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El día más esperado

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Recoge tan sĂłlo dos historias de niĂąos desaparecidos, fruto de la guerra civil de El Salvador. 2

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Capítulo I De la locura a la esperanza Todos los viernes por la tarde, Jon Cortina guardaba los libros de ingeniería en sus repletos estantes de su despacho en la Universidad Centroamericana “ José Simeón Cañas” (UCA) en San Salvador; recogía la cajetilla de cigarros de su escritorio, se despedía de sus compañeros jesuitas y se iba a oficiar la misa de los pueblo de Chalatenango, un departamento al norte del país convulsionado por la guerra civil. En 1987, el obispo le había asignado una parroquia que abarcaba San Francisco Lempa, San Luis del Carmen y San Miguel DE Mercedes, municipios próximos al embalse del Cerrón Grande y el Río Lempa, además cuando le quedaba tiempo el padre Jon visitaba los ranchos,Guarjila y San José Las Flores a petición de la gente de estas repoblaciones cercanas que recién se habían asentado en la zona. Jon, un hombre alto, con ojos claros y cejas pobladas, había llegado a El Salvador en el año 1955, como parte de un grupo de novicios vascos asignados a la provincia jesuita de Centroamerica. Curso Teología en Alemania y sacó un doctorado en Ingeniería Civil en la Universidad Complutense de Madrid, antes de establecerse definitivamente en El Salvador. En 1972. 4

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Después de haber sido destruida y abandonada durante los años iniciales de la guerra, San José las Flores fue la primera Comunidad repoblada en Chalatenango, los que se asentaron en las flores llevaban 6 años de refugiarse en las montañas chalatecas bajo la protección de la guerrilla. El ejército se había opuesto al retorno de los pobladores a sus comunidades, con el argumento de que esto favorecería la actividad guerrillera en la zona, sin embargo a causa de la presión política nacional e internacional, el gobierno terminó aceptando el reasentamiento, en junio de 1986. La repoblación de San Juan las flores fue el inicio de un movimiento que surgiría en casi todas las zonas conflictivas del país, en octubre de 1987, casi un año después de había realizado el retorno de refugiados desde los campamentos de Mesa Grande, Honduras. Miles de campesinos regresaron a su país de origen para volver a darle vida a las comunidades que eran fantasmas de la guerra: Guarjila, Los Ranchos, Teosinte y La Vueltas, en Chalatenango; y Santa Marta en el departamento de Cabañas.

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Mientras, la guerra continuaba. Con el paso de los años, los escasos intentos de diálogo entre las partes en disputa sólo habían logrado profundizar la desconfianza mutua. En su afán por defender los interés de la oligarquía salvadoreña. 7


Los partidos políticos de derecha se negaban a negociar reformas políticas, sociales y económicas con los rebeldes. El ejército y los asesores estadounidenses le apostaron a una victoria militar para acabar con el comunismo en El Salvador. Por su lado el frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) proclamaba que el triunfo popular por la vía de las armas era la única manera de desplazar la oligarquía del poder. La revolución implementaría las reformas radicales, que conducirían al país hacia la justicia social. El entrampamiento del conflicto había llevado a los rebeldes a dirigir todos sus esfuerzos hacia el fortalecimiento de su poderío militar.

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Los reasentamientos en las zonas del país donde el FMLN ejercía control, significó un logro importante para la guerrilla. De hecho muchos de los pobladores eran simpatizantes y colaboradores del movimiento insurgente. Ellos eran los sobrevivientes de la enorme base de apoyo de la insurgencia que el ejército había intentado eliminar con matanzas masivas en los primeros años de la guerra ahora regresaban a casa e intentaban reconstruir sus comunidades.

El sábado 11 de noviembre de 1989, el padre Jon subió desde San Francisco Lempa a la zona de las repoblaciones, por una carretera casi intransitable si no fuera por la fuerza de su vieja Toyota Landcruiser, que resistió sin problemas la hora y media de baches, lodo y otros obstáculos. La gente se reunió en los escombros de la iglesia de San José las Flores para celebrar la misa con la mayor solemnidad posible. Había concluido la eucaristía cuando por radio empezaron a dar la noticia que había comenzado una ofensiva militar del FMLN en todo el país, aquella noche, Jon paso en San José Las Flores, fumando y pendiente de las noticias que transmitía un radio transitor.Al día siguiente, el padre bajó en su carro los cinco kilómetros de camino rural a Guarjila. En esta comunidad, Jon se encontró con la angustia de los repobladores por motivo de la ofensiva, la gente tenia miedo: por la suerte de los que habían salido de la zona par participar en las acciones bélicas y por la posibilidad de que el ejercito aprovechara la ausencia de la defensa militar e hiciera incursiones en la comunidad para tomar venganza por la ofensiva.

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Jon tenía la idea de regresar lo más pronto posible a San Salvador para ver cómo estaba la situación en la UCA, pero la gente de Guarjila se lo impidió nada garantizaba la seguridad del traslado encontraría retenes, la carretera cortada o dañada, y quizá hasta combate en el camino. Jon se instalo en la casa de una familia de la comunidad, hecha de uros de bahareque con techo de lámina de cinc. Escuchaba la radio y daba vueltas por la comunidad para ver cómo estaba la gente y tratar de calmar los ánimos, inclusive el suyo. “Me tocaba esperar. Esperar que terminara la ofensiva, que ganara la guerrilla o el ejército o que hubiera un repliegue porque antes no podría salir de la comunidad. Y todos los días escuchaba la radio. Había cadena nacional y pasaban amenazas públicas a ciertas personas que vinculaban con el FMLN y sobretodo en contra de los jesuitas de la UCA. Y sentía miedo, pero pensé que nos habían amenazado tantas veces antes que a lo mejor era solamente eso: una amenaza.” 10

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El 15 de noviembre la amenaza se convirtió en asesinato. A las 11 de la noche, una unidad del batallón Atlacatl, del ejército nacional, entro al campus de la UCA y sitió el edificio que servía de vivienda a los profesores jesuitas. Una hora después, los soldados asesinaron a los seis sacerdotes que se encontraban durmiendo ahí, además mataron a la empleada religiosa y a su hija. Al día siguiente se empezó a difundir la noticia por la radio venceremos, una de las emisoras de los rebeldes. Jon no lo podía creer. El locutor de la radianunció los nombres de Ellacuria, montes y Martín Baro. Sus compañeros jesuitas de toda la vida. Jontmbién escuchó su propio nombre entre los de las víctimas. Naturalmente, él confirmo que estaba con vida, pero se acongojaba pensando en la suerte de los demás.

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La noticia era que habían matado a todos los jesuitas de la UCA. Empezaron a dar los nombres: los muertos son: y daban los nombres. El tercer nombre era el mío. Me quede tremendamente impactado yo me tocaba el cuerpo y decía: “Estoy vivo”. No sabía qué hacer: quedé como un sonámbulo como un autómata. Hasta después pensé cómo hacer para avisara mis compañeros y familiares que yo estaba vivo. Esa misma tarde logre contactar a mis compañeros jesuitas por medio de una radio transmisora que estaba en Guarjila, pero no pude salir de Chalate hasta un mes después. No pude velar los restos de mis hermanos jesuitas. Con la gente de Guarjila compartí el dolor y la rabia por su asesinato.

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Jon salió finalmente de la comunidad porque una bala perdida le había roto el fémur a un niño. Balas perdidas había muchas por chalatenango: de vez en cuando los soldados llegaban a la orilla de la comunidad y empezaban a disparar. en Guardilla le habían hecho una operación de emergencia , improvisada, al niño pero era urgente trasladarlo al hospital. Jon se ofreció a hacerlo. Durante la mayor parte del camino a San Salvador los acompañaba el sonido de los disparasen las montañas y en los campos. La carretera estaba llena de retenes. Durante el viaje tuve un incidente con el reten porque el policía me decía que no podía sacar aquel niño porque era guerrillero ¿Y como iba a ser guerrillero ese pobre angelito si apenas tenga dos años y medio y escasamente podía caminar? un militar se me puso enfrente del carro para que no pudiera avanzar. y le dije:” Si se muere este niño el culpable va a ser usted”.

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usted tendrá que cargar con esta muerte” Así me peleé después le grité: ¡Si no se retira doy marcha la carros lo voy a arrollar, así que retírese por favor. no se retiró. terminé poniéndole la velocidad al carro.aceleré el motor y deje patinar el clutch. ¡con bumper iba empujando al soldado poco a poco! y al fin se apartó y me dejo pasar. ¡pero si no me pogo así de bruto no paso el reten! Dejamos al niño en el arzobispado para que lo llevaran al hospital de niños. yo me fui a la UCA para la misa de 30 días de mis compañeros asesinados, cuando llegue a la UCA ahí estaban los alumnos, los jesuitas y todos.

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No sabian que íbamos a llegar, ahí fue una maraña de abrazos y lágrimas. pasé la noche en San Salvador y al día siguiente me regresé a Chalate, yo sentía que Dios me había dicho que debía ocuparme mas de esas comunidades, dedicarles más tiempo, al fin y al cabo yo estaba vivo por haber estado allá. A partir de entonces Jon cortina, estableció su domicilio en Guardilla, ubicada entre las montañas, con sus improvisadas viviendas de láminas, tejas y bahareques la comunidad todavía tenia resabios de la geografía del campamento de refugiados, donde sus habitantes habían vivido los años de exilio. al principio cuando llegaron, la mayoría los repoblados no tenían mas que un pedazo de plástico para cubrirse de la lluvia, un para de hamacas, un camastro o una mesa, el machete para trabajar y una piedra para moler maíz, algunos tenían una gallina o un puerco traído desde honduras. Nada más. Niño soldado en un cuartel de la 2ª Compañía de Fusileros de la Primera Brigada de la16Fuerza Aérea.

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De las casa de antes de la guerra sólo quedaban las ruinas: Paredes de adobe derrumbadas, techos hundidos, madera quemada o podrida. los pobladores tuvieron que reconstruir la comunidad prácticamente desde el suelo. la primera casa que se logro techar se convirtió en la bodega de todos. cuando se consiguieron láminas y tejas, los plásticos que habían servido de coberturas provisionales se utilizaron para las paredes de los ranchos. en la guerra las principales preocupaciones de las comunidades eran la seguridad y la supervivencia económica. la pobreza apremiaba y, además, se vivía de la comunidad sitiada: los alrededores estaban sembrados de minas,de uno y otro bando, la guerrilla tenía sus campamentos, generalmente cerca de las comunidades y el ejército realizaba incursiones frecuentes en ellas. Existía un fuerte vínculo entre los campesinos y la guerrilla. muchos de los combatientes del FMLN en la zona eran hijos de los repobladores.

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A pesar de los riesgos, el padre Jon insistia en la importancia de acompañar pastoralmentea estas comunidades. Jon pensaba que no se podía predicar a la gente sobre Dios o el Evangelio si no se la acompañaba en su dolor y en su sufrimiento. Según él, el cura tenia que vivir en las mismas condiciones en las que vivia la gente compartir el sufirmiento de la guerra y de la pobreza. Estas comunidades estaban uy a servicio de la guerra, del apoyo a la guerrilla y sus habitantes eran personas muy valiosas, tanto en lo humano como en lo organizativo. Pero era gente con mucho miedo, a veces se sentia abandonada habia ocasiones en que la unica persona que podía salir en su defensa era el cura por eso los pobladores lo recibian a uno con una insmensa alegría, en caso sucediera algun problema el cura ayudaría a defenderlos. al vivir en las comunidades repobladas compartía el renacimiento de la vida en las zonas arrasadas por la guerra. Era testigo de cómo la paz se construía desde la gente cuando aún las armas nose habían callado.

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Me acuerdo que cuando la primera chancha tuvo chanchitos en San José Las Flores, fueé un acontecimiento celebrado por todos. Ese parto fue un símbolo de la nueva vida que empezaba ya a florecer en la comunidad a pesar de la guerra. En la comunidad de San Antonio Los Ranchos, Francisca Romero, una mujer sufrida y delgada, pero fuerte, de 45 años de edad. Vivió el retorno a su tierra con especial intensidad. cinco años antes el ejército se habia llevado a su hija de siete años, y ella estaba en espera de noticias acerca de su encuentro ene El Salvador. Sin embargo la situación y oportunidad era mas díficil a la que Francisca se había anticipado, los primeros meses ella y su familia habían vivido bajo un plástico con la ropa y otras pocas pertenecias apiladas en un rincón. El ejército rondaba la comunidad y la paz parecía muy lejana de lo esperado. Desde Mesa Grande, Francisca había intentado obtener información sobre su hija y había denunciado su desaparición a las instancias pertinentes, que 20

se encontraban en el campamento La Iglesia Católica y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR). La única fotografía de Elsy que ella aún conservaba se la habia entregado al campamento para que ellos la pudieran reconocer en caso tenian noticia de su pequeña Elsy. Pero poco tiempo después no volvió a saber nada del Comité, ni le dieron ninguna respuesta sobre su hija.Según Francisca, Mesa Grande parecia más un campo de concentración mas que un campo de refugiados. albergaba a mas de tres mil familias Salvadoreñas, que vivían en pequeñas habitaciones acondicionadas dentro de amplias galeras, construidas de marcos de madera recubiertos de láminas. El campamento estaba rodeado por cerca de púas, casetas y postas militares. Soldados hondureños vigilaban que los exiliados salvadoreños no salieran de las instalaciones como lo habian dictaminado las autoridades. Solo los camiones de los organismos internacionales de asistencia entraban al campamento, cargados con abastecimientopara los refugiados.

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Al retornar a El Salvador Francisca encontró nuevo aliento en la búsqueda, a pesar de las dificiles condicienes, casi no había tranporte en la zona y desplazarse significaba caminar. Para llegar a Chalatenango Francisca tuvo que emprender camino antes del amanecer, así poder regresar el mismo día, por la constante actividad militar en la zona exisitia mucho miedode salir de la comunidad. Pero incluso dentro dentro del asentamiento la vida no estaba asegurada... El ejército se movia en los alrededores y no se sabía en que momento iban a entrar, porque aunque pareciera increpible, a veces lo hacían en busca de armas o guerrilleros. una vez los soldados hicieron gran bonche cuando se metieron a Los Ranchos. Venían un monton de tropas y habían hecho gran balacera por todos lados. Entonces con un grupo de la comunidad fuimos a hablar con ellos para que dejaran de hacer tanta balacera porque teniamos miedo de hubiea un muerto o herido de tanta bala perdida.

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Ibamos frente a la tiendita de la comunidad mientras nos enocntramos a un soldado e intentamos hablar con él. Pero sólo nos miraba feo. luego llego un teniente que dijo: “ Aparténse , viejas putas que si no se apartan, las voy a apartar yo.” entonces el soldado dijo: “Si yo fuera mi teniente una sola roceada les diera a estas viejas putas” y yo no sé cómo, ¡quizá lo tenia en ráfaga, pero él que hizo la seña con el fusil y se le fue un rafagazo! y no se fué donde nosotras sino al mismo teniente le dió y lo mató. había otro herido. Y el soldado solo se quedo lamentándose: “ ¡Lástima mi teniente, lástima mi teniente, lástima!” Solo eso repetía. Al rato vino un helicptero y se lo llevaron a el y al herido y el muerto. levantaron inmediatamnete le gran operativo. A pesar del miedo Francisca no desistía de la búsqueda de la hija desaparecida le hablaba a familiares lejanos, a vecinos, y a quien quisiera escucharla sobre Elsy, y les encomendaba que intentaran averiguar alguna cosa.

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Pero poco compartian su esperanza que fuera posible encontrala . al inicio solo magdalena Ramos, la madre de un niño capturado en el mismo operativo militar donde desaparecio Elsy creia en la búsqueda y posibilidad del encuentro. Magdalena, una mujer pequeña con un par diminutos ojos brillosos en su cara redonda, vivia en la misma comunidad. Desde hacía años, habia forjadocon Francisca una amistad que les fortalecía a ambas la esperanza de encontrar a sus hijos.

Temerosa, pero esperanzada, viitó tres veces el convento. las monjas le tomaron su testimonio e inicialmente prometieron ayuda. Pero a la tercera visita le tocó a Maida tragarse una nueva decpeción. La monja que le recibió le dijo: “¡ Ay Hija! ¿Tenés mas hijos?” Maida le contesto que si. “pues dedicale tu tiempo a tus otros hijos y el de el desaparecido entregaselo a la Virgen, ya es muy dificil eso”. Magdalena emprendio viaje a su casa llorando.

Después de retornar de mesa grande, Magdalena, conocida por sus amigos y familia “Maida”, buscó ayuda en la Iglesia Católica Salvadoreña ya en el campamento de Mesa Grande había denunciado a colaboradores de la Iglesia como los soldados le habían arrebatado de sus brazos a su bebé Nelson Aníbal: de seis meses de edad. al inicio de la repoblación de Los Ranchos, en 1987, ella fue al convento de chalatenango en busca de apoyo.

En el camino a los Ranchos se encontro con el padre Jon, quien ofrecio llevarla en su vehículo, Maida le conto lo que pasó, desde la desaparición de sus bebé hasta la ultima visita del convento, Jon le invito a que mantuviera la Fe. Luego el también habló con Francisca y también la consoló, le dijo en ese momento era dificil buscar a sus hijos, pero que vendría el día en que las cosas cambiarían, el padre prometio a las dos mujeres buscarlos cuando se presentara la ocasión. Ante la prolongación de la guerra la anguista de Maida se prolongaba,

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las pesadilllas sobre su hijo desaparecido eran frecuentes. el tema mas recurrente era que lo volvía a ver, pero convertido en un adolescente y vestido de verde olivo. Mentalemnte Maida hacia las cuenta sobre la edad que tendría Nelson Aníbal en ese momento: Todavía le faltaban unos años para poder estar en el ejército, pero las pesadillasno disminuían por eso. Me afligia por la guerra y por los niños, pero lo que mas me habatia era mi hijo desaparecido. Me acordaba que, cuando se lo llevaban los soldados decian que el niño les iba a servir al ejercito, temía que estuviera en el ejército y que viniera de Chalatenango... era lo que mas pensaba:”Si viene aqui, ya no sabrá que es mi hijo.¡Me puede matar sin saber que soy su madre!”... Yo soñaba que lo veía vestido de soldado y lo reconocía: “Hijo mío, soy tu madre” y el no hacía caso y me mataba, era pesadilla tremenda. Todos los días le pedía a Dios que la guerra terminara. esta petición se la concedió tres años después con la firma del acuerdo de Nueva York, el 31 de 19991 y de los Acuerdos de Paz.

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El 16 de enero de 1992, en Los Ranchos, los guerrilleros se tomaron al pueblo. Maida, Francisca y toda la demás gente salieron a la plazza a festejar mientras los muchachos de la guerrilla disparaban los fusiles al aire en señal de celebración, Francisca se juraba que había llegado el momento de encontrar a su hija.

El día de la visita Francisca se levantó temprano. No habia conciliado el sueño durante toda la noche. La llegada de la cominsión la habia puesto de frente con la oportunidad de hacer una denuncia oficial sore la desapación de su hija.

Brinque de alegría y le pedí a l Señor que ahora sí iba a encontrarla porque ya habian firmado los acuerdos de paz. después de todo esto, después de cesar el fuergo y las desmovilización, yo me iba a quejar de los guierrilleros hasta con las piedras y no me iba a rendir hasta encontrarlo.

Esta mañan de octubre, camino junto con Maida los dos Km. de los Ranchos y Guarjila. Al llegar a la capilla, encontraron una cola larga a la entrada de la galera de madera y lámina que se había a comodado para los miembros de la comisión, centenares de pobladores venian de diferentes cantones para poner las denuncias. Familiares masacrados, desaparecidos, torturados, el clavario del pueblo de El Salvador.

10 mese mas tarde una delegación de la comisión de la verdad llego a Guarjila. Los acuerdos de paz delegaban en esta comión especial de naciones unidas el esclarecimiento de las múltiples violaciones a los derechos humanos que habia sufrido la población durante el conflicto.

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El padre Jon, acompañó a la gente durante todo ese día. Con representantes de comun idades de chalatenango, él había iniciado un esfuerzo para facilitarle a la gente el acceso a la Comisión de la verdad.

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Primero, el padre había convencdo a la comisión que mandara a una delegación a chalatenango para tomar testimonio en las comunidades mas afectadas por el conflicto. Allí, motivó a los pobladores a no sentir miedo y a presentarse a dar su testimonio sobre lo que habian sufrido. Una de las grandes necesidades de los pobladores era poder contar con lo que habia pasado. ellos habían tenido que mantener aquello siempre en secreto, vivían con ese gran peso, con esa gran tortura que habian pasado. Poder hablar sobre eso era como quitarle la tapadera a una olla de presión el vapor salía y la gente se iba a poder calmar. Para mí , eso era importantísimo: que todas auqellas anguistias y aquellos miedos se pudieran contar. Durante la guerra la gente había tenido miedo, incluso de llorar a sus muertos.

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Fotografía de Padre Jon Cortina,

Cortesía Universidad Simeón Cañas (UCA) 31


Cuando la delegación de la comisión de la verdad vio la inmensa fila de gente que la estaba esperando a su llegada a Guarjila se preocupo. L epidieron a Jon que ayudara a recopilar los testimonios, después un delegado revisaba con el denunciante el testimonio que habia tomado el padre para validarlo. Jon recuerda ese día como una más largos de su vida. Lo que mas me impactó fue una mujer del Cantón San Miguelito que dió su testimonio. Cada vez que daba los datos de un familiar que hbaia muerto, tu pensabas que era el último. pero seguía otro mas y otro. La señora tenia 51 familiares que había muerto, muchos de ellos en la masacre del Sumpúl y otras, en otras masacres. Realmente esa mujer le impresionó.

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Cuando tú habías visto dos o tres desgracias que habian pasado. y alguien te contaba sobre un nuevo caso, lo podías visualizar. Recordabas las imagenes que habias visto y la tragedia se convertia en realidad. Cuando alguien te contaba una desgracia y no conocias a la gen te involucrada, el muerto era alguien que no tenia cara para tí. Pero cuando conocías a la familia y tal vez hasta habías comido con ellos, y te contaba lo que había pasado pues entonces los muertos aparecían con caras. Pra ti ya tenían identidad y fisionomía. Entonces, el impacto era mucho mas fuerte. Algunas veces, cuando recordaba las masacres, pensaba en multitudes y sin caras, multitudes de seres humanos sin facciones. De repente, entre todo ese mar de seres humanos aparecían las caras conocidas. me quedaba hecho parche por dentro. En ese momento, Cuando estaba recogiendo los datos y los testimonios, la cntidad de adrenalina que generé era tan fuerte que seguía y seguía con el ritmo de trabajo.

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Casi como un Autómata la gente me contaba como mataron a sus hijos, como los degollaron.Como les habían mutilado a las mujeres, como habían colgado los cadáveres de un palo y yo escribía y escribía.Pero cuando terminamos el trabajo de ese día, me entro una profunda depresión. Después de escuchar tanto caso, me sentía total y aboslutamente agotado, también los delegados de la comisión estaban destrozados por lo que habían escuchado. Después me contaron que en la noche habían llorado. En una misa que estuve, cuando el ejército devolvió la parroquia de Aguilares. Después del asesinato de Rutilio Grande, Monseñor Romero comenzó su homilia diciendo: “A mí me toca ir buscando cadáveres y hoy he llegado a este pueblo de Aguilares” Lo que dijo Monseñor en el año de 1977, realmente la gente de Chalatenango lo había estado haciendo durante la guerra, busccar a sus familiares muertos para enterrarlos. Francisca 34

y

Mayda

hicieron

la

fila

juntas,

después

de

tres

declararon, Le tocó primero a Mayda. Estaba tan nerviosa que con el delegados no se daba a entender. Las palabras no encontraban orden y el miedo le obstruían la garganta El delegado no le entendió la denuncio y decidio llamar al padre para que fuera él quien tomara su denuncia. Jon ya conocia el caso del bebé desaparecido y hablando con el, Mayda recuperó la confianza para poner la denuncia. Jon también alentó a Francisca para que también hablara: “Le pregunté al padre Jon como podia hacer y entonces me dijo: ¡Héchalo todo, que aquí estas para contarlo todo” Lo conté todo y entonces ya puse la denuncia y me nacio aquella gran fe, aquel pensamiento “Primero Dios que no sea de por gusto”.

horas, 35


Después de dar los testimonios, emprendieron camino hacia Los Ranchos. Ya eran las dos de la tarde y amenazaba con llover. Las dos a migas iban con el corazón liviano, Habian desahogado las penas que las mataban hace dos años, además sentian que con ese nuevo paso ella habian dado un inicio oficial a la búsqueda de sus hijos. Decidieron seguir adelante juntas, cuando Francisca entro a casa, su hijo mayor, Orlando, le preguntó: “¡ Qué es la alegría que traes!” “¡ Ay!” Contestó Francisca “Hoy tengo fe que lo encontraré”.

En ningún momento la comisión informó sobre la búsqueda específica de Elsy, ni de níngún niño. Cinco días después que en 1993 se publicara el libro: De la locura a la esperanza. La Asamle Legislativa Decreto la ley de aministía más amplia que haya conocido la historia de El Salvador

El caso de Elsy Dubón Romero, apareció en el informe del comité, pero no como lo esperaba Francisca, los delegados no realizaron busqueda profunda sobre el caso de la niña, Elsy apareció como un nombre mas de desaparecidos a la par de 18 mil más.

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Fotografía de: mipuebloysugente.com


Éstas son historias que debemos Tener Presentes

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Ana Carolina Olmedo Grande 40

El día mas esperado  

Es un recuento sobre dos historias conmovedoras de niños desaparecidos, arrebatados de las manos de sus madres y que aún en medio de la guer...

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