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El ‘Thriller’ que enamoró al mundo Cumple 30 años el disco de Michael Jackson que cambió las reglas del videoclip

Se convirtió en el más vendido del siglo XX Michael y Quincy habían acertado con el anterior elepé, Off the wall (1979). En complicidad, habían desarrollado una

Como

cuidadosa estrategia para diferenciar al

nes de venta oscilan entre los

cantante de su primera etapa, como ídolo teen de la factoría

Motown,

y alejarle

en todo lo relacionado con la

música pop, resulta arduo encontrar cifras fiables sobre

100

Thriller. Las

estimacio-

60

y los

millones de copias; en todo caso,

cantidades suficientes para establecer el

Michael Jac-

de la disco music, que últimamente había

sexto álbum en solitario de

Jacksons. Buscaron un material que enfatizara su mayoría de edad emocional;

kson como la grabación más vendida del

practicado con los

se necesitaba además un repertorio ecléctico para

siglo quizá

XX. Un

récord

imbatible:

con

los nuevos hábitos de consumo, resulta difícil que se supere tan-

atraer al máximo de públi-

ta pasión, certificada

co.

por

Era

deseable ampliar

su registro vocal, dosifi-

esas

multitudes

que pasaban por caja.

cando los falsetes.

Y funcionó: Off the wall

Thriller

comunicaba un deleite en

predestinado a cifras

no

estaba

confeccionar música ex-

tan vertiginosas.

plosiva; poseía la energía

rante la escucha del

perdida por sus antiguos

resultado final en un

Motown, Stevie Wonder o Marvin Gaye. Para Thriller, se trabajó sobre 30 canciocompañeros de

nes hasta centrarse en los nueve cortes elegidos, que incluían baladas, funk, algo de rock y varios llenapistas.

Se contó con invitados prestigiosos, Paul McCartney y el guitarrista Eddie van Halen. Había incluso ecos de las vivencias del artista: una fan obsesiva inspiró Billie Jean, don-

Du-

Los Ángeles, el productor, Quincy Jones, hizo un cálculo a la baja: dado que el mercado estadounidense estaba flojo, podía alcanzar unos dos millones. El berrinche de Michael fue histórico. Se lo tomó como una traición y amenazó con no editarlo hasta que recibió garantía de que su discográfica, CBS, iba a lanzarlo a toda máquina. estudio de

de el cantante negaba la paternidad de una criatura.

El título principal reflejaba la afición de Michael por las películas de miedo, algo mal visto en el seno de los Testigos de Jehová, la fe de la familia Jackson.

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Como

CBS, “Quincy ya tiene muchos Grammy y, al fin de cuentas, quien produce soy yo”. Algo de razón tenía: cuando se publicaron las maquetas, se hizo evidente que Michael había anticipado la forma definitiva de muchos temas. Para

le explicaba al jefe de

reivindicar sus dotes como bailarín, se

recurrió a los vídeos musicales. vio, pero entonces suponía

Hoy parece obmultiplicar el pre-

supuesto de mercadotecnia, con un resultado incierto:

MTV, el canal dominante, prefería deCBS

dicarse a artistas blancos de pop y rock.

subió la apuesta con el clip correspondiente a

Thriller,

John Landis (Un hombre lobo americano en Londres). Se trataba de un híbrido de cortometraje con vídeo promocional, con una duración de 14 minutos. Su coste fue casi tan alto como el propio elepé. De alguna manera, era la revancha del show business al estilo Los Ángeles. La prensa musical podía entusiasmarse con el punk y el techno pop que venían de Londres pero, se argumentaba, nada comparable a semejante exhibición de músculo y savoir faire: técnicos impecables, músicos gomosos, compositores eficaces. Y la mano firme de Quincy Jones, antiguo músico de jazz con el pulso del gusto popular. Sin embargo, el mito de una relación paterno-filial andaba descaminado. Jackson detestaba la voracidad económica de Quincy, que se apuntaba como coautor de las canciones. Y creía que la propia leyenda del productor le eclipsaba: cuando se adivinó que Thriller cosecharía infinidad de premios Grammy, Michael intentó mover hilos para evitar que Jones se llevara el de mejor productor.

Discos

dirigido por

y vídeos se retroalimentaron, creando

el efecto bola de nieve.

Lo

nunca visto: siete

de las nueve canciones se editaron como caras

A

de singles, convirtiendo el disco de origen

en una referencia internacional, solo comparable al fenómeno

Fiebre

del sábado noche,

que dominó el final de la década anterior.

Pero Thriller se focalizaba en una sola persona, inmediatamente transformada en icono global, una figura reconocible y adorada en los cinco continentes.


A

la vez, el inmenso impacto de

Thriller

llevaba dentro la semilla del posterior desastre.

Michael creía en la fuerza de la voluntad: pretendía ser el artista más famoso y, además, el más rico. Él había intuido la universalidad del disco. Acertó y finalmente tenía el mundo a sus pies; los medios que le racaneaban espacio ahora le ofrecían portadas y prime time.

Bad

saldría en

1987. Vendió

toneladas

pero, con semejantes expectativas, fue considerado un pinchazo. transcurridos,

En

Michael

los cinco años

había tenido una

presencia constante, por motivos legítimos

—el

especial televisivo de

Motown, We

are

the world, la gira con sus hermanos—, pero también por una pandemia de malentendidos,

Cuando Thriller

llevaba

40

millones de

copias despachadas, el siguiente

No

Jackson decidió que alcanzaría los 100 millones.

le importaba que las coordenadas

estéticas hubieran cambiado: estaba convencido de que, si se esforzaba, llegaría a los

100. Lo

escribió en las paredes, lo

comentó con los íntimos, se lo exigió a la discográfica.

En tiempos de vacas gordas,

se creía que el mercado era flexible: a mayor inversión, mayores ventas.

sospechas y rumores, muchos generados por la mente febril del artista.

En ese periodo, la

magia se fue evaporando, dejando en evidencia una desmesurada maquinaria industrial sobre la que se bamboleaba una criatura angustiada, que no transmitía precisamente. felicidad.


La justicia rechaza que ‘Stairway to Heaven’, de Led Zeppelin, sea un plagio Un jurado de Los Ángeles dicta que la canción no está basada en ‘Taurus’, del grupo Spirit, que reclamaba parte de los beneficios Led Zeppelin esquivó este jueves un golpe que amenazaba con manchar su legado a la historia de la música. El mayor éxito de su carrera, la canción Stairway to Heaven, no es un plagio. Así lo decidió un jurado de la Corte de Los Ángeles ante la demanda que habían presentado los herederos de un guitarrista, que afirmaba que la legendaria canción había copiado sus notas iniciales de una olvidada grabación de los años 60. El origen del caso está en la denuncia por plagio presentada por el abogado Michael Skidmore, en representación de los herederos de Randy California, guitarrista del grupo Spirit. El grupo publicó en 1967 una canción llamada Taurus, que a partir del segundo 45 contiene un fraseo de guitarra parecido al arpegio que abre los primeros minutos de Stairway to Heaven. Según la demanda, Led Zeppelin copió ese fraseo y lo convirtió en la estructura fundamental que da personalidad a la canción, su parte más reconocible.

El argumento de la acusación, además del parecido razonable entre ambas piezas musicales, era que Led Zeppelin había escuchado la canción, ya que ambos grupos coincidieron en conciertos y festivales entre 1968 y 1969. La canción Taurus, argumentaba, formaba parte del setlist habitual de Spirit. Stairway to Heaven fue publicada en 1971 dentro del álbum Led Zeppelin IV. El jurado da por probado, en una decisión por unanimidad, que el guitarrista Jimmy Page y el cantante Robert Plant efectivamente tuvieron acceso a la canción por aquella época. Pero rechaza que las similitudes constituyan un plagio. Uno de los argumentos de la defensa era que ese fraseo es muy común en la música, se lleva utilizando desde el siglo XVI y no puede estar sometido a la exclusividad del copyright. Básicamente, que es un recuso musical tan habitual que no es de nadie.

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La acusación pedía que se cambiaran los créditos de la canción para incluir al guitarrista de Spirit y que este participara en todos los beneficios logrados por royalties en el futuro y desde 2011, la fecha a partir de la cual se puede actuar pues los 40 años anteriores estarían prescritos. La cifra sería al menos un tercio de los 3,4 millones de dólares que, según sus cálculos, ha generado la canción en este periodo. Aparte, el abogado ha logrado una impagable publicidad para un grupo de rock olvidado por la historia.

El juicio, uno de los más atractivos en términos de famosos que se han celebrado en Los Ángeles este año, ha permitido ver a los componentes de Led Zeppelin en la sala vestidos de traje y con sus melenas blancas. Los testigos eran, principalmente, los miembros de las dos bandas. Así que Jimmy Page, Robert Plant y John Paul Jones fueron llamados a declarar. Los tres negaron que el origen de Stairway to Heaven fuera la canción de Randy California y relataron que el fraseo de guitarra se le ocurrió a Page hacia el año 1970 en el estudio de Headley Grange, en Hampshire. Page relató al jurado que escuchó por primera vez Taurus hace unos días, cuando su hijastro le enseñó una comparación entre ambos temas en Internet. El guitarrista añadió que también descubrió solo recientemente que poseía el álbum de debut de Spirit, que incluye Taurus, después de repasar toda su colección de más de 10.000 CDs y vinilos.

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LOS MÁS VENDIDOS AC/DC, Back in Casi 50 millones. Su

black

(1980).

elementalidad

sonora conquistó el mundo.

Tría-

da clásica: sexo sin romanticismo, abundante

alcohol

y

desafiante

vida rockera.

LED ZEPPELIN IV (1971). Ha vendido unos 44 millones,

PINK FLOYD Dark side of the moon (1973). 44 millones de com-

gracias a la combinación de

pradores para reflexiones sobre la cordura o la depresión.

La

crudeza de bárbaros y lirismo

astucia

de bardos.

Roger Waters y compañía consistió en disimular la turbulencia conceptual bajo una producción reluciente, perfecta para equipos de alta fidelidad. de

ppelin de

El

Ze-

corazón del

Plomo

estaba dividido

entre las exhibiciones de artillería sonora de la pareja

Bo-

ham-Page y el anhelo hippy de

Robert Plant.

MEATLOAF Bat out of hell (1977). 43 millones de copias vendidas. Una destilación wagneriana del imaginario teen, concebida por el compositor Jim Steinman y materializada por el productor Todd Rundgren; por encima, un vocalista desatado que (literalmente) se desgarraba la garganta.

EAGLES Their (1976). 42 millones

greatest

hits

de comprado-

res obligaron al grupo a reunirse, algo que habían prometido no hacer

“hasta que el infierno se congele”. Los Eagles captaron la promesa del sueño californiano y, en su propia historia, la deplorable degradación.

FLEETWOOD MAC Rumours (1977). Las crónicas de los zafarranchos

amorosos

dentro

del

grupo fascinaron a unos

40

nes de compradores.

adopción

de

La

millo-

Don’t stop como himno de bataBill Clinton ha prolongado

lla de

la vida comercial de un disco que haría enrojecer a un guionista de culebrones.

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ROCK&ROLL

La reinvención radical de U2 en vivo La banda ha descartado sus más grandes éxitos a favor de canciones menos conocidas. Detrás de un espectáculo en estadio para fans incondicionales POR ANDY GREENE

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El show es una secuela de su gira Innocen- ce + Experience de 2015, utilizando la misma pared masiva de video que divide una arena a la mitad.

Pero

mientras el tema de la gira es-

Dublín a mediados de los se- tenta, el nuevo espectáculo es

la banda en

de empezar los en-

NTES

2018, Experience + Innocence, U2 tomó una audaz decisión: su nuevo show no podía incluir ni una sola canción de The Joshua Tree, el clásico de 1987 que ha sido la cosayos para su gira de

lumna vertebral de sus conciertos por tres décadas.

La banda se había pasado to- cando el álbum durante 2017 –el cual in- cluye “Where the Streets Have No Name” y “I Still Haven’t Found What I’m Looking For”– sin parar en estadios. “Hasta aquí he- mos llegado”, dice el bajista Adam Clayton. “Si realmente querían esas canciones, lo hi- cimos. Se acabó. Ya lo superamos”. El

reinicio ha ayudado a

U2

a lan-

todos los tiempos

–especializada

segunda mitad de la vida de

Bono. Eso “Love Is

está claro en la primera canción

All We Have Left”. Bono canta solo la nueva canción, caminando por una pan-

talla mientras una voz incorpórea emite órdenes como

“inhala” y “exhala” –ins-

trucciones dadas a los pacientes ingresando a una máquina de tomografía por resonancia magnética.

Es aparentemente

una alusión al misterioso encuentro con la muerte que le inspiró algunas letras en el nuevo álbum.

Es

ferente al de la gira de

un comienzo di-

2015,

donde la

banda tocaba un mini set de sus pri- meras canciones en el escenario principal.

“La

última vez salimos como una banda

25 minutos de rock & The Edge. “Esto es lo opuesto a eso. Es un inicio muy tranquilo y meditativo”. de punk y tocamos roll”, dice

Songs of Expasado. “Esta gira

con la mayor parte de perience del año

es para fans de nuestro más reciente trabajo”, dice el guitarrista

The Edge, “los fans más comprometidos que realmente escuchan todo y se dirigen hacia los nue- vos álbumes

Al

en

desconocidas de su catálogo, junto

–y eso está bien”.

‘Si

vas

dice el director creativo,

“en

Wi

llie

Wi-

vez de que hagas una pelí-

cula que nadie va a ver”.

La

aplicación

también consume la batería de tu ce- lu-

lar a una velocidad notable, una señal no muy sutil de guar- darlo por el resto de la noche.

una travesía más oscura a través de la

zar una de las giras más radicales de tecnología y que recorre las esquinas

nosotros diciendo:

que ver que sea parte de la narrativa’”, lliams,

taba centrado en los primeros días de años

“Somos

a ver tu teléfono, te vamos a dar algo

Otros momentos incluyen una cul“City of Blinding Lights” y el retorno de Mr. MacPhisto, el álter ego diabólico de la época de Zoo TV. “Cuan- do no crees que existo”, dijo Bono en la primera noche en Tulsa, Oklahoma el 2 de mayo, “es cuando hago mi mejor trabajo”. Para los fans incondicionales, la sorpresa más grande ha sido “Acrobat” de Achtung Baby. Esta canción poco conocida es la única de su LP de 1991 que jamás ha sido tocada en vivo. “Nunca quedaba bien con las demás”, dice Clayton. “Pero ha habi- do una petición en el club de fans por ella”. Letras como “Don’t believe what you hear/ Don’t believe what you see” se sienten actualmente relevantes en la era de Trump. Aunque el presidente nunca es mencionado por su nombre, es aludido en otras maneras, incluyenminante

intentar crear un espectáculo

do imágenes de neonazis marchando en

total- mente moderno, la banda en-

Charlottesville el año pasado, que son

contró una nueva forma de abordar el

proyectadas mientras el grupo toca la

problema de los celulares.

oscura

En

lugar de

pedirle a los fans que guarden sus celulares en estuches, como

Jack White U2 los motiva a descargar aplicación. Esta convierte a Bono

lo ha hecho, una

en una enorme presencia fantasmagórica cuando se ve a través del celular.

Es

“Staring at the Sun” de 1997. “Obviamente, nos vamos a referir a la política del momento”, dice The Edge. “Pero queríamos hacerlo sin señas de desaprobación que podían parecer triviales”.

la

primera vez que algún evento de estadio ha creado una experiencia de realidad aumentada para un concierto en vivo.

U2

no tiene planes sólidos sobre

continuar de gira más allá de este año, pero

Clayton

dice que podrían presen-

tarse el próximo en mercados como

Australia

Japón. También realizaron 11 de junio Wllie Williams, “en vez de que hagas una película que nadie va a ver”. La aplicay

un evento especial el

ción también consume la batería de tu celular a una velocidad notable, una señal no muy sutil de guardarlo por el

Apollo Theater Nueva York para los suscriptores de SiriusXM, el cual tuvo un re- pertorio resto de la noche en el de

de canciones completamente diferente al resto del tour.

“Edge

tuvo algunas

ideas radicales para ese concierto”, finaliza

Clayton.

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Los secretos del ‘setlist’ de U2

King Jr.,

ya que la

ha tocado muchas veces antes.

Pero

ensayos en

durante los

Montreal,

la

banda se dio cuenta que era la salida perfecta de

“Staring “Muchas

Para su gira de verano, la banda se olvidó de los trucos e inventó un nuevo tipo de show: el más tranquilo y reflexivo en años

at

the

Sun”.

ideas pode- ro-

sas vienen durante el pro-

ceso, cuando comien- zas a armar todo junto”, declara

The Edge.

9. “City of Blinding Lights” 2004 Un sinfín de shows de U2 han ascendido a un clímax eufórico

“Where the Streets Have No Name” de 1987. Con esa distin- tiva canción fuera de escena, con

tuvieron

que

encontrar

otra similar.

“Decidimos hacer que ‘City of Blinding Lights’ fuera el nal”, cuenta Clayton. “Bono siem- pre dice: ‘Em-

1. “Love Is All We Have Left” 2017
Casi cada concierto de U2 de los últimos 40 años iniciaba con una explosiva canción con la banda completa. Esta vez, quisieron

subvertir

–en-

expectativas

pezó como una canción inocente pero ahora tiene peso’”.

las ton-

ces el show empieza con

Bono

parado solo en

medio de la arena, cantando

el

melancólico

Songs of Experience. “Muy calmado, muy meditativo”, dice The Edge. inicio de

2.“Gloria” 1981
La parte inicial del set está cuidadosamente ordenada

para

evocar

eventos recientes en
la vida de

Bono,

larmente

“acercala muerte”

su

miento con que

parti- cu-

inspiró

mucho

de

Songs of Experience de 2017. “Las primeras tres

canciones

lidian

con la muerte”, cuenta

The Edge. “Después nos sentimos como: ‘Ahora tenemos al

inicio

que muy

regresar rápido,

para empezar la historia desde donde realmente empieza, días’”.

los

primeros

3. “Beautiful Day” 2000Cuando la gira abrió en Oklahoma, U2 tocó su éxito de reaparición en

2000

como la cuarta

canción de la noche.

“No aterrizó del modo que queríamos”, dice The Edge. “Necesita un me- jor preámbulo. Ahora, cuando llegamos a ella después

‘I Will Fo- llow’ y ‘Gloria’, sentimos que nos lo merecemos”.4. “Until the End of the World” 1991 “Realde

mente resalta todo lo que la banda hace me-

The Edge sobre este himno emoti- vo, el cual han tocado en casi cada presentación desde 1991. Con letras que aluden a la traición de Judas a Jesucristo, añade, la

“Tiene

referencias

a la mortalidad y todas impor“Acrobat” 1991 Hasta este año, cada canción de Achtung Baby había sido interpretada en los conciertos al me- nos una vez –excepto este intenlas

preguntas

tantes”.5.

so tema de desarrollo lento.

“Fue un proyecto

de regresar y entender dice

funcio- naba”, The Edge. “Afortunadamente, como con

7. “Staring at the Sun” 1997 U2 toca esta canción poco popular con ma- terial

la mayoría de mis partes

perturbador

cómo

de guitarra, es bastante simple”.

jor”, explica

canción va de acuerdo con esta gira, particularmente por su tono de re exión:

30 aniversario de The Joshua Tree del año pasado. Ahora incluyeron esta canción de amor, la cual, según el bajista Adam Clayton, transmi- Un vistazo al ‘setlist’ para te “la versión actual” del el show de U2 el 19 de sentimiento de “With or mayo en Omaha Without You”.

6. “You’re the Best Thing About Me” 2017 “With or Without You” de 1987 ha sido una

de

U2

Charlot- tesville, Virginia. “Las fuerzas de la oscuridad se están reuniendo”, dice Clayton. “Mirar jamen- te al sol sin tomar una postura no parece ser una buena opción”.

junto con otros de sus queri- dos éxitos tras la gira del

slogans como: “La pobreza es sexista”. El video también incluye a la hija de The Edge, Sian de 21 años, parada solemnemente de negro. “Sian no es una artista por naturaleza”, dice The Edge. “Esa calidad en ella ha muestra

hecho que la imagen sea muy poderosa”.

11. “13 (There Is a Light)” 2017 “Terminar con esta canción no es

U2 haría”, reThe Edge. “Tradicionalmen- te, termialgo que conoce

naríamos

con

crescendo.

un

Este

gran es

un

lugar muy contempla- tivo

por déca-

das, pero la desecharon

duce mientras la pantalla

neonazis

marchando el año pasado en

parte crucial del show en vivo de

10. “Women of the World” Antes del encore, una grabación de esta canción por el poeta escocés Ivor Cutler se repro-

8. “Pride (In the Name of Love)” 1984 Originalmente, U2 pla- neaba omitir su oda de 1984 a Martin Luther

para las personas. está bien”.

Y

eso

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El mejor guitarreo del rock

‘Whole lotta of love’,

de Led Zeppelin, elegido el más legendario ‘riff’ de la historia 12


Según su lema, la Radio 2 de la BBC es “la favorita de la nación”. Concebida inicialmente como emisora para adultos, tiene ahora mayores audiencias que Radio 1, anterior emisora bandera de la BBC, que cubre la actualidad del pop juvenil. Y este verano, Radio 2 ha dado un golpe publicitario al celebrar el universo del riff,ya saben, esa pegajosa frase musical que se repite a lo largo de una canción. En realidad, el riff existe igualmente en la música instrumental, sea jazz o clásica. Pero se identifica con el rock, donde la guitarra eléctrica suele ser el instrumento estelar: el riff es el puerto de entrada para los aspirantes a guitarristas ya que proporciona gratificación instantánea. Ni siquiera es necesario saber tocar un instrumento: cuando suena un buen riff, cuesta resistirse a la tentación de hacer la mímica adecuada con una guitarra invisible; de ahí, los populares concursos de “air guitar”. El resultado de la votación, sobre un listado de 100 canciones seleccionadas por locutores y expertos, se hizo público el lunes y ha generado las respuestas previsibles: odas al poder guitarrero de los sesenta y los setenta, lamentos sugiriendo que el arte del riff esté en decadencia. Lo deducen del siguiente dato: las 10 canciones del presente siglo están casi todas en la zona baja de la lista.

Semejante interpretación olvida que, obviamente, los riffs más frescos están en desventaja: cuantos más años lleve un riff en circulación, más posibilidades de empotrarse en la memoria musical de varias generaciones. El número uno, el más votado, Whole lotta love, es recordado por millones de británicos como la sintonía del programa televisivo Top of the Pops durante buena parte de los años setenta (aunque allí sonaba en la versión de un grupo de músicos profesionales llamados CCS). Whole lotta love también ejemplariza el poder del riff. El tema deriva claramente de You need love, blues del compositor Willie Dixon grabado por el majestuoso Muddy Waters en 1962 (aunque Led Zeppelin se inspiró en la versión posterior de The Small Faces, You need loving). Nada de eso se reconocía en los créditos de Whole lotta love, como era práctica habitual en Led Zeppelin, pero más adelante, tras la amenaza de una demanda de Dixon, debieron añadir su nombre y pagarle un porcentaje de los derechos de autor. Pero es el riff de Jimmy Page lo que convierte Whole lotta love en el brontosaurio del rock. Page asegura que no fue producto de una improvisación en directo. Se elaboró en su casa y entró en combustión cuando fue tocado por toda la banda. En declaraciones a Radio 2, explica que buscaba “algo amenazador pero que a la vez sonara acariciante” (la canción tiene un intermedio orgásmico protagonizado por el cantante, Robert Plant).

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Sí que fueron creaciones colectivas los riffs de Sweet child o’Mine (Guns’n’Roses, nº 2) y Money (Pink Floyd, nº 10). Obras más personales son los de You really got me (The Kinks, nº 9), con Dave Davies distorsionando su guitarra con métodos primitivos, y How soon is now? (The Smiths, nº 6), verdadera arquitectura sonora desarrollada por el productor John Porter y el guitarrista Johnny Marr, en aquel momento fascinado por lo que se conoce como “el ritmo Bo Diddley”.

A veces, funciona la combinación de lo dramático con lo elemental. Es bien conocida la inspiración de Smoke on the water (Deep Purple, nº 4): relata el incendio del Casino de Montreux en 1971, cuando un descerebrado disparó al techo con una pistola de bengalas durante un concierto de Frank Zappa. Ritchie Blackmore construyó el riff y lo sigue defendiendo: es una secuencia de cuatro notas, no tan diferente —insiste— del inmortal Primer Movimiento de la Quinta sinfonía de Beethoven.

Otros fueron creados con toda intención: el de Back in black, de AC/DC, tenía que servir de base para la despedida del grupo a su primer cantante, el salvaje Bon Scott; Layla, de Derek and the Dominos, expresaba el anhelo de Eric Clapton por Patti Boyd, entonces casada con su amigo George Harrison, aunque se supone que el riff fue obra del guitarrista invitado, Duane Allman, ajeno al triángulo amoroso.

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Los 20 minutos que cambiaron la historia del rock Hace 30 años se celebró Live Aid. Para muchos, el incendiario concierto de Queen es la mejor Todavía no había caído la noche en Londres. Emergieron desde un lado del escenario, con urgencia, conscientes de que tenían poco más de 15 minutos. Brian May y Freddie Mercury, los jefes, al frente, los dos con sus Adidas blancas con las tres rayas negras. Freddie con unos tejanos decolorados Wrangler subidos casi hasta el ombligo y su estrechísima camiseta de tirantes blanca, lo que estilizaba su todavía fibrosa figura, esa que el sida consumiría años después. Tenía 38 años aquella tarde-noche de hace tres décadas.

Posiblemente ningún otro concierto, ni disco, película o serie de televisión resumió mejor lo que fueron los ochenta que Live Aid, el evento musical que se celebró el 13 de julio de 1985, hace ahora 30 años, para combatir el hambre en Etiopía. En la década del glamour de las estrellas del pop, allí estaban todas. En los años del culto a lo excesivo, nada hubo más grande: dos macroconciertos simultáneos en Londres y Filadelfia, en enormes recintos deportivos, transmitido en 72 países y con una audiencia de 1.500 millones de espectadores (según The New York Times; 1.900 millones según la CNN) en directo por televisión. De aquel derroche de medios no es extraño que saliera la que muchos consideran la mejor actuación de la historia; y la protagonizó Queen.

Cuando alcanza el borde del escenario, mueve el brazo para agitar a los 74.000 espectadores que abarrotan Wembley. Se sienta al piano, toca unas notas breves de calentamiento y ataca la melodía de Bohemian rhapsody. El público estalla. Cuando comienza a cantar y se hincha su vena del cuello parece que lleva una hora en el escenario y está interpretando los bises. Pero no, el concierto acaba de comenzar. Se empezaban a cimentar unos de los minutos más decisivos de la historia de rock sobre un escenario.

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Veteranos de los setenta

La noche de Freddie

A mediados de los ochenta, Queen eran unos supervivientes de la década anterior. Estaban en forma: en 1984 habían publicado The works, un disco que contenía dos temas que se han convertido en clásicos ochenteros, Radio ga ga y I want to break free, cuyo hilarante vídeo hizo estragos en MTV, y el bombazo rockero Hammer to fall. Aun así, la imagen de grupo teatral con elementos operísticos que les había hecho famosos en los setenta estaba un tanto desdibujada (su primer disco es de 1973). Lo último que podían esperar los 74.000 espectadores que acudieron al estadio londinense de Wembley (entre los que estaban Lady Di y el Príncipe Carlos), ansiosos ante la anunciada reunión de los Who o la aparición de Paul McCartney, era que la actuación más destacada corriese a cargo de Freddie Mercury y los suyos.

Freddie Mercury se lució. Lejos de comparecer con aires de divo, Mercury (Zanzíbar, 1946) adopta un aire relajado y simpático, dando afectadas zancadas por el escenario, interactuando con las ubicuas cámaras (llega a abrazar a un ayudante) sin por ello dejar de transmitir una actitud potente, rockera, armado con su característico micrófono-bastón. Parece que está por todas partes: sentado al piano, adoptando poses aquí y allá, cogiendo una guitarra o bajando un peldaño para alentar al público. Y todo con pasmosa naturalidad, como si lo de cantar delante de esa multimillonaria audiencia televisiva fuera algo que hiciese todos los días. Mercury se ganó al público sin necesidad de soltar speech alguno (el tiempo estaba medido); todo lo más, entabla con los espectadores un juego de cánticos a capella (con giros un tanto surrealistas) y les ofrece uno de los temas: “Esta canción está solo dedicada a la gente maravillosa que está aquí esta noche. O sea, a todos vosotros. Gracias por venir y darnos esta gran ocasión“, dice a modo de introducción de Crazy little thing called love. Hasta su indumentaria ha quedado como icono de la moda rock star. “Lo que más me gustó fue ver al público sintiéndose parte del show. Cuando cantaba, era increíble”, dijo Freddie Mercury en un documental poco después. “Era el escenario perfecto para Freddie: el mundo entero”, declaró el impulsor del concierto, Bob Geldof, en el libro Freddie Mercury: the definitive biography.

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Veinte minutos de delirio Pero no solo fue la avasalladora presencia de Mercury lo que hizo que su actuación pasara a la posteridad. Los 20 minutos que Queen tomaron el escenario (estaba estipulado un máximo de 18 por banda) fueron la sinopsis perfecta de un concierto de rock: baladas, ráfagas cañeras, cánticos para corear. En ese espacio de tiempo Queen interpretaron seis temas: comenzaron con un fragmento de Bohemian rhapsody que enlazaron con sus dos éxitos más recientes, Radio ga ga y Hammer to fall. Entonces Mercury se colgó una guitarra y recuperó ese tema que suena a viejo rock and roll, Crazy little thing called love. Como remate, sus dos himnos: We will rock you y We are the champions. Efectivamente, habían sido los campeones. Mientras algunas viejas glorias se habían juntado sin ensayar, Queen dedicaron una semana entera a preparar la actuación en el teatro Shaw, de Londres, según cuenta el asistente personal de Mercury, Peter Phoebe Freestone, en la biografía del cantante. “Nadie se lo había preparado, excepto Queen”, comenta Pete Smith, coordinador del concierto, en el mismo libro.

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Cónclave de estrellas Evidentemente nada de esto habría trascendido si no se hubiera tratado de un concierto de ese calibre. Festivales benéficos se habían organizado en el pasado (la referencia a Woodstock fue constante en aquellos días), pero ninguno parecido a este. Live Aid era una enciclopedia viviente del rock, desde las leyendas que habían empezado en los sesenta (Paul McCartney, Mick Jagger, Led Zeppetin, Bob Dylan, Joan Baez, los Beach Boys, los Who, Neil Young) a las rutilantes figuras de los ochenta, de Madonna a U2. Y como es natural, con semejante cantidad de ídolos por metro cuadrado, Live Aid deparó anécdotas impagables. Se dice que el propio Mercury, que había acudido con su novio, el peluquero Jim Hutton, acorraló a Bono en un pasillo del backstage y le tiró los tejos preguntándole picarón: “¿Se dice Bóno o Bonó?”. Algunos músicos accedieron a Wembley en helicóptero, que aterrizaba en un campo de críquet aledaño donde dio la casualidad de que se estaba celebrando una boda. El cabreo del padre de la novia solo pudo aplacarlo un diplomático David Bowie, accediendo a fotografiarse con la comitiva nupcial. A un lado del escenario, visible solo para los músicos, había un semáforo de tráfico que controlaba la duración de su performance. Cuando pasaban de los 18 minutos acordados se ponía en ámbar.

El legado Live Aid,que según la BBC recaudó 30 millones de libras (42 millones de euros), cambió la cara del rock. Los conciertos solidarios se sucedieron desde entonces, entre ellos el que celebró la caída del muro de Berlín en 1990, o el homenaje a Freddie Mercury en 1992, con un notable elenco de artistas que recaudaron fondos contra el sida. De los creadores de Live Aid, llegó en 2005 Live 8, con el objetivo de llamar la atención a los líderes del G8 sobre el hambre en los países en vías de desarrollo. Queen, de nuevo en la cima, grabaron otros tres grandes discos (A kind of magic, de 1986, The miracle, de 1989, e Innuendo, de 1991), a pesar de que en 1987 a Freddie Mercury le fue diagnosticado sida. Aunque lo negaba, poco a poco se fue apartando del ojo público. El 22 de noviembre de 1991 lanzó un comunicado admitiendo que padecía la enfermedad. Dos días después falleció.

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Los misterios que esconde El estreno en los cines de ‘Bohemian Rhapsody’, el filme que hace foco en la historia de Queen y en la vida de su cantante y líder Freddie Mercury, ha traído al presente la canción con la que la banda británica tocó el cielo. Un tema que salió a la luz en formato de disco simple hace 43 años y aún hoy encierra numerosos misterios. Bohemian Rhapsody, que por entonces aparecía en las placas de fabricación nacional como Rapsodia Bohemia, es una de las canciones más populares no sólo de Queen, sino de la historia de la música. Esta exquisita pieza, fue escrita por Freddie Mercury para su álbum de 1975, A Night At The Opera, y lanzada el 31 de octubre de aquel año. Mercury se negó a explicar el verdadero significado de la canción A lo largo de esos seis minutos que llevan el sello puro de Mercury se trascienden las fronteras del rock. Queen al completo -Brian May, Roger Taylor, John Deacon y el propio Freddie- incorporaron un fragmento coral que hoy es una marca registrada de la banda. Además, añadieron cambios abruptos de estilos, tonalidades y tempo envueltos en una serie de misterios.

El compositor de la pieza se negó a explicar el verdadero significado de Bohemian Rhapsody, manifestando que sólo se trataba de “relaciones”. “Es una de esas canciones que tienen un aura de fantasía alrededor. Pienso que la gente debería simplemente escucharla, pensar en ella y luego formar su propia opinión acerca de lo que les dice... Bohemian Rhapsody no salió de la nada. Hice algunas investigaciones porque está pensada para ser un modelo de ópera, ¿por qué no?”, llegó a decir Mercury, al respecto, a mediados de la década del ‘70. A partir de allí, varios suponen que dicha canción contiene referencias directas hacia los problemas personales del fallecido cantante y compositor. Tal es así que en un documental de la BBC sobre el proceso de creación de Bohemian Rhapsody, Roger Taylor (el batería de Queen) comentó que el verdadero significado de la pieza es: “claramente de autoexposición, con sólo unas pequeñas partes sin sentido, en el medio”.

Hasta el momento, no hay una lectura definitiva sobre la lírica de la canción. Por un lado, la teoría apunta a una historia de homicidio y confesión (”Mama, just killed a man”) como una analogía a la bisexualidad de Mercury en aquellos tiempos (el músico había estado viviendo con Mary Austin durante siete años, pero en 1975 tuvo su primera pareja homosexual) a raíz de la frase “Mama mia, mama mia let me go”, que significaría realmente una petición de que lo dejen vivir plenamente su sexualidad. A su vez, el letrista Tim Rice, quien trabajó con el cantante y compositor en su segundo disco como solista, Barcelona (1988), coincide con esta versión. En una entrevista al diario Daily Mail británico admitió que en la letra, Mercury “pudo haber matado al antiguo Freddie, a su antigua imagen (...), heterosexual, había muerto. Había destruido al hombre que intentaba ser y ahora era él mismo, intentando vivir con el nuevo Freddie”. Por otro lado, se cuenta que la letra se apoyaría en un Freddy Mercury frustrado por haber sido sacado de su natal Zanzíbar (actual Tanzania) cuando tenía 18 años de edad.

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Bohemian Rhapsody Otra de las hipótesis se basan en una supuesta explicación de la letra desde un folleto escrito en persa. Cuando la banda lanzó un disco recopilatorio con sus grandes éxitos en Irán, se incluyó un texto dirigido hacia dicho grupo étnico donde se aclaraba que la lírica se debía a un diálogo en partes sobre un hombre que mató a alguien y que, como Fausto, vendió su alma al diablo. La noche antes de su ejecución, llama a Dios en árabe (diciendo “Bismillah” -”Bismillah! No we will not let you go - let him go”) y que con la ayuda de sus ángeles recupera finalmente su alma. Otra de las teorías aceptadas sobre la canción se basan en que es un diálogo de un asesino suicida perseguido por sus demonios o momentos antes de una ejecución. Se comenta también que el tema recibe una influencia del escritor Albert Camus y su novela El extranjero (publicada en 1942), donde el protagonista dispara su arma a otra persona y es sentenciado a muerte por su crimen. Asimismo, también podría haber sido influenciada por Crimen y Castigo (de 1866), de Fiódor Dostoyevski.

Asimismo, otro de los integrantes de Queen, el guitarrista Brian May, se refirió al respecto, pero no dio una mayor explicación del tema. “Creo que a Freddie le divertía que hubiera tantas interpretaciones distintas de esa letra. Creo que es una canción magnífica que está más allá del análisis. No es que quiera eludir el asunto, es que pienso que amamos algunas canciones precisamente por eso”, dijo. Y agregó: “Tengo mis propias ideas y sentimientos sobre Bohemian Rhapsody, pero odio hablar de ello”. En cuanto a la música, lejos de la ortodoxia estilística en la que se desarrollaba el lado B del single, I’m in Love with My Car, con la voz aguardentosa de Taylor al frente, la canción propone un recorrido que tiene su punto de partida en una introducción coral -apoyada por un por entonces llamativo trabajo de mezcla que pasaba de canal a canal la pregunta original: “¿Es esta la vida real, es sólo fantasía?”- que desemboca en un dramático relato interpretado por Mercury. Y donde, la guitarra de May, entonces, construye un puente eterno hacia la sección operística. Al final, un rock furioso prologa un final con aires de resignación. Y melódicamente, con el piano de Mercury, abre uno de los grandes capítulos de la canción popular bajo la letra “Ooh yeah, ooh yeah/ Nothing really matters/Anyone can see/ Nothing really matters nothing really matters to me/Anyway the wind blows”.

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20 músicos que aborrecen sus propias canciones (y tú, sin embargo, las amas) Madonna, Radiohead, Radio Futura, Rolling Stones... odian alguno de sus éxitos. Tanto, que se niegan a tocarlos, aunque el público los demande La historia de la música está repleta de artistas que, por los motivos que sean, han terminado renegando, echando pestes y, en definitiva, odiando sus propias creaciones. Ya sea porque no atravesaban un momento vital óptimo, porque tuvieron que ceder a algún tipo de presión o porque tenían horribles tiranteces con sus compañeros de fatigas. “Si alguna vez os habéis preguntado cómo suena un grupo en el momento de romperse, escuchad esa versión”, dijo años atrás Slash sobre una de sus interpretaciones. “Nos habíamos quedado sin gasolina. Nos podíamos haber ido a pique”, es otra sentencia lapidaria de Keith Richards, hablando sobre un disco de los Rolling Stones.

Valgan estos ejemplos de dos indiscutibles del rock como introducción para este repaso por una veintena de casos en los que los artistas no se han frenado a la hora de demoler sus propias creaciones, por lo general ante la estupefacción del público y los ejecutivos de sus correspondientes discográficas. 1. Madonna no quiere oír ‘Like a virgin’. La cantante aseguró en 2008 a la emisora neoyorkina Z100 que no estaba segura de querer volver a cantar viejos temas como Holiday y Like a virgin salvo que algún magnate le pagara una auténtica fortuna. Esto resultó ser una chulería, pues ambos se mantienen aún hoy en sus repertorios habituales. Pero como las estrellas, ya se sabe, son caprichosas, en 2009 volvió a la carga para confesar que no le gustaba escucharlos cuando sale por ahí: “Cada vez que voy a algún lugar hacen sonar mis trabajos más viejos. Generalmente, son canciones de las que estoy muy cansada, por lo que me veo obligada a decir: ‘Por favor, apaguen esto’. Por la misma razón, la gente piensa que cuando uno va a un restaurante o estás de compras quieres escuchar tu propia música. Normalmente eligen Like a virgin, y esa es exactamente la que no quiero oír”.

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2. R.E.M. aborrece ‘Shinny happy people’. El tema Around the Sun tuvo un éxito razonable tras su lanzamiento en 2004, principalmente gracias al emotivo single Leaving New York. Pero cuando llegó el momento de promocionar el siguiente álbum, Accelerate (2008), resultó que la banda admitió públicamente que su anterior obra les había dejado descontentos. Asi habló el guitarrista Peter Buck al Atlanta Journal-Constitution sobre uno de los discos de R.E.M. menos queridos por los fans y, por lo que se, por los músicos: “No se puede escuchar porque suena a lo que es, un grupo de gente aburrida con un material que no pueden soportar más”. Por si esto fuera poco, los chicos de R.E.M. tampoco soportan su jovial himno de 1991 Shinny happy people, a pesar de ser uno de sus mayores éxitos, tal y como han manifestado en repetidas ocasiones.

3. Keith Richards considera un fraude su disco con los Rolling Stones ‘Their satanic majesties request’. En su libro de memorias, Vida, el guitarrista de los Rolling Stones señala finales de 1967 como un punto bajo del grupo, que no estaba satisfecho con el contenido de Their satanic majesties request, editado aquel año: “Nos habíamos quedado sin gasolina. Nos podíamos haber ido a pique. Fue justo después de Satanic Majesties, que en mi opinión era un poco fraude. En ese momento apareció Jimmy Miller como nuestro nuevo productor. Pasamos de ir a la deriva a sacar de todo aquello Beggars banquet, que llevó a los Stones a otro nivel”.

4. Slash detesta la versión que grabaron Guns N’Roses de ‘Sympathy for the devil’. El (otra vez) guitarrista de Guns N’ Roses habla en su autobiografía con evidente resquemor acerca de la última grabación de su grupo, aquella versión del Sympathy for the devil, de los Rolling Stones que ellos reinterpretaron en 1994 para la banda sonora de la película Entrevista con el vampiro. “Si alguna vez os habéis preguntado cómo suena un grupo en el momento de romperse, escuchad esa versión. Si hay un tema de Guns que me gustaría no volver a oír nunca, es ese. Mientras los demás grabábamos nuestra mediocre versión, Axl no apareció ni una sola vez y después tardo una semana en grabar sus voces”, rememora Slash.

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6. Radio Futura reniega de ‘Enamorado de la moda juvenil’. La primera alineación de Radio Futura, la que debutó en 1980 con Música moderna, estaba diseñada en torno al alma máter de aquella época, Herminio Molero, quien abandonaría apenas un año después. Esto, unido a que la discográfica Hispavox intentó convertirles en un grupo de fans, hizo que el resto de miembros terminaran renegando de su contenido, a pesar de contar con singles tan relevantes como Enamorado de la moda juvenil. En 1998, Santiago Auserón (voz y compositor principal de Radio Futura) hablaba así en El País de las Tentaciones: “Aquello fue un producto tan manipulado desde el punto de vista de la producción y de la comercialización, que no nos reconocemos en él. Somos conscientes de que a gente que le gusta Radio Futura, aquello le hace gracia como objeto cultural histórico”. Por su parte, Luis Auserón (bajista del grupo) tampoco guarda buen recuerdo de unas canciones que Radio Futura ni tan siquiera tocaban en directo: “En aquella primera época éramos colaboradores: la línea la marcaba Herminio. Nosotros nos podemos sentir responsables a partir de La estatua del jardín botánico (1982).

5. U2 abomina del resultado de ‘Pop’. En el segundo lustro de los noventa, la banda irlandesa viró hacia la música electrónica predominante de la época. El resultado quedó plasmado en Pop (1997), un álbum que el grupo tuvo que terminar a toda prisa para conseguir que llegara a las tiendas antes de que empezaran la gira Popmart que ya tenían cerrada. “La mayor parte de las canciones de Pop se quedaron a un paso de llegar a su punto culminante”, admite Bono en el libro autobiográfico U2 By U2, en el que el batería Larry Mullen añade: “Unas cuantas semanas más habrían marcado la diferencia en todos los temas. Si hubiéramos tenido dos o tres meses más para trabajar, hubiéramos conseguido un álbum muy diferente”. “El proyecto se convirtió en una solución intermedia”, zanja The Edge.

7. Radiohead desprecia ‘Creep’. Pública y notoria es la animadversión que Radiohead sienten hacia Creep, el single que les abrió las puertas del éxito masivo allá por 1992, al considerar que es más famoso que la propia banda (sin motivo, según ellos mismos). Tanto es así que el tema ha pasado largas temporadas fuera de los repertorios de sus conciertos, siendo por lo general noticia su interpretación (la última de ellas, en el Primavera Sound de Barcelona de este año). Durante su grabación, el guitarrista, Jonny Greenwood, ya estaba harto de la canción, por lo que en una sesión rasgó su guitarra con fuerza jus-

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8. Kurt Cobain sentía vergüenza por ‘Smells like teen spirit’. Está claro que ni Kurt Cobain, ni nadie, podrían haber imaginado todo lo que iba a suceder después de que la MTV emitiera por primera vez el vídeo de Smells like teen spirit en septiembre de 1991. Se había abierto la caja de pandora y el grupo se iba a convertir en estandarte de toda una generación, algo que en absoluto gustaba a Cobain, quien pocos meses después confesaba a Rolling Stone que sentía incluso “vergüenza al tocarla” en directo. “Todo el mundo se ha fijado demasiado en esta canción”, lamentaba. 9. Amaral no quiere tocar nunca más ‘Tarde de domingo rara’. En un encuentro con periodistas en Pozoblanco el pasado mes de abril tras el ensayo general de su actual gira, Eva Amaral y Juan Aguirre confesaron en ambiente distendido algunos errores del pasado en su discografía. El guitarrista tiró de honestidad al admitir que una de sus canciones “no tocaría ya nunca”. “Tarde de domingo rara, porque el arreglo fue un completo error”, comentó. Y añadió: “Otra que cambiaría es Toda la noche en la calle, porque tiene cinco notas que se parecen demasiado a una guitarra de David Bowie, pero no nos dimos cuenta”. 10. Ozzy Osbourne odia un disco entero que grabó con Black Sabbath. En sus hilarantes memorias, Confieso que he bebido, el icónico del rock duro Ozzy Osbourne relata su desazón con el contenido del octavo disco de Black Sabbath, Never say die (1978), que terminaría siendo el último con su voz antes de ser despedido: “Para las últimas sesiones ya me había rendido. Tony, Bill y Geezer decidieron que querían incluir una canción, Breakout, en la que una banda de jazz tocase un da-daada-daa-DAA y yo pensé: ‘A la mierda, se acabó. Eso era ir demasiado lejos, con temas así podíamos llamarnos Slack Haddock. Lo único admirable de la banda de jazz era lo mucho que podían beber”. 11. Malcolm Young se atraganta con ‘For those about to rock’, de AC/DC. Los ochenta empezaron inconmensurables para AC/DC con el disco Back in black. Pero su buena estrella se apagó en parte durante aquella época, en la que la banda pasó por algunos momentos de relativa baja popularidad. El disco de 1982, For those about to rock, fue el que marcó el comienzo de la cuesta abajo de aquellos años. “Dios, ese disco no se acababa nunca y se nota cuando lo escuchas. Está hecho de pedazos y retales, no fluye apropiadamente como debe hacerlo un álbum de AC/DC. Cuando finalmente lo terminamos no creo que ninguno de nosotros fuese capaz de saber si sonaba bien o mal”, dijo Malcolm Young en una entrevista en 1992 sobre el mencionado For those about to rock.

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12. Loquillo se cansó de cantar ‘Quiero un camión’. El artista barcelonés publicó el pasado año Código rocker, un álbum en el que junto a la banda Nu Niles, Loquillo volvió a sus orígenes rockabilly con una docena de canciones propias –y alguna ajena–, reinterpretadas para hacerlas justicia. “Ahora reciben el tratamiento adecuado a nivel de producción. Muchos poetas revisan su obra y la corrigen. Eso es lo que he hecho, corregir para dar a cada canción el espíritu que debía tener en una época en la que éramos muy jóvenes para conseguirlo”, aseguró en 2015 en una entrevista con Europa Press, en la que añadió que se hartó de cantar Quiero un camión porque no le “gustaba cómo era”. “Es una sensación muy agradable escucharla ahora con Nu Niles tal y como se pensó”, apostilló.

13. M Clan, quemados con una etapa de su carrera. La banda murciana vivió una etapa de acercamiento a las radios comerciales, que se terminó tras el recopilatorio Retrovisión, de 2006. Lo explicaba así el guitarrista Ricardo Ruipérez hace dos años en la publicación Efe Eme: “Para el recopilatorio hicimos algo como un trabajo por encargo para hacer un par de temas pensando en que sonaran en las radios y eso nos quemó. Al final ni nos gustaban, de hecho ni los tocamos en directo. Los tocamos tres veces y dijimos: ‘Si es que no nos gusta, a la mierda’. Y a partir de ahí, Carlos [Tarque, voz del dúo] y yo hablamos: ‘Vamos a parar un tiempo, vamos a volver a la raíz, a hacer música que realmente nosotros sintamos actualmente y olvidarnos de esto durante un tiempo’. Estuvimos un año y medio componiendo e hicimos Memorias de un espantapájaros, que salió en 2008”.

14. Iron Maiden critica a su propio productor. No es que la banda británica reniegue del contenido de su debut homónimo de 1980, pero sí que tienen bastantes pegas respecto a su sonido. De hecho, por los estudios Kingsway de Londres pasaron dos productores que fueron despedidos antes de la llegada de Will Malone. Después de tanto cambio, la banda británica no quedó plenamente satisfecha con el sonido (sucio y cercano al punk en algunos pasajes) pero tuvo que aceptar la situación por su condición de debutantes. En años posteriores, el bajista Steve Harris ha criticado en diversas ocasiones al productor por su escaso interés.

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15. The Killers califica de flojo su último disco. Fue hace poco más de un año cuando el vocalista de The Killers, Brandon Flowers, admitió a la publicación inglesa NME que el último disco del grupo de Las Vegas, Battle born, “no fue suficientemente bueno”. “Y todos lo sabemos. Una vez que todos estemos en la misma sintonía, esto funcionará. Necesito persuadir al resto de que les gusten las mismas cosas que yo hago”, planteó en un tono entre confesional e irónico.

16. Lorde considera “horrible” su pelotazo ‘Royals’. A pesar de que es uno de los grandes éxitos de su todavía corta carrera, la neozelandesa Lorde no soporta su tema Royals, tal y como reveló a Daily Record & Sunday Mail en 2014: “Escucho a la gente haciendo versiones del tema y dándoles su propio toque, y lo escucho de cualquier manera excepto en la versión original que yo lancé, que soy consciente de que suena horrible. Suena a politono de Nokia de 2006. Ninguna de sus melodías son buenas, es desastrosa. Espantosa, pero por algún motivo, gracias al contexto en el que fue lanzada, funcionó”. 17. El fracaso del último disco de The Clash. No fue una buena idea que The Clash continuaran su andadura sin sus miembros fundadores Mick Jones (guitarra) y Topper Headon (batería), pero eso fue lo que decidió el vocalista y guitarrista Joe Strummer para facturar el que a la postre sería el último disco del grupo, Cut the crap (1985). Tras lanzar el primer single, This is England, llegaron las malas críticas y Joe se desentendió del final del proceso, dejando al mando al productor Bernie Rhodes, con quien firma todos los temas: “CBS había pagado un avance por el disco así que tenían que lanzarlo. Y pensé: ‘Bueno, a la mierda’, y me fui a las montañas de España para sentarme bajo una palmera mientras Bernie tenía que terminar un álbum”. Por supuesto, The Clash llegó a su final pocos meses después.

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18. Marta Sánchez, cansada de que no le dejaran opinar en Olé Olé. En la primera temporada del programa televisivo A mi manera, Marta Sánchez renegó abiertamente de sus últimos meses como cantante de Olé Olé, justo antes de lanzarse a su exitosa carrera solista. “Después de Soldados del amor (1990) siento mucha presión y mucha dictadura a la hora de elegir canciones. También había ya una energía de cansancio, mucha diferencia de opinión entre la banda, alguna que otra pelea. Yo quería elegir mis canciones porque siempre me decían lo que tenía que cantar. En realidad no me dejaban opinar mucho aunque había canciones muy acertadas. En aquella época final del grupo, cuando nos presentaban decían Marta Sánchez y Olé Olé. Yo creo que hasta me adelanté un poco, tenía que haber esperado un año”.

19. Robert Plant (Led Zeppelin) no cantará jamás ‘Stairway to heaven’. El vocalista de la banda, Robert Plant, se ha referido en repetidas ocasiones a Stairway to heaven como una “canción de boda”. Incluso aseguró a Los Angeles Times en 1988 que se “partiría en mil pedazos” si tuviera que seguir cantándola cada noche. Para cuando Led Zeppelin hizo su concierto de reunión en 2007 en Londres, Plant intentó sin éxito sacar al viejo himno del repertorio de la velada. Suponemos que el reciente juicio por plagio contra Plant y el guitarrista Jimmy Page, precisamente por Stairway to heaven, en el que el cantante fue obligado a canturrear parte del tema, no ha hecho crecer su cariño por el viejo himno... aunque al menos fueron absueltos por el jurado y evitaron un sangrante hachazo a sus finanzas.

20. El insoportable sopor de David Bowie con su éxito ‘Never let me down’. Aunque Never let me down (1987) fue un éxito de ventas, lo cierto es que no tuvo buenas críticas ni fue especialmente bien recibido por los fans. El propio Bowie terminó coincidiendo con el resto con el paso de los años, declarando en 1995 a la periodista Ingrid Sischy que este fue un trabajo “horrible”. “Incluso aunque sea un fallo artístico, nada me aburre tanto como Never let me down. Nunca debería haberme molestado en entrar al estudio para grabarlo”.

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REVISTA TAMARA DIAZ  
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