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MAR

Ana M. Sรกnchez


Pero cuando amanece En la playa larga y solitaria, cuando el sol comienza a acariciar las dunas y las olas, cuando las gaviotas y los peces saludan jubilosos el despertar de la ma単ana, entonces el mar, mi mar, me habla de emociones contenidas mientras mis pasos presurosos interrumpen el cristal claro de las aguas en las orillas de la playa. Entonces me hado de sue単os y dejo acunar los sentimientos dormidos en cada paso, en cada huella de aguas y de arenas. Entonces mi canto es un canto de peces y gaviotas, de barcos que faenan a lo lejos, de bancos de sardinas o jurales que buscan su amor desesperado. Y mis pasos, que el agua borra pero que guarda la arena dorada, son verso de esperanza que voy lanzando a los vientos al agua, a las olas, a las gaviotas... a todo lo que a単oro y lo que amo.


Me acaricias Con tu cuerpo revoltoso cubriĂŠndome de algas o de pececillos despistados que resbalan entre mis dedos como tu espuma blanca, como el canto melifluo y sincopado de tus risas y de tus quejas. Me sumerjo en ti y me mandas tu mensaje de caracolas lejanas, o me golpeas duramente con tus olas zarandeando mis silencios que quieren esconderse del otro lado del inicio del levante. A veces me arrastras, me llamas desde tus corrientes escondidas y falaces susurrĂĄndome con tus resacas promesas de sirenas y jardines mar adentro... Y a veces estoy a punto de creerte.


El hombre y el mar ¡Hombre libre, tu siempre preferirás el mar! La mar es el espejo en que tu alma se mira, en su onda infinita eternamente gira, y tu espíritu sabe lo amargo saborear. Hundiéndote en su seno, desnudo para el viaje, la acaricias con brazos y ojos; tu corazón se distrae muchas veces de su propia canción al escuchar la suya, indómita y salvaje. Los dos sois tenebrosos y a la vez sois discretos: hombre, nadie ha llegado al fondo de tu abismo; ¡oh mar!, nadie ha llegado a tu tesoro mismo; ¡con tan celoso afán guardáis vuestros secretos! Y entre tanto que pasan siglos innumerables, sin piedad y sin miedo uno y otro atacáis, de tal modo la muerte y el combatir amáis, ¡oh eternos luchadores, oh hermanos implacables! Charles Baudelaire


Mar  

Mar y sus playas

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