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Ana Erman La trama de la vida


Curadora: Carla Rey Montaje: Raúl Giménez Fotografía: Jorge Leiva Diseño: Viviana Martinovich Obras: Ana Erman https://www.facebook.com/ana.erman1 http://anaermanobras.blogspot.com.ar

Galería Espacio Colegiales Directora: Claudia Famá Gral. Enrique Martínez 916, CABA | te: 5217-5826 www.espaciocolegiales.com.ar

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Ana Erman La trama de la vida


Al lado de mi casa vivía Carlos Valentti, pintor de iglesias,

zas muertas. Luz, media tinta, sombra... Me llevaba a

autor de la cúpula de la Parroquia San Rafael Arcángel,

la Av. General Paz con todos los materiales y siempre

entre otras. Desde muy pequeña me invitaba a pin-

insistía que en los días grises se veían mejor los colo-

tar en su atelier, tenía un caballete para mí y él mismo

res, no estaba de acuerdo con los impresionistas. En ese

me preparaba las telas pegadas sobre cartón, los óleos

momento, yo tenía 8 años. A los 12 terminé la escuela

y los pinceles importados. Los modelos eran naturale-

primaria y empecé a ir a escuelas nocturnas a intentar


corte y confección, peluquería, bordado a máquina...

Esa profesora me prestó los famosos yesos (flor de lis,

hasta que comencé con las primeras clases de dibujo y

león, etc.), y dibujaba todo el día en mi casa y le llevaba

pintura. La profesora me hacía dibujar yesos, tarjetas, y

mis dibujos. Di el examen y a los seis días estaban los

así comenzaron mis primeras pinturas. Ella fue quien

resultados. Fui a ver y había un solo nombre con la letra

me propuso ingresar a la Academia Nacional de Bellas

e, no me encontraba, hasta que sí, entreeeee. Cuando lle-

Artes. Yo no conocía qué era eso. Le dije a mi padre y

gué a mi casa y lo conté, mi padre se puso a llorar... La

el comenzó a averiguar, y así fui sola a la Academia, fal-

Academia y después la Escuela de Bellas Artes “Manuel

taba un mes para el examen de ingreso y me inscribí.

Belgrano” me dieron todo.


En 1955, ingresé a la Academia de Bellas Artes y, a los pocos años, pasó a ser Escuela de Bellas Artes “Manuel Belgrano”. Allí hice pintura, dibujo, escultura, grabado y, además, todas las materias del secundario, porque en aquella época se entraba sin haber cursado. En grabado, tuve a Filevich, la xilografía me apasionaba, él nos enseñaba a hacer las herramientas, imprimíamos con rodillos y cuchara, no teníamos prensa. En escultura, Antonio Pujia nos hizo sentir el relieve y el volumen en el espacio. En pintura, Torres Agüero, las sutilezas del color, el tul, las transparencias. Aprobados los cuatro años, pasábamos a la “Prilidiano Pueyrredón” y elegíamos una especialidad. Elegí pintura con Ideal Sánchez, un maestro muy exigente pero que me dio una visión de la pintura que nunca olvidé.


Al salir de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, pasé varios años abocada a la tarea docente. Los talleres en el club Atlanta y las clases de “dibujo” en distintas escuelas primarias me rodearon de pequeñas criaturas muy creativas, llenas de energía y sentido lúdico. No es casual que una de las primeras series de obras con las que retomo la pintura en la década de 1970 haya sido “Juego de niños”... Luego asistí al taller de Miguel Dávila, en donde había unas puertas y ventanas muy interesantes. Un día él me dijo: “pintá esa ventana” y, al hacerlo, empecé a imaginar personajes detrás, y así surgió una larga serie que llamé “Detrás de mis ventanas”. Ambas series fueron el inicio de las primeras muestras en la Alianza Francesa, coordinadas por “Fany”, y en la galería dirigida por Berta Ravinovich...


A mediados de la década de 1980, se produjo un gran cambio en mi vida: la pérdida de mi compañero. Volqué mi interior en la tela y el gesto adquirió prioridad. Aparecieron “los caballos”, una extensa serie de obras de grandes dimensiones en las que, por momentos, estos seres resplandecían y se cubrían de color y de materia y, por momentos, se tornaban oscuros, violentos, invadiendo el espacio con esculturas de alambres y gasas. Era el comienzo de la experimentación de la mano de Emilio Renart, quien me permitió encontrar el placer de experimentar con distintos materiales, no solo sobre la tela y el papel, sino sobre el espacio. Así, comenzaron a aparecer la lavandina, las anilinas, las tintas, pero también el alambre, la gasa, las texturas... Años más tarde retomé el grabado que tanto había disfrutado con Filevich en la escuela. Él fue quien me transmitió el amor por trabajar con la madera, los tacos, la impresión sin prensa, solo con cuchara... De pronto, la xilografía invadió mi obra y dio paso a nuevas imágenes, nuevas tramas...


Después de la muerte de mis padres, comencé a buscar

de nuestro país y a conectarme con las tejedoras, tapi-

mi identidad... Desde muy pequeña y en mi adolescen-

cistas, y en mi obra aparecieron los suris, la madre tie-

cia vivencié junto a mi padre las danzas, las canciones y

rra, con los que trabajé varios años. Después fui al sur y

la cultura croata y eslovena (istrianas) en paralelo a las

me conecté con los mapuches, aparecieron los ponchos

danzas y canciones de nuestro folklore. Soy argentina y

y mis pies caminando entre ellos, siempre en medio de

decidí que era argentina. Comencé a recorrer el norte

tramas, externas e internas...


En el intento de vivir, de entender lo incomprensible, de abarcar lo inabarcable, de capturar aquello que se desvanece, nos anudamos, nos encerramos, nos aislamos, nos aferramos, tejiendo nuestra propia trama, que serĂĄ cerrada, sesgada, clara, enmaraĂąada, abierta, sincera, confusa, incomprensible, simple, desordenada, ingenua, inocente, perturbada, compleja, inexperta, alborotada, espontĂĄnea y de la cual solo por un instante, tan solo por un instante, lograremos liberarnos.


La sombra recorre el espacio en busca de esa imagen insistente, de esa trama que nos identifica, que nos estĂĄ buscando, pero que nunca vimos, porque solo existe en nosotros mismos. La sombra busca esa imagen, sospecha encontrarla, continĂşa... vuelve a imaginarla... y, por un instante, la realidad recrea nuestro imaginario y nos regala el reflejo de nuestra mirada.


El bosque, lugar misterioso donde tememos perdernos, provocador de fantasías inolvidables en los cuentos. Las líneas interminables que provocan sus ramas, pisar sus hojas, entremezcladas con piedras, y soñar... soñar... soñar... Sentir que el árbol me mira, tramas que me permiten ver el cielo, protegen a otros árboles de los vientos... Hay sombras que se extienden, que se multiplican. Todas tienen en común la razón de su existencia, que no es otra que exponer la existencia de la luz... Recibo el impacto y la emoción que me provocan la reflexión filosófica, la dimensión estética referida a lo formal, lo perceptual sensible que se actualiza al conjugar la intención y vocación metafórica, que procuran crear sentidos, en una dimensión simbólica... la trama de la vida... la trama del tiempo... La trama de árboles, ramajes y enredaderas se convierten en un encuentro entre líneas, donde se une lo racional con lo emocional.


El libro de artista es un encuentro íntimo y sin límites que provoca, tanto al espectador como al artista, a indagar en lo más profundo, a través de los sentidos.


Estando en Pinamar visité a un carpintero llamado Juan, a quien le pedí si podía hacerme un bastidor y, de inmediato, me hizo varios. Sobre esos bastidores comencé a experimentar con hilos y, en un juego muy placentero, descubrí una nueva trama que se inscribe dentro del arte textil. La obra, es algo interno, hermoso, que permite eludirse de la realidad y conectarse con uno mismo. Es un momento fascinante, que tengo el privilegio de tener... Pero además, la obra me da otra cosa: la comunicación con colegas, con amigos, con personas que no conocía hasta ese momento y con un montón de jóvenes con los que se estableció una conexión a través de la obra... La obra, además, es un medio de comunicación.


Ana dibuja, pinta, graba, teje, vive en arte. Se nutre y nutre todo lo que toca con sus manos. Todo se transforma permanentemente, su vida es creación. Ana es búsqueda, innovación, lo que no se debe, lo que corre los límites, siempre un poquito más, con una energía inspiradora que trasciende y avanza. Ana deja su marca por donde pasa y, cuando se va, queda su sombra. Una hoja, el árbol, la enredadera que crece en la pared de la casa de su hijo, un paseo por el bosque, un objeto encontrado, Ana encuentra un hilo, lo anuda y con esos nudos dibuja y graba: así la vida se transforma en obra y la obra en vida. Carla Rey


La trama de la vida  

El catálogo recorre distintos momentos de la extensa trayectoria de la artista visual Ana Erman

La trama de la vida  

El catálogo recorre distintos momentos de la extensa trayectoria de la artista visual Ana Erman

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