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LA SOCIEDAD DE LA INFORMACION Y EL CONOCIMIENTO: AMBITOS PROPICIOS PARA LA INNOVACIÓN DE PRÁCTICAS DE Y PARA LA EQUIDAD DE GÉNERO

Por Gloria Bonder1 I. INTRODUCCION

Sociedad de la Información, Sociedad del Conocimiento, innovación, nociones tan difundidas como polisémicas que, al tiempo que instituyen un consenso social sobre la irreversibilidad de un cambio de época, canalizan anhelos de renovación aletargados, cuando no crispados, por la frustración y el desencanto, revitalizando la imaginación y creando nuevos imaginarios sobre el futuro deseado y temido. En este marco las relaciones entre innovación e igualdad o paridad entre mujeres y varones, plantean sugerentes interrogantes tanto en el plano teórico como social y político. ¿Es que necesitamos innovar conceptos y prácticas para abordar las desigualdades crónicas y las emergentes entre mujeres y varones en los actuales procesos de globalización dinamizados por la expansión de las tecnologías de información? ¿Precisamos innovar las ideas acerca de la des/igualdad entre ambos géneros a la luz de las transformaciones en los modos de ser, de vivir y de hacer que perfila la época? ¿Cómo podemos aprovechar las Tecnologías de Información y Comunicación para dinamizar las agendas y estrategias de equidad de género, para el empoderamiento económico y político de las mujeres y lograr abrir más canales para dar cauce a su imaginación cultural? El actual contexto tecno-cultural globalizado se nos ofrece como un extraordinario observatorio para avizorar los modos en que las mujeres resignifican las luchas históricas por la igualdad genérica, enriqueciéndolas con las posibilidades que ofrecen estos entornos; así como también percibir que pese a ello, todavía persisten modos tradicionales y por ende discriminatorios de “habitar los entornos digitales”. Experiencias de utilización de las TIC en la prevención y atención de la violencia basada en patrones de género, de acceso a información sobre salud y de participación en la gestión de recursos en esa área, ciberactivismo, innovación cultural y estética, nuevas formas de ejercicio de la ciudadanía, creación de múltiples redes, potenciación de la capacidad emprendedora, acceso a formación permanente y de amplio espectro; son ejemplos de cómo algunas mujeres ya van en camino a la apropiación estratégica de los recursos de la Sociedad del Conocimiento, participando en la lucha por asignarles sentido y valor social y político.

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Documento elaborado para el Centro Latinoamericano en Género y Sociedad de la Información- UN GAID – Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina www.catunescomujer.org/cgysi-lac/

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En este documento se hará hincapié en la importancia de avanzar hacia el logro de la Paridad de género en la Sociedad de la Información y el desarrollo de una Sociedad de la Información para la Paridad2. En ese marco se presentará una reflexión sobre la noción de buenas prácticas de cara a iniciar la identificación y difusión de algunas iniciativas que utilizan las TIC para prevenir y abordar la violencia basada en patrones de género. 1I. LAS MUJERES EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO ¿Cómo participan las mujeres en los nuevos entornos tecnológicos? Este interrogante, que a primera vista, puede parecer sencillo alude a una problemática que cada vez gana mayor atención en el campo de los estudios de género y que lentamente está comenzando a tener presencia en los ámbitos de decisión de políticas públicas de América latina. Al plantearlo no aludimos exclusiva ni prioritariamente al aumento en la presencia numérica de las mujeres en su acceso a las TIC, sino fundamentalmente a los usos y modalidades de vinculación con estos recursos

y a sus

posibilidades

para

desempeñarse en los entornos digitales, tanto para utilizarlos a favor de sus necesidades y proyectos vitales como para expresarse, crear

El interés por fortalecer la presencia de las mujeres en estos espacios ya lleva algunos años. Fue incluida, si bien parcialmente, en la Plataforma de Acción de Beijing y de otros organismos internacionales que operan en la Región, como UNIFEM. Este tema estuvo presente en la agenda de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información a través de un Caucus de Género que luchó por incluir el enfoque de equidad de género en los documentos oficiales.3

y difundir nuevos conocimientos e intervenir en la producción de tecnologías que lleven la impronta de sus estilos y valores y las hagan más sensibles y responsables respecto de la equidad de género.

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Estas estrategias están siendo impulsadas por feministas españolas en la elaboración de políticas con esta denominación. 3 El interés por la relación entre género y las TIC, no existió desde el comienzo de Internet, sino que fue incorporado como tema de investigación en los últimos años. Según Susan Herring, este “olvido” se debe a un clima generalizado de optimismo que inicialmente se atribuía a las TIC. Predominaba una visión utópica del surgimiento de un espacio experimental y liberador de las desigualdades de género, debido a la “desaparición” del cuerpo físico en la red y la imposibilidad de juzgar a las personas por su apariencia. Por ello, algunos grupos feministas veían en Internet la posibilidad de lograr una comunicación más igualitaria entre varones y mujeres que superara los estereotipos. Sin embargo, trabajos empíricos realizados posteriormente han demostrado que las jerarquías y desigualdades se siguen reproduciendo en el ciberespacio e incluso pueden exagerarse y estereotiparse. Ver Herring, Susan (1994): "Gender Differences in Computer-Mediated Communication: Bringing Familiar Bagaje to the new frontier" en Computer Professional for Social Responsibility. http://www.cpsr.org/cpsr/gender/herring.txt

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En diversos debates regionales e internacionales las preocupaciones más acuciantes giran en torno a que las mujeres permanezcan marginadas de las TIC o segregadas en determinados usos, o que se relacionen con éstas desde posiciones subalternas (especialmente como consumidoras o trabajadoras en puestos de muy baja calificación y remuneración). También preocupa que no se cuestionen las representaciones sexistas en los contenidos, ni se las incentive a ampliar la gama de usos de las TIC y que no sea visible que, como toda producción social, también éstas portan códigos de género desde su diseño hasta las representaciones con las cuales se las construye como objeto de deseo y emblema de identidad.

En definitiva, lo que inquieta es que las mujeres, aún las conectadas, no cuenten con las condiciones institucionales, culturales, sociales y económicas que les permitan beneficiarse plenamente de las ventajas y potencialidades de las TIC para su desarrollo personal y comunitario, así como para formular sus propios aportes innovadores. Además del problema del acceso – en términos de disponibilidad de la infraestructura necesaria - las mujeres deben vencer otras barreras para convertirse en usuarias plenas y activas de las TIC.

De allí que sea necesario señalar que aún hoy existen brechas digitales de género, en plural, o en otros términos que el “problema” no se reduce a brindarles acceso a equipos ni a “alfabetizarlas” digitalmente. En realidad, las trabas más complejas no parecen estar en la disponibilidad de herramientas tecnológicas, ya que por varios factores, entre los cuales uno de los más destacados es la propia dinámica del mercado, la accesibilidad a las TIC se va expandiendo a gran velocidad en casi todos los países y aún en zonas deprivadas económicamente, tal como se percibe en el uso crecientemente generalizado de la telefonía celular.

Los obstáculos que hay que abordar por tanto son de orden sociocultural y político: o El analfabetismo (incluido el funcional). En varios países latinoamericanos las niñas, las mujeres rurales, indígenas, inmigrantes y pobres en general, suelen estar rezagadas respecto de sus pares urbanas y de sectores medios en materia de lectoescritura y otras competencias básicas para su capital cultural. 3


o La falta de adiestramiento para un manejo básico en los códigos requeridos para operar con la tecnología y comprender mínimamente su lógica. Un recurso controvertido en este sentido son los videojuegos que utilizan mayoritariamente los varones, y que si bien pueden ser objetados por el carácter violento y altamente competitivo de la mayoría de ellos, esta demostrado que operan como un poderoso recurso de aprestamiento en el manejo de tecnología. o La llamada “tecnofobia” alude a la relación de inhibición de algunas mujeres respecto del uso de la tecnología, temor construido al no haber sido incentivadas a ganar confianza en su utilización, al carácter masculino que se le asigna a quienes demuestran destrezas en este sentido; todo lo cual va creando una situación de retracción o uso limitado y dependencia de los varones. o Las responsabilidades domésticas, que dejan poco margen de tiempo y energía, sobre todo a las mujeres pobres, para dedicar al uso de las TIC, especialmente para fines de diversión o búsqueda de información4. o En cuanto a Internet, el predominio de contenidos y lenguaje sexista e incluso violento en muchos de los sitios más populares, y en general la escasa presencia de contenidos que respondan a sus necesidades y demandas, estilos de comunicación e interacción; y sobre todo que contribuyan a legitimar estilos de vida superadores de los estereotipos tradicionales de la femineidad. A los sesgos sexistas de los contenidos, símbolos y formatos y a la violencia que muchos de ellos contienen, hay que sumar la traba lingüística que impone la hegemonía del inglés para muchas internautas5. o Peores condiciones laborales y salariales que los varones. Situación que limita sus posibilidades de acceso a las tecnologías de punta, dados sus elevados costos y al

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Con la expansión en el uso de teléfonos celulares, aún en sectores desfavorecidos, las mujeres disponen de un recurso muy valorado para la comunicación con familiares y organización y gestión de tareas domésticas durante su horario de trabajo fuera del hogar. Por supuesto, ello es un avance pero muy limitado si comparamos con la variedad de usos que permiten las tecnologías. 5 La escasísima presencia de contenidos en las lenguas de grupos étnicos limita aún más a quienes pertenecen a ellos o son fluidos en sus lenguas originarias.

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hecho de que ellas suelen definir otras prioridades a la hora de invertir recursos económicos. o Las significaciones imaginarias que asocian la tecnología con habilidades tradicionalmente atribuidas a los varones, como el interés por los artefactos, su funcionamiento y reparación, una suerte de familiaridad innata con la manipulación de objetos e instrumentos. Muchas de las metáforas que significan a la red y a los/as internautas tienen un sesgo masculino como aquéllas que aluden a imágenes de aventura, conquista, exploración, velocidad, dominio del ciberespacio.

Si bien, muchas de las jóvenes latinoamericanas no escapan a estas limitaciones, es importante destacar algunos índices positivos de cambio en las nuevas generaciones.

Los datos y comentarios que anteceden nos impulsan a pensar las relaciones de las mujeres con las TIC dentro del marco de relaciones de poder que atraviesa la vida social en cada contexto. Esta concepción nos habilita a considerarlas como herramientas potencialmente transformadoras de inequidades sociales – entre ellas, las de género pero también como dispositivos que pueden reforzar prejuicios y exclusiones preexistentes e incluso crear nuevas inequidades. De allí surge la necesidad de una estrategia en la que al tiempo que se generen las condiciones para que las mujeres se apropien creativamente de las TIC y las usen para su desarrollo personal y el de sus comunidades, ellas mismas mantengan una mirada alerta sobre las múltiples y sutiles formas en que se recrea la desigualdad de género en estos ámbitos, avalando no concientemente o incluso legitimando la violencia o infringiendo sus derechos.

Todas estas problemáticas están comenzando a ganar terreno en los debates teóricos en el campo de género y TIC o Sociedad de la Información, mucho más en países centrales que en los en desarrollo y en algunos casos están dando lugar a iniciativas puntuales o propuestas integrales de políticas que buscan la reversión de las desigualdades en sus múltiples dimensiones. En el plano teórico es interesante visualizar como diversas corrientes iluminan e interpretan de maneras distintas las problemáticas que acabamos

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de mencionar. Sally Wyatt6 sistematiza estas posiciones dentro de las siguientes categorías:

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Feminismo liberal: Según este enfoque, la tecnología es neutral desde el punto de vista de los valores sociales y, dentro de ellos, los de género; por lo tanto, su utilización puede tener efectos tanto positivos como negativos. Las mujeres y los hombres conformarían grupos homogéneos con características particulares. En otras palabras, se los define como diferentes entre sí pero iguales en términos de derechos y oportunidades. Afirman que los fenómenos de discriminación existentes pueden y deberían modificarse a través de políticas de igualdad de oportunidades y de un compromiso activo de las mujeres para sortear los obstáculos que impiden la igualdad.

-

Eco-Feminismo: Según esta corriente, la Sociedad de la Información es eminentemente masculina ya que sostiene y pondera valores, modelos y modos de relación social basados en atributos asignados tradicionalmente a los varones, como por ejemplo, la racionalidad, la eficiencia y el pensamiento lineal. Consideran que, por razones biológicas e históricas, las mujeres son más afines a la naturaleza y por tanto, tienen menos interés y disposición hacia la tecnología, lo cual explicaría su resistencia a usarla. También cuestionan que muchas de las teorías y herramientas científicas y tecnológicas creadas, mayoritariamente, por los hombres a lo largo de siglos, se revelen como destructivas de la naturaleza y asocian este fenómeno a la existencia de una relación simbólica entre la naturaleza y lo femenino. En su opinión, tanto mujeres como varones deberían rechazar el uso de la tecnología o, al menos, su abuso para vivir “vidas más naturales”.

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Tecno-eufóricas: Contrariamente a la corriente anterior, estos grupos sostienen que las TIC tienen muchas características “femeninas”. Por ejemplo, resaltan que a lo largo de la historia las mujeres han creado y experimentado redes sociales, familiares, comunitarias y que uno de sus atributos peculiares es hacer conexiones entre personas y favorecer la comunicación; mientras que los varones tendrían un pensamiento y una conducta mucho más lineal e individualista. Por lo tanto, ellas no

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Wyatt, Sally (2004): Gender & ICTs: Learning form the past, Imagining the future. Ponencia presentada en el GIST – International Symposium, Bremen – Alemania.

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sólo serían aptas para su manejo sino que su participación activa en la creación de TIC les aportaría un valor agregado, un potencial simbólico y creativo que mejoraría su calidad.

-

Constructivistas: Sostienen que las TIC tienen una profunda interrelación con el desarrollo de esta fase del capitalismo y del patriarcado, lo cual explicaría por qué los hombres tienen el control de todas las tecnologías, las que a su vez les dan mayor poder sobre las mujeres; el caso de las tecnologías reproductivas suele mencionarse como un ejemplo paradigmático. Esta tendencia ha inspirado muchos estudios que analizan las diferencias de género en los usos de las TIC, en su creación, en la educación tecnológica, etc. Estiman que las inequidades de género detectadas en numerosos trabajos debieran ser enfrentadas por medio de una transformación conjunta de las relaciones sociales de género y de las mismas tecnologías ya en el mundo contemporáneo podemos hablar de una co- construcción de género y TIC. En otros términos, la tecnología sería un componente fundamental en la construcción y reproducción de las definiciones, representaciones y valores de género Y a su vez, éstos están presentes en la misma creación de las TIC.

En estas diversas caracterizaciones podemos ver la interpenetración de abordajes teóricos y políticos vigentes en torno a las TIC en general, y a ciertos desarrollos de la teoría de género que han sido aplicados a otras temáticas - el mundo de trabajo por ejemplo. Indudablemente, ellas no agotan la reflexión actual que, desde el análisis de género, se está haciendo de las TIC en tanto dispositivos socio-culturales de múltiples y poliformes incidencias identitarias y de construcción de lazos sociales. Al respecto y aunque no lo desarrollaremos aquí, cabe mencionar los provocadores trabajos que se enmarcan en el así llamado ciberfeminismo, entre cuyas representantes más conocidas figuran Rosi Braidotti7 y Donna Haraway8.

Veamos a continuación cuales son los discursos o concepciones en que se fundamentan las iniciativas que desde hace unos años vienen desarrollándose para revertir la

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Braidotti Rosi, “Cyberfeminism with a difference”, www.let.ruu.nl Donna Haraway, Modest_Witness@Second_Millennium.FemaleMan©_Meets_Onco Mousetm: Feminism and Technoscience. New York: Routledge, 1997 y Simians, Cyborgs, and Women. New York: Routledge, 1991. 8

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desigualdad y lograr, la plena inclusión de las mujeres en un entorno socio digital mas democrático.

Discursos orientados hacia la acción En su mayoría siguen la tradición ideológica y política que animó las luchas de las mujeres en las últimas décadas. Se sustentan en: o La defensa del derecho a la información y a la comunicación como uno de los derechos humanos fundamentales para todos y todas9. o Los beneficios que trae la participación de las mujeres en el campo tecnológico para el desarrollo de sus países, que en esta fase histórica está marcado fuertemente por el uso de tecnología. o La justicia de género como principio ético-político vertebral a las sociedades democráticas. o La lucha contra la pobreza. Se resaltan los beneficios que el uso de las TIC pueden aportar al mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres al brindarles acceso a información sobre temas de salud, desnutrición, educación, producción (especialmente en el medio rural), permitiéndoles así generar o mejorar actividades productivas, potenciar sus capacidades para el cuidado de sus familias y contribuir al desarrollo local. o En menor medida, algunas iniciativas destacan el aporte singular que las mujeres pueden hacer a la cibercultura, debido a características o aptitudes particulares en cuanto a estilos de comunicación, aportación de saberes, creación de conocimientos, intereses, imaginación, etc. o La capacidad o potencialidad de empoderamiento y de estímulo a la participación ciudadana que el uso de estas herramientas puede depararles, en especial a sus organizaciones.

III. DE LAS BUENAS PRACTICAS A LAS EXPERIENCIAS INSPIRADORAS El mapa de iniciativas que en América Latina vincula la lucha contra la discriminación de género, la violencia y otras formas de violación de los derechos de de las mujeres con el uso de las TIC está aún por hacerse10.

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En este sentido, comparten la premisa de la UNESCO que plantea que la información es un bien público global y no una mercancía para el núcleo privado. 10

Precisamente este es uno de los proyectos que se propone llevar a cabo el Centro Latinoamericano y del Caribe en Género y Sociedad de la Información basado en la Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina. Es parte del Programa Global sobre Mujeres y TIC del UN – GAID

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Este mapeo puede ganar relevancia y sobre todo optimizar su incidencia si se logra discriminar en el conjunto, aquellas iniciativas que según los códigos en uso se denominarían “buenas prácticas”.

Ahora bien, antes de mencionar algunos programas o actividades específicas del campo de acción sobre /contra la violencia basada en patrones de género que hemos relevado, y que por supuesto no completa el universo, nuestra propuesta es reflexionar sobre los criterios en los cuales cabría apoyarse para justificar tal elección. Para ello, haremos un recorrido sobre algunas caracterizaciones al respecto desde una perspectiva reflexiva que parte de nuestra experiencia con el uso de esta noción en un proyecto de investigación y acción “Del dicho al hecho: Equidad de género en el acceso y usos de Internet por parte de la juventud latinoamericana”11. Creemos que compartir esta experiencia puede resultar interesante para quienes hoy por hoy, y en muchas temáticas, recurren a este concepto.

La definición elaborada inicialmente por nuestro equipo y previa a la recolección de información fue la siguiente: Se consideran buenas prácticas aquellas experiencias que han logrado concretar sus objetivos y metas de manera satisfactoria, destacando aquellos que han contemplado la equidad de género en los distintos momentos del proyecto y desde distintos puntos de vista: la participación igualitaria de varones y mujeres, los contenidos y enfoques pedagógicos de la capacitación, la sensibilización del equipo y de los usuarios respecto de la importancia de la equidad y solidaridad entre los géneros, en general, y en particular, en el uso de tecnologías de información. Consecuentemente se elaboraron criterios de evaluación para identificar buenas prácticas en el corpus de proyectos y programas recopilados en el estudio mencionado:

(Grupo de Trabajo Internacional Mujeres y TIC - Alianza Global para las Tecnologías de la Información y Comunicación y el Desarrollo de Naciones Unidas). 11 Coordinadora: Gloria Bonder. Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina www.catunescomujer.org . Con el apoyo de IDRC.

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o La coherencia y consistencia entre los propósitos del proyecto y sus objetivos, las características de sus destinatarios/as y la metodología y técnicas utilizadas para lograrlos. o La participación activa de diversos actores y organizaciones en las distintas fases del proyecto. o El logro de los objetivos y metas propuestos. o La incorporación del enfoque de género en las distintas fases del proyecto y a través de sus diversas dimensiones. En especial se tomó en cuenta : - La participación de mujeres y varones en el grupo destinatario tanto en términos numéricos como de protagonismo en las actividades. - La utilización de nociones y principios de género en la selección y elaboración de los contenidos y enfoques pedagógicos y la sensibilización y disposición del equipo profesional respecto de su uso.

Ahora bien, llegado el momento de identificar aquellos que cumplieran con estas categorías, las mismas se nos revelaron como demasiado ambiciosas, rígidas y sobre todo distanciadas de los procesos en los que se desenvuelven los proyectos; procesos no lineales sino mucho más complejos, variables durante el ciclo del proyecto y con una fuerte vinculación con los avatares de los contextos en que se despliegan.Volveremos sobre este punto.

Adelantamos acá que a lo largo del estudio se suscito una reflexión productiva acerca de la utilidad y sensibilidad de la caracterización de buenas prácticas con la cual habíamos partido; lo cual

nos llevó a proponer una alternativa a la que denominamos

“experiencias inspiradoras”.

Con este cambio apuntamos a contar con una noción que, a nuestro modo de ver, fuera más flexible, superadora del sesgo clasificatorio y jerarquizante y sobre todo más sensible respecto de los procesos multiformes, complejos y variantes que se registran al momento de “escuchar” con apertura las vicisitudes por las que trascurren los programas y actividades; sus momentos de crecimiento, los de cristalización o estancamiento, los de desánimo y los de renovación de la creatividad y la ampliación de horizontes a futuro.

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Esta reflexión imprevista en el diseño original del proyecto, significó no obstante un importante aprendizaje en el plano metodológico y teórico que comentaremos sucintamente en el apartado siguiente. IV. LAS FORMAS DEL BUEN HACER La noción de buenas prácticas surge en los ámbitos empresariales y de negocios estrechamente vinculada a la búsqueda de excelencia y al incremento de la calidad y la demostración

de

situaciones

exitosas

que

debieran

valorarse

y

emularse.

Posteriormente, sobre todo en los últimos años, fue ganando difusión y aceptación en otros sectores y hoy se la utiliza en una amplia variedad de ámbitos y temas.

En general, en el campo de los proyectos sociales, esta expresión se usa para caracterizar formas óptimas o ejemplares de ejecutar un proyecto o programa, que pueden servir como modelo para utilizar en la misma u otras organizaciones. De allí que se las considere un recurso valioso para economizar tiempo y esfuerzos y mejorar las posibilidades de alcanzar metas en con rapidez y eficiencia..

En la actualidad existen muchas definiciones de Buenas Prácticas, cada una enfatiza o privilegia distintas facetas o dimensiones.12 Si miramos estas diferencia,s a veces mínimas, podremos apreciar no obstante, cómo juegan en este campo concepciones y valores disímiles que hacen a la manera de entender y validar las prácticas sociales, la visión y orientación del cambio, el papel de las instituciones y de los actores, entre otros aspectos en los que se juegan relaciones de poder. Un panorama general de las caracterizaciones de buenas prácticas nos muestra una insistencia en las siguientes condiciones:

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Un buen ejemplo en nuestra opinión es el Catálogo de Buenas Prácticas, elaborado por la Red Urbal el cual recoge experiencias innovadoras de promoción de las mujeres en la toma de decisiones en distintas ciudades Europeas y Latinoamericanas. Uno de los criterios de inclusión fue que estas surgieran como resultado de un proceso de participación entre distintos actores, que afrontan la discriminación y las desigualdades desde una perspectiva global y que implican un verdadero compromiso de los gobiernos que ponen los recursos necesarios para llevarlas a buen término. Incluye un inventario sobre las siguientes temáticas: Participación en la actividad económica y el empleo de las mujeres; Formación y capacitación política de mujeres; Desarrollo de estrategias e instrumentos de promoción del liderazgo de las mujeres; Compatibilidad de espacios y tiempo de vida; Prevención de la violencia de género y asistencia a las víctimas; Presupuesto participativo y ciudadanía activa de las mujeres; Salud sexual y reproductiva; Políticas de igualdad y transversalidad A modo de síntesis del documento, que es muy extenso y describe muchas y diversas experiencias, señalamos que la mayoría de las prácticas seleccionadas se proponen mejorar las condiciones de vida de las mujeres a través de su empoderamiento, promoviendo que ellas sean sujetos activos y protagonistas de los cambios. En general son mujeres de clase baja que carecen de las herramientas y conocimientos necesarios para revertir su situación, falta de autonomía para y de poder en la toma de decisiones.

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o Forma óptima y excelente de ejecutar un proceso o Ejemplos para otras organizaciones o Logro de éxito o Poseer un efecto multiplicador, capacidad de ser replicadas y /o adaptadas a otros contextos o Puede ser una norma o modelo, para algunos. para otro pueden ser sólo ejemplos o referentes. o Cuentan con amplia participación o Son sostenibles o Son innovadoras o Son eficientes o Son multitemáticas

En cuanto a los aspectos metodológicos de

planificación y ejecución se tiende a

resaltar: o Buena identificación de las causas de los problemas y barreras que impiden el alcance de los objetivos propuestos. o Adecuada planificación de las acciones que permita sortear los obstáculos desde una perspectiva innovadora o Ejecución de las actividades acorde con la planificación o Impactos visibles, con alcance y capacidad de multiplicarse Según Naciones Unidas, una buena práctica consiste en “una forma de hacer que ha probado su efectividad en una situación y puede ser aplicable en otras.” En otras palabras, se supone que una vez identificada una modalidad exitosa de llegar a cumplir determinados objetivos, se ha adquirido una forma de saber-hacer que debiera aprovecharse para otras ocasiones. Los criterios que subyacen a esta concepción son los de generar mecanismos que faciliten: la transferencia de información, la capitalización de métodos y la divulgación de conocimientos de rápida y relativamente fácil aplicación. Llegados a este punto y según nuestra opinión se impone una reflexión como la que sugerimos a continuación:

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Buenas Prácticas… ¿para quién? Con frecuencia cada uno de los actores que participan de un programa, tiene ideas diferentes acerca de qué sería “bueno” conseguir y cómo lograrlo. De ahí que cabe entre otras preguntas plantearse las siguientes: o ¿cuál sería una buena práctica según el tipo de proyectos y los sectores sociales con los que se trabaja? o Si pensamos en quién financia los proyectos, ¿es esperable que una buena práctica deba ser aquella que logra a mayores impactos con más economía de tiempo y recursos; o cabe proponer otros criterios?13 o Para quien la ejecuta, la buena práctica debiera ser ¿la que le permite cumplir con su plan en tiempo y forma? ¿la que ofrece mayores reconocimientos, más satisfacciones? ¿la que produce más aprendizajes? ¿la más visible, la menos esforzada? o Para quienes está destinada es ¿la que brinda más beneficios personales? ¿menos molestias o cargas? ¿la que cumple con sus propósitos y compromisos? ¿la que se va adaptando a las circunstancias y las formas de vida o cultura del grupo? ¿La que permite aprendizajes relevantes para sus vidas? Y podríamos seguir con otros interrogantes…

V. BUENAS PRÁCTICAS DE GÉNERO: UNA UTOPÍA?

No son muchos los trabajos que abordan la temática de las buenas prácticas relacionadas específicamente con la temática de género. Entre los más desarrollados encontramos la propuesta del Womenwatch de Naciones Unidas (United Nations Resources on Gender) que indica que una experiencia para ser calificada como buena práctica en materia de equidad de género debiera cumplir al menos con dos de las siguientes condiciones:

1. Promover un cambio real relativo a la igualdad del género o abrir nuevos espacios para las mujeres en áreas no tradicionalmente femeninas, demostrando un vínculo visible o mensurable entre estas prácticas y un mayor equilibrio en las relaciones 13

El programa MOST (Research programme on Management of Social Transformations) de UNESCO provee un aporte interesante sobre las diferencias de criterios en la evaluación de un programa según los actores sociales consultados respecto de políticas públicas para erradicar la pobreza. Como ejemplo vemos que mientras que para este organismo los criterios relevantes son que sea/tenga: (1) innovador; (2) sustentable; (3) impacto positivo y potencial para ser replicado. Los técnicos resaltan entre otros aspectos su: (1) eficacia; (2) eficiencia; (3) capital gerencial o de gestión; (4) convergencia entre actores diferentes al nivel organizacional; (5) viabilidad política en el contexto local; (6) participación política de los beneficiarios.

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entre los géneros y una ampliación de las opciones y oportunidades para las mujeres.

2. Tengan un impacto en las políticas sobre relaciones de género, creado un marco más propicio o eficaz para alcanzar la igualdad. Ello incluye impactos en la legislación, las normativas o la asignación de recursos. En la evaluación sugieren incluir una valoración del grado de institucionalización de la práctica identificada.

3. Posean un enfoque innovador y replicable. En este sentido, se debe demostrar que el producto o el proceso es nuevo o único respecto de la iniciativa y que tiene oportunidades de ser reproducida en otros países y contextos.

4. Que demuestren ser sostenibles. Dejando en claro el compromiso de los patrocinadores institucionales y los distintos participantes en la iniciativa, el Gobierno, los académicos, los medios de comunicación, la ONU, las ONG, etc. Más allá de estas cuestiones generales - de muy difícil alcance y comprobación - resulta de interés consignar que las buenas prácticas en el área de género demandan ciertas condiciones durante, en y a posteriori de la ejecución del proyecto. Enumeramos algunas: o Que surjan de un proceso participativo, involucrando un amplio rango de actores (sociedad civil, sector privado, Gobierno, etc.). o Que tengan escala y alcance significativos. o Que impliquen colaboración entre actores. o Que atiendan y reviertan la discriminación y las desigualdades a lo largo de todo el ciclo de vida del proyecto. o Que demuestren la existencia de un compromiso gubernamental para continuar con más acciones y recursos en el futuro.

Aunque estas condiciones sean difíciles de garantizar, señalan un curso de acción o escenarios deseables que podrían facilitar el diseño de iniciativas que le den sentido y mayor calidad a las mismas.

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Otra concepción que merece ser tenida en cuenta en comparación con las anteriores es la que propone WomenAction14. Destaca que las buenas prácticas debieran: o Poseer un efecto multiplicador que puede ser imitado y adaptado en otras regiones. (pero no hablan de su carácter transferible). o Contar con una amplia base de participación (en lugar de colaboración). o Ser sostenibles e innovadores (el aspecto de innovación está explícito). o Representar los esfuerzos realizados por muchas mujeres y organizaciones de mujeres para promover el cambio (destacan el carácter político de todo proyecto de transformación de la discriminación de género). Asimismo, este organismo propone abordar la selección en función de las siguientes categorías: Incidencia en los medios, Promoción de los derechos de las mujeres (advocacy), Monitoreo de los medios de comunicación, Códigos de ética, Uso de las TIC. En opinión de la investigadora española, Judith Astelarra (2004), el atributo fundamental para considerar “buena” una práctica que contribuya a la igualdad entre mujeres y varones es que cumpla con los siguientes elementos: que sea innovadora o estimule la innovación; que haga visibles aspectos ocultos de la desigualdad; que promueva la incorporación de las relaciones de género en la agenda pública y que estimule la transversalidad de este enfoque en sectores que no necesariamente están asociados a los derechos de las mujeres y/o la paridad entre los géneros.15

Su definición agrega una nueva perspectiva, la de transversalidad del enfoque de género en las políticas, actualmente muy en boga aunque también en debate en los sectores dedicados a la cuestión de género. Más allá de esta recomendación puntual no cabe duda que en su visión, las buenas prácticas en género son aquellas que contribuyen a cambiar las relaciones de poder y el reparto de bienes y recursos favoreciendo tanto la autonomía como la colaboración y genuina participación. Indudablemente, si decidiéramos aplicar todos estos requisitos es altamente probable que no encontráramos ninguna iniciativa a la cual adjudicar el “galardón” de buena práctica con enfoque de género. Tampoco existen indicadores ni modos de evaluación

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Women Action. Nuevas voces, nuevas imágenes: buenas prácticas de comunicación en el mundo. En: http://www.womenaction.org/women_media/esp/2/ 15

Esta autora hace una importante advertencia sobre la necesidad de distinguir en nuestro discurso la noción de buenas prácticas de la de mejores prácticas. La primera tiende a servir de orientación a través del ejemplo. Pero no podemos pasar por alto en el análisis del valor de una práctica el contexto en que se desarrolla tanto en su dimensión social y territorial como en su dimensión institucional

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fiables y consensuados que sean acordes con estas metas que en realidad, constituyen aspiraciones valiosas que marcan un rumbo, un escenario a futuro deseable. 16

VI. LA OPCIÓN POR LA NOCIÓN DE PRÁCTICAS INSPIRADORAS Como dijimos más adelante, nuestra experiencia reflexiva en este tema nos llevó a acuñar este término con la intención de evitar definiciones ideales o modélicas que dan a entender que estaríamos eligiendo un producto terminado que ostenta un sello de calidad consensuado, lo cual en nuestro criterio puede no dar cuenta de la complejidad de los procesos implicados en el desarrollo de programas o políticas, ni de las tensiones, oscilaciones y heterogeneidad interna.

Por supuesto tomar en cuenta todos estos aspectos demanda muchos más esfuerzos y recursos que el uso de una check list o de un formato estandarizado. Quizás ello explique en parte el creciente interés que despiertan las buenas prácticas y las razones por las cuales se las prioriza: o Encontrar de manera relativamente rápida y con poco costo procedimientos probados y efectivos que faciliten la “transferencia o replicabilidad” de iniciativas y en muchos casos también su puesta en escala. 17 o evitar la actitud de “reinventar la rueda” ignorando las experiencias anteriores en la misma o similar temática, sus aprendizajes y resultados - fenómeno demasiado frecuente en el campo de los proyectos sociales y también en las políticas públicas 16

En cierto sentido se aproxima a las formas de entender la evaluación del enfoque prospectivo elaborado por Michel Godet que entiende a este proceso como una instancia de aprendizaje que debiera elaborar herramientas tanto para "concebir un futuro deseado así como los medios necesarios para alcanzarlo" (Ackoff R.(1973): Méthodes de planification dans l'entreprise. Les Editions d'Organisation. Paris). Más importante aún es que, en su opinión, la visión de futuro de los proyectos tiene un rol preponderante en tanto se lo concibe como razón de ser del presente (Berger, G. (1967): Etapes de la prospective. PUF). Por cierto, la identificación de los retos del futuro debe acompañarse de una fase normativa que busca la definición de opciones estratégicas deseables y posibles para consolidar e incrementar los aprendizajes ya logrados. En conclusión, la prospectiva y la estrategia van estrechamente relacionadas. (Godet, M. y otros.(2000): La caja de herramientas de la prospectiva estratégica. Cuadernos de Laboratoire d'Investigation Prospective et Stratégique. LIPS. No. 5. París.) 17 Armijo apunta otras razones que justifican la aceptación de esta noción:, permite a los tomadores de decisiones acceder a las experiencias probadas o a obtener reconocimiento público, prestigio al mostrar que ciertos procesos o aplicaciones han dado buenos resultados. (op cit, pág. 1).

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y consecuentemente, el desperdicio del conocimiento acumulado y de otros recursos. La aceptación a crítica de las buenas prácticas no deja de ser inquietante ya que todas las nociones que se cristalizan, que se transforman en verdades incuestionadas obturan la posibilidad de desentrañar sus limitaciones y de avanzar hacia nuevos significados.

En este sentido, nuestra experiencia nos indicó que necesitábamos revisar su capacidad para dar cuenta tanto de las situaciones que encontramos como para sugerir alternativas que aún están en proceso de elaboración.

Partiendo de esta reflexión ¿Cuáles fueron las principales limitaciones que se nos impusieron a la hora de seleccionar buenas prácticas entre los programas analizados en nuestro proyecto? En primer lugar observamos que los criterios iniciales nos deslizaban hacia: o Focalizar la atención más sobre los aspectos técnicos e instrumentales que sobre los componentes teóricos y otras características sustantivas, como valoraciones, visiones, capacidades autorreflexivas, etc., que no siempre son sistemáticas pero sí significativas de la “micropolítica” de las iniciativas y que encierran un caudal riquísimo de conocimientos. o Enfatizar los resultados más que los procesos, midiendo el éxito en términos de metas logradas en lugar de los aprendizajes realizados por todos los actores involucrados. o Establecer un canon que, de tenerse en cuenta, limitaría las posibilidades de otros proyectos de asumir riesgos y experimentar nuevas modalidades de pensar, hacer y valorar su desempeño.

También advertimos que, desde el plano semántico, al hablar de buenas prácticas implícitamente estábamos afirmando que aquellas experiencias que no cumplían con los criterios que establecimos originalmente eran “malas”. Ello nos llevaría a caer en el

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error de calificar negativamente algunas experiencias que, si bien son menos “exitosas”, “comprehensivas” o “prolijas”, igualmente han generado conocimientos valiosos.

Por último, ya en el plano filosófico, comprobamos que tal como señalan algunos estudios actuales su utilización podría derivar en una vocación moralizante. En este sentido Pedro Cabrera hace un aporte interesante: “(…) A veces, se otorgan medallas no a quienes lo hacen mejor, sino a los que más se adaptan al statu quo, a los menos contestatarios y a los que más satisfacen a los financiadores, por ejemplo, aquellos que hacen “más” con “menos” recursos).” 18

Las limitaciones señaladas no impiden que rescatemos algunas ventajas del uso de esta caracterización siempre que, por supuesto, surjan de un proceso de selección coherente, reflexivo y abierto a la innovación. Compartimos el planteo de Cabrera que afirma que justamente porque las buenas prácticas contienen elementos valiosos hay que ser cuidadosos en su aplicación y analizar críticamente sus fundamentos. Sobre este último aspecto, realiza una comparación sugerente entre los esfuerzos por modelizar y valorizar ciertas conductas con la vieja pedagogía que “machaconamente insistía en la importancia de los “buenos ejemplos”, para progresar en la educación (moral) de los niños y adolescentes", en la importancia de estar en "buenas compañías"; o emular buenas conductas19. En otros términos, apunta a poner la lupa sobre la dimensión normatizadora y funcionalista que podrían entrañar estas novedades metodológicas. En nuestra opinión, los aspectos positivos y más relevantes consisten en que su utilización tiene - o puede llegar a tener - un efecto movilizador al difundir innovaciones y promover una cultura de calidad. También es posible incrementar el valor de lo logrado, contribuir a achicar las brechas de conocimiento entre las organizaciones favoreciendo el “sano” contrabando de ideas.20 Pero esto no es lo mismo que pensar que son modelos acabados y replicables. Aún si no tomamos esta idea de manera esquemática, vale la pena recordar que para que una experiencia pueda ser “usada” en otro contexto se necesita de la construcción de un

18

Cabrera, Pedro (2003): La importancia de las Buenas Prácticas en los proyectos sociales. Ponencia elaborada para el Seminario “Buenas Prácticas en la Inclusión Social”, Cruz Roja Española, Madrid. 19 Cabrera Cabrera: Op. Cit. 20 Cabrera Cabrera: Op. Cit.

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núcleo semántico común, que resulte de un proceso de traducción, de diálogo entre quienes la han llevado a cabo y quienes se interesan por todos o algunos de sus aspectos. Ambas partes necesitan identificar cuáles son las similitudes y diferencias en las significaciones, pertinencia, relevancia y utilidad según los contextos. Evidentemente, una práctica destacada por algunos criterios cuidadosamente consensuados puede inspirar otras en temas similares o incluso distintos, pero resulta fundamental la consideración del contexto social, económico y cultural en que se desenvuelven, los roles y las relaciones entre distintos grupos, las capacidades y recursos de las organizaciones que implementan los proyectos, las modalidades de participación y las significaciones que el proyecto en cuestión tiene para distintos actores.21 Todo ello nos ha conducido a sostener la denominación de “experiencias inspiradoras” (1) como aquellas que: o Se conciben y actúan como un entorno de aprendizaje permanente. o Demuestran interés y disposición para “escuchar” y poner en diálogo las capacidades, necesidades y saberes de los contextos sociales e institucionales en los que se desenvuelven y de todos los participantes. o Se animan a de-construir las premisas y supuestos en las que basan dichos proyectos, generando innovaciones en las que confluyan la intuición, la creatividad y la responsabilidad.

En este caso el énfasis está puesto no tanto en los resultados como en la capacidad de los proyectos de generar múltiples aprendizajes durante todo el proceso, tanto en los grupos “destinatarios” como en el equipo responsable, en la institución en la cual se ejecuta y, en lo posible, en su contexto.

Como nuestro foco particular está en aquellas prácticas que persiguen la equidad de género agregamos a lo dicho algunos aspectos como:

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Por ejemplo y tal como lo recuerda Astelarra: “Una determinada práctica puede resultar insignificante en un contexto en el cual se han registrado mejoras significativas en las relaciones de género, mientras que esta misma puede ser crucial en un contexto marcado por fuertes desigualdades de género”

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o Contribuir en forma demostrable y acorde con sus objetivos y recursos a transformar las condiciones sociales, culturales, políticas o institucionales que fundamentan la desigualdad de género. o Abordar el género como una relación social que implica tanto la condición de las mujeres como la de los varones. o Utilizar un enfoque de interseccionalidad que articule las relaciones y posicionamientos de género con otras posiciones sociales, étnicas, generacionales, de ubicación geográfica, clase social, orientación sexual. o Estar basadas en evidencias tanto de información estadística como de estudios realizados en el tema en cuestión. o Incluir en la propuesta actividades innovadoras y evaluables de modo de producir nuevo conocimiento y contribuir a

mejorar el desempeño de

procesos sociales, institucionales. o Definir con anticipación

y flexibilidad el enfoque y sus técnicas de

evaluación y llevarlas a la práctica teniendo como principal objetivo el aprendizaje permanente de las personas que participan del proyecto y la difusión de los mismos. o Partir de un enfoque de derechos y justicia y considerar reflexivamente cómo incorporar en el proyecto en cuestión la diversidad multicultural latinoamericana. o En lo posible involucrar tanto a

mujeres como a varones en distintas

instancias o momentos. o Incidir en la generación de cambios en las instituciones tendientes a una mayor democratización de las relaciones, equidad y cooperación. o Tener un enfoque: multisectorial, interdisciplinario e interinstitucional o Vincular de alguna manera el foco específico de la intervención con problemáticas sociales más amplias que afectan en distintas etapas a los países, regiones y en forma global. o Surgir de un proceso de escucha, análisis y detección de necesidades,” no ser fruto de la invención desconectada de la realidad

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o No ser actividades concretas o aisladas, sino proyectos articulados a un plan o estrategia más amplia cuyo objetivo es un cambio más abarcartivo que el de la propia actividad22 o Considerar formas posibles de utilizar los resultados para incidir en los ámbitos de decisión de políticas de cara a la integración o transversalización de la equidad de género. o Asegurar la existencia de recursos tanto financieros y humanos calificados y comprometidos, como de apoyo político e institucional para la sostenibilidad del proyecto. o Propender a una gestión asociada entre entidades de distinto tipo,: Gobierno nacional

y

regional,

Gubernamentales,

Autoridades

Sector

privado

locales, y

Organizaciones

Fundaciones,

No

Organismos

internacionales, Centros académicos y/o de investigación, Asociaciones profesionales, Medios de comunicación, Líderes cívicos, Voluntarios.

En verdad nos estamos planteando ejes o senderos que nos sirvan para orientar la mirada y descubrir en ellos algunas “semillas” que pueden germinar en otros suelos si las condiciones ambientales son propicias o pueden hibridarse según los climas, nutrientes y otras condiciones existentes.

VII. LUCES EN EL CAMINO DE LA INNOVACIÓN SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Diversas organizaciones en América Latina están impulsando el uso de las TIC para visibilizar, prevenir y movilizar contra la violencia basada en patrones de género. Se estima que a nivel mundial existen alrededor de 14.000 sitios contra la violencia de género.23

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Estos dos items están inspirados en el catálogo de buenas prácticas de género y TIC en la redes de telecentros. Edición: Diciembre 2008. Publicado por : Proyecto “Sensibilización de Género en las Redes de Telecentros”, http://www.redgenerotic.es, iniciativa promovida por Fundación Ciudadanía, Federación de Municipios y Provincias de Extremadura (FEMPEX), Fundación Universidad Sociedad de Extremadura, Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX) y Fundación Centro Tecnológico de la Información y la Comunicación (CTIC). 23 Rodriguez Calderón, Mirta (2007): Las TIC: Nuevos escenarios de violencia contra la mujer, Artemisa Noticias, http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=46&idnota=5139

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Si realizamos una búsqueda rápida en portales como Youtube o Vimeo veremos que los videos, spots y campañas sobre este tema predominan en relación a otras problemáticas como las desigualdades que enfrentan las mujeres en el mercado de trabajo, la corresponsabilidad de las tareas domésticas, la participación política, entre otras.

En este amplio abanico de sitios podemos encontrar, entre otras estrategias, las siguientes:

1. Sitios web /Campañas para dar visibilidad a la temática 2. Difusión de información y conocimientos a través de publicaciones on-line, ensayos y estudios. 3. Información estadística 4. Portales que ofrecen canales de comunicación permanentes (atención telefónica, foros, mails) para las victimas. 5. Iniciativas sistemáticas que trabajan de manera interdisciplinaria para concientizar a diversos grupos de mujeres, y a la sociedad en su conjunto, sobre la importancia de revertir este tipo de violencia junto a posibles alternativas para su superación. 6. Talleres y cursos on line para capacitar a mujeres de distintos ámbitos sobre los desarrollos conceptuales y prácticos en este tema.

Algunos ejemplos en América Latina:

1) Dominemos la tecnología: nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para terminar con la violencia contra las mujeres. (APC) Su meta principal es “generar un debate abierto sobre la manera en que las TIC se conectan con la violencia contra las mujeres, brindar estrategias simples sobre como la incidencia de esta violencia en línea puede ser minimizada y como crear una comunidad que continuará trabajando en estrategias para eliminar la violencia contra las mujeres en los

espacios

en

línea,

utilizando

las

TIC.”

Más

información

en:

http://www.takebackthetech.net/wiki/tiki-index.php

22


2) Taller de capacitación: “TIC y género: eliminemos la violencia contra las mujeres” (CDI – Uruguay) http://www.cdi.org.uy/noticias/archivos/Taller_TIC_Genero_II.html

3) Talleres MUJEMTIC (Laneta). Orientados a facilitar uso de Internet por parte de activistas en contra de la violencia hacia las mujeres. http://mujeres.laneta.org/node/10

4) El curso on line: Recursos creativos para desarrollar una visión de género en el ámbito de la comunicación y las tecnologías de información. (Cátedra Regional UNESCO

Mujer,

Ciencia

y

Tecnología

en

América

Latina)

www.catunescomujer.org

Si bien no es la temática principal en sus contenidos, promueve un uso innovador de las TIC para la prevención de la violencia y ofrece herramientas conceptuales y prácticas para que tanto comunicadores/as, docentes y activistas, entre otros grupos, diseñen e implementen iniciativas en este campo. www.catunescomujer.org 5) El Programa virtual “Mujeres jóvenes en la Sociedad de la Información – Jóvenes investigando jóvenes” (Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina con el apoyo de UNIFEM Cono Sur) www.catunescomujer.org – www.unifem.org.br

Orientado a estimular y fortalecer las capacidades de mujeres jóvenes para iniciar o aportar a proyectos de investigación sobre juventud desde el enfoque de género en cuatro areas temáticas: violencia, salud sexual y reproductiva, empleo y participación y liderazgo.. Importa mencionar también, la Campaña realizada por UNIFEM desde 1991: “16 Días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres” ya que entre las diferentes acciones, el uso de las TIC va cobrando protagonismo. En un comunicado del año 2007, este organismo señala:

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“La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce la labor de 16 Días como medio eficaz para elevar el nivel de conciencia acerca de la violencia contra las mujeres y vincularla con otros acontecimientos y cuestiones, como el VIH/SIDA.

El Estudio que realizó en 2006 el Secretario General sobre todas las formas de violencia hacía las mujeres expresa: “La campaña también brinda un foro mundial para que los organizadores elaboren y compartan estrategias. Es un ejemplo de participación de los gobiernos en una campaña iniciada por la sociedad civil, así como del uso eficaz y creativo de las tecnologías de la información y la comunicación.”

En el plano internacional son incontables las acciones que están aprovechando las TIC para tratar participativamente el tema de la violencia.

Algunos ejemplos

particularmente interesantes, porque llegan a mujeres en ámbitos marginalizados y de pobreza las encontramos en África. Entre ellos mencionamos el

uso de la radio

comunitaria en Uganda produciendo radionovelas que estimulan la discusión sobre la violencia basada en patrones de género en la comunidad, al tiempo que informan sobre los derechos universales y nacionales en esa materia.

Open Democracy

http://www.opendemocracy.net/ produjo podcast y un blog para

reclamar por el cese de la violencia contra las mujeres, en el que se discutieron cuestiones como seguridad, masculinidades, el estado, la violación y la impunidad , la salud , la coerción y control de las mujeres y la trata. Otro caso se basa en el uso de teléfonos celulares en Sud África donde se facilitan el envío de mensajes gratuitos relativos a las experiencias en violencia, recibiendo información y apoyo. También los siete ciber diálogos sobre tópicos como trafico, violencia, gobierno local, trabajo de cuidado, violencia y discapacidad, violencia y mujeres jóvenes y seguridad en las escuelas y por ultimo una experiencia inspiradora realizada por WOUGNET denominada Habla! Hazte ver!. Se trata de una campaña basada en el envío de mensajes de texto que cuestionan la violencia a través de comunicaciones cortas, slogans o noticias que fueron luego coleccionados y difundidos en un sitio específico.

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Este camino ofrece mĂşltiples oportunidades para dar rienda suelta a nuestra imaginaciĂłn y convocar al trabajo colaborativo en pro de los derechos y la ciudadanĂ­a plena de las mujeres en un mundo mas inclusivo y justo.

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La Sociedad de la Información y el Conocimiento: ámbitos propicios para la innovación de prácticas d