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a los amigos ana larravide

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Katherine Mansfield ¿recordás? debajo del peral el banco de madera... ¿recordás? aquellas dos mujeres charlando con sus paraguas abiertos cómo pájaros... ¡había que dibujarlas! Shakespeare ¡ah, la vieja canción bajo el balcón bajo la luna...! pero los años han vuelto un poco sorda a la linda Julieta (y sobre todo perezosa). Vallejo un jueves por la noche llegó a casa contando que se había separado de la suya un hombre sin mujer y sin almohada. sus huesos tristes se trasparentaban adentro de sus ojos llovía le dimos vino lo escuchamos amaneció dormido al lado de su pena y de lo único que había rescatado un gran libro con todos tus poemas.

Ramón de Campoamor cuando tocaste los dedos de mi mano supe que te amaría para siempre. reniego de mis dotes de vidente. cuando leí tu palma vi la breve línea, inocente y fatal me señalaba que tu amor se me iría de repente.

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Miguel Hernández amigo con quien tanto del alma tan temprano. Edgar Bayley es infinita la riqueza abandonada nunca terminarás de encontrarla ni de soñar un sueño nuevo ni de besar labios y palabras nuevas es infinita la riqueza abandonada nunca terminará de poner en tus manos revelaciones a cambio de la libertad de no esperar. Idea Vilariño difícilmente como de dentro de un traje austero y apretado difícilmente como de dentro de un amor nocturno se sale o no se sale nunca de tus poemas. Delmira mejor que te haya herido el rayo mejor que el sol te calcinara mejor que los vampiros te besaran y mejor que los celos te mataran que peor habría sido que no fueran tantos y tan valientes tus poemas.

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Rubén Darío a gentiles princesitas en tronos de malaquita a marinos atezados sobre espejos azogados y a las risas y los besos tras los biombos del Japón cantaste. Y también rugiste cuando a Roosvelt le dijiste tus versos en español. Enrique Molina la mirada de pulpo de la memoria murmura nada termina ni el amor ni los viajes pero, a veces, eso parece y se sufre. Vladimir Holan querido poeta tenías razón nada es fácil fácil sólo es la mierda. pero el gallo canta en lo oscuro y llama al sol. Pessoa No hay guerras justas avisaste A García Lorca compadre ya no soy yo ni mi casa es ya mi casa. me asomo a tus barandales por los que la luna pasa pasa entre los limoneros con sus estrellas de escarcha.

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León Felipe sin espada de un tu abuelo y sin casa blasonada mirando por la ventana en un pueblo de la Alcarria te dedicaste a cantar cosas de poca importancia Antonio Machado marinero de mares sin camino trazado campesino en exilio esperanzado poeta anunciador del mañana infalible no se te vio llorar aunque lloraras como lloran a solas los profetas. Cortázar casi borrado el sendero nadie salvo el crepúsculo lo recorre crecen malezas entrelazadas de orilla a orilla ésas que antes ellos abatieron entrelazados. Saint Jhon Perse hacía tanto tiempo que yo ambicionaba un poema. y tú príncipe tú tan flaco llegaste de ese lado de mar que no cualquiera aborda y me lo diste.

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Goytisolo nunca, nunca te canses de cantar tu canción entre las canciones ni ahí te quedes. Macedonio nada dejó que no doliera el amor cuando se fue las tazas los papeles Homero Manzi sólo vos pudiste cantar la luz del sol y la canción feliz y la llovizna gris en la ventana. sólo vos el amor remanso fiel y duende soñador que era jazmín en flor y era mañana. Girondo con gracia cotidiana lumilar surrealista tu poesía sonríe voladora optimista Bertolt Brecht -¿alguna cosa de valor? -sí, el agua blanda que a la piedra acaba por vencer. Lo duro pierde. -¡escríbeme eso, escríbemelo! No lo reserves sólo para ti. y en una servilleta de café, probablemente, Discépolo le regaló a Tania el hexagrama, tan antiguo.

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Cátulo Castillo te evoco sin razón (o con las mías) sabiendo que vendrás último y final el candor disponible todavía amigo fraternal Georgie dear “sólo se puede mencionar o aludir” descubriste. Agradezco. Wan Pei los cargos fatigan los honores deshonran pero dibujar alegra el corazón Thiago de Mello el mayor dolor siempre fue y será siempre no poder dar amor a quien se ama. ¿por qué lo decretaste? sería mejor no saber que no hay dolor más grande. Vinicius lo mejor que existe es la alegría, pero conviene un poquito de tristeza. y de esperanza. esperanza de no volver a estar triste. ¡a bençao, poetinha! ¡saravá! Alfonsina (si llama él díganle por favor que solamente fui a la peluquería y que volveré enseguida).

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Cuento gitano Plaza Mayor de Madrid. Tanto frío, tanto frío que no hay nadie en la plaza más que un hombre, que mira la estatua de Felipe III. El hombre es sueco, así que no le importa el frío. Desde el Arco de Cuchilleros entra a la Plaza un grupo de gente (seis o siete) cantando. Un poco borrachos. Muy contentos. Algunos dan vueltas de carnero o hacen la estrella, girando sobre manos y piernas. Se van acercando. Desde el Arco de Cuchilleros sale, corriendo, una muchacha, que quedó rezagada del grupo, corre, corre para alcanzarlos. Cuando pasa cerca del hombre patina y cae. Sus compañeros no se dan cuenta porque ya van lejos, saliendo de la Plaza, por otro arco. El hombre se acerca a ayudarla. Se sonríen. Hablan al mismo tiempo, pero no entienden nada de lo que dicen (uno habla en sueco y la otra en... sánscrito). Él la ayuda a levantarse. Se fija bien si no se lastimó al caer, le arregla el pelo. Sonríen otra vez. Le arregla otro poquito el pelo y le toca la cara. Se miran. Se enamoran. Como hace mucho frío se van a tomar carajillos por ahí. Cuento italiano Ella está dibujando en una libreta en un café. Dibuja un gato sobre una mesa. Dibuja al mozo, atrás de la barra que tiene copas colgadas boca abajo y tiene una cafetera exprés, muy vieja. Dibuja a una pareja que conversa a contraluz de la ventana. La pareja ni se da cuenta. El se sienta en su misma mesa, como si no hubiera nadie, con un vaso y un libro. Se pone a leer. Ella empieza a dibujarlo. El lee como si le estuviera leyendo a alguien, suavemente. Lee: "he bajado millones de escaleras dándote el brazo y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos. Contigo las bajé porque sabía que de ambos las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas, eran las tuyas". Ella termina el dibujo. Se lo muestra. El sonríe. Le toma la mano y se la besa. Cuento chino Nació en Hangzhou. El óvalo de su cara es perfecto. Sus movimientos, musicales. Su conversación entretenida y discreta. Para ser una verdadera geisha no basta saber preparar el té con refinamiento y sonreír. No sirven -sabe- ni la sonrisa ni el refinamiento al distribuir las livianas tazas, si la elegancia y la sonrisa no salen del corazón. Es imposible -le enseñaron geishas mayoresdar felicidad sin sentirla. Su esencia no está en proporcionar felicidad a los otros sino en ser feliz. Como las flores. Cuento oriental Rambla de Montevideo. De madrugada, en verano. Ella está sentada junto a la estatua de la mujer reclinada en el banco cerca del Hotel Carrasco. Mira el mar y llora. El sol va subiendo de a poco y el cielo se pone muy lindo. Pero ella igual llora un poco, todavía. De repente siente un ruidito por atrás, un ruido como de pasos que van pisando arena, ramas, hojas. Piensa que puede ser él. Y se da vuelta a mirar. Pero es un barrendero que pasa, con su escobillón y su carrito.

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Cuento inglés Todavía, los empleados de la Biblioteca Nacional deben recordarla pidiendo, en su esforzado castellano, materiales para presentar, en Oxford, su tesis sobre el Barón de Mauá. Francis Rand había recorrido archivos en Río de Janeiro y Montevideo, le faltaban los de Buenos Aires, y a eso vino. Rubia. Transparente. Huésped gentil. Y asombrosa: para vivir precisaba apenas té con leche y pomelos, se bañaba los viernes, no conocía a Malraux. Acopió documentos, cartas de amor, creo que hasta los planos de aquel primer ferrocarril de Sudamérica: todo lo que nadie juntó nunca sobre el Barón de Mauá. A último momento renunció a casi todo su equipaje personal, para embalar más papeles: "son mi vida", nos dijo, con un apasionamiento nada propio de Oxford. Supe que no presentó su tesis y que enloqueció un poco: la superaron las cartas con empresarios ingleses, con amores antiguos, las fotocopias de una vida que a nadie -ni al propio Mauá- debió obsesionar tanto como a ella. Naufragó en Oxford, entre los papeles rescatados en las bibliotecas de tres ciudades latinoamericanas.

Cuento sin guardar Había una vez una muchacha que guardaba tesoros. Pensaba que los tesoros son tan importantes que hay que tener cuidado, pensar en ellos y tratar que no se estropeen. Todo eso le daba muchísimo trabajo. Pasó el tiempo. A los tesoros no les pasaba nada. Seguían allí. Pero no eran tesoros usados, disfrutados, alegradores. Entonces pensó "me estoy equivocando". Y empezó a repartir todo. Dejó de parecerle que si daba algo por allí iba a faltar un poco por allá... pensó simplemente que lo mejor era no guardar nada y que cada cual tomara lo que quisiera. Unos se llevaron dibujos, otros buñuelos de manzana recién hechos, otros cuentos, otros besos y abrazos, otros miraban y no se llevaban nada porque ya tenían o porque no les interesaba, otros se llevaban tazas de café y ratos de charla; otros, camisas planchadas, otros un "¡buen día!" o una broma. Hubo uno sólo que quiso llevarse una expresión melancólica (que había quedado por ahí) para acariciarla hasta convertirla en sonrisa. Cuando ya no le quedó nada guardado, la muchacha -que ahora era una mujer- se sintió liviana y feliz. Y pensó que era mucho mejor así.

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Cuento de lejos Es una mañana de sol. Es lindo levantarse tirando a un lado el acolchado. Me resbala el agua por el cuerpo, la espuma; después: la toalla amigable. Llena la cocina el olor del café. No me distraigo de cuidar las tostadas, porque suelen quemarse. Ya se fueron los niños al colegio. Los abrigué, porque empieza el frío. Te sirvo café en tu jarro de siempre, el blanco, de loza, que te gusta tanto (el mío tiene arabescos azules) mientras escuchamos la radio: "hoy van a hacer diez grados". La luz de la mañana entra por el balcón, cae sobre las cosas de todos los días, el viejo sillón, los libros, la mesa de roble. Suena un tango en la radio. Junto la ropa por los cuartos, la echo a lavar; miro en la alacena qué hay para la cena y pienso que al volver traeré cebollas, que faltan. Y leche, claro. Y pan. En la radio dicen que personas formando una larga fila (llega a ser de veinte kilómetros) han tenido que abandonar sus casas (muchas fueron incendiadas) y huyen hacia la frontera en Yugoslavia. (abril 5, 1999)

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para J.W.L.(1940/80) y N.R.L.

Toda chica debe tener diamantes, Lucy, como bien decía Mae West. Pero mejor es tener estrellas, Lucy, porque nunca se pierden por la calle. Es lindo, Lucy, que los caballos de madera sonrían entre las flores altas girando, girando en esa calesita donde todos los niños tienen sol en los ojos y todos los padres corbatas de cristal y todas las madres son como tú, Lucy, chicas con ojos de caleidoscopio.

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el dolor como la belleza se desvanece ¿cómo era? ¿cómo era en aquel tiempo? vamos en su busca pero ya no hiere no arrasa solamente emociona con ternura lo acariciamos bello dolor... cómo resplandecías.

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editorial a toda costa montevideo/buenosaires

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a los amigos