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El rombo rojo 8 de octubre. Toda la ciudad y su país estaban tristes. El rey había muerto. Nadie sabía quién lo había matado. La muerte: un cuchillo blanco y pequeño le desangraba el corazón. Pero ese cuchillo no solo era blanco, sino que tenía grabado un misterioso rombo rojo. De la habitación del rey Tónitas colgaba una cuerda de tejido desconocido, pero con la increíble propiedad de borrar las huellas de quien lo tocase. Así pues, nadie sabía quién era el asesino. Eso sí, se sabía que el misterioso asesino no era de ahí, porque en la playa quedó una marca de barco, probablemente zarpado al amanecer. En comisaría, los mejores detectives del mundo discutían sobre el asesinato. El hijo y la hija de dos de los detectives charlaban fuera. Se conocían desde la guardería. Su amistad era inmensa. Ellos también hablaban del caso. Querían encontrar al asesino antes que sus propios padres. Así pues, cogieron muchas provisiones, ropa, una embarcación y una vieja sopla hojas. La ataron y consiguieron una mini-lancha. Siguieron navegando durante días, cuando llegaron a una espeluznante isla. En el centro, una enorme y tétrica mansión. Encontraron todas las paredes repletas de cuchillos blancos con rombos rojos, pero además, llenos de sangre. Mandy (la chica) se desmayó y Pedro (el chico) la llevó a cuestas, le dio agua y esperó a que se levantase. Mandy despertó, pero oyó un ruido proveniente de arriba. Subieron y encontraron a dos hombres hablando. Supieron al instante que eran los asesinos. Horas después, llegó la policía. En la cárcel, ya arrestados, permanecieron sin derecho a juicio. Pero un día, ambos desaparecieron. Lo único que se supo es de un rombo rojo en el suelo.

FIN? Patricia Morillas


LA CARTA Hacía tiempo que la tristeza invadía la casa de Sarah. Desde la muerte de su madre nada conllevaba alegría o diversión. La casa parecía vacía, aunque allí viviera ella con su padre y su hermano pequeño. Sarah tenía una caja donde guardaba recuerdos de su madre y ella. Uno importante era una cuerda simple sin valor alguno que le regalaron de pequeña. Ahora, quizá nadie le daría importancia, pero cuando se la regalaron se pasaba las tardes jugando con ella. También había un barco de juguete que Sarah había regalado a su hermano de pequeña, cuando este tenía solo cinco años. Por esa época, según pensaba ella, la relación con su madre era más de amistad que otra cosa. A ella le resultaba un poco extraño que sus amigas no fueran igual con sus madres, pero nunca se atrevió a preguntar por miedo a ofender. En el fondo de la caja, tras haber recordado todos esos momentos preciosos, había una pequeña carta. Era espeluznante lo que tenía escrito. No la había visto antes. Siempre pensó que su madre había muerto en un accidente. Pero no era así. La carta lo decía. Unas lágrimas cayeron mojando su rostro. La carta resbaló de sus manos. La poca vida que quedaba dentro de ella se desvaneció en segundos. Cayó desplomada al suelo. Sus ojos se tiñeron de tristeza e incredulidad. Y se quedó ahí quieta, sin poder moverse, sin querer moverse.

MALENA Parlatore


EL ACCIDENTE Era demasiado pronto para conocer la MUERTE. David con tan solo 27 años, tras estrellarse en aquella isla solo tenía para sobrevivir a una CUERDA y trozos de madera que saltaron del BARCO que ahora estaba destrozado. No tenía comida y lo que era aún peor tampoco tenía agua. A este ritmo solo podría sobrevivir aproximadamente 3 o 4 días. Solo tenía un amigo, no como antes que tenía un montón de personas a quien demostrarle su AMISTAD. Pasaron 5 días 4 horas y 3 minutos sin comer ni beber nada y notaba cómo su cuerpo inofensivo iba cayendo y poco a poco, sus ojos se cerraban, veía cómo su amigo el lorito intentaba recapacitarlo pero era inútil simplemente se moría. ¡Y de repente despertó! ¡Todo había sido un ESPELUZNANTE sueño!

ESTEFANÍA Rodríguez


HISTORIA La muerte de su hermana le causó mucho daño a Kate, y se culpaba de ello, de que no había disfrutado lo suficiente con Alexia,... Cuando recordaba la imagen de aquel trágico accidente, se le vino a la mente cómo ocurrió: mientras conducía, una cuerda se le enredó en la rueda e hizo que se estrellara contra un barco en el muelle del puerto. En aquel lugar, Kate le regaló a su hermana Alexia un perro al que llamó Rush. Pasaron los años hasta que llegaron a tener una gran amistad, pasaban todo el tiempo juntos, jugaban, corrían... ¡hasta dormían los dos en la misma cama! La amistad era infinita, aunque viera a Rush comiendo cosas tan espeluznantes, como comerse cucarachas, escarabajos… Pero Kate miró siempre lo positivo y siguió adelante. IVÁN POOL


Viaje a un crucero Un día un cirujano, tal vez el más bueno de la ciudad, trabajaba de cirujano plástico. En su clínica tenía a una ayudanta, es más, parecían su hermana porque se conocían a parte de la familia incluido el perro y el gato. Al perro le ocurrió una desgracia: que había muerto por varios motivos según los distintos investigadores. Los primeros dijeron que se había tragado un juguete de plástico y lo tenía incrustado en el estómago; otros decían que se había ahorcado con una cuerda de su gato, a lo mejor porque le tenía muchos celos. Para olvidar todo lo ocurrido y hacerle el favor al pequeño kiwi de nadar con los delfines y, ya que Valmy tenía dinero, decidieron emprender un viaje en barco hacia Hawai, y aprovechar el camino para tirar al perro por la borda como una tradición hecha en Hawai para que descansara en paz. Nada más llegar al hotel a Valmy se le cruzó una chica alta rubia con ojos azules y sin duda guapísima, el pensó que sería su único amor, y sin duda la tuvo que conocer. Unos días más adelante eso era algo más que amistad: era una relación a la que se le puede llamar amor. Como era una mujer hecha para el deporte se lo pasaron bomba descubriendo las cascadas y montañas de Hawai. Por otra parte Valmy y su ayudanta llamada Kaila planearon una cena de empresa y de nuevo él sintió algo por ella. Todo terminó, se marcharon a sus habitaciones, pero él no se podía resistir a callar que sabía que era una mujer que la extrañaba, que era de su misma edad y que tenía dos hijos a los que apreciaba con mucho cariño; en cambio la mujer que conoció era muy buena chica pero no sería lo mismo con kaila, que la conocía desde mucho antes. Por el camino se encontró a la chica. Desde ese instante ella le hizo una pregunta: ¿te quieres casar conmigo? Él se quedó callado pensando en lo que le tenía que transmitir a Kaila. Al día siguiente, en la boda todo fue un fracaso: Valmy no se casó con su futura esposa y de una vez por todas decidió revelar: -Te quiero no solo por como eres, sino como soy yo cuando estoy contigo. ANGÉLICA BARRET


HISTORIA En una casa muy grande alejada de la ciudad, vivía Amelia junto a sus padres que se llamaban Juan y María. Era una casa muy antigua donde antes de comprarla había MUERTO, ahorcado con una CUERDA, un anciano. Su mujer no podía seguir viviendo allí porque sentía miedo y se mudó a la casa de al lado. Cuando se mudaron, Amelia y sus padres no sabían la historia de esa casa ni lo habían notado; pero, la mujer del fallecido cuando llegaron a su nueva casa se lo contó. La mujer estaba sola porque su familia estaba lejos. a Juan y María les dio lástima de la mujer y, decidieron preguntarle si quería pensarse ir al viaje en BARCO que en pocos días iban hacer. Cuando se lo preguntaron no sabía qué contestar pero lo pensó y decidió ir. Entre Amelia y la anciana surgió una gran AMISTAD. Una tarde la anciana fue a la casa de Amelia, porque un día le había dicho que le gustaba mucho la cocina y quería prepararle unos dulces. Cuando llegó, al poco rato comenzó a llover. Se fueron a la sala para probar las magdalenas, apareció en la ventana el rostro del marido fallecido y pasaron un momento muy ESPELUZNANTE.


Transformaciones de cuentos:

La chica de las uvas Un día cuando esperaba a que viniera el tren, vino una chica que se puso a hablarme y levantó la mano en forma de saludo y me dijo: -¡Hace mucho tiempo que no nos vemos, Rafael! Yo me quedé en silencio intentando recordar quién era esa muchacha, pero estaba tan seguro de conocerla, que empecé a delirar: ¿Quién era?, ¿Qué quería?, ¿Cómo se llamaba?, etc. Intenté contestar con una especie de sonrisa agradable, con entonación de cierta confianza: - Sí, querida, un milenio. Y,... ¿Cómo te va? -Pues me casé y me vine a vivir aquí. -Lo siento -Le contesté con una sonrisa muy baja, casi de murmullo. -Yo también lo siento...-Contestó ella-. De repente hubo un silencio muy incomodo. Después de escarbar en mis recuerdos, me atreví a contestar: -¿Tu padre? Entonces ella furiosa y apenada, se giró y me contestó: -Rafael, tú no sabías quién era mi padre, mi padre se marchó hace 4 años antes de lo nuestro. Tú ni te acuerdas de mí. Y a continuación, con rencor dijo: -No quiero situarte en un apuro preguntándote mi nombre, soy Tifany Grapes. -¿Cómo no recordarte Tifany?-Dije rescatado-Tú eras la chica de las uvas. Y Tifany con voz apenada respondió: -Exacto. Solo recuerdas la broma que hacías con mi apellido. Era verdad, tenía razón. Su crítica hubiera debido humillarme. Pero como continuamente rebusco alivio en las faltas de los humanos, en el refugio de la meditación filosófica, razoné yo que, tonto y todo, y tan común como era, aquel mínimo rasgo de mi pobre inteligencia, al prevalecer del olvido, señalaba el éxito del espíritu sobre la carne. Los dos nos quedamos en silencio. Al cabo de un rato se oyó el tren y me subí dejando a Tifany Grapes, o como la llamo yo: “la niña de las uvas”, en la estación del tren, muy apenada. Me despedí de ella y el tren se marchó. De: Marina Curso: 1º C Relato: La niña de oro Autor: Francisco Ayala


LAS COSAS NO SON EXACTAMENTE COMO PIENSAS

Una muchacha estaba aguardando su tren en una sala de espera de una gran estación. Como debía esperar por muchas horas, decidió usar la consola para matar el tiempo. También compro un paquete de donuts. Se sentó en un asiento en la sala VIP de la estación para poder descansar y jugar en paz. Al lado del asiento donde estaba la bolsa de donuts se sentó un hombre que sacó un IBook y comenzó a leer. Cuando ella tomo el pri mer donut, el hombre también tomo uno. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "pero, que descarado, si yo estuviese mas dispuesta le llevo a seguridad para que nunca mas se le olvide". Cada vez que ella tomaba un donut, el hombre también to maba uno. Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas un donut, pensó: "ah... ¿Qué será lo que este abusador va a hacer ahora?". Entonces el hombre dividió el último donut por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah, aquello era demasiado! se puso a bufar de la rabia. Entonces cerró su consola y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó, confortablemente, en su asiento, ya en el interior del tren, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de donuts estaba allí... todavía intacto, ¡¡cerradito!! Sintió tanta vergüenza. Solo entonces percibió lo equivocada que estaba: ¡¡había olvidado que sus donuts estaban guardados dentro de su bolsa!! El hombre había compartido sus donuts sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras ella quedo muy trastornada, pensando que estaba compartiendo los de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicaciones... ni para pedir discul pas.


Imagen motivadora:

El asesino del Buda Era una mañana lluviosa de enero. Todos los agentes de policía estaban en el lugar del delito, cuando una mujer que pasaba por allí se acercó a ver qué pasaba, ya que le extrañaba ver a aquel grupo de policías en un templo budista. La mujer que era médica en prácticas intento pasar para ayudar. Al llegar al lugar vio a un hombre tirado en el suelo: era su vecino, un hombre de unos 30 años, de pelo castaño, delgado y ojos verdes. Cuando ella llegó ya era demasiado tarde, ya que aquel hombre ya había muerto. El misterio era quién había podido hacer tal cosa. A la mañana siguiente fue a la comisaría para ver si sabían algo, le dijeron que el señor García, el policía que llevaba su caso, se había ido a investigar en la escena del crimen y no había vuelto. Ella fue al templo a buscarlo, pero cuando llegó estaba muerto al igual que su vecino. María, la mujer, llamó de inmediato a los policías. Estaba claro que los dos hombres habían sido asesinados por la misma persona. Cuando los policías llegaron, había un montón de gente alrededor del cuerpo, todos se preguntaban si entre esas personas se encontraría el asesino. Ningún policía quería llevar el caso por miedo a que le pasara lo mismo, viendo que nadie pensaba hacer nada ella intentó investigar por su cuenta sin que nadie se enterara, pidió todas la pruebas y se informó de todo lo que sabían hasta el momento, todo el mundo pensaba que estaba loca por arriesgar su vida por otras dos que ya no podrían volver. Pero ella pensaba que era injusto que esa persona estuviera suelta cuando había matado a dos persona inocentes y sin culpa de nada, y decidió que pasara lo que pasara iba a llegar hasta el final del asunto. Al mes recibió un carta en la de decía que dejara de buscar al asesino, que siguiera con su vida y se olvidara de todo aquello o la próxima vez ella seria su victima. Al leer la carta fue de inmediato a la oficina de correos para intentar saber quién se la había enviado pero le dijeron que ellos no se la habían llevado. Al salir de allí fue a la comisaría pero le dijeron que no pensaban seguir con ese caso y poner en riesgo la vida de más agentes. María decidió seguir investigando, ya no era solo por aquellos dos hombres si no por el propio hecho de que quería saber quién era la persona que la amenazaba con quitarle la vida. Al bajar al portal se detuvo en los buzones y vio que el suyo estaba forzado como si alguien hubiera intentado meter algo que no entrara por la ranura o sacarle alguna carta. Cuando lo abrió vio que dentro había un paquete, al abrir aquel paquete descubrió que en su interior estaba el nombre y las fotos de 5 personas con una nota que decía que alguna era el asesino que ella buscaba. Ella miro las fotos pero solo conocía a un hombre de unos 35 años, alto, delgado, castaño y de ojos marrones: era el señor con el que se cruzaba todas las mañanas al entrar a trabajar y al salir de la escuela de su hijo, ya que el también iba a buscar a su hija. Se puso a investigar sobre los otros cuatro pero ninguno cuadraba con el perfil que tenían. María decidió investigar al hombre, pero estaba casi segura de que el no iba a ser y de que eso solo era una pérdida de tiempo para intentar distraerla. Aún así ella lo quiso investigar para no dejar ningún cabo suelto. A los dos días ella iba caminando por la calle cuando un señor al que no conocía de nada se le acercó y le preguntó si el paquete que había recibido le había ayudado. Él le dijo que era el hijo del policía que había muerto y que también quería justicia; por ello la ayudaba. Ella no sabía si confiar o no en él, pero era el único que podía saber algo. Cada vez se acercaban más a la verdad y el asesino no sabía qué hacer. No quería matarlos pero tampoco quería acabar en la cárcel. Después de mucho pensarlo decidió que le enviaría un arma e María en señal de una última oportunidad. María a pesar de todo aquello decidió seguir con su promesa y terminar lo que había empezado. Al día siguiente fue a buscar a su niño y al encontrarse con el señor lo fue a saludar. Este pensando


que lo había descubierto salió caminando como si nada de eso fuese con él. Cuando estaba a punto de darse por vencida, decidió volver a la escena del crimen, al llegar al Buda eran casi la ocho de la tarde, el momento en el que supuestamente habían muerto ambas personas. Decidió quedarse un rato ahí sentada en el banco que estaba frente a la entrada del templo cuando vio una chapa que cartón que tenían todos los padres del colegio en el que iban ambos hijos. Ella pensó que esa chapa podría ser de cualquiera o una simple coincidencia pero fue justo n ese momento en el que recordó que él le había dicho que la había perdido junto a una foto de su hija. La mujer se acercó a unos matorrales que había cerca y vio un trozo de papel. Al cogerlo vio que era nada más y nada menos que la foto de aquella niña rubia con la que su hijo salía del colegio hablado. Decidió contárselo a los policías pensando que esta vez sí la ayudarían y así fue. Él mismo confesó que lo había hecho, que había sido el culpable de las dos muertes, que no sabía por qué lo había hecho, simplemente estaba enfadado y lo vio allí parado solo y sacando fotos al Buda y sin pensarlo acabó con su vida y lo del policía era por miedo a que lo descubrieran. Los policías lo fueron a detener cuando intentó atacar a uno de ellos para poder escapar, le robó el arma y apuntó a uno de ellos. Al final lo mataron en defensa propia. Todos le daban las gracias a María por su valentía y porque gracias a ella habían podido detener al culpable y sabían que ya todos podrían estar tranquilos, aunque por otro lado hubieran preferido que no muriese nadie más.

Lucia Regalado Satera 3º


VICTORIA

Empecé a subir la cuesta a la iglesia cuando de repente empezó a llover, la lluvia me reconfortaba, sobretodo porque llevaba bastante tiempo sin caer una gota. Seguí por la calle principal hasta llegar a la cima y me encontré con la alta figura de la iglesia. Eché una mirada al cuadro hecho de azulejos que había encima de la puerta, y seguí por el sendero de la derecha. Al fondo, detrás de los columpios del parque infantil sentada sobre la valla del mirador estaba Victoria Valverde, la reconocí enseguida por su largo cabello rojizo que le caía por la espalda, la llamé y se dio la vuelta, al verme pareció alegrarse y me hizo un gesto con la mano para que me acercara. Me acerqué a la valla y me senté de un salto en ella. La verdad es que desde siempre he tenido mucho vértigo, pero estar con ella hacía que me olvidará de ello. -Hola Jorge, me saludó. -Hola Victoria ¿Qué se supone que quieres? ¿Coger un resfriado? -Me encanta la lluvia, además en Málaga nunca hace tanto frío como para coger un resfriado, por mucho que llueva. Mientras hablaba yo observaba su perfecto rostro pálido, sus fascinantes ojos grises. Aunque ella fuera pelirroja no tenía ni una sola peca en toda la cara. Ella era demasiado para alguien como yo, además cada vez que llega a la clase los otros chicos se la quedan mirando, como babeando, ella pasaba de ellos. Y obviamente si pasaba de ellos, pasaba de mí. Ellos me tenían envidia porque era su amigo, pero nada más, me recordé a mí mismo secamente. -¿Y qué haces aquí?- le pregunté. -Mi madre y yo hemos tenido una pequeña pelea y he venido aquí a tranquilizarme un poco. Eché un vistazo al paisaje, la verdad es que estábamos a bastante altura y me sorprendió no haberme mareado y haber vomitado. Se veía Benalmádena Costa y el mar al fondo, de un color azul grisáceo. Había dejado de llover. El cielo se había despejado y había menos nubes en el cielo. -¿Quieres dar un paseo para charlar un poco? -Claro.- le respondí. Después de unos minutos caminando y charlando le pregunté que si quería ir a donde está el


buda para pasar el rato. -Está un poco lejos pero vale. Empezamos a subir la empinada cuesta del pueblo mientras hablábamos del profesor de historia al que todos odiábamos, y finalmente llegamos arriba. Se veía el blanco edificio del templo budista. Era un edificio extraño que estaba coronado con una especie de corona dorada, la verdad es que no encuentro la utilidad que tiene. Empezamos a descender por la larga carretera. Victoria me contó el motivo de la discusión con su madre y era porque se supone que no le agradece nada y que la tiene como una esclava. Al lado del Buda había un campo de fútbol y detrás de éste una fila de casas adosadas. Di un suspiro de alivio cuando finalmente llegamos al Buda y me tumbé en uno de los bancos que había en los laterales de la plaza. Victoria se tumbó en otro que estaba al lado y nos quedamos mirando el cielo tumbados boca arriba. Nos quedamos más o menos media hora riéndonos y hablando de cosas estúpidas, la verdad es que ella es la única que me hace reír así. De repente se escuchó el rugido de un motor y apareció el Chevrolet plateado de su madre derrapando en la rotonda. Victoria dio un salto del susto y yo miré hacia el coche. Su madre salió del coche malhumorada y empezó a gritarle en un idioma que era sin duda el ruso. Ella ya me contó antes que con su madre siempre hablaba en ruso porque ella era rusa y además porque no entendía muy bien el español. Victoria se puso roja de rabia y le contestó gritando aún más fuerte, me miró diciendo con la mirada que lo sentía y corrió hacia el coche. Entró en este dando un portazo. Se vio como seguía discutiendo con su madre dentro del coche, de repente se puso en marcha. Ella me miró a través del cristal con cara apenada y el coche aceleró subiendo por la calle y perdiéndose en la niebla. Reflexioné si yo podría haber sido el culpable del enfado de su madre y lo descarté pensando que no tenía sentido ya que apenas me conocía, bueno solo cuando fui al cumpleaños de Victoria de los 15 años y otras veces me había visto despidiéndola al irnos del instituto, pero nunca me dijo nada. Aún quedaba la posibilidad de que yo fuera la causa porque a su madre no le gustaba que saliera con chicos. La madre de Victoria era una mujer joven, había tenido a su hija con 16 años. Probablemente el padre la abandonó porque yo nunca lo había visto y nunca había oído a Victoria mencionarlo. Me levanté del banco y llame a mi padre para que me viniese a recoger, no me apetecía dar otro paseo de vuelta. Caerle mal a la madre de victoria me entristeció más de lo que creía. De repente empezó a llover otra vez. Autor: Naji Kobeissi


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