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Boletín No. 31

Noviembre de 2016

BOLETÍN DE LA ASOCIACIÓN MEXICANA DE TERAPIA FAMILIAR, A.C. Pensamiento acerca de la teoría Modo Sobrevivencia y las reacciones postraumáicas | Tiempos y fases en el proceso terapéuticotico familiar al re significar un evento traumático: La oportunidad del surgimiento de recursos a través de la crisis | Grupo de Estudio de Casos | Próximos Eventos

Editorial Vivimos tiempos complejos caracterizados por diversas manifestaciones de violencia, este fenómeno estructural produce crisis latentes y expresiones sintomáticas depresivas y ansiosas, dentro de estas últimas, el trastorno de estrés postraumático ha ocupado un lugar estudiado tanto por la neurobiología y la psiquiatría como por los enfoques humanistas, cognitivo - conductuales y psicodinámicos; en la literatura encontramos diversas experiencias clínicas y hojas de ruta en los formatos individuales bajo el axioma de atender a la persona que ha sido víctima de experiencias traumáticas. Frecuentemente trabajamos con familias afectadas de una u otra forma por experiencias altamente complejas y que desafían de alguna manera nuestra forma construir hipótetisis para la terapia. En este número, Rosa María Bustamante y Shulamit Graber nos ofrecen un mapa para la terapia familiar con enfoque sistémico tomando como fundamento principios básicos del trabajo con familias aplicados en el acompañamiento del trauma ocasionado por secuestro. Asimismo, Danny Brom nos propone en contexto teórico para el estudio de eventos traumáticos. Hugo Gómez Hernández Editor
 amtfboletin@gmail.com

PENSAMIENTO ACERCA DE LA TEORÍA DEL MODO SOBREVIVENCIA Y LAS REACCIONES POST TRAUMÁTICAS Danny Brom

La amenaza y el trauma están presentes en forma abundante en la sociedad. En los últimos 40 años, el interés por las respuestas del ser humano ante situaciones que amenazan su vida y sus consecuencias psicopatológicas se ha incrementado tremendamente, la literatura sobre el trastorno de estrés post traumático (PTSD por sus siglas en inglés) desde perspectivas conductuales, cognitivas, emocionales, interpersonales y neurobiológicas ha incrementado la eficacia de los modelos de tratamiento, se presenta una variedad de fenómenos, perspectivas y teorías sobre cómo la gente sobrevive a situaciones que amenazan la vida y se recuperan de estas experiencias. Los mecanismos de supervivencia se mencionan cada vez más como una forma para entender la respuesta al trauma (Valent, 1998). Un concepto global que pueda ofrecer un marco teórico consistente para el amplio rango de fenómenos post traumáticos ha sido propuesto por Claude Chemtob y colegas (Chemtob, Novaco, Hamada, Gross y Smith, 1997) es el concepto de “modo sobrevivencia”, el cual puede ayudarnos a entender la respuesta individual, grupal y social ante la amenaza, tanto en respuestas sanas como psicopatológicas y que conceptual iza como un mecanismo que regula el funcionamiento del ser humano cuando éste percibe un daño existencial, el término se refiere a una interacción compleja entre procesos neurobiológicos, procesos de atención, tendencias cognitivas, sesgos emocionales, orientación social y respuestas conductuales. El procesar eventos potencialmente traumáticos significa encontrar una forma de modo sobrevivencia y el trastorno de estrés pos traumático puede verse como el fracaso de una persona por salirse del modo sobrevivencia, pero el AMTF, A.C.

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trastorno de estrés pos traumático es sólo una de las posibles trayectorias de adaptación después de que alguien ha estado en modo sobrevivencia. También existe una variedad de modos parcialmente resilientes de adaptación, que representan diferentes niveles de procesamiento de la amenaza y el trauma (Layne et al., 2009). Los seres humanos están –en su mayoría- programados para la supervivencia, las reacciones eficientes frente a la amenaza son esenciales para sobrevivir. El modelo clásico de respuesta humana ante la amenaza consiste en tres fases: a) reconocimiento de la amenaza, b) evaluación del peligro y sus riesgos y c) evaluación y despliegue de los recursos de adaptación. La amenaza extrema parece crear una respuesta cualitativamente diferente a la del estrés diario, por ejemplo, los soldados en el campo de batalla tienen respuestas fisiológicas inmediatas y abrumadoras que surgen del sistema límbico y son interpretadas por las estructuras corticales. La evaluación de una situación amenazante para la vida es instintiva y las consecuentes respuestas conductuales son casi inmediatas. La experiencia consciente del miedo es revocada por las exigencias de la aguda amenaza a la vida, substituyendo las funciones cerebrales de más alto nivel por un funcionamiento instintivo a través de las partes más primitivas del cerebro, Price (2005) llega al extremo de titular su artículo acerca del funcionamiento de los sistemas cerebrales bajo amenaza “libre albedrío contra supervivencia”. Bajo amenaza, el funcionamiento del sistema neurofisiológico del organismo se reestructura para liberar energía para la acción inmediata (Perry, 1998). El objetivo de las reacciones instintivas es hacer frente al peligro y restablecer la seguridad. Hay muchas partes del sistema nervioso involucradas en la respuesta ante la amenaza, la atención se estrecha para detectar la fuente del peligro y evaluar su impacto; la conciencia emocional disminuye; las respuestas conductuales son rápidas, suaves y enfocadas al objetivo; y las personas, frecuentemente, no se sienten como ellas mismas durante estos momentos. El funcionamiento cognitivo también es rápido y eficiente, con gente que reporta haber tenido una mente clara y enfocada (Greene, Grasso y Ford, este volumen). Anteriormente, en la literatura sobre trauma, se planteaba la noción de que las amenazas existenciales daban origen a cambios biológicos. Kardiner (1941) veía a los veteranos de la Primera Guerra Mundial y mantuvo que la neurosis traumática (lo que ahora llamaríamos estrés postraumático) es una “fisioneurosis”, es decir, una irregularidad biológica: “Esto está presente en el campo de batalla, siempre presente y sin cambio” (p. 95). La investigación moderna ha sido capaz de dilucidar en qué grado el trastorno de estrés postraumático es efectivamente una “fisioneurosis”, un desorden mental basado en la persistencia de respuestas biológicas de emergencia (p.e. Van Der Kolk y Saporta, 1991). Tal como se ve en estas citas, los investigadores de trauma afirman que hay una relación entre el trauma y el funcionamiento del sistema nervioso, también parece claro que las respuestas inmediatas ante una emergencia pueden asociarse con psicopatologías posteriores. Los efectos de la amenaza en el funcionamiento cognitivo se han estudiado ampliamente por investigadores en el campo de la teoría del manejo del terror (Pyszczynski, Greenberg, Solomon, Arndt y Schimel, 2004); se ha mostrado que las amenazas existenciales tienen efectos tanto inmediatos como de largo plazo en procesos de pensamiento y contenidos. Los seres humanos vivimos con un mapa cognitivo que se está formando constantemente por la experiencia; este mapa cognitivo nos dice qué es peligroso y qué no lo es; es decir, cómo podemos sobrevivir en un mundo lleno de peligros. Debido a que la información negativa o amenazante es más poderosa que la positiva, este mapa cognitivo se basa –sobre todo- en información derivada de experiencias amenazantes, las experiencias negativas forman nuestro mapa cognitivo, el cual funciona como un sistema de defensa para mantenernos a salvo. En otras palabras, las amenazas serias ponen a prueba nuestras suposiciones acerca del mundo (Janoff-Bulman, 1989). El reto después de eventos extremos es el de re-adaptar nuestro mapa cognitivo para que podamos seguir funcionando y evitemos el miedo de que la amenaza sea recurrente. Hemos propuesto el concepto de aprendizaje mínimo (Brom y Kleber, 2009) indicando que el adaptar el mapa cognitivo requiere un proceso de aprendizaje que puede concluirse cuando dicho mapa provee un sentimiento de seguridad a pesar del evento ocurrido.

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El postulado central de este texto, que está en gran medida basado en el trabajo de Chemtob y colegas (1988; 1997), es la existencia de un “modo sobrevivencia” del funcionamiento humano, el detonante de este modo de funcionamiento es básicamente externo, aunque las señales aprendidas que disparan la expectativa de una amenaza seria también pueden evocar este modo; la activación del modo sobrevivencia es prácticamente automática, aunque los procesos de aprendizaje dan forma al tipo de disparador y a la intensidad con que será activado. El modo sobrevivencia se caracteriza por una cascada de respuestas neurobiológicas que se interrelacionan de forma compleja (Van Horn, 2011). La producción de cortisol, epinefrina y oxitocina permite que el organismo esté listo para la reacción de lucha o huída, pero también lo prepara para la relajación y la creación de vínculos afectivos, que son respuestas para soltar tensión; un vínculo fuerte es también una de las características de este modo sobrevivencia. Paralelamente a las estrategias tempranas de acercamiento que se activan debido a necesidades primarias como hambre y fatiga, las estrategias posteriores de acercamiento se activan al percibirse la amenaza (Mikulincer, Shaver y Pereg, 2003). El acercamiento se reconoce como un mecanismo de supervivencia, tanto durante el desarrollo temprano, como en situaciones de emergencia. Especialmente en momentos de amenazas serias, la gente demuestra una clara tendencia a vincularse en fuertes uniones inmediatas con una autoridad que se percibe benevolente, tanto como con otras personas que perciben compartiendo su destino. En paralelo, hay una tendencia a rechazar a la gente que perciben hostil o que no pertenece al grupo. Este mecanismo también es altamente relevante para lo que sucede en las familias durante y después de los desastres. Los padres que viven bajo amenazas existenciales pierden una parte de sus habilidades parentales naturales, ya que su enfoque cambia de lo emocional y de las necesidades de desarrollo de sus hijos hacia las necesidades de seguridad para la supervivencia. Esto puede explicar, en parte, la relación que se ha encontrado entre las respuestas post traumáticas en los padres y en sus hijos (Dekel y Nuttman-Shwartz, este volumen; Scheeringa y Zeanah, 2001). El modo sobrevivencia no es sólo automático, sino que también revoca otros procesos, ya sean cognitivos, emocionales o neurofisiológicos. Esto quiere decir que las personas en modo sobrevivencia no disponen de todas sus habilidades cognitivas y emocionales, ya que éstas no son relevantes para la tarea más importante en ese momento: sobrevivir. En esta situación, muchos procesos del día a día se subordinan a los requerimientos de la situación.

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Si queremos que el concepto de modo sobrevivencia nos guíe para ayudar a los niños o adultos después de eventos traumáticos, deberíamos prestar especial atención a las condiciones necesarias para la terminación o desactivación de dicho modo. Greene, Grasso y Ford llaman a esto “cambio de supervivencia a modo de aprendizaje”. Algunas de las condiciones para salir del modo sobrevivencia son: a) La percepción de que la amenaza como tal ya pasó; b) La expectativa de que la amenaza no volverá sin previo aviso; c) El control de la agitación ha sido restablecido en un nivel que permite flexibilidad cognitiva; y d) Se ha establecido una narrativa subjetiva de la amenaza ocurrida, que sostiene la noción de que cualquier amenaza futura puede evitarse o superarse de manera efectiva. Un foro de expertos en trauma dirigido por Hobfoll (Hobfoll et al., 2007) definió cinco principios básicos sobre cómo apoyar a las personas inmediatamente después de incidencias traumáticas. Viendo estos principios desde la perspectiva de la teoría del modo sobrevivencia, podemos apreciar fácilmente que la mayoría de los principios promueve la desactivación del mismo. Los cinco principios incluyen las recomendaciones para promover un sentimiento de seguridad, calma, un sentido de eficacia personal y colectiva, conectividad y esperanza. Los primeros cuatro principios se enfocan hacia la necesidad de las personas de auto regulación y de sentirse seguras para poder así desactivar el modo sobrevivencia. Cuando las personas tienen dificultad para terminar el modo sobrevivencia y se mantienen enfocados exclusivamente en sentirse a salvo y sobrevivir, incluso en circunstancias seguras, vemos esto como síntomas post traumáticas. La gama completa de síntomas del síndrome de estrés postraumático indican que la persona aún está experimentando, consciente o inconscientemente, el evento traumático pasado como si siguiera sucediendo o con posibilidades de que vuelva a ocurrir en cualquier momento. Algunas defensas como la evitación y el entumecimiento son necesarias para mantener el balance, y la auto regulación está bajo presión y –frecuentemente- se revela. Los síntomas de híper excitación son otra señal de que la persona percibe que el evento traumático aún está presente y la supervivencia sigue siendo la tarea primordial. La disociación es otro concepto clave para entender la supervivencia, el trauma y el enfrentamiento, frecuentemente se considera como un indicador de una respuesta patológica. De acuerdo al psicoanalista francés Pierre Janet, la disociación se describe como “ una indebida división de la personalidad” que se encuentra “en el corazón de los desórdenes relacionados con traumas” (Van Der Hart, Nijenhuis y Steele, 2006). La disociación es –claramente- uno de los procesos que ocurren durante las amenazas graves. Van Der Hart y sus colegas sostienen que – bajo estrés severo- la personalidad se divide en dos sistemas psicobiológicos: el primero, responsable de acercarse a estímulos atractivos, tales como comida y compañía, y el otro dirigido a evitar o escapar de estímulos aversivos o peligrosos. Durante un evento que es percibido como amenazador para la vida , el segundo sistema toma la delantera y se activan las reacciones de lucha - huida-congelación. Una vez que el peligro se ha abatido, la división de la personalidad debería ser reevaluada y procurarse la integración. La disociación es más común y más severa en las personas que han experimentado la necesidad del modo sobrevivencia en un momento de su desarrollo en que no estaban preparados para ello. Cuando los niños ingresan al modo supervivencia y no son alejados de la amenaza por el medio ambiente, prevalece la forma más primaria de defensa. Las consecuencias evidentes en esta situación son déficits severos en las habilidades regulatorias y una inclinación a mantener defensas disociativas (Van Der Hart, et al. 2011) Distintos modelos de terapia individual para estados post traumáticos parecen coincidir en un modelo acordado de tres fases: La primera fase se enfoca en la estabilización, el restablecimiento de un sentido de seguridad y reorganización de la vida diaria; esto se percibe como una condición necesaria para procesar recuerdos traumáticos, lo cual se convierte en la segunda fase. Las intervenciones familiares se enfocan en incrementar la protección de los niños a través de la cercanía, seguridad y co-regulación, permitiéndoles así integrar sus experiencias. La segunda fase de este modelo conjunto se dirige hacia el procesamiento del recuerdo de las experiencias traumáticas, esto incluye enfrentar lo que sucedió, confrontar los recuerdos que provocan tanta emoción y agitación y crear una narrativa personal consistente. La tercera fase consiste en la reintegración a la vida social, trabajando en la reparación de la auto imagen del AMTF, A.C.

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paciente, de tal manera que empiece a verse a sí mismo como resultado de todas sus experiencias de vida y no como definido por la experiencia traumática. El modelo conjunto explica cómo ayudar a las personas , primero a regular su sistema de agitación y a desactivar su modo sobrevivencia, y después a integrar la experiencia a la vida y la narrativa del individuo. Las intervenciones de la comunidad idealmente integran las intervenciones que ayuden a las personas a salir del modo sobrevivencia para prevenir dificultades posteriores, con intervenciones que evalúen la persistencia del modo sobrevivencia parcial o completo, en la forma de síntomas post traumáticos y ofrecer el tratamiento adecuado. Una preocupación subyacente en el campo de la psicotraumatología en general, pero sobre todo en lo que se refiere a niños traumatizados, es la gran cantidad de consecuencias no psicopatológicas del trauma y el modo sobrevivencia. El fenómeno post traumático puede incluir síntomas parciales o cambios actitudinales y una visión del mundo basada en la expectativa de que los eventos traumáticos volverán a ocurrir o que el daño que experimentaron define en forma exclusiva el mundo en el que vivimos. Estas consecuencias han sido ampliamente ignoradas y merecen nuestra atención, ya que representan una gran influencia en las sociedades lidiando con trauma masivo. Bibliografía: R.Pat-Horenazyk, D. Brom and J.M.Voyel (eds) Helping Children Cope with Trauma: Individual, family and Community perspectivas. New York: Routledge, 2014.

Danny Brom es psicólogo clínico y director fundador del Centro Israelí para el Tratamiento del Psicotrauma del Hospital en Jerusalén, Israel. Ha dedicado gran parte de su trayectoria al estudio y formación de terapeutas para el acompañamiento del trauma.

TIEMPOS Y FASES EN EL PROCESO TERAPÉUTICO FAMILIAR AL RESIGNIFICAR UN EVENTO TRAUMÁTICO: La Oportunidad del Surgimiento de Recursos a través de la Crisis. Rosa María Bustamante y Shulamit Graber

Este trabajo proviene de una presentación que recientemente hicimos en Roma en el Congreso titulado “Tiempos y Fases en la Terapia Familiar”, organizado por la Accademia di Psicoterapia della Famiglia en Roma de Maurizio Andolfi. Elegimos un caso de secuestro, para incluir el tema del Estrés Postraumático que en nuestro país actualmente cobra una gran importancia. En este proceso terapéutico los tiempos y las fases del tratamiento son diferentes que en cualquier otro proceso de terapia familiar. Creemos que parte de nuestra responsabilidad como terapeutas familiares es ampliar nuestra visión y la mirada de los fenómenos traumáticos para usarnos como facilitadores en las crisis y en el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) acompañando tanto a las familias como a la persona secuestrada a elaborar y a resignificar lo vivido para que puedan lograr convertirlo en oportunidades de crecimiento tanto a nivel familiar como individual. Nuestra hipótesis es que el suceso traumático trabajado en terapia familiar, puede redefinir la identidad de la familia y desplegar recursos que no reconocían antes del trauma. Citando a Maurizio Andolfi (2003) “La familia como sistema complejo está capacitada para perseguir una evolución, que consiste en un proceso integrado de pérdida de equilibrio y reorganización, hacia un nuevo orden de equilibrio, que los lleve a retomar el crecimiento hacia niveles de diferenciación más elevados, en este sentido, pierde su significado de experiencia peligrosa que antes la connotaban negativamente. La crisis, tomada en un significado completo AMTF, A.C.

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constituye el primer acto de una fase de maduración, que contiene el máximo potencial para el cambio”.

Asociación Mexicana de Terapia Familiar, A.C. Indiana #78. 
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GRUPO DE ESTUDIO DE CASOS 20 años de CAVIDA Ponentes: Olga Elena Rodríguez 3 de Dic de 2016, 12:00 hrs Indiana #78, Colonia Nápoles, Del. Benito Juárez, CDMX

Y si hablamos de los tiempos y las fases en la terapia familiar con este tipo de fenómenos, podríamos decir que el tiempo se entrelaza con las fases jugando un rol importante; tanto para quien está secuestrado como para la familia que negocia y ayuda desde afuera, el tiempo transcurre muy lentamente. En ocasiones, pareciera que se detiene y se cuestionan todos los tiempos y las fases de la vida. La mente viaja del pasado: “¿que me faltó por vivir?”, “¿qué hubiera hecho diferente si supiera que me van a secuestrar?”, a un futuro esperanzador e incierto: “Y si salgo vivo sano y salvo ¿que haría diferente en mi vida?”. Y el presente se convierte en una tortura, cada instante conecta a la víctima y a la familia con la vulnerabilidad, la incertidumbre y el miedo. La vida de quienes viven un secuestro, se convierte en un antes y un después. El tiempo que nunca nos resulta suficiente en la vida cotidiana no puede coincidir siempre con el medido por los relojes al experimentar situaciones traumáticas, por que hay varios tiempos y con ellos, cada quien construye su realidad. Asimismo, en un secuestro, hay dos historias que convergen en el tiempo, la de adentro y la de afuera. No solo esta secuestrada la víctima sino toda la familia. Sin embargo, cuando el cautiverio llega a un buen término, todos quieren correr en el tiempo, existe el deseo de atesorar y disfrutar cada instante pero a la vez, pidiéndole al tiempo que transcurra más rápido de lo habitual para que el proceso traumático se aleje del presente. De nuevo, esto se convierte en un juego de tiempos. Cada individuo tiene sus tiempos y así las familias abstraen y ordenan los datos de la experiencia vivida construyendo multiplicidad de realidades.

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De igual manera que las familias, el trabajo terapéutico con el trastorno de estrés postraumático tiene sus tiempos y sus fases. Estos dependen de cuando la víctima puede salir del “Modo Sobrevivencia” y dar cabida a que emerjan las emociones que estuvieron resguardadas por un tiempo.

Les invitamos a ser ustedes quienes den vida a este medio de información, escribiendo en este espacio o dirigiendo una sesión de estudios de caso. Escríbenos a:
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Cuando una persona esta viviendo un evento traumático, suele ponerse en Modo Sobrevivencia (“Survival Mode”), el cual se refiere a un estado de alerta máxima donde las emociones se colapsan para dar paso a que el instinto de sobrevivencia alcance su máxima potencia. En relación al proceso terapéutico, se trabajaron 3 fases, a saber: Fase Inicial para la Familia: “Relatando la Experiencia” Fase Inicial en el Proceso Terapéutico: “La Doble EscuchaBuscando dos Historias, Curiosidad y Empatía”. Esta primera fase intenta descubrir cómo vivió cada quien el secuestro, el rol que jugo cada uno mas allá del equipo de familia. Se promueve una escucha relacional entre todos, a través de preguntas circulares, tomando en cuenta la paradoja del trauma: las preguntas van dirigidas más a AMTF, A.C.

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detalles sobre lo sucedido que a la exploración de las emociones, ya que en esta fase inicial, entre más se le pregunta a la persona cómo se sintió en el evento traumático, “menos siente” y si se le pregunta por los detalles sin el contenido emocional, empieza a expresar su “sentir”. Al trabajar con personas que han pasado por un trauma, se entrelazan varias historias de manera simultánea. Una seria, todo aquello que la víctima quiera compartir acerca de la experiencia traumática y para que esto sea posible, es necesario ofrecer la terapia como un contexto en donde se puede decir lo que no se ha dicho anteriormente. Al mismo tiempo, esta presente la historia que la persona narra acerca de las respuestas que dio ante el trauma, la persona que vivió la experiencia traumática la “da por hecho” y no logra concientizar en su totalidad los recursos que pudo implementar. Una forma de acompañar en esta historia es identificando aquello a lo que la persona continua dándole “valor” a pesar de lo que vivió. Cuando se experimenta un trauma, la identidad se resquebraja, lo que ocasiona que la persona no sepa cómo proceder en la vida y cómo seguir adelante en sus proyectos personales. Todas esas cosas a las que se les daba valor, se empequeñecen y reducen. El papel del terapeuta en este momento es mantener una postura de curiosidad y ser empático; hay una diferencia entre haber estado solos en un trauma y ahora estar acompañados de una terapeuta que los contiene. La responsabilidad del terapeuta es controlar que la exposición sea gradual y no se salga de los rangos saludables, para que se beneficien del proceso, debe escuchar la narrativa de la familia para ir evaluando como la han procesado, por ejemplo, ver si todos saben la historia completa, si se omitió la información de unos a otros, si hay secretos, resentimientos, culpas y/o miedos. Es muy importante como terapeuta, atender a la resonancia que el evento traumático del relato genera. Fase 2 para la Familia: “Reelaboración”. Fase 2 para el Proceso Terapéutico: “Reestructuración del Relato” Cuando se silencia una experiencia traumática, la vida se va restringiendo y encogiendo, si se evita hablar, se va reforzando la restricción. Debido a ello, es importante explicarles a los consultantes que estar en “modo evitación” hace que se restrinja su vida, aunque esta sea la reacción natural al miedo. En esta fase es recomendable trabajar sobre los disparadores que despiertan las mismas sensaciones, diferenciando lo que es un “Flash Back” a la “Memoria del evento”. Se recomienda normalizar en la familia el movimiento oscilatorio de querer hablar y no hablar, olvidar y no olvidar, como proceso natural de un estrés postraumático, donde hablar de lo vivido alivia, pero duele a la vez. Una vez que se puede hablar libremente del significado que tuvo esta experiencia para cada uno y cómo cada quien la vivió, es importante resaltar los recursos implementados tanto a nivel individual como familiar que por lo trágico de las situación emergen sin ser reconocidos por ellos, siendo importante que todos puedan ser testigos de los mismos. Entendiendo que el proceso y el dolor no pueden ser comunales, cada quien tiene su propia forma de enfrentarlos, lo que aunado a su historia personal define un ritmo diferente.

Fase 3 para la Familia: “Resignificación del Evento Traumático” Fase 3 para el Proceso Terapéutico: “El Terapeuta como Agente de Cambio” En un evento traumático la resignificación de la experiencia es el hilo conductor de la terapia. Expresado en términos de Beatson (1972) “es en el lenguaje en donde construimos el tiempo, son las palabras no las cosas en sí, lo que construye la realidad” o parafraseando a Huxley “La experiencia no es lo que le ocurre a uno. Es lo que uno hace con lo que le ocurre”. El trauma en la vida de un paciente significa un quiebre, nunca mas será el mismo, seguramente su vida será: antes y después. De ahí la importancia de reinventarse a través de lo vivido. En la terapia familiar se va ganando control de los síntomas, para encontrar nuevos significados y AMTF, A.C.

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conexiones, que ayuden a integrar el trauma a la vida y a la propia historia de la familia. A manera de conclusión, podríamos preguntarnos qué puede esperarse si se trabaja el trauma en terapia familiar. Consideramos que a partir de una experiencia tan desestructuradora, se reportan cambios tanto a nivel personal como familiar, concretamente en mejoras de calidad de vida, incorporación de conductas de autocuidado y fortalecimiento por la experiencia vivida. Cabe resaltar, que en el proceso se espera cambiar la sensación de las personas de ser víctimas del trauma y perseguidos por éste, a una de ser capaces de aprender del pasado y de lo que la experiencia aportó en sus vidas. El trabajo familiar se convierte no sólo un medio de sanación sino que brinda la oportunidad de un crecimiento tanto personal como grupal. Los tiempos y las fases en el trabajo con el trastorno de estrés postraumático son muy diferentes en cada miembro; sin embargo, la resignificación en grupo potencializa los efectos del cambio. Como terapeutas, el tiempo no solo es un medio para estructurar las sesiones o un ritmo que se deba seguir para establecer contacto con los pacientes sino que el tiempo, es una forma de favorecer la armonía y la posibilidad de evolución; compartir en terapia el proceso y los tiempos individuales de cada miembro, une a la familia y a la vez la contiene. Sin embargo, hablar del dolor “duele” y se tiende a evitar “tocar” para “no revivir” y es ahí donde el papel del proceso terapéutico familiar adquiere una relevancia fundamental. Por último, encontrarle un sentido a lo vivido, se convierte en un despliegue de recursos, en una redefinición de la identidad individual y familiar que favorece el que transiten de una crisis a una oportunidad de crecimiento; dicho en palabras de Víktor Frankl (1946) “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido”. Rosa María Bustamante y Shulamit Graber son terapeutas sistémicas que han dedicado su practica clínica al acompañamiento individual y familiar en experiencias traumáticas, recientemente compartieron sus conocimientos en la Accademia di Psicoterapia della Famiglia en Roma, Italia.

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Resignificación del trauma  

Boletín Nov 2016 AMTF Acompañamiento terapéutico en la resignificación del trauma.

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