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El drama de un desaparecido

Los niños que recuperaron el mar/pág 14 pág 18/

Jóvenes y droga ¿Todavía quieres? /pág 28

nOVIEMBRE 2014 31A gENERACIÓN ISSN: 1909-5694


Por: Felipe Giraldo

En dos años y medio que llevo en la UCP, siempre me he encontrado con un viejo curtido por los años, quien lleva una sonrisa tímida y llena de sabiduría; se llama Bernardino Buitrago y le faltan 13 años para completar el siglo. Este personaje lucha por sobrevivir y ser feliz con los saludos de los estudiantes, quienes canalizan algo de su tristeza causada por el olvido de sus familiares.“Trabajo para nunca aguantar hambre y nunca mojarme”, dice. Bernardino siempre tiene una sonrisa para recibir con un saludo a estudiantes, docentes y directivos de la UCP. Gana 15.000 pesos diarios, los cuales reinvierte en dulces y alimentos (panela, pan o arroz). Reconoce que se siente en el olvido, pero sus dulces le recuerdan los bellos momentos del pasado en los cuales sus hijos le sonreían y le daban los buenos días. Ahora somos nosotros, los estudiantes, quienes hemos ocupado ese espacio arrugado en su corazón. Por: CARA

Por: Felipe Giraldo


cONTENIDO_

Portada Felipe Giraldo

Ilustraciones Laura Quiroz

Diseño y Diagramación Ana María Flórez Bueno

Coordinación Jhon Mario Zuluaga

oPINIÓN Una telaraña desentrañable

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cRÓNICA El drama de un desaparecido

cUENTO

Escarmiento

Impresión La Patria

Rector UCP Pbro. Álvaro Eduardo Betancourt

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Decano Facultad de Ciencias Humanas, Sociales y de la Educación Olga Patricia Bonilla Marquínez

Director de Comunicación Social – Periodismo Heiller Abadía Sánchez

Los niños que recuperaron el mar

fOTO rEPORTAJE

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Jóvenes y droga

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eNTREVISTA

Maricela Garzón Ramírez

cUENTO ¿Todavía Quieres?

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cONTENIDO

Universidad Católica de Pereira Carrera 21 No. 49-95 Av. de las Américas Pereira, Risaralda, Colombia PBX: (6)3127722 A.A. 2435

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rEPORTAJE

fOTO rEPORTAJE

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cUENTO

Correo electrónico expresionucp@gmail.com EX-PRESIÓN es una publicación coordinada por los estudiantes y docentes del Programa de Comunicación Social - Periodismo de la UCP. Los artículos firmados son responsabilidad de sus respectivos autores.

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eDITORIAL

Valentía, una categoría fuera de concurso

No hay nada más temeroso que exponerse a la crítica. Cuando se escribe un artículo, se compone una fotografía, o se crea un producto audio-visual, temblamos al pensar en el qué dirán de nosotros, de lo que hicimos. Nos preocupa en demasía la opinión del experto, la crítica del medio entendido y hasta la posible sorna del desprevenido. ¿Y si la risa es del experto? Fatal.

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Aun así, cuando producimos alguna pieza periodística soñamos con trascender, con ser vistos por cientos, miles, uy… millones de ojos que indaguen nuestra producción intelectual y artística. Ansiamos una carcajada, unas lágrimas, o un dejo de satisfacción de nuestros receptores; bueno, a veces anhelamos un insulto. El objetivo de los que hacemos periodismo parece ser el mismo: gritar nuestra forma de ver, sentir y, por qué no, odiar el mundo. Algunos se salen de la norma y no quieren ser vistos, ni leídos, ni nada. En esta edición queremos hacer un reconocimiento a los estudiantes universitarios que vencieron ese pánico de ser descubiertos por despiadados críticos. Aquellos que se expusieron a la palestra pública con su pieza periodística en la mano como única espada. Tras finalizar sus productos, muchos de ellos tuvieron que vencer su propio escepticismo e inseguridad para someterse al análisis riguroso en algunos

premios periodísticos, llámense Corte Final, Te Muestra, Orlando Sierra, etc. Algunos dudaron hasta los últimos minutos pensando que su producto no era “espectacular” para pelear un primer puesto o con la seguridad de poseer uno suficientemente flojo para encabezar la lista de los descartados. Otros prefieren guardar en caja fuerte sus trabajos con la petición expresa de ser examinado exclusivamente por el profesor. Para el cultivo de la confianza es más fácil vivir con la idea de nunca haber ganado un premio por la falta de participación. Al final, conseguir una estatuilla o una nominación no es más que una excusa o una motivación para hacer periodismo, para contarnos que la verdadera victoria fue narrar una nueva historia, a pesar de algo, a pesar de todo, y tener la suficiente confianza de gritarla o susurrarla al mundo, aun así más de uno se tape los oídos.


Una telaraña

Por: Angela Morales Chica

desentrañable Durante los últimos meses el cine nos ha llenado de producciones de ciencia ficción. Las sagas de súper-héroes y películas post apocalípticas han llenado los teatros una y otra vez generando millones de dólares de ganancias.

Muchos espectadores insisten, incluso después de haber visto la película, en que éstas historias no tienen una relación lógica. Esta producción está cargada de personajes y escenarios muy variados y distintos entre sí, pero esto no implica que debido a la variedad, el argumento sea incomprensible.

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Los personajes interpretados por Tom Hanks en la historia del hombre tribal post apocalíptico y por Doona Bae en la historia de la revolución anti-esclavista del futuro son papeles para resaltar, no sólo por el talento y la puesta en escena de los actores, sino también debido al carácter épico de su contexto. No obstante el objetivo que se trazó la película fue muy alto, tanto en el ámbito conceptual como en el comercial (debido a que sólo logró recaudar 85 millones de dólares, cuando su producción costó 101 millones de dólares). Sin embargo, el film no es una obra maestra, a pesar de su prestigioso y talentoso casting, pero tampoco se puede decir que es una producción malograda, pues al final resulta ser una buena opción si se busca entretenimiento y si usted busca ponerse a reflexionar sobre ciertos aspectos de la vida.

oPINIÓN

El argumento de Cloud Atlas es difícil de digerir. Se intentan relacionar seis historias ubicadas en diferentes espacios y tiempo, sin que necesariamente todas sean reales. El diario de un hombre que viajaba a través del Océano Pacífico es leído por un compositor de música clásica homosexual que termina por asesinar a su maestro. El compañero sentimental de éste compositor es un físico nuclear conocedor de un terrible complot; “el nuevo Seúl” se convierte en el hogar de una clon que pasa a hacer parte de una revolución anti-esclavista mientras que ve un film basado en la historia de un hombre que es enviado de manera forzosa a un asilo de ancianos, y un hombre de una tribu post apocalíptica ayuda a una sobreviviente civilizada a encontrar un nuevo lugar para vivir.

A pesar de que algunas historias son mejor logradas que otras, e incluso se podría decir que hay un componente del que se hubiese podido prescindir como la historia del productor encerrado en un asilo, todas las historias logran encajar para conformar lo global y se logra lo que ha sido identificado por muchos como el objetivo principal del argumento, ejemplificar la idea de volver a la vida.


cRÓNICA

El drama de un

desaparecido

Ganador Corte Final 2013

Por: María Laura Idárraga Alzate

A primera vista, Gloria Elsy Quintero es una mujer dura. En su voz y gestualidad se percibe cierta intranquilidad que habla de un carácter justiciero, producto de la barbarie que sufrió durante los años de conflicto en Granada. En sus palabras habita sabiduría, anhelos de recuperar lo perdido y cansancio de esperar.

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Muchas familias, al igual que la de Gloria, tuvieron que guardar miles de momentos felices en el baúl de los recuerdos, porque se perdieron vidas, muchas vidas. Sin embargo, ningún dolor parece compararse con el de tener un desaparecido.

Esta tragedia marcó la vida del hermano de Gloria, Rubén Quintero. Ese mismo día en la noche su hermano llegó a contarle que entre los siete campesinos estaba Humberto, un gran amigo. “A mí no se me olvida nunca su cara de tristeza. Se le chorreaban las lágrimas por ese señor, porque era una persona muy querida, líder de la parroquia, solidaria, siempre andaba con una sonrisa”. “Fue una masacre horrible y desgarradora. A punta de arma blanca, los asesinaron y les echaron sal porque a las mismas esposas cuando pasaban por las casas, les pedían sal y ellas sin saberlo, tenían que entregarla”.

Gloria lo vivió y aún vive en ella la esperanza de encontrarlo. “Todos los días lo recuerdo, no hay un solo momento que no esté en mi cabeza”, pronuncian sus labios con desdén. Es quizás este sufrimiento inconmensurable porque no existe certeza; todavía no hay pruebas ni testigos, solo la memoria lo mantiene presente.

El pueblo en su totalidad participó de esa sepultura, incluso sabiendo que los paramilitares asesinaban personas que estuvieran en el cementerio recogiendo algún fallecido. “Allá hay muchos NN de los que en realidad sí se tiene identidad, pero por miedo, muchas familias no iban a reclamarlos. Ni siquiera se podía despedir a los muertos”, dice Gloria.

Gloria conoció por primera vez los horrores de la guerra el tres de noviembre de 2000, después de un par de enfrentamientos entre paramilitares, guerrilleros y el Ejército. Estallidos y balaceras se escuchaban entre los gritos vulgares de los actores armados, sembrando el terror en la población, golpeando las puertas de las calles desiertas, sacándolos y asesinándolos.

Ver pasar volquetas cargadas de cuerpos también era una constante. Gloria se escondía cada vez que las veía, pero las personas en las terrazas se fijaban para identificarlos. “Ver caballos también atemorizaba, porque muchas veces mandaban a las bestias con los cuerpos amarrados de la silla, los envolvían en costales y los mandaban de ahí para abajo”.

Los paramilitares del Bloque Metro sacaban gente de las casas y en muchas ocasiones lo hacían porque le habían abierto la puerta a la guerrilla, como explica Gloria. “El miedo llegaba cuando tocaban la puerta. Uno ya sabía en dónde iban a parar los muertos”. Por eso la gente dejó de abrir la puerta. El 20 de abril de 2001, recuerda Gloria, hubo una masacre muy difícil de superar, donde asesinaron siete campesinos en la vereda El Vergel.

Rubén tenía ganado de utilidades; cuidaba todas las fincas cercanas a la suya porque sus dueños se habían ido desplazados para otros municipios. “Rubén fue el único que se quedó. Yo le decía que se fuera, pero él no quería irse, solo pedía que lo dejaran trabajar en su parcela”. Y así fueron pasando los días. Rubén era muy arriesgado, pero siempre pedía permiso a los paramilitares en los potreros para ir a cuidar el ganado. “Había uno que mantenía boleando cuchillo, entonces a veces Rubén


saludaba con un ‘buenos días’ y le contestaba con ironía: ‘ni tan buenos’”. La relación de hermanos se estrechó durante esa época, porque se acompañaban en la perplejidad que deja la guerra. Fueron varias las noches en que Rubén se quedó en casa de Gloria por miedo a dormir solo, además porque los paramilitares saqueaban las casas, por lo que era usual encontrar chapas dañadas. Gloria hace una pausa, quizás para recordar, quizás para olvidar. Sus ojos marcados por profundas ojeras son el reflejo de años en espera de su hermano Rubén, desaparecido el 26 de octubre del 2002. “El martes 22 de octubre fue el último día que Rubén vino a mi casa. Estábamos de aniversario mi esposo y yo, entonces hice una comida especial y como siempre pensaba en él, lo invité a celebrar con nosotros”. Después de la comida, su hermano le dijo que trabajaría en una parcela recogiendo café. Gloria le pidió que se quedara a dormir con el pretexto de despacharlo muy temprano con un buen desayuno, sin contar con que, al otro día, amanecería con un sueño que no la dejaba levantarse de la cama. “A las 5:30 am se levantó. Mi esposo me decía que me parara a despedir a mi hermano, pero yo seguía dormida. De pronto escuché cuando cerró la puerta y ahí me tiré de la cama volada, salí al balcón y como estaba lloviznando, no se había ido”. Gloria le pidió que se devolviera y subió. “En ese momento se levantó Mateo, otro de mis hijos, ahijado de Rubén. Lo raro es que él nunca se levantaba temprano, pero ese día se le sentó en las piernas y como se querían tanto, se pusieron a jugar. Salimos al balcón a despedirlo, lo que nunca hacíamos, y por eso es que no se me olvida”. Gloria continuó con sus labores. Su hermano al-

gunas veces no iba a visitarla, incluso estando en el pueblo. “El domingo no extrañé que no viniera, pero el martes cuando salía de trabajar, mientras estaba con Mateo, llegó mi madrastra preguntándome por Rubén y yo le dije que no sabía. Lo desaparecieron”. Gloria no recuerda quién le sostuvo en brazos a Mateo. Se subió a un bus, junto con su madrastra, rumbo a la finca de su hermano. Estaba desesperada. “Cuando llegamos allá, fue horrible; la casa la abrieron a la fuerza, como a punta de patadas. Al entrar todo estaba lleno de pantano, su ropa tirada, todo lo de él yacía por la casa, el colchón en el piso…” Su hija Vanesa interrumpe la conversación, como si la conociera de principio a fin. “Ese día mi mamá se encontró una moneda de 200 en una cartera de él y por más necesitada que esté nunca la gasta”. En la iglesia del parque principal de Granada se escuchaban los cantos gregorianos de la misa. Todo estaba en suspenso. Creaban una atmósfera cargada de sentimientos encontrados, intrigantes, siniestros; había temor en ese cuarto. Nadie sabe lo que debe sentir una persona a la que le desaparecen un ser querido porque se vive todo el tiempo en una eterna incertidumbre. Después de ese día, Gloria comenzó a buscarlo por todos los potreros. Las personas que avisaron a su padre y a su madrastra sobre la ausencia de Rubén ni siquiera se atrevían a entrar a la casa por miedo a ser emboscados. A Gloria no le importaba su vida, quería encontrarlo, por lo que se armó de valor y entró en los montes donde solo veía cartuchos de balas. “Un señor que conocía a mi hermano me acompañó. Cuando veía algo sospechoso me decía que esperara para él revisar y así impedir que viera, mientras tanto yo me pellizca-

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cRÓNICA

ba, porque quería que fuera una pesadilla”. “Duramos tres días ahí, por si regresaba. Ya después los perros iban y venían como buscándolo; era una tortura”. Gloria continuó buscándolo y esperándolo por mucho tiempo más, pero Rubén nunca apareció, ni vivo, ni muerto. El año pasado lo iban a exhumar, pero los desmovilizados aún no dicen nada. De él no quedó ni siquiera una foto porque no le gustaban. A Gloria se le parecía a su mamá. “Él amaba tanto la tierra que en ella quedó”, dice. Para sorpresa, Rubén se había hecho tomar unas fotos montado en un caballo días antes de su desaparición. Después de esos tres días de búsqueda intensa, comenzaron a rondar los paramilitares por su finca. “Pasaban y nosotros buscándolo. Ahora me parece irónica la vida: como a los dos días que supimos que lo habían desaparecido, el Ejército estaba por ahí cerquita de la finca y yo le pedí a un soldado que me ayudara, que si se daba cuenta me buscara y hoy en día pienso tan idiota, sabiendo que ellos también desaparecían gente”. Muerte en vida

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Gloria le habla a la nada. “¿Dónde está Rubén? ¿por qué no puedo encontrarlo?” No hay respuestas. El Estado tampoco responde por él, ni por nadie. El padre de Gloria tenía que encontrarse con los paramilitares por la carretera. Luego llegaba a casa lleno de ira e impotencia al ver en ellos esa tranquilidad, propia de los impunes. Murió de cáncer hace cinco años con la esperanza de despedirlo.

En el 2005 un señor le dijo que le mostraría una fosa, donde tal vez yacían los restos de Rubén. Este sujeto no le aseguraba que estuviera allí, pero estaba dispuesto a acompañarla. La única condición para llevar a cabo su cometido era que Gloria guardara absoluto silencio, porque podría poner en riesgo sus vidas. “Subimos lejos por un monte, más arriba de la finca donde desapareció Rubén. Pensaba que si me mataban pues que me mataran. De haberle dicho a mi marido no me hubiera dejado ir”. En la supuesta fosa había cinturones de pantalones tirados, huesos por encima; una parte en que la tierra estaba salida y Gloria comenzó a escarbar. “Se veían como costillas. En ese momento espe-

“Es que yo hubiera preferido encontrarlo como fuera, pero encontrarlo. Después que dejamos de buscarlo, comenzamos a averiguar con los grupos armados si ellos sabían de su paradero y todos decían que no, que no tenían nada que ver”. Alguna vez le respondieron que lo habían matado y enterrado. “Eso fue como tirarme un baldado de agua fría. Al ver esos paramilitares, yo sentía que se burlaban de mi dolor; se iban para ese parque encima del cementerio, que daba bien al balcón donde yo vivía y se paraban ahí a reírse”. Pasaron meses y Gloria se sentía “seca”, pero no perdía las esperanzas. Su mente le jugaba duras trampas. “En la cocina siempre percibía que llegaba, pero no, nunca era así”. Fueron muchos los rumores del paradero de Rubén, hasta hoy recibe llamadas de la cárcel donde le dicen que cooperan si va a declarar, parte del protocolo de la Ley de Justicia y Paz para una Justicia Transicional del desmovilizado.

raba encontrarlo, luego llamamos a la Fiscalía y nos dijeron que tenían que ir personalmente, darles un mapa detallado de dónde estaba la fosa”. Entonces quedaron de llamarla. Pasaron dos años y Gloria comenzó todo un proceso psicosocial con


Provisame (Promotoras de vida y salud mental), donde junto a la personería municipal, preguntaron si alguien tenía indicios del lugar donde habían enterrado el familiar para comenzar a buscar. “Entonces nos fuimos el personero, el Ejército y yo, pero todo lo veía igual”. Angustiada, ese día no encontraron nada. Tiempo después se dieron cuenta de que la fosa contenía huesos de cerdo. “Uno no sabía ni qué sentimientos tenía; la ilusión, la confusión. Papá era el que más cavaba y esa fue la única vez que vinieron y exhumaron. No quise ir a ningún otro lado, con la tristeza y desilusión que deja la pérdida”. Recordar sin dolor Con el tiempo, Gloria aprendió sobre los procesos de localización, reconocimiento y exhumación

de fosas y desaparecidos. Su experiencia le ayudó a conocer la ley, así como también a interesarse por los demás casos que no disminuían en Granada. Fue Margarita Morales, expresidenta de Asovida y víctima del conflicto, quien la convenció de iniciar un proceso más a fondo en la Asociación de Víctimas. Su intención era integrarla en la organización, empaparla en el tema de los derechos humanos con el fin de encontrar una salida a tanto dolor.

Actualmente en Asovida, donde es vicepresidenta, Gloria ha encontrado nuevos motivos para seguir con su proyecto de vida. Participar desde el Salón del Nunca Más como guía, le ha permitido entender con mayor claridad el conflicto armado en Colombia, contando las historias de la organización, sus aciertos y dificultades. Son los símbolos que hay en este Salón los que representan las batallas de las víctimas por no quedar en la impunidad. “Hay días cuando llego a la fosa simbólica que se me hace un nudo en la garganta. No soy capaz de explicarla. Uno cree que ya sanó, pero mentiras, es algo muy complicado”. Todo este proceso le ha ayudado a Gloria porque siente compromiso. Las Asambleas también han hecho parte significativa en su duelo, porque allí se capacita y se orienta hacia una dignificación real de las víctimas. “En su mayoría son personas humildes, entonces no hay que dejarlos solos, es que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos”.

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Las bitácoras también han llenado el vacío que produjo la ausencia de su hermano. “Es mi refugio, en esa bitácora encuentro a Rubén. Allí busco consejo y consuelo. Le cuento mis cosas, así como cuando estaba en vida, siento la necesidad de escribirle, sobre todo cuando llego triste al Salón”. Madre de cinco hijos, ahora trabaja con bebés recién nacidos y mujeres embarazadas. Insistentemente habla sobre la importancia de hacer memoria con los niños, para que estos no olviden lo que pasó y puedan continuar con el trabajo de Asovida. Los cantos gregorianos cesaron. Solo se escuchaba la algarabía del parque y el llanto de Stefany, la pequeña bebé que descansaba en sus brazos. A su lado, la acompañaban sus hijos: Vanesa, Mateo y Tomás, solo faltaba Jonatan que en ese momento estaba en Medellín. “Para mí la memoria significa todo, porque si nosotros olvidamos ¿qué sigue después? Si hubiéramos olvidado todas esas personas que murieron ahí, ¿qué hubiera pasado con su memoria? Ellos están vivos para toda la familia, para todas las personas que vienen y los conocen”. Como yo.

cRÓNICA

Gloria descubrió durante este proceso la capacidad de liderazgo que tenía en su comunidad. De inmediato Asovida le propuso pertenecer a la junta directiva, a lo que ella accedió sin comprender todavía el renacer que le traería como víctima. “Comenzamos con el Centro Internacional de Justicia Transicional unos talleres de memoria, que fue donde hicimos los encuentros donde narraban “El cuento del olvido”. Nos reuníamos en un día 10 o 12 víctimas y comenzábamos a contar sobre nuestras experiencias. Mucha gente no era capaz de hablar, algunos escribían, otros dibujaban”.

Sanar las heridas, despojarse de rencores y perdonar, eran las terapias más difíciles para Gloria. Los talleres también buscaban que las víctimas pensaran en el otro, porque los duelos eran colectivos, al igual que la reparación. Por otro lado, la memoria, reconocer en los demás situaciones similares, les ayudaba a recordar sin dolor. “No estaba en una isla sola sino que todos estábamos unidos; nos escuchábamos más fácil y nos escuchaban más”.


oPINIÓN

¿ Crisis de lo público? Por: Diana Carolina Botero Grisales

Pregunta que amerita ser analizada para la comprensión de la actitud de los jóvenes frente a la política en Colombia. Empezaré con una aclaración que marcó mi manera de ver el mundo durante mis primeros semestres de universidad, para ello plantearé la siguiente pregunta: ¿Qué es lo público?

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Generalmente siempre está asociado a aquello que podemos usar sin discriminación como un baño público, una plaza pública, el espacio público... ¿Pero acaso nos pasa por la cabeza que esta palabra hace referencia también a algo diferente al uso de objetos y al hecho de ocupar lugares? Me atrevería a decir que pocas veces. Es solo en la Academia y a través del estudio de teorías que nos damos cuenta que el significado de lo público tiene que ver con el funcionamiento de la ciudad; es aquello que afecta tanto al señor de los tintos y al ejecutivo de alta cartera, como a la ama de casa. Son las decisiones que se toman en pro o en contra del bienestar de los ciudadanos. Es así como empezamos a dilucidar que lo público finalmente es la política. He allí el primer asunto a tratar cuando se piensa en la actitud de los jóvenes con respecto a ella; hay un desconocimiento de los términos que la definen.

Esto es cierto, la educación concentrada

Hasta aquí el problema viene de arriba, de la ausencia de espacios de educación política y ciudadana en las escuelas y colegios. No obstante, excusar la actitud del joven por esa carencia pasa de ser una crítica al sistema a ser un acto maternalista y sobreprotector, porque a los 18 años, cuando la adultez es oficial, el joven hace rato tiene la capacidad de pensar, reflexionar y ser consciente de aquello que le falta, que lo afecta y que necesita cambiar. Si bien la adolescencia viene cargada de emociones y experiencias, la cultura hedonista en la que viven sumidos muchos jóvenes preocupados exclusivamente por ellos mismos y su satisfacción, no hace parte de un proceso natural de descubrimiento del ser, es una actitud que raya con la banalidad y se traduce en un individualismo egoísta y frívolo del cual muchos padres y educadores son cómplices. En casas donde se trabaja día a día con el fin de conseguir dinero para vivir bien, da sencillamente pereza reflexionar sobre el contexto político y social del país; los comentarios que se escuchan en el almuerzo o en la cena tienden a ser pesimistas. Ellos no se ven como parte del problema por no participar en la política ni conocer sus derechos, y tampoco le enseñan a sus hijos el papel tan importante que tienen o tendrán en el articulación de la sociedad colombiana.

oPINIÓN

En un foro que se realizó en Pereira sobre las elecciones se planteó que decir que los jóvenes son indiferentes o políticamente apáticos, eran salidas simples para excusar una culpa que radica en las bases estructurales de la sociedad colombiana.

en la implementación y el aprendizaje de competencias básicas como las matemáticas, la religión o la ciencia, se olvidó que el niño también debe entender cómo funciona el lugar en donde vive, que hace parte de un país y que allí cumple un papel.


Por: Sara Gaviria

Ganador Corte Final Fotocreativa 2013

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cUENTO

Por: Kelly Giraldo

Odio haber perdido mi billetera, ni siquiera me duele el hecho de tener que pedir permiso en el trabajo para realizar numerosos trámites agotadores y extensos para obtener de nuevo los documentos que me hacen un ciudadano. No, me duele haber perdido la única foto que me quedó de ella… Ella era lo único tangible y a la vez intangible que tenía de valor, ella era mi desayuno, mi almuerzo, mi cena, mi noche, mi luna, mis sueños.

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Sueños con ella no he vuelto a tener, odio profundamente que el ser, ese superior del que tanto hacen referencia, me arrebate lo único que venía destinado a darle luz a mi vida, y no contento con eso me prive de soñarlo también, como para que quede clara la intención de recordarme día y noche que no tengo nada, que no soy nada. Nada funciona, absolutamente nada, ni los mil intentos por recuperar la dichosa foto. Todos mis esfuerzos son en vano y solo me llevan a pensar que causo lástima, y eso es lo único que me falta, que el dolor que mi rostro rígido refleja no cause una barrera para que no traten de entrometerse, lástima. Lástima, irónicamente eso es lo que siente mi yo del espejo hacia mí. Ya han pasado tres meses desde que perdí la puta billetera, y aún no me lo perdono, no me perdono haber sido tan iluso como para creer que una muchachita de 20 años, en pleno auge sexual, iba a tener alguna preferencia por los hombres desgastados, porque eso es lo que soy, un simple ser insípido, defectuoso por naturaleza, sin moral alguna, que a sus 43 años está sacando su mierda a flote, su mal humor, su ingenuidad, de la que alguna vez se aprovechó.

Escarmi ¡Aprovechó! Claro, eso fue lo que hizo Vanessa, aprovecharse del instante en que dejé de estar al acecho para largarse con lo único que lograba captar mi atención por más de siete segundos seguidos. No entiendo, si sabía que me iba a bañar, por qué no tuvo la molestia de abrir la billetera, sacar el dinero, que era lo único que le interesaba y largarse, pero no contenta con no darme el placer de permitir que me fuera de este mundo de mierda, embriagándome con algo que no fuera alcohol sino con el olor de su cuerpo, me deja iniciado con miles de fetiches en mi mente y se cobra el servicio (servicio que no prestó) con un precio que suma más del doble de lo que tenía pensado darle. La muy sucia no contesta, apuesto que hasta su nombre es un invento. Invento una excusa a mi jefe para salir del trabajo antes de las seis, me dirijo hacia la estación de bus en donde la encontré ese lunes festivo, espero durante una hora y no llega. Cuando regreso a mi apartamento me doy cuenta que la ausencia de la foto de mi hija me ha afectado la existencia de una manera hasta ridícula (sumando a eso que tendrá ya sus 19 años, y en la foto solo contaba con dos). Siento la necesidad de llamar a su madre, la que alguna vez fue la mujer por la que dejé de comprar cigarrillos para empezar a regalar chocolates, pero sé que si lo hiciera, en menos de cinco minutos ya estaría la policía acribillándome con preguntas estúpidas, y amenazándome con llevarme a la cárcel una vez más, y eso es lo que no quiero después de haber vivido cinco años en prisión. Lo único que me quedó fue saber que no valgo nada, que no soportaría de nuevo ser uno de esos reclusos a los que nunca les llegó una visita, ni siquiera una mujer de esas que llega a aprovecharse de las necesidades básicas de un hombre al que no le queda otra opción que acceder al pri-


miento

mer servicio sexual que le sea fácil de obtener. Obtener la fotografía es mi única meta, lo único que me hace levantar, y estoy decidido a interrogar a todas las prostitutas que sea necesario. Vanessa no es especial, llevo años frecuentando ese tipo de mujeres y sé perfectamente cómo usarlas y desecharlas, es obvio que ya debió haberse gastado el dinero en estupideces, pero si botó la billetera, tendrá que lamentarse porque no voy a descansar hasta ver la foto de mi hija, no me importa pasar por encima de ella ni de nadie. Nadie quería darme razón de Vanessa, ahora las prostitutas se guardan las espaldas a como dé lugar, pero eso no fue obstáculo para mí, porque una cosa es que sean astutas, y otra que sean lo suficientemente inteligentes para saber despistar a un tipo como yo, y obviamente no lo lograron, anoche que pude seguirlas, sé dónde puede vivir esa zorra, mañana mismo iré a verla. ***

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Verla en la puerta esperando por un cliente es la oportunidad para acecharla y exigirle que me devuelva lo mío, ni siquiera pienso pedirle el dinero, eso me ayudaría a sentirme menos mierda ya que habré hecho una obra de caridad al obsequiarle algo a una prostituta sin haber utilizado su cuerpo. Cuando me ve, intenta esconderse, pero llego lo bastante rápido, la ataco con preguntas y logro subir hasta la porquería de cuarto en que vive. No entiendo por qué la puta se ríe, no entiendo por qué ahora el nervioso soy yo. Yo no asimilo por qué Vanessa tiene fotos mías por todo su cuarto, por qué ahora que lleva menos maquillaje la puta se parece tanto a mí.

- Hija… ¿¿¡¡Vanessa es mi hija!!??

cUENTO

Mi inconsciente me dice a gritos que algo muy raro está por suceder, ella solo me mira a la espera de algo, no me mira con ojos de puta, veo su resentimiento, como si del pasado estuviera recibiendo reclamos de mi hija…


cUENTO

Los

niños

el mar

Por: Jhon Mario Zuluaga

Mario estaba confundido. Corría de un lado para otro con una duda que embargaba su corazón. Todavía no entendía cómo era posible que Colombia ya no tuviera mar. Sus amiguitos se inquietaban con su comportamiento. - Oiga Mario, deje de correr. ¿Qué pasó chino, cuente, cuál es la lora? - Nos robaron el mar, Pichú. - ¿Cómo así que nos robaron el mar?, ¿A Colombia?, preguntó Pichú dejando percibir una creciente indignación.

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Antes que Mario pudiera abrir la boca para explicar lo sucedido, Morado, aquel niño pecoso que se jactaba de ser el único apodado con un color en el barrio, disparó la pregunta más sencilla, pero a la vez más contundente: - ¿Quién? - Nicaragua, Morado, nos robó el mar. ¿Ya lo entienden?, contestó Mario, con afán. El robo del mar era un asunto de extrema importancia por lo que habría que citar al combo a una reunión. Se acordó que a las 12 del mediodía se verían las caras. Con el combo reunido en pleno se inició el llamado a lista para dar paso a la curiosa disertación. Morado, Pichú, Adrián, Tato, Huevo, Tavo y William dijeron presente, mientras cuchicheaban entre sí buscando una explicación. Tavo

no

aguantó

que recuperaron

más

y

preguntó:

- Mario, ya no joda más, ¿Qué fue lo que pasó? - Que nos robaron el mar, entiendan, nos robaron el mar, dijo Mario.

Quejidos y lamentos mezclados con un aire de escepticismo abrieron la puerta a la duda: - Noooo, eso es imposible. A un país no le pueden quitar el mar, Mario, exclamó Pichú. Mario replicó: - Pues me temo que sí. Resulta que ahora me estaba viendo las noticias cuando explicaron muy bien que Nicaragua le había quitado todo el mar a Colombia. - Nooo, nos robaron como siempre. Ya no solo roban a la Selección Colombia, al Deportes Quindío, sino que ya nos quieren dejar sin mar, exclamó Tavo. - Ajá, dijo Mario, pidiendo tiempo para seguir explicando el exabrupto. - Resulta que una Corte, de esas donde hay señores de peluca blanca, nos quitó el mar y se lo dio a Nicaragua. Yo también dudaba de eso, pero mis padres me dijeron que el mar sí se puede quitar, sino que mirara a Bolivia donde reina un señor Evo que mantenía diciendo que Chile le quitó el mar. Carolina se dejó notar en la reunión con la propuesta de mirar en el mapa a ver si realmente Bolivia no tenía mar. Efectivamente, tras una pesquisa rigurosa el grupo de niños se percató de la ausencia de mar en territorio boliviano. El pánico los invadió a todos. La reunión se disolvió con los berridos de las madres, desde las ventanas, llamando a casa a sus retoños con el inapelable argumento de ya no ser hora para que los niños siguieran en la calle. Aquella noche, los niños pasaron en vela. Si bien ninguno conocía el mar, lo sentían suyo, tan cercano como la certeza de que un día lo visitarían, que jugarían con él en un encuentro idílico.


Al otro día se encontraron cual lo acordado. Todos, excepto Mario, lucían rostros de derrota como evidencia palpable del duelo que afrontaban. El rostro de tranquilidad de Mario dejaba entrever que por su mente atravesaban ideas que seducían la esperanza. Tras tranquilizarlos pasó a dilucidar su plan. Explicó que era obvio que el combo no tenía el poder ni la influencia para recuperar el mar, ni por vías diplomáticas ni militares, pero sí contaba con todos los colombianos. - Yo mejor me voy para la casa, esto no tiene sentido. Dizque todos los colombianos, reprochó Tato. El grupo siguió atento sin dejarse perturbar por la huida cobarde y antipatriótica de Tato.

Y empezó la recuperación del mar. Unos se llevaron miles de litros de agua en carros cisterna, otros tal vez lo necesario en baldes y canecas. Pero no fueron las únicas armas utilizadas en la reconquista, también sobresalieron vasos, cantimploras, tapas de gaseosa, bolsas, todos los recipientes que servían para arrebatar el agua de las manos de los villanos nicaragüenses. Pasaron varias semanas hasta que llegó el último de los colombianos por su parte

- Todos manejamos bien el Facebook y el Twitter, prosiguió Mario, y soltó la estrategia: vamos a montar un grupo que invite a los colombianos a recuperar el mar. Todos aplaudieron y se comprometieron a difundirlo a través de sus contactos, los amigos de sus amigos, y los amigos de sus amigos de sus amigos. “Todos los colombianos a recuperar el mar” fue el nombre elegido para inundar las redes sociales. La idea era que toda clase de colombiano, pobre y rico, feo y bonito, triste y alegre, deshonesto y delgado, fuera a la Costa Caribe a recoger la mayor cantidad de agua posible del mar para llevarla a sus casas, guardarla en tanques o depositarlas en sus fincas; “si el mar no puede ser nuestro en la costa, lo traemos al interior del País”. Conforme pasaron los días, la iniciativa cobró fuerza en todos los confines del País. El grito de los niños empezó a tener eco en millones de colombianos que sabían que no era verdad que el País ya no tuviera mar, pero sí se encontraban inconformes con el fallo de la Corte. Muchos indignados asumieron que esta era la oportunidad para hacer algo diferente e histórico, por lo que empezaron a salir de sus hogares provistos de toda clase de recipientes para ir en busca del agua. Niños, adolescentes, adultos y viejos respondieron con honor al llamado, algunos en carro, otros a pie, en bicicleta, patines o burro; lo importante era llegar a la Costa. En medio de la multitud viajaba el combo de “héroes”, que ya lograba olvidar la tristeza de la noticia.

de mar. Al marchar, se des-

p i dió de los niños agradeciéndoles su titánica misión. Con la costa despejada los niños se acercaron a la orilla del mar para cerciorarse de haber cumplido su cometido. Lo que encontraron los dejó estupefactos. El plan había sido más fructífero de lo pensado. Saltaron como locos y se fundieron en un abrazo embriagados de placer al comprobar que no solo habían recuperado el mar colombiano, sino que lograron traerse el de Nicaragua.

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fOTOREPORTAJE

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa q

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a que un pacto honrado con la soledad”. GABO

Por: Steven Ramírez

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rEPORTAJE

Jóvenes y droga: la nueva libertad de “Simón Bolívar” Ganador Te Muestra 2013

Por: Natalia Delgado

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Es común ver al ‘parche’ en el nacimiento del barrio Simón Bolívar de Armenia. Un grupo de adolescentes, varios menores de edad, usualmente envueltos en una nube de humo. “Yo fumo porque con la droga me siento relajado, me despreocupo de los problemas, en estos momentos estoy trabado”, expresa *Damián, un joven de 18 años que consume desde los 16 y se apartó del colegio cuando cursaba octavo grado. Ahora se dedica a vender mora y según él, no solo destina sus ganancias para comprar droga sino que contribuye a suplir las necesidades de su hogar. Este joven de aretes, rastas en su cabello, gorra, piercings en lengua, rostro y orejas, tatuajes en varias partes del cuerpo, muestra con orgullo la parte inferior de su brazo derecho, para hacer entender al que le pregunta por una posible deserción de las drogas. La mata de marihuana, allí tatuada, irá con él para toda la vida. Al igual que la rebeldía del ‘Bart Simpson’ que también lleva plasmado en su piel. De todo, menos heroína Damián es integrante del ‘parche’. Consumir marihuana es aun más necesario para ellos que ingerir las tres comidas del día. El estudio ya no les parece importante, ni atractivo, ni indispensable y está fuera del estrecho proyecto de vida de cada uno, que parece reflejarse en sus raquíticos cuerpos. “Nosotros consumimos todos los días, mañana, tarde y noche, entre más efecto mejor, si usted tiene para fumar sigue fuman-

do”, manifiesta *Milton, otro chico de 18 años, con sus grandes ojos verdes camuflados entre la irritación rojiza que le produce esta hierba. Estos muchachos, que aseguran comandar el barrio, pero respetando a la comunidad, también fuman cripa, otra especie de marihuana pero manipulada en laboratorios, la cual ocasiona más efectos que la regular. Además, han consumido desde pegante hasta pepas alucinógenas. No obstante al nombrar la heroína, sus rostros se tornan temerosos. Aseguran no consumirla y jamás llegarlo a hacer. Un barrio dividido El Simón Bolívar parece dividirse en dos, pero no precisamente por la carretera destapada que lo fracciona. Según el grupo, la primera parte del barrio, donde ellos viven, es la más sana y la última, la más dañada. “Del destapado hacia arriba es una banda y hacia abajo es otra, pero a veces cuando los de arriba bajan, nunca más vuelven a subir”, explica *Ronald, un joven consumidor de 16 años. Charlar con Ronald es como hacerlo con un amigo más, su cálida sonrisa trasmite confianza y cuando un adulto le pide un favor él lo hace sin vacilación. Es querido por sus compañeros, amigos y profesores, quienes destacan grandes capacidades en él y talento para salir adelante, no es muy cumplido con sus tareas, pero se distingue por ser muy participativo en clase. Él es


el único miembro de este grupo de amigos que continúa estudiando, por lo que, algunos de sus profesores consideran que es todavía salvable. *Sonia Escobar, docente de la I.E. Bosques de Pinares, donde han estudiado estos jóvenes adictos, manifiesta que la mayoría de ellos han dejado el colegio porque han preferido la droga por encima de su formación académica. Según ella, a pesar de los esfuerzos hechos por todos los docentes, coordinadores y rectora, es difícil apartarlos del contexto en que se formaron, ya que desde niños están comprando la droga para sus mismos padres y parientes, como si fueran a comprar el pan para el desayuno. “Desde el 2005 que inicié en esta institución han asesinado a más de una docena de mis estudiantes por problemas de droga, ya sea microtráfico o consumo”, expresa la docente. Un muchacho “heroínico” Como afirma la profesora, al dejar el colegio los jóvenes se ven más propensos a sumirse definitivamente en el mundo de la droga y si no se encuentra una solución rápida, cada vez el problema empeora y tiene más consecuencias graves tanto para ellos como para la comunidad. *Julián es un joven ‘heroínico’, término que uti-

Julián afirma que sin la heroína le es imposible vivir. “Si yo no meto, me da dolor de barriga, escalofríos y ganas de vomitar”. Así mismo, confiesa que roba para poder adquirir el narcótico. Lo hace solo o con un compañero, ya sea con cuchillo, navaja, machete o hasta un palo y también al que, como él dice, le dé el ‘papayaso’. Expresa, con gran resentimiento, que su padre es el culpable de la vida que escogió, puesto que no lo dejaba estudiar. Quiso obligarlo a trabajar cogiendo café, porque para él lo más importante era que su hijo aportara recursos en el hogar. Al rehusarse, su padre lo echó de la casa. También son ladrones Como él, los jóvenes del ‘parche’ de la parte superior del Simón, de los cuales solo dos trabajan, también roban. En ocasiones lo consideran necesario para comprar la droga, en especial la ‘yerbita’. *Jaime, un joven de 20 años, perteneciente a este grupo, al igual que Ronald revela que practica los ‘quetos’, robos simulando un arma, ” le digo a todo el mundo: no se me mueva que le meto un plomazo. Sin tener ningún revolver”. Igualmente roba con algún tipo de artefacto intimidador.

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“Así es la vuelta, las cosas se dicen como son”, expresa después de su confesión. Pero aclara que no despoja de sus pertenencias a la gente del Simón porque esa se respeta, mejor van al barrio Bosques de Pinares o a La Castilla. Jaime perdió su muñeca izquierda después que en una navidad un taco de pólvora estallara en ella. Él es el único consumidor del ‘parche’ que terminó el bachillerato. Además, hizo un curso en el Sena. Jaime se declara un farmacodependiente, específicamente de perico, marihuana, pepas y gotas alucinógenas. Con la voz distorsionada, bajo los efectos de las pepas y la marihuana, afirma que si no las consume no se siente bien, se deprime, las palabras no le fluyen, le da rabia por todo y con cualquier cosa se desestabiliza. El carrito, el que merca Es usual ver a *Alex, un consumidor habitante de la calle, subiendo por la parte trasera del bus después de haber hablado con el conductor para que lo lleve gratis. Él es el conocido ‘carrito’, es quien compra la marihuana o como ellos nombran, es quien ‘merca’. “Él nos compra los moños y nosotros le damos cualquier liguita”,

rEPORTAJE

lizan los jóvenes para referirse a los consumidores de heroína. Tiene 22 años y vive en la parte baja del Simón, después del destapado. Dejó el colegio hace 10 años cuando se encontraba en sexto grado. Su aspecto es lamentable, es joven pero aparenta 10 años más de los que tiene. Su cuerpo es tan delgado que sus sucias vestiduras parecen colgadas de él. Su mirada está constantemente perdida, pues, mientras le habla a alguien en frente, sus ojos miran en otra dirección. Acercarse a él genera un escalofrío instantáneo y es inevitable percatarse del color oscuro de sus dientes y los espacios

entre ellos, así como de su sucia piel y los claros moretones en las articulaciones de los brazos.


rEPORTAJE 20

menciona Damián para referirse a los 500 o 600 pesos que le dan a Alex por el mandado. La razón por la cual deben enviar a Alex a otro sector de la ciudad, específicamente a la carrera 20 de Armenia para comprar la hierba, es porque en el barrio no se expende este tipo de drogas. Allí se comercializa es heroína, pepas y bazuco. Después del destapado se encuentran los viejos y nuevos puntos de expendio de estas drogas. Una casa ubicada en una de las últimas cuadras, enfrente de las fincas que le siguen al barrio, es el antiguo recinto donde acudían adictos y revendedores para adquirir sus narcóticos. Pero después de un allanamiento de la policía, este fue abandonado. Es común escuchar el rumor de que hay cómplices en la policía y avisan a los jíbaros cuando van a realizar allanamientos. En los límites del Simón con el barrio Cañas Gordas, un temido barranco enfrente de una esquina, se esconde la droga que actualmente se comercializa en el sector. Como es más difícil hacerlo en una casa específica, donde pueden atrapar a los responsables, los expendedores la guardan en agujeros allí, de tal forma que si la encuentran, no los atrapan a ellos. Al momento de guardar o sacar mercancía, unos se ubican en las esquinas como ‘campaneros’, es decir, son los que atisban para que no llegue alguien ajeno a esa organización. Muchos conocen del lugar, sin embargo, nadie se acerca, excepto para consumir, pues es claro el riesgo que se corre. A lo largo y ancho del barrio, se pueden ver múltiples sitios desolados, o los llamados ‘metederos’, puntos de encuentro para el consumo. Los potreros, barrancos y cañadas hacen que la inseguridad sea mayor. Hay una cañada, con un sendero, que conduce a los barrios Génesis y Cañas Gordas, otros sectores con diversos problemas sociales. Allí han aparecido en los últimos años los cadáveres ocasionados por guerras entre bandos de los tres barrios, relacionadas con el consumo de estupefacientes.

Aceptación de la comunidad “Ellos llevan una vida con pocas aspiraciones, pero tienen corrección. El día de mañana pueden ser honestos y trabajadores, ellos son seres humanos”, dice Abelardo, un hombre de edad avanzada, habitante del barrio y trabajador del campo. Él suele charlar con tres jóvenes adictos que en ocasiones se ubican en la puerta de su casa, quienes afirman que la mayoría de los habitantes del barrio consumen droga, que eso es muy normal y que sus padres y vecinos lo aceptan, solo advierten que de ahí no pasen. Uno de estos jóvenes, *Yeison, que frecuenta la casa de Abelardo, tiene 18 años y trabaja como reciclador en el norte de la ciudad. Su familia, como la de los demás, tiene completo conocimiento de su situación, pero lo asume como algo muy normal. De igual forma, el ‘parche’ asegura que el consumo de marihuana se da en todo el barrio, que prácticamente todos fuman y los que no lo hacen, lo ven completamente normal y rutinario, por lo que lo aceptan. Según Damián, la comunidad ha adoptado la ‘fuma’ como una cultura. Incluso advierte que desde los 7 años los niños están empezando a consumir. A plena luz del día, con un sol resplandeciente, el ‘parche’ se sienta en el parque a la entrada del barrio, ‘trillan’ la hierba, arman el ‘porro’, se rotan uno o varios de estos ‘baretos’, como ellos llaman al cigarrillo de marihuana o cripa. Mientras tanto, niños de 6 y 8 años juegan a su alrededor en una guerra de tierra y piedras. Cuando llega la noche, el ‘parche’ gana miembros y en los rincones del sector se empieza a percibir actividad. Una sensación de peligro se apodera del entorno, lo que hace que más de un visitante lo abandone presuroso. Varios de estos jóvenes fueron capturados por la Policía, entre ellos Jaime y Damián, quienes están condenados a 5 años de cárcel. Nombres cambiados por solicitud de las fuentes. Imágenes tomadas de internet.


Foros en la página web:

Hacia un punto medio Por: Francisco Molina

La tendencia cada vez más participativa e interactiva de los espacios web ha demandado a medios noticiosos a abrir foros en donde los usuarios pueden comentar y expresar su opinión con respecto a los hechos noticiosos. En el caso de Colombia, medios como “Semana”, “El Tiempo”, “El Espectador”, “El Colombiano” o “El País” ofrecen a sus usuarios tal posibilidad. Aun así, surgen dudas con respecto al uso de tales espacios, que en ocasiones se prestan para insultos y comentarios incitadores a la violencia. Aunque en ocasiones no se hace un uso ideal de los foros, cerrarlos o prohibirlos no es una solución correcta. Por el contrario, dichos espacios se pueden promover con el fin de abarcar más participación o diversidad. Son espacios necesarios que pueden contribuir a una mejor comprensión del hecho noticioso.

Es posible por otro lado que los participantes de los foros puedan entregar datos obviados en la información noticiosa

No hay que olvidar, por último, el carácter y la esencia de la web. La red es un espacio creado para fomentar la participación de los usuarios y cuya esencia se define desde el acceso a las informaciones. Por otro lado, la web tiende cada vez más hacia la interactividad, y en ocasiones a la inclusión del usuario como informador teniendo en cuenta el auge de las redes sociales y los dispositivos móviles, espacios u oportunidades desde las cuales el espacio noticioso puede beneficiarse más que perjudicarse. Sin embargo se da el caso de usuarios que aprovechando el anonimato hacen un mal uso del foro al insultar o fomentar la violencia. No se trata de censurar la libertad de expresión, aunque el fomentarla no implica abusar de ella y tomarla como pretexto para ofender o irrespetar. En tal caso para hacer un mejor uso de los foros en las páginas web de noticias sería bueno que dichos medios aclararan bien sus normas de participación y encargaran a un moderador quien esté atento a la discusión, la fomente y elimine aquellos comentarios que vayan en contra del respeto, el debate y la diversidad necesaria en este tipo de espacios.

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oPINIÓN

Cerrar los foros censuraría la libertad de expresión. Los espacios web, y sobretodo aquellos noticiosos, los cuales manejan asuntos de interés público, pueden tener un mejor funcionamiento si son accesibles a la diversidad y aporte que pueden dar las participaciones de los usuarios.

y con ello, dar pie a un debate de ideas, el cual puede ser enriquecedor al momento de concebir las informaciones noticiosas.


Ganador de Corte Final 2013

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Ganador Corte Final Foto reportaje 2014

Por: Felipe Giraldo


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Es indudable que en la sociedad crece el interés por los temas de impacto ambiental y ecología, sin embargo, desde los medios de comunicación se sigue ofreciendo una respuesta deficiente a esta demanda informativa. A los responsables de estos medios no les interesa responder a esta demanda porque es más lucrativo promocionar productos que les generen ingresos económicos en lugar de contribuir a un cambio social. Esta falta de compromiso de las instituciones comunicativas con el tratamiento adecuado de la información ambiental ha fomentado sin duda la apatía en las audiencias; dicho desinterés, unido a otros factores relacionados, se han visto reflejados en la desinformación sobre este tipo de temáticas. Los medios de comunicación son fabricadores de opinión y moldeadores de comportamiento, es por esto que tienen el poder de transformar la cosmovisión colectiva con el manejo estratégico de la información. A través de una comunicación “bien pensada”, es posible incidir en las comunidades de forma tal que actúen en fun-

ción del cuidado del medio ambiente, no solo por una visión que es plasmada en un artículo sino por todo un trabajo psicológico y cultural alrededor de ello. Es increíble todo el desgaste que implica la creación de campañas publicitarias para influir en la subjetividad colectiva y propiciar vacíos en los individuos que los llevan a comprar x o y producto o servicio. Todo este potencial es desgastado no solo porque a través de los espacios informativos se fomenta la cultura del consumismo (desde esta perspectiva son ellos los principales responsables de que se extraigan del medio ambiente recursos a una tasa mayor de la que puede recuperarse, provocando así su deterioro) sino porque se pierde la oportunidad de construir a través del poder de la palabra una cosmovisión diferente frente al tema del cuidado ambiental. Son sólo los medios quienes a través de este poder indiscutible de comunicar pueden iniciar una transformación de las prácticas que se tejen en la sociedad. La responsabilidad recae en gran parte sobre sus hombros y es necesario c o n t r a r re s t a r esta realidad de raíz.


El problema ambiental es un tema que nos compete a todos. Incluir prácticas conscientes y sostenibles en nuestra vida es trascendental para la supervivencia del ser humano. La producción de papel es una de las industrias que más perjuicios causan a la salud de la tierra, es por esto que muchos opinan que la prensa escrita debe ser reemplazada por un formato digital. ¿Hasta qué punto se justifica sacrificar un legado histórico por un aporte mínimo al cuidado del medio ambiente? Hablar de la prensa como un legado implica reconocerla como una tradición que ha permitido romper las fronteras de acceso a la información, aunque la digitalización no significa la pérdida de esta característica de la prensa. En el formato físico no solo se absorbe información sino que se completa el acto sagrado de enfrentarse a ella por medio del alimento de los sentidos; es textura, olor, color y diseño. La prensa escrita está cargada de un romanticismo difícil de reemplazar. Perder la tradición de la prensa escrita es perder una parte importante de la sociedad, pues esta ha sido la manera de mantener a la gente informada sobre lo que pasa en el mundo, de trascender las fronteras del espacio, de acercar territorios, de re-escribir realidades y suscitar emociones. La discusión sobre el futuro de la prensa editada en papel es un tema coyuntural, muchos opinan q u e esta

transf o r mación sería bastante conveniente en materia de cuidado ambiental. Esto podría ponerse en duda pues, aunque el despilfarro de papel periódico genera un impacto, la digitalización no es del todo saludable para el planeta. La Agencia para el Medio Ambiente y Control de la Energía, ADEME, realizó una investigación y obtuvo el siguiente resultado: Un e-mail con un archivo adjunto leído por diversas personas durante cinco minutos genera 19 gr de dióxido de carbono. ADEME asegura que enviar un correo con una imagen, un PDF o cualquier otro documento adjunto consume más energía de lo pensado, sin dejar de lado los equipos involucrados en el envío para cuya fabricación se consumió energía de varias fuentes. Creo que sería más útil que los periódicos usaran papel reciclado. Sin embargo, esta idea implicaría el uso de sustancias químicas para el blanqueado de la pasta en la elaboración de papel que contaminan el medio ambiente. Por lo anterior, no se justifica sacrificar años de tradición y letras por un aporte que no será notorio a gran escala; sería más viable adaptar nuevos modelos de contribución que no impliquen un sacrificio de la historia.

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iNVESTIGACIÓN 26

Hace ocho años, para estos tiempos, Maricela Garzón Ramírez no creía en nadie. La comunicadora social y periodista de la Universidad Católica de Pereira había logrado un Simón Bolívar, premio que reconoce los mejores trabajos periodísticos de Colombia. En plena ceremonia de premiación, Maricela escuchó su nombre como ganadora en la categoría Periodista Revelación. Ese llamado aún retumba en su mente.

Un Simón Bolívar difícil de olvidar ¿Por qué decidió participar en los premios Simón Bolívar? En el 2006 me doy cuenta de la convocatoria de los premios porque los directores de los medios siempre les están recordando a los periodistas sobre los trabajos que pueden participar. Yo tenía un reportaje que sentía que podía competir y así lo hice.

¿En qué consistió ese trabajo? Fue una serie de informes sobre un proceso de actualización de datos de personas que tenían Sisbén en Bogotá. Fue una organización desafortunada que hacía que muchos tuvieran que desplazarse entre 5 y 6 horas en bus para ir a actualizar sus

datos. Una persona murió en ese proceso.

¿Qué la motivó a realizar esa serie de informes? Mi intención era ser puente para evidenciar la tragedia de muchos. Tres días de estar allí, al sol y a la lluvia, con frío, no era fácil. Me apersoné de ese dolor y de la dificultad de estas personas.

¿Creyó que podía ganar? Mi jefe de emisión del momento me dijo que lo presentáramos. Es que fue mucho trabajo, tanto así que el alcalde ‘Lucho’ Garzón vio el


registro y tomó la decisión de declarar insubsistente al secretario de salud, que era el encargado del proceso. Los informes tuvieron repercusiones y como medio, cumplimos. Internamente sabía que muchos se presentaban y que yo apenas llevaba dos años de ejercicio, aunque la categoría lo permitía, pero uno piensa que toca esperar un poquito y fue sorpresa cuando llegó. Es un momento profesional donde uno sabe que está haciendo algo valioso. El solo hecho de verse en TV ya es grande, pero cuando los jurados internacionales reconocen tu trabajo es algo indescriptible.

¿Cómo fue ese momento cuando escuchó su nombre como ganadora? En las sillas cercanas estaba el ex presidente pereirano César Gaviria, eso ya era meritorio. Me llamaron dos veces y yo me pregunté: ¿soy yo? Era un pensamiento entre sí o no…no lo podía creer.

¿Cuándo asimiló ese logro? Cuando El Tiempo sacó en primera plana una información diciendo que sentía orgullo por sus tres ganadores de los premios Simón Bolívar, entre los que estaba yo. Empezaron a llegar cartas del presidente de la República y de empresarios, cartas que tengo enmarcadas en mi estudio. Uribe me mandó una carta de felicitación. Es un gran momento.

A Bogotá llegas y eres una persona del común. Cuando estás en la U te reconocen, pero cuando te vas, la ciudad sigue y te

¿Se puede decir que el premio cambió su vida? Me puso los pies sobre la tierra. Fue entender que estaba haciendo algo importante y por eso llegaba el reconocimiento. Han pasado varios años y todavía hablo del premio con mucho orgullo como lo estoy haciendo ahora.

¿Qué decirle a un estudiante que siente temor a la hora de participar en algún concurso? Una jefe de emisión, que era muy estricta, me dijo que cuidara lo que soñaba porque seguro eso se cumple. Yo soñé con ejercer el periodismo, soñé por debajo de lo que creo que alcancé. Uno cree que los sueños son victorias que nunca se van a conseguir.

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¿Sueña con otro premio? Sueño con reconocimiento en el área gerencial y corporativa, reconocimiento empresarial, porque en periodismo llegué a un tope donde me gradué con honores, llegué a ser jefe de emisión y a participar en la creación del canal de noticias ET. En la gerencia estoy dando pasos. Mi objetivo es ‘llegar a ser gente de bien’, eso a uno no se le olvida. Hace años no voy a la U, pero ese lo tengo grabado.

eNTREVISTA

¿El premio es más significativo al ser de una ciudad relativamente pequeña?

separas emocionalmente y pierdes el reconocimiento. Cuando me llamaban los medios de comunicación de Pereira yo me sentía muy bien. Cuando decían que era una pereirana triunfando en Bogotá me sentía orgullosa de mi ciudad.


cUENTO

Ganador Corte Final 2013

Por: Ángela Morales

¿Todavía Quieres? “¿Todavía quieres?” fue la primera frase que escuché cuando abrí los ojos. Estaba acostada y mis ojos se encontraban con la fuerte luz de la ventana. Mi mirada recorrió las cuatro paredes y lo único que vio familiar fue un póster en un rincón con un cartel de Los Beatles, aquella banda inglesa que tanto me gustaba. ¿Qué pasaba? Me toqué el cuerpo. Llevaba un camisón. No sentía dolor y esa frase que me despertó provenía de alguien que no estaba allí. ¿Qué había pasado? De repente, volví a escuchar un “¿todavía quieres?”proveniente de otra habitación. ¿Dónde estaba? ¿Qué sucedía conmigo? Cuando me senté, llegó el primer recuerdo.

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Recuerdo haber salido de mi casa con rabia. Hace dos meses había conocido a un amigo y él se estaba ilusionando sin yo haberle dado ninguna señal, no porque no me llamara la atención, sino porque me sentía insensible. Me sentía como una cerradura imposible de abrir. Sin embargo, ese recuerdo no me daba pistas para hallar el camino que me trajo hasta este lugar. Tiré mi cabeza hacia la almohada y al cerrar los ojos, me vi en esa calle que lleva hacia la cuadra de las discotecas y a las bibliotecas públicas. Tenía la misma ropa con la que había salido de mi casa, es decir, era probable que esa hubiera sido mi primera parada. “¡Hola! ¿Estás ahí?” Volví a la realidad. A mi lado había un hombre. No era el tipo de hombre con el que yo pasaría la noche. Un metro setenta de estatura, un cuerpo que denotaba poco ejercicio, gafas, ojos oscuros, barba y, eso sí, una sonrisa matadora. Me miró y me volvió a saludar. Esta vez escuché la voz más sexy que jamás había escuchado. ¿Quién eres tú? Le pregunté. “Después de la mágica noche que compartimos, ¿no recuerdas ni mi

nombre?” ¿Cómo que mágica? Me daban ganas de sacarle respuestas de la boca. “Te traje desayuno” y justo ahí fue cuando recordé que después de ver la calle de las discotecas, volteé y seguí caminando hasta encontrar un café acogedor, donde me senté para tomar un delicioso mocaccino. Creo que el hombre sintió que no estaba mentalmente junto a él, porque me agarró de un hombro, me sentó en la cama y me preguntó si estaba bien. “Sí. Pero estoy tratando de recordar”, a lo que él solo respondió: “las historias pueden salvarnos si utilizamos lo mejor de ellas y nuestra imaginación”. No sé por qué me dijo esta frase. Mi mente se devolvió a aquel café, donde, al parecer, hace un día estaba sentada. De pronto, vi en una mesa a una mujer que le contaba a un hombre un cuento, uno de esos que llaman la atención. Escuché una parte de la historia. Sin embargo, solo recuerdo la frase: “las historias pueden mostrarnos cómo ganar y en tu caso pueden convencer a la muerte”. Era la primera vez que escu-


chaba a alguien hablar de la muerte tan libremente. Pero las preguntas seguían rondando mi cabeza. ¿Por qué un cuento tan emocionante llegaba a hablar de la muerte? ¿Qué significaba la muerte? Llegué a la conclusión de que no me podía quedar sin saber de qué historia se trataba. Frente a mí, apareció de nuevo la cara de aquel hombre. ¿Qué sucedía? Lo miré a los ojos y me dijo: “Sí, son las primeras partes las que te intrigan y eso te sucedió”. Seguía sin entender. Me estaba empezando a frustrar. Hice el intento de pararme, pero él puso su mano sobre la mía y me dijo: “Ven. Te ayudaré a recordar”. De nuevo me vi en la calle que conducía a las bibliotecas públicas. Un árbol con flores rosadas en medio de la calle. ¿Flores rosadas? Dos hombres que reían a carcajadas. ¿Por qué reían? Una canasta llena de lámparas de aceite. ¿En esta época y lámparas de aceite? Si no hubiera sido porque llegué a la biblioteca me hubiera vuelto loca. Entré y recuerdo haberme sentido en otro mundo. No pude evitar sonreír como lo hacían los hombres que hace un momento había visto y con ganas de volverlos a ver, asomé mi cabeza por la puerta. Ya no había nada. Ni árboles, ni lámparas, ni señores. ¿Estaba mi mente jugando conmigo? Respiré profundo. Ingresé al lugar decidida a buscar un libro que siguiera la historia que la señora, allí en el café, había empezado.

Al final sí encontré un libro. Me observé, como si fuera otra persona, sentada en una de las mesas de la biblioteca con uno entre mis manos. No era cualquier libro. Tenía pasta azul, letras plateadas y era uno de los libros más gruesos que había visto. De pronto, un muchacho se sentó a mi lado y desde donde me observaba, solo veía su espalda. Nos vi conversando y vi mi sonrisa. No era tan fea después de todo. El hombre se paró, me miró y se despidió. En el instante en que bajé la mirada volví a la cama donde nos encontrábamos.

- ¿Qué estabas pensando? Me preguntó.

-Eh…yo he estado teniendo leves recuerdos de lo que pasó anoche, pero siempre se interrumpen y vuelvo a hallarme a tu lado, le respondí.

-Y según tú, ¿dónde estabas anoche?

- En la biblioteca, leyendo un libro azul y hablando con un hombre al que no logro verle la cara.

- Ay Sofi.

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No pude más que exhalar un grito de frustración. Él no me daba pistas, no me decía nada que pudiera ayudarme a retomar mi vida. Por un momento, mis ojos se nublaron y volví a aquella biblioteca, pero ahora sí veía todo desde mi propia perspectiva. Estaba tan concentrada leyendo que no me di cuenta, sino hasta que llegó, que quien se había sentado a mi lado y llevaba mucho rato mirándome, era el mismo hombre que estaba sentado conmigo en la habitación. “Hace un momento no me presenté –me dijo- mi nombre es Simón. ¿Tú cómo te llamas?” Ahora lo sabía. ¡Simón! Grité y efectivamente, el hombre en la cama volteó y me dijo: “Dime”, en un tono que hizo que se me pusiera la piel de gallina. “Dime Sofi”, volvió a repetir. -Simón, dime por favor, ¿qué estoy haciendo aquí? - Sofi, ¿recuerdas que hace un momento me decías que hace un día estabas en la biblioteca?

cUENTO

“… Y así fue que nos encontramos”, terminaba la frase mi nuevo compañero. Aún no sabía cómo se llamaba, pero generaba más curiosidad saber sobre él y nuestra ‘historia’. ¿Cuál es tu nombre? Le pregunté. “Ay, Sofía. Tú y tus chis-

tes. ¿Cómo no vas a saber?” Me dieron ganas de gritarle muy duro un “no sé”, pero me contuve porque no quería irme sin conocer su versión.


cUENTO

- Sí… - Bueno, pues...no fue hace un día. Llevas una semana quedándote aquí -¿Una semana? Pero ¿cómo llegué hasta aquí?

- ¿Pero...qué hemos hecho entonces? Ante esta pregunta, Simón soltó una pequeña carcajada, tan contagiosa, que yo también reí.

-¿De verdad no lo recuerdas? - No…

- ¿Qué crees que estábamos haciendo?

- Te lo mostraré…

- Realmente, no lo sé.

En ese momento me preocupé, hasta que llegó y me dijo: “Es por esto que te has quedado aquí, mostrándome la portada de un libro. Yo esa la reconocía. Era azul y tenía las letras plateadas. Era un libro muy grueso. ¡El de la biblioteca! ¿Podrías explicarme por favor?, le dije a Simón.

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al no haberte dicho mi nombre tenía una excusa perfecta para regresar. Sentí que necesitabas alguien para hablar, te invité a mi casa y llevas aquí desde eso.

- Ese último recuerdo, donde escuchas que yo te digo mi nombre, es en realidad el principio de nuestra aventura. Vi desde que llegaste a una mujer hermosa, pero triste. Te observé agarrar un libro y sentarte en la primera silla que encontraste. Como voy muy seguido a la biblioteca, pude reconocer el libro que escogiste. ‘Las mil y una noches’, uno de mis libros favoritos. Después de pensarlo, me acerqué y te saludé. Fuiste muy simpática y nuestra conversación fluyo. En ese momento recordé haberme visto sonreír. Simón continuó: -

M

e

Simón puso en mis manos el libro que hace un momento había traído y, sonriendo, me dijo: - Llevo leyéndote este libro desde que llegaste porque, todas las tardes, después de almorzar, eres como una niña pequeña a quien una historia es lo único que calma su llanto. - Y…¿por qué he estado llorando? - Me has contado tu historia. Que estás sola y que te sientes triste. Eso fue la primera tarde. Luego, me pediste que leyera el primer capítulo y desde eso, no hemos parado. - ¿Y cómo explicas que no recuerde nada? - Creo que las historias te hacen entrar en un trance del que no sé si saldrás. Ahora veía todo un poco más claro. No tenía memoria y sin embargo, me sentía bien. ¿Podía ser el efecto de la historia? Los árboles, los señores riendo, las lámparas, el humo…todo estaba relacionado con el libro.

despedí porque no te queríamolestar,

Ahora recordaba. Scherezada era la protagonista del cuento y ella le contaba una historia al Sultán todas las noches, dejándola inconclusa, para que a la mañana siguiente no la matara. Se parecía un poco a lo que pasaba con Simón. ¿Acaso él me leía para que yo no llorara?

pero sentí que

De nuevo, mil preguntas rondaron mi mente. Me vi por un momento en la biblioteca. Tenía la ropa que llevaba ese primer día. El libro que ahora tenía en las manos era uno de pasta roja con letras negras. Ya no era tan grueso. No había nadie mirándome, pero definitivamente seguía escuchando la voz de Simón que me guiaba. ¿Qué estaba pasando?


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Ganador Coomeva Buscarte 2014

Por: Valentina CastaĂąo


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Expresión2014 corregida 11 nov