en nuestra época también vienen dentro de un plástico, encontrándose la muerte como la bollería industrial, envasada y directa al vacío. Una se pregunta quién fabrica los sudarios, qué fría máquina los cose y los empaqueta listos para cubrir cualquier cuerpo que yazca mudo en la morgue. Yo por sudario quisiera las manos de mi madre, morir antes que ella y engendrarme de nuevo en su vientre, volver a ser niña y no tener ni idea de que en las lavanderías de los hospitales la muerte se apila en cajas de cartón junto a los inodoros.

De Servicio de lavandería, 2021

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ISLA YUKALI Guiños y latidos

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PENÉLOPE ANTE EL ESPEJO Celia S. Barrios Una mañana Los pensamientos torcieron significados La geometría impuso sus aristas Asomó agresiva la certeza Se congeló el tiempo Una mañana Las nubes se permitieron infinitos Cruzaron insolentes la mirada Envolvieron las palabras Se escaparon del agua ¡Ulises! Y ella se miró en las formas de su piel por ver si lo encontraba En sus pechos sin caricias En su vientre yermo En su cuello exhausto Y ella se miró en un tiempo que se alejaba En los días inútiles de esperanza En las primaveras marchitas de deseos En las noches velando sábanas sin cuerpos ¿Ulises? Y únicamente reconoció esperas huecas y desiertos Una marca antigua en el agua Un rastro sin huellas ni pisadas Una sombra turbia Un intenso silencio 46


Esta mañana La fidelidad obligada se hizo esposa de la ausencia y del olvido La presencia de Telémaco no evocó ningún recuerdo Los pretendientes bebieron frustración e indiferencia El telar descansa de hilos y de dedos Esta mañana Saldrá al aire al sol y al mundo Viajará en busca de sirenas magas y tempestades Vivirá de su aliento y respirará de sus sueños Su ser mujer, su no esperar más, se ha impuesto Penélope dice adiós al espejo

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JINETES, JUECES Y AVAROS María José López Tavani “Fijate de qué lado de la mecha te encontrás”, Los Redonditos de Ricota.

Afuera los veo adentro los veo los jinetes, los avaros y los jueces que atraviesan con filo cada lugar delicado y confundido frágil y solitario de mí misma pero mis costillas no nacieron de nadie y mi carruaje es furioso cuando los jinetes, los avaros y los jueces seducen con pantallas para convertirnos en ceniza y polvo donde viven esqueletos que sólo pueden abrir los brazos animales químicos a la horca selvas perdiendo las garras, mascarada para ser otros y mascarada para pocos invitados de Zares y Zarinas mientras las bocas del hambre se acumulan, una tras otra, detrás de sus ventanas de cristal, mi piel es delgada tuve mis alucinaciones todavía las tengo tuve mis encierros aún los llevo oscilo entre mis revelaciones. 48


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Yukali 1616 es Un homenaje y un año (Cervantes y Shakespeare) El recuerdo de una revista (Manuel Altolaguirre y Concha Méndez) Y una postal poética (Para ti, lector y/o lectora)

Manuel Cardeñas Aguirre

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LOS PERROS ROMÁNTICOS Roberto Bolaño En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba. Ni trabajar ni rezar ni estudiar en la madrugada junto a los perros románticos. Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu. Una habitación de madera, en penumbras, en uno de los pulmones del trópico. Y a veces me volvía dentro de mí y visitaba el sueño: estatua eternizada en pensamientos líquidos, un gusano blanco retorciéndose en el amor. Un amor desbocado. Un sueño dentro de otro sueño. Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto y olvidarás. Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen. Estoy aquí, dije, con los perros románticos y aquí me voy a quedar. De Los perros románticos, 1993

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II Claudio Rodríguez Yo me pregunto a veces si la noche se cierra al mundo para abrirse o si algo la abre tan de repente que nosotros no llegamos a su alba, al alba al raso que no desaparece porque nadie la crea: ni la luna, ni el sol claro. Mi tristeza tampoco llega a verla tal como es, quedándose en los astros cuando en ellos el día es manifiesto y no revela que en la noche hay campos de intensa amanecida apresurada no en germen, en luz plena, en albos pájaros. Algún vuelo estar quemando el aire, no por ardiente sino por lejano. Alguna limpidez de estrella bruñe los pinos, bruñir mi cuerpo al cabo. ¿Qué puedo hacer sino seguir poniendo la vida a mil lanzadas del espacio? Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto, un resplandor aéreo, un día vano para nuestros sentidos, que gravitan hacia arriba y no ven ni oyen abajo. Como es la calma un yelmo para el río así el dolor es brisa para el álamo. Así yo estoy sintiendo que las sombras abren su luz, la abren tanto, que la mañana surge sin principio ni fin, eterna ya desde el ocaso.

De Don de la ebriedad, 1953

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AUNQUE SEA UN INSTANTE Jaime Gil de Biedma Aunque sea un instante, deseamos descansar. Soñamos con dejarnos. No sé, pero en cualquier lugar con tal de que la vida deponga sus espinas. Un instante, tal vez. Y nos volvemos atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose sobre el mismo temor actual, que día a día entonces también conocimos. Se olvida pronto, se olvida el sudor tantas noches, la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro llevándonos a él de antemano rendidos sin más que ese vacío de llegar, la indiferencia extraña de lo que ya está hecho. Así que a cada vez que este temor el eterno temor que tiene nuestro rostro nos asalta, gritamos invocando el pasado –invocando un pasado que jamás existió– para creer al menos que de verdad vivimos y que la vida es más que esta pausa inmensa, vertiginosa, cuando la propia vocación, aquello sobre lo cual fundamos un día nuestro ser, el nombre que le dimos a nuestra dignidad vemos que no era más que un desolador deseo de esconderse. De Compañeros de viaje, 1959 53


Imagen y Palabra: Bambusal de Arashiyama Aetheria 54


«En las montañas vacías Las hojas de bambú Susurran al viento. Y pienso en ella, que no está aquí”

«Sasa no ha wa Miyama mo saya ni Sayagedomo Ware wo imo omo Wakare kinureba”

Kakinomoto No Hitomaro

La imagen: Este bosque de bambú se encuentra en la localidad de Arashiyama, al oeste de la ciudad japonesa de Kyoto. A ambos lados de un estrecho camino, los altos y estilizados troncos de bambú se proyectan en todo su verdor hacia el cielo. Apretados entre sí, se dirían guardianes altivos de ese sendero secreto al que ocultan celosamente del exterior, protegiéndolo del calor del verano y de las inclemencias del invierno. Recogido y silencioso, el bambusal parece mantenerse ajeno al paso del tiempo. La palabra: Este poema forma parte del Manyoshu, la más antigua antología de waka o poemas japoneses datada alrededor del año 759. Fue escrito por Kakinomoto No Hitomaro (662-712), poeta del periodo Asuka y considerado uno de los máximos exponentes de la poesía japonesa antigua. El poema sigue el estilo tanka o waku: debe contener exactamente treinta y una sílabas en sus cinco líneas. 55


Miscelánea de rasgos

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NO MORIREMOS EN PARÍS Natalka Bilotserkivets Me moriré en París un jueves por la noche. César Vallejo

Olvidamos olores ruidos colores líneas Perdemos el oído la vista y la alegría Alzas la cara y buscas con las manos tu alma Pero vuela muy alto no puedes alcanzarla Queda una estación una última parada Gira la espuma gris de los adioses, sube Y está lavando ya mis impotentes palmas Me corre por la boca un sucio calor dulce Sólo el amor perdura, mejor no hubiera sido Lloré en sábanas míseras hasta más no poder Por la ventana vagas lilas de un rojo enfermo Corría el tren qué lánguidos miraban los amantes La estantería sucia que aguantaba tu cuerpo La primavera afuera se asentaba prosaica No moriremos en París, lo sé de cierto Sino en míseras sábanas sudadas y lloradas Nadie nos servirá nuestro coñac lo sé No habrá besos tampoco que nos salven Ni sombríos anillos bajo el Pont Mirabeau No es de Dios la amargura de más con que lloramos Amamos en exceso qué vergüenza de amantes Demasiados poemas sin rubor escribimos No podremos morir en París los convoyes Nos vedarán las aguas bajo el Pont Mirabeau Versión de Aurelio Asiain 57


PAISAJE URBANO Taro Naka En la calle silenciosa no hay ningún sonido seco de zapatos pasando como sombras sobre el pavimento. Las casas paradas una junta a la otra tienen las persianas bajas. ¿Adónde han ido todas las hojas muertas que solían crujir en el dorado polvo? ¿Adónde se ha ido el pálido rostro de la mujer enferma y demacrada que solía mirar a la calle todo el día desde el balcón del segundo piso? Las puertas de los edificios marrones permanecen selladas. Desoladamente, los huesos de las ramas de los árboles tocan el cielo. Dios, ya nadie dice tu honorable nombre. El mar se derrama amplio sobre los techos de zinc, y una bandera invisible aletea bruscamente en un capitel.

De Like Underground Water: The Poetry of Mid-Twentieh Century Japan, 1995 Versión del inglés: Robert R. Rivas

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RÍO / ORILLA Xu Lizhi Estoy de pie, observando al borde del camino el continuo flujo de peatones y coches. Bajo un árbol y una parada de autobús, observando el flujo constante de agua, el constante flujo de sangre y deseo. Estoy de pie, observando al borde del camino el flujo constante de gente que están en el camino observando mi constante flujo: ellos en el río, yo en la orilla. Luchan, solo con sus brazos, para mantenerse a flote. La escena me fascina, y dudo si deseo sumergirme en el río y luchar con ellos, apretar los dientes de rabia con ellos. Y dudo hasta que el sol se pone en las montañas.

Traducción de Eleanor Goodman

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PERDÍ CULTURAS… Ijeoma Umebinyuo Perdí culturas perdí todo el lenguaje perdí mi religión he perdido todo en el fuego que es la colonización así que no voy a disculparme por poseer cada pedazo de mí que ellos no pudieron coger, quebrar y reclamar como suyo.

Nadie te advirtió que a aquellas mujeres cuyos pies cortas para evitar que corran darían a luz hijas con alas.

De Preguntas para Ada, 2016 Traducción de Claudia Sbolci

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12. (Alfabeto) Inger Christensen …a mediados de noviembre, la estación del año en la que los sueños de los hombres son iguales, un pasado homogéneo, desvanecido que parece el de una piedra secada al sol hay unos padres mudos, unos niños dan vueltas corriendo con un perro, una llegada que se intenta describir como agua que se lleva a mi boca dormí en mi habitación del hotel, fue como un sueño ajeno a nuestra especie que el cliente anterior hubiese dejado de lado cuando dormía y lo hubiese olvidado en los sueños no había nadie que yo conociese, sólo recibí una mirada escrutadora de un albaricoquero blanco que se dio la vuelta antes de marcharse de repente quizá quedase olvidado allí un verano, cuando el mundo estaba blanco como una fiesta y antes de que yo comprendiese que un soñador tiene que soñar como sueñan los árboles con frutas finalmente

De Alfabeto, 1981 Traducción de Francisco J. Uriz

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EPÍLOGO Jorge Luis Borges (…) Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara. J.L.B. Buenos Aires, 31 de octubre de 1960. De El hacedor.

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POETAS Ida Vitale (5)

Miriam Reyes (34) María Ovelar (35) Rodrigo Galarza (36) David Foronda (37) Martín Rodríguez-Gaona (38)

Ezra Pound (7) Jack Kerouac (8) Gregory Corso (9) Elizabeth Bishop (10) Amy Lowell (11) Hart Crane (12-13)

Aitor Francos (40) Félix Moyano (41) Irati Iturritza Errea (42) Begoña M. Rueda (43)

Raúl Gómez Jattin (15) Delmira Agustini (16) Dulce María Loynaz (17) Juan Gelman (18) Octavio Paz (19)

Celia S. Barrios (46-47) María José López Tavani (48) Roberto Bolaño (51) Claudio Rodríguez (52) Jaime Gil de Biedma (53) Aetheria / K. No Hitomaro (54-55)

Carmen Conde (21) Vicente Aleixandre (22-23) Gerardo Diego (24) Manuel Altolaguirre (25) Josefina de la Torre (26)

Natalka Bilotserkivets (57) Naka Taro (58) Xu Lizhi (59) Ijeoma Umebinyuo (60) Inger Christensen (61) Jorge Luis Borges (62)

Ángel Guinda (29) Guadalupe Grande (30) Amalia Iglesias (31) Juan A. González Iglesias (32) 63


YUKALI POESÍA

Rostros / Nº2 yukalipaginaliteraria.com – 2022 64