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oy a contaros un cuento. Una vez, quince personas, conocidas como el Grupo Internacional de los Quince, acordaron, cosa extraña, reunirse en una ciudad del norte de España llamada Gijón, para hablar de un libro sobre los cuentos. Hablar, otra rareza, y sobre cuentos, más anómalo aún. Por eso, mucha gente curiosa se acercó a contemplar aquella extravagancia. La mayoría pensaba que ese despropósito iba a resultar un rollo insoportable. Pero las sorpresas y las excentricidaes no terminan aquí, los Quince, ellos y ellas, expertos en el difícil arte de la concisión, hablaron no más de tres mi-

Fotografía: Covi Sánchez

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nutos cada uno. Lo justo para decir lo que tenían que decir y no aburrir. Y la gente se quedó pasmada porque la concisión si que es una excepción. Ah, se me olvidaba, el libro del que hablaron se titula Los dones de los cuentos, escrito por un tal Paco Abril y publicado por una editorial llamada Octaedro. Y si alguien tiene curiosidad por saber lo que se puede decir en tres minutos o menos, aquí se recogen las memorables intervenciones de ese Grupo Internacional de los Quince.

El libro Los dones de los cuentos, se presentó en el Club La Nueva España de Gijón. En la fotografía pueden verse a los presentadores del libro, a los que ya se les conoce como Grupo Internacional de los Quince. Parece ser que alguien ha propuesto la candidatura de este colectivo para cuando se establezcan los Premios Nacionales de Comunicación Concisa. 2


Luis Miguel Piñera

Muchos adultos asturianos de hoy, gijoneses de hoy, tienen, tenemos, la “marca de Paco Abril”. Su impronta.

Fotografía: Paco Abril

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uenas tardes a todos y a todas. Hoy toca en el Club LNE de Gijón la presentación de un libro de Paco Abril, y como siempre pasa cuando él es protagonista nos vamos a asombrar. Eso sin duda. Nos tiene acostumbrados a ello. Nos suele dejar Paco Abril con la boca abierta siempre: cuando habla, cuando escribe, cuando expone sus obras de arte, sus collages, que son, como no podría ser de otra manera, sorprendentes también. No voy a relatar la vida (relativamente larga) y la obra (superlarga ya) de Paco Abril, entre otras cosas porque todos los que es3


táis aquí lo conocéis y lo admiráis, y conocéis de qué va. No necesita que yo le haga propaganda. Presenta hoy Los dones de los cuentos, que edita Octaedro que es su último libro, y a eso vamos. Su tesis es que existe lo que él llama, entre otros trece, el “don del deseo lector” y el “don de la empatía”, el ponerse en el lugar del otro. Y apuesta por las narraciones de los padres como el mejor estímulo para desarrollar el, también sorprendente y nunca suficientemente fomentado, hábito de la lectura. Paco Abril, como todos sabéis, es pedagogo, escritor, conocedor profundo de la literatura infantil… Hizo historia de la literatura infantil con el suplemento La Oreja Verde que llegó al número mil en LNE; lamentablemente ya no existe La Oreja Verde, y se nota su ausencia. Coordinador de bibliotecas, conferencias múltiples las de Paco, y cursos miles. Libros muchos antes de este, y artículos cientos en revistas y en prensa. Exposiciones clásicas de él son Juul o Elmer o La niña de la Nube… Con alma de papel, fue el título de una exitosa exposición de collages de Paco Abril. O libros como Alma de papel o Peter Pan visita Picos de Europa… en fin, muchos. Hasta este último. Y premios muchos también. En 1979 le conFotografía: Juan Garay 4


cedieron un premio nacional a la mejor Labor Crítica de Literatura Infantil…Pero yo creo que su favorito es el Premio María Elvira Muñiz de Promoción de la Lectura, que le concedieron en el año 2013. Porque Paco eso es lo que hizo y hace toda su vida: promocionar la lectura y fomentar la imaginación, de niños y de adultos. Muchos adultos asturianos de hoy, gijoneses de hoy, tienen, tenemos, la “marca de Paco Abril”. Su impronta. En la presentación del libro de Paco intervienen, intervenimos, quince personas que voy a citar empezando por mi: Luis Miguel Piñera, María Jesús Lavandero, Rafael Gutiérrez, Ana L. Chicano, Carlos G. Espina, Julián Pascual, Sonia Segarra, Sixto Cortina, Braulia del Coz, Paco Álvarez Velasco, Vanessa Gutiérrez, Ana Belén Puppy´s, Manuel Abril, Francesco Barili, y el propio Paco, claro. Termino diciendo lo obvio, que Ana y Manuel son parte indisoluble de Paco Abril, y son parte fundamental en todo lo que él hace, y en todo lo que hará sin duda. No me llevará el la contraria.

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María Jesús Lavandero

Pese a que ya soy una maestra veterana, este libro me lleva a reflexionar sobre lo que hago cada día en la escuela y cómo lo hago y me ayuda en esta difícil, pero hermosa, profesión de maestra.

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on los años he descubierto que hay dos tipos de personas, las que esconden un tesoro cuando lo encuentran (para que no se lo roben, para ser el único que lo tiene, para reclamar sus derechos sobre él…) y personas que, por el contrario, cuando dan con un tesoro no se lo pueden guardar para ellos solos, les quema en las manos, y necesitan compartirlo, contarlo, regalarlo… Doy fe de que Paco Abril pertenece a este segundo grupo. Como tantas personas: maestras, niños y niñas, padres, madres, profesores…, puedo hablar de su generosidad, de su entusiasmo “infantil” (el entusiasmo más puro), de su desbordante deseo de 6


compartir los tesoros que ha acumulado en años de experiencia y contacto con los libros, los duendes, los cuentos y los niños. Este libro que hoy se presenta, Los dones de los cuentos, es su último tesoro compartido. En él pone a nuestra disposición sus intuiciones, experiencias y conocimientos sobre los cuentos. Él, un escritor y contador de cuentos, nos descubre los dones que estos encierran.

Fotografía: Juan Garay

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Como maestra de primaria que soy, me gustaría centrarme en el don del deseo lector. Cuántas veces en la escuela con la mejor intención y llevados por ese deseo de que los niños y niñas lean y lean bien, lo único que conseguimos es el efecto contrario, que aborrezcan la lectura. Y es que probablemente, una vez que los niños aprenden a leer, nosotros dejamos de leerles y la lectura pasa a ser una tarea escolar más. Nos entran las prisas y queremos que lean correctamente, que comprendan lo que leen, que sepan hacer un buen resumen, y sí todo eso es importante, pero no debiera ahogar lo fundamental, el gusto por leer. La tarea no es fácil, no siempre acertamos ni conseguimos este propósito. Qué hacer entonces. En este momento los cuentos vienen en nuestra ayuda, pues como dice Paco Abril en su libro: “Los niños consiguen el don del deseo lector cuando alguien les regala desinteresadamente la lectura de un buen cuento”. Sí, también en la escuela, y no sólo a los niños pequeños, debiéramos los maestros leer a nuestros alumnos. Concederles y sin nada a cambio, ni fichas, ni resúmenes, ni esquemas, la lectura de un buen libro. Por eso, yo quiero agradecer a Paco el don de este libro, porque pese a que ya soy una maestra veterana, sus palabras me llevan a reflexionar sobre lo que hago cada día en la escuela y cómo lo hago y me ayudan en esta difícil, pero hermosa, profesión de maestra.

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Rafael Gutiérrez Testón

…lo que sí creo, y lo digo por experiencia propia, es que la distancia que me ha separado a mí (que a veces me considero una persona) de la felicidad, a menudo ha sido una historia; y mi historia, la que hoy quiero contaros comienza como muchas otras: “Érase una vez un sombrero.…” Fotografía: Paco Abril

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icen, que dice Miguel Ángel Santos Guerra en el prólogo de este libro, que “La distancia más corta entre una persona y la verdad es un cuento”. No sé si me atrevería a corroborar una idea tan rotunda, pero lo que sí creo, y lo digo por experiencia propia, es que la distancia que me ha separado a mí (que a veces me considero una persona) de la felicidad, a menudo ha sido una historia; y mi historia, la historia que hoy quiero contaros comienza como muchas otras: “Érase una vez un sombrero que estaba situado en un rincón del escaparate de una pequeña tienda del centro de Londres. Un re9


verendo anglicano llamado Edward Crompton se paraba todos los días tras la luna y fantaseaba con el instante preciso en el que reuniría el dinero suficiente para hacerse con aquel sombrero y poder así intercambiar unas palabras con la muchacha de la dulce sonrisa que trabajaba en aquella tienda. –Sigue Papá, no pares ahora, ¿qué pasó luego?, cuéntame cómo os escondíais para que no os viera el abuelo… –Descansa, Richman, que mañana tienes que madrugar para ir al colegio. El colegio es un rollo, Papá, ya no quiero ir más, quieren que aprenda aritmética y geometría, no puede haber nada divertido con esos nombres… yo quiero ir al bosque a jugar con mis amigos y no ser una niña aburrida como Humbertito Lane… Anda, por favor, sigue con la historia… Muchos años, y sin pelotón de fusilamiento fallecido, Richman Crompton aún conservaba el sombrero de su padre. Ese sombrero, el sombrero que su padre compró para acercarse a su madre, la transportaba a las noches en las que él le contaba historias de lugares remotos, justo después de arroparla, pero antes del beso de buenas noches. Richman se convirtió en escritora y lo que casi nadie sabe es que para escribir sus historias siempre se cubría la cabeza con el viejo sombrero de su padre y que con él creó las historias de Guillermo Brown. Las mismas historias que leería tiempo después un niño de 8 años en Barcelona. Las mismas historias que le ayudarían a desarrollar una oreja verde: “una oreja de niño que le sirve para oír cosas que los adultos no se paran a sentir” Ese niño de 8 años ahora lleva sombrero y yo, que creo que la verdad está en los cuentos, sé que ese sombrero es el que Edward compró en una pequeña tienda del centro de Londres, el mismo 10


sombrero que se ponía Richman Crompton para escribir las historias de Guillermo Brown y el mismo sombrero mágico que le permitió hacerse mayor, pero un mayor pequeño, y que lo convirtió para siempre en un proscrito de verdad; un proscrito al que todos queremos unirnos para ir con él a un bosque donde nadie pueda encontrarnos, vivir de moras, raíces y cosas y, si salen a buscarnos, nos subiremos a los árboles y nos esconderemos o tiraremos contra ellos con arcos y flechas. Viviremos como proscritos siguiendo a un mayor pequeño con oreja verde y con un sombrero mágico que posee el eterno secreto de Los dones de los cuentos.

Fotografía: Juan Garay 11


Ana L. Chicano

Me di cuenta, leyendo Los dones, de que contar cuentos es otra forma de amamantar en la que pueden participar por igual la madre y el padre.

Fotografía: Paco Abril

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e tenido el privilegio de seguir el proceso de creación de Los dones de cuentos paso a paso, desde su primera versión en la revista CLIJ, hasta esta publicación, muy ampliada, de la editorial Octaedro que hoy podéis tener en vuestras manos. Desde el principio Paco y yo acordamos que sería su primera lectora crítica. Y el acuerdo ha funcionado siempre a las mil maravillas. Así que cada vez que le ponía alguna pega, él cumplía su parte de volver a reescribirlo. Seguí el nacimiento de los dones como si fuese algo que estuviera haciendo yo. Las conclusiones a las que llegó Paco durante 12


este proceso forman, y formarán, parte de mi propio desarrollo como persona. Cuando nació nuestro hijo Manuel, le di el pecho, lo amamanté, cosa que, de nosotros dos, solo yo podía hacer, claro está. Pero lo que sí podíamos hacer ambos era contarle cuentos todas las noches. Aquella deliciosa rutina, a la que siempre acudíamos de buen ánimo, se convirtió en una necesidad, Manuel prefería quedarse sin cenar a quedarse sin su cuento. Me di cuenta, leyendo Los dones, de que contar cuentos es otra forma de amamantar en la que pueden participar por igual la madre y el padre. Una forma que deja una huella imborrable tanto en los niños como en sus progenitores. Este libro tiene mucho de aquella experiencia de amamantar contando, de aquella íntima e inolvidable experiencia lectora. Y lo transmite al lector. Podría hablaros de otros detalles del libro, pero ahora quiero detenerme en un aspecto en el que apenas suele hacerse hincapié, aunque sea lo primero en lo que nos fijamos. Me refiero a su cubierta.

Fotografía: Juan Garay 13


Me correspondió a mí elaborar una propuesta de diseño para presentársela a la editorial. Buscando entre las posibles opciones, encontré una escultura de piedra creada por Paco, y a la que él había titulado Paternidad, que simbolizaba esa relación afectiva que se establece al contar. Las piedras parecen remitirnos a expresar dureza, pero aquellas dos juntas, una grande protegiendo a otra más pequeña, hablaban, por supuesto que sí, hablaban de ternura, de protección, de arropamiento. Y esa ternura, esa relación, ese vínculo afectivo era, sin duda el eje sobre el que pivotaba todo el libro. Hice el diseño de la cubierta con ese padre y su hijo de grandes ojos que parecían querer verlo todo y, la editorial Octaedro, que en todo momento acogió este libro con los brazos abiertos y lo editó con amoroso cuidado, también aceptó esta propuesta adaptándola al formato y a la tipografía que ellos tenían previsto. Lo que pretendí, en resumen, y no sé si lo habré conseguido, es que el libro empezara a destacar la importancia de los vínculos que se crean contando, hasta antes de abrir sus páginas.

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Carlos González Espina

El don apacible

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l contrario que la gran mayoría de españoles, soy asiduo de las bibliotecas públicas. Bien es cierto que la cosa no tiene mucho mérito porque mi profesión fue, durante más de veinte años, la de bibliotecario. La experiencia adquirida durante todo ese tiempo me enseñó que la cultura y el conocimiento no se adquieren, ni se adhieren a nosotros, por su sola proximidad. Mientras me ocupaba colocando en los estantes los libros devueltos, o revueltos, por los lectores, fue creciendo en mí la vaga esperanza de que algo de Guerra y Paz, de Los hermanos Karamazov, de Ana Karenina o El rojo y el negro, se quedara prendido de mi mente al solo roce de 15


sus lomos o tejuelos. Enseguida pude comprobar que eso no iba a funcionar. Tampoco me fue de gran utilidad revisar las solapas y contracubiertas, aunque pronto llegué a hacerme un experto en Literatura Solapada, género injustamente despreciado y considerado como menor, siendo como es realmente el que más lectores tiene en realidad, sobre todo entre los de mi profesión. Viene esto a cuento (porque hoy se trata de traer cosas a cuento, ¿no?) de que hubo durante bastante tiempo un libro a cuyo lado pasé muchísimas veces sin llegar ni siquiera a abrirlo, cohibido por la anchura de los imponentes lomos de sus dos volúmenes, impresionado por su tamaño (unas dos mil páginas) y, sobre todo, sugestionado por el título: El Don apacible. Lo que para mí había de sugerente en aquel título (eso lo supe después) procedía de una interpretación totalmente errónea por mi parte. Ese misterioso “don”, al que acompañaba el sedante adjetivo “apacible”, no era un don

Fotografía: Juan Garay 16


minúsculo (quiero decir, en minúsculas) sino que se escribía con mayúsculas, como siempre sucede (muy justamente) con los nombres de los ríos. Sí, aquel Don era todo un señor río, señor Mijail Sholojov, y su novelón es (ahora puedo decirlo) una grandísima novela río (seguro que los representantes del pueblo tártaro aquí presentes estarán de acuerdo en ello). Reconocida públicamente mi ignorancia y repuesto, aunque un poco tarde, de ella (al menos en este concreto asunto) me queda cierta nostalgia del momento previo a la lectura de aquel libro, cuando yo esperaba adentrarme en los misteriosos y prometedores secretos del don más apacible. Sin embargo, de un equívoco surgió paradójicamente una certeza. Y ahora creo saber en qué consistía aquel don, que no es ninguno de los trece que nos desvela Paco Abril en este libro que colectivamente hoy presentamos (quintaesencia de sus muchos años de apasionada y apasionante dedicación a vivir de, desde, entre, por y para el cuento). No es ninguno de esos trece dones pero, al mismo tiempo, es todos ellos, porque el don apacible es sin duda el don lector. Nadie hay más sosegado, suspenso y en paz consigo mismo que la persona que está leyendo, ajena a las asechanzas del mundo y libre de sus propias preocupaciones. A promocionar ese apacible don dedicó Paco Abril unos cuantos años, unos cuantos libros, unos cuantos suplementos, unos cuantos programas de televisión, unos cuantos cuentos y muchos, muchos cuentacuentos. Justo es que, apaciblemente, le mostremos nuestro agradecimiento por todo ello, en especial los que alguna vez (o muchas) hemos coincidido en su camino. 17


Julián Pascual

La lectura de Los dones de los cuentos constituye en sí misma un don, que encierra otros dones. Me refiero al don de querer leer de un tirón, el don de lamentar que se acabe el libro y de esperar el siguiente, el don de querer buscar otros dones en los cuentos y, sobre todo, el don de las preguntas.

Fotografía: Paco Abril

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a lectura de Los dones de los cuentos constituye en sí misma un don, que encierra otros dones. Me refiero al don de querer leer de un tirón, el don de lamentar que se acabe el libro y de esperar el siguiente, el don de querer buscar otros dones en los cuentos y, sobre todo, el don de hacerse preguntas. A continuación, me voy a referir a estos dos últimos. Buscar otros dones en los cuentos resulta una consecuencia lógica, natural, de la lectura del libro. Uno se pregunta si los cuentos no propiciarán más de trece dones y, en ese caso, cuáles podrían ser. Por ejemplo: El don de escuchar, tan ligado al de la atención. 18


El don de iniciarse en la lectura (ya sea lectura por cuenta ajena o por cuenta propia), tan ligado al don del deseo lector. El don de preparar para el éxito escolar. El don de iniciarnos en la literatura. El don de la alegría. El don de parar el tiempo y de que a la vez pase muy rápido. El don de querer repetir la lectura del mismo cuento o de otro diferente. El segundo don que quiero destacar de la lectura del libro de Paco es el don de hacerse preguntas, porque ello nos hace ir más allá del texto y relacionarlo con nuestras inquietudes e intereses.

Fotografía: Juan Garay 19


Casi lo de menos es si encontramos respuestas certeras, intuiciones, dudas o solo otras preguntas asociadas. Por ejemplo: ¿Los dones de los cuentos están en los propios cuentos o en el proceso de contarlos, o en ambos? ¿Algunos dones de los cuentos se podrían encontrar en la poesía o en otros géneros literarios? ¿Los cuentos solo conceden dones a los niños y niñas? Y, si no es así, ¿por qué dejamos de contar cuentos cuando estos van siendo mayores? Para que los cuentos aporten sus dones, ¿hace falta algo especial o es suficiente con contarlos con ganas? ¿Por qué en la escuela no tenemos tiempo para contar, leer y hablar sobre los cuentos, si es que de verdad aportan tantos dones? Para finalizar, quiero destacar un último don que nos ofrece la lectura del libro: el don del silencio. La lectura de cada capítulo sumerge al lector en un estado que podría denominarse de “diálogo silencioso”: he terminado de leer el capítulo sobre uno de los dones y, antes de pasar al siguiente, me quedo un instante en silencio y repaso y “degusto” lo que acabo de leer, lo que el texto me ha sugerido. Se trata de un silencio con el que te aíslas para sentirte acompañado, porque al mismo tiempo que lees “Los dones de los cuentos”, te vienen a la mente cuentos concretos y momentos concretos con mayores y pequeños que te los contaban y a quienes tú se los contabas. Tú sabes que los cuentos forman parte de tu vida y quizá lo habías olvidado: “había una vez…, y de repente… y colorín colorado…”. Por eso creo que los cuentos, y también este libro sobre los cuentos, nos aportan un don excepcional: el del diálogo con uno mismo; o sea, el don del silencio que suena o resuena en nuestro interior. Muchas gracias y felicidades, Paco. 20


Sonia Segarra

“¿Mamá, de mayor puedo ser escuchacuentos?” Me preguntó una noche durante "el momento del cuento" una de mis hijas.

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uando Paco me invitó a participar en la presentación de su libro, un “por supuesto” salido del corazón se precipitó desbocadamente, dejando atrás a los prudentes “no sé ”, “ y si mis palabras no están a la altura”… Ha sido el corazón el que me ha sentado aquí esta tarde y la admiración que siento por la obra de este “amigo del ALMA”. A lo largo de estos años a su lado, al de Ana y por supuesto al de Manuel, he sido obsequiada con un sin fin de dones: afecto, consuelo, imaginación, empatía, deseo lector… Algunos de ellos me han llegado a través de lecturas compartidas, de charlas con sabor a café, de silencios frente a alguna de sus obras, de anécdotas de nuestros pequeños grandes “escuchantes”. 21


“¿Mamá de mayor puedo ser escuchacuentos?” Me preguntó una noche durante "el momento del cuento" una de mis hijas. “Escuchacuentos” así todo junto; a quien podríamos definir como: profesional de la escucha atenta, con gran deseo lector, dotado de un sinfín de dones, gracias a la generosidad de los cuenta cuentos y a su pasión por la verdad. Dones que Paco describe en este libro y que lleva meditando, barruntando, mascando e hilvanando con precisión artesana desde hace más de 30 años. Gracias, Paco, por provocar en nosotros el deseo lector, por provocarnos las ganas de ampliar tus citas y nuestras bibliotecas.

Fotografía: Juan Garay 22


Como madre me he reconocido (en lo bueno y en lo menos bueno) en muchos de los capítulos del libro, no voy a desvelar en cuales…Y de su lectura he descubierto otro don que sí querría compartir con vosotros, el don de la “horizontalidad”. Pasamos nuestra infancia “literalmente de puntillas”, mirando a los mayores desde abajo, alzando nuestras cabezas y nuestras manos para alcanzar el interruptor, la silla, el columpio del parque… Pero ¡Oh maravilla! Esa distancia desaparece en el momento del cuento. Mientras leo a mis hijas, y ellas a mi, estamos en un mismo plano, no hay unidades de medida que nos separen. Nuestra voz, nuestra mirada, nuestra escucha, nuestra emoción, nuestra atención… están a un mismo nivel, lo que es posible gracias a la generosidad y al afecto, entre otros dones. ¿Varitas mágicas? Los cuentos son mucho más que eso, su capacidad de transformación es real, como lo es su embrujo y Paco ha sabido desgranar, en este libro, los ingredientes de su hechizo intemporal. En la contraportada de “Los dones de los cuentos” el editor nos invita a leerlo como “una novela fascinante” yo os propongo además compartirlo, jugar con él, llevarlo a la calle, a las aulas, al instante del cuento. Conjugar sus dones, recitarlos y hacerlos crecer como verdaderos lectores. Se lo debemos a esta “tesis”, se lo debemos a “don” Paco.

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Collage: Paco Abril


Sixto Cortina

Paco Abril receta cuentos pa los neños y relata, encontándose en cites y llectures, los beneficios d'esti principiu activu. ¿Qué ye lo que curen los cuentos que los adultos lleemos a los neños? Fotografía: Paco Abril

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uenes tardes. Estimáu públicu, compañeros nesta multitudinaria presentación. Paco, munches gracies por convidame a presentar estos “Dones de los cuentos”. Queridos amigos, tengo que dicir qu’esti llibru qu’agora presentamos a lo que más se me parez ye al prospectu d'un medicamentu. Esplícome. Yo tengo que confesar que tarrezo enormemente abrir les caxes de lo que nos receten los médicos, porque nun soi quien a evitar la tentación de lleer, neses sábanes de papel de lletra minúsculo, les indicaciones, les dosis y, especialmente, amigos míos, los efectos secundarios. La consecuencia, inevitable, ye que delles veces quítense-y a ún les ganes de curase, con tanta afectación al riñón, daños pal fégadu o amories 24


circunstanciales. Sin embargu, Los dones de los cuentos son el prospectu d’un medicamentu que, oh maravía, nun contién más qu'efectos benéficos pa la infancia, ensin que se-y conoza efectu secundariu ningún, y son, pa enriba, un prospectu de llectura apasionada y documentada. Paco Abril receta cuentos pa los neños y relata, encontándose en cites y llectures, los beneficios d'esi principiu activu que son los relatos. ¿Qué ye lo que curen los cuentos que los adultos lleemos a los neños? Yo creo que curen tres coses: la señaldá, la soledá y el plasmu. La señaldá, porque los neños echen de menos coses que tovía nun tienen, nuna especie de melancolía anticipada; la soledá, porque los neños sienten que naide los escu-

Fotografía: Juan Garay 25


cha con atención; y el plasmu, porque los neños van descubriendo'l mundu, a poco y a poco, y, al tiempu que lu descubren, van dexando, precisamente, de ser neños. Los bonos relatos aseméyense tamién al trucu d'un bon magu: producen efectos por un mecanismu que se nos escuende a la vista del profanu y que Paco Abril esplica nesti llibru atropando d'equí y d'ellí razones na propia esperiencia de contador qu’él tien, pero tamién n’argumentos de filósofos, educadores, neurólogos y psicólogos. El númberu de los beneficios descubiertos que tien lleer cuentos a los neños puede crecer si Paco Abril anecia na investigación y sigue observando, en posteriores esperimentos clínicos, más efectos de los relatos sobre la infancia. A mí tamién me presta citar, Paco, pero préstame muncho más marutar cites como si tuviéremos n’Antroxu, y voi facelo con una del poeta francés Paul Valéry, quien, refiriéndose al exerciciu de la democracia, dixo que “nun consistía en dar ensin más a la xente lo que pide, sinón n’entrugar a los ciudadanos qué ye lo que necesiten”. Vistida pa la ocasión, y como resume, yo diría que: “Nun tenemos queyos dar a los neños lo que piden, tenemos que preguntayos qué ye lo que necesiten”. Y la meyor manera de facé-yos esa entruga ye, como tú demuestres, contándo-yos cuentos. Munches gracies.

Fotografía: Paco Abril 26


Braulia del Coz

Según iba leyendo el libro iba cobrando fuerza la imagen de él como un gran árbol frondoso, bien armado, bien estructurado. Gran árbol que seguirá creciendo y ramificándose con cada lectura que de él hagan todas aquellas personas que compartan con nosotros la idea de que los cuentos son vida y, por tanto, ¿cómo negarte a regalar un cuento contado con amor?

Fotografía: Paco Abril

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ientras leo “Los dones de los cuentos” ronda mi cabeza, parafraseando las palabras cantadas del poeta, una idea: “¿A dónde irán tantos y tantos cuentos si no los contamos, si generosamente no los regalamos?”. En mi trabajo como educadora infantil tengo el privilegio y la responsabilidad de contar cuentos cada día a unos seres, niños y niñas desde casi su nacimiento hasta los tres años, que son pura luz, transparentes como agua cristalina. Los cuentos les enganchan. El momento del cuento es un momento mágico. De entrada es regocijo, es placer. Ya desde estas edades tempranas cuando escuchan un cuento aflora a sus caras 27


todo un mundo de emociones y sentimientos tan intensos como los que tienen en sus experiencias de vida, de relación, de juego,… ¡¿Cómo privarles de ellos?! Pues bien, soy plenamente consciente de este privilegio y sobre todo de esta responsabilidad desde que, hace unos cuantos años ya, un numeroso grupo de docentes, por primera vez, escuchamos a Paco en una conferencia ir desgranando uno a uno los dones de los cuentos. Y algo se nos removió dentro. Estaba poniendo en palabras aquello que como educadoras intuíamos, sentíamos. Es de esas cosas que te pasan de repente que hacen que ya no puedas volver a ver lo mismo como antes, te ponen unas gafas de ver diferentes y además no te las puedes quitar. ¡Genial!. Poco tiempo después podíamos deleitarnos con su lectura en la publicación por entregas en la revista CLIJ. Y ahora, de nuevo, llegan estos dones a nuestras manos cobijados, uno al ladito del otro, en este libro. Todo en él invita a su lectura: el formato que lo hace abarcable y acariciable; la portada sugerente de tantas ideas y emociones de entre las que me quedo con la de acogimiento; el lenguaje que utiliza

Fotografía: Juan Garay

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tratando con mimo cada palabra haciendo de su lectura un gozo; la esmerada edición; el contenido atractivo, riguroso, documentado,… El texto es un intercalar fluido de sólidas fundamentaciones desde diversos campos del saber (psicología, pedagogía, filosofía, lingüística, sociología...) de estudios e investigaciones realizadas por el propio Paco en base a experiencias y al contacto directo con niños y niñas a lo largo de su dilatada vida profesional, y de referencias y reseñas de cuentos y relatos a modo de ejemplos clarificadores –lo cual es un plus añadido al disfrute de su lectura para los que siempre estamos ávidos de cuentos–. En suma, ¡Qué buena elección de mimbres para este cesto! Según iba leyendo el libro y me adentraba y recreaba en sus páginas ( lo he leido de un tirón), iba cobrando fuerza la imagen de él como un gran árbol frondoso, bien armado, bien estructurado. Árbol nacido de aquella semilla, quizás ya germinada, que Paco sembraba cuando, con alma y pasión contagiosa, como siempre él hace, nos hacía partícipes de estos dones a los que asistíamos ojipláticos en aquella su disertación. Semilla, ni que decir tiene, que ha sido en el transcurso de todos estos años adecuadamente abonada, cuidada con esmero y dedicación, mimada,… con el estudio y la observación atenta, la investigación, la reflexión y una gran carga de erudición. Y, como soy de las que piensan que lo mejor está aún por llegar, este gran árbol seguirá creciendo y ramificándose con cada lectura que de él hagan padres, madres, abuelos, abuelas, maestras, maestros y todas aquellas personas que compartan con nosotros la idea de que los cuentos son vida y, por tanto, ¿ cómo negarte a regalar un cuento contado con amor? Auguro que será un gran árbol de larga vida. Gracias Paco por tus palabras acariciadoras, por tus palabras compartidas. Gracias por este regalazo: Los dones de los cuentos. Y…sígueme contando. 29


Francisco Álvarez Velasco

¿Y los dones de Paco Abril? En la dedicatoria que me hizo de su libro, quedan perfectamente resumidos: “Palabras que unen, palabras que clarifican, palabras que abren caminos, palabras al servicio de los demás”. El lector deberá corresponder con el don del agradecimiento.

Fotografía: Paco Abril

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egún los teólogos, siete son los dones del Espíritu Santo; a saber, sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Parte de ellos están incluidos en los que Paco Abril descubre en los cuentos, aunque desde una dimensión radicalmente laica y antropológica y con el significado de “dádiva, presente, regalo” –DRAE– como los que reparten las hadas a los recién nacidos en un poema de Baudelaire. Paco Abril, que no debe de ser supersticioso, extiende hasta trece los dones de los cuentos: afecto, consuelo, palabra, pensamiento, identificación, imaginación, fuga, lectura, empatía, conocimiento, atención, verdad y prevención. No aparece en la lista la palabra “libertad”. De ella decía Don 30


Quijote —“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”. Pero los dones de los cuentos están aquí expresados con significantes de ricas connotaciones semánticas. En este caso, la libertad va incluida en el don de la fuga: fuga –dice Paco Abril, con una imagen acertadísima-, “de la pegajosa tela de araña de una realidad plagada de discursos, de obligaciones, de incompresiones y, sobre todo de aburrimiento”. Bastaría este capítulo para defender la necesidad vital de los cuentos, contra –y cito otra vez a Baudelaire en el mismo poema- “esos razonadores tan abundantes, incapaces de levantarse hasta la lógica de lo absurdo”. Cuando leí esas páginas de Los dones de los cuentos recordé el poema “Los ángeles colegiales” de Alberti, en el que parece evocar la tediosa vida en el colegio de jesuitas de su niñez, donde “la tarde cerraba compases para al alba abrir libros”, y que termina con estos versos: “Sólo sabíamos que una recta puede ser curva o quebrada y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética”.

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¿Y los dones de Paco Abril? En la dedicatoria que me hizo de su libro, quedan perfectamente resumidos: “Palabras que unen, palabras que clarifican, palabras que abren caminos, palabras al servicio de los demás”. El lector deberá corresponder con el don del agradecimiento. Y termino con los pecados de Paco. Los capitales son siete: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, soberbia. Estoy seguro de que no comete ninguno de ellos. Solo le encuentro uno venial: salvo en una ocasión, en su libro se ha olvidado de los abuelos. Así que mi consejo es que, en la próxima reedición, donde dice “padre y madre” añada “abuelo y abuela”. Y que en la magnífica imagen de la cubierta, sobre la piedra grande añada otra mayor y con más arrugas.

Fotografía: Juan Garay 32


Vanessa Gutiérrez

¿Por qué soi la que soi, y faigo lo que faigo de meyor o peor manera? Descubriendo los dones, fui avanzando hacia mi alcontrando claves, como quien, recorriendo los caxellos d'un cascayu, va destramando les causes.

Fotografía: Paco Abril

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uién nun se recuerda na infancia cayendo, una y otra vez, na trampa del Cuentu la Buena Pipa? Nenguna fórmula yera l'adecuada. O quiciás toes yeren válides nel fin últimu de captar l'atención y l'entusiasmu del que, por edá y sinceridá brutal, amosaría la so disconformidá énte cualquier cosa que nun-y resultare un estímulu verdaderu. Sicasí, y pesie a esa magnífica esperiencia, d'adultos fartucámonos de dicir que nun tenemos nada que cuntar. O escudámonos nel que nun sabemos cómo facelo. Recomendaría entóncenes que toos: docentes, padres, tíos, güelos, o simplemente persones que quieran aprender a relacionase, llean l'últimu llibru de Paco Abril tituláu “Los dones de los cuentos”. Y nun suxero que se 33


llea con atención, porque esta ta asegurada una y buena s'empiece con esti estudiu que ta escritu col secretu de Sherezade, al traviés de relatos, esperiencies, cites y reflexones que nos atrapen, faciéndonos dir del yo hasta'l nosotros, nun vuelu al pasáu que nos impulsa de cara al mañana.

Fotografía: Juan Garay

Les palabres, la llectura, l'atención, l'afectu, la fuga, la identificación, la imaxinación o'l consuelu. Son munchos los dones que nos entreguen los cuentos yá dende la inconsciencia, pero quiciás una de les llecciones más importantes sía la de detectar les claves pa nun cometer errores, o caer en falsos estereotipos, nel difícil arte de cuntar y nel más difícil arte de tresmitir. Sobra dicir que los cuentos nun son asuntu de nenos. Porque l'espíritu críticu (o la so ausencia) que desarrollaremos gracies al formientu que depositen en nosotros, va tener muncho que ver col individiu y la sociedá de mañana. Cita Paco a Christian Salmon: “L'imperiu confiscó'l relatu”. Y ye que nel cuentu nun tien por qué tar l'arte de mentir, pero sí les ferramientes pa evitar que nos mientan. Imprescindible too ello pa cuntar. Y digo cuntar en toles sos acepciones. ¿Por qué soi la que soi, y faigo lo que faigo de meyor o peor manera? Descubriendo los dones, fui avanzando hacia mi alcontrando claves, como quien, recorriendo los caxellos d'un cascayu, va destramando les causes. Salto, y tengo trés años seguramente

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cuando llanzo per primer vez la piedra. O per ehí anda aquel primer recuerdu. Duermo con mio güela y mio bisgüela que yá saben que pido que me cuenten los cuentos de verdá. Una verdá que yera la d'elles y que ye tamién la mía. Quería que me relataren lo que fueren, lo que vivieren, les canciones que cantaben, los romances qu'estudiaren... porque creer nelles yera la mio posesión más preciada. Y nes sos manes, a les que me garraba cola fuerza titánica de la ilusión, tenía'l mayor de los enfotos. Con ocho años, consciente yá de la mortalidá, grabé a mio güela per primer vez pa perpetuar aquella verdá fundamental. ¿Cómo te llames, cuándo y ónde nacisti, cómo se llamaben to padre y to madre, y a qué se dedicaben? Con esos interrogantes empezaríen depués les munches grabaciones que fadría na pasada ventena y na actual trentena a diferentes persones qu'entrevisto pa un difusu proyectu de memoria oral nel que creo más que na mio propia vida. O meyor: porque ye la mio vida. Porque salto, y con doce años recuérdome nun bancu escuchando a una nonaxenaria que me llevaba per relatos fascinantes a los qu'hoi nun quito nada de créitu. “La muerte son dos culiebres: una acolorazada y otra verde, que, cuando menos lo esperes, entren en to cuartu y róbente l'alma”. Con ventisiete años Collage: trescribí de memoria la espePaco Abril 35


riencia d'aquella muyer na infancia, cuando xuró ver les dos sierpes máxiques esguilando a l'habitación de so tía pa salir a los pocos minutos, nel momentu nel qu'exhalaba l'últimu aliendu. Hubo quien me felicitó por aquel realismu máxicu. “Solo quixi inmortalizar la verdá”, pensaba, insistente, yo. En cada reblagu de recuerdos, de caxellu en caxellu, soi la que va aprendiendo a escuchar, y la que luego empieza a necesitar qu'eso se construya sobre'l papel en blancu. ¿Quién yes y por qué escribes siempre xugando cola segunda y la tercer persona del verbu?, preguntáronme énte'l testu qu'escribí dende la confesión más íntima como la mio obra más personal. “Soi toles voces qu'hai en mi”, respondió entós la pre-adolescente que sigo siendo dende los recuerdos que tengo más vívidos. Davezu, a dures penes encuentro na memoria partes de la mio vida relativamente recientes. Y sin embargu, obsesivamente siento que soi la que vive neses verdaes que fui recoyendo de la palabra y la mirada sincera de los otros. Vivo tirando la piedra. Saltando y agachándome a recuperala hasta'l fin d'una partida a la que me niego. Y pel camín disfruto de suertes como esta: dar la mano a Paco, como fice na intensidá de la infancia, porque al escribir, al cuntar, al creer como él cree, sé que sabe mirame. Y nél veo'l camín a la respuesta. Por eso pa falar d'esta maraviyosa obra vos falé de mi. Porque nella vi que soi la que soi, volviendo otra vez al interminable principiu, como esi vieyu cuentu que quiero que Paco me cuente: aquel de la buena pipa, del que yá sé cómo empieza y nun quiero que lu termine nunca.

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Ana Belén Puppy’s

Para mi Los dones de los cuentos son migas de pan que me enseñaron el camino. Y Paco Abril el maestro que me enseñó a seguirlas sin pisarlas.

M

i nombre es Ana Belén, Anina para los buenos amigos. Soy cuentacuentos, pero ante todo soy alumna de Paco Abril. Antes de nada me gustaría decir algo muy importante que me sale del corazón. Llevo casi una década dedicada a lo que más me gusta, contar cuentos, pero sobre todo a mostrar a los adultos como a través de ellos se puede trabajar, motivar y mejorar cualquier aspecto relacionado con el desarrollo de un ser humano, desde que nace hasta que se convierte en una persona adulta, y aún así seguirá aprendiendo, disfrutando, formándose y emocionándose con ellos. Porque como dice Paco Abril, los cuentos no tienen edad. Pues bien, el poder dedicarme a esta labor y trabajar en lo que más 37


me gusta, en lo que me hace realmente feliz, es sin duda alguna gracias a Paco, a sus enseñanzas, su generosidad, su bondad, porque Paco siempre tiene la puerta de su casa abierta para enseñarte y regalarte todo lo que él ha adquirido durante tantos años de trabajo y esfuerzo. Y gracias a todas aquellas hojas de papel sueltas, que me iba entregando cuando yo hacía prácticas con él y lo seguía como los pollitos siguen a mamá gallina, aquellas hojas, hablaban de Los dones de lo cuentos. Hojas que yo iba guardando en una carpeta, que siempre está encima de mi escritorio, rodeada de cuentos, y que he leído y releído un montón de veces. Hasta que hoy, ¡por fin!, se han convertido en lo que tantos cuentacuentos, educadores y demás profesionales esperábamos. Un fantástico libro que se ha hecho imprescindible nada más nacer. Y que estaba esperando como agua de mayo, porque quiero a Paco, porque lo respeto y porque adoro su trabajo. Del libro me quedaría con todo, puntos, comas, cubierta. Y aunque cada uno de los dones son de vital importancia, hoy me gustaría prestar especial atención al del consuelo, donde Paco nos habla acerca de la importancia de las nanas, de la voz cantada, para consolar y calmar a los más pequeños. En el libro aparecen algunas nanas, a cada cual más hermosa. Agora Non, una añada asturiana, que muchos abuelos y abuelas han cantando por las noches a sus hijas, hijos, nietos... Haz clic sobre el icono para escuchar la nana AGORA NON interpretada por Anina

Como siempre dice Paco, lo importante es contar y prestarles esa atención atenta que tanto necesitan. A veces, de donde provenga el texto, o melodía cantada, es lo menos importante, y una canción improvisada puede convertirse en su nana favorita. Lo esencial, lo realmente importante, es hacerlo con PASIÓN, con ganas, con dedicación. Y aquel que escuche lo que tienes que contar, lo hará con todos los sentidos. Si transmites con pasión, el receptor lo recibe con más pasión aún. 38


Una noche, invité a los padres de mi ahijado a que hiciesen algo que hacía tiempo que no hacían: salir, cenar, tener un poquito de vida social. Yo me quedé con el pequeño. De noche, comenzó a llorar y no era capaz de calmarlo. Entonces se me ocurrió cantarle una canción tradicional inglesa, versionada por muchos conjuntos asturianos, Nel bosque l'amor. Quería que el bebé dejase de sufrir y durmiese tranquilo. Pues bien, cinco años después, sigue siendo nuestra nana favorita para dormir. A veces no es tan importante el qué como el cómo. Haz clic sobre el icono para escuchar la nana NEL BOSQUE L’AMOR interpretada por Anina

Creo que es una de la nanas mas hermosas del mundo mundial. Muchas gracias Paco por ayudarme a vivir, al igual que mis padres, de forma tan inteligente. Para mi, Los dones de los cuentos son migas de pan que me enseñaron el camino. Y Paco Abril el maestro que me enseñó a seguirlas sin pisarlas. Fotografía: Juan Garay

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Manuel Abril

Cuando leo un libro que me gusta siento que estoy metido dentro de él, y me pasa lo que allí pasa.

Fotografía: Paco Abril

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l otro día nos pidieron en el instituto que escribiéramos sobre nuestros padres. En la parte que dediqué a mi padre, y después de hacerle una breve entrevista, escribí: Mi padre nació en Teruel, una pequeña ciudad de la comunidad de Aragón. Pasó allí poco tiempo, pues enseguida su familia se trasladó a vivir a un pueblo de Cantabria llamado Torrelavega. Cuando tenía alrededor de siete años, lo enviaron a vivir con una tía abuela a Barcelona. El largo trayecto lo hizo en un tren traqueteante y con asientos de madera, como esos que se ven en las películas antiguas. Iba en compañía de unos desconocidos a los que sus padres les pidieron que lo llevaran hasta la ciudad condal, donde su 40


tía lo recogería en la estación. Me dijo que se había sentido como un paquete que se mandaba de una estación a otra. De ese viaje no le quedó muy buen recuerdo. Lo más sorprendente es que fue a Barcelona para pasar dos meses y se quedó dos años. En ese tiempo no vio nunca a sus padres. Y sin embargo me contó que fue la mejor época de su infancia. En Barcelona descubrió las novelas protagonizadas por un niño llamado Guillermo Brown y las obras escritas por Julio Verne. Tanto le apasionaba la lectura que, al final, acabo dedicándose a escribir y a contar cuentos a otra gente para que ellos disfrutasen tanto de esas historias como él cuando era niño. Al empezar a escribir Los dones de los cuentos, me pidió permiso para poner frases que yo le había dicho sobre la lectura. Le di permiso, claro está. Algunas de esas frases se las dije cuando era muy pequeño. Si él no Ilustración del libro Sapo y Sepo de Arnold Lobel 41


las hubiese apuntado, yo ya ni me acordaría.

Clica aquí para escuchar la presentación de Manuel

Sí me acuerdo, sin embargo, de una que le dije cuando tenía seis años. Y me acuerdo porque, ahora que ya tengo doce, sigo repitiéndola. Le dije entonces y lo sigo diciendo ahora:

Cuando leo un libro que me gusta siento que estoy metido dentro de él, y me pasa lo que allí pasa. Fotografía: Juan Garay

Fotografía: Juan Garay 42


Francesco Barili

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l cocinero Franceco Barli tuvo la amabilidad de participar en la presentación del libro como uno más del Grupo de los Quince. Nos deleitó con una receta basada íntegramente en Los dones de los cuentos. Explicó, ante el numeroso público asitente, cómo elaborar Buñuelos de cuentos rellenos de manzanas mágicas. Dadas las bondades nutricionales de este plato, que no debería faltar en la dieta diaria de todos los niños y niñas de cualquier país del mundo, Barili nos ha permitido la difusión de su receta. Muy conscientes de su importancia, hemos decidido publicarla aparte. Puede leerse completa en http://www.abrilpaco.blogspot.com.es/ 43


Paco Abril

Fotografía: Ana L. Chicano

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ierro esta presentación de Los dones de los cuentos con Hafiz, un poeta persa del siglo XIV. Se lo dedico a unos buenos amigos que me riñeron porque escribo, pinto con papeles y cuento cuentos y, a mi edad, según ellos, ya no se deben hacer “locuras”. ¡No me riñáis! ¡Decís que ya soy viejo/ para tanta locura como hago! / Más no tenéis razón, amigos míos,/ estáis equivocados./ Viejo era yo de joven, pues me daba / por ser como los viejos, serio y grave; / en tanto que hoy derrocho una alegría/ que en el cuerpo no me cabe./ Divina juventud esta que ahora (Lo que sigue es un añadido personal) /tras mi jubilación me reanima… /Jóvenes, de 50, 70, 95 años o más,/ que las debilidades del cuerpo,/ no os engañen. Ni os engañen /quienes vociferan que ya nada/ podemos aprender ni hacer. /Y sigamos firmes, sostenidos / en la fuerza revolucionaria de la alegría,/ militando activos en el gran partido de la vida. 44


Fotografía: Covi Sánchez

Alberto García

Clica sobre el icono para escuchar la canción que Alberto García ha compuesto para Paco Abril.

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uerido Paco: Solo quería decirte que tu libro me ha enganchado desde el principio, constantemente me hacía recordar a mi madre contándome (y escenificando) sus cuentos: “Garbancitoooo, ¿donde estás?” y he reconocido esos “dones” que tú, tan certeramente, describes en el libro. Ahora, lamento no “haber tenido tiempo” para contarle más a mi hija cuando era pequeña, sobre todo ahora que, desde que me he quedado en el paro, alguna noches me paso bastante tiempo “en esa estación solitaria en la que se espera el tren que nos lleva al País de los Sueños”, claro que a mi, por desgracia, ya nadie viene a contarme un cuento lo más largo posible. Mi más sincera enhorabuena por tu libro, ¡Un abrazo! Alberto García, 13 de septiembre de 2014 (Texto enviado por correo electrónico y leído por el autor al final de la presentación) 45


Fotografía: Paco Abril

Diseño. Ana L. Chicano El libro Los dones de los cuentos se presentó el 23 de octubre de 2014 en el Club La Nueva España de Gijón.

La reseña de prensa de este acto puede leerse en: http://www.abrilpaco.blogspot.com.es/

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Los dones de los cuentos. Presentación Gijón 2014  

En este documento se rocogen los textos que leyeron los quince participantes en la presentación del libro "Los dones de los cuentos", de Pac...

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