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RECOMENDACIONES Y GUÍAS SOBRE ACTIVIDAD FÍSICA

Por último, la osteoporosis es el tercer gran problema de salud de la mujer a partir de los 50 años. La función primordial del hueso es proporcionar una estructura sólida y estable que permita la resistencia contra la acción de la gravedad y de otras fuerzas, dando al mismo tiempo capacidad para la locomoción. Para realizar ambas funciones, el hueso tiene que adaptarse a los requerimientos mecánicos demandados por la propia fuerza de la gravedad y la actividad física. La ley de Wolff establece que el hueso es una estructura con capacidad de modificar su masa y la distribución de la misma según las cargas que soporta. Podemos definir la carga diaria como la suma de todas las acciones individuales de carga en un día, incluyendo en cada una de ellas el número de repeticiones y la intensidad de las mismas. Así, cuando aumentan las cargas aumenta la masa ósea, y cuando cesan, la masa ósea se reduce. La relación entre la densidad ósea y la actividad física es curvilínea, mostrando aumentos muy significativos de la densidad ósea con pocos incrementos de la carga de ejercicio en los estadios de menor densidad ósea. Pero, del mismo modo, el cese del estímulo que supone la actividad física, e incluso la fuerza de la gravedad durante el reposo en cama, determinan una reducción muy llamativa de la densidad ósea. Así, los pacientes que tienen que mantener reposo en cama durante un año pueden perder hasta un 40% de su masa ósea total, mientras que tan sólo la permanencia durante 30 minutos diarios de pie previene este efecto deletéreo. El efecto preventivo del ejercicio físico frente a este deterioro de la densidad mineral ósea se ha podido constatar mediante distintos diseños de investigación. Así, al comparar poblaciones deportistas y sedentarias se ha observado una diferencia significativa en la masa ósea en los grupos físicamente más activos, especialmente cuando el ejercicio incluía entrenamiento de fuerza. En un estudio realizado en mujeres recientemente menopáusicas, se mostraba que el entrenamiento de fuerza mejoraba la densidad ósea a nivel de la columna vertebral, especialmente en la zona lumbar, pero que dicho efecto no aparecía en otras zonas óseas. De hecho, los estudios que se han realizado en personas mayores practicando ejercicio aeróbico, como caminar, no han encontrado efectos protectores tan positivos como los grupos que realizaban entrenamiento de fuerza. Otros estudios realizados en grupos de mayores, si bien no han observado mejoras de la densidad mineral ósea, sí han evidenciado un enlentecimiento de la pérdida ósea propia de este grupo de edad. Este hecho gana relevan-

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Nutrición en Salud Pública  

Es un libro acerca de la nutrición en la Salud Pública, en el cual se da los lineamientos más importantes, así como la epidemiología como un...

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