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2 Bogotá, Colombia

Un día cualquiera, dándole vueltas a qué hacer con las cosas, o mejor, con el cúmulo de cosas que con tiempo y excusas se apilan, nos dimos cuenta de que algo debíamos hacer con ellas. Había miles de opciones, algunas más simples que otras. Pero también había rodeos y apegos por las cargas que le dábamos a estos o aquellos objetos. Viendo el variopinto de chécheres, arte, ropa, porcelanas, libros, publicaciones y juguetes, pensamos: ¿quién querrá estas cosas y dónde y cómo podemos moverlas? Aquí la cosa comenzó, y en el centro de la cuidad fue donde encontramos la solución: alquilar un puesto en el mercado de las pulgas local, cuyas características encajaban perfectamente con el varieté de chucherías, en su mayoría de carácter cultural. No dejó de sorprendernos el hecho de que este mercado de pulgas en particular, (el más grande de Bogotá) atrae entre unos 20,000 y 30,000 visitantes cada domingo, una cifra que contrastaba con los desolados corredores de su vecino directo, el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Así todo inició.

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El M&M se mueve en los siguientes y ambivalentes puntos: 1. Comerciamos cosas de casi toda índole 2. Regalamos algunas cosas, incluyendo arte 3. Todo está al mismo nivel 4. Nos interesa todo tipo de público 5. Compramos y vendemos arte de baja y alta gama 6. Buscamos basura cultural 7. Nos valemos de algunas excentricidades artísticas 8. Aquí sí fiamos El M&M empezó a funcionar en Bogotá, pero ahora tiene ruedas, y puede visitar muchos lugares. Las ruedas hacen parte del carro-guacal-zorra en donde se almacenan y viajan las cosas que hacen parte del mercadito. El guacal con ruedas, además, es desarmable, y sus partes se pueden ensamblar de varias maneras; así que el M&M también es un espacio itinerante que puede parquearse en cualquier esquina. Puede aparecer y desaparecer en cuestión de pocos minutos.


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De tesoros y de pulgas Desde que era niño me ha gustado ir al mercado de las pulgas. Antes había uno que ocupaba toda la carrera tercera entre la calle 26 y la 19, y a ese iba todos los domingos. Ahí compré casets de música que hoy no me gusta tanto, de Sui Generis y Fito Páez, y de música que me sigue gustando, como Paco Ibánez, Violeta Parra y Sumo. Había, como pueden ver por esa lista, mucho caset de grupo argentino y chileno. El señor que los vendía les hacía carátulas con una de esas reglas de trazar. Esto era en la época antes de que internet hiciera tan fácil –y tan poco emocionante– encontrar música y entonces cada cajita era un poco distinta. No es que el tipo se esforzara mucho, pero cada uno estaba manchado a su manera. Ver esos casets era para mí una montaña rusa de emociones, un escalofrío de incertidumbre. ¿A qué sonaría ese grupo? ¿De donde será ese otro? ¿Será bueno ese del nombre extraño? Me saboreaba pensando en las posibilidades que se escondían de esas carátulas todas iguales y todas diferentes. El hecho de que fueran igual quizás hiciera especialmente placentera la actividad. Era una especie de juego, como los programas de la tele donde un concursante debe escoger entre varias puertas idénticas sin saber lo que le tocará. ¿Una nevera? ¿Un paquete de papas fritas? ¿Una chica despampanante que lo hará sentir incómodo frente a su esposa y la familia que lo apoya entre el público? El mercado de las pulgas ofrece una versión de ese juego, pero sus puertas son extrañas, solo las pueden ver quienes tienen una extraña forma de fe. Luego está la otra gente, quienes ven solo basura y piensan que ahí solo puede haber basura, esos “incrédulos de corazón pesado, opacos y excluídos”, como dice Whitman, quizás tengan razón a su manera, pero qué aburrición –qué terrible pagar semejante precio por tener la razón. Lo que hicieron Paulo y Ana con su Mercadito fue una demostración de que esa fe estaba justificada, de que hay maravillas y

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maravillas por encontrar ahí, de que detrás del mugre, los tornillos sin tuerca, los casets de máquinas contestadoras descontinuadas hace décadas, hay tesoros esperando a quienes creen en ellos. Pero dejemos un momento de lado esa dimensión (y es la más importante, pero dejémosla de lado) para hablar de una cosa práctica y muy importante que hacía El Mercadito: servía como un conducto, un puente, un conector de mundos. La gente que pasa por los mercados de las pulgas no es como la gente que va a galerías de arte. No saben de arte como hay que saber de arte para ir a una galería a ver a alguien haciéndole líneas de coca en la barriga a una señorita torsidesnuda. No. La gente del mercado de las pulgas puede andar caminando por ahí sin saber lo que quiere. En el mejor de los casos, saben que algo les hace falta sin saber precisamente qué y el mercado, en su inmensidad y caos, les ofrece cientos opciones. El Mercadito aprovechaba esa apertura de la gente al mundo, esa actitud curiosa y receptiva, para aproximarse seductoramente a sus visitantes. “¿Será que a la dama le hace falta un dibujito?”, le preguntaba. “¿El caballero necesita un grabado? ¿Este niño no se vería muy elegante con este pantalón de paño muy levemente usado? ¿No viene siendo hora, amigo ciclista, de que le ponga una campana rosada a su vehículo?“. Y la gente, que gracias al Mercadito encontraba lo que no sabía que les hacía falta, salía más completa de ahí. Más contenta. Satisfecha de que esa fe muda con la que navegaban ese mar de cobre y electrodoméstico hubiera encontrado una respuesta positiva. Pero se cierra el Mercadito y, con él, ese puente. No sé cómo hará la gente que andaba por ahí con necesidad de dibujos recientes de artistas emergentes. Les tocará ir a galerías donde más que dibujos podrán ver gente haciendo líneas de coca sobre las barrigas de las señoritas antes mencionadas. Y pensarán que los dibujos que necesitan de pronto no existan. Que son parte de un sueño o de

la imaginación. Que han nacido en un mal momento, porque eso que necesitan no se consigue más. Y sí, tendrán razón. De haber conocido el Mercadito sabrán que esa rasquiña sí se puede rascar. Pero no es tan fácil. Para que esa conexión suceda, se requiere esfuerzo y dedicación y madrugar horriblemente cada domingo para llevar una caja gigante de madera, llena de tesoros, al sitio donde los pueden ver. Ana y Paulo se cansaron de eso, con toda la razón. Lo que queda es seguir con la fe esa de la que hablaba antes –me temo que igual no hay opción, los que la tienen están encartados con ella de por vida–. Seguir pensando que todavía quedan tesoros por ahí, esperando a ser descubiertos. Y citemos, para cerrar, de nuevo a Whitman para contagiarnos un poco de su optimismo ante lo desconocido: “no sé qué pasará con lo nuevo que vendrá / Pero sé que, a su vez, demostrará ser suficiente y que no podrá fallar”. Qué chévere que el Mercadito haya durado lo que duró. Y qué chévere que haya logrado concentrar en su interior tanto tesoro que anda rodando por ahí. Ahora Paulo y Ana retoman sus otras actividades, los tesoros retoman su rodar y rodar, y los perseguidores su buscar y buscar. -Manuel Kalmanovitz


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Uno no sabe lo que tiene hasta que no lo vende Uno va acumulando cosas de forma casi inevitable y las va acomodando como mejor puede donde mejor puede. Regalos, detalles, arte, chucherías y basura representan una horizontalidad de la expresión de afectos y otras convenciones sociales a través del objeto. Con laagencia en un momento de necesidad, el siempre terrible primer semestre del año, vimos una oportunidad de capitalizar esta acumulación de basura y sentimientos en el M&M que acababan de empezar P&A en el Mercado de San Alejo donde recientemente los habíamos visitado un domingo. Así después de una intensa y breve negociación empezó un contubernio en un local de 6m2 con la idea de superar este momento de necesidad gracias a la generosidad de P&A. Cada agente fue a su casa, a las de sus familias y en la propia agencia a hacer una recolección de estos fascinantes objetos; regalos de ex-novias en otras vidas y en otros mercados, colecciones de cachuchas de equipos a los que nunca seguimos, libros que nunca leímos, objetos olvidados por residentes morosos, souvenirs de viajes ajenos, música de amigos en el exilio, ropa de la madre de otro hermano, juguetes que alguna vez tuvieron nombre, medias veladas y no tan veladas, bocetos y obras originales enmarcadas, ropa de marca y marcada por el uso, pulseras de fantasía... después de repetir este ejercicio de acumulación y venta un par de veces empezamos a reconocer patrones en la masa de compradores que conformaba el público del M&M, pautas de fascinación por ciertos fetiches, estrategias de negociación con el fin de esconder el gusto por algo, o simplemente ganas de negociar por negociar y/o de preguntar por preguntar. Sin saberlo nos estábamos preparando y autoeducando para ArteBa (feria de arte de Buenos Aires) donde acabaríamos un par de meses más tarde siendo admitidos, con pago incluido, en la sección de Barrio Joven. ¿Que comparten y en que se diferencian la dinámica de un mercado de pulgas y una feria de arte? es cierto que mientras en el mercado se intenta acumular y disponer de todo lo que se pueda en el espacio de exhibición (menos es menos) en el otro lugar la regla general es intentar mostrar solo lo justo por medio de una

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estética de escasez artificial (menos es aunque haya más). Mientras que uno es un espacio de inclusión el otro lo es de exclusión, cierto es que con la espectacularización de estos eventos es cada vez menos. A pesar que en ambos lugares la gente compra y sufre de cierto síndrome de Diógenes no a todos se les da el estatus de coleccionistas. En los dos está admitido negociar, pero mientras en uno se hace abiertamente en el otro sucede de una manera más discreta (políticas V.I.P de mercado). Aún con todas estas diferencias son eventos para ejercer, sin gusto y con él, fetiches y parafilias . Como artistas, entiéndase en este contexto también como productores de objetos y comodidades, fue toda una escuela de domingo que costó bastante sudor y madrugadas que finalmente nos dejó una indeleble lección sobre las diferentes vidas de los objetos, la condición humana y la fascinación por las cosas que brillan. Durante un breve momento hubo el sueño compartido entre laagencia y la galería M&M de acercar ambos modelos en el Mercado de San Alejo y hacer una feria de espacios independientes donde todas estas cuestiones pudieran ponerse sobre el display. Quizá ahora viéndolo mejor, o con algo más de sospecha, el capital fue finalmente más vivo que nosotros y nos acabó captando y seduciendo, tanto a laagencia como a M&M en una feria como en otra, y logró neutralizar tan radical propuesta con promesas de libertad, emancipación y visibilidad. Sería entonces más preciso decir que “uno no sabe quien es hasta que se vende”. -Laagencia


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Chiringuito La primera vez lo vimos ahí ocupando un puesto en el mismísimo mercado de pulgas de San Alejo, al que vamos con bastante frecuencia. Tenía algunos dibujos y cosas de interés para la venta. Pero lo que más me llamó la atención y que de verdad quise comprar fue la imagen silueteada de un perrito rudimentariamente tejida en hilo sobre una tablita de madera vieja que medía unos veinte centímetros por quince. Yo creo que de haber estado en cualquier otro “chuzo” del mercado, ese cuadrito hubiera costado unos cinco mil pesos. Me habrían pedido diez mil, y yo hubiera ofrecido cinco, y creo que me lo habrían dado. Muchas veces allá ofrezco la mitad de lo que me piden, y dicen que bueno; o le suben un poquito y yo digo que bueno. Entonces le pregunté a Paulo que cuánto y me salió con una cifra, que si bien no recuerdo ya, estaba bien por encima de los doscientos mil. Por dentro hice ¡plop! pero muy estoicamente le dije que le ofrecía cien mil, lo cual me parecía una barbaridad pero realmente también me parecía muy coqueto el perrito, y supuse que hasta eso podría yo dar por él. Muy estoicamente también Paulo me dijo que no. Por esos días dictaba yo un taller de arte con Carlos Castro en la universidad, y por alguna razón hablamos de Paulo. Carlos me habló de cuánto lo quería, y me dijo que le parecía la persona más desprendida que conocía. Temí mucho no estar de acuerdo y se lo hice saber, contándole el episodio. Muy buen criterio sí podía tener, pero desprendido no era precisamente lo que me parecía. Claro que después de un tiempo sí me hice a varios dibujos muy buenos ahí mismo, que estaban a muy buen precio. -Juan Mejía

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Ruede la bola, rueda la zorra que basuritas del arte no esperan si lloran Mami quiero arte de mil no mijo eso pirata asi estén en cali yo no le doy plata y mucho menos para arte que no sirve para nada

Mirá, ve, qué basurero mi amor ay, papi cómprame esa cartera pregunta cuánto vale -¿a cómo? -a dos mil baby... mira solo dos mil toma este billetico y cómprala y si ves algo de quinientos tráelo pa’ ca mira lindo te traje este dibujito de un tal alfonso...

Qué zorra tan fea... mirala, mirala ¿Será cachaca, paisa o pastusa? ¿cómo dejan a esos chirretes parquear ese armatroste, lleno de ropa vieja en este monumento y patrimonio de nuestra cali hermosa? esto es el colmo.... llama la policia Berta esto es inaudito...


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Un poco de más Durante varios años mi plan favorito fue ir todos los domingos al mercado de las pulgas, y durante ese tiempo diseñé diferentes recorridos que me permitieron escanear cada rincón del lugar, asegurándome de no pasar por alto ningún objeto de los puestos.

bres a las cosas: a la mogolla le decimos acema, al cruasán le decimos pancacho, a la cuca la panocha, a la bolsa la chuspa, al corazón la oreja y a la plaza de mercado la galería. Pero ¿chiringuito?¿De dónde proviene esa palabra?¿En dónde la habrá encontrado u En esas visitas me topé con conocidos que tenían el mismo plan, la oído Paulo? Sospechaba que esa palabra no pertenecía misma debilidad y una sensibilidad parecida, aunque mis búsquedas al léxico colombiano, pero investigué y encontré que no tenían un carácter tan especializado como las de otros. Todo inició un chiringuito es lo que nosotros conocemos como cuando nos mudamos a vivir en nuestra casa, y empezamos a buscar un puesto provisional, un agáchese o baratillo de esos objetos o elementos que necesitáramos para ella. La mayor parte de que vemos armados con coches de niños y un cajón de nuestras pertenencias ahora en otro momento fueron de otros. madera o aquellos más simples pero muy sofisticados y que recogen sus dueños en un santiamén, para salir Cuando dimos fin al objetivo, en mi caso, mi inquietud se trasladó a corriendo apenas oyen o ven pasar el carro de la policía las plantas y empecé una colección de cactus, suculentas y rhipsalis. que llega a levantarlos de los espacios públicos. Al terminar mi jardín, empecé a buscar bordados y cobijas tejidas; de ahí salté a los broches, después a las miniaturas, seguido de las cajas En el “chiringuito” la mayoría de los domingos noto la de metal y por último le ayudé a Juan a crear su colección de dibucantidad de objetos heterogéneos y multicolores y su jos, la cual también proviene, en buena medida, del mercado de las sección de dibujos de estudiantes, egresados y amigos pulgas. a los cuales Paulo apoya ofreciéndoles un espacio para mostrar sus creaciones, algunas muy costosas y otras En esos trayectos conocí a cada uno de los dueños de los puestos, muy baratas. identifiqué mis lugares favoritos y traté de aprender a comprar disimulando las ganas por poseer lo que me atraía. En esos años me Nunca he comprado nada en el chucito, tal vez porque entrené en el juego del regateo, aunque debo reconocer que requiere cuando voy a las pulgas no quiero ver arte o por lo de un talento especial, en donde hay que dejar de lado el pudor y la menos el arte contemporáneo o lo que consideramos vergüenza, y eso a mí aún me cuesta. los artistas que es el arte. A mí lo que me gusta son los objetos, las curiosidades y las matas, y de vez en cuanA lo largo del tiempo fueron muchos los puesteros que se ausentaron do algún cuadro de señora. Adoro todos los bordados y otros tantos los que llegaron, así que un domingo haciendo mi de las monjas y, a propósito, tengo un mantel precioso paseo rutinario, me encontré con que Paulo Licona tenía un puesto que seguro hoy en día, debido al tiempo que implica, en una de las esquinas y muy al rincón del mercado de las pulgas. En nadie podría bordar. mis paseos por las pulgas he visto que varios artistas en muy cortos periodos y a veces instantes de su vida han manejado un espacio del Aunque no les haya comprado nada, debo aceptar que lugar, aunque creo que Paulo es el que más ha durado. me gusta ver a Paulo con Ana en las pulgas en su mentirita y mercadeo dándole la oportunidad a la nueva Varios domingos lo vi de lejos. Me preguntaba qué estaría haciendo generación de artistas de mostrar sus trabajos para que ahí, si era un proyecto de arte o si solo quería salir de muchas de las los compren aquellos que gustan del arte contemporápertenencias que en el transcurso de su vida había acumulado. A neo. Paulo nunca lo vi en calidad de comprador en las pulgas; apareció un día con Ana, tan calmada y sonriente, y con su mirada de sospecha Hace varios meses que no he vuelto de visita al puly también con un carrito de balineras, muy parecido a los de verdad, guero, supongo que se debe a que el interés por ciertas esos grandes de madera que los dueños, al final del domingo, engan- actividades se debilita y parte de ello es tal vez a que chan formando un tren que luego arrastran para llevar toda la merel espacio y sus dinámicas se desgastan y/o cambian y cancía a donde sea que la guardan entre semana, antes de volverla a uno se vuelve un extraño ante ellas. O puede ser que las sacar el siguiente domingo. inclinaciones y los gustos se transformen y se deseen otras cosas o se empiece a dejar de desear tantas. De esta forma iniciaron el señor Paulo y la señora Ana su espacio en las pulgas, haciéndose poseedores de un puesto que Paulo llama el -Giovanni Vargas “chiringuito”, palabra que desconocía hasta que me invitó a escribir sobre este trabajo. Ahí me enteré que el lugar tenía un nombre y que era un proyecto de arte, porque nunca lo quise concebir de esa manera. Muchos me han dicho que los caleños siempre le cambian los nom-


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(9 de junio de 2013) Al Mercadito&Mentidero, como buen marrano, ¡le llegó su hora! Se muere, se va, pasa a mejor vida, se adelantó diciembre, con pulgas viejas... Nos cayó la DIAN, idartes nunca nos apoyó, la Tate nos censuró, y alguno de los artistas que apoyábamos su ego nos regaló con una bella demanda que reposa en los anaqueles de la fiscalía, no queremos que la policía abuse de nosotros aunque no seamos espacio rumbero y pseudocultural, nos dimos cuenta que la independencia ni Bolívar la consiguió... El MAMBO nos desalojó, el público no entendió, la prensa malinterpretó, a los curadores la institución no los dejó, los estudiantes solo a anotar la ficha técnica los enviaron y nunca preguntaron ni compraron porque plata sí hay para pola pero nadita para basura ni cuadernos... Ay mercadillo te vamos a bombardear con unas pulgas piñata diabólicas... Oh mercadillo vete de nosotros y quémate con toda tu basura cultural, ya no más, se acabó, que de la cultura la mogolla no salió, no más, no más, ni ayuditas, ni limosnas... Oigase: a nadie más vamos a ayudar... piensen, piensen, piensen... y si quieren copien el formato, hablen con Chamorro y como dicen por ahí al que madruga (los domingos) dios le ayuda.... pura mierda... mierdita cultural. Así que seguidores los esperamos este domingo, este último domingo del M&M en el 2013, de repente como los victorinos volverá... volverá...pues victorinos no volvió y la versión 2000 reload fue muy mala... Los invitamos este domingo - rifas, piñata pulguera, remate de basurita cultural, arte debajo de oficiales precios, pan gratis y tinto como en buen velorio, no traigan coronas ni flores que ya tenemos mucha mierdita cultural...


www.jardinpublicaciones.com info@jardinpublicaciones.com T +571 2551399 P E


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TIENDA DE ARTE Y OBJETOS 3NOMBRES.COM INFO@3NOMBRES.COM

MATERA Circula desde el 2009 Información y pedidos: revistamatera@gmail.com

Matera es una revista de variedades. Cada edición tiene un tema y hasta ahora hay ocho números. El noveno está por salir y es posible que, cuando esto llegue a sus manos, ya esté en anaqueles y librerías, esperándolo. Los temas que ha tratado son: 1. Pantalones; 2. Futuro; 3. Pelo; 4. Amigos; 5. Dinero; 6. Fantasmas; 7. Animales; 8. Piedras, y 9. Cocina. Todavía tenemos existencias de todos los números, así que si está interesado en alguno(s) de estos tema(s) es posible adquirirlos (es muy interesante que a lo que queda de algo se le llame existencia, como decir “tengo existencias de tristeza, tengo existencias de risa, tengo existencias de rabia”. No deja de darnos risa que el hacer inventarios de cosas sea una actividad existencialista. Pero divagamos, perdón). Para comprar números pasados, como veníamos diciendo, pueden escribirnos a revistamatera@gmail.com y le informaremos dónde se consiguen o qué pueden hacer para recibirla(s) por correo en la comodidad de su casa u oficina. Porque, como señalamos, aún quedan existencias. Además de la revista, hemos sacado un libro en coedición con El Peregrino, llamado Bogotá con mar y otras cosas. Lo escribió Manuel Kalmanovitz e incluye cuentos breves e ilustrados a todo color (nada de colores parciales, a todo color) situados, algunos de ellos, en un futuro donde el mar llegó a las montañas. Otra cosa que editamos fue el Proyecto PMG, que consta de tres publicaciones de fotografías de diversa gente, cada una de un formato distinto. Se armó por convocatoria y se financió con un premio a publicación periódica de Idartes (2011). De esa también quedan existencias, aunque limitadas.


espacio de discusión de prácticas artísticas e institucionales

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EN LA AGENCIA HACEMOS DE TODO PERO NO© DE CUALQUIER MANERA , Ministerio de Cultura, Colombia RESIDENCIA PARA ARTISTAS, ESTUDIOS Y TALLERES, EXPOSICIONES, ESCUELA DE GARAJE, PUBLICACIONES

Programa Nacional de Estímulos a la Creación y la Investigación


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Mercadito & Mentidero es una iniciativa de Paulo Licona, Juan Obando, y Ana Rivera Fotografías Sebastián Cruz Ana Rivera Textos Manuel Kalmanovitz Juan Mejía Laagencia Giovanni Vargas Juan Obando Paulo Licona Ana Rivera Diseño y diagramación Ana Rivera Paulo Licona Impresión International Prints (Casadiego) Agradecimientos Mercado de Pulgas San Alejo

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El Mercadito & Mentidero agradece a todos los artistas que hicieron parte de este fracasado proyecto con sus obras, publicaciones, y basurita cultural: Víctor Albarracín Carlos Alfonso Daniel Castellanos Tupac Cruz Rafael Díaz Juan Echeverri Lorena Espitia Gabriel Garzón Valeria Giraldo Laagencia Kevin Mancera Andrés Matute MIAMI Jardín publicaciones Mateo Rivano Elsa Roa José Sanín Manuel Santana Nicolás Vizcaíno Ana María Zuluaga ...y muchos, muchos más.

Mercadito & Mentidero Bogotá, Colombia Octubre, 2013 www.facebook.com/mercaditomentidero


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