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ANÁLISIS DE UN TEXTO NARRATIVO 1. Lee el siguiente texto y, tras la lectura, completa el cuadro anexo para subirlo después a través de la tarea:

Elena subió despacio la escalera. Un duro día de trabajo pero más duro era lo que le esperaba en casa: nada. Habían transcurrido dos años desde que Jon había desparecido. Se sentía cansada, como una vieja. Sí, solo tenía 26 pero se había desgastado buscándolo. Abrió la puerta y el chirrido que salió de los goznes le recordó que tenía mucho que arreglar en su vida. La policía no la creía. Ella, desde el principio, creyó que Jon no se marcharía sin más. Solo se tenían el uno al otro. Desde que sus padres murieran en aquel horrible accidente de avión, vivían juntos e intentaban superar su tristeza. Elena era química y trabajaba en un laboratorio hasta las seis comprobando reacciones químicas para una empresa farmacéutica. Jon no había sido nunca un gran estudiante. Se decidió por el mundo de la imagen y trabajaba de cámara en un programa de reporteros por el mundo. La vida en Madrid no era fácil y habían logrado poco a poco, con mucho esfuerzo comprar un apartamento usado que fueron restaurando con el tiempo. Era un lugar luminoso que daba a una pequeña plaza con mucha vida. Habían pintado las paredes de colores claros. Como no tenían mucho dinero, habían adquirido los muebles en Ikea, así que su casa era muy divertida. Lo era porque desde que Jon había desparecido, a Elena su casa le parecía una cárcel. Todo lo recordaba a Jon. El puf rojo del salón, el biombo con las caras de Marilyn Monroe, el teléfono dorado con forma de labios… Elena entró y dejó las llaves en el plato de la entrada. Sacó su móvil del bolso y percibió la señal de un nuevo whatsapp. No tenía ganas de hablar con nadie pero se obligó a mirarlo por si había noticias. Su corazón se agitó. Era Jon. No se lo podía creer. Estaba tan nerviosa que se le cayó el teléfono. “No, ¡ por Dios!, que no se haya roto”, pensó. Lo recogió y abrió el mensaje. Estoy vivo pero quieren matarme. Te necesito. Vete a hablar con Ernesto. ¡Ernesto! Era el mejor amigo de Jon. La primera persona con la que había hablado tras la desaparición. Le dijo que no sabía nada de él, que la última vez que lo había visto estaba bien y no sabía nada sobre ningún reportaje de urgencia que le hubiese obligado a abandonar la ciudad. Marcó su número con la mayor rapidez posible. -Ernesto. Soy Elena. Acabo de recibir un whatsapp de Jon. Dice que hable contigo. -Voy de camino a tu casa. Yo también he recibido el mensaje-contestó Ernesto con voz entrecortada- No hables con nadie. En diez minutos llego.


Elena no sabía qué hacer. Fue a la cocina. Bebió un vaso de agua. Fue al baño. Se peinó su larga y oscura melena. Se miró. Sus ojos verdes estaban más abiertos que nunca. Fue a su habitación. Se cambió de ropa. Al trabajo siempre iba de traje chaqueta por protocolo de la empresa pero su ropa preferida eran las camisetas, los vaqueros y las zapatillas converse, que tenía de todos los colores. Se puso una camiseta blanca, los vaqueros y las zapatillas rosa. “Ya habrán pasado los diez minutos”, pensó Elena dirigiéndose al salón. Antes de que Ernesto pulsara el timbre, solo le dio tiempo a encender el ordenador. Ernesto ya estaba con Elena. Se sentaron. Ninguno de los dos sabía dónde podía estar Jon. El mensaje de Ernesto era exactamente igual que el de Elena. Estoy vivo pero quieren matarme. Te necesito. Vete a hablar con Elena. Cuando Elena lo vio rompió a llorar. No tenían nada ni sabían por dónde empezar. De pronto, el ordenador parpadeó. Un mensaje en la bandeja de entrada. Ernesto le pidió a Elena que lo abriera por si acaso. Un tal Amador Estévez. Elena no conocía a nadie con ese nombre. Sería Spam. Cuando lo iba a eliminar se fijó en el ASUNTO: POR TUS PADRES, NO LO BORRES. Elena se sobresaltó. Ernesto abrió el mensaje de un manotazo. RÁPIDO. AL MUSEO DEL PRADO. -¿Al museo del Prado?- Elena ya estaba cogiendo su chaqueta- ¿Qué es esto? ¿Será Jon? -Tendremos que averiguarlo. Iremos en metro. Será más rápido. Son las 8.15. Si cogemos el coche ahora no llegaríamos ni a las 10. Salieron bajando los escalones de dos en dos. La boca del metro estaba dos calles más abajo. No andaban, casi corrían. El metro estaba lleno de gente que salía de sus trabajos. Les costó entrar en aquellos vagones tan abarrotados pero finalmente, tras tres trasbordos, llegaron a la puerta del museo. Cerrado. Las puertas se cerraban al público a las 20.30. Eran las 20.55. Por allí no había nadie. Se sentaron a descansar un minuto esperando que apareciera Amador y pudiese darles una pista. Ya eran las 21.00. Un reloj cercano dio una a una las campanadas. -

Chiisssss!, Chiisssss!- se oyó desde un lateral. Ernesto se levantó. Voy a ver qué es eso.

En un lateral del museo había una puerta por donde entraban los cuadros y se organizaba la mercancía. Una mano se agitaba y hacía señas para que Ernesto se acercara. Cuando llegó a la altura de la puerta sintió un tirón. La mano le arrastró hacia dentro. Era un hombre muy alto con gafas oscuras y gorro de alpinista. Su poblada barba oscura y la poca luz de la estancia no permitían ver bien en aquel lugar. -¿Quién eres? ¿Eres Amador? ¿Qué sabes de Jon?- atropelladamente Ernesto trató de zafarse de las garras de aquel hombre, esperando que fuera quien ellos esperaban.


-Calla, no grites. Vete a Elena.Ya. - Espera un momento. Asegúrame que no nos va a pasar nada. Si no, no volvemos y llamaremos ahora mismo a la policía. - No estás en posición de exigir nada. Corre. No hay tiempo.

Ernesto fue a por Elena que entró asustada en el almacén. El hombre no habló. Solo les pidió que lo siguieran. Entraron por varios pasillos con salas a los lados donde se veían cajas embaladas, cuadros a punto de ser restaurados, botes con pinceles, utensilios de limpieza…Bajaron una escalera y, al fondo, encontraron una sala espaciosa preparada paraservir como sala de exposición. Era raro. No estaba accesible al público. Se situaba en la zona más desatendida del museo y, sin embargo, las luces eran espléndidas. Había bancos para sentarse. El suelo era de mármol. Estaba caldeada y las paredes se veían de un blanco inmaculado. En ese momento se podían ver cuatro cuadros iluminados con luces indirectas y resguardados por unos paneles de cristal. El hombre se sentó en el banco y pidió a Elena y Ernesto que le acompañaran. Al quitarse las gafas y el gorro, la cara de Elena se transformó: -Jon, Jon. No me lo puedo creer ¡Estás vivo! Lo sabía, lo sabía. Nadie me hacía caso. -Baja la voz, Ele. Nos pueden oír- respondió Jon abrazándola- Este es un lugar seguro. Ellos no piensan que lo conozco. -¿Quiénes son ellos?- preguntó Ernesto devolviéndole el abrazo a Jon -Es una historia larga…- comenzó Jon pero Elena, con la voz tomada por las lágrimas le interrumpió: -¡Y tan larga! Dos años Jon. Podías habías haberte puesto en contacto conmigo. Ha

sido un infierno.

-Aún no ha terminado, hermanita. Me tengo que marchar de nuevo. En mi última investigación para realizar un reportaje descubrí esta sala de modo inesperado. ¿Ves estos cuadros? Son famosísimas obras de arte robadas recientemente: un Rembrandt robado del museo municipal de Draguignan, un Cézannes robado en el museo Ashmolean de Oxford y dos Van Gogh son del Museo Van Gogh de Amsterdam robados en el 2002, justo hace dos años. Cuando lo descubrí empecé a investigar los cuadros y la razón por la que estaban en este museo y me acerqué a una familia de marchantes de arte que se dedican al robo y posterior venta de cuadros famosos.


-¿En el museo del Prado?- preguntó desconcertado Ernesto- Es como vender droga en una comisaría. -Justo por eso. No levantarían sospechas metiendo aquí los cuadros y citando aquí a los posibles compradores. Hay varias personas del museo implicadas. Es algo muy peligroso. Después de un tiempo se dieron cuenta de quién era e intentaron matarme. Tuve que desaparecer durante este tiempo. Estabais en peligro. Vosotros y yo. Pero durante mi estancia fuera seguí mis pesquisas y logré descubrir quién era el jefe de las operaciones. Sorprendentemente, una bellísima condesa francesa que, con sus encantos, conseguía información, accesos, contraseñas… y, estratégicamente, estudiaba museos pequeños donde era fácil burlar las medidas de seguridad. Todo lo tengo aquí grabado Necesito que vosotros vayáis a la policía mientras yo os espero aquí. - No hay problema. Acabemos con esta historia y volvamos a nuestra vida normal.

Quédate aquí, Elena- comentó Ernesto.

-No, id los dos. No quiero que Elena esté aquí. Cuídala.- contestó Jon- Os espero aquí. No tardéis. Elena y Ernesto salieron corriendo del museo y llegaron a la comisaria más cercana, que estaba en la calle Leganitos. Al principio no les creyeron pero al ver el vídeo se dispararon todos los dispositivos de búsqueda y captura de aquella banda tan bien organizada. Cansados pero felices, llegaron al museo y bajaron despacio las escaleras. Todo parecía terminar. Ernesto abrió la puerta y se echó las manos a la cabeza. No había nada. Los cuadros habían desparecido y Jon…¡también! Elena se desvaneció. El suelo estaba tan frío…


ANÁLISIS DE UN FRAGMENTO NARRATIVO NARRADOR: explica cómo es el narrador y escoge algún ejemplo para demostrarlo

PERSONAJES: indica los personajes. Principales, secundarios, planos, redondos… Descríbelos.

ACCIÓN: realiza un esquema numérico de las acciones que se van sucediendo

TIEMPO: externo e interno.


ESPACIOS : rural, urbano, descripci贸n

FINAL: abierto o cerrado. Justificaci贸n


ANÁLISIS DE UN TEXTO NARRATIVO