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uno por pรกgina ana larravide


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bares

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hablaban furiosamente quietos con rápidas ráfagas de palabras letales: - yo te dije -le dijo. - esperé que dijeras -murmuró con labios apretados. - ¿entonces, nunca? - nunca. murieron los dos sobre la mesa se fueron sin ser más los que ahí quedaron.

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¿séptimo regimiento? demasiados licores. ¿María la sangrienta? su color espeso me hace mal ¿un gin? me mata ¿ginebra? es melancólica pálida de frío quiero mi Margarita con su beso de sal.

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rosas esmirriadas que abriga el celofán como si fuera el tapado de armiño que nadie te compró. frágiles rosas con frío como vos sin espinas para defenderte.

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ella olvidó teñirse el pelo pero sonríe como una novia él, un poco encorvado, sirve el té para dos y le habla de algo que debe haberle dicho mil veces al oído parece que repitieran un cuento parece que conocieran algo encantador y privado, uno del otro parece que fueran felices.

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son graciosos tus ojos como peces inquietos en las gruesas peceras de tus lentes juegan a la escondida y hacen trampa no consigo saber en d贸nde est谩n.

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¿viste que ya llegué? sí, son lindos y nuevos y elegantes y caros y convierten el pie en imán adorable en sexy joya en adorno en conjuro te digo a pesar de eso para venir hacia aquí con apuro y de lejos son mejores los viejos.

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cabeceó sin penas ya y sin vino en el vaso diciendo que sí al sueño al esplín al olvido se quedó dormido a contraluz y solo infinitamente triste en los espejos.

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fumabas mirando hacia la puerta del bar fumabas moviendo tu larga mano con pulseras de oro con cansancio cuĂĄnto debĂ­an pesarte el gesto lento descorrĂ­a un telĂłn sobre tu cara triste finalmente vino no lo viste.

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no vendría si fuera por tomar este café con gusto de hojas secas ni por la medialuna que pido (él trae dos confiando en su aliada la tentación) ni por leer el diario contra el vidrio lluvioso y helado de la ventana al parque. no vendría más probablemente si no fuera que él echando al hombro con ademán ritual la servilleta azul sobre el blanco dudoso de su saco ladea la cabeza redonda, me sonríe como si yo fuera la Virgen del Carmen o la reina Sofía y me pregunta cómplice: ¿Qué va a servirse, hermosa? cada día.

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cuando se dice chau sin pretender explicaciones sin bronca sin llorar sin decir perdonĂĄme ni te quiero ni Âżte acordĂĄs? cuando se dice chau sin un reproche es que se dijo para siempre chau.

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debe haber alguien que mire sonriendo y moviendo la cabeza estos galimatĂ­as que balbuceamos con lo que es y lo que debe ser este dolor estos plazos y propuestas temerosos graciosos como juegos de niĂąos.

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otro cafĂŠ y otra vez mientras lo espera es feliz

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te recordaré siempre cuando mire la luna al tomar vino a solas en la noche escuchando a Marsalis imaginó. y le dijo te recordaré noche a noche amor mío (pero no tuvo en cuenta que Marsalis noche a noche puede ser aburrido que no hay luna todas, todas las noches y que tampoco en todas hay vino).

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soy Modigliani decĂ­a entre las mesas sosteniendo papeles signados con trazos elegantes escuetos musicales. y alguno alguna vez le compraba un dibujo. lo transformaba en vino y volvĂ­a con su belleza insoportable su talento su fiebre su amor insoportable a abrazar a Jeanne.

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habĂ­a un cielo Magritte con una sola nube flotando en la ventana del bar para nosotros dos. habĂ­a un aire suave y una suave alegrĂ­a de encontrarnos tan bien. todo era tan lindo y sencillo que no dijimos nada ni vos ni yo nada importante, nada trascendente nada como para hacer un poema hoy.

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mitos

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en viaje sin retorno al puerto de los viajes inconclusos marineros ilusos embarcan su pasión como equipaje definitivo y ciego como quien escribe la aventura derivará el navío que los lleva más lejos y más hondo en su odisea.

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es difícil navegar hacia Ítaca. es difícil ser Nadie y ser Ulises. es difícil sortear a las sirenas y abandonar a Circe.

pero tejer un tapiz cada día y destejerlo de noche muchos años es mucho más difícil.

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le dijo a Circe no elijo tu amor inmortal amo en PenĂŠlope las finas arrugas de su frente presagio de su suerte fugaz como la mĂ­a.

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¿qué te mantiene vivo? -preguntaron y él respondió: el viaje, sin soltar el timón. ¿y a ti? la espera -dijo ella mirando el horizonte.

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¿alcanzará con no mirar más lo vivido? me arrancaré los ojos y me liberaré. apuesta inútil la del hombre del cuento. con la ceguera no compró el olvido.

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se mir贸 en el reflejo del agua y vio un dios.

nunca podr茅 encontrar fuera del lago algo o alguien tan bello pens贸.

nada tiene tanto poder como el que nosotros mismos le otorgamos: el espejo lo ahog贸.

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tan tenue tan perfecta tiembla al sol brilla al sol finos hilos concĂŠntricos expectantes hipnĂłticos trampa frĂĄgil derroche de ingenio y de belleza con que la pobre Aracne rival de la lechuza sobrevive hace siglos.

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fue en el viento una hoja de roble enrojecida fue una espada fue un sonido de campanas fue el aliento de un rebaño dormido fue la niebla del amanecer fue un puma en una rama escondido y maduro fue la blanda caída del hambre fue un búho de ojos fijos fue un juez fue un ahorcado la áspera cuerda unió desesperada su garganta a la rama del árbol lento volvió a girar en leve remolino.

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Cátulo, me llaman soy Cátulo Diarte, jefe de la tribu Lengua Azul soy su padre los cuido cuido el bosque debajo de mi boca la incrustada madera es el signo. conozco el nombre y el prodigio de los yuyos chaqueños mejor que mi nombre y mis manos. cada hombre enferma por desconocer algo y lentamente aprende primero sana lo invisible después sanan sus ojos es así desde siempre fuera del bosque no se sabe.

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los sueĂąos nunca tienen tĂ­tulo

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árboles que durante la noche se iluminan con frutas de colores

entre el follaje brillan frágiles

las juntaré mañana, piensa y sigue soñando que duerme en el bosque

antes del amanecer las frutas luminosas descienden de las ramas como niños que concluyen el juego y se van

él sigue soñando sin saberlo.

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una biblioteca cerrada por vidrios historias guardadas en pequeños libros que cuentan una hora cualquiera de las vidas de todos cuentan el banquete ofrecido por un hombre una niña sentada a su ventana cuenta lo que vio pasar otra historia de una hora relata un sueño que duró tres minutos otra sin palabras guarda las sensaciones de un recién nacido. las puertas transparentes las muestran las ocultan ¿la llave?

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abre los ojos y la mira sonreír pero sabe que sonríe con cansancio abraza su cuerpo imprescindible teme la confianza del sueño y que se aleje cierra los ojos, respira, disimula ella quiebra sin ruido el mundo de los dos ¿habrá risas y silencios posibles no los de ellos? atraerla con sus ojos imán de nada vale se juega el todo por el todo un argumento con el que aventaja al que la espera, al otro llora con sus invictos pulmones de tres meses.

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naufragio sobrevive, entre las olas ve una costa nada, cuando puede, hacia ella a ratos se deja llevar las olas lo acercan o lo alejan se desmaya, cerca de la orilla despierta rodeado de personas que lo cuidan lo visten, le ofrecen comida y copas de cristal s贸lo queremos que nos cuentes tu historia, piden sonriendo le atrae vestirse de blanco como ellos y beber en sus copas pero sabe que al naufragar se le perdieron las palabras y sin ellas no puede contarles nada sue帽a entonces que se levanta y vuelve al mar a buscarlas.

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llueve espera de este lado de la lluvia en seco llueve ¿no llegará nunca? llega allí está al otro lado de la lluvia querer tocarla desesperadamente lluvia impenetrable y transparente.

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la boca solamente dibujada

de un trazo delicadamente rojo en su cara de porcelana solamente.

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no es una casa ese lugar es algo parecido y él está allí

ella lo busca y llama y él abre la puerta y cuando la abre ella pasa

y no hay paredes ni ventanas ni muebles ni queda siquiera la puerta que él abrió.

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es de noche se sabe por el frĂ­o por el olor del pasto por los grillos.

no hay estrellas esta noche en que se tiene la certeza de que no amanecerĂĄ.

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pinta un cuadro horizontal sobre el cĂŠsped del jardĂ­n un escarabajo camina sobre la tela dubitativo seĂąala con pintura verde ese camino que cruza un caracol dejando un rastro azul arabescos bellos trazos sobre la tela blanca el escarabajo cae sobre su propia espalda desde el cuadro sale el sol.

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ir por la rambla en bicicleta entre la gente alegrĂ­a pedalear sin esfuerzo pedales de viento ritmo aire y sol en la cara sentir saber sĂşbitamente no hay bicicleta pero rodar volar es raro y posible raro y natural raro y feliz.

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¿la luna? ojalá fuera la luna lejana

anestesiado sé que sólo es la luz que alumbra y ciega mi corazón abierto.

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es un salón lujoso es lujoso y vacío los dos solos se miran se acarician sonríen él existe ella existe

alguien se acerca y dice están allí mueren en ese instante.

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lámparas encendidas pequeñas como duendes en una habitación titilando sobre alfombras, mesas, baúles otras lámparas mayores en sillones solemnes visitantes con sus pantallas de pergamino iluminadas parecidas a antiguas carabelas y otras lamparitas menudas al lado del balcón como si fueran flores en macetas.

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subir los escalones altos tan altos hasta aquella ventana de la torre sin saber si el esfuerzo será compensado al mirar el paisaje o si el vértigo arrastrará prepotente hacia abajo la ilusión lentamente otro escalón y otro hasta llegar y abrir esa ventana y entonces imprevisiblemente desde allí volar alto que -como puede verse- es tan fácil, tan fácil ¿para qué haber hecho, entonces, aquel enorme esfuerzo?

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una casa cerrada a cal y canto una veranda de madera la rodea allí un hombre, una mujer, abrazados sentados en el piso, miran el mar entre los pinos el porche se desprende de la casa avanza como un tren llevándolos el hombre y la mujer saltan en plena marcha caen al mar nadan hacia él caballos de madera pintados de alegres colores lo rodean subiendo y bajando en el agua acompasados ella galopa lentamente en un caballo verde él se hunde los caballos giran entre las olas. ella vuelve llorando hacia la casa abre puertas, ventanas ya no ve el mar desde allí.

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es esto lo que queda. vivo en esa casa calcinada entre los mĂŠdanos la casa olvidada en que nacimos casa que convierte en arena los recuerdos

golpeada por el viento fue arrasada y yo tambiĂŠn quemado por el tiempo.

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pisadas como runas en la arena gaviotas que volaron.

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hace un a単o bailaba

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cuanto me gustaría enojarme contigo porque llegaste tarde y decirte ¿no ves? se enfrió la cena porque andabas con tus amigos tomando cerveza.

cuánto me gustaría reconciliarme después y dormirme abrazada contra ti en nuestra cama.

hoy no se enfrió la cena no has llegado ni llegarás y aquella casa nuestra fue incendiada.

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hace un año bailaba con mi amor recién casada hace dos meses empezó la guerra hospital herido nace a oscuras este niño sin saber que ha muerto su padre.

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ah, qué frágil sos muerte te es preciso un arsenal distribuido entre varios ejércitos que luchan en tu nombre día y noche miles de ofrendas presentan ante vos si tu voracidad no fuera satisfecha dejarías de existir te resulta imposible darte tregua un segundo como los faros atentos que giran su haz de luz sobre el mar (si se cansaran de hacerlo la oscuridad los tragaría) girás tu hoz sobre los hombres sin sosiego segándolos para seguir viviendo no te es posible pobre muerte distraerte y farrear como hace la vida dispendiosa que se regala y multiplica inagotable, que se va de paseo y siempre vuelve de a dos y hasta de a tres ella es tan fuerte que a pesar de todo siempre brota de los campos quemados o después de los hielos más duros que creyeron dejarla sepultada o tras las penas hondas le basta lo más mínimo para ser siempre la misma aunque use vestidos diferentes le basta una sonrisa, le basta la caricia del sol y unas gotas de agua así es la vida en cambio se te ve agobiada y desnutrida aunque trabajás tanto tu ración no te alcanza avariciosa muerte que usás misiles para defenderte.

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la leĂąa ardiendo el remolino de chispas al atizar el fuego la tierra entre las manos para hundir en ella la raĂ­z de un limonero el horizonte del mar el agua enorme amiga o enemiga el viento en la cara el viento limpio y fuerte que borra pensamientos tristes y vuelve a hacernos sentir reciĂŠn nacidos son desde siempre la herencia imprescindible.

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una pequeña historia es enorme pero es sólo una pequeña historia. no más dramática más heroica ni más imposible que todas. sólo cabe competir en la serenidad la alegría y la ternura puestas en vivir esa pequeña historia.

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big bang

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abriré la puerta y allí si lo hago con rapidez me encontraré

podré verme sentada a la mesa sobre el almohadón azul de terciopelo jugando con minúsculas tacitas vestida de celeste, un moñito en el pelo

la cerraré de nuevo y otra tarde al descuido se abrirá sobre mi adolescencia de libros y de tangos y de ausencia de amigos

la cerraré sin ruido y cuando vuelva a abrirla y a mirar años más tarde me encontraré contigo.

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tomo el tĂŠ en la taza azul y blanca que fue de mi madre y de mi abuela en esta mesa de roble bajo la ventana que el sol de la tarde cruza en diagonal

repito los gestos pausados de otras mujeres a la misma hora apacible. pequeĂąas cosas ocupan su sitio en la casa, aparentemente quietas

un sentido de unidad en el tiempo se percibe en el olor del tĂŠ. mirar el dibujo de la taza -el cuento de los enamorados que escapaban convertidos en palomasme convence de la estabilidad de la vida

sin embargo, taza azul, mesa de roble, ventana iluminada mujeres que trasmiten a mi sangre sus gestos suaves nada ni nadie permanece como ayer volamos -como en un inmenso cuadro de Chagallestallando desde siempre en la expansiĂłn del universo.

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madreselvas en el balcón un lazo de amor para la ilusión para la nostalgia jazmín del país y jazmines del cabo para hundir la nariz nomeolvides para la melancolía y un malvón para la alegría un poquito de ruda para lo imprevisible y una Santa Rita para lo imposible.

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me dejaste de herencia casi todos tus sueños (conseguí algunos más de ambiciosa que he sido) el placer del divague y el placer del dibujo me dejaste también una cierta sonrisa y las conversaciones sin rumbo que tanto nos gustaban de sillón a sillón y el recuerdo de tangos con tu voz agradable cuando manejabas aquel auto viejo y cachuzo por la rambla sur. por ti aprendí que es lindo esperar esperábamos al sol cuando solemnemente me invitabas a ver amanecer o a verlo zambullirse en el mar y a esperar las sorpresas: a mi “¿qué me trajiste?” cada día sonriendo respondiste dándome de regalo un lápiz o un sellito o un papel dibujado era lindo tenerte de padre que pusieras mi nombre en los cuadernos que me contaras cuentos y el olor a tabaco de tu solapa gris no sé como pudo haber sido que estuvieras más tiempo apoyarme en tu brazo al ser adolescente o pelearme contigo por algo alguna vez. no te mostré mis hijos, te mostré mis muñecas en juegos que inventabas para hacerme reír. me gustó esa palabra que pude usar tan poco y que tan lindo suena no era mágica pero era una palabra buena me gustaba llamarte y que estuvieras papá.

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¿te acordás del portón de hierro de la entrada? prendidos a su reja cuando no nos miraban pateábamos el muro con un buen empujón. era lindo treparnos a los árboles sentir tensos los brazos entre el suelo y el cielo y oliendo la corteza rasparnos las rodillas. era bueno además no precisar consuelo por ningún tropezón (se curaban tan pronto la piel y el corazón) tener si los teníamos tan pequeños problemas (nos faltaba algún diente nos sobraban las muelas...) a caballo en las ramas comíamos ciruelas sin penas y sin leyes lo mismo que linyeras lo mismo que los reyes.

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ni la mejor serenata debajo de su balcón ni una canción que dijera de tu amor algún detalle no podría no sería no trajera tanta música a su oído tanto halago al corazón como mirarla a los ojos como vi que la miraste al pasar de refilón.

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son casi las siete te imagino en la cocina te imagino sentada abajo del peral te imagino regando las hortensias se terminĂł tu pan de nuez lo extraĂąo, hermana a ti tambiĂŠn.

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de todos la cercana siempre

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Entrar cada verano al apartamento de la Plaza Libertad no sólo era encontrar todo como siempre, llegara uno desde Washington, Ombués de Lavalle o Buenos Aires. Era olvidar que hay órbitas, planetas, teoría del big bang. Hasta el polvillo aéreo en la ancha diagonal de sol sobre la mesa flotaba sin caer -estoy segura- desde siempre. Los deterioros no eran paso del tiempo sino marcas de fábrica ¿o es que no estuvo siempre algo borrado el tapizado en el mango del sillón y siempre el agujero en la silla de esterilla al lado del aparador? Había cambios, es cierto: más fotografías, menos gente. Pero, al llegar nosotros mismos, apenas lo notábamos. Sí debía notarse en el invierno, cuando nuestras llamadas de larga distancia la sobresaltaban, a las diez de la noche, porque “ya estaba acostada”. Este verano -para entrar usamos la llave y no estaba armado el pesebre ni prendido el árbol- pusimos las valijas en el hall sin tropiezos ni apuros ni exclamaciones. Los niños fueron como siempre a encontrar los juguetes de cuando nosotras fuimos chicas. Juan conectó las lámparas, fue hasta el fondo, desde la cocina gritó: “Hay café... ¿tomás uno?” (aquellas pequeñas ceremonias de recibimiento, con esto o lo otro que nos preparaba). No pude contestar, porque había abierto el ropero del espejo (adentro del que mientras estuvo enferma escondimos el teléfono) y aunque cuando murió le sonreí sin llorar, al entreabrir ahora esa puerta, contra un vestido (vacío de su elegancia y de su abrazo pero con el olor suave y maternal de siempre) lloraba.

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montevideo

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lo rasgan a tajos negros las agudas hojas de palmera afiladas por la chaira del viento

el cielo gris verdoso no aguanta mรกs llueve por mil heridas.

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esta ciudad de la nostalgia que llama mar al río y joven a cualquiera con menos de cien años

esta ciudad arbolada de plátanos que ilumina con móviles manchas las veredas y transforma en cuadro de Torres cada esquina

esta ciudad que vuelve en sueños como vuelven las puestas de sol

es en el aire de la tarde una vez más Montevideo.

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cuando estĂĄ por llover cuando me aburre todo pero apuesto a imaginar historias bastan esta ventana esta silla esta mesa para creer que vivo frente al mar

pido un cafĂŠ el alquiler mĂĄs barato del mundo.

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un café renegrido áspero dulce del que se acepta sólo el primer sorbo como un remedio imprescindible como una prenda a pagar en un juego como un peaje aceptado con gusto con tal de estar allí pasando el tiempo entre otra gente ajena próxima mirándolos mirándolos y viendo al fondo el mar.

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serios como ministros lentos como jueces vocacionales como actores de teatro sin asombro ante nada como pรกrrocos con largos delantales negros y chalecos rayados es imposible imaginarlos vestidos de otro modo ni en otro sitio. los mozos intemporales del Expreso Pocitos.

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dolicocĂŠfala y negra su cabeza su andar de reina su cuello minarete bruna bruna no va por el desierto flotando en el simĂşn como debiera Ăşnica y silenciosa su falda ondea con gracia entre canastos y gritos y colores de feria.

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flores... arandelas, clavos, caireles, porcelanas, nácar, carne, naranjas, abanicos, tableros de ajedrez, zapatos viejos, ciruelas y revistas y azulejos. viboreando su chás, chás pasan las lonjas con borocotó de tamboril todo el año es carnaval felicidade sin fin. borocotó, borocotó -van repicando mirando alrededor por el vintén- pasto seco, pasto viejo y van dejando un no sé qué. se van perdiendo las lonjas a lo lejos y se aleja el ritmo borocotó, borocotó, chás, chás la gente por las dos veredas viboreando va. la mirada lenta lentamente recorre lo que ve puede encontrar todo lo que quiere si mira bien. algunos relojean relojes viejos, viejos libros o discos de Gardel hasta se puede encontrar a algún amigo perdido -qué increíble, bo, volverte a ver. la mañana crece y el cansancio crece por el sol que raja. en la última cuadra el bandoneón del ciego la última cuadra de Tristán Narvaja.

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hay un Montevideo apartado de todo menos de s铆 mismo, con techos bajos y calles silenciosas, con almacenes viejos que venden poca cosa y sin bar en la esquina para perder el tiempo (ya se perdi贸 hace tanto que nadie va en su busca). hay un Montevideo de cielo largo y gris como el asfalto que traquetea cada tarde sin ser mirado. lejos del mar y cerca de los yuyos m谩s melanc贸lico que nadie.

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te quiero contar un cuento que sea como las piedras lilas que toman el color del tiempo ésas que se ponen más rosadas si hay sol más violetas si llueve. un cuento que te cuente lo que quieras.

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desmemoriadas olas ignorantes de lo que traen y llevan asĂ­ sean perlas algas estrellas navegantes o nĂĄufragos tal vez de viajes rotos o piratas de infancia desmedida empecinadas olas fuertes inmensas tristes pavorosas mĂ­nimas dulces cariĂąosas olas.

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cuna barco vivir en el vaivĂŠn y navegar preciso

no acepto en tierra la tercera madera

al mar aun en cenizas.

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tan difĂ­cil, tan fĂĄcil

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hubo puesta de sol ahora anochece es así pero fue violento rojo sol entre los árboles rojo sol rojo deslumbrante fue así.

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tan difĂ­cil, tan fĂĄcil como bailar un tango fue caminar asĂ­ de ese modo trenzados como si nada nunca nos hiciera soltarnos o como si cualquier cosa pudiera separarnos.

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como espada que corta el caudal del río pasó el amor su filo agudo fulguró el sol estallaron diamantes, agua herida duró el tajo un espléndido segundo sigue el agua su curso.

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guarda este espejo una cara con ojos imposibles que no es mi cara sino la de tu ausencia y una boca con labios apretados para que no siga diciendo con tanto empeĂąo inĂştil que te ama.

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llorĂŠ perder mi lugar en tu hombro como se llora la casa de la infancia el imposible viaje de regreso y no encontrar la puerta hacia el jardĂ­n de rosas.

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al 贸leo

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como si tuviera urgencia en respirar despuĂŠs de haber nadado bajo el agua como si escuchara mĂşsica a lo lejos y no quisiera perder ni una nota como si fuera a encontrar los amigos del bar la mejor fiesta, la obsesiĂłn, las caricias se despierta feliz buscando sus pinceles.

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blanco todo blanco es el color del dĂ­a de invierno que hoy empieza (el cielo se confunde con las duras paredes a lo lejos)

para pintarlo: mucho blanco de zinc apagado por una pizca de negro marfil con ultramar y hacia el este un resplandor amarillo de NĂĄpoles

de ese lado estĂĄ Montevideo.

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te parecés a esas minas a quien nadie se acerca por demasiado lindas por demasiado buenas. confiesan los reos de avería que les hacés temblar la estantería pero los conforma melancólicamente un prudente “semejante berretín no es pa´ uno”. no te encara ninguno pero aparece en el barrio un tarambana, se acerca diciendo ¿bailás, piba? y con gran desparpajo se te lleva del brazo contándote macanas.

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ojos entrecerrados salen de cacerĂ­a. todo sirve para ser devorado el jarro blanco con su mancha de sombra el ĂĄrbol enmarcado en la ventana la figura a contraluz. el ojo roba y la mano devuelve joyas. un pintor como un mago todo puede. todo puede ser -imĂĄgenes y magia- mejor imaginado.

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- ¡El emperador pide que dibujes un cangrejo! vinieron a decirle a Wang Wei - Lo haré. Preciso una casa y leña y alimentos y seis meses de plazo.

pasaron día a día los seis meses. - ¿Has pintado el cangrejo? - Aún no. Preciso otros tres meses, más leña.

concluía el invierno. regresaron. frente a los emisarios, Wang Wei hizo volar el pincel sobre el papel de arroz que había mirado largamente y apareció de un magnífico trazo el cangrejo.

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llevo un nombre antiguo y simple el nombre de la diosa más vieja el nombre de la abuela de Dios es tan fácil llamarme y no sé a dónde voy.

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valsinha

como un vestido de lentejuelas para usar en la mejor fiesta lo colgué y colgué la paleta en el ropero para después. algua vez me miré en el espejo con el el vestido tornasolado pero no salí a bailar con él. usé otros vestidos por el camino de entrecasa o de andar por ahí ocupada y distraída nunca más lo elegí. creí a quien dijo galante desnuda sos más elegante ando así desde entonces sin mayor protección ni cuidado pero recuerdo el vestido de baile y me pregunto ¿se habrá apolillado?

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simplezas

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no es mucho lo que me gustarĂ­a tener: un libro para leer sentados uno al lado del otro dos vasitos para brindar y una lĂĄmpara para ver bien tu sonrisa en la noche.

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el abanico de Sol que elegĂ­ en la Casa de Diego es de un solo color no tiene majas desnudas ni vestidas ni toros ni claveles rojo y airoso me sigue regalando el aire de Madrid.

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es tan simple adorarte alcanza con mirar de tu nuca la dulce inclinación o tu sonrisa leve o tu forma de andar es tan alegre compartir contigo el almuerzo el trabajo el colchón me gusta tu voz entrecortada tu conversación y tu risa frecuente que ilumina todo lo que hacés también me gusta el olor de tu piel cuando lo siento reconozco que llego al lugar de la felicidad. venía pensando en todo esto hoy que hace cinco años pero encontré la florería cerrada. espero que te guste envuelta en celofán esta declaración de amor

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querida es mรกs lindo decir querida que mi amor mi vida mi tesoro todo eso en el fondo es querer apropiarse o depender pero querida es aceptar que uno es feliz es alegrar decir querida es dar la bienvenida.

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qué gracioso ¿vos ibas para allá? yo venía de allí. entonces ¿se nos ocurrió lo mismo?

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pensar que no me animaba a decírtelo porque creí que entonces me dirías que no y entonces nunca podría y sin embargo era todo mucho más simple.

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no quiero hacer nada 煤til no quiero decir nada oportuno s贸lo quiero ser parte del paisaje.

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nada más que té de jazmín un día de verano en un jardín sombreado con lagos y con puentes tomado en un liviano cuenco de porcelana

hundo la cara en su pequeña nube como en una caricia que amé y que todavía me parece cercana

puedo ver en el fondo

mínimas hojas arbitrarias forman un ideograma mi destino

pero no sé leer té.

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sopla el viento del sur, la tarde es fría el paredón es gris igual que el río los graffiti que decían te amo están borrados.

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nunca dijiste bien donde encontrarnos sos tan atropellada que inventás esquinas donde hay sólo calles paralelas proponés citas a la luz de las velas en ningún restorán (o en uno que allí estaba pero ahora hay una agencia de quiniela, un bar) también hubo esperas en andenes con la ilusión de inexistentes trenes o viento de la rambla y mucho frío junto a una escalera que no era pero es raro cerca o lejos fuera o dentro siempre, siempre, querida te encuentro.

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el abrazo el trabajo el almuerzo y el rezo el descanso el encanto el invento el asombro el recuerdo y el sue単o salvan de la locura.

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mĂşsica musical garĂşa cristal atardecer contraluz perfil querido

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aquí estuviste al lado de la mesa cuando yo trabajaba y siempre al levantar la cabeza te encontraba tus dibujos están desparramados porque me gusta mirarte en todas partes riego el balcón cada mañana me parece que te debe gustar cómo florece y no cambio las cosas de lugar porque así están bien si sólo te añorara me pondría a llorar pero algo aprendí cuando estabas aquí cada uno es testigo de su edad y no hay excusa para huir de la vida que nos toca en suerte.

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qué sorpresa encontrarte nunca hubiera soñado que volverías a andar por estos lados pensé (esas veces en que pensé en vos) que todo ya había sido que todo había acabado que quedaba de ese tiempo un recuerdo precioso un halago por haber vivido como se debe vivir siempre un aliciente para seguir haciendo algo con que agradecer la vida y el regalo de haber estado enamorado simplemente.

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era suya la voz que transformaba todo al decir que te querĂ­a era tuyo aquel sitio en el abrazo donde estabas sitiada y protegida fue de los dos el ritmo acompasado al andar esas calles antiguas donde siempre hay jazmines y siempre o casi siempre garĂşa

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arianrhod

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el postigo abierto encuadra la luna cortada en diagonal como un gajo de fruta luminoso

quien lo alcance y lo coma (podría inventarse un cuento) será sabio no se equivocará nunca o será feliz nunca llorará.

el inmóvil punto gira inalcanzable hospeda en el castillo en espiral a los que esperan bajo la estrella polar la continuación del viaje.

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una mariposa de la noche camina leve sobre mi mesa. se esconde bajo un libro. quizá morirá allí. ah, repentinamente emergió. giró agónica en una danza final vertiginosa su breve batir de alas conmueve no importan sus revoloteos anteriores ni que ahora haya muerto. me alcanza una luz en la noche para divagar pensando ¿quién la tendrá encendida? debería trabajar y no lo hago. mi tiempo no es tan efímero como el de las mariposas nocturnas. tal vez.

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decir los mataron injustamente es una redundancia. matar es s贸lo un miedo hacia algo que se supone suprimir pero nunca la justicia acompa帽a a la muerte ni hay justicia que la repare.

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pasa el tiempo pasa pasan nubes violetas con el borde dorado como las hojas de los libros antiguos tardes violetas tardes doradas páginas finas de ruido suave gatos en equilibrio en la cornisa rama del limonero que allí está y puede estar acá si lo dibujo cerca y lejos y donde estás es donde no estás.

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siempre una nueva instancia para sentir más dolor más apretada el alma hasta llorar con ese llanto que no ve nadie el más cierto fuerte llanto débil frente a las contradicciones que lo provocaron ¿hay algo cierto? ¿qué queda de aquel sitio donde creíamos estar? suaves sollozos que se hunden en la música del piano de Lipatti como si el alma recibiera en cada acorde profundos golpes profundos golpes impresos por esas manos que también habrán acariciado manos que siguen llamando desde lo profundo después de conocer el dolor y la muerte y saber que no son lo más difícil de todo.

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Dios mío -rezó Bach con dolor esa vez como todos alguna vez desde lo profundoDios mío no permitas que me abandone mi alegría.

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brillo, menguo, oscurezco vuelvo a empezar una vez y otra vez como la luna giro puede variar la luz: poca, tanta, ninguna pero la 贸rbita es ineludible me olvido me ilusiono creo que emprendo caminos no lo son es la elipse avanzo y giro enfrento la salida y es la puerta de entrada una vez m谩s la oscuridad me espera.

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mala, tu casa XII -me advirtieronpor allí no imagines fortuna. pero, mmm... hay regalos astrales disponibles... a ver, a ver... sensibilidad artística acentuada: pintá y salváte.

no armé en la casa XII un cuarto propio dedicado al arte y a salvarme me pareció tonta, cómica, inútil semejante recomendación

vaticinaron “mala la casa XII” y me empeñé en refaccionarla no sería yo quien diera por perdido un matrimonio por culpa de Saturno

en cambio, desdeñé las ofertas de sol en Piscis, Venus en casa uno, luna en Tauro, Neptuno en Libra y otras amabilidades zodiacales

he sido olvidadiza al infinito.

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tenían razón ibas a morirte sin remedio. ahora está de moda decirle a los pacientes lo que pasa. entonces te quedaste callada por haber escuchado a aquel hombre eminente decir que solamente vivirías “un mes, dos o tres meses a lo sumo.” y se fue. ¿cómo consolarte? pero aquel enfermero tan sencillo, de cara ancha y corazón más ancho, nos entendió el quebranto. se acercó y te dijo suavemente “no haga caso: se equivocan tanto...”

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deberĂ­an durar mĂĄs deberĂ­an durar siempre como la vida estar siempre a mano al soplo de un chiflido al eco de un llamado al alcance de un gesto al calor de un abrazo deberĂ­an no dejar de llevarnos la contra o de opinar lo mismo no dejar de brindar cuando brindamos no dejar de escuchar ni de decir nuestro nombre de esa forma que es parte de nosotros mismos. deberĂ­an tenerlo prohibido y no morirse nunca los amigos.

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noche de cristal visual y muda negra superficie vertical la frente quema la lĂĄmina invisible sin lograr pasar el brillante infinito todo niega Âżo todo esconde? hay paisajes mĂĄs ciertos los han visto hombres plateados veloces como rayos hay en el tiempo compacto del principio mundos antiguos que murieron su luz nos llega igual.

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teníamos quince años mirábamos estrellas esa noche, sentadas en la azotea de tu casa. te dije que me parecía que si Dios era Dios tendría que ser Dios en cada estrella ¿y cómo haría María para ser Madre de Dios multiplicada en todas las galaxias? ¿harían falta Belenes y pastores, vía crucis y resurrecciones en torno de otros soles para que extraterrestres pecadores también hijos de Dios tuvieran Madre pasando la Vía Láctea y la nebulosa Oort?

ay, Ana -me dijiste, sin tratarme de loca y con tal sencillez que me enseñaste esa vez que es mejor la poesía- las estrellas están para mirarlas y ser felices.

ay, Mercedes, entonces tu vivías. yo dudaba pero tú sabías que la belleza se acepta sin preguntas.

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regalo de john winston

toda chica debe tener diamantes, Lucy como bien decía Mae West pero mejor es tener estrellas, Lucy porque nunca se pierden por la calle.

es lindo, Lucy que los caballos de madera sonrían entre las flores altas girando, girando en esa calesita donde todos los niños tienen sol en los ojos y todos los padres corbatas de cristal y todas las madres son como tú, Lucy chicas con ojos de caleidoscopio.

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fórmula de reconocimiento

este mundo no es fácil de entender además el amor que tampoco se entiende pero da alegría mientras vive frágilmente es mentira el amor heroico el verdadero amor es tenue y feliz no debe construirse es irreprimible pueden imponerse muchas cosas la razón, la moral, la abnegación no puede imponerse ni impedirse la alegría.

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no puedo dibujarte no podrĂ­a mostrar en el dibujo tus gestos ligeros el cariĂąo en tus ojos tu sonrisa llama que parpadea y alumbra suavemente sĂłlo te puedo mencionar como mencionan a las rosas los poetas.

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retiro voluntario

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tengo ganas de renunciar al circo de dejar de lado las pequeĂąas neurosis que se amontonan y trepan unas sobre otras como arriesgados equilibristas. no caen nunca del todo, sin embargo: rebotan, vuelven a alzarse, saltan y caen una en brazos de otra. Se sostienen y siguen su juego, apoyadas mutuamente. tengo ganas de salir de mi puesto (abajo, a la izquierda) y marcharme a paseo dejĂĄndolas caer todas desbaratadas como un castillo de naipes.

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los aeropuertos lugares de espera de alegría de hastío rara vez de miedo rara vez pero esa vez cuánto se sufre son como vos lugar de incertidumbre de no saber seguro cuándo cuándo la alegría y el abrazo pero siempre la espera la esperanzada espera y el cansancio y alguna vez el miedo.

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llamaste y yo creí que me llamabas pero llamabas para sólo decir que no me amabas me fui entonces profundamente triste y no sé qué fue lo que creíste pero cuando marchaba escuché que de nuevo me llamabas.

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ah... bueno, volviste. claro que te quiero yo también. ¿entonces? tenés la nariz helada hice una sopita ¿querés?

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dicen que es cosa confusa besarse bajo la luna pero hacerlo frente al sol no trae confusi贸n ninguna.

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al fin y al cabo

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el tiempo es una convención bastante útil para no hacerte esperar en las esquinas para saber cuando está horneado el pan para volver de un viaje no sirve en absoluto para medir el amor el amor, desorganizado y sorprendente le hace muecas al tiempo se burla de su paso acompasado corre, se tropieza, vuela llega adelantado o con demora rara vez en el momento oportuno pero siempre es bienvenido es capaz de decir y entender todo en un segundo o ni siquiera se da cuenta de que amanece. no sé si es ciego pero es seguro que no usa reloj tú y yo tampoco

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ya sube el café ya está el diario bajo la puerta ay, ay... dicen que es cosa confusa se quemaron las tostadas ¡buen día!... ¡buen día!

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sigo siendo quien era en las mañanas no toso ni me duelen las articulaciones en este amable estar de vacaciones que es la edad del reposo riego las plantas tejo bufandas cuento cuentos hago galletitas disfruto de los niños y disfrutan ellos de su bisabuelita. el espejo me cuenta detalles que no veo y por fin tengo tiempo para leer lo que leo. no hay nada que me arrugue (ni críticas ni quejas) la dulce diversión de haber llegado a vieja.

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¿qué iré a hacer cuando sea viejita con tanta falta de previsión? ¡no he ahorrado guita ni tendré una buena jubilación! pondré una página en Internet ofreciendo hacer correcciones, cartas de amor, discursos, novelones y tendré clientes por e.mail cuando sea viejita me levantaré temprano y me desayunaré con yogur pasearé por la rambla viviré de los buenos recuerdos y -espero- de mi buena salud.

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el pasado es pr贸logo dice la base de un monumento en Washington D.C.

no recuerdo a qui茅n era esa estatua pero siento que el pr贸logo es muy largo quisiera leer el cuento.

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indice

bares............................................................................... 3 mitos.............................................................................. 19 los sueños nunca tienen título........................................... 29 hace un año bailaba ........................................................ 47 big bang ......................................................................... 53 Montevideo ..................................................................... 63 tan difícil, tan fácil ........................................................... 75 al óleo ............................................................................ 81 simplezas ...................................................................... 89 Arianrhod ....................................................................... 105 retiro voluntario ............................................................... 121 al fin y al cabo .............................................................. 127

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Buenos Aires, 2006 ediciones a toda costa

www.larravide.com - ana@larravide.com

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uno por pagina  

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