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Lectoras y lectores: En el tercer número de Amtimag, estas líneas no servirán para desglosaros contenidos o comentaros cómo y en qué forma hemos remozado nuestra imagen. Verán, los que pertenecemos al mundillo del audiovisual no disfrutamos del mejor de los mercados laborales. Vivimos a expensas de que se nos conozca, de una oportunidad que quizás nunca llegue a asomar la pata, luchando con cada fibra de nuestro cuerpo y sin prácticamente medios económicos para realizar nuestro cometido. Desde fuera, quizás por desconocimiento, quizás por desdén, ni se valora ni se entiende por qué nos vestimos de Don Quijote cada mañana, por qué no duelen los topetazos contra la realidad, o por qué seguimos pensando: “Mañana, sin duda mañana será el día”. Es un mundo muy binario; o triunfas absolutamente o te precipitas al vacío más denso, el del ostracismo. Incluso tenemos enemigos entre nuestros iguales, no por competencia, más bien por simpatía interesada; personas de memoria frágil, intenciones aviesas, sonrisas malintencionadas y miradas condescendientes se separan de ti a poco que ya no puedan sorber más esencia vital, para volver tiempo después con un “A ver si hacemos algo juntos, algún día” cuando ven que eres interesante de nuevo. Sólo si tienes suerte, mucha, encontrarás compañeros para el viaje; no sólo por afinidad, no sólo por capacidad o confianza. Una rara avis; una rara concatenación de situaciones definiendo de una determinada manera a una serie de personas, capaces de dar nuestro sudor y esfuerzo sin pedir nada a cambio; una suerte de familia bastarda sin más progenitores que la luz y el sonido. Sufrimos los descalabros juntos, celebramos las victorias ajenas cómo si de propias se trataran, lloramos los males como si a nosotros nos hubieran sucedido. Queremos dedicar este número a estos últimos, a los luchadores incansables que nunca dejan de aportar su granito de arena. Más que a nadie, a una persona inmejorable que hoy no pasa por su mejor época; no voy a decir tu nombre, compañero, pero estas palabras buscan un único fin: devolver parte de lo que dejas cada vez que trabajamos juntos. No podemos elegir qué pasamos en la vida, pero sí con quién pasar el trago y es un orgullo poder decir con quién elegimos trabajar, con más guasas que tomas al final de la jornada. Hemos decidido demostrarte, como cada vez qué tú has tenido oportunidad, nuestra intención de no dejarte ahí donde estás en estos momentos, no al menos sin haber dado batalla por ti. Somos familia, no sólo para rodajes, no sólo con cámaras y luces por medio; reímos y nos retorcemos juntos, guardamos anécdotas que recordar con bisoñez varias copas mediante y enfrentamos batalla juntos, aunque la distancia y la sombra de la soledad pretendan ser tus únicos compañeros. Podemos decir con tremendo orgullo, este número va por ti, compañero.

La redacción amtimag@gmail.com

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EQUIPO Redactor, Editor Jefe: Fran Ballestero @Fran2Ballestero Redactora, Fotógrafa, Community Manager: Patricia Aguilar @Patrisick Redactor, Fotógrafo, Diseñador: Juan José “Guanxo” González @Lizardguanxo Redactor, Fotógrafo: Sergio García @SergioGarRam

COLABORAN Sandra Recuero Maria Luisa Chamorro Rocio Crenes Jimenez Sheloner

CONTACTO

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SED TESTIGOS

Por: Fran Ballesteros

Uno de los principios de la crítica es alejar la subjetividad del hombre del relato a diseccionar. No soy crítico, siendo sincero, no tengo ni los conocimientos ni el ego necesarios, sin embargo, me gusta acercarme a esta labor con obras capaces de captar mi atención para traéroslas a ustedes, mis queridos lectores. Sí obstante, el texto siguiente se va a saltar a la torera el principio anteriormente aludido; señores, indignado me hallo.

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prefieren dejarse llevar por los cantos de sirena de cualquiera de los bandos para poner en marcha el ventilador de la mierda contra su enemigo mortal. Algo en mi opinión, absurdo.

El origen de mi mosqueo, inmune a aque-

llas famosas pastillas Timoteo, viene de la última gala de los Oscars; escribo estas humildes líneas dos días después de dicho acontecimiento planetario, llamado a calmar algunos egos y apaciguar algunas conciencias. El star system al completo bajo un mismo techo (a excepción de aquellos con un determinado color de piel) gozando de, entre otras muchas cosas, de la merecida (y tardía) estatuilla para DiCaprio en su papel protagonista por El Renacido (The Revenant, González Iñarritu, 2015). El director mejicano también alzó la estatuilla al Mejor Director por su trabajo en la misma obra, convirtiéndose de ésta manera en la película ganadora de la gala. Curiosamente, el otro gran favorito de esa categoría era un tal George Miller, un joven australiano de apenas 70 años de edad, quien había sorprendido a propios y extraños al brindarnos Mad Max: Furia en la Carretera (Mad Max: Fury Road, George Miller, 2015) una nueva secuela de la saga nacida de su mente allá por los años 70. Este film copó la mayoría de los premios técnicos (a excepción de efectos especiales) convirtiéndola en la más galardonada de la noche.

¿Por qué El Caballero Oscuro, Heat, La Jungla de Cristal, u Origen no merecen ser gozadas por aquellos qué degustan The Artist, La Vida de Adele, La Cinta Blanca o El Árbol de la Vida, y viceversa?

A partes iguales, se produjo una cascada de reflexiones y comentarios: muchos, apoyaban a Iñarritu, encumbrado tras su segundo premio consecutivo al nivel de dos titanes como Ford o Mankiewicz; otros, no entendían la decisión, declarando como ganador moral al cineasta australiano; la mayoría se hacían la misma reflexión: ‘¿Tan buena es Mad Max? Si parece sólo una típica peli de efectos y nada más…’. En un primer momento, piensas qué es algo puntual opiniones aisladas; nada más lejos de la realidad, pues tras indagar un poco, aparece el gran monstruo del ESTEREOTIPO en forma de tendencia. El Séptimo Arte vive en una cruzada constante entre las dos facciones que luchan por la hegemonía de la gran pantalla: la concepción artística versus la concepción evasiva de las distintas cintas. Esta batalla fraternal lleva implementada desde el origen de los tiempos, y no está ni cerca de cerrarse; no está fundamentada en criterios objetivos, más bien en prejuicios cruzados con el objetivo de mover al espectador en una u otra dirección. Nosotros, los espectadores, somos cómo aquel niño del anuncio de Coca Cola, recibiendo dardos desde una y otra trinchera, cómo aquel lo hacía de sus padres, pero pocos acaban tomando la decisión salomónica de tan listo infante, pues 8


El Renacido es una joya visual, un trabajo de artesano cuya primera hora y media pasan en un suspiro, pero matando el ritmo en un segundo acto reflexivo e introspectivo, provoca en el espectador (al menos en mi persona) olvidar el leitmotiv del personaje de DiCaprio. El subtexto, el mensaje oculto dentro del relato, la crudeza de las escenas climáticas (el ataque del oso y el enfrentamiento final) revalorizan una película difícil de ver por su especial ritmo, por la constante repetición de situaciones qué llevan a pensar como ya hiciéramos con Sandra Bullock en Gravity (id, Alfonso Cuaron, 2014): Igual si se queda quieto… todo mejora. Iñarritu parece beber de las fuentes de Terrence Malick a la hora de realizar este peculiar western, pero no descubre la rueda; realiza un ejercicio artístico sublime, innegable, pero por momentos timorato y poco atrevido. Entiende la épica de una manera distinta, más silenciosa, recogida y personalista, pero ni de lejos es un ejercicio tan valiente cómo lo fuera su anterior trabajo, Birdman (id, González Iñarritu, 2014). ¿Es tan buena entonces? Oye, pues sí. ¿Merece ser vista en una pantalla de cine? Rotundamente SÍ, es un homenaje para la vista, una recreación maravillosa de una época turbia de la historia americana, con una fotografía digna de ser recordada (si bien, muchas voces no ven necesaria el uso exclusivo de la luz natural, pues no lo consideran justificado). ¿Merece su director, pues, el galardón? Oye mira, no. Ésta dualidad dentro de la Industria Americana suele (aunque no siempre) favorecer ese tipo de obras, sobre otras de recorrido similar, pero de géneros y estilos poco vistosos a nivel artístico (una nueva forma de ver aquello de Alta y Baja cultura). Una cierta apariencia de promover el cine independiente, pero sin el cine independiente, utilizando una especie de despotismo americano para no perder de vista lo qué importa: el negocio. De películas tales cómo Red State (id, Kevin Smith, 2011) con una narrativa y estilo llamativamente vigorosos, Nightcrawler (id, Dan Gilroy, 2014) unos de los thrillers más llamativos de los últimos años, o Whiplash (id, Damien Chazelle, 2014) una increíble historia sobre la ambición y el éxito, sólo la última ha sido reconocida por la Academia. Un postureo hipócrita, diría yo. No sólo el cine independiente es víctima de esta pantalla de humo, de ésta dualidad son víctimas géneros que gozan de buenas cifras a nivel comercial, pero de mala prensa a nivel artístico

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Mad Max: Fury Road es un ejemplo de BUEN cine de acción, lejos de películas de corta y pega, más parecidas a un videoclip qué a un film de gusto aceptable. Michael Bay es el máximo exponente de este tipo de cine de artificio, dónde películas como Acto de Valor (Act of Valor, Mike McCoy- Scott Waugh, 2012) no son más qué un panfleto a favor de la enorme y noble satisfacción de ser marine estadounidense. Pero también encontramos joyas capaces de mestizar varios de los géneros más valorados por la crítica, capaces de perdurar en el tiempo cómo auténticos films de culto cómo Matrix (id, Hermanos Wachoswski, 1999), Terminator (id, James Cameron, 1984) o Reservoir Dogs (id, Quentin Tarantino, 1992), despreciadas por gran parte del público por ser simples pelis de tiros. Junto a géneros cómo la comedia, el superheróico, o el terror, son cómo norma general los grandes olvidados en temporada de premios, aunque aglutinen a la mayoría de los espectadores en sala. ¿Esto es condición sine qua non para rebajar su capacidad artística? No debería serlo, y pensar lo contrario deja entrever una postura radical pues dibuja a los espectadores cómo meros borregos capaces de tragar cualquier basura qué reluzca más que las demás, ensimismados por los colorines y explosiones, o engatusados por un determinado sello/ director. Esta especie de superioridad moral capaz de menospreciar el trabajo de directores qué ven el cine desde un prisma diferente al resto, relegando su material a la categoría de segunda es, cuanto menos, sangrante. En 2015 hemos asistido a un auténtico golpe de mano de un señor de 70 años, pero de una juventud mental inclasificable; George Miller ha zarandeado la forma de rodar y crear películas de acción, tanto o más cómo a directores especializados en la épica más recargada (véase al señor Snyder, al señor Emmerich, al señor Bay…) cuyas películas se conocen, de un tiempo a esta parte, por la necesidad de crear explosiones y caos mayores secuela tras secuela, tirando cómo es lógico, de ordenador. El director de Happy Feet (sí, no es broma, fue dirigida en 2006 por el señor Miller) se planta ante tanto efecto diseñado en ordenador, y opta por los efectos prácticos (tradicionales). Es muy complicado no encontrar efectos diseñados por ordenador pues prácticamente se utilizan para todo: ya sea borrar un fondo, igualar las miradas…

Sin embargo, la mayoría de la acción de la película está rodada por especialistas y no han sido generadas por ordenador. Coches, vestuarios, maquillajes… una película de autor, artesanal, pero de acción y convertida por extensión en un simple divertimento aderezado con lo peor de cada casa, pensada casi cómo una secuela extrema de la saga Fast & Furious, o una peli de vaqueros con monturas cromadas de cuatro ruedas. Es cierto, no es una sesuda reflexión sobre la venganza o el uso de la violencia por parte de los poderosos para mantener intactas unas pretensiones despóticas y totalitarias, pero sí versa sobre todo ello; sí se quiere atravesar la coraza de cromo, fuego y gasolina, el humo dejará paso a un mensaje feminista, sí FEMINISTA, sobre una mujer capaz de desafiar lo establecido para salvar a sus hermanas de las manos de un ser misógino, interpretada por Charlize Theron encarnando a Imperator Furiosa. No es la quinta de la Jungla de Cristal, no es una GI. JOE, ni la décimo octava secuela de Transformer. Si lo pretenden, y lo desean, pueden dejar caer la venda qué les impide ser testigos. No seré yo quien diga “Todo el cine de acción es bueno”, pues les mentiría, y prometí ser sincero al inicio del texto; sin embargo, las buenas obras sufren la mala prensa de los productos realizados cómo churros para sacar 4 perras a costa de quemar una buena, mala o peor idea. Muchas, es cierto, son caparazones vacíos y reiterativos, sin querer señalar a ninguna saga protagonizada por ciertos coches capaces de adoptar formas antropomórficas, u otra qué empieza por Fast y termina por cualquier número del uno al veintitantos (y qué conforman algunos de mis placeres culpables), pero no todas gozan de la misma suerte y merecen un visionado para hacer desaparecer el estereotipo de base en nuestro ideario. Podrán ser testigos de cómo un señor de 70 años revitaliza un género estacando en el pop sin stop, recargado de copias de copias, y secuelas totalmente atroces respecto al material original. Un señor qué merecía el premio al mejor realizador por brindarnos un espectáculo tal, cómo grandes han sido las dificultades para llevarla a cabo, por más que pese a las personas ofuscadas en menospreciar esta forma de hacer CINE en mayúsculas. Sean testigos, pues, de una auténtica locura llevada a la gran pantalla, y ante todo, disfruten de un maravilloso día en su camino hacia la Ciudad de la Gasolina. 10


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Nietas de la hoguera es el primer proyecto de Glitter Zines. En su interior podréis encontrar fotografía, poesía, ilustración y un par de sorpresas. Todo el material está inspirado en aquellas mujeres que fueron quemadas por ser demasiado libres, demasiado independientes; esas mujeres que la ignorancia etiquetó como “brujas” y que fueron despreciadas, humilladas. Este es nuestro pequeño homenaje.

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Fotografía: Henar Bengale Modelo: Inma Rodríguez 15


Una fosa repleta de huesos negros para este ritual pรณstumo en honor de las brujas que gritaron por nosotras, las nietas libres que estรกbamos por llegar. Cuesta avanzar pero el camino es nuestro por ellas, por su veneno y las letras que grabaron sobre la corteza de los รกrboles:

Biblias paganas, Biblias libertinas.

Recuerda el olor a humo, el olor a miedo; es gasolina en nuestros pulmones: ahoga pero no aprieta.

Poema: Elena Barrio 16


Fotografía: Patrisick Modelo: Inma Rodríguez 17


50-50 Ana Langeheldt

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ANA LANGEHELDT Creatividad y pasión desde los muros de la nuestra ciudad.

Por: Guanxo González Fotografías:Patricia Aguilar

En este número os quisimos traer a un artista local. Con todo el arte que tenemos en la ciudad, fijamos nuestra mirada en la gran Ana Langeheldt, artistaza y sevillana de los pies a la cabeza, licenciada en la facultad de Bellas Artes de Sevilla, pintora de vocación, por su biografía profesional aparecen varios premios institucionales y ha participado en numerosas exposiciones, citada en las prestigiosas publicaciones de ámbito internacional, como Graffiti Women, Mural Art Vol.3 o Urban Art Boom, entre otros. Trabaja el muro con graffiti, además de realizar ilustraciones. Una chica encantadora, que nos recibio con los brazos abiertos, un alma alegre que desprende creatividad,alegria y compañerismo, alguien innovadora, que representa claramente la parte artistica de Sevilla, pero no la clasica y rancia, sino la más actual, creativa y luchadora. Un cruce de culturas, Ana Langeheldt a.k.a Lahe / Lahe178 introduce y fusiona el folklore sevillano con un toque de psicodelia y el surrealismo entre muchas de sus obras, dando un resultado atractivo y llamativo. Nos recibe hoy, ha sido todo un placer entrevistarla. Aquí tenéis la entrevista.

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The pleassure is mine Ana Langeheldt


-¿Qué tal Ana? Lo típico ¿Quién es Ana Langeheldt? Lahe: Pues soy un habitante bajito del planeta tierra con una cáscara bastante dura y un interior demasiado blandito que a veces se escapa y me tengo que poner cinta. Aún estoy definiendo que hago en el planeta tierra, pero así a grandes rasgos me encargo de ponerle un poco del color que el humano que manda le está quitando. Como digo soy habitante del planeta tierra, pero resido en Sevilla, en el barrio de Triana, no está mal mi ubicación, es una ciudad muy bonita. Mi apellido es real, mi abuelo paterno, alemán del cual la genética no me ha dado más que sus párpados, me dio el honor de tener un apellido exótico en España, en Alemania creo que no lo es tanto. Aparte de mi apellido tengo más motes o a.k.a´s, como Lahe en los muros (por una evolución que surgió a raíz de mi apellido), o China para los colegas, y para los no tan colegas también. ¿He dicho ya que soy bajita? -Cuéntanos Ana, ¿Cómo y por qué decidiste dar el paso y lanzarte al mundo del arte? Pues es algo que desde muy muy pequeña tenia clarísimo, me recuerdo pintando y dibujando desde siempre. He tenido la suerte que en mi familia siempre me han animado a ello, supongo que algo verían. Mi madre desde pequeña se ha encargado de apoyarme, me llevaba a concursos y cosas del estilo para niños; mi tío, también solía llevarme a exposiciones, visitábamos cada cierto tiempo el Museo de Bellas Artes, me enseñó los rincones de Sevilla, a mirar hacia arriba, a escudriñar los rincones de la Sevilla profunda, creo que eso me ha marcado en mi obra. A los nueve años, cambié uno de los regalos de mi comunión (unos patines), por un maletín de óleo, recuerdo perfectamente el momento. Ahí empezó todo, lo serio, lo de pincel. Recuerdo que los estudios me costaron muchísimo (en aquella época era BUP y COU, no había Bachillerato Artístico siquiera), mi intención solo era hacer la carrera de Bellas Artes (había que hacer una carrera, soy de esa generación), no quería pasear libros, siempre lo he tenido muy claro. En casa también me apoyaron en esto. Jamás me vi presionada con lo típico de “no tiene salida”, “pues estudias lo que sea”, “estudia algo que de trabajo” (me hace gracia esta frase ahora mismo). Puse una carrera en la lista de carreras a estudiar y eso hice, si no hubiera entrado (en aquella época era por examen de acceso), me hubiera dedicado a esto igual. -Siendo artista de una ciudad cómo Sevilla donde conviven una parte que intenta ser moderna pero que sigue anclada en lo añejo, que es iconoclasta y tradicional pero a la misma vez es “destroyer” y desenfadada ¿Cómo se desenvuelve un artista entre estas sopa de contradicciones? Ufff, a ver cómo respondo… Yo siempre he pintado, dibujado y eso, así que creo que iba a pintar aquí o en Pekín. Me influye, claro, me encanta remarcar mis orígenes dando un toque propio. Mi familia es muy tradicional, y como dije antes algo me habrá influido, es algo que no me disgusta, supongo también que si hubiera nacido en otra familia, pues sería distinto también. Supongo que si hubiera nacido en yo que sé, Minesotta algo pondría de ella en mis obras. Son mis raíces, es lo que veo y con lo que estoy en contacto. Pero esto no quita que esté en contacto también con lo que pasa en el mundo, en la estética, o en la escena actual artística y social contemporánea. Hay que beber de todo, creo que nutrirse y enriquecer algo que ya es rico en sí es maravilloso, evolución. A mí me parece precioso mezclar lo “añejo” y lo iconoclasta de una ciudad con la historia que tiene la ciudad donde vivo, con lo que pasa o hay fuera de ella. Ahí surge gente como te pongo un ejemplo, el rockero Silvio. No sé si me explico... Creo que para ser artista contemporáneo en una ciudad como ésta, no hay ni que despreciar lo que ya estaba, ni tampoco negar lo nuevo.

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head 2 Ana Langeheldt

head 1 Ana Langeheldt

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- ¿Por qué decidiste dar el salto a los muros? ¿Te sientes cómoda dentro su atmósfera y su cultura? Di el salto en la facultad, me ha gustado mucho la cultura del hip hop y la música negra desde muy pequeña, y cuando iba entonces a casa de mi abuela, pasábamos por la zona de Viapol, donde había unos muros que siempre estaban pintados, o había gente pintando; entonces yo veía y decía: “Esas cosas las puedo hacer yo”, pero en mi ambiente no tenía apoyos. ¿Con quién voy? , ¿Cómo voy? Ya llegada a la facultad, conocí a gente que pintaba y a partir de ahí, fue pulsar una válvula y ya... -¿Te sientes cómoda en el mundo del graffiti entonces? Claro, incluso más cómoda que en el mundo del arte “serio” en muchas ocasiones. Me ha dado mucho, llegando a tener una amistad nivel hermanos en ocasiones. La libertad de pintar en la calle, la complicidad de crear algo conjunto con amigos, el formato, la rapidez, el desapego a la obra... Da menos miedo que una galería, al menos para mí. Me resultan como quirófanos en ocasiones, todo tan limpio. -¿Qué medio prefieres para expresar tu arte, lienzo, pared, algunos materiales preferidos? Todo depende del día, hay veces que el cuerpo me pide muro, y otras que solo quiero lápiz, lápiz y lápiz. Ahora otra vez vuelvo a los pinceles, lo que pasa que mi estudio, vivienda es pequeña y por acumulación no me está quedando otra que usar papel, por espacio jajaj. Creo que no tengo... aunque venga, me mojo, lo que más me gusta es el lápiz. -Dinos, ¿cómo definirías tu estilo? ¿Cuáles son tus influencias más notables? ¿Mi estilo? ¿Surrealismo mundo paralelo infernal? Jajajaja -Reímos todos- A ver, yo he bebido de los clásicos, es la influencia más gorda que he tenido, la academia, eso se ve. Me gusta el surrealismo y el impresionismo, pero a la hora de estilo, no sé, no pienso en un estilo, sale solo. No me gusta decir, yo pinto esto. Esta pregunta que la responda otra persona! Jaja. -¿Y en el grafitti? ¿Has tenido influencias? Bueno, el graffiti no deja de ser una técnica pictórica más. Si es cierto que cuando empecé a pintar con spray en la calle, adaptaba mi estilo en pintura, o en dibujo a la pared, hacía cosas más sueltas. Pero llega un momento que al estar en contacto solo con “graffiti real”, te terminas autocapando, no sé si queriendo o sin querer, pero a mí al menos me ha pasado. El “esto no es graffiti, esto sí”, se escucha mucho jajaj. En su momento el graffiti (mural, que es el que yo hago), tuvo un montón de influencia de la ilustración y el diseño gráfico del momento. Uno se preocupaba por la composición, el mensaje, los colores, en grupo, se quedaba para “pensar un muro”, eso ya casi no pasa por ejemplo. En esa época sí que tuve influencias, claro, McKlaim, Hera, Os Gemeos, Fafa, Loomit (!)… No sé, era una época muy guay esa, se forjaron buenos amigos además, y de esa época vienen muchos de los que están ahora en el Top. Después de esto hubo como una vuelta al Graffiti plano, pieza-personaje-pieza, y de ahí hasta ahora, que hay una liada... Ahora se lleva pintar mal jajaj. No sé, en verdad es complicado, porque también depende en ocasiones de con quien pintes. Mi conclusión ahora mismo es, que lo mejor es pintar solo (y rompí la magia), jajaja. -¿Crees que el artista debe de estar comprometido con el mundo y las situaciones que vive? Por supuesto, al 100% y al 200%, no creo en el arte que es para adornar, de vez en cuando, admito que tendré algún cuadro más decorativo que otro, pero… hay que ser cafre, es nuestra misión, el fotógrafo, el pintor, el diseñador, tiene que dar caña, es nuestra misión, digo yo.

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-¿Tienes alguna manía al crear? Tengo que tener antes de empezar todo súper ordenado, música puesta (aunque eso está siempre puesto en casa), y que nadie me moleste, ni me hable, ni nada (mi madre la pobre se llevaba cada grito cuando entraba en el cuarto...). Además, cuando me concentro, me doy un pequeño golpecito en la nariz mientras pinto jajaja. -¿Qué es lo que más te gusta de lo que haces? La libertad que tengo, y que lo que hago me hace muy feliz, además de hacer feliz a la gente. Que venga alguien que te diga” he visto algo tuyo, y me ha encantado”; Esta sensación es preciosa, aunque a la vez me da muchísima vergüenza. Soy muy tímida en este aspecto. -¿Andas sumergida en algún nuevo proyecto? ¿Tienes algo entre manos? Pues tengo alguna cosita por ahí que no puedo desvelar aún... tengo previsto la participación en algunos eventos con Montana Sevilla, y en una exposición de diseño con unos chicos de Grecia , realización de algunas obras y camisetas seriadas, y nada, pintar y dibujar, hasta que la muñeca aguante. Quiero preparar una exposición con esto último, pero siempre tengo ajetreos que me desconcentran. -¿Qué consejo les das a tus compañeros artistas que dan un paso atrás antes de lanzarse a este mundo? Bueno, es que tampoco considero que yo me haya lanzado, así que… No sé si es que aún no he terminado de dar el paso a sitios considerado más serios, o no sé… estoy cómoda donde estoy, pero es difícil. Yo aconsejo que si te gusta que te tires de cabeza, con doble tirabuzón y final carpado. Luego, cuando saques la cabeza, coge aire, y métete a bucear. Al final, si fluyes, aparecen las Sirenas y todo eso... -Dejando atrás el pasado subvencionado para el arte, háblanos del momento actual, ¿qué nuevas formas se te ocurren para poder vivir de tu creación y disfrutar con ello? Pues… Merchandising; camisetas, impresiones, y productos que al fin al cabo es arte y se puede seriar, pero es más accesible, porque no puedes vender cuadros de 1000 €, la gente quiere, pero no puede, así que esa puede ser una opción, esa, o robar carteras jajajaja -Volvemos a reír todos-¿Crees que el estilo de la calle está dando un salto y convirtiéndose en algo más? Bueno, hace tiempo que el “estilo urbano”, es aprovechado por publicistas y demás. Es algo agresivo que a la vez atrae. Es como la cultura visual a la que la gente está más acostumbrada en las ciudades, y el lenguaje que la gente más joven conoce, y que los mayores reconocen. Lo malo es que no todo el mundo lo hace bien, se aprovechan algunos, y otros ponen lo más feo que hay porque no tienen cultura ninguna de la breve historia que tiene. El todo vale es muy malo. Aquí por ejemplo podemos hablar de los “artistas urbanos” (writers, hablando bien), que se están metiendo en el mundo artístico sin tener ni idea (no todos, pero sí muchos) de arte, y los que ofrecen estos espacios a esta gente porque son “urbanos”, sin tener ni idea si lo que hacen dentro de su mundo está bien hecho, ni de dónde vienen, ni de donde se sacan lo que hacen. Malamente esto.

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Yo creo en curro Ana Langehel-

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Interpaletario Ana Langeheldt

Abre los ojos Ana Langeheldt Smile Ana Langeheldt

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BECE Ana Langeheldt


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-¿Qué crees que debería de preocupar a los artistas de hoy en día, saciar o quedar saciado? Quedar saciado, SIEMPRE. -¿Qué piensas de la “censura” o llamémosle “desprecio” hacia el graffiti que tiene nuestro país? No creo que el graffiti, graffiti, el real, de piezas y firmas, el del ego, el que ensucia, sea apreciado ni en Nueva York (de hecho allí está ultrasancionado, la gente pinta en las azoteas por eso), así que imagínate en España... Estamos en un país muy cateto, la cultura de a pie es muy básica, no estamos educados bien desde pequeños culturalmente (a no ser que tengas suerte en tu familia, o te toque algún profesor en la escuela... raro...), no podemos pedir más. Cualquier cosa que se salga de la norma ya causa miedo, es feo. Con el tiempo se le está cogiendo algo de gusto con la pintura mural y tal, pero bueno, tampoco es que crea que el graffiti graffiti se vaya a ver bien en algún lado, como te decía antes. Siempre es asociado al vandalismo, al chaval liante, tal. Pero es que realmente es lo que es. Igualmente yo me tengo que comer los anuncios de todo lo que sea por todas partes (en buses, paradas, edificios, prensa, carreteras, etc.) y no pasa nada...a esto sí estamos acostumbrados... -¿Qué opinas de que en nuestro museo de arte contemporáneo haya tan pocas referencias a las jóvenes generaciones andaluzas que están exponiendo en galerías reconocidas de Madrid o de Europa? Es un pedazo de espacio que hay totalmente inútil y solo sirve para hacer mamarrachadas de exposiciones , solo de vez en cuando suena la flauta, pero bastante poco... para ver buenas exposiciones, de gente nueva, te tienes que ir a Málaga. Málaga me parece estupenda, me quito el sombrero, la gorra o lo que sea, ves aquello, y ves lo de aquí, y deja que desear. Es triste, porque el espacio es genial, pero creo que no se aprovecha como se debería. Pero claro, como todo, esto siempre depende del que manda, o del que conoce a... -Para acabar, ¿Cómo ves la escena cultural en nuestra ciudad y que propondrías para impulsarla / activarla / “atizarla”? La veo cada vez más activa, que apuesta más por lo nuevo, desde el “underground”.Espacios, que está apostando por lo de aquí y están abriendo un poco el circulo. Lo que pasa es que a los que tienen la oportunidad de hacer ver a los creadores de estas escenas en sitios más oficiales, o que están dentro de los círculos más “serios” (lo pongo entre comillas porque lo underground culturalmente me parece mucho más serio que lo que se despacha en lo culturalmente oficial) no les da por asomar el hocico por estos sitios jamás, me pregunto a veces si saben ni que existen. Es una pena, por ellos, no saben lo que se pierden. Que sigan exponiendo artistas inditex consagrados sin alma, ellos sabrán. Al final con esto te das cuenta que el cambio, la cultura, y lo efervescente está en nuestras manos, y con pequeñas “guantaítas” se espabila uno. Que por muchos billetes que tengas al final, el gusto por lo bueno, y por saber, la curiosidad, tiene que estar innata. El que se acomoda es un loser.

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Parrita Swag y Orion 2 Ana Langeheldt


Noviembre S Ana Langeheldt

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Pachamama Ana Langeheldt

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el dragón del cáncer

por Patrisick

Imagina que tienes la familia perfecta. Imagina la familia que todos esperan que tengas. Imagínate a tus hijos. Imagina tres preciosos niños, rubios, de ojos azules. Imagínate yendo a misa los domingos. Imagina que eres programador y desarrollador de videojuegos. Imagina que eres escritora y ponente. Imagina que te llamas Ryan. Imagina que te llamas Amy. Ahora imagina que tu pequeño Joel, de tan solo un año, es diagnosticado de AT/RT (siglas para el inglés Atypical teratoid rhabdoid tumor), un tipo raro de cáncer que aparece en la infancia, en forma de tumores por todo el cerebro y el sistema nervioso central. Ahora que formas parte de la familia Green, no tienes más remedio que enfrentarte a su dragón.

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Podría decirse que That Dragon, Cancer no es más que otra crónica sobre la enfermedad y el intento de combartirla, vencerla y superarla... pero no sería justo.

El dragón Qué mejor criatura para representar a la temible enfermedad que arrasa con todo. Sin embargo, solo dos veces nos topamos con este mito alado.

TDC habla de lucha y superación, sí. Pero de lucha y superación de nuestros propios miedos, no contra la enfermedad.

La primera, en el capítulo 2: Park at the edge of the world. A la orilla del mar, mientras observamos al pequeño Joel en una camilla, una sombra cruza el cielo y su diminuto cuerpo. Tuve que jugar una segunda vez para darme cuenta de que esa sombra tenía forma de dragón.

Con unos gráficos sencillos y una duración corta (se puede completar en unas 2 o 3 horas), TDC es el videojuego al que todos deberíamos jugar. Dividida en 14 capítulos, la trama hace que sigas a la familia Green a diario y a lo largo del tiempo, compartiendo con ellos pensamientos y emociones sobre el diagnóstico de su hijo pequeño. La historia no te muestra el cáncer ni lo que es, sino lo que este provoca en las personas.

La segunda, en el capítulo 9: Joel the baby knight. Quizás sea de mis momentos preferidos de TDC, pues a modo de arcade nos enfrentamos al gran dragón escupe-fuego, mientras Ryan y Amy cuentan a sus hijos la fantástica historia de Joel, el pequeño caballero que intenta derrotar al dragón, con su armadura y espada de cartón.

Con una gran carga psicológica, pues a ratos lloras, a ratos desesperas, TDC te pasea por hospitales, parques y hasta el propio universo.

En algún momento, uno de los niños afirma que un bebé no puede derrotar a un dragón, a lo que su madre responde que todo es posible con la ayuda de Dios y que morir no es, necesariamente, una derrota, sino una recompensa por haber luchado con valentía. Reunirse con El Creador es el premio por no haber perdido la fe.

La movilidad dentro del juego es bastante reducida. Las opciones, mínimas. El camino está marcado desde el principio. La toma de decisiones es inútil. No importa lo que hagas o lo que quieras hacer: el final ya se conoce y no se puede cambiar. No puedo hablar de TDC a nivel técnico como me gustaría. No poseo las herramientas ni el conocimiento para ello. Lo que sí me gustaría es destacar mis partes favoritas, los símbolos y mensajes que me ha parecido encontrar, y dejarme llevar un poco (si me lo permitís) por mi propia lectura y experiencia.

El agua Presente, al igual que el arbusto espinoso, durante todo el viaje, aunque de diferentes formas. La vemos en el mar que une las diferentes islas en las que se desarrollan los hechos. Un mar por el que navegaremos y en el que nos hundiremos, llegado el momento. Un mar que nos conectará con el más allá, como si del Estigia se tratase.

El cáncer El protagonista silencioso y onmipresente de la historia. Se nos muestra como lo que es: algo oscuro, informe, que asusta y tiene vida propia.

La vemos también en la lluvia, en una escena muy potente del capítulo 7: I’m sorry guys, it’s not good. Los médicos comunican a los Green que a Joel le quedan unos cuatro meses de vida. Comienza a llover en la habitación y el agua lo inunda todo, dejándonos en un bote a la deriva que, por supuesto, acaba naufragando.

Represetado como un pequeño arbusto negro y espinoso al inicio de la aventura, palpita y crece a lo largo de esta particular odisea, reproduciéndose, aferrándose a todo, invandiendo y destruyendo lugares, espacios y pertenencias.

Entonces, todo se oscurece y solo hay lluvia. Tan solo dura unos segundos, pero es un momento de inmensa soledad.

La mala hierba acaba convirtiéndose en árbol: arrancarla de raíz ahora solo serviría a la deforestación. Quémala y arderá todo el bosque. 32


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“Me lo había imaginado tantas veces, pero es diferente. Pensé que lloraría, que daría patadas”. Justo después, la vemos en una barca a la deriva, abrazando a Joel, intentando que Ryan suba a bordo, mientras este la acusa: “¿Cómo puedes estar ahí tan tranquila?”. Ella se limita a responder: “Lo quiero tanto como tú”.

Una sensación muy similar me golpeó en el capítulo 10: Drowning. Aquí, tenemos a Ryan flotando en el océano, como un bebé que espera en el vientre materno, rodeado de arbustos y junto a la máquina de arcade. Esto ocurre justo después de que Ryan haya discutido con Amy. Ella se mantiene impasible tras la noticia de que los tumores se han reproducido y, abrazando a su hijo, se deja arrastrar por la corriente.

Momentos después, Ryan confiesa que la envidia, porque ella es fuerte y ha sido capaz de conserva la fe y la esperanza. Cree en el plan de Dios y no lo cuestiona.

Con el padre en esta situación, mi primer instinto fue reflotar al personaje, haciéndolo ir hacia la superficie. Parecía lo más lógico. Tonta de mí, conseguí pasar al capítulo 11 cuando hundí a Ryan en el abismo, donde él necesitaba estar.

Ryan, personaje desde el que vemos toda la historia, es sensible y muy emocional. No le importa llorar, gritar, entrar en pánico o dejarse arrastrar por el miedo y la tristeza. Duda de Dios y de sí mismo, y no por ello lo vemos como alguien débil. No puedes serlo si acompañas a tu hijo durante la quimio.

La religión Los capítulos 5 y 13 tienen títulos muy claros: The temple of man y The temple of God.

La muerte, el duelo y el más allá

El templo del hombre es la medicina. Es un lugar blanco, estéril y frío. En él, vemos al pequeño Joel sometiéndose a un escáner cerebral.

Los últimos capítulos están cargados de lágrimas. El 11: Dehydration, es un auténtico horror. Volvemos a la habitación del hospital, ya conocida, donde un llanto de bebé se nos clava y nos atraviesa de una forma infernal. El llanto va de menos a más, de simples berridos de una personita que tiene hambre o sueño, a una tos desgarradora de alguien que (sabemos) agoniza. Ryan, sentado en el sillón azul de siempre, acuna a un bebé invisible y ruega, reza por un momento de paz. Está cansado y nosotros también. El llanto prosigue y asfixia.

El templo de Dios es la fe. La entrada es luminosa, decorada por los árboles del cáncer. Allí nos espera Joel, con su armadura y su espada descansando en la camilla. Cualquiera diría que ha perdido la batalla, pero nada más lejos. Como ya puntualicé, esto es una recompensa. La religión y la fe son temas muy importantes durante todo el tránsito.

En el 12: Peace, be still, asistimos a la reconciliación de la pareja. En un faro en medio del océano, Ryan y Amy descansan, al fin, abrazados. “Sabía que ambos llegaríamos al mismo lugar, no importa cómo. Siempre lo hacemos”.

Los roles de género Es curioso como TDC refleja el sufrimiento y duelo paternos. Y por pater me refiero, efectivamente, al padre.

El capítulo 14: Picnic at the edge of the world, es un remanso de tranquilidad y ternura, pues acompañamos al pequeño Joel al bosque, donde le esperan el perro que siempre quiso tener y una pila interminable de tortitas con caramelo. Sin embargo, no se nos permite quedarnos allí, y nos alejamos, flotando, junto a las burbujas que hemos soplado para él.

Al contrario de lo que se podría esperar, aquí es la madre, la mujer, Amy, la que se mantiene entera en todo momento. Volviendo al capítulo 10: Drowning, nos posicionamos un segundo en la perspectiva de Amy tras la noticia de que su hijo va a morir.

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vomité sangre y me sentí orgullosa

por Patrisick

Marina Kaysen se define a sí misma como artista y nínfula triste, pero un vistazo a su trabajo fotográfico nos desvela mucho más. Para cualquiera que conozca su carrera, la serie The weight I carry ha debido suponer una sopresa mayúscula, una incisión, un corte afilado y profundo en su andadura profesional. Marina, esa ninfa de mirada profunda y un tanto oscura (a pesar de la delicadeza de sus imágenes), se desnuda ante la cámara y ante nosotros, revelando su enfermedad. Valiente, dura y necesaria, su serie de autorretratos muestra el Trastorno de la Conducta Alimentaria con el que, probablemente, estemos más familiarizados: la anorexia. Sus imágenes y palabras nos han golpeado de una forma especialmente brutal, y significa mucho para esta redacción que la autora haya respondido a esta entrevista con una honestidad implacable.

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Marina, tu portfolio es bastante extenso. Has trabajado con la diseñadora Miranda Makaroff, realizado fotos promocionales para Zahara, portadas de discos, editoriales de moda... Eres joven y, aun así, ya posees un estilo y un cuerpo de trabajo sólidos, consistentes, definidos. Esto es algo que no se consigue de la noche al día y me hace pensar que llevas muchos años en la fotografía, ¿me equivoco?

Mi enfermedad ya no es un secreto y no me importa que la gente lo sepa, mientras pueda ayudar a alguien y que se planteen si tienen un problema, que reflexionen y que los ignorantes se den cuenta de que las enfermedades mentales son realmente horribles y complicadas.

Antes que nada, muchas gracias por tus palabras.

Hablemos un poco sobre The weight I carry.

Lo cierto es que mi primera foto la hice a los 5 años. Mi padre me plantó su cámara en las manos y me dijo que solo tenía que apretar el botón. Pues bien, de fondo había un tiovivo y lo que hice fue desenfocar a mis padres (sin saber siquiera lo que era el enfoque) y enfocar al tiovivo. Después de eso, disparé. Ellos salen completamente borrosos y el tiovivo, nítido y colorido. Ahí empezó todo.

En la descripción del proyecto confiesas que has estado cargando con ese “peso” desde hace 10 años. No puedo evitar preguntarme ¿por qué ahora, Marina? ¿Qué ha hecho que quieras mostrarte tan abiertamente? Pues por el simple hecho de que ahora es cuando más me está doliendo, porque he decidido ponerme en tratamiento por mí misma y hacerlo de verdad. He entrado y salido de tantas clínicas y tratamientos que ya he perdido la cuenta. Nunca he querido recuperarme de verdad, he perdido muchos años mintiendo en tratamientos, haciendo lo que me daba la gana y auténticas virguerías para que me firmaran informes de alta que jamás deberían haber sido firmados. Me he convertido en una mentirosa de primera categoría y este verano ya me cansé de eso.

A los 7 años hacía fotos todos los días con una cámara de vídeo que tenía mi padre. La cogía y me grababa representando historias que escribía sobre princesas malditas y magia. Así pasaba los fines de semana. Ahora tengo 21 años y lo cierto es que no he cambiado mucho. Intento hacer de mi vida una obra de arte y, poco a poco, lo voy consiguiendo. Tengo un estilo muy definido, que no es nada comercial, y supongo que por ello me cuesta mucho más hacerme un hueco en el mercado.

Agota. Agota muchísimo.

Estoy segura de que a mucha gente le ha sorprendido tu serie The weight I carry, primero por destacar sobre el resto de tus trabajos, y segundo porque habrá personas, como yo, que no pertenecemos a tu entorno cercano ni sabíamos que padeces un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). ¿Qué reacción ha provocado entre tus seguidores?

Este año perdí 10 kg muy rápido, tuve una recaída de las fuertes y fue entonces cuando, hablando con mi maravillosa psicóloga (a la que le debo casi la vida), le dije que esta vez estaba dispuesta a hacerlo de verdad. Y gracias a ella pude volver a entrar a un tratamiento del que había salido ya dos veces. Se me dio la última oportunidad y estaba dispuesta a agarrarla con todas mis fuerzas.

Lo cierto es que a la gente le ha impactado bastante, pero ha tenido buena acogida y, con estas fotografías, ha sucedido lo que yo pretendía: crear conciencia.

Estamos en marzo y sigo en tratamiento. Sufriendo muchísimo. Pero, poco a poco, consiguiendo pequeñas cosas. La serie cuenta con 4 fotografías diferentes. Exceptuando una, en todas aparecéis tú, el espejo y un escaparate que dudo fuera escogido al azar. ¿Qué simbolismo encierran estos lugares? 40


es uno de los síntomas que más tarda en desaparecer, si es que algun día desaparece. Yo no puedo mirarme al espejo más de un minuto sin echarme a llorar. Me miro en cada reflejo por la calle, en las ventanillas de los coches, en los charcos cuando llueve, miro mi sombra, me miro todo el rato. Y siempre veo lo mismo: un cuerpo en el que me siento atrapada. Veo a alguien asqueroso, cada centímetro me da asco. Realmente, veo un reflejo de alguien con un peso de 180 kg. Y juro que no exagero.

La primera está hecha frente al McDonalds de la calle Montera. No voy a comer a un McDonalds desde los 12 años. Cuando voy allí solo pido café o Coca-Cola Zero. A veces he pedido ensaladas de las que no llevan ninguna salsa, pero no he pasado de dar dos bocados o, si he comido algo allí, lo he vomitado acto seguido. En el cartel se lee: “Dedícate un momento”, lo cual es algo que no hago desde hace años también. No sé lo que es disfrutar con un trozo de tarta o un bombón. Aún me queda mucho para poder disfrutar con la comida.

Hace años que me miro y no me veo. No sé quién es esa persona en el reflejo. Solo sé que la detesto, en todos los ámbitos.

La segunda está hecha en el centro de la plaza de Callao. Es un lugar por el que paso todos los días y en el que una vez un grupo de chicas que pasaban por ahí me llamaron “puto esqueleto”. No hace falta decir más.

Los autorretratos no están retocados y todos han sido tomados en la vía pública. ¿Qué supuso esto para ti? ¿Encontraste dificultades, mirones, curiosos? Supuso todo un reto, no voy a mentir. Hice las fotos sobre las 8:30 de la mañana, pero en el centro de Madrid hay gente a todas horas. Mi padre me acompañó por seguridad, para estar pendiente de mi cámara y que no la robaran. Muchas personas se me quedaron mirando, una señora me hizo una foto con su móvil y hubo un par de miradas de asco. Pero sabía lo que estaba haciendo y por qué lo estaba haciendo, sabía que era necesario y esas personas me dieron igual.

La tercera, en el escaparate de una tienda de lencería en el que se lee: “Nothing is impossible”. Por supuesto, si te lo propones, puedes ser uno de esos maniquíes. Pero aviso: no es bonito. Muy concienzudamente, no te dicen que cuando consigues ser uno de esos maniquíes nadie te alaba, sino que de repente un día despiertas en el hospital con una vía, te alimentan por sonda nasogástrica y te ponen una dieta hipercalórica para que subas de peso y no te mueras — cuando morirte es lo único que quieres. Tienes que comer sí o sí. Comer más comida de la que solías comer en un mes, cuando no puedes ni masticar una mandarina sin llorar. “Nada es imposible”, claro que no.

No sé si lo sabes, pero algunas (las que menos) revistas de moda están empezando a restringir el uso de herramientas de edición fotográfica. Ahora sus páginas están llenas de pieles con pecas, granos, estrías… Sin embargo, el cuerpo y talla de las modelos sigue siendo un ideal de belleza imposible de alcanzar. ¿Cómo crees que influye este tipo de medios en los casos de TCA?

La cuarta y última habla por sí misma. Es frente a un restaurante en el que se lee: “Comer sano y positivo”. Así es como se empieza. Quieres hacer dieta, una dieta sana, ejercicio moderado, bajar de peso... hasta que esa dieta se reduce a manzanas, agua y, con suerte, un yogur el fin de semana para premiarte.

Influyen muchísimo. Cualquier chica coge una portada de Vogue y quiere ser como la modelo que sale en ella, y quien diga que no lo ha pensado alguna vez, por mucho que se quiera y se acepte, miente.

La palabra FAT tapa por completo el espejo, impidiendo la visualización más o menos completa o exacta de cualquier reflejo. ¿Es esto lo que los TCA causan en las personas? ¿Les impiden ver la realidad? Totalmente. La distorsión de la imagen corporal 41


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Muchísimas modelos padecen trastornos de alimentación, por más que ahora se las quiera mostrar a todas como chicas sanas. Recomiendo buscar en internet la historia de la ex-modelo Victoire Maçon Dauxerre, ella lo explica todo muchísimo mejor de lo que yo podría hacerlo.

Veía fotos de chicas en el hospital con la sonda y pensaba que eran la perfección, que yo no sería una anoréxica de verdad hasta que no estuviera así.

Todas hemos sido adolescentes. En algún momento, todas hemos odiado algo de nosotras mismas. Constantemente nos bombardean con cómo debemos ser, qué aspecto debemos tener… absoluta y literalmente todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre nosotras, aunque no se lo hayamos pedido. Esto suele acabar con chicas más o menos jóvenes pensando cosas horribles sobre ellas mismas y sus cuerpos. Pero ¿qué ocurre para que se vaya un paso más allá?

Tenía una enfermedad. Lo sabía y, además, la incentivaba, la dejaba crecer, la dejé aporderarse de cada rincón de mi mente. He hecho auténticas barbaridades. Una de las más light fue un día de cuatro horas de gimnasio tras tres días solo bebiendo agua. Al cambiarme en los vestuarios, vomité sangre y me sentí orgullosa y poderosa. Es horrible, pero eso es lo que hacen la mayoría de las enfermedades mentales: se apoderan de ti. No es un capricho de adolescente. Esto mata. De verdad, mata.

Como ya he dicho antes, todo empieza con una simple dieta para perder un par de kilos que, en muchos casos, degenera en una dieta para morirte lo más rápido posible.

Lo peor es cuando sientes que estás muerta por dentro y solo sabes que estás viva porque respiras.

En mi caso fue así, aunque no fue debido a los medios y al mundo de la moda o a la era de internet y el bombardeo. Los motivos de mi enfermedad residen en muchísimos puntos y el principal es demasiado personal como para contarlo fuera de una consulta.

¿Qué medios pusiste? ¿Te ayudó alguien? Como ya he dicho antes, todos los medios que puse y las ayudas que se me brindaron las desaproveché. Y me arrepiento porque he perdido mucho tiempo.

En los puntos más álgidos de la enfermedad, mi frase más repetida en diarios es: “Ojalá mañana no despierte. Ojalá me muera. Prefiero morir delgada a vivir estando gorda”.

Mi padre siempre, siempre, desde el primer día, ha estado y está a mi lado. Me ayuda en todo. Le puedo llamar a las 3:00 de la mañana y sé que siempre me va a coger el teléfono. Realmente, le debo muchísimo porque no todos los padres saben manejar este tipo de cosas... y es normal. Pero mi padre jamás ha tirado la toalla conmigo, aunque todo el mundo lo hubiera hecho, incluyendo profesionales.

Sufres anorexia y vas a terapia. Me alegro muchísimo de que estés luchando contra ella, porque eso significa que en algún momento fuiste consciente de que algo iba mal. ¿Cuándo y cómo aceptaste que tenías un problema? Supe que tenía un problema cuando veía imágenes thinspo (o thinspiration) todos los días. Pero de auténticos esqueletos, de chicas que no eran guapas. Solo me fijaba en sus huesos.

También le estoy muy agradecida al equipo que me lleva tratando casi cuatro años. Entre entradas y salidas, recaídas y casi mandarlos a paseo, me han vuelto a recibir con los brazos abiertos y eso no lo hace cualquiera. He de decir que son profesionales de la salud pública, no voy a ninguna clínica privada, y son el mejor equipo con el que me he encontrado en mi vida. 44


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tipo de enfermedades? ¿Darles más voz? Sí. Cualquier documental, programa, charla, entrevista, libro o experiencia que se cuente es necesaria.

A mi psicóloga le debo tanto que no podría explicarlo con palabras. Es una de las personas a las que más quiero y a las que considero fundamentales en mi vida a día de hoy. Para mí ella es más que una médica.

Las redes sociales juegan un importante papel a día de hoy, tienen muchísima fuerza, y creo que se deberían compartir testimonios que conciencien y mensajes de apoyo y de fuerza, sobre todo para las familias. Las familias sufren más de lo que se cree, aunque una, al estar enferma, no pueda ver más allá de su propio sufrimiento, ya que te sumes en un profundo —y contradictorio— egoísmo.

Año 2016. Se sigue ninguneando a los trastornos mentales. Parece que si tu dolencia no es física, es menos válida. ¿Cómo te enfrentas a esto?

The weight I carry, al menos lo que podemos ver en tu web, es una serie corta. ¿Hay más fotografías? ¿Las habrá?

Intento participar en todas las acciones que puedo. Escribo mucho sobre ello en Twitter, hice la sesión The weight I carry, he participado en un documental sobre los TCA, del que espero poder tener noticias pronto y poder enseñarlo, y en vídeos para estudiantes de Psiquiatría. Intento hacer todo lo que está en mi mano para visibilizar esto.

Hice un pequeño proyecto de dos imágenes que colgué en mi Facebook hace poco, pero por ahora no tengo en mente más fotografías sobre el tema. Lo hice una vez y creo que no necesito hacerlo más.

Yo he estado en un peso normal y vomitaba todos los días, me hacía daño, lloraba todo el rato, fingía la sonrisa, ayunaba dos días y después me daba un atracón y lo vomitaba. Así no bajaba de peso.

Mi trabajo es más artístico, pero siempre personal, así que supongo que después de The weight I carry se pueden interpretar algunas de mis series fotográficas desde puntos de vista más profundos y complejos.

Estaba completamente enferma, pero como no pesaba 30 kilos (por decir una barbaridad irreal), nadie intuía nada. Parece que, efectivamente, tienen que verte en una cama de hospital para que se te considere enfermo.

¿Te planteas seguir con este proyecto, quizás colaborar con otras personas que sufran trastornos similares?

Me siento muy impotente sobre el hecho de que las enfermedades mentales se pasen tanto por alto. Las clínicas siempre son privadas y no pueden pagarse los tratamientos, las familias sufren mucho, no hay ayudas, nadie hace nada, a veces se nos trata de victimistas o se nos dice: “Bueno, ya se te pasará”, y punto.

Colaboraré con toda persona que me lo ofrezca e intentaré ayudar a quien me lo pida. Siempre lo he hecho, en todos los ámbitos. No soy Teresa de Calcuta ni quiero serlo, pero intento que la gente sufra lo menos posible. Si alguien lo está pasando mal y acude a mí, jamás le voy a negar la ayuda. No importa como esté yo.

Lo que voy a decir es muy fuerte, pero muchas veces pienso que ojalá hubiera tenido cáncer. Si se detecta rápido, se puede curar y la gente sale adelante. Sin embargo, esto te acompaña toda la vida, nunca terminas de recuperarte. Lo único que haces es silenciar a la enfermedad y adquirir mecanismos acallarla cuando quiere tomar protagonismo en tu mente. ¿Te parece que habría que visibilizar más este 47


LA GRAN VENTANA

por Fran Ballesteros

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¿Es posible cuantificar cómo progresa la sociedad a lo largo

de una década? ¿Da el tiempo, en su frenético devenir, una perspectiva adecuada para evaluar un proceso tan delicado? Es una difícil cuestión sin lugar a dudas, sin embargo, tenemos herramientas; datos, detalles, análisis demográficos, sociológicos... multitud de números en tablas sin contextualización aparente dentro del tejido social real. No obstante, queridos lectores, ¿es posible cuantificar la evolución del imaginario colectivo, capaz a su vez, de probar una relación entre lo real y nuestro ideario?

Un ejemplo banal de una situación complicada (y de reciente actualidad) podría ser la última entrega de la saga Star Wars; muchas de las críticas, sin fundamentos objetivamente críticos, iban dirigidas a la elección de dos de los protagonistas de la misma: una chica y un joven de color, curiosamente. “¿Acaso Rey no podía haber sido un hombre?”; ”¿Desde cuándo los Soldados de Asalto son negros?”; “Sin lugar a dudas, su elección se debe a cumplir las cuotas para con ese nicho de público”. No se alarmen, El Despertar de la Fuerza no centrará más qué estas líneas, pero funciona para nuestra reflexión de hoy: ¿Por qué cojones molesta tanto la ruptura con el arquetipo del hombre como héroe, blanco, de ojos claros y cabellos rubios?

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Año 2012, Tarantino estrena en el día de Navidad Django Desencadenado (Django Unchained, 2012, Quentin Tarantino) un alocado y violento western protagonizado por Jamie Foxx en el papel de un esclavo negro quién, liberado y acompañado por un cazarecompensas interpretado por Christopher Waltz, luchará por liberar a su amada de las garras de un terrateniente algodonero blanco interpretado por Leonardo DiCaprio.

Este tipo de conductas y enfrentamientos deslucen el activismo sensato realizado por Lee, tanto en sus películas cómo en su papel dentro del complejo mundo del entretenimiento americano, pues parece más un rifirrafe entre dos personas qué no se tragan, más qué una reivindicación real. Tarantino no realiza un ejercicio suave para remover conciencias, golpea directamente al mentón del espectador: ”Well, nobody’s saying that. And

El polémico director nos presenta una alocada historia de violencia y venganza, salpicada con una cruenta justicia poética y cierto tinte reivindicativo a favor de una raza maltratada durante tantos años. No obstante, el tono y el estilo de gran parte de la cinta, provocó cierto recelo en una parte de la industria muy concienciada con la estigmatización de los negros dentro de la industria cinematográfica (o televisiva), y derivó con un enfrentamiento entre el enfant terrible de la industria norteamericana y Spike Lee.

if you’re not saying that, you’re simply saying I should be lying. I should be watering it down. I should be making it more easy to digest. No, I don’t want it to be easy to digest. I want it to be a big, gigantic boulder, a jagged pill and you have no water. Nothing that was too graphic. But there were versions of the movie, getting to the version that we have now, where both the Mandingo fighting [male slaves fighting to the death for sport] and the dog scene [were] even worse... even more violent. I can handle rougher stuff than most people. I can handle more viscera than most. So to me it was OK.”

Parte de la industria se posicionó de uno y otro lado; Lee denostaba la ambientación del film, aludiendo a la situación “similar al Holocausto” sufrida por sus antepasados, y, para no deshonrar el sufrimiento de sus parientes, decidió no ver el metraje completo. Gran parte de la crítica del director afroamericano se basaba en el uso de la palabra nigger, palabra despectiva para referirse a las gentes de color, durante toda la cinta, litigio nada nuevo entre ambos, dado qué en el año 1997 se produjo el primer episodio de este salseo entre ambos directores por el mismo motivo: Tarantino estrenaba Jackie Brown (id, Quentin Tarantino, 1997), y Lee criticaba el uso excesivo de la palabra negrata, colocando al cineasta blanco en una posición de racismo, pues había crecido en plena blaxploitation y eso había distorsionado su mente; La réplica fue simplemente:

(Bueno, nadie está diciendo esto. Sí no lo dices, simplemente estás diciendo qué debo ser un mentiroso. Quizás debería regarlo; quizás debería hacerlo más fácil de digerir. No, no lo quiero fácil de digerir; quiero qué sea grande, una piedra gigante, una píldora dentada para la qué no tengas agua. Nada era excesivamente gráfico, pero hubo versiones del metraje, cercanas a la versión qué tenemos ahora, dónde tanto la pelea del Mandingo [esclavos qué luchaban a muerte por deporte] y la escena del perro eran incluso peor... más violentas. Yo puedo soportar cosas más duras que la gente. Puedo soportar más vísceras que la mayoría. Entonces, para mi estaba bien.)

“As

a writer, I demand the right to write any character in the world that I want to write. And to say that I can’t do that because I’m white … that is racist”. Lee coloca prejuiciadamente a la película en las

antípodas de su pensamiento, creída más cómo sátira qué cómo reivindicación, y se niega a recibir parte del subcontexto debido a la repulsa del continente; Tarantino incluso posiciona ridículamente al KKK durante una de las piezas del film, ofreciendo una visión de la creación de este infame grupo un tanto rocambolesca.

(“Cómo guionista, demando el derecho a escribir cualquier personaje del mundo qué yo quiera escribir. Y, decir qué no puedo hacer eso por ser blanco... eso es racista”).

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La primera reflexión, llegados a este punto de la problemática sería pensar, ¿está legitimado el hombre blanco para revocar una situación de desigualdad provocada por él mismo? ¿Es el problema parte de la solución o sólo un actor interesado?

(Hace unas semanas en el trabajo, pensé y di mi opinión de una manera clara y sin tonterías; sin agresión, sólo directa. El hombre qué trabajaba conmigo [de hecho, lo hacía para mí] dijo “¡Eh! ¡Estamos en el mismo equipo!” cómo sí le estuviera gritando.)

Dando un salto en el tiempo hasta el pasado año 2015, nos encontramos una problemática distinta, pero de calado y soluciones similares. Jennifer Lawrence estalla ante una de las situaciones cotidianas entre el star system femenino en Hollywood: la brecha salarial entre hombres y mujeres dentro de la industria. En una carta escrita para el portal Lenny Letter, creado por Lena Duham y Jenni Konner, y cuyo título era un llamativo “Why Do I Make Less Than My Male Co-Stars?” (¿Por qué gano menos que mis compañeros hombres?), una reflexión producida tras el hackeo y posterior filtración de diversos archivos propiedad de Sony, de los cuáles algunos hacían referencia al contrato de varios actores y actrices con los qué había participado en diversos films:

La joven actriz reflexiona también sobre el fondo de la situación, sin mencionarlo; el machismo imperante ya no sólo en esa industria, impide a la mujer equipararse a sus compañeros del género opuesto. Mientras a sus compañeros se les aplaude su actitud negociadora, a ellas, se las tacha de “consentidas” y “de trato complicado”:

“Could there still be a lingering habit of trying to express our opinions in a certain way that doesn’t “offend” or “scare” men?”.

(¿Hasta cuándo estará vigente el persistente hábito de intentar expresar nuestras opiniones de una manera qué no “ofenda” o “asuste” a los hombres?)

“When the Sony hack happened and I found out how much less I was being paid than the lucky people with dicks, I didn’t get mad at Sony. I got mad at myself”

Podéis consultar el escrito completo desde este enlace, para comprobar de primera mano la potencia del mensaje; Lawrence no busca, en caso alguno, provocar o molestar (extremo repetido en varias ocasiones), sino llevar al exterior un pensamiento capaz de ayudar a más compañeras en una situación semejante. Podría parecer una pataleta o una salida de tiesto, para nada más lejos de la realidad, pretende hacer ver, con una normalidad extrema, sin tapujos, ni cortapisas, la disección de una realidad acuciante y muy injusta con el género femenino.

(Cuando el hackeo de Sony sucedió, y me di cuenta de lo qué me estaban pagando en comparación con la suertuda gente con pene, no me enfadé con Sony. Me enfadé conmigo misma). Lawrence nos coloca ante una situación sobradamente conocida, si bien nunca expuesta tan claramente al público en general. No sólo crítica la falta de equidad en el sueldo, también las dificultades del género femenino para poder expresar una opinión concerniente a la problemática de la desigualdad dentro de su entorno laboral. Cómo ella misma escribió: “A few weeks ago at work, I spoke

Muchas voces dentro del sector, sin importar sexo, apoyaron el escrito de la prolífica actriz; Bradley Cooper, nombrado en la misiva de Lawrence cómo uno de los “luchadores” durante la negociación del contrato para la película La Gran Estafa Americana (American Hustle, David O. Russel, 2013), apoyó el mensaje escrito por su compañera de reparto, insistiendo en el hecho de percibir un salario acorde con el trabajo realizado no es una cuestión de sexo, ofreciendo sus contratos a las actrices para apoyar las posibles negociaciones para mejorar sus relaciones contractuales con las majors.

my mind and gave my opinion in a clear and no-bullshit way; no aggression, just blunt. The man I was working with (actually, he was working for me) said, “Whoa! We’re all on the same team here!” As if I was yelling at him”

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De unos años a esta parte se ha vivido un boom en la industria televisiva, aportando obras en cantidad y de una calidad muy cercanas a los estándares del cine. Por la especial naturaleza del medio, se permite una cierta transgresión e innovación, provocando de esta manera una diversidad de mensajes difícilmente apreciables en las carteleras de las salas de proyección. El cine y la televisión comparten riesgos, dificultades a la hora de dar salida a según qué productos, debido a la lógica del mercado; sin embargo, y debido en gran parte a la propia naturaleza del medio, los creadores se ven obligados a transgredir con historias y planteamientos alejados del habitual. La televisión (sin diferenciar entre la tradicional y las plataformas de vídeo bajo demanda) se alza cómo un catalizador necesario para acercar problemáticas, personajes y situaciones sin cabida en la gran pantalla.

El director del film en cuestión, David O. Russel, apoyó a medias a una de sus actrices fetiche, ya qué justificaba el resultado de las susodichas negociaciones debido al importante reparto del proyecto. Sin embargo, este mensaje no iba a pasar desapercibido para aquellos qué aún hoy día, justifican la desigualdad; un par de críticos estadounidenses, Peter Bank y Mike Fleming J., redactaron una columna en la publicación Deadline para desmontar la teoría de la actriz sobre la desigualdad en el pago respecto a sus compañeros de metraje. En esta extensa columna, ambos divagan sobre sí Lawrence debe o no alzar la voz por el caso tan específico de American Hustle, y, tras desglosar los días de trabajo de cada actor y actriz, en relación con sus emolumentos resulte qué, ¡Oh, sorpresa! La joven actriz es la qué menos tiempo rodó.

Todos tenemos alguna de estas historias entre nuestras lista de predilectas, sin embargo, hoy vamos a jugar a las siete diferencias con un producto televisivo muy concreto, y su hermano mayor cosificado en un film: Corre el año 2002 cuando se estrena en todo el mundo el largometraje El Dragón Rojo (Red Dragon, Brett Ratner, 2002), la tercera iteración del más famoso caníbal del ideario audiovisual, Hannibal Lecter (interpretado por un monumental Anthony Hopkins), en la gran pantalla. El guion bebe de las fuentes de la novela homónima de Thomas Harris, y nos narra la historia de un investigador del FBI un tanto especial, Will Graham (Edward Norton) en su búsqueda de un asesino en serie de peculiar naturaleza. La calidad de la cinta no es relevante para esta disertación, y es cosa suya, queridos lectores, alzarla o defenestrarla; sin embargo, durante el transcurso del visionado, llama la atención la no aparición de personaje alguno de color (en rol protagonista) y el escaso peso de las mujeres en el transcurso de la cinta. Años más tarde, nueve para ser exactos, en 2013, Bryan Fuller basándose en el mismo material original, nos brindó su versión en Hannibal (id, Bryan Fuller, 2013-2015). Argumentalmente hablando, haría las veces de precuela (sin continuidad narrativa, únicamente contextualización temporal), pues sitúa la acción años antes de la primera escena del film; no obstante, la visión de Fuller de los personajes es más bien distinta a la ofrecida por Ratner años atrás.

Su compañera, Amy Adams, con la misma duración qué sus compañeros masculinos, sin embargo, cobró bastante menos que ellos; estos detalles pasan sin pena ni gloria, y se justifica la brecha esgrimiendo el argumento de “fueron los hombres los encargados de ser los vehículos para lograr grandes recaudaciones” o “este tipo de situaciones son necesarias para mantener una película de esta magnitud sobre la mesa del estudio”. Se aplaude con desgana un ensayo qué quizás ha sido escrito por un sujeto concreto, pero traspasa tanto a su autora como a la película escogida como ejemplo para acotar el caso; la resolución definitiva del texto, nos lleva a pensar, qué en cierta medida las mujeres deberían dar las gracias por participar en según qué films, pues le permiten acceder a mejores contratos en otras películas (los ejemplos de Emily Blunt o Scarlett Johansson son demenciales). En contraposición, sí se tratará de un hombre de fulgurante carrera… estaríamos hablando en otros términos. Estas situaciones de menosprecio y desigualdad se aprecian desde hace años en la industria americana y son difícilmente apreciables pues pocas veces acaban viendo la luz de los días. Cómo norma general, es complicado ver una película cualquiera (menos un blockbuster) protagonizado por féminas, o personas de color dentro del circuito cinematográfico habitual. ¿Es determinismo o una simple cuestión de actitud?

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En el drama televisivo, encontramos al encargado de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, Jack Crawford (Laurence Fishburne) intentando convencer a un joven Will Graham (Hugh Dancy) un peculiar investigador, para unirse a su equipo. Debido a la especial psique del señor Graham, Jack se verá obligado a mantenerlo bajo vigilancia, encargando al prestigioso psicoanalista Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen) un seguimiento de la evolución del investigador.

Cómo pasará con el caso de algunos personajes femeninos, en el ideario de muchos de los guionistas se encuentra la imagen de un hombre blanco, por defecto, a la hora de elaborar cualquier escrito. ¿Esto es malo? No tiene por qué serlo de base, sin embargo, cómo narrador debe tenerse en cuenta la repercusión social de las obras; en el guion de Ratner, ningún personaje de color aparece cómo cargo de relevancia, sólo aparecen cómo empleados dentro del centro de Baltimore. Estamos mostrando a la sociedad el papel de los hombres de color dentro de una situación compleja, reduciendo su papel a mozos de guardia; esto es extrapolable a la gran mayoría de discursos audiovisuales de amplío calado, debido al desconocimiento o simple apatía del escritor. Pensamos únicamente en el aquí y el ahora, sin embargo, no somos conscientes de la perdurabilidad de un discurso, algo inmutable e invariable, pase el tiempo o se acaben los días; reflejar la sociedad tal y cómo es, se transforma en un arma de doble filo, pues a la hora de afrontar dicho relato se estandarizan y apoyan según qué situaciones fácilmente intercambiables en la ficción. Reflejar implica un cierto grado de apatía, en tanto en cuanto no se consideran cómo reales ciertos conflictos relevantes o, peor aún, se omiten debido a la carga ideológica intrínseca a cada discurso.

El primer detalle llamativo pasa por la incorporación de Fishburne para despeñar el papel realizado años antes por Harvey Keitel en el film de Ratner cómo Jack Crawford; sin valorar el material original, podemos observar un cambio relevante más allá de la tonalidad de piel entre ambas encarnaciones del personaje. La diferencia entre ambos radica la vehemencia del segundo en comparación a la de su predecesor; el primer Crawford utiliza su edad para atraer a Will al caso de un nuevo asesino serial de especial brutalidad. El Crawford de Fishburne, parece estar entre la cuarentena y cincuentena, y no muestra un ápice de debilidad; el deseo de incorporar a Graham pasa por enmascarar una ambición desmedida, envuelta a su vez de un halo de heroísmo debido a la capacidad de ambos para salvar vidas. En este primer paso, me gustaría plantear una reflexión antes de seguir leyendo: Después de leer estas breves descripciones… ¿podría haber sido Crawford negro en el film?

Fuller realiza un ejercicio responsable y rompe con el arquetipo (no será la primera vez) al colocar a Fishburne dentro de su relato.

La respuesta es simple: por supuesto.

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¿Distorsiona su caracterización debido a su color? No, para nada; de la misma manera que Tarantino prefiere empapar a sus personajes con un lenguaje marcadamente característico, Fuller opta por el camino de la normalidad sin recargar, victimizar o reivindicar nada más qué una situación de relativa realidad dentro de una agencia gubernamental federal. No da importancia a su color de piel, da importancia a un personaje con motivaciones normales, problemas normales y una vida totalmente normal. Cierto es, qué prácticamente es el único personaje relevante de color, sin contar a algún villano episódico de cierto peso, pero es un paso hacia delante a la hora de posicionarse ante un determinado conflicto. A la hora de visualizar el film, quizás por realizar un acercamiento previo a la serie, la caracterización de un personaje fue especialmente llamativa: Freddy Lounds. Se trata de un periodista sensacionalista, capaz de hacer lo necesario para llegar hasta el más escabroso de los detalles del crimen más morboso de la actualidad. Encarnado por Philip Seymour Hoffman, su tiempo en pantalla no ocupa ni un tercio del total del metraje. Los qué hayan visto la ficción televisiva, sabrán la condición sexual de este mismo personaje: Es una mujer, interpretada por Lara Jean Chorostecki. En la obra fílmica, el peso específico de las mujeres se reduce meramente a víctima propiciatoria o a ser la dama en apuros para rescatar; sin embargo, Fuller presenta distintos personajes femeninos con un peso capaz de volcar la sucesión de acontecimientos dentro del relato. Dos de los personajes más relevantes en la evolución de la trama son la doctora Alana Bloom (Caroline Dhavernas) y Abigail Hobbs (Kacey Rohl); la primera, es el salvavidas de Will en la primera tanda de episodios, alguien qué conoce la especial naturaleza de su sufrido don, pero lejos de ser aquello anhelado por el investigador: su pareja amorosa. En el film, éste personaje no aparece en pantalla, meramente se le menciona como EL doctor Bloom; nuevamente, nos encontramos ante un caso similar al expuesto con las gentes de color.

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Un pensamiento cruza mi mente, más concretamente una situación: Piensen en algunos de sus personajes favoritos dentro del panorama televisivo actual o cercano en el tiempo. Probablemente, si yo les pidiera componer una lista con los tres primeros nombres, en la mayoría de los casos, esos tres primeros puestos estarían ocupados mayoritariamente por varones. Cómo ejemplo, mi tres personajes predilectos serían el inefable Walter White, Sheldon Cooper y Jessica Jones. Dos de tres.

Fuller nos presenta un personaje con entidad, gris (cómo todos, en menor o mayor gradación dentro de la ficción) capaz de remover las ideas de sus compañeros masculinos, pero influenciable de la misma manera ante las artimañas del prolífico caníbal cómo lo puede ser Jack o Will. Cierto es, además, la aceptación de los condicionantes por parte del creador, en el puesto de trabajo de la doctora, implicando, de esta manera, otra problemática (eso sí, de manera tangencial y muy por encima), cómo puede ser el menoscabo de su opinión, contrapuesta a la de otro partner de profesión del género opuesto; para la supervisión de la psique de Will, se realiza una suerte de consejo de sabios qué, al fin y a la postre, jugará un papel determinante en el devenir de los implicados: Jack Crawford, Hannibal Lecter y Alana Bloom. Mientras Bloom realiza un alegato a favor de la tranquilidad de Will y el daño posible hacía su persona derivado de sus actuaciones, Jack desoye constantemente a la mujer, y acepta las palabras de un interesado Hannibal. Varios factores llevan a Jack a tomar las decisiones, pero las opiniones del doctor Lecter son pieza clave, cuasi fundamental, mientras qué las versiones de la doctora Bloom no son aceptadas, en gran medida, debido a la empatía hacía el torturado Will. La perspectiva de género se presta, si bien de manera relativamente forzada, a una cierta y necesaria reflexión:

El problema es, ya no sólo la invisibilidad, sino la desgana a partes iguales de un sector de público y de los creadores de las grandes producciones, tanto televisivas cómo cinematográficas; la mayoría de las caracterizaciones de los personajes, sus emociones o arquetipos mentales, podrían ser representados por ambos sexos; ¿podría ser el doctor Cooper LA doctora Cooper? Por supuesto que sí, sin embargo, y debido a las marcas derivadas de ser un producto concreto (sit-com en este caso), cambiaría radicalmente la propuesta. Y así, todo. Una idea apoyada tanto en el fanservice cómo en el mainstream más inmovilista, es la introducción del personaje femenino cómo interés amoroso para cualquier protagonista masculino; Las estructuras varían poco o nada a la hora de afrontar una determinada situación, sobre todo, debido al público, acostumbrado a una concatenación de acontecimientos invariables desde el origen de los géneros televisivos. Alana Bloom es un personaje sin rasgos específicos delimitando su sexo; es una mujer dura, fría, inteligente, y sentimental. El género no es una barrera limitante en su trabajo, ni un condicionante sus emociones por otro compañero (primer muro derribado), y basa su argumentario en su conocimiento sobre los sujetos en cuestión. Se podría decir, en cierto modo, qué el fanservice se adentra en la ficción con la relación entre Hannibal y Alana, sin embargo, estaríamos lejos de la realidad del discurso y nos dejaríamos llevar por lo evidente. La fuerza de la doctora Bloom reside en su visceralidad, su temperamento férreo y su conocimiento, de hablar de fanservice, tendríamos a un personaje más sencillo capaz de encajar con Will para dar al espectador aquello qué desea (segundo muro derribado).

¿Jack acepta los consejos por conveniencia, pues Hannibal regala sus oídos con palabras afines? ¿O tal vez menosprecia los consejos de Alana, fundamentalmente, por su supuesta relación con Will? En caso alguno, estamos hablando de la huída de los marcados estereotipos para éste tipo de personajes femeninos, sin cejar en su empeño a pesar de las dificultades del camino.

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El segundo caso en cuestión, es Abigail Hobbs. La importancia de la familia Hobbs en el film es escasa, por no decir nula, sin embargo, es el eje central de la evolución de Will. Abigail es hija de un asesino en serie, conocido por matar jóvenes muy parecidas a su pequeña, llamado Gareth Jacob Hobbs; también, será el primer caso resuelto por el tándem Hannibal- Graham, si bien no podrán evitar el intento de asesinato de la hija a manos de su padre. El psicoanalista y el investigador, tras salvar la vida de la joven, verán nacer en sí una sensación paternalista, pues se sienten en deuda con la joven, ya no sólo por las consecuencias de su actuación, sino por las distintas secuelas psicológicas derivadas de su condición, pues ayudó a su padre a matar a sus presas. Will intentará cerrar las heridas abiertas por su padre, recobrar una vida normal lejos de las vísceras y la muerte, procurando a la joven consejo y cariño; Hannibal, intentará qué abrace su condición, aceptándola y asumiendo su naturaleza: es una superviviente, capaz de hacer lo necesario, como él hiciera en el pasado. Abigail se siente frustrada al estar encerrada tras el intento de asesinato en un centro psiquiátrico, bajo el cuidado de Alana Bloom, con el objetivo de retomar una vida normal. La joven desea volver a una casilla de salida inexistente, pues el legado de su padre ha terminado por enterrar su vida pasada y futura de una tacada. La encrucijada presentada le llevará a tomar decisiones ambiguas y peligrosas a partes iguales. Abigail es una chica totalmente subyugada por el género masculino, pues está determinada a seguir las directrices de alguno de sus “padres”, y prácticamente ignora los consejos o peticiones de su doctora para llegar a la mejoría. La indecisión de la joven, unida a la indiscutible capacidad de Hannibal para tejer complejas situaciones a su favor, determinarán su futuro desde sus primeras decisiones. Sea o no realizada de manera consciente, podemos encontrar un reflejo crítico sobre el papel del hombre en las situaciones de poder respecto al género femenino; los consejos de Hannibal dibujan una situación favorable para su persona, nunca busca el buen fin para la joven, y la incapacidad de ésta para ver más allá de la fachada viene condicionada por la situación emocional arrastrada. 56


Una joven mujer atrapada en una espiral de violencia y muerte, usada cómo herramienta primero por su padre, luego, por un interesado doctor Lecter. No se gana su destino, ha seguido el rastro de migajas de pan construido por los hombres en quién confiaba. Abigail se sitúa en las antípodas respecto a Alana, y refleja ese otro sector de la sociedad femenina, abocada a la destrucción debido a la educación y costumbres asumidas por normales, nublando de ésta manera un juicio a medio construir. La caracterización de la joven podría haber sido distinta, sin embargo y debido a las estructuras mentales de los espectadores, el juego no habría funcionado de la misma manera en caso alguno. Fuller, quizás sin saberlo o hacerlo en primer término, muestra una situación de violencia machista, engarzado en un discurso peligroso, pues no señala claramente el problema, quizás por alejarse del arquetipo de la relación romántica tradicional y colocarla en el plano de lo platónico. Es un ejercicio serio, novedoso y loable, sin embargo, la envoltura general del producto puede llevar a no captar la esencia, diluirse el ejercicio en la hemoglobina en pantalla. Sólo Will, cuya principal característica es su capacidad empática (entre otros factores, capaces de alejarlo del eneatipo del héroe más extendido) es capaz de comprender a la joven, y desea de verás el mejor de los finales para la joven; huye de la imposición, se acerca a la vertiente emocional. La perspectiva de género sobrevuela todo el discurso, de una manera seria y firme, sin posicionarse. En este sentido, el ejercicio de reflejar la sociedad se muestra más cercano al ambiente general, dónde no todo es blanco o negro, dónde los buenos no son todo lo buenos qué debieran ni los malos tan terribles cómo pensamos. Ya se hablará de la posmodernidad, pero será en otra ocasión.

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Para finalizar, una última reflexión: se considera moribunda a la televisión debido al auge de otros medios de distribución, sin embargo, sea cual sea su futuro a corto- largo plazo, está recargando el ideario colectivo de todo el mundo (en gran parte, por culpa de redes como Netflix, Hulu, etc…) a base de ofrecer relatos envueltos en formatos obligados a reinventarse a sí mismos. Precisamente, aquello qué la estaba matando, le regala un balón de oxígeno y le entrega una patata caliente: ser el catalizador social qué no puede ser el cine (comercial), en gran medida, debido a los costes derivados de las producciones mainstream, qué imposibilitan la aparición de películas con mensajes sociales claros. Es la televisión quién debe recoger el guante, y hacer suyas las luchas propuestas en este texto; desde la perspectiva de género, si bien hay ciertos avances, no se ha variado la imagen estereotipada de la mujer cómo mero objeto o divertimento temporal para el sexo opuesto; desde la perspectiva racial, apoyar la normalidad, sin caer en la exageración ni la perpetuación de los marcados estereotipos vistos en la mayoría de productos.

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EL ASESINO ¿INOCENTE? Por: Fran Ballesteros

El documental es probablemente una de las armas más destacadas dada por el cine a la humanidad. Envueltas en la objetividad de los hechos, estas obras aportan luz sobre un determinado acontecimiento o tema, con la esperanza de crear en el espectador un nuevo concepto sobre su entorno, o el pasado, incluso del futuro más inmediato. Es un género muy estigmatizado, por ser rollo o coñazo, apto sólo para cafeteros cinéfilos, limitando tanto la programación de este tipo de piezas en la televisión y cine generalista. Sin embargo, el documental se ha servido de la innovación para volver a la palestra con obras como The Act of Killing (id, 2012, Joshua Oppenheimer) qué se valen de la confluencia del falso documental y los cánones originales del género, dando a la luz una obra de una viveza inconmensurable, si bien, la qué nos ocupará en este escrito es otra, una capaz de generar una ola de reacciones tal cómo para llamar la atención a la mismísima Casa Blanca: Making a Murderer.

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Son considerados brutos, endogámicos, pervertidos y criminales. Ellos mismos consideran, dado su peculiar trato, éste hecho como el principal aliciente de las autoridades para acabar de una vez y para siempre con una problemática prolongada durante años. El drama familiar es quizás el factor más destacado (y quedan varios por contar), pues apreciamos la degeneración del núcleo familiar durante la década qué ocupa el relato. La lucha de unos padres entrados en años por su hijo, la felicidad durante el poco tiempo qué estuvo en libertad, y la frustración absoluta cuando vuelve a ser arrebatado de su lado.

AVISO: spoilers de aquí, en adelante.

Laura Ricciardi y Moira Demos se interesaron por el caso de Steven Avery a raíz de las noticias sobre su excarcelación por un crimen qué no había cometido, y por el qué pasó 18 años entre rejas en el pequeño condado de Manitowoc, Wisconsin. Narrar esos acontecimientos, desde el punto de vista del excarcelado, sería un magnífico trabajo final para sus respectivos estudios; narrar la vida de un hombre, encerrado por haber golpeado y violado a una mujer de relativa importancia en el tejido social de aquel pequeño pedazo de América en 1985, y por el qué siempre se declaraba “inocente”, extremo demostrado gracias a una muestra de ADN en el año 2003. El señor Avery no es una lumbrera, para nada un prodigio intelectual, sin embargo no elude pena punitiva alguna derivada de sus acciones en el pasado, sea cual fuera el castigo. Ricciardi y Demos no eran capaces siquiera de imaginar lo qué estaba por llegar, tampoco lo hizo Steven; dos años después de abandonar la prisión del condado de Manitowoc, en pleno proceso judicial contra éste y sus cuerpos del orden para hacer justicia por destrozar la vida de un hombre inocente, Avery es detenido y acusado del homicidio de Teresa Hallbach, una joven desaparecida pocas horas después de haberse reunido con Steven en el desguace familiar.

La destrucción, cuando en el transcurso de la investigación del asesinato de Teresa, uno de los sobrinos de Steven, Brendan Dasey confiesa haber ayudado a su tío, aportando unos detalles macabros e indemostrables, provocando un alejamiento total entre Dolores Avery, matriarca del clan, y Barb Dasey, la hermana de Steven y madre del joven Brendan. La aniquilación de cualquier atisbo de normalidad en la vida del preso, alejado de su primera mujer durante su condena por violación, así como de sus hijos, obligado a acabar una relación capaz de mantenerlo a flote durante su vuelta al centro penitenciario… El dolor de la familia Hallbach, envuelta en una devastadora situación, víctimas de algo ajeno a la compresión del más puesto. Dos familias enfrentadas, y a la vez cómplices en el dolor, pues su situación es meramente tangencial a un hecho diferente y rocambolescamente depravado: volver a colocar a Steven en un crimen qué, a priori, parece no haber sido cometido por su persona, dejando, por segunda ocasión, al autor real de los hechos campando a sus anchas.

En Making a Murderer (2015, Laura Ricciardi y Moira Demos) participamos en una de las obras documentales más llamativas de los últimos tiempos con casi más de 10 horas de metraje, repartidas en una temporada de diez capítulos para la plataforma Netflix. Podría parecer un docudrama al uso, el típico programa qué veríamos en laSexta en sus mañanas o madrugadas, sin embargo, se apodera de los recursos dramáticos de la ficción televisiva, para adoptar una forma extravagante, vistosa y adictiva. No es sólo un relato documental, es un drama familiar y personal; siempre participaremos desde el punto de vista de la familia Avery, un núcleo familiar alejado del tejido social de Manitowoc, dueños de un desguace a las afueras del mismo. Por su especial naturaleza, de un pragmatismo tal cómo simples son sus pasamientos o razonamientos, su apellido no goza de la mejor de las opiniones en su entorno:

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Steven será el principal narrador, el hilo conductor de todo el metraje; sus palabras, principalmente por aportaciones telefónicas desde el interior de la prisión, llevan a reflexionar sobre si es cierto todo lo qué piensa, a pesar de lo enrevesado de la propuesta. El reo parece estar en el ojo del huracán debido a una rencilla con una de sus primas, emparentada con varios miembros de la policía de Manitowoc, a causa de unas insinuaciones vertidas por la segunda sobre su pariente en todas las tabernas del pequeño condado. No eran graves, pero sí vejatorias para Steven pues afirmaban que el joven Avery mantenía relaciones sexuales con su pareja a plena luz del día en el porche de su domicilio, a la vista de sus vecinos. Éste hecho, ocurrido en 1985, persigue cómo un espectro a Steven; amenazó a su prima, tras echarla de la carretera con su coche, para qué acabara con tan gruesos comentarios. Sin embargo, lejos de abandonar su actitud vejatoria, a la hora de denunciar a la policía, ella afirmó qué su primo la esperaba en el exterior de casa mientras se masturbaba, cuando la vio pasar con el coche y se lanzó a por ella. Su prima no era sólo la pareja del sustituto del sheriff, también tenía simpatías con varios miembros del cuerpo, cómo la encargada de tomarle declaración tras el altercado anteriormente mencionado. Éste extremo sería totalmente irrelevante si la policía encargada de tomar declaración a la prima de Steven, no fuera también la primera en llegar a la habitación de Penny Bernsteen, ingresada tras su violación en el hospital en el año 1985 pues, según parece, influenció a la confusa y magullada víctima para acusar a Avery de ser su atacante. El sistema judicial se presenta como una maquina picadora de carne, impasible para con aquellos qué pretenden demostrar su inocencia, pese a la permeable opinión pública, adoptando como real cualquier relato vertido por los poderes fácticos de la justicia.

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Desde Tom Kocourek, James Lenk, y Andrew Colborn, sheriff, teniente y sargento respectivamente en la policía del condado de Manitowoc, hasta el infalible Ken Kratz, fiscal del distrito del condado vecino de Calumet encargado de dirigir el proceso contra Brendan y su tío, pasando por Denis Vogel el fiscal qué encarceló en primer lugar a Steven por el caso de violación, aparecen cómo señalados en el transcurso del relato. Debido a la disputa legal entre el condado y Steven, la policía de Manitowoc se apoya en su vecino condado de Calumet para llevar la investigación del asesinato de la joven Hallbach, intentando borrar toda sombra de sospecha sobre el desarrollo de las diligencias. El fiscal Kratz, sería el encargado de dirigir toda la operación, cómo también de ofrecer a la opinión pública los detalles del crimen a medida qué éstos iban sucediéndose, y su policía debería prestar total atención a sus compañeros de Manitowoc, controlando las entradas y salidas en el escenario del crimen (la caravana dónde vivía Steven), siempre bajo la supervisión de un agente de Calumet. Todo este intento por mantener la apariencia de normalidad, se observa cómo artimaña; es el Estado de Wisconsin quién, en última instancia, cargará con las consecuencias del caso de Steven, pues desde la más alta instancia con jurisprudencia legal en el estado se había hecho oídos sordos tanto a las peticiones cómo a las voces qué clamaban contra la acusación. Los agentes Lenk y Colborn, tuvieron la oportunidad de sacar a Steven de presidio cuando cumplía pena por violación; desde un condado vecino, se alertó a las autoridades de Manitowoc: tenían a un inocente entre rejas. Un hombre, un tal Gregory Allen, con antecedentes por agresiones sexuales, había sido detenido por allanar una casa y obligar a la residente a mantener sexo oral, relató con total exactitud cómo violó a una joven, varios años atrás en un camino cercano a la costa. Confesó haber violado a Penny Bernsteen. Tanto Lenk como Colborn, no creyeron conveniente informar sobre lo sucedido a sus superiores. Años después, al salir el joven Avery de la cárcel, se redacta un informe sobre esa llamada.

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casa de su tío, para entregarle unas cartas. En el interrogatorio, Brendan afirma qué su tío ató en su cama a Teresa, para después cortarle el cuello y obligar a su sobrino a violarla. En el proceso, el joven Dasey recuerda cómo Teresa le pedía clemencia, pero la situación continúo… y terminó minutos después cuando Steven desterrajó un disparo en la cabeza a la chica a bocajarro. Este testimonio era incapaz de ser apoyado por pruebas físicas, salvo unas balas encontradas en el garaje; no había sangre, no había huellas, no había ADN de Teresa dentro de la casa. Sin embargo, dentro del coche de Teresa, se encontraron unas salpicaduras de sangre, pertenecientes a Steven.

Estos agentes se encuentran en el punto de mira durante todo el metraje, llegando incluso, a colocar la sospecha de haber sido los asesinos reales de Teresa; sin embargo, lo único claro es la negligencia por permitir a dos de los principales actores de la demanda de Steven contra Manitowoc en el escenario del crimen. Todo se enturbia sobremanera cuando, tras casi una decena de registros en el pequeño tráiler de Steven, Lenk y Colborn descubren la llave del vehículo de Teresa Hallbach, oculta tras una mesita. Más adelante, en el transcurso del proceso judicial, se reproduce una llamada telefónica, una prueba para la defensa; en ella, se aprecia la voz del agente Colborn, informando a la central de un vehículo, un Toyota… ¿Adivinan quién era su dueña? Teresa Hallbach… bastante lejos del desguace Avery dónde fue encontrado por un grupo de voluntarios. Kratz es sin duda el principal arma de la defensa; es quién legitima el proceso, quién borra toda duda sobre la capacidad de la justicia para encontrar al culpable. En el momento de su segunda detención, Steven gozaba de cierto renombre público, con apoyo de iniciativas cómo Innocence Project, asociación dedicada a la lucha a favor de aquellas personas en situaciones similares a la del joven Avery. Para la prensa, era un héroe sin capa, dispuesto a enfrentarse a ese ogro llamado justicia, y a los encargados de perturbarla. Todo se pulveriza con el caso Hallbach; el Fiscal utiliza esa misma herramienta, la opinión pública, para destrozar cualquier atisbo de parcialidad en la sociedad, realizándose de esta manera un juicio paralelo y superficial. Recordemos un detalle importante, los encargados de declarar culpable o inocente son jurados populares, qué si bien es cierto se mantienen ajenos a la opinión exterior durante el proceso, son bombardeados meses antes con detalles, verídicos o no. Steven es ahora un monstruo, un animal con suerte de haber salido de la cárcel para poder cometer este crimen. Sin embargo, la acción de Kratz estaría vacía de no ser por la aparición de Brendan Dasey, o mejor dicho, del interrogatorio llevado a cabo por Tom Fassbender al sobrino de Avery. Brendan era un joven de apenas 16 años, con un intelecto similar al de un chico de 8-10 años, envuelto en una situación kafkiana; el supuesto día de actos, cuando Steven mata y quema el cuerpo de Teresa junto a su caravana, Brendan acude a 65


La situación de Brendan es especialmente peliaguda, quizás el material más destacable, y su interrogatorio se observa totalmente dirigido a un único fin: conseguir pruebas para Kratz, para fundamentar la acusación. El agente Fassbender dirige la declaración de Brendan para qué diga lo necesario, sin conocimiento por parte del joven de ser parte del proceso, deseoso de volver a su clase para entregar un trabajo a última hora. No es consciente de la magnitud de la situación, es incapaz de comprenderla. El joven Dasey sólo quiere hacer lo correcto, cómo todos le dicen, incluido su primer abogado de oficio, Len Kachinsky, que deseoso por dar una buena imagen en su primer proceso de renombre obvió su primer objetivo dentro del proceso: ser capaz de salvar a su defendido. Bobby cree estar haciendo el bien… pero está aceptando ser encarcelado más años de los qué ha vivido en libertad. El Fiscal lo tiene todo atado y bien atado, pero, aún es necesario dar el último paso antes del juicio, la guinda del pastel; Kratz en una rueda de prensa y, rodeado de medios de comunicación, hace públicos los detalles vertidos por Brendan Dasey en su interrogatorio, con total y absoluto lujo de detalles escabrosos y morbosos. Ahora sí, todo está dispuesto para afrontar el juicio, todos comparten la visión de Kratz sobre los hechos, la mayoría considera a Steven un monstruo perturbado. Steven, por extensión también Brendan, se encuentran totalmente desamparados; no ya sólo la sociedad, su propia familia entra en conflicto por pensar en la macabra actuación del principal acusado. Sólo sus abogados, especialmente los de Steven, Dean Strang y Jerome Buting, serán los qué luchen por ellos. Los procesos fueron largos, ya qué se hicieron por separado, tomando primero lugar el de Steven, posteriormente el de Brendan, sin embargo, los dos corrieron la misma suerte; los juicios fueron tomados por separado, en parte, por la defensa de Steven, para imposibilitar a Kratz usar a Brendan y su testimonio cómo prueba, si bien no fue obstáculo para qué el Fiscal acabara su trabajo: ambos fueran condenados a cadena perpetua, sin posibilidad de condicional.

Los presos no podrán salir de la cárcel, a menos, que Steven demuestre su inocencia; lejos de rendirse, intenta aprender derecho penal para poder defenderse en su último intento por conseguir salir de prisión. Ahora ha conocido a otra mujer, se encuentra vivo, quiere casarse; su mayor ilusión, poder disfrutar de un matrimonio feliz. La familia Avery ya no tiene nada, siquiera su desguace; todo se fue por el sumidero. Viven con el recuerdo de Bobby y Steven, conocedores de su realidad, apoyando su lucha contra la mano invisible que los encerró y tiró la llave hace ya varios años. Uno de los principales elementos del documental es su necesidad de imparcialidad, al menos, relativa. Narrar un hecho implica posicionamiento, sin embargo, nunca se debe colocar al autor dentro del relato, su opinión debe estar fuera; narrar los hechos desde el punto de vista de Steven no es un problema, sí la utilización de los recursos narrativos dramáticos para engarzar el texto, pues provocan la fisura relato/ autor, dejando al aire la raison d’ etre de las directoras a la hora de realizar la obra. Dibujar a Steven y a su familia, como a una especie de héroes posmodernos, engullidos por la sociedad del progreso y denostados por la contraposición de pareceres es un valor añadido a cualquier discurso simple qué intente narrar la vida de los Avery; extrapolar esta situación a la justicia, es un ejercicio arriesgado, valiente, capaz de ser un catalizador necesario para el conjunto de una sociedad habituada a leer, ver noticias sobre las incongruencias de la justicia; dramatizar, colocando en una posición de némesis a la ley, encarnada por Kratz, implica un riesgo innecesario, qué puede ser tomado cómo un intento de manipulación y tergiversación, suficientes para utilizar cómo abono un material vigoroso por una gran parte de la sociedad americana. En Making a Muderer se toman una serie de puntos de vista qué inutilizan gran parte del relato, pues se corre un riesgo (seguro tomado a conciencia) ideológico y social importante; tomar partido implica una reacción igual y contraria en el público, disparando de ésta manera afirmaciones cómo las de la familia Hallbach, quiénes sufren por la visión del monstruo y su familia, o la descalificación por gran parte de la sociedad por el discurso tan partidista dentro de una tejido tan polarizado como aquel, la aparición de la segunda esposa de Steven afirmando amenazas de éste….

Los últimos momentos del documental sirven para, ya en 2015, recapitular y observar cómo ha cambiado la vida de los principales actores implicados. 66


Sin embargo, también para aquellas personas indignadas ante los acontecimientos mostrados, qué piden la excarcelación a la Casa Blanca con una petición, aquellos qué crean una web a favor de justicia para Bobby Dasey…. La condescendencia dedicada a la familia Hallbach es también un punto a tener en cuenta; tenemos dos víctimas dentro del relato, dos familias enteras sumidas en un profundo pozo. Steven no es más que Teresa, pero el crimen de la joven fotógrafa es un hecho tangencial a todo el proceso contra Avery y Dasey; idéntica situación a la violación, dónde la víctima, la señora Bernsteen, era doblemente víctima, pues tras haber sido asaltada es utilizada cómo una marioneta para atrapar a Steven. No son el centro de la atención dramática, pero sí situaciones qué no deben ser tomadas como meras anécdotas dentro de un relato. El proceso se ha reanudado este año, coincidiendo con la salida del documental. Netflix parece no descartar una segunda tanda de episodios, pero para eso, aún habrá qué esperar varios meses (puede incluso qué años) para ver algo nuevo sobre este caso, o quién sabe si de otros. Hasta ese momento, os ruego no olvidéis una de las frases de los abogados de Steven:

“La justicia no busca la verdad, sólo busca resultados.”

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AMTI Magazine #3  

ACTUALIDAD: Nietas de la hoguera. ARTÍCULOS: Sed testigos, El dragón del cáncer, La gran ventana. CRÍTICA: El asesino ¿inocente? ENTREVISTAS...

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